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P E R 1 O DIe o D E DIe A D o A L Á LIT E R A T U R A . •
- Serie 111. Bogotá, 1.° de Mayo de 1875. Número 34.
..... A Al\. DE •
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EL DUELO DEL CURA_
Conclusion.
-Tengo que hablar con usted sobre su jóven
protegido, le dijo cuando estuvo i solas con él.
-¿ Tiene usted acaso algun motivo de queja
contra él? preguntó vivambnte el 'Jura.
-M uy al contrario, se apl'esuró á respondet'
el alcalde. Seria una fortuna que los papeles de
nuestro ayuntamientO' no estuviesen nunca en
otras manos. Pel'o hablando en conciencia, ese
jóven no está en su puesto: merece y puede -desempeñar
un empleo mejor, yeso es lo que me
trae aquí.
No conozco los proyectos de Valentin Dubreuilj
ignoro los recureos con que cuenta; pero
como usted se interesa por él, y todos le amamos,
vengo á comunicar á usted una. noticia., por
lo que pueda convbnir.
Nuestro amigo y vecino Lefevre acaba de ma·
nifestarme que tiene la intencion de vender RU
oficio de notario, en atencion á que tiene fortuna
y no tiene hijos, y quiet's descansal'. Usted sabe
que su oficio es el mejor, no solo de la comuna,
sino de todo el canton, ¿ Crée ueted qué conven·
dria á su protegido, el cual reune todas las pren·
das necesarias para su desempeño?
El cura se recogiO algunos instantes, y respondió:
-Señor alcalde, ese es un negocio mui serio,
y necesito meditarlo. Pido á uf'tcd tres días de
espera j ruegue usted á Lcfevre que me otorgue
ese plazo, y á su expiracion ¡:rometo á usted una
re:;puesta definitiva.
-j Señor cura, usted es un hipócrita!
-j Cómo! ¡cómo! respondió el cura furioso
Coronel, usted me dará una satisfaccion esta
tarde; pero entre tanto explíquese usted,
- Usted me comprende basta.nte bien. ¿No soy
su mejor amigo? y sin embargo usted, en vez de
confiármela, me ha hecho un misterio de una cosa,
creyéndome bastante torpe para no haberla
adivinado hace largo tiempo.
-¿ Qué cosa? preguntó el cura.
-,¿ Todavia ? ¿ No habia percibido yo desde
el principio que usted habia mandado venir ese
jóven con el fin de casarle con su sobrina?
-Coronel, créame usted y suspenda el juicio ;
veo que es usted perspicaz. Como quiera, más
tarde enteraré á usted de todo; hasta entónces
aplacemos nueltro duelo, pOl'que estoy conven-
,
cido de que cuando usted lo sepa, no vacilará en
darme sus excusas.
L os dos veteranos se dieron un apretoD de
manos, y el coronel salió garante del plazo de los
tres dias.
La tarde del mismo dia, el cura condujo á.
Valentin al pabellon, y le comunicó la proposicion
del alcalde, preguntándole su opinion·.
-Pero, señor cura, objetó Dubreuil, ¿ con
qué quiere usted que pague UD oficio cuyo valor
debe ser consideral!le ? porque no ignoro que es
el primero del país.
-Eso no es responder, dijo el cura con impaciencia.
Te pregunto tu parecer sobre la pro-
, .
posIClOn.
-Pues bien; ya que usted se empeña en saber
mi parecer, no vacilo en declarar que la posesíon
de ese estudio me col maria de gozo, porque
me atrevo á figurarme que seria para mi el
precursor de una felicidad mayor.
-Hé ahí lo que se llama hablar, repuso el
cura. Pasemos á los medios: ¿ y si la dote de
una mujer hiciese posible semejanta adquisicion.
-Con tal que esa mujer fuese Margarita ...
de otro modo, jamas.
