Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LECTURA Y ARTE
MEOELLIN, DICIEMBRE 1903.
Junta Directiva: Antonio J. Cano. Francisco A.
Cano. Enrique Vidal. Marco Tobón Mejía.
CONDICIONES DE ESTA REVISTA
Suscripción por un aiín ____ .. $ 1 20.
Número suelto............. 12.
Número viejo._ .... _ . _ . . . . . 1 5.
Avisos: se admiten para elfo-rro
á$ 5 centímetro lineal de columna.
--Pagos anticipados--
~ Lectura J' Arte no hace solidaridad
con todas las opiniones que emitan sus
colaboradores, especialmente en asunto" d~
Arte, en los cuales el periódico es ecléctico.
Se , devuelven los origina les cuando
su dueiío así lo exij;t.
Agente general,
flL\r\CISCO /\. LATOI\RF.
l.J1'0GltAFÍA DE J. L. ARAXCO.
Dir<•ctor, E:'lliUQCI·: \'JI>AL.
1
TfPOflHAl• ÍA l>F.L C'O:'ItlmCrO.
Din• ·tor, F1::ux nF. BEIHH T.
A nuestros coJaboradores no
permitimos recordar el lema de l~l·tlura y
Arte: e wro, CLA l' o y LTO. Es bueno
tener en cuenta que "la bcll '7a más s r 4 aliza
por sustracción que por ad:ción ··,como
dice Guillermo Valencia.
.& "IU 1\elator" como á los otrc:s
petiódicos de Ho~otá hemos ~nviado nuestro
canje, 1·ccomcndado, desde el primer mímero.
Lo.advertimos así, para contestar las
quejas que nos hace el primero citado, c'e
las cuales hacemos traslado á los empl ados
de correos. En adelante, y comen zanco
con el presente número, dirigiremos estos
canjes personalmente á los Directorfs.
Nosotros no hemos recibido El Nuc110
Tiempo. Será por la misma r:11.Ón?
EPIFANIO GARAY"'
No creo tarea fa( il la de escribir una
biografía; y aun cuando la presente no lo
· sea, algo ha de tener de ello, pues que se
trata de hablar de D. Epifanio Garny ce mo
pintor. Me escudan en mi atrevimiento dos
cosas: la sinceridad con la cual espero po-der
expresarme, y el hecho de que, no siendo
yo literato, nadie dt be aguardar de n1Í
que me produzca ni amena ni galanamente.
Diré lo que siento, sin pretender la imposición
de mis opiniones, en la seguridad
de que :;e estimarán sólo como mías; que
algo habían de dejarme mi lucha y mi labor.
Conocí á D. Epifanio Garay cuando
en 1897 fuí á Bog-otá con el visible objeto
de pintar unos retratos, pero en realidad
con el de ver y estudiar las obras que del
arte pictórico hay en la capital. Creo saber
que en sus comienzos, quizá por herencia,
Garay se ocupó en trabajos en que
las brochas son instrumentos que ninguna
relación tienen con el arte, ó á lo menos no
lo tenían en ese tiempo. Mas ó menos tarde
agregó pinceles con los que coloreaba fotografías,
y con esto y dibujos de adornos y
de retratos fue poco á poco formándose artista
incipiente ; trabajos que unidos á su
aparición en la;; tablas como cantor, sumíni.
traban á su bolsa los escasos recursos
que hacían su pobreza, compañera casi
siempre in eparable de los predestinados
hijos de las musas. La constancia, que es
lo vi ible, impuesta á los que han de vencer,
lo llevó sin duda á mostrar verdarleras
dotes artísticas, que llevaron al Gobierno
la obligación de enviarle á hacer estudios
que evitaran la atrofia de sus facultades
y nos le consagraran el vencedor que
más tarde no dejó desengaños; y hélc allí
estudiante en París, en la Academia Julian
y bajo la dirección de W. Bouguercau y
quizá de G. Ferrier, dos de los artistas más
distinguidos que cuenta la gran ciudad.
Ignoro cuanto tiempo cursaría dibujo y
pintura en aquel establecimiento, en donde
sólo el estímulo es ariete suficiente para
empujar las facultades del artista hacia un
desenvolvimiento increíble; pero sí sé, porque
conozco trabajos suyos en dicha Escuela,
que la firmeza de su dibujo, la justa
apreciación de valores y la comprensión
inteligente del color, lo colocan muy alto,
comparado con · arti tas de cualquier escuela.
Falta en aquellos trabajos lo que en
lenguaje de taller se llama sentimiento, es
decir, la facultad de producir lé} expresión
de vida en virtud de la apreciación justa
del aireó espacio interpuesto, y que rodea
al modelo, facultad que hizo de Velásquez,
bajo este aspecto, el mejor pintor del mundo.
Me dicen que á pesar de ser una de
sus academias (mujer dtsu11da) la mejor
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que fue presentada en uno de los concursos
á que tuvo la suerte de entrar, no se le
asignó el premio ofrecido, por causas que
ignoro ; _pero supongo, por comparación
hecha en casos semejantes por mí presenciados
en el
mismo plan-tel,
que se debió
á que el
concurso preparatorio,
que
versa siempre
sobre 'simples
bocetos para
cuadro, sobre
· un tema dado,
no dejó
satisfechos á
los profesores
de la Escuela.
Y es tanto
más de
presumir esto,
cuanto que
Garay no era
lo suficientemente
capaz
[no tengo
pruebas en
contrario] de
realizar una
composi e i ó n
Guardó siempre Garay el .. grato recuerdo
de haber sido aceptado en el Salón
con una obra, Recreación, que ha sido muy
admirada y que sólo conozco en fotografía.
Representa á una madre que, después de
haber dado el
pecho á un
precioso niño,
juega con él,
divirtién do 1 e
con un haz
de llaves que
sacude en la
mano izquierda.
La sonrisa
de la madre,
en d gozo supremo
de
contemplar á
su hijo robusto,
sano y juguetón,
que
se entretiene
en su regazo,
tirando des
piecesito e
ambasman
es de lo m
verdader
que ciesearse
puede, y lle-na
todo el
que exigiese
muchas !figuras,
y los temasde
las Es-
Distinguido artista colombiano, muerto rec ientemente en Villeta.
e u adro de
una ternura
infinita, que
hace desear
cuelas casi siempre las exigen.
N o poca ganancia reporté de la feliz
oportunidad de poder visitar su estudio en
Bogotá. Acababa el maestro en aquellos
días uno de sus más bellos retratos, el del
Dr. Holguín, de que hablaré más adelante.
Hombre al fin, y celoso de su arte y de su
fama, y de que se le creyera grande artista,
como en realidad lo era, se daba cepillo,
como suele decirse, haciendo notar los méritos
del retrato, completando á sus visitantes
por medio de la palabra la idea que
la contemplación de la obra debía despertar.
Lo que gané con haberle oído, sabré
estimarlo siempre en lo que vale, y aunque
con ello Garay no tuvo intención de prestarme
un servicio directamente, me he considerado
siempre su deudor, y con gran
deuda, pues que sin él no habría logrado la
mitad del éxito que obtuve en mis intentos.
hijos á quien no los tiene, y evoca las dulzuras
de que gozamos los que por dicha
somos padres.
De las pinturas hechas en Europa no
conozco sino unas Cabc::as de estudio, que
son verdaderos cuadros, y que muestran
hasta dónde llegó en saber y habilidad el
maestro que me ocupa. D. Jorge Holguín
posee uno de esos estudios, y creo que ninguna
cantidad de dinero le haría desprenderse
de tal joya. Tienen esas cabezas una
simplicidad de factura tan grande, que pasma
ver cómo en tan poco trabajo aparente
pueda encontrarse tánta vida, tánta verdad
y tánta bel1eza. Contemplándolas, laméntase
que· Garay no hubiese vivido siempre
en Europa, para que sus obras, cada
vez mejores, le hubiesen dado la gloria que
sin duda habría alcanzado en medio de los
grandes maestros. Mas vínose á Colombia,
en donde, para dar gusto á su parroquia,
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fue degenerando su estilo, haciendo más
pintura que obra de arte, cansando con el
detalle y con un resobado en la ejecución,
que no aparejan con la precisión de líneas
que jamás abandonó, con el buen gusto en
la disposición de sus retratos y con la expresión
de alma que dejó impresa en las
fisonomías que trasladó á la tela.
No poco contribuye á la decadencia
de un pintor entre nosotros la necesidad de
que, para ganarse la vida, haya de servirse
de fotografías de personas muertas, fotografías
no pocas veces mal hechas, y siempre
echadas á perder por el lápiz adulador
del fotógrafo. Garay se defendía, gracias
á su fiel memoria, de muchos de estos inconvenientes;
¡ cuántas veces no se vería
contrariado con la mala posición que el fotógrafo
diera, así fuese del rostro nada más,
á su modelo!
Esa horrible lucha que se libra cuando
hemos de hacer un retrato de pie forzado,
interpretando el papel albuminado, fue
tal vez lo que llevó á Garay á exagerar su
defecto más notable como pintor, la falta
de aire: La mayor parte de sus pinturas,
que ~;on siempre de sorprendente relieve,
dan la impresión de figuras estampadas en
metal, es decir, que aunque el fondo e
aleje por el valor, por el colorido y por líneas
de fuga, ó por todo los recursos dd
pintor, sus retratos no dan la idea de
solidez que se exige á una pintura; no hay
el sentimiento de aquello que n e ve;
más allá del modelo, detrás de un objeto
no queda ino el vacío, la nada, un hueco!
"Da tentaciones de meterle la uña por el
borde y hacerle saltar", decíame una vez
un amigo pintor que me acompañab:::t en
Bogotá, en pre encia de un retrato hecho
por el ilustre muerto.
Y sin embargo, no podrá negársele á
Garay el título de gran pintor, y voy á
mostrar porqué. N o habrá escritor de estética
alguno que no advierta que los mejores
retratos han sido hechos siempre por los
grandes pintores. Basta ver al pie de los má
notable· de aquello las firma de Rembrandt,
Velásquez, Rafael, In gres, para no citar
sino á los viejos. Multitud de condiciones
reunidas son indispensables para que obra
de esta clase sea perfecta. N o le basta 2 un
pintor ser buen dibujante, colorista delicado,
y hombre de gusto natural ó educado,
para que un retrato de su mano sea obra
cle arte. Hay otra dificultad, la del parccz'do,
vencida la cual y sumada con las anterio-res,
aún no son suficientes para el retratista;
fáltale la principal, la de poseer aquel
dón que sólo la observación, bien auiarh
por la inteligencia, pone al artista en la facultad
de descubrir el carácter, no sólo físico,
sí que también moral de aquel cuya
efigie quiere hacer perdurar sobre la tela.
Facultad que 110 se puede enseñar, que no
se puede transmitir, y que separa á 1 s verdaderos
genios de los ingenios.
La palabra genio es peligrosa. A pesar
del inmoderado uso que se hace de ella,
no la stampo, sin embargo, para calificar
á Garay; no hay que ir demasiado lejos,
aun cuando creo firmemente que si el teatro
en que trabajó y vivió no hubiera sido
tierra nuéstra, habría llegado á merecerlo;
puesto que si el genio no se hace en un medio
determinado, sí necesita abono y aire
que lf' dejen manifestar la eclosión de su
potencia, tan vibrante como vive oculta en
el interior de su sér.
Para poder hablar de la belleza ele los
retrat0 de este pintor, ería necesario tenerlos
todos á la vista, pues cada uno de
ellos nos muestra variadas observaciones
sobre la naturaleza íntima de los retratados,
, aciert . del mej rgu to,-ya sea n el m vi miento
de una línea ó en la elección de un
acce orio intere ante que completa el carácter
de un individuo- u vida y . us costumbre
ó aficiones. En esto puede comparársele
un poco con 1\Teissonier, el pintor
de arreglo impecable. Ilabríamo entonces
de recordar retrato com los dos de
~ tÍñez, el ele Holguín, 1 del Dr. Carra -
quilla, &c. que no describiré por la enorme
di tancia que queda siempre entre la c. -
plicación y lo explicado, _tratándo e de
asuntos de bella arte ; básteme decir que
á cada uno de ellos se le conoce, mirando
su retrato. Es imposible no ver en los retratos
de N úñez, al filósofo, al pensador
profundo, al a tuto político, al pernicioso;
cuyas feas manos estan reproducidas con
verdad y perfección tále que asombran
y aterran; y por su hechura académica,
se ha cen ·urado á Garay, no in razór.,
pues que esta perfección pictórica distrae
mucho la atención de quien mira el cuadro.
