ampana
ARTES Y ' LETRAS
NUMERO 11 :
DOS AMIGOS ........ . .. ... .... Guy do Mnup~ae&.nt.
PRIMAVERAL ................ Enrlquo Pérez- .
EL r.oco...... .. . . . . . . . . . . . . . Julio Ronnrd.
NOCHE DE OVlEMBRE .... Julio Flóroz.
ULTRATUMBA ............... Adol!o Loón Gómor;.
BOOOTA
?1 MAYO 1890
TI p. do "El Globo"
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
''LA CAMPANA"
ESTA REVISTA SALDRA LOS DOMINGOS
Suscripción á doce números ...... $ 2
Número suelto. . . . . . . . . . . . . . . . . 20
ANUNCIOS
Página _ ....... __ ............. $ 8 • _
AGENCIA ' ADMINISTRACION
CALLE 1.1. NÚMEROS 1.81 Y 1.83
APARTADO NUMERO 42
Dirección telegráfica
'CAMPANA'
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
DOS AMIGOS
(Traducido pnrn LA CAMPANA]
Parí bloqueado estaba hambriento, estertoroso.
Escaseaban los gorrionc. en los tejare y se despoblaban
las raton<.!ra . La gente comía cuanto encontraba
fuera lo que fuera.
Como una mañana clara de Enero se pasease
triste1ncntc á lo largo del boulcvard exterior, las manos
en lo bolsillos de su chaqueta de uniforme y
vacío el vientre, el señor Morissot, relojero de oficio ·
:y charlatán de ocasión, se detuvo delante de un cole-a
en quien reconoció un amigo. Era el señor Sauage,
un conocido de la orilla dol río.
~ .. Antes de la guerra, todos los domingos partía
Morissot con el alba, su caña de bambú en l mano
.. ~o y á Ja espalda un tarro de zinc ; tomaba el ferrocarril
ele Argentenil, de cendía ha ta Colombes y luégo ganaba
á pie la isla de Marantc. Llegado á ese lugar de
sus ensueños se ponía á pescar y pescaba hasta la
lOChe.
Y todos los domingos encontraba allá un hombrecillo
jovial y regordete, el señor Sauvage, mercero
de la call de Nuestra Señora de Loreto, como él,
pescador fanático.
Como pasaban todo un día uno al lado del otro,
con la caña en la mano y los pies colgando sobre la
corriente se habían cobrado mutuo afecto.
Días había que conversaban, otros no cruzaban
una palabra, pero se entendían á maravilla teniendo
como tení n iguales gustos y sensaciones idénticas .
.,n las mañana dt! primavera, cuando el sol rejuvenecido
hacía brillar las aguas y v~rtía en las espaldas
de los rabioso pescadores d calorcillo suave
de la estación nueva, dccí Morissot :
-¡ Oh, qué dulzura!
Y Sauvage replicaba :
-Nada mejor conozco.
Y esto bastaba par que se cotnprendieran y se
estimaran.
En otoño, cuando al fin del día cd ciclo ensangrentado
por el ol poniente lanzaba al río rcfi jos
purpúreo que rebotando del agua enrojecían los
semblantes apasiblcs de los dos amigos; cuando dorab
los árboles marchito ya y temblorosos con un
hálito de invierno, Sauvagc !)Onreía, y mirando á
Morissot, prorrun1pía :
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L\ C . .MPJ A
-¡ Qul! es¡ cctácul !
Y 1 otro, maravillado, sin quitar los ojos de su
flotador ruplicabel • qt•<.: s ' ruconoci ·ron se c trccharon enér"
gicam ·nt · l.t mano, un · or ( co1 movidos por haberse
vuelto ~1 ·ncontr::t.r n circunstancias t~m diferentes.
-¡ )io~ mío ! ¡ qué cosas ! murmuró Sauvage
suspiran lo. Mo1 issot rimi6 mcl· ncóli ~uncnt<::.
-¡ Qu<:: ticm¡ o ! es l: l primer dfa bullo de este
afio.
l!..n v rclnd 1 iclo cstab· azul, muy azul y había
una cl~tri lad clu slumbrnd rn.
