Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
PARABOLA
Jesús miraba acia Jordán. Cafa .
la tarde anc61ica y serena
el o e culo teiiía
los bbole y el agua ..... .
un hombre areci
y hacia Jesús se enlaa.tPJ!llO
como si fuese el
or, - dijo
que salf de mi nnl:l,JII't'"
.como se si
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
EL
hasta el amor sacrifiqué por ena,
mas nunca, nunca mi pasi n la aleanza !
Esa estrella es un eño ? lo existe
para mis ojos y mis ansias .... Dflo !
Ten compasión del tri
tú que conoces el Dolor !
la noche melancólica y serena.
"
Caía
Nada en la sombra noctur al se oía.
Una hoja cayó sobre'la arena
Y un pájaro voló desde una rama.
El hombre estaba pálido y sombrfo.
Y Jesús con los brazos sobre el pecho
miraba absorto y silencioso al ríe:¡,. .....
RICARDO NIETO
Ideas y Paradojas
.W99
No sólo oigo que la ignorancia ero; Ja coudi•:iótt necesaria uc la 1diddad,
sino aun, la condición necesaria de la e.xistcncia misma. Si todo Jo
supiéramos, no podríamos soportar In. ,·ida tan sólo una hora; Y son
los sentimitntos que nacen de una apariencia y se nutren de ilusíoncs,
los c¡ue nos la hacen dulce, ó, á lo menos soportable.
Si un hombre poseyera, (como Dios posee), la venlad, la vetdad única,
y la dejase ese hombre carr ele sus manos, cn el acto quedaría elmUI1-
clo reducido á la nada y clisiparíase en un instante, como sombra, el universo
todo. La verdad dh·iua, semejante ú un juicio final, lo redueiría {t
ceniz'ls.
* 1 * *
1 Cuando se dice que la vida es buena, y cuando por tc•l contrario, se
dice que la vida es mala, decimos una cosn que no tiene sentido. DéhrRc
decir que es á un mismo tiempo, buena y mala; porque es por ella, y ólo
por ella, por lo c¡ue nos damos una idea ele lo malo y de lo bueno. La
verdad es que la Yida es deliciostt, horrible, encanütrlora, espantosa, dulce
amarga, en fin, que es toJo. Be nos hace la vet-daJ. como en t•l :ulcquín
del buen Flortán: la ve el uno coloradt.l, el otro la \'e azul. y \w oh~tante,
tocios dos la ven como es, puesto que eR la ,-erdad azul y colora.
da, y de todos los colores. Moti\·o es éste más que podercso para que
todos nos pusif>r:.~.mos ele acuerdo, y se reconciliaran los Filósofos que entre
sí ¡.,e desmienten y destrozan. Mas; !'lomos lle tal manera Ü1rmaJos,
que r¡t1cremos obligar :'t los dcmá. ü SL'ntir y pensar como uosotro-;; 11i
podemos crmsentir que nuestro \'ccino este contento, utancl·~ nosotroa
estamos tristes.
* 1 * *
:vt e he encontrado en uatdto saLios, el cantlvr de los peq ueüuclm,;
iuoceuLcs; y vemos todos tus llias = enseña á reírnos de los malYados y de los
necios, que acaso podríamos, sin su intervención, tener la debilidad de
odiar.
Asirnos á ella como á tabla que nos sah·a, es de imperiosn ley.
* *· ::·
Por poco que hayamos tratado á los sal•ios, pron-to podemos dar.
nos cuenta, de que son los hombres menos curiosos del mundo. Allábame
hace ya alguno'3 años, en una cindacl de Europa, cuJo nombre callaré; y
acompañc1do ele uno de los directores ele los museos de historia natural,
visitaba la sección ó departamento de.Jos zoólitoR, que con la mayor
bondad me describía. l\lucho m~ dijo, y mucho más me instruyó, acerca
ele los terrenos pliscenos. Su disertación fue interesant , animada,
muy competente, hasta ahí; pero cuando nos encontramos ante los primeros
vestigios del hombre, ,·olvió el rost:-o á otro lado, y respondió á
mis preguntas diciéndome: que eso no estaba-en sus muestrarios. Comprendí
mi indiscreción; porque, claro está que no debe preguntárseleja.
más á un sabio por los secretos del Uni,·erso que no tenga allí, á lamano
entre el muestrario. Lo demás no le interesa.
