Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
•
•
-
PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA.
s $ S5 "
Serie III. Bogotá, 20 de Marz0 de 1875. Número 28.
A Al\. DE.
LA SENSITIV A-Dioil
ha creado en este mundo afinidades y
semejanzas nsombros8s que hieren la imaginacion
de los sá bios y de los filósofos_ i Qué de
encantadoras personificaciones humunas en la
paloma, el ruiseñor y la tórtola! i Ouántas fidelidades
semejantes á. la del perro, y _ouántos leones
y tigres so cuentan tambien entre los atrevidoS
luchadores del combat.e social!
Nosotros hemos visto en alguno. parte cierta
planta rara y simpática, que bace medital' á las
doncellas euando adorna sus gabinetes embalsamados,
la sensitiva, gala nerviosa. del reino de
Flora, y que sucumbe al imprudente contacto
del profanador.
Sin cm bargo, no era una flor; no habia 1'0-
ceado su talle delicado cvn su manto de foll,¡je,
ni salia verde y mojada con la5 lágrimas de la
aurora del seno de la tierra hlÍmeda; era una
j óven de fron te pálida, de grandes ojos neg1'0S
y de voz dulce y argentina.
E8hba casada con un artesano, con un rudo
oficia.l de carpintel'O, de Ulanos callosas y e~tatUl"
a hercúlea, ella, la niña débil y delicada, po·
bre naturaleza enfermisa, :i, quien UIla madre
tierua y cariñosa habia preservado largo tiempo
de las tempestades de la vida.
Habital'a una bo~ardilla de la calle Popincourt,
J' allí en una misma estancia se dedicaba
á educar á. su bija y guisar la comida para su
esposo; en aquel espacio de seis piés cuadrados
pasaba su existencia mü'ando fijamúnte al cielo
y pensando en cosas desconocidas.
Un dia oí rnido en la vivienda de aquella pobrc
sensitiva, mi veciua.
-Perezosa! decia su marido, esta semana no
has repasado la ropa.
-Es verdad, amigo mio, 'respondió la jóven.
-¿ y pOI' qué tf\.nta holgazanería?
-Esta ba enferma.
-Enferma! ¿ QUé has tenido?
-Una violento opresion.
-Hola! ¿ tambien tú padeces dc los nervios
como una. señora dc alto tono? Ten entendido
de una vez para siempl'e que la mujer de un
artesano no debe imitar ¡í las marquesas, porque
no tiene medios para estar enferma.
En seguida furioso 01 cnrpintel'o salió cerrando
estrepitosamente la puerta, y sin embargo,
aquel artesano de formas tan ásperas y 1'udas
no era un hombre malo j poseía. una pl'obidad ti.
toda prueba, un corazon generoso y una alma
-
sensible á, la desgracia; pero no comprendia abtolutamente
aquella débil naturaleza cuya pro-seccion
habio. aceptado. I
Desde aquel!a disputa no oí ya quejarse á la
dulcc cria tura. A Igunns veces se asomaba:\. la
ventnna., blanca como el lirio de los jardines y
sonriendu como UD ángel al contemplar el herTl"
oso y despejado cielo del estío. Con luucha
frecuencia se quedaba pensativa é inmóvil inclioada
sobre su mano derecha y sepultad~ en
sus pensamient0s como en un sudurio. ¿ Qué
veia en aq !leIlas peregrinaciones místicas? Dios
solamentc lo saba.
Su ventana estaba contigua á la mia y algunas
veces conversábamos un rato.
- 'j Qué flores tan hermosas teneis! me decia
nn dia.
-Sí, le contesté, rosas, anémonas y lilas.
-Eso es delieios<) y dispone el ánimo á la
alegría. .
--¿ y por qué vos no las taneis ? le repliqué,
es una distraccion muy barata; por muy pocos
sueldos se puede UIJO hacer propietario de un
puñado de tierr3 en macetas ó cajones.
- Así es, me dijo con triste sOlll'isa ; pero yo
no debo proporcionnl'me esta dulzura.
-y por qué?
- El olor de las flores me hace daño.
-¿ y dónde sentis el mal? le dije.
La pubre enferma se llevó la mano al corazon.
-En el pecho? pregunté.
- Sí, á. veces ~e me arde con fuerza irresisti-ble,
como si fuera {t rom pel·se.
-¿ y 110 haceis nada lIara curaros?
-Oh! no, nada hay que hacer; como viene,
se va, y no hago caso.
-j Sl·B cm b argo, SI. consu It"a rms .f ......
-A quién ? A un médico?
-Sin duda. '
-Para qué? miéntras no guarde cama ......
