.A.ño 1 ~ogotá, Juoio ~de 1~\!7. Nlimero 20
BOLETI.N· 1\IILITAR
~·---
onGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRCITO -·-Director, ALEJANDRO POSADA.
Son colaboradores natos de este peri6dico, todos los ]efes
y Oficiales del Ejército de la República.
LECTURAS DE l-IISTORIA PATRIA
EL LIBERTADOR
I
I-Iay dos fisonomías.de grandes hombres que quedan
profundamente grabadas en nuestra imas inaciGn desde que
hs contemplamos por primera vez: la de Napoleón I y la
de Bolívar.
Este muestra siempre, en medio de su grandeza y majestad,
un aire meditabundo, una fijeza de contemplación
que impresiona. Las correctas líneas de su fisonomía denotan
la ing~nita nobleza de su pecho. En una publicacién
hecha en Nueva York en r 8 35, con el título de Un rasgo
de Bolívar e¡z campaiia, leemos lo siguiente:
"En la conversaciGn ordinaria el semblante de Bolívar
presentaba un aire melancólico, y apenas levantaba los ojos
del suelo; pero si trataba algún asunto que le interesaba
mucho, entonces adquiría mucha vivacidad, miraba cara á
cara al que le escuchaba ateoto, y en cada gesticulacién ~e
veía expresada una alma encendida de vivas pasiones. El
era bien parecido, tanto de sen1blante como de persona. Su
estatura, aunque no alta, tampoco era pequeña, tenía Ja tez
trigueña, aunque tal vez lo estaba más de lo que realn1ente
era, por estar continuamente expuesto á las faenas é inten1-
peries de una vida militar en un clima cálido. Sus ojos
nían una expresión que creo no puede pintarse ni con
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pincel ni con la pluma. El color de ellos era castaño oscuro,
Todo en él era grande é infundía respeto y admiraci6n."
II
En la poEtica ciudad que baña el queiumbroso Guaire,
en Caracas, la ciudad gentil y sin rival en América, por su'
tradicional cultura, se señala al viajero la casa de cuatro
grandes ventanas defierro, y de apariencia común que, sobre
la pequeña plaza dt. San Jacinto, recogió el primer aliento
de Bolívar. Vino al mando el 2+ de Julio de 1783.
Sus padres preciábanse de la distinciGn d~ su abole'ngo
y eran personas acaudaladas. Llamábanse Juan Vicente Bolívar
y María de la Concepcién Palacios y Sojo.
Considérese el bajo nivel á que tenían que ajustarse
entonces los estudios en América, lo cual debió de ser causa
para que el tutor del joven Bolívar lo enviase en 17 89 á
Madrid, con el propésito d~ que perfeccionase allí su educación.
Probablemente á causa del origen de su familia y
por ser entonces á modo de requisito para darse á conocer,
cuando Bolívar se encamino a la Península llevaba yá el
título de Teniente de Milicias de Aragua.
Bolívar, para quien la imaginacitn fue su más poderosa
y leal compañera en la prCs¡:era como en la adversa
fortuna, sintiCse en Madrid apasionado de la señorita María
Teresa Toro, á la que llevó al altar en 1 8or, después de un
corto viaje á París. Unido á la esccgida de su corazén, tornó
á la Patria, pero á los diez meses de Fet manencia en ella
el destino le arrebató á su amorosa com¡.;añera. 8áce~e que
aquella pena le entristeció profundamente, predisroniendo
su ánimo, yá de suyo inclinado á la melancolía, á la abstracción
permanente.
En el mismo año de su desgracia tornó á Europa por
algunos meses, y de regreso á Venezuela se dirigió á los
Estados Unidos. Al llegar de nuevo á Caracas, contaba
veintidés años de edad y, según parece, estaban muy lejos
de su espíritu Jas ideas revolucionarias que debían hacerle
el primer caudillo de la lucha ror la independencia.
Dicen que se encontraba en los valles de Aragua,
fue requerido, por resolución de la Junta de 19 de
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BOLBTfN MILITAit 33 1
Abril de Caracas, -la que impulsando el movinl\ento de
separación de la n1adre patria quiso enviar á Inglaterra dos
con1isionados que trabajasen en el sentino de la independencia-
Bolívar tuvo de con1pañero en esa misil-n delicada,
difícil y honr•1sa, á Luis López M .... ndez, y por auxiliar,
como Secretario, á Bello. Uno y otro personajes de grandes
n1¿ri tos.
El resultado que, por entonces podría lograrse de esa
en1bajada, se consiguió. Inglaterra se encontró en actitud
de apreciar la política sud-an1ericana y de apercjbirse de
que los sucesos que en el Nuevo Mundo habían de cumplirse,
tenían por Jefes á hon1bres de elevado temple de
aln1a y visil,n sana y prudente. En una palabra, pudo prever
que aquella guerra no correspondía á la necesidad de
rapiña, de lucro y de codicia, sino que era restauradora del
eq uiJibrio n1oral, torcido por n1ala adn1inistracil,n de justicia,
y seguran1ente tambi~n por la preocupaci0n heredada
de la edad media de buscar sisten1átican1ente la elevacil,n
de una clase sola de la sociedad.
