PEl{lODICO OFICIAL DE LA DIOCESIS .
.., ,
•meral, JJr.esbtfera ilb.esfre nll.esf.er as •
SERIE 11 Antioquia 1? de Junio de 1886. NUM. 22
OFICIAL
OFICIO
Diócesis de Antioqtáa Gobierno Eclesiástico .. -
Antioquia, 17 de JJiayo de 1886.
Souor Presidente del venerable Ca.pítulo Catedral
Presente.
. La Sagrada Penitenciaría interpretando,ó mejor
dicho, explicando la Encíclica "QMocl autoritate
Apostól·icc¿" en la parte que se refiere á las comunidades
religiosas, concede, por disposición d 1
Soberano Pontífice, privilegio especial á los Capítulos
y demás congregaciones para que puedan
hacer las visitas procesionalmente aprovechándose
así da las gracia.:; del Jubileo. Y como
á la vez se concede á los Ordinarios la facultad
de disminui.T el número de visitas, siempre que
se bagan como lo dejamos insinuado, declaramos
que tanto el Venerable Capítulo Eclesiástico
como el Seminario Conciliar y las demás comunidades
religiosas de esta Ciudad y parroquias de
la Diócesis cumplen haciendo en procesión tres
visitas, ciñéndose en los otros requisitos á lo que
se dispone en las Letras Apostólicas. Cumplen
así mismo los fieles que asisten á aquéllas áun
cuando no pertenezcan á la congregación ó comunidad.
Mas como es natural que en los lugares en
que hay los templos suficientes para llenar tan
santo fin la procesión se encamine de una Iglesia
distinta á la que debe visttarse -como sucede en
esta ciudad- permitimos que cada visita que las
comunidades hagan á la Catedral, la procesión
salga de la Iglesia de N. P. Jesús Nazareno, que
no está incluida en las tres ·que designamos en
nuestra Pastoral del 25 del pasado.
Dígnese poner esto en conocimiento de sus
Honorables Colegas.
Soy de V.S. atento servidor,
JESÚS MARÍA,
Obispo de Antioquia.
CIRCULAR
Dió~esis de Antioquia Gobierno Eclesiástico Antioquia,
19 de Mayo de 1886.
A loe sefioros párrocos y demás sacerdotes de la Diócesis.
Siendo la devoción del Santo Rosario una
de las más grandes de la Iglesia y la principal
con que se impetra la protección de María Santí~
sima, juzgamos de oportunidad,como es de nuestro
deber, llamar la atención de los fiel es con el
fin de recordarles los grandes bienes espirituale s
y á un t~mporales . gue J?Ueden sacar de la práctica
de diCha devocwn s1empre que, penetrándos e
de las necesidades que en todo sentido nos aquejan,
alcancen á conocer que la mediación de María,
además de facilitarnos la reconciliación con
su Divino Hijo, nos atrae, como es natural, un
torrente de gracias para conducirnos sin trabajo
á la felicidad eterna.
Bien sabemos que la devoción del Santo Rosario,
tan recomendada por el Soberano Pontífice
y tan aplaudida por los santos que la Iglesia reconoce
como sus principales lumbreras, es de
un mérito inapreciable á los ojos de la que no tiene
rival como Madre sin mancilla y como es pejo
purísimo en que se mira y recrea la misma Divinidad.
Por tales motivos, no vacilamos en recomendar
á los fieles el ejercicio de tan valiosa y saludable
devoción encareciéndoles por los méritos
de la misma Señora el rezo cuotidiano del Santo
Rosario, no solamente en los lugares consagrados
al culto divino, sino también en las casas particulares
y en los campos. De este modo honraremos
á la que siendo nuestra corredentora, es á la
vez nuestra protectora en todas nuestras necesidades.
Mas si con su auxilio hemos podido conseguir
la r~dención, &,por qué no hemos de esperar
de la m1sma manera la regeneración espirituaU
Oreemos firmemente que si los cristianos
hubieran sido más inclinados á la devoción de
María,por medio de la recitación del Santo Rosario,
no tendríamos hoy que lamentar los males
que afligen á la comunidad; pero ya que nuestro
Santísimo Padre nos incita á ello con tanta vehemencia,
no debemos mirar con indiferencia su
incitación, porque como muy bien se comprende,
todas sus aspiraciones se refieren á la completa
reforma de la sociedad que ha sido impulsada en
gran parte á la perdición por medio de las malas
doctrinas. Él mismo nos dice, al hablarnos de las
tendencias de los hombres de este siglo, que "la
mayoría desea vivir en la molicie y no quiere ejecutar
nada que sea enérgico y generoso". Por esta
razón busca en MarÍi1 el medio más eficaz para
curar nuestras enfermedades morales.
