LA MUJER
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Directores: RlJ y F AR
SERIE 111 } Bogotá, M~rzo 25 de 189 6 { 1101. 38
LA MUJER
· HEOHO INSIGNIE'IOANTE ( ?)
Para los ojos ·de cualquiera per·
son a que no se fije en el fondo de
algunos hechos que á primera vis..
ta parecen insignifiGnntes, pasan
multitud de cosas á las que no les
da im.portancia alguna ; pero que,
· es;tudtadas detenidamente, se ve
que no carecen de gran valor, ya
Eea en la marcba social de un país,
ya en el porventr de una familia,
ya en la vida privada de un individuo,
etc.
Hemos tenido siempre la creencia
de que vale más y es más
necesario fijarse en muchas de
aquellas cosas que creemos no
merecen atención, que en las cosas
6 hecho8 muy notables ; pues
de las minuciosidades, ó sea de
11quelhu; cosas que la mayor parte
· de las veces nos parecen insignifi.
cantes, se desprenden importantes
consecuencias que ni siquiera nos
hemos figurado, y que vienen, por
lo regular, á formar hechos de
gt·an valía; mientras que las cosas
ó acciones muy notables revelan
al momento por sí solas,. con toda
claridad y á todo el mundo, todo
lo que ellas significan.
Tal vez á algunas de nuestras
amables lectoras pueda pnrecer
unn. tontería el hecho de que va~
m os á hablar, y que nos ha llamado
much~ la atencioa
¿ Cuál es ese hecho?
U no que tal vez llan1ó la curiosidad
de, muchas personas únicamente
por lo nuevo en Bogotá,
pero nada más: el hecho de que
algunas señoritas, hace pocos dias,
paseaban por primera vez en velocípedo
por las calles y parques
de esta ciudad.
¿Y qué tiene de particular, y
por qué nos ha llamado tánto la
atención nn hecho, una diversión
que se usa hoy y está muy bien
admitida en todo el mundo civilizado?
primera vista nada, absolutRmente
nad~' tiene de particular;
pero nos ha llamado la atención,
y nos hemos fijado con detenirnien·
to en eso, al parecer insignificante,
por la muy sencilla razón de
que tod~vía en Bogotá reinan
multitud de preocupaciones y de
ideas rancias, propias únicamente
para. el ~iem po de la colonia ; por
constgntente, cuando vemos algu ·
na cosa que tiende á concluir con
esas añejas preocupaciones, n.o po·
dernos tnenoo de alegrarllos y per·
suarlirnos de que, aunque muy len"
tan1ente, la civilización va invadiendo
el país y princip8 mente la
capital de la RJepúblic&.
Y nos preocupa.rnos de ese he ·
cho, de ningú _ valor á primera
vista, y le dedicamos estas pocas
líneas,. porque todavía hay ~ntre
nosotros muchas ~raonas que
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~8! J A M U J ... E lt
creen muy mal visto en una señorita
que salga sola á la calle, que
lea periódicos en nn carro del
tranvía ó del ferrorarril, que ande
en velocípedo, que venrta en una
t.ienda de comercio, que lleve la
contabilidad en un almacén, que
desempeñe una oficina, etc. etc.
Que una señorit~ á quien se tiene
encerrada en un rincón de la
casa, bajo llaves y cerrojos, guarde
su dignidad y su decoro, no
tiene gracia alguna ni merece pre·
mio ; es lo nüsmo que la gracia
que pueda hacer un ladrón en no
robar si se le amarran l?s manos.
zas, sin buenos mod~les, sin conocin1iento
alguno de la sociedad é
inútil con1pletatnente para espo·
sa, y mucho rnás para madre de
familia.
U na · señorita criada entre bastidores
y celosías se enamorará del
pritnero que pase y le haga una
sonrisa, se dejará, engañar del primer
truhán con quien tropiece, y ·
tomará. por esposo al primer majadero
que se le presente.