Trabada la lucha entre venezolanos y españoles vino
á enardecer los ánin1os la noticia de la hecaton1be de los
patriotas de ~ito. Los caraqueños hub!eron de sentir el
peso de esa desgracia, que les dio la n1edida de los esfuerzos
dolorosos que tenían que hacer para recuperar su libertad
perdida.
Proclamada totalmente la independencia de Venezuela
el 5 de Julio de I 8 I I, se logró contener un movin1iento
que á inmediaciones 'de Caracas promovieron varios realistas,
hijos de las islas Canarias ; pero en la ciudad de Valencia
sí hubo que con1batir. Las tropas republicanas, n1andadas
por el General Miranda, se apoderaron de la plaza.
Allí expuso por prin1era vez su vida y con denuedo, el futuro
Libertador.
Dispuesta España á oponerse á Venezuela en el empeño
de ésta por adquirir derechos propios y constituírse
en naciún independiente, comenzó á enviar tropas y ele.
mentos de defensa, señalándose desde el principio con1o
afortunado en sus tentativas de sujeción de los patriotas el
oficial español Domingo Monteverde.
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IOL.ITÍN M ILITAJt
El General Fra:ncisco Miranda, encargado por 1ol) ve- ·
nez,olanos de la defensa de su territorio, est.ableció su cuartel
general en Maracay y para mejor guardar sus posiciones
non1brú á Bolívar Jefe de la Plaza de Puertocabello.
El JO de Junio de ese año ( r 8 r 2 ), un oficial español
(Francisco Fernández Vinony), unido á varios presos y . .
presidiarios en número como de doscientos que estaban en
la fortaleza de Puertocabello, enarbolaron la bandera de
España en lo alto del Castillo llamado de San Felipe, y se
declararon por el Rey .. Bolívar acudió á resistir con valor
á ese inesperado alzamiento. Por cinco días luchó con
aquella increíble audacia que él sabía desplegar en los n1on1entos
de peligro, n1as, á pesar de todo, no pudo vencer la
obstinada resistencia. El castillo era dueño de abundantes.
pertrechos y elen1entos de guerra, y especialn1ente con Jos
cañones ocasionaban gran daño á la población. El coln1o
del desastre se verificó el rl campo.
En Cúcuta reflexionó Bolívar que á los intereses americanos
con venía n1ás seguir la guerra por los lados de V enezuela,
á fin de librar primero este territorio para luégo
tornar al Sur; así lo propuso el Congreso de Nueva Granada,
el que vino en ello.
·Si bien es verdad que para esa tentativa el número de.
soldados era reducido, como que no pasaban todavía de
quinientos, confiaba mucho en el esfuerzo de su voluntad
incontrastable y e? la calidad de oficiales granadinos y venezolanos
que le acompañaban: Girardot, D'Elúyar, Urdaneta,
Ribas. Vencida la dificultad que oponía el paso por
la Grita, en donde estaban atrincherados los españoles, á los
cuales atac6 y venció, por orden de Bolívar, el Coronel patriota
Castillo; las fuerzas granadinas continuaron su n1archa
hasta M~rida.
Para entonces la guerra que los españoles hacían á los
americanos había tomado proporciones feroces y se peleaba
yá con la desesperación propia de las circunstancias. El Coronel
Antonio Nicolás Briceño fue el prin1ero que, organizando
un cuerpo franco con varios an1Ígos, ton1ó la resolu~
ción de la guerra á muerte~ y así lo hizo saber por n1edio
1
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334 BOLETÍN MILITAit
de un bando que dio en San Cristébal, en donde hizo pasar
por las armas á dos proletarios españoles. Bolívar improbó
en~rgicamente este hecho, pero en breve, su espíritu, abierto
á toda manifestaci0n que Je ilustrase en el arte de lá. guerra,
debió de apreciar que aquel bá.rbaro expediente había
de iníluír de modo significativo en la lucha. Con él se establecía
una separaciGn absoluta entre los hijos de España y
los del territorio americano, quedando Jos últin1os compelidos,
de n1odo irresistible, á tomar parte en la lid, pues
diversas causas, entre otras la consternación que produjo
en los ánimos el terremoto de I 812 los traía alejados de la
lucha.
"Españoles y canarios ... contad con la muerte aun sien- ·
do inocentes!
~'¡Americanos!. ... contad con la vida, aun siendo culpables."
Varios historiadores están conformes en que aquel decreto
ayudó á la indept.ndencia de Venezuela.
Aumentaao en M~rida á ochocientos hombres el ej~tcito
republicano, dispuso Bolívar que trescientos quedasen
en la plaza al n1ando de Ribas, y él continuú con el resto
por el camino de Boconó. Ribas debía incorporarse en el
curso de la marcha. .