Ademas, eso costaria tres francos.
-Si me lo permitiései:J, os prestaría mi hermano.
-Es médico?
-Sí, discípulo de Val de Grace, que á pesar
de ser muy jóven, posee tbda la ciencia de un
viejo; mañana vendní á pasar el dia conmigo.
Vuestro marido no sabrá nada, pues cuidaremos
de su tesoro sin que él lo sospeche. .
Al dia síguiente presenté á Alfredo á mi vecina,
que habia venido á. verme. Asemejábase
entór.ees á esas figuras de Mignon buscando el
cielo que Ary Scheffel' debió tomar del paraíso
de los sueños. Estaba pálida, delgada y profundamente
triste, y sin embargo, se hallaba en~
canta~ora en su melancolía cuando la vÍ presentar
al Jóven doctOl' sú pequeña mano de alabaB-
-
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
•
218 LA TARDE
tro que parecia perdida en su manga de indiana. respecto á la onfcrmedad, á sus cau as y &US
Alfredo cootó las pulsaciones y contempló ·efectos.
largo rato y con ntenciOll :í la pobro snD 1'11Ia. el' i que el pobl'e hombre iba:í matarmo (1
-¿, Hace mucho tiem po que padeceis? le dijo. puílet azos.
-Sl'is años. -l\lorir! exclamaha tidndome de la ,)orl'a-
-¿ Vuestro Zllal S3 ha aumentndo desde que tn; ¿ os atrc\'cis á venir ¡í decirme ell mis bur-os
casásteis? LJllS ql1 fe va :i. llIorir mi mujer, ella que es mi
-Un poco. vicIa, mi tesoro y mi alllor ?
- ¿ Toseis mucho cuando experimentais una --Callad, por Dios! no os oigo.! le cIije des-emocion
viva? viándolo de mí.
-Sí, eñor. Pero montudo en cólera se urrancnbn Íl puiia-
-Vamos, vamos, dijo, mi hermano se ha dos los cabellos y }'cchinaba los diente;!.
alarmado sin l'llZOn acel'ca de vuestro estado. -No, eso 110 es posible, exclamó; no habria
-¿ No es verdad que esto no será, uada ? Dios.
-Así es, pero necesitais no agitaros ni con- Hay un Dios, le respondí cogiendo su mn-moveros
por nad~ de e. te mundo; deb?is pro· I no eullosa, un Dios bueno y ~1isel'icordioso; si
curnr en lo pOSIble ahuyentar todq cmdndo y . Iluma :í su seno al alma angel!cal de que hemos
vivir exenta de inquietud. hublado es porqlle hace faltn en su paraíso.
Mi vecina salió encantada de su consulta des-I El carpintero suspiró, .d el,binc]uíron,e sus ve pues
ele haber dado las gracias á su benévolo i nas Y, apoyando soure n~~ hombro su cabezu, ~e
oráculo. I echó a ll.orar como un milo ...
Luego quo marchó, dije á Alfledo apretándo- Dos dlas dbsp,ues de esta escena, ,i á la cn-le
la mano: ferma
r
as?n~ada a s~ \'e~tana. .
-Soy casi tan feliz oomo ella. "\ ecmIta, la dlJe, SI os gustan mlS flores,
-Por qué? las tengo qu~ podeis guardar sin peligro de liUO
-Pardiez! me intereso por esa dulce criatu- os hagan dano.
ra y me causaban miedo sus padecimientos.. -l?,o vel:as ? . ,
-Oh! exclamó Alfredo con esa sangre fl'lf\ - SI, pOI q.ue no tienen. 0101'.
que poseen los médicos en alto grado no sufl'i- y le lleve una camelIa blanca tan coqneta
rá mucho. 'q ue de seguro habia atraido al retOl'~ero á todas
-Se curará El'onto las abejas de la vecindad.
-No; conte~, se orirá. Gracias, me dijo; ¿ pero q~e planta es esa
Estas palabras me llenaron de terror; agol- vel'~e.y c.ncorvada que conservalS? Parece que
páronse lágrimas :'1 mis ojos, temblaron mis esta mustw ......
miembros y tuve que reclinarme sobre el res- --No.
paldo de su silla para no caer. --Como! De veras?
-Qué tienes? me preg'ulltó Alfredo <31lcen- Ag'uardad un poco y la vel'eis renacer.
diendo descleñosamente su cigarro. y en efecto, la flor de que hablaba mi \'ecina,
-Qué he de tener? respondí, tu revelacion despues de huber bañado su frente lángui:ia. en
me ha helado de espanto. un rayo de sol se enderezó insenciblemente.
