República de Colombia
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DIllECCl6N
Por tel¿gr %: "Propatria."
OIiCZ1za, calle 9:, numero 2I5
Blanco y AZUtI
El General
Vásquez Cobo
Una de las figuras más simpáti.
cas de la Administración que termina,
y una de las personalidades más
puras y gallardas del Partido Conservador
joven, es la del General
Alfredo Vásquez Cobo, actual Ministro
de la Guerra, encargado de
la Cartera del Tesoro. Fuera de
que ya cuenta con una hoja de
servicios bastante por sí sola para
hacerlo acreedor á la estimación de
sus copartidarios, constituye para
éstos, por su edad, una esperanza
muy risueña. En un país en que
parece que las generaciones decaen
de manera desconsoladora, es muy
grato contemplar algunas excepciones
á esa regla fatal. En una época
en que la juventud no pue<;le luchar
con los que por su edad debieran
dormir ya sobre los laureles segados
en casi un siglo de servicios activos,
es satisfactorio contar algunos
ejemplares de hombres llamados á
inyectar nueva savia y sangre fresca
al decrépito organismo de la' política.
Todo lo que sea contribuír á levantar
y á dar prestigio á los que
en un porvenir próximo han de ser
llamados á llenar Jos vacíos que en
nuestras filas hace el tiempo. es un
deber elemental de patriotismo. Y
este deber es, además de muy satisfactorio,
muy fácil de cumplir,
si, como en el caso presente, se reduce
á contar, : siquiera sea sucin.
tamente, los hechos y pasajes más
culminantes de una vida corta pero
fecunda.
Así nos proponemos hacerlo con
el General V ásquez Cobo, como un
pequeño testimonio oe nuestra admiración
por sus virtudes, oe nuestra
gratitud por sus servicios á la Causa,
y, sobre todo, como un acto de juso.
ticia á sus indiscutibles méritos. Ya
que pronto ha de resignar en otras
manos la Dirección del Ejército que
con tanto lucimiento ha tenido en
las suyas, deseamos que el Ejército
y los colombianos todos, que no conozcan
la manera como llegó á tan
alto puesto, formen juicio acertado
acerca de los merecimientos de este
importante' Jefe, y de lo que puede
esperarse de él en lo futuro.
Sin entrar en detalles, que hadan
demasiado extenso nuestro escrito,
aunque serían interesantes, trazare-mos
á g-rande rasgos la vida del General
Vásquez Coba, enumerando
apenas los hechos culminantes de
ella. y reservando para m~s tarde y
para mejor pluma, las ampliaciones
que merecen los más importantes de
ellos. Confiados únicamente en nues·
tra memoria, es probable que incurramos
en omisiones' graves; pero
en lo relativo á sus campañas, fuera
de fechas, garantizamos la exactitud
de nuestros datos.
Nació el General Alfredo Vásquez
Cabo en la ciu!lan de Cali, Departamento
del Cauca, en el año de
1870, de antigua y respetable familia
que ha dado á la Causa Conservadora
varios abnegados servidores.
Su carácter y sus costumbres, á despecho
de sus largos viajes y prolongadas
ausencias, denuncian en él al
caucano distinguido: leal hasta el
sacrificio; esclavo del deber y
celoso de su honra: serio y grave,
sin afectación ni estiramiento,
impropios de su edad; franco y sincero,
sin rudezas ni agresiones gratuitas,
indignas de un corazón no·
ble; sencillo y sobrio, inteligente y
decidido, valeroso y audaz.
Muy niño aún, en 1882. principió
en Popayán sus estudios de Literatura
y Filosofía, en un colegio que
era por entonces el mejor organizado
y más serio de la República. N os
referimos al que dirigían los RR.