El encanto que seduce más las almas, es el encanto del misterio. No
hay belleza donde no hay \'elo; y lo c¡uc más prefe!'imos, es, á las ,-eces,
lo desconocido. Fue:-á. intolerable la existencia, si jamás soñ~ramos;
por'que lo mejor que la vida tiene, es la idea que ella nos da, de no sé qué,
que no hay en ella. Diremos, finalmente, que lo real nos sin·e para construír,-
quc mal que hicn,-nn poco ele ideal y que en esto consiste acnso su
mas grande utilidac1.
~VJV\ VV\/Vvvv•---
Hogar
Era un trwu¡ 'li!n hoya;·, lw:¡tu· ¡·i:w.' lio
Poblado de 1/uúo!lr:; u fCI'i11'1'rL>! . .... .
Er~ rl modesto 11ido
Donde encodrú ~11.-: tíffinws ,, llf,lJ"It.o.;
Un e:;píritn entámo u dolut'~ .... u.
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
•
1
1
EL CORREO DEL VALLE
E1·a el segu·ro pue?to
Donde tras las bo1·rasca.s de la vida;
Mi cor·azón, como gaviota he1·ida,
Replegaba S'lt,S alas entre íntimos can'ños
Y las alegres 'risas de los niños .
. . . . E'ra- toda mi dicha
Era todo mi mundo! . ...
Ay! mi peque1io mundo, donde tú eras
La luz, el sol, el centro, la aleg1·ía,
Y donde, fatigado pe;·egrino,
Después del batallar de cada dia,
Yo a?Tancaba una á una
Las sang1·ie-ntas espinas del camino .
. . . . Era toda mi dicha,
Era todo nti mundo! . ...
Pero pa?·tiste tú, tendiste el vuelo
Paloma mensajera,
Ansiosa de ot'ro sol y de otro cielo
Como á ammciar mi pró.tima partida!
Y mi alma entonces, de amargura llena,
Se recogió como ave moribunda
Que echando menos el calor del nido
Y la fiel compañera, dá un gemido
Y esconde la cabeza bajo el ala
Pa1·a morú· ele pena!
Y en el querido hogar, antes 1·i::méño,
Hay algo que me oprime y que me atrae
Como atrae el abismo
Y que lucho en bo?Tar con vano empello.
Hay uno como ambiente de amargura
Que entristece los íntimos cariños:
Aleteo de 1·ecuerdos
Que hace doler las risas de los niiios;
Hay algo como sombra
Que mi labio no nombra,
Pe1·o que sigue súL cesar mis pasos,
Y de la insonwe noche en el misterio,
Tendiéndome los brazos,
A gozar me convida
De la insondable pa.z del cementfTio.
Hay wz lugm· 'lmcío
Donde Pn mi horrible solf'clad me escondo
Y hundieHdo entn• las manos la cabeza.
V01¡ llevando del alma. á lo má · hondo
E(peneno IIW1'tal de la tti. tcza!
ADOLFO LEÓN GOMEZ
3001
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
1
ET1 C'ORREO DLE V A T. LE
------- -- --------~--------
HORTUS LARV ARUM
AgnP-1 jnrrlín hermoso ele ]oc¡ ],•j ;lno~ tíernpoR, parece qnP ~~pierde entre
luR nidllas, Ptltr·e las <~ombl'as. L:1s flJ.I'ntt>R límpidas, claroR, con clnridafl
tie fipalo, guardan en su sPno, r-xtrañofly rni"teriosos sorudos. De los
rOAfllP~ raPn faligflc'lafllas t'oflaA, y rnen perdido c·nAi su perfume. El alma.
languidl•r.~: y los sn.~ños de <>Aa nlmn, triste .Y vanos, evocan tiempos que
ya no rxí~ten, perdidos dr la metnoi"ia.
