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Biblioteca de Señoritas - Año I N. 6

Por: | Fecha: 07/02/1858

AÑO I. Bogotá, 7 de :febr ero de 1858 . NUM. 6. E l romance. NECE IDAD DE QUE LO POETAS SURA lERICANOS CULTIVEN ESTE JENERO. Las coleccione de romances antiguos españoles son rara , dúícile de leer, difusas en su mayor par­te, i mezcladas con piezas d ' biles i de escaso inte­res. Es preciso tener un entujasmo casi fanático por la poesía antigua pañola, para echarse a pe­chos un volúmen entero de la Silva de 1·omances viejos, ele la Silva de ·romance va1·ios, de la Flo resta poética de R ebolledo, de los R omances de Quevedo, i de tantas i tantas otras colecciones mas o ménos antigua , mucha de e llas incoherentes i desgreña­das, en maJo~ tipos i peor papel. D e las edicione modernas que se han hecho i se hacen diariamente de las poesías antiguas no es po· sible tratar con detencion , por no permitirlo un si m­ple artículo de periódic?;. pero séanos permiti_do tribu ar nuestro reconocimiento a los hombres In· telijentes i dotados de un fino gusto, que en sus e cUI·siones filosófica. van a bu ~car entre el polvo de las bibliotecas, públicas o particulares, libros viejos i deteriorados para compulsarlos, i publicar lo mas sustancial que ellos contienen. (* ) No ha­blamos tampoco de las colecciones de romances ori­jinales modernos, como la del autor del Aloro Es­pósito, porque el mérito de e te tr_abnjo es de o_tro jénero, i sus título~ a nuestra adnnracwn son_ dife­rentes, por no decir mayores. Saavedra ha reJU ve. necido i rehabilitado el ya casi abandonado 1·omance antiguo. Nadie ignora de cuánta importancia es el estu­dio de estos antiguos romances, como que en ellos está la verdadera poesía naciona l de España, la poesía de los campos, de los castillos i de la choza humilde del pastor, i la poesía que asiste a todas las reuniones, que se halla en todos Jos labios, que exal­ta todos los espíritus. Cervántes, hablando del ro­mance de don Gaiferos, dice que andaba en la boca de todo el mundo, i que aun los niños lo repe tinn por las calles. Tan populares, tan consustanciales, digámoslo a í, han sido siempre en los países espa­ñoles de Europa i de América estos cantos en que se pinta su jenio i se retrata su carácter, como en un espejo, que nunca la edad , ni e l sexo, ni profesion alguna se han sustraído a esa afic ion innata, a ese impulso natura l e irresistible, ya a componer, ya a r ecitar romances. Todos los rec uerdos de la E spaña están en esos romances; es su tra di cion, su h istor ia flo rida, digá­moslo así, su epopeya nacional, su libro de Jos hé­roes ; allí están sus cuentos caballer escos, ll enos de graciosas imájenes i de g loriosos hechos de ar­mas; allí están sus cantos de amor, en que las hi­jas de los reyes suspiran, miéntras bordan las em· presas para sus amantes, en que el trovador cuenta sus penas i cu itas al compas del acordado instru­mento, al pié de la ventana de su inaccesible dama; i allí, en fin, Jos puentes levadizos, los briosos cor­celes, las fiestas i torneos, Jas bandas i celada3, los (*) Véase, por ejemplo, el "Tesoro de romanceros" pu­blicado por D. Eujenio de Ochoa. < javalíes i aleones, i el amor, i la g loria, i la pieda d, i la nobleza, i la j enerosidad i la gallardía. Aquí es el Cid, vencedor de Jos Moros, dueño de Valencia; allí s Bernardo del Carpio, cerrando el paso de los Pirin eos, venciendo a Carlo Magno, que venia en busca de la corona de Leon, i a quien el mozo leo­nes g ritaba en el campo : "ven por ella," i despues ele la victoria se pre entaba a su rei dici éndole: "La respue ta que la Francia nos ha dado la trae­mos escrita en nuestros pechos.') Allá es el reí moro llorando por la pérdida de Alhama i oyendo aquel terrible r proche : " no la supiste conservar como hombre: i la lloras como una mujer." O bien Ro­drigo huyendo del campo de batalla donde fué ven· ciclo, i esclamando con lágrimas de desesperacion : ': yer era rei de E~paña, hoi no soi nada ; ayer era dueño de ciudades i castillos, hoi no poseo un palmo de tierra .11 Hai otra clase de romances a la cual pertenecen las composiciones puramente caball erescas : Ja h is­toria de Lancelote, de Tristan, de Amadis. E l pue­blo por un in tinto natural formulaba así sus senti­mientos, reinando la locucion, fluida, sencilla, es­pontánea. Los nobles i grandes señores tenian en sus castiJJos largos romances escritos en vitela , or­lados de florones i guarnecidos con finos arabescos. Los trovadores can taban al pueblo congregado sus estrañas aventuras, cuentos de amor i de guerra, compuestos, segun el gu&to popula r, en ver&os aso­nantes. Esta poesía, a campo ra ·o, digámoslo así, no se escribía jamas; i el autor de Ja rapsodia, satis­fecho con Jos cándidos aplausos que recibía de la multitud, muchas veces ni aun se daba a conocer ¡ pero los homb res del p ueblo recojian .fielmente sus cántigas i las redactaban, por el cl ia en sus horas de ocio, i por la noche en sus veladas. lVlas su~edi ó una cosa estraña, i fué que esos ma­nuscritos copiados con tanto arte, i conservados con tan to esmero, se perdieron en su mayor parte, i solo quedó la tradicion popular, tan vaga i tan instable de suyo ; i a fa lta de libros fu é preciso recurrir a la memoria de los viejos . D espues que Jos palacios se habian quemado, i destruídose los monumentos pri­mitivos del arte, se buscó esa poesía de los tiempos an tiguos, i se h alló que a lg una pobre mujer del pueblo podia repetirla palabra por palabra bajo el humilde techo de su cabaña, o que un infeliz ciego la cantaba pidiendo limosna por los caminos reales. Otra série de romances, correspondiente sin duda a una época distinta, es Ja de los romances moris­cos: j énero variado, numeroso, interesante. Es el cuadro de la vida árabe con todo su brillo prestijio­so, esa vida risueña i caprichosa, como la caprichosa arquitectura de la Alhambra, pero seve1:a al mismo ti empo, como esa montaña en que el mfortunado Boabdil se detuvo para volver los ojos por última vez a Granada, i que desde entónces se llama el Monte del suspi?·o. Vida de contrastes i peripecias : tan pronto las fie stas deliciosas i embriagantes, i las horas de amor en los jardines de palmeras i naran­jos : tan pronto el grito de· guerra, i la coraza de acero reluciendo al sol i el penacho flotante en me­dio de los combates. A la vista de estas fic ciones Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 46 BIBLIOTECA DE SEÑORITAS. seductoras de la poesía árabe, Jos españoles olvida­ban su enemistad, i d8jándose llevar del encanto de ese paganismo cabnlle resco, cantaban la gloria de los abencerrajes, como habrían podido cantar Ja de sus propios héroes. No dejaba el espíritu relijioso de reprocharles e~ta inclinacion ; pero el pueblo, aberracion estraña en aquellos tiempos! rehusaba entrar en estas discusiones teolójicas; i cuando le echaban en cara su propen ion a aprender o a imi­tar los cantos de Jos infieles, respondia con injénua candidez: "Caballeros granadinos, Aunque moros, hijosdalgo." Despues de haber pasado por la tradicion histó­rica i por la leyenda caballeresca, el romance sufrió una nueva trasformacion : dejando a un lado Ja lanza i la espada, se convirtió en pacífico habitan­te del campo, i a Jos cantos de guerra sucedieron Jos pastoriles. Algun tiempo despues descendió un poco ma8, i ya no fué sino una e pecie de jácara llena de concepto.~ i retruécanos, en que se pinta· ban los usos i costumbres de la P.poca, i a que ser­vían muchas veces de argumento las escenas mas comunes i vulgares, como lo vemos en los roman· ces de Quevedo; en lo cual el romance español no hizo mas que seguir Jos pasos del teatro, que desde la trajedia griega fué de ... cendiendo poco a poco hasta la comedia moderna de costumbres, i desde el alto coturno de los héroes i príncipes, hasta la zarzuela i el s inete andaluz. He aquí una brevísima reseña histórica del ro­mance castellano, de e e tipo de la poe ía nacional española, en que se exhala el jenio i se pinta 1 ca­rácter de nue tro~ padres como n un daguerreotipo: brevísima, porque apénas hemos querido que ella sirva de preámbulo a la e8citacion que nos propo­nemos hacer a nue tras jovenes literatos para que culti en e te jénero tan fácil, tan sencillo, tan có­modo para e ~ cribir las crónicas i la hi toria ; i por­que no nos estaria bien e~ tendernos mas en u na materia en que todo lo ha dicho ya el célebre don Anjel Saavedra al escribir el prólogo de sus Ro­mances históricos. El ejemplo del éxito feliz i com­pleto que obtuvo este literato distinguido, debe ser un estímulo que mueva a los poetas surnmericanos glorias nacionales, para popularizar nuestros inte­resantes hechos históricos ! El romance es, no lo du­demos, Ja epopeya moderna de los pueblos hispano americanos. Por Jo mismt' que el romance exije un gusto pu­Jido, u na delicadeza e~ trema, i no ha de humillarse hasta las jácaras i coplas vulgares¡ por lo mis~o que estejenero de compo::,icion ht...ye del estilo ~1~­chado i ampuloso, de la vana afectacion i del np10 i palabrería sin sentido; por e lo mismo ha de con­tribuir, si se cultiva con per everante esmero, e imitando lo buenos modelos, a crear el buen gusto, i a correjir los mui notables vicios de nuestra poe­sía, imitadora servil, por lo ordinario, de estranjeras i espurias escuelas. Como todo conocen los elojios que del romfl-nce han hecho eminentes poetas antiguos i modernos, tales c0mo Juan de la Cueva, Lope de Vega, Mar­tínez de Ja Rosa. el va citado Saavedra, i otros; i tambien las regl~ , pi·eceptos i con"ejos que para su compo. icion han dado, omitimos decir lo que no seria mas que una innecesaria repeticion, o el deseo de ostentar de nue .. tra parte una necia e importuna erudicion. Varias son las composiciones de este jénero en que se han ensayado algunos de nuestros comp3.