Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Ut~
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LECTURA Y ART!
Junta Directiva : Antonio J. Cano. Francisco A. Cano.
Enrique Vidal. Marco Tobón Mejla.
CONDICIONES· DE ESTA REVISTA
Rt~speciaJmcnte
en asnnto tle Arte, en Jos runle. el ¡writtcliro
<>~ecléctico.
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Director, Exnrqt'J~ YmAr.
• J .\1 PR K\'1'.-\ lH~L ]) I~P .\ H.TAi\[l';. "1'0.
n.nt.l1.·y. - En cJc•gnnte ctlicit)n, cnrr<'rtanwnte
imprcsn en 1:1. 1'ipogrnfía dnl 8r. Félix ele Retloul,
hemos rccihi horizontes p:tm su fa11t:1 . ía soñntlom y
noblemente ambiciosa. ha pnrtido p:, ra la Co. ta
Atlántiea nue trn qttctido nmigo y f'Mredaetor Sr.
Marco Tobl)n Mcjía.
1\larf'iló ,in rumbll easi, pero s<:rcn :•mrntc. como
quien lleva alg-o lll!Í que la cspernn:~.a de rcrw<•r en
tierrns más propi<.:Íi!l=l, l'H donde <:on &u pí•••·t·l y . u
tlllento, llegan¡-110 lodtHi:tmo. -(t h ·tcer <·arn·ra hrillantc.
Porque Tt•b6n ~lcjÍ;t, ndcm¡Í 1lc 11 rcconoc·ida<;
nptitudes pam d Hite que prof(•S•I. de h. qtw ha dado
palpable~ mue tras al público r.l<'d<'llincn . (•, tier11~
dcdtlida nlirión al t•stnclio Oh~cn•u lÍ. c·ad1t paso,
:malizn, i-C nsirnila lo que su talcntnle indi!·n C'nmo
helio. v se fonn:triL así, cnn claridad intl!·rrahh·, el
acopio.dc conoc:irnh·11to · i11di pen-.ablcs p:tl~l un nr ti!
óllll do n pir1H:iotw.
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hlico ~e ha l't1rnriñ:tdo C•>tl sus dibujo~, Sil'\ rc•trat"s y
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~ea t·sta l:t l•<':tsiún (le ag-rad .. (·vr:t• rorclialmt·nte
~11¡;¡ hrilhntl'~ l:thmt• . en IIIIC..;tra H···vista, lnhnrl', lllt'·
dtf~lmn.~ por c;~l rle~lnler6R, f'l csfll<'l'70 y al nmnr ron
c¡ne noo; ncompnñó gratnitn,nent<•.
}~n nuestro próximo ntímero pub!icarcmos el rctrn·
h 1:e Tubó1t Mrjitt, <.:on un t·~ludio sobre sus ;timaclo señor:
En el mes s dt• f . .ro
~rHfía, de pinno, ele tlnJl'S )' ,tt·hust,lc;, de nii'ius. th!
nnísicn popular, &c. ~~('.
L·• presente c-ircular no tiene 1 or ohjetn l'Ínn <·1 ele·
:11no , Íl. Ud. crmC'Í:lS nnticipadns por la ltlc·nciún
qu1• pr<•star:í n! nsunto, y nn . snh.cribimo.
De Ud. ntcntoí-1, ~~ - .
La 'omisitÍn:
,/llnn ]]. Arrw,q·,, Q,r[uR A .. 11(1/iuo.
f'oa·onnc·•ón tlf'l po.-tn Poaubo.
flr(' llidP•H·ia tlt• lfl p,·en~~a.-Ror¡olrí, 11 di' ,J,¡¡, d,, 1!JO.i.
])iJ•pdm-(':-t !l(' LECl'URA Y AR"l' € .-.lfl'tli'Ufn.
J.a .Jnntn (le l)t'l'ÍOn tl idta rorounción. G!•hit•rtJn
h:~ presta.tlo (•fica:~. npu_yu. Ha.\' entnsins111o oeia l.
E~qwrnmo . rrspttest:t. Dirigir· ~~· "EsctHlo" Bogot:í.
El Pre~iol,·ntc ele Jn .Jttut:t de ])f'rioclist.ns, .JR · (':.~
nr-:r. C'OBH;\1..-EI twretario, ~ 1~/'l'edo Gcíme: Jaimt-.