En el retrato del Dr. Holguín, se ve
de manifiesto, sin que nadie lo insintÍt..:, al
hombre simpát1co, arra ·trador, diplomático
que sabrá engañarnos ha ta con nuestra
propia aquiescencia; está en actitud altiva,
como en un besamanos académico; se sien-
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te' ó finge sentir e grande e 1mpone su
grandeza á quien le mira. Por fortuna está
de perfil, que de nó, tras su propósitos
no llevaría mansos; pero de buen grado
nos dejamos seducir por su pintor. N o admirarle
sería pecado.
Parece que nuestro pintor ignoraba
la perspectiva lineal. Se le notan al menos
grand s incorrecciones cuando en sus
cuadro hubo de apoyarse en este ramo
de lrts matemática , desgraciadamente descuidado
por muchos artistas con detrimento
de la grandeza de sus obras, á los
ojos del crítico.
De propósito dejé para nombrar el último
el retrato de la ra. G. de P., obra
cua<:i-perfecta, de precioso cf<:!cto, acertada
compo ición, hermo o colorido, sobrio y
acertado. E ·te retrato vencería luchando
en una c. po. ición de obr·1s escogida , como
la · del írculo de Bellas Arte , de la
calle Bois y d' Angla , en París, en donde
ólo c. · hiben pintor s como Constant
[q. c. p. d.], Lauren ·, Connon, Detaille,
C. uran, A. Maure·tu &c. r e.
Y no e crea que ·e ha valido le col
racione e. ·travagantc con el objeto de
alu ·inar ó sorprender incxpert s. o ; un
e ticlo n gro, 1 se la· una capa el la
cnal n se ve . ino las pieles blancas del
forro, y un fondo de cortina amarill vie jo
que formd como un nimbo ele gloria
á. la b ·lleza y juventud le la modcl .
ada de treta ele oficio, 11 éLda, sino la pura
y h nradé-1. brocha en manos de un dueñ
e. ·perto, con íntegra conciencia · de su
saber.
• uera de retratos, pocos ·on sus cua-lr
·, según mis noticia . :..n lo primeros
años pintó Choc:olatc, pan y -udas, que goza
de cierto renombre en B g tá, pero que
no merece ni resi ·te examen.
En Parí· pintó Rcc:rcación, del q¡_¡e yá
hablé. En Bogotá produjo La mujer del Levita
de l'!"fraÍ11l, que no conozco, y del
cual no ·he vi ·to hasta ahora opinión alguna
respetable ni explicación clara de u
composición. Se trata de un desnudo, y
yi hemos vi to que Garay fué conocedor
profundo del cuerpo humano.
/ . En la cúpula de la Catedral de Bogota
pmto uno de los cuatro Evangeli tas,
que tampoco conozco ni en fotografía. Sin
duda e a pintura tiene la desventaia de
la comparación que pueda e tablecer;e con
Ja que le queda cerca: otro Evangelista
pintado por Acevedo BernaJ, arti ta de
grandes vuelos intelectuales, de más atrevimiento,
de mayor sentimiento decorativo
en sus composiciones, de coloraciones
más poéticas y más delicadas y ccn ideas
del todo modernas y originales. AceveClo
es un pensador. Como no conozco ninguna
de las pinturas, nada puedo asegurar;
presumo apenas.
Dícese que el Evangelista de \raray
deja ver un pie que sale del campo en que
debió obrar: d fecto de marca mayor,
pues que contribuye á engaño; se trata de
dar un relieve y u na ilusión exagerados que
siendo impropios en un cuadro cualquiera
son d pésimo gusto en pintura decorativa,
que es como si dijéramos la nobleza
del Arte. Ejemplos sobran del mal efecto
de sos arbitrios nada honrad , en multitud
de iglesias de un gusto men s que
dudoso que hay en Italia, corr spondientes
sin duela á los tiemp s del decadentismo
del arte en la patria d 1 arte. Y sin embargo,
cayó Garay en el mal gusto de imitar
lo malo, ó acertó á pensar lo que ha sido
juzgado como ridículo ¡ h! En an Franci
e el Grande de Madrid, hay nada m -
nos que doce, si no me engaño, pecados de
la laya, y qué mortales!
IIe hablad de las bras originalc,· ,
lcjando para e.tc punto al copi ta. Visitando
los musco , encuéntrase el iajero
con una nube de pintor s copiando las
obra e.·hibidas. Muchos de ellos s n e tudiante
. y fuera curioso reproducir p r scrito
la_ manera original con que expresan
el motivo de e piar tal cuadro, / el capricho
de pintarlo de tal ó cual manera. Asegt~
ran unos que es tonta empresa, y más
que tonta inconveniente, la de pretender
r producir con entera fidelidad y exactitud
la pintura que nos interesa. U na
obra de arte es un producto de la naturaleza
como una planta, como un individuo.
Reproducirla lo más exactamente
po ·ible hasta poder engañar con ella, pudiendo
en circunstancias dadas hacer creer
que es la original, es engaño, es falsedad, y
por tanto, es antiestético: yá no es una
obra de arte; esa copia es un producto mecánico,
no hay en ella nada de nuestra propia
alma, y el copista queda ·del todo oculto,
sin per onalidad y sin mas mérito que
el del prensista que produce miles de ejemplares
de un libro que otro escribió. Creen
otros que hacer interpretación de obra ajena
con su temperamento propio, es hacer
decir al artista original lo que jamás dijo,
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é impedir que otro mortal vea lo que aquél
imaginó ó quiso que viésemos, pues que
algo economizó ó agregó de ·u peculio; en
resumen, que lo calumnia ó lo alaba. Agregan
que copiar sin completa fidelidad es
carecer de habilidad, y muéstra incapacidad
para penetrar todo el pen amiento del autor,
en cuyo caso es preferible no copiarlo.
Se discute también si se debe ó nó co~
piar. Sin copiar no se aprenderá el oficio,
dicen unos, y otros contestan que el oficio
no existe. El que copia mucho, aunque se
forme artista, siempre se parecerá á sus
modelos; el que no lo hace, no comprenderá
nunca á los demás. Qué importa? responden
éstos ; y aquellos insisten, vale
mucho. •
Sea de ello lo que fuere, creo que se
debe mucha gratitud á los que tienen el
buen gusto ó la abnegación de elegir la
obra de un maestro, y luchar con todas las
dificultade que presenta la obra de un artista
de temperamento bien diferente, del
nuestro y que con toda paciencia y gasto
de no poca inteligencia, dedícase á traducir
sobre una tela la obra que un matstr nos
legara.
No podré m nos de admirar efu ·ivamente
la copia que del Entz"t:rro de Cristo,
de Rivera, hiz aray en Parí . E. e cuadro
que e ve en el Louvre, bra ma . tra de
u no de lo m á grandes mae tros españoles
está vaciada e mpletamente en la copia de
Garay ; no hay en ella una pincelada más,
ni falta en ella un solo golpe de los vigorosos
y calientes del atrevido Españoleta. ·
Ver esta copia es ver el original ; es casi
un robo hecho al museo de Francia ¿ Cómo
llegar á producir obra tan perfecta, copiando
simplemente ?
Con un medio sólo : ser maestro. Solamente
éstos pueden obtener la ductilidad
de mano, la justa apreciación de tonos, y
la aplicación segura, sin vacilaciones, del
toque decisivo que no puede repetirse, ni
componer ·e, ni cambiarse; en una palabra,
lo perfecto, sólo por muy pocos imitabl ,
de la manera ó estilo del " académico romano.
"
Garay era de buena presencia, de escogida
y amena verbosidad, simpático en su.
modales, de inteligencia clara y muy convencido
de su saber, conocedor de 'su arte,
hábil y die tro, dibujante correcto, aunque
duro; de colorido algunas veces exagerad ,
quizá falso, c,on intento de agradar talvez,
observador sagaz del carácter íntimo de
sus modelos más que del airi! que les rodeaba.
No deja numerosas obra que no
morirán jamás, y con ellas ejemplos que no
deben esquivar los estudiante , y motivo
má · que obrados p~ra honrar su memoria,
colocando su recuerdo muy alto, en
la historia del arte nacional.
:\Ie cllín, ovicmbre de 1903.
FR.\ Cl ' ·o A. CA
(DEL ALBtTM DE AtTTOGBAFOS DEL 11 CLtTB BBELAN".)
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~----------------------------------~--------,
PAISAJE ILUSORIO"-
----·······································
PARA 'LECTURA Y ARTE"
La sombra de obscuro ramaje buscaba
En medio á las flores, con paso indeciso;
El cálido soplo del bosque agitaba
Su exangüe belleza de enfermo narciso.
De sus labios, en tenues rumores
Brotaban ingenuos la pena escondida,
La miel de floridos amores,
Y el dejo punzante que acendra la vida.
-Tu planta insegura destrozan los yermos,
Tus ojo er.quivos el tedio retratan ....
Qué labios enfermo
Pusieron en tí las caricias que matan?
Escuchaba mi acento con leve
Sonrisa, que guardar proche infinito;
Le mostraba los lirios de nieve .... .
Bus aban ·us ojos un lirio marchito.
Y las rosa de sangr , en las eras
Rasg-aban . u cál_iz al fuego del día;
Esas ro as ·i nceras
Nos hablaban con dulce ironía .
. ~r. LO DO -ro.
"-DIAMANT ES"-
De esas gotas de luz petrificada
~u e· te embelesan tánto y tánto valen,
Y o, que diera por tí la vida toda,
De esas, pobre de mí, no puedo darte.
Y sin embargo ... con tu amor podría:
Dicen que acaso las fabrique el arte
Y qu tan sólo del carbón que oprime
Avaro el seno de la tierra salen.
Pues míra ; en mi cerebro las ideas
Como humilde carbón ocultas yacen;
Condénsa allí la luz de tu mirada
Y de mi mente brotarán diamantes !
ADOLFO LEÓN GOMEZ.
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M. O. V. - TEMAS DE
CONVERSACION "'"-
1Á OBRE LO MISMO
III
Vuelvo hoy todavía sobre el mismo
tema: la Universidad que Colombia necesita
fundar en Antioquia. De veras que va
resultando el tál largo y pesado. De lo primero,
no es mía la culpa; de lo otro-de
lo pesado-sí; pero ¿qué he de hacer, si
no lo puedo remediar ? Y á ello.
La Universidad ésa ha de ser instituto
docente; pero siendo su principal objeto
la formación, la disciplina de un núcleo
de cducad01 es, que obren sobre el carácter
general de la raza, en la misma enseñanza
que se dé ha de tenerse en cuenta el elesarrollo
de las nociones de que hablé antes:
la de nacionalidad y la de individualidad.
Esta, sobre todo, que es la que má directa
y poderosamente puede influir en el
progreso del país, y la que, al vigorizar la
personalidad de cada uno, desarrolla, intensifica
los otros sentimientos que él guarde
en sí.
La educación física-la gimnasia-es,
para el caso, de importancia capital. En
efecto, la sensación de fuerza y de salud
inspira la confianza en sí mi mo y el aplomo;
al paso que el conocimiento exacto de
1 que esa fuerza puede y de lo que le es
superior, hace sobria aquella confianza y
contiene la jactancia; la disciplina armónica,
gradual y perseverante de todo 1 organismo,
buscando á el vado á un prototipo
de perfección muy alto, cría la energía
tenaz y paciente, la má rara entre
nosotros, la más necesaria, y enseñ~ á mirar
hacia arriba, á fijarse metas excelsas, á
perseguir ideales.
