Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
~~'Mi unu DI LA Tú RREY UéAS UU1LLJttU
.o).DMINIBTltADOB
Froílán Gt9Lzá1ez
Telegramas: LIBERAL.
TELÉFONO número 525·
No ea devuelven ori¡rin!lles.
'La correspondencia d~be diri¡rirse al Administrador.
OFICINA: Aoera oriental, Parque d~ San·
tander, número 394.-Apartadouúmaro 377.
Alo 1 - Serie 1 - Número 50 BOGOTÁ - REPÚBLICA DE COLOMBIA
~!+'IIÍf~~1I JlUf 1!JU IIllU1ef"!J' ~
..:olombla ............................. ... : ..• i '"
Suscripci6n pcr 50 númerCl8. .. ...... 2 ...
En el Exterior (oro) ................. ,... 1 50
Remitidos, columna.. ...... ...... ...... 15 ...
Gacetillas, palabra .. ................... " O 05
Avisos, palabra .... ... ................. O 01
Número suelto el dla de salida...... O 05
Avises que se aparten de la forma
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dades de última moda y exqUISIto gU8tO para señoras.
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modIstas de prImera clase j un surtido completo de guantes para señoras y caballeros; lindísimos boas de plumas, de todos precios: ~nantillas, paños y teh~g de
verdadera novedad, para trajes de lana, seda y algodón j famosas telas para forros, etc., todo lo cual tiene el gusto de ofrecer :i su clientela á precios inverosímil.
mente bajos para las actuales circunstancias.
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de que es exclusivo agente pa,ra la iInpOlretación á OoloInbia
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es el de consumo más generalizado por su excelente calidad. En el citado almacén se encuentran todas las clases que fabrica aquella renombrada Casa:
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gran bI•C •I cleta 1:\. en a 'renemos el honor da poner en conoC!- miento del público que acabamo~ de abrir, Habiendo llegado á mi noticia que en varias poblaciones de Cun~
FALSIFIOAOION
~ T . en el número 400 ue la acera oriental del dinamarca y Boyacá hay individuos que, diciendo ser ngentes míos, están
b ER LI N G Parque de Santander, una Agencia ;:¡ue se ofreciendo ti la venta btandy con mi marca, que no e8 legítimo, lo pongo
encargará especialmente del arrendamiento en conocimiento de mis clientes para que no se dejO en engañar, advirtiéu-
FSRN ANDllZ y CONCHA 42 de fincas raíces, y en general de toda clase.. . . . ..
de comisiones. dOles que mI casa de comercIO de esta CIudad no tiene agenCIas nI Bucur-
Pardo Morales, i sales en otro lugar de la Repuolica, y que, estando mi marca de brandy
E. Jal'amillo de. (l.' ¡; debidnmente registrada y patehltada en el Ministerio de Hacienda, tengo
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•
BL DI AK'IO -
SCBILLEB.
LA. CA,.'{CION DE LA CAMPANA
Traducción de L. Aquarone.
"El molde de arcilla qlleda ase·
gurado en la t.ierra que lo rodea:
hoy ha de nacer la C¡¡mpalla. I Compalier08,
pronto al trabajo! ¡Que
el sudor chorree de vuestras frentes
ardientes!. .. La obra honrará al operario,
si la bendición de arriba le
acompaña."
Mezclemos palabras serias con el
trabajo serio que emprendemos; palabras
juiciosas disminuirán el c~nsaueio.
Observemos con cuidado el
noble resultado de nuestros end~bles
esfuerzos: i quede avergonz~do el
sér estúpido que no puede comprender
la obra de sus manos 1 El raJio.
cinio es lo que ennoblece el hombre,
descub riéndole el motivo y el fin de
sus tr: bajos. . '
«To! 'len leña de pino bien seca:
la lIam~ entrará en los tubos con
más fuerza. Que un fuego activo
apresure la mezcla del cobre y :lel
estaño para que el bronce derretIdo
corra después en el molde.»
Esa campana, que con la ayuda
del fuego habrán formado nuestras
manOR en el eeno de la tierra, testimoniará
con freQuencia en favor
nuéstro, dentro de s u elevada mansión.
Muchos días ha de durar, muchos
oídos ha de estremecer, sea qne
se It\mente cou los afligidos, sea que
una sus acentos con los de la oración:
todo cuanto el destino incons'
tante reserva á los mort,ales, ella lo
contará con su boca de bronce.
crBlnllcas burbujas de aire salen
á la supllrficie. ¡Bien! la masa principia
II moverse. Dejf\lnos que se penetre
d\' la sal alcalina que ha de
facilitar la fusión: es prt'ciso que
la mezcla se purgue de toda su es.
puma pam que la vúz del metal resuene
pura y profunda.»
La campana CH la que saluda con
acentos de alegría al niño querido
que viene á la lu;; todavía snmido en
los brazos del sueño: negro Ó blanco
su destino duerme también 6n
el 'porvenir; pero los cuidados del
amor materno vigilun sobre su ma'
ñana dorada.-Los años huyen como
una flecha. Cuando ha llegado á ser
un joven, abandona los juegos de
sus h,1rmanas y se precipita soberbiame¡',
te en la vida ..... Recorre el
mundo con el bastón del viajero,
después vuelve, extranjero, al hogar
paterno, Entonces es cnando la jo'
ven, noble imagen dI) los cielos) le
apareco en todo el brílIo de su her.
mosura, con sus mejillas sonrosadas
por la modestia y el pudor.
