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LECTURAS PARA E HOGAR
BAlO L DIR CCIOM DE LA SR-ORA
1996
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LECTURAS PARA EL t-IOGAR.
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ESTUDIOS BIOGR~FICOS.
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32 LA FAMILIA.
-Bert~ardino de Coria soldado y marino como los Peña te
-Se le azotará como á éstos. i IIay tnás ~
-- 1, Pedro Escudero, alguacil que fné en Cuba. y m11y
adicto al :x-obernador.
-iCon que Pedro Escudero también~ .... ¡ ace cinco año
que afech consigo misma, el recnerdo d la caridad
eumplida. Ellas conservaban taro bién su secreto, quo nadie lo
sospechaba. Estos actos de caridad individual s n n1uy nnn1e-
. rosos en París .... Son obras que pertenecen á lo que llamaré
beneficencia anóninta. Las personas qne as ej<'r(!en,--honlbre
y mujeres,--abandonan su nombre mun ano para adoptar uno
de ocación. t De dónde dimanan los dones, las gcnerosidades,-
en esto noexagero,--que permiten recoger á los ancianos, eui•
dar á lo incurables y abrigar á los niños ab o donados~ ... adio
lo sabe; nunca. se pronuncia el nombre d ning(tn benefactor.
Todo lo que puedo decir para el honor del París fútil, vanidoso
y pre aricador, e que en materia de cari ad no hay que
desesperar, y que con ese motivomnch le ser<· perdonado. Un
periódico uo má el Figaro, en el espacio de diez ailos, recibi'
en donativos voluntarios y distribuyó en bn nas obras ]n snma
de 3.541,063 francos.
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L.NS HERMANITAS DEL JOUNALERO.
En~ el ano de 1867. ]eemc~ en el Catholic WO'l'ld, (1) un
corto núm ro de ~ tloras estidas con un scnci11o unüorme y
(1) N6mero 229-Abril de 1884..
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36 LA FAMILIA.
que se apellidaban Herma-na8 de ta ABttnción, se embarcaban
en un puerto de ~ rancia en vía para Argel. Poco antes el hambre
había despoblado gran parte de aquella colonia, é innumerables
niiios huérfanos yacían sin protección ni amparo posible.
Los misioneros que visitaban á Argel pidieron auxilio á Francia,
y en el1nomento e organizó una especie de institución de
sefioras que con la bendi~ión de su obi pose dirigieron á Africa.
Una vez alll, reunieron á los huerfanitos, los vistieron, los alimentaron
los enseriaron y pocos rneses después esos pequeños
ár~bes, que habían corrido peligro de morir física y moralmente,
servían de núcleo para atraer á los hombres y mujeres que
no habían querido antes oir la voz del cristianismo.
La Hermanas establecieron dos poblacion cri tianas
fundaron escuela fabricaron iglesias, casaron á 1 s niñas con-ertidas
con los neófitos que los padres misioneros habían educado
y una vez que vieron que la pequeña colonia iba en vía
de prosperidad y que podía florecer in lla , las Hermanas
regresaron á Francia (ahora unos cuatro afios) en bns~Ja de
nuevos catnpo qn labrar.
El Obispo de tenohle vivía entonces atormentado con
]a desmoralización y la degradación espiritual de los trabajadores
en las grandes fábricas qno encierra el Obispado. Aquellos
infelices existían literalmente como bestias del campo sin instrucci
~ n, sin creencias y sin ideas de moralidad ; y eran focos
de revolnci' n y desorden sus habitaciones y lugares de reunión.
Los dne1 os de las manufacturas no sabían cómo remediar aquello,
y el Obispo no veía t?.mpoco esperanza de livio, cuando se
le ocurri' á Monseñor Fa va llamar en su auxilio á las Hermanas
de la Asnnoión que acababan de regre r de Afri a. Ellas no
encontraron ningúu inconveniente al proyecto · proyecto que,
<>bserva el autor Elel artículo, era mucho más tra ajoso de lo que á
primer vista parece. Aunque menos aventnr do que la miRión á
Afric , el plan de campaña en Francia demanuaba rnás valor y
tnuoho más tacto y habilidad. El jornale1·o francé , que es mucho
más inteligente . r despierto que el habitant d Africa, ofrece
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L F X ILIA. 37
(J'rande dificulta o p, r hacerle ab nd nnr la ondas del vici .
El bi po ~ io-ía qu.e las crm na fuesen á i ir en ol cetltro
mism d los lnoo res que eberí n pul.'ificar; convertirse en
la ·r ienta , las consejera y las cuidanderas de los jornaleros,
conoce1· á fondo su vida su necesidades y sus penas para comprender
los peligros que corrían, y ampararlos. Se llamarían
en adelante ' Las Hermanitas del jornalero (Les Petite
Sceurs de L'Ouvrier ), y como símbolo de la sencillez y la pu·
reza, las Hermanas deberían estar siempre vestidas de blanco.
Un rico padre de familia de Grenoble puso á la disposición
de la nueva institución una casa de·campo grande, cómoda y
rodeada de un hermoso jardín, en la cual las Hermanas arreglaron
grandes dormitorios para las jóvenes empleadas en las vecinas
fábricas, y cuyas familias vivían lejos. Estas deberían paga.
r una pequeña cuota para qne les dieran los alimentos; el
albergue les salía de balde, y poseían además medicamentos
gratuitos si llegaban á enfermar.