¡Oh clnllt.a! ;oh rurt:>s! de tiPrnpos mny IPjano~, qne resonábais en el
templo Recular ó en ln. virg-inal cRta.ncía.; r¡nr> rnzon<ÍbaiHlolientP-mente bnjo
hlaucm¡ mano'l, manos dr 11111jer, :í. ,-ida aúu -Jp n..ruor, pero que ya ni tS jovpn
ni eR amncla, snscit<1is P~os SUl'l-IOR vano':l de tiempos que ya uo ~xisten!
Oh prl'fnmes ctr t.íPmpos mny lt-jnnos, C)lle en el fondo de 1Ft~ Pncanta<
lns redomas, o m harinas y vacías, dejasteis tan profundamPnte -ruestra
dnlznra eRcnf'ial, de la que parece emanase alglrn C'spírítu. (Acaso en las
almns ti,..rn::\!'1 nno solo d'"' rsoq recuerdos oo se desvanece); oh perfumes!
(jllf' rles pPrtf\ís snrño< vanos. ele tirmpos CJUP ,va no PXísten!
Oh itnr.g·enes r]p tiempos mu5· lrjnno~, qtw animáis PI pálido rpflejo eo
flllO ~ f' rPtratan las ninfas de los río;:; las cazruloraR armadas tras los en<
·ornamr·ntaclos ripn·os Pn los hPnnosírimos bmr·ano, quirn te nclmírn.ha no tlormia):
rPi~ . im;1gPHPs, en e3tos sueños \'anos, corno C'n lo tiempusque ya no existen!
Mn_ier! tlt qne has vivido en tiempo!'! muy lrj•tllOl'l, como tn~ danza:! yn
ol vit]a,las, como tns perfumes pn las redomas; mujer, que tenías tan blancn.
l'l mauo!'l; tií, fllle moriste ñ don. dP nrnor, que yn :10 Pres joven, ni será:i
ya nmadn, pnsn hoy en eHtosRnf'ilO~ YnnoR, oh tú, mnertadr tiempos que
ya no existen!
C~AilRlEL D' A. 1rNCIO
Bajo el crepúsculo
Tu vienes por mi senda, ante los rojos
fulgores de una tarde que agoniza.
Y tienes un dolor en tu sonrisa
y un fuego sacrosanto entre tus ojos.
Tu vienes por mi senda. - Eres quimera
vestidíta de azul. Algo risueño
como el recuerdo de un amor . . .. Ensueño
que una tarde de luz cruzó mi vera.
N o sigas tu camino. Y a la hora
del descanso 1leg6. -Bajo el encanto
crepuscular florecen azucenas. . .
Apóyate en mi brazo. Mira ahora
como muere la tarde. Yo entretanto
rleposito Pn tu amor, todas mis p<>nas ...
J. A. SÁNCHEZ GARCIA •
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
1
EL CORREO DEL VALLE 5003
Guirnalda de besos
A Juan Manuel Ortega
A inmediaciones de la montaña, en
el centro de un espeso maizal, está una
casita pajiza, resguardada por un .cercado
de flamantes matas de novto y
de estrelladas margaritas. Una pequeña
corriente de agua que baja de
la montaña, pasa al travez del cercado
En un extrem'> del corredor, Mariana,
la woza más linda de aquellos
contornos, está inclinada sobre la piedra
de labor, moliendo el grano para
la cena. De pronto levanta la cabeza
para mirar al sitio de la sementera
donde ha creído oír al¡!,Ún rumor, y á
poco descubre á J::lcinto, que aparece
de entre el maizal y se mete cun cautela
en el cercado. Se aproxima la hora
del Angelus.
JACIJii'To-Santas tardes, niña ~lariana. ~L~.HIANA-Holn, nii'io Jacinto! l\lire que no sea atreddu! Por ~1aría
Santtstma, Yáyase de \RIANA-Nada tiene que yenir 6, hacer á esta casa. Sobre todo
aquí no hay gota de agua.