· triotas, i ellas demuestran que él no es estraño a nuestra literatura, i que la lectura de buenos ro­mances ha dejado el fruto apetecido, si ya no es que por in tinto natural el jenio americano brote en un terreno que le es propio, denunciando la he­rencia que recibió de sus antepasados. En un ti e mpo tuvimos la idea de hacer una co­leccion de todos ]os que se han dado a luz en la Nueva Granada, ya serios, ya fujitivos i que andan dispersos en varios pen ódicos, i en otras publica­ciones; pero motivos que no es deJ caso mencionar nos retrajeron de e .. te intento. Si algun curioso, con mas tiempo i mejor criterio que nosotros, quisiese prohijar esta idea i llevar a cabo el proyecto, haría un servicJO notable a la literatura, formando por Jo ménos un volúmen escojido, que en cualquier tiem­po haría honor a nuestro país. YARILPA. a rejenerar, o a fundar; si e quiere, en este conti· nente el romance, como medio infalible de popula­rizar la poesía, de enseñarla, de incrustarla, digá- > moslo así, o amalgamarla con nuestra historia na- ( cional, con nuestras gloria , dando forma, anima­cion, vida i carácter a nuestra incipiente literatura. A ..... •.. Oh! Si pudiera obtener Con intelij ncia suma, Que ver o~ mil de mi pluma Bellos se vieran nacer, Como al primer arrebol, En las mañanas ele abril, Ya lo han dicho varios escritore : la epopeya PS un jénero exótico, imposible en estos tiempos; Ja ci vilizacion ha ido Techazán olo poco a poco, i en ( proporcion de los progresos que esta ha hecho, aquel ~ se ha retirado de la e~cena. La epopeya era la for- S ma propia de los tiempo~ de lo maravilloso i de lo! ideal, forma que no se a viene bien con los tiempos de lo positivo. El siglo de Homero fué el siglo de la epopeya, de entónce para acá el jénero 'pico ha ido decayendo, i la Henriada misma, como dice un picante escritor frances, no es mas que una Gaceta elegante. Pero nos queda una forma adaptable a nuestra época, i que puede mui bien reemplazar a aquella hasta cierto punto: el1·omance. ¡Cuánto no se pres­ta este jénero, que parece humilde, para consignar en él nuestros recuerdos, para inmortalizar nuestras? Se ven nacer mil a mil Los vivos rayos del ol, Entonce, amiga, al pulsar De oro la lira tremente, Que hoi se ajita blandamente Como un pecho al suspirar, Yo te diera en cada son, Grito del ánima mia, Un piélago de armonía En que ahogar el corazon! I te cant ría mas Que nunca nadie cantó; Que nadie nunca cual yo Fué para cantar audaz; Ya que es la llama del sol La del vate Amencano, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BIBLIOTECA DE SEÑORITAS. 47 I e su cantar oberano Como cantar E pañol! Cantara el cielo turquí, El cielo que al erlo admira, El cielo que al verlo inspira Porque o lo se ve aquí. L as flore de .. parramadas Cual mil e trellas caida , Las dulce fuentes dormidas I las onantes ca cadas, I aque .... tas noche~ de tul En que los mundo celestes D espliegan ws áureas vestes Por la ancha bóveda azul; Con toua esta inmensa z ona , Cuna i tumba de valientes, En que no hai esclavas frentes Ni frentes ha i con corona; Esta tierra-para Lo Que es del munuo el corazon, D espertada de improviso A los pasos de Colon ; Do nunca muere la luz, Donde los libres son g rande s, Do se de~tacan los And es De p edestal de la Cruz! •••• Tal vez, hermosa estranj era, P erfume de flor au ente, Onda de leJana fuente En que otro sol reverber a, En la América gloriosa Dejarás vi va tu huella S eñalada en una rosa, Dibujada en una estrella! Hora contemplo tu frente Que un ignoto pensamiento, Como a las olas el viento, Hace temblar de repente, Ahogado por tu sonrisa De tu patria oigo el sdspiro, Que ácia ella va en blando jiro, En alas de ajena brisa. No beb en tus lindos ojos La luz de tu lindo cielo, Las flores de estraño s uelo Son para tu planta abrojos. ¡Pobre pájaro perdido, Mas no en la red prisionero, Que del árbol estral)jero N o quier es colgar tu nido. Vuelve al nativo horizonte I vierte tu melodía En ]a hojo "a selva umbría I en el alto espeso monte! Marchita hoi tambien )a flor Don tuyo, al partir, la pierdo ..... Dime tú si así el recu erdo Perderás de tu cantor! 1850. Lope de Vega. Tenemos a la vista el testamento de Lope otor­gado en Madrid a 20 de agosto de 1675 ante el es­cribano del número, don Francisco de Moráles. En él se dice que fué casado con doña Juana de Guardo, la cual le trajo de dote 22,382 reales de plata doble, dándole él de arras 500 ducados: que de eete matrimonio tu vo por hija única a doña Fe­liciana; que e ta casó con Luis Usátegui, a quien ofreció al tiempo de tratar e] casamiento cinco mil ducados de dote, comprendiendo en ellos Jo que a su d1cha h1ja le tocase de su abuelo materno; pero que por haber e .. tado alcanzado no le habia pagado aún cosa alguna, sincmbargo de haber recibido varias cantidades de la herencia de su suegro. Por e tose ve qne el buen Lo pe de Vega, a pesar de ha­ber ganado, con solo sus comedias i sus autos, no­venta i 5eis mil du cado , no contaba entre sus bue­nas cualidades la de la economía. Verdad es que dejaba por heredera universal a su hija; mas si n duda no seria mucho lo queJe hubiese de tocar en la sucesjon,cu anuo se Jee en el testamento la cJáusu­siguien te : "Declaro que el rei nuestro señor (Dios lo gua rde) usando de su benignidad i largueza, ha muchos años que en remuneracion del mucho afecto i volunta(con que le he servido, me ofreció dar un oficio para la persona que casase con la di­cha mi hija, conforme a la calidad de la dir.ha per­sona; i que con e. ta esperanza tuvo efecto el dicho matrimonio, i el dicho Lu is de Usátegui, mi yerno, es hombre principal i noble, i está mui alcanzado, suplico a S. M . con toda humildad i al Escelentí­simo señor Conde Duque, en atencion de Jo referi­do, honre al dicho mi yerno haciéndole m erced co­mo lo fio de su g rand eza. " No sabemos si el rei cumplió esta m anda i la palabra que tantos años atras había dado, en lo que parece que S. "!vL se mo straba algo fl aco de m emoria, Era Lope de jenio apacible i suave, lleno de amable corte~anía en e l trato, i aunque tuvo de­tractores, pension comun a todos los grandes jenios; no conoció nunca la envidia, prestándose siempre gustoso a alabar a los demas poetas, entre los que a la verdad sobresalió tanto que no tenia para que temer rivalidad nin g una. Sinembargo, si JJ egó a lo sumo el aura popular de Lope durante su vida, despues de su muerte, cuando hubo d esaparecid o e l asombro que produ­cia su prodijiosa fec undidad, cua ndo otros poetas se presentaron en ]a escena superiores a él en dotes dramáticos, cuando en fin empezaron a cundir principios literari os mas ajusta dos al buen gusto i a la sana critica, en t ónces las alabanzas se convir­tieron en vituperios, i no fa!tR.quien quisiese con­fundir a tan grande hombre con los mas despre­ciables dramaturgos. Injustici a fué es ta mucho mas inescusable que el desmedido aplauso que se le tributara en vida : al ménos este se fundaba en un mérito r ea l, en el prestijio que no puede ménos de granjearse el jenio, en las facultades portentosas de este jenio, que si abusó la timosamente de ellas, el mismo abuso demue.:.tra cuán grandes eran i po· derosas. Libr es ahora a la par de aquel prestijio i de toda preocupacion n aci da de doctrinas literarias, apreciamos a Lo pe en lo que vale, i juzgamos de su mérito con imparcialidad. Si consideramos solo el número de sus escritos, la historia literaria no presenta otro ej emplo seme­jante de una fecundidad que casi parece fabulosa; i aún cuando no tuviese otro mérito, su nombre vi­viria siempre en la m emoria de los hombres como uno de aquellos prodijios que la naturaleza no ofre­ce mas que una ve z sola. No hubo jénero de poe­sía que no abrazase; desde e l madrigal hasta la oda , desde la égloga hasta la com edil'l , desde la novela hasta la epopeya, todo lo recorrió, i en todo dejó se- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 48 BIBLIOTECA DE SENORIT AS. ñales de su privilejiado talento. Se lee en el prefa­cio de un l ibro impreso en J 604 que a la edad de 42 años pasaban de veintitres mil hojas los versos que hasta entonces había hecho para el teatro. En 1618 asegura él mi moque llegaban a ochocientas las comedias que llevaba compuestas, i en 1620 a novecientas. Cuando en 162~ publicó la vijésima parte de sus obras dramáticas, decía que le queda­ba toda vía tiempo para escribir hasta mil i setecien­ta . Por último, en 1635, año de su muerte, afir­man Pérez de Montalvan i el sábio D. Nicolas An­tonio que ascendía a mil ochocientas el núme ro de sus comedias. Estas son en tres jornadas i en verso; todas ellas se representaron, i la mitad se imprimieron. De ellas hubo ciento que no le costa· ron mas que un dia de trabajo, como él mismo lo asegura en estos versos: I mas de ci ento en horas veinticuatro, Pasaron de las musas al teatro. A estas mil ochocientas comedias hai que añadü· cuatrocientos autos sacramentales i un gran núme­ro de intermedios, muchos poemas épicos, didácti­cos i burlescos, entre ellos la Jerusalen conquistada i !a Gatomáquia ; epístolas, sátiras, disertaciones, composiciones sueltas e infinidad de sonetos. Se ha calculado que en los 70· años de su vida, le tocan a cada di a ocho páj inas i casi todas de poesía. Sus escritos todos componen el número de 133,000 pá­jinas i 21 millones de versos. Para tanto escribir parece que su pluma debia correr tan sueltamente que jamas se parase ni hiciese enmiendas. Existe sinembargo en poder de uno de nuestros mas acre­ditados literatos un 1 ibro en blanco donde solía ha­cer sus borradores, i en que hai composiciones su­yas de toda especie. A juzgar por esta muestra, pocos poetas habrá que corrijan mas sus composi­ciones, pues todas están llenas de multiplicados bor­rones : se vé ademas qne en algunas de sus come­dias, si no en todas, escribia primero el })lan, no por actos ni escenas, sino formando una pequeña novela. A la fecundidad