Ech ron ¡Í anclar tristl:s, sofioliuntos. Morissot
dijo:
-¿Y la 1 esca? ¡ ¡uc bello recuerdo !
-¿ Ctd.ndo podremos volver ?
T.!..ntr r n á un cafetín, tomaron una copita de
ajenjo y s· liuron J asearse de nuevo por el bou1evard.
-Otr~ tlt:rdt, ·h ? }ijo Morissot de 1 ronto. Sauvagc
ac<.:pto y <.:n.traron ·t una taburna.
Al salir estab n turbados, atur licios, como gen~
te en ayuna y con ~1 vientre llen de lcohol.
J<..] ambientu ·ra suave. Una brü.a juguetona les
acariciaba el rostro.
t aplicó al :·u lo d <)íclo 1 ., ,.a . abcr si por
ahí and.1ha al uicm. 3da < yó. h. taban olo , com-pletamcnl<.:
. olos.
·rr:mquilos ya se pusieron ü p ·scar.
·rente á ellos, 1~ abandonacl:t isla de Marante
les ocultaba la r:ib r"l OJ>ll ·st:t. La casit:t cid r ·~ taur,
ntc ~· taba cerrada · al paree ·r, hacía ya buen tiem-po
qu ... ti"tba ah·1 d na qu · parecía venir de
bajo la tierra, hizo te1nblar el suelo.
Morissot, volviendo 6. mirar, vio por sobre la
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r66 LA CAMPANA
barga, allá lejos y á la izquierda, la norme silueta.
del monte Valéri n, que tenía en la cima un airón
blanco, una bocanada de humo que acababa de escupir.
En un momento el segundo chorro de humo
partió de la fortaleza; instantes después tronó la nueva
detonación.
Otras siguieron, y de momento en momento vomitaba
la montaña su hálito de muerte y surgían
vapores lácteos, que elevándose lentamente en el cielo
calmado, formaban una nube encima de ella.
Sauvage se encogió de hombros.
-Ya vuelven á empezar, dijo.
Morissot que miraba con ansia hundirse poco á
poco la pluma de su flotador, tuvo un acceso de esa
cólera de hombt·c apasible contra los rabiosos que de
ese modo se batían, gruñó :
-¡Fuerza es que sean estúpidos para matarse
así!
-¡ Peor que brutos 1 replicó Sauvage.
Morissot, que acababa de pillar una breca, declaró:
-Y pensar que así ha de ser siempre mientras
haya gobiernos 1
-La República no habría declarado la guerra ..
aventuró el otro.
-Con los reyes, dijo sentenciosamente Morissot,
tenemos la guerra afuera, pero con la República la
tenemos dentro.
Y se pusieron á discutir tranquilamente los grandes
problemas políticos con su ana razón de hombres
dulces y de cortos alcances; stuvicron de acuerdo
en un punto, á saber: que jamás serían libres.
El monte Valerien tronaba sin descanso, demolía,
á balazos las casas franccsns, de struía caminos,
aplastaba seres, cortaba nutchog cnsu<.'iios, muchos goces
y fclicidade esperadas largo tiempo y abría. en
corazones de mujer, madres é hijas, allj lejos en otros
países, sufrimientos quc no tendrían ñn.
-Esa es la vida, murmuró . auvage.
-Más bien la muerte, dijo el compañero.
Sintiendo que alguien se movía á su espalda, se
extremecieron espantados, y volví ·ndo los ojos, pudieron
ver cuatro hombres altos y barbu los, vestidos
como pajes de librea, que llevaban c:tsquetcs bajos en
la cabeza. El cañón de sus fusiles estaba dirigido
hacia ellos.
Las cañas se escaparon de sus manos y fueron
descendiendo lentamente por el río.
En pocos momentos Jos tuvieron atados y echándolos
en una bat•ca Jos pasaron ét la isla.
