UJER
Directores, RIJ Y FAR-Administrador, ARCESIO ZAMBRANO
SEl\lE 1.• í __ _ :BogoU, Noviembre G ele 1895. J NUMERO 2
LA MUJER
POR NUESTROS HERMANOS
DE CUBA
Hemos recibido una circular firmada
por varios ca.ba~eros notabl~s de ~st.a
capital, la cual ttene por ohJe~o sohcl·
tar la cooperación del púbhco para.
reunir fondos y auxiliar á los patriotas
cubanos heridos y enfermos, que en su
lucha por la libertan, han caído agobia.
dos por el peso de la tiranía, y euvuel.
tos en la sangre que, por el cumplimiento
de tan sngrado deber, les han
hethv derramar las armas de sus opresores
·
Nos creemos obligados á cooperar de
cuautos modos nos sea posible para que
se lleve á cabo tan laudable idea, ya
que por hoy no podtmos coadyuvar de
una manera directa á la ju~;ta y santa
causa de los héroes de la Perla do las
Antillas.
Con este motivo, pues, nos permitimos
recordar á nuestras amables lectoras,
los ilustres nombres de Policarpa
Salabarrieta, Antonia Santos, Eusebia
Caicedo, Josefa Baraya., Petronila Lo.
zano y otras, cuyos gloriosos hechos,
frescos siempre en nuestra memoria,
servirán de norma á. todo corazón co.
lombiano.
No dudamos de la buena acogida que
tendrá en nt\estro bello sexo la idea de
los iniciadores de tan generosa obra. - LAS MUJERES
Hé aquí un artículo de primera necesidad,
que e! á la VfZ un artículo de
hijo, como si dijéramos el pan y el coche;
aquello ein lo que DO se puede
-
vivir ; aquello sin lo que no se puede
brillar.
i Qué son las mujeres 1 Todo el mundo
lo sabe, porque es imposible ignorarlo.
Las mujeres son la cara ntitad
rlel género humano.
¡Qué bien dicho está esto l
Cara: he aquí el srtícnlo de lu ·o.
Mitad : esa es la parte indi ~r ensab e
del artículo de primera necesi ad.
'fodo esto puede encerrarse m u y bien
en la exactitud incontestable del siguiente
atsnrdo:
La mujer es un bello adorno que es
ab. .olutamente indispensable para la.
vida de la humanidad.
Por grande qne sea nuestro orgullo,
por indomable que sea nuestra ~oberbia,
no saldremos nunca de esta humillante
definición :
Cada hombre no es más que la ml·
tad de uuo. mujer.
Ellas á lo menos pueuen decir con
cierta. sath,facci6n : cada una de DOS•
otras somos la mitad de un hombre.
Llevando los términos de este pro.
Llema á una solución matemática, venimos
á parar á. un resnltado incontes.
table.
No hay manera de eludir la ingenua.
exactitud de la aritmética.
Si cada hombre es la mitad de una.
mujer, diez hombres reunidos no pud.
den arrojar más que la suma total de
cinco mujeres: si cada mujer tts la mitad
de un hombre, diez mujeres juntas
equivalen á cinco hombres.
O la ciencia de los números es una.
vergonzosa su perch~ría, 6 b que he
dicho no tiene vuelta de hoja.
Consideradas bajo el punto de vista
del 1 ugnr que oc u pa.n e u el orden so.
cial, también es de ellas la ventaja..
Las mujeres marchan delante en to.
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10 LA :MUJER •
dso los movimientos de la humanidad;
pues s6lo así puede verificarse el continuo
fenómeno de que los hombres an.
den siempre detrás de las mujeres.
He presentado una demostraci6n ma.
temática, y acabo de exponer un argumento
arrancado de la historia de todos
los tiempos : ahora voy á valerme de
una obsenación cuya fuerza comprenderán
perfectamente todos los que estén
iniciados en los secretos del comercio.
