.la . fteeión fseolar
____ .... ~ .. Organo de los Maestros
Dirección y
A dminist,raci6n:
Carrera 41!-, N9 201
¡ 1 SERIE I
-------- Direc t ores: B .• rcinie ·ras J . J Mar~inez
Reda ctores: J. Hipólito Salgado (jete¡
An1ba.l Nieto, Carlos J. Ma.rt.1nez
BOGOT A. DICIEMBRE DE 1Q23
Administrador:
Manuel J. Her·
nández
NUMERO 5
~============================================~~
Lo que
Biblioteca
significa la
de 1 os M a estros
Dice el ilustre escritor José Ingenieros que "el ideal es un gesto del
espíritu hacia alguna perfección". In a ugurada la Biblioteca de los Maestros,
al calor del entusiasmo y en el alma la infinita satisfacción de ver
recompensado el primer esfuerzo~ no quiere esto dl·cir que se hayan realizado
nuestras aspiraciones; hay sed de perfeccionamiento . Vive el ideal.
No es un montón de libros p Ha formar qu¡zá un detalle que compl
emente el decorado del hermo3o edificio de las Nieves, sino queremos
que sea una fuente viva como aqu el!a de Betaida, de los tiempos del
Divino Maestro, cuyos pórticos se hallaban con tinuamente repletos de
ciegos y de cojos, ansiosos de vida y de salud. No ha de ser tampoco
la Biblioteca de los Maes·ros una ost entación de vanidad, de aquella
\anidad pedante del que todo lo puede sino una luz que convide
al estudio de l os grandes problemas que sobre Instrucción Pública, desde
hace muchos lustros, reclama el país.
Hay en nuestra raza, un fenómeno que francamente desconcierta y
abate; de él han hablado los atentos observactores de los pueblos y nos
lo muestran, con sus enormes garras de monstruo, precisamente cuando
se realiza alguna obra de progr so, o cuando el ideal se destaca más vivo
en el espíritu, parece como una enfermedad de la voluntad, que acabara
de un solo golpe las más caras a~píraciones; este fenómeno apellidado
inconstancia, significa una flojedad del espíritu, es sign de mediocridad,
señal de evidente incapacidad para multiplicar los esfuerzos
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130 LA ACCION ESCOLAR
hasta llegar a la cumbre, abandono imperdonable de los ideales, por miedo
a los obstáculos o por conformidad con las pequeñas victorias. No
quiere esto decir que hasta el cuerpo docente haya llegado siquiera amenazante
sino que debemos estar prevenidos y armados para combatirlo
y destruirlo.
Pero necesitamos que todos aquel1os, en quienes haya una noble
aspiración, en bien de la instrucción popular, presten un franco apoyo a
esta obra, que si accidentalmente la llamamos nuéstra, ~está destinada
para los hijos del pueblo porque ellos son quienes directamente la
aprovechan.
Es necesario, si queremos hacer patria, levantar las obras de la Instrucción
Pública y la Instrucción Pública misma, a un plano a donde no
lleguen los prejuicios del medio, ni las tendencias personales de los
hombres.
Debemos hacer de la Instrucción una bandera blanca, una gran bandera
para levantarla muy alto, que sea como la redención de la raza y
el símbolo del trabajo y prosperidad nacionales.
La Biblioteca, este primer jalón de nuestras aspiraciones, significa
deseo de progreso, inquietud constante por alcanzar esa luz que ha de
iluminar las mentes de las generaciones que se nos confían, y ella ha de
llevarnos a la organización de las conferencias de propaganda, a las excursiones
escolares, a los museos, a pedir l3s escuelas de anormales, a
hacer más eficiente el servicio méqico escolar, a conocer las delicadas
complicaciones del alma de los niños y al estudio de los muchos y complicados
problemas que sobre educación hoy conmueven al mundo.
Del Instituto Montessoriano
Para señoritas y niñas
(CALLE 13 NU lv\ERO 60).
Atendiendo a la galante invitación de la señora Sofía Quijano de
Ayram, Directora del establecimiento, una comisión de nLa Acción Escolar"
tuvo el honor de asistir a la sesión solemne y clausura de estudios
que el Plantel llevó a efecto en el salón del Cinerama el día 28 de noviembre.
Causó admiración tanto la acertada escogencia como la perfecta ejecución
de cada uno de los números de tan simpática velada, poniendo de manifiesto
que en este establecimiento verdaderamente se educa y se instruye.
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LA ACCION ESCOLAR 131
.la 8ibUoteea de los Maestros
y la reforma instruccionista
Discurso Inaugural
pronunciado por el Sr. Dr. Carlos Alberto Lleras
Acosta en la tarde del 25 de noviembre en el Edificio
Escolar de la calle 20.
Excelentísimo señor Presidente de la República.
Excelentísimo señor Nuncio Apostólico.
Ilustrísimo y Reverendísimo señor Arzobispo.
Señor Ministro de Instrucción Pública.
Señor Gobernador del Departamento.
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132 LA ACCION ESCOLAR
Señoritas y señores Maestros.
Señoras y Señores:
Por noble y generosa iniciativa del gremio de maestros de esta capital,
n s hallamos reunidos en este augusto santuario de la intigencia,
hogar de la infancia desvalida, laboratorio de la patria, para celebrar
un acontecimiento que, en sí mismo y en las circunstancias de lugar y de
~i empo en que se efectúa, es y será de gran trascendencia para la religión
y para la República.
Y así lo han estimado, en mí humilde entender, la una y la otra. La
religión, porque aparte de que es un sacerdote e·l encargado por vosotros
de poner de relieve a vuestros oj s la idea noble y generosa que
entraña este acto solemne, se hallan aquí los más altos representantes
de la lglesia en Colombia: el Excelentísimo señor Nuncio Apostólico
de su Santidad, partidario como el que más de cuanto signifique adelanto
y progreso en la Instrucción pública, y el ilustre Arzobispo que ha de
reemplazar al venerable anciano a quie11 la instrucción popular es deudora
de innegables progresos, y con él sacerdotes y miembros de comunidades
religiosas, que comparten con nosotros las fatigas del combate
y los laureles del triunfo.