«j Cómo se ponen ya oscuros los
tubos I Voy ú zabullir esta rama en
el crisol; si sale cubierta de una ca·
pa vítrea, será tiempo de vaciar.
¡Vamos 1 compañeros, ensayad la
mezcla, y ved si la unión del metal
duro con el metal dúotil se ha efec·
tuado felizmente.»
Pues de la unión de la fuerza con
la mansedumbre resulh. una feliz
armonía.
I,08 que se unen para siempre
deben estar seguros que sus cora~
zones se corresponden. La ilusión
poco dura, el arrepentimiento es
eterno.-¡ 80n qué gracia lleva su
corona virginal la novia cuando el
sonido argentino de la campanil la
llama á las pompas del himeneo I
¡ Ay! la más hermo~a fiesta do la
vida nos anuncia también el fin de
su primavera: ¡ con la ,cintura y el
velo cuántas ilusiones desaparecen!
La pasión huye y 1<1 reemplaza la
afección; la flor se marchita y la
re(jmplaza el fruto.-Es menester
que de hoy en adelante ~l hombr.e,
en BU lucha contra una VIda hostIl',
emplee ya la actividad, ya la fuerza,
ya la audacia para nlcanzar la dicha.
Primero la abundancia le prodigf\
sus dones; sus almacenes están rellenos
de riq nezas, sus posesiones se
extienden, su casa se engrandece,
La madre de familia gobierna sabiamente
la casa y su espíritu de orden
añade á lo'l bienes ya adquiridos:
llena dfl objetos preciosos :sus armarios
olorosos; sin parar, el hilo zumba
en derredor de sus husos; la lana
luciente,ellino blanco como la nieve
se amontonan en SuB cofres resplandecientes
de limpieza y derramando
por doquieta el lujo sobre la abundancia,
nada co'ncede al poscanso.
El padre, entre tanto, desde lo
alto de su casa, echa una mirada
satisfecha sobre su fortuna que florece
en derredor de su habitación;
contempla BUS árboles, sus cercados,
eus graneros ya llenos y sus campos
donde se mece la nueva mies, y de
repente palabras de orgullo salt'u
de su boca. ({Mi prosperidad, sólida
como los cimientos da la tierra, de·
safía de hoy en adlllante 1<1 adversidad!:.
¡Ay I ¿ quién puede hacf'r
un pacto eterno con la suerte? La
desdicha llega pronto.
"¡ Bien 1 se pued6 principiar á
vaciar: sin embargo, antes de abrir
el paso, dirijamos una ardiente oración
al Señor .. ¡ Destápense los
conductos, y que Dios proteja el
molde I ¡Oh, cómo las olas de fuego
se precipitan en el espacio que se les
abre 1" •
El fuego es una potencia benéfica
cuando el hombre la domina y la vigila;
es un dón coleste que facilita
muchos trabajos. i Pero qué temi·
ble es, ese hijo de la naturaleza;
cuando vence los obstáculos que lo
encadenaban y vuelve á tomar su
independencia. ¡Qué desgracia, cuando
abandonado á sí mismo, desarrolla
su marcha triunfante por medio
de una populosa ciudad! pues todos
los elementos son enemigos de las
creaciones humanas.-Del seno de
las nubes cae la b~néfica lluvia: del
seno de las nubes ...... cae el rayo 1
¿Oís ese sonido que giml3 en la torre?
i Es el rebato!
El cielo está de color de sangre y
sin embargo no es la aurora; i qué
tumlllto por las caltes! ¡ qué de humo
l. .. El fuego ya se eleva hasta el
cielo en columnas flameantes, ya se
preci?ita por todo lo largo de las
calles, como la boca de un horno. El
aire abrasa, las vigas crujen, las vi·
drieras chisporrotean, los niños gritan,
las madres corren por una parte
y otra, los Knimales aullan entre
los escombros; ... todo se atropel!a,
perece ó huye. La noche b,'illa \!on
toda la claridad del día. En fin, una
larga cadena se establece al rededor
Jel ineendio, el cubo vuela de mano
en mano y por todas partes forma
arcos el agua de las bombas ... Pero
llega mugiendo el viento y remoli·
nea en la hoguera ... ¡ Todo ha con·
c!uído 1 ... La llama ba alcanzado
los graneros donde están amontona'
das ricas mieses y se encienden ¡as
maderas desecadas; de~ pués, como
si quisiera en su fugo poderosa arras'
trar en pos de sí todo el peso de la
tierra, se lanza hacia el cielo en forma
giguntesca.-EI hombre ha perdido
toda esperanza; se dobla bajo
la mano de la suerte y ¡¡siste ahora
á la destrucción de sus obras, inmóvil
y consternado.
i 'Todo está vacío y quemado!
Ahora sólo la tempestad habitará
esas ruinas cf;lñidas de espanto, que
no verán pasar más que las nubes
del cielo.
El hombre da una última mirada
á la tumba de su fortuna y se aleja:
ha vuelto á empuñar el bastón de
viaje .... es cuanto le ha dejado el
incendio. i Pero una dulce consolación
le aguarda al momento de partir:
cuenta las cabeza's que ama, y
todas han sobrevivido 1
«La tierra ha recibido el metal y
el mQlde se ha llenado felizmente;
pero ¿ veremos al fin recompensados
nuestro colo y nuestra actividad ? ...