('omoLt.:CTCHA Y Awn~ nn pnt!de mirar con inclift•rnncia
)a m rcrilla a putno, i tlcl gr;lll poeta ('Olornhiano.
so ha. apreR:tra:ulo ~r. l>. AIHlr~ .
clo. :uat:11n:nín.
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EDUARDO ZULETA
El DR. MONT:JYA Y FLOREZ
Es todavía joven y y á
figura en Europa. El primer
trabajo científico que
lo hizo conocer fue su
tesis titulada: Rcclte1'c!tes
sur les cm' ates de Colombie,
que mereció la más
alta calificación de la
Facultad de París. Este
trabajo del Dr. Montoya
está citado y varias veces
copiado en todas las
obras de dermatología
moderna, como puede
ver e en La Patogcnic
dcrmatologiqw· de Hesnier
y Brocq; Dermatologie
de Hal!opcau y
Lertdde.
''E te excelente trabajo,
dice Hallopeau, refiriéndose
á la tesis del
Dr. Montoya, nos h{\.servido
de guía para la descripción
de esta enfermedad
(el carate) que
no nos ha sido dado ob-ervar
personalmente".
Dicha tesis está igualmente citada en
todo los trabajos modernos de enfermedades
tropicales: Tropical dz'scases de Manson;
Traité practique des maladics des pays
cltauds, &e; en el tratado de bacteriología
de Besson: Tecltm'que JWicrobiologiquc et serot!
tcrapie/ y en un libro alemán traducido
al inglés y titulado Tite diseases of warm
cozaztries.
Hace algunos meses que preocupado
Montoya con el hecho muy singular de no
encontrar en la sangre de los palúdicos el
hematozoario de Laverán, emprendió una
serie de in vcstigaciones bacteriológicas
hasta que consiguió descubrir un microbio,
que él considera como el verdadero
élgente productor del paludismo, entre nosotros.
Se presenta éste bajo el aspecto de
coccus, de gruesos diplococus, ó de discos
de cuatro micrones.
A lo que más se asemeja el microbio
descubierto por Montoya, es á los cuerpos
encontrarlos recientemente en el Scnegal
y en Sierra Leona por Dugan y Marchottx.
.,/-1~'- r,
DR. J. B. MO TOYA Y ]LOREZ
En los cultivos alternado"' en medios
glicerinados tiene el mismo ~cto que en
la sangre palustre.
Al principio 1\1ontoya nr, pudo teñir
bien el microbio. y ' . prep ·· ; aciones tenían
que dar lugar .t q 1.t!rpretaciones sujetas á
errores de ap eciación personal y en síntesis,
poco ó nada demostrativas, sobre todo
si no se examinan á 2,000 diámetros. Hoy
ha logrado tenerlo con la fushina de Zichl,
y por el procedimiento de Romanowsky.
El microbio para ser observado necesita
una amplificaciÓn de I ,500 á 2,000 uiámetros.
En la Semaz'nc Médz'cale de París han
publicado un extracto del trabajo de Montoya
titulado Parásito dd paludismo.
Estas primeras noticias ó informaciones
no tienen valor científico definitivo hasta
que el mismo Montoya, ú otros bacteriologistas
en nuevos estudios sobre el microbio
del paludismo, ratifiquen, rectifiquen ó
adicionen las primeras impresiones y experimentos
de laboratorio. Montoya prepara
este segundo estudio y e'stamos segu-
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ros de que lijar:t definitivamente el descubrimiento
de este nuevo microbio.
Montoya ha descubierto una microfiliaria
en el sapo, que el Profesor Blanchard
bautizó Filiruia Colombi en honor de lil patria
del descubridor. Luego descubrí() otra
en el pájaro MayJ. Como los autores clásicos
atribuyen á la filiaria la elefantiasis de
los árabes, Montoya ha hecho muchos exám~
nes en los elefantiásicos y no ha encon
trado tal filiaría. Dato este muy importante
que nos indica que en la ciencia hay todavía
mucho por rectificar.
Además de bacteriologista, es Montoya
un magnífico cirujano que cuenta yá muchos
y señalados triunfos en este ramo de
la ciencia.