Y también la patria, porque veo aquí al Magi&frado integérrimo y
progresista que labra la grandeza de ella sobre bases inconmovibles de
honradez diamantina, de acertada administr2ción de los caudales públicos,
de sabia escogen da de colaboradores y de una concordia que,
sin sacrificar principios religio ·os ni car s -= inpresindibles ideales políticos,
ha tratado y trata de extin g u·r los. odios entre hermanos y de
reunir en un solo haz las fuerzas vivas para ponerlas al servicio de la
nación; la patria personificada en el gobierno que ha proclamado e iniciado
una reforma saludable que el país reclama y las circunstancias
exigen; reforma que sacuda el marasmo indolente en que dormitan individuos
y pueblos apegados a vetustos sistemas, que no por seculares
deben ser intocables, si, en lo que es suceptible de cambio y de mejora,
no responden a la marcha del siglo, de este siglo ávido de saber,
de progreso y de luces~ la patria, porque aquí están su más rico florón
y su mejor corona: la corona de maestros y maestras, soldados infatigables
de la más noble causa, abanderados de una idea, portaestandartes
de la verdadera civilización, la civilización de la Cruz; zapadores
del progreso, arquitectos del futuro, encargados de pulir y modelar las
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LA ACCION ESCOLAR 133
piedras sillares y los graníticos bloques que hayan de servirles para
construir, sobre la base inconmovible de la verdad católica, de la unión
a la Iglesia y del respeto al Pontífice de Roma, el grande y nuevo edificio
de la patria cultura. Así y únicamente así ha entendido el Gobierno
de la República, para honor suyo, la reforma instruccionista, y en el mismo
sentido, sin ambages la apoyan la Iglesia y sus m!s autorizados
exponentes.
Los maestros y maestras, una vez más, los iniciadores de la ACCION
EsCOLAR que los pone en contacto, lo~ hace conocer unos de otros, les
da el sentimiento de solidaridad, y es y será en adelante órgano de la
unión en que se hallan incorporados; lo:; creadores de esta biblioteca
escolar; única en su clase en la capital de la República, y que ti .. ne el
mérito, el imponderable mérito de ser fruto exclusivo-en la idea y eñ
su realización -de esos morlestos servidores públicos, de escasos haberes
y exiguos emolumentos, servidores qu.! en un año de fatigas y de
amarguras sin cuento, apenas devengan exiguos sueldos que no alcanzan
para subvenir a las más premiosas necesidades de la vida.
Ellos en su pobreza han creado e. :te foco de luz, la Biblioteca escolar:
¿Qué es, qué significa? ¿Cuál es su carácter? Responde en los nctuales
momentos al sentimiento né,cional de renovactón y de reforma?
Veámoslo.
La biblioteca es un segundo templcJ, el templo de la sabidurfa, puesto
desde la más remota antigüedad baj 1 la ustodia de los sacerdotes,
e instalado a las veces en el mismo recinto del santuario, en donde a las
divinidades se tributaba religioso culto.
Son coetáneas de los pueblos que van a la cabeza de las antiguas
civilizaciones, y las vemos aparecer en la escena del mundo desde el
preciso instante en que aquéilos, rompiendo y convirtiendo en polvo las
barreras de la ignorancia, trazaron en la conciencia humana ancho surco
de genuina cultura.
Así figuran a lo largo de la historia las bibliotecas hebreas, las de
los egipcios y asirios, algunas de ellas probablemente anteriores al año
dos mil; la leger.daria de Alejandría, que ha pasado a la posteridad con
el nombre del bárbaro Ornar, que ordenó fuese quemada para calentar
con sus papiros el agua de los baños. Y ¿qué decir de las de Grecia y de
Roma, madres y maestras de la civilización pagana?
Sus restos salvados del naufragio por los monjes de la edad media
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134 LA ACCION ESCOLAR
han venido a ser la base, después de múltiples y variadas trascripciones,
de los preciosos pergaminos y de los incunables de que hoy día se
ufanan los estados modernos.
Su importancia señores, no debe medirse únicamente por el número
de volúmenes que encierran, sino por la calidad de ellos, por su significado,
por su a;cance cultural y trascendencia. Grande o equeña, no
pierde su carácter de santuario. Nos hallamos por Jo tanto, señores
en un templo, cuyo sacerdote es el maestro.
Templo, y como tal en él tendrán acogida cuantos, sedientos de saber,
vengan a implorar el agua viva que apacigüe sus ardores, a solici- ·
sitar el pan de la inteligencia; a él vendrán los maestros tan calumniados
y tan mal comprendidos, a buscar en esos volúmenes, contados si se
quiere, pero selectos y plenos de sabiduría, el <;Omplemento de una educación
que comienza en los bancos de la escuela primaria, adquiere
forma y solidez en los claustros de la Normal, y continúa y sigue perfeccionándose
durante toda la vida del hombre. Por algo, señores, dijo
el Maestro de los maestros: «Sed perfectos como vuestro padre celestial
es perfecto;• y no sin razón el inspirado autor del libro del Eclesiástico
nos enseña que «Dios creó ef mundo y lo entregó a las disputas de los
hombres.•
Quiere esto decir, señoritas y señores maestros, que en materia de
métodos y adelantos pedagógicos debéis siet~,pre estar al corriente de
la última palabra, de lo último racional y científico que se haya practicado
con éxtto, y que sea adaptable a ntte"tras costumbres, carácter y
religiosas tradiciones.
Yo no creo, señores, que vosotros ignoréis por completo cuáles son
los últimos métodos pedagógicos, más aún, creo que en lo compatible
con nuestros escasos elementos, los practicáis con perfección relativa, y
estoy muy lejos de pensar que en achaques de enseñanza primaria vayamos
a la zaga de todos los pueblos de la tierra; ¿Que ha~e falta renovar
los procedimientos y sistemas educativos? En hora buena. Pero más
que métodos para las escuelas primarias lo que hace falta es organización
científica, pénsumes racionales y modernos, material y locales, retribución
decente para los maestros, y sobre todo alumnos que acudan
a la escuela, no cubiertos de harapos, lánguidos y enfermos por el hambre
y las enfermedades tropicales, sino sanos y robustos, en conveniente
estado de limpieza y abrigo, y aptos por tanto para asimilar las enseñanzas
que el maestro les diere; ¿Qué puede hacer, señoras y seño-
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LA ACCION ESCOLAR 135
res, un escultor egregio en un tronco podrido? ¿Qué un consumado arquitecto
sobre montones de arena y con frágiles cañas que arrebata el
viento?
Se exigen a nuestros maestros prodigios educacionistas. ¿Por quiénes?
Por cuantos no han conocido otra vida que la ciudadana, con todas
sus holguras y comodidades; por los que no tien.en otra idea de la
escuela que la que les ofrecen los fotograbados de los gimnasios e institutos
suizos y alemanes, o bien este edificio que podría campear con
honor entre aquéllos; por quienes no han visto más alumnos que los niños
regordetes, colorados, bien vestidos y mejor alimentados, que concurren
a los colegios de segunda enseñaza.
