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501-! EL COHREO DEL VALLE
Allí permaneció mucho tiempo en un estado de inconsciente placidez,
sin pensar en nadie ni acordarse de nada. Pronto quedó el parque desierto,
con excepción de algunos vagamundos, de los cuales dos se acercaron
al duque.
-Un gran burgués tomando fresco! murmuró uno de ellos.
-Salud, señor mío, pronunció el otro- sentándose al lado.
El duque no contestó.
-0 es un imbécil, ó está borracho, dijo burlonamente uno de los ma-landrines;
si pudiéramos explorar sus bolsillos ..... .
Y procedió á palparle el vestido, de donde sustrajo una cartera con papeles.
Lo imitó su compañero, y en un par de minutos lo desbalijaron.
Por lo pronto mostró alguna alarma su víctima, pero no tardó en caer
en una se1 ena indiferencia, y los pilletEs se congratularon á más y mejor
con la fácil ejecución de su fechoría. Seguidamente, número uno cambió
su gorra por el sombrero del duque, mientras número dos se escurría entre
el gabán de verano.
Hecho lo cual, y después de propinarle un puñetazo que dejó tendido
sobre la yerba al pobre hombre de Estado, los tunantes pusieron pies en
polvorosa...... ~
No tardó en aparecer otro paseante, el cual, al ver á este caballero
vestido de baile, cubierta la cabeza con un grasiento gorro, y sollozando
sobre la yerba, soltó una carcajada:
-Diablos! Y esto? ..... .
Y riendo más y más, saludó inclinándose hasta el suelo:
-Tenga su señoría muy buenas tardes!
Como el duque seguía sollozando el recién venido prosiguió:
-Graciosa situación para su señoría! El primer ministro ebrio! Gran
contravención para un. sumario! Si yo avisara á la policia, eh! eh! ¡Qué
oportunidad para la oposición! ...... Pero, no! Tengo algo mejor que eso!
Se inclinó ceremoniosamente, y levantando al duque, continuó obsequioso:
-Me hará su señoría el honor de aceptar mi humilde hospitalidad? ...
Yo soy Robson ...... ¿Recuerda Su Señoria? Robson, el sirviente fiel y
calumniado ..... .
El duque se dejó tomar por el brazo sin oponer resistencia.
,_A ver, el niño, decíale mimosamente Robson, procurando soliviar
al duque.
Hizo parar un cab, dio una orden al postillón, ayudó á subir al Duque
sobre el estribo, y subió tras él. Veinte minutos después se detenian al final
de una oscura callejuela en un barrio apartado. Robson pagó y condujo á
su compañero por muchas otras calles, torció por un rincón todavía mas
sombrío, y se detuvo al fin delante de una pobrísima hl:\bitación. Introdujo
una llave en la cerradura, abrió, empujó al duque, y una vez ambos
dentro, volvió á cerrar la puerta y prendió el gas.
-Bienvenido sea su señoría en mi modesto alojamiento, dijo Robson
sentándose.
Y ahora, tenemos cuentas que ajustar. Usted me echó de la casa so
pretexto de que yo beuía y robaba. En lo tocante á vaso, evidentemen-te
un borracho como usted es juez excelente ...... Pasemos! Mas pre-tender
que yo no tenía derecho á. vuestros vestidos, que me vienen como
un guante, salvo el sombrero ah!! Hé aquí, precisamente un traje bastante
bonito. Me falta casaca por el momento. Ayer no más me fue necesario
otra vez rehusar una invitación urgente de personas de sociedad.
Es mucha bondad ele usted ofrecerme ima.
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3010
Desapareció, y volvió á poco trayendo un tosco traje con el que ayudó
á vestirse al duque
-Diríase que estábamos en los buenos tiempos, mi querido, insinuó
Robson ,Ni cuando íbamos á comer á casa del rey nos emperejilábamos
tánto. Ahora, no vendría mal una vicita al peluquero, ah? Esas barbas
están feas.! Y con unas tijeras dejó al rape las barbas del primer
ministro.
-Los cabellos, amigo, también están demasiado largos.
Y lo trasquiló.
Cuando concluyó, ni los mismísimos secretarios de Su Seii.oría lo hubieran
reconocido en este viejo algo canoso, disfra<'.ado con vestido roto, y
pestañando con aire de satisfacción delante de su excriaclo.