Lejos, muy lejos estarnos de pretender
con lo que acabamos de de·
cir, que á una mujer se le con·
cedan derechos que no le correspondan,
ni tenga toda la libertad
que pueda tener nn hombre: queremos
únicamente que la mujer
salga del estrecho círculo de hierro
en que se la tiene aprisionada ;
pero que se presente siempre digna
y elevada y mereciendo en to·
dos sus actos el acatamiento y respeto
de los hombres.
UN DRAMA
·y ya que tocamos este punto,
debemos decir con toda verdad y
muy claramente, que no estamos
de acuerdo con algunos padres de
fatnilia que creen que sus hijas
deben permanecer siempre ence .
rradas, que no deben tratar hombre
alguno, que no deben divertirse,
ni conocer el teatro, ni los
circos, ni los paseos, que no deben
tener novio, y, en fin, que deben
permanecer como un pájaro en su
iaula, sin espacio, sin aire y sin '(Traducido del francés por Alberto 1'3emauoa).
luz. La c,sita e~:~taba situada en una rin·
Creemos que á una señorita. Ee conada del bosque do Bolonia, comuna
1 d b · 1 1 1 de Neuilly. e e en tncu car a sana mora Y Dos dormitorio3 que comunicaban,
buenos principios; se le debe dar un comedor y una cocina, tal era su co ..
buena, esmerada y sólida educa- modidad interior.
ción ; pero, sobre todo, se la debe Son las dos de la manana, poco más,
instruír suficientemente para que, poco menos; los postigos, hermétican
m en te cerrados, impiden la filtración do
en todo caso Y en toda circuns- toda luz; sólo los carros de los verdule-tancia,
ser.a apreciar en todo su ros que van al mercado, ó un carruaje
valor, su dignidad y su decoro. 1 p_erdi~o en la, noch.e oa?nra, tul'~an ~1
De esta manera podrá pasear y s1lenC1~ eombno ~nus~er1o~o del bosque.
· · 1' . , 1 h La v1spera habta ca1do nieve en abun·
Vl~Jar so ct, Iozars~ con os _on; - dancia y se extendía como una llábana
bres y conocerlos a fondo, as1st1r en contorno de la casita.
á }os cafés y restaurantes, desem· Ad~ntro no se sentía rni~o alguno.
peñar una tienda de comercio Y s1n embargo, eu la p1eza del fon-una
oficina ete .. mientras que d~ do. iluminada por ~a luz pálida '! te~n-
' ' , blorosa de nna mtUlposR, una muJer, JO·
otr~ modo, se. formara de ~na se·¡ ven todavía, sentada, con los ojos agran·
ñortta una muJer llena de stmple- dadcs por ls fiebre, velaba!
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LA MUJEK !SS
De tiempo en tiempo llevaba la mano
al corazón como para comprimir sus latidos
dema~iado violentos.
-¡Sola! ¡siempt·e sola! murmuraba.
¡Ptua mi lai uo r. hes int rminables y de
msomnio, agitud:l.SJ t11multuosus! ¡Para
61 el juegot ~iemrre el juego, nada más
que el juego! Pero r·rol•tO vendrá rara
los tres lu miseria, la esp~tltosa miseria
.... 1
Y un sollozo ahogaba su voz, y sus
ojos se fijabnn, mdat1cólicos y ansi oa< s,
en la cuna colccadB 6 l:\ iz(Juierda de su
cama, dondo dormía unn hermosa criatnr~
t, con el sueno de Jos ángt-leF.
Inolinóse y aplicó d uloemente sus labic
·s sobre Ja frente de Ja ninita. El contacto
de aquel cutis tan suave y tun
freFco pareció calmarla.
Quedóse inmóvil nlgunos inatanteF,
con los <'jos fijos en el mismo pensa
miento: repasando quizás en su est í ritu
los primeros anos de 'SU matrimonio.
l:~h! cuán encantadores fueron .... !
Todo era Eonrisaa y encantos pnra
ellos; rico~, jóvanes y llena el alma de
amor.
¡Qné f~lices y divinos di s! ¡pero cuán
lejos estaban yal
Unn h ija había venido á estrechar
más su amor; al mismo tiempo el jue
go, el rspantoso juego, había cogido á
an esposo en su engrnnaje de acero, y
cntonce~, poco á poco, todo ee había os
curecHfl, todo se había derrum9ado:
alegrí del hogar doml·stico, tranquili ·
dad del alma, todo dceapareció.
