Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
•
• -' ___- ---c-(;-.~ S p 2 9/?JI;>;)- --.-___-
PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA
•
Serie 1. Bogotá, 29 de Octubre de 1874. Número 8. ,
_A
,
CAPITULOS DE UN LIBRO,
AL SEÑOR D. AURELlANO GONZALEZ y TOLEDO.
Secretario de la Legacion colombiana en Cru'ácas, &c. &c. &c.
Mi querido catire: Por si mis cartas no llegan á
tus manos, como las tuyas no han llegado á las mias,
encargo á la prensa del cuidado de llevarte este recuerdo
de amistad. El lJegará hasta tí como memoria
de la Patria y del amigo ausentes, y si al venir á tu
imaginacion todo lo que en ella amas y en ella dejaste,
quisieras tener alas para volar a l Reno de los tuyos,
confórmate con cumplir tu deber, no olvidar á
los que mucho te quieren y te esperan, y decirte u
tí mismo ....
Firmas Cachirí!
Algo más que desafortunado andaria yo si las palabras
que hoy me dan pié para fOljar un artículo no
desper:táran en mis lectores gratísimos recuerdos; si
á su memoria no vol viera aquella dichosa edad en
que la vida toda se vé al tra.ves de un prisma de colores
mágicos; en que una inocente travesura es la
má¡, árdua de las empresas que uno sueña; y en que
la. idea del mañanu no tiene el colorido sombrío que
los descnganos van amontonando en la vida hasta el
punto de llegar a tenerla miedo.
En cuanto a mí sé deci¡' que nunca he oido esta exc1amacion
sin que todas mis antiguas, y ya casi olvidadas
alegrías de niño, salten á mi imaginaciou yahoguen
en ella la buena dósis de tristezas que el porvenir
me guardaba.
¿ Recuerdas; lector amado, la tarde que al sa~i1' de
paso, como sí dijéramos al alza?' de ob1'(~ , cornamos
apresurados al llano, del lado de los cerezos, á preseneia¡'
la pelea ca,ada ent¡'e J uancbo Peña y Pepe
Silva ?-Terrible fué la gresca: t.odos creiamos que
J uancho daria á Pepi to una aporreada de las de Dios
es Oristo, como que el uno era uu patan hecho y derecho
y el otro el cachifo más cachifo y simpático que
baya nacido. Oomo era natural los espectadores nos
hallábamos divididos, pero Pepito contaba mayor
número de partidarios, así por la natural inclinacion
á la parte débil como porque los cachifos éralllos los
más y apoyábamos decididamente al nuestro.
Oruzados unos cuantos mojiconazos, interrumpidos
por las observaciones de ordenanza referentes á
no tirarse á los ojos por temor al castigo de los preceptores,
no asirse de la ropa para evitar novedades
en la casa, y no darse en la boca del estómago por
miedo al cólico mise1'en, que creiamos era la consecuencia
inevitable de tal golpe, Pepito empezaba á
echar pié atras, pero cobraba brio y coraje cuando
tiUS compañeros le gritábamos :-¡ firme, Oachirí !
Ese era el grito obligado en tales conflictos; palabra
de ánimo en la riña; grito de triunfo despues
del combate 1 toque de rebato en las convulsiones
estudiantiles; de alegría al castigar al alza fuellesó
acertándole un pelotazo en un ojo; que si por esto
por aquello sobr cvenía reprimenda ó castigo, ya fue·
se individual ó colectivo ..•. pues, firmes Oachirí!
Luego que para mi pasaron los felices tiempos eu
que aquellas palabras tenian todos los significados
imaginables, segun la Eitl!acion en que se aplicáran,
más de una vez movió mi curh~sidad el averiguar su
orígen; pero como mis compañeros lo ignoraban lo
mismo que yo, y como el orgullo propio de la i 'norancia
me ataba la lengua para consultar á extrafio!',
tuve que aplazar la solucion -del problema.
A Igunos años tardé en hallarla, no obstante que
leía todos los libros que me venian á las manos; pero
segun la costumbre le hice siempre el asco á la historia
de nuestra propia Patria, no obstantc el no t ener
nada que envidiar ui en glorias ni en des¡¡stres á la de
ningun pueblo del mundo; y ya me sabia todas las
gran:ies palabras, históricas ó no, que j'esúmen un
acontecimiento, y todavía ignoraba quién, cuándo y
porqué habia pronunciado aquellas que hoy mismo escribo
con emocion :-firmes, Oachirí!
Ahora, lector amado, si tú adoleces de la mismft
ignorancia que yo he confesador continua la lect(ul'a
del presente relato;. que, cuando ya te canse, los recuerdos
que su tí tuJo despierte en tu alma serán compensacion
sobrada del enojo que el mal desarrollo dcl
tema pueda c:\Usarte.
-
Agonizaba la República en 1816. La heroica Oartagena
habia escrito en los lienzos de sus murallas y
con la propia sangre de sus hijos la apoteósis ele sus
héroes, que fué al propio tiempo la inscripcion mortuoria
de la Patria naciente. El pabellon de Oalama!'
"ino á ser el sudario de la Nacion : pero para morir no
se envolvió en él, sinó que lo alzó en alto, y, al caer á
su sombra, quedó en el campo de muerte tan honrado
como" bandera de vencedor clavada sobre los mu-ros
enemigos". .
Los Padres conscriptos de la Patria, bien intencionados
todos, pero engauados con la idea de que ra
posible el p:anteamiento de las ideas republicanas, eu
1ft mas alta concepcion del sistema, en pueblos educados
para la servidumbre y á ella acostumbrados, quisiel'on
hace¡' engrana¡' en la rueda motriz de la }{epública
los piñones mobo os de la monarquía; y trnnquila
y patrióticamcnte discutian sus sueños geneJ'osos
sin alcanzar á oir el caño!) que desplomaba las ciudades
de la Oosta, ni el paso atropellado de lo. batallones
que al trasmotar la cordillera traian al interior
muerte y dcsolacíon.
Oalzada habia conseguido salir bien librado de su
expedicion en los llanos ue Oasanare, y elejando á los
patriotas adormecidos en el sueño ue gloria que ('n
ellos produjo el triunfo ele Oh ire, habia pasado la cordillera,
rehecho su ejército en Ohita, rechazado á los
patriotas en Balágala, y al principiar el año se situaba
en Suratá desde donde, haciendo frente á los que le
persegui>ln, amenazaba al mismo tiempo los valles de
Giron y del Socorro, y aseguraba el camino de Ocaña ,
que debia seguir para obrar en combinacion con las
fuerzas de Morillo.