Yo pregunto: i Hay algo que valga
más que una mujer 1
O de otra manera~ i Hay algo que
cueste más 1
Para amar á un hombre ellas no necesitan
más que contar con su corazón ;
para amar á una mujer, el hombre necesita
contar, ante todo, con su bolsillo.
Para los que no miden por el dinero
el valor de las cosas tengo otra pre.
gunta.
Si las mujeres no valen nada, i por
qué se las guarda tánto 1
Se pierde un horu bre, y como los
agentes de algún tribunal no se tomen
el trabajo de buscarlo, no hay quién se
dedique á averiguar su par~dero.
Parece que no se ha perdido gran
cosa.
Pero se pierde una mujer, y todos
los hombres se dedican á buscarla.
l:'arece que se ha perd 1do el mundo
''Fragilidad, tú tienes nombre de
mujer."
E~to ha dicho un grande h~mbre, sin
caer en la cueuta de que la mujer no
puede ser frági 1 por sí sola.
El gran poetl. inglé- nos ha sorprendido
con un pensamiento que se halla
formulado en todas las lenguas desde
que ha y vasos de cristal, platos de porcelana
y tazas de china.
Todas las cocineras del mundo se
habían anticipado al grande hombre.
Será difícil encontrar una qu <. antes
no hu hiera dicho alguna vez por lo
menos:
" Señora, se han roto seis vaso¡;¡, cinco
platos y dos tazas," en lugar de decir:
'' Sefiora, los bo roto."
El hombre fm rte, inteligente y s4.
bio puede caer diez veces al día ; pero
la mujer deoil, ignorante y tímida, no
puede tropezar ni una v~z en su vida.
Es decir, la piedra no es dura, porque
hay una gota de agua tenaz y continua
que al cabo la rompe.
El hombre no puede resistir á una
mirada cariñosa, ni á una sonrisa afable,
ni ~ una palabra tierna ; pero 1~
mujer es preciso que resista á las miradas,
á las sonrisas, á las palabras, á
las súplicas y á las amenazas. i Se quiere
saber lo que sería un hombre con ..
vertido en mujer 1 Pues véase Jo que
son aquellos á quienes el poder, el talento
6 la riqueza ha rodeado de continuas
adulaciones.
Las hemos de envolver en el humo
de nuestras lisonjas, y no han de tener
vanidacl.
fiamos de abrirle~ los ojos, y no han
de "('" er.
N o las queremos más que hermosas,
y han de querer ellas ser honestas.
L:is empujarnos y no han de caer.
¡ Pobres mujeres! Las hemos prohibido
todos nuestros defectos y además
los suyos.
Otro grande hombre ha dicho q e la
mujer es el bello defecto de la nc. tu.
raleza.
Su belleza consisbe en no ser hombrf's,
y su defecto en ser mujeres.
Acu. o entre el hombre y Joq ángeles
bahía demabiada distancia, y Dios puso
á la mujer.
Obsuv ·n de qné muj e res es de quien
el hombre se queja. Véase cuáles son
para él las inconstantes, las frágiles,
las ingratas, ]as crueles.
El amante se queja de su amada;
el marido de su e5-posa; el libertino do
las quo pierde; el indiferente de todas
aquellas en que puede fijar sus ojos y
comprometer su corazón.
Es decir, que el hombre se queja de
la mujer que ha elegidc) , 6 de aquellas
eutre las que se halla a Glii3 él puede
elecrir.
Parece que en ese IJÚ mero eutt'a te
la bel1a mitad del género humano.
Pero medíte e bien.
Ningún hombre ha elegido á su madre
: todas las madres son buenas ; yo
no conozco á ninguna madre q o
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LA IUJER 11
sea mujer, y apenas hay alguna mujer
que no llegue á ser madre.
· i Qué finge el hombre para conquistar
el cariño de una mujer 1
Amor.
i Qué finge la mujer para esclavizar
al hombre 1
Belleza.
El hombre tiene que valerse de un
sentimiento; á. la mujer le basta un
poco de arte.
