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PERIODIOO DEDICADO A LA LITERATURA
Serie 1. Bogotá, 8 de Setiembre de 1874. Número l.
. ...
•
Af\ DE. ,
Excitados por varios amigos y deseosos de
contribuir por nuestra parte en algo al sostenimiento
de la literatura nacional, h emos determinado
fundal' lln periódico, qlle sirva de órgano
á la juventud estudiosa 6 inteligente del
pais, y á los escritores que por la pureza de su
estilo y producciones de indisp utable mérito
han alcanzado r enombre y fuma, y contribuido
con su pluma al brill o y prestigio O~C><>>----
ESPERESE A TOMAR CHOCOLATE.
En ac¡nel dia, mi almuerzo fué sumamentc parco;
pudiera decir que no habia hecho sino de aj'unarmc,
puc-to que no habia tomado ma que una taza de
café con leche en una fondn, gracias á que un amigo
me tenia inví tado á ello. Las doce erian cuando
can"ado de tener hambre, (pue e advertir que soy
empleado cesante con olor de oposicioni ta) mo
fuí á la casa de correo y por entretener la vi ta, la
imaginacion y el estómago, me pu e á leer las listas
de cartas atrazadas.
Mi nombre en una de ellas! Pues á In. "entanilla
,1 pedil' la cal'ta, Efectivamente habia una para mí y
deuia de venir de muy léjos, porque tenia má sellos
y lIl11illas que una puerta de fragua ó las ancas
dc un toro llanero.
Letra e-paüola, Escrita en Valparaisu! Firmada
por. ' .. por ..•. Antonio Palencia!! Qué sorpresa!
Mi tio, que partió de aquí hace tl'cinta año, cm
quien me escribia!
De,"oré aquella carta cuya letra era clam como el
agua de la fuente para auer qué cla e de legurl0,
reO'alo 6 comodidad me brindaba; cuando ménos, me
diTe, me propone que me vaya á manejarle us c~la~tia
os intere~e~ . Pue nada de eso: la carta se ImutaLa
á preguntarme por mi madre (ojalá hubiera.
podido contestarle que vivia) á enc-argarme
buen cri tiano ; que no fuera á malbarat.ar lano,b~um
de mi nombre y por último, me encarecia que hlclCra
una visita á Dona Cármen ...,ánchez, u antigua amiga
y mad1'Ína de confirma~ion y ... , nada. más. Y ho
aquí uu hombre dispue to á continuar con su ham-bre,
con su mal humor y con u mala uerte. ,
Salia con mi carta en la mano lleno de decepcwnes,
cuando de manos á boca me encuentro con ~\.ntonio
Bermúdez, Qué abrazo aquel tan a pretaclo!
Qué cara aquella tan verdaderamente alegro por
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LA TARDE 3
haberme hallado! Qué de preguntas repetidas! Y
qué de hanza tan finas! El hombre debia de continuar
rico como lo dejé en Ct'tcuta bará cuatro años,
pue, e taba nuevo de punta á punta y olía á pura
flor'eR; tal como huelen 1o que a.len de la. peluquel'ía,
Hacienuo de tripa corazon y procurando olvidar
el hambre; hice cara alegre y lo recibí como bien lo
merece un hombre tino, constante y sobre todo, amigo
verdadero.
-Qué haces ahora? Me preguntó echándome el
brazo por sobre el hombro y Ilevá.ndome en direccion
de la plazn,
- ada, llntonio, toy in oeupaeion.
- No te han dado deRti no ahora?
- .L'IO; debí contestarle con un je to en los labios
y con un movimiento Je cabeza, pues me replicó:
-y e o por qué serio ,
-Pue hombre, no acier'to á deci rlo,
-Qué diablura! Pero no se te dé nada que se me
oellrre llna co. a, Ven nos tornamos uu trago.\' te
diré lo que píen o ,
Si ~iquie¡'a fuera algo sólido, decin. para mí, vaya. ;
pero metel'le abora bl'anuy al e t6mugo, ca i á la
raiz de la;; pura., carnes, como dt:cimos por acá, e
una barbaridad; pero qué e ha de bacer !
Cuando estnvirno sentado junto á la me-a en un
re taurante, me propuso que me fUCl'a par¡l U ílcuta
con él á asi ' tirle un almacen de merca,ncía , Ofreció
me cien PPS05 de su lelo mensuale" una parte en las
utilidadcs y hacerme lo gasto, del viaj e ,
Yo me he derlicarlo á los añiles y á la siembra del
café, me deeia y necesito de una persona como tú en
quicn depositar' mi confi,lnza, Qué ft!liz fuera yo" me
repetia poniénd me la mano en el bombro con cariño,
si pudiese irme contigo! Qué dices?