-Puesto que tal es tu deseo, asi es como yo
lo entiendo, -. Por toda l'espuesta, eljóven se arrojó al cuello
del cura y le abrazó con tal fuerza que le faltó
poca para ahogarle.
Así que pudo desprenderse de sus brazos, el
cura prosiguió en estos términos:
-Mañana por la noche hablaremos de esto
en presencia de mi sobrina, cuyas disposiciones
trataré de sondear ñntes. Hasta entónees no hay
que decir nada. Yo solo llevaré la palabra, y
tú la tomarás hasta que yo te autorice.
El jóven no tuvo trabajo en prometer cuanto
se le exigia.
Valentin pasó el dia siguiente en la mayor
agitacion. Por esa vez, los trabajos de la alcaldía
estuvieron abandonados, porque toda la.
ocupacion del señor secretario consistia en escuchar
el reloj de la iglesia y en creerlo parado
cuando no daba las horas bastante pronto.
Llegada la noche, el cura manifestó el deseo
de oir un poco el piano, que él mismo abrió, y
pidió un trozo que los dos jóvenes acostumbraban
cautar juntos.
-Mi querida Marguita, es~oy verdaderamente
maravillado de tus progresos! exclamó
cuando terminaron el trozo.
-¿ Le pal'ece á usted, querido tio?
-De seguro, y seria una desgracia que lle-gase
á faltar tu maestro· de música. Sin embargo,
eso sucederá, y temo que muy pronto.
-¿ Qué quiere usted decir, tío mio? excle,-
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266 LA TARDE
mó in\"oluntariumente la jóven dirigiendo una
mirada in.estigadora á. los dos.
El cura prosiguió sin aparentar que notaba.
su movimiento.
- Yo. conoces, hija mía, que nu '3 tro amigo
Dubreuil no puede pusar aquí su "id" desempo·
ñando un empleo que no tiene ninguna relaci o n
con su capacidad y la instruc eion que ha recibido
... ece i ta ocuparse sériamente de su l)o r,
eoír, do s u fortuna que aun no está hecha. Por
mucho que me cueste, en su propio intcres, s e ré
el primero tí apurarle por que nos deje.
Dubreuil, segun el convenio, no decia palabra;
pero se d esq uitaba ámpliamente ob ervando
lo que pasaba en las faccion e s de Margarita,
en que era fácil leer.
-Ti o mio, se aventuró á preguntar tímidamente
la jóven, ¿ no se podria hallar alguna cosa
mejor para el señor Valentin, sin hacerle dejar
el país?
-Ay! respondió el cura, no vco ninguna.
Nuestro amigo está. llamado á. ser un abogado ó
un notario. Aquí no hay abogados; para ser
notario hay que comprar un oficio, y, como decia,
Dubreuil no tiene fortuna.
-¿ Con que cuesta muy caro?
-Sí, hija mia, muy caro. Semejante adqui-sícion
no se podrá 'verificar sino con el auxilio
de un matrimonio ventajoso. He pensado ya en
eso, querria dar algunos pasos, pero es un negocio
delicado, y temeria dar lugar á. que sospechasen
que abusaba de mi ascendiente sobre
las familias acomodndas que tienen hijas casaderas.
Con todo ya veré.
A estas p.alabras: ya veré, Margarita se puso
en extremo pálida. El cura comprendió que era
tiempo de llegar á la conclusion, y añadió:
-Hazte cargo, querida mia, que para pagar
un oficio de notario en nuestro cantan, se necesitaria
tanto dinero como todo lo que tú has heredado
de tu madre,
-Si no cs más que eso, exclamó vivamente
la jóven, puede usted, tia mio" poner tí. dispo sícion
de Dubreuil todo cuanto poseo; él me lo
pagará más tarde.
A estas generosas palabras, Dubreuil que ha·
cia algunos instantes apénas podia contenerse,
estuvo á punto de romper el silencio; pero el
cura le contuvo con una mirada sovcra, y prosiguió:
-Mi quorida sobrinn, lo que me propones
anuncia un buen corazon; pero olvidas que ores
de menor edad y no tienes facultad para disponer
de lo que posees. A tu edad una soltera no
puede ofrecer su fortuna sino añadiendo el d ón
de su mano.
