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. p E R 1 O DIe o D E DIe A D o A L A LIT E Iij'A T U R A.
Serie IIl. Bogotá, 27 de Fcb 'er do 1875. ~-úmero 25.
~A Ali.. DE.
UN NIDO 'lACIO·
, ,
A LA. LIND A Y SIMPA 'l'lO.!. HERO:'~ A m, EST.\.
NOVELA. (su AUTOll.)
1
i Bienaventurada seas, alegre y hechicera Rosalia
I Dios te (lé e e cielo azul que tanto te
agrada, e ns fiares perfumadas que tanto te
gustan, es'! paz y e!e!]. dich!t que tanto deseas.
Escucha cómo trinan las aves de tu jardin,
cómo se so ríen las violetas escundidas detra
de laa verdes curtinas de sus hojas, cómo mur·
mUl'a el arro:o al pasar por debajo de las bóvedas
Jc tilos y acacias de tu pradera.
Haga Dios, que uos da los días serenos y las
alegrías dol alma, que Fernando tl~ quiera
siempre lo mismo.
y que así como ninguna nube empuña el azul
trat-parente del ciclu bajo que vives, ninguna
lágriulu cnturbie tu, ojos oscuros, ninguna pena
manche las castas imágenes do tus ¡¡ruares.
No os exlrañcís que (lesee tantas felicidades á
In. niña bonita que está enamorada y que alegre
risueña y sin cltidados r ecorre al laJa de su
amante las perfumadas calles de su jarchn, las
olorosas alamedas de sus bosque.
Amala siempre mucho, Fel'l1ando, h azla dichosa
como hoy, porque te quiere con toda su
alma; fija en olla tus ojos amorosos para que
la niüa bonita so mire en su crisb 1. Ya ~aues
que os el esrH1jo que ella profiere.
¿ Pero J6nde v ellos se desprende.
Rosaiía !)Iza sus ojos y los fija en los de su
amanto, se miran somieudo y como electrizados
por la mismo. impresion, como si la misma iJea
so hubiera despertado al mismo tiempo Oll las
Jos cabezas, sus labios se acercan y confunr,len
sus mutuos allelltos en un delicioso y prolongado
beso,
D n beso, un beso, solos á orillas de un arra·
yo, sin m:1.:J testi¡;o que el cielo y las aveQ
, los
árboles y las floros.
Sí, un boso, i y qué cl'ím:en han cometiJo mis
amante::: en besarse, qué mancha pueue doj r
en los labios de mi Hosalía el contacto do los
de Fernando para que os parezca extraüo que
se bosen !
¿ Cnindo se han apoyado los labios sobre los
labios mús ca tamentc i' ¿ Cu ndo so ha verifi·
cado ese contacto m6nos carnalmellto ?
Oh! uo os asusteis, porque dos jóvenes se
besen, si pudierai. aprociar las sensaciones Ilue
p~isaban po el alma de él cuaudo so ha acercado
á ella, si hubierais poJillo penetrar cn las
ideas elo ella cun.nc1o ha buscado los labios do
él, os sonreiríais trauq uilos como sonrio yo que
lo sé. .
¿ Qué cl'Ímen hallús en el beso ele una madre
al hijo de sus a1l1.ores ? ¿ qué JUal Gncontr:1reis
on quc el hermano bese:í lo. hermana queriJa ?
¿ Y porqué han Je habE'r hecho mal Rosalía
y Fernando, si han obedecido:í. una sen sacian
poderosa, si so han besado ca i sin sCtber lo quc
hacían, como ántes habian juntado sus manos?
¿ Qué seduccion ha habido por pnrt ele él ?
¿ qué idea premeuítaela por parte elc ella para
quo así condencio;¡ sus amores?
No hagas caso, niña bonita, de lo"! que se
horrorizan ante tan custa caricia, es porque no
comprenden que dos labios pueden unirse casta.
y puramente, es que no conciben quo el alma
se dospierta miéntl'as duerme el cuel'po.