. La mujer dice siempre! "M-e ama."
· El hombre no dice más que "Me
gu. ta.''
E noble, dicen ellas, es generoso, es
valiente: qué talento! qué buen co.
raz6n!
Nosotr-os decimos: "Es blanca, es
airosau qué pie! qué ojos1 qué gar.
ganta! ''
Para atraer las mujeres hacia nosotros,
para obtener su confianza, fingimos
virtur:les; ellas, por el contrario,
s~ -c:alen Je las apa iencias de algunos
VlCIOS.
Por r gla general, el bo::nbre aFiela.
v·za á la mujer, convenciéndola de la
profundidad de su cariño, de la inroenilidad
de su ternura ; en una palabra,
haciéndola creer que la am.a..
Por regla general, la mujer ejerce
sobre el hombre el imperio de su ·caprichosa
vol untad, haciéndolo creer que
puede amar á otro.
Si fuera posible penetrar en lo más
rec6ndito del coraz6u de un hombre
enam<>rado, encontraría m os á. menudo á
la vanidad oculta detrás de la pasi6n.
Si fuera posible desc~brir el fondo
del coraz6n de la mujer más frívola,
veríamos el amor oculto detrás de sus
aparentes ligerezas.
El hombre disimula sus defecto3 roo.
ralea, y la mujer sus imperfecciones físiGas.
Ellos seducen por la pasi6n ; ellas
por la coquetería.
Imaginamos dos amantes que tratan
de dominarse mutuamente; que pretenden,
por decirlo así, echa:t el re5to
de sus recíprocas seducciones.
El fatiga su imaginaci6n "Quscando el
medio más eficaz y hace el i ventario
de los recurso posibles.
Riquezas : con esto puede despertar
~u avarioi3. pero no su cariño.
Poder: Con esto se inflamará en su
co>·azcin el fuego del orgullo, y se apagará.
la }pz de su ternura.
Gloria: E.,to le servirá para admirar,
pero no para querer.
Ni riquezas, ni poder, ni gloria: hay
que buscar otro camino.
La imaginaci6n se desespera, batalla
con las sombras del entendimiento,
hierve entre la'\ dificultades que se opo.
nen á su deseo, hasta que al fin salta
un rayo de lm~.
N o e!-.1 una idea, es un sentimiento lo
que lo ilumina.
Necesita una desgracia que consolar,
un sacrificio qu.e hacer, un infortunio
que combatir.
Por ejemplo, hay una casa donde se
alberga una familia pobre: esa familia
se con1pone de tres nifíos, que uno
no ha salido todavía. de la cuna; otro
atín no puodo andar sin el auxilio do
las ma.no ,, y el tercero no se atreve á.
correr in peligro de caer e ; completa
este cuadro, lo único que puede completarlo
: una madre.
De repente la casa es presa de un
incendio: entre el humo que sale por
las ju. turas de las puertas se es~apan
los gritos de la madre desesperada y de
los niños afligidos.
Nadie se atreve á penetrar en aquel
edificio, que respira humo por todas
Ilartes y que cruge devorado por el in.
cendio.
Un hombre se presenta, aparta á la
multitud que le estorba el paso, empuja
Yigorosamente con entram has manos
1~ puerta, que cede, y desaparece detrás
de un torbellino de llamas.
Poco después se abre un balcón. y el
hombre a parece en él con un nifío en
los brazos, y aquel niño se salva; luégo
a parece con otro, y se sal va taro bién ;
luégo aparece con el tercero, y luégo
eon la madTe. ·
A este recurso no hay ooraz6n de
mujer que se reFista; él ha triunfado.
Ella busca á su vez el medio má.s se.
guro de encade.narlo á su cariño, y echa
sus cuentas de este modo :
Inosencia, se fastidiará; recato no le
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1
Ii LA MUJBB
agradaré; amor: si él averigua. lo que
lo quiero i no me olvidará 1
Ni inocencia., ni recato, ni amor: hay
que buscar otro camino.