-Tio mio! balbuceó la pobre crio.turu muy
cortada.
-Sin duda no habias pensado en esa dificultad,
que presumo te parece insuperable.
-Tio mio! r e pitió Margarita con voz apaga·
da, cual si fuera á de!!mayarse.
Alarmado el cura, hizo seña á Dubreuil, que
se lanz6 en fin y agarró las dos manos de Margarita.
con el pretexto de sostcnerla, y dijo:
-Señorita, lo que acaba de decir su señor
tio, hace tiempo quc es el sueño de mi vida y
mi más grata ambiciono ¿ Consentiria. usted en
que fuese una realidad ?
IJa respu esta. fué una sonrisa, una do esas !'on
risas que 8010 u na v ez en la vida apareco n en
l os labios do una muj er, sonrisa cuya e.·prcsion
fué á confundi r se en laí! llJirauas del enamo rado
• • Jo v o n.
El bondadoso oura ron te mplalm aqucl :;pectáculo
con un gozo ind ec ible, pero que fu 6 cortado
por un li gero !luspiro retro p ec tivo.
La mniian1. siguiento al alir de la i glasl>l,
01 cu r a se fu6 á. bu car al alcalde, y álllbos so
dirigi ron á casa de JJ ofebre para tratar d l a
"cnta de . u oficio. Conviniero l1 al momento on
l as condicioneR, y en seguida se extendió 01 contrn
to.
Por la noche, l os habitantes de la casa rcct oral
hicieron una visi ta de confianza á la familia
Thibaut. Felicitaron cordialmente al futuro notario
do San Rom9.n, y se dijeron algunas pal .\bras
al oido sobre su próx imo casamienLo con
la sobrina d el cura.
El coronel so vaoaglorió de nuevo por BU
• • persplC::II;Ja .
-y bi en ¿ h'l.bia yo fldi vinado, sí 6 n6, señor
discreto? Qui te mted allá! es muy feo el ha berme
h oc ho un mister io I
-Más tarde se lo diré á usted todo, respondió
el cura.
-Pardiez! Valiente m ér ito. cuanuo yo hE>
ahorrado á. usted el trabajo!
-Eso está por ver.
En ose intermedio Margarita, en un aparte
de j óvenes con las señoritas Thibaut, confesaba,
ruboriz á ndose, que era muy dichosa.
Los dias signientes, el cura y el al caldo se
pusieron á. la obra para apl esurar las formalidades
matrimoniales y el nombramiento del
nuevo notario en lugar de M. Lefevre. Las diligen
cias no experimcntaron dificultad, gracias
á lA influen cia de los dos n e g ocia dores, y no llevaron
m ás que el tie mpo indi spensable.
En fio ll egó el nombramiento de Dubreuil, y
sc fijó el dia del casa miento. '
Fuese un efecto de la casualidad, ó bien el
' p nltndo de un conTenio tácito entre el cura y
Yalentin, el dia del matrimonio Re hall", que era.
e l anivcr ario del encu entro en el bosque de Fontainebleau.
Se hizo esta observacion pOl' Margarita,
á. quien húbian contado la aventura salVfl
S algunas restri ccio nes, y que, viendo en ella
la prim e ra eausa de su felicidad, pidió con instancia
que todos l os año '! en igual dia hiciesen
una peregrinacion por 01. camino de Villeneuvela-
Guyard.
-Puesto que tú Jo deseas, hija mia, dijo el
cura, qu cd arás satisfecha; me obligo á. ello, á
pesflr de que esa fiesta no se halla en el calendario.
Hasta. quiero, añadió cchando una mirada
socarrona á Valentin, que ese dia, para. completar
el flniversario, haya gran a6alto de armas
en el pabelIon.
