LA M ER
Directores, RIJ Y F AR-Administrador, ARCESIO ZAMBRANO
SERIE l." ! l3ogotá., Noviembre 13 de 1895.
LA MUJER
NO MERECEMOS
el galante elogio que por el editorial
de nuestro niÍmero 2. 0
, Po1· nuestros
hermano.9 de Cuba, nos dirige El
Heraldo de estB~ ciudad, de fecha 1 O
del presente, pero sí lo agradecemos
en alto grado. Nuestras convicciones
en ese sentido, que son hoy las a~
todo pueblo civilizado, nos mueven á
contribuír con nuestro pequeño óbolo
á una acci6n de deber y de caridad;
por e~o he m o~ excitado Á. nuestras
lectoras para que, ya sen. con sus influencias
ó ya. con EUS limosnas, ayuden
á aliviar la suerte de nuest~os
hermano& que yace:l en ]a. de. gracia.
Conocemos el corazón noble y caritativo
de nuestro bello sexo, y no podemos
dudar de !U aquiescencia á uua.
obra tan digna y generosa.
EL MATRIMONIO EN BOGOTA
(Conclusión).
Y puesto que el hombre tiene necesidad
de afectos y de ternura, i encontrará.
esta sati facci6n en las relaciones
ilícitas 1 Lo dudamos mucho. U na m u·
jer humillada, vergonzante, cuyas cari.
cias se reciben á hurtadillas y á la cual
no puede darse el brazo á la faz del
público: hijos que la sociedad llama
bastardos y que, rechazados probablemente
sin raz6n, pero rechazados siem~
pre, necesitan esfuerzos inauditos de
trabajo y de genio para levantarse i podrán
constituir la dicha? Una. mujer i1i6
cita apareja todos los inconvenientes del
matrimonio y ninguna de sus ventajas.
Fuera de esto no queda sino la poli.
gamia, y todo el mundo sabe que la
poligamia ha embrutecido y degradado
el Oriente.
Los j6venes de Bogotá son demasiado
inteligentes para no conocer estas verdades.
Piensan máti eu el matrimonio
de lo que se figuran las mujeres, y casi
todos los que conocemos desean anclar
en la vicia conyugal. No creemos que
las mujeres opongan mayores inconvenien!
e , y, sin embargo, no hay matrimonws;
porque en una ciudad de sesenta
mil alma~, ( ) doce 6 diez y seis
ca amientos al año entre personas notables,
si uifica casi au~encia del artículo.
La razón exclusiva y única de este fenómeno
social, es la falta de recursos
en el mayor número y el lujo insensato
que se ha introducido bn lascoE:tumbres.
El lujo en Bogotá es, como la hidra de
la fábula, uua especie de monstruo re.
naciente, que rebi te á todos los desengaños
de la experiehcia y á todas las
cargas de la crítica.
Bogotá carece de industria y de movimiento:
sus condiciones econ6mica1:1
son enteramente deRfa.vorables: los objetos
extranjeros cuestan aquí enormemente
y la vida es cPrísima. Agregando
á estas causas naturale~, laR necesidades
facticias que ha introducido la v:¡nida.d,
el necio orgullo y el espíritu de extranjerismo,
resulta que Ja vida en menaje
es muy difícil y el'matrimouio un lujo
que sólo eE.tá al alcance de los ricos.
Seda para todos los días, gorras costo·
sas, cachemira~ magníficas, terciopelo,
diamantes; buenos vinos, caballos de
á. quinientos pesos, muebles de caoba y
de rosa, modas francesa~ y teés ingleses,
son refinamientos muy superiores
á los recursos de Bogotá, y que s61o los
capitalü.tas pueden y suelen pruporcion:
use. Y el mal no está en que éstos
t•) Hoy tiene má.s de ci~a mll·
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA MUJER
gasten lujo,~ lo cual es para ellos casi modestas y sencillas, porque esas no
un deber, si[jo en que los pobres los asustan á nadie l
imiten, ec1ipsándolos muchas veces. La Nuestras bellas elegantes, tal vez
hija de un empleado ostenta joyas y amostazadas leyendo este artículo, dirár.