Los patriotas, que habían reunido los restos de las
fuerzas dcl General Rafael Urdaneta á las que Garcíl\
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
•
58 LA TARDE
Rovil'a habia disciplinado en el Socorro, no vacilaron
en de tacar una partida que, á órdenes del capitan
José l\Iaría l\Iantilla, marchál'a sobre Oúcuta ti Impedir
el envío de recursos á Calzada, cuando éste se dirigió
á Ocaña por el páramo de Oachirí, verillcando una
operacion uperior á su génio, pero en cumplimiento
de us deberes de soldado. Disminuida de esta manera
la fuerza de los patriotas, creyeron inembargo que
su coraje er:1 ba tante á suplir In. inferioridad que en
número y disciplin:1 reconocían, y sin otro pelramiento
que el de alcanzar triunfo de grande trascendencia
Ó muerte glorio a, marcharon en pE;rsecucion de
Calz'ld:1 que, al empreuder el movimiento indicado,
quemó las naves.
nisoños como eran y tenian que ser los patriotas en
materia de guerra, juzgaron decisivo el triunfo con;;eguido
el 8 de febrero sobre la avanzada de 300 húmbres,
que á la elltrn.da del páramo I"-ituó Calza.cla, quien
acampó con el grueso del ejército en RamÍrez, :i tre
jornadas de Ocaña. García Rovira, Santander y los
heroicos campaneros que le ' seguian solo pi(lieron conscjo
á su valor; en con1l1emoracion de la victúri¡, dieron
el nombre de Cnchirí á uno de los batallones
vencedore.>, y resueltamente se internaron en la
fragosa serranía, estimando que cualquier campo era
bueno y sobrado para ,,'encer ó para morir.
Entre tanto Calzac1n, sabedor de los triunfos :::onsl}
guidos por el J ~fe expedicionario, refor7.ado por él
con 300 veternl1o. é impne to de ql\e los patriotas
sc.ilo contaban con mil fu;:i!eros disponible, v(llvió sobre
ellos, y el 11 de FelJrero atacó la avanzauas republicana
, que ignoraban la aproximacion del enemigo.
Naturalmente se batieron en retirada sobre el
campamento, donde el combate se generalizó hasta
que la noche le puso término; y ámbos ejércitos quedaron
apercibidos para la cita mortal en que uno de
lo dos debia desaparecer.
Suena el toque de diana! • •. . Toque nunca oido in
jmpresion profunda, y queen tan solemn<'l oca.<¡ion debió
sonar en ámbo cnmpamentos á la manera de la señal
que iniciaba la lucha de los antiguos gladiadores.
Empeñada In batalla, los repuhlicanos que no babian
tenido otra enseñanza militar que la que del estudio
de la historia podía deducirse, situaron las tropas por
escalones, sin caer en la cuenta de que tal formacion
de batalla no el'9. sostenible por fuer7.as poco ó nada
21guerridas. Se batieron más que con con
desesperacion: pero pronto fueron pel'diendo u' tr-incheras,
viendo caer sus hom bre , morir sus jefes, desplomarse
la causa que sostenian, sin que se oyeran
queja¡::, ni lamentof', pero ni reniegos, sino la voz estentórea
de Garcia Rovira que, de pié ::obre una de
las trincheras, abiel'tos los vestidos para presentar ele
lleno el pecho á las balas enemigas, dominaba el fl'a
gor de la batallll. con c.,ta voz que resumia la órden
general del dia :-FIR~1ES, CACHlRÍ!
- •
Contados fueron los patriota que lograron salvar-se
en aquel gran desastre, y torIo el Norte de la República
quedó sometido á los peninsnlares. El Congreso
de las Provincias Unidns se di'solvió C'om"enchlo,
ya demasiado tarde, de la inoportunidad de liS de"
bates; los jefe' militares juzgando infructuo,o el empeñar
una nueva batalla con lr.s tropa.s que babian reunido
y que> sobre "el' bisoñas, se ballaban completamente
de,:moralizada.'i por la, delTotas sufridas, ar.ordaron
retirarse {¡ Oaf.anare,_ en cuyas pampas la li·
bertnd bu ca ba r l1a1l6 asi lo; el Pre;:idente, por ú 1-
timo, vista la inutilidad de sus esfuer7.0Q para rev;yir
el espíritu público ab¡1tido, tomó el camino de Popayan
con la esperau7.a de que en el Sur, fue e la su€'rte
para la nrmas repnblieanas ménos adyersa qne lo haLía
<¡ido en el Norte.
Pero, como ya álguien lo ha dicho, no siempre triunfnn
en la tierra lIC]uel1os que defienden la jllf:ticia.
Vencido,> los patriota en toda parte~, dcsmoralizados
los pueb que hasta entóncE's no hn bi:m sentido
ni"Rguno de los anullchdüs beneficios de la Rcpúblicn,
e necesitaba la crueldad de Morillo, la fl.:roz dcerepi-tud
do ¡imano y el carácter snnguinario de Enrile
para damo Patria, para cmbrar n los cora7.0ne8
americanos la imi<,nte del odio, y fecundarla con la
gencrosa sangre de nuestro. Padres.
lIarto :111mentada ya la li"t'l do los mártires, di ueltas
y nquc:1das la familias de lo. que habian concebiuo
el ,ueno de la emancipacion, y cuando ya apénas
si quedaba á qnien dar muerte, re 'olvicron los cxpodicionarios
orgnnizar un batallon de niño de las familia
patriotas ; y niños eran porque los jóvenes habian
sucumbido ya en la terrible lucha, ó se ballaban
en lo. campamentos. Ese batallan agrado reciLió en
són de mofa el nombre ele "batallon Gachí¡-!."
Cuántas veces jos heroicos niños, colocados no á manera
ele vanguardia ¡no como trinchera de los lidiadore~,
vieron estrechar us filas por la muerte, que los
pa triotas, sus hermano:::, arrojaban sobre ellos! Ouán
horrorosa situaciOll cnando en las peripecia. del combate
veian lncl inar el triunfo al lado de los oprE'sores
de su Patria; y cuán t victoria la que más do
una vez tuvieron que ver celebrar sobre los tercios
republicanos, en los cuales formaban sus Padres 6 sos
hermanos!
