LOS LUNES DEL CORREO
SUPLEMENTO ~ITER.AR.;O A "EL colREO NACIONAL"
•
Dlreotor·Rtdaeter, 8. PALACIO URIIE
f'ERIE {.' ~ J30GOTÁ, pxclEIIBRE ~ O& !906
.• _SUMARIO •
a nneva literatura, por Enrique Pércz.- Deehiolo, por Julio
F16rez.-1lnea gitana, por Dello Beravllc.-EI gran euon.
to del Uo en la literatura nBCJ.onal, por G. A, 1larUnez
Zuvhia.-EI hilo, por A. Fomández Garcfa - Por el in.flu·
jo de la prbnavera, por Rul¡in Darlo. -,Un poeta catalán•
por Manuel Bueno.-Son loe aueñoa que pnsan, por Amado
Neno.-A Santa Tcrcea de Jeeúa, por Eduardo caa·
tillo. --El dolor <\,o Crepet, :por R. Blanco FombonR. - Imprecnel6n,
por E. Arias Corroa.
~A NU.€VA LIT.€JlATUJlA .
(PARA. Gun.r.ERMO C.uucHo).
"Debemos cuidar de no conf.andir la freuente
dificultad de expresar nuestras ideas
n la carencia de fSas mismas ideas. Fora
la inteligencia humana, con el tiempo
n alcalino neutro con aquellos elemento~
el Universo con Jos cuales tiene especiales
finiclades electivas. Una biblioteca se nos
toja exactamente igual á una farmacia
ien surtida de drogas de variadas formas y
lidades, drogas que tienen su origen en la
ni6n del pensamiento humano con hechos
eramente locales ó con principios univerles."
Hasta aquf Oliver Wenuell Holmes el
rofnndo pensador americano. Lástima g;an.
e es que verdad de tántos quilates no haya
do comprendida há ti~mpo por la mayor
rte de ciertos genios escritores y ue algu.
os escritores genios. Los más no se surten
esas drogas de que, s~gún Holmes se
mponen las bibliotecas; unos cuantos' es
·ben lejos de sos libros; otros no leen sino
que ellos mismos escrillen. De aquí el
ne su erudición, que lij\maremos inDCta, se ..
ote á poco andar y, faltos de inspiración
repitan._ ¡Acaso no se repite también 1~
!&to~a ! Y ellos .... ellos pertenecen j la
atona.
Se cuentan entre éstos los que se aga~:ran
el espino del decadentismo; los tales ocu.
en al amplio molde , para rehabilitar
á Lugones, á. quien apenas conocía, con ansia
de dar la razón á sus ad~niradores que lo
proclaman gE-nio, por tener el gusto de saludar
á un gran poeta argentino; lo he leído
para. formarme un juicio exento de sugestión
ajena, para juzgarlo por mí y para mí; lo
he leído primero con desapasionamiento, en
cero, para dE>jar oscilar la aguja de mi sin·
ceriJad bacía cualquier lado; después con
el lápiz en la mano, r¡lyando Jos márgenes y
C1'1teijicando los desatinos, tan sueltos y
abundantes en nquella selva aspra e forte
del decauentismo lugoniano, que al rato
aquello parecía un cementerío, tan sembrado
estaba de cntcf:'s.
Lo lle lt·ído tres v'eces, con eucarnizamiento,
para extraer el jugo del genio en
quE>, dieer está empapauo el libro.
Bn lo que está empapado es en trivialida.
l1, en 111td gustq, en pornografía, en tilinguería,
en cncofunía, en indiscreción, en
mODOill:HIÍt\.. 1 •
JJugones no ha tE>ni1lo: ni 'enf, ni tendrá
npnea genio.
