Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Cargando contenido
¿Qué estás buscando?
  • Escribe palabras clave como el título de un contenido, un autor o un tema que te interese.

  • Búsqueda avanzada

Seleccionar

Contenidos y Experiencias Digitales

Filtrar

Formatos de Contenido
Tipo de colección
Género
Idioma
Derechos de uso

Selecciona contenidos según las condiciones legales para su uso y distribución.

Estás filtrando por

Cargando contenido

Se encontraron 898 resultados en recursos

Imagen de apoyo de  La vorágine

La vorágine

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1925

La segunda edición de La Vorágine apareció menos de un año después de la primera, publicada en noviembre de 1924 por la Editorial de Cromos. La edición incorporó correcciones, ajustes y cambios del propio Rivera y llegó a las librerías bajo el sello editorial Minerva. La primera página anuncia que se trata de una segunda edición corregida. En la contraportada del ejemplar que pertenece a la Biblioteca Luis Ángel Arango se lee que el tomo perteneció al autor –un dato que corresponde con la dedicatoria escrita a mano por Rivera y dirigida a dos amigas personales: “A mis dilectas amigas Julia Margarita y María Luisa Corredor, en recuerdo mío y en el de mis hermanas, José Eustasio Rivera. Neiva, julio 5 de 1926”. La editorial Minerva, fundada por Juan Antonio Rodríguez alrededor de 1912, gozó de una relativa fama en el círculo cultural bogotano de la primera mitad del siglo XX, por publicar libros académicos e históricos, y más tarde por sus colecciones de narrativa y poesía. Con esta edición Rivera inauguró una seguidilla de reimpresiones que incluían sus propias revisiones y ajustes, y que finalizó en 1928, con la quinta y definitiva edición de la novela publicada en Nueva York. Aunque la trama de la novela se mantiene, así como los nombres de los personajes y la estructura inicial, esta segunda edición de La vorágine introduce numerosos cambios sintácticos, semánticos y de estilo. En un artículo sobre el recorrido editorial de la obra, el crítico Hernán Lozano (1988) comenta que si no fuera por su muerte, Rivera habría continuado lo que él llama una “reescritura” de la novela: “En La vorágine se da, entonces, una relación biunívoca entre los cuatro estados textuales y las cuatro ediciones autorales, cada una de las cuales representa un estado auténtico del texto, aunque ha de considerarse el de Nueva York como el texto definitivo” (pp. 75-108). También, en esta edición, se conservan las famosas fotografías de Arturo Cova, aunque con ligeras diferencias de tipografía y disposición: la primera aparece después del prólogo, mientras que en la edición de 1924 estaba ubicada antes. Así mismo, esta edición incorpora 13 erratas, 8 más que en la primera edición. Pero es en el lenguaje, en su intento por contrarrestar la “demasiada cadencia” que tanto le criticaron cuando la novela se publicó en 1924, que Rivera más se detuvo en sus revisiones y ajustes. Si en la edición de 1924 se leía, por ejemplo, “la turba agresiva rodeó la puerta” (p. 77), en esta edición se lee “afuera empujaban la puerta” (p. 72). Si en 1924 Arturo Cova decía “sí, es mejor guarecernos entre la selva, dando tiempo a que llegue Clemente Silva” (p. 339), en 1926 dice “y guarecernos en la selva, dando tiempo a que llegue el viejo Silva” (p. 308). Con cambios como esos, Rivera construyó y reconstruyó una novela cuya complejidad lingüística y temática despertó elogios y condenas, pero nunca indiferencia. Esta edición incluye 13 comentarios críticos sobre la novela que dan cuenta de la recepción de la obra y su impacto en la esfera pública de entonces. Entre las miradas sobresale la del escritor Max Grillo, quien afirma que “La vorágine ha nacido de pie, como las obras destinadas a vivir” (p. 318). El político antioqueño Carlos E. Restrepo celebra que la novela logró “pintar a maravilla no sólo al hombre de aquellas soledades inhospitalarias, sino el alma de los llanos, de los montes y los ríos” (p. 318). Antonio Gómez Restrepo, amigo personal de Rivera, afirma que la novela “quedará como una de las obras más típicas y originales de nuestra literatura nacional” (p. 316). En una carta escrita en 1927 dirigida a Rivera y reproducida después en El Espectador, Horacio Quiroga afirmó que La vorágine es “el libro más trascendental que se ha publicado en el continente”. Desde Buenos Aires, César Dominici escribe que La vorágine es un “libro intenso, enorme, de gran dolor y de belleza descriptiva verdadera” (p. 311).
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española