L r· s usurel'<' B, con unas de ave do rapina,
los algnaciles, 1 s cajeros de garitos
mfnm( s. llamaron á sus puertas sin
tregua ni piedad. H~bían encontrado
una pr,sa y E e encarnizaron en ella como
los huitrea en un cadáver!
Ella había nacido rica, había sido
educ~da en el lujo y en Ja opulencia;
no hubía expresado un deEeo de nina
que no hubiera sido satisfecho; y ahora
era polvo; peor que eso: se apoy~ba en
un maddo cuya principal y única indus ·
tria era hacer trampas en los garitos de
París.
¡Q• .1é existencia tan espantosa! ¡Qn~
)argOS aquellos dos aftOS tr:HlBCUl•r¡dns!
Era alta, pálida, dtlgada, rlelicada,
:rubia, con maDoa y pies de nina; tenfa
un a.srecto distingnic.1o y d ~ elegancia
xquislt&, 1lna fisonomía, cuando habla'
1 aún cuande callaba, ae reconocía
en ella una mn:er de buen nacimiento,
una mujer de r:1za.
;. Cómo había sopol'ttldo aquella caída
moral y n1atel'Ít\l ? ¡ ~Iiaterios del corf!.·
zón, so is i nsonduble~! ¡Amaba t ·, davía
á aquel hombro qt!e la hahÍit en~ilecido;
• amáblilo siempre! Por él lo había abandonado
todo: lujosas habitacionee, r.ria·
dos, todas las comod idar]es de 1~ v:d ...
Rabí~ renunciado á infiuicla1 de costumbr
H, á infinidal de cosas que le
erl1n caras: lectura, dibujo, músic!l,
dulces pasatiempos de su vida de jov~n.
Oon frecuencia, cuando todavía no se
había disipado tot:1lmente eu fortuna y
aún se conservaba cierta conEiJeracióu
pública á SU llOmorP, ella lo había he •
cho entrever el uuismo á que se precipitaba;
había hecho aparecer á su vista
el porvenir risucno, las osperauzus de la
tnujEr que amaba al hombre qne cree ·
cn 1 ·az de hacer sn felicidad, n.pto para
to(lo por su iuteligoncia y su talento.
Interjecciones, ~ cce sos furiosos de có lera,
fueron la respu'estu á aquellas suaves
amonestaciones: quería jugar, y jugaba!
* * *
Ahor·a ya nada decia, pero sufría
cuanta tortura pt edo sufrir un alma
humana.
La víspera había llevfldo su último anillo
al ~Ion te de Piedad, pues el alquiler
de l11 casa i!e venoíu y el casero no esperaba
1 No se separó do aquel anillo ein
qne se le oprimiera el corazón, porque
era un recuerdo de su ma~lre.
Le habían dHdo trescientos vointe
francof!, cantidad más qne snficiente
para el trimestre que iba á veno~r, y
qne sólo importnba. doscientos diez franfrancos;
el ~obrante lo había dado á su
Elsposo. ll<1bía puesto los cioscientos
diez francos dentro de un cofreci11o de
maflera, ~n el cual hizo· una pequefta
abertura, y lo hnbí~ colocado sobre la
cornisa del ropero, al abrigo de la codicia
de su mllrido.
Serían las seis cuando, vencida por
el cansancio, ee durm!6. ·
Ya muy de díll entró el marido. Lo
había p ~ rdido todo, y en vano había
corrido to <1os lo3 garitos, hecho un llamamiento
á todos los bolsillos : toda1
las puertas se cerraban ante él.
Los venecianos. se dio~, cuentau con
la protección de Sa. ·1 M treos petra e'l·
trar en al paraíst>, y por lo tanto ao te
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LA M.UJER
ocnpan para nada do la salvación de su
alma.
Aquel hombre ele trei t 1a h echo encot clt~ r, y rogar
á 1 ~ Virgen que conjun:~e su falta
de suer ·J.
Llegaba á pie de Puds, y su traje,
lleno de barro y nieve, bien l >indicaba.