¡ Si la fundición no hubiese salido
bienl ¡Si se rompiese el molde 1 ¡Ahl
mientras nos abandonamos á la alegría
tal vez el daño está ya hecho 1»
Confiamos la obra de nuestras
manos al seno tenebroso do la tierra:
el labrador le confía su semilla
en la esperanza que la bendici<Ín dp,1
cielo hará brotar las mieses de ella.
Lo que en ella depositamos cou
miedo es má;¡ precioso aún; ¡ ojalá
salga también de la tumba para un
glorioso destiurJ 1
Desde su cúpula elevada, la campana
suena lenla y tri"te en las
pompas de los funerales; sus aceutos
solemnes acompañan al hombre en
su último viaje. j Ah ! es una fiel
esposa, es una tiern~\ madre que el
rey de las sombra~ arrebata de entre
los brazo,~ de un esposo, de los
niños numerosos que joven todavía
crió sobre su pecho con inagotable
Iimor. ¡Av! esos víuculos de faulÍlia
están r~tos y para siemprl:l; sus
cuidados, Sll dulce autoridad no vigilarán
más sobre sus jovenes hijos,
desde ahora víctimafl de una insensible
madrastra.
«Mientras se enfría la campana,
suspendamos nuestra dura tarea, y
que cada cual se divierta como el
ave bajo la enramada. A los primeros
vislumbres de las estrellas,
el servidor .Iibre de cuidados, oye
con alegría dar la hora de la tarde;
pMO para (,1 ,ItJJO no hay descanso.l.>
El bombre, que, paseando, se ha
alejado mneho en los bosques soli,
tarios, procipita sus ,1lasos hacia sn
casa querida; las ovej1ls balantes, los
bueyes de pelo luciente y de ancha
frente vuel ven á su establo; el carro
pesado se mueve penosamente bajo
SLl carga de mie~es; pero debajo de
las gavillas hay una corona de flores
trenzadas y los jóvenes segadores
vuelan á la danza.
No tarda el silencio en pasearse
por las plazas y las calles: los habitantes
del mismo techo se juntan en
derredor del hogar común, y las
puertas de la ciudad ciérranse con
un largo gemido. La noche se
vuelve todavía más oscura, pero no
la teme el pacífico ciudadano; si el
malvado se despierta con la sombra,
el ojo de la ley está ahierto sobre
sus pasos.
j El orden, hijo benéfico del cielo,
es el que une á 103 hombres con
lazos ligeros .y amables, qL1e afianza
los fundamentos de las ciudades.
que hace salir de los bosques al in~
d<Ímito salvaje, se sienta en las mansiones
de los mortales, suaviza sus
costumbres, y da 01 ser al más san·
to do los amores, el de la patria 1
Mil manos activas se ayudan unas
ú otras, y para un mismo fin todos
los esfuerzos se juntan: el amo y
los criados trabajan igualmente bajo
la protección de la santa libertad;
caoa cual vive contento de su
suerte y desprecia al ocio que se
burla, pues el trabajo hace la gloria
del ciudadano, y la felicidad es su
recompensa: se honra con sus obras
como el rey con su pompa.
¡ Paz amablo, dulce unión, qued{¡
os para siempre en nuestra villa;
que nunca se levante para vosotras
el día en que las bandas sangrientas
de la guerra invadan este valle silencioso
donde el cielo que se tiñe
con la amable rubicundez de la tarde
no reflejaría mús que el incendio
espantoso je las aldeas y de las ciudades
I
«Ahora, que se rompa el molde:
ha hecho su oficio; que nuestros
ojos y nuestro corazón se deleiten
á un tiempo con el dulce espectáculo
que se les va IÍ ofrecer: 1evantad
el martillo, dé se un golpe, otro, hasta
que la envoltltra caiga á pedazos,
si queréis que la campana salga á la
luz del día.»
El maestro puede romper el mol~
de con una mano adiestrada y en el
momento en qlle conviene hacerlo;
I pero desdichado de él cuando el
metal fundido se escapa en torrentes
de Hamas, y que cou el fragor
del trueno rompe su estrecha envoltura,
esparciendo ruinas y semejante
á la hoguera del infierno 1 Donde
se agitan fuerzas ciegas no hay que
esperar efectos benéficos: así cuando
un pueblo ha sacudido todo freno,
no hay ya prosperidad para él. '
«j Oh ! qué alegría me ha dado
Dios 1 ¡ ved cómo la campana desprendida
de la arcilla reluce como
una estrella dd oro I cómo desde el
vértice hata el borde resaltan bien
las armas b'ljo los rayos del sol y
atestiguan el talento del operario!»
Acudid, compañeros, acudid en
derredor de la campana y démosle
el bautizo: es pr€ciso que la Ilamtln
Conoordia, que presida á la reconciliación,
y que renna los hombres
en un sincero acuerdo.
¡ y tal era el objeto del maestro
cuando la creó: que ahora lejos de
las futilidades de la tierra se eleve
en el cielo azul, cerca del trueno y
coronad a por las estrellas I Que su
voz se mezcle al concierto de los astros
que celebran su Creador y reglan
el curso de las estaciones; que
su boca de metal no resuene sino
con sonidos graves y religiosos; que
á cad,. hora el tiempo la hiera con
su ala rápida; que ella misma inanimada
proclame las sentencias del
destino; que sus movimientos nos
instr¡¡yan de las vicisitudes humanas,
y así como sus sonidos vienen
á morir en nuestros oídos después
de haberlos hel'Ído con un ruido majestuoso,
que nos enseñe que nada
es estable en esta tierra, y que todo
pasa como un sonido vano.
