LA MUJER
Directores: RIJ y F AR
SERIE 111 } Bogotá, Abril l. o de 1896 { HUM.. 38
LA MUJER
DIAS SANTOS
Los grandiosos hechos cumplidos
en la Palestina, en la persona
de J e~ús, hace y á para 1896 años,
y que se conn1emoran por los cristianos
en la presente semana, tendrán,
de seguro, si no á todas, á la
mayor parte de nuestras lectoras
en estado de recogimiento y de
piedad.
Sus almas, hoy puras, más que
en todo el año, pueden elevarse á
Dios con más entusiasmo, más
fer·vor y más fe que en ninguna
otra ocasión.
El propósito de enmienda de
sus defectos-que éstos todos los
tenemos-hará que de hoy en adelante
se corrijan de una manera eficaz,
y sabiendo cumplir con sus deberes
de hijas, esposas y madres
den una inequívoca prueba de s~
verdadero adelanto y creencias religiosas.
La imitación de la madre del
Cristo, modelo de humildad de
ureza y santidad, será siempr~ su
1 orma en todos los actos de su
ida.
- Por fortuna para Colombia,
uestro bello sexo, exento de los
icios de que están minadas hoy la
ayor parte de las sociedades del
un do civilizado, marcha adelante
on bandera desplegada, mostránoseal
crbe como el primero en el
cumplimiento de sus deberes. Y
nuestras mujeres, cristianas todas,
que llevan siempre en su corazón
la imagen y en sus labios el nombre
de Ma1·ía, sabrán dispensarle
en cualquier circunstancia todo el
respeto y veneración que se merece
la Madre de .A:q u el á quien adoran.
Como presente á nuestras suscriptoras
engalanamos hoy las co ..
lumnas de su periódico con la
preciosa con1 posición en verso in·
titulada La Soledad de ..LJ;Ia1·'-a, 'del
nütahle poet colombiano señor
doctor D. José blaría Samper
Agudelo, que, aunque yá conocida.
de~de hace aJgún tiempo, no
deJara de agradarles el poseerla
en la colección que hagan de LA
MuJER, y c,uya lectura, propia
para estos días, enardecerá más su
corazón en amor á la que tanto
veneran.
. .
LA SOLEDAD DE MARIA
Vedla allí .. . triste, abatida
Bajo su fúnebre manto, '
Soportando en au quebranto
~e sus congojas la hiel;
S~n color en l~a mejillas,
Sm luz la mirada incierta
Trémula, marchita y yert~
Llorando sólo por EL .•.•
Allí está la Virgen santa
Con sus lágrimas tan puras
Sufriendo las amarguras '
En su lúguLre aflicción .•••
A los cielús la infelice
Alza su dulce mirada,
· Mas de su pena agobiada
Siente helado el corazón.
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298
E11a .••. I la hertnosa; la ~a a
J.JI\ Virgen de 1ós Dó ores,
La mé.s bella de las iores
Que fecundara el Jordán,
Ea ahora Jaque gime
Pensando en el sactificio
Del que siguió hasta e] suplicio
Por la familia de Adán.
Ella es la Madre amorosa,
La tierna y dulce Mada,
Que sufre cruel agonftl
Por el hijo que perdió;
Tan pura como su llanto,
'fán bella como su 11om brr,
E$8 es la madre deJ Hombre
Que en una crnz expiró.
L-a blan~a, her-mosa p Io~in
Que adoran los quernbin"fs¡
La que vivió entre jardines
En la tranquHa Belén;
Y h1égo vertió su llanto
Por el "Redentor del mundo,
A quien su pueblo iracundo
Desgarró en Jerufalén.
Esa es la Virgen preciosa
Que en el agreste Cal vario
Mojó del llijo el sudario
Con lúgrim~ s de pesar;
Y vio casi agonizante
Sobre el Gólgota sangriento
Impasible en el tormento
Al que nos vino á salvar.
Vedla allí con su silencio,
Con su crtiel rnelullcolia,
Oon sn lánguida agonia, ·
üon eu triste soledt\d,
Derramando una por una
Sns lágrimas quemadoras,
Soportando largas horas
De d nelo con humildad ..•.
Vedla afligida, empa} ando
En sus lágrimas divinss
Esa corona de espinas
Que Cristo en la sien l !evó;
Y viendo un recuerdo rivo
Jijn cada espina punzante,
De la amargura incesante
Del hijo que yá perdió.