PP. Lazaristas, hijos de San Vicente
de Paúl, franceses y sacerdotes todos
de gran mérito, que unían á las virtudes
de su estado ilustración vastísima
y exquisita cultura. Ese Cale·
gio, de oonde han salido casi todos
los jóvenes de que hoy se ufana el
Cauca, con razón, fue durante
gran parte de la dominación liberal,
el asilo de las buenas ideas
y el refugio de la ciencia católica en
esa región del país. Fundado y fa.
mentado por los conservadores ca ucanos.
ese Colegio salvó la juventud
del Partido y adquirió pronto tal
prestigio, que los más connotados
liberales acabaron por enviar sus hijos
á ser educados en él. Las gran des
simpatías de que goza ese instituto
en el Cc:luca dependen de los
frutos que ha dado y de la conducta
ejemplar de los miembros de la Comunidad,
única quizás de la Repúb~
ica que no explota á los pueblos,
ni ha adquirido bienes terrrenales ni
enviado á Europa un centavo de
sus utilidades. Dedicados en absoluto
á sus lacores docentes, han logrado
dar á su plantel un esplendor
de que no goza quizás ninguno en
el país. Baste decir que durante la
guerra de tres años. así como durante
las dos anteriores. no suspendió
un día sus tareas, porque ni vive del
Gohierno ni es negocio_
En ese magnífico centro de instrucción
y educación cursó con lucimiento
Vásquez Cabo hasta terminar
sus estudios literarios en 1887. A.Hí
adquirió sus primeras iL eas y formó
su corazón. Natural es que, ha'~
biendo despertado á la vida en aquel
medio ambiente, sus convicciones
políticas y sus creencias religiosas
..
/
estén t~n arraigadas en su espíritu,
que sean parte de su naturaleza. Decidido
y convencido conse(vador, conoce
á fondo la filosofía de su Partido;
ferviente católico, está iniciado
en las doctrinas que profesa. Hombres
así son los que dan garantías
á las comunirlades tanto políticas como
religiosas.
De 1887 á 1894 siguió con gran
provecho en E.uropa la carrera de
Ingeniero civil y de minas, Y obtuvo
distinciones y premios, raras veces
discernidos á los estudiantes sudamericanos.
N o fue él á buscar las
delicias del mundo corrompido en
que nuestros jóvenes consumen de
ordinario su salud. su tiempo y su
dinero, sino que, bien preparadocúmo
estaba, dedicó sus energías y facultades
al cultivo de su espíritu y á
la ilustración de su inteligencia.
A su regreso de Europa pudo, por
eso, ser miembro {ltil de la sociedad
de su Patria, y se halló en aptitud
de prestar á ésta efectivos servicios.
i De qué diferente manera otros sólo
traen del Viejo Mundo necias pretensiones
y vicios refinados!
Entre las ocupaciones provechosas
á que se dedicó después de su
regreso, citamos la de Ingeniero su perintendente
del Ferr~carril del
Cauca, tanto por ser ése el puesto
más importante que por entoncés
ocupó, como porque en él desplegó
todos sus conocimientos y actividad,
adquiriendo, por el impulso que dio á
la obra, merecido renombre entre los
caucanos, cuyo más vehemente deseo
es ver terminada esa vía.
Entregado á esas labores yal cuidado
de sus intereses. le sorpre'ldió
la guerra de 1899. Cediendo á los
impulsos de su juventud y de su de
cisión por la causa del orden, ofreció
en el acto sus servicios al Gobierno
del Cauca, á la sazón en manos del
General Manuel María Sanclemente,
quien accidentalmente se encono
traba en Buga. Señalósele puesto en
el Ejército con el grano de, Coronel
y las funciones de primer Ayudante
General. Al lado de los viejos y renombrados
militares caucanos hacía
sus primeras armas el joven Ingeniero,
educado en Europa y acostumbrado
á ciertas comodidades. aun en
mecHo de su activa vida. Aunque ha.
bía resistido los mortíferos climas de
la región del Dagua, dudábase (le
que resistierarciales. Castillo movió sus trop<\
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
con gran sigilo y rapidez sobre Buga,
para dar un golpe decisivo y audaz,
cuyo premio seria el parque íntegro
del Cauca, depositado en esa
ciudad, cabecera entonces del Gobierno.
