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394 LA MUJER
par un puesto de honor en las páginas
de nuestra historia.
Para llevar á cabo est{; propósito,
solicitan1os el valioso apoyo
de nuestras lectoras, suplicándoles
se sirvan rernitirnos retratos,
noticias, datos, etc., relativos al
asunto de que nos ocuparnos.
cioneR y loR pasos lt'ntos de una persona
que al compás del rezo avanza y ~ube ....
ER el cura .... E!$ DioR ....
La dama y el caballero se apartan á. un
lado, y Re arrodillan ....
-¿Quién es el que mnere? pregunta
ella cuando pae:a el poitero.
· -Señora, dice éste, hace dos noches
encontré en la ee:quina de la calle una
mujer, tendida sobre lafl losas, como muerta.
Una niña de siete años abrazaba el
cuerpo de esta mujer, con llanto de deseA-LA
DIADBDIA peración .... Me acerqué á ella, le pregun-
-Está el coche ..• señora, dijo la don- té-aunque harto decían sus harapos y
cella. i'ns Remblantes. No tenfan oasa. en qué
La señora dirigió nna última mirada vivir, ni pan que llevat· á la boca; la m aal
e~pejo de su tocador y se dispuso á dre estnba. desmayada de pena y de hnmsalir.
bre .... La11 recogí y les he dado una de las.
En esto entró el marido. Un marido guardillas de la casa, pan y cuidados;
como hay pocos. Hace año y medio que pero han sido tardíos pnra la mujer ... que
116 CüRÓ, ( J ama todavía á. SU llittjer f morirá estn noche.
Y ciertamente que ella e!i adorable. -¿.Y nada me había usted dicho?
Hermosa, elegante, do claro entendimien- , -:-~l.médico dijo que todo remedio se-to,
de intachable virtud, de compasivo rta muttl ..••
corazón. Tiene sólo un defecto: e!i vani. -¿Y cómo no me han avisado tnmpoc()
dosa. que cHta noche debía recibir á. Dios esa
Por eso ha pasado cerca de do~ botas desgraciada ? .••
delante del espejo mirando Rn traje de -Ah, seíiora! V. E. debía ir esta. no-baile,
componiendo sus lazos y flores. che á un baile, y tomí. ...
Sobre ~odo, lo que no sabe dejar de ¡El baile! Ella casi lo había olvidado .••
admirar es la diadema. de brillantes que ¡El baile! ¡Es decir, su hermosura, su
ehiapea como una mngnífica. constelación 1 maravilloso traje, el est.reno do su incomentre
sus negros Cilbellos ..•• Dos me es pnrable diadema, el triunfo mn& bl'illante
hac1a que la guardaba en Ru cofrecillo de de su vida cortesana!
joyas; se la regaló su espoRo un día de su La última persona de la comitiva pasaeanto
; desde entonces, diariamente la ha, •mbiendo, por delante de ella. Era un
saca del estuche, se la pone, la contempla pobre andrajoso, que más que rezaba, grucon
alegría y asombro; se la quita y la fHa •••• Ji~n el tramo iufelior un lacayo,
vuelve á guardar; pero al guardarla. dioe: galoneado de oro, {..'OU el sombrero en la
-¿Cuándo habrá un baile digno de mano, esperaba.
que yo me ponga esta diadema.?... ¿Subir .••• ó bajar?
Y aquella noche se celebraba el baila Dió un suspiro ..•• y dijo á su espo!o:
en que la diadema debía ser objeto de la -¡Subamos 1
admiración y la envidia de las damas de La guardilla. era una habitación mny
Madrid. propia para su destino anterior: guardar
Triunfante y orgullosa baja la escalera muebles desvencijados y esteras. Las esdel
magnífico edificio en cuyo piso princi- teras y los muebles habían sido retirados
pal habita1 ct ando ~e detiene estremecida, haci8 Jos rincone~, y en el resto do la pie-y
le dice á RU m~u·ido: za hnbía una mala cama, nna meaih y do
-¿ Oyet;? ó tres silla~:~, escogidas eutre los trastos
_:_creo .... si, os la campanilla del Viá:- 1 ·iejos •..• En ]a cama estaba la moribun-tico....
dn; uua mujer que hubría sido hermosa y
La. camp&nilla suena yÁ móR di~tintn- que tal vez era joven. Ju11to n ella, de romente;
la comitiva se detiene delante del dilla~, con la cabeza oculta entre las roaportal:
suena luégo junto al primer tra- nos y las manos sobre In ropa de la cama,
roo de la e!icalern; el resplnnuor de las estaba su hija .... no se vefan mb qne suR
velas enccndidaR se mezcla extraíiamente ¡ largos y dispersos cabellos rubios, 1;u descon
los r~~plandores de las bornbns del hecho veHtido y las destrozada~ suelas de
gas, y se oye un murmullo como de ora sus zapatos .. ...
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396 I. .. A MUJER
Al tra\·~s de la~ reja~· de su <'nrcel
Edpaciaba. en el étet· sus sentidos.