Id señores que pedís a outrance una reforma instruccionista primaria-
de la cual soy partidario, reforma que deseo, y estimo conveniente-
id os suplico a los pueblos infelices de los climas ardientes, recorred
las llanuras del Tolima, visitad los villorrios diseminados en la hoya
malsana del caudaloso Magdalena, trepad a tos páramos helados de
nuestras abruptas cordilleras, preguntad por la escuela, entrad en esas
barracas sin luz y sin aire donde un maestro o maestra graduados, y
verdaderos apóstoles de la educación han ido a cosechar laureles, y decidme
si ese héroe, si esa heroína, con un grupo de niños escuálidos
y macilentos, amarillos, hinchados, embrutecidos e idiotizados por todas
las degeneraciones y por todas las taras de veinte y más lustros, tienen
probabilidades de formar hombres cultos y conscientes, decidme si allí
no encallarán todos los métodos y todos los sistemas? Traeli al más hábil
pedagogo europeo y fracasará irremediablemente en grado mucho
mayor que nuestros heróicos maestros .
Yo creo, señores y señoras, que el primer paso, el más indispensable
en la reforma instruccionista es la regeneración de la raza, es la lucha
contra el vicio y la miseria, eternos aliados y compañeros de nuestras
clases inferiores, porque si para la práctica de la virtud como enseña
Santo Tomás se requiere un mínimun de bienestar temporal, para el
estudio que es una virtud no se requiere en menor escala. Séame lícito,
señoritas y señores maestros, citar en apoyo de estas ideas la opinión
de un joven pedagogo, colombiano:
«Salta a la vista dice, que el problema de la instrucción pública no
puede solucionarse con sólo lucubraciones pedagógicas. O se estudia
con el corazón también o no será posibl~ comprenderlo nunca. Mientras
haya hambre y frío en la escuela de nada servirán los sistemas por
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136 LA ACCION ESCOLAR
buenos que ellos sean. No habiendo tranquHidad corporal, no habrá
nunca ni atención ni alegría, y sin estos factores toda enseñanza será
siempre absurda. Es asunto de corazón y de ciencia. Sin salud no se
puede educar: mientras no se atienda al cuerpo, no se puede pensar en
el espíritu. Lo dijeron adivinándolo, los antiguos y lo confirmaron con
sus investigaciones los m0dernos. El primer deber de la escuela pública
podría formularse así: poner a los niños en capacidad de aprender»! <11
¿Y cómo conseguirlo? La acción gubernamental, la intervención eficaz
del Estado se imponen sin reservas para iniciar en todas partes la
lucha contra la anemia tropical y sostenerla· sin jescanso, para sanear
las finanzas 1 país, mejorar el crédito y aumentar por c0nsiguiente
la riqueza pública, para organizar el trabajo y regular el salario contra
todas las protestas del egoísmo.
Organizar el trabajo he dicho, y aquí empieza en este campo vuestro
papel, el papel de vuestra bibliott:!ca, señores maestros.
¿En qué forma? Cultivando la ciencia social en sus múltiples fa5es,
porque ha llegado la hora de inculcar en las inteligencias de nuestros ni·
ños obreros, con las nociones del catecismo, las indispensables acerca
de las organizaciones obreras, instituciones económicas y d más obras
recomendadas y ordenadas por la Santa Sede.
Todo esto significa que vuestra biblioteca debe tener carácter no sol:
lmente pedagógico sino también social. Científico y pedarrógico, porque
como os he dicho, debéis refrescar a diano vuestras ideas, métodos
y prácticas, debéis ilustraros sin descanso para estar en condiciones de
escoger lo bueno y rechazar lo malo, lú inadecuado, lo antip'""dagógico,
sin dejaros deslumbrar por la hueca palabrería de los que bautizan de
métodos modernos, cuanto ensayo local fracasado y absurdo importen
los que a sí mismos se , pellidan modernos peda g ogos, para ponerlo en
práctica en nuestros infelices alumnos, como en animales de experimentación.
·
Y social; porque las organizaciones obreras y las obras culturales y
económicas no pueden, nó, llevarse a cabo sin los conocimientos indispensables,
especulativos y prácticos, que se llaman la ciencia social-católica.
Católica, y hé allí contra lo que sin duda opinan los partidarios de
la enseñanza no confesional, es decir laica, hé allí el carácter más im-
{1) Capas Escolares.
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LA ACCION ESCOLAR 137
portante y el que ha de servir de sello a la biblioteca escolar.
Abierta de par en par a todos los libros y revistas que sin falsear la
verdad ni corromper el corazón nos traigan un rayo de luz, debe estar
hermétic~mente cerrada para aqellas obras que atacan sistemáticamente
la religión católica, base imprenscindible de toda educación,
que enseñan el error y la mentira bajo el engañoso ropaje de una
falsa ciencia; que proclaman la absoluta independencia de la razón y el
desconocimiento de toda autoridad; que erigen en escuela el sistemático
irrespeto, pan con que se nutre hoy en los planteles llamados modernos
y no confesionales, a los institutores y maestros y a las desgraciadas
generaciones de amb l s sexos que el e.;tado les confía.
Se nos llamará por esto sectarios? Qué importa. Esta palabra ha perdido
su significado injurioso há mucho tiempo, desde que tratan de enrrostrárnosla
a dia rio, a nosotros los libres, a nosotros los hombres CO•lScientes
y respetuosos de toda autoridad, a nosotros los amigos de una
enseñanza moral y religiosa que form generaciones lev ntadas y nobles,
a nosotros los hombres verdaderamente amplios.... quiénes? Los
espíritus estrechos, cit>gos por 1' pasión, que se asfixian en una atmósfera
de odios, enemigos de toda saludable disciplina, adversarios del
orden, infatuados a las veces con una vana ciencia; que han jurado guerra
a la patria y a Dios y que convierten la escuela con profan ción inconcebible,
en sinagoga política donde todo se enseña, menos el am()r
de Dios y de la patria, la ciencia y la honradez ciudadana.
Vosotros, señores maestros, sois sacerd :1tes y apóstoles de este augusto
templo, y ni por un momento podemos aceptar la idea de que vayáis
a beber, en fuentes emponzoñadas, la ciencia y la moral que debéis
transmitir a vuestros educandos.
Es más, señoras y señores. Esta biblioteca es el primer jalón de la
reforma instruccionista en un campo más elevado: en la instrucción secundaria.
Y aquí if que se impone una misión pedagógica. Nacional, extranjera?