JACINTo-Que no hay? .. ... . Y toda esta que baja por aquí? ·
MARIAi'IA-Pues bébala ahí mismo
],\CINTO-Y con qué? ........... .
MARIAi'IA.-Sáquela con el hueco de la mano ó con l'ala del sombrero,
'
i le parece. J ACINTo-Présteme ese jarro, que yo no me lo lle\'0. .
MARIANA-Es meior que no conversemos. Lo que ha de hacer es trse.
Vea que no tarda mi marirlo ...... Y aunque no ....... .\'ávase ó me largo pal
. monte! -
] ACINTo-El niño 1\larcelo no viene tan pronto. Hace un mom~nto ~u
alcance á vet· subiendo por los taos del monte. Por más sefw-s tba sm
ruana y con la escopeta al hombro. Por eso me \'Ínc p'acil.
MARIA!'iA-Eso no importa! Lo que yoquicrocsquc usténo me vuelva
á perseguir. Décjmc en paz, por vida suya!
jACINTo-Pero c¡ue más puedo hacer yo! En los quince días que hace
que se casó, no le he dicho: > A su taita es al
C)ne no puedo yer ni pintao. Perdóueme, nii1a 1Iariana!
~1.\nrA.'.
Recuerda del Domingo s como los de nuestro hermano Abla·
mor, ni es tan perfeta su nariz como la del pastor Melisandro.
Y se preguntaron con extrañeza:
-¿Por qué el rey tiene la faz como los hombres, y hasta re.-ela ras·
gos de alguna bestia doméstica? . •
Y, desde entonces, los hombres empezaron á pensar ......
Otro día, el Sol calentó mucho; .Y el rey, agobiado por el peso de. su
corona, de Au espada, su cetro, ysu manto, comenzó~ sudar y á resptrar
penosamente. Hl puehlo le miraha nesencantado, y con gran nsomhrn
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
50011 EL CORREO DEL VALL~
----------
viéronle despojarse de su corona, de su espada, de su cetro, y de sumanto,
lns cuales arrojó luégo al pie del trono, entre sus cortesanos consternadvs,
cau~ando la impresión de un pa\'O real quc_se desplumase á sí mü;.
mo y lanzase al viento eus plumas irisadas, dejando al descubierto lascarnes
garrosas y místicas.
El pueblo gimió entonces:
-¿Esto es un rey ...... ?
Llenó e el aire de clamores é irnprecasiones. Muchos de Ius sien"" os, campa
ando su propia desnudez con la del rey, encontrábanse más bellos, máM
fuertes, mús perfectos, y dignos, ·por tanto, de ocupar el trono-cuyas
gradas se decidieron á subir, m:entras el.monarca, aterrado, huía con
escaso séquito, hacia la torre vecina que se elevaba sobre el mar.
Al \'erle desaparecer por la puerta de oro, las gentes se dijeron:
-Acaso Ya á darse una muerte digna ......
·-Se arrojará al mar desde lo alto de la torre de marfil ......
Y; pensando esto, los súbditos sintieron renacer su temor y su admiración.
Algúien afirmó que el rey saldría á la playa en su carro de triunfo,
arrastrado pur la cuadriga blanca, y se internaría en el mar, 11asta sepultarse
en sus ondas.
Esta noticia produjo gran sensación. Una corriente ele entusiasmo
belico <:lectrizó á la multitud. El rey iba á morir como un héroe, iba {i
rehabilitarse ante su pueblo, el cual le rendiría honores diYinos, y, á este
efecto, las flores y las palmas de los jardines públicos, despojados en un
instante, fueron 8 rrojados al mar. Las matronas lanzaron á la olas
sus joyas, y las doncellas, sus velos diáfanos. Sonaron los clarines, la
arpas, y lvs sistros; redoblaron los tamboriles y las masas compactas de
las gente::¡, en potente coro, elevaron un himno glorioso .........
Pasó el tiempo, y el silencio se hizo en la extrañeza y la imp~ciencia
de laespera. Sólo el rumor de las oceánidas se dejaba oír amortJg~acl_o.