En especial, aquello ejerctctos y juegos-
sports-que, á más de agilidad y fuerza,
requieren, para salir airosos, habilidad,
intrepidez y sangre fría, rápida apreciación
de las circunstancias y resoluciones prontas,
son más eficaces para formar hombres
-hombres completos-que volúmenes enteros
de análisis psicológicos, ó interminables
colecciones de máximas y ejemplos.
Ni haya el temor de que ese desarrollo
físico perjudique al intelectual-si los
dos se llevan simultánea y razonadamentehaciendo
de los hombres romos hacinamientos
de músculos. ¿ Puede la mente sana
estar mejor en alguna parte que en el
68
cuerpo sano? El sutilísimo griego-quizá la
manife tación máxima del de arrollo mental
y físico á que ha llegado pueblo alguno
en la tierra-recibía educación de atleta;
lo mismo que el romano tezudo y astuto de
la República. Y entre lo3' pueblos modernos,
aquéllos en que el atletismo en la educación
ha tenido más favor-los ingleses y
los yankccs-¿ podrá decirse que carecen de
habilidad ó de ingenio?
Pues en Colombia, esa gimnasia científica
del cuerpo ha sido ignorada completamente
en la educac!ón ; y precisa yá que
no lo sea.
Pero hay otra gimnasia má importan ..
te aún, que también se ha descuidado en
absoluto : la del talento. N o es preciso ser
d masiado perspicaz observador, para darse
cuenta d cómo va escaseando el talento
entre nosotros : basta hacer mentalmente
la lista de nuestros personajes dP. e tos
últin~os tiempos. Es que ya para aspirar, y
para llegar á todo, otra co ·as se req u i -
ren, que no talento. Y esta duda se m ocurr
: ¿ erá que no . e manifiesta el talento
porque no se le requiere, ó que no se le requier
, cabalmente por lo escaso que se ha
vuelto y dificil de hallar? ea como fuere,
el hecho subsiste de que la manifestaciones
ele talento se van haciendo p r extr -
mo raras en esta tierra. Y lo atribuyo á
nue tro sistema de educación.
Y defino el talento así: la facultad de
comprender y apreciar-sobr todo apreciar-
las ideas, las acciones y los acontecimientos-
lo fenómenos-; y obrar en con-ecuencia.
Y esa faculta 1-como toda -
es susceptible ele cultivo y desarrollo. Pues
si no fuP-re, por acaso, cierto que la función
crea el órgano, s~ es innegable que 1 ejercicio
perfecciona y desarrolla Jos órgano
-y las facultades, que son como los órganos
del alma.- ·A pensar y á juzgar no e
aprende sino pensando y juzgando. Y e o
es lo que yo no veo que se nseñe en nue -
tros colegios. N u estros estudiantes- y lo
sé, porque lo fuí-no tienen sino que aprender
y recitar lecciones, "ganar cursos ', nada
de pensar-como no sea en ver cómo
se la pegan al profesor.-Y el resultado es
que, terminados los estúdios, los grandes
estudiantes; los que tan bravamente y tan
de buena fe trabajaron ; los que fueron
asombro y envidia de condiscípulos, orgullo
de maestros; los que han de ser necesariamente
modelos y conductores de la sociedad,
se hallan de extraño modo lisiados
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mentalmente: saben mucho, y comprenden
poco ; porque no saben pensar, porque no
lo aprendieron; son enciclopedias ambulantes
; pero no tienen talento. Y á cada problema
que se les presenta en la vida, levan
á buscar solución en los libros, en vez de
buscarla en las cosas mismas, y en su propia
cabeza. Y éstos son los sobresalientes,
los intelectuales y cultivados; yá se deja
ver cómo andarán los otros.
Y ese vicio de nuestra educación viene
de que no llegamos á convencernos de
una verdad, que puede parecer desconsoladora
á las mentes superficiales, y es que en
colcg·ios y universidades, a í sean magníficos,
no puede esperarse ino aprender una
mera co a-y mucho fuera ya que se aprendiese
bien-una sola cosa, la misma que se
aprende en la escuela primaria : á leer. Sí ;
á leer; por má: que se sorprendan los colegial
s que creen estar aprendiendo tánta
otras (ya la vida se encargará de demostrárselo):
á manejar y comprender lo. libros
yá escritos; y á e tudiar y tratar de
de cifrar ese otro, portentoso, qu encierra
todos lo conocimientos, la naturaleza ;
cuyas páginas están escritas en cuantas co
·as no rodean; en la.: almas de nuestros
. emejantes, y, las mejores y qu má no
intere. an, en nuestro propio sér. La ola
manera de leer en e e libro e observar y
pensar, y eso es lo que debi 'ra mos estar
enseñando.
N o soy partidario del antiguo sistema de
ed u caci 'n , llamado clásic , que hacía su
fundamento del estudio del latín y el grieg-
o, y de los grandes escritores en estas
lenguas; y no porque lo considere, como
muchos, mero de. perdicio de tiempo, sin~
porque creo que hay algo mejor. Pero sí
estoy cierto de que ese sistema llenabamás
cumplidamente el objeto de la educación
que el que hoy tenemos en Colombia. Realmente,
las versiones y comentarios que habían
de hacer los estudiantes de esos autores
clá icos-que en los pasajes obscuros ó
dudosos abrían ancho campo á la inducción
original-; los temas que habían de escribir,
y las réplicas que sostenían, los obligaban
á investigar y comparar, es decir, á
pensar y á jüzgar y eran más útiles para el
desarrollo ele la inteligencia que cuantos libro
aprenden de memoria-''sin un punto"-
n u estro pobres estudiantes de ahora.
Bien podía er que no se aprendiese latín·
ó que aprendido, e olvidara; ó que aprendido
y recordado, fuese inútil en la vida.
Lo que no podía ser inútil era esa disci.
plina mental: el hábito de inquirir y pesar;
de usar la inteligencia y el juicio. Eso es lo
que no entienden la mayor parte de los que
quieren ver resucitado el latín en nuestros
estudios; que se imaginan que todo el secreto
está en enseñar latín, y lo enseñan
por el método · de Ollendorff (!), un latín ya
cocido y trinchado, como el francés que
estudia un comerciante que piensa hacer á
París un viajecito de dos meses. Ese sí es
inútil, y más que inútil, perjudicial; pues
fuera de que de nada ha de servirle al estudiante,
puede llegar á hacerle pensar que
sabe algo, noción fal a, y como tal, de perniciosos
resultados.
Aquella disciplina mental se ha reemplazado
hoy ventajosamente en otros países
-y en nuestra Universidad de Ningunaparte
debería hacer ·e lo mismo-con los
trabajos é inve tigaciones de laboratorio y
sobre 1 terreno, en la~ materias que á ello
e prestan, y, en todas, con los temas originale
, hechos por los discípulos sobre los
asuntos qu han ido estudiando.
La mayor parte de las materias que
se enseñan en los colegios e puede reducir
á unos cuantos principios generales, cuya
con ecuencias y aplicaciones constituyen
la ciencia. La tarea del profesor debería
ser inculcar esos principios, hadénd lo
penetrar complet n la inteligencia de
los alumnos, con la percepción clara de su
alcance y de su importancia relativa. Y e -
to debería hacerse sin texto, en conferencias
original e ; para que se aprovechara el
prodigioso efecto que tiene sobre la inteligencia
la palabra hablada: nada hay tan
fecundo en ideas, como el oír expresar claramente
ideas claramente concebidas.
Y luégo, los estudiantes escribirían, sobre
sujetos cuidadosamente escogidos y
graduados, estudios originales. Para lo cual
tendrían á su disposición la biblioteca y el
museo-los famosos de la Universidad!-; el
profesor, para las aclaraciones y ~ugestiones
que fueran precisas, y los laboratorios
del Colegio, y el territorio de Antioquia, si
fuere el caso. Y al clasificar el relativo mérito
de tales trabajos, habríanse de preferir
los que revelaran mayor profundidaa y
exactitud de observación ; mayor lógtca de
deducción, y, sobre todo, más marcadaoriginalidad
de pensamiento, en el método ó
en el raciocinio.
Así habrán de trabajar los ptofesores
más que hoy; pero, sobre todo, trabajarían
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
más los estudiantes. Tanto mejor. De es
modo tendrán ellos mucha parte en u propia
educaci 'n ; en cierta manera, se habrán
formado á sí mismo , serán lo que hoy se
llama sdf-made. Y para quien quiera que
haya observado la importancia que en todo
tiempo -pero, como nunca, en ésto democráticos
que corren-han tenido en la vida
de la humanidad esos hombres self-madc,
que se hicieron á sí propios, y reflexione
sobre el enorme impulso inicial y probabilidad
de final éxito que tal condición implica
en la lucha de la vida, llegará sin duda
á creer, como yo ya casi lo creo, que
sólo los indi iduos que, en alguna forma,
llenaron tal condición, pueden tener e peranza
fundada de vencer. Por eso, cuanto
más se obligue á los jóvenes á tomar parte
-la mayor posible-en su propia formaci
'n, tanto mejor se le equipa para la vida.
Cuando pienso en lo que podría realizar
una raza de hombres a í formados,
fuertes de m tísculos y de nervios, fuertes
de sentimientos delicados y nobles, fuertes
de intelecto, en una tierra como ésta, tan
gen rosamente dotada y tan sin explorar
-tierra irgen-; de condiciones geográfifica:,
geológicas, topográficas, climat 'ricas
tan p culiares y variadas; cuyo. producto
y riqueza., cuyos fenómeno·, CU) a belleza~
jamás han ·ido e tudiado ; en dond
t da las razas se topan y se mezclan, en
e ndiciones sociales que van desde el prímitivo
salvaje hasta el refina o diltttantc,
prodjlciendo fenómenos sociológicos y de
psicología impo ibles en otra parte, me
pasmo al con iderar las benéficas consecuencia
que para el bienestar y progreso
de la humanidad podrían resultar, y, sobre
todo, qué obra tan original en el estudio de
la naturaleza, que es toda la ciencia; en el
análisis del propio sér y de la propia existencia,
que es toda la filosofía; en la traducción,
verbal ó musical gráfica, de las
emociones que la naturaleza y la vida despiertan
en nuestro espíritu, que es todo el
arte _____ _
Ah ! Si Dios quisiera _____ _
]'J.
"-SAMUEL VELASQUEZ.
"- BUJERIA "-
Y Blanca? le pregunté á Roberto.
-Como la nieve, se deshizo su nombre
en r.1i mem ria. Respondió:
-Qué me cuentas !
-La verdad. Se colocó entre los dos
esta bujería, por encima de la cual no pude
saltar; y ya ves que no e una altura
eiffélica. ·
Roberto sacó de un bolsillo del chalec
un lente tamaño como un dedo de la mano,
uno como ataudcillo de cho centíme·tros,
e n dos ojos de vidrio.
Yo lo conocía, y vosotros también ; es
aquel embel co qu sin e para ver las cosas
aplastada y deforme , ó interminablemente
largas· la chuchería de m;1. rara
dualidad que se haya inventado, pues que
tanto se parece á un consejo de J esucri ·t
como á pomo d veneno á un alac-rán
como á la humildad de un serafín. o sé
si el gua. ón de cuya manos e escapó lo
bañó adrede en tinturas filosóficas, porque
tanto da el dije para reir como para pensar.
Si no fuera moderno, no andaría muy
lejos de lo justo diciendo que lo había inventado
Diógenes, el clásico burlón de la
humanidad; pero, nó, á él le hubiera dado
miedo arrojarle ese guante despótico á léL
belleza tangible, en tierra donde todos andaban
punto menos que enloquecidos con
la religión seductora de la forma; lo menos
que le hubiesen hecho sus conterráneos habría
sido colgarlo de una cruz.
Cómo hubiera llorado un griego viendo
la Venus de Milo al través de este Lente
despiadado y terrible. Prensada como un
esquimal, sin pre illas de misteriosa elocuencia
en su divina boca, y con forma de
tonel aquel talle que el amor onduló ·á be-os;
ó bien, dándole una vuelta al aparato
y contemplando á la diosa alargada y me-
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lancólica como las sombras al ponerse el
sol.