-! Bravo! exclamó eljóven sin desconcertarse.
y para que Dada falte á. la conmemoracioD, usted
sostcndrá. la liza y vencerá. á todo el mundo.
--Señor demócrata, usted es un cortesano, dijo
el cura, pues no se prometia una replica tan
pronta.
Inútil es decir que la madro de Dubreuil debia
llegar á San Roman para la. boda de su hijo, y
que llegó en efecto dos dia,.c¡ antes de la ceremoui¡¡ .
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LA TARDE 267
- -
La víspera por la noche, se habia reunitlo la
familia en 01 pabellon, porquo 01 cura habia
-anunciado quo queria hacer ¡\, los dos novios u
e xhortacion y darlos la bendiciou paLomal t\.ntes
que la de la Iglesia.
Uablóles largo rato con ac¡uolla bondad de
a lma, con aquella, solidez de corazou que haCIa
no e can 8sen lIunca de e cucharle. 010 sus
adomanes eran interrumpido" porque ú cnda
momento sentía uoa ú otra mano agarrada, aprísionadlt
y bañad:1 de lágrima,
-IIijos mios, dijo al terminar, vais:\. hullar
que soy Illuy egoista; pero, verdaderament(\,
uo he podido ncu turubrarllie á la idea do vi,ir
léjos de vosotros, aunquo habita.ndo n la misma
comuna, y he provi to ¡\, este inconveniento, sal,o
'\'uestI'O con cntimiento que espero no me n gareitl.
La casa contigua á la rect::lral os gl'ulIde,
bormnsa. y cómoda; y e. tá como ésta en Lrc pa tio
y jardin. Estoy convencido de que e~tarñ, perfeotamcn
e colocado en olla un estudio de notario.
En esta J:lerl;uacion, aeabo de comprarla, y como
en cuanto á fortuna, "\ alcntin est,\ ménos favorecidu
quc ~1arg:H'ita., sc la doy ¡Í, título do r rgalo
de buda. Y para. que lIIi subrina no esté celosa,
ya veré de indelUuizarln. Ul~S tardo.
ImpoJible ,eria expresar el efecto quo produjo
esta declaralion, no por la importancia de la dolJ"
J.ciau en sí mÍJnde la inmoralidad exh,da sus detéreos
vapores.
V
Af'í, pues, yo abrumado por los de órdenes
do la. vida en la ciudad, quo no son más que pe-
• • nas y penpcClus que nos atormoctan permanen-temente,
he hecho resuelta renuncia de vivir en
medio del bullicio y el escándalo que nos proporcionan
hoy las sooiedades. TI oy mc rctü'o á
vivir en el campo, l6jos de las mentiras y de 1 s
vanidades del mundo: aquí en estas solibrias
reO'iones donde se respira un ambiente puro y
agradable que cautiva al espíritu dándole ó haci6ndole
experimentar miles sensaciones del<,itables
y felices. Aquí donde la uaturaleza es
más hechicera y encantadora; donde cualquier
pensamiento que expdrimentemos es más puro
y vcrrladero j aquí donde los prados ofrecen á
nuestra vista las floros más divinas y encantadorafl,
quc llenas de lozanía y }'efre ca das por
laE líquidas perlas del rocío matinal se mU0ven
majestuosas al impulso del céfiro que vaga. tranquilamente
por la pradera robándoles con sigilo
el ámbar embriagador que despiden sus frescas
corolas; los corpulentos á.rboles, sus preciosas
y gigantes copas batidas por 01 viento donde
los conciert,os musicales de las más preciosas
aves alzan en cantos que extasian cl alma sus
dulces y sentidos acentos á. los cielos y los cspareen
por la soledad; donde el murmullo el
las fuentes explican en dulce y melancólico lellguaje
las horas, los dias, los meses, los años y