Sí alguna n•z tun> talento, no lo . tiene
ya, lo ha prostitllítlo, lo ha n•n1lido, uo por
el clá. ieo plato de lentejas, sino púr cuatro
manotones 1le a.hogatlo, que, á. guisa de
aplausos, le ha propinrulo la cáfiln. tle tilingos
deead(•ntes que Jo siguen eon eervilitla'gados á baba, si'n propiedad ninguna,
están repetidos mil veces en las doscientas
páginas fofas del libro; su inspiració
.~s una mula de noria, siempre dando
vueltas al rededor del mismo tópico. Todo
en él es trivial y alambicado; todo es amontonar
palidetJcs, languideces, sutile.zas, trivialidades,
suavidadcsj todo ('S ajarse,
amoratarse y ag¡·isa1'Sej todo · es diluido;
tollo es trapo~
Poeta mujereogo uo tiene más afán, ni
más afición, ni IUtí& tenllencia. qtÍe á hablar
de trapos, de ropas interiores, hacinando ~n ·
cada estro a los córpiños, las ena_guas, las
franelft'S, las ~~amisas, Jos peinadores, las me-
. ·uias.
¡Oh, las medias! las medias son su obse"
sión ; las medias y las · ojeras lo persiguen
en sus ensuefios lilas, lo asedian, lo estrangulan
.. __ . .
l\le lle pro¡nwsto no hacer una afirmación
sin poner al Jallo la prueba.
Allá van algunas de las ojeras de L~gones. . .
En la página 11 :
Y la desvastación de sus ojeras ... .. .
Bn la. 36:
Llenó, la tal'de gris y tus ojeras . .....
En Ja .78:
De la ojera en leves insomnios de té ......
En la 84:
Que tus ojeras lánguidas no mienten ......
En la 99:-
A la hora en que ii. la tarde le aparecen las ojeras.
En la 160: ·
Tus pelig1·osas ojeras ......
EÜ la 167:
Que dilataba !a ojem ... ...
En la 186:
Con su remordimiento tus ojeras ......
¡Y llámesele genio á éste poetastro con
aficiones de colla, enamorado de los abalorios,
que se entretiene en hacer sartas de
las mismas palabras y de los mismos términos,
amontonándolos sin tón ni són con una
originalidad ramplona y con un . m'al gusto
desesperante!
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Los Lunes del Oorreo ---- -------,.--------------- r-
Y allá van las medias de Lugones :
En la página 23:
La breve arruga de tu media lila. ......
En la 30:
Contemplaba ......
Tu media negra .... .
En la 55:
En las medias punzó sus pantorrillas .....
En la 78:
Transparenta lirios la calada media . .' ....
En la 92:
Y en los puntos de tus medias
Pulgas locas ...... (!)
' En la 151:
• 'l'us gárrulas medias au fugaz sorpresa ... . . .
De modo que si las diera á lava.r, la lista
~e la lavandera seria como sigue:
ROPA ~~ LAVAR DE D. L EOPOLDO LUGONES :
Medias lilas ........ 1 par (f's de suponer
íd. negras ....... 1 " que las dé.,á pa.
fd. pnnzó ........ 1 '' res).
íd. caladas ........ 1 "
ijos la tierra venezolana
dormía bajo el oro trémulo de las
estrellas .... Las estrellas le parecieron una
nube de moscas de oro sob~e un cuerpo corrompido.
¿A dónde vas, Arana! le gritó uno. Todos
los horrachos lanzaron una carcajada.
U no de ellos so acercó á él y le ro m pió el
hilo invisible.
El borracho cayó al suelo lanzando un
grito. En sus grises ojos turbios se reflejó
una tristeza infiQita y por sns tnt>jillas co ·
rrieron dos lágrimas. ¡ Qué desolación tan
grantle mostraba ei1 su rostro enrojecido y
adiposo!
A juzgar por su (lolor era de creerse que
en aquel momento el pobre diablo de horra.
cho iba á coser con aquel hilo las heridas d&
la patria.
A. FERNÁNOEZ GARC{A.
• Por el influjo de la primavera
Sobre el jarrón de cristal
hay rosas nuevas. :\noche
hnbo una lluvia de besos.
Despertó un fauno bicorne
tras n alma sensitiva .
Dieron sn olor muchas :fiores.
En la pasional siringa
brotarou las-siete voces
que en siete carrizos puso
Pan.
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•
,
"'
27
Antiguos ritos paganos
&e renovaron. La estrella
de Venus brilló más límpida
y diamantina. Las frasee
del bosque dieron su sangre.
El nido estuvo de fiesta.
Un ensueño florentino
Se enfloró de primavera,
de modo que en carne viva
renacieron aneias muertas.
Imaginaos un roble
que diera una rosa fresoa.