Hoy las gentes, i muy al tanto de refinamientos
estéticos, no tienen inconveniente
en profanar la belleza, y ríen á todo sabor
mirando al trasluz de este vidrio cruel
(¡ una criatura modelada, por ejemplo, con
el color y las curvas de una azucena. Porque,
entre todo lo malo que guarda el lente,
conserva también la prenda de la equidad;
es incorruptible como la muerte, no
contempla, no transige, no acaricia, no dirime,
no aplaza; los dos emparejan á lo
hombres: la muerte con solemnidad y el
Lente del modo más ridículo. No hay casco
empenachado, ni diadema erigida al cielo
en piña de diamantes, ni mitra bordada,
que, vistos al través de este vidrio, no se
aplanen á nivel de humilde cabeza desnuda.
reedlo, esta invención es semejante á
la Imitación de Cristo, que quiere ver todos
los espíritus uniformes, cercenados por
el rasero cie la humildad, para que se vean
despué ~ altos, muy altos, como aparecen
la cosas al darle una vuelta al aparato cie
los ojos de cristal.
Y aquí es otra! N o hay que creer que
esta monada es un brote scapado de la
reunión de vidrios convejos; el caso es que
el inventor e fu ' al alma á buscar el modelo,
y la en ,·iclia se lo suministró · ella,
ue ve todas la alturas morale agazapad · ·
y contrahechas, dió su amargura, u desdén
y su rabia c0n honda alegría, y ayudó con
sus manos flacas y exangües á confecc ·')nar
el símbolo maldito. "Sí, sí, le decía al
fabricante; pónle esos ojos de mirada sarcástica,
balcones por donde se ha ele asomar
Su Majestad la Risa; y hazlo chiquitito
de modo que cada uno •pueda llevar
un ejemplar en el bol illo, como se c:trga
pequeño haz de cuchillas cortantes entre
finísimo estuche."
Y poniéndoselo después delante de los
ojos exclamó:
-"Admirable! Así veo yo las enormes
creaciones, lo hechos extraterrestres, los
sueños gigantes, los halos luminosos de los
santos y las glorias que resisten con el reposo
de las pirámides del desierto al ancho
simoun del olvido."
Todas las mujeres firmarían con mano
tranquila la pena de garrote para el comerciante
que hizo de este sarcasmo un
artículo de negocio; colocad el Lente, si
no, delante de una que lo conozca, y si no
es que da un salto de liebre sorprendida y
corre á arrancároslo de las manos, se 'a
desalada huyendo como si la persiguiera
un as:ero mortal; quisiera e aporarse, despedazar
a) que la mira así, no existir.
Y no les queda siquiera, para escudarse
con ella, la convicción de una belleza
impecable que pueda plantarse en firme
delante del análisis, porque el Lente desentona
la armonía de la cara de un ángel,
y vuelve las curvas más dulces un rebujo
de óvalos rastreros; atropella todo lo que
se empina, lo que se erige hacia arriba, lo
que florece hacia el cielo, y lo estrega con-tra
la tierra. ·
Ya se puede maliciar lo que le suceciió
á Roberto. Palabras más ó menos, hé
aquí lo que me contó:
La tarde en que llevó á casa de Blanca,
su prometida, el chisme de vidrio, ésta,
que no conocía ·emejante tortura, se dejó
mirar de ese modo, creyendo que ello no
tenía más alcance que el de unos gemelos
de teatro ; y se q u dó tan serena delante
de la alhaja, e n la íntima seguridad de
que para parecer bella lo mismo daba que
la mirasen á ojo limpio que por entre un
cristal. Y sonreía con la gran impavidez,
dando lugar á que se le viese desastrosamente
larga y desdibujada aquella boca
·.n linda y consentida, y vulgares las mano
á otra hora finas y aristocráticas; no
sabía la inocente que se había aplebeyado
hasta el ridículo su cuerpo delgad y nervioso
que sabía desenvolver. e en serpentinas
como el cucHo de una garza. ¿ Dónde
estaba el espíritu de Rafael, el príncipe de
la belleza, que así dejaba caer obre la de
Blanca el flechazo de la malevolencia ?
-Es increíble, es increíble! Exclamó
Roberto riendo á carcajadas sin quitarse 1
Lente de delante de los ojos. Oyendo lo
cua"t se imaginó la joven que tenía_ algo que
manchara su belleza. Corrió á mirarse en
un espejo, pero allí no vió más que su juventud
fragante abroquelada por una corrección
cabal.
-No hay más sino que te has vuelto
un tonto de remate, dijo volviéndose hacia
Roberto; porque de otro modo no concibo
esa risa.
-Hazme el favor de mirarme por
aquí, respondió él, y verás que no soy tanto
como te lo imaginas.
Le entregó á Blanca el aparato y se
colocó á distancia, de modo que ella pudiese
examinarlo. La niña obedeció, y al
encontrarse con un sapo humanado dió un
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grito y volteó rápidamente el dije creyendo
haberse equivocado. Pero la esperaba
por la otra faz un fantasmón escuálido, de
cara dulzona, y tan alto, que podía mirar
escorzadas las palmeras. N o pudo menos
la novia que lanzar una carcajada pensando
en que aquella
transformación era
natural, dada la poca
belleza de su amante,
y sin figurarse que al
olimpo de la suya
también llegaba el latigazo
de la risa. N adie
que ve á otro por
primera vez al trasluz
del Lente mordaz
cree que está sujeto
á la misma depresión.
Nó, ~ella no podían
verla· así, era imposible,
se conocía tánto á
sí misma ; eran tan
diferentes su figura y ·
la de Roberto. ¿ Qu '
ob e r a nía aparejaba
entonces la belleza, . i
c-ualqui er burlón po ía
meterla en cintu a?
Ya podían mirarla
como quisieran, que
. i e m p re aparecería
ella, Blanca, la impe-cable
de hermosura, la
Venus de dos brazo .
Y reía feliz cuando acertó á entrar
Emma, una de sus amigas á quien, á pesar
de los. besos con que la recibió, no quería
demasiado, pcrque la fama la había puesto
á alternar con ella en la cumbre de la gloria.-
Quédate ahí, le dijo Blanca con extraña
alegría. Y se puso á contemplarla por
el Lente.
Qué delicia, ver tan fea á una amiga
tan linda! ,
Y se dejó llevar Blanca por la góndola
azul de aquel ensueño, cuando de pronto
ó so ·o·' dose y mirando á Ro-berto
con suprema
ironía.
-Si Emmatampoco
ha escapado. _ .
La verdad, amigo mío,
añadió soltando el
Lente con displicen-cia,
es que se ha bur-lado
usted de mí á mansalva. Que me mi re
Emma por aquí, y si me en~uentra tan
monstruosa como yo á ella, tenga por cierto
que, á mi vez, me reiré de usted pa
siempre sin que necesite cristale para mirarlo.
Convertirme en tan odiosa caricatura!
Roberto, que la conocía bien, vió que
era capaz de hacer lo que decía, si llegaba
á convencerse de que no la había defendi do
u clásica belleza de que el Lente la
prensara como á todo el mundo. Témeroso
de la am e naza le entregó el anteojo á Emma
guiñándole un ojo; ésta cayó en la cuenta
del aprieto de su amigo y' xclamó con
natural sencillez:-Te veo los ojo . much
más negros, Blanca mía. Qué simpático
aparato! .... Sonroja lo· labios, adelgaza
el talle, satina los cabellos, ilumina la mi rada
.. . . Qu rida mía, te veo vu elta una
di sa.
-De \'eras ? ¿No mi ente ?
-Un delirio, pued es cre erlo.
-De vanidad. Dij o P o b e rlo e n vo z
baja, un si es no es desilus ionado .
Se parece esta mon ría, continuó di ciendo
Emma con r e finada malicia al vien to;
amplía las hogueras y apaga la· chispas;
puedo jurar que tú vi ·te acentuada mi
fealda~; en cambio, tu belleza se ve quintesenciada.
.Ah, si mis ojos cambiaran de
es~ modo ! Qué gloria verlos más a7.ttles y
mas grandes. Pero no cambian ¿ verctad,
Blanca? Comprendo ; te da pena responderme.
. . . Paciencia. _ . _ Y sabe usted
amigo mío, prosiguió dirigiéndose á · Ro~
berto, que es tál el poder de estos cristales,
que ponen á · descubierto el alma del
que tienen delante ?
-Lo sé, respondió él, oyendo cómo
se desmoronaba definitivamente el castill
de sus sueños.
Esa misma tarde vinieron las torres
al suelo.
La simplicidad de su amada lo aterró
, , '
=---tUl'~\.lp!!IIDI\.~~ se caso con Emma.
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•B. SAN IN CANO. •
NUÑEZ DE ARCE ,
POETA DE LA DUDA
Lni ·. ·e-Ir, Dami:, il croit con1me
Huc hrntc ú. la r ~alité d ·s cho~e .
FLAUUER'l'.
Estas línea no tienen nada que hacer
con el temperamento poéti.co de N tíñez de
Arce, ni con el mérito artístico ele su obra,
cue tiones escabro a á las cuales no d be
acercarse uno sin haber tenido la prevaración
competen-
.~~y dos maneras de ente!1der esta
apos1c10n . JV7Ífie::; de Arce, poeta de ltl duda,
podría significar que él llegó á esta "segunda
pubertad de las a l mas viables", que
tuvo la conciencia de ser el escepticismo la
base de su inteligencia, que gastó sus ocios
en acariciar esta forma de los instintos de
conocimiento y dijo en verso la comodidad
y la elegancia de tal actitud del espíritu.
Usando las palabras de un modo semej ante
se dice, Juan de Dios Pe:::a, poeta del ltogar,
porque cantó las dichas de vestir uno
bata, calzar chinelas, jugar con los chiqui-llos,
contar historias
sencillas á
un auditorio
desprevenido y
hacer versos caseros.
Nzh7cz de
A re e, poeta de la
duda, p o d r í a
significar, estirando
el con cepto,
que habló
de ella, sin haberla
sentid),
para condenar á
1 s u · por ·lla
. ·e dejaron influír,
ó á 1 que
se complacieron
perv e rsamcnte
en cultivarla. En
lo cual habría
te, meditan do
sobre la bell za
y fatigando los
t xtos. En h
poesía castellana
de lo treinta
últimos año.:; ocupó
lugar encumbrado
y hubo
una generación
que u ó las
poesías del
mac ·tro como
vi edra de toque
para la · capacidades
declamatorias.
En la
onda sonora de
aquellos endecasílab
solemnes
vigorizaban el
alientp lo jóvenes
que se dolían
de tenerlo
corto. Aquella
pr sa magnífica,
grave, atenta á
todas las nece-
Don Ga s par Nú ñez de Ar ce.
in duda que estirar
la significación
del vocablo
porque no resulta
sado por todos
el llamar
poeta de los tiranos,
verbigraprofesionalmen
-
sidades de la
oratoria; aquellos períodos inmensos, r camadas
de epítetos puramente decorativos,
causaron tanto placer á lo que fueron adolescentes
hace veinte años que hay manifiesta
ingratitud en tratar de reyaluar ahora
lo que entonces tuvimos por grandes
virtudes del estilo.
Aquí e trata ·solamente de disociar
la dos ideas contenidas en el título de este
e crito, las cuales han estado unidas lo
mi mo en la mente de críticos doctos que
en el vocabulario estereotípico de las eñoritas
que leen periódicos literarios.
cia, al que hubiera escrito
te versos contra ellos.
Entendida del segundo modo la frase
que vamos comentando no requeriría una
disociación de ideas, porque, en efecto,
N úñez de Arce no era un escéptico. Fue
más bien, en sus versos se entiende, lo que
se llama un dese perado, con la circunstancia
de que estaba muy seguro de su
desesperación y solía razonarla. Dudas parece
que no tuvo ni más ni menos de las
que suelen frecuentar el ánimoentre gentes
de buena conciencia. Era un tale n to cat e-
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góricq que seguía con todo rigor la línea
recta.