añadió Lope otras dotes de poe· ta que no le dan ménos gloria. Su poesía es por lo jeneral dulce i fluida, como el agua limpia de una fuente pura que sale sin tropiezo alguno: su esprecion deja pocas veces de ser clara, intelij i­ble para todos: i flsenta de los defectos del cultera­nismo i mal gusto que afearon a muchos escritores de su época i la siguiente: los argumentos de sus dramas son variados i muchos de ellos felices; los caractére de sus personajes, si no perfectos siempre en la ejecucion, bellos en la invencion i con rasgos admirables que arrebatan: el diálc>go es fácil: una galantería fina i culta sobresale en él, no ofendien­do nunca el decoro: i por lo jeneral hai una sensi­bilidad viva i delicada que mueve e interesa, sin que le falte a veces fuerza i sublimidad. A vuelta de esto se le pueden notar grandes defectos que deslucen tantas bellezas, def¡ ctos nacidos todos de su funesta facilidad, pues funesta puede llamarse, cuando fué causa de que, entre tantas obras, no compusiera ninguna perfecta, ninguna que no ofrez­ca ju to a idero a la crítica; i tanto mas funesta to­davía, cuanto que no erraba por ignorancia, sino a sabienda~ i a despecho de lo:s sanos preceptos que se vanagloriaba de conocer i quebrantar. Para juzgar debidamente a este gran poeta es preciso atender al &tatlo en que encontró el teatro, i lo que era ántes de él la comedia; examinar las co'tumbres de su siglo i la especie particular de ci­vilizacion que entónces existia; comparar con sus obras las que se escribían al mismo tiempo en las naciones estranjeras; i considerar el influje> que han ejercido sus compo,iciones dramáticas sobre toda~ las demas que poste riormeute se han publi­cado. No es de este lugar el emprender tan proli­ja i filosófica tarea. Baste decir que hasta que ' 1 apareció en la escena, no se r epre entaban mas que farsas indecentes; que fué el primero que supo in­ventar un argumento complicado e interesante, en­redarlo i desenlazarlo con injenio, dar al teatro de­coro, presentar n él altos personajes i caractéres bellos. Si no siguió Jos modelos que nos habia de­jado la antigüedad, no fu é porque Jos de~conociese, pues su erudicion era vasta, sino porque los ensayos hechos anteriormente habían sido infelices, con­vencié ndole de que no convenían ni a la índole ni a las ideas de los españoles de aquel tiempo. Adivi­nó el gusto de sus contemporáneos porque estudió sus costumbres i sus sentimientos, i reprodujo aque­llas i estos en sus comedias; i siendo la po esía dra­mática un vivo reflejo de la civilizacion de la épo­ca en que se escribe, logró agradar porque logró presentar la imájen verdadera de su época. A Lo pe se debe la gran diferencia que separa al dra­ma antiguo del moderno aun entre aquelios poe­tas que mas han blasonado de seguir el gusto grie­go, i mas han vituperado al mi ~ mo Lope, al paso que cedian mucho mas de lo que ellos pensaban al impulso datlo por su jénio poderoso. El interes, la variedad, los encontrados afecto ,los profundos ca­ractéres i la invencion brillante que tanto realzan el teatro moderno i le hacen tan superior al anti­guo, son debidos ciertamente al jemplo i a la in­fluencia de Lope de Vega. Si por otra parte se comparan sus comedias con los informes ensayos que se hacían en las demas naciones, r esaltarán todavía mas su mérito i su glo­ria. Solo un rival tuvo Lope entre sus contemporá­neos, este rival fué el ingles Shake pea re. Ménos fecundo, pero mas sublime, Shakespeare venció a Lope en la tragedia sin igualarle en la comedia, le escedió en la pintura de las pasiones fuertes, mas no le igualó en la invencion ni en la variedad amena. El bardo ingles aterra, miéntras el poeta español solo procura deleitar in pirando nobles i suaves afectos; pero una circunstancia esencial coloca al segundo en una e fera superior a la del primero: la influencia que ejerció sobre la literatura de su siglo. Shakcspeare permaneció ignorado fuera de su patria, i Lope fué la admiracion de toda Euro­pa procurándole imitar cuantos escribían para el teatro. La situacion polltica de las dos naciones debió sin duda tener gran parte en esta diferenc~. El nombre de Lope acompañaba por todas partes al nombre español acatado por do quiera: el de Shakespeare no pudo cobrar mas fama que la que entónces alcanzaba su patria: tnn cierto es que hasta para llegar a la cumbre del Parna ·o se necesita pertenecer a una naeion poderosa. Como quiera que sea, unidos en Lope de Vega el poder de su patria i el poder del jénio, formaron de él un colo­so que todo el mundo acató, quE> solo durante al­gun tiempo ha podido ser ultrajado, pero que con todas sus imperfecciones se alzará siempre firme i radiante para admiracion de los siglos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BIBLIOTECA DE SE~ORIT AS. 49 El alma. Amor! sentimiento noble i puro con que plugo ~1 Omnipotente dotar al ser racional para que en su mocencia e uniera a él; sentimiento por el cual quiso se le rindiese culto i holocausto en el ara sa­grada del corazon de aquel a quien había criado a su imájen, de aquel en quien tiene sus compla­cencias. I ¿por qué otro sentimiento sino por el del amor se une la criatura a su Criador~ El alma es el amor; por el amor es que el hombre es superior al animal, no por los sentidos· sentidos tiene el bruto: i tal vez mas perfecto~, i ménos espuestos a sufrir.altel:acion o a dañársele; pues observamos que mfin1dad de los descendientes del m~} aventura 1 do bAdan yacen ciegos, sordos, &, mtentras que os rutos, a pesar de sus duras fa ti­gas i enfermedades, conservan ilesos la vista el oído, el tacto, el gu~to i el olfato. tNo nos conv~n­ceremos de que en los sentidos no reside el alma destello u blime del amor, i que si la criatura hu~ mana es imájen de Dios, no es por los sentidos sino por el amor? De lo contrario el tigre i todos los animales erian imájenes del Criador; porque serian capaces de amarlo, esto es, de conocerlo. Pero no sucede a í, porque la vista concedida a la materia es sumamente limitada ; i i podríamos con ella distinguir al que es espíritu, i al que tiene su mo­rada a una distancia incalculable hasta para el mis­mo matemático, cuando no ha alcanzado con mil instrumentos diferentes a ver de qué está compues­ta la luna que es uno de los cuerpos celestes ménos distantes del globo que habitamos~ 1 si Ja vista,aún ayudada de magníficos telescopios, es ünpotente pa­ra ver i conocer al Supremo Hacedor, qué diremos de los otros sentidos? Esfuerzos impotentes deljénero humano en la grande obra de conocer a su Criador, como lo son Jos del náufrago que sueña asirse de las olas embravecidas ! Dios quiere quC' lo ame la criatura, i para eso le dió el sentimiento innato del amor, i la amó pri­mero para enseñarla a amar, i Je dió la libertad de amarlo o no amarlo: he aquí el libre albedrío; pero el hombre ha degradado este sentimiento has­ta el estremo de prostituirlo: él no ama a su Cria­dor como debe, ni a su semejante segun el espíritu de Dios. El hombre ama como ama el bruto, es decir, satisfactendo la necesidad de sus sentidos i no se acuerda de su Criador para tributarle con ~mor las gracias por Jas bondades que de él recibe. Cuando Dios vió que el hombre no era capaz de hacer el sacrificio de una fruta prohibida por amor ácia a él, fulminó la sentencia terrible contra el culpable i sus hijos desgraciados: sentencia cu­yos re~ultados han sido horribles hasta para el mis­mo Dws: pues por ella se condenó a hacerse hom­bre desgraciado, ultrajado, vilipendiado, pobre i sujeto a la muerte mas ignominiosa. _ La muj.er, al comer la fruta vedada, quiso ser 1gual a Dws, cosa que le hizo creer la astuta ser­pic. nte ;_ pero ~1 hombre t qué quiso ser? nada; no qmso smo satisfacer uno de sus sentidos, e1 del gus­to, el del paladar; i así se ha quedado pues la d . ' norma e sus accwnes es la de satisfacer sus senti-dos: el amor lo dejó en el paraíso aún ántes de gusta: el fruto prohibido. Pero a la mujer qué le sucedió? todo lo contrario de ]o que le sucedió al hombre: ella se hizo mas sensible i mas amante en su destierro: ella amó a su compañero: ella buscó en ~~ el consu.elo i el apoyo que perdiera con el enOJO de su Cnador. Mas, yermo estaba su corazon al paso .que eran de fuego sus sentidos. 1 ni aún la sentencia de Dios irritado. condenándola a los dolo­res de la maternidad, la lÍa hecho sufrir tanto como ese corazon de hi elo, i esos sentidos de fuego del compañero de su destierro! La mujer ha sido considerada por el hombre en todas la~ naciones, como instrumento para satisfacer Jos sentidos des~ dueño caprichoso; pues en unas partes se la encierra en un harem sujeta a lavo­luntad de un déspota, i en otras se 1 la vende en los mercados al lado de los rebaños, privándola hasta ?el goce de un paraíso imajinado por el bárbaro, el 1mpostor Mahoma! . Los Il_lismos teólogos, dice Aimé Martín, "pare­Clan olvidar un momento que Jesucristo participaba de la humanidad por medio de su madre." Esto sucedía en épocas en que se pretendía poner en duda el alma de Ia mujer. i Ha sido puesta en duda la existencia del alma de. la muj~r? Sí. ¡Qué absurdo! suponer que el rms:ffiO Dws, hech~ hombre, escojiese para morada el Yien~re de un am.mal! El que podia escojer sus ascendientes ¿ habna ~e tomar por madre a la que no fuese toda amor, smo a la que, mas feliz que Eva,supo conservar pura su alma es decir su amor ácia su Dios, ácia este Dios que ~enia a ~·edimir ei alma i no la materia? Una .mujer, de nombre MARÍA, despues de Dios, es la pnmera perso?a d~. los cielos. Una mujer, i n~ un hombre, fu.e eleJida por el Altísimo para al1mentar en su vientre al Dios humanado· para l . ' rec mar ~n_ su pecho su cuerpo bendito i llagado ; para part1c1p~rle sus congojas i sus penas; para que lo comprendiese, lo amase i Jo consolase como ma­dre , ti~rna i am?ros~; para que lo acompañase en su ';llt1ma agoma ; 1 pa_ra que se compadeciese de la 1ngrata descendencia de Adan, i presentase al Omnipotente sus lágrimas de amor fuente de mi· sericordia para el desgraciado. ' Conociendo Dios que el único móvil que hace obrar al hombre es el deseo de satisfacer los senti­~ os, i que es incapaz de compadecerse por mucho tiempo de la desgracia ajena i de amar con abne­gac~ on, no fué elejido para que de él naciera el que habla de nacer en un establo i morir en una cruz. Si Dios lo hubiese juzgado superior a la mujer, con una alma mas grande, i noble, i amorosa que Ja de ella, lo habria eJejido. . ~J que. con s~lo su poder hace todo cuanto quie­re, .1 c~mbJa el orden de la naturaleza segun sus desJgn.ws; que separ.a las aguas del mar rojo para hbrar a los Israelita~ de la persecucion de F~­raon ; que mantiene a su pueblo por cuarenta años en el desierto con el maná del cielo· que conserva los ves~ido~ de este mismo pueblo ddrante esa larga peregnnacwn; que, por favorecer a su pueblo ya que tanto lo amaba, cambia el órden de la n~tura­leza i no podría, por ~u propio amor, cambiar este mismo órden, i hacerse criatura humana en el seno del hombre i no en el de )a mujer? 