Año 1 Bogotá., Junio U de lS\17. Número ~3
BOLETIN MILITAR ____.. __ _
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRCITO -·--- Director, ALEJANDRO POS.4DA.
Son colaboradores natos de este periódico, todos los jefes
y Oficiales del Ejército de la Rtpública.
L:r-:CTURAS DE HISTORIA PATRIA
~ CONTINU ACION)
VI
Bolívar, no desalentado, pero sí persuadido de la gran
pérdida que las armas republicanas habían hecho, se enca-nlinó
á Cumaná.
Pero Jos patriotas tampoco estaban en actitud de poder
defender esta plaza. Tuvieron que refugiarse en Maturín.
En tanto Bolívar y Mariño se embarcaron para la isla de
Margarittl , Ambos llevaban un de¡:ósito que el clero de
Caracas les había entregado como auxilio para la guerra,
E:onsistente en todas las joyas de las iglesias de aquella
metrópol1. A bordo iba un italiano de apellídó Bianchi,
que había militado baje 1as banderas de la república y
que se propuso apoderarse, aun cuando fuera vioJentan1ente,
de esas alhajas; proyecto que realizó.
Los dos Jefes, apreciando cada vez más la difícil situación
de Venezuela, se encaminaron á Carú pano, en donde
Jes esperaba una sorptesa no pequeña: la de saber allí
que las fuerzas que peleaban aún por la independencia ti1 ..
daban su conducta como desertores. Bianchi tuvo que in.., ,
tervenir en favor de Bolívar y Mariño á fin de que no
los pusiesen presos los republicanos, y les facilitó Jos me .....
dios para que pudiesen dirigirse á Cartagena, á donde arribaron
en la tarde del 2 5 de Septien1bre.
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Poco tiempo 'después tenía lugar la batalla en el
valle de Urica, entre las numerosas falanges de Boves y las
n1andadas por Ribas y Bermúdez. En aquel campo encontró
la n1uerte el ten1ible Jefe de los realistas pero sus armas quedaron
victoriosas y Urdaneta resolvió internarse en Nueva
Granada, incapacitado para seguir peleando en territorio
venezolano por la d~fensa de su patria.
VII
Bolívar no fue acogido por las autorídades de Cartagena
como debiera haberlo sido : con distinción y acatamiento.
El Coronel Manuel Castillo, Jefe de esa plaza era·
enen1igo declarado del Libertador, no pudiendo alegar
otra causa visible á su enojo sino la poca atención que el
caudillo venezolano prestó á las órdenes ó con1unicaciones
de agentes subalternos cuando, con tropas· granadinas, atacó
y venció en Cúcuta al Jefe realista, Correa ..
Viendo la inutilidad de sus gestiones en aquel punto,
Bolívar resolvió ir hasta la ciudad de Tunja, en donde se
encontraba reunido el Congreso d e Nueva Granada. Subió
el Magdalena hasta Puerto Nacional, de ahí siguió á O caña,
de donde pasó á Pan1plona, y continuó can1ino sien1pre
por la vía de tierra,
En Tunja el Gobierno de la Unión y el Congreso le
prodigaron las consideraciones que su conducta y servicios
tnerecían. Entonces discurrió, en el seno misn1o del Congreso,
sobre los desgraciados sucesos de la campaña que
había dirigido en Venezuela, con tal elocuencia y verdad,
que unánimen1ente se le hizo justicia, y se con1prendió que·
el mal éxito de la lucha había dependido de circunstancias·
n1uy agenas á su voluntad.
La antigua Provincia de Cundinan1arca y Bogotá no
obedecian por entonces las órd~nes del Congreso, y se
encontraban regidas por don Manuel Bernardo Alvarez.,
quien al separarse Nariño, había entrado á gobernar con1o
Dictador. Alvarez era notorian1ente hostil al proyecto de
federación, forma de gobierno proclan1ada yá por las denlás
Provincias, y estaba dispuesto á rechazar con las armas
cualquiera tentativa que se hiciera en este sentido.
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En Tunja el Congreso resolvió confiar á Bolívar el
n1ando de las fuerzas que debían n1archar sobre Bogotá,
para dirimir tan azarosa contienda. Tres n1il soldados de
línea y quinientos de n1ilicias de caballería se encaminaron
á la capital. A medida que se acercaban, todas las poblaciones
se acogían á la autoridad que representaba el Congreso,
y sólo en Bogotá imperaba la voluntad de Alvarez.