Ahora, señor mío, elijo Robson, si mi conversasión le desagrada á us-ted,
la suya no me divierte más ...... Así, pues, voy á destinarlo, sin su
previo consetimiento, al asilo del ejército de salvación.
De pronto fijó la vista en una tarjeta que había sobre la chimAnca,
y dándose una palmada en la frente, prosiguió:
- Me- ocurre algo mejor.! No es al Ejército de Salvación á donde
lo enviaré á usted, sino al buen sacristán cuya tarjeta no sé cómo vino á
mis manos.
Miró rápidamente la dirección, y leyó en voz alta: Rew,Elijalz Simmins,
61, Lebecca Steet, Bethnal Green. N. E.
-Ello recibirá á usted con los brazos abiertos. Arriba! Perezoso!.
Mucha persuacion necesitó, y no poca fuerza para hacerle salir de la
casa; y cuando al cabo encontró un fiacre ordenó:
- Cochero! Conducid á mi amigo á esta dirección, ~· decid al re,-erendo
eclesiástico que le lleváis á su sobrino de ...... Mallorca.
- De qué? gruñó el postillón.
- De Mallorca, no lo olvidéis. Son cuatro pot· todeiPsiáslico.
- Nada de errores, gritó el cochero. En prueba dt• ello tt>ngu aquf
su tarjeta; baje usted mismo á convencerse!
-Se abrió en ese mamen to otra ven lana de la casa del Jn·n lt•, y :lfmreció
una nueva caheza.
De qué se trata? pregtmló el dtH'no.
Traigo un sobrino pródigo á su nido, y el liu se niega ú recibirlo!
aulló la voz cnfurecidad del cochero.
- Que vergüenza, repuso la voz, una verdadera vc1-g-üenza
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;;Ol,•rt.~:a one1na,
que, un tanto azt)raao1 cenes de Bit¡tJheba
bía estar ery su M~ll'itflrl~
de añil ...... pero. qu6 nac!er,,MJ.~~
dia7 .. ..
-Hoy tiene
convendz1a tomar
consentiri (!Jn é1lo
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EL CORREO DEL VALLE
--Mil gracias, Mary, respondía el duque; realmente, no me siento bien
Disponías(' el seitor Timmins á salir, cuando el duque lanzó un rápido
"uetenéos, 1) y con C"l gesto le indicó. una silla, en ademán imperioso, desde
lutQ;o inucitado en el tío Sam. .
- Elijah, Mary, pueden Jecirmc ustedes quien soy yo?
- Usted es el tío Sa.m, asegur6 Mary al cabo de un momento.
- Cir rto, no hay duda .. .. pel'o yo tengo plena certidumbre de que no
soy el tío Sam, afirmó el duqu(',
- Entoncf's, ¿Quién es usted? preguntó el señor Timmins.
Soy el duque de Guiseley.
Los E-sposos Timmins se miraron de nuevo.
- Naturalmente, usted es el duque de Guiseley, confirmó Eliajh; ya
lo sabíamos.
- Entonces, l,pur quf' me llaman ustedes tío Sam?
- Oh! es un apc.do familiar.
- Pero, señora, dijo el duque, ¿con qué derecho me ponen ustedes un
mote familiar?
- Es verdad, contestó Timmins, suavemPnte. Derecho? Pues no hay
ninguno absolutamente.
- ¿QuiPren hacerme el favor de decirme cuánto tiempo he_ permaneci-do
con ust edes? continuó el duque.
- Poco má::; ó menos tres años, dijo Timmins.
- Tres años! exclamó el duque. ¿Está usted perfectamente seguro?
- Perfectamente seguro.
- Cómo vine á dar aquí?
- Ll<:'gó usted de Menorca, en un fi.acre .. ..
- De Menorca . . . . . . en un fiacre! Si no estoy loco, declaro que notar-daré
en enloquecer.
- Pero no, tío mío, no tiene usted más que un simple estropeo. Con
reposo y traquilidad . .. . Voy á buscar un calmante.
-Basta! gritó el duque. Asuntos urgentísimos reclaman mi presencia
en el Ministerio.
Y esto diciendo, se encaminó el duque hacia la puerta; pero Timmis.
de un salto, le cortó la retirada, mientras su mujer lo cogía de las
manos. diciéndole:
·-Siéntese usted, tío mio, se lo suplico, cálmese .
. . Seüora, prorrumpió el duque fuera de sí, le ruego á usted que me
suelte!
