ORGANO DE LOS MAESTROS , ..
Dirección y ~Directores, B. Arciniegas,]. T. Martinez
Administracion: Redactores,
Carrera 4~, No. 201 Carlos]. Martínez, Ismael Rom~ro
Administrador:
Anibal Nieto
SERIE li 1 BOGOTA, SEPTIEMBRE DE 1924 1 NUMERO x4
L Misión Ped , . gog1ca
Grato nos es presentar desde las páginas de esta Revista
atento saludo de bienvenida a los distinguidos miembros de la
Misión Pedagógica que el Gobierno de la República ha hecho
venir de la culta Alemania para ímpu'sar y mejorar el ramo de
nuestra educación nacional. Hace ya algunos días se honra nuestra
capital con la presencia óe tan distinguidos huéspedes, cuyos
nombres, no t>bstante la diferencia de len~ua, comienzan a
ser familiares entre los que se interesan por nuestro adelanto
educacionista.
jefe de la misión es el señor Anton Eitel, oriundo de Dusseldorf,
quien después de haber hech'l estudios en varias universidades
europeas, visitó las principal~s naciones del Viejo
l'v\undo y se consagró al profesorado en varios centros universitarios
de su pais, Tenía a su cargo la cátedra de Historia en
Friburgo, cuando fue contratado por líuestro Gobierno.
Los otros dos miembros de la misión son los sefíores K. Decker
y C. Glockner. El señor Decker, después de hab~r hecho estudios
en Alemania, en Inglaterra y en Francia, regentaba últimamente
un colegio en su patria. Y el señor Glockner, natural de
Francfort sobrt el Main, e~tl:ldirmales.
~o podemcs negar que en lsible por
co)ocarla a la altura de las de los países más adelantados de
Europa, pero a pesar de los esfuerzós de su muy compete~te
Director, todavía falta mucho por h3cer res pe . to d~ !0 que el
país exige y necesita.
Con razón ha dicho el ilustre Profesor suizo, Francois Guex:
.Sin perfeccionar la instrucción de los maestros no puede mejorarse
la ensenanza. Todas las leyes. aunque estén concebidas
en e1 espíritu más elevado, más liberal, mas desinteresado; todos
los reglamentos, aun los más perfectos; todos los programas,
hasta los más ricos y mejor ordenados, no son, viéndolo
bien. sino datos o suenas hasta el dia en que todo esto sea
aplicado por m:u:stros cap.aces, Las instituciones valen ff) que
valen lo hombres que las practican. Las escuelas valdrán lo
que valgan los maestros. Por ello la formación, la educación
de los maestros es la primera y más importante tarea de la
organización escolar.:.
Por fortuna se están dando pfisos decisiV '1S en materfa de
instrucción pública y los hombres dirigentes det pais desean
marcar e1 principio de una era de renovación a ejemplo de
las naciones cultas y para satisfacer las justas aspiraciones de
los colombianos.
Nos referimos de manera espeda' a fa :formación de buenos
maestros en el sentido de darles una preparación técnica ~n et
conocimiento del sér sobre que van a obrar, no olvidando que
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LA ACCION ESCOLAR 103
la misi ·ón del maestro no es simplemente transmitir conocimientos
elementales a sus alumnos, su misión tiene fines más altos
y más científicos: encarrilar 1;.; juventud de acuerdo ccn las
necesidades y exigencias de las sociedades modernas.
Comfl JJri'llera necesidad creemos que debe reform&rse el Reglamento
de las Escuelas Normales en el sentido de exigir una
mayor preparación en los alumnos y alumnas que asoiren a
cursar en dichos establecimientos porque como hoy está, basta
saber leer y escribir medianamente, tener algunas nociones
elementales de Aritmética, ~eligión, Historia y Geografía patrias
para ser admitidos en el concurso de becas oficiales, y es
natural que con esta prep;uacion tan deficiente no puedan en
cuatro o cinco aftos que allí permanec~n. sino saborear por encima
lo que en nu~stra legislación escotar se llama bachillerato,
sin penetrar en los camp1s de la P~icologfa y de la Sociología
tan necesarios & todo · nstitutor; que se extiendan sus estudios
a todo aquello que lo ennoblezca y dignifique para tener verdadera
autoridad científica y moral no só'o ante sus discípulos
sino ante la sociedad en que te toque actuar; sólo asf se eleva·
rá la profesión docente y se evitará que se convierta, como
por desgracia sucede entre nosotros, en ramo de beneficencia
sometida a bajas intrigas. .