Sin negar la conveniencia de que verdaderos peda'!,ogos y hombres
de profundo saber de allende los mares, nos ilustren en ste ramo con
los últimos adelantos e:;peculativos y prácticos y de organización científica,
creo que hay entre nosotros hombres capaces, cuyas frentes han
sido azotadas por los vientos renovadores del viejo mundo, hombres
que no ignoran la pedagogía teórica y práctica, talentos organizadores
y experimentados que pueden reformar y rehacer en la enseñanza secun-
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138 LA ACCION ESCOLAR
daría lo mucho que exigen nuestras ancestrales deficiencias, los métodos
rutinarios, los pénsumes irracionales y anticuados. Id a buscarlos
donde se encuentran, ponedles la masa entre las manos y dejadlos
obrar.
Dejadlos que mejoren lac:; escuelas normales, base de la enseñanza
nacional primaria, dejadlos que como lo practican las Escuelas Unidas,
impriman más seriedad a los estudios del bachillerato, y que acomoden
esa etapa de la enseñanza universitaria a las exigencias del día y a las
necesidades del país; dejadlos que organicen en sistema la honradez
pedagógica encargada de suprimir las simpatías o antipatías en la aprobación
de cursos y colación de diplomas; que acaben con el lucro inhonesto
que convierte la noble misión de la enseñanza en desvergonzado
negocio, en explota~ión más o menos descarada de los padres de fam ilia,
de la sociedad y de la patria; dejadlos que lleven un hálito renovador
a los claustros de la universidad, de la que en modo alguno puede
desterrarse el sentimiento religioso. Porque ay! señores y señoras, de
la nación que sólo se preocupa por formar sabios materialistas y ateos!
Y no penséis que con esto pretendemos los amigos de la reforma instruccionista,
que en las universidades se enseñe el catecismo.
Pero sí queremos que en la enseñanza secundaria se intensifique la
instrucción religiosa. Es triste, muy triste confesar, contra lo que muchos
imaginan, que en la gran mayoría, en la casi totalidad de los establecimientos
de segunda enseñanza, no se enseña religión; no se la
estudia, no se la a d ntira y discute y por consiguiente no se la p ractica.
Los hechos lo demuestran a diario, sin que baste a infirmar este aser to
el rótulo pomposo de colegio católico donde haya recibido su educación
el jóven. Misión pues .. p~dagógica nacional o extranjera, y mejor
mixta; misión que trabaje según la mente del Gobierno y de la Iglesia,
que no están en pugna, porque van en prosecución de la verdad; misión
cuyas disposiciones no sean letra muerta, como lo han sido por de~gracia
las muy sabias que dictó el primer congreso pedagógico.
Lo dicho prueba con usura la actualidad innegable de esta obra que,
fomentando la instrucción popular, representa un muy alto y noble empeño
de contribuir a la reforma instruccionista. Y podéis estar orgullosos,
señoritas y señores maestros, porque vuestra biblioteca ha logrado
conquistar para si las simpatfas del público y el apoyo generoso y
entusiasta del gobierno y de la Iglesia.
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LA ACCION · ESCOLAR 139
Lo sabéis demasiado por lo que hace al primero, pero no todos lo
reconocen y confiesan con relación a la última.
Se requiere, señores, una gran dosis de ignorancia, de injusticia y
de mala fe, para acusar a la Iglesia de enemiga de la instrucción popular
y de cuanto signifique saludable y oportuna reforma.
No fue por ventura el Maestro de los maestros, Cristo jesús, el primero
y audaz reformador de la enseñanza en el mundo, el creador inmortal
de esas escuelas populares que se reunían al aire libre, a orillas
de los lagos o en lo alto de las montañas para escuchar de sus labios
la verdad salvadora? No fueron sus discípulos y seguidores los que, fielts
al precepto de enseñar por toda la tierra, alejándose de los palacios
de los grandes y de las academias de la aristocracia, fueron al pueblo
y se rodearon de los hijos del pueblo? No fueron ellos, los juanes y los
Policarpos, los justinos y Clementes, los Gregarios y Agustinos, los
pedagogos cristianos, a quienes Celso y otros corifeos del paganismo
echaban en cara como una injuria, el hallarse siempre rodeados en su labor
educadora, de zapateros y albañiles, de hijos de cardadores de lana
y de cuantos, uncidos a la gleba, labraban el terruño sintiendo sobre
sus desnudas espaldas el chasquido del látigo?
Y pasado el alud de bárbaros que asolaron el imperio romano,
quién fundó escuelas para el pueblo a la puerta de cada monasterio y
reformó la popular enseñanza a la sombra de las catedrales? Los monjes
de la edad media.
Reformadores de la instrucción? Allí tenéis a Rogerio Bacón, humilde
fraile inglés, que revolucionó las ciencias con sus asombrosos descubrimientos
en mctemáticas, en física, en astronomía, en ciencias naturales;
que metodizó el aprendizaje de las lenguas y de la higiene, fundó
contra viento y marea la primera escuela experimental y clamó sin descanso
contra los métodos de enseñanza considerados en su tiempo como
la última palabra, como intangibles dogmas.
Esta labor patriótica no menos que cristiana le valió persecuciones
y afrentás de parte de aquellos que bien se hallaban con la inacción y
la rutina y con las especulativas cavilaciones. Porque entonces como
hoy, había señores feudales que se oponían con todas sus fuerzas, aun
conculcando la justicia, a que en sus feudos y latifundios se fundasen
escuelas, porque se dañaba el negocio.
Reformadores de la enseñanza ha tenido la Iglesia en todos los siglos;
reformadores como Ignacio de Loyola y Felipe Neri; Pedro Fou-
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LA ACCION ESCOLAR
rier e Hipólito Galartda, Jerónimo Emiliano y José de Calasanz, Vicente
de Paúl y Luisa de Marillac; Juan Bautista de la Salle, Rosmini, Juan
de Lemanais; el gran don Bosco y mil y mil más santos y sacerdotes
ilustres a quienes la enseñanza popular debe avance inconcebible, ver·
daderas refurmas, que colocan la Iglesia católica a la cabeza de los
grandes progresos educacionistas.
Y aquí entre nosotros es bueno que se sepa, la Iglesia ha tomado 1a
iniciativa en estas cuestiones.
Ved, señores qué acervo de ideas, de promesas generosas se encierran
en este templo del saber: la blblioteca escolar! Ved qué risueñas perspectivas
y luminosos hori~ontes descubre a nuestra v_ista 1
Con este acto patriótico estáis, señores maestros, probar.do a las
claras vuestra devoción por el saber, vuestro cariño por el libro, el cual
sólo podrá causaros horror, no por su ciencia, sino cuando de ella carezca.
El libro, de hoy más, será vuestro compañero inseparable. El libro?