_y sin embargo, no tiene naela de sorpren- --¿, Oómo se llama este fenómeno vegetal? me
dente. preguntó.
_¿ Luego esa mujer está condenada á una --La sensitiva.
muerte p:róxima? ·-Ah ! si, he oido hablar de ella; se marchi-
-Sin duda. ta cuando la tocan, no es erdad?
-¿ Y no se puede hacer nada por ella? --Sí.
-Oh! si tal; se la hará vivir dos ailos más . };js singular. si no costara mucho compra·
con unas cuantas libras dc renta y uu aislamicll' na una.
to Casi completo de todo ruido. --No os apureis por eso, la. dije, tomadla.; así
_¿, y qué enfermedad padece? hará. compañia á vuestra camelia; cuando se
-Una tisis nerviosa. en su último período. muda de residencia conviene á, la mnjer ó ti la
Su cOlllplexion delicada la Lnce sentir más vi. flor tener á su lado buenos amigos.
vamente que á otra persona todas las impresio. Mi vecin!l se sonrió, y un vivo cumin sucedió
Des; en una palubra, su sensibilidad la mata. :i la blan0ura mate de su tez.
-¿ y para curar ese mal es impotente la mo- --Acepto, dijo, pero en verdad que he sido
dicina? demasiado indiscreta.
- Para curarlo, sí; pam prolongar la enfer- Y alegre como un colegial á la vista de su
medad, no. primcr premio se llevó las dos macetas de flores
-¿ Pero cómo esa mujer ha de poder aban· á, su cua.rto.
donar á su marido y su fflluilia para eucerrarse Ay ! muy pronto se acrecentó el mal j no era
en uha existencia material y egoist.á? Esto no ya posible suministrar t~ aquella sensible cl'iatues
pOt>ible; así que babra que contentarse con 1'a, á aquella misteriosa y tierna afeccion rerueadvertir
á su marido que procure en lo sucesivo dios eficaces: la desgraciada se acostó sobre su
m0derarse en su pre~encia, si no quiere agravar lecho de dolor para no levantarse más.
BU mal. Dios nos libre de trazar aquí esas últimas lu-
La empresa era difícil; sin embargo tuve va· chas del cuel'po y del alma, cuando debil itándo-
101' para acometerla, y un dia me acerqué re· se el cuerFO, ap!l.rece el alma por el contrario
Bueltamente al carpintero y le referí todo lo que más luminosa y bella que nunca. No analizare·
me habia dicho mi hermano, sin ocultal' nada. mos aquellos dolores tan admirables y con tanta
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA TARDE 219
paciencia sufrido~, aquella dulzura evangélica
en medio del dolor y aquel olvido de sí mi ma
pnra 110 ocuparse m:l ' que en los interese ;le
otro. La. pobre mlr o c uyo cu e rpo lloraua :lIrotliilar)n
I arp:~ rit". 1 '1e pn.-o s u rcal mallo ¡; obre e l corn7.on de
aqu e l r (' .\' nlll (' ['(o , .Y qu c d ijo c o n a c ento vihr:1I1tc y
:lI\ll'nazado r, arrojando :i lo culpables una terrible
mirnd:1 :
-Señ (' I' y r e y, hermano mio, voy á indag ar las
c:ln a s lh! tu 1I111 l' l'te, y si ellas no Oll buena s , yo, el
I' e y ¡;abré \'en g~ r te .
C a talina y s u lJijo huyeron e " p~ntado<" y Enr!que
de Yaloi" , ya E1lI'ique lTI, se q ue dó f' ó lojun t o al cadá\'
l' I' con su he r mana, que seguía llorando.
Pero de r e pen e Margarita nl7.Ó la C:1OO7.'I, sepan>
sus cab l! lIos en cJe ;;6 nl e n, y enjngllndo sns ojus an e gado<;
en llanto y rnirnndo á ,m herlllano, le dijo:
-l Qué h a b e i . !tpc}¡o (le Héctor ?
-lIéc tor, r e. p o ndió el rey, es el noble más valien-te
de mi reino.
-y d ó nde está?
-Le d ejé en Pol o nia.
--Ah! exclamó Margarita C' s tremeciéndose.
- 0 - p o nci,; púliú:t : qué tencis '/
-E- ti perdido! re. pondió con angustia.
-Yo os re. pondo el e la lea 1 tad ele los polacos.
-¿ y me I'e s p o ndei tambien dl'! puñal q u e os es ·
taba d r stinado, y que s egun las probabilídado:!s hel'il'¡Í
su p e cho?
-Qué queréis dec:ir ? ex,' lamó el rey.