Un buen egipán latino
oon una bacante griega
y parisiense. Una música
magnífica. Una suprema
inspiración primitiva,
llena de cosas modernas.
U b vasto orgullo viril
qoe aroma el '' odor di fémina.''
Un trono de rooa en donde
descan.$r. un lirio.
¡Divina estaciÓn! ¡Divina
estación t Sonrfe el alba
más dulcemeute. La oola
del pavo re a 1 exaH!ft
su prestigio. El sol aumenta
su íntima influencia, y el arpa
de los nervios vibra sola.
¡Oh primavera sagrada!
¡ Oh gozo del dón sagrado
de la Vida! ¡Oh bella palma
sobre nuestras Ít'entes ! ¡ Cuello
del cisne! ¡Paloma blanca !
¡Rosa' roja! Palio azul !
Y todo por ti, ¡ oh Alma!
Y por ti, Cnerpo, y pot· li,
Idea que los enlazas. ·
Y por Ti lo que buscamos
y llf• encontraremos nunca,
¡Jamás!
RuaÍ:N D1.níu
Pro{ :POETA CA.TALfl. f\
Tengo ti la' vista uua medalla de et~oayola,
obra del escultor catalán D. Dionisio Rexart,
qtie consdrva labrados en alto relieve los rasgos
fisonómicos del gran poeta. Sobre la frente,
que es ancha, ten~a y noble, se despeñan
loa cabellos con gentil desorden; los ojos tie·
nen aquella fijeza de expreDión con que los
creyentes parecen escrutar en las hous de
~elanoolía el misterio de la eternidad ; graciosa
y aguileña la nariz, cándida y limpia
de sugestiones sensuales la boca, y en todo
el semblante un aire ingenuo y austero á la
vez, como el que muestra San F1·ancisco de
Asís en los cuadros de Fray Angélico.
El alma pura del poeta se asoma á la vida
por. oquelt·ostro, la interroga, la peneh·a, se
.detiene á contemplar cómo se amotinan las
pasiones, cómo se hostilizan las codicias y se
.baten los sentimie11toa en el-mundo, y concluye,
lleno de misericordiosa tristeza por
refugiarse en an armazón de barro. Ver-
-daguer aupo, merced á una durísima expe·
;t·iencia, cuán viles y desgraciados somos.
Los Lunes del Correo
¿Su obra de poeta.? Sólo conozco La
.&tlántida, y á medias, porque, eE"gún me
aseguran, en el tl"aSiado del catalán al castellano
ha perdido el poema gr·an parte de
su perfume. Ett obra que revela á un gra'?
poeta, de amplio aliento y de exuberante
fantasía. Le encuentro indudables puntos de
semejanza con el poema de Beowulf, del período
heroico inglés, por la mezola de elementos
mitológicos, paganos y religiosos
asociados en él.
Hay en el poema de Verdoguer, como en
el de su congénere británico, una visión fabulosa
y anormal de la vida, luchas de titanes,
incendios que destruyen pueblos enteros,
hundimientos en los cuales la voracidad
de la tie'rra y del n1ar se manifiesta en pro·
porciones que asustan y mil calamidades de
que no hay ejemplofueta de la Odi8ea de Ho·
mero. Y sin embargo, la deslumbrante y errá·
til fantasía del gran poeta catalán, no le ha
pl'iv\do de someterse al materialismo. Nadie
le aventaja describiendo la natunl«'za inorgánioa
ni le va á la mauo cuando narra la obscura
y misteriosa existencia de los vegetales·
Tiene su pluma .la jugosa 1 iq ueza deeori pti·
va de un Chateubraind, pero le gana en so-briedad
y energía. ..-.
Verdaguer amaba la Naturaleza, y oon
puferencia lo que hay en ella de inofensivo ;
ciertos seres, entre los cual e~, ui q uó decir
tiene, se oueuta el hombre, y las cosas que
demuestran la prodigalidad con que ha dotado
Dios al mundo para nuestro regalo. Por
eso la describía con voluptuosa exactitud.