Los realistas tenían 2,6oo hombres en Barinas, al mans de Lt conservación del orden,
DECRETA:
Art. 1.° Créase una plaza de médico supernumerario en el
Hospital militar de Bogotá.
Art. 2.0 Dicho medico estará subordinado al médico jefe y
tendrá las mismas obligaciones de los demás médicos del mismo
Hospital.
Art. 3·n El G J bierno ¿cterminará el tiempo de duración del
médico supernumerario, quien tendrá la asimilación de Teniente
Coronel para los efectos fiscales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 29 de Mayo de 1897.
M. A. CARO.
El Ministro de Guerr~,
PEDRo ANTONio MoLINA.
E! copia.-EI Subsecretario,
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•
• OLi:TfN MILITAlt
Rtpública dt CJI?mbia.-Ministerio de Guerra.-Sución 1.•-NÍtmero
7,793.-B;gotá, 20 de Mayo de 1897·
Señor General Comandante en Jefe del Ejército.-P.
Por medio de circular dirigida á los Comandantes Generales
de División y á los J efes militares, servíos prevenir nuevamente á
éstos y á los Comandantes de Batallones, que los Gobernadores
departamentales no tienen mando alguno sobre el .Ejército; ni
para nombrar ó separar Jefes ú O.:iciales; ni conceder á éstos licencias
temporales; ni ordenar altas ó bajas de individuos de tropa;
ni ordenar serviciús de escoltas. En relación con el Ejército, á los
Gobernadores les corresponde: suministrar el contingente necesario
cuando lo disponga a í este Despacho; solicitar escoltas para la
prestación de algún servicio público; dar cuenta de los abusos que
cometan los individuos del Ejército; celebrar, con autorización de
este Despacho, contratos para la provisión de vestuario y equipo de
tropa, de elementos para los Hospitales militares, y de transportes
de armamento, vestuario y demás objetos para el servicio del ~jército;
y requerir el auxilio de la fuerz..a, con arreglo al artículo 197
de la Constitución.
Cualquiera orden que las autoridades militares cumplan, emanada
de los Gobernadores, será motivo de cas tigo que este Despacho
impondrá, á los Jefes ó Comandantes militares, cuando reciba
la noticia correspondiente.
S<. y vuestro atento servidor,
PEDRO ANTONIO MoLINA
RESOLUCION NUMERO 121
por la cual se dispone que la Pagarluría Central sea la O!icina pa~aclora de los gastoa del
Departamento de Guerra en la capital de la Rep..íblica.
Ministerio de Guerra.-Sección 3.•-B9gotá, Mayo 25 de 1897
CONSIDERANDO :
Que es inconveniente la práctica seguida hasta ahora en este
Despacho, de girar por ciertos gastos del Departamento de Guerra
contra el Tesorero general de la República y por otros contra
el Pagador Central, y más aún, girar contra uno y otro por gastos
comprendidos en un mismo Capítulo del Presupuesto, por cuanto
desvirtúa el principio de unidad de cuenta y apareja dificultades de
ciiverso ¡énero ;
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BOL.ITfN MILITA!t
Que el señor Ministro rlel Tesoro, hallando justas las obser·
vaciones aducidas por el l\1inisteri.o de Guerra para hacer desaparece~
tales inconvenientes, ha manifestado en Oficio número 3,325
de 19 de los corrientes, que éste último Jebe dictar una resolución
en que se adscriban á determinada Oficina los pagos de los gastos
comprendidos en el Presupuesto de Guerra,
SE RESUEL Vé:
Desde el 1.0 de Junio venidero, quedan adscritos á la Pagaduría
Central todos los pagos por gastos correspondientes al Departamento
de Guerra en conformidad con el artículo 108 del Decreto
número 77 de 1888. En con~ecuencia, todos los giros se
harán contra la expresada Oficina en la capital de la República.
Comuníquese al seriar Ministro del Tesoro para su conocimiento
y demás fines.
El Ministro,
PEDRO ANTONIO MeLINA.
CIRCULAR
Rejública de C?!?mbia.-Ministcrio de Guerra.-Secci6n !.•-Telegrama
número ¡,¡6J.-Bogotá, 19 de Mayo de 1897.
Comandante militar, Jefe. militar de ...•
Os recuerda este Despacho que, conforme á disposiciones anteriores,
los empleados dependientes de esa superioridad deben prestar
sus servicios en los acantonamientos á donde han sido destinados.
Las contravenciones á esta disposición aparejan descuento en
el haber correspondiente, descuento que debe verificarse sin consideración
nin!una, y no súlo por los días en que no se preste el
servicio, sinó por las horas en que el empleado deje de concurrir á
la Oficina á desempeíiar las funciones que le hayan sido señaladas.
PEoRo ANTONIO MoLINA.
República de C~!?mbia.-Ministerio de Guerra.-Proveeduría gentral
del Ejército.-Número 12.- . .JJgotá, I 8 de Mayo de 1897.