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• 194 LA rrARDE
Dec! selo vosotras, blancas a7.ucenas, b}ancas
ros as del jardin, en eñadles vuestras límpid3 s
corolas á. ver si hay en ellas una mancha, y luego
cuando exclamen qué pnra es la azucena,
contarle~ que lo. ¡l is a os ha besado, que el céfiro
se ha parado en vue 'tras cáli ccs,
No, felices amantes mios, amaog como o
amaia 8hon1, vuestras almas puras son vuestra
mejor defensa.
he intorrogado me ha dicho que me amas con
delirio,
-Pues esa iJor ucte E>aberlo, cont<.>stó F e rnando,
y R.osalío. creyó que Fernando L<.>nío razon,
p orqu c i no l a hubi era amado, las fl o" e s que no
engañan nunca lL la s nin8fl bonitas s e lo hubieran
cliellO con la misma Ílanque zll con que habian
contestado gue la l1mu.ba,
De r e i, cntc Fernando d e tllvo el paso y paró
:í. Rosalía, é ta interrogó á. su amante con una
mirada, y él la señaló c n el dedo un I ido da
Mis amantes vionen juntos por el jardín, ruiseñoros escondido ent,re unas ramas d e ilas.
Rosalía se apoya muellemente en el bl'azo que La púbre madre ingui ta al ver venir direo-la
da Fernando. t amoo te nos per!' onas h "tc ia el fruto de sus amo-
Do vez en cuando se paran como ob~d e ciendo res, en vez de huir se habia colocado encima de
& la misma idea, se miran con amor, sonríen de e llos y 105 protegia con sus alas, miéntras dirifelie;
idad y vuelven á l'acorrer las perfumadas goia co sus (ljOS inquietoe y azol'ado1! una míra-calles
del jardín. da á l o do ~ amantas,
L'\ madre de Ros alía sabe que Fernando ama Pobrecita, murmuró R o, alía,
tí su hijn, y :i peilal' de eso los deja vagar juntos -Cómo l os quiere , r e puso ,B'ornando.
por el bo ~ que. Me d a n l ú'3 i ma, d ijo la niñn, pobrecita ptÍ-
No culpeis á la. madre porque no quita el p e - j a a, ~e d es ,Í,ve pOI' ellos, mira remando, cómo
Jigro quitando la ocallion; el otro día. oculta n o'3 suplica COIl l os ojo s quo no t oqu e mos tí sus
defras de unas matas, ha sido testigo de una de hijo s, que DO lo a rr e batemos á sus pajaritos, viesas
esconas puras en que siempre se embriflga mono!', me da pena verja tu ingu io ta.
con delicia el alma de una madre; ha eacucha- y o aleja 'o n l'ly;ol'daurr&.o- venia la linda Ro a ía á sentarse jnnto á las lilas
cando éstos uno despues de otro IDl!rmuraba: y allí, en proReneia de aquel os pflj,l1'OS que con
me quie?'e, un 2)000 mucho, apasionadamente, tanto esmero cuidaban al hijo dt- f'US amores,
nadaj la. flor que habia servido de oráculo, só- se repetia las l,c.latrns do Fernan o y so olvilo
tenia 14 pétalos, así que a.l arrancar el último, daba. completamente de este mundo, para abRosalía
miró alegre y contenta á su amanta. S01'uer todQ 6U pensamiento en el que amaba_
-Ya lo ves, le dijo, esta margarita á quien. I Ah! el campo, el camp<>! la rica naturaleza.
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LA TARDE 195
pródiga en colores, on armoníns y en perfu es
convida á soñ r eu un mundo de delicias. Ya Jo
sabes tú , f' at:.lomda. RO"'1.lí , yl'\. 10 cor.oco ~ ,
cuanuo dLJ<1S las esfrcchlls p l"C'ues de t.u CUs no queJaría uno
en el término de cien ::.ño"i," rec0rdó que era hombre
y denumó lágrimas sobre la in tabiliuad de lafl cosas
humanas."