La formación del caracter y dignidád dd institutor es, si se
quiere, la reforma más im;>ortant~ que se debe iniciar en 1as
Escuelas Normales; triste es confesarlo pero más del 50 por
tOO de los maestros que dirigen lac; escuelas públicas, es decir,
los que tienen en sus manos la for:nació!l de las nuevas
generaciones, no son sino usurpadores de Ja noble misión, elemento&
pasivos a órdenes del que más los intimide y por con.
siguiente en incapacidad de cu~l'.)uier iniciativa en provecho
del Ramo. Y si es verdad, como lo es, que el joven será Jo
que fue su maestro, qué ciudadan0s seran l'.>s de mañana? ....
El establecimiento Je los Kinder;,arfen anexos a las Normales,
pues será muy costoso establecerlos en todas las poblaciones,
junto con las escuelas de aplicación en todos sus grados,
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. ,
104 LA ACClON ESCOLAR
contribuiri an a formar maestros verdaderamente prácticos y
capaces de dirigir en cualquier parte Ja educación primaria en
sus diferentes perlodos.
Otra medida tendiente a la dignificación del Magisterio, que
quisiéramos ver implantada en nuestras Normales, es la que
existe en Suiza y que consiste en que los diplomas de grado
de maestros se expiden en caracter condicional y solamente
después de dos anos de practicar en una de las escuelas públicas
del Cantón o del País y según las aptitudes y entusiasmo
que manifiesten para la enseñanza, se les ractifica el grado y se
le dá el caracter oficial.
En Estados Unidos es toda 'lía más rígida esta medida: el
día que el maestro termina sus estudios reglamentarios en la
Escueta Normal se le acredita con el di ploma oficial pero queda
con la obligación de refrendarlo cada dos anos Pr término el bien de la comunidad. Luego es
útil.
Es justa
De las anteriores reflexiones relativas a la utilida 1 de la
Ordenanza número 18 de 1916, podemos can fundamento deducir
la justicia de la misma disposición, ya se consideren sus
efectos en cada una de las varias unidades del organismo educador
o ya se contemplen ellos en el conjunto del personal
administrativo y docente ~el ramo. Y bien sabemos cuan digna
de acatamiento es la virtud de la justicia, sin cuya práctica
(1) G. Emerson.-E/ Maestro dt! ~scuela.
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l~s relaciones humanas se hacen imposibles y el progreso no
es más ' que 'un nombre sin sentido.
Efectivamente esta ordenanza con los di versos ejerc1c1os
que pre~cribe, no sólo impone el adelanto del saber profesio-
~nal, sino que demuestra claramente esa misma capacidad en cada
uno de los individuos que en una u otra forma colaboran
en la_ e4u'cación; y logra asf distribuir proporcionalmente entre
los mismos las ve~tajas y las cargas, los derechos y deberes.
Porque es injusto y por consiguiente co:ttrario al verdadero
progreso de la educación pública elegir el personal docente y
administrativo del ramo sin más criterio que la intriga, cuyo
poder, según todos sabemos, es inversamente proporcional al
mérito de la persona que la ejerce; y porque es inicuo lo que
ha sucedido entre nosotros, que un director de Escuela Normal,
, de honorabilidad y ~ompetencia reconocidas, haya terminado
sus días, víctima de inmisericorde cadena de intrigas, de director
de una escuela rural; o que individuos de impreparación
~ manifiesta hayan alcanzado altas posiciones en un servicio ~on
siderado por todos como el factor principal del porvenir patrio.