Los señores sacerdotes, tanto en la Cátedra
sagrada como en el confesonario, harán observaciones
á los fieles acerca de lo que dejamo.s ex-
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172 EL 1\IO:KITOR -
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puesto con el fin de uniformar en todas partes la
práctica de tan importante devoci.ó11. No dudamos
qu e d e esta manera se obtendrá la compl ta
reforma d e las CO turubr S y por consiguiente el
mejorami ento de la soóedad.
PulJlíquese en un día festivo en 0ada una de
las misas que se celebren, para quo llegue á conocimieuto
de todos.
tJESÚS 1ARÍA,
Obispo de Antioquia.
NO OFICIAL
.E; )lapa '' el D!Un.tlo
¡,Dónde e. taba el mundo antes y el<'r·
n_o tlo D l •Jf:, e 1g~1al y con : uLst 11,< iuln··~ l:t
tJcrm bomlm1, hqo de Ad ú 11 1 jC'J'l' y primog(•níto dula ra-za
ht~ll1:tnn. tlobl:mentc Seí1ur, doiJiem(IJ k HPy.
Se l.lnu (•Sc 1·1to obrr~s muy tH . ~able1'í. oln·•.:: el urip;•·,
tl01po_dt•t· tc_mpot·al :n
los mas saluo::; es qne ese poder 11 !> ha tl' 'l idr¡ print:ipi(l,
8~111 P ·uro, primer .Papa, estuvo ya iuve:;tido tlu Gl. Rjerc~
ó ple1:am<'ote la mú:s alta atribución del¡n·ineipallo ciVJl,
la o e Juez supTewo. La causa ele .A nanbs y de Satim
~o fué una cansa puramente espiritual; y bso:; culpables
fuet:on no solo ~o~amdos ele la Iglesia, sino pri\·ado:o do
l a YJda . Los cnst.Jano, , pneR, t(>.flí:tn eu Snn Pedro un
Pontítiee y un ~~y . En 1.11cdio de la. f;ociec1;H1 pagana,
cuyas leyes polltJCas teman por otra parte qne guardar,
comr>rahan por e l martirio el derecl1o <1<~ ohrclc, ·er it e, u
jefe vcnlndno q u e Jmhíau recibiüo de Jt·sucri.·to. Pno
la autigüoJml ucl poder tempor~l se remonta áuullluclw
' mas.
Jesus CTt1·istH_s, I?t ·in.zogénitus mort • wru ·~n et Princeps
·re.~wn tcrra(e, _r¡w ihlextt nos et lavit nos a pecatís nostns
ex sang~mze s1w . De Él, verdcl.dero primoo·énito
Prínt:ipe ele lo. r~y~s de la tierra y Yenccclor clel r~ecado:
es de (Jllll'n se ong!L1a el poder temporaltlel Papado.
El primer cavítulo clol p1in1er Evan,··cUo es la geuen-l
' r, ogw do nuestro Señor, bnse de sus derechos como H i-jo
del Hombre. Zorobnbel, primer hijo de J\cl :\n e n e l
c~u!n~ungésilJlo te r cio grado, y de D;wid en el ,·igésimo,
fue a la vez el abuel o patemo ele Jo..,é por Abiull r e l
d _e Maria por Heza. Entonces José se unió á María.' su pnnenta.,
y los dos esposos eran lo. únicos vástagos que
qnedabau de las dos rama de la Familia Real. Y las v icisitudes
politicas enviadas por Dios, Yinieron entonce8 :í
cer rar e l lil>ro ele las genealogías, tan cuiclallt:JSameute
conser vado en todo Isrnel basta aquel instante.
Jesucristo toma el nombre üe I!ijo del Hombrf', por
que es el primogénito de los bi.ios ll .'daD, él j< re tle h
raza huma.na, el heredero de la autorillad y de l pode r
llel patlrlj sobre la fitmilia,· y toma. e l nombre de Re \'
I • ' pon1ue es e Hcy nntunü de todas h1s naciones, Rey y •
Sacerdote e+eroo .
Sus den:chns han sic1o delcír:v1os ;í. !' edro y mil Ye -
~· ' . ces, d urante e l trasc u rso de l os siglos, ba reconoeillo y
p r oclama.-:Io solemnemente esta delegación . Aun hoy
mas de docientos mil lones de bombrós repiten q u e P e dro
el Y icario de J esucristo, es el jefe de la Üllllilia humana
.
Al establecer Di os s u r e i nado y su alto dominio s 0~
bTe l a tierra, de l a que es Cri ador, no ba querido r eservarse
para sí más que un pequeüo espado, del m ismo
motlo que no exigía para. ofrentlas más que una muestr a,
digámoslo así, de los bienes que la hace prod u c ir e u
abundancia . y para sacerdotes más que un pequeño núme
r o, que Él mismo cuida de alimentar con esos bi enes.