arrastra seda como la de un capitali ta, con cierta sonrisa desdeñosa: si no se
y la vanidad enloquece á las mujeres casan con nosotras. iqué importa1 tanto
de familias pobres hasta el punto de no peor para ellos. N o es por placer que
t€\meP que el público burl6n busque fuen- nos ocupamos algunas veces en decir
tes deshonrosas á ese lujo incompren- verdades amargas, y sólo la conciencia.
sible. de hacer el bien nos sostiene en esta
El matrimonio con su6l exigencias de ingrata y escabrosa tare&. Diremos sí á
lujo y de vanidad es hoy superior á los las que prefieren el lujo, la ostentación
recursos de las nueve décimas partes de y la coquetería al matrimonio, que el
los j6venes de Bogotá, y aunque hay celibato en los días de la juventud, de
muchos que llevan una vida cómoda de la belleza y de los placeres, pasen ; pesolteros
y tienen posici6n independien. ro cuando los años con sus anexos de
te, no pueden hacer frente al ouligado frío, de soledad y de abandono se vayan
mobiliario y á los mil caprichos ordena- amontonando sobre eHas, cuando no
dos por la moda. Las pobres, que des- tengan padres que las contemplen ni
deñan la muselina y la zaraza, y que admiradores qne las acariciea, el celipor
única dote llevan al matrimonio bato, de ligero y divertido que era annecesidades
exageradas y hábitos costo- tes, tornaráse sombrío y fatigoso. Toda.
sos, asustan al pretendiente más resuel- posición para la mujer, fuera del matri.
to. Las que se llaman ricas en Bogotá, monio, es falsa y precaria. Lg,s más se
salvo echo 6 diez herederas, son, econ6. refugiarán en las iglesias convirtiéndose
micamente hablando, una ruina tambiéP en beat::.Ls insufribles; y las que á favor
cuando no tienen hábitos modestos; puea de un carácter .más elevado aceptan el
enseñadas á vivir con fausto y á satis- celibato con resignación, taLOpoco sal ..
facer costosos caprichos en casa de sus drán muy bien libradas, pues la resig.
padres, los diez, doce 6 veinte mil pesos naci6n ei la desgracia llevada con enque
habrán de tocarles algún día, no terPza, pero siempre es la desgracia.
comp~nsan las angustias y dificultades Ojalá que algunos jóvenes de regular
que el pobre marido sufrirá con los gas- posición se re olvieran á establecerse
tos de representación de una mujer ele- en menaje con mueble~ del país y ajuar
ga.nte y ostentosa. sencillí imo, rompiendo de lleno con
El lujo, pues, perjudica también á las modas francesas y los estilos osten.
las ricas, 6 irremisiblemente condena tosos de la época. Ignoramos en qué
al celibato á las pobres. pueda contribuir para la dicha de los
-i Por qué no te casas 1 decíamos á que realmente se aman, que los espejos 1
un amigo en días pasados· sean más 6 menos grandes y los mue-
-Mucho lo deseo, nos respondi6, pe:o bles de palisandro 6 de nogal.
es imposible. Amalia me encanta, pero ¡ Suprimid la vanidad y queda simpli ..
lleva un tren de princesa: no sabe apun- ficada la vida. Renunciando á pretemiÍotar
unas medias; todo se lo cosen don .. 1 nes de vana ostentación, y á relumbrones
de la madama, y tiene además un co- inútiles, podrá obtenerse lo que reclama
rrespoúsa.l en París para que la mande con má€l crgencia la sociedad bogotana :
hasta las bagatelas más insignificantes. el matrimonio barato.
Su padre tiene cien mil pesos y ocho Y las mujeres, si piensan que con el
hijos, que es un divisor monstruoso. .lujo deslumbran á los hombres y se emE~
a pequeña dote en lontananza no im. bellecen á sus ojos, están altamente
pediría que antes de dos años me arrui- equivocadas. La que es joven y bonita,
nara, cas4.ndome con ella. con un sencillo traje de vaporosa mu-
!Jénticas excusas-nos dan todos los selina y una flor de buen gusto en los
que interrogamos sobre el capítnlo con. cabellos, queda encantadora. Los adoryugal.
r Bienaventuradas las mujeres nos, en vez de poner en relieve la be ...