Lo que caracteriza la labor de Montoya
es la independencia de apreciasión y su
falta de pa1 ti pris, siendo tnteramente
ecléctico en materias científicas. Montoya
tiene conciencia de lo que sabe y de lo que
puede. Tenaz y laborioso hasta lo increíble,
resulta u na fuerza intelectual bien dirígida
y un serio elemento cie progreso
digno de aplauso.
Medellín, Mayo de 1905 .
RAFAEL MONTOYA PEREZ ,
POR CRISTO H, m, l\1.
El Santo. __ . lo llamaban el Santo y en
verdad que merecía ese nombre, porque en
toda su vida no había desmentido una absoluta
pureza de sentimientos, una absoluta
albura de alma. Desde pequeño, desde
que empezó á tener uso de razón, todas sus
aficiones se manifestaron por lo bueno, todos
sus pasos se encaminaron á un fin ascético.
Nació sacerdote y sacerdote se hizo á los
veinticuatro años sin haber vivido más que
una vida enteramente mística, con ignorancia
casi absoluta de todo otro sentimiento.
Se había empapado en la ciencia de sus libros
santos y cerrado los ojos con vol un .
tad firmísima para todo lo que pudiera turbar
en algo sus propósitos. Ser sacerdote
de Cristo fue la voluntad que esculpió en
su alma, y vivir en la imitación de Cristo.
El no a<;pirabct á ocupar los puestos culminantes
en su casa santa, ni á ninguna otra
elevación de su propia persona. Aspiraba
simplemente á ser un pastor humilde y sencillo
y á tener un rebaño.
Y fué pa~tor _humilcie y sencillo en una
pequeña parroquia. Aceptó ese pu€sto coh
gozo inmenso, con gozo que no le hubiera
proporcionado uno más alto. Aquel era su
elemento. Sentía orgullo al verse condllctor
de un pueblo infeliz y en hacerlo bien
empeñaba sus sentidos y su fe y su alma
toda. Vivía enteramente santamente, ejercien
¿o t~Jdas las virtudes de una manera
desusada y aun ignorada en el siglo.
Y era un hombre de veinticuat:-o año· .... !
un hombre apuesto, hasta hermoso y que
tenía la debilidad de ir siempre muy hien
vestido, quizás un poquitín coquetamente,
porque así creía honrar mejor su ministerio,
á la par que se daba un ligerísimo
placer que pagaba bien caro, pues á truc
que de él se imponfa mortificacion es y sa cri
licios sin cuento.
El gran libro de Kempis era su guía para
todo: en su casa "cerraba sohre sí su
puerta y llamaba en su favor á J csús, su
amado"; y fuera de ella, ;:¡nte cada saludo
que era una aclamación, ante cada mirada
humilde que era una demostraci ón de amor
y de respeto, pensaba : ''nada tienes de qué
puedas alabarte, pero sí mucho de qué envilecerte,
porque eres más flaco de lo que
puedes pensar."
El Santo ... Si ese era el nombre que merecía,
si no podría llamársele de otra manera.
Sierr1pre con los ojo baj os, siempre hu milde
y siempre j ovial y bueno con sus fe ligrese
. . No veíñ en las mujeres ni amigos,
ni enemigos ; no p ensaba siquiera en que
ninguna. fuese capaz de in spirarle otro sen ti miento
que el de una compasión profund :1,
que el de/ una conmiseración suprema por
sus debilidades, por sus pecados. Se los
perdonaba y no tenía más cuentas con ellas.
Algunas habían tratado de intimar en relaciones
con él haciéndole consultas en s ~1
propia casa, pero las había pue5to cartilla
inmediatamente y emplazándolas p;tra el
confesionario, único 1 ugar que reconocía
apropiado para tratar asuntos de concien cia.
Y allá, ni siquiera se fijaba en quién se
arrodillaba á sus pies, ni caía en la cuenta
de que fuera una mujer hermosa y joven
de suaves emanaciones, ó una vieja temblorosa
por los años. Establecía perfecta
nivelación con la ventanilla cie huecos pequeños,
sin encontrar al otro lado de ella.
nunca, sino una pecadora á quien había qué
curar.
Con los hombres era más amable y aun
se permitía ligeras libertades con ellos.