Detrás de la ca ita que los dos ::1migos hnbían
creído abandonada, vieron una veintena de soldados
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ART .S Y LhT
alemanes. Una ~specic ci gigante velludo, que acaballado
en una silla fumaba t=n un gr n pipa de porcelana,
les preguntó en muy buen francés:
-Y bien eñores, ¿ habéis hecho buena pesca ?
hntonccs un soldado pu o á los pies del Oñcial
la malla con peces que había te 1ido cuidado de recoger.
-¡ Eh ! no ha sido del todo mala vuestra pesca.
'Pero se trata de otra cosn. Oídme sin turbaros:
"Sois dos espía enviados para acecharme. Os he
cogido y vais á cr fusilados. Aparentabais pescar
para disimular vuc tros proyectos. Habéis caído n
mis manos, tanto peor para vosotros ; esa es la guerra.
Pero como debéis haber salido por la avanzadas,
tcndréi · de cguro una palabra de contra-seña para
entrar; dádmcla y os perdono."
Los dos amigos, lívidos, uno al lado del otro,
con la~ manos agitadas por un temblor nervioso, guardaron
silencio.
El Oficial dijo :
- unca lo sabrá nadie; volveréis á entrar apaciblemente
y el secreto desaparecerá con vosotros. Si
rehusái , moriréi y rnoriréis inmediatamente.
A\1n pcrman(!cieron inmóviles in abrir la boca.
El prusiano, siempre calmado, replicó tendiendo
la mano hacia el río :
R fte .. ·ionad que dentro de cinco minutos estaréis
en el fondo del agua ; dentro de cinco minutos.
¿No tenC:is familia ?
El monte Valérien tronaba siempre.
Los pescadores permanecían de pie , silenciosos .
El prusiano dio sus órdcn~s e::n al mán ; luégo, tomando
la silla, la colocó en otro sitio para no estar
tan cerca de sus prisioneros. Doce soldados, fusil en
mano, se colocaron frente á los amigos á veinte pasos
de distancia.
-Os concedo un minuto; ni un momento Qlás 1
gritó el Oficial.
Después lev:tntándosc bruscamente se acercó á
los franceses y tomandCJ 'Í. Moris ot por un brazo, lo
arrastró á algunos pasos de dist ncia y le dijo en voz
baja :
-¿Cuál es la palabra? Pronto ! Vuestro camarada
no sabrá nada, haré como que me compadezco.
Morissot nada dijo.
Ac~rc6sc d pr.usiano á Sauvage y le hizo la mis-ma
pregunta.
-Sau va~rc nada dijo.
Los ami ros se pu~icron uno al lado del otro.
A la vo:t de mando, los soldados levantnron las
armas.
EntonceB la mirada de Morissot dio casualmente
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x68 LA CAMPAEA
con la malla de gubios, que había quedado en la yerba
cerca de él.
Un rayo de sol hacía brillar aquellos peces que
aun se agitaban. Lo invadió el desfallecimiento. A
su pesar, se le llenaron de Utgrimas los ojos y balbució:
-Adiós, señor Sauvage.
-Adiós, señor Morissot, elijo Sauvage.
Se estrecharon la mano, sacudidos de pies á cabeza
por invencibles temblores.
-¡Fuego! gritó el Oficial.
A un mismo tiempo sonaron todas las detonaciones.
Sauvage cayó de bruces. Morissot, más corpulento,
después de oscilar, cayó sobre su amigo, vuelto
el rostro á las nubes, mientras qu de su túnica desgarrada
en el pecho se escapaban borbotones de
sangre.
Dio nuevas órdenes el Oficial y sus hombres se
dispersaron para volver presto con cu rrlas y grandes
pedruscos que ataron á los pies de los muertos; luégo
los trasportaron á la ribera.
El monte Valérien no d~jaba de tronar y ahora
se veía sobre él como una montaiia de humo.
Dos soldados cogieron á Morí sot por pi y cabeza;
del propio r41odo tomaron otros dos á Sauvage.
Los cuerpos, un instante balanceados con fuerza,
fueron tirados á lo lejo y describiendo una curva,
debido al peso de las piedra s e hundieron de pie.