-Qni e ro d ccir que una hora ántes de su llegada á
PolllnÍ:\, debió \legal' \ln h o mbl'e que lIen\,ua nI tribumI.!
de los jueces francos un pL1l1al aguzado contra el
rey de Polonia.
-y quién envió :i ~e hombre? dijo el rey al7.:1ndo
e y sacudiendo sus largos cabellos como Ull leon
soberbio.
-Hermano m io, dijo ¡::ordamen te i'.ln rgnri ta, som os
una. raza. maldit.a; el nombl'e de Valois nl>riga envenenadores
y asesi 1I 0 S.
Un relálllpngo de terrible ira a omó á los ojos del
rey ele Polonia, r¡u~ dijo:
-No te dó cuidado; In. E~critura dice que el que
con hierro mata á hierro muere.
Al dia siguient:! la reilla madre salió c1esterrada
para Tour!', y el duque de Alenc;on se flléásus tierras.
Margarit.\' de Valois aruaba á Héctor; por eso Clsperó,
padeciendo lIIucho .... padeciendo inmen '05 y
terribles d()lore~, ,cni e ndo ardientes l:ígrimas que
quizás hubiesen curado In. ¡¡"rida que Héctor tenia en
el pecho, si H é ctor hLlbiese e s tado allí con ella ...
PCI'O trC's dias, tres mortales dias se pasaron in
que llegnra noticia alguna de Polonia.
I1Ial'garitn, parecda á Ulln ranta macon los ojos secos
. é infbmad os, y el a d eman de un i to, erraba de
dia por ur¡uel LOllVl'e in:nenso uonde la muerte impalpab!.
c , e llevaba á los reyes y á los príncipes; y por la.
noche e clesp e rtnbll sobresaltada lanzando grito ue
espanto, pareciéndola que veia sin cesar un hombre
pálido y sangl'iento que se ncercaba á ella con un pullal
hundido en el cora7.O :'.
j y ese hom bre era Héctot>!
Por último, al cuarto dia,cuanclo el rey acababa de
levantarse y pasaba al aposento de su hel mana, se
oyó un tumulto inus itado en el palacio, y lln hombre
lleno de polvo y de Iodo, cansado hasta lo sumo, subia
la escalera de Enrique II armncando gritos dp- sorpresa
á los gentiles-hombres y á los soldados que encontraba,
que decian :
-Acabamos de dejar al re)', y aquí tenemos otl'O
subiendo las esca leras.
Este hombre se bizo Ileval' por un paje, que le tomó
pOI' el monarca vCI'dadel'O, al a pÓStll1t.o ele la. reina
de Navarra, y se uetuvo vacilante, moribundo en los
umbmles ....
A su vista, el rey y Margarita lanzaron un agudo
gl'ito, se precipitaron y le recibiel'on en sus brazos.
-Margarita, murmuró, he tenido bastante fuerza
pam \lC'glll' aquí. .. mOl'Íré en YllCStl'O seno ..• Bendita
sea la Providencia.
El r ey I ~ tomó en su bra7.0s y le 1I«\'ó :í una cama,
quericll clo pl'Orliglll'!t' de PI los pl'il1ll'ros cnidad" ;
pero l\I :t ~aritll, loca y quubrantacla le .'il·paró di uie ndc.:
-~i debc 1, ivir, yo , ola quiel'(I cuidarle; y ¡;i \\Iuere,
yo , (JI:\, f]lIiel'l) recoger su último 11 pj¡·o, Oil' su
úl(ima palabra, embriagarme CO:I su úl(illla onr ...
-Pero, im:¡ tió el rey con mayor fuerxa, cs hijo
de un hombre :í. quien yo lIamab'l padre; ~e ha sacrificado
pOI' Illí ... le dl'bo mi co rona, c s mi h(·rIlHlno ...
-Es mi amante r respondió l\Iargalira exaltada.
y volvió ~í rechazar al rey violentamcnte, yaplic6
Sil"; ardientes lab.ios ú la boca. crispada del conde
H é ctor,
xv
Pasndo este primer momcnto ele loca. ternurn, Mal~garita,
calmada un poco, lIland611nmar al lIlédico.
Miron sondeó la herida, la examinó l.argo tí(!mpor
menC'ó la cabexa y !.lijo:
-La vida de C:'ste hombre está en un hilo! Diosqui
e re qu e e¡¡te hilo no se rompa!
-Oh! dijo Margarita estremeciéndose, z. qué es
preci"o en es to ?
-Hay que Ileval'le á su país sin tardanza. y con toda
las precauciones posibles, respondió Miron ; sólo I:'~
aire natal puede snlval'le.