Todas las accione~ cie ~u vicia, todas, las
amoldaba á algún pasaje santo. Para cada
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una tcnÍct presente el consejo de su libros,
para cada paso una sentencia del mismo
Cristo.
Dos años llevaba y á de vivir en su pequeña
parroquia, y á cada día, á cada hora
que pasaba, era más querido, más apreciado,
más respetado ele su rebaño humilde.
* * ,¡,;
Vivía por aquellos tiempos en el mismo
pueblo, u na señora llamada Graciela, vi u~
da, de veintiocho ·tntlmu 11 el . emblanlt> la 1 >'11:1
. · .Jn'll nlmn.. nrgioron las hnrc·n rol:1 ~>'
IJIH'] :tnt:tb:t el ltllCÍ:lllO
llli ntrn s n C'acln :t nlflllo
ncompafinl>:t l:t :ínticra C'Oil l llllp:í~ ele •] rabeo) .. __
Y \' ÍO ]n, no\·n. c1n \'(');1 de Sll débil U:l.I'C}IlÍCltuelo
q n m j:tba en la. i nq n iota faz 11 l mn n nurante lago
lll:uH',J, o·:tr7.fl- olitaria qu al lá en el :tzul del cielo
en sn vnclo
mi ' Lcrio o, errn,nto, vago,
y:1 s<' <'. f'OIHlt• y:1 npar<'co, ya t' o nltn, ya. e ve __ -.
n
Vio en . n snofto mi t rioso
l sufrir del Galileo·
<'sen h6 l rngir fnrio o
el l popnlachojndío
cp1e, azuzado
por j nmmHlo fari e o,
eomo tropel hambreado
r ol hombro
sino el germen d la muerte.
Frnndas hermosas, de una frescura que
con vi daba al reposo, obs._u recían á trechos
las aguas limpias del río, aguas azule , casi
verdes, con un verdor de mar. El sol ti
tilaba como oro vivo sobre las copas relucientes
de una vegetación lujuriante, hinchada
en el desparpajo de la inmensidad ;
y si no habitaban hombres en las selva. ,
la varie ad y rareza de los animales eran
sorprendentes, infin;tas. Todo n.quello er.t
unjarc.lín, un Pctraíso .... pero hechicero y
traidor como todo paraíso.
Y o!o Bríos es~aba allí solo, sin defensa,
á merced de lodos los elementos de la sel\'
a inculta; solo con su fe, enfrente de la
vida ele lr1 gran na tu raleza invasora que
arrastra el cuerpo de un hom br-- como el
viento una hoja.
vanzaba ahor.t en un trabajo nuevo,
no lejos de lo.; antcriorc , con una tonga
más profunda. lle,·aclo por la visión ciega
del minero. .~u L crecía, creC:a ; nunca
creyó que su esfuerzo fuera estéril; en su
raza no hubo desfallecimientos, ni pereza,
ni vacilación; el pensamiento en él no f'ra
mero pensamiento, era acción al punto, y
su resistencia era como la de los hijos de
N .11nancia, épica. Lavaba su canalón con
esmero, con cuidados y mimos como de
mujer que sirviese de enfermera á un sér
querido. Y cunndo venía el crepúsculo en
aquellas deleitosa riberas, en que el sol
también parecía oro, !;egtín pintaba los árboles
y el río é incendiaba el éter tranquilo,
poco antes intensamente azul, no. e en-
? ~
- <>
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traba olo Brívs por el descanso, sino que
la emprendía con su labor doméstica, si
cabe, y con los cálculos para salv:tr su cr 'dito,
la limpieza de su nombre· luégo la
reflexión sobre su mi na y sólo al dorm i rs ,
allá ignota en su fantasía, osaba pre. entarse
una visión ele amor, tras la vi~ión del oro.
• • •
¡ h Dios mni¡.·otente, si e para mi
perdición, que se lo lleve el río, no lo quiero!
exch mó , o! o Bríos en la soledad de
las playa del río Verde, alumbradas por
un sol de fuego, al contemplar la cantidad
inmensa de oro que iba descubriendo al
lavar las arenas de ese último hoyo en que
empeñaba yá su porvenir lejano. •
¿Es una tentación? ¿Es un delirio? Esto
es lo no soi1ado. Mi fe, con er tan granel ,
no me prometía tánto. Yo no pedía ino la
recompensa de mis esfuerzos, la salvación
de mi crédito y con que realizar un sueño
adorado de amor ....