Señor Ministro de Guerra.-P.
Para conocimiento de V uestrá Señoría y demás fines, tengo
el honor 'de trascribir á Vuestra SeñQrÍa la relación de los útiles de
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IOLITfN MIL1TAft.
nstruccwn civil que se han suministrado á los diferentes Cuerpos
.que hacen la guarnición de esta ciudad, de Febrero de 1896 á la
fecha: 1,385 pizarras, 1,2~0 ejemplares del Liceo '-Wilitar, 12 resmas
papel de oficio, 28 gruesas plurnas, 14 gruesas mangos, 530
tinteros, 12 litros tinta y 1,700 ji ses.
Dios guarde á Vuestra Señoría.
J A V1ER ToBAR.
,
INSTRUCCION CIVIL Y MILITAR
1
EN LA J.• Y 4: DIVISIONES
República dt Colombia. -Dtpartamento at B?yacá.-Instrucción tivil del
Batallón Sucn número lo.-Soat,í, Abril 12 de 1897.
Señor Comandante primer Jefe del Batallón.-Presente.
La semana que dio principio el 4- y terminó el 10 del presente, no
faltó un solo día la enseñanza en la poca gente que habíct en el cuartel.
Se hicieron las clases de Lectura, Escritura y Urbanidad con regular
éxito.
El infrascrito se promete buenos re sultados en la instr cción, siempre
que no haya tánta variación de personal y se provean los educandos
de libros, pizarras, papel, etc.
Soy de usted seguro servidor,
DEMETRIO GARAY.
Rtpública de C?!ombia.-Ejércit? Nacional.-3.ft. División.- Número
8zz.-Comandancia del Batalló11 Granaderos número 8. 0 -'Ttmja, 24
de Abril de 1897.
Señor General Jefe de Estado Mayor de la División.- E. S. D.
• Tengo el honor de informaros de la marcha de la instrucción civil
~n el Cuerpo de mi mando, en la semana que hoy termina, asf:
El sefior Institutor ha asistido puntualmente á dar sus lecciones,
pero como yá os lJ he manifestado en anteriores intormes, la falta de
útiles de ensefianza hace que la Sección inferior no adelante cosa alguna
en lectura y escritura, materias principalmente necesarias para esta
Sección. La superior adelanta algo en las clases orales que se le dan,
pero no llega á satisfacer los buenos resultados que se desean de la instrucción,
por el mismo motivo que la Sección inferior.
Dios os guarde.
El Coronel primer Jefe,
MANO'EL M. C.un.o U.
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JSgLJTfN MILIT All
Repúb/i((f de Coloml;ia.-Departamtnto de Boyatá.-lmtrucci6n civil de/
Bútalli?J Sttcre número 10.-SotZtá, Abri/27 de 1897.
Señor Comandante prime!' Jefe Jel Batallón. Presente.
Desde el 19 al 2 S del presente, en la semana comprendida entre
estas dos fechas, se ttabaj6 así: ·
Los días miércoles, jueves y viernes de la semana en referencia;
Sección I.n: lectura y escritura de las sílabas ai, au, iai, uai, etc., etc.,
Sección 2.": lectura en la página 21 de la Cartilla objetiva, y escritura
de las palabras risa, sonó, seco, etc., etc.; Sección 3.": problemas de
enteros.
Por esfuerzos de lüi alumnos y del infrascrito se han conseguida
algunos ejemplares de la Cartilla de Baquero y de Arit; esto da espe-ranza
de progreso.
Atento servidor, DEMETRIO GARAY.
Repúhlica de Co!ombia.-Ejército Nttciona!.-Estado Mayor de la 4.• División.-
Número 34.-Bucaramtmga, Abnl 26 de 1897.
Señor General, Comandante Gene1al de la División.- Pamplona.
Os transcribo el informe que á este Despacho ha enviado, con fecha
31 del mes de Marzo último, Gl señor Coronel Comandante del Batallón
BombmtÍ número 13, residente hoy en la ciudad de Cúcuta, el cual
documento es de este tenor:
"En el mes que hoy termina, y de conformidad con el Reglamento,
la instrucción militar dada al Batallón versó sobre ejercicio de tiradores,
tiro al blanco, evolucíones de Jfnea, servicio de campaña, Ieye9-
pcnales y obligaciones y deb res corrc$-pondientes á cada grado y cumplimientos
mflitares en general.
"También c;e efectuaron marchas hasta de tres y cuatro leguas.
"El adelanto en todas estas enseñanzas es siempre notable.
"La instrucción, que por carecer de toda clase de útiles y de local,
ha funcionado oralmente y á campo raso, también produce resultados
benéficos más ó menos considerables en la parte moral.
"El Institutor civil, señor Capitán Arturo fomareda, hasta la presente
satisface en el cumplimiento de sus deberes."
Dejo en estos términos rendido el informe que sobre la materia
corresponde al presente mes.