No. Los libros, muchos libros, cuantos encerrar pueda la biblioteca del
maestro.
Marcada con el triple sello científico, pedagógico y profundamente
religioso, será gérmen fecundo de justas y anheladas reformas, foco de
luz y elemento de incesante progreso.
Será el regulador científico de este gran movimiento ascensional
de clases que buscan en la instrucción el medio de alcanzar una legítima
cultura, fuente de materiales bienes, y de satisfacciones del espíritu.
Será el cenáculo de donde salgan, inflamados por el soplo renovador
del espíritu, los apóstoles del gran movimiento social que se a vecina
para el mundo, a fin de orientarlo hacia la luz, hacia el Evangelio,
hacia Cristo, hacia Dios.
Os asombra la magnitud de vuestra obra? No olvidéis que las gran-
• des empresas nacieron de flacos principios, y que jamás el hombre ha
podido medir, en el instante fugitivo de su existencia, todo el alcance
de sus ideas, la influencia de sus actos en la marcha regular de los pueblos
y en sus futuros destinos.
Para concluír quisiera, señoritas y señores maestros, si me fuese
permitido, daros un consejo: ¿Queréis que vuestra obra perdure y dé Jos
frutos que vosotros anh~láis y a que está destinada? ¿Queréis que este
noble y generoso esfuerzo no se esfume y se disipe como un sueño,
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LA AOCION ESCOLAR 141
como acariciador miraje? Dad a vuestra biblioteca sólida al par que
científica organización.
Por falta de ella ha desaparecido por completo la primera que en
edificio análogo, y quizá vosotros mismos, inaugurásteis juntamente
con las cajas escolares.
Entonces oísteis de labios del doctor Agustín Nieto Cabaltero,_ lo
que una biblioteca vale y significa para la cultura del maestro, y recordásteis
lo que representa en la vida del niño y en la vida del hombre el
hábito del ahorro bien comprendido y constantemente practicado. Las
cajas escolares subsisten. Ellas son, no lo dudéis, prueba irrefutable de
un gran progreso en la educación social popular; mentís rotundo y categórico
a cuantos ignorantes en cuestiones sociales y en la ciencia económica,
no menos que empecinados en desconocer las necesidades de
nuestro pueblo, sostienen sin rubor que entre nosotros las obras económicas,
o no son nece.,arias, o de imposible y casi quimérico funcionamiento.
Imitad este ejemplo y dad a vu e tra ob r a consistencia. Un sabio reglamento
hará que las nueva> generaciones de maestros bendigan agradecidas
vuestro nombre y que se beneficien en mayor escala que vosotros
mismos de vuestra patriótica iniciativa. Si esto lográis no será difícil
que la biblioteca del maestro se convierta en verdadero circulo de
estudios, pedagógicos y sociales, resultado tangible e inmediato a que
debéis aspirar, para que en vuestras manos tremole muy alta y siempre
digna la simbólica bandera de la reforma instruccionista.
He dicho.
Saludo
De felicitación y compañerismo muy sincerotS, presenta "La Acción
Escolar" a las seiíoritas: Angela Amaya, Ttresa Sanz, Alejandrina Bocanegra,
María E. Benavides, Ana Teresa Garcia, Saturia López, Herminia
Martfnez, María Teresa Ortíz, Isabel Tenorio, y Lucila Vera, quienes
después de brillastes exámenes en la Escuela Normal Central de
lnstitutoras, les fue otorgado el Título de Maestras de Escuela Superior.
Que las nuevas graduadas hallen campo propicio en donde esparcir
el caudal de ciencta y de virtud atesorado durante su educación
y que Colombia cuente en cada una de ellas, un activo exponente de
cultura y engradecimiento patrios.
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142 LA ACCION ESCOLAR
pronunciado por el Sr.]. l. Martinez, en nombre de la junta Directiva de
«La Acción Escolar», en el Acto Solemne de la inauguración de la ' 1 Biblioteca
de los Maestros''.
Excelentísimo Señor Presidente.
Ilustrísimo Señor Arzobispo.
Señor Secretario de Instrucción Pública.
Señor Director General de Instrucción Pública.
Estimables colegas.
Señoras y señores:
Los maestros de Cundinamarca estamos de fíes a. De la misma
manera que el campesino canta de gozo al oír la alegre campanada que
lo invita a celebrar la fiesta dominical y corre presuroso a ofrendar al patrono
de la aldea las primicias de su trabajo c otidiano, así el personal
docente de lns escuelas de Bogotá, con el corazón henchido de entusiasmo
y en sus ojos el brillo del triunfo, nos congregamos en este recinto a
levantar el santuario que sera en lo venidero la fuente que inundará
nuestros entendimientos de sanos y modernos principios para que, como
otros tantos discípulos del Gran Maestro, los infundamos en la conciencia
de los futuros ciudadanos.
Primer destello de vida de un organismo que hace tiempo duerme
en el olvido, pero que atormentado por el calor de la civilización que se
avecina, empieza a desperezar sus entumecidos miembros y ya abre los
ojos.
Las grandes transformaciones sólo vienen entre el rugir de tempestades
sociales y toca al maestro de la niñez encauzar esas ~ fuerzas destructoras
para que, como otro Franklin, las someta a su voluntad '] las
convierta en elementos poderosos de progreso y bienestar de los hombres.
Una hermosa idea ha brotado de los cerebros:cultivados y no muy
tarde será una bella realidad: la reforma de la educación nacional como
base de verdadera grandeza.
Hasta estos servidores de la Patria ha llegado esa ola de renovación
que invade los espíritus; pero de esa renovación que es con~ecuencia
lógica de las conquistas que diariamente hacen las ciencias en su ca-
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LA ACCION ESCOLAR 143
mino de perfeccionamiento; y con la mirada extraviada por el entusiasmo
nos dirigimos aquí y allá en busca de ideas nuevas; revolvemos
nuestros viejos libros, quitamos el polvo a nuestras rutinas, atormentamos
nuestra mente para hacer armas con qué luchar y escalas con qué
saltar la vieja muralla de las preocupaciones y ~uando ya fatigados nuestros
espíritus dejaban caer sus alas, hé aquí que encontramos una amplia
y segura puerta que nos conducirá a la tierra de promisión; esa
puerta es este montón de libros con que hoy tan solemnemente, y bajo los
auspicios del Gobierno y de los más altos exponentes de la sociedad,
inauguramos nuestra Biblioteca Pedagógica; ella será la fuente de luz
cuyos rayos vivificadores penetrarán a dondequiera que haya niños reunidos;
ella será verdadero baluarte del nuevo edificio de la educación
primaria.