los siglos que pasan haciéndonos contémplar lo
que os la vida porquc á ella se ascmejan ; donde
por do quiera que g'iremos nuestra vista vemos
horizonte que se dilatan cubiertos con el trasparente
velo de una luz de oro y de diamantes;
y donde el cielo que nos corona es m:l.s limpio y
tiene más encantos, ya cuando le vemos cn eSlls
mañanas deliciosas de Prima.vel'a cubierto de
una atmósfem fresca y tra parente en que rcspiramos
traídas por el c6firo la más fragante
umblOsía. de las florcs que al impulso del vivificante
rocío de la noche abren sus corolas y expanden
sus ambarinos pétalos para perfumar el
ambiento por donde ha de pasar el rey de la luz
y del calor; ya en esas tardes de panoramas encantadores,
cuando este astro unas veces triste y
melancólico saluda al mundo desde el lejano occidente
y se oculta y se sumerge tras los lcjanos
celTOS y montañas, ó ya alegre envuelto en su
aureola resplandeciente dándonos en su expresivo
lenguaje, que no es otro que el de la. luz,
consuelos y esperanzas, En esta hora miramos
J!obre el lejano occidente los panoramas más di-
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272 LA TARDE
vinos y hechiceros, producidos por fúlgidos arreboles,
formando miles figuras que vagan cual
espectro de uu mundo de diviniJades y van á
ocultarso tras la clara y preciosa faja del horizonte
ó á sumergirse ó á envolverse en el sombrío
y negro mauto de la noche.
Ah ! esto deleitn, estos sublimes espectáculos
dan al alm.!. entimicntos que nos ennoblecen
más y más porque, ¿ quién lIO se siente en tu iasmado
y lleno del más profundo amor al Dios de
nuestros d estinos al contemplar y admirar sus
grandiosos é imponentes arcanos? ¿ Quién no
se sieu te inspirado en esa hora mi teriosa y llena
de sublime é imponente melancolia en que el
monótono sonido de los bronces nos trae la señal
de la oracion, conmoviendo nuestra alllla al influjo
de los santos rocuerdos que vienen á nuestra
mente inculcados por nuestros padres; de
esos recuerdos que cuando niños, y ohora jóvenes
tambien, alimentan nuestro espíritu con el bálsamo
de nuestra santa y divina religion contenida
en las s.lgradas páginas de ese santo libro
que llamamos Biblia? ............................................................ ..
Ah ! es que la bondadosa y santa naturaleza
tiene misteriosas influencias eu los campos solitarios
para conmover y llenar de entusiasme, las
almas más rebeldes; porque tiene mudos pensamientos
de una elocuf\llcia irresistible: el grandioso
espectáculo de las obras de Dios, eontempladall
en la soledad del campo, dice más sobre
las vanidades y mentiras del mundo que todas
las oraciones fúnehres de Bossuet y de ~Iasillon_
Es qne la naturaleza. del campo dulcifica
nuestra existencia, alejando de nuestro sér las
preocupaciones mezquinas que nos atormcntan
en medio del infernal escándalo que nOS.proporcion::.
n hoy las sociedades.
Es que la natura laza del campo nos llena de
una deliciosa tristeza que hace fructificar á
nuestra alma en el florido y feraz t"rreno de la.
verdad y bajo el cielo delicioso de los más bellos
y filosófbos pensamientos.
La soledad es la madre de las meditaciones
d-el alma y su naturaleza la testiga de sus dulces 1m presl.O nes.