El día en que eso sucedió,
el General V ásquez había combinado
un ataque simultáneo de todas
sus fuerzas diseminadas sobre el
puente de Balsora, en donde debla
hallar á Castillo. i Cuál no debió ser
su sorpresa al encontrar desocupado
el campamento! Sin desconcertarse
por eso, y adivinando en el acto la
intención de Castillo, puso sus tropas
en v~rtiginosa march~ sobre la~
huellas del enemigo. á qUien alcanzo
el mismo día, cuando menos se le
esperaba, en el Pie de Chinche 6
Boquerón de Amaime, á las dos de
la tarde.
Allí fue la tumba de la Revolución
caueana, Del brillante Ejército
de Castillo sólo se salv6 él, que atravesando
la cordillera como un con~
uistador, vino á aparecer en el Too
I1ma. A Palmira vimos entrar en·
tonces prisionero todo lo que no pereció
en 'ese asalto extraordinario,
obra maestra del arte militar, en que
el General y sus tropas s.e cubrieron
de gloria y se desquitaron de tántos
y tan prolongados sufrimientos.
El General V ásquez Coba fue entonces
aclamado con entusiasmo indecible
el pacificador del Cauca.
Resuelto así e! problema de la
Revolución en el Valle del Cauca,
las miradas del Gobierno departamental
se fijaron en el litoral del
Pacífico, donde los cuantiosos auxilios
del Ecuador est~ban produciendo
resultados funestos para la causa
nacional. Apoderados los rebeldes
de la plaza de Tumaco, los restos
gloriosos del Ejército legitimista,
que desde los primeros dÜ1S de la
guen2 .había!idiado en cien combates
á órdenes de los valientes Generales
Sarria y-Micona, pe"tecian
de hambre y de abandono en la isla
del Morro. Allí en esa isla se desarrolló
entonces uno de los más gloriosos
episodios de esa gigantesca
lucha de tres años, cuyos detalles
pasaron generalmente ignorados.
Dos meses resistieron esas tropas
extenuadas y moribundas á los asaltos
de la Revolución potente. .
En Junio de 1900 determinó el
Gobierno enviar al General Vásquez
Coba como Jefe de operaciones para
que, con refuerzos suficientes y grandes
recursos y elementos, recupera.
ra la plaza de Tum~co y expulsara
de nuestro territorio la invasión de
filisbusteros que amenazaba tomar
el puerto de Buenaventura.
Con el Batallón Urdaneta y la
cañonera Boyacá fue á incorporar- }
se Vásquez Coba á las tropas del
Morro, que con su llegada recobraron
el perdido aliento. Un día del
mes de Julio, después de combinar
muy bien sus planes, asalt6 la
plaza de Tumaco por la isla Viciosa
con la infantería, y por la bahía con
la ·cañonera. Ataque vigoroso fue ese
que, bien sostenido por ambas partes,
hubiera producido indefectiblemente
la rendición del Puerto. Pero
quiso Dios que esta vez la suerte de
las armas le fuera adversa. El Jefe
de la cañonera abandonó el combate
en el momento decisivo y huyó con
el buque hacia el mar. Todas las
fuerzas de la Revolución pudieron
entonces cargar á los asaltantes de
tierra que, con el agua al pecho, forzaban
ya el paso de! cementerio,
único, estrecho y peligroso paso por
donde el General, á la cabeza de su
aguerrido Batallón, se había lanzado.
Allí, después de combatir un día
entero de la manera más heroica y
terrible que puede imaginarse; después
de ver caer á su lado, peleando
l'
Blanco
cuerpb á cuerpo, las dos terceras
partes' de su tropa, y de dar las carg-
dS más brillantes, cayó él también
herido y prisionero.