Quea.lláen la inmensidad, nubes errantes
Pasaban en fantásticas figuraR ;
¡ Como pasa11 también en la exiEtencia,
Con el placer, inmensas desventuras !
Tersos lagos, cascadas misteriosas,
Panoramas de rocas oscilantes,
Y columnas de fuego que al romperse
Se trocaban en águilas gigantes.
DeRpués el viento descendió á ln t.i~¡·ra
Y un mar tranqnilo semejó el e¡;;pacio,
En RU ext~nsión surcado Rolaruente
Por fantástica nube de topacio,
Que aquella loc3. en Ru visión informe
Tomó por ideal de su tormento ;
Y levantando sus cril-lpadas numos,
Así exclamó con doloroso aceuto :
'' lii Abel, mi Abel, por Dios no me
abanduu .... ~ ;
Sólo existe de re11l y verdRdero,
_.t\ rl'iba Di01;;, etema PI'OYidencia ;
¡ Y ahhjo, ~n este valle de amargura~,
Para el hombre la pnz de ]a conoienci11 ! .
Tunja, 18~5. ·
lSOLlN.\ CHAPARRO.
X.A BVBHA SUZD.TJJ
Su hija, lo mismo que ella y su madre,
era una bastarda. Pero al menos
no le faltaría á la muchacha lo que le
había faltado á ella: dinero cuando fuera
grande; con una buena dote se casaría,
terminan :lo así la serie de hijos naturales.
La madre se · colocó de nodriza en
París, y tuvo la suerte de t!ntrar en una
e sa rica. cuyos dueños la colmaron de
regalos y de dinero.
De.:ipués se quedó en la casa en clase
de cria ia y acabó prJr ser ccnsiderada
de la familia.
111 o •
''De rodilla , mi bien, yo te lo imploro ;
"¡ l\Iira ... 1 ese ill!U' que indiferente surcaR
Lo ha. formndo el .torrtmte de mi lloro!'' La hija había cumplido veinte años,
y la madre iba de cuando en cuando á
''¿Crees quo pueda. empañar con su ter- Berry, su país. donde vivía la muchanura
" De tu misión el plócido misterio,
Esta mujer que entristecida. llora
Como lloran las cuerdüs de un salterio?''
"Yo quo soñé con tu sagrada lumbre
"Aun antes de encontrarte en mi f'endoro,
''Y que olvidé la fe de mis mayore
" Para ofrendarto el corazón entero."
cha en compaiiía de un pariente.
Y al fin logró c:1sarla, abriendo por
primera \'ez su bien reple~a bolsa.
Compró una casita, un caballo, una
vaca y cuatro cerdos y arrendó unas
tierra dedicadas al cut tivo.
Presentáronse diez pretendientes á la
mano d~ su hija y la madre dió la preferencia
á un marinero procedente de la
"¡Hoy me abandonas, yen distintos polos
1
armada, que no tenía un céntimo en el
Ni comprendes ni e~:~cuc. has rui plegaria; bolsillo.
'fú siempre aniba en medio <.le las unbes, L~ eligió porque en el pueblo le lla-
Yo siempre abajo en drcel solitaria !'' maban (( La buena suerte 1> y porq~e
Pero al mirar que allá en el horizonte, tai"?bién el mozo era del agrado de la
En el éter la nube se fundfa ch1ca.
Al compás d.e estridente oar~jada La m~dre pagó los ~astos deJa boda
Lanzó iracundat maldición impía! y despuei de la comtda de o:~enanza
•••••• ••••••••• .•••••••• •••.•.••• •••••• .•••.• .•• .•. llamó aparte á su yerno }' le dl)o:
-No soy rica: por si tú á tu mujer
¡ Oh pobre corazón t También tú bn.scas
En la ilusión el fondo de las cosas ;
Y vas marchando en pos de esos anhelos
Que sólo son visiones vaporosas !
Qué es la vida? El rayo de una aurora
Que brota, que se expande y que fulgnra 1
Que en el cenit se ostenta poderoso,
Y devora después la sepultura !
tenéis algún apuro, ya sabéis que estoy
en París, pronta á ayudaros en vuestra~
tribulaciones. Sin embargo, procurad
no abusar de mis bondades.
• • •
Al cabo de un año, el matrimonio te-nía
una hija; á los dos aüos un nirio, y
á los cinco, se reunían en la casa cinco
Y esas ansias sin fin, esas congojas muchachos.
Qne el suplicio de Tántalo imaginan, A cada nacimiento llegaba de París
¡Son oual brumas del mundo de los sueños una carta con un billete de cincuenta
Que en el cielo d~l alma se iluminan ! francos.
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Pasó algún tiempo y, recordando el
yerno la oferta de sn suegra. escribió á
París p;1ra decir á ésta qne Juanito estaba
enfermo y que no había más re·
medio que pagar al médico y comprar
las medicinas que se necesitaban.
La madre envió á vuelta de correo
cincuenta fra neos.
A los seis meses, en pleno invierno,
ocurrió otra catástrofe. Si mona, la mayor
de las niñas, había resbalado en el
hielo y se había fracturado un brazo.