-Pues no es po"ible decidir en el momento, déjame
pen aro
-Bien: vas á. darme el gusto de comer conmigo
esta tarde; á las cuatro te espero donde :l\I. Viollet
y allí me darús la. razon; no e así?
-Convenido, le contesté dándole la. mano para
desped il'l1o ,
Vaya que no está Dio tan enojado, exclamé en mis
adentro; y animado por el brandy y por la esperanza
de una vida mejor, empecé á ver el mundo pequeño y
á los que pasaban por junto á mí como indignos de
mi atencion, Con lo que se cont~ntan estos b árbaros,
pen aba al ver los almacenes, Tendré á mis órdenes
dosci entos mil pesos y ent6nces .. . • yo veré si necesito
de sus destinos. Por cierto sí.
" Oh loca fanta5ía
Que palacios faUrica en los vientos
Modera tu a legl'Ía .. .• " ,
E ,to . pasó recitnnuo un niño qne iba con un libro
en la mano y que probablemente r epasaba su fábuht
de la Lechera pal'a recitarla. en el colejio, y confleso
que la tal casualidad me llamó al ó I'ueu y me hizo
m editar, Pero de un modo ú otro, lo que importaba
era, come!' aq .¡ella tard e .
Dicho y hecho, al 5crutadora y aquel con ladddos roncos y destemplados,
-Mi eñora Doiln. C'trmen; m uy buenas tardes,
dije al ver á la ancian,'1,
-Oa ballero, b uc'1as tarde' , Si;;:\ u ,teJo Si én t e,
me con te ,tó señalándome un c ~ul'1p é cercano ,í. un
s ill on forrado en baqueta, cn el !lue se arrellenó la
• eño¡'a,
-Vengo á cum pHr con una r ecomendacio)) de un
tio mio,
- ' Í, seño!', manlle ust d,
-Mi tio Antonio PaleneLt me recomi enda la su-luue
en s u nombre y que le haga una vi itn,
-Oiga ! cout"jue usted es su sobrino '1 dijo mi¡'ándome
con euriusidad, Y en dónde e"tá ahol'a .:~n tonio ~
:l\Ie babian dicho qUEl ya em mue¡'to,
- 0, mi sciíora, vive en Valparaiso y segun noti-
, , eras, 511 uy neo,
-Qué le parece! Quién creyera; cuando se fue de
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• • LA TARDE •
aquí tan pobre! Es decir que ustcd e3 el bijo de. Decia esto con tal gravedad, con tal uncion, que
MarIa del Rlsario 1,1 hel mlna '? me p'lraliz6. La cuchara que iria ya pOI' la mitad del
-f:ií, mi señora, para senil' u"ted. ca\1Jino del pocillo bácin la. hoca, !'e quedó en el cami-
-Yo lo ,í n ~\ce r á u. tcd, cI'ia tu\'a, así como á Au- no. ]~l hocudo t¡ue ya uajaua Ibtu, dduvo taUluicn
tonio. Oómo crecen ahol'a las jente5 ! Ayer gateaba. fiU viaje y touo quedó en ¡;nspen:,o al oir aquello. L!l
usted y hoy ya cs nn bizarro muzo. ¡;cñora ]lUI' su parte, tamulcn u-pendió opcra('iolles.
- G I'acia. , n. i . eDora. Van- Die se hauria dado tre tn'pezones, pOI' <:lIl'UlI-
-Pues Clllí.nto me alegro de verlo otra vez, y ya irar para, un cuudro, tal asunto. Ella, con su plato
llOlllul'e hecho y del' cho. voh' iendo á Antonio; sobre las J'odilas, inc1illadll. luicia mí y con la boca
qué nnis le dice? abierta al prollunciar la última palubm de aumiracion;
-Xatla particular. excepto Jo currplimielltos de yo, COIl 106 ojos fijos, el lJOcado )' cllch:l.Ia en uspen o
familia. r lleno )1robaulemellte tle una ano iedad indagadora,
L:l seríora tenia de,cuuiel'ta la cabeza blanca como no eran ji gul'as mur despreciaulcs, atenditlosla hora,
un copo de al godon. La cara y u_anos aunque r s lo ' perl'>ollajes, el itio, la ocUP¡OCiOll y demas circuus-con~
e rvaban e~a blancura rOf'ada hijas de uuena CUI'- tancí-as agravantes.