Ah! sí. Allí estabJ. todo junto, en una
corta extensión, como puesto aposta por
la Providencia para recompensar largamente
al que tuviese verdadera, inquebrantable
fe en la redención de las miserias de
los hombres y los pueblos por el trabajo. Y
Solo Bríos, el porfiado, el loco, vencedor en
medio de las selvas sin fin, arrodillandose
dio gracias á Dios, con un himno · nuevo,
todo religioso, que empezaba: oro limpio,
salve 1
206
J. IGNACIO CANO
Todavía, después de dos meses del trftgico
suceso, palpita el sentimiento doloroso
de la sociedad medellinense, especialmente
de la parte de la sociedad capaz de
a preciar en lo que valía la personalidad de
este amigo por siempre ausente. Todavía
palpita el recuerdo de aquel m~mento
fatal, que reconstruímo y repadecemos
todos los días, al mirar involuntariamentecomo
á un punto llamativo que tiene
atracción de abismo, la parte más alta del
hern~oso edificio que ornamentaba Ignacio
cuando, luchando brazo á brazo con la
afanosa viua, arrebató la muerte á este
obrero del arte.
E~ta Revista, que miraba á Ignac io como
de la casa, deplora en estas líneas la
desaparición del amigo y la ausencia ele!
artista á quien tún to deben en Antioq uia
la escultura, la ornamentación y las mejoras
urbanas, y publica, como justo homenaje
á su memoria, junto con su retrato,
dos trabajos de Ignacio: u no de los frisos
del edificio del Banco Popular y el mascarón
que está colocado <.:n la fachada prin cipal
del edificio del Banco de Colombia.
l\1edellín, Julio de 1905.
lntonio J. Co n o, .h'!lrú¡;tt T'idal, 11arro
TobÓ!t ll'l ej!.t.
DISCURSO
de.'. 1' str po ('ll la inhumacióu 1lel <·:td:ívcr
ele .J. lgnc <'io Ua11o.
Señores, mejor cJi ré, amigo. míos:
o es el sentimiento comtín d desola ción,
que acompaña casi invariablement
los muerto á su tílima morada el que no.
agrupa á bs puertas de esta tumba tan prematuramente
abierta. Un impulso espontáneo
de aquel dolor excepcional que ólo
despierta la desaparición de las criaturas
excepcionales, nos sirve de vínculo solemne
en este instante. Las palabras deber, ue ccsidad,
aun compasÍÓ7t, están de sobra en
donde h2.y sentimientos más altos-ó menos
profanados por lo menos-qué invocar.
Aspiro á interpretar en su l 'g itimo
valor vue~tros motivos al seguir el cortejo
mortuorio de este ártista infortunado, como
habéis seguido con estremecimientos d
angustia la faces de su trágica agonía.
ue. tro mu~1do, in9ensato y mentiro. ,
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se complace demasiado en embriagarse de
pompas quiméricas y vanas para que no
valga la pena señalar-aun en medio de la
más honda tristeza y con orgullo relativolos
tributos de justicia y de sinceridad que
rinde.
Desde ese punto de vista nada más conmovedor
en su signi"ficación intrínseca que
la ofrenda de lágrimas que habéi venido éÍ.
depo itar aquí. Un sér modc to, oscuro
en el rigor de su modestia, de heredado
por la fortuna. ncadcnado i su labor como
un e clavo, sucumbe en el azar ele un
accidente común, t ;1r1to más odioso cuant ,
es más sencillo en s tt fttalidad . Pero ese
hombre, ese ese lav o .-ilcncioso y resignado,
es un artista cuyí'l · manos pacientes, guiadas
por misteriosas a e ti vi dad es creadoras,
han venido dejando á travé--; de año . que (
hoy tl')S pare ce n dema:->iado bre ve · , e · tampada
por doquiera en lllftnifes taci n es de
belleza la huel 'a de .... u-; po !ere · ocultos. Es
un arti~ta, repito: y una porción ele la jll ventud.
tal ,·ez in'it--nificélnte en s u importancia
nunH~rica, per ::) no en :en licio · ·up
riores á lo.- qu e e:..:presan lo.- ntímero
·, acude, con el altn(l o¡ rimi la de pesar
y ca rr y, at rm ntán:tra "gozar" de una ol>ra de arte,
echad mano, tanto como cp1er(í.i ·, de los
poetas, de los filó ofo" . de 1 > · hi · toriauores;
pero para ·•ju7.ga!·', ~cd solos y fiaos
de vuestros sentimiento estético. El , abrá
deciros si ese rojo es un rojo bello, si esa
línea es armoniosa, y si esa sombra es parecida
á la que lor.; ;írbo1<.:s qu .... os :on L•miliares
arrojan sobre los campos.