El rey no aparecía, ni en lo alto de la torre, ni en su carro de tnunfo.
El pueblo empezaba á, temer un nue,·o desencanto.
Alguna VOZ conoada decía:
-El rey sabrá morir.
Otras voces:
-Debe saber morir quien supo hacer tantas cosas extraordinarias;
¿recorcl~is?
V se citaban episodios.
Un rey que sabía vivir tan mag-níficamente debía saber morir ......
Pero el,rey no llegaba; y la impaciencia y la desconfianza del plleblo
empezaba a desbordarse.
E~ el _hori_zontc l~jano agonizaba el Sol.
¡ Subhme tnstante para morir ...... !
l Tna tropa ele pretorianos salió de la torre, fustigando un caballo
negro.
Pn grito unánime anuncia al rey; ¡pero cuán distinto Je con10 le
cspcnllntn ...... !
Desnudo y atado á la cola del corcel, parecía provenir de los esta·
hlos de Augiat;.
La vo"- del pregonero gritó:
- ¡ Vell ahi al rey ...... ! ¡Lo hemos sacado de nuestras letrinas ...... !
Vc:,.rlc entonces, en aquel país no hnbo trono.
Porque un rey dehc saber morir, aunque no sepa gobernar ......
COY DE RILVA •
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
í
1
EL CORREO DEL VALLE 5007
En altas horas
iCuáo lejos de la luz. cuán desolados
so'O aquellos abismos de negrura
que contemplan ¡os ojos asombrados
en espantosos raptos de locura!
Horas de sombra en que el dolor impera
como el gusano en incurable herida,
y el deseo del alma se:apodera
de amar la muerte en plena primavera
y en plena juventud odiar la vida!
Hoy que mi sol á declinar empieza.
sólo el recuerdo abrumador no pierdo.
¡Siempre el recuerdo en horas de tristezá
y en horas de placer ¡siempre el recuerdo!
iAh! cuán distinta vibración tuviera
la triste lira en el alegre coro,
si abrigara la mente uno siquiera
de tantos que perdió, sueños de oro!
Fue aparición fugaz! Una mañana
de hermosa claridad. intensa y viva.
-:aotaodo el ave entró por la ventana,
y ya á la tarde se alejaba esquiva.
¿Por qué en el alma las abierta!l rosas
razóo no hay puesto
Cuando á mi tiempo veoturom acudo
y en sus recuerdos íntimos se envuell·e
mi juventud. la invade el dolor mudo
de todo aquello que se va y no vuelve.
iOh. noble aspiración, glorias furtivas,
sueños que amé, cuando os juzgaba míos,
fuistéis como las hondas fugitivas
que en su iocesaóte afán llevao los ríos.
...... ······ ..... .......... ...... ..... .
.................................. ·····o
Mas siempre, siempre. la· esperanza oscila
raotable nudo
que fuera para mí como una egida,
c¡ue fuera para mí como un escudo
á torlas las infamias de la \'id:i!
A todo el sinsabor que he cooc¡uicl.Hio,
al engaño falaz, al dolo impuro,
á todos los dolores del pasado,
á todas las angustias del futuro
Aún tengo frescas fiores 1 \'én, alegra
con tu sonrisa mi camino incierto:
véo con la luL de tu pupila oegr;~
á re\'ivir lo que en el alma ha muert•>
Y de lo bueno que ella aún eslabona
nada que tenga que ofrecerte excluyo;
si por ventura la gentil corona
ostenta un gajo de laurel, es tuyo!
Viviremos eo dulce red de amores
. iempre enlazados. como están no idos.
..tcroamenle, céfiros y flores
liras y notas, pájaro;; y ni0 ()J< fe(;,\
Al nu1s enurnoradas
Vi dos fuegos fatuos: iban, venían, subían, huj•tbn.n, :-;e aproximahan,
volvían{\ perseguirse, se acariciaban jnnb>s con In, nerviosa imll'cisión
y los mo,·imicntos lig·eros con que se acn,rician ln.s alas ele dos mariposas.