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
~A MUJE!t
eza la oscurecen y la ahogan. El veraadero
lujo de las mujeres será siem.
pre la. sencillez, el recato, la modestia,
un coraz6n inocente y una vida pura.
EMIH.O KASTOS.
VULGARIDADES
Quien las comete en el teatro 6 en
cualquiera otra reuni6n por el estilo,
no es persona capai' de tratar á una señora
con las atenciones y respeto que
se le deben. No há muchas noches, el
jueves último, en la funci6n de Carnten,
llegaron dos individuos á. un palco de
tercera fila, cuando se estaba en la mi.
tad del primer acto, interrumpiendo
notablemente á los demás que estaban
allí, ya conversándoles, ya haciéndoles
variar sus asientos, ya quitándoles sus
abrigos do donde los habían · colocado,
y, en fin, molesttindo de todas maneras
... y eso que uno de ellos es doctor
y ambos llevaban un gran ramo de flo.
recillas en. el frac.
A e te respecto nos permitimos re.
producir lo siguiente, que dice El Oon
BUeta en su número 45 : .
"VULGARIDADES EN EL TEATRO.
Entrar á ]a platea después de prin~
cipia.do e] acto.
Pisar á los concurrentes é incomo-darlos.
N o saber el argumento.
Preguntárselo al vecino.
Explicárselo sin que se le pregunte.
Pedirle los gemelos.
Llevar el compás.
Tararear las entradas de las cavati-nas,
dúos etc.
Conversar de negocios en voz alta.
Hacer la crítica y decidir ex--cátedra.
Diletantizar.
Dormit::se.
Golpear con Jo¡ bastones para que
levanten el telón.
Aplaudir las fantochadas, los calderones
y los gritos.
Coquetear y darlas de Tenorio.
Manifestar que los actores lucirían
en cualquier teatro europeo.
Salirse antes de terminado el 3rcto,
dando así prueba de mal gusto y de
pocas consideraciones por los artistas.
Obstruír el vestíbulo de la salida ..
CENTRO SOCIAL
Uno nuevo se ha fundado en 'Barranquilla,
formado por un grupo de las
más respetables sefioritas de esa ciudad
é intitulado El Sol de .América. La
Junta Directiva está compuesta así :
Dií~ectora, D." Asunci6n Chollet; Subdirectora,
D.a Carmen Corrales; Se ..
cretaria, D.ll Dionisia Sumosa; Subse ..
creta'ria, D." Almira Manotas, y Tesorera,
D." Teresa Corrales.
Saludamos con entusiasmo á ese grupo
de distinguidas y progresistas sefíoritas,
y tenemos el gusto de ofrecerle las columnas
de nuestro humilde peri6dioo.
1 ---,
lEN QUE CONSISTE ...
que en Bogotá, capital de la República,
ciudatl de más de cien mil almai,
centro de cultura é ilu - tración, de poetas
y literatos, poeti as y escritora. etc.,
no se organizan, como en otras ciudades,
centroR sociales para sefíoras, que
abran camino y formen horizonte á
nuestras Leilas, t:spirituales y talentosas
damasl
LA COQUETA
Merece tal calificativo la señorita.
qne prodiga sus afectos y que acepta.
á Ja vez varios pretendientes.
Tal modo do ser, revela corn.z6n de
escasos y débiles sentimientos, alma.
no bañada en las claras y puras aguas
de la moral, y una educación en ex ..
tremo descuidada.
La mujer está destinada para ser
en el mundo la encarnación de lo
grande : no para ostentar la belleza
física que las enfermedades 6 los años
agostan, sino la belleza. moral que,
como el perfume de las flores, todo lo
aroma.
N o conoce los sublimes encantos
del amor la mujer que no consagra su
corazón á un solo afecto. Prodigar el
tesoro más preciado que se ha concedido
á los mortales, t:quivale á derra ..
mar un riquísimo perfume qne debie-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA MUJER
ra conservarse en copa de diamante,
á sumergir en el fango las más valiosas
perlas.