«Ahora, tirad de los cables para
que la campana saíg'¡¡ del foso y que
se levante en el aire; ese imperio
del ruido.
«Tirad: se pone en movimier:.to ...
se cierne ... anuncia la dicha á nuestra
ciudad y sus primeros acentos
van á proclamar la paz ••
LOS FORZADOS DE LAS LETRAS
¿ Veis ese desgraeiado joven, de
rostro contraído, de frente amarillenta,
de labios crispados, de ojos
vagabundos? Había nacido pura ir
libre y gozoso detrás de un arado,
sembrando con gesto altivo el grano
de la próxima. cosecha. Al anochecer
habría comido en el hog.-.¡f él
pan ganado en el día. Cada uno de
8GB paws y de sus movimientos h¡¡bría
dado la vida.
Miradle ahora, en la gran ciudad,
poniendo en prensa SL1 cabeza, de
día y de noche, entre sus manos,
amasándola y haciéndola sudar relatos,
aventuras y combinacione~ para
una muchedumbre hambrienta que
lo devora á él y que pasará á otro
cuando de él no pueda sacar yá más.
Durante uu tiempo más <Í menos
largo, este hombre hará que Enriqueta
se case con Arturo, que el
marido sorprenda al amante, que
envenenen al UIJO, que guillotinen
al otro, todo con interés hábilmente
sobreexcitaio al fin de cada acto ó
en el corte de cada foIlotín. Este
hombre va á vender sucesivamente
amor, celos, lágrimas, historia, chistes,
dialecto, moral, elogio~, insultos,
política, progreso, sentimiento, obs·
cenidad, religión, copias, en fin, deEde
dos sueldos basta cinco sneld03
la línea, según el gusto del lector,
las tendencias del diario y la situación
del momento'.
Cuando ya se haya comido lo suyo
vivirá de lo ajeno: remendará las
comedias ajenas, recf1rtará las novelas
antiguas, recalentará los dichos
de los siglos pasndos. Comerá bib liotecas,
devorará estantés. El necesita
ideas) anécdotas, ocurrencias, placer,
notoriedad, dinero. En una pa·
labra, él trata de ser célebre. Cuan·
do uno ya es cólebre se le cotiza.
Ya cotizado, uno os rico, y ya ric ~ ,
uno es libre.
Libre! fIé aquí el sueño de todos
los minutos, sueÍlo irrealizable. En·
tre tanto, el diario está apurado;
entre tanto, el teatro no puede aguardar.
Jnntémonos, pues, dos; jLtnté
monos tres. Consumamos las noches
1 ¿ Pero la fllül'za? Pues tomemos
café' ¿ y la inspiraeión? Pues
bebamos absintio 1 Anda, cerebro
humaml, dame pá.~i!1as, frases, líneas.
Revuélvete cien Yeees pOI' dia;
hás evoluciones sobre tí mismo; inflate
como una esponja; exprímete
como un limón hasta qne to seques
súbitamente y la locura t9 sacuda
como árbol en la llanura, y la parálisis
te sobrevenga, y la idiotez te
llegue, y la muerte le ponga término
á todo.
Entonces se penetrará en la casa
del hombre conocido. Se hallará en
ella el deserden, la indigencia, un!1
mujer hecha esposa en un imtante
de agotamiento ó de lirismo, hijos
desventurados, yá vestidos de negro,
asombrados y llorosos por lo que está
pasando. Todo el hogar tras90nderá
á hum.> de tabaco. ¡ Si le gustaba
tánto fumar 1 Pobre hombre 1 Se lo
había dicho que le hacía daño, pero
no había podido dejar la costnmbre.
y ¡ qué diversión en esta easita, -en
tiempo de la túl y de la cuál! Ahora,
algunos amigos lo acompañan al cementerio,
amigos á quienes escolta,
á veces una multitud curiosa ó simpática,
pOl'que él era hombre querido.
j Era á ratos tan alegre 1
Se refieren anécdotas suyas.· Se
habla sobre su tumba. Se le pone
una piedra plana sobre la cara. Se
fartulla algún artículo necrológico;
se le describe, se le repite por dos ó
tres días. Se come á propósito de él, .v {;. propósito de él se bebe. Se levanta
Ulla stlscripción para un monumento;
se escrioe a 1 l\iini~terio;
se obtiene una pensión para la viu ..
da; un auxilio para uno do lo' huérfanos;
y luégo hay que volver á tomar
esta exisl-encia frenética, que lo
remató á él. ¡ Adiós, grande hom~
bre de un año, de un mes, de un
día 1 ~ada queda de tí. Duerme
I tranquilo. En fin, hé aquí la noche
eterna.
En este presidio, en este infierno,
en el que millares de jóvenes Re precipitan
riendo, de buena fe, engañados
por 111 superficie, creyendo ha"
llar la fortuna y la fama, como se
encuentra una carreta en un camino
j en lugar de atarearse en el trabajo
oscuro, pacien~e, seguro, que
hace rí los hombres robustos, sere'
nos, respetados, útiles y buenos.
Yo, que os hablo, he atravesado
esos espantosos pantanos del co-
, mienzo de la carrera; y l.~ellos he
I salido tiritando y descolorido, aterrado
de lo que había visto, y que me
aterra otra vez cuando vuelvo á en-trar,
por casualidad, sea para darle
un apretón de manos á algún antiguo
compap.ero; sea para ir á recoger
su cadáver y conducirlo en don
de ya descauzará para siempre.