i Pobre J eljes ! despues de babel' lidiado tanto por
someter la Grecia <Í. su dOI11Ínio se encamina con cien
mil veinte buque :l atacar las fuerzas griegas que so
hallan en 'alaminn , y allí s olo trescientas ochenta embarcaciones
lo vencen; y el pobre tiene que huir. La
denota es bien vergonzosa p¡)l'a el infeliz monarca qt¡ ,
sofiaba cun la glorin; y se vió :1 <,te pubre él' qlh"
rompió cl Atbos y quiso encadc1\ar al HeJe;.pont, I
"solo é incierto de destino, atrave ar tri tementú
los lugnl'es que babia rcconido lleno de vanidad y
01'0"11110 " l"" N:;¡poleon 1. e "ese COlORO que habia puesto el
mundo bajo sus pié", y dejad() d polvo de us huellas
en las diadem~s de los reyes ," ('re e el 18 de junio de
1815, en lns llanuras W:LtcI ' loo, bacerse á la Inglaterra
y :i todo el mundo; en esa tar,le profiere fra¡¡es llenas
de atrevimiento y de orgullo; piensa Ilegal' á ser
el segundo rey del Universo y concibe un gobierno á
Sil antojo. De repente ve el campo completnmente
revuelto, los ingleses combaten con valol' y cou talento;
los france es van en ret.irada, pero él nada teme;
se impacienta apéúas porq ue uo aparecen pront.o
los ¡'efuel'zos que espera. Saca su anteoj(), lo tiende
en lontananza y divisa una nnbe de soldados: en olla
finca sus doradas e"penlllzas c¡ ue le han de hacer feliz:
pCl'O pobre! la estl'ell3. de su esperanza se eclipsa.
y el desenguño se pre e¡;¡ta: el' Blücber que auxilia á
los ingleses con cuarenta mil prusianos. La cl'Ísis es
espantosa y aparece la tuañana del 19 y con ella preso
el orgulloso capitan del siglo XIX por el capitan
WellingtoD.
Todos los brillantes dias de Nopolcon se eclipsaron
el dia de Waterloo. y lino de vergüenza y contemplando
sus pasadas grandezas derrama lágrimas el
infeliz que mira al cielo y al mar desdp. las desiertas
rocas de su pri ion en anta Helena , donde es arrebatado
P , l' la. muerte d spues de babel' luahado su
gran génio con las incidencias del tiempo.
Bolívar va !Í. Roma. El aspecto de sus grandiosos
monumentos le bncen recordar su historia, y lleno de
gozo en aquel fdiz in tante se acnerda de su uerida
patria y wDcibe una gloriosa. idea .•...••• independizarla
y hacer da ella. una Repúblicro. Viene, C'mprende
la. titánica obra. Las circunstancias le ayudan.
Recibe laureles en cien batallas famosas recorriendo
el continente desdo las cstrepitosas bocas del Ol'inoeo,
hasta las elevadas cimas del Potosí, hasta que el
Loan ibérico cae en la memorable y gloriosa. batalla.
de J unin, y con su caida lOO levanta la independencia
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LA TARDE 197
y con ella la República. 'roelo lo ba conseguido el
génio sin scgll11do. Orce ver progresal' á su qucrida
patria al impulso del bien que le leg!), ; pero todos se
le revelan, lo insnlt:lIl, 10'creen de mala fe y despues
de npo, trofarlo irónicamente, lo ¡'etiran del pode!'
que solo Dios le habia dado, Y entónccs drsengañl'ldo
y lleno (le dolol' 1ie retira el génio que dió indepen.
dcnci:t á cinco naci011c5, á lamentar la ingratitud de
sus cOllciudadano , y á lllCJI:ir tristemente en las soli·
tarias playas del Océ,\J1o Atlántico.
,
" Grande es el mundo en que habito
Pero mi nomb¡'e más grande,
Porq ue las glorias del \TI undo
Deutro del mundo no caben.
Yo mori ré y mi recuerdo
Irá en los siglos '1ue pasen
Trndré mi nichu en la historia j
Mi nombre sed, un cadáver.
Glqria, re:;plnndor bumano
Que brilla '010 un instante,
Va por que el sol desvanece
HUlIlO, OMURA, POLVO, AIRE."
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Este el> el mundo, queridos lectores, ya veis cuanto
trabajaron e os grandes génios por alcanzar un puesto
distinguido en la e cala de la oria: la alcanzaron si ;
pero cuánto les co tó! Qu eron poseer la felicidad,
lJelO ésta huyó de ellos y se fué á. otrll. mar.sioll desconocida.