Dios os guarde. MoisÉs CAMACHO. •
República de Co!?mbia.-Ejércit? Nac"i?MI.-4·R División.-Númera
900.-Comandancia del Batallón Neira número 14.-Bucaramanga,
Marzo 31 de 1897.
Señor General Jefe de E&tado Mayor de la División.---E. L. C.
Me es )10nroso informaros sobre la instrucción civil y maitar de~
Cuerpo de mi mando, correspondiente al presente me,, así;
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BOLSTfN MILITAR.
Aunque él señor Institutor civil se presenta con la regularidad calaste del río Barbas para
consolidar los trayectos deleznables; pero, sobre ser ins'tlficiente, e'Stá y á
casi agotado. •
Juzgo, pues, que precisa buscarlo donde se halle, toda vez que la
solidificación es de absoluta necesidad.
Ahora, dicho material abunda. en el río Quindío, que dista 5 kilómetros
del "Alto del Roble•" de modo que el trasporte á los diversos
parajes del camino es empresa que sólo se costea aumentando suficientemente
el número de bueyes.
Las operaciones científicas comprenden, en el mes que acaba de
transcurrir, el trazo definitivo de la variante aludida, terminado el 15;
el levantamiento del plano y la nivclaci6n del camino restante; la di~
rección de los trabajos de construcción y mejora, bien como la medida
y demarcación de las diferentes obra~.
Seguro estoy de concluir los datos necesarios para la carta topográ ..
fica y el perfil longitudinal en la primera semana del mes entrante, á fin
de comenzar inmediJtamente las l~bores de gabinete.
Creo de justicia advertir que tanto los Jefes y Oficiales como la
tropa, secundan con energía las tendencia~ y propósitos. del Gobierno en
pro del desarrollo industrial de estas comarcas.
Me suscribo de Su Señoría, á quien Dios guarde, obediente ser ...
vidor,
GRISELDINO CARVAJAL.
República de Colmzbia.-Departamento del Cattca.-Dirución generdt
del Camino del Quá1dío.-Número 3.-Campamtnto en Boltl/o.1
(Fzlandia), Marzo 31 de 1897.
Señor Ministro de Guerra.·--Bogotá.
Habiendo dicho á Su Señoría en telegl'ama número 6, bien com6
en oficio anterior, relativamente al trazado de una variante para sorteali'
· la honda cuenca del río Barbas,. procede yá informe especial sobre 1~
importante Ifnea, á reserva de ensayar la descripción técnica del caso
cuando haya terminado la carta topográfica y los perfiles de nivelación.
El paso del río Barbas ha s}do hasta hoy;- por sus q¡racteres físicos.
el nudo gordiano del camino de Condina "Bajo la forma de tÓrrente ,,.
-dice ~~ Ingeniero Renter!a-nace al respa1do del Consota y avcnU·
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EOLETLT MILITAR 345
por lo general al Occidente, recogido en profunda grieta, limitada po;
pendientes barrancos, y recibe varios arroyos para desembocar á "La
Vieja" abajo ele "Piedra de moler" ( FotJgr.ifía general de la ProviJ¡-
cia del Quilldío). .
La anchura real del cañón, en el paso antiguo, alcanza 1,1 So metros
desde el "Alto del Barbas" hasta el del "Manzano," y como á pocos
hectómetros de ambos parajes las escarpas se 2.poyan casi verticalmente
en el raudal, no brindan desarrollo para pendientes ó ran pas que estén
comprendidas dentro de los límites generales.
Tal circunstancia deja adivinar que, en conjunto, las rocas son de
sólida estructura; pero no obstante hacia la mitad de la vertiente izquierda
háse formado temible derrubio, que á más de afectar desde el
r~ ~ del camino una superficie aproximada de 6oo n etros cu0 [; -O.. ·1 ~- --- - _ _s¿__- ~-------¡
L" i 83 , 1652 ... ms. 6 sz ms. :: ... ,, 1 100 ms. :· !! 1 H Los trabajos se ejecutaron en la variante del '• Alto
1 1
¡Coroza! ' ' al "Manzano," 292 m., en el kilómetro 3.0 .,
2 ~ 83
3· 1» 73
4·· 69
5·1» 64
To~ales ¡ 372
140 ms¡ 223 ms 1 223 ms.
456 msl456 ms. 253 ms.
6o msl 26o ms. 143 JllS. j2 5
,. 300 ms. 188 ms.
" so
,
ms.
1
8 ms.
50 ms.
' ~
433 ms. 12 ms. "
So ms. 6 ms. 1 1
y el resto hacia el empalme de la línea (kilómetro 6.0 ) ,
En la variante ameritada, que se denomina del " río'
Barb as,·• orilla derecha (kilómetro 4.0 ). La rocería corresponde
una modificación del trazado,
Entre el "Alto clel Roble" y el arroyo Bolillos (ki-•
lómetro 1.0 á 2.0 ) La rocería es de ampliación, por
I 5 metros. El desmonte se refiere á construcción com-pleta.
fr
En la ribera izqt1ierda del Barbas y hacia el campamento
del mismo nombre (kilómetro 4.0 y 5•0), !variante
citada. La brecha abarca 6o metros más.