Tiempos haría que yo habría muerto,
si me hubiera sido menester quedarme
allá. ¡ Bendito sea el Dios, el
dueño, sea el que fuere, de los destinos
universales, qtie me iluminó
para que saliera, y que me conmutó
la pena j No 1 Dante á quien se
invoca siempre que se trata de sUIJIic~
os abominables, no pudo ni hallar
III soñar en el tiempo en 'lue vivió,
por perturbado que fuerll ese tiempo,
este presidiario de la proe/ucción
intelectual que hace roda; su propia
cabeza, como Sísifo hacía rodar su
roca, y que la estrella contra mllros
ds bronce para hace la brotar hast¡~
su última chispa.
ALEJ.\NDRO DUMAS, hijo.
NOVELA RETROSPECTIVA
(Traducido de Maurice Montégut par¿ ,
El Diario).
" Señora, untes de matarme,
deseo:decitle que la Ilmo.
ROllERT L.lMDERT."
Tal era el contenido de la carta qua
una mañaua del mes de Marzo, lluviosa
y triste, recibió al despertarse, la
bella señora Ernilia de Gorase, cuyo
marido era un millonario enriquecido
en toda olase de ernpresaH,
Al principio, ella crey6 que sería al.
guna chanza macabra de mal gusto.
Estruj6 el papel y lo arrojó lejos de
elIa ... despuésleHexion6, lo recogió, lo
desarrugó, lo estendió sobre las dos
manos, reley6 la frase y consider6 la
letra. Ah! bien, no, estas palabras
sencillas y lac6nicas, esta escritura firme
y clara, todo eso no tiene las apariencias
de una mentira. Yen fin. prr
qué no podla haber un hombre que se
matara por ella? 6, por lo menos, pensando
en ella ? ... Roberto Lambert?
Ese nombre no le traía ningún recnHelo,
es verdad; pero ella había conoddo
tálíta gente, tántos jóvenes le
habían hecho la COI'te ... una mujer de
treiúta años, rica, que ha Tiajado mucho
... c6mo saber? ..
Sin embargo, á pesar suyo, pens6
todo el dla en este trágico desconocido.
Por la noche no quiso salir y deseó estar
sola.
En su distracción encontró un diario
á ,la mano, lo abrió al acaso, y sus ojos
dieron COIl este suelto banal.
" Esta mañana, en un fiacre, se mat6
un hombre dándose un balazo en el
'coraz6n. El hecho tuvo lugar en las
plaza del Cal·rousel. La muerte fue
instantánea. La identidad dol suicida
se ha comprobado con los papeles que
llevaba oonsigo.
Era un joven llamado Robrerto Lambert,
profesor de violín en el liceo X ...
Tenfa treinta y seis ,años de edad .. El
cuerpo fue conducido á la casa del di.
funto, Oalle de La Harpe, número 76;
se ignora la causa de esta desgracia.
Roberto Lambert tenía muchos diselpulos
y no estaba en mala situaci6n
de fortuna."
La señora Emilia de Gonse dejó caer
sobre la alfombra el diario desplegado
y se qued6 pensativa.
De manera que era verdad: Roberto
Lambert había existido, so había matado
sin más motivo que una pasión sin
esperanza-por ella, por causa de ella,
como lo habla escrito.
Entonces una curiosidad ardiente,
yr;. afeotuosa, invadi6 su 'mimo, dominado
por esa fantasma, desaparecida
discreta y enigmáticamente sin querer
intentar nada.
Ella la evocaba de aouerdo con su
imaginaci6n; pero ninguna, forma precisa
surgía de la sombra á sus requerimientos
más y más apasionados... Al
contrario, hubiéraee dicho que espíritus
malignos se proponían confundirla
... ya el espectro se le aparecía en el
espacio, rubio,'pálido é indeciso; ya moreno,
decidido y con apariencias de
eUllrgía, pero ninguno tomaba unaspeo·
to más real que los otros.
Inesperadamente, sinti6 Emilia un
ligero estremecimiento ... durante sus ensueños
se había trascurrido más de la
mItad de la noche.
Era yá t~l'de, muy tarde, un muebla
son6 lanzando un" pspecie de gemido.
Le pal'eci6 que Roberto Lambert, alma
invisible, estaba oerca de elIlI .... le tsndi6
los brazos y lanzó un beso en el
espacio.
El alba le pareci6 tardía en despun.
tal'. No había dormido .ni un momento.
No eran aún las ocho de la mañana
cUllndo estaba yll vestida; pidi6 su coche
y dio al oochero est:~ dirección:
c:Calle de la Harpa.:». A.I milJllo l\egat.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
" .... ~. ' .. ~ .... ..... , ....
" ~~15t.l_ IL Q1J.ttlO
~.~==~============================================~==================~==========~
un convoy fÚllebre desfilaba lenta y
prolongadamente. Entonoes le gritó al
oochero: ((Tóma la fila!) Y hé aquí
qne ella signe hasta el cementerio, es"
coltnndo á este desconocido lUuerto por
elln. Nada de sacerdote, nada de iglesia:
el snieida es impro, sacrílego; Roberto
Lambert estaba condenado. Esta
idea la 6stremeci6 .... Miró al rededor, '
el carro mortuorio, las oaras de los pa:
rientes. Ninguno lloraba, y todo lo
que llamaba la atención en la concurrancia
era la indifereDcia '1 la medianía.