La vida de las Hermanitas es de u.m continuo sacrificio, y sin
cesar cuidan y vigilan á más de setecientos j(!)rna1oros, hombres,
mujeres y nii'les que trabajan en las fábricas vecinas. Ellas de
dican toda las horas del día y parte de la de la noche á su
protegidos, los vigilan cuando están trabajando, los asisten en
sus faenas, les llevan aguas frescas cuando hace calor, viven en
su compañía sin ce_ar, les enseñan por la noche, re~ompensan á.
los que se m neja.n bien, les aconsejan y amonestan, y los cuidan
cuando están enfermo , hasta curado ó enterrarlos. Los ensefían
á economizar pidiéndoles una parte de su salario que ellos dan
con gusto para una caja do ahorros que será la esperanza do su
vejez y el patritnonio de sus hijos. Siempre pacientes predican
con sus obras, con su dulzura y buenas palabras -y en cuatro
aí.ío ha cambiado completamente la faz moral y física de las fábricas
que han pedido auxilio á las "Hermanitas de los jornaleros."
El lenguaje mi roo de aquellos infelices ha variado,
pues para no ofenderlas, esos hombres soeces y vulgares no se
atreven á decir malas palabras en su presencia, y el que :fuera
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38 LA FAMILIA.
suficientemente insolente para insultarlas, perdería hasta )a vida
en aras de la venganza de sus compafleros. El vestido blanco
de las Hermanitas es respetado, querido, adorado por aquella
población, y ya en varias partes de Francia las han llamado
para que se hagan cargo de la policía de las fábricas y de las
manufacturas. Es cnternecedon ver como para imitarlas y dar•
les gasto, el jornalero que no ha aprendido ninguna oración en
su niñez, reza con las Hermanitas cada vez que ollas lo exigen·
aprenden el Padre Nuestro después ·.de viejos; van á misa y
cumplen con gnsto sus deberes religiosos.
vuestros bellos n1bios. ¿Habrán
ncanecido ? pude verlo pero desde nton es fuisteis
la madre de todos lo que ufren . L p lidez del claustro se
obre vuestras tnejillas que no han perdido la. placidez infantil
· esa rn nos tan finas y esa uñas bien cuidadas, se han enJiurecido
en componer colchone , nrar úlceras ven repasar las
cuentas del ro ario de bano. Los de gr~ iaao que yacen en lo
dormitorio os ven pasar y os contemplan con ternura cuando
les hablai . :rot' una co a que me ha sorprendido. Cuando
erai joven al la 1 o de vne tra madre en aquella casa que tenía
un gran jardín, estabais iempre trista y meditabunda como si
os pe aran lo día dcma iado largos · cuando o encontré
de .. pnés de veinte afios, en la enfermería me parecisteis activa,
alegra, i m pre riendo y tratando de divertir á los enfermo .
tEs decirqne la tranqni ' d J e~encuentra allí en dondeestais ~
Hermana María mi prima y mi hermana, esta lí ea no las vereis
jamás, y por o me atrevo á deciros : oi una anta.
' A cces pienso : ¿ erá ue el alma de Parí e h refu ·
giado n e tas · s s? e es lo creo a í · aquí e halla el lma
de la benignidad . · del desea de la p~rfección que se ·lcanza
aquí: porque se h r tirado del arí tnaterial cuyo de perdicios
rnína reco0 e en gnida . Es un con uel sabet· qu<:
nli otra que el arí ocio o . corrornpido signe adelante en su
marcha ruido a la ca11idad humildeme t ve tida 0 enerosa.
se trasnocha, ora, y llena de abnegación brilla por cncilna de
nuestras locnr como una antorcha al orde de un abismo.
Las casas en donde la obra de la sal vaci' n y de la. hospitalidad
se lleva á cabo con una persever:l.ncia que ólo la f tal vez
puede sost ner o numerosas en Par' porque allí m qu
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42 LA FAMILIA.
en nin una otra parte~ la miseria e rnultiplica, las caídas son
frecuente~ y urgonte el ocorrerlas. N o podré estudiar todos
estos establecimientos á cuya puerta no se ha llegado en vano ;
escogeré algunos que puedan ervirnoe de tipo y de ejemplo.
Diré cómo fueron fundados y qué especie de infortunio se han
dedicado á remediar con qué recursos llevan á cabo su miSlon,
aunque con prudencia, hablaré de los 1nedios, difíciles
unas ve es, y aun repugnantes otra , con que se ha logrado
nbsistir primero y de pué pro pera1· en pro de lo desgraciado
..
'Empezaré por la IIe?''JJUJJnita. do lo Pob-res.
l
•• ¿, ui -;n no e acuerda de la parábola del grano de roo -
taza tan pcc1ueí1o qu apena e veía cuando caía al suelo y de
donde alió uua plar ta en q.ue anidaban las av del ·i lo? Esta
la imagen de la ermanita de los Pobre tan humilde en
un principio, que ha tn . e avergonzaba de u pobreza y que
hoy l1a to1nado las pr porcione de un beneficio público.
o seo-uiremo l autor palabra por palabra ni frase por
frase porq ne no al rgaríatno demasiado. a te al lect r aber
que esta institución nació un un~ tri te poblaci' n d las costas
de retafia (en {rancia), llamad an ervan. Pu i ron la en
planta una ir ieuta i ja un humj Id icario 3 do jóvenes
co nrera .