Per o al mismo tiempo ba excogiuo á l~oma, po rq ue
Roma era l a ciudad Reina, l a f orta l eza de l enemigo . L a
dió á Pedro, uo para que reinase eu ella desde luego e n
paz, sino par a -vencerla., conq uistarln. y conservn r .:;c en
e ll a., po r el más extraordina r io y mas prolongado de l os
m il agros. El v iaje de Israel en el desierto no f u6 más
que una imágeu compeudiacla de los trabaJos q u e e l nue vo
Moisés y e l nuevo pueblo tendrían que sufrir , p a r a
entr ar en la nue1a tierra promettlla. Desde San Pedro
á Sao, Silvestre, desde San Silvest r e á San Gr egorio e l
Gr ande, desde San Gregorio el Gr ande á San Ad ri a n o I,
desll e N eró u á Ca.rlomagno, no h ay un solo día en l a hist
o ria de Roma que no esté ma r catLo co n n u evos prodigios .
P ero l os m ilagr os n o son l a l ey per man e n te de este
m un do . Dios se s irve d e l os m ilagr os p ara ll eva r los ac
o n tec im i entos a l o r den n atura l d e l as cosas. E s as maravillas
d e l Éxodo cesaron tan lué go como fué edific.1do el
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EL MONITOR 173
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templo y quedó la l ey grabada e n lo s corazones. D es]
més de trc:-; siglo . lle martirio y cbo d e los más ruuo
combat' ; de ' pués d e haber vi to pasar la larga seri' ü e
Jo s Bmperndorc · ll e H.oma, lo de Biz;mcio y l o búrbal'O
; d csptH.:'.:; qne ltoma quedó desierta -varias v eces por
el fu ngo, por '1 hierro y por el hambre; de pu '~ que fuó
Yarin \·ece' arruinada demolida y ed ili c aúa o t r a tanta
· por mano d e sus Pontífices, Ja gran obra r ecibió s u
perr ec ión material de un héro e suscitado panL F-e r la
11oble imáge n d e l Príucipe "según el co razón de Dio s ."
El nu e1o género hnmauo formado por lo Pn.pas ha m erecido
un Carlumagno · asi como el g n e ro bumauo formado
ó mas bien á quien diú una deforme existencia el
pagani smn, mereció un Neróu. La autoridad r eemplazó
ú la tir,tuía; los Reyes reciben 1lc la Igle ia una pmgmática
r.n qu están on ignados lo derecho de Dios, que
son los \'enhulero d erechos c\e l :!lombre, y se d eja ver
s.o ll re la tierra una c1ol.lle maravil1a: en Roma un reino
del espíritu e tnblccil10 por las conq ui s tas d e l entendi-miento
J)Ol' ;;í solo, y ruyus fundadores no han 1crtido
más ~angre que la d e sus propias venas; en el Occidente,
nu nuevo imperio cuyo jefe e ]lrO lama devoto auxiliar
del paternal Rey de la s almas, el l que tiene· la mision de
conducir á los hombres ba ta Dios por los caminos Je la.
justicia y de la par..
Y si ahora se pregunta cuáles han sido las ob1·as
d el Papa en el mwulo coute taré que acabo de decirlo.
Al cabo Je ocho siglos, colocó á Carlomagno en el lu ga r
de Nerón, y durante Jo::; diez sigu ie ntes impidió que la
tiranía ~·olvic e á apoderarse Llel imperio. Difí ci l sería
uesignm un h echo e\·identemeote l.Jueoo, una obra b euéfica
que pueda acrecentar el uicu e tar l1el mundo, 6
clarle Ja saln:C'ión, qnc lo s Papas no hayan intentado, no
hayan protcji<.lo, uo hayan lle1ado á efecto . Consid remos
un mom ento un bocho solo : la in stitución y la consen-
ación de la aut ondad .
Ya en el año ú8 6 50 de Jesnclisto, ano bajo el imperio
de Nerón, escribía San Pablo á los tieles que bnbitabau
en Roma recomendánd ole~ la obediencia á Jos
príncipes. Lo~ judíos, recientemente bautizados, conscn:
·ando aún un resto de esperanza en la venida del Mesías
úe la sinagoga, eran iu c li nados á la rebelión, y esta
tendencia podía extender ·e nl re. to de los :fieles. Sin('
mbmgo, 1emos al cristia.ni.mo, auxiliado por una pre:;;
encia di 1ina, establecer á un, á vre.c:;encia. y bajo el yugo
de los delirios de la tiranía, l as primeras nociones de la
autol'idarl. Ln. Iglesia aceptaba en la parte material á
esos señores del mundo, por más que fomentasen la sedición,
el perjurio, la \Cualidad y el asesinato. No formaba,
no adoraba á ninguno, no lloraba su pérdida, pero
Jos aceptaba. 1\J aullaba obed ece r al Emperador, ¡Jero
l)robibía adorarle . De este moüo iba r espetando el derecho
del poder, fortaleciendo las raíces de la futura libertad.