Esta vez el rayo de luz viene de fuera
y hiere sus ojos después de haberse
rE-flejado en la superficie de un espejo ;
levanta la cabeza, se mira y se sonríe
Trenza sus cabellos con gracia, ajus.
ta su talle, descubre de su garganta lo
necesario para que el deseo adivine lo de.
más ; la mano busca un fondo oscuro
para que se estaquen bien sus bellos
contornos y su limpia blancura; el pie
8e adelanta sobre la alfombra, pequefio
y atrevido.
Ante estos recursos, no hay hombre
que s~ resista; ella también triunfa.
Llega el momento en que se ven ; él
aparece con el cabello chamuscado, RUS
manos están marcadas por el incendio,
y su rostro señalado por el humo ; lo
Kiguen las bendiciones de la multitud
enternecida y la gratitud inmensa y
eterna de una madre.
Ella resplandece con todos su~ encantos.
Se miran, se contemplan y se adivinan.
Ella dice : " ;Qué bueno ! '' y él exclama
: " ¡ Qué bermo a está! "
¡Cuál de los dos es mejor 1
¡Mujeres! sólo llegáis á ser malas
después de haber tratado mucho á
los bom bres.
Para que lleguéis á ser despreciables,
es preciso que empecéis por ser la admiración,
el encanto y la felicidad de
los mismos que os desprecian.
i Cuántas veces la mano del hombre
salva á la mujer de la perdici6n y de
}a ignominia 1
Y rcuántaa veces no nos devuelven
ellas la virtud, la esperanza y la feli.
cidad!
Lo digo con franqueza: yo desearía
ser mujer, si no perdiera, al serlo, el
dulce privilegio de admirarlas y de
quererlas.
JOSÉ SELG.AS.
PENSAMIENTOS.-5i queréis moralizar
la. sociedad y mejorar la educación, formad
las mujeres.
El escollo donde se estrella ]a virtud
de ur.a mujer joven es la vanidad, y el
de una mujer entrada en años, el interés:
debe huírse de uno y otro, pues ambos
acarrean extravío para la mente y amar·
ga hiel para el corazón.
MI GLORIA
Sin cruz no se vence ; sin lucha no hn.y
Grandeza ni cielo ; (gloria.;.
¡Las dichn,s del mundo son flores que viven
Un solo momento 1
La dulce ambrosía que en cáliz dorado
Soñando bebemos,
Amargan las dichas más puras y hermosas
Y el sueño más bello.
La rica coronR. de rosas y lauros
Que amande tejemos,
}Iarchítase apenas del sol del estír,
La hieren los be~os.
J.Ja mú iea dulce que ensayan los labios
Del vil li onjcro
Nos miente ideaJes r¡ue un soplo deshaoo
Del odio 6 del tedio.
Y el mundo quo alfombra. de flores la. vía
Que hollamos hoy ciegos,
De espinas mañana, ang-rienta coron
Quizás nos dé en pr mio.
Sin cruz no so vence; sin hieles ni espinas
No hay gloria., ni hay cielo:
¡Los goces fiel mundo disípanse siempre
Uuai humo en el viento!
¡Gustad los dichosos, placeres sin tasa t
¡ Gustad los &oberbio~
Lisonjas mentidas y aplausos comprados
Al torpe y al necio t
¡Labrad pedestales de mármoles y oro
Los reyes del genio !
¡ Comprad á la fama la voz pregonera
Que es loa en el tiempo !
¡ Bebed en el cáliz del mundo las dichas
Que enlurbia su dedo 1
1 Coronas de un día tejed con sus rosas
Nacidas del cieno I
1 Surcad de los mares las ondas soqoras
Su furia venciendo t
1 Comprad hospedage del genio en la bis-
Con oro ó con hierro I ( toria
¡Barred si sois fuertes,del haz de la. tierra,
'l'iranos y necios I
Ni envidio lisonjas. ni gnsto placeres,
Ni amar a~í quiero:
Mi cuna es la tierra, mi tnmba su polvo,
¡ Mi gloria los cieloiS l
Ju.1:w B. PAsToa AtcAn.'l'.