Viendo esto, pues, es inútil andar en pos de la felicidad
en e ' te mundo donde todo son tormentos y
mi!>cria : no debemos afal~al'nOS y quedar completamente
cunvencidos de que no existe en la r ealidad.
i Oh ! no, queridos mortales, no hahei encontrado
In felicidad, porque la babeis bu cado en los lngares
que ella no puede existir.
DIOS crió al hombre para la felicidad, pero desdp.
uu principio la perdió éste; sinembnrgo en el mundo
podeis encontrarla aunqu~ sea pOI' momentos. L Dón,
de está pues? cómo hacemos para posceda? Venid,
despojad de vue tra imagin:lcion esos pensamientos
fal sos que os dicen que la felicidad está en los placeres
mundanales: venid, e~tamos en el mismo mundo
1, quereis poseerla? pues bien, aquí teneis á Dios, el
sé,' por excelencia, al Supremo autol' de todo cuanto
existe; pensad en él, contemplad su excelso poder.
Este SER infiui tamente lleno de pe¡'fecciones, nos
dió la exi'Lencia pal'a que le nmemos llenándonos de
suprema felicidad 1'011 este precioso y sacrosanto amor.
Santificad vuestra alma con la conformidad, y elevadla
al AUTOR de vuestra existencia; vinculad vuestl'O
amor con su supl'cma bondad y deoidme si habeis
6 no encontrado dulces y deliciosos momentos de supremn..
feJicidad. ¿ Quercis má ? Oontemplad á vuestrOs
¡¡emejantes y ved en e1103 vuestra mi,;ma esencia,
recordad que ellos participan como vos de una misma
naturaleza favorecida siempre por este mismo Dios
Criador que con su manto de gracias nos cubre y nos
libra ele 10fJ furíoso" vendava les de Ins tempestades
de la vida. t Que 'eis más? E ' tudiad en el g¡'andioso
hbl'O de la bella nnturaleza sus sublimes y estupendos
es! ec táculos, en ellos encon(,['areis los pl'ecioso&
atributo' de su infinito A U'fOR, y con ellos Jos placeres
más dulccs-é inocontes. Por úlLimo,quereis más?
No tencis que ir muy I 'jos, está en vue tro mismo
sé¡': está en esa dulce paz que el alma experimenta
despues de haber hecho una accíon noble y generosa:
ésta es la sntisfaccion de la conciencia, juez V termómetro
de nuestrns acciones.
i Qué ratos de felícidad tan agradables! Lástima
quo sean interrumpidos por las vanidades del mundo
que continuamente nos persiguen y oe Ins que por
mucbo que queramos apartarnos es enteramente imposible,
i Qué ratos de felioidlld éstos de que he hablado!
t, Qué es en su compnracion la de esos afortunados
del siglo en el seDO de SUB vergonzosas pasiones y de
I>U torpe embringllC7.; de e"os hOlllbrcF; tan alejados
de sí como de la fel icicl ad por sus de. cnfrenados
de, ca, y csclavos de un mundo impe¡'ioso y falaz
a,nsnllado por eso usos y esa extravagantcs modas,
variablc y ridícula : vi ctim:\s de U3 caprichos)' el
juguete de todas sus variaci\>n es : de c:'os bombres,
que pn s:\ndo por un!), nltcrnati\'a continua ele nlcgría
y dll tristezn, dc placer y de pes ar, de contianza presuntuosa
y de temores vnllos y pusilanimes, " de pro- .
yectos ambici05o., de locas esperanzas y de turbacion,
de inquietudes y de sobre altos, de juegos, do
ri as, de cUsipaciones frívolas y de deseos de retiro,
de tedio, de d' to de la vida, de descontento inte·
rior de sí mL mos y de todo lo que les rodea?" i Son
ésto pregunto aborn, los dicho os? Oh! no, muy
léjos ban estad'O de potle¡' conseguir In. felicidad de
este modo: porque ,..1 hombre que goza en los placeres
"ensuales es infcli7., porque de pue;; que bace profundas
refll'xiones sobre Sll conducta pasada comprende
muy bien 10 nbsurdo que ha cometido y los
males que tal vez se h:\ labrado pora Sil SAlud. Si se
entrega á la di ipacion y al lujo el mundo mismo le
dice tnrde ó temprano el error que ha comeLido, Si se
en trega á los vicios, sobre su frente brillará entónce:'l el
anatema de insensato que Dios y la sociedad le pintan.