- E ti bien, yo le lleva ré, exclamó Margad ta.
-Yo ? diJO Miron n ustado.
-La vida de un hombl'e Que ha hecho un rey de
Francia vale todos los sacrificios del mundo, dijo una
\"07. detrás de Miron.
Miron se volvió: era Enrique III el que hablaba.
XVI
Al dia siguiente, Héctor de Furmoyer aniquilado,.
moribundo, pero con una sonl'Ísa de esperanza en los
labios y e:>trechandu en sus manos las de Margarita
de Ya.Lois, iba cn tilla litera. por el camino del DpI.finado.
Miron acompañaba tambien nI eufermo.
-Señor:l, dijo en ,oz baja á Margarita cuando salian
del Louvre, amais á ei'e jóven, no es verdad 1
-Si, dijo Margadta poniéndose encarnada.
-Pues bien, dijo Miran, debeis tener pl'esente que
vuestro amor puede matarle.
Margarita se estrem e ció.
-f'eré fuerte, le dijo.
XVII
Treí' semanas despues, por una tal'de de otoñar
Héctor convaleciente y la reina de Navnrra se ballaban
~ entados con las manos entrelazadns confundiendo
su alil:'nto y sus cabellos, en la plataforma del viejo
ca tillo donde lJemo introducido á nuestros lectores
al principio de esta historia.
Era una herlllosa tarde de Setiembre, tíbia, perfumada,
llena de brisas de primavera, si podemos deciresto;
el viento cantaba en los árboles, las praderas
estaban vcrde~, los arroyos mUl'muraban bajo la yerba,
el 01 se hallaba envuelto en un majestuoso grupo
de nubes de color de púrpnm y de naranja, ántes
de C'lítrar en el ocaso; y 10s dos amantes, unid(ls éinmóviles,
a-istian, trémulos de vagas voluptuosidades
á ese espectáeulo espléndidamente melancólico de
la naturaleza próxima á dormirse, y arrojando sus
últimos rumore .• cantanuo su postrer concierto.
Ambos estaban allí melancólicos y graves, aspirando
¡imprudentes! los ásperos y misteriosos perfumes
que se exha.lan á c~ertas homs de l~ tierI'~ y del cielo
al mismo tiempo, que corren por el aire y hacen estremecer
y tflrbllll pl'ofulldamellte á aquellos que los
respiran con las manos entrelazadas.
Un momento llegó en que el sol npa.g6 sus últimos
rayos esparcidos sobre las uubes del cielo; en que la
noche tendió su manto poi' las colinas j en que los
•
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
LA TARDE 223
amante oyeroll el c onci e rto de la naturaleza que r esonaba
",n el fo nd o de co raz o ne s , r en qu e ~ U i) la -
oio ~e uu c:\ron y 'e uni e ron ..... .
De repe nte la reina lanzó_un grito, al cual a.:u d iú el
m é dico. •
XYIII
Margarita uabia olvidado lo que Miron le habia.
recomendad o.
Miron halló al con']e Héctor chando en sus
brazo "OIWll! ivo á Margarita dl'smayada ..... .
La uerida que e taba ya cas i ce nada se y o h' ió :í
abl"Íl' : la reina de favarra habia muerto con su amol
:i u amante. .
Aquella mhna noche muri ó el r y de B., - to .
• 4 • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• •• • • • • • • • • • • • • • • • • • •••••
XIX
lA primera ve? que "í de nuevo el ca . tillo d e l r ey
de R - tos, despue. de habel' ~acaclo d e l poho la c ró nica
que acabo de contar, me fuí el recuo á una pi edra
tU1l1ularia que me acordó uabcI' d to medio cubierta
de nluzgo y sin ningun.Ietrero,
E:.ta pieclm se hallaba sobn unos enhebros que
antiguamente formaban parte (lel parque del ca tillo.
eparé el muzgo con una navajilla, y descubrí algunas
líneas medio b01T3das, concluyeudo por poder
leer el nombre de Héctor.
Mis últimas dndas desaparecieron ... Me hallabn. sobre
la tumba del roy de na tos.
Entónces me á p",nsur que sobre esa mi
piedra, ahora llena de IUuzgo y de tierra, habían de
oido Correr las :u'dientc5 1:1grimas de aqurlla ll!lorable
llJujc .. que p .. e. tú tanto esplen d O!' á su .-iglo, de
aquella arti ta l'cal que tUYO alternatÍl'a1l1ente en us
DlallO el cincel de Benvel1uto, In pluma de Rom,arel
y el pinc!'1 de Vcronés, de aquella I'cin:\ qlle fué muje
.. tanta!> de aquella querida que fué siemp .. e
• rema ....