Porque había de llega r un día en que los tiranos
cayesen cunl los dioses, y entouces el verila..clero Dios
formaría y establecería ven.lacleros Reyes.. A si es que
cuando el Eilll)eratlor pedía el impuesto, .se l e daba;
cuando pedía un servicio, se le hacia; p.ero cuando pedía
incien so, se le decía: "Es mejor obedecer á Dios que á
los hombr es : tú no puedes matar más que el cuerpo, y
nosotros más e rtac1 perecerán jamás en manos
de la Iglesia.
(Tomado el e Veuillot)
LA SOCIEDAD CRISTIANA
Y LA NUEVA ENCJCLICl\ DE LEON XIII
( Traducido deL' Dnilá Caftolicct de 11 de Nbre. el e 1885- '! 36 )
" On ll:ule u' nn gran u p:uti de 1' orure et c1o
la concilin tion. Un seul parti ponrm so u ver lo
monde, l e }l arti de Dieu" (E l Cardenal Pie,
Ouispo de Piotiers. illnnes, t. l. pag. 101 ).
La. Encíclica de nuestro Padre Santo L eón XIII, Deci
vitat·um consti tu.tione chiristiana, r ecibida ya por · lo:-;
Obispos de la Catolicidad, y que {wo antes d e su pul>licaC'ión
excitó las iras de ·lo. diarios impío ~ ,se divid e ou tres
partes : la prime ra r es ume los prin cipios de la r eligión
cristiana sob r e el gobierno de la sociadad; la segund;. d e ~
muestra qno abandonados estos principios no bay ya ni
estabilidad para los gobiernos, ni felicidad posibl e p .1ra
los pueblos; la tercera traza á los católicos r eglas de
conducta., aplicables principalmente al estado presente
ele la sociedad . Las dos primeras partes constituyen la
doctrina; la tercera mira á la práctica. Toda la Encíclica
es admirable por la sublimidad de los conceptos y la cla
ridad de la exposición . Es el Vicario de Jesucristo el qno
habla, el Doctor y el Pastor Universal, el Padre y guía
de la Gran familia cl'istiana. Las enseñanzas quo él da
son la misma verdad; la verdad inmutable, que no cambia,
ni por la mutación de los tiempos, ni por la variación
de los lugares.
Antes de publicar el texto de la Encíclica vamos á
dar de ella un breve compendio. La primera parte establece
lo derechos de la Iglesia y sus relacion es con la
socicda civil, que se tleri1an tlel precepto ele J esuc risto:
"Da~ á César lo que es del César y á Dio s lo que es
do Dios" De donde resultan los deberes de todo Católico,
'
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174 EL MONITOR
JJn, revolución ha concu l cado este gran principio y se ha
mostrado á la vez enemiga de la Iglesia y de l os pueblos.
Los ha halagado con la falsa doctrina de la soberanía po}
mlar y, en vez de la prometida pro~peridad, los ha reducido
á la miseria material v mm·aL Fué ésta la consecuencia
de las per ve r sas doctrinas que, negando l a uecesidad
de la religión, y pretendiendo someter la I g l esia
á la potestad civil, desecharon todo principio de autorida1
y mina r on el orden sociaL
¡,Cómo deben comportarse los catól icos que vi Yen
en semejante sociedad? La Encíclica enumer a sus deberes:
sobre los principios de la moderna libertad, someterse
al juicio del Soberano Pu;:¡tífice y procede r unidos
y concordes en los combates de las santas batallas. Acerca
del I unto especial de las elecciones, l a Encíclica establ
ece: P que los católicos pueden tomar parte en las
elecciones administr ativas, y en éstas defender los der
echos y los intereses de l a religión; 2° Qu e pueden también,
en genera ~ , tomar parte e n las el ecciones políticas;
3~ Que, no obstante, se dan casos especiales en los c ual
es conviene abstenerse de intervenir, y el Padre Santo
r ecomienda so l emnemente la abstención en tales casos .
Y a-hora haremos preceder á la Enciclica unas pocas
palabras como p1 o 3mio.
El Cardenal Pie, Obispo de P oitiers, que fué un gran
teólogo é insigne publicista católico, hacía notar, có mo
después de los t.res primero s sig lo s de la I g lesi a, tiempo
en el cual los Príncipes r esistieron á sus ensenanzas y la
persiguieron cruelmente, ~1 fin se determinaron á entrar
en el gremio de l a misma I gles ia: y, si más tarde la
atormentaron con las h e r ejías y la dil aceraron con los
cismas, á pesar de todo esto, jamás había sucedido hasta
éstos últimos tiempos, que se llegara á proclamar como
un progreso y una emancipación de la soci edad humana
el apartarla de la id ea cristiana y de lo s principios
del catolicismo . E te pensamiento infe rnal fué co nc ebido
por la Revolución, la c ual emitió y propagó sem ej antes
doctrinas. P e ro l os H.omanos Pontítires no tardaron
en combatirlas, desde Pio VI hasta. el r ein aute Pontífice.