Ah! por esto es que me retiro á estos lugares
donde el alma goza y se remonta á Dios en alas
de sublimes pensamientos; á e tos lugares, mansion
do los divinos génios y santuario de la. paz
y de 1a tranquilidad donde vagan con más libertad
nuestras ideas y donde mejor podemos despejar
incógnitos de acontecimientos que, en medio
del bullicio y el escándalo de la sociedad
pasan desapercibidos.
i Salvc divina soledad del campo! en tn seno
quiero paSt1l' los dias de mi vida halagado con
tus encantos y con tus divinos atributos; aquí
en medio de tu sublime silencio miro el mundo
al traves de mi imaginacion y lo veo loco, descabellad(
l, rabioso, que halagado por el vil interes
se precipita al desbonor, á la crápula y al vicio,
se desploma y rueda sobre sí mismo. Aquí coutemplo
entristecido la infausta suerte de algunos
aéres bumanos qua, cubiertos con los vestidos
del rubor, de la inocencia y la pobreza, y teniendo
un corazon magnánimo y caritativo, yaesn
en el mayor desprecio y en medio da la más
horrorosa indigencia:
i Oh tristes injusticias de la humanidad!
i El podero o desdeña. al po bre y lo conden~
á ser su esclavo!
i El premio de la virtud es el desden I
. Los corazones calcinados por las llama.s del -
VICIO se mue,en y se encaminan á la maldad y
á la destl'u ccion de sí mi mo ; y la natur leza
escaIldalizada huye d~ aquellos lugares teatro
de escena inmorales y se retira léjos donde va
~ re pirar el ambiente de la paz y de la tl'anquiIldad:
por esto ha dicho muy bien el célebre escritor
J. David Guarin :
" Sal ve tranquila soledad auausta ~ ,
Dulce consuelo del que sufre y calla,
Anget que cruzas con quietud el mundo
Amiga del misterio y de la calma. '
•••••••••••• o •••••••••••••• • ••••••••••••••••••••••••••••••••
A tí se acoge el pobre miserable
y aq-uel que siente torturada el alma
Te bendice el quc goza y el que llora'
y ámbos te ofrondan, soledad sus lágrimas."
•••• o. • ••••• • ••••••••••••••••••• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
y ha dicho muy bien porque el corazon qua
gime por tristes realidades. 6 por recuerdos qua
le atormentan, busca. los lugares más solítal'ios
donde poder dar rienda á su dolo!' y donde en- .
co?tl'ar mús _ dirl"ctamen te los consuelo.5 que nos
brIuda el DIOS de nuestros destinos.
Cuá.n divina y encantadora eres, oh soledad I
en tu regazo f>e aduermen tranquilamente nuestros
pensamientos m:ís puros y fel"undos dándole
á nuestra alma el bello y dulce sentimiento
de la piedad y del recogimiento_
¿ Habrá. momentos más deliciosos que los qua
pasamos en un campo, de noche, cuando al brillo
encantador de la luna que se balancea en
los cielos derrama galantemente SUB preciosos
rayos de amorosa luz sobrc el mundo hace
adormir el alma bajo el influjo de d~iieiosos
recuerdos, ?obija los árboles, los lejanos
cerr?s, le da br~llo tí la catarata que rueda. estrepitosa.
y .,.1 hIlo de plata que brilla en la llanura?
¿ y que al influjo de esta luz fascinadora
la naturalaza ~oma un aspccto sombrío y nos
pl'esen ta los obJetos como sombras misteriosas
llenas de poesía y encanto? Ah! imposible. La
noche como fiel mensajera del silencio acoge bajo
sus pard¡¡s alas. á la sole~ad y le prodiga las
bellezas que mas necesaria le son para. caut,ival'
á nuestra alma y ponerla en aptitud de
pensar_
Hoy contemplo estos panoramas encantadores
lleno de júbilo y entusia mo, ya bajo el humilde
techo de mi campestre hogar 6 ya en la florida
y apacible vega á las orillas de un riachuelo
bajo las frondosas capas de una ceiba centenaria.
Oh! qué tranquila es mi vida en este campo halagada
por las delicias que me brinda la lioledad
y la meditacion, y léjos de los vanos placeres
que entre sombras y misterios nos brinda mis·
torioso el mundo_
Hacienda de Colombia, 1873.
SIllOlf C. OüR4LlCl .
•
Citación recomendada (normas APA)
"La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 34", -:-, 1875. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2092944/), el día 2026-04-04.
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