Vosott·os, los que amáis la poesía elegíaca
de un Béoquer ó de un Sully Proudhomme
porque es la historia secret,¡ de vuestras de·
. capciones Rentimentales; los que leéis con
deleite á Cumpoamor y -á Heine, porque os
1·eorea percibir e u sns estrofas él eco de las
burla~ cou que os ha traicionado la vida;
vosotros, los melancólicos, q ne padece id anhelos
de una temnra que no llega; los Riró·
nioos, en quienes el eugi'ÜO de "tÍ vir ha se-
. cado para siempre todo mtmiantial de sencillez
y de alegría; los descreídos, que lleváis á
flor de piel la úlcer.a de vuestro fe petdida,
gual'daos de posar la mirada sobre los ritmos
de Verdaguer. ~
Este poeta no puede Per leído más que
por los sencillos de corazón, por los que
creed y esperan. Un sua\·e y clemente panteísmo
cristiano se filtra al través del
poema.
Verdaguer dispuso, para oompouer La
.dtlántida, de medio mundo geogrlifi06>, de
todas las mitologías y de una buena parcela
de la corte celestial. Hércules y el ángt"l ex·
terminador se ven muchas veces jon1os en
la fantasía del gran poeta ... Por eso y por la
robusta vena con que está escrita La Atlán-
. tida, es una obra inolvidable.
... Ahora los catalanes sueñan con exaltar
públicamente al insigne escritor. K~ posible
y aun verosímil que le erijan una estatua;
fuera, naturalmente, de ttibutarle otros solemnes
honores. ¿No creéis que España entera
debiera colaborar en ese designio del noble
,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Los TJunes del Correo
· pueblo catalán? Verdaguer es un t~oeta español
de la talla de Homero. Debe ser honrado,
pues, como nn glorioso artista nacional. Yo
le admi1o, ~:in emLo·go, más porque fue como
q'ltería Jesús qne fueran los hombres,
.puro, humilde y sencillo. De ~ 1 puede deoirse
lo que de San Jerónime, que se · pasó
la '•ida in angcllo cm1 libello.
hlA~UEL Bui!:NO.
~ON LOS SUE~OS QUE PASAl'{ ... ,
A veces tu rec erdo se condensa
en mil formas extrañas; huye el dfa
y en rojo funeral, sobre la inmensa
extensión del azur, la tarde piensa:
y yo pienso con ella, tida mía !
Pienso en ti !
Cae el sol.
Alguien me nombra:
una voz-muy lejana-do reproche;
y clavado de horror sobre ·]a alfombra,
con los ojoJ abiertos en la sou .. hra
" te busco entre los sueüos de mi noche.
. EL PRDIER SÜEXO
un sueño viene á mí. Uruza la sala
con vuelo de fantasma, y se divulga
un rumor ideal si bate el ala,
es tan puro como una colegiala
vestidih de lino, que comulgr. :
I.~a fe de mi niiiez!
EL SEGUNDO SUE~O
Oigo un escherzo
inefable que E·l ánima me arroba
y otro sueño se acerea entre el 1lisperso
enjam 1n•, J <'S azul: el primer YPrso
que ~scribi1 niüo y ré111ulo, <>n mi alco,ba ...
EL TEIWJ:i~R Stm~O
Y llega un sueño rosa-¡ oll paraíso!Y
siento no sé qué dulces resahios:
Es el beso primer ~n , ció el capnllo
Sangriento le livianos frenesíes .
Aquella era una boca dulce, grave
Y pura, cuya lengua <'U un murmullo
De adoraci6n sahia decir: Are.
llerman!\: tú qye fuiste
'fan t16cil como E'l agua del Uanuelo,
Oue todo lo ~ufriste
Oon humildad pHra ganar el cieloJ
~ú, tan sabia y tan rica,
En místicos ensueños y en fel"rores
1\Ií espíritu en pecado pnrifica
Con la ,nieve ustral de tus <·andores.
EDUARDO CASTILLO.
-«~)l>-
fL DOLOR OE PREP:t.T
Juan Orepet no estaba cont~nto con su
s erte. El soñó un tiEimpo seguir, como su
alma se lo pedía, la carrera de escritor, de·
letrado erudito. Hasta . publicó un tomo e
su grande obra en varios volúmenes, El alma
antigua. Ese primer tomo comprendía
estudios sobre Simonides, .A rquiloco, Ferpandro
y algunos poetas más. Los volúme·
nes subsiguientes debían abarcar: uno, á lo&
•
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29.
moralistas; otro, á los tribunos ; éste, á los
escultores; aquél, A Jos generales. Así hasta
completar seis tomos de ensayos sobre las
diversos manifestaciones de la energía he·
Jénica. .