Ellos tenian tambien su palabro de órden; y cuando
por cualquier motivo las filas se conmovian ó la
muerte las eRtrecbaba, ."e oia grito q.ue iba á todos
los corazones :-F¿rmes, Cac-J¿i,d!
-
La guerra h:1. cambiado de escenario, y los campo~
de Yenezuela blanquean con los huesos de los que sucumben
en la lid: en ueva Granada no hubo elementos
sino para morir con gloria; en Venezuela, más
afortunada, loa hubo pam luchar. Los patriotas, que
comprendian la importancia que para ámbas partes
tenia la posesion de la Guayana, luchaban sin descanso
por apoderarse de A.ngostura. La ciudad era
hostilizada por el ínclito general Piar, y para el 11 de
abril el general Latorre sali6 de San Fernando á atacar
por la espalda á los sitiadores. Piar, que nunca se
hizo aguardar para combatir, le salió al encuentro á la
llanura intermedia entre SAN FELTX y SAN MIGUEL.
El jefe realista tenia 1800 veteranos; el patriota. contaba
en sus filas 400 hombres más, pero solo tenia 500
armados de fusil, 400 ginetes, y el resto se componia
de indios arm.aduR de flechas ó lanzas. Como eran ya
las dos de la tarde cuando los ejéJ"eitos se avistaron,
lo compañeros de Piar le observaban que les faltaría
luz para decidir la victoria, pues no dudaban de e113;
pero el jefe, con el arrojo propio de su C0razon de héroe,
no vac¡Jó en comprometer la batalh sin pérdida
de tiempo.
La lucb:1 fué reñIda. Los patriotas no desconocian la
superioridad de la infantería la, pero en aquella
vez el arrojo que rayaba en uror suplió á la dis~iciplina
r al armamento. Ouando apénas tomaban po-icione_,
ya los realista cstaban sobre ellos á tiro de
pi<;tola, pero los recibieron valerosamen te Oh ipia y
Landaeta; los flecberos rechazaron el primer empuje
(le lo' e:Kpedicionarios, que pronto se estrellaron en las
bayonetas de los inf¡¡ntes; las alas de republica.no~
se estrecharon obre ellos, y luego las lanzas de
lo;; llaneros pasaron por allí como una inmensa húz
de acero <'g'1udo vidas y recogiendo glorias. Al ponerse
el sol un cuerpo re;;i. tia con increible heroismo:
formado en cuad ro, al recibir las descargas de la infantería.
patriota, la scgunda fila reeruplazaba.á la pri~
mera, dIezmada; pero )':1 al oscurecer tema aquello
un a p<,cto il1f~rnal: el rnido de In fusilería babia
cesado, Rolo se oia el choque de la lanzas contra las
bayonetas, r en la s(}mhra e entreveian figuras siniestras
quc en "ilenrio daban o recibian la muer.te.
Latorrc, gr:tcias á la oscuridad de la noche pudo escap~
r con 17 de sus compañeros; los demas murieron
en el combate, ó precipitados por el barranco inaccn-ibie
qllE' rei"gnardaba uno de los flancos patriotas, 6
bechos prj"ione y pa ado;; al filo de la espada en.
cumplimiento del decreto de gnerra á muerte <:>0<=== --
La. ma.soa.rilla. de N a. palean I.
A LA. SEÑORITA. ELMIRA A.NTOMA.RCnI.
Si me parece mentira!
Si lo miro y no lo creo!
Si me parece que sufro
La alucinacion de un sueño!
Estoy viendo con mis ojos,
y tocando con mis dedos,
Del Gran Capitan del Siglo
La fa~ modelada en yeso!
y no es copia de otras copias,
Remedo de otros remedos;
Es la. estampa original
Tomada del molde egregio!
Aquí están los trasudores
Que exprimió el último sueño;
Aquí están las quemaduras
De los postreros alientos!
Aquí están las impresiones
De ese combate supremo
En que se liberta el alma
De las prisiones del cuerpo ,
Casi columbrarse pueden
Los agrios, salados besos,
Con que el mar ~~ Sant~ Helena
Despidió á su prlslonero .
Esta muda mascarilla,
MQdel~dtlt en frágil ye~o,
Que sobrevive á los años,
Que no pulverizll. el tiempo;
Que no se altera, ni sufre
Al sol, al aire ni al vien to ;
Que parece haber robado
La dureza del modelo;
Tiene en todos sus contornos
El más intaahable sello,
De ser la primera copia
Del que en todo fué el primero.
Aquí está la altiva frente
Donde entraron y cupieron,
De las grandezas más grandes
Los más grandes pensamientos.
Aquí están aquellos ojos
Que al fruncir el entrecejo,
Producían tempestades
Como Auzterlitz y Marengo.
Aquí están aquellos labjos
Qne, dando la voz de " fuego! "
Cubrieron de plomo al mundo
y de asombro al Universo.
En fin, aquí está la faz
Del moderno Prometeo,
Que dió al buitre, con eu sangre,
La sonrisa del desprecio.
¿ En esa postrera lucha
Quién ganó el mejor trofeo?
Si es la víctima inmortal,
No fué el verdugo por cie rto!
Guarda, muda mascarilla,
En tus facciones de yeso,
Del que fué rey de los reyes
Las glorias y los recuerdos!
Octubre, 15 de ] 874.
LÁZARO MARÍA P.fiREZ.
, OO~()oQ--
EL GRAN SECRETO. •
A RICARDO SILVA.
JII
Nada hay más fácil en el mundo que hacer plata .
y me admiro de que, siendo axiomático este principio
sencillísimo, haya hombres, como yo, que viven
pobres.
-Por perezosos! Chupen! dicen los ricos.
Lo digo yo-Por perezosos.
y en efecto: que los pobres se resuelvan á esperezarse
y trabajar, y los verás ricos en ménos tiempo
del que gasta un cur:l. loco en persignarse.
Todo está reducido á una simpleza entre dos platos-
Co1np1'a?' ba?'ato y '!lende?' caTO. Este es el misterio:
en esto consiste El gran seC1'eto.
Prescindiendo de lo que han robado (porque qu'¿n
tiraria la primera piedra'7 ¿ quién es el que no ha
robado alguna vez 7) prescindiendo, digo, de lo que
han robado, todo lo que tienen lQs!l~ tf,enen pffit," ha
sido adquirido de este modo.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
60 LA TARDE
Co mprar á qui e n o fr ece y vend er á quie n so lic ita:
c o:np r a r en donde abu nd a y v ende r e n d o nde esc ase a.