Puse una rodilla en tiC1Tn. y flpoyé mi . labio, en 1:1
piedra, C01110 bu ' cando la uuella de !;US híg .. ilI1f1 s ....
El \' iento de los. iglo la' habia s('cauo.
Nada "esiste al tiempo, ni ann el"I¿Cl¿tl"do del am0 1'
~úts pl'of¡t1Id o.
--<::>0<:>0<:::---
LOS GU ANTES·
SU HISTORIA.
Habia en lJóndres, en tiempo de Isabel, un
buen hOIl1 bre, de oficio sast .. o, privilegiado por
la corte, el cual, lIenl\ su imuginficion de ideas,
y dotudo su espíritu. del talento de l.a observacion,
creyó que debla su arte no dejar para la
posteridad en e.l olvido las modas de. aquel largo
é ilustl'e reinado. En consecuenCia, cuando
dejó las tijeras para tomar la pluma, el razonable
y poético Jhon Stoves, conservando toda vía
el gusto que tenia en vestir :í sus parroquianos,
se hizo el gl'ave cronologista de las gorgueras
y las sedas chinas. Dese1"Íbió con todos sus detalles
lo. l"flvoluciou de las cañas de hier1"O sus·
tituidl\s :í l11s reglas ue madera ó de marfil para
plegar la!' gorras, la invasion de los zapatl\s con
hebillas, y el completo destierro de las rosas y
borlas, y á modida que se animaba en su libro,
considcrando las anécdotas como testigos de
cargo y descargo de los sucesos históricos, rofiere
la importanto aventura de cierta señol"3.
. flamenca, que introdujo en la Gran Bretaña. el
nte de almidonar lad gargantillas con almidon
amarillo, lo cual á la. luz sienta mejor á la. tez i
así como no d e j ó d e c o n s ig llar las h e r ó i cas h l1 -
zaña s del h Oll o rau lo Eduaru o D e v c rv e , co nd",
d e Oxfo rd, (lui c n fll é cl prim e ro qu e ll o ~'6 d e
Itali a lo sec r e to y mi ste r io s d e la p e l f ll fn e rín.
y el e la s pus ta s 0 10 1' 0 as ; y ell t re otras p rec i os a s
imp o rta oion es , ad e ma s d e u u cO l' s6 11 l' o lll ll íÍz a d o ,
gllan t s de ul o r, c o n l os qu o .e c o mpla c i a t a n t o
la gran señora, que s e hizo pi ll t a r co n sus g ll a n tes,
que fueroll por largo ti e mpo llama dos l os
bl"fi se rillos dol condo de Oxforcl.
A e s tas últimas lín e a s del fi e l hi s toriador e s
:í lo que deuemos d út. i l pen s ami e nto de est e
nrti c ul o , y t e n e m os un plnc(' \" e n d ec lararlo a s í.
En UII tlabajo ÜiI1 ~ é rio c o m o e~ t e s eria cargde
cOllciel1ci::¡. :; e r plag iari os .
¿ Quién clltro la s m uj o r es b Oll itas, q ui é n e ntre
l os hombre s grav e. , ha s i Llo el prime! ' o <Í
sacar s us mano s c u n la pie l t e rrible d e un ani.Ill
a l, Ó con un s e n cillo te.iido do lana? ¿ R~ in.
- l'H.'"ee~ i .. bJ quien ÍI1\"entó los primeros gua n t e ?
Es la coquetería? Gravc y profunda eu es tion,
que ha causado frecuentem e nte la d e sC'speracion
de los incansabl s investigadores de los
orígenes, pGr 11lás que ellos aseguren que nada
se les ha escapado de lo que pertenece ¡Í la antigüedad,
desde los monumentos de Sesóstris
ha la los cuchillos de mcsa.
y sin emb :1l"go, sabemos que se han ll e vado
guantes desde los tiempos más remoto s .
.l!)l rey profeta, David, ese piadoso trovador
de los t.i e mpo bíblicos,:i. quien s ntifi có tantas
veces 01 arrepentimiento, y \lue dió al dolor eanlos
sublimes, ¿ no declal'a en uno de sus horói.
cos salmo quo IllTojuni ~ u guante :i Ed e on '? La.
mÍ'lna palabra so llluestra en la tierl1a hi toria
de Ruth, y pora que no quede dutIa lllguna, el
Lexicon de los libros hebre o ", repi10 mu c has
veces la expresiou, y dice que tiC trata del ve stido
de la ?nWIO.
