Directores, RIJ y F AR
SERIE II } Bogotá, Febrero 12 de 1896. { NUMERO 25
LA MUJER
ALEJANDRO A. FLOREZ
En el presente nútnero insertan}
OS la segunda parte de la bellhsima
composición en verso de este conocido
y espiritual poeta: in ti tu lada
Fo1·tuna y glo1·ia.
Nada más ameno y tnoral y que
pueda gustar más á nuestras amables
lectoras, que la expresada
coro posición.
La familia ~~16rez ha sido una
familia de poeta : ha pulsado la
lira que pulsaron Tasso y Goethe,
Byron y Shakespeare, Arboleda y
Gutiérrez González, J ·orge Isaacs
y tantos otros que han sido gloria
de su país.
Los versos de los Flórez, dulces
y sentimentales con1o pocos, . on
sietnpre repetidos y cantados por
el pueblo. Poeta cuyos versos repite
el pueblo, es el verdadero
poeta : es que el eco de sus armonía!
i nunca se pierde en el espacio.
Las perfumadas flores con que
Alejandro, Julio, I.Jeonidas y ~Ianuel
de Jesús han alfombrado
nuestro parnaso, casi siempre se encuentran
humedecidas por lágrimas:
es porque esas flores tamb1én
han tenido espinb.s para punzar su
vida en diferentes ocasiones: en
el mismo dorado cáliz en que han
dado á beber ambrosía, han bebido
ellos el más amargo acíbar de
la vida.
•
Las cornposiciones de los Flórez
tienen que gustar á todo el que
ame un lenguaje surtido de belle·
zas, en donde encuentre pensa·
mientos suaves y delicados, dulce
armonía y poesía verdadera.
Vates incansables que han regado
de rosa u catnino, no han
tenido por premio la suave corona.
que tuerecen.
N APOLEON l Y EL VAPOR
Refiere el Príncipe de 1t1etternich, el
afamado Cancil1er austriaco, que un
día, habiendo e perado yá largos ratos
en la antrsala de Napoleón 1, salió
súbitamente del gabinete imperial un
hombre en cuyo semblante se dibujaban
el desengaño y la desolación.
Introducido Metternich al gabinete,
el Emperador le preguntó:
-¿ Se ha :fijado usted en el hombres
que acaba de salir?
Metternich contestó que ese hombre
había llamado su atención, y Napoleón,
un tanto amostazado, exclamó :
-Eh bien, c'est un fou! (Y bien,
ese individuo es un imbécil). Me acaba
de proponer que utilice el agua hirviendo
para llevar mi armada á Inglaterra
!
El hombre á quien aludia Napoleón 1
y á quien hubía calificado como un
imbécil, no era otro que Roberto Fuiton,
el inventor de la navegación por
medio del vapor, que acababa de aconsejar
al Emperador que llevara sus
ejércitos á las costas de Inglaterra en
buques impelidos por el vapor del
agua .
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA M.
Ahora ae nos ocurre preguntar :
¿ Si Napoleón I, en vez de creer un
imbécil á Fulton, sigue el ejemplo de
Isabel la Católica con el descubridor
de América, cuál seria hoy la suerte
d~ Europa y aun la del mundo entero ?
¿ Hubieran mejorado de cond! i6n
tao toa pais~s cuya situación no es muy
buena, y hubieran mp :ado otros, 6
viceversa ?
Tales preguntas no nos atrevemos a\ .
contestar ; pero si aseguraríamos que
si Napoleón 1 hubiera sido mujer, no
hu hiera considerado á Fui ton como un
imbécil.
FORTUNA Y GLORIA
SEGUNDA PARTE
Versos leídos en el Teatro Municipal de Bogotá, en la noche del 19 de Abril de 1811.
(Consejos á mi querido hermano Joaquín).
o habré de aconsejarte, si á mi vienes,
Que el amor á tu edad fue siempre ciego,
Y de sobra conozco que tú t enes
Alma de luz y corazón de fuego.
N o vayas a creer que mi cabeza
Quiere formar de rimas un concierto;
N ó : tendrá. mi lenguaje la dureza,
' La terrible dureza de lo cierto.
Que otros hablen de César y de Roma,
O uspiws de amor tiernos exhalen,
Y que vistan de luces y de aroma
Pensamientos que en suma poco valen.
¿Quieres cuentos de gualda y amatista,
O quieres que en tu senda no haya abrojos?
Si lo primero, apártarne la vista,
Mas si :¡uieres saber, ábre los ojos.
Si en sueños infantiles aún resbalas
Y aun el pesar tu corazón no agobia,
Has de ver que tu amor tiende sus alas
Volando de tu madre hacia tu novia.
Tú, que tienes tan sólo veinte abriles,
Que es muy poco, no ignoras, por fortuna,
Que novias encontramos siempre á miles,
Pero esposa·~ ___ esposa só1o hay una.
Si posees dinero, bien me explico
Que te cases con una á qui~n le sobre;
Pero escúcha: si acaso no eres rico
Y no quieres llorar, búsca]a pobre.
N o anheles una diosa ó una estrella,
Ni mujeres bajadas de la luna,
Que se ha observado ser mejor aquella
De humilde hogar y de modesta cuna.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA l\IUJER
Ni me hagas burla por tan leve cosa,
Si te digo con críticas de viejo,
Que es muy superficial y vanidosa
La que mucho e mira en el espejo.
La que su gracia en ocuHar se empeña,
Rayos de amor
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 25", -:-, 1896. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687031/), el día 2026-03-24.
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