. Sea, declaró Tmmins decididamente.
Entonces el duque ele Guseley, que era diplomático de profesión, optó
por parlamentar .
. . Escuchadme, dijo sentándose en el canapé: yo no soy loco como
suponéis, ni soy ningún tío vuestro. Soy el duque de Guise ley. Cómo Yine
á dar aquí, no lo sabré explicar, ni viene al caso averiguarlo por ahora.
Despáchos de grande importancia me esperan en el ministerio. y me urge
trasladarme allá inmediatamente. Usted, Eliajad, vendrá conmigo, y si
re}¡usaren reconocerme, le prometo volver aquí en seguida.
El duque se expresaba con calma, y sus palabras impresionaron á sus
interlocutores .
. . Como usted quiera, tío mío, repuso Eliajah. Vamos al punto.
En la esquina tomaron un coche, y se detuvieron frente á la Foreign
OjJice, cuyas gradas subió casi de un salto el duque, y se encaminó al des-pacho
del concerje. •
Sir Rupert está aquí?
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BL CORltEO DEL VALLE 5019
Sir Rupert Taunton era el subsecretario perpetuo del mi"isterio.
--Tiene usted alguna cita? preguntó el hombre.
--No, soy el duque de Guiseley.
El portero, cambiando su actitud deferente, respondió:
-Eso nada quiere decir. En los tres años que cuento de estar empleado
en esta oficina, aparecen aquí dos duques de Guisley por semana.
-Pero, tío Sam ...... suplicó Timmins agarrando al duque por la le-vita,
Vámos! Salgamos de aquí!
- Silencio, Elijah! replicó Su Señolia, y dirigiendose al conserje:
- Queréis darma un pliego de papel y un sobre? os lo ruego.
Tomó al hablar así el aire de autoridad que tan bien gastaba cuando
las circunstancies lo pedían. El conse1·je se inclinó respetuoso, y el duque,
garabateando al gunas línas á la ligera, cerró el sobre y ordenó:
- -Que lleven esto imediatam~nte á Sir Rupert.
Pronto apareció un grave gentleman en lo alto de la escalera, por la
que se precipitó bajando cuatro gradas de cada tranco, y tras de corto vacilar,
corrió hacia el duque y le estrechó las manos.
- Su señoría! Su señolia! clamaba con los ojos llenos de lágrimas.
-Ahora si me creeis, Elijah? preguntó el duque.
El señor Timmins trató de mascullar alguna frase, pero las palabras
no le pasaron de la garganta.
-Vamos, dijo el duque golpeándole amablemente el hombro, subamos,
Y Sir Rupert nos lo explicará todo. Pero Sir Rupert tampoco fue capaz de
dar explicación ninguna.
* ..
*
La reaparición del duque de Guiseley con las circunstancias extraordinarias
de que estaba rodeada produjeron gran sensación en el lugar. Los
vecinos de Rebecca St?·eet se llenaron de pasmo al saber que habían tenido
en medio de ellos por tanto tiempo un primer Ministro; y la emoción no
tuvo límites cuando al día siguiente Yino el duque á casa de Eliajah á
tomar el te por la última vez. La calle estaba atestada de curiosos. pero el
diá'cono se guardó muy bien de asomar las narices á la ventana. Vivas en
hónor de su señoría interrumpidos por otros al (l camino ..... .
N o VC'S las hojas s.'cas ? ... .
· Mi destino
Como un árbol enfermo se deshoja .... . .
Deja no más que adore tu Lellcza
mientras cuentas la historia de tu olvido . .. .. .
Callas ? Por qué ?
i Qué hermosa es la triste:r.a
Con que me miran tus pupilas francas !
Mira al cielo ! . ... El cielo ha florecido
con un reguero de violetas blancas ! . ....
J. A. SANCHEZ GARCIA
Las necrologías
Dicen que la muerte es la última calamidad de la vida : yo creo que
es la penúltima.
Hay otra después de la muerte mil veces más temible.
Esa calamidad de que hablo se llama en lenguaje literario: una necrolog
fa; y puede llamarse alguna vez una p¡·o_(anación;
La muerte impone respeto á todo el mundo, menos á esos furibundos
necrólogos, especie de cuervos literarios, que andan olfateando cadáveres
para satisfacer su hambre de publicidad.