En aquella en.1ergencia, Bolívar proceeiió con la firmeza
que acostun1braba, pero haciendo prin1ero uso de todos
los medios que la persuación le aconsejó. Mas el dictador
Aivarez era hombre de carácter recio y dominante, infa-tuado
con el n1ando creía que, llegado el n1on1ento del peligro,
sus tropas saldrían victoriosas.
El General resolvió atacar á Bogotá el 10 de Diciembre,
( I 8 14), y las tropas comenzaron el asalto con valor.
Primero fue desalojado de Fucha el Batallón Auxiliar que
defendía aquellos sitios, y los soldados de la Uniún se apoderaron
del Barrio de Santa Bárbara. Al siguiente volvió á
generalizarse el con1bate y el Coronel Serviez con su gente
penetró por la plaza de San Victorino, apoder¡tndose de Ja
Batería que estaba allí colocada. y Iuégo siguió hasta la
Calle Real en donde fue herido. Su valor y decisión en esa
jornada le valieron elogios entusiastas del General en Jefe.
A las once de la mañana estaba casi decidida Ja acción
quedándoles apenas á Jos sitiados el recinto de la Plaza
Mayor, en donde se defendían con artiJlería de grueso
calibre.
Por interposición del Marqués de San Jorge, Bolívar
convino en suspender las hostilidades durante un día. El siguiente,
r 2 de Dicien1bre, Alvarez se presentó á Bolívar á.
tratar con él las bases de una capitulación. Estas fueron
las n1ás honrosas y equitativas que podían fijarse, como
que se trataba de una lucha entre hermanos, y el Jefe vencedor,
con su genial penetración y dotes de político, quería
no hacer ostentaciQ.n del triunfo y no perder momento en
la obra principal de en1ancipación del poder españot Las
pérdidas de los asaltantes se calcularon en doscientos sol_.
dados y cuatro oficiales n1uertos, y cien heridos.
El Gobierno general, establecido en Tunja, aprobó
todo lo hecho por Bolívar, y pren1ió sus señalados serví _..
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tÍos en esa vi-ctoria, coL el despacho de Capitán Gerte..ral
de los Ejércitos de la Confederación.
Puesto de acuerdo el Libertador, con los hombres del
Gobierno, en. Tunja., se decidió que la campaña debía acome-·
terse con la toma de Santa M.arta, á fin de seguir después
sobre Riohacha y Maracaibo para as€gurar de este modo.
!a costa del Atlántico .. En Bogotá se hicieron todos lo&
preparativos posibles, en armas y bagajes, á fin de disponer
el cuer~o de tropas con que debía encaminarse Bolívar á Ja
Costa. La fuerza que se puso á sus órdenes se componía
de tres batallones de infantería y un escuadrón de drago-~
nes ; estos últin1os eran todos venewlanos. Pero apena.5
Jlevaban quinientos fusiles; los demás los debían recibir en.
Cartagena, con otros elementos de guerra.
Bolívar salió de Bogotá el 24 de Enero de 1 SI 5. El
Gobierno de Ca-rtagena, ó mejor d·icho el Jefe de la plaza,
Castillo, rehusó categóricament~ el auxiliar las tropas al.
n1ando de Bolívar, con armas y n1uniciones; no valiendo,.
para que procediese de modo diverso, ni la co-nsideración
de que la ribera derech~ del río Magdaluna estaba en podeí
de los españoles; quienes si encontraban desarmados á los•
patriotas, podían acabar con ellos.
Bo1ívar, desatendido de n1anera tan poco decorosa por
Castillo, viendo que su gente se n1ermaba á infiujos de.
clin1a n1al sano del río, resolvió segu~r con Stus tropas á.
Cartagena, y así lo hizo saber á las autoridades de aquelb
ciudad . El disgusto que semejant':! determinación produjo
allí, fue extraordinario: se dictaron órdenes y prevenciones
de guerra, y cerca· de cien partidarios conocidos del Li_.
bertador fueron reducidos á prisión. El asedio de la ciudad
duró n1ás de un mes, sin que Bolívar pudiese ton1arla, ni ob ...
tener que los Jefes contrarios le d1esen oídos á sus proposi-ciones
ni conviniesen en el deber en que estaban de auxiliado
y de ayudarle á la ton1a d"e Santa Marta-que aquél aconsejaba.