E ta llamada nl sentimiento íntimo, al
testimonio de la conciencia, har;Í. la desesperación
de lo~ estetas propiamente dichos.
M. de la Sizeranne parece haber previsto
las protesta..; amargas que su varonil
y discreta franqueza levantaría. De ante ·
mano ha anali7.ado y de. baratado 1 s artificios
de la crítica d -· arte contemporáneo
de la manera más gracia. a. b _ un c.:ntimient
confuso quiz<Í, pero muy generalmente
extendido en el púl->lico. que en el
gran JHÍmero de los que se titulan hoy crítico:
de arte, muy pocos son los que tengan
algo que decir. Excepción hecha de
los historiadores concienzudos y de algunos
conservadores de museos, muy competentes,
los críticos han tomado la costumbre
de las disertaciones más ó menos filosóficas
y literarias, en un lenguagc especial,
obscuro adrede, y bastante ridículo. Rara
vez sabe el lector, después de haberlo leído,
si el escritor tuvo ó nó emoción estética
delante de la obra examinada. De lo
que sí se cuidan es de decir profusamente
que eso es ó no es nuevo, que está tomado
ó nó de la vida contemporánea, que es
ó nó expresivo, que es ó nó de un pensador,
&c. &c. No es casualidad el que todos
los críticos del dí el procedan de: la mis.
m a manera : se ha formado en nuestros
días una especie de doctrina estética, de
la cual hacen parte todos ellos. Más ó menos
conciencia tendrán de ella, pero en realidad,
casi todos padecen la influencia de
esta doctrina nlteva. ¿En qllé con . is~e?
M. de la Sizeranne la analiza con minucio-
·id<1d; la per:.;iguc hasLt en sus malice ·, y
ha hecho en pocas páginas una descripción
que merecerá ser leída por aquellos
mismos á quienes ataca.
Había en otro tiempo-al principio del
·iglo XIX-expo itores que oilaban haber
descubierto las leye absolutas de la e tética.
En ese entonces se creían C.)n inge·
nuidad en posesión de un canon definiti ·
vo. y se legi la.ba con tranq uilrl . cgurida
~ l ·sobre ln bello, lo acrradab 1 e y ltl sublime.
Un cuadro nobk ''dehh' 5cr del género
histórico; un retrato ''de(,j;," de . tacar
su luz sobre un fondo obscuro ) el lado
ob ·curo sobre un fondo claro · el n.:stido
antig·uo <.:ra de rigor ó poco menos; la vi
da contemporánea no podía suministrar
asuntos, &c. &c. Tales eran los dogmas.
En su nombre, por largo tiempo han sido
condenados Delacr i , ·, .Pude, Carot, Puvis
d Chavannes. Era ine\ ita.ble que después
de estos crror c· s vi ni ese u na reacción. Y ha
venido ahorn. I Ioy, nada hay en la naturaleza
ni bello ni feo, no hay sino forma
más ó menos cxpre ivas de la vida, que
on símbolos de una civilización, representaciones
de un pensamiento. La naturalcza
no es sino un pretexto para el arte; lo
que vale es la manera de que el artista se
vale para señalar u época, lo que premia
es la per ·ona1idacl ucl artista. Ahora, . i la
vieja doctrina de los ingenuos que definieron
la belleza en máximas absolutas, era
falsa, ésta que ha pretendido imponerse en
n u e. tros tiempos no lo es menos. N o hay
leye , es lo que se dice. Pero es un hecho
:in embargo que la pintura y la escultura
se dirigen al sentido de la vista; es un hecho
que el placer de los ojos existe; es evidente,
en fi 11, que ni los pai ajes, ni los re
tratos, ni las e ·tatuas están hechos para
que se les e;-..:ija t l mismo género de emoción
que á la poesía, ó al análisis psicológico.