Completo fue el desastre; pero el
honor de lás armas y, sobre todo, e!
del Jefe, quedó á salvo. Los testigos
de aquel encuentro sangriento están
acontes en decir que en aquel día
el General Vásquez Cabo se cubri6,
de gloria.
Prisionero quedó y tratado por el
. enemigo con ciertas consideraciones
otorgadas á su valor, hasta que el
General Carlos Albán atacó nueva·
mente la plaza de Tumaco en el mes
de Agosto siguiente. Sin éxito consumía
e! sitiador sus municiones contra
la poblaci6n rebelde, hasta que
el General V ásquez, por un acto rle
audacia inverosímil, se sublevó con
los presos que lo acompañab~n, tomó
las armas de la guardia que los custodiaba,
y cargó sobre el enemigo,
facilitando así la entrada á las tropas
de Albán que ~oronaron la victoria.
Por eso el General Albán reconocía
siempre que el honor de la
jornada de Tumaco corresponrlía al
General Vásquez y á sus valientes
compañeros.
Cu:mdo regresó á Cali, después
de aquellas aventuras, habfase consumado
en Bogotá y estaba sancio ·
nado por· la indiferencia del país, el
movimiento del 31 rle Julio de 1900.
Amigo .. partidario y paisano nel Dr.
SancIemente, el General V ásquez Cobo
recibió con profundo rlesagrarlo las
noticias que respecto del Presidente
le llegaron, y resolvió no tomar parte
en la política ni en la guerra,
mientras no fuera legitimado á ~us
ojos el Gobierno del Sr. Marroquín.
Dedicóse, entre tanto, á sus labores
particulares de h~cendado y á
levantar de las ruinas la tierra que
hered6 de sus padres; y así perma.
neció hasta el mes de Abril de 19°2,
en que el Dr. Pinto, á la saz6n Gobernador
del Cauca, lo llamó con
instancia á tomar el mando del Ejército,
para defender el orden contra
el guerrillero Barriga, que nuevamente
tenía en armas á los negros
del Valle.
Habiendo muerto el Dr. Sanclemente,
creyó cumplida su promesa
y legitimado el Gobierno del Sr.
Marroquín, y como, por otra parte,
se hallaba en gravísimo peligro la
causa de sus convicciones, y en todo
el Cauca se reputaba inclispensable
su concurso para salvarla, juzg6 de
su deber empuñar las armas y abrir
activísima campaña. Entonces no
era el General improvisado de otro
tiempo, sino el caudillo prestigioso y
conocedor del terreno, cuyo solo nombre
era una garantía de triunfo.
Para ser breves nos limitaremos
á decir que su presencia al frente del
Ejército levantó el espíritu abatido
de los conservadores, atrajo á las
filas á todos los buenos servidores
que estaban alejados y descontentos,
galvanizó el elemento militar y fue
la muerte de la Revoluci6n, hasta ese
día pujante y victoriosa. En Caloto
dio el primer combate sangriento,
de diez horas, en el cual, gracias á
la colocación de sus fuerzas que sitiaban
los montes, á cada momento
le llegaban nuevos refuerzos, con
los cuales destruyó al enemigo. Los
siguientes combates de La Paz'fa y
Cht'quer(Js fueron corolarios de aquél
y pacificaron definitivamente el De-'
partamento. En el último cay6 prisionero
Barriga con sus principales
compañeros, que tántos males causaron
á los laboriosos hijos del Cauca.
Otra vez fue aclamado el Gener~
l Vásquez Coba pacificador de esa
sección de la República y recibi6
las bendiciones de ese pueblo.
y Azul
En Octubre de 19°2 fue llamado
urgentemente á Bogotá. El recibimiento
que se le hizo fue glacial. Nadie
conoda sus servicios, sus glorias
ni aun su nombre. Los sucesos que
no se cumplían entonces en las cercanías
de la capital, á nadie interesaban.