Al fin el 8 de Mayo, abandonó las fuerzas que mandaba1
mediante convenio con los representantes de Castillo, y en1--barcándose
en el bergantín de guerra inglés la Descubierla
siguió e} día siguiente para Jamaica.
Al1 liegar. á este punto de la· v.ida del Lib€rtadoF, et
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'BOLETÍN MILJ r.'1.R
fr1!storiador Re:;trepo consigna la siguient~ :reflexión, que lo
.dice todo :
"Parece que la Providencia sacaba al Libertador de
un país donde no podía ser ya útil en aquella época, para
·onservar sus días tan preciosos para la independencia y
.libertad de la An1érica del Sur,"
VIII
Bolívar llegó á Kinsgton (Janlaica), en donde hizo imprinlir
un manifiesto justificativo de su conducta en Cartagena,
y tan1bién escribió otros artículos relativos á los sucesDs
de la guerra.
En Kingston duró hasta fines del año, y estuvo á
~punto de n1orir asesinado.
Se dijo entonces que el Capitán General de Venezuela,
Salvador Moxó, había pagado á un español para que
quitase la vida al Libertador. El español logró seducir á
-un negro esclavo al servicio de Bolívar; por el negro supo
Jo s detalles de la distribució n de Ja casa y las habitaciones, y
e ~te esclavo se comprometió á dar el golpe. Por fortuna el
. mism0 día en que debía perpetr.arse el crimen Bolívar canl-bió
de posada sin acudir á su antiguo cuarto: le habían in!
l itado á con1er fuera. En la casa le aguardaron, y viendo
que no llegaba, U!l emigrado pobre, nombrado An1estoy,
se acostó en la han1aca del Libertador. El esclavo, ignorante
de estos sucesos, entró á oscuras á la pieza y le
·dio dos n1ortales puñaladas, dejándole n1uerto en el acto.
A fines de 1 8 1 5 Bolívar resolvió embarcarse en la
·corbeta Dardo, y acceder á las instancias con que el dueño
de ésta, Mr. Luis Brión, le estin1ulaba á que se trasladase
·otra vez á Nueva Granada .á continuar luchando por alcanzar
Ja independencia. Hicieron rumbo hacia Jos Cayos
·de San Luis (Haití), en donde estaba Brión, y durante el
viaje tuvo noticia de Ja tom.a de Cartagena por Morillo;
viendo luégo llegar á esa isla varios de los fugitivos del
:sitio de Cartagena.
En los Cayos se organizó una expedición al n1ando de
Brión, expedición en que figuraban siete goletas mercantes
.arn1adas en guerra, con doscientos cincuenta hombres de
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desembarco, muchísimos de ellos oficiales y con elementos
de guerra, facilitados por el Presidente de la isla, Petión,
quien comprendía y adn1iraba á Bolívar y tvmó empeño en
esta empresa.
Diéronse á la vela estas embarcaciones el 20 de Mayo,
9e 1816, llev~ndo á bordo á Bolívar, con1o General en,
Jefe, á Mariño, Soublette, Piar, Mac-Gregor, Briceño.
Méndez y otros venezolanos yá probados en la lucha por
la patria.
Hicieron rumbo á Margarita, en donde Bolívar fue
nuevamente reconocido como Jefe supremo, en una Asamblea
Popular.
El 1. 0 de Junio Bolívar ocupó con sus fuerzas á Carúpano,
de donde envió á M-ariño á Güiría á levantar tropas,,
y con igu,al encargo siguió Piar á Maturín. Las tropas.
realistas que estaban en Cun1anii. no se atrevieron á atacar
al Libertador, crey~ndole al frente de un fuerte ejército; lo
cual dio o,casión para que aquél se decidiese á reembarcarse.
con rumbo á Ocumare de la Costa, con intención de invadir
la Provincia de Caracas.
Para intentar esta campaña tenía muy en cuenta la
circunstancia de que el Jefe expedicionario~ Mori.llo, se encontraba
empeñado en la reconquista de Nueva Granada,
habiéndose apoderado yá de la plaza fuerte y principal de
Cartagena.