La irvicnta vieja se llatnaba uana n 0 an.
Era una pobre campesina que de pué de h ber e tado
co1no criada. n varia casa de la indad d ~an ervan fué á
dar á la de una olterona vieja mn · caritativ!l. llí aprendió
á tener 1ni ericordia de los pobre . Cuando murió sa ma en
1 , J n na que tenía y rná de 4 año et pezó á llevar á
sn humilde cuarto en donde trabajaba, primero. á urh anciana
ciega y pa.ralítica que, abandonada de todos (en an ervan
no había ninguna casa de beneficencia pública) y cieg· , hubiera
muerto de hambre . de frío. J nana la U e ó pu , á su
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L FAMILIA! . 3
cuarto, púsola en l na cama al lado de la uya, y para cons@l rla
la dijo :
-Me orviréis de madre !
Y n seguida trabaJaba do lernente par mantenerla .
oco tiempo despué Juana lleva á u cuarto á otra
anciana enferma y la instala cerca. de la primer , y como ya no
quedaba lng r en el cuartito para trabajar, co ía en un co1·re~
dorcillo al aire libre.
Do año de pué in contar e n nad J n a tom b en
arrend miento una ca a, é in t lab Yeinte anci nas., par líticas
nna ciega otra orda toda ) infelice ' re elve lir á
pedh li o na por la indad par antenerl p toque y no
tenía tiempo para tr .. bajar y el día e pena le alcanzab para
cuidar á. su hu', p da . En a vi r ·i aquellas vieja_ mnplo' unos
fr neo que po ía d 1 t habí ec n01niza d urante
toda u •ida y n 1 qued aba n á recnr o. er io gra -
de. El cura que upo la olr d • nana, le yudó y la recomendó
á us feligre e , de 1uodo que todos lo día había lg que
comer en aquel ho picio iJnprovisado. Cnando toda habían
comido Juana recogía lvs obrados ara 11 . as 0 ea.te de los
alrededores e enternecieron con eme jan t e ridad y reuniéron
e var~as familia para cotnprar y regalar á J uaua una ca a
m grande, en donde cupieranrnejor la veinte ancianas· pero
ella que tet1Ía una verdadera fiebre de caridad á poco había
reunido ·a treinta pen ionadas · después fueron incuenta no
e habí n·pa do do ños cuando ya ontaba. con sesenta y cinco
bo que 1 antener y se cnta. y inco cuerpo que vestir y
curar. J nana re ·on·ía 1 s alrededores y los lugares n1ás inmundos
en busca de re desgraciado que llevaba á su casa,
los 1 vaba, lo ve tí y lo uidaba como i Ílleran su hermano
.
lJna. vez se encuentra con dos niño h tnbrientos, casi desnudo
y sin farnilia · al momento los lleva á. la casa y los alberga
entre las viejas y viejo .
Llegan á oídos de la Academia Francesa estos actos de vir-
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44 L fiLI .
tud, y en 4 ... le de ·retan el p1·mnio de vi,•! ttd ~ l francos.
'I're mil franco ! · ué dicha par .Juana y CUé~nto bien podría
hacer on aquello.
Pero no se reaque J uau trabajaba. ol· · n breve encontr'
otro corazones tan caritativos como el suyo ue le yudaron.
aría Agustina y María Teresa e1·an dos intelio-entes mucha-has
que se dedicaron á la aridad sin tregua, y ocurri" seles á
ellas por primera vez convertir quella. casa de refugio en una
especie de convento. Ayudóles en esto el Vi ario, acerdote
j o ven y lleno de amor de Dios y del prójimo. El abate Le
Pailleur, dice el autor del artículo que analizatnos, era el alma
de la obra que 11acía y en la cual tenia parte · todo cuanto tenía
era para los viejos indigente ; casi nunca compraba un vestido
y ayunaba mucho más de lo que manda la Iglesia. U na vez
que estuvieron en grandes apnro , el excelente bate vendi' su
reloj de oro sus ornamentos 1nejores, el cáliz que le había servido
cuando antó su primera tnisa. · todo lo que tnás apre iaba
fué vendido para omprar amas para los enfermo . "Es preciso
que sn fervor haya sido muy grande,-an de Du Cam p;-com-prendo
que haya tenido onfianza en Dio ,-pues era sacerdote,-pero
no dudó de la humanidad tampoco, puesto que cada día
cada hora, por decirlo a í, pedía para sus pobres, y ietnpre obtuvo
lo que quiso. Ahí está el milagro : el maná que alimenta á los
ham riento perdidos en el desierto de la id no le aía del
ciclo sino de las manos de lo hombre y lo qne permitió que
e auxili e á ~os infortunado fu' u fe n 1 humanidad, n la
caridad in fondo · en u con 1i oración . . .. El alma el pobre
vicario tenía alas y ella le llevaron n1: 1 jo obre todo 1n/
rriba de la prcvi i" n htnnana.