Esa corona sangrienta
Que dE>jaron á María,
La historia ~ncierra sombría
Del que llamaron Jesús;
Porque á los ojos llorosos
De la V ir gen amorosa,
Es la imagen espantosa
Cada eapina.~ de la Oruz ••••
UJE
Triste reli "ia, p · ci to,
~ue los verdugo · -eja-ron
A aquella Á quien destrozaron
El vjrginal corazón;
Pero reliquia adoraia,
Qne, aunque d-e eBpinas del suelo,
Dejó á ]a madre un consuelo
Que aliviara au afiicc · ón.
¡Sí~~ Virgen herm<:'~&,
Llorad en vuestra ngonía,
Que al fin os llamáis María,
Y es triste la wole"d ad .....
Llorad, putl\ ftor del cielo,
Por el hijo que perdisteis,
Que mujer al fin lHldsteis
Con tal desf no: llorad~
JosÉ M~níA. S lf.PE:& A.
VIBrtNt!S SA~TO
Hé s quí el día de la gran tristeza
cristiana, dia en que las campantls no
anunciun ; día ('n qn<' los altares no
tienen sacrific·os, y <:n que Jos aantuarics
de luto no resuenan sino con lament -
ciones; día en ~ne las madrEs dicen á
sus ni nos: ''Hoy Nuestro Senor ha
muerto, y es precigo hacer penitencia
con nosotros." En este dia el u -elo n
ha de reducirse ú los al tare~, sino que h
de hallarse en todas las casas crüatianas:
no es bastante que cesen Jos cánticos
en las igles121S; es preciso que n haya
regocijo alguno en log hogares.
En las capitales, hoy tan agitadas y
ruidoEtas, cuando viene el gran día de
tristeza, poco se percibe que las cam ft
panas han cesado sus reJliqnes desde la
víspera. Pero en las ciudades de }H'O·
vincia este silencio tiene lúgubre solemnidad;
y ha~ta los relojes d~ la
ciudad se callan, de suerte q-ca parece
~ne el tiempo se detiene, porque el Se
nor murió.
En este día, en muchos países, lu lengua
de hierro de) .tiempo no dice á los
hombres más que una hora : ¡ Las tresl
1 Hora de la muerte del Hedcntor 1
¡ Hora que oyó el grito que hizo te¡n;.
blar la tierra, hender las r()cas, despedbzar
el velo, ocultar el sol, abrir las
tumbas y resucitar los muertos; el gran
grito : ¡ Oons~tmmatum est 1
En muchas ciudades los habitantes ·
no llevan el "'Viern~s Santo sino vestid
negrog, y hemos -visto fervientes oot'.
lioos no querer servirse de sus carrozu
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA MUJER
el d!a en quE} el Salvafi<>r del munJo
banó con sangre y sudor el camino del
Calvario.
En otros tiempos la tristeza se extendía
en n ·tes tras antigua3 iglesias y
en nuestros viejos palacios, y cu~tndo
los Pontífices de San Dionisio y Nttt'stra
Senora se cubrían con cilicio y ceniz'l,
los suceaores de Olodoveo .V San
L ·lis dejl\ban sns coronas y tomabatl
sus vestidos violadoil, C?,lor del luto de
los reyes.
Sin vituperar lo' tiempos presentes,
los compadecemos al verlos desheredados
de estos $0 tiguos y piadosos u a os.
En vano buscamos la ventaja ó garantía
que los poleres humanos pueden
hallar en Aislílrae de Dios ; no vemos
sino vértigo y delirio en este pensamiento.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ....... .
EL v ·rzooNnE W ALSH.