El día 6 de Julio llegó Bolívar con su gente á Ocumare,
y su primer cuidado fue despacl:lar trescientos hombres
para los Valles de Aragua, al mando de Snublette. Este,
movimiento fue inútil porque r1 Jefe español Morales se.
encontraba yá en Valencia y Caracas misn1o ocupado por
fuerza veterana.
Hízose, d~sde ese momento, difícil, por no decir que
imposible, el plan de ataque que preocupaba al Libertador.
Convocado un Consejo de Cuerra se resolvió la marcha á
Choroní, á fin de reunirse á una fuerza patriota que estaba
allá, y luégo seguir á los Llanos en busca tle las cabaJlerías,
organizadas por Monagas y Zaraz~.
Habiéndose trasladado Bolívar á un punto distante de
la población, cop el objeto de activar la movilizacipn ael
parque, acudió á buscarle en aquel sitio uno de sus edeca-
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BOLETÍN MILITAR 39I
nes, con la inesperada noticia de que Morales y sus gentes
se encontraban muy cerca, y de que se había dispuesto ordenar
la retirada. Tuvo, pues, que partir á embarcarse y
seguir en la expedición á los que le precedían.
Al siguiente día llegaban á .Choroní. y continuando la
vía hacia los Llanos se les reunió una fuerza que estaba en el
can1ino de Maracay.
IX
Cuando Bolívar se encontró en Barcelona era n1uy reducido
el nún1ero de fuerzas patriotas que ocupaban aquella
plaza; la n1ayor parte habían marchado con Piar hacia
Guayana. A pesar de esto el Libertador, concibió el atrevido
proyecto de invadir la Provincia de Caracas.
Para ejecutar este n1ovimiento atacó el 9 de Enero de
1817 un pequeño cuerpo de quinientos realistas que se encontraba
situado en la n1argen izquierda del U nare, frente
á Clarines. Empeñada Ja acción, el Indio Chaurán, Capitán
de la caballería española, movió su gente para atravesar un
bosque y salir á retaguardia de Jos patriotas, operación de
que no se apercibieron éstos y que fue causa de la derrota
de Bolívar y los suyos. El pánico fue grande, porque se
creyeron atacados por un numeroso cuerpo de tropas realistas
que estaban en el Bajo-Tuy.
A pesar de todo Bolívar y Arismendi pudieron regresar
á Barcelona, en donde con actividad incansable organizaron
nuevas fuerzas. Sabíase entonces que el Brigadier
Real, con un fuerte ejército de tres mil quinientos honlbres,
y en unión del Jefe Morales, se disponía á atacarlos.
Mariño se reunió á Bolívar, con una columna compuesta
de mil doscientos hombres.
El Brigadier Real avanzó efectivamente hasta Barcelona,
pero no atacó á los patriotas, limitándose á cambiar
frecuentemente de posiciones, mientras le llegaba la artillería
con que se prometía estrechar el sitio.
A esta sazón, Piar se encontraba sitiando á Guayana,
lo cual detern1inó á Bolívar á marchar en aquella dirección;
lo que verificó el 2 5 de Marzo, en con1pañía de
quince Oficiales~
(Continuará).
' ...
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WLETfN MILITAR·
,, MINISTERIO DE GUERRA .
Ministn·io de Guerra.-Sección 1:-.fogotá, Marzo 1 I de I 897
.Señor General Comandante en Jefe del Ejército. -Presente.
Suplícoos dirija.is un telegrama .circular ~ los Comandantes
Generales Divisionarios de fuera de la capital y á lDs Jefes Militares
.ordenándoles que, en cumplimiento del Decreto ejecutivo número
49 de 20 de Febrero último, publicado ten la Orden General del
Ejército, procedan á abrir el 1.0 de Abril entrante, el concurso de
Ü1iciales en servicio pctivo, para escoger los que hayan de ser educados
en alguna Escuela de guerra de Francia ó Alemania. H-asta
el 30 de Junio del año en curso, todos los Oficiales mencionados
<.leben prepararse para presentar el examen exigido en dicho Decreto.
Del 1.0 de Julio siguiente, al 20 del mismo mes, se verificarán
los exámenes de la manera como el Decreto lo dispone.
Servíos dar igual orden al Comandante General de la I: División.
Soy vuestro atento servidor,
PEDRO ANTONIO MoLINA.