Era ut:a noehe de luna; ,-alaban por sobre todo~ los sepulcros, nsptraban
todas las ftorefl, y se ocnltahan clespués.
Eran, sin duela, almas que seguí:tn amándose sin ('om·ieneia el" donde
estaban.
LtH'!'S ele rlos nlmas que conccrtnhan unirse pnnt al%ar el \'ttt'ln.
~.\:"i'l'lA<~o Rr~I.-·OJ ,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
3008 EL CORREO DEL VALLE
La r1ovia buena
-Hermana: ¿quiere Ucl. darme un poco de aire nucYO? Abra Ud.
esa \'entana, y déjeme mirar hacia allá ...... ELLA ha zas.
Oh ,•irgeo que sabes la añeja canción .
(';¡atemos. mi rubia de grandes pupilas;
T<"ndremos por lirn el eco del mar
Escuchas? :-;o temas: son olas que pa~'ln,
So11 ola~ que" tienen secretos CJHC dnr
.'lt)Ail lt . G.'\t S •
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
1
1
EJJ CORERO DEL VALLE 5009
SILENCIO
En la penumbra discreta, en la penumbra del salón
versaban con indiferencia de cosas mundanas y ponían comentd!
las crónicas palpitantes.
Estaban muy cerca el uno del otro, tan cerca que el veía .... ,'" .. .,, ....
en las pupilas de la hermosa, como en diminuta<~ antelias, las ~~~&i···
laca, las cortinas, los cuadros, una estatua pequeñísima de
tres silletas de hamb6 y numerosos bibelotsartísticamente
S6bito ella, como herida por la flecha de un recuerdo, palideció y tor...
nóse luego rqja; de sus labios frescos y sensuales se escapó el reproche
doloroso, como una avispa del cáliz de una rosa de carne; se agitó temblorosa,
convulsÍ\'a, y sus ojos, sus ojos grandes de un aeul intenso, sus
ojos insondables, se cubrieron con un velo de llanto ..... .
Un pañuelo microscópico de Holanda enjugó aquellas lágrimas, las
gotas luminosas que pendían como diamantes engarzados en la~ largas
pestañas de oro. Estaba trágicamente adorable.
El, foudroyé, quieto en su sitio. dominado por la intensidad de la
sensación, la miraba, la miraba con fijeza de loco. Y sus ojos cobrizos~
clayaban como dos floretes en los ojos azules de la enfermiza deid~,
queriendo penetrar hasta el corazón y desentrañar dn m terio.
Así inmóvil permaneciü no sabe cuánto tiempo. P.ensaba en ella, de
quien estaba tan cerca, pero ele cuya alma se sentía tan lejos .....
Descifrar el enigma ...... tocar el fondo de aquel espíritu aWPtilr1!!tl•ttq·
...... ¿Yfcómo'? Toda su experiencia, su análisis siempre sutil y ce1"1t.t·lll~!ih.
las lecciones escritas de Pablo Bourget y Marcelo Prévost, todo era
til en aquel momento, todo estéril.
Y renegó en silencio de las icología, farsa de novelistas, fantasía de
charlatanes. ¿Por qué lo que pasaba allá dentro se escapaba á-su observación?
¡Con qué ardor hubiera querido arrojarse á los pies e aquella mujer
y ofrecerle sus pasiones, todas sus pasiones, su porvenir, su existencia
sus energías de hombre y las más hermosas flores de su alma! Pero el
rehro impuso silencio á sus labios, la reflexión contuvo-sus nervio ,
minó los ímpetus salvajes de su corazón ......
Y se fue ......
CLL\IACO SOTO BORO
La tristeza del Kai er.
~u magestnd imperio! y real Guillermo, el Magnífico, a aba de sufi
una de las más grandes desilusiones ele su ,·ida. Rodead de v inte Generales,
presentóse, poco há, en un cuartel de eoraccros B U é hi·
zo ejecutar á sus leales soldados lntrás de él, sus Generales se mantenían rígidos y silenciosos.
En un rincón, escondiéndose, a vergoozado, el jefe del Regimiento yacía
cual un cadú yer.