Se aventuró á pasar la cabeza por la
pu ·ta entreabierta, y retrocedió instintivame
.te á la vista de aquella mujer
dorm1 y de nqnel quernbin cuyas
maüitas :ep aaban sobt·o lus mej illas.
Permaneció larga ruto así con los brazos
crnzadoa y ol rostro horrorosamente
contraído, quitóse al fin sus vestidos y
ae acostó, ó mejor dicho, so tiró sobre
el lecho.
Momentos después 1 ni na uespertó
á su madre con un grito de alegría infttntil.
}jlln la tomó c·n eus brazos y la
cubrió de caricias y de besos, recomoniándolc
silencio para no despertar á su
radre.
Con lento paso, y reteniendo el aliento,
ntr6 en la primera pieza.
¡ Bl e ataba allí, durmiendo un sueno
e plomo .•.. ! y en su respiración ruidoPa
y sonora ee com prendí11n las ngi·
taciones penosas de su alma. u cabeza
era hermosa ; au cabellera C'spesa,
negra, tnezc'ada con algunos hilos plateados,
denunciaban la vitalidad, la
fuerza, la juventud.
¡Lo miró largo rato con los ojos llenos
de tlmor y de grandísima inquietud!
-¡Ha perciido! murmuró.
Y a se levantó
y recorrió su habitación.
-Ah! exclamó; ayer me dijo ella que
pensaba ir á C;tsa del méd icr'.
Más tranquilo, se vistió.
Una mesa elit .1ba pueeta con un Cll·
bierto y fiam brde: sn e~p()~a no lo ol vidaba.
Pero no pn,bó la comiua ....
¡Cómo iba á comer aquello, él que tenía
tan bneuos manjares y tnn buenos
vinos en los garito:3 de Pnría, aiu quo
nada Jo costAsen!
Para o1Jo le bastaba llevar, de tiempo
en tiempo, á aquellos antros i nfe ·~tos,
algunos pichones, jóvenes 6 vie},s, y
los administradores no F.ÓI<) l > ~lirnentab
n, sino que agregalmn algutJn.~ monerias
:ie oro nl alimento, que s :~bhw
que dentro do pocos momentos ,·olve.
rían á su poder.
Se paseó por el cuarto con paso febri citante
y excit<\do. con la vi:.ta eombría
y npagada y con los párpados aún hin·
eh A dos.
De pronto se pnró, y. algo como u 11
relámpngo do alegría pasó por sa fr \tlte.
-Sí, el dinero debo estar alli. gc lij<',
y designaba un urrnurio entrt•ubierto.
Dirigióse á él, lo abrió con violencia,
lo revolvió de arriba á ubajo, e3perando
hallar allí ol oro que le permitiría jugar
por 1a nocho y, ¡quién sabe! glnar qui ·
zái una suma, una fortuna!
Fallida su eaperanza, recorrió con )?t
vista la pieza, r~gistró deb~jo tle ]a
cama, creyendo encontrar ol esconoit.e
en que su esposa, en su sabia previsión,
debía haber puesto su peque no tesoro.
Buscó, pero todo trabujo fue · inútil!
Iba va á abandonar sus pcsqui~as inipoten
tes, cuaniio se fijó tn l na silla cuyo
respaldo se apoyaba en una de las pucr·
tas del nrmario.
El demonio del juego lo a~ompallaoo,
v lo descubrió todo. ·
" Suhi6se sobre la silla, y no haoían pnsado
cinco minutos, cuando retiraba de
la cornisa la a1cancía.
Una á. una, con Ja punta de un en·
chillo, fue sacando las monejaa de oro;
pero la última resistía. El la necesitaba,
sin embargo, porque podía ser 1~ salva.
ció u en caso de una desgracia encarni .
zada.
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188 LA JlUJ!:It
lle •ida toda concentrada en dos deliciosos
ideales: el chocolate y el cigllrro.
Yá se comprenderá el interés con
qoe el artículo de Mary Springer ha
aido leido. A nuestras manos vino de
las mqy bellas de ona dama norteamericana,
1ue en ~1 se regocijó muy sinceramente;
y al punto nos apresuramos
'aatisfacer el propósito que yá teníamos
formado, de consagrar una página
de nuestra revista á la noble y talentola
escritora que tanto lo merece.