III
La casa de San Sel' an lleo-ó á e tar tan r na de pobr que
las ermana no tenían uu lngar en donde r clinar la ien .. aun
había en la calle desgraciado que pedían uxilio. Pen aron que
sería bueno agrandar la ca a · i pero cómo y con qn '. ¡ or todo
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L F A. 45
caudal tenían en caja iez ntavo . ~in emb r o la ali
nte muj r e pu i ron éÍ tra r per onalmente las piedra
que hallaban por lo camino ~· ·i a var para. echar lo cimiento
. pena -i ron aqu 11 lo albaflil d an crvan cuando
corrieron ofrecerle u servicios gratuitamente y al mi -
mo tiempo n iáronl d toda partes cuanto 1nateriale necesit
ron. oco 1n de pu' taba concluído el dificio, y
cnar nta indio-ente fueron albero- dos en l.
El abate e Pai11 ur acons~j' el las ermanas que e dedi
a en á so ·orrer '1 : lo an ·i n pu era impo ibl que
albero- en á cuanto d O"raciado había en Franc.i .
Poco á poco la sirvienta abnegada de lo pobre so multipli
ron .. multiplicaron ta bién la· buena mnjere que
pedí n 1 limo na po1· ·~ mi n u • lle . la obr pro peraba.
EL abate uividi '> en ton. ll ejército Inandó á una d
la nndador á Marí • gustina éÍ que fundara una casa en
Renne . Poca emana d pné d J aber ll O'ado á cnne Ja
obra ib 1 Yia de progr o y la limosna eran abundante :
hombres. 1nuj re niDo pobr todo dabaa algunos centavo
para una in tituci' n tan buena. En el n1i mo año fnnd' aría
Agustina otra casa en inan en donde la municipalidad la
proteO'i' o-enerosamente y en 1 4 el abate fué · N antes con
1 madre María Teresa e:\ quien di' einte franco (cnatro peso
) y le dijo que esperaba que e o le bastaría, y que al cabo
de tre meses volvería á ver cótno andaba. la fundación. Efectivamente,
al cabo de ese tiempo Mar.ía Teresa ya tenía un alojamiento
en donde cuidaba á cuarP.nta ancianas y la limosna
le bastaban para rnantenerla .
e 1 · 42 á 1 3 e deciJ· en cu·u·ent~ .. un año , la ermanita
de los pobre han fnndado en Francia, y fuer· de ese país,
217 ca a de eneficencia, qne albergan {t 25 000 desgraciados
ser idos por 3 400 reli~o a -pue. tienen ya regla y voto .
En Parí no tnás tienen cuatro e tablecimientos con 1 200 an~ianos,
cuidados por nna cien IIern1anas.
Para de empeñar todos los gastos, las Hermanita de los
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l.~A l"AMILIA.
pobres no tienen más rccureos que los de la limosna. Piden á
Dios por medio de los hombres el pan de cada día, y El siempre
lo da. Es prohibido tener en ·aja más de lo preciso para cada, día.
Diariamente salen de cada casa dos Hermanas limosneras, y se
las Ye pasar aprisa y alegres porque van en busca del pan del día
siguiente. Todo lo reciben: dinero, vestidos, alimentos, lo que
quieran y puedan darles. En todas partes las reciben bien y nuncasalen
de una casa sin haber recibido algo· los obreros, los trabajadore~,
les alargan su modesto óbolo, sin que sea necesario pedirles:
"¡para sus viejos! les dicen enternecidos. Hay hoteles,
tiendas y establecimiento públicos que 1nandan todo lo que
les sobra de las comidas lo mendrugo~ de pan etc. á las casas
de las IIermanitas. Algunos olegios tambión envían el resto del
p ·m qnc d jan los estudiantes.
Un coche, prestado gratuitamente por un hombre caritativo,
r e rro las calle y los mercados recogiendo las limosnas de
gran s y lo alimentos que l'egalan á las llermanitas.
Como no tienen recursos para dar á los viejos afé puro,
cosa que ellos dese n má que todo las Hermanitas piden los
residuos que quedan en lo caf's y rcstau.rantes, y con e o dan
á los iejos a lgo que se parezca á lo que tanto le gusta.
Una vez por afio, -ell9 de Marzo día de an José -el
Arzobispo d Paris y algun s canónigos van á una de las
casas de las llcrma.nitas, y poniénd se el delantal blanco de las
sirvtenta , irven ello mismos ]a comida á los ancianos, que
se llenan de gozo y orgullo al cr aqt1ella señal de fraternidad
cristiana.
Las Hermanita no ~e ientan nunca á con1er hasta que el
últilno anciano no haya conclnído,) á vece no les queda Jo suficiente
para apaciguar su hambre.
Las camas de los ancianos están en Parts cubiertas en gran
parte con colchas de retazos de 1·aso terciopelo y ricas telas,andrajos
que han recogido en las casas de la costurera y de
los ricos. Aquello loco n las ancian que ún puedan hacúrlo,
y los viejos sastres que toda via alcanzan á ver, dirigen con
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L A MILlA. 47
orgullo el r mo de ve tidos · otro tanto hacen los antiguo zapatero
con los botines roto que le regalan. Los carpinteros
arreglan tnueble con lo viejo q a o le dan. Los jardines están
bajo la dirección de j rdineros y los alb i"iiles tienen
orgnlo en ayudar á compon r la casa. Todo aquello ancianos
-que no baja ninguno de setent< y cinco afios,-hacen su gusto
no los atortnentan, no les exigen nada, pero poquísimos son
los que no sienten placer en tratar de ayudaré~ las Hermanitas
en sus faenas domésticas.