Pero de El alma antigua, apenas el volumen
sobre los poetas llegó á publicarse.
-¡Imbéciles! pensaba Orepet, de editores
y lectores.
-¡Imbécil! pensaban lectores y editores
de Crepet.
•
Lo cierto t>S que los tomos eran demasiado
voluminosos, que las ••inucias abundaban,
que el estilo era pobre, que el juicio no era
directo. En una palabrat....Ia literatura erudi·
ta de Crepet no gustó. J:!jl único editor que
se aventuró á publicar el tomo sobre los
poetas, apenas recogió otro fruto que la censura
del crítico más á la moda : la censura
quedó intacta. El sólo artículo del crítico
fue suficiente para matar la audacia de los
editores, la improbable curiosidad del público
y el entusiasmo literario de Crepet.
Juan Crepet, recién casado, necesitaba comer,
vivir. Olvidó, pues, su literatura, sus
erudiciones . de Universidad, sus filosofías
del arte, y empe1ó á trabajar en cierto Ban-
C\> de Parla. "
Como era honrado y laborioso hizo carrera.
En pocos años ganóse confianza y estimación
de los superiores. El sueldo se lo aumentaban
poco á poco. Ahóra vivía con
holgura. En las afueras de París tenía su
casa con su jardincito lleno de rosas. A ~z,
sombra de Jos rosales Jefa él de cuándo en
cuándo sus manuscritos, tomaba té con su
mujer, ó miraba mariposear á Flor, su hija
única, ya de nueve años, fresca y perfumada
como su nombre.
•
Pero Crepet no era feliz del todo. Allá por
los desvanes de su alma soplaban ráfagas de
odio contra aquel infame crftico, quien, acaso
por presentida rivalidad, ó acaso por simple
mal humor, mató en un instante y de
una sola plumada todo el porvenir literario
de Crepet, todas sus ilusiones de erudito.
Crepet decfa á veces :
-Quién sabe qué mala digestión 6 qué
callo inflamado fueron causa del mal humor
de este Aristarco. Y ya se mira cómo ese
momento de bilis ha tronchado una vocación.
Y luégo Crepet añadía filosóficamente:
-Los hombres debían pensar un poco
más en la trascendencia de aus actos.
Su mujer lo consolaba de tales amarguras,
y ann le daba dulces reproches.
-Juan, no te quejes. ¡ N o somos felices t
¡,N o tenemos todo, hasta una flor que perfqma
y alegra nuestra vida t Tú andas
exento de esos odios que surgen entre literatos,
como tú mismo dices. A tí todos te
quieren. Además, con los ahorrillos nuestros
ya pudieras publicar tu obra entera. ¡N o es
cierto! Asf no debes quejarte.
-Eso justamente ew lo que me indigna,
Los Lunes del Correo
argumentaba Crepet; eso de arruinarse uno
para publicar su obra.
•
Y con la cantaleta de la ruina ocultaba
Crepet á su esposa la vergüenza de publicar
á costa de él, por falta de editor ....
-¡Y tánta porquería como se publica!
¡Oh, qué gente tan imbécil!
Una tarde, al regresar Crepet del Banco,
encontró á su mujer angustiadísima, llorando
entre un grupo de vecinos, á la puerta de
la casa. Era ya noche, y Flor no parecía.
-Be corrido como una loca, Juan; á
todo el mundo he preguntado por ella. Nadie
le ha visto. No parece. ¡Hija mía, hija
del alma!
Crepet se echó á su turno á la calle, deso -
lado. Al cabo de una hora regresó.
-¡No ha venido t
-Nó. .
Entonces Orepet se dirigió rf'sueltamente
á la estación de Policía. Y se empezó la
perquisición oficial. A las demandas de la
Policía, los vecinos, palurdos del arrabal,
respondían necedades inútiles ó desorien tantes.
•
Las comadres del vecindario daban sus
opiniones. .
-Yo la vi " antier" á la puerta, arrullando
á su muñeca Lul(t. Por cierto que la
niña tenia un aire extraño.