El agua saltó é hizo burbujas, se extrcmeció y
luégo fue calmándose cuando la olas pequeñas llegaron
á estrellarse en Jos barrancos.
Un poco de sangre flotó .
El Oficial, siempre sereno, dijo á media voz:
-Lo restante deJ trabajo toca á lo peces.
Volvió á la casa, y al ver sobre la yerba los gu-bios,
gritó sonriedo:
¡ Wilhem!
Apareció un soldado con d .lantal blanco y el
prusiano mostrándol~ la pesca le lo · fusilados ordenó:
-Frí me esos animalitos· así mientras cstln vivos.
Será delicioso.
Después continuó fumando su pipa.
uv nr~ MAUPASSANT
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ARTES Y LJt.TRAS --------
P R I MA V ER AL
Dndmc un retiro en In flore t umbr(l\¡
Lcjo. del vcndnvnl tic In-. ciuclndes ,
T'.n donde f>uc<.ln In •.·i-.tcncin mín
En horn < e letru mclnncoHn
Vngnr por ln ngrc:-.tcs olcdn.dcs .
u
nndmc de lo~ cclnje~ los colore. ;
T,n vcnlurn •tcrnnl de In prnderns :
De ln fu~:ntt s los pl:\cido-. rumore!\;
Y hnccd brotnr en mi r ·dor ln flore
Que brindnn con nmor In primnverns.
Ul
1 cjnd que no; pire d • In · nurnc; purn.
El p ·rfumn lo, embringndor nmhientt;
V cejnd In flores-otro tiempo :rmndn ,Qu
· mnrcbit6 1 pcsnr unn pot unn .
V
Dnthnc en medio del ho que unn c:nhn~n;
Una ti ·rnn y nmnntc compnt)crn;
Torios lo - ~octrll crn.
Vl
Vivir nllr mi corAzón nn . ( ,
f.cjc>-. d<.'l vcndavnl de lno; ciudndc~.
gn dontlcJlucdn !1 existcncin mí:t
En hor:1·· e letal m ·11 nc:olin
Vnc r por la ILgu: te .. oledndc'>
RNR lQU& PERE7.
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170 LA C !PAJ A
EL LOCO
El sol se había ocultado. Félix sentado en la tierra,
cerca ele la chhncnca in fue o. o encendió luz.
Dejó que la noche lo ·nvolvicra y que como sierva
cuidadosa cubricr·1 el arcón, las sillas y el 1 cho, muy
pronto no di tinguió más que el péndulo de cobre,
yendo y viniendo en el reloj invisible.
Y de pronto se elevó la luna.
Félix la adivinó, presintiendo que subía ligera, y
entre Jos árboles.
Quieren éstos tocarlo con el extremo de sus ramas,
apoderar e de elln al paso.
1 ro lla se desliza, se e capa y vierte para anunciar
su llegada una luz clara y l<.!chosa.
• élix mueve los labios y tiende las manos. Le
ruega qu se apro.·im más.
Ya toca el borde de su lecho. e acerca tocla-vf
, se pren le á la vcnt na y parece inmovilizars un
mom nto.
Y cn s guida, con el rostro blanco y dilatado,
en tanto qu la moción forma en su pecho un ruido
como le fuente, 1• élix <.: pon á tocar sobre el brazo
izquierdo, como un iolín, con el brazo derecho
como un arco, un aire lcnlo músico que no caba
nunca.
JUl.IO REN ARD
- ><-
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ARTES Y LETRAS
NOCHE DE NOVIEMBRE
Yo. Ucgn el rudo invierno
on !'>U' ortnnt •. rMn¡:n ,
Con !'.U~ tupidM nieblns
omo flotnnte. t\bnnn ;
Yn ruedan de los troncos
Enfermn In · pnrl\sitns .••..•
Y c"tán lC& Rores tri Les
Y In mujcrc-> p(\lido.s 1
L. dcn~l\ lluvia Cl\c
Con e · pnnto. o e trépito !