Ahora, si el orden es la disposición de las cosas semejantes
o de semejantes, IJOr la cual cada una ocupa su lugar, se ..
gún ensena San Agustín, al hacer que todas las unidades racionales
que son causa eficiente de la educación, ocupen el
puesto que les corresponde en la tarea educativa, se habrá da·
do al todo la ordenación indispensable para el cumplimiento de
su fin, con lo cual se corregirá el concepto inJusto que del magisterio
se tiene al considerarlo en sus relaciones con la vida
nacional. Sabemos, en efecto, que los colombianos, al inquirir
la causa principal de las desgracias que han sobrevenido a la
República casi desde su nacimiento, no creen, como algunos
compatriotas, que el estancamiento del progreso nacional se deba
atribuir a determinados gobernantes, o a· los desaciertos de
los partidos políticos, en que como es natural, ha venido dividida
la sociedad colombianéi; sino ·que con fundamento aparente
hacen pesar tan grave responsabilidad sobre aquellos a
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LA ACCION ESCOLAR • 113
quienes se confió el desarrollo metódico de la nifiez, la forma·
ción de la juventud y recibieron de los padres de la patria,
el gloriosa encargo de modelar el alma nacional. Contra tal
creencia no vale objetarles que el Magisterio es labor humilde,
mirada en poco por la socieded, atormentada siempre por los
funcionarios públicos de menor categoría, descuidada o mal interpretada
por el Estado, befada de contínuo por la ignorancia;
y que. por lo mismo, a obreros tan oscuros como son los maestros,
en ningún caso corresponde tamafta responsabilidad ante
la historia. Cómo, nos responden, pueden quejarse los maestros
de sus desventuras, si ellos mismos se han empenado en
prostergar su apostolado y si han sido incapaces de infundir
en el alma del nifio la alteza y dignidad de su misi6n? Acaso
el institutor no prepara en el recinto de la escuela los miembros
futuros de la sociedad, los empl ados públicos con quienes
ha de rozarse posteriorme(lte, los hombres que regirán los
destinos del p~ís; acaso no debe ser él mismo antorcha poderosa
ante la cual tiemble y desaparezca la ignorancia?
Con todo si es verdad que el fruto es semejante a la simient
~ y que en buena lógica nunca debe tomarse el efecto por fa
causa, es también evidente que hacer responsables a los institutores
porque el desorden antes serialado ha impedido a la educación
a1canzar exactamente su fin, sería tan injusto como repudiar
una valiosa maquinaria por et dafto jde unas pocas piezas,
o por la impotencia del motor.
• Es posible
La pasibilidad de esta ordenanza queda establecida desde
luego que las obJigaciones que ella impone no tienen nada de
onerosas y, antes bien, los derechos que ella otorga al Magisterio
son de altísimo valor para el cumplimiento de su noble
misión; y desde el momento mismo en que, como Jo demostró el
doctor Roberto Cortázar, siendo Director General de Instrucción
Pública de Cundlnarnarca, su práctica no ofrece dificultad
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114 • LA ACCION ESCOLAR
ninguna y sí grandes ventajas para el ramo. Este funcionario
por medio de los decretos números 69 y 103 de 1916 y de
la resolución número 19 del mismo añ~ logró reglamentaria y
obtener un éxito completo en su reaJi¿ación con un gasto de
dos mil novecientos ochenta y dos pesos cuarenta centavos, para
viáticos de los maestros, no obstante la difícil situación fisCál
porque entonces atravesaba el Departamento. Con orden,
buena voluntad y entusiasmo se va muy lejos en estas empresas.