Éste, despuP:s de haber hablado en Encíclicas anteriores
sobre algunos puntos particulares acerca de la
necesidad social de la Heligión, y mostrado en la Encíclica
In scrutabili D ei Consilio, de 21 de a,bril de 1 878 que
la verdadera c i vi li zación no puede hallarse fu e ra del
catolicismo, después de haber descrito en otra Encíc lica,
Quod apostolici muneris, de 28 de diciembre de 1878 la
presente condición de la sociedad; después de haber defendido
en una tercera Encíclica .A?·canum Divince saJJienti
ce , de 10 de febrero de 1 880, e l matrimonio c ri s t
iatiano; después de haber sosteni do e n la Encíclica Diutwrmttn
teterrimumque bellum, de 29 de iuni o de 1 88 1,
j untamente l os derechos de los Príncipes y de los pue blos,
y l as garantías que en favor de los unos y de los
otro. se derivan de las en eñanzas del catolicismo; después
de haber mostrado en la masonería la terrible secta,
enemiga de los pueblos y d e los gobiernos, con la Encíclica
Humanum g enus, de 20 de abril de 1884 hoy día
r esum e, e n esta última Encíclica De civitatum constitutione
cMis tiana la doctrina y la moral católicas que deben
servir de guía en las cuestiones políticas.
El F í garo pretende que haya dado ocasión á esta
Encíclica la propuesta del Conde de Mun; pero antes de
que este ilustre católico, movido ciertamente por las
más santas intenciones, hubiera escrito sus cartas, ya
se había anunciado la Encíc lica, y acaso se hallaba enteramente
escrita. No es una cuestión particular la que forma
su argumento, sino la miserable condición á que han
reducido á la sociedad los principios revolucionarios. El
Obispo de Poitiers, escribiendo en 1850, mostraba desde
entonces el origen del mal que rodeaba la sociedad
política, y la vanidad de los tortuosos medios políticos
que se venían excogitando y proponiendo. A nada conducirá
todo. cuanto se haga, decía aquel gran Obispo,
mientras Dios no sea r e tablecido sobre todas la s cosas
humanas, y r ec ono cido so l em n m e nte y r espetado de un
modo se ri o y práctico , n l1er e h o.
"Se habla de un gran partido del orclen y d e la concilia
c ión. Un so lo partido pot1rá salvar al mundo: el pm·tido
d e Dios. Sólo de este modo , o poclr <'t h a llar sa l vación
actjurando nuestros suenos de ind epen d encia r es -.
pecto del Sé r upremo y sometiénuonos á Él; l ev anta ndo
e n alto ent. r e los hom b r e la bandera d e l Plin c ip e de
la mili c i a celestial, con su l ema: Qni én como Dio s? La
conciliación! Oh! ciertamente; pero para conseguir la
unión entre los hombres, tenemos que hacer mucho
más· nuest ro grande esfuerzo, e l prin cipa l meclio para
alca~1Zar la tan deseada concilia.:.ión, ha ele ser el de reconciliar
la tierra con el cielo. No nos dejemos engañar:
la cuestión que se agita. y agita al mucuo no es entre el
hombre y el hombre, sino e ntre el borubre y Dio ."
Y el ilustre Prelado continuaba diciendo que no habrá
sa l\7acíon para la soci edad hasta que e lla no t>e refor
me sobr e l os principios c ri stianos . No hay medio entre
estos dos extremos: es n ecesario perecer, ó vol \'er ú
Dios. E scog d: de un lado está e l auismo, y del otro lado
está la I g lesia de J esucristo 11u e os llama y os ti ende
lo s brazos. Este siglo ser á . ó comenzar entre nosotros el
r eino de la barbá.ri~, ó r enacer el r eino ..."UI.
Y ahora, co n la ayuua de Dios, ren.wamos nuestra
promesa de seguir fielmente e n todos sus pormenores
las enseñanzas y las máximas que promulga nu estro Padre
Santo. Su Encíclica será para nosotros la norma de
nu estros escritos y de nuestro modo de proceder en la
práctica, agradeciendo al Pontífice que nos a l ecciona y
dirige, y repitiéndole á É l , Vicario de J esucri sto, lo c~uc
l os Apóstoles decían á Jesucri:sto mismo: Verba vrtce
cete rn ce habes Las v ue stras, oh Padre Santo, son palabras
de vida, y de vida eterna. Vu estros enemigos son.
lo s enemi gos de la Iglesia; e llo s no nos dic e n sino palabras
venenosas y mortíf e ras; p o r un momento no~ h~la
gan, pero nos pierden. Vos, Padre Sunto, nos dms ngor
y nos salváis co n vuestras palabras. Nosotros l~s recibimos
co n agradecimi ento, y creemos, et nos credtmus.
lJn viaje de la Virgen.
CUE~TO.
La Madre de Dios quiso hacer un viaje á la tie.rra
con el propósito e,mana.
Y la Virgen siguió andando ....