Cuando en algunas provincias adelantadas de España, iniciaron el
movimiPnto renovador de la educación nacional, el ilustre pedagogo
Joaquín Costa pedía con toda la fuerza de su entusiasmo que se establecieran
bibliotecas pedagógicas en cada municipio, como medio eficacfsimo
para difundir esos conocimientos, porque si el hombre no busca
' al libro, decía él, éste debe buscar al hombre aun en su p opio hogar, y
asf fue que hasta en los ultimas villorios de Cataluña, durante las veladas
familiares, de spués de las fa nas diarias, al calor de la lumbre en
las noches de invierno o embriagados por los perfumes de la primavera,
se comentaban en sencillo lenguaje los beneficios de la escuela ambulante
que viajaba de fábrica en fábrica, de taller en taller, de mina en mina,
bebiendo en las propias fuentes los rudimentos de las artes y de las industrias.
¡Qué bello era aquello! El forjador con sus manos ennegrecidas por
el humo de la fragua, convertido en maestro en su propio taller, enseñando
a los pequeños escolares los rudimentos de su ofício; el minero
en las entrañas de la tierra gesticulando como un energúmeno para poner
al alcance de sus infantiles visitantes los procedimientos para conocer
y extraer las riquezas de la madre común; el industrial, el empresario,
el artista, todos estos apóstoles del trabajo, movidos por santa emulación
ponían en juego sus naturales disposiciones didácticas y trituraban
s:.:s duros alimentos para convertirlos en materia asimilable a las
tiernas inteligencias de los niños. Y esta escuela errante al fin encontraba
reposo en su propio hogar, y guiada por un maestro inteligente y laborioso,
ordenaba y comentaba los conocimientos así adquiridos. ¿No
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144 LA ACCION ESCOLAR
sería éste, digo yo, el ideal de nuestra escuela primaria para formar
hombres activos, amigos del trabajo y de la lucha diaria? ¿No seda ésta
la verdadera redención de un pueblo que habita un país colm do de
riquezas naturales y que sin embargo se halla agobiado por la miseria?
Tal es nuestra aspiración: que estos libritos recorran de pueblo en
pueblo iluminando los santuarios de la niñez; poniendo al maestro al corriente
de los adelantos pedagógicos para infundir vida y calor donde
no hay sino indiferencia y rutina; este procedimiento han empleado c o n
buen éxito en los Estados Mejicanos y nosotros debemos seguirlo si
queremos sacar la instrucción primaria del marasmo en que se encuentra.
Pero para hacer eficaz nuestra labor necesitamos en primer lugar el
apoyo del Gobierno, y en segundo, el de todas las personas de buena
voluntad, para enriquecer esta Biblioteca, y hacerla digna del fin que
perseguimos, no olvidando que por cada libro que le obsequiéis, daréis
un conocimiento más a todos y a cada uno de los maestros colombianos.
También hemos fundado como medio de propaganda pedagógica
nuestra Revista ''LA ACCION ESCOLAR'' que tiene por fin primero trabajar
por el mejoramiento moral y material de la institución; ella será la conductora
de nuestras idea~; el lazo de u ·ón entre los maestros y la encargada
de reconocer, como una encarna e ión nuéstra, tos confines todos
de la Patria. Para ellla también pedimos, con todo respeto, vuestra benévola
acogida. Estas dos obras, la Revista y la Biblioteca que se acaba
de inaugurar de manera tan solemne, son los dos frutos que hoy os dedicamos
los maestros de Cundinamarca en nuestra primera fiesta de civilización.
De Garagoa
PARA LA ''ACCION ESCOLAR". NUESTRA MISION
El maestro ve deslizar tristemente su juventud, la época más risueña
para el hombre no consagrado a la educación de la niñez, en medio
de cuatro viejos muros, pisando, la mayor de las veces, no un suelo
medianamente pavimentado, sino terroso y desigual, luchando con un
centenar de niños para introducirles en sus miopes cerebros, y contra
su misma voluntad mal inclinada, las pri.neras luces de la ciencia, desprovisto
de los elementos que demanda la pedagogía moderna para ilu-
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LA ACCION ESCOLAR 145
minar mejor las infantiles inteligencias. Trabája con t~nacidad y afán
por inculcar en sus tiernos corazones el amor a Dios y la práctica de
todas las virtudes, iluminando la conciencia de los niños a fin de desarrollar
en ellos las buenas inclinaciones y destruír las malas; les ejercita
la voluntad en la aplicación al bién por medio de Jos estímulos del deber
y del honor; les hace reconocer y amar su patria con explicaciones
frecuentes sobre la riqueza y hermosura de nuestro suelo, sus gloriosas
tradiciones, hombres ilustres y hechos heróicos, inspirándoles así, noble
orgullo de pertenecer a un país rico en tCtulos hermosos. Les hace conocer
sus derechos y practicar sus deberes para que más tarde sean dignos
ciudadanos, respetuosos y honrados. En una palabra, es incansable
perseguidor de todo aquello que en el presente o en el futuro pueda conquistar
la felicidad de sus alumnos. Los que no se explican lo que es
ese soplo innusible, no pueden conocer ni apreciar al maestro de escuela.
Aquí se confirma lo que siempre observamos en la vida, que el más
noble y más precioso bien está perdido para el hombre cuando él ignora
lo que posee.
La experiencia demuestra que de la teoría pedagógica a la práctica
hay una valla inmensa y que para convencerse uno de esta verdad no
basta acercarse a las aulas de una escuela en ligera observación, sino
desempeñar el puesto de ma~stro siquiera por unos días. Este es el único
medio de poder apreciar los escollos con que a cada paso tropieza el
maestro para llevar a feliz término el desenvolvimiento armónico de las
facultades del niño.
Si en algunos casos no se cosechan los frutos deseados, no es culpa
del maestro, sino del medio social en que se desarrolla el educandt).
¿Cómo puede un solo institutor, por muy buenas intenciones que tenga,
echar por tierra las malas inclinaciones inveteradas de muchos pueblos
y familias e inspirar los ideales que la civilización persigue? Esto es
absolutamente imposible. Los niños aprenden en la escuela todo lo
bueno que se les pueda enseñar, pero salen de allí, y, la mayor parte, la
olvida muy pronto, porque son más poderosas las influencias exteriores,
y no se puede suponer a un niño con una voluntad a toda prueba
lista a superar estas influencias, generalmente perniciosas, que lo en-vuelven
invisiblemente, a 1a manera que el aire a todo lo creado.