La verdadera felicidad no se encnentra sino conlO
ya he dicho: en Dim:, en la humanid:\\l, en la contempl
¿cion de la obra universal de Diofl r en la saíisfaccion
de la conciencia.
.............................................................................. , .......
Lo demás que á nuestros ojos
Pasa en rápido tumulto
Es vamdad, es loen: a,
AlltE, SOMUUA, POL\'O, HUMO.
Pero ved, mortales, un pá lido espectro nos señula
con su l:u'go b¡iculo las sombríaf< puertAS de 1:\ eter·
nidad, de c, a eternidad l1e1la de delicias .Y de encantos
celcstiales rlonde la Fl>:L1CtDAD r eina y abre sus
bra7.lls para e:t.rechar á sus moradore!\.
Donde el Dios de nuestros destinos abraza á nuestras
almas y las purifica eon su roce.
Es que Dios es In felicidad.
Es que la felicidad es el mi mo Dio<; que apénas
abraza al verdade['amente digno en cl seno de su
Liena venturanza.
Es la esencia de la Divinidad personificada.
Es el foco donde ir¡'adia todo lo santo y bello: es
el cielo de la luz, el empíreo de los nng les, la mnnsion
deliciosa de los , justos.. el santuario de los arre·
pe>ntidos, cl esp<::jo de torment03 de los condenados.
S. CABRALES.
Bogotá, diciembre 24 de 1874.
LA AGUJA Y LA MUJER-
¿ Qué relaciones puede haber entre estos dos
séres, a cual más delicados y endebles?
Acaso el tipo comun de sus rasgos determine
alguna. ley entre ollos, que Dios sabe hacer la
debilidad fuerza, engendrando á los débiles el
instinto de unir su causa y prestarse mutuo apoyo,
como se enlazan en el campo dos frágiles cañas
y resisten el huracan; hay algo de coruun
entre la aguja y la mujer: semejanza en la forma
y oierto eepíritu oomun: no puede haber
amistad más natural.
No es más valiente ni sufrido el soldado en oam·
paña. que las mujel'es dentro de las paredes da
su hogar; no es más heroioo el uno bajo los
pliegues de su bandera, que la otra bajo el
pabelloD de sus dolores de madre i pero tampoco
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198 LA TARDE
son mis útiles para la consen'aciou y la dicha
da nuestra espacie lo. r ejlL del Hrado, la espada
del guenero, ni b pluma dsl t:scritol', quc la
aguja en manos de la mujer honrada: con ella
labra e l órden , el dseoro y la sub 'istancia da su
fllmilia, que aquellos in trumentos no aseg uran
siemprc, y i veces suelen destruir.
el cansancio y el sueño y se duermen la una y
la otra, y la una sobre la otra.
Dejémoslas dormir; d{'j0mos siquicJ'a el sueño
á. las qUd no podemos dar la dicha. Con tontémonos
con imitar su vÍl'Lud.
Fina, insinuante prolija, sufrida y i veces punzante
la una, delicada, di Ec r eta, oficiosa, prud
e nte, y:\. v eces inci siva la otra i án'(.as pulidas
y graciosas; ámbas dotadas de exquisito gusto
para las artes de adorno y In. moda frívola, y
para el trabajo, la constalJcia, la paciencia y la
vigil ia, ámbas de bruñido ac e ro.
¿, Qué relacion hay entre ellas? Mezcla d e frivolidad,
li gereza y g racia, predomino, sin cmbargo,
on ámbas la abncgacion del afecto mat<
nial, la so ri edad de las cosas útil es, el espíritu
de familia, la mod.estia de la virtud casera y
una de cidida afi cio n p or las ocupaciones sedentarias,
clara vocacion de la mujer y n otorio ins·
tinto de la aguja.