I 2 ms. 1 2 56 ms.l :· 1 !l lll ¡ En la V:lriante, ribera izquierda del Barbas y el ca m-,
pamento así nombrado (kilómetro 4.0 y 5 .0 ) La brecha
--- ---- ----1---L ___ [-·---1---.--__ !comprende I40 metros mas.
6¡6 n¡s/•,89• '"'·!•,459 ms.1zs ms,i 70 ms. J ,;9 ms. ¡ ;8 ms. ¡ • J , l ---~---___ ...._~
Campamento en el "Alto de Bolillos" (.Filandia), Marzo 31: 1897.
El lngcnicro oficial, GRISELDINO CARVAJAL•
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BOLETÍN MILITAR
ESTUDIO
~O~R! LAS OPERACIONES DE "OCRE EN CAMPAÑA
( .Abreviado de la obra de }líes Bourclly Cap:tán de Estado Mayor del Ejército írancé1,
por A. P.)
(e onti!!ttllrió?J).
Antes de recurrir á las marchas nocturna~ con\'iene que u.
necesidad se halle tan justiíicada como en los anteriores casos y,
esto no ob tantc, no nos atreveríamos á afirmar, que todos los escritores
militares opinen de igual manera ante la precisión que el
;n·íncipe Eugenio y los mariscales Ncy, Mórtier y Marmont se hallaron
de emprenderlas. Es verdad que no es muy fácil determinar.
el límite que marca en esta clase de opcracior es b. absoluta precisión
de efectuarlas, para reves irlas del car.ícter sic mera oportunidad,
pues en momentos dados pueden di fcri r las apreciaciones respecto
á las mismas. Se ha apreciado en cier.tas ocasiones que, después
de sufrir un ejército una grave derrota, la opinión de los generales
se ha dividido entre si la ret rada ha debido efectu rse de
noche ó de día. En 1799, despu / s de la batalla .de 1\thgnano, perdida
por los franceses contra los austriacos, que eran dirigidos por
V ray, opinaba \loreau por pernoctar en el mismo sitio de la acción,
mientras Sché1 er e decidía por retirarse de noche, cuya retirada
se efectuó, como es not rio, dd Adige al Mincio, y más tarde
sobre el Adda.
No obstante b divergencia de opiniones que existe acerca del
asunto que debatimos, divergencia que constituye una prueba má
de que no hay nada absoluto en e te arte tan complejo que se llama
guerra, es imposible dejar de conocer que en ciertas ocasiones, escasas
por necesidad, un ejército no cuenta con otro medio que una
marcha de noche, para poder evadirse de una derrota completa. ,
Procedamos ahora á examinar los movirnientes nocturnos emprendidos
voluntariamente por un ejército que pueda disponer de.
otros recursos para asegurar el buen éxito de sus operaciones.
III
¿En qué circunstancias deben preferine las marchas de noche á
las de día?
Toda marcha emprendida de noche reconoce un objeto determinado;
pueden, pues, ocurrir tantos casos de esta clase como
objetos se proponga el jefe del ejército que las adopte. La enumeracion
detallada de estos casos sería prolija por demás, sin obtener
el resultado favorable en pro de estas operaciones, que redundaría
de una exposición suscinta de los principales que pueden ocurrir,
apoyada por ejemplos. Así, pues, nos limitaremos á plantear esta
expisición, rogando á nu_stros lectores no la c~ . mccptúen como una.
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BOLETfN MILITAR 349
nomenclatura de fantasía, adaptable tan sólo á la forma teórica,
sino como una clasificación basada sobre el innegable argumento
de los hechos, y susceptible, por lo tanto, de llevarse al terreno de
la práctica.
Sentado este principio distinguiremos siete casos de marchas
de noche.
1.0 Aprovechar la oscuridad de la noche á fin de apoderarse de
una posici6n ventajosa, ó para prcvazir al ata¡ur. del enemizo.
Esto sucedió en R i voli á apoleón et aiío de I 797. Se hallaba
esperando en Verona el desarrollo del plan de Albinzi. En la tarde
del 13 de Enero, cuando el ataque iniciado le reveló el verdadero
deseo del general au.striaco, de abrirse p:1so por Rivoli con el grueso
de su ejército, y vio á Joubert en peligro de ser envuelto y atacado
por bs fuerzas enemigas, dio orden á Masscna y á Leclercls
de ir á su socorro durante la noche con la mayor celeridad po ible,
el primero con tres medias brigadas de su di\'Ísión, que se hallaban
en Verona, y el segundo con un regimiento de caballería y dos piezas
de artillería ligera. El mi m o Napoleón partió en posta á las
nueve, y aquella misma noche llegó con su Estado Mayor al sitio
designado. El 14 por la m~i1ana los soldados de Joubert presentaban
b acci6n al enemigo, muy superior en numero; pero su resi
tencia vigorizada en el momento crítico por la presencia de Bovaparte,
dio á Massena el tiempo necesario para llegar al sitio de
la acción y decidir el éxito de tan memorable jornada ( 1 ).