Iluminadn. por la historia sngTada e lo. curiosa
investigacioll, adquiere nueva luz el) la historia
profana, y si el lecdor se trasporta d e la
tierra favorecida de Canaal1 ::\, la. po é ticas ri\'eras
del rio l\lel esa, v e r IÍ allí qu e H o mero, trazándonos
el clladro d e l d igno anciano de Loerta,
repreoenta 1\1 patriarca clúsieo dedicatIo al cu l tivo
de su h!.:ol'to, con sus manos pre e rvaihs pOl"
guau tes, para que l o s ospin:os 110 clcsgall'en su
carne.
Antes de con tio uar, si por acaso en tre los
que no:; siguen se eccuentra alguna e tudiosa
lectOla que crea eutramos profundamente en la
ciencia, es proci~o nprcsural'nos :i. trnnquiliz1.rla
y pedirla perdon pOI' ser difn os. Podelllo" prometerJlos
aquí sacar enteramente conclusionos
respecto á los gnantes, y esto por el interes de
una coquete rb bien entendida, ue eso arte qne
no es tan eoO"cista ni digno de la murmurac-ion ~ ,
cnmo lu suponen muchas gentes de humor atraJ.¡
iliaro, que no saben .111.111:1S el fin do las co as,
é ig'nornn quo nada so ha criado quc no sea útil
UStÍndolo con intenciones laudables. '
Jeuofonte, UIlO do los más amados entl:e los
Jiscípul~s de ¡:)ó.crntes, ese escri tor tan puro, y
cuyo. estIlo l'eS~lra tan amable bondad, que los
atemenses le dIeron el sobl'en:>mbro de Abeja.
ática; J enofonte, en la pintura que nos ha dejado
de la molicie de los persas despues de la
muerte de Ciro, nos comunica detalles muy lu-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
224 LA TARDE
minosos y circunstanciados acerca de los guan- Alllogar aqui, lo. histol in dc los guantes se
tes: "E-tos pueblos, dico, no satisfecho. con pierde en la. 110che do los siglos ele igllorancia y
librar de los ofecto: del aire su cuerpo, su piés, b l'bal'ie, y nos vemos oblio'ados ti. acudir ha tu.
sus brazos, cubroo l.a3ta sus dedos con d lica- principio del siglo IX, para volver (L hallar su
da cubierta." 11 o general. Ya e&ta p,nte del traje se ollvior-
La reprension [lIgo e par~ana de Jeuofollte to en una eñal de roto, un igno de investIdura,
nos enseña qu el guante no podrá. ser más que un adorno inv ntado put·a. 10 - caballeros, quel'Íun
objetJ Je lujo, un adorno acloptauo pOI' el do d las muj eres. Los jóvenes (lue perLenecan
deseo de agradar, porque todos aben la. herlllo, á la Igle ia, adoptan tnmbien los guantes. Ho.ssura
del cielo de las comarcas felices dc (Jue ta los fruiles qHiercn servir e de ellos, y en
habla, y la suavidad del clima dondo la vida cs I tiempo de J~uis el Pio, el conúilio de ix e ocutan
cómoda. No se trata, pue1:l, dcl gUl111to pre- po. sériamentc de es a parto del trnje. J\lnndo.
selvador dc Laert:\; no es ya el guante do do- quo los f .. ailes no lleven guantes de piel da
safio do David; es la cubierta delicada que li- carnero.
bra dol colibcto del aire, y deja en la piel una De lo que acabamo de decir, RO debe deducir
blancura sobre la que el arelar del sol obraria que en su oríg<,n los guantes no eran sillo una
con dema.siada fuerza. e pecie do sacos fOl'l'udos por fuera, los cuales
Eotro los roman os, los guantes estaban muy pre~Ol'van la mano sin marcar los dedos, pero
en uso. El uravo lugar teniente de Pompeyo, el que en el momento en que el gusto y la imagierudito
Varron da te tiDlonío de su antigüedad nacíon dieron la elegante inspíl'f\cion de consaentrc
sus compatriotas. En su libro II de la Vi- grados al adorno, cuando las mujeres.' 11) oleda
1'ústica, recomienda no coger las aceitunas gante de las épocas pasadas, en Grel,ia, en Roma,
sino con la mano descubierta; " porque, añade, en la. edad media, se resolvieron á ponérselos,
este fruto asi conserva un sabor que no tienc se quiso que dej'lsen á la mano toda la gracia
cuando se quiere coger con guantes." Ott·o es- de sus contornos, toda la delicadeza de sujuego,
critur, Athene, (trasportémollos con los sofistas .Y si es permitido u al' de esa expresion, toda la
á la mesa,) refiere que un célebrc gloton jamas perfeccion dc su fisonomía.