El nombre de Mllry EH~abeth Springer
no es desconocido en Hispano-América,
puea trabajos snyns han en~ llanado
l~s pi.~inas de Bl T~soro. dsl Hogar,
eae •nolv1dable semanario de la eminente
J.~astenia L!~rriva de Llona; las de
lJOs Ands&f ese brioso órgano de la ilustro
Olorinrla Mtltto; las de La Juvent1'
d 8ah1adorefta. esa revista selecta que
lleva la voz Á. la ilustrada sociecf"·l del
mismo nombre; y las de La Habana
Elegat1ts, tan digna de su títu)o.
Pdro lo que no todos saben ea qoe
Mary Eliz1beth Springer nació bajn el
b"rrnoeo cielo de Ouba, en la deliciosa
M ~t'\nZ!\B, y q ne poJee y maneja artísticamente
nuestra lengua, qne ama
nnestra raza, y que la s~&ngre pnritana
que corre por sns venas guarda el calor
del trópico que hizo nuéstro ~tu corazón.
Fueron sus pallres nobles nortenme·
ri<',ano~, y por parte de su progenitor
como por p3!te de su marl re, deaoiende
de los primeros colonos ingleses que
se estab'ecieron en N a ava lnghterra,
de aquellos Ahlen, Qttinc~y y J¡¡ck~on,
qtte guarda esclarecHo.~ la histori" de
Aste pa1a. Su Jntlre, Joseph Fo~ter
Srlringer. de~cendía del Bar~n 1le Sprin-
. ger, noble 111eeo v~nido en 11345 i est1\·
hlecerse en Delaw 're, en donde sus conterráneos
h bían funfla1o una colonia
en ar¡ue11a remot'-' época. La sangre de
los S1lrin¡;er regl) los oampo3 de la patria
Trds de ellos fueron companeros
de Washington en la campana releotora.
L'\ SP.ftorita Springer pasó al~unos
&1198 en 1R Habana, en donde nn hermano
sayo, Mr. Jlleeph Alelen S'pri ngnr,
ejerce en ltl acttlali Jad el cargo de V tercónsul
generR1 de los E@tados Unid('S.
Un gran dolor, lll muerte de su idolatrada
marlre, atrnjn á la seflorita Sprin ·
¡er ha~i" la literatura, que no es otra
0016 que- la ool)templacióA IDOr3l del
u ni verso, en que las almas se elevan ha·
fiándose en Ja luz consoladora del eterno
ideal. Sus primeros ensayos fue·
ron traclucciones de obras ajenas. Al
ra9tellano vertió la novela ingleaa de
Farjeon, titulada Bread, Oheese ,111d
Ki~ses, la cual publicó la casa. de.A.ppleton,
J con la misma f~cilidad y éxito
con que había puesto en be Ha prosa castellana
aquel elegante inglés, puso luégo
en este idioma la novela de D. • Emilia
Pardo Bazán, intitnl ·•da Una Ori&·
tiana, habiendo sido ella quie.1 prime·
mero acometiese aquí la -traducción de
nna obra de la insigne eecritora espa·
ti ola.
A tiempo que colabora en loi periódicos
hispano-americ::\no8 yá menciona·
dos, eAcribe la senorit Springer para
periódicos importantos ntwteamericanoa.
tales como Harper's Weekly, Once
a Week, The North, A meriemz, Review
y American Mou,thly; y entre Stt8 triuufos
literarios más vuliosos en en t~L Pl de
haber dado una tradL1cción ingles' del
célebre Sombrero ds tre.~ picos, de Alar·
eón, de donde loJ Jramaturg~'s norteamericanos
sacaron el utio pasa lo el ar.
gn mento para la ap1auti ida opereta titulflrla
la Princesa de Niootine.
Mary Elizabeth :::>:-~ringer posee un
carácter u 'ce, y u na mo(testia en can·
tadora. Sobre cut~lqui r materia qne es·
criba, saltan á la vista esas cualidadf·B
en medio de los fulgores de su tal~nto.