Repkhlica dr Colombia.-Ejército Noci?nai.-Comandancio General d~
!tJ 1.a División.-Presidencia de la CqmisiÓtJ Militar, ad ltonorem.Número
6,81 6.-Bogottí, 7 de J 111110 de I 89¡.
eiior Ministro de Guerra.---P.
En respuesta á )os muy atentos Oficios de ese Minister:io, números
7,874 y 7,8¡6. de la Sección 1.11, de fecha 4 éie los corrientes, tengo el
honor de informar á Su Señoría lo siguiente :
Hasta hoy los trabajos encomendados á la Junta, ó sea la Comisión
Militar que presido, han marchado lentamente, porque sólo puede reunirse
dos ó tres veces por semana, debido á las oct¡paciones ordinarias
~e cada uno de los IUicmbros que la componen 7 en sus respectivos puestos;
pero en lo sucesivo habrá sesiones nocturnas para así poder adelantar
dichos trabajos y desempeñar prontamente su cometido.
En la actualidad la comisión se ocupa en formular el Decreto que
reglamenta el servicio interior, tervicio de guarnición y servicio de
campaña d.e los Cuerpos que forman la fuerza activa del Ejército Nacional,
y que es el más largo y taborioso de los que le han sido á ella
encomendados.
Próximamente enviaré á Su Señoría la parte del mencionado Decreto
que ha sido hasta ahora formado por la Comisión, y que se está poniendo
en limpio para tal objeto, y del mismo modo se continuará
procediendo en adelante.
Dips guarde {¡ SI-l S:ñorílvidados los tiempos en que era lícito
á un individuo hacerse justicia por u mano. En ese entonces la
justicia se hallaba en 1amentable confusión con la venganza.
Hoy la cultura social exige que las querellas se diriman por
las autoridades encargadas de administrar ju ticia, y que se ocurra
.á ellas para obtener reparación de los agravios personales.
Si en los individuos particulares es censurable qlie franqueen
los límites de la legalidad, para decidir por las vías de hecho sus
.disputas, con mayor razón y más rigor lo es en los individuos del
Ejército que á mtis de bs autoridades ordinarias, cuentan con sus
superiores, á efe to de irnpedir ó corregir probables ó consumados
,agrav·i~.
Con el fin de cortar en el Ejército cualquiera tendencia á
.este respecto, para que no decaigan la disciplina y Ja moral militar,
10s ruego hagais dar siempre que la necesidad lo requiera, aplicaación
estricta á la disposición legal antes citada.
Soy vuestro atento servidor,
P.Eoao ANTONIO MoLINA~
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394 BOLETÍN MILITAR
DECRETO NUMERO ...... DE 1897 •
(7 DE JUNIO)
Que elimina la Comandancia Militar ele! Litoral del Pacífico.
El Vicepresidente de la República encargado del Poder Ejecutivo,
CONSIDERANDO:
Que han cesado las causas que determi.n~r~n al Gobierno á
dictar el Decreto número I 95 de 29 de Enero ultimo,
DECRETA:
Artículo único. Elimínase la Comandancia Militar del Litoral
del Pacífico, creada por Decreto número 195 de 29 de Enero.
último.
§. Expídanse á los Jefes y Oficiales que_form.an. parte .de ella •
sus correspondientes Letras de Cuartel y de hcencta 1,ndefiu.1da.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 7 de Junio de I 897.
M. A. CARO.
El Ministro de Guerra,
PwRo ANTONIO MoLINA.
Es copi~.-El Subsecretario,
Clímaco Losa,da 1
LITERATURA ,
EL TAMBORCILLO SARDO
En la prim a jornada de la batalla de Custoza, e[ 24 de J u-.