Es adecua(la
De todas estas consideraciones y del hecho mismo de no
' haber presentado la ordenanza dificultades invencibles en su
aplicación y sí haber dacjo excelentes resultados p:¡ra la educa4
ción, podemos colegir que ella es adecua da al estado de nues •
tra institución administrativa y docente y a nuestro medio ambiente
flsico y social, cualidad contra la cual cpecao a menudo,
según dice Monsefior Carrasquilla, las leyes de países nuevos
qtre pretenden copiar servilmente lo que s e estila en naciones
más antiguas, civilizadas y pervertidas. Quedan entonces
la'1 nacionalidades jqvenes como nitlo vestido con ropa de hombre
adulto: como David con la armadura de Saúl•. (1)
Para terminar e3te anátis is copiamos en seguida algunos
párrafos del escrito que en 1921 nos dirigio el director (2) de
una de las escuetas de esta ciudad y que corroboran nuestras •
apreciaciones sobre la citada Ordenanza;
«Ocupaba el puesto de Director General de lnstrncción Pú·
blica en Cundinamarca el Dr. Roberto Cortázar, quien se apresuró
a llevar a la ~ráctica las disposiciones del legislador y dió las órdenes
del caso a sus tenientes los inspectores provinciales. Esta
disposición fue para el magisterio un repique de gloria -que
( r) Ensayo sobre la lJoctrina Liberal
(2 ) Señor Edmundo V1lar , actual lnspecter ECJcolar Provincial en Cundioa ~
n:arca.
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LA ACCION ESCOLAR 115
.. anunciab.a la resurección del magisterio en Cundinamarca, aun·
que para los profundamente ignorantes era tal repique un golpear
fúnebre que les anunciaba la terminación de su rE'inado. Vimos
entonces a varios maestros e inspectores provinciales con·
sultando el diccionario para saber qué se entendía por liceos y
qué significaba pedagdgicos. Los inspectores andaban en carre·
ras 3VerigUando que tema~ prácticos podían someter al desarrollo
de sus maestros, y éstos a su vez, hadan viaje apresurado
a esta ciudad para proveerse de obras que trataran sobre
psicología, fisiologra, didáctica, régimen escolar, táctica y educación
física. El personal dócente se entregó al estudio lleno
de esperanza. Los mejores autores eran consultados con avidez.
Las obras de los pedagogos colombianos andaban de mano en
mano. El Padre Ruiz Amado, dofta Concepción Arenal y la
doctora Montessori eran buscados con sumo interés. Fue un
éxito de librería y también de meditación. Los maestros iban
adquiriendo una noción clara de su propio valer y cumplian sus
deberes de manera consciente. Entre ellos se departía sobre
doctrinas y leyes psicológicas y se analizaban las disposiciones
administrativas. Esto obligaba a los inspectores a estudiar.
Con cuánta nitidez conservamos en la mente el recuerdo de
los días de actividad pedagó~ica que produjo el artículo tercero.
Cada provincia escolar se trocó en una escuela n~rmal,
cada maestro en .un alumno y cada inspector provincial en un
rector. Desorientados sobre la forma en que deberian desarro·
llars~ Jos trabajos, iban lleg:¡ndo a la cabecera de la provincia
los maestros, pero todos con algún acopio de conocimientos
que se habían adquirido o se habían recordado con los últimos
estudios efectuados para el conveniente desarrollo de los tema3
y todos plenos de entusiasmo. Fue algo superior a los medios
de descripción contemplar la apertura de las asambleas 1e maestros;
cada día se indicaban los ptJntos de las lecciones que de-
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116 LA ACCION ESCOLAR
bían dictarse al siguiente. Cada maestro se entregaba al t abajo
de prtparar sus lecciones con el entusiasmo que es de suponerse
en quien aspira a ser el primero entre sus colegas, a
sorprender por el acierto en el empleo de los métodos, por el
buen empleo de los procedimientos y formas, y aún por descubrir
nuevos medios para la trasn1isión de la ensenanza. Las
buenas lecciones servían para instruir a todos y los errores
ajenos nos permitían evitar escollos en los cuales podíamos en-callar.
Los buenos maestros se hacían óptimos, los regulares
buenos, y los malos regulares. S
Citación recomendada (normas APA)
"La Acción Escolar: órgano de los maestros - N. 14", -:-, 1924. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686989/), el día 2026-04-03.
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