Los c¡ue escriben necrolog-ías, por lo regular no piensan tánto en celebrar
los méritos del muerto, como en ostentar los suyos.
Lo que parece una lágrima sobre la tumba, suele no ser otra cosa que
un¡Tito ele la soberbia. La tumba es á propósito.
Muchas veces el homenaje rendido á un muerto, no es sino la adubción
á un vivo.
1 Las necrologías, tienen sienembargo, su lado bueno.
Yo pregunto: ¿Qué sería de la fama de tantos bribones muertos, si
otros tantos panegiristas embusteros no hubieran desfigurado la historia
para rehabilitarlos ante la posteridad? •
Cualquier renegado puede alcanzar la canonización, con tal que deje
para pagar media docena de necrologías.
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1
Esa manda testatlneiJltal~~
que no alcanzarin las misas nA=~~BRR
lible.
Las necrologías son tambi
Allf no hay quien ptda cr
la gratitud de los dolientes,
Por eso, a enas hay eseri
brla.
Yo soy uno de tantos.
Siendo muy j'oven, ví á un p()bre oficial
Aunque no le conocí vivo, s cadáver
y escribí cuatro disparates.
Confieso que al verme en 1
dad. ·
N o me ~nsaba de deletrear mi tlOJIU\1re-;Gil
na~ de admiraciones y punt<>s·s¡us¡pellSi,~os. -IUil~IO:
~~~¡Yo no sabía que tenía tanto,_ ::~:~~J~= asesinado antes al pobre oficial,P.ara 11
Y volvía á leer el papel, cáiia vez co:a. lU~~~it.a~l,
Va'le lo rnismcx
aenti ien
Yo no censuro
ae escrib con se
uy justo
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uo22 EL CORREO DLE VALLE
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deuda que la sociedad debe pagar al mérito muerto, ya que vivo lo desdeña
casi siempre. Pero es necesario hacerlo con discreción, sentimiento y
buen gusto.
Escribir vulgaridades es mancillar, más bien que enaltecer, una memoria
digna de respeto.
Confundir en una pauta comunal que mereció elogios y al que mereció
reproches, es acabar con la sanción moral.
F. DE SALES PEREZ (H)
(Venezolano)
Se fué mi novia.
Pobrecita mi novia ! se fué bajo la ingenua
diafanidad de una mañana azul y clara,
(tenía los ojos llenos de llanto y una inmensa
palidez en su rostro de rosa y porcelana).
Se fué como esas aves que buscan la tristeza
de los frondajes quietos para hilvanar sus cantos,
se fué como luna, dejando en mi conciencia
como un jardín de rosas y de jazmines blancos.
Pobrecita mi novia! Tal vez en los descensos
de las tardes azules, al recitar mis versos
reclinada en la reja se quedará doi·mida,
y soñará que llega sobre sus hombros leves
una mensajerita que lleva entre los pliegues
de sus dos alas blancas mi primera misiva.
GREGORIO RUEDA
Cartas de amor
DE ROSALIA PARA ADOLFO
Del lib1·o intitulado ''De la 'realidad
al sueño," que acaba de publica1· en
Jlrlodri.d Ortiz de Pinedo, que es tan
• buen peta como e;rcelentepros-ista, es la
bella página que ú1sertamos á contimwci6n.
;,>ara nuestro amo1·, Adolfo mio, ha sonado la hora triste •. la hora fría
del aburrimiento, del t edio, del hastío . ..... Tú lo sabes y lo s1entes como
yo. Nuestro amor se muere, se está murien~o. e~tá _Ya muerto. ,Venía
muy endeble de saluri; le consumía una anemta de tlus10nes; el bacilo del •
desencanto iba carcomiendo su organismo. Te confieso que, alarmada del
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EL CORREO DEL VALLE 5023
peligro, llam¿ al médico. Pero la ciencia desconfiaba de salvarle.-Es cosa
perdida- dijo meneando la cabeza, el Sentido Común, gran doctor en
Medicina y Cirugía espirituales y especialista en enfermedades del corazón.
Es cosa perdida; se nos va de las manos .... Está herido de muerte.
Trató el doctor de ensayar un suero antitedioso y aplicó al enfermito
unas inyecciones. Pero inútil; el hijo de nuestro corazón se ha muerto ...
ha subido al Limbo, al lugar sin pena ni gloria donde hemes estado-nOIIotros,
sin saberlo, durante un ai1o de relaciones.