Es propi de los e cépticos ya sean
sabios, poetas ú hombres d mundo, matizar
su pensamiento hablado ó scrito como
si temieran decir más de lo que piensan ó
como si tu vieran por cosa poco sabia ó elegante
expresar ideas netas sobre un tema
cualquiera. De este cuidado son resultado
aquellas páginas desesperantes que dejó
Ernesto Renan sobre los más arduos problemas
del siglo, y á este demonio del e -
e pticismo es debido que Amiel le hubiera
entregad á la posteridad, en un libro sin
convicciones, sin doctrina, el más hermoso
retrato íntimo que de í haya dejado poe ~
ta alguno. "Por instinto prim ro", decía el
autor del Journal Intime, "ahora por convicción,
me repugnan todas las firm s con.
vicciones." " o puedo", tiene en otra página,
lfdominar un asunto brutalmente ..
me hace temblar el solo pen amiento de
hacerlo bjeto de una apreciación errónea."
e spíritus como éste es l dudar filosóficamente.
Un sabio escrib un libr , acumula en
él todo· los lH~ch m en u dos que tienen
relación e n un problema dado, los ordena,
1 clasifica, prepara t lo· 1 s el mentos
nece ario. para sacar una conclusión y,
al lleralistas
se han atrevido á absolver categóricamente.
úiiez ele A re e no tiene dlldas á este
re vecto. Delante de un acto de de prendimiento
descrito en !.,a 1 csca, exclama
pcrent riamentc:
Oh humanidad tan pronta al sacrificio!
Pued man hart 1 icio
Y ofus arte el err r pero eres buena!
Y¿ qué fue la liberta 1 ara ste micmbr
< casional de lo · gabinetes? En las J:.:strofas
p lítiC'ts in.r iradas p r la musa ge nero
a de Quev do la duela no ocupa lu gar.
1 '!' S la fuente ele percnn crJoria
Que tli•rnifi a el corazón humano
Y cngran lece sta id, transitoria.
~ ;lngcl v ngaclor que con_ ~u mano
Impnme en la. espaldas del tuano
El hi rro enrojecicl ele la historia.
No ere.· la aga aparición que igo
Con hondo afán cle:dc mi edad primera
'in alcanzarla nunca .... Mas¿ qué digo?
o er s la lil ertacl, disfraces fu ra,
¡ Licencia de crreñacla, il ramera
Del motín, te conozco y te maldirnsas habían
bu cado carne fresca· e \'Í rg ~nes
impolutas. E esto la duda fil ófica? ¿
repite con insistencia lo mi. mo aquel filósofo
llano que pu o de moda la bancarrota
de la ciencia ?
* * * Si la · ideas contenidas en la obras del
poeta revelan lo categórico de su e píritu,
hay indicios no menos atendibles en la fisiología
del estilo. El hombre de convicciones
arraigadas no ha menester un vocabulario
extrarrico. Quien tiene pocas ideas y de
ellas no le atañen sino los perfiles definidos,
sin cuidar ·e de las infinitas vaguedades
que en las ideas aparentemente más
sencilla y elementales descubre el ánimo
atormentado del escéptico ó del dilettante
se content1 con un número reducido de
palabras. N o trasiega por los senos más
procela os de la lengua en bu ca de términos
ó giros que lo encapaciten para darle á
su pensamiento formas delicadas y para
presentarlo, hermoseado, tra del velo de
una fraseología tenue que realce los encantos
de las ideas que encubre. El léxico de
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N úñez de Arce no se puede decir que es
pobre. Sería injusticia ó sería ignorancia el
d~clararlo caudaloso. N o excede de los límites
de una decente medianía. A esta
consideración, si es verdadera, cabe añadir
otra, y es que el hombre, seguro de lo que
dice, y un poco vivo de genio, tiene inclinación
necesaria á amontonar unas sobre
otras las palabras y frases de una misma
significación. Es el caso del analfabeto que
se e contradicho. Y es, salvas las proporciones,
el caso de N úñez de Arce en toda
su obra poética.
La neg1 a noche u enlutado manto
Por la serena atmósfera tendía
Con inefablé y misterioso encanto.
La luz crepuscular pálida, incierta,
Que pasa, se amortigua y desvmzece
Como recuerdo de esperanza muerta.
La muda ombra que impalpable crece,
Y á semejanza del dolor humano
Todo lo apaga y todo lo obscurece.
De espíritus convencidos es también
el abusar de la forma simétrica en los períodos
y colocar, á manera de figuras geométricas
al rededor de un eje, frases de
muy semejante composición, con las cuales
dan vueltas en torno de una ó dos idea ,
que bajo este andamio se abrigan de las
intemperies d la duda. Así está construído
el estilo de los periodi tas enérgicos que
van á decir su experiencia en un cdit rial
escrito por la centésima vez; el de lo· criminalistas
cuyos recursos ·e ag tan al desviarse
d 1 camino que e n<..luce al scntitnentalismo
eternamente joven de un audi-
_____ ,,,, ............................... .
"-LEO VILGIO. SUEÑOS
DE ARTISTA "-
Agoniza el día.
La atmósfera impregnada de oro envuelve
en deliciosa vaguedad las lejanía ,
allá donde se distingue apenas el campanario
de la aldea. Las espigas, la e; pocas abandonadas
en el campo, brillan con hermosos
reflejos metálicos; y de la tierra, caliente
aún, surge un agradable tufo de heno fres
··o. Es un batallar conmovedor de la luz
dorada de los cielos con el violeta dulce de
los campos. U na brisa acariciadora trae de
muy lejos las apagadas vibraciones del cantar
de los segadores. Van felices á alegrar
sus cabañas; llevan vida para varios meses.
El campo abandonado se hace cada
instante más imponente y la línea del ho-torio
doméstico ; el de las estrofas de N Úñez
de Arce que van en seguida :
. Y estalló con sus cláusulas de fuego,
Con su expresión incoherente y rota
Por el halago y la pasión y el ruego·
Con ese dulce cántico que brota
Al fecundo calor de una mirada,
Y lleva una ilusión en cada nota·
Con esa breve frase entrecortada
Que &c. &c. &c.
Sé que en tu irresistible arrobamiento
Sé que en aquella prueba áspera y ruda
Pueden turbas frenéticas é ignaras,
Pueden cual otras antes nue tras vivas
Creencias sepultarse en el vacío !
Pueden transformaciones sucesivas
Cambiar la faz del mundo á su albedrío.
Nacida entre el tumulto y elfracaso
De una lucha titánica y suprema,
Esa generación que hacia su ocaso
Dirige el triste y vacila1tte pa o,
Es el himno triunfal de aquel poema.
La fe que busco, la inquietud que siento,
El negro abismo, la insondable e ·fera.
Los d s últimos endecasílabos son la
forma típica del estilo simétrico. e puede
representar, c'omo las curva , con una ecuación
st;ncilla, donde, anulando ciertos valores,
la transformación de los otros determina
la colocación simétrica de los elementos
de la línea.
Octubre, 1903.
izonte se va fundiendo al contacto de la
delicada caricia de los cielos .. _ . Cómo
se besan ! Es la hora solemne de las hondas
cavilaciones, la majestuo a hora del
pensar d~ la naturaleza que parece orar con
místico recogimiento.
Sólo dos siluetas destacadas en el magnífico
fondo luminoso interrumpen la uniformidad
de las líneas. Hablarán de amores;
inocentes avecillas de los campos se
contarán sus sueños castos, en tanto que el
eco de los cantos de la sieg~ se confunde
en las dulces medias-tintas de la tarde.
Oíd! Del lejano campanario, que se
· distingue apenas, brota un són lento y rítmico
que viene á turbar la tranquilidad
que envuelve la pradera. Es el Divino Artista
que se cierne::; la dulce evocación de
un alma soñadora; es Millet que se indina
reverente para entonar El Angelu.s.
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E. GAPJS;f
\
RE ~ .REACION
"\ o 1
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"-ROMANZ A NOCTURNA"-
PAR
La noche era blanca, ele etérea blancura
Las nubes de perla vertían albura :
El astro silente con luz de azucena
De arcrento bañaba la rútil arena:
El aire dormía cual un cervatillo
En un lecho blando ele yedra y tomillo
La noche era blanca, y más todavía,
1á · blanca tu mano
Que olímpico cetro reuir parecía.
II
Eran ni eve las rosas ele los canünos,
Eran g-ráciles ombras las ele los pinos ·
Y yo absorto n el triunfo ele tu hermo ·ura
mé todo lo blanco ele tu 1 lancura.
De tus ne•rros cabello. el rizo le\· e
'ómo se ennegrecía sobre tu nie\·e!
En tus ojo; br~llaba con ,luz inquieta
na ale(J'na tnstc, cual ne poeta .
La noche era blanca más 1 lancas tus manos.
l\1lico en una inspiraci 'n tan prolífica,
á cuyo llamamiento acuden obedientes la~
musas.
N? 8. Final del 2? acto Ligado con
el terceto anterior. El motivo principal de
este grandioso número lo canta la Tiple :
" ¡Qué va á ser de tu pobre María
ola y triste, pensan en tu amor!"
C ntesta el Tenor con un grito desgarrador:
"Por piedad, no lo diga María! "
Esta fra e valiente y llena de brí , vá
animando la e cena de tal modo, que el
expectador prevé algo granclio o. No hay
palabras para aplaudir á Vidal 1 tino con
que ha sabido elegir los recur o del Arte
para hacer un concertante tan hermoso y
de efecto tan sorprendente. La masa instrumental,
en su más brillante sonoridad,
uniéndose á las voces, produce entusiasmo
por su imponente magestad. Escúchase un
laberinto de voces que no se pierden; todas
se oyen clara y distintamente sin que
por eso desmerezca nada el motivo principal
que por encima de todos se destaca vibrante
y sonoro.
N? 1 o. Melodía de las rosas. Cuatro
compases sirven de introducción á la voz
desfalleciente de la heroína, en toda la plenitud
de su dolor. Acude á mi memoria,
como original y dulce, la frase:
"Mi llanto fué el rocío" ....
En esta frase la voz sostiene un fá
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nat?tral que acompaña
la orquesta
con acordes
repetidos de
6?- de sí bemol/
desciende la voz
al ré, mientras
la 6:t se convierte
en domz"?zaute
de sól. Existe
pues, una falsa
1'elaáÓ7t entre la
v z que da el
fá natural y el
inmediato acorde
de la orque.ta,
en d nde se
percibe el aramente
el fd sostcllido.
Este en-lace
me recuerda
otro anúlogo
que me ha ·orprendido
:iem pr
con agrado
n 1a Caballería
rusticana.
te á los bellos
paisajes caucanos
de la hora
crepu cular, cuyo
nostálgico recuerdo
debió
inspirar al maestro
tan · sentimental
melodía.
mis
Estas son
marcadas
impresiones sobre
"Ma1'Ía".
No creo que esta
partitura se't
la última palabra
ni la mejor
expresión del
cerebro musical
del maestro.
Quien repare
con atención en
sus composici -
nes, notará en
ciertas frases, en
ciertas caden-
E cuchán e cías, el soplo in-dt)'
anto:cm- fluyente del
pi tamente clis- creador de l~us-tinto
: el prin- to, autor favo-cipal,
cantad JORGE ISAACS rito de Vidal, y
por los violin s Autor de MARIA cuya partitura,
con sordinas. y otro interno, ejecutado por con la de otros maestros no menos nota~
el vi 1 ncello. Un contrapunto ingenioso del bies, forman el alimento de que se nutre u
mismo instrumento en pi:::::;icato adorna el e píritu investigador. Conozc su persapasaje
que pn:ccdc dándole grandísimo in- nalidad artí tica y la juzgo capaz de may -
teré . hn todo el número r ina cierta va- res vuelos y de conc~pciones todavía más
~rucdad plañidera que r monta al oyen- excelsas en el campo riel Arte.
"- INOCENCIAS"-
Juan el hermano del Cura
Con el Cura está viviendo.
Y e . Juan casado con Ro. a
La má. hermosa del pueblo.
Yá. tienen hijos crecidos,
Con todo y á pesar de e. to.
Acaba de dar á luz
Rosa un chico sano y bello.
OJo-a, la niña mayor
Enterada del suce o.
En su inocencia no acierta
Con la , olución de aquello.
-Padre á Juan, Olga le dice
Y o no puedo explicar e. to.
¿ Quién trajo el niño?
-¿Qué quién?
