En esta ocasión, recordamos uno de los poemas más agridulces de Jorge Luis Borges, que nos enseña que la vida entre libros nos lleva por caminos que se bifurcan y a bibliotecas fantásticas.
Muchos vivimos rodeados de libros toda la vida, desde los cuentos infantiles hasta las novelas, pasando por las lecturas obligadas de colegio y universidad. Pero, ¿qué pasa cuando alguien que le dedicó su vida entera a los libros se queda ciego? Las ironías de la vida no le pasaron desapercibidas a este poeta, que dejó plasmado en sus letras el sentimiento de llegar a la cúspide y no poderlo disfrutar al máximo.
Lectura a ciegas
Borges fue uno de los escritores más prolíficos del llamado "boom" latinoamericano del siglo pasado. Con su literatura surreal y poemas sonoros, es uno de los protagonistas de la literatura latinoamericana. Pero algo que solo algunas personas saben es que hacia la mitad de su vida el escritor se estaba quedando ciego.
La ironía, que queda registrada en el poema que recomendamos hoy, es que justo después de perder la vista, fue designado como el director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina. De ahí los versos que componen el "Poema de los dones":
De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría.
Este poema más que un grito de auxilio o un lamento, es una carta de amor hacia la lectura y los libros. Nos recuerda lo valiosos que son los libros y lo importante que son las bibliotecas.