Sin embargo la mayor parte de aquello asilado han vuelto
á la infancia y mucho no pueden ni iquiera pedir lo que desea11
y tienen que adivinar les · otros han llegado á convertirse en
tronco vivientes, in mirada, in n1ovimiento, y viven como
niño~ recién nacido a quienes hay que cuidar con1o á ésto~ .
Há.nlo reunidos en una ala en dond están á cargo de una
ermanita que Jos cuida, y que no ha logrado impedir, á pesar
de sahumar continuamente el dormitorio que la fetidez se
haga sentir á toda hora
En otr-a parte se encuentran los loco que n están fnrio
os ni son peligroso .. .. .
'Se --ven se tocan, enternecen e as miserias física , dice
Du Oamp,- y se adivinan y aterran la morales. Ciertamente,
la casa de las Hermanitas e un puerto, un puerto de salvación
y de refugio. 6 Pero de dónde han venido esos infortunados?
t Quiénes son los que despué del naufragio al fin llegaron
allí ~ En aquel lugar abordaron existencias cuyas desgracias
no han sido inventada por novelista .
" . . . . Ello no refieren u pasada vida y sólo las Hermani-tas
lo han oído, y ellas callan ... .. .
Entre las mujeres hay muchas antiguas actrices, que han
sido aplaudidas con entusiasmo, bailarinas y mujeres de la
vida airada, que aún hacen dengues y olvidan sus cabello canos
y sus arrugas .... Sin embargo, parece que son mucho máR
trabajosas las mujeres que los hambres · son más nerviosas, se
quejan, lloran y son más exigentes, porque se acuerdan sin
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•
4 LA · FA lLIA.
cesar de lo qu~ fneron y de lo que son. Generalmente los
hombre on respetno os y agradecidos con las que tanto los
cuidan .
Los sexos están divididos, alvo cuando recibe11 marido
y mujer, y entonces le permiten hablarse una vez por
día, y se reúnen en la capilla, en donde todos y todas las
que pueden mover e van á oír tnisa todos lo.. días · los que
no pueden canlinar van en sillones rle t·neda , ,Y las Hermanas
llevan aun á los idiotas. Allí reciben no olamente francese
sino qne tod sér desgraciado, que esté viejo y no pueda trabajar
tiene derecho á er recibido.
La crmanitas se levantan á las Cliatro de la mañana.
todo el afio, y trabajan in c.esar hasta la diez de la
noche. quella vid fatigo. a y mal .. ana las gasta pronto y
poca on la que llegan á viejas .
:La Reo-la dice Dn Camp tan sc,·era para con las religi -
a indnlgente para con lo pen ionados · en realidad ellos
son los amo .Y las herm na u humilde ir ienta : ]á anlo
cocínanlc , los cuidan en ]a cnferJncría piden para ellos y on
su sirvienta en toda ocasión. Ellas los alimentan los visten lo
acuestan, lo calzan, lo curan, le cambian 1 ve tido le hacen
los remedios durante las euformedade lo consuelan en la
hora de la muerte, los ponen en el ataúd, oran por ello y lo
acompafían hasta el sepnlcTo. En estos refugios la disciplina 110
ólo es suave sino maternal . L 1nujer nací' para er madre
: bien puede hacer votos ; la naturaleza puede más : u
voluntad '> las circunstancia doblegarán la ley fíeica del sexo,
pero nada se puede contra la 1ey 1noral · en la infancia e
madre con su 1nnñeca · vieja y estéril e la madre de lo
~equeñuclo · hermana de la caridad lo e con sus enfermo~
con los ape tado de ('\ll Lázaro e n la arrep ntid del nen
Pa tor, con los ""agamundo d ill r - ottcret · la reli~do a
es tanto tná rnadre en sn funcione le ho pitalaria .
cuanto · que n > lo ha ido n roalidad. E t l que no han
cornprendido aquello buenos libres pon adore qu pr tenden
obliga1· ·i los ho pi tales de arís á que tengan enfermeras laica .. .
¡ Qn6 palabra · qué acci' n tan bárbara!- 1, conozco esa
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LA FAMILIA. 49
enfermer s laicas, la he visto en. actividad, y sé cuántas
botellas de ajenjos do golo inas contienen sus bolsillos!
' En sus casas con su enfermo las Hermanitas de los
pobres son m dres, madres tiernru: carin.osas atractivas, siempre
sonriendo, como debe er el que quiere contentar y entretener
á. los niflos. ¡ Cuántvs beatitas jóvenes y frescas he visto
o rodeadas de una bandada de hijos, entre los cuales el más
jo en contaba setenta y cinco años de edad ! no se diga que
· qnello era fingido : yo la ho vi tQ al través de las rcnd ijas de
las puerta in que npieran qne había quien las vie1·a y h
sorprendido en In intilnidad aquella vida diaria de fatnilia.
Lo qne m,í me ha orprcndid en ellas es la alegría que
Jnanifie tan ·i to a h r3~. la on ri a mora ntre sns labios
co1no i fuera una rédnlos 01
es campo para ser cuchado por ellos.
mpezarmnos cupán onos de la refut c1 n de una bra
que no nueva yá pero ne hace alcruno · üo fu' traducid
al español . r corría impres en Bogotc1 y en t • no d juventud
colotnbian enco1ni d · preconiz d por los n1alo con ejcro
de lo estudiante haci nd en llos un gran d ño y pervirtiend
u idea des o u tempr na oda. . a o ra de que
habla.rno e m·ita por un profe .. or rte-, rnerie~ no de idea
antirl' ligiosas - y \.1uc rnuri' 1~0 hac 1uncho me ,-se llama
i toria del onfii to ntr la eligión y Ja iencia · 1 or
Guillerm Draper.