L ·Ída como tratada, es igu~ 1 me u te si m·
pátira. Hablando d1J sus hermanas
en las letras hispano-t,mericana~, ee
flX:ilta de entusiasmo, á tal extremo,
que oyénclola piensa u no ea que la env1din
es sólo una pasión en nombrt', é
se convence de que es sentimiento á que
se muestran rcf1actarias lus almas no·
bles.
N. BOLET PERAZA.
(De La1 'l'ru .Am8ricas).
Eatadíatlca .curloaa.
Entre la enorme sumn de mujeres
(2. 700 000) que se mnntienen por su
propio trab·•jll ~n los Eit'ldos Unidos,
encontrA.mos 100 Fcencia.las que ejercí·
tan la abo~aoía; 165 predicadoras d e \liferen
tea Rentas protestan teP; 320 oscrltoraq;
1 , 126 &"qnitootas, qn1mic.,~ Y f;r.r·
:n:\ ·é ttic:lfj 2.106 criadoras de gl\nsdo;
5,131 emplead-u por el Gobierno Perle·
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA JlU' JEK 181
ral; 13,182 maestras de mú~ica; 56,800
ho1 t~cultoras, jurdinerus y dhectouu1 de
estabtecimit:utos comerciutes; 21,871 te·
Dedor~s d~ libros y empleadas e mer·
eiales y bancadtis; fiua metjte, 155,000
profes Has de escuaJas }'úblic .. s, y t trHs
que re ocupan de lod d1f~rtnteH trubajos
que an t•. s sólo eran descm¡wfll\dos
pot hombrea.
OORBESPONDENOJA
Agua de Dios, Marzo de 1896.
Befior n. I smncl José Romero, Redactor de
LA. MuJ&a.-Bogntnl nrtfculo
literario que bajo el título Utw
Lágrima publicó usted en el número 31
do su importante periódico.
Nos ha llamado la atonción el expresado
a t tic u lo, por YAri~s razones: en
pJimer lugnr, la de encontrar e n él ese
p~;tilo fac rl, elocuente y ngradabl~ , tan
Lrnbttjt~ao para c uu.qu ic r escri t ( r; 1 en
sr gonrl o, 1~ m ~ ntH' K c o mo p ., f'llta us
ted los diferentPs e mbio de fortuna
en el hombre, cosa quo debieran tener
aiempre presente muchas gentes que,
engoaadas en su riqueza y sus placeres,
y s1n acordara de las miserias huma1 as,
no caen en la cuenta de que de un momento
á otro puede series adversa lu
fortuna, y tengan que hacer parte del
circulo de aquetlas ptlrsonas á quienes
hoy desprecian y miran con asco. Pero
lo que más nos ha llamado la atpnción
en su artículo en rí !crencia. ha sido ese
Tivo color que usted ha dad o al cnadro
que ha pintado ele l1 18 personas qu!l,
fíctimas del más horrible de los males
con que el destino azota la humanidad,
yacemos en este piélago de amarguros
y de desdichas.
Ea muy posible que n1ultitud de in·
dividuos ignoren nuestros sufrimientos,
y que no tengan la menor idea de lo que
ea "el país del dolor." Para ellas es
para quienes usted ha eEcrito prioci·
palmeute, como también para todas esas
personas que, duro el corazón como una
roca, ni )as enternece una lágrima, ni se
conduelen por un quejido, n1 les importa
nada la miseria de Eus hermanos.
Pueda suceder qno su escrito, que
habrá conmovido muchos tiernos cota·
zones, haya ablandado uno que otro de
eao• de granito.
Enviamos á usted, además de nuestras
fc·icitaciouea por sus importante•
escrit(s literarios y su interuante periódico,
nut'stro sincero agradecimiento
por tl recuerdo que uet~tt hace de nosotros,
y por el cuadro deEgarrador con
que usted presenta á la sociedad nues·
tra vida de martirios.
Somos de usted afectísimos seguro•
servido1·es,
M. O. y H. J. (Elefanciacos).
.6Domalía1.