Ello tenía que ser. Nuestro amor no comía, no se alimentaba, y por
eso ha muerto de úio é inanición. Por sus venas no corda la sangre de
los celos: en su corazón no había calor, ni en su frente sueños y d~velos,
ni en su boca músicas, risas encantadas ni resumo de lágrimas; s s pies
no andaban con pasos ilusionados, ni sus manos temblaban gozosas; sus
ojos, en vez de ser ciegos, veían demasiado; ó nunca tuvieron venda ó se
les había perdido, cayéndose en la calle ...... Alguna inocente mujer la
cogelia, para ir á ciegas por el mundo, como una sonámbula.
Ello tenía que ser. Equivocámos el camino el día r>n que, por primera
vez, nos vimos frente á frente. En vez de pasar sin mirarnos, como
hoscos desconocidos que se cruzan en el campo, cometímos la punible cortesía
de cambiar el saludo, la lamentable torpeza de trabar amistad ' la
imperdonable mentira de jurarnos amor hasta el día de la muerte: amor,
esq. cosa noble, encantadora, suprema, que, como nosotros, han tenido el
valor de mentir tantos comediantes. Ultrajado el amor. tenía que Yengarse
de sus impostores, y siempre se venga. ¿ Como ? Dejándoles hacer,
dejáp.doles vivir y engañar .... El tiempo se encarga de descubrir la farsa
sacando á relucir los hilos de la tramoya. El amor, pasivamcote, se deja
secuestrar; lo cogen y lo aprisionan .... N o importa. Las mismas garras
que lo prenden se aflojan, flácidas, y sueltan la presa. Es como un pájaro:
cae en el engar1o de la liga y dócilmente se aviene á la jaula; en ella
canta ó llora, según se le cuide; y cuando se le deja franca la puertecilla,
por descuido de la mano, ó escapa alegremente, cantando su redención, ó
está muerto de frío y de tristeza en un rincón de la jaula.
El nuéstro ha muerto de frío, de soledad, de abandono. pero no de
pena; no mucre con la poesía de una muerte sentimental, sino con la muy
humana prosa de una muerte por fastidio. Ha muerto sin cantar. sin reír,
sin querellarse, entre los alambres de la jaula. Como vulgarmente se dice:
hincó el pico sin decir pío.
¿Qué había de llorar, si tú y yo, pese al añito d~ relaciones, con su
cortejo de juramentos, no nos hemos querido nunca. Porque es indudable
qut=> no nos hemos querido nunca. Aceptámos como amor á una amistad
má.:; o menos agradable, y poco á poco, hemos ido dándonos cuenta
del error cometido. Poco á poco fuimos cansándonos de decir cosas que
no sentíamos, palabras que sonaban á falsete, burdo remedo de la música
del amor. Poco á poco, fuimos en el saludo, aflojando lns manos y olvidándonos
del importante papel que representábamos en la comedia del
amor . ... En más de una ocasión hemos echado de menos al apuntador, y
en más de nna ocasión, sin acordarte de que tenías novia y debías ir á
verla, han tenido que llamarte á escena. ¿Quieres otros síntomas de la
muulc de nuestro amor?
En estos últimos días he estrenado tres trajes y ni siquiera lo has notado.
Tú que al principio de las relaciones catalogabas de memo1·üt hasta
los adornos de mis vestidos ! Por supuesto, si me preguntasen ahora si la
última vez que te he visto llevabas barba ó no, tampoco sabría c.ontestar.
No, no nos queremos; está visto. Y como no nos queremm;, es mpre es un hombre alegre, juguetón, rubic~
ndo, gordo y amigo del prójimo. El marido de In bonita, por el contrarw
es ucsconfiuclo, flaco, inqui tv, malcriado y hasta nervioso. Fulano de
Tal es posc<:dol' habitualmente de una mujer fea: ,.a á todo los bailes,
se halla en todas las !'<~uniones. ríe á taco tendido. conversa con todo el
m1{nns O.JOS de donde posa la escogida de su corazón, mira de reojo,
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5026 EL CORREO DEL VALLE
tas, y3 los diplomas de médicos sólo servirían para morirse de hambre.
La mujer fea tiene p ca necesidad de drogas ni de Esculapios.
La bonita está á vueltas siempre de jarabes y de pastillas de nafe
d' Arolsi. Puede decirse, sin temor de equivocarse, que una mujer bonita
es una nulidad activa.