lIia, costumbre.'; sanas y l\lejor sal ud. Fisonomía -Pues mire: Dios ha querido que yo descargue
tmnqllila: e ' llI'csiva y ulll:'no:< J11 oc1aleE', eran l'a. gos mi conciencia ántes de morirme y qllé sea u:sted el
cal'a(;terí"ticos en Doiia C~írmen. La edad no le habia depositano y disfrutador de una fortuna,
amortiguado su trato bené, 0 10 y conver:sacion agl'ada- -De una fortuna! esclamé CUHbi atracado con el
bl e ; en ella 110 l.!abia de viejo sino las arruga::;, las pan y chocolate que habian empezado á bajal al es-callas
y la jibo~idad de sus e<']laldas. tómago.
A poco de l.!aber gastado algo más de conversacion, -De una fortuna, sí seíier. Y ha (le saber uua
llegó la criada, mocetona que me abrió la puerta y cosa: que ésa cal·ta de su tio ha bido la que 10110.
baludandome me prco:entó un az~lfate COll cigarro y p to en el camino.' El era el destinado para ello, y
un bl'acel'illo dC' plata. Hoy e mala crianza que un como siempre llauia ofrecido venir, se fucron pa.hndo
criado su1ude. Ha ta en esto se conocían las rancia, años y añus, ha ~ ta que aLora ,eo que yo pronto mocostumbres
de la senora. riré. Quiéu mejor que mi ahijauo podia l.!abel' di fru-
Los tules cip.arro~, hechos en la casrl, pues la forma tado de aquello? Pero ya que él c"tá millonario por
revelaba á gritos la fábrica, olian á ninil!a y P. hojas allá y que una per ona de la familia como usted lo
de higuera que daba gusto. Encendimos puc;;, cada necesita más bien'Í por qué no diofrutal'lo? Yo soy
11no el nuestro y entre humo y humo so pasó la tarde sola en el mundo, no tengo herederos y por lo dias
como se pasa siempre la vida. Al sentíl las seis, me que me fal·tan tengo lo necesario. Así pue, está
puse de pié para despedirme. resuelto que usted disfrute de aquello, cumpliendo
-No se vaya todavía, me dijo con cariño la. señora. eso sí, con algunas obligaciones.
Espérese á tomar chocolate: qué se "á á hacer ahora? En e tas íuamos cuando 110 ca muió la criada los
u jicarazo para quien se hallaba literalmente platos por otr con dulce de br'evas y arepa y luego
vacío era \.:n reourso 110 despreciable. Oierto es que nos dió en jarros de plata, agua delgada, suave, fresca
iba á jugársela al estómago, cojiéndolo entre dos y cristalina. n cigarro hizo punto y yo continué
desayunos, pero cuáutas veces se habrá pasado sin iendo solo oido . Jamas he puesto tanta atencion.
ninguno? -Pues ha de saber, continuó la señora, que yo
Ilacíamo aun el resistído cuando me dijo: mírelo tuve un hermano sacm dote que fué cura del Socorre
ya está aquí. Siéntese y haga la penitencia. en la época' de la Independencia. OOlDprometimientos
Servilletas blancas como el armiño; platos de tras- polílicos lo l.!icieron ,cnir intenpestivamente, y vivia.
parente tf.lavera ; ya oye señor lector? de talavera. aquí conmigo cuando lo sorprendió la enfermedad tle
Ya muchos de los que boy me leen no entienden foi- la muerte. El dia. en que recibió los Santos Sacraquier
·a la palabra, mucho ménos conocerán aquella mentos, que fué la víspera de su muerte, me llamó y
loza con figuras chinescas y relieves dorado!'. Hey en . me dijo <¡ne en el oratorio, entre el forro de la piedra
la Ohina illisma ya ni el Emper. trajo la criada. la otra vela
que habia dei ado en el apo. ento.
Oontiuucmo • .Aquello estaba escrito en un estilo
particular como para que no fuera Lo
rec'lerdo todo como i lo leyera ahora mI mo.
"De los tl'e clavo sólo hay uno." (Ahora que escribo
e' to me da tentacion de ri'ia).
" Tras de la está el sepulcro."
" . n fonclo cubre otrO fondo. Mas el verdadero fondo
e"tá entre dos fondos."
'El arca e tá en el centro y el bien la rodea."
Instintivamente no alzamo á mirar, ella con ex·
tl'añeza y yo con tupor.
_Comprende?
-Cómo no! n clavo ....
_Espél'e e, me dijo, como 'queriendo atajarme la
palabra con la mano. n cla\·o. _ .. porque hay que
advertir que yo he e tudiado e to mucho. Un clavo
está primero.