Puc .... vino .... por el correo.
Pa aron aJo-unos día
Diciembre, de 1903.
Quedó así la cosa y luégo
U na mañana le llevan
Al Cura un lío pequeño.
- 'Este paquete, señor
Le llega por el correo"
lga oyó y entusia macla
Corre donde Juan diciendo:
- ¡Albricias, padre !
- Qué ocurre?
¡Albricias!
-Pero ¿qué es esto ?
-¿Cómo que qué? que mi tío
Va á coger la cama y luégo
A comer gallina y .... -¿ Cómo?
Así como se lo cuento
Porque yo vi el envoltorio
Que le traen del correo
J A.· J. BOTER
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"-"-"-S. V J. ALVA -
REZ QUINTERO . EL
CUENTO DE LA HE CHICERA.
ENTRE -
MES . "-"'"''"- "-
P ER SON A JES
MAGDALENA. MARÍA L LA.
SEÑÓ LEANDRO. ] O. É.
Alcoba blanca y pobre en casa de Magdalena.
en Sevilla. Una puerta á la derecha y otra á
la iz.quierda. Al foro una ventana que da á la calle
y cuyas vidriera están cerrada . ~unto~ la ventana
una camita, donde duerme Mana Lutsa. Varias
sillas una cómoda y una mesa. Sobre la cómoda
un ~uadro con alO'una imagen de la \ irgen,
ante el cual arde una lamparilla.
Es de noche. Cerca de la ventana, en la calle,
un farol encendido.
ESCENA PRIMhRA
MAGDALENA Y MARÍA LUISA
MAGDALE A. ( An-opando con mimo
y cuz'dado á María Luisa, que ;tucrme ).Hija
de mi arma: ya se. quedo otr~ vez
dormidita .... ¡Qué pres10sa eres! D10s te
bendiga y te dé más suerte que á tu madre,
anger mío. (La besa.) . Con er cue?t,O
de Ja hechisera e queda s1empre cuaJal-ta.
___ ¡Ay, lo que le gusta!. ... Lo es-cucha
embele á._ .. Yo no sé lo que á eya
se le habrá figurao eso de la hechisera. Er
caso es que si no se lo cuento no e duer_me.
( S'e sienta junto á la ve1tta11a J' s ltsptra.)
¡ Ea! ¡ ~ esperá,á e os bi~ardo.nes aho-ra
! . ___ Es mucho ·mo er mw: m1 padre,
borracho ; por er vino se pierde ; mi madre,
que no lo despresia ·mi cuñao .... que
¡vamos ayá!. ... y mi marío .... que ve
una caña y es capaz de cantarle una saeta . .
Y cuidao que es bueno. orque Jo é e
bueno .... Quitándole la bebía .... quitándole
er juego. __ . quitándole er tabaco._
.. y quitándole quepa dí á los toros
empeña hasta la voz_ ... es más bueno que
er pan er pobresito. Lo que se dise en otras
mujeres no piensa é; eso lo tengo á orguy.
o :_p.a mi José, no hay más qu~ su _Madalena.
Pué que sea porque no t1ene tiempo
.... (Mirando por los CJ ·z'stales á la calle.)
¿ A vé? ¿Viene ahí? .... (Se 1.1e pasar
al setiÓ Leandto, dando tumbos.) N o ; no
es José .... Es er gandulaso de mi papá
.... Y me paese que viene como p~a
atravesá er río por sima un alambre. (~e
va por la puerta de la dereclta del actor, y
á poco se la oye discutz'r dentro con el se/ió
Leandro, que trae una borracltera como pa- ·
7'a t7'es ó cuatro pe1· sollas, J' sobra v·ino.)
ESCENA II
DICHAS Y EL . E-ró LEANDRO
SE -, 6 LEANDRO. ( Saheudo con Mag-dalena
y ltablando á rrrüos.)-¡ Qué monseraa
de que me caye ni que me caye!
¡ T~as las noches hemos de tené la misma
historia!
MAGDALENA.-¡ Chs$ s !
SERÓ LE NDRO.-¡ No quiero!¿ o
estoy en mi casa ? ¿ eh ? ¿ N o y er j fe
de la casa.?¿ No soy yo er que suerta la
guita pa pagá casa? ¿ eh ?
MA TDALENA.- í sí ... -
SE.-·6 LEANDR .-¿ Entonces á que
canastos me dises que me caye ?
M GDALENA.-Porque está dormida
la niña, y se va á d spertá el angelit~- ...
E -,6 LEANDRO.-j ""'u e . e d sp1ertc !
! oy su abuelo ! .
MACJ ALE .-Po. pae e ment1ra.
SE1'Ó LE NDRO.-¡ Pos es verdá! ... .
Y esa niña~ tuya porque yo h q u<;!rÍo .... .
¿ te enteras ? ... _ porque yo me casé con
tu madre. __ . Y yo me casé con tu ma re
exclusivamente pa que tú v inieras ar mundo
__ .. porque si no yega: á sé pa so ....
¡ q u ' canasto. m€ había yo de ca á con tu
madre!
MACDALENA .-Bucno, :í · tienes mucha
rasón __ . Caya y véte á la cama.
E-;6 LEA 1T DP .-¡Ahora sí me cayo!
( Cilillando más que; uunca.) ¡Me . cayo
porque se me pide por la buenas ! 1 no,
! qué canasto había yo de cayarme ! ¡ Pero
p r las buenas me cayo! ¡ me cayo! ¡ya lo
creo que me cayo ! ¡ Leandro, á vé i te ca-ya
! .
MARÍA Lur.· .-¡Mamá! ¡ Mamá !
MAGDALEN . . -¿Ves?¡ Ya se ha de -
pertao la pobresita! .
SEX LEANDR .-¡ Que se desp1erte!
¡ oy su abuelo !
M GD. \. LE A.-(.lVIetiéndolo á empujo·
1zes por la puerta de la z':::quierda.)-Anda,
anda, anda ....
MARÍA Lur. 'A.-¡ Mamá! ¡mamá!
MAGDALEN .\.-Ayá voy, hija mía;
ayá voy.
ESCENA III
M GDALENA Y MARÍA LUI A
MARÍA LUI. A.-¡ Mamá!
MAGDALENA. (Acercándose/e y acarzciándola).-
Si estoy aquí, tontiy?. : no te
asuste tú. Anda, duérmete, gloria. Vaya,
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á errá los ojito .... Er q u g-ritaba era el
abuelo, que venía .... con un amigo de
confianza. N o te as u tes. Ea, ea, á . errá
los ojito , y á dormí; hasta rpañana si Dios
quiere. ¿S va á dormí mi niña, verdá ?Está
asu taita, la pobre.-¿ ....,ué quieres tú,
reina, qu' quiere ttí? ¿Te cuento er cuento
de la hechisera otra vez? ¿Te lo cuento?
¿ e lo cuento á mi niña? (La nz"1la asiente
coJt la cabeza.) ¿Que sí? Pos aya que sea:
se lo voy á contá mejó que nunca. (Le da
muc/ws besos.) ¡ i no te tengo más que á tí
en er mundo! .... -Pos eñó, este era un
rey que vi ía en un pala. io de oro y plata,
mu lejos .... mu lejo ..... pa ao er ma ....
pa ·ao los montes ... ¡ má ay á cler moro!
Este rey, qu no caresía de na n er mun-do,
no podía se felí .... Y orando se yeva-ba
las noches entera _ ... ¿Y ttí :abes p r
qué? Porque de u matrimonio co.1 la reina,
que era bonita como un só, le había
alío un niño tan feo, tan feo, que paresía
un cangrejo boca arriba. La r ina le aconsejaba
ar rey que tuviera pasensia, que no
y rara tant por er niño, y desía que ·i
ra ver lá que daban gana· tirarlo, ya
esperaba que se en menda:e en r de arroyo.
Pero er rey no se fiaba ele. :tas ilusio ne,
y estaba con er niil m/s cscamao que
un matutero. A la una iba á verlo ton-,
las m~iiana , y ca vez 1 encontraba má.fe
; y tanto fué así, que clió en d udenaba en verlo tan emperrao, y tan :in
con ·u Jo, y yegaba á de ·irle que si er niiio
era le Je·ús y tres gorpes, 1ui::t fu ra á
salí de é un rey mu santo y má · s:tb io que
r mi ·mo D. 1lomón. Pero r re:·. fijn en
su idea, desengaiiao de to lo que Ll reina
le inventaba, acab' por jasé de eya meno.
ca ·o que de un pro. perto. Y por si e ·to
era poco pa Ja pobre ita, cuá no ería su
pena ~r mirá por su ojos que ar;í como er
niño iba cr siendo e afeaba que era un
horró y sacaba las inten iones de un gat
monté . Ar rey se lo llevaban los demonios
na más e de verlo, y un día fué tan
grande su indirnasión, que si la reina no e
lo quita de la mano , intensione tenía de
ponerlo entre do puertas y serrá de gorpe.
P .· señó, que como no hay mar que
dure sien años, er rey de tanto pená fué y
e tiró la pata, y la reina lo yoró ei no-
''7
ches eguía , y n cr r ino fué mu sentío,
y le ji ieron un ntierro como . i en vez de
un rey se hubi ran muerto media osena ...
( 'ilcncio. Contemplando á ?laría Luz'sa.)
Ya e tá dormidita ....
MAl-dA L ISA. ( 'a!taudo con g1'aáa.)
-o.
MAGDALE . \.-Ah, ¿no te ha or-mido?
Como tenía los ojito. . errao , corasón
....
MARÍA LUI A.- io-ue.
MAC~D:\LE A.-Ayá voy, ayá voy.
¡ J e ús, y cuánta saliva hay que ga. tá pa
referí esta hi. toria!
1.\ PÍA L LA.- igue.
1.\C: DA LE .\.-Pos eñó, pasó er
tiempo, y la reina, que se iba aco tumbrando
á la fart'l el r rey, no se podía ja é á mirá
ar niño, que á lo seis años 1 daba un
susto ar miedo. Una gitana que lo vió un
día, tan negro y tan canijo e mo era, fué y
se dejó de ·í : ' ! Ay er niño, que pacse más.
que un prín ipe un corcho quemao! 'Y a. í
estaban la: co. a , cuando una tarde qu
pa ·eaba la r ina por su jardine , y que er
prínsip iba delante de e) a querien lo arcan
á ú un gato pa dejarlo rabón, se le.
pre. ntó de pronto una negra mora, qu
vi\'Ía por aqu yos. itios, m{t. mala que la
rua y on toa la cara de la mae. tra e tu
colegio. Háte cuenta ttí lo fea que sería la
gachí. L1. reina prin ipió á temblá como la
gel ttina, porqu ·abía que aqueya mujé
ra hechisera, y ya iba ú cchá á corré y á
grit~í pidiend aur ili , uando vi' que
traía de la mano á ttn niiio rubio como una
espiga ele los campo y má.- bonito que
una orasión. I•ar iná. e queó b. .eiiora y
no pucto menos de compará en . u pensamiento
la cara de aqucr luserito, con la cara
de quinqL~é del arra. trao der prín. ipe.
Le preguntó la hechisera si le encontraba
ar querubín que eya traía paresido con aruuien,
y lo mismo fué oirlo la reina que
repará en que era to un retrato der rey difunto.
No fué menesté más .... La hechisera
le declar' que er verdadero prín ipc ra
aq ué, y er que corría. detrás der gato el hijo
suyo, y que eya una noche resién nasíos
lo. do·, los cambió pa probá si lo reyes
eran bueno padres. Porque á Jos hijos c;e
le debe q u eré sargan feo ó sargan bonito
. Y dicho esto, la hechisera y er niño
malo e vorvieron do pájaro negr s, uno
mu ·rande, y otro mu chico, y echaron á
volá. La reina e fu/ á . u pala ·io tan contenta,
dánd le mucho. be ) á u pimpo-
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yo, refirió la historia, y hubo torneo y.
fiestas reales pa resibí al pri~ ipito nuevo;
y nadie más que eya se acordó der difunto
rey, que por mar padre estaba en el infierno,
y le resü una sarve con la idea de que
le rebajaran de su pena siq uiea dos ti so nasos
ó tres. Y colorín colorao, mi cuento se
ha acabao y p.::.r la chimenea se fué ar tejao.