1 ipor qué no lo hizo? Porque Dios quería que lo amasen, i solo la mu­jer es capaz de amar: porque sabia que por el amor es que se conoce al Criador, i que la mujer es Ja ún1ca que sabe amar: porque sabia que el hombre para creer en el Mesias necesitaba milagros como la resurreccion de los muertos Lázaro i la hija de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 50 BIBLI TECA DE SE ORlTAS. Jairo, &, &; miéntras que María lo conoceria con S lagando con la belleza de la huríes los sentidos d el amor no mas: ella no necesitaba para con ven. S u ectarios. Con las huríes, ,jempre hermosas cerse de una verdad revelada, ino del sentimiento > moradoras del paraíso, i dadas en pr mio a los qu~ innato del alma, el amor. Tampoco quiso nacer de S qui,i sen seguirlo! onoció mas: conoció que el un hombre, por no verse abandonado, porque El s hombre e deslumbraba con los ncantos de la mu· queria vivir i morir al lado de una persona que lo jer, i que cuando estos se marchitaban, él la des · comprendiese i lo amase: quiso la muerte de cruz, preciaba, i por esto dijo: 11 Que la mujer estaba es· la prefirió al tormerJto de ver,e abandonado por cluida del paraíso que él se imajinaba, porque la una persona tan allegada i querida como su madre. mujer no tenía alma, i era solo la hembra del va· Dios, hecho hombre, se c.:ompadeció de la desgra· ron." Es decir, que era animal como todos los bru· cia que hacia pesar sobre la mujer el varon, tratán· tos, i como ellos: útil para el servicio del hombre. dola como a sclava, por lo que dijo por boca del I 'lo lo dijo, para que no creye~en us corr lijiona· apóstol en una de u epístolas que e lee en la ríos que a ese paraíso, que él les mentin, iban vie­ceremonia nupcial: "compañera os doi, i no sierva." jas, feas, o marchitas; i con tal impostura si­Porque Dios vió que el hombre habia abu ado de guiéronlo mile. de fanáticos, i lo seguirán; i la la debilidad de su compañera imponiéndole un yu- mujer en el riente vivirá encerrada en un har m, go insoportable. El vió roa , i todo el mundo lo ha de la misma manera que en nue tras gallineros se visto tambien, i fué que ninguna mujer pidió contra encierra a las gallinas (prototipo de tolerancia): i El,ni lo acusó de nada; que,por el contrario,muchas la impusieron un silencio tan grande, como el gallo mujeres lloraron por El lágrimas verdaderas que a las gallinas, para que no se quejen de la abyec­llamaron la atencion de aquel a quien no se puede cion a que las condena. engañar, i volviéndose ácia a ellas les dijo: "no Es de notar la gran diferencia del modo como Jloreis por mí, llorad por vosotras i por vuestros Dios, hecho hombre, trató a Ja mujer, i del modo hijos." como la trató el hombre Nlahoma. "¿Llorad por vosotras, i por vuestros hijos," les Jesus la amó i la defendió, i no la despreció, i la dijo? -¿ I cuántos significados se le pueden dar a esta hizo igual al hombre, i se la dió pen· compañera, i oraciot1? -¿les diria que 1lora5en la desgracia de le concedió una dignidad que al hombre le negó; tener ellas corazon, i los hombres sentidos? miP.ntras que 1 impo~tor la degradó, la humilló, Sí. Jesur.ri. to hablaba en parábolas, i esta es una la esclavizó i se la dió al varon como animal útil. de sus parábolas: llorad, porque el que debía ¡Ojalá que los hombres imitasen a Jesus, i no a ser vuestro compañero, vue .. tro -apoyo, vuestro es- Mahoma! poso, es i será vue tro verdugo. Lo que le debe la mujer a Je5us s incalculable! Diría el 1\tfesias: -¿Si el hombre fué capaz de Padres de familia, si quereis seguir a Jesus, uniof! crucificarme, de no compadecerse ni del dolor de la entre sí para educar el corazon de vue tros hijos, madre, ni del hijo; será estraño que no e campa· para que vuestras hijas no tengan la mi .. ma suerte dezca del dolor de su compañera? que las hijas del Oriente; pues si aquí no hai hare· Por la compasion que la Magdalena manifestó nes, sí hai sentido~, i miéntras estos sean los que por su pasion i porque le unjió la cabeza con per- se exalten, vuestras hijas serán desgraciadas, i vues­fume de nardo, la molestaron; i algunos de los tros hijos degradados. Llenos de ha tio correrán presentes, dice el Evanjelio, 'se irritaron interior· de placer en placer, o de disipacion en di ipacion, mente," i dijeron: "¿a qué fin desperdiciar ese no encontrando en ninguno de ellos sino remordi­perfume, siendo así que puede venderr.e en trescien· mientas i lágrimas. Es necesario que por la educa-tos denarios, i dar e e ta suma a lo pobres?" cion vosotros les hagais comprender que tienen Mas Jesus les dijo: "ipor qué la mole ... tais ?" alma i que la mision que Dios le dió, no fué la "En verdad os digo, que doquiera que se predi- que le dió al bruto. Educad el corazon de vuestros que este Evanjelio, en todo el mundo, se contará hiJOS i hareis mas por ellos i por vosotro~, que si tambien en memoria o alabanza de esta mujer lo les diéseis una grande ilu .. tracion; no es el hombre que acaba de hacer." ilustrarlo el que hace la felicidad de su familia, sino Jesus alaba a la mujer j en tanto que el hombre el educado en la moral. trata de acusarla i humillarla ante El; pero El DoLORES CALVO DE PIÑERES. confunde al hombre i defiende a la mujer: esta consideracion debe hacer conocer a la mujer su dignidad, i al hombre su inju ticia. Injusticia con­que desprecia a su compañera, i cuyos reflejos hie­ren sus sentidos i enervan su c01·azon; de,hojando la flor de sus ilusiones por su pue to se hace d - graciado, pues no se puede sembrar de ... gracias i cojer felicidad s. No se siembran peras para cojer uvas. Si el hom­bre siembra despre io, por la lei establecida por la naturaleza de cojer del fruto de la simiente ¿qué fruto cojerá • .••••.•••.• 1 Si s feo i se mira en un espejo ¿pm· ventura se cambiará su imájen en hermosa, solo porque está delante del cristal? no por c.ierto. No he sido yo la primera que ha dicho: que el único móvil de las acciones del hombre es la satisjac­cion de los sentidos. Mahoma lo comprendió así mejor que ningun otro, cuando fundó su secta, ha- BANCO DE L REPUBUC 81BUOTfiCA LU S- A"IC~l ARAN "~',.... ~ '··- GO - ,"f\,; - Pf""''r- - ,_ --.;-- .. El canto de la Sirena. BALADA. Y a e alza Ja luna De la cumbre del monte vecino; Su rostro divino Refleja en la mar. Mi Delio reposa En su barca, que envuelve la bruma, I ya puedo, cantando amorosa, Batiendo la e puma, Su sueño arrullar. ¡ Bendita la noche ! ¡ I benditos Jos tibios fulgores Del astro de amores, Que arjenta su sien ! Entre olas levanto Mi cabeza a su lumbre indecisa, l suspende, si entono mi canto, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BiBLIOTECA DE SEÑORITA . 51 Su vuelo la brisa, La mar su vaiven. l\Ii voz de irena Es Ja voz del arroyo i d 1 ave, Del aura üave Jimi ndo en la flor. R eposa, bien mio I mis ecos e cucha rjsueño; De tu barca la ondas desvío, Y o velo tu sueño, Soi tu ánj el de amor. . . . . . ................. . ........................ l\1i nombre fué Aurora, De mi padre la barca mi cuna; Mi ola fortuna Tu amor i la red. 1\Ii dicha inocente De mi lancha Jo varios azares, O contigo, soñando Ja mente, Perderme en los mares Del viento a merced. En rápida danza ¡ Cuántas veces! en esa ribera Mi planta lijera La arena grabó. El libre cabello De azabache flotaba en mi espalda; I la bri ... a besando mi cuello, Jugando en mi falda, De amor su piró. Mas ai ! del que fia De este mar que los astros refleja, Si incauto se aleja Bogando al azar : Si el ábrego ardiente En su vuelo los mares abarca, I las o las encrespan su frente, ¡ Adios de la barca, Que rueda en la mar ! Bramó la tormenta, Retemblaron la playa_i)a cumbre, Del rayo la lumbre La niebla rasgó. Es vano el lamento: Nadie escucha mi triste querella, Entre rocas, juguete del viento, Mi horca se estrella, Mi barca se hundió. Vagar sin ventura De la mar en el fondo es mi síno, Mi eterno destino Tu rumbo seguir. Tu leve barquilla Con mano in visible yo guío, Soi el jenio que sal va tu quilla: Si el viento al bajío La empuja a morir. Ignoro en mi arcano Si soi ánjel, mujer o sirena, Si mi alma enajena Placer o dolor. Tu vida es mi muerte, 1 aquí aguardo tu instante postrero, Mas salvarte doquier es mi suerte, 1 amansa el mar fiero Mi acento de amor. Del tiempo en la esfera, Cuando mire de Dios soberano La próvida mano Tu hora borrar; De arcánjel mi galas Ya veras como ti ndo en el cielo, I levanto tu aliento en mis alas, D jando en mi vuelo La tierra i la mar. ENRIQUE DE SAAVEDRA. La Música. IL La música en lo primeros siglos- Union de la música i la poe ía- emidioses músjcos de los griegos- De los pri­mero bardos - La llíada i lo. Odisea hacen mencion de música i de músico -·De Tbe~miro, Demodoco, Femio­Vacío en la hi toria de la mú ica- e Thaletas i ~us des­cubl imiento en música- Del otro Thaletas, tambien mú­sico- Arquíloco, su vida i compo iciones- Tineo- Ter­pandro- De cubre la anotacion musical ·- Contiendas mu­sicales en lo Juego olímpicos i píthicos - Primera separa­cion de la música i la poesía, En la primeras edades del mundo: la principal ocu pacion de los príncipes era la de apacentar sus rebaños, i divertir e con canta'res agrestes, acompa­ñado de rú tiros instrumentos. Con el lapso del tiempo, la música i la poe ... ía estendieron su influjo desde lo.::s campos ha~ta las ciudades, i se las em­pleaba en cantar los misterios de la relijion i las hazañas de los héroes. La denominacion de canto ,,. se aplicaba igualmente al músico i al poeta; porque no se escribía poema alguno que no se cantase, considerándose la música como compañera insepa­rable de Ja poesía. Se han mezclado tantas fábu­las con los primeros mú icos i poetas, que . hasta se ha Degado a dudar de la existencia de estos; i apé­nas debiéramos maravillarnos de que los ignoran­tes hubiesen deificado a personas a quienes veían capaces de producir en ellos sentimientos de espan­to, embeleso i admiracion de tal naturaleza, que les parecian inesplicables i superiores a todo huma­no poder. Los nombres de Chiron, Anfion, Orfeo, Lício i Museo nunca se olvidarán, aunque la tradicion ha­ya arrojado una luz tan dudosa en torno suyo. La lira de Orfeo, e pecialmente, h ermo!;eada con todas las bellezas de la ficcion i la poesía, se celebrará siempre como la lira que pudo acallar al Cerbero, suspender los tormentos del Tártaro, i aún hechizar a las torvas divinidades del infierno. Se su pone que la ocupacion de Jos primeros poe­tas i músicos de la Grecia se asemejaba a la de los ba1·dos entre los celtas i jermanos, i a la de los scalds entre los islandeses i escandinavos. Eran cantores que cantaban sus <>bras en las ciudades i los pala­ejes; se los trataba con respeto, i se los miraba co­mo inspirados. Tales fueron al principio los trovadores de Pro­venza i Langüedoc, i los cancioneros de otros países, i tal fué tambien Homero cuyos poemas son la prue­ba mas auténtica que existe, en los anales de la antigüedad, de los tiempos en que vivió i escribió. Siempre que en la Ilíada i la Odisea. se hace mencion de la música, es con e m bele~o i 1 los poe­tas i músicos que nombra Homero, se hallan en el rano-o de los bardos de la Grecia que florecieron en tied: po de la guerra de Troya. Los instrumentos que con mas frecuencia menciona, on la Jira, la flauta i el caramillo de cañas o syrinx. Los dos úl· timos son ciertamente de oríjen jipciaco: aunque los grjegos atribuían la invencion de ellos a sus di­vinidades. Parece que en el sitio de Troya aún no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 52 BIBLIOTECA DE SE:&ORIT AS. conocían Ja trompeta; pues los primeros signos de bata1la en las anti g uas guerras eran antorchas en· ce ndidas, a las cuales suc edieron las conchas de caracoles que se tocaban como trompetas. No hai uno solo de todos los banquetes i fiestas públicas de 9- ue habl a Homero, en que no se encuentre música 1 un bardo. Todos sus héroes son músicos así como sus divinidades. Los d ele(J'ados de Ao-amenon a Aquiles o o Le hallaron mu ellemente divertido Con el son armonio so de su arpa, D el arpa bien labra da que viniera De la ve ncida T é bas, i de plata El marco pulidísimo tenia, I con la cual la cólera d el alma Lograba su a vizar, cantando en ella D e los h éro es i reyes las hazañas. I!omero llama a Tamyris, ''el que toca la cítara." Nació en Trá cia, i fu é hijo de Filamon ; pero ha­biendo desafiado a Jas musas a una prueba de ha­bilidad en la poesía i la música, ellas le privaron de la vista por presuntuoso . Se ha creído j eneralmente que en la persona de Demodo c(j) el ba?"do, a quien Homero introduce en - la Odisea, él qui o representarse a sí mismo; pero s ea de ello lo qu e f uere, é l atribuye el canto de De­modoco a la in spir ac ion, i le exalta hasta Ja cima de la gloria humana. R e preséntale teniendo un lugar distinguido e n la corte de Alcinoo, sentándose a la mesa del rei, i prece dido siempre de un heraldo. Tambie n m e nci ona Homero en té rminos de la mayor alabanza a F em io, que vivió en Itaca. La ven eracion en qu e eran tenidos Jos bardos, i el gus­to de los anti g uos p or la música, SE:' manifi estan suficientem e nte e n tocl os los e . critos d e Homero. Desde el tiempo de Homero hasta el de Safo bai casi un vacío tot a l en la literatura. Del período d e mas de cie n añüs, trancurridos entre Safo i Ana­creonte, nin g un as producciones litera1ias se han conservado ent eras; i luego, entre Anacreonte i Píndaro, hai otro vacío de cerca de una centuria. Vino d e .. pues un período de trescientos años du­rante los cu a l es a delantaron las artes gradualmente, i en que flor e cieron los mas grandes po etas trájicos, historiadores i filósofos de la Grecia. Desde Ja muer­te de Fídias hasta el tiempo de Alejandro el grande, continuaron las artes i Jas ciencias en estado de perfeccion, e inmediatamente despues comenzaron a declinar. En estos primeros siglos la poesla i la música estaban unidas de tal modo, que eran necesaria­mente músicos de profesion todos Jos bardos líricos, elejíacos i aun épicos. El primero de estos poetas­músicos de que se tiene noticia, de pu es de Homero i Hesíodo, fué Thaletas, natural de Creta. Platon i Plutarco están de acuerdo en celebrar su habili­dad así en la música como en la poesía, su voz cautivadora, i sus odas a las cuales daba vigor con la dulzura de sus melodías. El inventó las Pceans, i nuevas medidas en el verso así como los ritmos en la música. Los espar­tanos continuaron por largo tiempo cantando sus árias¡ i él fué el primero que compuso el hyporche­mes para la danza armada o militar. Esta era una especie de poesía, compuesta no solo para cantarse al son de flautas i cítaras, sino para bailurs al pro­pio tiempo. El término italiano baliata, el frances ball~e, el ingles hallad, i el castellano balata o ba· lada, tuvieron en lo antiguo la misma significacion, esto es, la de canto cuya melodía se d estinaba a regular el tiempo de una danza. Tambien hubo otro músico i po eta llamado Tha­letas, que vivió en Creta 673 años ántes de Cristo. D ecíase de él, que con la dulzura de su lira había libertado de la peste a los lacedemonios. Arquíloco nació como 6 6 años ánte::; de Cristo, e inventó la melodía dramática, qu e , en lenguaje moderno, podría denominarse 1·ecit a tiv o ajustado a estricta medida. Fué hijo de T elesicla s, pe rsona de alto mngo: i de la esclava Enisso, i nació en Páros. Habiendo entrado al ejército, despl egó mas lijereza que valor en el primer encuentro que tuvo con los enemigos, i perdiendo el escudo, es capó con la vi­da. "Es mas fácil, dijo él, "hac erse a un escudo nuevo que a una nueva exist encia," por lo cual per­dió su reputacion, i la hija de Lycambes, que le estaba prometida, no quiso admitirlo por esposo. Su vida no fué sino un t ejido de deshonra i l'esen­timiento, pues estaba en gu erra con el mundo, así como el mundo con él; i la rabia de A1·quíloco vino a ser una espresion proverbial. Provocar al satirista se comparaba a pisar una serpiente . El hizo muchos de scubrimientos útil es en la mú­sica, como por ejemplo, en la súbita transicion de un ritmo a otro de d i stin ta e s pecie, esto es, de tiem­po diferente; como del tiempo triplo al tiempo co­mun, lo que en la música antig_ua se llamaba, del ritmo yámbico al ritmo dactílico. Arquíloco era vencedor jeneralmente en los jue­gos píthicos, i, en los olímpicos, cantaba en pleno auditorio su famoso himno a Hércules, lo cual le procuraba la guirnalda de Ja victoria i el aplauso de toda la Grecia, donde su nombre se tenia en tan­ta ven eracion como el d e Homero. Tirteo, jen eral ateniense, adquirió gran celebri­dad por la composicion de cantos i árias militares, así como por la man e ra como los ejecutaba. Se dice de él, que inventó una nueva flauta militar, o clarín, a cuyo sonido animador atribuy eron los es­partanos su victoria sobre los mesenios, 685 años ántes de Cristo. Todos los escritores antiguos están de acuerdo en celebrar los talentos i de .. cu brimientos músicos de rrerpandro, que nació 671 años ántes de Cristo. Asegúrase que añadió tre s cuerda8 a la lira, o que fué, por lo ménos, el primero que introdujo en La­cedemon1a la lira de siete cuerdas. Tambien S6 dice que in ventó la anotacion, con la cual se conservó la melodía, que ántes dependiem de la memoria, o de la tradicion. Muchos niegan, sinembargo, el mérito de este invento a Terpandro, i Jo atribuyen a Pitágoras que vivió dos centurias despues. En los juegos olímpicos las contiendas musicales formaban la parte principal de las exhibiciones, i hasta el emperador Neron llegó a disputar en ellos el premio, eJ cual, podemos aventurarnos a cteer, se le concedía sin dificultad alguna. En los juegos píthicos, el premio se otorgaba al que habia escrito i cantado el mejor himno en ala· banza de A polo. Al terminarse la guerra o·risseana, propusiéronse premios por los Anfictiones, no sola­mente para aquel1os músicos que cantasen mejor acompañados de la cítara, lo cual era al principio la única contienda en los juegos pithicos, sino tam­bien para aquellos que cantasen mejor con acompa­ñamiento de flauta, e igualmente para los que eje­cutasen mejor en la flauta sola. Esta fué la primera separacion entre la música i la poesía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Biblioteca de Señoritas - Año I N. 6

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El Álbum: periódico literario, científico i noticioso - N. 25

Por: | Fecha: 19/02/1857