El marido de la fea se retira de sus quehaceres alegre y cantando,
pues considera que lo esperan con las tostadas bien hechas.
El de la bonita llega trémulo, silencioso, recelando encontrar algo
desagradable, viendo constantemente una sombra misteriosa á la puerta
de su casa. Recoge los pedazos de papel, los reune y los lee para descifrar,
adivinar; no halla en sus manos alguna prueba de fidelidad conyugal.
Si encuentra á la mujer alegre:
-¿Quién stuvo aquí hoy? pregunta moviendo la cabeza.
-Sólo es tuvo Isidro.
-¡Isidro! ¿Dijiste Isidro? ¿De cuál Isidro hablas?
-¡Hombre! el criado de tu amigo Santos, que trajo el libro que le
prestaste.
-¡Ah!
Cesa el movimiento de la cabeza, besa á la mujer y se acerca á la m(!-
sa del té.
-Qué frío está el té, hija mía.
-¿,Pues lo querías hirviendo como lo separan del fogón?
-No tánto, pero ..... .
-Vamos, toma el té, y ven á acompañarme á la casa de Olivita, lJUe
desde las seis de la tarde me está esperando.
Y la lleva el infeliz fatigado, aburrido, despues que viene cansado,
cumple sus órdenes caprichosas, y aun le riñe por algunos minutos de
tardanza.
El marido de la fea engulle su té, come sus torrejas y deliciosas bizcochos;
vuelve á ponerse el paletó, y sale á la calle sin decir á su cara mitad
lo que va á hacer, ni á qué horas retorna á su morada, ni i dormirá
fuera
La mujer bonita posee el dón fatal de traer uncidos á su victorioso
carro, como una víctima, á los hombres. La fea los espanta, y no hay
quien soporte una mujer fea más de ocho minutos; causa miedo realmente,
y antes se resiste á una pieza de artillería haciendo fuego.
La mujer fea es inconquistable como Malakof. ¿Por qué? ¿Por su
mucha defensa? Qué! Porque ninguno se atreve á ata.carla.
A pesar de todos los peligros y tentaciones de la hermosura, la mujer
bonita es siempre codiciada y coleccionadora de todos los fracs y bigotes
del globo. ¿,Quién resiste á dos ojos hermosos, húmedos y llenos de \'enturas
indecibles ?
¿Quién olvida una voz que se desliza por enlre trémulos labios? i&to
es la ventura, la felicidad, que es la primavera del amor! Teófilo
Gautier dice que el Gobierno debía decretar que las mujeres bonitas HllUrecieran
una ve:,: por semana en las ventanas, "para que el pueblo no
pierda el gusto por lo bello." La mujer bonita es uno de los más interesantes
espectáculos que concede Ia:Providencia.
La mujer fea tiene la virtud de la roca; la mujer bonita la Yirtud de
la belleza.
En conclusión: la mujer fea e necesaria, es verdad; pero lu bonita
i la mujer bonita es imprescindible!
L. G. J.
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EL CORREO DEL VALLE 5027
SUELTOS
En viaje de recreo, partie·
ron para Perei ra el domingo 9
de los corrientes. la apreciabilísima
Sra. Dña Alicia de Henao
y su estimable hermana Sta.
Lucila Ibañez. Les deseamos
un feliz viaje y un pronto re·
greso al seno de esta sociedad
que tanto las estima.
En galante esquela que agradecemos,
nos participa nuestro
apreciado amigo D. Pedro M~
Giraldo G. su enlace en Caldas
con la Sta. María Camacho P.
Que el angel de la felicidad guíe
los pasos de los recien desposados
_por el camino de la vida.
El Circo Real que dirige D.
Honorio Palacios, ha dado dos
funciones más en los días sába ·
do y domingo. Insuperable nos
ha parecido el trabajo eiecuta·
do en el trapecio y en la cuerda
por la Sta. Ester Palacios, si
se tiene en cuenta la edad de
que disfr~ta; asombrosos los
saltos mortales y los juegos indianos
por Loyal y no menos
1 admirable el trabajo de los
Sres. Palacios y Oyer.
El matinee del domingo habría
sido más concurrido si se
hubiese anunciado mejor.
Ha sido nombrado Alcalde
del Distrito y está ya en ejercicio
el Sr. Coronel D. Antonio
Rivera, meritorio jefe conservador.