El fin que persigue la escuela es de aquellos que no permiten ser
realizados en corto tiempo. Su acción es lenta y penosa y sólo mediante
un esfuerzo continuo de maestros, padres y alumnos, estimulados
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146 LA ACCION ESCOLAR
por el elemento oficial y por todos los interesados en tan inapreciable
obra, podría conseguirse el éxito deseado. Mas, por causas inexplicables
no se presta la debida atención, ni el apoyo necesario al maestro
"La correcta formación de un joven-dice un distinguido pedagogo-es
tan complicada y difícil, que requiere el funcionamiento de muchos resortes
sucesivos y simultáneos". El primero y más sagrado de estos resortes
es el hogar, primera escuela del niño, cuya educación imprime
carácter.
Sucede que los que tánto exigen del maestro ignoran el fin de
la escuela primaria y pretenden que de ella salgan agricultores prácticos,
comerciantes, artesanos, hombres de espíritu renovador etc.,
etc., y que este prodigio lo realize un solo maestro sin elementos de ninguna
clase y sin apoyo de nadie. Quieren que un niño, que permanece
a lo más seis años en una escuela primaria, salga de allí con muchos
conocimientos y hábil para toda empresa, sin pensar que esto requiere
tiempo y el concurso de muchos elementos. No bastan las doce a
diez y seis materias que dicta el maestro a cada una de las secciones
de su escuela. "A fondo y no muchas cosas" dice un insigne pedagogo,
y precisamente lo contrario es lo que se exige y lo que ordena el
plan de estudios oficial, a cuyo d--sarrollo está sometido el institutor,
lo que constituye una carga p .sadísima para éste.
Quitándole algo de ese peso tan abrumador, dispondría de
tiempo suficiente para estudiar, y remunerándole mejor su trabajo,
de modo que le sobrara para adquirir obras, revistas etc, con qué formar
una bibliote~a, haría todavía muchos más bienes. Dedicado a pocas clases
y a pocos alumnos, dictaría sus lecciones con más amplitud y mejor
preparación y obtendría mayor provecho práctico. ·
A pesar de todo, a juzgar por lo que pasa en Boyacá, la escuela
primaria no anda en el abandono lamentable que se supone. En este Departamento,
como en todos, se encuentra buen personal de maestros,
entusiastas y decididos por el progreso patrio; individuos consc~entes
de la importancia y nobleza de la misión que desempeñan, que con su
consagración y buen cnmportamien o, procuran merecer el puesto que
les corresponde en la sociedad.
Yo no soy más que un simple aspirante al gran sacerdocio de la
ciencia, pero juzgo a los nobles maestros colombianos sólidamente patriotas
y cristiano~, provistos de grarl caudal de ciencia y adiestrados
en los modernos métodos pedagógicos para datía; en su seno s ~lo se
oyen frases de aliento, de amor al estudio y a la profesión y anhelos de
progreso y bienestar general.
j. HIPOLITO SALGADO
NOTAS
A n.u.estros Colegas
A causa de que los trabajos de la escuela y de la Revista nos absorbieron
el tiempo fue imposible dar pronta contestación a las muy atentas y
animadoras comunicaciones, que desde la aparición de nuestro periódico,
dirigieron entusiastas colegas y otras personas interesadas en todo lo que
es educación y progreso; les rogamos se sirvan excusar esta irregulari·
dad, ajena a nuestra voluntad, ·y les damos las gracias por la favorable
acogida de • 'La Acción Escolar'', encarP-ciéndoles que día a día
presten más decidido apoyo al Organo de los Maestros, ya que garantiza
la estrecha unión del personal do~ente y aspira a las saludables reformas
de la l. P. en el país.
Insertamos los nombrea de las pe1.1sonas que enviaron su adhesión a
"La Acción Escolar."
Carlina Ospina, Justina Rey de C .• Arturo Bello, Esteban Moreno, José
Cañas Cuervo, Moisés Castiblanco Galeano, Mercedes Carrillo R., Auristella
Carr,illo R, Enriqueta Moreno C., José Barreto Moreno,Carmen de
Alsena, Clodocinda Amar, Celja Nieto, Pedro Pablo Méndez, H~rminia
Sánchez, María B. Fajardo, Elena S. Gómez, Lueila Pulido R., Carlini=l
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LA ACCION RSCOLAR 157
de Sabonge, Julia Jurado, Ana Rosa Gutiérrez, Clementina Ruíz, Ana
Díaz de ¿Romero, María A. de Bustos, Emiliano Ramírez, El vira Vargas
Vargas, Nemesio Peña, Carmen Elena Blanco, Virgilio Ospina, José Rincón,
Jerónimo Beltrán B., Salvador Baquero, Aura de Manrique, Ana
Leonor Sánchez, Josefina Cuevas B., Primitivo Góngora, Clementina Ruíz
(Girardot), Francisco Rosas, María Emma Osorio L., Jorge Aurelio Celis,
Santiago Hurtado D. Elvira Olaya E., Rafael Peña G .. Rafael A. Gómez.
En la Escuela ~ormal de Institutoras, ante una selecta concurrencia
y un distinguido cuerpo de profesores la señorita Aura María Garzón,
presentó un lucido grado para optar el título de Maestra de Escuela superior.
Su clara inteligencia unida a múltiples prendas morales, son motivos
que hacen creer fundadamente, que la nueva institutora hará una
brillante carrera en el magisterio. Para ella nuestras felicitaciones.
La señorita Inés Smith R, alumna maestra de la Escuela Normal lde
Institutoras, mereció muy justos aplausos por su lucido examen que para
optar el grado de Maestra de Escuela superior, presentó en el mes de noviembre
pasado. Felicitamos a la nueva Maestra.
La señorita María Emma Romero, muy distinguida alumna de la Escuela
Normal de Institutoras. fue merecidamente felicitada por sus profesores
y aplaudida por la selecta concurrencia que presenció el examen
final de grado, que para optar el título de Maestra de Escuela superior
presentó en el mes de noviembre pasado. La señorita Romero lleva a su
Departamento nativo, el Tolima, una sólida preparación que le asegura
una brillante carrera en el apostolado del magisterio. U ni m os nuestra
felicitación a las muchas que ha recibido la graduada.
Muy lucidos resultaron los actos que par á finalizar el año escolar, se
verificaron en el colegio de La Providencia, establecido en la vecina población
de Madrid y hábilmente dirigido por 1a señora Emma Fonegra
v. de Quijano. "La Acción Escolar" se complace en enviar a la distinguida
Institutora que dirige este establecimiento, una sincera felicitación,
así como a las señoritas María Teresa ~Angel. Elvira Sánchez, e Inés To-
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158 LA AOCION ESCOLAR
rres, quienes obtuvieron, en dicho colegio el título de Maestras de Escuela
Elemental.