Y llegaron á un lago verde como la esmeralda rodeado
de sauces que bañaban sus ramas en él, y dentro
del agua crecían libres las espadañas y sus compañeras,
las cuales sacaron sus flores al ver á María; pero pasaba
u n mancebo dentro de una barca pintaLla de todos colores
sentado en un cojín, gobernando e l timón, y l a Virgen
le dijo:·
- Joven cambia t.n derrotero, porqu e al llegar al cent
r o e l agua forma un remolinQ que tragará tu barca.
- Excusa l ecciones, que sé muy b i eu mi camino .
Y la Virgen lloró, y una de las doncellas que la
acompañaban recogió sus lágrimas en un lienzo tan fino
como l as espumas del mar, y l a Virge n l a dijo :
- Humildad, sálvalo .
Y l a doncella cruzó el lago como c r uza la nube razante
á las aguas, y cuando ::>e acercó á la. barca el mancebo
g i ró e l timón y se salvó .
Y la Virgen siguió andando .. _ .
Caminaba bajo una bóveda formada por tlorido jasminero
entrelazado de árbol en árbol , y halló una mt~jer
que escava.ba la tierra para ocultar u n saquillo ele oro.
Estaba pobremente vestida, tlaca y pálida, y sus ojos
e r an pequeños y brillantes; nu11ca someía y siempre estaba
inquieta.La Virgen se acercó y le dijo :
-¡,P or qué ocul tas tu oro'
- Para no gastarlo y q u e no lfle lo r oben; p e r o tú me
has descubierto . ·
Y muy l uego lo volvió á sacar h u yendo para ocultarl
o nuevamente.
La Virgen lloró, y otra de l as siete doncellas enjugó
s u llanto con su rubia cabellera; y la Virgen la dijo :
- Largueza,acompáña.la para que no se vuelva loca.
Y l a Virgen siguió andando _ ...
.A cercóse :María al monte, cubi e r to de r omeros, tomimill
o y flo r ido brezo, y vió grutas que parec.ían filigrana
d e car amelo, >ió peñascos salientes cubiertos de rosales
y espi nos que f o r ;naban á modo de tronos y doseles; y
a n clando, andando, bor deó un abi s m o qne se abría a l fin
de l monte, y alzando los ojos, advir tió que una joven
to da vestida de rosa corría ll or a nd o y r i endo porque huía
d e un homb r e r oj o, y estaban próximos á caer en el
abismo.
Y l a Vi r gen lloró s u suerte, y l a ter cera de sus
don cell as r ecogió sus lágrimas e n e l h u eco de s u man o¡y
la Virgen l a elijo :
-Castidad, apar táos del m a l camino .
Y l a d oncell a se elevó dulcemente y s e a cer có á
e llo s, y al p u nto comenzaro n á mod erar s u carre r a y hallaron
una sen da p o r donde b aj aron a l lla no la n i ña d e
c olor de r osa y e l h ombre rojo.
Y la Virgen s ig u ió an d ando ....
Y en un r ecod o d e l camino halló dos h e rmanos que rellándos
e por c u a l d e lo s dos había m a t a do una pobre
tortolilla, y lo s d os ech ab an e spumarajos por l a boca, y
los ojos les sal t aban d e la c a ra, y los colores brotaban
de sus mejilla s, pasando d e l rojo al v e rde instantá n eamente;
y la Vírge n lloró, y otra de sus doncellas r e cogió
sus lágrimás en un ramo de violetas que llevaba en e l
aeno; y le dijo la Virgen:
-Paciencia, cálmalos.
Y la doncella agitó las tlores á entrambos jóvenes, y
al punto se calmaron y siguieron la caceria como buenos
hermanos.
Y la Virgen siguió andando ..
Y halló un palacio, y no quisv entrar porque había
mucho ruido dr. platos y cristales. Era un festín, y se
oían muchas voces y salían perfumes de licor y vabos de
comidas. Aquel era un día santo que los hombres celebraban
comienuo más que de od.inario, y se olvidaron de
las obras buenas .
Y la Virgen ~loró, y otra doncella recogió su llanto
en puro vaso de cristal, y lo dijo María:
-Templanza-, modéralos.
La doncella entró en el festín, cuyos comensales serenáronse
y arrepiotiéronse de sus excesos.
Y la. Vi rgeu sigLúó andando ... _ .
Y halló una pastora muy bella,apacentaudo sus ganados,
y estaba triste y pálida; sentada en uu peñasco se
miraba. en el remanso que formaba el agua de una fuentecita
y decía:
-Antonia es más bella que yo, y sus vestidos son más
nuevos, y sus corderos son más blancos, y todos la miran
con cariño y de mí se mofan, y cuando yo cuento
sus defectos me miran con recelo .