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LA l1UJE1l 11
NOBLE ACCION
A esa hora opaca en que sin despe.
dirse por completo el día, pero cercana
ya la noche, vuelven las hermosas da·
mas v elegantes ca halle ros del Parque
del Centenario, paseo favorito de Bogotá,
se hallaba una preciosa señorita,
cuyo nombrA ca llamo por no herir su
delicadeza, eu la puerta de su r.asa, despidiéndose
de algunas amigas. A ese
tiempo pasaba por el medio de la calle
un pobre anciano agobiado, hl vez más
por el peso de sus sufrimiento~ que por
el de su avanzada edad, cuando de re- l
pente se le presenta por delante un co- l
che tirado por dos fogosos caballos. N o
tuvo tiempo el postillón para detenerlos,
y ya veíamo al anciano debajo de
la~ carretas, cuando la señorita cou la
velocidad del rayo, y á tiempo que
nuestro hombre tambaleaba para caer,
corre y lo toma del brazo, le evita el
ser extropeado por el vehículo 6 tal vez
la muerte, lo conduce hacia la acera y
en seguida, con esa benevolencia, pro.
pia de la dama bogotana, saca un billete
d.e su bolsillo y lo da de limozna. al
anClan o.
No podemos describir lo que sentimos
en esos momentos. Casi nos provocaba
postrarnos á los pies de tan digna
sefiorite.. Averiguamos su nombre y
su familia, y un rato después, acampafiados
de ua. amigo, entramos á la casa
para felicitarla por tan noble cuanto
caritativa acción. Nos recibi6 con la
mayor benevolencia y la más exqui ita
galantería y nos suplicó no hiciéramos
público su acto generoso, á lo que no
pudimos convenir.
·· Esta sefiorita es descendiente de un
prócer de la Independencia. N o niega,
pues, su sangre. Sentimos que las columnas
de nuestro periódico no se puedan
honrar publicando el nombre de la
heroína.
EL MATRIMONIO
EN INGLATERRA
Los ingleses necesitan una práctica
má3 lenta y un ejercicio más prolongado
que los naturales de otros países,
para poder entrar de lleno en las ma-nifestaciones
y procodimi t' ntos naturales
de la vida. Su concepcit'íu es penosa,
aunque segura ; y de aquí los di fe.
rentes trattrlos y guías que se les reco.
mienda en los actos más sencillo~ y en
los hechos más vulgares de la existencia.
Hace tiempo que un editor puhlic6
una guía dando reglas para buscar novia
y Cf\, :use, reglas aju tadas perf~ct~mente
á los usos y co tnmbres de la Nac;ón.
Varios de sus capltulos están causagrados
á los signi!'!ntes temas: manera
de eucontrar novia; primeros coqueteos;
conducta que debe seguir el pretendieute
con los parioutes de su ado.
rada; la que é ta lm de observar durante
el gi\lanteo; rPgalo ; la primera
decla.racióu; cond uct1 cba1ero, ~on
el objeto de evitar dt}Scuidos peligrosos.
· La víspera de la bola envh la novh
á las que han de sor sus com pañe~;as en
tan dulce tn~nce, guantes blancos ata·
dos con cit:Jtas rlt~l mi . m<> color; ignal.
mente procede el novio con lo .o; que han
de ser sus acompaffiutes.
Parte del bizcocho, 6 pnn llamado de
boda, es cortado en pE~quf'fios pedazo'l.
que uno por uno van pas ndo por el
anillo uu cial. Luégo IíatJ estos peda.
citos en elegante papel color de rosa 6
blanco, y se atan con lazos de papel
de plata. .
El novio entrega una 1 ista brides
maitl.<; para q•1e conviden á las persona.
s qq,e sean de u gu to.