E - to, que es ta n se n cillo, es lo que ba b ec h o á l os
CI'esos, á los Júcar es y á l os R osch il ds .
Pero, a.l1 n c u a n do es t oy seg uro de que t odos l os
que lean este artí c ul o p a rarán en mill on a ri os s i apre n den
y a plic :ln la r eceta , c reo, e n co n cie n c ia , qu e d e b o
hacel'le- un as p oc a s ad ve rte n cias, y preve nirl os con tra
ciCl' t OS casos d e excep cio no
VIS prim e ras se r e dn ee n á lo s ig ui l:: nte :
1. o Que s i n o ti ene n din e ro ó c r é dito, no c ompl'en,
p orque, m:ís que n egoc ia nte , se rian ladro n es ;
2 . o Que aun q u e t e n g an din ero ó cré dito , n o co m pren,
n i á prec io vil, lo que n o IJu e d a n v e n der; y
3 . o Que, c uando e n c ue n t r e n co mprado r peten el
oj o r -vean á. quié n l e abre n cue n t a ( ocl~li mentis
videant),
Porque, i d e qu é l e apro vec haria á un tratante el
i n t r oduci r á este pa is c uños y patin e ? D e na d a, pu es
los p r im e r os supe r ab undau y 10- últim os so n in apli cabl
es e n nuestro cl im a .
i De q u e provecbo se ria ven de r l o qu e cos t ó diez ,
p OI' ciento q ue u o hub ie ran de pa g a rnos ? D e uinguno,
cla r o está, -
E n tre m os ahora e n al g unos cas os d e ex ce pci o n qu e
p uedan ser vir de r es guardo y de m o d e lo á mi s l ec tor
es .
i. Qni é n n o ha vi s t o y v e , c on pro funda pena, á ian tos
b omb r es ll e nos de bu e n a v o lun t ad y de ap t itn tl ,
ata ca r co n bri o , y v e n ce r co n g iorioso lu cim ie nto
fu e r tes ebs t ác ul os co ntra l os cuales tropi e zan? Y
i q uié n n o l os ha vi -to, y l os ve, d es pu es , t a n a baj o
como es t a b :m ( s i n o m ás) y agravad os C0 11 e l esto rb o
de l os laurel es marcbi tos y de su obra es t é ril que tienen
q ne cal' ga r á cu estas?
i Qué le va l ie r o u s u c ienc ia y s us t r a b aj os á Ma t i7,?
A y! N a rl a. Era pobre y n o en contró mnpa r o! E ra
sabio y n o e n co ntró cons¡~mido¡ · es .
Eso l e pa s ará. al maest¡'o Pon,c e. E l cantará como el
ruise ñ o r: de noche, cuando t o d os duermen; en el
b osq u e, donde no hay qui e n oiga,
Es que, en ciertas tareas d el in ge nio bumano, no
b asta sa ber cuáles son en un n egoc io l::. s condicion es
indispens ables de ser para que s e a ln c rativo.-No.
Hay inclinaciones irres is tibles,bay t ende n c ias anas trado
l'as, hay sinos que llevan forzosamente á tal
homb r e bác ia t a l parte, aun cuando él vea que eso no
le c onviene como elemento de lucro,
"Se n ac e marido, como se nace chapin, H dijo
Manu e l.
E s te afo r ismo, que bien puede pecar de exage rado
cuando se aplica á los hecbos comunes y pros ai cos de
la vida, es de una verdad universal si se le apli ca á
Jos h echos dict a d os (podria d e cirs e exigidos ) p or los
ne" vios, por la inspirabio n ó p o r el g enio.
Qu é desilusion, qué tormento, qu é place r hubi era
sido capaz de apagar la diví nisima MIX que Guti é rre z
Gonzalez irradiaba y difundia '?
Y, ya lo sabes tú, Vivió tri s te y mu r ió J)ob¡·e .
Es que, aun ouando sea. en jaula de oro, el águila
muere de d olor al vers e pres a.
Cuando A q uíl es vivía a pri s ionado p or el am o r de
Didamia y v es tido de mu j er en la co rte d e Li com é d es,
e l as tuto Ulísc-"l, que quel'ia sacarlo de alli , hizo chispear
una e s pada des nuda ante sus oj os. Y el j ó yen
h é r oe lo si g uíÓ.
E l Tas so cantaba á la edad en que. t Gdo s los mu-
9hacbos llomn.
Víctor lIug o era, segun Chatcaubriand, " un enfant
s ublime,"
iFaltaria fu e rza para destripar tenones á Camoe ns,
al Al'iosto, á Dryden, á Milton, á Cervántes, á Corn
e ille?
No; pero ning uno de ellos p UM tene¡' valol' para
d es cender tant~ d es de el ign orado trono que ocupaba.
Vivieron ]?obres y casi murieron de hambre, porque
s us obras ( q u e b oy so n la d e li c ia d e l os humanis tas)
carec ia n el e co ns um ido re en s us tie mp os .
i G r ego ri o bu bie ra p ub li cad o s us poes ías e n una
c iu d a d española parecid a á L ó n d r es , ó á rari s, ó á
Be l' li n, ó á Nu ev a Yo r k , s u ob ra se habria ve ndido
pOI' m ill are e n e l a cto. A qu í se tiraro n tresc ientos
ejem pl a r es que es tán a m on to na dos e n los lug ares de
espe ll dio .
Aí, s i e l ?naestro P o n ce de L eo n hubiera es trenad
o s u Ester e ll u n a ciudad ri ca , p opul os a y cul t a, habri
a n sobrado I i hl'eros que pa gase n el o ri g inal a precio
de oro, centupl icado y m ás .
F irm emente creo , y n ad ie p odrá. n egarme, que si e l
j ó vc n é in ¡,pi ra tl o -maest,.o se ntase plaza de altozanero,
ó d e m en digo , g anaria, c arg ando fard os ó estafand o,
c ien yece m ás de l o qu e ll eg ue á g anar compo ni endo
pi ez as musioa les . Pe r o, i co n qué valor iria. é l á desg
arra¡' SI l m a n t o r e al y á. c ambiar su cetro de oro
p o r un ba t o n de po r diose ro?