Al saberlo la anciana, envió al. pueblo
sesenta francos.
Durante la primavera ocurrió una
nueva desgracia.
El menor de los niüos enfermó gravemt:
nte, porque -u madre, en extremo
debilitada, no poJía amamantarle. Era
preciso alim~ntarle con b"berón y se temía
por la vida del niüo y la de la madre,
á quienes ei méJico recetaba cosas
sumamente caras.
La antigua nodriza remitió 100 francos,
suplicando á su yerno que no volviese
á mrJlestarla en mucho ti mpo.
Así ío prometió el tunante, y i los
dos meses se habían sah'ado la madre y
el niüo; pero llipólito, el travieso 1-Iipóli
to, se había caído de un árbol y se
había partido la cabeza.
Para evitar que el muchacho se volviese
idiot,1, era preciso apelar al ci rujan
o.
La anciana cayó nuevamente en el
garlito y envió otros cincuenta francos.
Y de tal mo o abusó el yeruo, que
en menos de tres mese~ hubo en .)a casa
una pulmonía, dos fracturas de huesos
y una vaca muerta.
La nodriza comen1.6 á aiarmarse ante
aquella serie de desdichas, no sabiendo
á qu~ atribuír que á su yerno se le conociera
por el a podo de y cou mayor em peiio;
Sólo que aquí nos dm~pedazan vivos
Y alli t>iquiera nos devoran muertos.
ADOLllQ LEÓN Gó~tEZ.
Cuando la infeliz mujer volvió al
cabo de un cuarto de hora, llegó sollo-zando
y dijo á su marido, que dormita- B.eproducción
ba en una silla: El número 12 de El Petzsamiento, de
-¡Ha muerto de un· ataque de apo- Ocafla, ha reproducido, adoptado como
plejfa 1 ¡Tu borrachera tiene la culpa editorial, el nuéstro Ct·útiana soHcitud,
de todo 1 que publicámos en el número 30 de
-¿Ha muerto ?-murmuró el rnari- nuestra hoja. Agradecemos á su Direc-do
esperezándose.-¿ Y la renta vitali- tor, señor don Ramón P. Paba, esa
cia? ¿Y el testamento? muestra de deferencia.
Ha muerto sin decir una palaora. Igualmente, 81 Cronúta, de Panamá,
-Estoy seguro de que mat1cina mis· 1 en su número 2,083, y precedido de un
mo me habría desheredado. Pero no en · brillante artículo de introducción, firvano
me llaman G: La buena suerte . .» mado D. A. S., ha reproducido el que
Debido á mi estrella, he tenido la for- con tl mote de Tipógrafas publicámos
tuna de emborracharme y de faltar al en el número 37· Dámosle las más exrespeto
á tu madre. De lo contrario, presivas gracias, y nos congratulamos
esposa mfa, estábamos perdidos. de que nuestras ideas, en el sentido á
JoRGR MITCHgLL. q.ue nos hen~os referi.do en dicho editona!,
hayan stdo acogtdas por tan respe~
table órgano de la prensa.
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400 LA l\1 U J E R
lfija del ilustre patriota José Aceve- La seliora Aceve,lo de Gómcz llevó
do, tribuno del pueblo el 20 de Julio de después una vida desgraciada, y ya en
1810 y que sirvió poderosamente á la edad avanzada se retiró á la hacienda
causa de la Independencia, se inspiró del Chncho, en las inmediaciones de Fudesde
niúa con tan noble y generoso sagasllgá, en donde sola y viviendo con
ejemplo, y empapó sn alma en las ideas sus recuerdos, escribió sus mejores obras.
griegas que en aquella época de virtu- Componía versos ligeros, llenos de
des y de glorias se predicaban en las sentimiento y sumamente delkados, á
plazas, se oían en la tribuna del Con- las amigas que \'Ísitaban su retiro: ó á
greso, é invadían el hogar de todos los algunos objetos que escogía al capricho
hombres de la revolución. su fantasía; y en los Cuadros de Gas-
Patria, libertad, república, grandeza tumbres de e~critores colombianos se
y porvenir, esto había traído la lnde- registran varios, trazados por e!la con
pendencia; y hombres con la virtlld de mano maestr.1.
Camilo, con el patriotismo de Poción, Escribió una obra eminentemente
con el geni~ .de .Milcíades, eran los pa- j moral y filosófica, del mayor provecho
dres de famtlta, los esposos, los herma- 1 para nuestra sociedad titulada DEBE-nos
que íntimamente trató.b::w las mu- ! RE.S DE LUS CASADOS. '
jeres de aquella época, por lo cual ad- ¡ (Continuará.)
quirieron un sello de grandeza que no ¡
ha durado en las otras generaciones. Y :
en la familia de la seilora Acevedo el SÓLO TÚ
padre enseiiaba á hijos é hijas á amar , . , . .
la patria y la libertad. Tu, qu_e C~Jngn.s la lugnma ve~tt - A GEl A?.ANGO
HEMEROTECA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 50", -:-, 1896. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687055/), el día 2026-04-05.
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