~io de 1848, sesenta números de un regimiento de infantería de·
nuestro ejército, enviados á una altura para ocupar cierta casa solitaria,
e vieron de repente asaltados por dos compañías de soldados
austriacos que, atacándolos por varios lados, apenas les dieron
tiempo de refugiarse en la morada y reforzar precipitadamente la
puerta, después de haber dejado algunos muertos y heridos en el
campo. Asegurada la, puerta, los nuéstros acudieron á las ventanas
del piso bajo y del primer piso, y empezaron á hacer certero fuego
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BOLETÍN MILITAR 395
sobre los sitiadores, los cuales acercándose poco á poco, colocados
en forma de semicírculo, respondían vigorosamente. Mandaban
los sesenta soldados italianos dos oficiales subalternos y un capitán:
viejo, alto, seco, severo con el pelo y el bigote blanco ; estaba con
ellos un tamborcillo sardo, muchacho de poco más de cartorce
años, que rep~;,esentaba escasamente doce, de cara morena aceitunada,
con ojos negros y hundidos, que echaban chispas. El Capitán,
desde una habitación del piso primero, dirigía la defensa, dando
órdenes que parecían pistoletazos, sin que se viera en su cara de
hierro ningún signo de conmoción. El tamborcillo, un poco pá-:lido,
pero firme sobre su piernas, subido sobre una mesa, alargaba
el cuello, agarrándose á las paredes, para mirar fuera de las ventanas,
y veía, á través del humo, por los campos, las blancas divisas
de los austriacos, que iban avanzando lentamente. La casa estaba
situada en lo alto de escabrosísima pendiente, y no tenÍa en la
parte de la cue ta más que una ventanilla alta, correspondiente á
un cuarto del último piso ; por eso los austriacos no amenazaban
la casa por aquella parte, y en la cuesta no había nadie: el fuego.
se hacía contra la fachada y los dos flancos.
Pero era u~1 fuego infernal, una nutrida grl suelo, j u~r.to á la casa de Villafranca0 donde brillan a.q uellas bayonetas.
Allí están los nuéstros inmóviles. Toma este papel, agánate
á la cuerda, bája por la ventanilla3 atraviesa á escape la cuesta,
corre por los campos, llega á donde están los nuéstros, y da ei
,papel al primer Oficial que veas. Quítate el cinturón y la mochila.
El tambor se quitó el cinturon y la mochila, y se colocó el
papel en el bolsillo del pecho; el Sargento echó afuera la cuerda y
agarró con las dos manos uno de los extremos, el Capitán ayudó al
muchacho á saltar por la ventana, vue1tQ de espaldas al campo.
- Tén cuidado, le dijo; la salvación del destacamento está en
.tu valor y en tus piernas.
--Confíe usted en mí, mi Capitán, dijo el tambor salién¿ose
.fuera.
Agáchate al bajar, dijo aún el Capitán, agarrando la cuerda á
la vez que el Sargento.
' - No tenga usted cuidado.
- Dios te ayude.
A los pocos · momentos el tamborcillo estaba en el suelo; el
Sargento tiró de la cuerda para arriba, y de apareció; el Capitán se
a omó precipitamente á la ventanilla, y vio al muchacho que corría
por la cuesta abajo.
Esperaba yá que hubiese conseguido huir sin ser observado,
cuando cinco 6 seis nubecillas de polvo que se destacaron del suelo,
delante y detrás del muchacho, le advirtieron que había sido
descubi':!rto por los austriacos, los cuales tiraban hacia abajo, desde
lo alto de la cuesta. Aquellas pequeñas nubes eran tierra echada al
.aire por las balas. Pero el tambor eguía corriendo precipitadamente.
Al cabo de un rato exclamó consternado: - ¡Mucrto! - Pero no
había acabado de decir la palabra, cuando vio levantarse al tamborcillo.
·-¡ Ah, no ha sido más que una caída! dijo para sí y respiró.El
tambor, en efecto, volvió á correr con todas sus fuerzas, pero
cojeaba.- Se ha torcido un pie, pensó el Capitán.- Alguna nubecilla
de polvo se levantaba allí y allá, en torno de1 muchacho; pero
.siempre más lejos. Estaba salvo. El Capitán lanzó una exclamaci6n
de triunfo. Pero siguió acompañándolo con los ojos, temblando,
porque era cuestión de minuto . Si no llegaba pronto abajo con
la esquela en que pedía inmediato socorro) todos sus soldados caían
muertos ó tenía que rendirse y caer prisionero con ellos. El mu-
chacho corría rápidamente un rato.; de;pués detenía el paso cojean.
do; tomaba carrera luégo de nuevo, pero á cada instante necesitaba
detenerse.-Quizá ha sido una contusión en el pie por una bala,
pen!IÓ el Capitán. Y reparaba temblando todos sus movimientos; y
excitado, le hablaba como si pudiese oírlo. Medfa incesantemente
con la vista el espacio que rnediaba entre el muchacho que corría y
el círculo de armas que veía allá lejos, en la llanura, en medio de
.los campos de trigo, dorados por el sol. Entretanto oía el silbido
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JJOLETÍN MIL!TAR 391
tf estruendo de las balas en las habitaciones de abajo, Ias voces J~
mando y los grito<; de rabia de los Oficiales y Sargentos; los agudos
lamentos de los heridos, y el ruido de los muebles que se rompían
y del yeso que se desmoronaba.- ¡Animo! ;Valor! gritaba,
siguiendo con la mirada al tamborcillo que se alejaba. ¡Adelante 1
¡,Corre! ¡Se para! .. ¡Maldición! ¡:Ah, vuelve á emprender la marcha!