El geni o al' tí t ico es tan in ú til aquí, corn o las g rand
es Virtudes . M ej or es ti e mp os ve ndrá n, sin duda;
pero po¡' aho¡'(~ el tal ento es un graváme n.
L a ge nte es t á p or l o p os i t i vo , p o r lo só lido. Nada.
d a pitos ui fl a utas ; n i d e , er sitos , ni de -vaporosas
fanta ía s .
Es t e mi s mo p e ri ód ico co rre riesgo de encallar, no
t anto pol' los quíni e n to::i e rrores tipográ ficos que lleva
cad a n úmeJ' o, cuan to p o rque no pro duce á los l ecto
· re~ c0 5a SÓL I DA .
P cr'o a ~í de b e suceder, y ha suced ido y seguirá sucedienoo
hast a la consumac ion d e los sigl os , á l os
pne1.'¡ I)s j ó"cnes, p obres é ig n orantes , en los cual e s
110 hay m áii apoyo, n i m ás a. p iJ' uc ion, ni más que ganar,
ni m ás noh l e 7,a que e l din e r o .
El l'ico au me nta ¡; U capi t al, h ora por bora , con sus
r e nta, y n a dn. di s ipa e n cons umo impro du c tivo.
El p obre qne n o qu ie r e se r peo n, Ó m e ndi go , ó p~t
a r c1ista , ó l adro n, se m uel-e de h a mbre ó d e hebe tam
iento, aunquo t e n g a m ás habili da d es que Arist
ó t e les .
En l os pueb l os q u e v i v en c omo e l nu estro, la hist
o ria ele la s ci e n cí as : d e las l e tras , de las artes y del
h er o i;;mo, es e l mart irol og io d e l os genios, de las
g rand es a l m as y d e l os g l' a nd e;; corazon es.
Un b ombre, un a v aro m e t a li z ad o, que d e dica todos
sus elementos d e a ce ion ( s u alma, su fu e rza, su
tiempo su influ en cia) á la tare a de h ace l' plata y de
ll enar ~o c hila s , no co mprend e , y oye decir con rabia,
que haya hombres que no a~untan ~a ~opa ~ucin., ni
pid en cu entas á la plaz ~ ra, m saben a co mo cl.rcula el
oro ni cu á ntos granos tie ne nna carg a de malZ.
i' Que r e is pasa¡' p OI' bestia ? -O" basta tener talento
e n la ca s a de Harpa gon,
E s verdad que, aun e n los casos p é¡;imos, suele ganarse
a l O' utl n o mbre ; p e r o es ta hourilla es ingrediente
po co s u;'tancioso para co nfecc io n a r el puche ro.
. D e qué l e s irve un buen n ombre al que, de hambr
~ , ll e va el estó ma go fruncido y el ombligo pegado
al es pinazo?
E s tas r e puta.ci on es son capitales á fondo perdido,
cuya r enta se pO O" Il ( iPara qu é?) e n ultratumba.
H oy qne todo;' s on p o lvo, i qui é n cambial'Ía, qui é n
s e atreveria á comparar la fama de Pluto c on la de
H ome r o' In d e L úc ulo con la d e Virg ilio; la del m ás
opul e nt~ mn.yoraz g o e ¡:p a ~o l c on la de Cervántes ; \.a
d e R ostchild con la d e Goe t e; la de Laffite con la da
Lam a rtine? H ay en la g ran nacion inglesa muchos
hombres centenares d e v eces más ricos que la au- '. . " . g\ls ta, y nohle r e ma; pero, i qUI e n querl'la ser un
J o hn Bull d e oro dc 24 q uilates , más bien que 8hakesp
e are ó Lord Byron?
-
Volviendo á 10 principal, agrego: que hay otros
casos de excepcion que yo apruebo, porque hay razones
es pecial eR para des co nocer, en fa-vor de ellos, la
omnde regla enun ciada sobre el modo de h a cer plata.
'" Así, unas veces Dios , en sus inescrutables designio!',
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA TARDE 61
suspende o viola las leyes naturales, para poder fa vor
ecer á un indi,'iduo ó á un pueblo (como sucede con
las obras gigantescas con que están pasmando al mundo
los titanes antioqueño ); otras, aunque la empresa
principal no sea realizada, todo se compensa, con 1~W?'
a, por los beneficios colaterales y sub iguientes (como
sucederá con El f e?'1'oca?'1'il del NO?,te).
Veamos esto un poco mas despacio, con ánimo imparcial
y con cuidado.
El vuelo que ha tomado Antioquia está á la vista
de todos los que leen los papeles de la Imprenta del
Estado, y seria inexplicable para quien quiera que lo
investigara, si no estuviera demostrado que todo se
se hace por favor especial de la Divina Providencia;
cosa tan sabida en e a tierra, que todos los años, el
primero de enero, hay Te cle1¿m oficial en accion de
• gracias.
y con razon: porque sólo el poder de Dios ha sido
capaz de los milagros cumplidos,
Así pues, aun cuando Autioquia es la tierra de los
bosques seculares y de las maderas recias, el gobierno
importó el otro dia varias toneladas de mangos de ha·
chas &c. comprados en el estranjero, que tiene apénas
los que necesita.
Despues montaron fábrioa de ácido sulfúrico, cuyas
cáma1'as condensan y chorrean el precioso líquido á
torrentes, aun cnando solo lo aplican, por ahora diJuido
para ensalada, cuando hay algunajoglería; y van
derramándolo al rio, miéntras terminan un ferrocarril,
por el cual piensan exportarlo para Europa y
Norte América en donde parece que es casi desconocido
el tal licor.
El ferrocaril debe de estar casi concluido, y muy
pronto oscurecerá, eclipsará, y borrará de la haz de
esas comarcas al filmoso carretero abierto en cuatl'O
dias y sin costo álguno por una congregacion de sábioE
del país: camino que llenó de gloria á ese go1¡iel'l1o,
y por el cual iban caballeros y damas tendidos horizontal
i mll ellemente, arrastrados por bueyes galoperos,
desde :\leclellin hasta puerto BERRW! y viceversa,
Pues bien: todo eso era muy bueno; pero no bastó
á satisfacer la ambician de esos Yankees meriridiourdes.
Entónce3 acometieron la obra del ferrocarril,
el cual creo qué estará terminado al mismo tiempo
que el del Nú't'te..