dejabn. de ponerse guanles cuando so le convi- Sea 10 que se quiera, en esla época el guante
daba. (~-un festin : de ese· modo cogia los peda7.os ha adquirido la alta significacion que hemos
todavía abra ando, y adelantaba más que los dejado presentir. Como cubre lo. mano, que cs
convidados que rodian competil' con él en glo- la señal dcl poder, de la fucrza, del mando, el
tonería y apetito. guante figura en las ceremonias solemnes. En
Esta épOC.l era la de :\1arco Aurelio, yestá. 1602, los obispos de ParlerbOll y de Mancera,
fuera de duda, d spues do ese detalle, que per- recibieron un guante en señal de la po~i(Jn
tenece tanto á la historia de la moda como á la de sus sillas. Bendijéronse los guantes en la
de las eostllrnhres, que entónces griegos y 1'0- consagracion ele los reyes de Francia.; y Fabin
manos f!e scryian de guantes. a egura que es una costumbre oriental, tomada
Se ve, pue, tIue si este uso t'lVO nI principio dclosmáscaballere!'coscalifascuandoconferian
por objeto un fin únicamente útil, m{ls tarde, los grandes emplcos. El guante es una intimay
c¡;peciallllcnte en Roma, en tiempo de los Em· cion ó juicio de Dios. Arrojar cl guante, ea
per:ldore¡:, llegó á her el ~jgno visible de lujo y desafiar á. un adversario; levantar un guante,
de una vida ociosa: señala ell"iglo en que la es aceptar un dnelo. Si nn noble le aproxima
austeridad de las costumbres antiguas empeza- all'ostro de un noble, ésto es abofeteado. ¿ No
ba á. relajarse. es in ultado do este modo el padre de Jimena?
Asi, este modo do servirse do guantes en con- Arrancar el guante, es mancillar á. uno; privar
tró bien pronto la opo icion de los filósofo. , y si á un noble de sus guantes vionc ¡\. ser una señal
no recordanto~ mal, Jo que dicon las fuenles de degmdacion. En el reinado do Eduardo Ir,
dunde bebemos, un estóico del tiempo de Marco rey de Inglaterra, un eondo Carlislc es convicto
Rufo, remont.:ínuose con e te motivo en cólera, de alta traicion, y entre otras cireun ·tancias de
exclamó: i hs una vergüenza que un hombro su dcgl'adacion, \Vasingham refiere que se le
con completa salud, se cubra las manos con te- rompieron las .Ll8IJUelas con una hacha y que le
las "uaves y caliente ! despojaron de los guantes_
¿ Qué dirán nuestras señoras, qué pensarán Un hecho notable, que se refiero á la parte
nuestros elegant~s de aquella indignacion del solcmne de la hi~torio. de los guantes, se enáspero
filósofo? Lo ignoramos; pero en cuanto cuentm en las crónicas de Alemania. El dio. en
ti. nosotros, respondpl'emos que el anatema de que Cúrlos de Aojou, vencedor en los campos
Rufo hubiera carecido de fundamento, si se hu- de Lix, no tuvo escrúpulo en sacrifical' al intebie,
e lanzado en el momento en que el Secreta- res de su gloria á una política cruel, cuando el
l'Ío de Plinio el Anciano, se acordó do ponerse último vásta.go de la dinastía Suaba fué conduguan
tes, cuando se vcrificó la eru pcion del Ve- ciuo nI cadalzo, (Jorandino, próximo á morir,
subio. En la hom. suprelllfl. en que aquel mle- justificó cn voz alta y orgullnsa sus títulos {\ la
roso escritor, desafiando el peligro, dictaba sus corona; despues, creyendo que debia investir
prudentes observaciones, ¿ cómo, sin esta pre- á alguno de los suyos dc la dignidad que le
caucion, el decidido jóven, hubiera podido es- arrancaban, arrojó el guante en medio del puecribir
Lajo una lluvia de azufre y de ceniza? blo diciendo:
Todo se recompensa, y hé ahí la prueba. En j Si hay entre vosotros un hombre animo-ese
caso, la moda ha merecido bien de la ciencia. so y cl'is~iano, que recoja este guante y le lleve
Si no hubiesen sido puestos esos guantes, nos á alguno de mis parientes, para que reclame
faltaría un hermoso libro. su derecho y mi sangre! (Se concluirá')
•
•
-
Citación recomendada (normas APA)
"La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 28", -:-, 1875. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2092940/), el día 2026-04-04.
¡Disfruta más de la BDB!
Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.