- 'í, señora.
--Pa ado este clavo .• _ .
-Bien, pa ado e clavo?
- igue una piedra ó lo a detras de la cual y entre
dos fondo!;, uno tapado con otro, están las onzas.
-Bueno las onzas e tán ahí, pero qué es eso del
arca?
-E o es lo siguiente: en un cofre que está en el
centro de las onza', están la joya y alhajas.
-Ciel'to! exclamé dejando conocer demasiado mi
am bicion, mi avaricia, mi ...•
La señora, Ql'prendia, me miró con fijeza. Viendo
aquello, pen é: qué aca ahora la abuela con arrepentir
e ? Para alTancarme cl secreto nece ita de
matarme y yo mañana mismo marcharé para el Socorro.
-Pero bueno, mo dijo como si hubiera adivinado
lo que yo pen aba; lo importante de esto está en
este otro papel, pues es el que tiene la direccion de
la casa.
-A vel'! exclamé.
a 19o. La 1 uz de la vela y el estar
de pié me han fatigado. Encendamos un tabaco y
1 uego concluiremo!>.
Qué tabaco ni qué demonios! decia yo entre mí,
de haciéndome de avaricia y dese pera0ioll. Pujaba
como un iracundo y mis ojos probablemente
que se saldrian de las órbita. Jama me habia sentido,
yo que he sido tan poco ambicioso, tan tentado
por el demonio de la avaricia'
os sentamos. JjJlta fumaba con una pacieneia envidiable,
yo no al'rojaba humo sino vapores de cráter
de infierno!
Durante aquel cigarro que fué ma largo que la.
etel'l1idad dc los réprobo, me dabr¡ con' ejos acerca de
lo que habia de hacel' con lo que á mí me tocara. Sea
caritativo con los pobres, me decía con acento materual,
que esa riqueza no vaya á servir pUI'a su condenacíon.
(Condenada habrá de , vieja pachorruda,
decia yo). o tiene hermanos á. quién protejer 1
-I o tengo nada, le contesté y seguí echando humo
por boca, narice, ojos y oidos. Yo era solo humo en
aq uel in tanteo
Por fin nos volvimo al papel.
Los mi mas enigma.
" Plaza conduce ú García."
" l\Iedia calte da la izquierda."
"El que esto vea tendrá pri 'ion cerca."
Lo hallé! lo hallé! grité como Arquímides.
Acr¡babr¡ de alumbrarme algun C~píritll de avarien-to
; todo lo vi claro.
o pudiendo re i tir tanta emocion, me senté.
Cómo guardo tanto dinero? Cómo lo traigo?
Cómo salgo del que me ayude, para que no divulgue
el secreto? Quién me cambia tantas onzas? Qué
hago pam engañar á e ta vieja? Y si me hace daño el
vapor de la plata? i me tullo? Qué hago para irme
á Europa sin que nadie lo sepa? era lo que bullia en
el cerebro.
Fijé los codos sobre las rodillas, metí la cabeza
entre las maDOS y medité todo, todo en un instante
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6 LA TARDE
La señora se cruzó de brazos y se puso á contcm-plarme.
, I . 1 .
La luz se fué amortiguando poco a poco, e, SI enclO
se hizo general la sala tomó un aspecto lugubl'e y
Rolo de' pues de algun rato volvió á roncar el pelTo.
Maldito animal! Qué poder t enia para hacorme
torcer todas mis ilusiones?
Recorrí de nuevo la rutr. enigmática y me dije. De
la plaza se"Vá á la quebrada llamada G arcía. Caminada
media calle pOI' esta ruta se entra en la casa que
está á la mano izquierda. El que entra en esa ~m;a
tendrá la cárcel contigua, pues la dicha casa esta en
seguida.
Un grito de horror, de desesperacion, de despecho;
es dl'ci!', el berrido más e panto o y el salto mas ~l to
hicieron caer á la eñora de espalda, y al perl'O saltar
de su a iento á moderme. .
Siu atender á nada tomé mi sombrero y lI evan dome
casi por delante á la criada que ac~~ia , me alí a
la. calle á llorar. Sí, á llorar como un 111 no.
Cómo no, si caí en la cuenta, despues de tan~a
emosiún de que e. a casa fué a rr a~ada hasta us CI mientos'
pat'a h~cer allí un idlflcio público que ahora
estará n levantando.
Esa es la suerte de un pobre!