Pero estas cosas, como hechas expr€samente por
ordenacion de lo alto no están al alcance de un escritor
profano.
Paso á tr:atar del fe?'rocarril del Norte, que es materia
tangible y demostrable.
Por acá no se hacen las cosas como en Antioquia:
por acá se llevan las cuentas en la punta de los dedos
y se calcula á que parte es probable que vayan ellas
, a parar.
Yo que he estudiado la euestion y que me la. sé de
memoria, voy á pintarla con tres o cuatro brochazos,
para sostenerla; y desafío al testaferro de Salvadol'
para que "nos combatamos en lid ferida de palabras."
Seré lacónico porque me duele el bl'azo, cansado de
escribir, y porque el tiempo es corto,
:Mi razonamiento es el siguiente: "O salimos CO?~
el f er1'ocan'U, 6 no salimos". rEsto me parece medianamente
claro, mi amigo Camacho), Si salimos con él,
salimos con él (:lq uí repi to el IJaréntesis anterior); si
no salimos (que tal vez es lo que nos conviene) los 20
millones, ojalá fueran 40, que mandamos á.
prestados, nos servirán para lJa/Tandear por algunos
año, i para matar el tiempo, ya haciendo y debelan·
do revol ucione , ya haciendo sll!l'ag io pop~¡la?', es deej¡'
presidentes sucesores y sucesivos, ya alimentando
en los em aspirantes y e cogidos, los e<:tómagas,
la digestion, la fé y el entusiasmo.
Así correrémos la tuna algunos año:>. Y despues .....
• • . . El que venga atras que arrée.
-Pero hombre dirá mi contrincante: E"o no es
patriótico.
-Qué vienes tu á moler con tu patriotería, responc;
10 yo i, Qué significa esa palabra? No ves , Ó j uro al cielo que no seremos dichos
ni uno ni otro!
-Lo que estás di ciendo, primo, no sale de ti mismo,
replicó el escultor al go conmovido ; e el uelllonio
que te tienta y habla en tu lugar. Deja á Dio que so
encargue de t odo; i quién sabe i próximamente no
e realizará lo que de ea. ? Ya conoce la condicion
para obtener la mano de Fr ncli ; al tratar de ll enarla
cada uno por nuestro lado, ¿ no puede suceder que;
le toque la suerte reservada ha ta aqm á t odos los
IIauser, de cuya manera cederá el puebto al otro '1
-lIan fijó en Ulrico u ojo ardiente, y exclamó
-y otro, ,. serás tú, .. quizás ...
Ulrico meneó la cabeza.
-Ya , a que la uerte no se mue tra propicia
copmigo, repu o con algo de amargura, y tendrla der
echo para quC'jarme si no contase con el que está
arriua.
- i Pero cuándo decidirá entre nosotros dos?
exclamó lIans con acento exaltado.
- A ca o dentro de un in tantc, interrumpió el
escultor, que parecia haber e di traldo por los rumores
y por la o curidad que prineipi~ban á en,olver
la montaña; hai>ta e te momento, la Ira te ha hecho
ciego y sordo, pero oye y mira lo que tienes delante
de los ojos.
La mano del jóven señalaba Mcia el Mediodia; el
cazador hech6 una mirada, y se estremeció. A l()
largo de lo pico mas elevados descendian rápidamente
negros nubarrones como impelidos pOI' un
viento furioso' el aire cortante de lo ventisqueros se
habia pue to daliente, y unos gruñi~o sordos l:odaban
en el fondo de lá gargantas cubiertas de Dle'e.
De pues de baber e tudiado rápidamente tos síntomas,
un rayo de alegría feroz pa ó por las facciones
del cazador de gamuza.
- i Por mi vida, acabas ue hablar como un profeta
! le u ijo vol vienuo e hácia su primo; y tu pl'e-dicion
e, tá próxima á cumplirse. .. .
- e prepara una tenpe tad, diJO Inca.
_ Es el f cchn (1) que e adelan.ta, rcpu o U.ans ~.n
los ojo fijos en el hOrÍzonte; i lente ese aire calldo?
i ves esas nube formando remolinos en los precipicios?
Ulrico e acordó al punto de los temores que
habia manifestado el ,iejo Job en el momento de su
marcha. Como todos los montañeses, conocia e a
tromba ardiente que de I de iertos del Africa vieno
á caer obre lo A I pe!:', de truyendo cuanto encuentra
á su paso, Entre el número de los temibles fe~meno
contra los cuales se e trellan el valor y la lDdu
tria de los hombre, quizás ninguno puede compararse
con aquel cuyo nombre acabamo de pronuncial',
Aun en el fondo de los valle, cnanuo so anun-ciaba
el f(chll se encerraban los ganado, be apagaba
la lumbre, y 'nadie se atre,ia á pa ar del umural de
su puerta.
El jóven escultor preguntó á su compañero si estaba
bien seguro de que era el f<.e/m.
_ Muy segu!o estoy, repuso el cazador que habla
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA TARDE 63
levantado la mano para sentiL' el viento; d entro de sobre el vacío, y que s e meneaba; á la. izquierda uua.
II in tantes se hallad, aqui; has querido que g ri eta abi erta de r epente, por todas partes los
DIOs pronuncie Dio te ha oido y va á decidir entre clla quidos del hielo que se rompe, los silbidos furiosos
los do, El que pueda bajar al Eoge se asará con d el viento, lo rugidos del ngua, y por úl timo, sobre
Neli; adio-, cuith\ de ti; yo voy á tl'atar de sal- e3te catacli 100, la noche que bajaba rapidarn eote para
varme, quitarle ha ta la última es pcranzn.