I e o visto arios artículo y libro que conte tan más ó
1neno bien á los ' Conflicto entl'e la Religión y la Ciencia ··
pero quiz·~ la co testaci' n más satisfactoria en muchos punto
e la de •r. Tomás Cámara a í como en otro brillantí io1o
el P. Miguel Mir. e uno y otro no ocaparemo aquí y tr ta-l
·emo de nalizar sus obra
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LA ILIA. 1
ecomenda. os e pecialmente los siguientes estudio á las
persona que habiendo leído el libro de Draper, no hayan en-contrado
refutació posible· los hechos qu anza. abido e
que no todo pueden tener uficiente ilustración para de cubrir
los errore q~e frecuentemente se encuentran en Jos libros que
pretenden ocuparse de Historia, muchos de los cuales aseoouran
como enteramente verídico lo que es un engaño manifiesto
para el que se ha ocupado particularment~ de esas materias.
El P. Cámara dice en su prólogo que no contesta á Draper
porque sus escritos sean realmente importantes, sino porque,
habiéndose puesto éstos en mano de principiantes, que no
on capace de responder á ellos porque no han entrado en estudio
científico-religiosos ; porque no tengan tiempo ó porque
no posean afición ' a.lcances para desenredarse de la maraña
sofística urdida por los incrédulos es preciso que los padres
d e f mili sepan cuánto veneno puede inocular un libro de ést
os en lo co1·azone ardiente de su hijos, los cuales, incapaces
de refutar esos errores no comprenden la mala fe con que
obran loa utores de la Escuela de Draper.
I
Draper dedica el primer capítulo de su obra á los orígenes
de la ciencia.
' La ciencia dice el P. Mir no es más que el estudio la
revelaci' n y reproducción en el mundo intelectual de los eres
que componen el u ni erso. . . . Todo en él est á unido y enlazado
: todo se refiere á lo mismos principios y e reduce y subordin
á un solo centro de unidad. El hombre es el lazo que
une el mundo de los espíritus con el mnndv materiaL Todos los
conocimientos humanos contribuyen á realizar el plan divino
que existía desde 1 eternidad. La ciencia humana es imagen de
la ciencia divina, y la. verdad que brilla en :nuestro entendimiento
no es sino el reflejo y traslado de la verdad sobrenatu1·al.'
El mismo autor piensa que el primer hombre, Adán,
comprendió aquella unidad sublime ; descubrió y abarcó los
misterios de la naturaleza, y penetró la armonía de la. creación,
porque !U inocencia le acercaba á Dios. Una vez perdidA é1ta
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52 LA FAMILIA.
su entendimiento cómenzó á ofuscarse y las pasiones pervirtieron
sus claras :facultades. Sus descen.dientes fueron perdiendo
poco á poco la memoria de lo que había sido revelado á aquel
que salió de las manos del Creador; pero su instinto les obligaba
á tratar de descubrir lo que habí?n olvidado á través de los
siglos, y así avanzaban lentamente, pero con paso seguro, por el
camino de la ciencia divina. Hoy el hombre en su orgullo
busca la verdad en la ciencia, y pretende desviar la vista de
Dios; rechaza las manifestacione .. de la Sabiduría di vi na para
inventar sistemas inspirados por su soberbia ' y esto es, añade
el P. Mir~ lo que llaman conflictos entre la ciencia y la fe. '
Desde los primeros t.iemp0s han luchado y luchan sin
esar la soberbia del hombre y las obras de Dios. En ada
época ha to1nado esa lucha diferente a pecto. Pero en nuestro
siglo se enc uentra en todas partes y e procura arrancar la fe
del coraz' n del hombre para reemplazarla con nna ciencia
in Dios .
pregn tamos : ¿cómo podrá haber ciencia sin Dios,
cuando ciencia es la verdad, y Dios e la esencia de la verdad 1
Todos los sabio"' del mundo, cuando lo han sido verdaderamente,
á fuerza de estudiar las leyes de la naturaleza, han
encontrado al fin al Creador de ella: si nó, buscad las obras de
los paganos, como Pitágoras, como Platón t
La ciencia,-explica el!antor que ya citámos, en el primer
capítulo de su obra,-es un desenvolvimiento del entendimiento
humano de generación en generación, y está difundida por
toda la creación : unas veees nace de los estudios individuales
de ciertos espíritus privilegiados, ó brota del conjunto de los
conocimiento de mnchos espíritus diversos. Desde que la
Infinita Inteligencia sacó la creación de la nada, puso en ella
una chispa vital que se difundio por todo el universo y se
encarno en el HOMBRE. El hombre es la. co1·onaci"n de la obra.
de Diob, y es el único sér capaz de penetrar los misterios que
le rodean, porque posee una inteligencia suficientemente clara
para formar idea de 1a verdad científica; para abarca'r, comp8irar,
ordenar y clasificar los descubrimientos que haee en
el seno de la tierra y sobre la superficie de ella · para inventor
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L F MILI . 53
instrumento co lo cu les registra el aire y examina. lo infi.
nita.mente poquefio, sí como lo inmensamente distante como
los planeta lo stros · el hombre calcula la sucesión del
tiempo· sorprende las leyes del tnovimiento · adi ina lo quo
ha sucedido ante de u época · estudia 1 esencia d n ahna
procura penetrar la majestad y grandeza de ios.