]~~ ~ PERIÓDICO LITEllARI r.o CIENTIFICO 1 ~OTIC tOSO. Bogotá, 19 de Febrero de ·18o7 , SEMEt:~T. l .o El SALTO DE TEQUEHDA .A. St;S Ct:'ATno PCNTOS DE VISTA . A los ojos del sabio i del ohscrvadot· se presenta e Nueva Gt·annda aun en sus detalles mas minu­! losos, ton tanto colot· i poesía, con espcctaculos tan 10rprendentes i bellos, como muí pocos paises del nundo. Entre estos espectáculos descuella sin dnda, ~ Salto ele Tequendama, tal vez el mas sublime i loético de cuantos existen. La Suiza i la Sabaya lan entretenido los pinceles de cíen viajeros, osten­nndo la rama de los Alpes que las c1·uzan llena de )recipicios por sobre los cuales saltan imponentes i tellos cien rios que bajan luego a recorrer la Ale­pania, la Italia i la Francia: pero ninguna' de aquc­las cataratas del Ródano o del Rin, aunque embc­ecidas por el arte, puede compara1·se con el Salto que vamos a hablar: ni la cascada del celebrado nio, que hermosea las inmediaciones de Tivoli; i la que acaricia con su música solemne a la ciu­: ad de Terni, cayendo pet·peudicularmente sobre un bzo de mármol i alzando sus vapores hasta rociar ~m ellos la cima de la marmorea montaña desde pnde se lanzan las aguas. No es el Tequendama cinta de plata que ondula al soplar la brisa so­e un variado i vívido paisaje, no es la linda i queta náyade de los antiguos,sumerjiéndose entre espuma del rio; es mas bien el l'Ujiente ~eon rastrado por úna manJ hercúlea, es un tonente petuoso que se desploma en vellones tomasolados r el sol, como la nieve que en inmensos tempanos desprende de la corona etema que circuye los pes. Solo ponto para arrojarse en declive po1· este lado entre piedras, anunciando su curso con ............. . nada falta. gran ruido. Des pues de cot't'el' como una milla al A su gloria: --pictórico horizonte Poniente, se vuelve de Sur n Nol'te; una legua des- ~ Delante se abre; antiguos como el mundd pues camina como legua i media al Poniente, avanza ~ Los árboles se e~evan en su monte; otm vez pot· el Sur hasta :rocaima, i luego ensancha ~ Solemnes armomas poi' el Poniente ese iumen:;o anillo para arrojat·se ~ Resuenan en su seno ancho i profundo; en el Magdalena. ~ Flores> perfumes, luz i movimiento, Descrito el cm·so del rio, pasemos a -ver el mag- } Aire esencial de vida en cada aliento; n-ífico espectáculo que fo1·man sns aguas al desplo-~ Un cielo claro encima, mnt·se en un abismo de doscientas cincuenta varas Cual el alma de un niño, ven los ojos; de altura. Esta sublime catm·ata se halla a cuatt·o I por diadema pai·a ornár su frente leguas de distancia Je la capital; en la hacienda de ~ · Iris de oro, de púrpura i diamantes Canoas es preciso pasat· el t•io por un elevado puente Que cruzan sobre él reverberantcs .--J. J. d. que recuerda Jos tiempos de la collrJuista; algunas 'ipas mui mal sostenidas sobre orquetlls i cubiettas ~ La altnra que hai desde este punto al fondo dei de tierra l'orman este puente de 40 varas de Jm·go ~ rio es mas que la que tiene la caída del agua: la 1 .> ele ancho, que ondula bajo Jos pies del viajero ~ roca está cli\ idida en dos gr{1)1des bancos; desde el i amenaza a cada instante sepultado consigo en el ~ borde hasta el pl'imet banco hai 80 vnras de altura rio. Al íin se llega po1· entre bosques de roble a la ~ i solo se puede bnjat· a él pot· cuerda. Esta operacion pequella esplanada del A!mor~adero, en donde el ~ fué ejecutada por dicho St·. Cuet·vo, que en una pie­' iajrro abandona p::>t' fuerza sn caballería, i con un ~ dt·a ftF,nte al Balconcito dejó escrito su nombt·e. haston en la mano, a maneL'a de los antiguos pere-¡ auat•to punto de \' ÍSta.-El CUL'iOSO natUI'éllist a grinos, bnja pot· sobre un terreno húmedo i entre qu~uicra observa¡· de cerca la mat·avilla del Funza, bosques secu!a.-es al borde mismo de la catamta. debe, saliendo de las ('asas del Chipo, entrar nl Para dcscl'ibil'la dignamente necesitariamos la ~ Monte Grande, signiendo el curso del rio. i cule­pluma de Buf;on, para cantarla la Jira de 1:1n Delille· ~ breando ya por enti'e la selva, ya pot· (?ntre las grnn­dej émosla, pues, rodat· incansable como ha rodad~ 1 des piedras del rio. Al salit· del monte se encuentra hasta aquí, in sensible a la admit·acion ¡ a las mi m- una g1·an piedra clestle donde se Jescubre la catarata das ~ hechas en tt·enzas, como las ¡•áfagas de luz que dejan Segundo punto de vista.-Cruznndo pot·la derecha 1los c~hetes en pos suy.a. i caminando por entre á1·boles colosales pamlelamente 1 . ~~ gran caldera t1ene una figura casi circulat· ni l>ot·de del abismo, se llega, despues de 10 minutos 1 su d1ametro puede ser de 30 varas. Como las de camino, a un punto desde donde se ve el Salto agua.s af caer llegan tan ~olo b~sta la tercera parte se rn toda su pel'fecciou i het·mosura. Este punto no ~ podl'la pasárlo a t:Jado sm peltgro alguno.-J. J. B. l'ra conocido hasta el alío de 1836. Eu t 837 el St·. l\omualdo Cuervo habien s con fumosos caballos i que mandaría cons- --Puedo hacer a U. una pt·egunta? seiwr. truit· un bonito buque de placet• en nue&tro puet·to; -Ciertamente. per·o jamás nos cupo en la cabeza que él no nos ~ -¿,Es ye¡·dad que se va U. pat·a Am érica? Qcupar·a sinQ eu vede volat· como un ganso ham- -No, solamente a Belfast, si el viento i el agu a })l'iento amatTado a la cola de ese globo, o como lo pet·miten. quieran llamal'IO. 1 -B'lfast ...... repitió el estt·anjero en un tono A todo esto la operacion de inlh:r el globo es- meditabundo. El Not·te de Jrlanda .... Bien ! ... es tu taba casi concluida: la grande asamblea atisvaba f es casualmente la direccion que yo debo seguit·, i inquietaméute liOl' encima de las cabezas de los que abol'l'ezco los viajes por tien~n ..... ¿Quiere U. seilo r, se hallaban en el centt·o, compt·imidos fuertemente s aceptm·mc como compañerl>? contm las cuet·das que sujetaban aquella inmensa 1 Mt· Brown dudó pot· un momento; pero como múqtlina i plll'ecia que solo fultnl.>a la llt' gada del realmente deseaba lle,•ar alguna ~omp~uía , no!uYo areounata. objecion que,preFetltat· al estt·n )jero, 1. le mamfes- -Aquí está! esclamó el mns ' ' isible del cort'O, ~ tó su aquil.'scicncia haci éndole notar, sm embat·go, a tiempo que se presentaba un mal Ci\l't'uaje en que ~ que su constitncion tal vez n~ era aparente par·a la s venia sentado 'h. Ht·own, l ingles millonario que 1 rcjioncs de aire frio que tenwn que atmvesar. ha Yen ido a set· pt·opietario en hlanda. - Bah 1 fué la respuesta. Yo he sufl'ido cambi os l\Ir. Bt·own era un hombre pequeilO i vi vara- de climas mil veces mas fuertes que ese, i alterna s cho a quien una poca cantidad de fuerza pujilísttea 1 soi mui t·obnsto. podía estcndet· con facilidad en el StJelo. Era uno -Bien, dijo 1\ft'. Brown mirando la mn c i~a es-de aquellos individuos que, entt•anclo en una saln, tampa del desconocido, mi calTO rs bastante gra ntl e; infaliblemente ti'Opiezan, se re balan, caen i daüan ~ vcnrra U. en numbt·e de la Pro\ idencia. algun mueble, o se sientan al lado de ""una silla en ~~ í' ámbos tomaron sus asientos i fué dado el g l'it.o , ·ez de sentm·se sobt·e ella. na rus veces escapnba de "pat·tamos! ,, $U tinlero (le sus manos sin sm· roto, i sucedió inn- Los quince hombt·es cuyas manos estabnn ~ a chns ocasiones que en lugar de tomar agua se equi- 1 helandose a fuerza de contener· por medio de cuer­vocase con el ron i tuviese que tocer i saliva¡· por dns. Jos fmiosos ímpetus del globo, no deseaban ott'á largo rato. Siempr·e estaba cortándose los dedos, cosa que fa llegada del momento, en que clcbia de rasgando sus vestidos i jamás pasaba pot· cerca de ~ deját·sele libre para que subiese majestuosam ente. una puerta sin ~astimarse la cara; de manem que ~ La asamblea gritaba i levantaba las manos. casi nunca apat·ecia en sociedad sin llevar sobre su ~ -Ah~ esto es delicioso~ No cree U. Jo mismo ? cuerpo emplastos i bendajes. Practicando la jim- 1 dijo Mt·. Brown cuando habian subido al gun tre~ nástica había perdido tres de sus her·mosos dientes; cho; pero no recibiendo respuesta alguna, volvió a en sus travesías, pol' agua hal:Ha estado a punto de 1 mit·m· a su compaüero ~e vinje i le enc~ntró con las ahogarse muchas veces; i en sus cacerías en Jos manos sobre la frente 1 recostada su cabeza sobre pantanos de Escocia habi~ quedado sin uno de sus el but•de de la canasta; sus ojos estaban fijos, sus dedos, aunque las gallitietas se marchaban siempre ~ cabellos el'izadds. ·sanas bajo la puntería de su escopeta.' ·La aficion ~ -¿Tiene U. miedo? le preguntó Mr. Bt·own, qp~ Mr. Bt·own pt·ofesaba a la pirotecnia, · o arte pero tampoco respondió. de fabricar 'pólvot·a, habia disminuido en gran ma- 1 El globo entt·etanto áscendín rápidamente i den-nera su pelo, sus cejas i su bm·ba, i como buen tro de ·poco iba a llegar a la rejion de las nubes. Vipjer.o por Jos caminos de hieno, habia emique-~ Mr. Bt·own se dirijió una vez mas a su rompañe1'0 i cid o inmen~amente Jos rejistt·os que se llevan de sacudiéndole Jijeramente pot· _el brazo, le dijo: las catastrofes orurrfdas en los fenocnniles; pu- -Está U. malo?-Per~ no obtuvo otra respues - dicndo asegut·m·se, sin temot· de exajerar, que sus 1 ta que una fija i estólida mil·ada. aventuras en esta materia podiífn llenar dos o t1·es Los viajeros se encontraban al presente a una 4~rmoso s vo lúmenes de la uEnglish Railway Li- gt·ande elevacion: bajo sus 'pies comenzaban las úrary" o de la "B ibliotMque des Cltemins de Fe1". » ¡ nubes · a es tenderse, sobre sus cab~Zas tenian el sol, · Por último, habiendo sido mnltcataclo l\Jr. ~ i el espació infinito al rededor. Brown por la tierra, por el agua i por el fuego, se . 1 Repentinamente el estranjero se puso de pié, le ocurrió que aun restaba un elemento de los cuatro su rostro estaba pálido como el de u u cadilvet·, i ~~~ que l~s antiguos ~4bios fUcos dividían ~~ orbe, -l\I~s lije¡:o! Mas lijero! ~ gri~ó con tono de au n Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 02 EL ALllUM. tol'idad; i agal'l'nndo con presteza tres de los sacos { -Qué lástima!. ... Yo bomila.1·dearia la Españ de arena que sirven de lastt·e, los al'l'ojó en la ca- ~ He reconido en pos de mi hija todos los paises nastilla a tiempo que se reía de una m a. nera telTible. 