La UDa cose, borda y pin ta; la otra traza, dibuja
y esco ge los col e res y e ntre la s dos ewribec
diariamente nn CUI'SO de moral privada y ecouo·
mía domé stica. j Buenas amigas! Dios orió la
una para la otra, 'y su felicidad llega hasta la
v ejez. j Buenas madr es ! con más satisfaccion
TemiendC6 la camiúta del niño, ó los pantalones
d el padl'e, que plie{j rm los fa1"U.lács cl6 la moda y
losjol/ajes de la vanida~l.
i Sacrificiossiu recompensas, triunfos sin aplau·
SOS, virtud sin lauro! No PO)' eso economizan
sus fuerzas, ni abandonan SU.i desvelos. Cada
dia más íntimas y cariñosas i se puede decir que
viv e n una misma vida, el sollas ve juntas cuando
sule, la nouhe ignora muchas veces cuáudo se
han sepnrado : se han consagrado á. la familia y
la dan sus oficios er> todas las horas del dia y de
la noche en que hay alguna ll eca. idad que so·
cor.rcl'; faltá el pan para el dia siguiente; el alqUller
de la casa está. para cumplirse, no hay
con qué mandar á la boti ca por la merli cina que
recetó el doctor para Juanito, y ellas deben pro ve.
el' á. .todo. j F~el'a el reposo y el sueño y pre·
mla DIOS el sacnficio !
Buenas amigas, m ojores madres, duplican sus
hor~ y se multiplican sobre In labor. j Virtud
del O1elo! y acaso ni e3tos nobles esfuerzos ni la
abne~aci?n de la tamaña tarea regocijando la
con01enCJa, bastan á arreglar su espíritu Una de
]~s dos padece, por lo comun es la muj e r, y no
tle I7e otra confidente que su aguja, su mejor
amlga.
¿ 9ué diálogos pasan entre ellas? ¿ Ouántas
lágrImas derromadas sobre su trama? Sólo Dios
que las oye S8 be cuánto se deben la una. á la otra
estas dos amigas, los consuelos que hallan en su
trato é intimidad. Todos en la casa duermen;
ellas solas velan, á la. cabecera del hijo enfermo;
ora esporando al marido que acaso un
a~or espúreo detiene fuera de su hogar, y traba~
an y esperan, y no es raro que, traspuesta la
mlt?d de la noche, fatigados los ojos y el cuerpo,
vaCIle la una en la mano de su compañera de
iufortunio, y se recline la otra á. su pesar sobre
la tela que labran; y si oyen un ruido, y no es
el del infiel, y vuelven á su trabajo, y una lágri·
ma humedece lalil puntada¡ hasta que las rinde
PERLAS AVELLANAS.
OUENTO ORIE1(TAL.
Muley Hazem por el d es ierto crnza,
Rojas las nub es son, fuego la arena.
y muerto de hambre y de f>ltiga el moro.
J un to á una palma llega
Restos de alguna caravana errante
Que por allí pusS loco contempla,
y algo que alibie 1 torce 0 1' del hambre,
Busca y no encuentra.
En torno gira los ardientes ojos,
Descubre un saco, rápido lo observa,
y creyéndolo lleno de avellanas
A desatarlo empieza,
j Alá es grande decia, y cuando el fruto
Que él esperaba, por el suelo rueda,
Exclamó con dolor; -No hay avellana.s 1
j Solo son perlas 1
LUIS RIVERA.
EL REY DE BASTOS
(Continullcion,)
- Sois un noble jóven, le dijo j y tomándole
la mano añadió ~
·--En estos tiempos horribles en que vivimos
los }'oyes son considerados COIllO muy supe}'iores
á la raza humana; pero i ay 1 nosotros to.mbien,
á pesar de nnestras diademas tenemos
nuestras flaquezas y miserias: más si es verdad
que el amor de noa reina puede hacor estremecer
de orgullo á un simple caballero, pnede
infundirle valor para nobles y generosas
empresas ...
Margarita conmovida hasta lo sumo, ee detuvo.
-¿ y bien? preguntó Héctor en el colmo
del delirio.
-Al'J'Odillaos, le dijo, y decidme ouál es
vuestro nombre.
Héctor se arrodilló, y murmuró temblando:
-Me llamo Héctor .
La reina apoyó de nuevo sus labios en la
frente del jóven, y le dijo COll aquella voz conmovida
y melancólica que poseía en los momentos
críticos:
- Os amo, Rector.
Héctor tomó á su .ez la cabeza de Margarita.
enne sus manos, imprimió en ella sus labioil
ardientes, y huyó dioiendo poseido de un orgullo
caballeresco.
-Ahora soy fuerte, puedo cODquistar el universo
entero.