(Viendo si duerme María Luisa.) Ahora
sí. ¡ Anger de Dios, lo que me jase charlá
toas las noches! . . . . ( ~ uspirando.) ¡ Ay!
me he quedao seca. Voy á tomá una poquita
de agua. (Bebe de un í.'aso que ltay
encz'ma de la cómoda. Dentro, en la calle,
ÓJ'esc ntido de cristales 1'otos.) ¡ J estÍs! Ya está
ahí ese. Un faró menos. ¡Miste que la
manera de yamá! Y mañana, naturarmente,
vorverá er guindiya der juzgao .... ¡Ay,
qué pasensia hase farta, Dio mío! ¡qué pasensia
.... ( Vásc por la puerta de la derec/
w. A poco entra con Josl, que 110 dzjramos
que trae una borrachera como la de su seiior
.suegro, tero no le faltan dos copas para
igualada.)
ESCENA IV
DI 11 A S V J () F,
Jo. É. (Con 110::: II07'0Sa J' triste.)-¿ Me
perd nas, mujé? ¿me perdona. ?
MAGD.\LENA.-Habla bajo, que duerme
la niña.
]< :1~.-¿ Me perdonas?
MAGD LE 1 A.-Sí; te perdono, í; pero
¿de and vienes de esa manera?
Jo:É.-De insurtá arrío, que e tá ere-siendo
una barbaridá. El agua en viya
es la perdisión de los pobre .
MAGDALE rA.-¡Miá si er vino que
bebes se te vorviera sá, pa que te yevaras
un año seguí pidiendo agua!
J SÉ.-¡ Agua, no!
MAGDALENA.-Agua, agua.
Jo. É.-¡ Agua no, Magdalena, agua
no! ¡ To lo que tú quieras meno agua!
MAGDALENA.-Está que te caes ....
.A.nda á dormirla pronto. ¿ Pa qu' demonios
beberás?
JosÉ.-Mujé, porque al agua le tengo
tirria, y descartando al agua, si n bebo
vino ¿qué ví á bebé? ¿ aseite?
MAGDALENA.- Tienes rasón, José,
tienes rasón: anda pa dentro, anda .... anda
á acostarte.
J OSÉ.-Peró ¿tú estás enfadá conmigo?
MAGDALEN .-¡Qué disparate, hombre!
J OSI::. ( lVTliJ' afligido.)- ¡Sí! ¡sí estás
enfadá! ¡ i yo soy un mal e. po o! ¡si soy
un sinvergü nsa! ¿ Pa qu 'bebo yo, teni ndo
una mujé (jlle . una santa?
MA rÚ.\LE.rA.-Bueno, ctéjame á mí .
Y caya, que e va á despertá la niña.
. Jo:~:.-¿ Pa qué bebo yo, teniendo
ahí ese cácho e gloria?
M A e; o'\ T.l., T A.-¿ Quié cayarte, José?
JOSÉ. ( L!oraudo. )- ¡ N o; si y0 m
porto m u malamente con ustedes! Macialena,
déjame que te convide esta noch .
MAGDALEN ,\.-No, no, muchas gra-
S laS.
JosÉ.-Anda; que á ti también t
gusta tomá una copita el vez en cuando.
88
MA ;DALENA.-¿ A mí, sinv rgonsón?
J os1::.-A tí, á tí. Aunque no sea m á e;
que por ·impatía.
M.\ a> A LEN\.-¿ Quiés ca y arte? Si ú
mí también me gustara beb ' .... esa criatura
en vez de sé una niña, sería una u\·a
en aguardiente. ¡Anda á 1 cama,¡ irandón!
J 0.'1~~.- Pos déjame que pri m ru 1 • 1
un besito á mi pimpoyo.
MA DALE1 A.-¡ En seguía! ¡ Pa que
la d spicrte !
J 0:1::.-N o la despierto, no.
MAGD.\LE A.-¡ V amo., hombr !
Jos}:. -¡ Déjame, Mag lalena, el :jam
MAc;D LE A.-¡ } estÍ !
J o:É. ( Lorrraudo al fin acercarse á
..IVTaría Luisa.)-¡ Hija e mi angre, qué
d gra iá ha nasío, e n este padre que s
un pirata! ¡que e. un criminá ! (Al agacltarsc
pata besarla es tá á punto de caerse al
suelo. La nil7a se despierta.) ¡ T m a, hija mía,
toma!
MAGDAL · · .-Bueno está yá: vamos
á la cama.
MARÍ \ LUI A.-¡ Mamá!
MAGDALENA.-¿ Ves tú ?
MARÍA. L r A.-¡ Mamá!
J OSÉ.-¿Pa qué bebo yo, pa qué bebo?
MA ;nALENA.-¡ Pa dormirla ahora!
¡ Arsa pa dentro y no pregunt s má ! (Lo
empuja JI lo ·mete por la puerta de la i:::quicrda.)
ESCENA ULTIMA
MAGDALENA Y M RÍA LUI
MARÍA LUISA.-¡ Mamá !
M GDALENA._:_Aquí estoy, corasón,
aquí estoy. No tengas miedo. Era papá._ ..
que ha venido también con el amir.,.o d
toas las noches.
M RÍ L I A.-Ota vé.
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MAG AI-.ENA.-¿ Ota v ' ? ¿Qué quieres?
M RÍA LtJJ:_SA.-Ota vé.
MAGDALENA.-¡ Ah!¿ el cuento?¿ El
cuento de la hechi era otra vez ?
M RÍA LUJSA.-Sí.
MAGD LENA.-¡ Ya lo creo! j Si le
gusta mucho á mi nifía! ¡Vaya si se lo
cuento yo ! Oye, oye. _ .. (En tono 7~esz'o·nado
y con áerta cómica conform-idad. ) Pos
seiió: este era un rey, que vivía en un palasio
de oro, lejos. __ . mu lejos .... más
ayá der má .. _. más ayá de los monte ; _ ...
m u lejos. __ . . ( 5'uspz'nzndo, como armándose
d e paáencia.) ¡ Ay, Señó! ¡ que no venga
mi cuñaito hasta maiiana por la matiana! __
( Prz'ndpz·a á caer el telón lentamente. ) E t
rey tenía un hijo, que era er prínsipe, m;\s
malo que el asiba y más feo que corr' e )11
capa .. _. cosa que ar pobre der rey lo traía
m u desean olao .. __ Y susedi '. _ . _
LOYAL. "-"-BROTES
INTIMOS "- "- "- "-
(De HELIO S. )
EL V L R
Hay ciertas ép Cé'S de la vida en que
la lucha de ésta parece ir á abrumarnos con
s u pesadumbre. Bien visto el fondo de di cha
pesadumbre, lo que hay en lo que nos
aqueja, es falta de valor. Nos referimos á
las pesadumbre morales cualesquiera que
ellas sean. El génesis de éstas casi siempre
es el desorden de nuestros actos. Vencer este
desorden es ganar nuestra alegría. La
cosa sin embargo no es tan fácil como á
primera vi ta lo parece, pues si la acci 'n
que nos granjeó un mal hábito es lenta, su
reacción lo es aún más.
Fumamos-digámoslo-por hábito, y
por hábito pernicioso. La nicotina nos quita
la memoria y nos perturba el ejercicio
exacto de la razón-fuera de otros males
fisicos. Y, sin embargo, fumamos conociendo
que hacemos mal en ello. Esto tiene
una faz triste, común en todos los hombres,
ó sea la necesidad de algo que mate en
ellos la consecuencia del hábito ó sea la
exacerbación del sistema nervioso. Lo mismo
sucede con el ajenjo, con la mujer, con la
infamia .. _ La nicotina-siguiendo nuestro
ejemplo-como el opio, como el Jzac!U:s!t,
produce una sensación agradable. Verdad.
Cada bocanada de humo que se eleva es,
para el fumador, algo así como un emisario
alado de su pensamiento. El hilo es sutil,
pero es cierto. Bajo la acción del placer
el espíritu parece levantarse, levantarse:
mas cuando el hecho se repite y viene el
hábito y luego el vicio que engendra el
placer sin límites, el alma se siente descender
de su altura-de su genuina alturabruscamente
como lo hace un globo inflado
y roto. Es el desarn;glo de los nervios ;
es la relajación del placer; es la humillación
de la personalidad humana; es la ley
universal que se cumple.
El hombre relajado, estragado, es capaz
de todo, menos de cumplir su deber.
El \·icio tiene una magia, magia triste que
noc:; hace exp ·ri mentar horas de remordimiento
cruel, obscuro, en cambio, pues,
de unos pocos minutos de dicha ó placer
que jamás, ó casi nunca analizamos ó podemos
analizar, mi ntras dura el vicio, lo
que es ó constituya su principal fuerza.
El ord .n-aqu 1 que excluye la pereza
para informar. en la energía-es el valor;.
y el valor es la virtud, ó sea aquella cualidad
del verdadero varón-del varón fu rte-
que vien _ á circundado con la aureola
propia de Jos triunfadores. El hombre de
este valor .-e redime y redime á los otros,
no siendo en tra unto otra cosa que un
salm palpitant de la vida.
"- SONETO "-
DEL LIHH.O "QUIMERAS.
Diciembre.
El mes ele las ingenuas tradicion
De la regia y humilde Epifanía,
Y ·i llegó con su sol y sus canciones,
Con su luna fulgente y su alegría;
Quédate aquí con otros corazones,
Yo me voy á reír, Melancolía,
Y á forjar en el campo mis visiones
De brazo con la maga Poesía.
De un Diciembre futuro una mañana
Mi enamorado espíritu imagina,
En que ::11 plácido són de su campana
Un tren nupcial, rasgando la neblina
De la fresca acuarela matutina,
Cruza con nuestro anhelo la sabana.
GUILLERMO POSADA.
MDCCCC.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Dr.lía rc e liano Velez- Pr esiden~e Dr. Jorge E. Delgado-\J,cepi'f i erre Jn. B.:>nifacio Jélez
Dr. Anlonio Jos€ Mon~oya Or.Pedro qc:dr•pvll.
Junta Patriótica
derali 1no.
l,cctura J' Arte, al pre entar á sus lectore los retratos el los ciucladanos
qu f¡ rman la Junta Patri ' tica ntioqueña, quier , in abandonar sus propó ito.
netamcnt artísticos y literario , inmiscuir e accid e ntalmente en e l de ate d la
cosa jntblica, pues la trascendencia de los último acontecimiento del paí obliga
á no mirarlos con indiferencia y reclama la cooperación de todo. lo e lombian s
que e inter sen por la suerte de esta nación degenerada.
El crrito de separación dado en Panamá no fue obra de un movimiento
de locura, ni de de e pe ración, como creen algunos; fue el re ultado de la acci 'n
lenta y constante del desbarajuste gubernamental de la tres últimas administraciones;
de un desacierto continuado, sin ejemplo en la Historia. La soberbia, la decrepitud
y el cinismo, en una atmósfera saturada de perversión moral, hicieron que
germinara poco á poco, en el suelo istmeño, la idea eparatista. La segregación m -
tivada por este general de concierto, ha hecho que los colombianos e detengan á
meditar en el porvenir y traten de acordar una medida salvadora, que impida, si no
la disolución material de la República, al menos su degeneración moral y política.
De los esfuerzos de Antioquia en esta emergencia da idea la creación d
la Junta Patriótica, compuesta por· miembros connotados de las diversas parcialidades
políticas, que han hecho á un lado los intereses y las preocupaciones especiales
de partido, para aunar sus energías en pro del bien común. La cuestión palpitante,
la idea latente, es la convocatoria de una Convención Nacional Constituyente,
que devuelva al país el régimen administrativo y político netamente federal.