OO~DSRO PASOUAL
El que haya tenido la desgracia, que
así pnede llamarsP, de visitar inadvertidamente
alguno de esos establecimien·
toa en donde cada dia se inmolan multitud
de f\nÍm!llea, cuyos cuerpos airven
para sa.chr el im~tinto ca.rnivoro del
hombre; el que haya presenciado una
de esas escenas en lasque sayones medio
desnudos y de siniestra faz, con sus rop
élS y cuerpo ensangrentado3, su actitud
a m~ az f'iora, e u mirada agresiva y sus
descompuestos ademanes, vocean, persiguen
y maltratan á las reses más inofensivas,
hasta hacerlas encolerizar y
embestir, en ()u yo .punto la~ amarran y
rinden para hundir después en su garganta
la. afilada cuchilla, batlarse en su
sangre, desollarlas, partirlas y expeQderlas
en catpbio de un mezquino
salario; el que haya visto esto, decimoe,
y meditado profundamente sobre tan
inhumano y bárbaro proceder, sin duda
alguna experimentará penosa sensación
de dtsgasto al recordar los pormenores
de ese atroz 8$crificio, que sólo
la costumbre ha podido hnoernG$ mirar
con indiferencia y aun á las veces como
, salvaje placer. Pero de todas las mortificaciones
que sufre el alma al contemplar
el espectáculo quii dOJtcribimos,
ninguna tan sensible, ni. guna tan int&
nsa y vi va como la que prod uoo el saorifloio
del eo.r.puso librar al hombre de la ominosa
ctrclavitad que debta arrastrar eternamente
bajo el yago del pecado, estableció
la ley antigua 6 de Moisés, con su
templo, su altar, sus ceremonias y sacrificios.
L')S víctimas que se inmolasen
debían ser animales mundos ó limpios,
entre loa cuales se comprendían todos
aquellos que tenían un solo orden de
dentad ra y Ja pezufia hendida y abiar ..
ta, tales como las palomas, tórtolas, bec~
rros, bueyes y chivos, los que eran ,ofreCidos
en holocausto, y aceptados pC>r el
Omnipotente, en justa CJnfirmación de
su andato supremo. La justicia divina
exigía efusión qe sangre, y de a~ngre
inocente, aunque sólo por un tiemP9
limitado, y hasta que llegase el día del
cruento sacrificio que había de consumar
la obra, dejando competentemente
garantidos los derechos de la humanidad.
Entre todos los animales limpios, no
h!tbo ninguno más grato v aceptable á
Jos ojos de Dios que el cordero; así ea
que Moieés, por inspiración divina, or·
denó que cada familia inmol~se un cordero
macho (palabras de la Escritura),
de un afto y sin mancha, y estableció en
este sacrificio la primera de las festividades
israelitas, conocida por la Pascua.
De aqui el no~re de Oordero Pa1•
01141.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
300 LA MUJER
El Oordero Pascual no era otra cosa
que la imagen del mismo Dios-Hom·
bre: en mansed Gmbre, la' mansed u m·
bre del Hijo del Verbo; su sacrificio, el
sacrificio de Jesús. Aquella sangre inocent~,
derramada por orden de Moisés,
erl:l presagio de la sangre inocente que
había de derramar@e en la eminencia del
Gólgota. Y sucedió como estaba escritC'.
Los sacrificios cesaron cuando la mayor
de las víctimas fue á ofrecerse á su eter·
no Padre, según la predicción de los
profetas; cuando Jesucristo se presen·
tó, y sin abrir su boca, ni lamentarse,
ni tomar armas, ni usar de su derecho,
marchó á ser inmolado en nna cruz
con la misma humildad que el cordero
se entrega á la cuchilla del sacrificador.
d Comprendéis ahora la semejanza?
El Hijo de Dios penetró en la cusa
de los que, llamándcse sus juece8, ha·
bían de convn·tirce en sus verdugos, no
de otro modo que si pisara los umbrales
de su divina gloria; confesó sencilla
y claramente su supuesto crimen; dejóse
denostar y maldecir, sin dcepegflr los
labios en su defensa; soportó con e:anta
impasibilidad ln8 ligaduras y los gol·
pes de los saypn cs; y cunndo la férrea
mano del verdugo enclavab l eus miembros
en un ma.der(l, y cuando los tiros
de la lanza d ilacernbsn sus carnes, y
cúando brotaba de su frente la preciosa
sangre á impulso de las punzantes espi
nas, entonces exhala apen as un sn!3piro,
que es en memoria de su afligida Madre,
6 atrae al seuo de los justo3 al hom$
bre endurecido que po-oieco á '3U hHlo, 6
eleva las manos al cielo demandando
compasión Y: gracia para los que tan
bárbaramente le oprimen, en aquellas
santas palabras: Pe'rdónalos, 881'f,o1·,
qu,e no saben lo q u..e !tacen.