-Pues yo no la veo desde hace ·dfas;
pero ay~r advertí que un gato negro se pa seaba
por el tejado de esta casa, y me puse
cavilosa. Cuando un gato negro .. ..
El Comandante de gendarmes , un poco
amostazado, cortaba la charla de aq tlellas
pécoras.
-Bueno, selioras, basta •
Y como los curio os se apilaban en la
¡marta, ordenó.
-Despejen la puerta. Cada uno á su casa.
Adiós.
Un carbonero se presentó á la carrera:
--Tengo algo que declarar al Sr. Comandante,
dijo.
-A ver, ¡qué!
-A la misma hora que se extravió la ni·
fía me robaron un haz de Iefia.
Entre el grupo corrió un murmullo. Aquello
no podía ser menos sino para asar á la
secuestrada. ¡ Pobrecilla! .
A la mañana siguiente los diarios todos
de París dieron cuenta del caso. Publicaron
retratos de la nina, que nunca se había retratado,
y bordaron una biografía de los padres.
En acceso de sentimentalismo un cronista
llamo á Crepet "ilustre autor."
Y pasó la mañana. Y pasó la tarde. Y
pasó la noche. De la niña no pudo averiguarse
nada. Delante de la casa de Orepet
se estacionó perennemente la multitud, renovándose
á menudo con nuevos curiosos
venidos de todas partes de la ciudad, en coche,
en bicicleta, en automóvil, etc. Los diarios
daban detalles íntimos de aquel matrimonio;
se indignaban, se ·indignaban con-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Los Lunes del Oorroo
tra el autor ó autores del inaudito atentado,
y cla.m&bt\n justicia. Todo Parfs se interesó
en el drama. En la casa de Orepet entraban
y sa1ían los repórters tomando notas, fotografiando
la casa, el jardín, las mufíecas, IR
cRma de Flor. •
Por último, el cuarto ó quinto día del secuestro,
se encontró debajo de un puente el
cadáver de la chicuela. Yacía estrangulada,
mancillada, los ojos fuera de las órbitas,
acardenalado el cuello, con delatoras manohas
de púrpura en la camisita blanca.
En el barrio corrió una sospecha, que
pronto se tradujo en certidumbre.
El perpe~rador del ~rimen debía ser-¡ cómo
no t-cxerto mendtgo asqueroso, avejentado,
de nariz judía y cara de sátiro. Desde
el rapto de la chica nadie lo miró más en el
barrio. Sí, debía de ser él. ¡ Bandido! Ya
lo cogerían. Era menester lincharlq.
Los periódicos se hicieron eco del rumor.
A los periódicos no les quedaba duda. "Lin·
charlo no-clamaba un diario muy circunspecto
y moralista ;-pero que todo el peso
ele la ley caiga sobre el culpable."
" El peso de la ley " era un enfermismo.
Lo que el justiciero diario quería que cayera
S?bre el culpablt' era el filo de la gnillotma.
Por último, vino á. saberse1que el mendigo
desarrapado había muerto días atrá.~ en
el hospital.
Los inconsolables eran los padres de Flor.
La madre que estaba en cinta, cayó enferma.
El padre, bilioso, violento, hablaba de
Tolar con dinamita el barrio, de apuñalar,
de sacrificar, de hacer sufrir. Quería sangre.
-¡ Ah bandido, si te cojo ! rugfa furibundo.
Cierta mañana le anunciaron á Crepet
una visita. Era un empleado de algún editor
do París muy conocido. Venía á proponer á.
Crepet la publicación de El alma anti·
gua."
-Son seis tomos y muy voluminosos
-aventuró Crepet, entre alegre y descon-fiado.
-No importa, repuso el dependiente;
pero la entrega del manuscrito debe ser
ya.
El primer tomo Sobre los poetas había
volado en poeas días. No quedaba un ejemplar
en París.
Crepet aceptó. En su alma pasaban cosas
extrañas. Su talento de erudito no era bas
tante á analizar ni comprender lo que pasaba
en su corazón. Tenía un dolor y un pJa.
cer. Su hija muerta, aquello era horroroso;
pero al fin, él, Orepet, era conocido, era po.
pular, era r.élebre. Los editores lo buscaban;
· el público 1~ leía. ¡ La gloria, la gloria !
¡Cuán cara era la gloria ! Y como su mujer
estaba en cinta, pensó: ,......