Todos esperaban que la indignación imp,rial estallara, con el mismo
miedo con que los marineros esperaban el estallido del rayo. Pero Gtti·
llermo Il, en vez de encolerizarse, sonrió. ¡Oh ! ¡La amarga, la triste
sonrisa En seguida, irónicamente, murmuró:
-¡Cosas de Breslaul
Si el Kaiser fuera tan filósofo como Anatole Frunce, sabría que no
son sólo cosas de Breslau, sino de todo el mundo. Un día, en efecto, el
gran autor de ccThaísl) hwo la ocurrencia de hacer una especie de encuesta
sobre la gloria. Su primera experiencia la verificó en la aldea de
Saboyh. donde Juan Jacoho Rousseau pasó la más patética parte de su
vida. De casa en casa fue preguntando:
-¿Sabéis algo de Rousseau?
-1\ó; nada-le contestaron todos.
Al fin, creyendo que el Loticario, por lo menos, tendda algunas nociones
sobre la vida del autor de cmo el kaiser. Sonrió con
suaYidad, diciéndose que la gloria no es sino vanidad de vanidades.
Verdad es que Auatol<> France es un sabio; un ((sagcn, mejor dicho.
No así el autor ele (('r~ionfo della l\1ortcl), qne, yendo uu día á certifi.
car una carta en Florencia, como el empleado le preguntara su nombre,
contestó le:
-Gabriel d'Anunzio.
-¿_Como se escribe?-dijo el empleado.
-Como el nombre del gran escritor.
-No lo conozco ......
-Pues es w:ted un asuo-couduyó el no\·elistu.
En realidad, no era más que un hombre como lu. mayoría de los
hombres, un pobre que, talyez con razón, preferiría viYir á leer.
E. GOMEZ CARRILLO
Robos literarios
El número 7 de ((Futuro,,, periódico que redacta eu Honcla el scfior
don Justo Pastor l{íos, trae, dedicada á dicho periócl1co y suscrita por
C. BARHE'IO ALvAREl, la signicntc
POSTAL
l•.res oodina; fue el mar
(,Juico para hacer tus pupila~
•
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
1
1
Et CORREO DEL VALLE
---··--·-----------
Copió c.los olas tranquilas
En la hora crepuscular.
De su hondo seno de roca
Extrajo m~nudas perlas
Para engastarlas y verlas
En el coral de tu boca.
Le dió á tu faz los destellos
De blanca ola que sube
Y el sol, rasgando una nube,
Iluminó tus cabellos.
* * *
5011
¿Os acordáis de Isaías Gamboa? Abrid, quienes lo consen·~i!'l, su
tomo de verso·s Flores de Otoño, y en la página 17 encontraréis la misma
poesía, escrita para una beldad salvadoreña y publiLada por primera
vez en una revista de aquel país. Entónces los primeros versos empezaban
así:
Quiso ser artista el mar
Y al dibujar tus pupilas, etc.
El poeta, en la revisión de sus poesías para formar el volúmen aludido,
hizo la variante anotada.
¿Cómo se explica entonces que el señor C. Barreto Ah·arez publique
ahora esos versos como suyos?
Por allí deben andar muchos libros y papeles que Gamboa dejó en
poder de un amigo en Bogotá cuando en 1899 partió para la guerra; libros
y papeles que la fa1nilia del poeta no pudo recuperar porque<< el
equipaje de Isaías fué registrado v menoscabado varias veces por agen-tes
del Gobierno.» ~
Y, creéis que es la primera vez que el señor Barreta Ah·arez publica
con su firma versos de Gamboa? No por cierto. Ya alguna yez, entre
las que sepamos, algún periódico de Panamá trajo en sus columnas, ú
manera de muestra, un botón.
Y á. propósito: ¿En poder de que escritor amigo estarán los manuscritos
de la novela <
Citación recomendada (normas APA)
"El Correo del Valle: periódico literario, industrial y noticioso - N. 416", -:-, 1911. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686400/), el día 2026-02-06.
¡Disfruta más de la BDB!
Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.