Todo eso aumentó su teruura por
aquel enigmático personaje, que había
partido así llevando al otro mundo el
secreto y la confesión de un amor, de
tal modo impoáibto, que nunoa le fuo
dado esperar algo .......................... .
•••• t' ••••••••• ' .••••••••.••••••••••••• ~ •• "'" o ••
Dos mese3 más tarde, la existencia
de Emilia, hasta entonces vacra, estaba
llena. Ella amaba. ¿A quién? A nn
fantasma, á un recuerdo, y de ello daba
pruebas. Extrafia crisis en la vida de
esa mujer, hasta entonces enteramente
casta y honesta, tal vez, es verdad, por
indiferencia ó frialdad! Enamorada de
un espíritu, no tenía nada que temer;
se dio, se oonsagró tÍ esta pasión enteramente,
y en ese misticismo todo hubiera
sido puro, si otros personajes no
hubieran intervenido.
Roberto Lambert, muerto, había dejado
una familia, uo hermano de espíritu
práctico, una ouñada oodioiosa que
bURcaba una fortuna.
Un dia una dama de aspecto muy
rico, llegó (, la casa de ellos, y tranquilamente,
aunque con cierto temblor en
la voz, se había informado respecto de
Roberto Lambert, de ID que había sido,
de RU vida, de sus costumbres, y había
Rol ¡citado ver su retrato. Ell03 lo 0000-
prendieron todo en el acto.
pareoía enfriarse, el hel'mano enonntraba,
por casualidad, algún papel olvidado,
desconocido del desgraciado Reberto
;' confesiones póstumas, frases ardientes
para aqu~lla que debía ignorar
siempre 111 pasión de que él debía mo·
rir. Esos papele~ podían ser apócrifos,
pero eso qué, importaba ~i eran pagados
de contado? La mina parecía eternamente
fecunda, ouando por desgracia,
intervino M. de G"'rsses. Un dh entr6
al cuarto de su mujer, y le dijo:
-Mi hija, usted ha gastado este año
más de sesenta mil francos. Es mucho,
es demasiado, tanto más, cuanto en
ningún tiempo, había estado usted menos
en sociedad; adem{ls, he no.tado oon
sorpresa que usted ha descuidado Sl!
toilette. Los trajes qne ustad paro ce
preferir ahora, son de oolor OSQuro y
sin ningún adorno. En cuanto al dinero,
pase; pero sucede que he recibido
oartas anónimas; las desprecio, pero
quiero aproveoharme de ellas. Sabe usted
lo que dirán cn n !lestra Hociedad,
según creo, y lo que se han atrevido á
escdbirme, IÍ mí? No? Pues bien:
usted debió tener en otro tiempo, antes
de oasarnos, un amante, muerto luégo,
á cuya tumba ust~d hace piadosamente
una visita todas las semanas ; oada uno de los adversarios,
siguiendo las reglas dadas la
víspera, por un profesor de esgrima, se
habían conservado á la defensiva, sin
pretender atacar.
-Yo, nos dijo Grangenueve, proseDoié
un duelo que fue preciso dar por
terminado, á causa de la risa que acometió
á todos los interesados.
-Refiéren03 eso ......
-Pueil bien, ha aquí la historia. Us-tedes
conocieron al gran Lessoye, jefe
de un escuadrón de la Guardia Republicana;
seis pies de estatura, talle hercúleo,
hermosll cabeza cubierta de cabello
blondo, oútis rojo y barba sumamente
escas~. Jamás se vió un oontraste
más extraordinario: aquel rostro
cuasi femenil, sobre un ouerpo de gigante
del cual salía una voz de contrabajo.
Excelente muchacho, de carácter
sumamente alegre, cuya viva imaginación
guardaba un surtido arsenal de
burlas oport.mas. Si hay un Paraíao
para la gente burlona, Lessoye debe
ooupar un puesto preferente entre 108
elegidos.
El año pasado, el pintor Henry ~rerlex,
nos invitó á nn baile de máscaras
que tendría lugar en un taller de la
calle Rembrant.
El comandante se esforzaba por inventar
nn disfraz; por fins e deoidió
por uno de nodriza cauches; la enagua
corta dejarla visibles unos pies gigantescos;
un corpiño ceñiría el talle, que á
más de lo fornido debería ser abultado
por nna buena cantidad de trapos; un
enorme sombrero blanco de anohas alas,
tostado por el ~ol de los cam pos, com~
pletaría este conjunto en extremo có .
mico.
-Defin'itivamente, dijo Lessoye, me
disfrJzaré de nodriza. Sólo que, añadió
después de un momento de reflexión,
me hace falta un niño para llevar en
brazos .
-Ese no es inoonveniente, Ilevanís
un maniquí.
No, eso cnreoería de interés; necesito
un individuo no muy feo, pequeño
ojal" bien barbado, y que vaya perfec:
tamente en vuelto en sus pañales, esto
llamaría más la atenoión.
Nos pusimos tí. bnscar un individuo
bueno pa1'll el efecto, cuando alguno
exclamó: .
-Cazenueve, el ingeniero!
Inmediatamente vimos surgir eu
nuestra imaginaoión, á IIn hombrecilio
..... ~~..A....A....A..
por largo tiempo estuve de;pierta esc~
chando que él bajaba la escalera y
Viendo, como en una visión, la aterradora
rt!presentación de un brazo
leva litado contra la insensible masa
de bronce de la c::scalera. De ahora tn
adelante esta estatua tendrá para mI
una significación más aterradora.