Hé ahí la semejanza entre ambos
sacrificios; hé ahí la humildad, lamansedumbre,
la pureza del Cordero inma·
(miado; hé ahí por qué el Dios de las
alturas ordenaba el el erra m a miento de
la sangre inocente; hé ahí por qué Moi·
sés ofrecía el sacrificio clel cordero como
el más: aceptable y grato á los ojos del
Oreador; hé ahí por qué el Bautista,
cuando predicaba en el desie1to y vio
venir á su Maestro, dijo: ''mirad el Oor ·
dero de Dio~, que quita los pecados del
mundo"; bé ahí, en fin, por qué la
imagen de Jesucristo eetá. representada
en el Oordero Pescual.
J·osÉ DE Ü.A.STRO SERRANO.
Luz y sombras.
Genio de las tristezas! Cen ti neJa
En mis noches de insomnio, cobijado
Entre los pliegnes de tu manto, vela
Mi e3píritu, del cielo desterrado.
Bajo tu imprrio el pensamiento evoca
Recuerdos dulces con sabor de absintio;
Pero están, como ardiente y dura roca,
Secos mis ojos y mi llanto extinto ... ,
Por íntimos pesares mi alma herida,
Conoce la desgracia y el engafío:
El que ~ien te lo amargo de la vida,
¡Vive un siglo de horror en cada ano!
Ausente yá de aquel hogar querido
Donde lucen las flores de mi encanto,
Soy el alción que lejos de su nido
Hace vibrar su lastimt?ro canto.
Mas no deploro mi dolar: el alma
Ji}n esta lucha encuontr,~ ~u el emento :
La vida inerte en infecun d a calm~,
Es fuego f Htuo sin calor 1. i aliento.
Yo vivo más cuando mi sér se anegl\
En un mar de inmortal melancolía ...•
Llorando, 'el alma con sn llanto riega
L ·ls flores del amor y la poesía.
Yo vivo más cuando con raudo vuelo
:rtie levanto, sondeando Jo infinito ....
Y sueno con mi m~dre y con el ciclo,
Cual suena con sus lare s el pro scrito.
Cuando en e1nlma entusiasmada siento
El germen de pasiones generosas; ·
Y cn·.ndo sufro e1 infernal tormentQ
De la dttda, en mis horas tenebrosa~ • .
~1 hombre es un enigma, no a amalg~ma
Do bien y mal, de oscwridad y au,rora.;
Snspir· cuRndv goza y .-:·uando ama,
Y ríe cuando sufre y cuando llora.
¡Genio de las tristezas! con tu esencia
Mantienes á tus hijos inmortales,
Y co•1 la luz divin~t. de ia ciencia
Ilumina3 sus pasos terrenales.
J. M. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ.
1892.
El veneno de loa lápices.
A los ninos y á los que no lo son, se
recomienda la lectura de los párrafos
qne á continuación pnblicamos, toma·
dos de una revista de instrucción pública.
"N o há mucho que en el hospital
Augusta, de Berlín, murió el joven Roberto
A., de profesión cerrajero y de
diez y ocho aflos de edad.
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LA MUJER
I. Ante todo, hijo mío, debes ser cor ·
tés con toda clase de persona~, cual·
qui~ra que sea la posición relativa de
ellas y la tuya. Solo las gen tes vu Jgares
erren ostentar superioridad mostrando
a~pereza en sus modales.
II. Lleva siempre la cabeza erguida,
y df'ja leer en tus ojos la franqueza del
ca.rácter, para que no te tachen de huran.,
o. El que h~bla con la cabeza inclinad~
y esquiva las miradas de los de·
más, parece querer ocultar algo, digno
d~ reproche en los pliegues de su conCienCJa.
III. Huye de las gentes chismosas y
enredadoras; tienen el aliento de Sata·
nás en 1a boca, y lo soplan al oído de
aqu~llas que aman el arte de birlibirlo·
que, y á quienes buscan como naturales
cómplices en sus repngnanttts enredos.
. IV. L11 chismografía no ap ·isiona en
sus redrs si.no á misert1bles: tf'jidas eaaa
redes en la oscuridad del misterioso río,
y con la aguja ue la infamh1, siempre
quedan mal ajustadas sus mn.llatl.
V. N o mores en pais que no esté
g, bernado por lf'yes. La arbitrariedad
es In última y más desastrosa fórmula
de l~ tiranía. Un úka e del Zar de Ru·
sia-Jas crueles leyes de Dnwón-son
('\'(•feri blea ul poder discrecional.
VI. No temas llamar ladrón al que
roba, que h dureza ~e esos términos en
boca de un h ~ mbre honrado se traduce
por indignación, y no por el triste deseo
de ),mz!\r una invectiva al aire.