Su· mcmbr noso.s alns
.Agit. n lo murciélngos
Y en lns inmen~n plo.y
El m:u· undoso y pél'fido,
ucbrl\nt • . e en In roen
<.:on ímpetu colérico.
Kn 1 s pnjitn chozo. ,
nqufticos y e cu(didos,
Lo ni1 o . e ncurrucnn
Ante el rc,coldo cñrclcno:
Y t llí tirit:an...... llor. n
Al e euchnr lo á ¡>eros
Chillido~ que modulr:m
Lo ngorcros dmbo .
Por ln · O!'.CUl'n grieta •
De Jns mortuo1·ins lápidn ·,
Lt\ gotn' de Jn lluvin
Descienden frrn .. , lt\nguidn · ;
¡Oh pérfido de tin ! •.•.
'fnl vez únicR J(.grimn
Ouc en s\l mnnsión el· somhrna
l{eciben los dlivcre' 1
Doliente y ojcro . .
Ln Junn nv:mzn tlmidn
Y · c6ndc .e eu In . nubes
l nmóvilcs y undfvnr:n' ;
bn In.,; dcs1ertns call '!'.
Sobre In losn-. frí 'dn •
Medio de nud.\'> tosen
... as pordio. crn tbicns f
AtJ(, lejos sncude
. u nln el rclt'unpllgo,
J) ·ospréndcn e In · hojns,
Dcspiértnnsc los p:\j ro:; ;
Azot 1 $ vidri(.•r:-ts
'on recio impul o c:l flbrcgo
Y el rn.yo cru1. y hiere
Como cele te látigo 1
¡ RefúgiMe en mis braTos
• n ·~t. noche tétricn
Y cscóndc entre mi: mnno
Tus m n~c:it . tr6mulo.s 1
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17Z LA C MPANA
Cnlor y vida nnsfo
De tu mirndn ang~li ,
Micntrns In brisa chnrln
Con ln llovLmn gélida..
Resuene en nuc. tras boca. m be o como un c.\n tico ·
V •n tnmo que apuremos
U\: tra vcnturn, c. t!ltico
uc azote l(ls idricr:t ·
'-on recio impul o el :\brego
Y el rayo cruce y hiera
Como cele . te látigo !
Mas ay 1 bien é que no oye
Mi-. <1 tirantes súplicas;
Ilicn sé osnnto v mo. todo .
A vi it r • lo qucri lo muerto ·.
M tú que me conoces y c¡nc sabes
Ouc vivo de los lntimo ensueño<>,
Ño me ir~s !\ buscnr cunnclo me muer:~.
Al holndo rincón del e mc:ntcrio.
:ro n\C sigt\ nlli: dcjn y olvidn
A ln humilde cri ~lidn cm . u lecho,
P3rn seguir In m ripostL blnnc.'\
Que ru de olndo hognr tiende su vuelo.
Bú cnme en él, en mi lugM vado ¡
Bú. cnmc entre n'i libros y mis versos:
Allí donde mostré todtl mi nlmn,
All! donde c. tnmpé mi pcnsnmicnto.
1 ero cuán loco oy ! ¿ :tbC!. en dónde:
• icmprc me encontrnr~s después de muerto?
Allí donde he de ser, nunquc invisiuh:,
Centincl11 tennz de mi~ nrcc:tos .
Al ICldo de mis hiJOs cunndo sufrnn,
V de noche rondnndo por su .. lccho1-t,
icmprc cstnré pnm cnjugnr u llnnto,
Siempre estnré pnm velar por •llo. 1
1 73
ADOJ.ll'O LEON GOMEZ
-·)(--
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LA C
OFICIAL
\Obre prcnsn
( Conti1Juodón)
Art. 25. La injuria inferida por los medios que se expresan
n el artículo 14 á las personas ó corporaciones
designadas en el artículo 21, se castigará con diez días
á dos meses de prisión y multa de cinco á cien p sos.