En l~ ,ma.fian~ de .la boda se dirig ,
la reumnn á la Igle ·¡a. por e. te ordf'n :
en el pri·ner co<:he van la principal
brideB•r,aid, y el principal a.compañ m.
te; en el segundo otra bridesma'id y
]a madre del novio: lo-3 demás carrua.
jes .conducen, e~ resto de compañeros y
amigos; el ultimo lleva á la novia y á
su padre.
La novia viste de blanco y el novio
de levita. E-,te se adelaota y reciba á
su prometida en la sacri tía..
Generalmente el padre de la novia
se encarga de conducirla al altar seguirla
inmediatameote por toda~ las
bridesmaids formando un conjunto pin.
toresco y encantador.
El novio espera al pie del altar, ro.
deado de sus com pR-ñeros. la llegada de
la novia, y en seguida tiane 1 ugar la
ceremonia, según el rito de la religi6n
á que pert~nect-n.
Hay reglas fijas para la colocaci6n
de los convidados, para la manera de
andar, para el tono en que ha de pro·
nunciar el si quiero y para la mayor 6
menor emoción que decentemente han
de manifestar desposados, parientes y
eonvidados.
. L'l novia h~ de ruborizarse; es de
ngor.
D3 vnelt!\ al hogar van los des::>osados
en el primer carruaje; el padre y
la madre les si~uen en otro, y los demás
regresan sin orden de etiqueta y
como mejor pueden.
Al servir. e el almuerzo toman asien.
to los recicn casados en el lado central
de la mesa y en frente del pan de
boda.
Eo el lado opuesto se sienta. el sacerdote
que deba benrlecir la unión.
El padre y la madre de la desposada
ot:upan respectivameute los ext~ e-
In O!:!.
L~s bridfsmaids cortan el pan d 1
boda en pequeños pe ~ azoe:;, los cnales
nadie toca h· ta llegado el momento de
que brinde por la novia el amigo má3
autiguo de la fa.milw. del novio
El esposo da ]a· gracias en su nombre
y en el de su cara mitarl.
Dos horas de pué , la. principal bridesmrti(
ls se lleve. sigilosamente á la
c.le.'posada, lo cual sirve de eñal ó indirecta,
para que e retiren las sefforas
y para qne el nuevo e poso se Jespida
m~lancólicamente y con cierto decoro
de sus amigos.
En las bodas elegantes los desposa·
dod no asi ten al almuerzo, siuo que
desaparecen a í que bau participado de
un 1 ig ro refre co.
Y dice el reglamento: la desposada
debe de1 rL> ml-r algunas lágrimas naturales
al dejar la casa paterna; los criados
han de fentirse conmovidos al ver
alejarse á. la señorita; ha de sollozar
la m.::lmá, y el padre ha de reprimir un
su ruo.
Por último, la desposada se arroja
en braz.os de la. madre, que haciendo un
heroico esfuerzo, la traspasa y coloca
en los del venturoso marilo.
Suena el cha ·qnido de un látigo, se
abre la portezuela de un coche, y .•. feliz
viaje!