Indudablemente esta ea la ti~rra de
lnR ~nomt\IÍ tSJ Ja tierra de l · s vioever~
s s, Cl•DlO tlt cía el gracioso escritor Torn,
s 'l'onente, q. e. p. d. Veamos cómo.
ltlás do seis me~es He pasaron con un
terrihlf3 \'Onmo que hacia intransitubles
las cul lt·s do BL)gotá, p rquo nos ahogaba
comp!etHmenta Ja poi vareda; y aunque
t odo el mundo clamaba para qnc Ja
Junta uc ·co hiciera r~gar las c~lleP.,
el eco de csus lttmer1tnciouos so perCli6
Ul ~ 1 e pae; io, porque ni siquiera una vez
s \'io la m · quina do regar haciendo sn
oficio. Cayó el primer bguacero, y en t!l
mismo momlnto la irrigadora aumentaba
Ja humedad en hts callee. · Se suspendió
el invierno, y la máquina se e•·
coudió. Volvió á llover, y el mismo dfa
la máquina se presentó de nuevo.
Se presenta una noche bien oscura, y,
ni la luz eléctrica, ni el gas, ni ]os an-
. tiguoa faroles de petróleo muestran al
transeúnte su camino. Pero cuando llega
una nocho de luna llena que alumbrd Ja
ciudad como si fuera medio dí!l, entonces
tes focos eléctrjcotJ, con su luz titilante,
se ostentan por un rato orgulloso•,
]adrándole á la luna.
Se halla uno en el salón de un café 6
restaurante con a~gunos amjgos cenan·
do ó divirtiéndose, y, cuando meno•
piensa, el gas se apaga, y sin decir huinas
noches, se retira á acostarse, 4lUn·
quo no hayan dado ni las diez, quedándose
todos los concurrentes como jugando
á la gallina ciega. ,
Está alarmada la población por la epidemia
de la viruela y otrAs mil mis, y
entonces se ordena poner en las puertas
de las casas y de las tiendas tiestos con
brasas para zahumar las callea, dejando
al miamo tiempo en mitad de ellas loa
montones de b~sura y de inmundicia, y
el interior de las habiiacionva tan deaa·
teado como aiemp1·e ..
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
· 2 S
t;i seguimos así, no perdemos la eape'
r:u: zn de.ver dettro de muy poco tiem¡
·o los tnnea de ferrccllrril tirados por
haf yc~ y los carros de yunta movidos
por vapor, los focos de la luz eléctrica
c·on .su mecho de sebo y los farolee (lll- •
eendidos de día, etc. etc.
Bonro1a acc16n.
El distinguido caballero alemáv, senor
D. L~o S. Kopp, notabJe por su PS·
piritu progresistá y tmprendedor, ha
ofrecido generosamente á. la Sociedad
de San V1cente de Paúl toda la cerveza
que ·eata a~ociaci6n necesite para cada
comida que dé á los pobreP.
Fe icitamos á la Sociedad de San Vicellte
por ese obsequio, y haciéndonos
eco de los desn1.lidos de Bogotá, damos
lt~s máa sinceras gracias al senor Kopp
por su caritativa acción.
En la tumba
'DE LA SEJlORITA MARÍA PINILLOS O.
e fue al alba de la vida como se van
los suenos de la ninez, asida á Jesucristo
y á sú aman te Madre. El sact·iticio
fS el dolor nceptndo voluntariamente
. por Dios, y eila e e ofreció vol un tnria al
etlor por los suyos. Tnn. hermcsn,. tan
· i:mena como el pan bendito, ha deJado
en torno un reguero de lágrimt·s. y on
au bogar al vacío de ]a mucrtr.
Sobre su tumba brillarán las coionaa
del amor inmortal, y en la ffi(·mol'ia de
los suyos su recuerdo, que sobrevivirá á
la materia.
A. M. DEL VAI.LE.
Obsequio.
uestra mesa de redacción ha sido obsequiada
por el se!ior General D. Guillermo
Quintero Ctt.lderón con un ej€mp1sr
de Jm~ Documentos 'relativos á la
campafla del Gene'r
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 36", -:-, 1896. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687041/), el día 2026-03-25.
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