VII. Sí l\allae que loR malvados tia·
D('n quienes los exeu : en 6 defiendan,
huzte cargo que has tropezudo con sus
t:ómplice~; algún punto de Ctmtacto
tienen entre sí, que engendra la com·
plicidad.
OONPERENOIAS
SOBRE LA EDUCAOION DE LA MUJER
POR llEDA RDO RIV ÁS
(Contlnuaolón).
Drama terrible· lección histórica que
habrá de probaro.3 que, si la poesia es
1uz benéfica y suave que embellece la
vida de la mujer, y á t•)do3 sus afectos,
sus inclinaciones y sns debere1 lea da
un coloritio mág:.co y het·moso que los
h ·lce amables; st es música tierna que
la lleva al tra'fés del desierto de la o.xiatenci:
l, amando y cantando para no sen·
tir la~ 33pin" que dedgat·r4n aus pies,
ni la sed de clh:ha que devQra su alma,
¡ ny! también eP, y con ft·ecuencia, el
aq nilón q ne la nrra ·tra á regiones tempestuosas
iluminarlas pc.r el incepdio, y
en donde entre escollos deja su inocencia,
su virtud, su dicha y su esperanza!
De Safo han llegado hasta noeotros
fragmentos de una poesía entusiasta,
ard1ente, apasionada, llena de imáge·
nes que el hombre no puede pintar, revelando
un amor que el hombre jamás
puede sentir; y de una form& delicada y
suave que ningún otro poeta ha podido
imitar. La inmortal Oda de Safo es un
modelo admirable de literatura que los
siglos se van transmitiendo unos á otros.
~1 genio es dón común á. la mujer,
que no sólo da una inclinación mar·
cada á las acciones generosas y nobles,
8Íno que la tnapira en todas las condiciones
de la vida; y 1 delicadeza de sus
sentimientos, la aun vi dad de sus afectos,
la santidad de sus aspiraciones son una
poesía viva y palpitante, que sólo necesita
traducirse en estrofas para conmover
el corazón del hombre.
Cultivar estas inclinacionea genero ..
sat~, acariciarla en el corazón, g z~~e
en ellas y exal t.arlas por la moral, . es hacerse
poetisas; porque la poesía no es
más que el s ntm1ionto y la adoración
de lo bello; y nada contribuya para esto
como el estudio de las obrlts de ingenio,
en las que las personas de vuestro sexo
han retratado en prosa 6 eu verso lo que
las otrtls mujeres sieuten y no pueden
decir, ó c:lntado !o que, como en un
himno etPrno, está diciendo siempre e:l
corazón de una virgen.
Al embellecer In inteligencia con el
estudio de la poesía, se mejora el cora·
zón, como se mejora siempre el campo
cultivando las flores; y no habrá un& de
vosotras que al leer la Oración por todos,
de Víctor Rugo, ó la Oración, de La~
martín e, que encontraréis al fin de estas
lecciones, uo sienh también volver eu
corazón á Dios pard pedirle llena de
amor y de reconocimiento su santa ben~
dición.
La poesía exalta y embellece las grandes
'\'irtudes, y hace horroroso el vicio y
el egoíamo en la i maginaci6n d8 la m ujer;
1dealizl-\ l()s afectns comunf'B, como
el amor á. los padres y á la familia; santifica
á sus ojos las obras do la caridad
y la paciencia, y asi, ennoblecido todo,
ella se apuiona, se enamora de la .vir ..
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LA MUJER 303
tuJ , que llega á ser un.,¡ necesi Llad en
~u tdwa; hueca fuerzas en el hen ísmo
¡•ar., resietir y para vencer; y en vez de
sacar árida tarel, día por día construye
en su hogar un magnífico poema
en Ja vida.