y in e peral' la re pue ta, IIan conió al sitio in embargo, el jóYen montañes continuaba luchan -
méno ancbo de la grieta, apoyó u garrote á la ori- do contra lo pe ligro. En medio de la coufu ion de SU!I
lla, pegó un brinco y cayó al otro In.d . En vano 1- ideas mil veces interl'ulllpid:1", parecia sobrenadar 01
rico le llamó; el cazador cOl'l'ió adelante in oir nada, recnerdo de Frene li, el cu:\l lo daba una voluntad
y desap'll'eció en la c;;pp-a nube que subia por la vital que sostenia su fu e rzas. Do ~ graciadamente no
vertientes. in nin¡!;un medio para seguide, Ulric sabia dénde se encontraba. Aturdido por el ruido,
d ebió \'0 1\' 01'" e Il!\cia atd . . Per eguido ya por la cegado por la blancura de lo ue le rodeaha, turbado
ráfagas precu\' oras f¡p)m, tomó su camino por el por tanto rodeo, le el'a im ble volver á encontrar
venti qnero, yen vez de ganar, como IIans, la altu - su direccion; y in embargo la !loche ~e adelantaba,
ras donde la. accion del viento no era tan fuerte, bajó IL'ico sc detuvo de nuevo y trató de darse cuenta de
hácia el "\Vellgem-Alpp, lo mas de pri. n. que lo fué la po icion le la cimas que di tinguia alumbrada"
posible; pero la nieve. bl:1llda ya, principiaban :í. I por los últimos re p del dia. Ya hauia podidoabrir-
e; en el ven ti quero e oían cha quido. mul- reconocer las mils elevadas, y luego 1" que se hallatiplicadoo;
rMagas de un ail'e caliente pa aban por ban má próximas cuando un rumor terriblo resonÓ
tan tes é iban á perderse con silbi Jos agudos en de repente en las' profundidades del ventisqucro, y
la heladas a"'ua de las cumbrcs. 19un a,es de salió retumbando por toda las hendidura de las rorapiña
orprendida- en el cielo, vo1a.ban á todl. pri a caso En el mi mo instante Ull'ico vacil ó ; el "enti -
ti su retiro, lanzando de di, tancia en di~tancia un quera acababa de temblar uajo suc; pié". Bien lut>go
grito lúgubre, y debajo, en la cuestas inferiore e otro sacudimiento e tuvo á punto de baccrle perder
oÍ<\ la tromba de lo Alpes, cuyas notas la ti mera y el equilibrio; IUl:'go se sucedieron otros más próximo",
prolongada- brincaban de abi mo en abi mo desper- más iguales, y en fin se confundieron todo en un
tando lo eco, eentinelas invi ibles de las rOca que movimiento uniforme, pero sensible. No habia lugar
parecian COITer al grito de alarma. á más dudas; el ventisquero e taba en marcha y ba-
U:rico e.'aminó el horizonte con inquietud. La jaba al valle.
nubes e adelantaban con mi I apidez que ántes; ya Comprendiendo que la menor tardanza era unn.
las cima;; vecinas habian desaparecido y se hallaba cue tion de vida ó muerte, el j6ven se ,ol,ió hácia
envuelto en un manto de bruma que se e tl'echaba atrá, corriendo hácia el pico má cercano. Sin empor
toda pa\'tp~, impeli \lo poi' el fcehn. POI' fin bargo, annqne no era largo, el camino que habia- que
llegó este con toda su violencia. El jóven arrebatado andar ofrecia grande dificultade. Ademas de los
pOI' su soplo siguió bajando oblicuamente el venti· torrentes que se precipitauan de las altura, los puenquero
teniendo cui¡hdo de evitar las grietas donde de nieve que mediaban entl'e los abi mas se hunhabria
podido urnerjir e; a i llegó á un recodo don- dian uno despues de otro, dejando á descubierto mil
de el viento detenido por un pico de la montaña, le boca por donde se despeñaban las aguas con estrépito.
permiLió detenel' su carrera. Allí e dejó caer sobr- El movimiento del ven ti quero se parecia al de un
la peña tan aturdido y falto de respiracion, que pere rio de man a corriente; detenido'de di tancia en diBmaneció
inmóvil mucho tiempo. Cuaudo al c:-.bo tancia pOI' las de igualdades del camino, unas vece!!
pudo mirar en torno suyo torIo habia ya cambiado de parecia hervÍL', y otras formab:l una ca cada de nieve
a pecto. Banida por la violencia deljrohn, las nubes que s8_preeipitaba con más rapidez, Ulrico, tropezanflotaban
á lo léjo, y la montaña, completamente do á cada paso en aquel suelo movedizo, logró sin
libl'e, dejaba á de cubierto todos us picos; pero el embargo salir de la coniente principal. Se hallaba
~oplo africano que continu:1ba formando remolinos en próximo á alcanzar lo límites de aquel rio sólido;
torno de las rocas, se de-lizaba por la cuesta, en- ya habia atrave ado vari puentes de nieve, y aentraba
furioso en la gargantas, y todo pareeia abbn- baba ele reconocer uno de los contl'afuertes del vendarse
con u abrasado contacto. Biljo las nieves abiel'· ti quera. Reanimado por esta vista, reunió todo su
tas, se veían arroyuelos que principiaban á bajar á valor en un po trer esfuerzo, y se lanzó. , De repente
los banancos en espumosas ca. eadas. el suelo vaciló; no tuvo má tiempo que para. extender
El j6ven se lP'n.·l tÍ, y abrig'\do por loe; altos surcos
que entrocortaulln el venti quera, continuó con gran
trabajo II e Imino. No habienrlo sentido.nunca el ímpetu
del f~hn ino en lo valle- adonde llega ya frio
por su paso á través de la mont:\ií '1S, no habia ospechado
lo que pudia ser obre aque llas altura heladas
que á su contacto parecian disolverse súbitamente.
A medldt\ que se adelantaba, e dp~h,cian las nieve
por toda p"rtes; lo" arroy03 crecido como torrentes,
rodaban por 10- do peñaderos de la montaiía en anch:
indo. e siempre y juntand ) su. ondas; las rocas,
arrancallas p l' la ba e, rodaban primero por la cuesta
re-baladiz" luego, saltando al primer ob,táculo, se
lanzab n en brinco gigante co , y e hundian en los
abi mos, donde ]¡ll'gO tiempo de pues de su caida ro·
sonaba u l'uiJo sonoro. La capas ele nieve acumuladas
súbre las pendiente", se precipitaban con e trépito,
y recojienJo cuanto encontmban en su carrem
iban á lIenal' los barrancos, ele donde sal taban en
polvo y en e puma. Por momentos, aqllellos Alpe
con tl'uitlos por el il1\'ierno pflrecian caer en ruina, y
BU colo-al do "quici:1miento cerraba uno des pues de
otro todo" lo caminos
En vano bu en.b:\ U}¡'ico una sfllida ; aqui habin una
cascada; allá un témpano de nieve que le cen'aba el
paso; á la derecha una roca arrojada como un arca
los brazo á deJ'echa é izq II iel'd<.L para agarrarse, y
permaneció así hundIdo ha ta la cintura en el arca
de nieve.