Los Generales que no hadan
campafía en el atrio del Capitolio no
conquistaban farria.
Tratóse de enviarlo á Panamá,
donde la Revolución tomaba cada
día mayores proporciones. Lucha
tenaz costó que se le asignara el
puesto de Ayudante del General
Perdomo, cargo que aceptó para dar
una prueba de su abnegación y pa.
triotismo, y seguro de que en el
curso de la campaña sedan apreciarlos
sus méritos. Cuando el Gobernador
del Cauca supo tal cosa, se
innign6 y protest6 en nombre de sus
compatriotas contra la manera como
se trataba al que había sido dos veces
Generalfsimo del Ejército caucano
y dos veces pacificador de ese
Departamento. Entre las páginas de
. la vida que relatamos, creemos que
ésta es una de las más honrosas, porque,
á pesar de todo, el modesto Jefe
partió para el Istmo sin quejarse ni
manifestar su disgusto. Sólo consideró
que en Panamá estaba el peligro,
y por consiguiente el deber.
.Conocida por demás es la parte
actiya que tom6 en los sucesos que
se cumplieron en el Istmo, teatro en
aquella época de los más graves descalabros
y foco oe la guerra. Su in.
tervención en los Trataoos del WÚconsin,
que pusieron definitivo término
á la lucha. fue decisiva, y le
atrajo la estimación de compañeros
y advers~rios. Era natural que en
un medio cosmopolita, como es el de
Panamá, y en el trato continuo con
extranjeros, sobresaliera entre los
militares colombianos un General
educado como Vásquez Coba en
Europa, que habla varios idiomas y
que conoce los refinamientos de la
cultura europea.
Terminada completamente aquella
capitulaci6n, y resuelto á no servir
sino en los momentos de peligro,
parti6 para el Cauca por Buenaventura,
con ánimo de nedicarse por
completo á la administraci6n de sus
bienes. No lograron disuadirlo de su
propósito los ruegos de sus campa.
ñeros de armas que querían traerlo
á Bogotá en busca de los honores
del triunfo, muy merecidos en verdad.
Cultivanoo su tierra se encontraba
en Febrero de 1903 cuando, después
de muchas instancias y solamente
por complacer al Excmo. Sr. Marroquín,
vino á esta capital, donde el 21
del mismo mes y año se hizo cargo
de la Cartera de Guerr.. que nesem
peña toda vía.
En la Memoria que acaba de presentar
al Congreso están consigna ..
dos sus trabajos en ese elevarlo puesto,
en el que se ha hecho acreedor al
aprecio de superior y subalternos. ·
Su primer cuidado fue reorganizar
el Ejército y aliviar á la Naci6n de
aquella carga inmensa, ya inútil; y
su gran lucha entonces fue con la
falta de recursos para el licenciamiento
de las tropas. En esa labor
desplegó toda su habilidad hasta
coronarla con éxito completo y nejar
reducido el pie de fuerza á la cifra de
paz.
Pero la parte más interesante de
la Memoria del Ministro de Guerra
es la que se refiere á su participación
en los sucesos de Panamá. Principia
por referir, siempre apoyado
en doéumentos, la resistencia que
encontró en muchos prestigiosos Jefes
á quienes rogó.que marcharan al Istmo,
donde él adivinaba los peligros
que amenazaban la República. Por
último se ofrece él mismo; pero no
se le acepta el sacrificio.
Continúa luégo refiriendo su tenaz
insistencia con el General Tobar, á
fin de que acelere su marcha. A ese
Jefe se le han dado todos los recursos,
tonas las instrucciones, todos los
elementos; pero no avanza, y cuando
el Ministro lo cree en Panamá,
él permanece aún en el río Magdalena!