Pedimos el federali mo como aspiración unánime de los antioqueños, no
por el mezquino ahorro que en la libre administración de sus bienes pueda hacer
Antioquia. ino por las ventaja notabilí imas que esta forma de gobierno lleva al
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Dn.ftcfel C· no
Jr A ( ¡andro Gc.rc.ía' o~. Ju~n de D. Mej ía Q Sa u·IVetiii-Secrefa.no
de Antioquia.
progreso de la· nacione ·. o es el regionali ·mo ¡uc se 11 0s sale,· no es la pret n ~ i( ) n
ufL c ientem ntc fuertes, rico s y sabios; no e · que Antio 1uia e bas te y
e que MedcPín uicra arr batarle á Bogotá la · upremacía, pues :on
indi : cutibl su :uperioridad en todo ram y el influjo qu e u civilizaci ' n ejerce ·,> _
bre la mbrionaria de la capitales departamental s y e má p blacioncs imi:>Or -
tant s. El regionali mo nu ' tro es innato y atávico, cor· que lo heredámos de lo ~
españoles; pero no e un cntimiento 1 erverso; no c. dio á los demás ni en idia
de su valimiento, ino cariño, tal vez quijote. co, por]; ticrrt1ca. E el regionali ·mo
de lo que a piran á ser mucho y ponen los medios de alcanzarlo, no d los que
creen erlo · es un egoísmo altrui ta, si cabe, en que cantaleteamos nuestro méritos
por gozar no otros, no por mortificar á 1 extraños. Pccli m os la federaci 'n para
ofrecer la fuerzas con que creemos poder influir en el movimiento patrio, que for·
marán un haz indestructible con la que ap rten lo otros departamentos.
El federali mo absorve la savia nacional para de olverla de pués á cacia
secci 'n, ya en una forma, ya en otra, ; el centralismo se la e !lupa íntegramente, para
vigorizar la cabeza in pre cupar e del resto.
La Junta Patriótica Antioqueña está en el deb r, como r presentación
genuina de la voluntad de un pueblo, de corresponder á la esperanzas fundadas
en ella, y de mu:::trar á los que dudan de su fuerza y de ·us propósito que l resultad
satisfactorio uperará la más avanzadas pretensiones. Por ahora, felicitémonos
p rque las buenas idea· de los uno vayan entrando sin obstáculo en la mente
de los otros, y aguardemos á que el proo-reso natural de la naciones socave lentamente,
con l influjo de la más completa tolerancia, los viejo baluart s en que se
reconcentra el oscurantismo y traiga para e ta amada tierra, e mo adehala del si~tema
feci ral, las reforma que en la instrucción pública, especialmente, y en todos
los ramos de gobiern , en gen ral, son indispensables para ue olombia 1 ucda
llamarse Rept'tblica.
LUIS DE GREIFF.
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•PASAVOLANTES•
(,\ G ILLERMO TOBO::\ G. Y PEDRO A. RESTREPO R.)
... Los inteligentes, é o son los que aman
con delirio: los tontos no aman: no saben amar,
no pueden amar: y los que no aman ésos los verdaderos
malhadado . Corazones fríos, imaginaciones
ruine cerebro menguad')s, almas de _por ahí
¡ excelsior ! ¡ excel ior! : ved ese sonriso : es delicado,
es fino ·gallardo también es: le deja suspenso
á uno ¿no os conmovéis? ¿no véis á Cupido
menear ·e arrogante en e o· labios, pronta la flecha
li topara herir? en ese punto han caído aleteando
muchos corazones : Ved esos ojuelo : en
el bcl mirar allí su mayor atractivo ¿ no os dá una
como hemencia infinible de estrechar en vuestros
brazos á la sin par fermo. ura, confundir con élla
vllestro huelgo, sentir las palpitaciones dese corazoncito
empapado de ternura sediento de ideali -
mo? ¡ Qué felice los que pucd n reclinar la cabeza
en el afectuoso seno de su amada y percibir los
latido dese ÓrCYano donde se afina el amor y asentó
su trono la delicadeza, u imperio la dulzura!
¡ Qué felices los que se dejan embriagar por los
aroma y los be os, y se aduermen oyendo los halagos
sotto voce de la esposa: le" esposa, Andrómaca,
por el amor: Safo, por el intelecto: Afr dita,
por la belleza: tesoro inapreciable que no ha menester
llaves y c«;rrojos. ¡Oh mi venusta consoladora!
¿ alienta., ó er s acaso una quimera de mi des
templada fantasía? ¡Qué r nrá de mí e e maravilloso
libro e crito por el dedo de la Providenci . ,
¡ue s nombra 1 De tin ! . . ¡ h abismo impenetrable
va:to e m 1 firrnamento, h ndo com el
o éano latebro o como el hidrofilacio. me confundes!
*
. . . Quien más studie más pi nse y más
ca ligue 1 qu pr duz a, ése el mejor es rit r.
N concedáis privilegio de ver laderos á quienes os
hablen de talento: pr diO'io:o inher nt s á p e s:
¿ t::~.lento? todos in luímos talento como no . eamos
idiota.: el niño como 1 joven, el joven como el anciano,
la mujer como el hombre, cada cual lleva su
poquito imprimido en el ánima: en tod s brilla ese
divino sello que nos diferencia de lo· brutos el
sentimiento, y e a facultad qu.e tanto nos alle()'a á
e e único buen ami ro llamado Dios la inteligencia.
Voluntades infrangible·. acucia de prevalecer,
e píritus que ojean hacia arriba y e culean lo rincones
del cerebro bu cando piedra diamantinas
con qué labrar e una guirnalda, e o sí hay: y para
los tales ninguna gramática abstru a ningún diccionario
pesado, deleite ·oberano; ni can ancio ni
impedimento· ni ed, ·ino de apiencia · ni hambre,
sino de gloria: a í e como los á quiene admirái
, de la llave mágica del Parnaso se apoderan,
y boniticamente, como quien no dice nada, no
resuellan hasta ocupar un . ublimado illón entre
Apolo y Minerva, ó á la derecha de Cervantes y á
la izquierda de Goethe. ¿ Cúya e<; esta obra- preguntaba
la susodicha Dio a una mañanica parnasiana-
que tan pasmosamente continúa la inmortal
narración de mi predilecto, el deleite de las
Musas? Cervantes, que tal o. 6 ¿Cómo-dijo-el
sandio, el atre7.1l'do el loco, 1 infusorio quiere cern
irse y di -pu tar las alas al condor ? Y o soy el condor,
yo soy el Rey: me lo dicen do n~illaradas. de
edicione de· mi obra ·in eO'unda: á mi los elogios
á mí los sahumerio de toda la· naciones: Apolo
sobre mi cabeza: las io del norteamericano c..:s la
~ulgari la l baj todas :u· forma ·, moral,
mtelectual, e ·téti a y oci·d. Y no sólo en
la v i la privada, ino tambi ~ n en la \ida
públic~t : haga lo 4ue quiera no dc..:j·t de ser
yanqut.
. Puede decir de e to lo que Cicer 'n
d1 e de la ciencia; ncbiscum pL:rcgri!latur
~ ~ '
E.sta ~ulgar i dad e · el extrem opuesto
d lmglc . hste, por el contrario, se e -
fuerza ·iern pre por ser noble en t das la ·
cosas· y p r e· le parecen tan ridículos y
antipútico: los yanquis. Son pro1 ia mente
hablando lo· plebeyo d<·l mundo entero.
E ·o puede en p·trle depen ler de la constituci
'n republicanu de :u e ·tado, y en parte
de que tiene . u ori ,.en en una colonia penitenciaria,
ó porq u<.: desciendc..:n de ciertas
gentes ¡ue tenían razone: ¡Ytra huír ele Europa.
~ l clima pucd<..: infiuír también en
algo.
.\RT RO II PENIIAUEI
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Acusamos recibo de las siguientes
publicaciones:
u Concurso lüe1'an:o de "El Correo del
Sur", folleto constante de 6 cuentos, los
mejores que, á juicio de los jurados calificadores,
Señores Samuel Velásquez, Aquilino
Vil legas y J ulián A rango, entraron
en el concurso. Está en primera línea el favorecido
con el premio: lleva por nombre
La Eterna H ·istorz"a, y es su autor el Sr.
Joaquín E. Jaramillo, de Sonsón, á quien
Lectura y A1'te envía sus efusivos plácemes.
Realmente, por el estilo galano, discresión
y modernismo en el decir, poesía y
delicadeza en la frase, la Eterna lfistoria
denuncia un autor que bebe en buenas fuentes,
que manifiesta ideas y tendencias mo<
iernas. Es una historia simple, vulgar, cuyo
interés viene sostenido únicamente por
la g :tlanura del estilo, semejante en mucho
al de Samuel Velásquez; hay frases, y hasta
párrafos enteros en que se les confundiría.
Antisepsia y Asepsia, tesis presentada
por Alfonso Castro para optar el
título de Doctor en las Facultades de Medicina
y Cirugía. Reciba nuestro distinguido
colaborador el aplauso de esta Revista.
O!>servaciones sobre d C. Penal
colombiano, tocante al deüto de /zc;-idas (tesis
jurídica), y Tratamiento de las heridas
(tesis médica); dos trabajos importantes
que presentó el Dr. Samucl Cok-ante la
Universidad-para optar sus grados en
Medicina y Cirugía y en Derecho y Ciencias
políticas. Después de constantes estudios
y esfuerzos supremos, ha alcanzado el
Dr. Cok la gloria de ser el primer joven
antioqueño que en un mismo día se presenta
á exámenes de grado en dos Facultades.
Hacemos constar el hecho como honra
y ejemplo.
Mención honorifica.-N u estro editor
y amigo D. Félix de Bedout ha alcanzado
aplausos muy merecidos de los A nales
Gráficos, -notable revista tipográfica
qu~ se publica en Leipzig-por el "aspecto
agradable y noble" que presenta en sus
trabajos.
"El Mosquetero", de Bogotá, (sucesor
de JJ1"c.ftstófc/cs) reproduce la caricatura
del primer número de Lectu1'a y
Arte y antmcia nuestra labor en términos
galantes. Agradecemos debidamente y correspondemos
el canje.
El Concurso de portadas, anunciado
en el número anterior, está para llegar
á su fecha de término. Suplicamos á la
prensa en general que reproduzca ese llamamiento
á los aficionados al arte del dibujo,
ó siquiera que insinúe nuestra idea,
dando concisamente explicación de nuestros
deseos.
Damos las gracias al amigo D. Manuel
Botero E. por los desinteresados ofrécimientos
he .... hos en favor de nuestra Revista.
La pre;;entc entrega engalana una de
sus páginas con E.l fotograbado de Jorge
Isaacs, obra suya.
"María".-El díazzdelmes pasado
se estrenó e11 nuestro teatro la zarzuela en
3 actos María, letra del Sr. Emilio Jaramillo
y mú..;ica del maestro Gonzalo Vida!.
En la s ~cción correspondiente de este
periódico en:::ontrarán nuestros lectoresjuicios
críticos del libreto y de la música.
Queremos dejar constancia en esta página
de Jos nombres de los artistas de la Compañía
Coló:1 que estrenaron la obra, á la
vez que tributar nue. tros aplausos al Director
de e>cena, Sr. D. Enrique Zímmermann
por todos los esfuerzos que agotó
hasta sacar lucidamente la zarzuela.
REPARI'O:
D:t Inés. . . . . . ra. Amalia H. de Díaz.
hmma .. _____ . Sra. María choa.
María .. _ _____ Sra. Altagracia Ochoa de Z .
D. Jorge .... Sr. I• ranci co Quesada.
Efraím ______ Sr. Enrique Zírnmermann . .
El Dr. Mayn ... Sr. Ramón Igual.
Carlos _____ ... Sr. Ramón Tánchez.
Emigdio ...... Sr. Daniel Res trepo.
Canjes nuevos.-Acusamos recibo
y correspondemos el canje de Pléyades y
r.:l Ponlenir, de Bogotá, y de l!.l Con·eo
del Sur, de Manizales.
Vn libro nuevo ha aparecido últimamente:
La Historia de A11tioquia por D.
Alvaro Restrepo Euse, estudio que abraza
hasta nuestros días. N o conocemos el libro,
pero dada la competencia del autor en
achaque; históricos, no
Citación recomendada (normas APA)
"Lectura y Arte - N. 4 y 5", -:-, 1903. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3683661/), el día 2026-02-07.
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