:rada hay m bello; en el mundo d'ic 1 p _ J: :Iir que
este esfuerzo de la inteli encía humana par alcanzar la verdad;
nad que má la le ante y cngt·andezca. · nada en fin,
que cause en el espíritu del hombre deleite m s puros que
la percepción de aquella armonía inefable que, nacida eternalmente
en la esenci di ina, se reveló y fij' y como que e
materializ' en la creación del universo,-armonía que nos e
revelada por los adelanto de laa ciencias.
raper dice en sn ob1·a que la ciencia propiamente dicha
no empieza sino con el establecimiento del Museo de leja -
dna. t qQ.é. dice el P. Cámara, n0 cnenta como ciencia
las pirámides de Egipto levantadas veinte siglos antes de la
éra de lejandro ~ Y los obeliscos de Lugsor cubiertos de
geroglíficos aYenida de misteriosas esfinges, estatuas colosales
de monarca .... las ruinas del templo de Belo, en cuya cúspide
-estaba ituado el observatorio astronómico ve tigios de
los do palacios con sus pensiles colgantes, en los que crecían
árboles corpulentos como suspendidos en el aire, y los restos
de la. máquina hidráulica que s~rvía para elevar hasta ellos las
guas del río · el lago a1·tificial con su vasto sistema de acueducto
y e rc}u... que recogían la nieve derretid de 1 S Olltañas
de rmenia y 1 conducían al .tra vé de la ciudad ... . y
el túnel bajo 1 río y 1 ala de pilastras de Persépoli llenas
de milagro del arte, te. . . . la deliciosa residenci de ver no
de los reyes de ersia, protegida por siete muros circulare
de pulida. y cortada piedra~ elevándose sucesiva.men te· los interiores,
y de colores distintos, en relación astrológica con los
siete planetatl · el palacio techado con tejas do plata, etc. etc :"
¡ acaso esto no sería cien eia ~
De todo esto habla Draper, y sin embar·go, afiada que las
Ciencias n.o existían antes del Museo Alejandrino. Sería itnpo·
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54 LA AMILIA.
sible imaginar siquiera cómo serían la ciencia y la cultura en
los primeros siglos de la historia de la humanidad. Pero lo
cierto es que, según las más modernas investigaciones y estudios,
los primeros hombres no fueron salvajes, y lo prueban
los monumentos más antiguos espa.rciJos en todo el globo. En
América, en Colombia no más, t no se encuentran acaso maravillosas
ruinas que prueban evidentemente que antes de los
salvajes que los conquistadores encontraron en A.mérica, hubo
una civilización muy adelantada 1 Esos salvajes no hay duda,
provinieron de un pueblo antes civilizado.
pesar del progreso de la civilización autigu es preciso
confesar que el cristianismo fné el que rehabilitó al ho brc
que se había encenagado en el error· 1 que hizo conocer la
Yerdadera moral· y el amor de io 1 prójimo dió nuev
vida á la potencias del hom brc. os abio de los p1·imeros
siglos del cristianismo son }os adre de la Iglesi .
El cristianismo dice Alejandro de IIumboldt, (1) preparó
los esphitus para que buscasen, en el orden del mundo y
en 1a bellezas naturales, el testimonio de las randezas y
excelencia del Creador. Libre del tropel de divinidade paooana
que la cercaban por tod parte que la empequeñecían
y llenaban de ridículo telTOr la naturaleza e llen' de tma
Divinidad inmensa espíritu infinito amor in fable y alt' ima
é incompron ible aje tad · mostrá do e ú lo jo del hombre
no yá como ene1niga. in o 01110 ami a.··
Lo primero siglo de nue tra ·ra . e pa aron e
tes comb te eontr é paganibtno. urante la. J. da
l'illaron Tan núme · le abios alg·nno. de lo cu l e cit.. e
P. ir tnuy d pa o al conte tar que 1 o c. ier o. e 1 licen
los p.le pretenden lenigrar · e nte la Inquisición,
aquel caballo de bata11a de todos lo enemigos de la
Iglesia, lo cual siempre sirve de espantajo para asustar á lo
que ignoran que hubo nqu1slCl o no olamente en la Iglesia
cat' lica, sino en la Refo1·mada y qnc eJ tormento hacía parte
de las leyes penales d e aquello sio-1os en todos los paíse del
1nundo.
Esta contestaci' n ha id o dada rnillare de vece ~ pero los
cner igo del Catolicisn1o, haci 'ndo e los ordos ontiuúan repi-tiendo
. ietnpre la misma co a . in ctnbar~o. die 1 padre ir
i l enmnigo n e ansan de repro lucir h ~ 1 1i 111as acu acione
, os tiolc tan11 oco el en an c.t.r d rep ir 1~ n1i 1na
contc. t, i 1e .
nan ( l I(>·le ia in tit.uy~ 1 Tribuual do in In 1uisición,
la uuto~·ida(l civil no tenit~ leyes de policía, y 11u se cu ah de
c. o · la Inqui ición vino ú ~er . p 1c • una p lict · ecle,j{s ico-ci-il
que veht.b·l. por el bien d l eind dano . e ·ún la creencia
de la ;poca· prohibí lo principio contr rio á la roligi' n atólica
castigaba everamente ú lo s que delinquían n todo
aquello u e entonce · so consideraba cotno un crimen. 'La
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L F MILI 59
Inquisición de España, ijo el Acadé1nico Juan a1·ela n un
discurso reciente, (1) casi era. benigna y filantrópica, comparada
con lo que en aquella edad durísima hacían tribunales, gobiernos
y pueblos en otras regiones. Todos los moros, judíos y
hereje castigados ' quemados en Espatía por la Inquisición
durante trescientos ai1os no igualan en número, por confesión
de Schack, a sólo las infelices brujas quemadas en Alemania
nada más que en el siglo VI (el iglo de lq, Refo1'm.a).