La guía 6 reglamento explica así
mismo lo que deben hacer los recién
casados cuando llegan á la primera
fonda, 6 sea á la primera estación de
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LA MUJER 15
su luna de miel; es dPcir, la oeRposa. '1 TEATRO MUNICIPAL
da se retira á su hab:baci6?, Y así que El miércoles de la sem~na próxima
ha vestido un elegante tr11Je de noche, pasada, pu 8 r, en E'F"Cenu. ]a compañía
envía á su rnariJo un ree:.uJo, por con- Azw~aa. Ell!ludo Go·rd·i11no del gr~n
dueto de la donceJJa, informándole de ~urort--dramático St-'liés. La representaque
ya e tá en di. posición de ponerse á ci0n de tan msguífico drama ebtuvo á
sus pié~:i y ofrecerle sus respetos. la altura de 1~ compañía. N o .s~ ,puede
No puede Jarse mayor finura. . exigir más. y aunque no qms1eramos
Hay otras reglas acerca del traJe nombrar á nivguno de !os actores en
que han de u~ar los dPspos~dos ~urante particular, por lo muy bien que reprela
luna de rn¡el ({n E"pana es e~te lo sentaron Rus papeles, porque todos lo
más encillo y desahogado que se. ~o- hicieron á cual mfjor, y pudiera verse
noce ), y sobre otros asuntos tan tn VIa- en ello parcialidad, no podemos men?s
les como inocentes. . oe nombrar á la sEñorita dofia Rt-fugiO
Al mes del viaje regresa el matn- A:tmaga que t'n su papel de Maria esmonio
á su ca8a, y veEtida la desposada tuvo admirable. No nos gustan loa
con el traje de boda, y así tida por las dramas porque quPromos ir al teatro á
b1·idesmaids, recibe ()olemlJemeute, Y á divertirnos y no á llorar, pero el drama
manera de corte, las vi~ itas de todo~ los en cuestión tiPne que gnF-tar á toJo el
que han recibido el p~rte de la ordma. que ame la bellt-za ~el J nguaje, la.
ria y feliz concu~rencta. . ~ abundancia de pens, mamtos dehcados
Las brides1na~ds obsequian a los pre- y profundos, y la verdadera. poesía; y
sen tes con vino y pan de boda, Y de mucho má fli la. repre. entac1ón de la
nuevo se brinda á la salud de la esposa. pieza se hace tsn bien como en esa
La recepci6n tiene lugar durante tres noche lo hicieron lo actores. Hé aquí
días. ~Jgo de lo que algún 5ran crítico escri-
La recien casada, egún reglHmento, be sobre ese gran drama:
no ha de mostrar mucha E-Xpausión ui ............ "El público, el gran pú-gran
afecto á las personas que le vi i- blico de IJUe. tro teatro,., y de nuestras
ten, y el mar ido ha de observa~ una bibliotecas (puramente metufóricas),
actitud digna y TP. ·ervada, á ~emeJanza me refiero, en fin, á )a gente que lee,
de] héroe que acaba de dar cuna á una admira y ama con predilección los cagrave
y trascendental empresa. racteres heroicos; la energía empleada
Las reg~as y consejos que después de contra la fuerza •impue ·ta, le parE>ce, y
esto se dan á los retien casados, f'On es en efecto, el más alto sublime.
muy dignos de la mort1l y df.:l la higie- P~ro es claro que en nuestros días no
ne, mas no es de nuestro prop6sito el pueds emplearse tal energía, ní en la
entrar en este terreno; basta lo ex- vida ni en el arte, matantio. múros 6
pueétO, subiéndosela á las barbas al gran Aga.
MOSEN LOREA.
PESAME
Por un olvido en la imprenta en donde
Be ed · ta este periódico. no se publicó en
el número anterior nuestra manife tació
e <1 profunda condolencia. dirigida al
señor doctor D. Jnan David Herrt:ra y
señora, por la muerte de una de sus hijas,
la señorita Isabel. Salvamos hoy este
olvido involuntario enviándoles por medio
de las presentes líneas, nuest.ro sentido
ésame y nuestra, excusa.
;;
meJJÓn 6 al valeroso Alfonso VI; hay
que recnr ir á otros elementos; hay
que luchar, por ejemplo, cont.ra la
fuerza, también bruta y tiránica, de
las ideas impuestas, de los dogmas
fríos, de piedra, qne caen sobre la concienda
como aquella Josa que para
siempre cerraba la necrópolis de Egipto.
El sefior Sellés ha tomado por este
camino ; ha ene. '"nado en su protagonista
Carlos, el valor y la deci i6n con
que puede contar la. honra<.lez en frente
de la tiranía anónima de ideas y
costumbres impuestas. Todo el cúmulo
de creencias, actos, consumad os, ..,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
16
algo de adaptación que hay en la vida
e~piritual, todo eE
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 2", -:-, 1895. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687009/), el día 2026-03-24.
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