En Kennedy, los carnavales surgieron menos como espacios de entretenimiento y más como respuestas creativas a crisis sociales y ambientales. Desde finales de los años ochenta, juntas de acción comunal, organizaciones culturales y comunidades religiosas convirtieron problemáticas como la falta de servicios públicos, la inseguridad en los barrios, el asesinato y hasta la desaparición forzada en detonantes de organización festiva. Tal como recuerdan algunos líderes comunitarios, las primeras comparsas aparecieron cuando la protesta tradicional dejó de ser escuchada y fue necesario apelar a estrategias lúdicas para visibilizar injusticias y defender la vida.
En general, las festividades, especialmente los carnavales, tienen la capacidad de invertir simbólicamente el orden social y presentar denuncias a través del lenguaje performativo. En Kennedy, la fiesta fue, y sigue siendo, un dispositivo político: un modo de interpelar al Estado, cuestionar la exclusión y fortalecer identidades compartidas. Procesos como el Carnaval Popular por la Vida, sostenido durante más de treinta años por lideresas del Centro de Promoción y Cultura (CPC) , o el Festival del Agua y el Fuego, articulado a luchas socioambientales de la Media Luna Sur, muestran cómo las comunidades han usado los desfiles, los ritmos y los cuerpos para narrar vulneraciones, exigir derechos y afirmar dignidad. Otros casos, como el Carnaval de Patio Bonito, que nació para combatir imaginarios de inseguridad, evidencian que la creatividad festiva constituye una herramienta concreta de movilización y pedagogía territorial.
Hoy, aunque persisten desafíos de sostenibilidad, las prácticas festivas continúan como una herencia viva de resistencia y memoria. En estos espacios, la cultura se ha convertido en un eje de cohesión, afirmación identitaria y acción colectiva frente a riesgos ambientales, violencias estructurales o transformaciones urbanas. Así, lejos de agotarse en los eventos concretos, las fiestas, festivales y carnavales siguen activando el tejido social para proyectar posibilidades de futuro más justas, solidarias e incluyentes.