Y volvía á mirarse en aquel espejo tan lindo, y volvían
sus pesares á llenarla de tristeza, y sin embargo,
ella también era bE1lla; también lucía vistoso tra,je; taml>
iéu tenía corderitos blancos v también la miraban con • cariño los de la aldea, porque aún era más desgraciac.la
que mala. '
La Virgen lloró al verla tan triste y apenada, y otra
ele sus doncellas recogió aquellas lágrimas en su corazón,
que se encendió en inextingLúble fuego, y la madre de
Dios la dijo :
- Caridad, mi hija predilecta, alivia á los enfermos.
Y la Virgen siguió andando . ..
Y llegó á una éra y estaba tendida la mies, la yunta
parada, el labrador dormido; la Vírgen se compadeció
porque corrían las horas veloces y aquel homl Jre no terminaba
su trabajo, y llamó á la última doncella y la elijo:
- ¡Oh! Tú, Diligencia, anima su espíritu, ahuyenta á la
que es madre de todos los vicios y gobierna su haci e nda.
Y la Virgen lloró también al despedirse de su última
compañera, y aquellas lágrimas adornaron la frente de
la joven como una diadema de perlas.
Y la Virgen siguió andando_ ...
Y al terminar el valle entró en una llanura y cruzó
los bosques de palmeras y los a r enales, y todo era aridez,
y halló malezas; y en medio de tanto desconsuelo halló
una senda muy bien c u idada cubierta de musgo y de
unas .flores que parecen estrellitas, y se llaman buenas
ob1·as; al terminar la senda se distinguía una casita muy
blanca y muy chiquitita r ecostada en la pendiente de u n
monte muy grande, muy grande, y tras el monte se oía
el mar; a l lado de la vivienda había un huertecito lleno
de frutas, y en él un pozu elo y un banco sombreado por
u n hermoso nogal.
L a Virgen sonri ó ll ena de felicidad al divisar to d o
aquello y anduvo p or l a senda basta llegar al huerto, y
entró en él porq u e estaba abierto para todos; y reposand
o e n e l banco ma11dó u n ángel para que llamase á los
d u eños de aq u e llo, y a l punto ll egó un hombre y salieron
de l a casa u na mujer y un niño . El hombre, con sus aper
os de l abr anza, vol via de t r abajar la viña de un ancianito;
la m uj e r , terminaba l as l abores d e l a casa; el niño,
d esp u és del estu dio, co rrí a á jugar a l hu e r to y halló sen t
a d a e n e l b a n co una pobr ecita y l a dijo :
-Pobr e a n c ian it a , p a r eces f atigada, no temas ; madr e
y y o t e c uidaremos .
/ Ll a m ó á s u m a dre, y é sta al ver á l a po b~ e, l a di jo :
_,..
1
Bi e n v e ni da la q u e lle ga e n n ombre de ~lt?s : te c ud ra.
remos si estás enferma; daremo s a g ua s 1 1enes s e ;
1
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
'
176 EL MONITOR
pan si ti nes hambre; vestido si es tás d esnuda; l echo en
que descanses, paz que repose tu ánimo. Qu édate con
nosot.ros.
Y la Virg en dijo:
- Si ten é is e ' ca s a m e nte para, \Osotro , ¿q u6 me \ais á
dar1
-De Jo p oc o partiremos y aún no sobrará; Jo que
amo e n el munrlo mas, es á mi hijo; te daré su lecho y s u
pan, é l c o m e rú frntas, dormirá en ese banco, y l a Virgen
cuidará. Si s ufrimos, sufrirás con nosotr os¡ si somos felices
lo se rñs cou nosotros también .
Y ht Virgen dijo:
- Tomaré de tu pan, b e beré <1e tu agua, Yestiré tu ropa,
pero no sevanué al hijo ele flU madre. ¿ Véis aquella
g ru ta que no muy lejos se oculta en el monte 1 .Pues ese
ha ele ser mi alberg ue.
Y ln Virgen recibió ele mano de aquellos justos pan
agua .r ro1Jas, y se di ri gió á la gr uta con mucha pena de
la madre y del hijo, que la qu e r ían e n s u casa.
Y se ocultó el so l , y llegó la noche, y las estrella s se
aso~aron al cielo más alegres que nunca, y el g rill o y e l
cuchilo cantaron má qu e de ordinario, y los buenos l abradores
uo pouían dormir, y el niño se leí'aotó y llamó á
s u madre y le dijo :
-Dí á padre que he tenhlo un s u eño muy h ermoso, y
que se l e \~ ante y 'amos los tres á l a gruta. porqu e h e
soñado que la pobre que allí duerme es la Santísima
Virge n.
Y se l evantaron presurosos los buenos cristianos· al
entrar cou elniüo en la gruta Quedaron ll enos de tb~Or
d e Dios y e postraron de hinojos.
Era aquella gruta como obra de artistas c e l estiales :
estaba iluminada por una est r ella que pendía á. modo ele
lámpara; el techo era. un artesonauo de pi ed ra formado
p or las fil.tracione~, y las gotas que sin cesa r caían por
aquell?s p1cos des~gualc e s S ?aprichosos, semeja bao co lJ?