Respecto de Inglaterra dice el mism arela por confesión de
los mismos ·nc,lesc u O' dig Penal en lo siglos VI y
XVII y parte del """ I era el p1· l> io del o-éner o humano:
Otro de los caballo de batalla I]_Ue sacan á luz lo encmip:odel
Catolicism eu todas ocasiones, es á Galileo. rapcr repite
lo tni mo que se ha ho entenarc de Yece in apoyar e en
documentos ningunos sino en aquel se dice q ne s tan cómodo
para l que stá en el error. El padre Cán1ara presenta documentos
auténtico recientemente descu iertos que prueban
que Galileo no solamente jamá fué puesto en tormento sino
que fué tratado con las mayores consideraciones · y si se le
prohibió que enseñase por el sistema de Copérnico la culpa
fué de la época en qne la ciencia estaba tau atrasada y de sus
discípulos, que pasaron armados con esta doctrina á di cutir
los textos de ]a divinas Escrituras. Los t0rmentos de que tanto
se ha hablado nunca fueron puestos por obra y el fan1oso é p1t1,
·i m-uovc, e una de aquellas f r ases inventadas para llamar la
atención : e-toe yá cosa probada y se e nsidera lite?·at-urc~J.TÓb"'Íl
citarla. 'alileo tenía cncmjo·os . ~ étnuJo que envidiaban ll
ciencia, y é tos f teron u ·· acusadores. En aquella época tan
no e ercyó ptc n t oría l'a n ra1·ia <Í 1 religión cnt{,lica,
que lo teólogos ¡N•otc8tante ·la prohibier n . mientras qne lo .
• Jesuitas la proteg·i ero n.
Los enemigos de la Ig1e ia dicen que Galileo no fné sepuL
tado n sagrado, lo cual e también una impostura. Es cosa sabida
que muri' en su casa de campo de Arcetri auxiliado por
(1) Discurso en lA Academia de la. Longua ,-citndo por el Pa:dr Mir.
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60 ILI .
ario fraile cuales 1 nterraron en anta-Crnz y de allí
trasladaron u cer iza á lorencia, e onde le erigieron un
untno o túmu o . Todo e to " ucho má e ·pli los padres
ámar ir l cual recomendamos ' lo ue real e te
desean aber la E D D que lean e co e za
deb creer la palabra ai lada de pretendido
i o que e d ban e ·arnin r le pruebas lo docu1nento n
par darle ntero cr dito.
alileo no fué e comulgado e:.ccatedra por el
apa ni por ning' n oncili · Jo fué or u congregac1 n
que no te ía por ué e n idera1 e infalH le · y tan no lo era
que se e ni ocó como ' todo 1 mu do lo abe.
(Continuará) .
LA MANERA DE SER AFORTUN~DO.
prende alg naco a con perfección .
scoged tn n gocio que no os repugne y no lo cambiéis.
Conserva siempre ot·den istema n cuanto emprendái~
po ao en vne tro propio riterio y no o ocupéis demaiado
de le: opinió de los dem .
unca faltéi una cita.
o téi ocioso ni n momento· que vue tra ano y
estro entendimiento trabaj n in ce .. r .
e e ritati o on todos • o-enero o con el pen a iento
y los hecho · ocorred .' los demás en 1 cabro o e ino de
1 ida.
o pr curéis nriqnecero pronto · acordao de que 1
ganancias corta y cgura on mej or que la m p r esas arriesgadas
; porque las prin1era producen tranquilidad de píritn,
y las otra gastan la id y gostan y secan el alma.
anc dej~ i para ma ana lo que se puede hacer h oy · y
· amá.s mole t i á lo demás con q uej a y l. m en tos.
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LA F.AMILIA. 61
EL S:ANTO CALIZ.
De unos apuntamiento de viaje publicados en el Tahlet
traducimos lo siguiei\te :
' He mencionado la mucha cosas interesantes que hay
en Valencia par el viajero cat" lico: en e ta carta me limitaré
á hablar en pocas palabras de la gran reliquia de la ciudad.
' Creo que no me engafio al afirmar que la colección de
reliquia que pertenec á e ta catedral, es de la 1nás hermosas
de E paña · pero entre ella ha una, cuyo valor excede al de
todas las demás: el Santo Oáliz. Las per ona que ignoran la
historia de esta reliquia han hablado y escrito acerca de
ella con bastante lia-ereza, y no han faltado escéptico que
ridiculicen la devoción de la cual es objeto. Confieso que
yo mismo me sentía inclinado á dudar de la autenticidad del
ant
Citación recomendada (normas APA)
"La Familia: lecturas para el hogar - N. 1", -:-, 1884. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686769/), el día 2026-03-24.
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