En el Taller Municipal No. 2. hábilmente dirigido por la señorita María
Ruiz Roa, presentaron lucido examen de grado para titularse en mecanografía
y taquigrafía las siguientes señoritas:
Margarita Vásquez, Magdalena Vásquez, Soledad Oarcía, Rosa María
Baraya, Isabel Oonzález, Lucila Ruíz, Emma Jiménez, Leonor Santos,
Dolores Godoy, Maria del Carmen Forero.
La selecta concurrencia que presenció el acto, aplaudió entusiasta a
las graduarlas quienes demostraron solidez de conocimientos, habilidad
en las máquinas y presición en la escritura rápida . Deseamos un brillante
porvenir a las nuevas profesionales y unimos nuestra felicitación a las
muchas que han recibido las graduadas.
1 h¡j , t e leo
POR A. E. DE L 'Eil' OLE
Traducción para la Revista "La Acción Escolar"
(ELVIRA ÜUARIN)
(Continuación)
vicio de un hospital, e;:,te joven gallardo e inteligente, se formará a mi
lado para que sea después mi sucesor.''
La señora Maubray dio la carta a su hermano y tanto ella como Nelly
se' sentaron al lado del doctor siguiendo con an s iedad la expresión
de su semblante, mientras que él lefa por lo bajo.
CAPITULO II
LA CARTA
La carta de Rafael estliba precedida por algunas líneas muy lisonjeras,
escritas por el principal del Colegio de Grenoble.
Rafael sigue:
"Querido tío, amada madre, mi buena Nelly. Estoy loco de felici-dad!
Me han recibido Bachiller de un golpe!.. ...... En todo el examen no
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LA ACCION ESCOLAR 159
tuve sino bolas blancas; ninguna pregunta me hizo vacilar aun cuando
los examinadores sin guardar consideraciones conmigo estuvieron rígidos
y perspicaces para embrollarme y desconcertarme, con todo, a mis
respuestas espontáneas leía su admiración en las miradas que cambiaban
entre ellos y esto me inspiró firmeza y confianza.
"Después de los exámenes el Rector me estrechó en sus brazos diciendo
con emoción: cMi querido hijo; estoy complacido y orgulloso
por el resultado sobresaliente de tu examen y en la misma proporción
me siento desgraciado de perderte; eres un faro de emulación para tus
camaradas y una gloria para tus profesores.,.
"En seguida los examinadores me llamaron al gabinete del Rector,
donde reunidos todos, me tendieron la mano benévolamente; uno de
ellos me dijo sonriendo «Hemos estado muy duros, exigentes -g sin piedad
para contigo durante el examen, estimado joven; pero hicimos como
el lapidario que talla una piedra preciosa y vuelve a tallarla para
que brille mejor. A qué carrera te destinarás?"
-A la medicina Señor, respondí.
- Muy bien, hijo mfo: poner las luces de la inteligencia al servtcto
de la humanidad, es tan honroso como útil. Sin duda habrás escogido
a París para hacer tus estudios?
- No señor, mis padres desean que los haga en Mompellier.
-Vamos! vamos! exclamó festivo mi réplica; diles de nuestra par-te
que les rogamos recompensen tus b'rillantes estudios enviándote a
París a fin de que vengas a ser una celebridad.
- En Monpellier no se hacen estudios de primer orden, ni de esa
escuela han salido eminencias médicas, agregó eJ de más edad. Mientras
que en París tendrás mejores medios de ensanchar y perfeccionar
tus conocimientos hasta ponerlos a la .::.tltura de los progresos actuales,
en bien de la humanidad.
He aquí padres queridos el modo de pensar de estos señores, y no
os oculto que me hace profunda impresión: mas no porque ellos hayan
excitado mi orgullo diciéndome que tengo facilidad extraordinaria; pues
antes que ellos, vosotros me habéis enseñado a reconocer que el talento
es un dón de Dios, y yo no he hecho sino mostrarle mi reconocimiento
poniendo todo el celo en estudiar con ardor, sin envanecerme por
una ventaja que sólo viene de El.
Al reflexionar sobre lo que me dicen esos señores, pregunto: ¿res-
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l60 LA ACCION ESCOLAR
ponderé yo a los designios de la Providencia r.especto de mi porvenir,
limitándome a ejercer de una manera ignorada esta bella profesión de
la medicina en la cual un hombre de genio puede hacer tántos progresos
útiles si se encuentra en un vasto teatro, que le precise a multiplicar
sus experiencias y observaciones? ..... Y si la vida de mi digno tfo es
de una abnegación admirable cumplida en la sombra, en el silencio,
¿por qué no había de ser la mía, también de abnegación, pero propagada
por la celebridad?
"Decidid esta cuestión, mi amado tutor, te lo suplico con inconstancia;
pero al mismo tiempo que te prometo someterme a tu determinación
debo confesarte que sufriría horriblemente, si me fuera preciso renunciar
a las halagadoras perspectivas que me han hecho entrever esos señores
y que me hacen gozar de antemar.o, las embriagueces de la gloria.
"A dios, y para mañana la felicidad de verlos a todos.
RAPAEL MAMBRAY.
A medida que el doctor avanzaba en la lectura, la expresión gozosa
de su semblante desapar'ecia, e iluminaba sus rasgos venerables una satisfacción
tranquila mezclada de melancolía. El papel temblaba débilmente
en su mano y suspirando con bondad lo dobló y entregó a su hermana
diciéndole:
-"Mi pobre Isabel; Dios nos pide a todos tres un duro sacrificio;
debemos hacerlo, puesto que tu y yo habíamos construído el edificio de
nuestras esperanzas respecto de tu hijo, sin consultar al divino arquitecto
sobre el plan trazado por El. Tú, creyendo que en este pequeño rincón
del mundo lo alejarías de los peligros de la sociedad bulliciosa y corrompida
de los grandes centros. Yo, haciendo participante a Rafael de
mi vida apasible y laboriosa, pero circunscrita a horizontes menos amplios
que los que puede alcanzar su mirada inteligente. Esos señores tienen
razón y nuestra ternura por este caro hijo, la maleaba el óxido de
los sentimientos humanos.
- Qué dices Frank? ..... Creo que por él sólo era que nosotros
nos -sentíamos dichosos: tú de asegurarle una posición honrosa y sólida;
yo, de librarlo de las tempestades del mundo y de los escollos de las pa-
(Continuará)
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Citación recomendada (normas APA)
"La Acción Escolar: órgano de los maestros - N. 5", -:-, 1923. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686981/), el día 2026-04-03.
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