O mlllayes. de bnllantes; cte uno y otro lauo colgal.mn
neos cortwaJes de helechos y plantas trepadoras. En un
rinconcito brotaba una fuen tecilla, y Sl'IS aauas so reunían
en un lago peqneno y trasparente. En 1'b s hu ecos d e
las pared~s, á l a entrada de la gruta, anidaban palomas
y golond rmas, fJ.Ue asomaban sns cabecitas mirando prim
e ro con un ojo, y después Toldan para mirar con e l
otro y arrullaban á coro á la Señora que se les babia e ntrado
por la puerta. Aquella ~xcelsa Princesa, que reposaba
en un altar ele r oca 1estJdo d e verdura era la imagen
de la Virgen: tenía e n urazos á J es ú s que sostenía
en s u mano un canastillo licuo de frutos,' que dan todo
alivio, todo consuelo .
Y era que la Virgen se quedó á ürir con los honrados
y caritativos labrado r es, y desc1e entonces todo e l
que cruza e l Yalle de los pecauos implorando lns siete
Yirtud es, y sigue l a senda de las buenas obras y se sien ta
en el banco de la Caridad, y bebe l as agua~ de la. Fe,
y ora la en gruta de la Esperanza, r ecoge los frutos d el
Yia.je de la Virgen.
B.!RONESA.. DE CORTES.
EL COLEGIO lUAYOR DE NUESTRA
- ,
SEKORA DEL ROSARIO DE BOGOTA.
N os complace el recuerdo de haber sido in terno
en el colegio , d ebido ála munificencia y filantropía
del Illmo. señor Dr. D . Frai Cristobal
de Tórres; y hoy con r egoc ijo hemos leido en el
número ·62 d e "La N ación," 1 artículo en que se
da cuenta d e la r estauración de la capilla publica
de ese establecimiento d e educación, 1a que por
muchos años p erman ec ió sin que en ella se cele braran
las funciones del culto, sin que so invoea,ra
la protección de María en su advocación del Ro~
ario, contrariando la r s p ctabl e volnnta de su articulo tltu- nos en 1msca de pan vienen-no muy lejos-elPmeu lado
"A Autioqll.ia;' en l o q1le h:1ceu l'\ h""Lcion á mí. tos y dueños de la prosperidad de nuestro paí~:;
Qui e n Pstím u}Q recibe éll a.lg-nu:t empresa, s<.lrán.
1:1·a en c'I onleu mor,1l, Ta eu Pl material, fuerzas JDn toncos qué vejetales les territorios, han dado motivo á odios entre
que desconocidas hoy, capaces son de producir parcialidad que buscando su apoyo en séres ignna
revolución en las ciencias al ser examin adas norantes, los han lanzado en la carrera del críy
enloquecer á los sabios naturalistas del anti guo men, de una manara tal que Roma en sus días ne-con1inente.
ronianos se escandalizarb de lo que hoy vemos.
Un gabinete oculto existe en ·ese territorio, T erritorios que por su posición topográfi2a
e1onde los hombres que pamn su vida en investí- por su feracidad, por l os ríos navegables que los
gaciones, encontrarían elementos que alivio y sa- bañan y por las riquezas tanto minerales como
lud á l a huma11idad darían . vegetales que coutienen en su seno, debieran ser
Cuando las aguas de los do s océanos obede- el paraíso antioqueño y foco rmanoS del clero y illlS amtgos de la ClUdad en b1en de
ras' ante las Cuales Se estr·emeci'a el esplntu liD- aqu enos que nos dieron calor y vida, y vida religiosa.y orque nos
ensoñaron e n la infancia, juntando nuestras manos, a conocer y
paciente de un pueblo e ncerrado entre abruptas bendecir á Dios, podrán ser retribuidos con munificencia en la.
· · d 1 ·a d d tierra.T No. montañas, Y agUIJOnea O por a neces1 a e Aparte, pues, del sentimiento de gratitud que por nuestros
abrirse camino hácia fu era. benefactores guardamos e n el alma, y de que ~n momentos seme-
" He creido necesario llamar la atención sobre jau tes á lc.s nu estros ensayaremos hacer refleJar ~o~ nuestro~ es-b
· casos servicios lo que aquel noble y amoroso sent1m1ento encJ~rra. este punto y narrar lo ~ru e acon teció, para que ten de precioso y sa,nto, pedimos con humilde súplica desde el solita-pesadas
las consideracwnes expuestas, no se hagan río hogar donde vivimos que Dios les reconpense.
más tarde in;'ustas !nculpa~iones, si la experienci~ 1886. Mayo 31 tsuc HERRERA.
demostrare que tal o cual V'l.a pudo repo 'rtar tales o IMPRENTA vx u. vxócEsu
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"El Monitor: periódico oficial de la diócesis - N. 22", -:-, 1886. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3685359/), el día 2026-02-05.
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