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LA TARDE 199
VII.
Triste residencia era para un principe nacido
en el Louvre el palacio y la ciudad de Val'-
•
80VJf\.
La nieve cubria todos los techos y las callos
una parte del año; 01 sol se mostrn ba raras
vecos y .iempre embozado en capas nebulosa
poco alegre para un rey que siempre tenia fria j
el lúgubro abeto y 1 Qnebro reolUplazaban en
los bosqu"s circunvecino :.\ ios castaños de verdes
cflpas, y á las grandes encinas seculares que
en Fontaineblcau y en San German habian
abrigado nI jóven duque de Anjou en los calientes
dias de verano. Y además, i qué jente
habia á su lado!
Polscoa tan tieaos como sus almidonadas golillas,
húngaros que fumaban una fea plánta
negra en un tubo amarillo de ámbar; cosacos
que á fucl"Ztl. de manteca dominaban su inculta
cabellera y su rebelde barba, pajes mal educados
que no querian los perros, y grandes señores,
llenos de cordones azulcs, amarillos ó
rojos que irataban á sus lllujeres como los paj
e s trataban á los perros. Esa era la corte del
rey de Polonia, de aquel príncipe afable, de
modales nobles y sencillos, lenguaje florido, y
fina sonrisa; ae aquel prín ci pe amado de las
mujeres, y tambien un poco afeminado, r¡ue
tomó un baño de leche porfumada en la mañana
del dia eu q uc derrotó tí los calvinistas en
J arnac y que por las uoches so ponia unos
guantes untados de crema para conservar la
blrmeura y la pureza de forma do aristócl"áticns
manos, de esas mismas manos que en Europa
tenian la reputacion de húbiles tí la esgrima
entro todas y que dD oan al florete una vida y
una iotelijencia rcal e s .
y despues en medio de esos nobles tan poco
divertidos que componian Su corte, los habia
fllstidiosos hasta lo sumo, y eran aquellos puritanos
que tenian siempre á la punta de la
lengua el nombre de Juan Sobieski, y que hablaban
sin descanso dc la antigua Polonia, gobernada
por hombres formales y no por titiriteros
de Francia que se daban aceite de olor
en los cabellos, y llevaban vestidos dc seda.
Enrique de Valoi'l habia llevado consigo á
Polonia fÍ. trcs ó cuatro señores de la corte de
Fraocia, que eu un principio se uivirtieroa mucho
con las ridiculeces del pueblo &labo, pero
que cansados al fin de a'l uella diversion, habían
concluido por tomar apresurados cl camino de
Frúncia.
Solo tres sé res habian quedado al lado del
rey, gue eran: su q uorida, la marquesa de A urévilley,
Niso, su galgo favorito, el mismo que
C~h'los IX habia. dado á Ron"ard y que éste
habia cambiado por una querida con Enrique
de i ¿¡lois, y su bufon.
Ese bufan no era el mismo que tam bien nos
retrató P. de l' Estoilc y que en manos de AIEljandro
Dumas se ~ambíó On un tipo bajo el
ncmbre de Chieot, ese bufon era un hombresillo
jorobado, y no de muy buen humor, por
lo cual no merecía el titulo de su profesion.
Llamábase Fénilr, lo que no era una mala antítesis
para los que veian al personaje; tenia
cuarenta a.ños, dentadura. amarilln, nariz cha.ta
y ojos vizcos, lo quo consti tuia una fealdad extraordinaria.
Antes dc se r bufan deln'!y, habia io unos guantes que la mataron; mi
hermano Francisco tocó un cuerno de caza y
murió .. - ¿ Oómo habrá sido envenenado mi hermano
Oárlos?
-Con un libro de caza, señor.
El l'ey oltó un rugido, y exclamó:
-Tienes razon, no es hora do llorar j es hora.
de vengar t.lntas víctimas sacrificadas. Hay un
hombre y una mujer en mi familia que quieren
deshonrar el nombre de Valois, pero ese
homb¡-e yeso. mujer no seguirán adelanto en
sus inícuos planes, porque muerto el l'ey ma
toca Iv. corona. Continuará.
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Citación recomendada (normas APA)
"La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 25", -:-, 1875. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2092958/), el día 2026-04-04.
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