--·Un Oficial sube anhelante á decirle que lo!t enemigos, sin
interrumpir el fuego,. ondean un pañuelo blanco para intimar ren•
dición. - ¡Que no se tesponda! gritó el Capitán, sin apartar la mi-ada
del muchacho, que estaba yá en la llanura, pero que no corría
ya, y parecía que desalentaba al llegar. - ¡Anda! ... ¡Corre! ... decía
el Capitán) apretando lo~ dientes y los puños: desángrate, muere,
desgraciado, pero llega. Despues nació una imprecactón horrible.-¡
Ah! El' infame holgazán se ha sentado. ~ E:! muchacho, en
efecto, que ha ta entonces se había vi to sobresalir }a cabeza por
cima de un can1po de trigo, se habfa perdido de vistá como si hubiese
caído. Pero al cabo de un momento, su cabeza volvió á verse
fuera: al fin se perdió detrás de los sembrados, y el Capitán yá no
lo vio más.
Entonces bajó impetuosamente; las balas llovían; los cuartos
estaban llenos de heridos, algunos de los cuales daban vueltas como
borrachos, agari' ándose · los muebles; la paredes y el suelo estaban
teñidos de sangre; los cadáveres yacran en los umbrales de las puertas;
el Tenienre tenía el brazo derecho de strozado por una· bala; el
humo y la pólvora lo envolvta todo.
- ¡Animo! gritó el Capit'án. ¡Firmes en sus puestos! ¡Van á
venir socorros! ¡Un poco de valor aún! Lo9 austriaco e habían
acercado más; se veían yá entre' el humo sus caras descompuesta ;
se oía, entre el t:strépito de los tiros una gritería salvaje que insultaba,
intimaba la rendición y amenazaba con el degüello. Algún
soldado, aterrorizado, se reti'ra ba detrás de las ven tan as y los Sargentos
lo empujaban hacia adelante.
Pero el fuego de los sitiados aflojaba, el desaliento se veía en
todos los rostros; no era yá posible llevar más allá la resistencia.
Llegó un motflento en que el ataque de los austriacos se hizo más
sensible, y una voz de trueno gritó, primero en alemán, en italiano
después:
-¡ Rendíos !--¡ ó ! gritó el Capitán desde una ventana.
Y el fuego volvió á empezar más certero y más rabioso por ambas
partes. Cayeron otros soldados. Ya había más de una ventana
sin defensores : El momento fatal era· inminente. El Capitán grit~
ba con voz que se le· ahogaba en la garganta. - ¡ No vienen! ¡No
Vtenen ! Y corría furioso de un lado á otro, arqueando el sable
ton su marro convulsa, resu-elto á morÍ!'. Entonces un Sargento,
bajando de la buhardilla, gritó con voz estentórea: ~ ¡ Ya llegan·!
- j Ya llegan 1 repitió coa un grito de alegría el Capitán. Al
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BOLETÍN MILITAR
oír aquellos gritos, totlos, sanos, heridos, Sargentos, Oficiales, se
asomaron á las ventanas, y la resistencia se redobló ferozmente
otra vez. De allí á poco in tantes se notó una especie de vacilación
y un principio de desorden entre los enemigos. De pronto,
muy de prisa, el Capitán reuní{) algunos soldados en el piso bajo
para contener el ímpitu de fuera, con bayoneta calada. Después
volvió arriba. Apenas llegó, oyó un rumor de pasos precipitados,
acompañado de un i hurra l formidable, y vieron desde las ventanas
avanzar entre el humo los sombreros apuntados de los carabineros
italianos, un escuadrón á escape tendido, y brillante centellto
de espadas que hendían el aire, en molinete por cima de las
cabezas, sobre los hombros y cima de las espald
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año I N. 23", -:-, 1897. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3690943/), el día 2026-03-08.
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