Es veinticinco de Febrero.
-Qué stntiría yo cuando estoy segura
de la exactitud de la fecha?
El siguiente pasaje fue el último
que leyó Miss Belinda.
-Mr. Sylbester parece haberse re.
p~esto de s.u malestar. Ya no esquiva
mi presencia con aquella expresión
mitad amarga, mitad triste, que tan:
to n;e confunde y atormenta; al contrano,
me atrae á su lado y se sienta
á oír mi ch"rla como si yo fuera algún
consuelo á este grande é inteligente
hombre. Ona noseda cuenta del
cambio; está completamente dedicada
en preparar su viaje á Washincrton
á donde ha prometido lIel'arla" M/
Sylbester.
Miss Belinrla debió las cartas y las
guardó otra vez en la cajita de caoba;
despué? apagó los tizones y se fue
tra.nqudamente á acost¡1r. Al dia sigUlente
por la mariana, le dirigió
una carta á Mr. Sylbester en estos
términos;
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
IIL JJI.&:1I10
*2
contrahecho, de pelo rubio y risfldo, y
con la barba hasta los' ojos; parecía
una esfera, de acuerdo en un todo con
/lU estatura microscópio8i. Natural del
Mediodía, ocupaba un ¡puesto en el
ramo de puentes y calzadas; el tal empleo,
no ea por qué, era de 108 más inferiores.
-No consentirá jamás.
-Lo convenceremos de que éste es
el único medio de que haga su entrada
en el mundo elegante, nada menos que
en brazos del comandante. Y como esto
no le cuesta nada porque su disfraz
será de una sencillez bíbliIJu ...
Cllzenueve opuso algunas dificnlta·
deR. La idea de dejam. envolver en
pañales no le satiRf~oía sino á medias,
sobre t.odo cuando le dijimos que sería
preciso ir desnudo, nada mós que con
el tl'aj " que se ha indicado. ' Como no
era rilO, ya habfa pensado no asistir
al baile de Terlex por no gastar en él
disfraz, Lo qne le proponíamos era una
ocasión inesperada de llamar la atención,
y tal vez al día siguiente del baile
sería un hombre célebre. ¡Se requieren
tan pOCRS condiciones para serlol En fin
para abreviar diré que el ingeniero se
dejó convencer fácilmente.
Al día siguiente por la noche fuimos
iÍ buscar tÍ Lessoye, ya disfrazado de nodriza.
La ilusión era t.an verdadera
que nos fue preciso coufesar que la
trasformación había sobrepujado á nuestras
esperauzas, la peluca de color
hacía aparecer BU rostro mÁs rojo que
de costumbre; el sombrero aumentaba
su estatnra en un palmo. Nosotros llevamos
una interna de la lIlaternidad
para que envolviera y fajara al niño
según IHs reglas del arte.
El ingeniero se dejó envolver en un
oobertor de laua blanca, cuya extremidad
atamos muy bien en los pies; en los
hombros lo apuntamos con alfileres; y,
par.a mayor seguridad, terminamos oon
una vlilrdadera costura. Envuelto de
esta manera, nuestro Cazenueve, no podía
hacer el más leve movimiento.
-,Diablo! gritó, si he quedado como
un ~alchieho de Arles!
-Por toda respuesta, el comandante
lo 1"vant6 en sus brazos, como si fuera
una pluma, lo acerco ti su pecho con todas
las atenciones maternales y le puso
en los labios nn tetero con excelente
ponche de kirsch.
- Vumo~, no llores más que ya tienes
tu tetero, le decía con su voz formidable.
El mimado ingeniero, sacudido y
arrullado no podía cont(lner la risa. La
interna completó el (,juflr con una capotica
y un babero; después, la collcurrencia
bajó las escaleras, entre gritos
de alegría, siguiendo á la nodriza Cal!che,.
Como lo habíamos previsto, nuestra
llegarla á oasa de Terlex fue un verdadero
tr~unÍo, y coincidió con la llegada
de un grupo alegre y numeroso. Por
ia pU erta del taller, abierta de par en
par, aparecieron dos magníficos zapadores
granaderos de la Guardia anti·
gua, con su peto blanco, su hacha y
su gorro de piel. Los seguía una hermosa
dama diHfrazada d!} tambor mayor.
Llevaba dos palillos dorados sujetos á
una .pequeña túnica azul y sin mangas,
salpicada de oro. Cubria su encantadora
ca beza un colbach de penacho tricolor
y su mano finamente enguantada empuñaba
un largo bastón de man~o de
oro. A ccntinllllción venía una rarísima
b:mdade música COmpU€bta de grotescos
bomberos que t.ocabsn diversidad de
inRtrumentos. La orque~ta del salón
saludó á los recjfU ven idos eOIl el aire
llamado "Los bomberos de NIlDterre."
Por último, entró Le8soye, llevando
en alto, prora que el público lo contemplara,
al niño de abundante harba.
F!I ingeniaro, flJegre en SUIllO grado, se
divertí" como un loquillo : jamás habia
estado en fiesta semejante; esta axibi·
ción electrizó la concurrencia, que;estfdló
en aplausos; después biguió en procesión
tras de Lessoye, quien dió la vuelta al taller
en medio de las aclamaciones de la
multitud. Lle/?ó áial grado la alegría de
la concurrenCla, que todo mundo se reía
con delirio, oon frenes/o El rnído del
tambor se mezolaba á las cadenciosas
notas de los trombones y de los cimba les
y el ingeniero comenzaba á comprender
lo que es una fiesta del gran mundo.