La mujer que siente brotar, como
luminosa chispa el amor en su cora.
z6n; que aspira á poseer otro coraz6n
que la comprenda, que la ame y . qua
le sirva de compañero en Ja peregri.
naci6n de la existencia, no coronará
su deseo si no sjgue el sendero de la
virtud, y no ciñe su frente con las
flores de la inocencia.
La coquetería, como todo lo que no
inspira la virtud, produce amargas
decepciones. El poseedor de una prenda
fabricada de cobre i será tan iluso
que pretenda se la aprecie como de
oro 1
Si una niña acepta á un mismo
tiempo las pretenciones de dos j6venes
y las corresponde, eR natural comprender
que no estima á ninguno de
los dós, sino que, por el contrario, los
engaña; y el engaño 6 la mala fe son
las peores armlls con que ~e puede
luchar en la vida: tarde 6 temprnno
la sociedad conoce el fondo de los
actos, y discierne á cada cua 1 el premio
6 el castigo que merece.
Se sabe clónde ~e vende la buena.
tela, dice e] provervio ; y 1 a fi 1 oso fía
que encierra este axioma, nunca es
más exacto que cuando se trata de la
mujer. ~i el hombre piensa sériamente 1
en obtener la mano de una señorita.,
es claro que no s61o se limita n ganar
su coraz6n, sino que toma la mayor
suma de informes sobre su conducta,
y es natural que habrá de volverse
atrás si descubre que su proceder no
ha sido absolutamente correcto. N o
existen ya los románticos y soriadores
de otros tiempos. que se enamoraban
a~ la mirada de :fuego de una mujer,
y eso les bastaba para casarse con
ella. !.;os hombres de nuestra época.
estudian más á fondo las prendas mo·
rales de sus prometidas.
Convénzanse, pues, de que la co.
q:1etería, empleada como medio de alcanzar
]a corona de azahares de la
desposada, no produce nunca ese raeultado;
y si se emplea como mero
pasatiempo 6 diyersi6n, sucede que
po.r un goce completamente efímero
se sacrifica el s61ido y durable que da
el cumplimiento del deber.
JESÚs ÜRooÑEz SuÁREz.
RECETA
CONTRA LA HIPOCONDRÍA
Vida honebta y arreglada,
Hacer muy pocos remedios,
Y poner todos los medios
De no alterarse por nada.
La comida moderada,
Ejerbicio y fii versi6n,
No tener aprebensi6n,
Salir al cAmpo algún rato,
Poco encierro, mucho trato,
Y contiuua ocupación.
TEATRO COLON
En el número 1. 0 de nuestro peri6 ...
dico dimos apenas cuenta del Elenco
de la Compañía de Opera, que actualmente
esté\ trabajando en esta cap) tal;
re~ervándonos el dar á nuestras lec ..
toras otros datos, paulatinamente, con.
forme fuéramo~ conociendo los trabajos
de la compañía.
Pretenderemos ser completamente
imparciales y decir ante todo la
vordad. según vayamos observando
las co as, dando nuestra orini6n á.
nuestro humilde moJo ver, sin comtemplaciones
ni alabanzas inmereci.
das de ninguna clase, ni exagerada.
severidad. Servimos al bello sexo, por
consiguiente no debemos ser ni aduladores,
ni mentirosos. ni exagerados.
Por supuesto que al escribir nuestras
revistas lo hacemos con el único objeto
de mantener á nuestras Huscriptoras
a.l corriente de lo que pasa~ sin
pretender, en manera alguna, el darlaB
de críticos.
No pudimos ver el extreno de !a
compañía, que lo hizo con Hernan~;
funci6n que para unos fue un fiasco
y para. otros, una pieza bastante :nal
ejecutada. Creímos que esto hubiera
consistido en que se hizo trabajar á la
compañía á los dos días de llegar á
esta altiplanicie, sin tener en cuenta
el qne debiera habérsela dejado descansar,
después de nn viaje tan largo
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA MUJER . !t
y fatigoso, y hasta que el cor~zón y
pulmones, de personas que acababan
de llegar de tierras bajas, se acostum·
braran á la atmósfera de la gran altura,
á que se encuentra esta ciudad.