Que no huuo viaje á Cneuta, bien ,lo e;;~0.f pr ob a~do
con el hecho de hnllarme ~qUl e:scl'l blendo mIs
pobres y desmedrados artículos.
DAVID.
G 60 !I
REMINISCENCIAS.
A MI QUERIDO A:.I1IGO ALEJO POSSE URTINEZ.
Como en el yermo al límite distante,
Tras nocbe de bor arsca asoladora,
E l risueño celaje de la aurora
Sale á orien tal' al triste caminante i
Así, cuando en un tiempo,
Apagado tu hogar al soplo aleve
Del cierzo de la tumba,
Sentiste el alma en lobreguez sumida,
Súbito un ánO'el con su faz de nieve
Iluminó el ca~ino de tu vida.
Era ángel 6 mujer? Miéntras viviera,
Fué preciso dudarlo, amigo amado!
Sólo al tocar ayer su cuerpo h elado
La encontraste mujer por vez primera!
J 6ven aún , empero,
En aquel tiempo, al con templar la imagen
E n ella vió tu abso rta fantasía
De tus en sueños la h echicera virgen,
L'l. que tu mente a di vin ado había.
y al célico fulgor de su mirada
DiJat6se á tus ojGS
El h orizonte d el amor primero,
Bajo su etérea cúpula encantada,
Donde viste flotar tus ilusiones
En fila vagarosa
Cual nubecillas de j azmin y rosa!
Sin que de esas visiones
Por el sereno campo sombra alguna
FuO'a~ crmmra en el instante mismo;
:ttfaoi::>' , ay! sobre 1a b. erra
I"a codiciada flor de la fortuna
Nace siempre en el borde de un abismo!
Fuó tuya al fin, su mano entre tu mano,
Rica la. sien con el olor süave
,
Que exhala de azahar os la corona,
La vior on tus amigos
Dcl tomplo r ecorror la aug usta nave.
Mas, oh! cuán bella en el altar postrada!
Iluminado el rosüo
Del pudor por las tintas virginales
Incierto se divisa
Tras los velos de la alba vestidura,
Cual rayo do la aurora que fulgura
A traves de las nieblas matinales!
En ese fausto dia
Aquella tierna y cándida paloma
Llevó de sus virtudes el aroma
Al nuevo h ogar que para tí se abria. .
y en él entraste. El ti empo su carrera
Sig uió veloz, y veuturoso fuiste.
y al lado de tu dulce' con.pañera
Te ví mil veces de tu dicha ufano
Cuando al hundirse el sol en occidente
Tu f atigada frente
Ella enjug aba con su blanca mano;
y te ví enmedio á tu inocente prole,
D e rostros infan tiles
y rubios rizos en alegre. nido
E chando tus afanes en olvido!
. . . . . . .. . ....................... , .......... , ., . . . . . . . . .. . ..... .
i Cuando entre el hombre y su futura suede
Cuelga la dicha el deslumbrante velo
No se escClcha del Tiempo el raudo vuelo,
No se oyen las pisadas de la Muerte!
• ••• o. ...................................... • ................. .. ...
En apacible sitio ..
Hácia el conEn de calle solItarIa,
L ejano del tumulto .
Atudidor de muchedumbre vána,
Risueño se alza d elicioso albergue
Del vano mundo á la mirada oculto.
En tan feliz morada
De rosas y azucenas
Por sus nevadas manos adornada,
Empezaban tus horas de ventura
A deslizarse apénas ;
y súbito, oh dolor! ante tu esposa
Su seno abrió la Eternidad inmensa,
Del Sumo Tribunal en los umbrales
Sonó la voz de justa recompensa!
Un toque de llamada ... ! un nombre ... ! el suyo r
y en pos dejandp lágrimas y duelo
y el yerto polvo sobre el pecho tuyo
A la órden del Eterno tendió el vuelo loo ....
Al pavoroso estrago .
Que hace en tü alma tan ternble golpe,
En tinieblas envuelta
Un instante vacila,
y entónces la E speranza,
La cI'istiana virtud, veloz avanza
y allá. en tu corazon cubre la fila !
Ella era del Señor! Silencio I Espera!
u amor de esposa y madre
Cual un suspiro al viento,
Oual gota al oceano
Se unió al Amor del Ente soberano,
y por arcanas sen.das
•
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LA TARDE 7
Hoy vivifica, mas que ayer fecundo,
El corazon de las amadas prendas
Que :.í tan excelso fin le guarda el mundo!
Así del sol al rayo poderoso
El cristal de la fuente que murmura
En cauce estrecho por el valle umbrío
Al éter sube en vuelo vaporoso
Para verter mejor desde la altura
Su fecundante rieg:) en el plantío!