Lo felicitamos.
De Bogotá ha llegado el estimable
joven D. Alfonso Palau
y de Europa D. Genaro Otero
V. y D. Aníbal Micolta; de Estados
U nidos, D. Vicente Vallejo
y de Buenaventura D. Pablo
Piedrahita. Va para todos
nuestra afetuosa bienvenida.
Para Medellín marcharon los
jóvenes D. Guillermo y D. Fernando
Bolaños, para quienes
deseamos una marcha sin con·
tratiempo.
En la hermosa galería del
Cclegio de Santa Librada con
profusión de focos, la simpática
compañía del Kinetófono Ideal,
dió en la noche del domingo,
su segunda representación la
cual estuvo á. la altura de la
primera. Bien por la empresa.
En la semana pasada contrajo
matrimonio en esta ciudad
el señor D. Rodolfo Rodascon la
señorita D~ J nana Sofía J O\'ané.
Apenas h;1.cía 8 días habíamos
dado cuenta de un robo en
el almacén de los señores F.
Ldlinde G. & Cé!- y ya hoy tenemos
que lamentar otro no menos
escandaloso ocurrido ano·
che en el almacén de las 1láquinas
Singer, en el cual penetraron
á él alsaprimando una puerta
y se sustrageron alhajas y
dinero de algunz.. consideración.
Repetimos hoy lo que dijimos
en nuestra edición del jucvPs
último, esto es, que Cali necesita
un buen crvicio de serenos
creado por el Comercio con el
apoyo del Gobierno; pues se ve
claro (jtte se trata de perseguir
á una cuadrilla de ladrones perfectamente
organizada.
Acertadonos ha parecido el
nombramiento hecho en el Dr.
lsmaf'l López, para Cónsul General
de Colombia en Caracas.
Hemos tenido la pena de
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G028 EL CORREO D~~L VALLE
saber que en el pasado Enero
falleció en el Perú el señor D.
Juan H. Rodewaldt. Al darle
á su familia nuestro pésame, lo
hacemos ele un modo muy esp~cial
con la distinguida scñorit.a
D<.t Ernestina, hija del extinto.
Atentamente saludamos
al señor D. Jeremías Cárdenas
quien se encuentra de pa. o en
esta ciudad.
"La Orientación'' queparece
haber sido fundada con el
objeto principal de insultar á
todos los que no participan de
sus ideas políticas, trae en su
número 89 un suelto titulado
exceso de celo, en el cual censura
al sE-ñor Rector. del Colegio
de Santa Librada, porque
éste) para conservar la disciplina
y buen nombre del plantel
que está á su cargo, se vió en
la necesidad de dirigirle una
atenta nota al Profesor ele Religión,
Pbro. Dr. Manuel Antonio
Pizarro, suplicándole que
en lo sucesi\·o se abstenga en
su clac:;e de hablar de política
militante) y á le. verdad no nos
parece correcto <1ue hasta á los
nlanteles de educación se lleven
ios odio de partido, que de ta11
funestos resultados han , ido
para el biene~tar de la Patria.
Creemos que el asunto tratado
por el señor Rector, lejos de
m<.>recer censura, es una garantía
para conservadores y liberales,
quienes saben que! pueden
mandar sus hijos al expresado
plantel sin peligro ele que los
alumnos pierdan lastimosamente
el tiempo e!l debates político:.-.
/ En cuanto al consejo que dan
á los conservadon;s católicos
"de <1ue no pongan sus hijos sino
en establecimientos de educación
cuyos superiores y profesores
sean caldlicos j>rdcllcas.
La cn:eñan/;a \'Íva (le! ejemplo
es la mejor cn~eñanza porque
las palabras mucn~n pero
los ejemplos aeraslrau''; es bueno
que se sepa que el Vicerrector
del Colegio e· hermano del
Director de "La ()¡·ienlaciún"
y que los profesores son los mi·mos
que dP-jó el distinguido y
culto caballero Dr. Manuel Carvajal
V. actual Director de In:;trucción
Pública ckl Departamento.
D-2 suerte que e:ta e:
una piedra que cae en el tejado
tle la propia ca :a de "La
Orientación."
Ojalá
Citación recomendada (normas APA)
"El Correo del Valle: periódico literario, industrial y noticioso - N. 417", -:-, 1911. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686401/), el día 2026-02-06.
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