La. primera funció!l á Ja que asistimos
fue á Carrnen, una de las 6peras
que más ha gustado al público bogotano
por su exquisita música, ~u variado
canto, , "us hermosos coros, sus
interesantes escenas etc.
La orquesta rompió con la bellísima
introducción que dej6 al público más
que entusiasmado. Conocidas son las
verdaderas dotes del Director, señor
Azzali y los adelantos artísticos
de nuestros músicos.
Levantado el tel6n, en el primer
acto, no pudimos menos de extrañar
el malísimo contral)te que hacían los
vestidos de muy ordinarísimo p~:~rcal
que ostentaban los ejecutantes, en particular
los principales actores, contrasta
que no puede estar de acuerdo
jamá.s con la belleza de un edificio
como ol Teatro Colón, que puede contar
e como uno de los mejores teatros
de Lid-américa; por con iguiente mu.
cho menos para su extr no. Hemos
creído, con toda franqne7-a, que esos
vestidos no son aparentes ui aun para
la más pobre compañía de comediantes
del má. humilde pueblo de la Re.
ptíblica No comprendemos por qué
no se fijaron de antemano los empresarios,
en materia tan importante; y
como no tenemos conocimiento alguno
del contrato celebrado por el Gobie-rno
con el señor Az:lali, no sabemos á
quién echarle la culpa.
lll presentarse, en el expresado
acto, la señora Vicini, tiple Hgero, en
desempeño de su papel de Micaela, con
su bazquiña azul y trenzas sueltas, no
pudimos menos de admirar la elegancia,
gracia y simpaiía de dicha artista.
Por su fina voz, su bello timbre y
su soltura en las modulaciones, nos
pareció una cantatriz bastante buena,
y en cuanto á la parta c6mica bastante
regular porque se posesiona bien
de su papel y demuestra con suficien.
te facilidad los sentimientos y pasione
que en él tiene que desempeñar.
Parece que tiene algo de timidez, cosa,
que abandonará desde el momento en
que conozca petfectamente la benevolencia
y galantería del público bogotano.
La señora Montalcino, M~zzo soprano,
posee, además de su juventud y
belleza fisica, gracia en extremo y
una especial simpatla; su voz es privilegiada.
demuestra que conoce per ...
fectamente la música y el canto; sabe
vestirse y llevar el traje con elegancia
y donaire; en cuanto n ]a parte
cómica, es á veces exagerada, así que
creemos debe fijarse un poco má~i en
este estudio de tánta importancia para
una artista.
Creemos que las señoras Vicini y
Montalcino, pueden, por sus mét·itos
artístico~, hacer parte de una compa.
ñía. de 6pera algo mejor de la que hoy
se encuentra entre nosotros.
(Continuará).
REVISTA DE MODAS
El último número del mejor peri6.
dico de modas que llega á esta ciudad,
dice lo siguiente:
"Para continuar de cribiendo las
grandes líoeas de la moda, diremos
que el vestido p'rince.sa y e1 gabán, serán
nna de las novedades de la esta ..
ci6n. A menudo el vestido de forma
princf\8a se ~bre sobre uno de esos
magnífico bordados, mezclados con
piedras de imitación de un efecto de
riqueza innimitablo. E5tos bordados,
de un precio fabuloso, se colocarán en
tiras formando delantal. Como es natural,
no pueden prodigarse telas tan
caras. Sobre este delantal, el vestido
princesa se abrirá discretamente en
todo su largo d~ adelante; podrá adornarse
el corpiño con canesú 6 con pechera
surtida, y otras muchas com bi·
naciones podrán emplearse con el mismo
éxito, pues }a imaginación puede
tomar gran vuelo ante los esplendores
de tejidos tan fantá ticos y encanta.
dores. El muaré sombreado, brillante
y otros muarés modernos se escogerán
de preferencia para los vestidos de
forma princesa., con los bajos de un
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
30 LA MUJER
ancho razonable y se mantienen recios
con el forro, ]o justo para impedir
que se doblen h&cia adentro. 'l1 odas
las señoras se quejan y están ya
cansadas de esas faldaf::, que es imposible
el recogerlas, que sólo son gt·aciosas
cuando cuelgan todo al rededor
uniformemente, lo cual es imposible
en la calle, sobre todo cuando llueve.