1 Europa, pe1·o en ' 'ano .... Aho1·a c1·eo que ella es -Ah! continúo este es el mejor modo de viajar. en el norte de hlauda .... ¿Tiene_ U. una_cel'illa l\ osot1·os subrepujarémos a la golondrina i nos le- fósforo? vantarémos mas que el águila. Cuando yo estaba en ¡ · Mr. B1·own no respondió sino meneando la e Abruzzi con mi rifle en la mano aguardando a que beza. pasaran los viaje1·os, jamás llegué a sentir una emo- -No tiene U.? ... Ah ! si yo pudiera conseguí cion como esta. Entónces sus vidas estaban en pe- f una, le p1·enderia fuego al globo i cuando estuvier ligro-abora es la mia! ~ reducido a cenizas, pesaria mucho ménos .... Cuan -No es poco! pensó el dueño del globo. Cuan- ~ do nos encontramos esta mañana, estaba yo exam do ménos me he venido con un salteador italiano-¡ nando las estúpidas raras de Jos que allí babia reu -Es mejo1·, continuó su compañm·o, pelea1· con- nidos para ve1· si descubría entre ellos al ocult tra los elementos que contra los tribunales de jus-~ladron de mi hija .... ja! ja: ja ~ ticia. El pobre Mr. Brown acababa de persuadirs El globo ascendía con una fuerza estl·aordinaria. que su compañero de viaje era nada ménos que u :P.k Brown, atemol'izado ya, puso la mano suave-~loco rematado! Una súbita idea le ocurrió entónces mente en el hombro de su compaiiero i le dijo : -Cómo se llama U? le pregunto. -Por amo¡· del del o, señor! Es preciso dejar -- ·Gemid Anneslcy. escapar algun gas pam poder reparat· su impru· ~ -El mismo nombre! .... ciencia. _ ~ -Qué quíet·e U. dech· con eso.? -Cómo se hace eso? 1 :._Yo sé en donde vive el Iadron de su hij~ : no- -No hai mas que tirar de la cuet·da que está co- sott·os estamos justamente sobre el sitio: Jire U. nexionada con la válvula. · de la válvula i en mui poco tiempo habrá abrazado - I si U. no tuviera aquel recurso, cuál seria la a su Emma! ·onsecucncia? -No, no, U. me está engañando ..... mi Emma -Continuaríamos ascendiendo hasta que todo no está en la ti e na; ella está en el cielo .... Ano-relentara por la excesiva dilatacion del gas. che se me apareció en un sueño i me Jo dijo .. Esta El hombre continuó po1· unos pocos momentos es la razon porque quiero subir mas alto i mas al­diüraido al parece1·; pe1·o sacando de repente una to .... V cnga, mi amigo, ayúdeme; soplemos el glo· 11a' aja cortó la cuerda tan alto como puuo, t bo tan duro como podnmos .... como estamos deba- -Mas lijero! Mas lije1·o! volvió a gritar. jo de él, nuestro impulso lo lJ.at·á levantar ... sople! El estranjero era un jigantc comparado con .Mr . sople!! Brown, quien pet·cibiendo que nada podl'ia obtener M1·. B1·own movido por el tm·ror obedeció. p'Ol' la fuet•za, apeló a las súplicas. < --Esto no se mueve! ... venga monte sobre mis -Seilot·, le dijo en tono compunjiJo, U. es cris- ~ espaldas i sople el globo! tiano, no lo dudo: bien, nuestra relijion prohibe ~ I sin tomarle parecer, el jigante lo agarró i lo d homicidio. ~ levantó sobre su cabeza como si fuera una pluma, - .l\Ias lijero ! repitió el jigant(', i arrojando a la ~ diciéndole: • ra nastilla la arena que restaba, llenó las nubes con ¡ -Ahora, sople ~ sus gl'itos de alegl'ia. La infeliz víctima, aterrorizada, obedec:ó! Ln l\1r. Bt·own cayendo de rodillas, exclamó: sangre cegaba sus ojos, un horrible silbido desgar- " -Ah! si U. no tiene conside1·aciones por su vi- ~ raba sus oidos, i la canasta tambaleaba bajo el da, al ménos tenga compasion poda mia! Yo soi ~ peso de aquel andamio viviente. Por un momento jÓYen, rico, feliz; tengo una madre i una herma-~ pensó precipitat·se para poner fin a su martirio~ na; yo lo con¡uro a U. en nombre de ellas para -Ah! gruñó el jigante, esto no sube! qu e levante su mano hácia la 'álvula i deje que se En este momento la mano temblorosa de l\11'. <' cape algun poco de gas, lil)l'ándonos así de una ¡ BI'Own tocó accidentalmente! la cuerda que pendia muerte tan segma comomo espantosa~ Jc la válvula salvadora, i la cenada máquina co- ReYolviendo a uno i otro lado sus miradas sal- menzó a dc.s·cender con rapidez. Al tmves de las 'ajes, el est.ranjero se quitó la casaca i la arrojó ¡ nubes se Jauzai'on bácia abajo i la tierra reapaL·eció. a tiem)JO que gl'itaba: -Ah! gt·i!ó Annesley; en vez de impulsar el -Es pL·cc1so que subamos!~ A U. le toca aho- globo hácia i.ll'l'iba como yo se lo ordené, U. lo ha ra, continuó dirijiéndose a Mr. Bl'Own; i sin la mas l hecho descender. lmpúlselo! impúlselo U.! Jo pequeña ceremonia se arrojó sobre él, le quitó el ~ mando ~ ! palet~t i lo arrojó tambicn. ~~ -U. ve que yo lo he impulsado fuertemente El globo continuaba su veloz carrera como im- como he podido. pclido por el soplo del demonio. -~o, porque aquí está la tierra. -Ah! ah! dijo el estmujero; cuando nosot1·os 1 -Es ·que las nubes se están leYantando de otras hayamos esc~lado el cielo le contaré a U. una his- rejiones i nos van dejando ve1· un mundo nuevo. toria-Oye U.? -Bien, impulsemos el globo para llegar pronto. Su infeliz compañe¡·o no respondió: la estl·ema 1 Echemos todo nuest1·o lastre ! mriducl del aü·e estaba a punto de causar una es· -Ya no tenemos mas. plosion eñorita que cuida de su persona mát·jenes del Nilo, mil corazones le die¡·on lág¡·i-con esmero. , mas, i mil himnos celebraron su gloria; porque la Tal fué el último ascenso de 1\Ir. Brown. 1 poesiaen todo tiempo ha inmortalizado a los héroes. (Traducido del "Littell's Leving Age., ele Boston.) Manzoni que con sus obras .ha conquista~o para sí tantos lauros, i para su Patna tanta glol'la, pe1·- l donó los hierros i la desolacion en que (') gue1Tero VARIEDADES· habia sepultado a su p~t!·ia, ~ lnnzó al m~mdo. ese 1 canto Yerdacleramente lmco, 1 que como el m1smo dice jamas será olvidado. LtcEo GRANADINo.-Como lo esper~íbamos con Deseosos de .hacer coi~oc~t· mas i mas esta obr~ fundadas esperanzas ¡ como Jo han deseado todos 1 maestra de la ltteratura ltahana, la ofr.ecemos hot los .gt·ana~inos amantes de su Patria, esta cot·po- a nnes~ros l~ctores, aunque nuestra deb1l ¡~t·osa ha­racwn esta tomando un vuelo sorprendente i augura ga pa~tdecet en mucho, com.o es .de supone1, los es-el porvenir mas brillante. Las ciencias i las artes 1 plénu1d.o~ versos de Manzom. D1ce as}:. . se dan un abrazo íntimo en su recinto· ¡ sobre él "V1 v1ó: asi como despu.es del u1t11no susp1ro cierne sus a-las el Jénio. Esta noche e;t:í destinada 1 perman~eieron frias e inmódles sus despojos J.wor-a mm·ear un acontecimiento glol'ioso por mil títulos, tales, vmdos ya ?~una alma tan noble; drl ~nsmo la Instalaeion de la Academia Nacional. modo, a esta nottcw, se yela deestupot· el UIIIYe.t·so La seceion de música del Liceo contribuye esta ~ entero. Pensando~ mu?o, en el último susp!ro del noche con un concierto musical, dirijido por su ~ hombre del destt?o, 1gnora cuando vol\'era a Yer ~reside~te el distinguido Profesor S1·. Quevedo n .. 1 hollado su ~angnento polvo por la planta de un n mediO de la armonía con que este seño1· ¡ sus mortal semeJante. ompañeros de profesion encantará, como de cos· Mi jénio le ha visto sobt·e el tt·ono, i ha callado: umbre, al públíco 1 serronto la muerte dcsearnada i lúguLte Al se11:o de la nada me llamó. . . . Ai! muero, si, i al torno del sarcófaju Do mi cadáver yerto dormirá, !\::die modulará ferviente súplica Ni lágrimas su polvo regarán . .. . ¡A dios campos bellísimos i fértik~ Donde pasara mi pr:ruera edad! - ¡ A dios bosques risnl'Jios i magníficos DonJc ansio~o busqué la soledad ! --·¡ Adios brillante firmamento nítido Bajo el cual se pasó mi juventud ! .. . -·-;,\dios naturaleza rica i pródiga! .. . ·--Encantos que adoré! ... Salud! salud! .. 1 ABDUL--MEDJII). BALADA AlEf!lAHA· Los objetos, que vemos i que amamos Hacen del hombre bella la existencia; Pero dispuso del criador la ciencia Que lo que mas amamos lo perdamos. Tal vez quien_ama olvida Que si toda la vida es verse, amarse. No hai cosa mas amarga que la vida, Porque tambien la vida es separarse ; Sí, separarse 1 En un jar.dín lisonja del verano Un lwrmoso pimpollo recojiste, I en agua cristalina 1-ccojiste El verde talló, que cortó tu mano; Pero acuerdate hermosa Que ese pimpollo que al jardín le pides .. . V erásle a la mai'íana fresca rosa 1 a la noche marchito!. . no lo olvidl's . Ai ! no lo olvides ! F cliz te adornas con la flor abierta Porque te hO¡ dado el Cielo un compañero Segura libas t\1 amor primero I cantas ... que cerrada esta tu pue1 ta, l}ias baja el tono baja Si de repente oyes jcmir sus gonces Tal vez con atbud i con mortaja Vendrán ·por él: .. i llorarás entónct: ! Sí llorarás entónces ! Pero escúcbame bien, doncella he1·mo a · 4unquc.sea el sepr:rarsc comun suértP, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL ALllUM. 1\To te anebatará tu amor la muerte Como te arrebató la fresca rosa. Somos peregrinantes I al srparnrnos tristes bien s:tbemos Que aunque srguimos rutas bien distantes Al fin de la jomada nos veremos! Sí, nos verémos ! PEDRO l\1.\DR.\ZO. A JUDEA. ~IELOIJIA liEDHE.\. :\un salta la gacela alPgremente En los collados de Judá fioridos, Aun bebe en la corriente Del arroyo, del monte i del torrente Por los sagrados montes t•spnrriuos; Aun levanta la frente no domada J de ríjidas astas roronnua I en us ojos ele furgo en la carrera Bz·illa !u agreste libertad primera li l\1as lijera, que l'l pié de la garcla Mas bella, que sus ojos centelll ier1'b en la MJH'rcza Eras Judsto tambien toma mi amor. <~ye mi adios de llanto i agooia: \o te amo : te amo vida mía ! Por esa hermo a cabellera de anjel Que me('e i riza un viento enamorado · Por tus pestañas, cuya negra franja Te besa la mejilla dueño amado : Por tu ojos, que un Dios envidiaría Yo te amo , te amo vida miu ! Por tus labios de amor que yo codicio, Por ese talle esbelto i seductor, Por esas flores, que en su idoma dicen Lo que teme espresar humana voz : P01· el sagrado amor que nos unía. Yo te amo, te amo vida mia ! 