(Continuará) .. -------
LITERATURA
EL ULTIMO CARTUCHO
En la posada del Zaque-dijo el teniente Alpera,-nos metimos
como un huracán cincuenta hombres del segundo batallón,
con el alferez Villarrasa. El alférez era una criatura todavía, casi sin
pelo de barba, fuera de un ligero bozo rubio en el labio superior,
pequeño de estatura y ancho de hombros y pecho, promesa de hombre
cuadrado y sólido. Desde la Academia vino al batallón, donde
los oficiales le miraron al pronto con cierta lástima, pero luégo se
hizo su reputación en la acción de Adealeda con un valor incomparable.
Desde entonces fue uno de tantos, quizá más que tanto~
otros que no se quedaron, como él, por allá arriba, y hoy son brigadieres.
N os cogieron en la cañada honda, cerca de Tv1atanegra. Ellos
( 1) Thicrs, Hist9ria de !tz revoluc:ó11 francesa . .Archir.'o del Depósit9
de Guura: rcgi.;:ro manuscrito de Lts 6rue~cs Jc 13:::r~hicr.
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BOLETÍN MILITAR.
.arriba y en la hondanada nosotros, donde no podían revolverse los
treinta caballos del escuadrón, tiraron como quisieron, escogiendo
los blancos. Había que retroceder á Matanegra ó pasar dejando
allí la mitad de la gente. Estaban los altos cubiertos de boinas
blancas como margaritas colosales sembradas á puñados, y echaba
de sí la escarpadura el aliento humeante de las descargas, que sonaban
en la hondanada con el estrépito agigantado por el eco. Los
treinta caballos pasaron á galope para ver si al otro lado podía cogerse
á los de arriba por retaguardia. Quedó solo el segundo batallón
con los acemileros, firmes todos con la mano izquierda en los belfos
de las bestias espantadas, y cuando la corneta dio la señal, :;ubimos.
todos el tremendo repecho detrás del coronel Pacheco, cuyo caballo
tropezaba á cada paso en los jarales. A mitad de camino penetró
como una puñalada en el ánimo de todos que aquello era una locura.
El batallón se quedaba allí irremediablemente.
Pasó entonces por el batallón esa horrible cosa que se llama
tl pánico ...... Sí: fue una vergüenza, pero fue; la vanguardia se
hizo atrás, tomó el declive y se nos echó encima. Las boinas blancas
seguían tirando qm una tenacidad horrenda, y pasaban lo!
hombres como locos, con los fusiles humeantes en la mano derecha,
mientras los oi1ci< les p gaban, iracundos y frenéticos, á los que bajaban,
gritándole · coléricos:
- ¡Cobardes! Arriba granuja !
El alferez Villarrasa e taba junto á nosotros. Vi caer al coronel,
vi que el repecho quedaba claro, y entonces oí al alferez, que
gritaba pálido de ira:
- ¡Vamos!
Corrimos en desordenada retirada, y entramos, como os dije,
como una inundación en la posada del Zaque, de Matanegra. Había
en el patio tres arrieros castellanos aparejando aprisa unas bestias.
Eran los tales de aquella mala gente que solía vituallar á las
boinas blancas. Con el empuje que llevábamos les hicimos retroceder
de mala manera, y uno de ellos levanto la vara sobre el sargento
Cuarteño. El alférez le dio un sablazo de plano en la muñeca
y le hizo soltar el palo. Se cerró el portón cuando iban á salir
los arrieros.
-¡A ver e os!-dijo el alférez. - De aquí no sale nadie.
De los esenta hombres encerrados en la posada, teníamos dos
heridos que se acostaron en el pajar. Se atrancó la puerta. Por el
patio andaba desolada la posadera del Zaque, y su marido lloraba
como un niño, sentado sobra el abrevadero de piedra. Se oía por
fuera el hormigueo de los boinas blancas, y seguro del piso bajo,
mandó el alférez Villarrasa que ubiera todo el mundo arri~a. Tenía
la posada al frente á la carretera, y tres ventanas por aquel lado.
Miramos todos .•.••.
Habría como doscientos hombres fuera bajo los chopos de la
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BOLETÍN MILITAR • 35 1
carretera, y los más próximos rompieron, al vernos, con una descarga.
Saltaron astillas de cristal y madera de la ventana, y cayeron
tres hombres, que fueron bajados al pajar, con los otros. El aférez
estaba pálido; cogió un fusil, apuntó por la rendija de la tabla
rota, y disparó. Luégo volvió á nosotros su rostro de niño, y dijo
con tranquilidad :
-E o se hace así.
Era un sitio en toda regla, que el alférez organizó distribuyendo
la gente entre el piso bajo y alto. Se obligó á los tres arneros
á subir.