Valor! Dos campos hay, amigo caro!
Que en este triste valle á un tiempo mismo
Su fruto ostentan á la luz del dia ;
El campo del placer: la cobardía I
El campo del dolor: el heroismo !
DmGo FALLaN.
ORFANDAD DEL ALMA.
1.
(A la señora Concepcion P. de M endo za. l
Es de mañana. A las primeras luces del dia dos
amantes arrodillados reciben en la capilla la bendicion
del sacerdote. En nombre de la religion unen
sus corazones, unidos de_antemano por el amor.
Amigos, parientes y conviJados, con semblantes
alegres conducen los nuevos esposos al hogar.
Por la noche hay músicas y danzas, bríndis de entusiasmo
entre multitud de luces, y sobre la esceDa
del placer se alza la luna con silenciosa faz.
......................................................................................
-Dueño mio, dice Ella: mi pl'ÍllIer sueño de esposa
ha sido un sueño penoso. Siento pasar por mi mente
un presentimiento fúnebre, y en el alma tengo la
tristeza de los huérfanos.
El cubre de besos los ojos húmedos y las LIt:
trenzas de la esposa y guarda silGncio.
II
Ha pasado un tiempo. Nace el niño, primer fruto
del amor de los esposo .. Los abuelos, anciano y cargados
con las fatigas de la existencia, van á sa.ludar
al reciennacido, que está, como los polluelos de las
aves bajo el ala materna y pendiente del cariño o seno
donde la naturaleza. ha puesto para. las generaciones
la fuente de la vida.
Las manos descarnadas y trémulas de los viejos se
alzan, sus labios se mueven y al punto caen votos y
bendiciones sobre la. frente del niño.
A la alcoba del alumbramiento penetra. un rayo de
la luna que se levanta en el horizonte con silenciosa
faz.
.................................... r .. " ....................................... ..
-Esposo mio, mi primer sueño de madre ha sido - un sueDO penoso.
Ella toma en sus brazos, la cubre de besos y gua.rda
silencio.
III
Está. la noche callada y oscura: sin ruidos en la
tierra, sin estrellas en el cielo. El viento húmedo y
frio sopla por intervalos.
Del cementerio vecino salen quejidos largos y tristes
entrecortados por sollozos .... Y á la. luz de los
relámpagos que rasgan el aire negro se ve una mujer
que lleva, un niño de le mano y caminan hácia una
tumb~
Sale la luna y alumbm con luz amarillenta y ilen cio~
a lo s árbol es y las losas de l os s e pulcro . .
....................... , . . . . .. . ............................. .
La cs posa está de rodillas ante un monumento fún
e bre.
E s p os o mio, dice: s iento el frio y la tris teza de
los hu é rfanos en el alma ..•. y el s ilencio de las tumba
res pond e tan s ó lo á su quejas.
-Cuando la tielTa no habia caido sobre tu pecho,
é l me daba calor; hoy que e t á n inmóviles tus braz
o , no me es trechan ni lnbi os acarician mis ojos
ni las tre nzas de mis cabellos.
El ilenc io d e las tumbas r e sponde á su,> lamentos,
y el niño inocente juega, sondendo, con los cabellos
de su madre muerta.
.................. -_ .............. .............. ~ ........ .
IV
Años despues un deudo visita el cementerio. Bajo
un sauce hay tres tumbas; son de un hombre, una
mujer y un niño. Junto á la del es pos o la de la espo
s a y el hijo se un e n s in una flor y sin una cruz.
De e s te modo, cuando cn el bos que se derriba un
árbol, junto al tronco muerto:;:e vcn secos y sin vida
los renuevos que protegia su sombra.
DIÓGENES A. ARRIETA.
SANTA ELENA.
1
En el año del 836, en un dia de Febrero, no recuerdo
cuál, pus e el pié en el bergantin ingles Jhon8on,
que se mecia en la bahi<1. de Cá.diz haciaalgunas semanas
haciendo cargamento para las Indias Orientales.
Era mi objeto vi itar en él á un amigo mio procedente
de Lóndres que marchaba á Bombay.
Yo sicmpre habia tenido deseo de viajar por Asia,
capricho que podia satisfacer en aquella ocasion, y
qui e acompañar a mi amigo. El me ayudó cuanto
pudo por aferrarme á esta idea, y como el Jf¿onson se
iba á dar á la vela á los dos dias, hice trasladar mi
equíp~je á bordo sin pérdida de tiempo, y cuando
pensaba arrepentirme de aquella ligereza, iba el ber-gantín
á la altura del estrecho de Gibraltar.