La injuria inferida á lo particulares, cuando no
haya sido precedida de una provocación, será castigada
con prisión por cinco días á un mes, y multa de
tres á cincuenta pesos.
Art. 26. Las penas de la calumnia 6 la injuria infedas
á la memoria de los muertos no s impondrán á
los responsables sino cuando e demuestre que éstos
han querido herir por ese medio el honor de los herederos
consanguíneos ó afines vivo', quienes podrán
usar también en tal caso del derecho de respuesta de
que trata el artículo 12.
Art. 27 No incurrirá en pena alguna el individuo
que compruebe la verdad de las imputaciones suyas
tachadas como calumniosas.
Art. 28. ~s in dmisible la prueba de la injuria, y
en ningún caso exime de pena.
Art. 29. Los ultrajes al Jefe de un Gobierno extranjero
por los medios expresado en el artículo 14
se castigarán con pri ión de cinco á veinte dias, y
multa de diez á cincu nta pesos.
Art. 30. Los ultrajes inferidos públicamente á los
Agentes diplomático de Gobi rnos xtranjeros, acreditados
ante el d Colombia, e castig rán con prisión de
tres á quince dí s, y multa le cinco .. cuarenta pesos,
siempre que 1 ultraje se haya cumplido por alguno
de los medios expresados en el artículo 14, y siempre
que los Gobiernos d esas mismas naciones, tengan
establecida ó establezcan una práctica semejante.
A rt. 3 1. Los d li os le pre;:nsa contra la religión y
el culto serán juzgados conforme t. las disposiciones
del Título 11, Libro u del Código Penal.
Art. 32. Todo ataque contra el respeto debido á
las l I- O. en ln
e ·trncctón de p1c7.n:-. y nrrcgl d e <.u dcntnc.lurn, nJ>rovcch <1 lo s <''>PC·
cintes conodm•cntos que pnr;\ el TRATA M lE 1 J E LO. 1 S
ndquirió, ~ co ·tn de nu.:.cho estucho y pr. ctic. en Filndclñn, en acreditado~
Gnbinetc:. dcntalc" p. rn nii\os, y ni Indo de
EMINENTE .ROFE:OR.E .
EL DOCTO G. A. PINEDA
quien hn rnont do su moderno Gnbincte en el
NUMERO 270 [)J.:.' LA CA.R/1 EJV1 10
loco.! contiguo ~ll de J.(z Crdnim.
SEÑORAS I !ADOSA'
Acnban de llegAr 1\ EL PO:RTICO, bnjos de lo. ca~l\ de trc~ piso~;,
primcrn <; llc de .Florii\n, 1. s
/fi/EDALLAS (DI.:: ULTJ#!A MO.DA)
de 1~ "Atlor. ción Pcrpctun."
Venden muy bnrMo un pi no nmcricnno 1/uo.f'la & udrc;.
SASTBERIA FRANCESA, corte moderno y clcg. ntc.
Famo os pio.no nlcmnnc. venden PLATA 1/EJVliANOS
NUEVA SAS7'BERIA, cnllc 12, nl\mcro 204.
Elegante ~pn pnro. licñorn, Bn:nr Sa11l}r,., 1'.' C He Rcnl.
Sobretodos pnrn eriorn, ehnques, RA ZAR SA./11 PI:.' R., primera
Clllle ReAl.
Mnntill de cre~p6n, mnntillnt; de ya.ry, D/JZAR SA.il/Pf.:B,
primer C He Renl.
Sobretodo pnrl\ nil\n, c:\pns, Btuar Samptr, r'.' <.:nllc } cnl.
GrAn surtido de rtfeulo. pnra regalo, A/.,llfACEN /)J.:: CUEL"
OA S, tereem Cnllc l{eul.
ALMACEN ./)/.!.; 189 , los género. por metro. y por y rdns.
Completo :;urtido de cignrro y licorc. , P(l/d(IO ~·oll6alt.,
Calle
~
·~ > z
>
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Citación recomendada (normas APA)
"La Campana: artes y letras - N. 11", -:-, 1899. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3689561/), el día 2026-01-14.
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