En una palabra, y para no avivar
heridas abiertas todavía, el Ministro
de Guerra ha justificado su conducta
de un modo terminante, y al leer su
Memoria se sorprende úno de que la
traición de Panamá pudiera consumarse
sin un tiro ni una gota de sangre.
i Designios de la Providencia!
Pero no s610 está justificada plenamente
la conducta del General
V ásquez Coba como Ministro de
Guerra, sino también los temores
que manifestó, respecto de la suerte
de Panamá, ante el Senado de 1903,
el más sordo y más ciego de todos
los Senados de la tierra, al cual le
mereció e! calificativo de belicoso por
su angustia patriótica. j Qué tiempos
y qué hombres!
Fecunda ha sido su labor en el
Ministerio de Guerra. La actual organización
del Ejército es completa,
su disciplina ejemplar, y los Jefes
que lo mandan, escogidos entre el
personal militar más respetable. Los
parques están en buenas manos, intactos
y cuidados con esmero. Dos
mil rifles había en el de Bogotá á la
entrada de Vásquez en el Ministerio,
y hoy, sin que el Gobierno haya
comprado, hay ya cincuenta mil de
los mejores. Esto prueba que se ha
puesto empeño en recoger el armamento,
que diseminado es una amenaza
del orden.
Sin duda en atención á los importantes
servicios prestados por el
General V ásquez, á sus arraigadas y
firr~es convicciones, á su carácter, á
su inteligencia y á su patriotismo, su
nombre fue lanzado á la arena eleccÍonaria
para la Vicepresidencia, en
asocio del Dr. Joaquín F. Vélez, can.
didato Presidencial. Semejante honor
discernido á un joven en los
tiempos que corren, en que parece
decidido que solamente los ancianos
octogenarios puedan aspirar á la primera
Magistratura del País, sorprendió
no poco.
U n país decrépito debía querer
ql1e lo rigieran manos temblorosas.
Sin embargo, al rededor de Vásquez
se agruparon por un momento las
fracciones en que hombres ambiciosos
han mantenido dividido el gran
partino de 1886. Ese nombre apa ..
reció como símbolo de la unión an.
helada y como esperanza de reacción
contra el agotamiento del Partido.
El nacionalismo de la capital y de
los Departamentos nada temía de
Vásquez, así como tampoco ningún
conservador moderado podía abri.
gar recelos contra un copartidario
tan refinado y convencido como él.
Así pues, fue recibida dondequiera
con sincera satisfacción una candidatura
que era considerada como
una promesa de concordia.
Pero pronto las susceptibilidades y
la envidia comenzaron su juego. Todos
los aspirantes ó los que se sin.
tieron supeditados, principiaron á
trabajar contra el candidato·demasza.
do joven y de m¿r-itos desconocidos.
El Dr. Vélez no apoyó, como parecía
obligano á hacerlo, á un compañero
que hacía simpática su candidatura,
y escribió cartas recomendando
la del General González
Valencia. Así cumplía sus promesas.
En el Cauca, donde por honor del
nombre ha debido ser unánime la
elección, el Sr. Pinto desplegó contra
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
~~--~~--~--~~~--~.~----------------------------~--------------~----~-----,~~"-~,~~~~~----------~~------------------------~
ciJa :oda su _actividad de sátrapa
únu,ipotente, cuando él, más que na.
diE '>ra testigo de los merecimientos
y ,.ptitudes del General V ásquez
Cobo. Para eL Cauca será motivo de
c' erno arrepentimiento qaber obede~
dd(~ ~;gamente la voz del mandad~
l a1 ominable, y haber votado por
el r. Vélez, á quien no conocía, y
. nQ r V ásquez Oobo, su hijo y su
gallardo General. Reyes mismo, el
caudillo caucano de corazón, fue de-
~ rrotac.o allá por el pigmeo.
Ahora bien: como V ásquez, no
Obst
Citación recomendada (normas APA)
"Blanco y Azul - Serie I N. 20", -:-, 1904. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2094879/), el día 2026-04-03.
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