1 l f f 1 l 1 1 ¡ 1 f l f 1 ! f 1 f ~ Adibs ... ! te dejo ya vírjen de :\.tenas Sola .... En tu corazon .... Ah ! piensa en mí. Do quier que me acompañen tus cadenas, Lamia .... quedará cerca de tí Cesar de amarte 1 ah ! no luz de mi <.lía Yo te amo, te amo vida mia ! FRACiftENTQS. [DE L.\ NEREIDA DEL A~.\.[CO.) Sí .... yo la he visto. . . he visto su somisa De abandono de amor i de tl'istcza, Su voz era un suspiz·o ele la brisa Ella cncr.ndió un volean en mi cabeza. Sí, que al bañarme c:n sus miradas bellas Alzé mi vista deslumbrada al cielo l ví que le faltaban dos estrellas Que un hombre trajo por herencia al suelo. Un coral entre abierto era su bo<·a I dos rosas jt•melas sus mt•jillas; l\'o es mas bello el espíritu que in roca Una Vírjen postrada de rodillas, Si de su tumba Adan se levantara I su belleza voluptuosa viera Em, E1•a tú vives 1 csdamara Quiso el el ciclo que solo yo muriera ! Serás la sombra errante i rnporosa De una Vítjen del cielo enamorada Yi ion de mis sueños misteriosa Sílfide, serafin, ondina ofada! Serás mi ánjel custodio que amorosu Vela mi surtio i cuenta tos latidos De un corazon nrdit•nte i proceloso Dt' las l~gl'imas mna i los jemidos ? Solo sé que en la noche me acompañas Fujitira nerl'ida cncantudora; Que mis mejillas con tu llanto bafías I le vas en un rayo de la aurora. Solo sé que eres bella i que te adoro DP n1i dulce trÍS[(•Za Ídolo Santo: Que al despertar, i no encontrarte lloro, 1 que <'S de amor mi solitario llunto. ~lundo, dilne ! no tit•nes en tu St'I•O Uuna imájen vil'ienle dt• esa hermosu ! Oh! Yo quiero apumr todo el \Cn('nu Qne encierre su mirada voluptuosa. Yo me anancára el c01·azon del pcd10 I a sus pies lo arrojara palpitante; Si esa vision, lucero de mi Jerbo, Tuviera aquí en la• tierra semejante. . I al nadaz · en la luz de sus miradas l\Ii corazon desierto un mundo entl'rO De amor i de itusioues encantadas Se le,·antara en él puro hechicero. I e a vision mi porvenir seria, 1\fi santa Relijion mi altar viviente, La perfumada aurora de mi dia, La estrella mas hermosa de mi Oriente, La mas preciosa gota d~ rocío Sobre el negro cipri·s de mi existenria, La t'mica flor de mi verjel sombrío lHi celeste 1 pudsima creencia. ......................... A..' ' i.~~.\:-0. ~ LA IIOOA DE ENVIAR El AlBUM· I El ilustre Sultan Abclul 1\fedjid, que como ha­f b1·án notado nuestl'Os amables lectores, abandonó ~ las espléndidas llanuras del Bósfo1·o po1· la alfum­, bm 'ercle que tapiza las riberas del Fu liZa i ~ olvidó sus lindas Odaliscas, sus encantado1·as e ir- ' rasianas, sus celestiales morenas de Georjia i de Mingrelia po1· ' 'iYil' suelto i a sus anchas entre las f1·escas pastoras ele nue.stra sabana, escribió en 1 el númei'O de el •Album" un fuerte artículo con­~ t1·a las damas que han po1· costumh·e enviar a f todo t1'0Yado1· (maximé si es escualido i rom:íntico, ) el blanco libro l'ccandado1· de flores i lersos i di­bujos, ese nlt~1· de la belleza en que el sexo mns- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL ALBUM. ==========~==================~================================ culino debe ir a dcpo,sitat· galante i bumildoso sus 1 ta pájinas: aquí podré contar a mis anchas, i di-tributos de amistad o de amor. bujar mas que el de Urbino, i hasta compoo.er Yo leí el mtículo del ilustt·e Turco sin pt·even- piezas de música. cion alguna i debo confesar que sus opiniones en ~ Ocúneme sin embargo una dificultad de grues() tan importante materia coincidieron perfectamente ~ calibr~, i es la abundancia de materiales, en tal con las mias; sinembargo todo pasa en el mundo, ~ grado que tal vez tendré que dis.olverme por am­Ias flores se marchitan,las bellezas se acaban, los ~ pliacion. Pot· otra parte, parece establecida para Al bu mes se borronean hasta la última pájina, i pasan ~los cantores de album una lei que no puedo cum· tambien los pensmrüentos que son los reflejos de plir: es preciso cantat· siempt-e triste i ¿podré en­cuanto se .nos presenta a. la vista. Yo cambié pues de 1 tona¡· endechas ílébiles, ahora que por pl.'imera opinion i si entónces fm enemigo, desde hoi seré vez soi feliz, i que he de regalar a mi Fílis con ltt def'ensor acél'l'imo de esta galantería con que las flot· mus bella de mi corazon? "Qué dil'ia ella damas envían de casa en casa sus canastillos, pat·a ! cuando viese que en mi c01·azon no brilla ni un ostentarlos despues ante sus adorables amigas ma- . rayo de luz," que "la esperanza ha abandonado la tizaclos con todos los colores, perfumados con todas testet·a de mi lecho," que, ''mi alma está em•uelta las esencias, coronad{)S con todas las flores i he1·- l en fnnemrios crespones"? Cantemos pues alegre­moseados con la mas esquisita ' 'ariedad i abundancia. ~ mente ..... El convento de los solitartos hijos de San He ojeado mil veces en una hom su pt·edoso. Bernardo conserva como un tesoro el libro adorna-~ album; en una de sus páj!nas miro dibují\dO el golfo, do con las firmas de cuantos han pisado sus um· de Nápoles; i a lo léjos como una mancha azulada. brales cubiel'tos de nieve; ya hayan de¡,lumbrado al ~1 sobre las mjentinas nubes del cielo despunta la ci­mundo con sus hechos, ya hayan pasado como la ma de la poética Ischia. Ischia! en donde fué feliz huella estampada en esos copos de nieve. el amante de Gt·aziella; en donde el dulce Lamar- Cási todos los hombres de gusto, los personajes ~ tine conoció el amor ' allá el Vesuvio levanta a los ciel6s su dos con las firmas i Jos recuerdos de sus amigos. tl'enzada i temible cabellera; mas acá serpentean las No hace mucho tiempo que la señora de Victor-Hugo 1 barquillas de pescadot·es felices ¡ Golfo encantado: rifó, en beneficio de los niiios cspósitos, su Album, los sueños que me inspiras son sueños de amor! en que apnrecian los nombres mas altos de la Fran· He yolteado otra pájina: dos niños juegan al cia, la Duqnt>sa de Orleans i el m~dato Dumas, el borde de \lll torrente, sombreado de arbustos i ro­cantor de Graziella i el procrito de Guernesey, Bou- sales: ella ¡•ecoje en su delantal de batislct florecillas i langet· i Delacroix.. .. l conchas; él, con esas manos no avczadns al crímen, Qué m·ncho pues, que nuestras damas quiet·an coje del dehmtal de su compnñera las mas frescas conservar tambien los recuerdos dulcísimos de sus i le corona su negra cabellera. amigos, las memorias de sus pasados coqueteos, que ! Im;íjen de la inocencia ! Símbolo de la union al tm.ves del tiempo i la distancia brilla;·án siem- inocente i feliz de doscot·azones que se aman ' Tam-pre como pálidos pero imborrables meteoros? 1 bien inspiras cantos i sueños de amot·! Estas ca\lsaS bastarian solas para justificat· mi Volteemos otra pájinn: aquí la ninfa de los va-cambio enteramente radical, i para disentir com- llcs, radiante de juventud i de belleza pero mclan­pletamente de la rijidez de Ahclul-Medjid. Pero hai ~ cólica i solitm·ia, doblega sobre el nítido bmzo su todavía un motivo mas palpitaute, una causa que ~ cabeza coronada de uzahm·es, i apoya la delicada tiene para mí mas peso que todos los argumentos ~~ espalda sobre un floret·o de mármol; In tórtola soli­i dtlemas: cgnsiJéreme el lector cómo estoi, al taria canta columpiándose en el Yecino ramaje; las frente de mi pupitt·e atestado con las obras de La- ondas del torrente mezclan tambien su murmullo i martine. mi favorito, de Bermúdez Castro ... i hasta ~ siguen el vuelo de los pensamientos de la vírjen. del difunto Zorrilla. Son las doce de la noche: so- ~ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ]J¡·c mi ft·ente encendida aletea el viento fresco, re- $ Por medio de un Album, pues, he conseguido (a galándomc con los olores de la madreselva que en· lo ménos en suei10s .) mi felicidad i he sido tan feliz reda Jos marcos de mi ventana; la luna denama a como el m~mo Sultan Abdul Medjíd, cuando al tonentcs sobre el suelo su romántico bt·illo, las impulso del opio soitaba en sus harenes sobre lechos sombras de los autores, cuyas obms me rodean, de terciopelo i de pú1·pura, i adiYinaba los cielos de pmeccn vagm· en torno mio, radiantes de inspil'a· su Profeta. Espero, pues, que él mismo confesará cion .... petÓ no son esos perfumes, ni esa luna, ni ser justo i lójico mi cambio, i creo que part ~ipará esos poetas quien me tie11e así desvelado, i quien de mis opiniones todo el que haya tenido en ras ma ­lucha pot· anancar de mi mente una chispa dejé- nos el album de su musa viviente.-BAnDo . nio. No; mirad junto a mí; es nn ancho libro, afunado en terciopelo Yerde, con cantonet·as de oro; es el libro de mi Fílis, de mi adorado tormento, tt·aido a mis manos misteriosamente, tal vez en el seno de algun Anjel. ERRATAS DEL NUmERO ANTERIOR. Pájina 85 línea 20 dice: Recibe en lugar de Recibiese. PáJina 88 Debe mudarse el segund6 vet·so de la última estt·ofa de este modo: A u fond meme du creur je la tieudrais toujours ; Cuántas veces había deseado hablarle en se­creto, i derramat· mi alma sobre la suya en armo­nias íntimas; pero qué hacer, si el Cancerbero la ·guardaba con siete llaves del hl€1'1'0 mus bien fun­dido? Qué hace¡·, si nos separaba una muralla de vidrio, un halcon infausto? Qué hacet·, si apenas .me era concedido el contemplada tms sus blancas 1 cortinas de muselina, como una dulce aparicion del · eielo, como una de esas vírjenes que vemos en 1 Señores suscritores, ~on el presente número ter-sueños, i que apenas queremos t9car cuando las mina el semestt·e. vemos deshacerse en el aire? Pet·o loado sea Dios! i guat·densiempre las mu- ~ .¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡. jeres su tan sutil, sutileza, el Albun está en ~ IMP •. F. T, AMA YA. mi mano, i ten~o a mi dísposicion mas de cincuen- ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Álbum: periódico literario, científico i noticioso - N. 25

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