Oultivttr la inteligencia. ea aprozimarse
á Dios, foco Je toda lnz y di:} toda
Fabidur1a; y el alma de la n1ujer eat
·l. siempre más dispuesta á recibir la
in8pimci6n divina. "¿Qué ea lo que separa
á un hombre sin estudio Je un
Caldas, tantos grados cuantos separa el
ángel de la bestia ?H decía el sefior Manuel
Ancízar en nn discurso. "L:1 ignorancia,
y nada más que la ignoran .
cía; porque en el seno do esta bestia.
yace aletargada un alma cupaz de b1·i~
llar con todo el esplendor y COO gramos (1 libra) de arroz eeoo.a
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304 LA MÚJ'ER
gido y bien lavado; se le pone á remojar
en seis vems su peso de agua, durante
catorce horas, y se le decanta. Después
de haber renovado esta operación tres
días seguidos, se coloca el arroz en un
cedazo de crin, y se le exprime toda el
agua que le quede, comprimiQndolo c0n
la mano; en sAguida se pone á secar en
una tela, y cuando esté bien seco se le
muele muy bien en un mortero cubierto;
se ]e reduce á polvo finísimo y se lepa·
sa al través de una tela muy fina á un tirro.
Para facilitar el paso del polvo se le
hace en el centrv de la tda una depresión.
A este poi vo se le puede mezclar
un poco de talco tamizado, que tiene
la propiedad de limpiar el cutis.
Duelo.
Ha muerto la senora D,l\ Zoila R. de
U mana. Enviamos á su a deudos nuestro
séutido pásame; pero muy especialmente
á nuestro distmguido amigo senor
doctor D. Enrique U mana, hijo de
la finada aenora.
El pr6ximo sábado
no habr{L número de LA. :MuJER con
motivo de uo poderse traba;nr en los
dfas Jueves y Viernes Santos."
Saludo
Procedentes del Socorro han llega ·Jo
á estn ciudad los Séflorea Belarmino
Plata y Ricardo Obregón. Los Bllluda mos
afectuosamente y les dcseamoa grata
permanencia entre nosc. tros.
Gran riqueza
I.. .. a fortun~ de la reina Victoria es
enorme. 'l'iene cincuenta millones de
pesos colocados á interés compuesto, y
posee, además, Osborne, BaJmoral y el
ducado de Lancaster (eolo éste produce
trescientos mil pesos de renta). Por otra
parte, cobrtl de la lista civil unos seis
mil pesos divrios.
Luto.
Con profunda pena registramos hoy
la muerte del importante y simpático
joven Stfl.or D. Enrique Gaviria, connotado
liberal.
J..~amentamos !SU desaparición J enviamos
á su familia y demáa deudos n u estro
más aentido pésame.
Charada.
Prima verbo, t1·es artículo,
Segunda es un pronombre,
Y según el refrán dice
El todo prirna el hombre.
Solución á la del número anterior.
Benito.
DEORETO NUMERO 161 de 1888
(17 DE FEBRERO),
sobre prensa.
(OONTINI1.ACION)
La responsabilidad de los periodistas
recaerá sobre ellos en el orden indicado.
Art. 13. A todo periódico existente
6 que haya de fundarse, se exigen, bajo
pena de suspensión temporal, y ab·
sol uta on caso de reincidencia, las siguientes
condiciones:
l. a Manifestación firmada y dirigida
al ~Iinistt·o rlc Gobierno ó al Gobernador
del Departamento, en la cual se declaren,
con su nombre y apellido, el
propi~tario y el director de la publicación;
2 ... Anuncio permanente en el mismo
periódico, del precio de inserción de Cv·
municadoa 6 remitidoe, el cual no po·
drá exceder del m6.ximum esta.bleciuo
por los periódicos en la l't ·spectiva localidad
en ]~fecha de la oxpe.lición del
prese»te decreto;
3. a Publictlcióu inmed iata, por una
solt\ vez, del presente Decreto, y du loa
que lo reformen ó complementen, en
prlJeb de acatamiento á las di .. posicio.
nes que regulan el ejercicio do la prensa.
Art. 14. Toda peraona,-iudividuo
rarticular, iuucionario, corporación ó
sociedad,-á quien se censure ó se atribuyan
hechos falsos 6 desfigurados, tiene
derecho á hacer insertar en el mismo
periódico una rectificación ó acla·
ración que no e.x.ceda del doble del espacio
del suelto ó al'tículo que la haya
motivado.
Art. i5. L3 inserción de que trata el
anterior artículo es obligatoria y grf\~
uita, y ae hará en e~ número que siga
In~edt~itamen_te ul d1a en que la explicaCión
haya s1do entregada en la im·
prenta, bajo pena de cinco pesos por
cada día que transcurra detde el día en
que debio hacerse la inserción, 6 de
arresto equivalente.
(Contlnunrit)
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 38", -:-, 1896. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687043/), el día 2026-03-24.
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