Fué ya irremediable la expedicion, de la que me
ofreció mí amigo volveriamos á los dos años, luégo
que él cobrase en el Indostan una pingüe herencia
que le pertenecia; y yo uspirando por España, á la
que siempre he querido como á una madre, hice de
tri pas y corazon, y conocí que lo mejor era conformar
e.
La navegacion se presentó feliz; hicimos agua en
TenerlÍe y volvimos á cm prender nuestro derrotero.
Un dia navegábamos por los 8. o de latitud Sur á
eso de las dos de la tarde, cuando nos sorprendió una
calma tan chicha, como e llama técnicamente que
ni un soplo de viento hinchaba las velas.
El capitan, que conocia el funesto presagio de aquella
calma, ordenó cuantas maniobras juzgó oportunas,
diciendo con una completa seguridad:
-E un huracan de Jos tl'ópicos, y de los buenos ..
Preparáoi', que se nos echa encima. .
Poco tí, poco se cubrió el cielo de rojizos vapores;
perdieron las olas su trasparencia; oyó e al Norf:e un
ruido prolongado, y vióse por último avanzar una ola
gigantesca preccdiua de cien torbellinos de espuma ..
No tl"Utaré de de cubriros los pormenores de aquel
humcan, y sólo os diré que alTastrado por las desencadenadas
olas, bogamos durante el resto del dia sin
direccion fija, aunque siempre impelidos al Sur, perdiendo
dos hombres:y casi toda la arboladul"l~.
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LA TARDE
E t:íbamo en un inminente peligro si el humean
no calmaba.
Al'Í lo dijo el piloto al capitan.
-Tierra á estribor! grító pOI' último el vigía del
tope mayor.
En efecto, á nuestra derecha se dC'scubrifl. en la agoniznnte
luz de la tarde una isla negra de colosale dimen
iones qlle salia, como {\ una. milla. d\'l di tancia,
de entre la ola e pumante ,
Procuramos acercamo á elia, pero fuó en vano.
A las do de la. noche calmó el viento, pero signió
una fuerte marejada que nos impedia aproximarnos á
los difícile surgidores de aquella. tierra..
Todo el re. to de h nor.lle lo pasampl' al derredor
de aquel gigante de los m3re~1 hidra. colosal que alzaba.
al cielo cien deformes cabeza.
¿, Cuál era el nombre de aquella. tierra donde nos
echaba la tempe tad?
Los marineros se lo decian unos á otros COIl re peto
y espan too
; Era la isla de Santa Elena!
JI
Al amanecer cesó la marejada; las aguas recobraron
su ter ura y refll'jaron los re plandol'es de las úl·
timas estrellas y el primer albor de la mañana.
Rasgóse el velo de la noche, y la. isIn. apareció á
¡;uestra. vista como un panorama melancólico, á la. par
que ['isueño y tríste.
El pico de Diana, el más elevado de los de Sa.nta
Ele'la, aún envolvia su cúspide en la niebla; debajo
de él se descubria la. ciudad de James Town, en medio
de un pintoresco valle, y acariciada por las on-as
de plata de un rio que bajaba á morir al océnno.
Inmediatamente ~altamos á tieI'l'a clm el objeto de
salvar algun cargamento, pues el bergantín hacia
agua por varias partes; pero sólo se libró una peque·
ña parte de él, y el bergantin Jhonson se hundió entre
los mal'es.
Mi primer pensamiento al hallarme por tan fun.esta
casualidad en la isln. que habia. ocupa.do por seis
años la atencion de Europa, y que era hacia tres lustros
objeto de los su-piro de muchas naciones, mi
primera. idea, digo, fué pedir permiso al Gobernador
para tal' el sepulcro de Napoleon .
•
Obtenida la licencia, que pedí para, mí sólo. pues
queria darle nueva tristeza á mi excur-io,n no llevan·
do compañín. alguna, esperé al dia siguiente para ir
á saludar las cenizas del Capitan del siglo XIX.
nI
Monté á caballo al amanecer y, de pues de tomar
las señas del camino, me dirigí al centro de la isla y
al cabo de una hora me encontré en la llanura de
Longwod, al pié ¡lel pico de Diana.
Entónccs distinguí á lo léjos una calle de árboles,
l\li corazon tembló de entusiasmo ó ele respeto.
.Me apeé del caballo, lo até á un arbl,lsto y pro"eguí
IDI cammo.
Penetré en una larga alameda de ger:íneos en flor,
cuyo aroma perfuma la entrada de aquel reci.nto.