El gran defecto de cierta crítica
contemporánea, brillantemente demostrado
por M. de la Si zeran ne, es precisamente
no tener en cuenta léls cualidades
específicas de lac; obras de arte, la ''delectación",
el placer de los senti los, y preguntar
únicamente por lo que ellas significan.
Se sabe la historia ·de aquel geómetra
que oyendo rt-citar unos versos, preguntó
: " ¿ Y qué prueb~ eso ? " Algo parecido
ocune con el temple ce espíritu de
los críticos contemporáneos que andan en
busc:1 de interpr~.taciones extrnilas y de
impresiones personales y que delante de
209
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un cuadro ó de
una estatua di
cen : " Cuál e
la intención? E
esto nuevo? Está
tomado eso de- /
la vida actual ?
Es esto compiicado,
ó, com ~ Y/
~r t--
~L=----· ~ ~
'
e ·cuela ha r velado,
que tiene
olas para todas
· las naves, colores
para todos
los ensueños, y,
de e u a 1 q u .i e r
punto de que
u no parta, ho-l\
la ·arón do la fachada del tlili c io tld JJa11 c o 1lc ' oloJULi;t por .J. Ignacio C auu.
hoy se dice, perturbador?"
Esta costumbre del espíritu tiene consecuencias
singulares que el autor ha anotado
luminosamente. hlla ha hecho nacer
particularmente un snobismo inédito: el de
la novedad. Como lo que prevalece es "la
expresión" han dado en no aplaudir sino
la expresión d~ alguna cosa nueva. Delante
de Bail, Henner ó Harpignies ó vacilan
ó pasan de largo, porque no encuentran en
ellos lo que han convenido en llamar "la
emoción nueva". En cambio tienen predilecciones
por todo lo que deslumbra, por
todo lo insólito. Quieren aparentar que lo
comprenden todo, y todo lo admiten por
no arriesgar á ignorar algo. Los snobs de
otros tiempos establecían muy rápidamente
su modo de pensar diciendo: "Está muy
bien; éste es de la Academia". Los ¿e hoy
juzgan también bastante rápidamente gritando:
"Está muy bien; él t:ene toda la
Academia contra sí". Se ha cambiado de
criterio; el parecido con las obras antiguas
fue ayer prueba de talento; hoy lo es la desemejanza.
Estos métodos, concluye M. de
la Sizeranne, son tan poco estéticos el uno
como el otro ; ninguno ele ellos apela al
testimonio de los sentidos. "Ni uno ni otro
compara la obra con la naturaleza, que ni
es antigua ni es nueva, ni piensa en la Academia,
ni menos pide a u torizacicncs á los
independientes, ni piensa en diferenciarse
de sí misma ni en parecerse, ni · en
rejuvenecerse, pero que, infinitamente varia
y compleja, é igual siempre, es siempre
hella para quien sepa amarla, encierra todos
los matices revelados por todas las escuelas,
y muchos otros más que ninguna
rizontes para toda marcha hacia ade -lan te".
El procedimiento de M. de la Sizeranne
exige sinceridad é independencia;
exige mayor cantidad de buen gusto. El
placer de las obras de arte está reservado
únicamente á aquellos que tienen sentidos.
Por eso M. de la izeranne ha tenido el
alor de no igualarnos y de pen sar que to dos
los hombres no hemos sido creados prt cidos
por la naturaleza. En cambio r e co noce
á cada uno la posibilidad de acre cer
su placer y su juicio de una obra de arte
por el análisis psicológico, el conocimiento
de la historia, de la literatura, &c. Pero
¿qué es este cortejo de placeres s ecundario
sin el goce e s pontáneo de la impresión
el i recta?