Hubo un momento supremo; sen tia ,u~ pié en el
vacío y que se le enfriaban con el viento del abismo;
inmóvil y conteniencl ha ta el aliento, permaneció
alO'unos egundos en la misma actitud, tratando de
adivinar la anchura del hueco, y luego extendió lentamente
1ft mano hácia su peta, que so le habia
escapado, con la e peranza de que, atra,esllndola por
lo bordes, podria servirle de apoyo; pero en ese
movimiento la nieve cedió; un ligero cha quiJo corrió
1\ lo largo do la abertura, y el puente se hundIÓ
con I en el abIsmo,
rn
Al dia iguionte, cuando a~aneciú, el faltn habia
ce"ado de soplar; pero e podla reconocer su pa~o en
lo ángulos cubierto, en las cimas de pCljadas de
nieve> y en 10 torrentes que acababan de desencadenarse'
por el valla. El cielCl habin recobrado tintn
de inviel'llo de un azul p i1ido, in una sola nube>, parecido
:í. un velo inmell"iO sUc pendido sobre 103 A I pt>!! ,
• illembal'rTo la tempel'atura se habia. mejorado; habia
en el ~i;e no é qué anuncio pl'imaveriles que RO
bacian sentir hasta en aqnellas á, peras altura. LOII
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
•
G4 LA TARDE
vestiqueros habian recobrado s u inmovilidad silencioa,
y el silencio principiaba á r eina r de nuevo en
aqu e llas salvajes soledade .
Refugiado e n uno de los más altos pico~, Job habia
dejado pa al' el flXhn en seguritlad ; pero las nieves
que continuaban co rriendo sobre las pC'ndiente , l e
obligaban á aplazar la. expl ota cion de su milla. de cristal.
En cuanto a amó e l di a, e l anciano se dirigió tranquilamente
hácia la s r egio n es inferiores donde pen ab a
que el de hielo lo facilitaría e l r ecoge r al gunas plantas.
Bien luego ll egó Mcia el sitio donde el d uici
a mi e nto de::! ventisquero habia sorprendido ¡í U I
.1: inguno de los a ccidente de aquella ma r helada. con-ccrdaban
con los nto que conoci a; Job sentí a
r en acer u curi y bajó para ver más de cerca
aqu e lla extraña revoluci on. e ndo prudentemente
la cumbre, se aventur ó e n fin con precllucion sob re la
superficie helada, deteniéndose de distancia e n distan
c ia para a~egurarse de la olidez de la r oca; p ero
co ntenid o por a lgun obstác ulo interior, e l \'enti quera
no t e niá ya ningun moviruiento sensible; únicam
ente encontraba á cada. paso t estim on ios de su marcha
de la ví ·pera. Al ll€'gar á un o de l os puentes
improvisados por el huraean, sos t enido milngrosamente
por un arco lij e ro sob re el abi s mo, Job tl esc ubríó
medio sumergido e n la ni eve un objeto que llam ó su
atencion; era. la carabina de Ulríco !
El anciano so l.tó un g rito y se volvió sobrecogido
de espanto há cia la boca d e l precipici o ; en s us blancas
pared es se podian distInguir todavia las hnellas
de los pasos del j ó ven cazador, y el s itio por donde
habia desaparecido. El anciano quiso mirar al fond o;
pero el abi&mo, des pu es de hundirse entre dos murallas
de UD verde azulado, se volvia bruscamente, y
no dejaba ver sino una profundidad tenebrosa. Job
se arrodilló al borde, adelantó su cabeza y lanzó un
grito: la voz se prolongó sordamente á lo largo del
golfo misterioso ; pero no oyó respuesta. Inclinándose
más, lanzó un segundo grito, y luego otro; esta vez
le pareció oit' un sonido, pero tan incierto, que se
preguntó si era la infiltracion de las aguas subterráneas
ó el eco de su propia voz. Sin embargo á estas
llamadas sucesivas, la respuesta llegó m é nos confusa.
Sin distinguir las palabras pronunciadas, el viejo reconoció
una voz humana; se l evantó de prisa, desarrolló
la cuerda que llevaba al cnerpo, y de pues de haberla
fijado en un garfio de hierro adherido á la peña,
la -dejó deslizar hasta el fondo de la grieta por el sitio
mismo donde habia oido la voz. La cuerda desapareció
cuan larg a era, y permaneció flotante algunos
momentos ; en Ca l b :ldo sob re el golfo, J ob r enovó sus
gritos de advcrtencia; por fin le pareci ó quo la cuerda
se agitaba, estiráudose l e ntamente, y principió á
rozar l os bordes de la ab ertura. El ,iejo, con una
rodilla apoyada en la extremidad, uperio\", y agarrado
con la mano d e recha al garfio de hieno, miraba el
abismo oscuro; d e r ep ente cesó la oscilacion de la
cuerda; el que s ubia se habia d e tenido.
-j Valor j gritó Job; i no sueltes !
La cuerda siguió inmo"il. .
-Animo; soy y o, Ulrico, el tia J ob; Dios me ha
traido en tu socorro; quiere salvarte. Vamos, ayúda{:
t, hijo mio, si eres un hombre, s i quieres ,01' de nuevo
á la Trina y á Frene li.
A este último n omb r e, la cu e rda se estrem eció;
hubo un instante de incertidumbre, pero al cabo s e
en movimiento; l[l. asc e nsion l'ontinuaba como
El vi ejo seguia animando ú U1rico con los ojos fijo,>
en el derrumbadero; p o r fin vió urgi r de sus tinieblas
una cabeza desnu da y tiesa; de catla mecha de
cabe 110s pendia un trozo de }Jielo, y el ro. t ro alumbrado
por los r eflejos verdosos del uero parecía
como petrificado.
Al ver la lentitud automática de sus movimientos,
se habria dicho un cadún"l' galvanizado p o r alguna
mágica evócacion, y que salia de las entrañas de la
til~ rra sin voz y sin pensamionto. En el instante en
quo aquella cabeza -e alzó sobre el abislllo, Job tir'
de la cue r da con un e fuerzo de ' esperado, y Irico
cayó teudiuo al borde del abismo.
El viejú montaíié;; doj
Citación recomendada (normas APA)
"La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 8", -:-, 1874. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2092956/), el día 2026-04-04.
¡Disfruta más de la BDB!
Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.