Al fin de aquella calle habin una vClja de madera
pintada de ,erde que encerraba un e¡;:pncio como de
media fanegada de tierra toda cubierta de cé pec1. En
el centro de aquella elipse babia otra verja de yerro
de tres varas de largo pOI' dos de anchura..
En pequeño espacio estaban plantados cinco
florones y dos albérchigos chinos que cubriml con sus
ramas la losa funeral, compuesta de trc trozo de
mármol.
•
~nci.ma de ella habia un nombre sólo, nombro glo-
•
rio o, apotcó~i' de I:'t glolÍ[\ de aquel héroe que rcsqm
ia el mús elocuen te epi tafio j
i~APOLEO ,
•
Rajé ,i la bóveda de múrmol qne encerraba el ataud
de Bonaparte.
uatro caballetes elevaban el feretro, que era de
caoba.
Yo no tenia n.ntoril'iacion para que ¡;:e ahriese aque 1
féretro, pel'O el con"('je ro del epnlcro me dijo que debajo
de aquella caja habia. otra de plomo, luégo una
de hoja. de lata, y por último otrn. de caoba; que el
cad,í ver e tabt\ vestido de uniforme, t enia el ombre,
ro al un lado y á otro la e pada que llevó en AusterIí
tz.
Yo permanecí largo tiempo en aquella mansio¡;:¡,
Todn la historiá de los imperio::;, el destino de la
humanidad, el humo de la gloria, todo pasó por mí
frente en tumultuoso remolino. Pen.é en aquellos
dia de embriagadol' triunfo que habia hecho latÍ!' da
esperanza, de orgullo y :tlegría aquel corazon muerte>.
Recordé, al jóq!D hél'oe de la" Pil'ámide ,al caudillo
de la campaña de Itnlia, al hombre extraordinario
que habitó las Tullerías, al soUaao que estrechó
la mano de los soldados y de lo emperadores ... Medí
con a"ombl'O la altura de aquellas idea!;, de aquello
proyeotos colo ale que tenían por teatro á todo
el uní.verso, y luégo miré alredeclor de mí.
XJ,1. soledad, el sílenci9'1 el abandono. A miles de leguas
de u patria, desterrado de Europa; PI') cripto,
injuriado por la ('stupi,lez de un infa.me carcelero;
luégo e pirnnte, lloro-o, abandonado; de~pues muerto;
encadenado en un peñon soli tario, rodeado por el
mar encerrado en un~ bla volcánica.
Así consitleré á rTapo]('on,
Lloré y maldije L1S ilusiones de esta vitla; sentí un
de precio profundo háci:1 la gloria popular, esa aurá.
pasHjern, ver atil que tantas ingratitudes comete.
blor~, be 'é la tumba del grande hombre y abandoné
aquel sitio con el corazon despedazado.
Cerca del m nument.o murmuraba una fuentecill a
de cl'istal,ina corriellt~, donde iba todos lo dias el
pri.i >ionero á nlltigar la sed y la fiebre q,u e le eOllSl\- mut-
El eligió aqnel lugar para su descanse.
Desahogué allí mi alma y volví á la ciudad á la
caida. de la tarde.
IV
El capitan del Jhonson se volvió á Europa desde
Santa Elena, en un buque holandé. ; yo lo acompañé,
asi como mi amigo, ellos á rehacer su cargamento y
á fl etar otro buque; yo arrepentido de ir á la India.
Llegamos á Europa felÍ'Zmento y en pocos dias.
. ..... .... .. ........ ... .. ...... .. ..... .... .. .. ............ .. .... ......................
Cuatro año despues, el de 1840, reclamó la Francia
las ceniza de Napoleon y la5 hizo tra portar á los
Inválido!', donu.: descansa en un suntuoso maul'oleo.
i Ovacion tardía! Su lecho eterno em aquella. roo.'\
solí tarin. i Por q.ué no l~ deilbteis eo él ?
Aquel peñon que domina las mal'e: era el único pedestal
digno del hombre que dominará en la memo-ria
de los sigles. '.
e
M.\XHIAS.
La iTonía es oomo la venganza saboreada á.
cortos tragos. El hombre que aplasta á. su enemigo
con su cÓJera., es el leon que destroza vio·
lentamente á su pI' : el que le píca con las mil
punzadas de su ironía, es el gato que araña poco
á. poco al ratol?- yue ha cogido. -.
•
Citación recomendada (normas APA)
"La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 1", -:-, 1874. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2092953/), el día 2026-02-04.
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