• • •
Hace treinta años más 6 menos que es ta
lló la gran revolución impresionista, y bas tante
saccmos cuál fue el ruido que metió
en el mundo de los pintores, y aun fuera de
ese mundo restringido. Desde este tiempo,
el impresionismo ha entrado en la historia;
tiene su puesto en el museo del Luxemburgo,
y lo tuvo en la Exposición centenaria
del arte francés en 1900; los m u ·e os · x tranjeros
le han dacio acogida; los coleccionistas
particulares lo honran. Si tiene su
parte influyente sobre los pintores contemporáneos,
no á todos los domina, y de los
más originales y agradables podrían citarse
que nada le deben. No se puede, pues
hablar con serenidad, sin que la afición parezca
manía. Cuancio aparecieron los impresionistas,
una idea dominaba: que era
preciso pintar Slt época. La Italia, los jus-
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
·.
tillo~, los templo", estaban lejo" de nog.
otros. Lo que tenemos á la vista, es decir,
Chatol!, las fortificacivnes, las fábricas y el
ft:rrocarril circular. Esto también, decían,
es asunto de artes y debe ser pintado; y
los artistas se pusieron á la obra. Sólo qti'e,
siendo verdaderos artistas, ellos han encontrado
el medio de variar el modelo feo con
mucha frecuen~ia, que se ofrecía á sus ojos
No se les admitía lrt ''composi~ión", ni los
símbolos, ni la escogencia de líneas armoniosas;
se les imponía una realidad trivial en
grado sumo, un decorado frecuentemente
caótico. ¿Qué les quedaba? El color, que es
siempre el mismo independientemente del
decorado. Si la luz varía un tanto en los
climas, no deja de ser brillante bajo nuestro
cielo. Y, lns cosas más vulgares adquieren
algún esplendor á los rayos del sol. Los
impresionistas han usado espléndidamente
el color ; los Monet, los Sisley, los Renoir
y los Cezanne han adquirido por él un gran
lugar en la pintura del siglo diez y nuev.:.
Delacroix, antes que ellos, había pensado
en la importancia del coloriuo, Corot había
\'isto en la naturaleza más colores que líneas;
los impresionistas han consagrado su
color y la línea se ha desvanecido. En sus
telas, el sol es tan ardiente, que funde las
líneas desagraciadac; de los techos, de las
chimeneas, de las casas ó de ropas en un
de. lumbramiento; el color domina la forma.
Má-; aún, las sombras mismas tienen
colores, y los impresionistas, rompiendo
con las costumbres anticuadas de la Escue la,
pintaron atrevidamente las sombras coloreadas,
y cuando lo necesitaron, enteramente
violetas. Se co.nenzó por escctncJalizarse,
sin preguntarse si las sombras violetas
existían en la naturaleza, sin fijar:se sobre
todo en que los paisajes antiguos ostentaban
también cvloridos igualmente extraíios,
árboles verrles que eran amar i !los y
praderas que eran casi negras. La luz vino ·
;Í ser de este modo lo esencial del cuadro,
la bz movible, diversa, rodeando todos los
cuerpos, relacionándolos, fundier.dn los matices.
La dificultad C)lle se presentaba consistía
en determinarla, en- sorprender st:s
juegos ondeantes, en analiz;1rlos y en retenerlos.
Los impresionistas la superaron por
un esfuerzo auclaz, y que, á decir verdad,
les fué muy títil; ellos practicaron "la división
del l olor". Proscribieron de su paleta
los colores neutros, y no ronservaron
sino los vivos, amarillos, nat·anjas, l;>ermelloneg,
rojos l;1c:~~, \'crde" in ensos, aque-
:!11
llo'J en u na palabra, que ~e apt·o.x i m ar1 ni
~::.pectro'Rolar; se pri\·aron después de mezclarlos
en la paleta, y obtuvieron el color
~obre la tela en tono~ crudos; en fin, concluyeron
por no mezc1ar los colores ni atÍn
sobre la tela, p·ero los juxtapusieron, dejando
á los ojos el cuidado de hacer la mezcla.
Para obtener un tono violeta, daban unto que
de rojo, luego un toque eJe azul, y á distancia
el ojo co.r.nponía el violeta. Hubo,
por otra parte, algunos que se reconciliaron
con este programa, pero su principio
inspiró á los pintores y preciso es · confesar
que les aportó resultados importantes. El
impresionismo ha sobresalido en la pintura
del brillo de las aguas, de la Yibración del
sol, de la diafanidad de la atmósfera y de
las intangibles movilidades de la 1 uz.
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. ---. - ·---- --- - -- ..... ---- ......... ---- ...
Y fuera del P.
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
)
Citación recomendada (normas APA)
"Lectura y Arte - N. 11", -:-, 1905. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3683665/), el día 2026-02-07.
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