-El oomsndante dijo á Cazeneuve:
-Querido niño, eres muy formal
quiero bailar oon el tambor mayor qu~
me ~usta muchísimo, yespero qu'e no
te disgustes por esto...... '
-Cómo es eso, ¿me vas á dejar con
cualquiera?
-No, no hay una persoDa que sea
cilpaz de sost.€nerte un ' rato en los
brazos, te dejaré debajo de una banca.
-Debajo de una bancal exclamó
Cazenueve, algo inquieto.
-Ni más ni menos, ~i te dejara encima,.
podrí~,n sen.tal'se en tu persona por
eqmvocaclOn, mIentras que debajo ne
corres ese peligro y ya podr:is aguardarme
tlanqnilamonte.
No hubo modo de protept.al', pues ~I
aomandante lo acostó inmediatamente
en un rincón. Despu{," del valse fue recogido
religiosamente por Leósoye, quien
lo recompens6 en la cantina con un
buen refrescante.
De~grl\oiadamente para el ingeniero,
si el comandante tenia deliciosos mo·
mentas de diversión, también se le oourrían
pésimos cuartoR de hora. Lessoye
bailaba mucho. Durante este tiempo
Cazeneuve, obligado á la más completa
inmovilidad, se entregaba á las más
tristes l'efleccinnes; se creía abandonado
de todo el mundo, y los momentos
que transcurrían le parecían deses·
perante demora. Por esto cuando el
comandante se le acercó, lo encontró j urando
y maldioiendo como un verdadero
provenzal, pero Le8~oye lo levantó
en sus brazos arrullándolo con cariño.,
hasta que lo calmó completamente. A las
tres de la mañana, después de un nuevo
abandono de media hOfa, le dijo:
- Ya p:ledes estar tranquilo, pues nos
vamos á cenar al café de PariR.
-Comenzaba á fastidiarme, pero si
esto va á terminar, no tengo nada que
reprocharte.
Lessoye subió á un coche con su
precioso paquete. El carruaje bajó por
la calle de Monceau. De repente al
comnudante que miraba por la portezuela
se le ocurrió una ÍQea. Como en
aquel momento pas"ban por frente al
edificio de la Congregación de I"s Hermanas
de María, hizo detener el ooohe,
bajó, tocó, y por la puerta entreabierta,
introdujo al ingeniero, y, dejándolo en
el ~uelo, se marchó.
El ahandonado Cazeneuve se puso
á gritar desaforadamente; la hermana
tornera quien acudió al momento, retrocedió
horrorizada ante el espantoso
fenómeno que tenía delante. El ingeniero
explicó en pooas palabras su des
graciada posición. Llamaron á la supfjriora,
quien apiadada del infortunado,
se dio á la tarea de Iíbrarlo de BUS
ligaduras. Nuestro hombre se arropó
como mejor pudo oon su c0bertor y
salió del convento. Subió á un coche,
no sin trabajo, pues, el postillón creyéndolo
un enfermo escapado de algún
hospital, no ¡Jo qnería conducir ti su
casa por no oargar Gon responsabilidades.
Ya pueden ustedes imaginarse á qué
extremo lleg¡ma la cólera de CazenCll'
ve. Inmediatamente comisionó á dos
Írlgeni8ros amigoE suyos para que exigieran
de su part.e, una 6atisfacción en
debida forma, al comandante, pero al
oír la ¡elaoión del hecho, no pudiuon
prescindir del ataqne de risa que los
acometió. Sin embargo,l;se acercaron á
los dos oficiales designados por Le~soye,
y todavía esta entrevista, fue interrumpida
por carcajadas convulsivas.
Por fin se encontraron en el sitio del
desafío. L08 cuatro te~tigos se mordían
los labios para no estallar. j"lero cuando
los vieron frente á frente; á Lessoye el
g!gante y á üazeneuv€ el pigmeo, no pudIeron
contenerse. Las risas largo rato
comprimidas estallaron al mismo tiempo
. . El cOl~andante d~jó caér su espada,
Y' apretandose el VIentre entre las
manos, se apoyó en un árbol para no
caer ~ c?n~ecllencia de la risa que lo
sacndm fnnosament.e. Al ingeniero también
le fue imposible contenerse y soltó
la carcajada. La terminación del duelo
era cuesti6n de echarse en los brazos el
uno del otro, y Rsí sucedió.
Se formuló un prooeso verbal entre
los testig·os en el cual se hizo constar,
que el duelo no so habia verificado á
ca?sll de la risa que fue imposible dom
lDar.
BOllBIGNAC
ANUNCIOS
1"1NOAS RAleES
-----
LORENZO Manrique está comisionado
pBra comprar fincas mices en esta ciudad.
15-13 1 vps s.
F 0R;ENZO Manrique, abogado, calle 1~,
numero 106.
Tiene de venta tres casas de ocho nueve
y diez mil pesos de precio. 15-13' 1 vps s.
LORENZO l\fanrique tiene encargo de
comprar un terreno situado en la Sabana
de Bogotá, de trilinta á cuarenta mil
pesos de precio. 15-12 1 vps s
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Citación recomendada (normas APA)
"El Diario - N. 50", -:-, 1899. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3689542/), el día 2026-03-27.
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