Todas aquéllas á quienes les gusta el
andar, no pueden menos de aborrecer
estas faldas, y sus enemigas forman
una 1egi6n, sobro todo desde que la
Academia. de Medicina ha d~cidido
que una mujer no puede permanecer
delgada, conservar su frescura y hermosura,
sino á condición de andar á
pie varios kil6metros cada mañana.
Luégo i c6mo obedecer á esta prescripción
con un vestido ancho y pesado,
cual son los que se llevan ahora.?
El gabán, paes, será. de riguroso
~n todo este tiempo. El corpiño,
en vez de cortarse de una sola pieza
con el gabán, como se hacía antes,
se cortará y coserá á plano. La
falda del gabán se pegará con un rive.
tito al sesgo. Esto permite colocar bien
el talle y asentarle bien sobre las caderas.
Muchos vestidos se harán tam.
bién de este modo."
(Continuará).
"LA HOJA''
Es el nombre de un nuevo periódico
que ha. comenzado á publicaJ·se en esta
ciudad, y cuyo número 1.0 ha visitado
nuestra oficina.
Larga prosperidad deseamos á ese nue~
'!o cole~a y corresponderemos con gusto
& su canJe.
LA VIRUELA
Contra la viruela hay dos enemigos
capitales: la Higiene y la Caridad.
Donde las autoridades se ponen de
acuerdo con las personas influyentes y
caritativas para atajarla, nunca se extiende
la epidemia.
La historia siguiente me sirve para
afirmar lo que digo.
El que esto escribe vi vía hace- muchos
atíos en el pueblo de X.
Estando unos hermanos en Riosucio
se desarrolló de una manera espantosa
la. llamada de alfumbrilta.
N os vimos en la nece idad de mandar
por ellos á un peón llamado Martín
Gómez, el mejor compañero de viaje
conocido.
Poco después de su regreso con mis
hermanos le atac6 el mal con tánta fu.
rb, que á pesar de las precauciones tomadas
para evitarle el contagio, murió
deshecho y hubo de practicarse un hoyo
al bordo de la cama para darle sepultura.
U na señora Angel de Gómez not6 con
los síntomas al hijo de una criada y
tuvo que despacharlos, aterrada con la
lastimosa muerte del inolvidable Martín.
El nifio mendigó con su manre un
asilo hasta que una viejesita les ampar6
en su pobre albergue: el dormitorio
común era en el zarzo. Pocos días después
el niño sano y salvo acompafíó al
cementerio á. su desdichada protectora,
víctima de la viruela.
¡Dios bendiga la memoria de aquella
ignorada heroína de la caridad!
.Me impresionaron demasiado estos
episodios, y puse en actividad mi escaso
ingenio. para cortar el vuelo del contagio.
Ocurrióseme convocar á una reuni6n
á las personas más notah}eg: como el pá..
rroco, el Ale lde, los ancianos y los acomodados
Improvisé una exhortaci6n, que lo·
gré conmover los ánimos de todos, so.
bre la necesidad de apelar á la~ más
enérgicas disposiciones sobre higiene,
y formar una masa compacta de corazones
unidos por ol noble y benéfico
sentimiento de la caridad, con todos los
individuos v familias atacadas.
Propuse ~y fue aprobada, con unáni.
me aplauso, ]a idea de formar una" co.
misión de Socorros, para aislar un grupo
de ca itas en los arrab~les, ponerlas
en estado de pre tar el servicio para
los enfermos; reunirlos allí á tod
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 4", -:-, 1895. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687011/), el día 2026-03-25.
¡Disfruta más de la BDB!
Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.