----¿ A dónde ibais vosotros ? les preguntó el alférez.
-A Majaducla.
-¡Mentira! ibais á otra parte.
-Nó.
-Bueno.
La ocasión era para hablar poco y rápido. Los arrieros tuvieron
que tomar fusiles y disparar por turno; pero se notó que
nunca hacían blanco. Tal vez la falta de costumbre. Las boinas
blancas no tenían prisa : la posada del Zaque sería suya más pronto
ó más tarde, pero llovía sobre las tres ventanas las balas, que se
empotraban dentro de conchando las paredes. Se echó la noche oscura
y en su seno sombrío desaparecieron las boina blancas y
hasta los chopo de la carretera. Silencio, un reposo absoluto,
mudo ..•... El primer girón de luz nos los hizo ver en el mismo
sitio, guarecidos detrás de los chopos, esperando el día. El alferez
miró también largo rato como quien busca una probabilidad entre
mil. La primera descarga de aquel día rebotó dentro de la sala, y
el sargento Cuarteño cayó pata no levantarse más. El pálido semblante
del alférez se tiñó de pronto en vivo rojo; cogió el fusil de
Cuarteño, apuntó, é hizo fuego. Corrió por la salita llena de humo
como fiuído de ira ; se olvidó toda prudencia, y atropellándono
unos á otros hicimos de las tres ventanas otros tantos huecos de
muerte. Caían en la carretera las boinas blancas como conejos cazados
á la espera, y tambien ellos sintieron la rabia que desbordaba
de la posada del Zaque.
El alférez disparaba sin cesar, valientemente puesto á horcajadas
en la ventana. De pronto se debilitó el fuego.
-¡ Cartuchos ! gritaban desde abajo.
Nosotros no los teníamos ya. El Alférez desmontó de la
ventana, bajó volvió á subir como loco ...... Las boinas blancas se
acercaron para derribar el portón. Había en la plaza un comandante
que mandaba la maniobra.
El alférez se subió sobre el alfeizar de la ventana, frenético,
pálido otra vez, y gritó :
-¡ No me rindo, comandante ! j Viva la libertad !
A CO OE
I..UOTfCA
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352 BOLETÍN MILITAR
Le vi á através del humo levantar los brazos. Su cabello rubio
tomaba un soberbio matiz al sol que salía. En un rincón oía
hablar á los arrieros. ·
-¿Tienes cartuchos ?
Uno: el último.
-Pues dale.
El arriero que había amenazado al sargento Cuarteño se echó
el fusil á la cara y disparó. El alférez se dobló y cayó sobre el
marco de piedra de la ventana sin decir nada, con tremenda
pesadez.
Como yo, lo vieron otros, y nos echamos sobre aquel rincón
á ciegas, dando con las bayonetas, con las culatas, hasta con los
pies, sobre la masa de los tres arrieros. Del confuso montón salieron
golpes seco , rasgaduras de carnes, maldiciones enérgicas, ayes
luégo, estertor después, y á poco nada.
Nos miramos espantados : parecíamos locos.
Cuando salimos enlazados en dos filas, me volví á mirar la
la posada del Zaque. Vi por el portón dcribado al posadero y su
mujer temblando en un rincón, y arriba, en la ventana, alumbrado
por el tibio sol de primavera que bañaba su cabello rubio, el cuerpo
de pobre alférez Villarrasa, caído de bruces sobre la piedra, con un
brazo fuera, cuya mano rudamente crispada, parecía una amenaza
para los que nos llevaban y una despedida para los que le dejá ·
bamos.
FEDERICO u RltECHA.
EN El EJERCITO
El Poder Ejecutivo dictó las s~guientes ·disposiciones:
Destinó al Capitán Camilo A. Estévez G., que sirve como Ayudante
en el Cuartel general de la Jefatura Militar de Antioquia, al Batallón
Urd,meta número I 5 en reemplazo del de igual grado Marceliano
Tascón, á quien se le concedió la licencia indefinida que solicitó.
Destinó al Capitán Próspero B. Calvo G., á la Jefatura Militar de
Antioquia como primer Ayudante en reemplazo de Estévez. ·
Nombró Guardaparque en Riosucio en lugar de Calvo G., al señor
Lucio Gutiérrez.
Destinó al Capitán Adán Vergara que sirve en la 4.• Compañía
del Batallón Bárbttla número 5.0
, á la 1.• del Tenerife número 6. 0
, y al
de igual grado Abel Torres G., que comanda ésta última Compañía á
la 4·" del B árbula en reemplazo de Vergara.
Concedió al Subteniente Abelardp Aranguren la licencia indefinida
que solicitó para separarse de la 4." Compañía del Batallón Bárbula
número s.o
Llamó al servicio activo al Capitán Jaime Latorre y lo destinó á la
3.a Compañía del Batallón Bomhoná número 1 3·
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año I N. 20", -:-, 1897. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3690941/), el día 2026-04-02.
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