-" Bien pronto disfrutaremos de otra
hijuela. ¡ Oómo la vamos á ~dorar ! ¡ La celaremos
hasta del aire ; no la ver4 nadie,
· so __
nadre, nadie; 110 1~ verán nun~! Y mis
obras publicad~s, ¡Dios mfo! ¡Y yo . célebre
.... Los caminos del Señor son desconocidos
! :N o debemos revelarnos con'trÍ' las
disposiciones de Dios. ¡Padre mfo, l>ioa
mfo, no ~e desampkres ! ..... .
A la postré se durmió. Y sobre el dormido,
sobre el atormentado rostro de Orepet,
flotaba dulce, apaciblemente, una sonrisa.
R. BLANCO FOMlJONA.
A LA LOCURA
Eres tú la inspiradora
Que en mis noches invernales,
Resplandece éomo aurora
En el campo de mis malea.
Es por eso que en la hora
De ruis luchas angustiales,
Eres tú la inspiradora
De mis ca·ros ide&les.
En Jos rudos temporales
Debes ser mi protectora;
l No me dejes, mi Señor&, ne mis a'ñs·aa inmortales
Eres· tú la inspiradora !
E. ARIAS ÓOB.IUlA
-~-
rA OIJlEOOlÓN DE ESTE PSftl60ICO
no se hace solidat·ia de las opiniones
que emitan sus colaboradores.
)Sl( EL PftÓxiu.o NÚM&fto
de Los LUNES DEL OORREO pubJicaremos
el retrato de. 1 eminente escritor D."'Marcelino
Meléndez y Pelayo, precedido '<~e un notable
juicio érftico de nuestro renomb'rado colaborador
Dr. Antonio 'G6mez Reatrepo.
vende la Botica de la .pri~ro 'CWHe
Real, nüii1~ro 394:. ·
Se~ '8t loeál por ~ trtmpo.
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1·
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El Gerente,
LEO SIEGFRIEO KOPP
1
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3! a e DE ·~"""""'"""""":i::=sooc:::::: ,,J
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Los Lunes del Correo 32
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-~~~~~"'Y.Q!.!S.u!!~0~::5:.:!!.u~~!U~~~.,.,...,"!!Y~
~ CERVEZA. TIYO 1 ~
~ Hemos instalado nuevamente nuestra Fábt·ioa..Tívoli coa maquinarias ~
\ti y aparatos modernos apropiados para fabricar una magnifica cerveza que,
·.11 deepnés de la Bavuia, ocupará sin duda el primer lugar entre las demás
~ cervezas del país, pues Tívoli cuenta con los elementos importantes é inij
dispensables que le suministra Bavaria, como la levadut·a y el hielo. ~
\ti La coopet·ación de la Bavaria y las economías introducidas con las 1~
-~ máquinas y apal'atos de la Fábrica Tívoli, nos permiten ofrecer, hoy al pú- ~
,?1 blico una verdadera cerveza alemana al bajo precio de ~
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~ La mejor recomendación que podemos hacer de nuestra cerveza Tí- ~
voli, es la de que su fabrioaute es el Sr. Santiago R. Kirhpatrick, que
cuenta con la práctica de diez años en nuestra Fábrica Bavaria, de la que
J?l fue Jefe Mrvecero. ~
-~ Nuestra cervezu 'Iívoli es fabricada con las mejores materias primos, ~
~1 como lúpulo de Alemania y Bavien superior malta de cebada colombia-
~ na qne la hace muy alimenticia y la más nutritiva después de la Bavaria,
~ según su comparativo con l~s demás cervezas. . 1\1
-~ El agente general para el expendio de nuestra cervez 'rívoli es el ~
~~ conocido y simpático Sr. ADOLFO VENTUROLI oon quien pueden en . 1~ il tenderee los compradores en la ctnera 6.•, número 217. ~
~ Bogotá, Noviembre 15 de 1905. fi
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~ . El Gerente, LEO SIEGFRI~D KOPP ~
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sumas que recauden. mm m
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igual cosa rogamos á los lle provincias, quie.
nes deben hacerlo á vuelta de correo.
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Citación recomendada (normas APA)
"Los Lunes del Correo - N. 3", -:-, 1905. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3690777/), el día 2026-01-15.
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