Compartir este contenido

La vorágine

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Tierra de promisión

Tierra de promisión

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1926

Tierra de promisión llegó a las librerías en 1921, año en el cual se imprimieron otras dos ediciones bajo el sello de la Casa Arboleda y Valencia y la Editorial de Cromos. La segunda edición mantuvo la misma disposición de la primera, mientras que la tercera incluyó sólo dos correcciones ortográficas. Editada por Minerva, en 1926, esta cuarta edición del poemario fue la última que José Eustasio Rivera revisó en vida. La editorial Minerva, fundada por Juan Antonio Rodríguez alrededor de 1912, fue célebre en Bogotá, a principios del siglo XX por imprimir libros de autores como Germán Arciniegas, José Antonio Lizarazo, Porfirio Barba Jacob y Luis López de Mesa, entre otros. Este ejemplar, que hace parte de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango, incluye una dedicatoria escrita por el autor para una amiga personal: “A Julia Corredor, cuyo espíritu sabrá prestarles a mis poemas toda la poesía que les falta, José Eustasio Rivera. Neiva, junio 5 de 1926”. En esta edición se eliminó la dedicatoria de Rivera a sus padres que apareció en las tres ediciones anteriores. Para esta edición, José Eustasio Rivera hizo 43 cambios, casi todos de tipo ortográfico y sintáctico, como se ve en numerosos sonetos. A pesar de estos cambios, Rivera conservó las imágenes y los temas medulares del poemario: la preeminencia de la luz, el entusiasmo del encuentro con la naturaleza, la pequeñez del hombre ante la belleza del medio y la insatisfacción permanente (Benso y Gennero, 1972; Simari, 2013). Estos temas atraviesan no sólo la poesía, sino la obra en general de Rivera. Como lo anotó el crítico Luis Carlos Herrera Molina (1972): “En Tierra de promisión no está sólo su mirada superficial al paisaje y el contacto exterior. Está el viaje por sus caminos interiores. La nota de sus íntimas apetencias y las líneas de tensión de su espíritu disparado en dirección de la luz y del sol” (p. 67). Cuando Rivera revisó y publicó esta edición de su poemario ya era un autor consagrado: dos años antes había publicado La vorágine y, desde entonces, polemizó en la prensa con sus críticas y sufrió ataques por sus denuncias y su estilo literario. En 1926, año de esta edición del poemario, también se encontraba preparando una segunda edición de La vorágine, al tiempo que ampliaba su labor diplomática y buscaba la forma de ligarse al proyecto de ferrocarril Tolima-Huila-Caquetá. Luego de finalizar la revisión de esta edición de Tierra de promisión, Rivera se dedicó a corregir su novela, por lo que no regresó al poemario. Esta cuarta edición se convirtió, entonces, en la definitiva.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Poesía
  • Literatura española

Compartir este contenido

Tierra de promisión

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Liquidación de las herencias

Liquidación de las herencias

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1917

Liquidación de las herencias es la tesis con la que José Eustasio Rivera se graduó como abogado de la Universidad Nacional de Colombia en 1917. Fue presentada bajo la tutela de Antonio José Uribe, un prestigioso jurista y un político conservador que pasó por la Cancillería (1902 y 1922), por el ministerio de Instrucción Pública (1903-1904 y 1921-1922) y por la Gobernación de Antioquia (1947-1948). Rivera publicó su tesis con el sello de la Editorial La República, una imprenta que publicaba textos sobre derecho, educación y finanzas. Este ejemplar de 81 páginas, que hace parte de la colección de la Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, cuenta con una dedicatoria firmada por Rivera: “A mi muy querida amiga Sra. Juana de Rubio. Con el cariño del autor”. El texto está dividido en cuatro partes que, a su vez, se distribuyen en capítulos. En poco más de 80 páginas, Rivera presenta un recorrido general sobre el estado del derecho sucesoral en el país desde sus antecedentes históricos hasta la jurisprudencia de su época. Examina la legislación romana y pretoriana, las deducciones y créditos inherentes a las liquidaciones, la normativa en cuanto a los matrimonios y descendientes, y los legados y donaciones, entre otros temas del derecho civil y familiar. Rivera escribió esta tesis entre su estancia en Bogotá y sus viajes a los llanos colombianos, especialmente a Villavicencio, donde pasó una temporada en 1916 por invitación de algunos compañeros de universidad. Tras obtener el título, regresó a Neiva e intentó sin éxito llegar al Senado, en parte por cuenta de un incidente político-religioso que sufrió cuando Esteban Rojas, obispo de Garzón, le puso trabas a su nombramiento tras poner en tela su juicio su integridad como católico. Un año después, en 1918, Rivera volvió a los llanos, esta vez durante más tiempo, para hacerse cargo de un pleito judicial; y regresó en 1922 como parte de las delegaciones limítrofes para establecer las fronteras de Colombia con Venezuela y Perú. Esos viajes fueron fundamentales para la construcción de Tierra de promisión, su único poemario, y La vorágine, su obra más importante.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española

Compartir este contenido

Liquidación de las herencias

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Polémica entre José Eustasio Rivera y Eduardo Castillo

Polémica entre José Eustasio Rivera y Eduardo Castillo

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1953

Este ejemplar de 89 páginas es un compendio de las polémicas que José Eustasio Rivera mantuvo con el crítico y escritor Eduardo Castillo. Se trata de una serie de artículos, entrevistas, réplicas y contrarréplicas que sintetizan las discusiones que ambos mantuvieron. Las polémicas que se recopilan en este libro versan fundamentalmente sobre poesía y se basan en las imágenes, estructuras, temas y acercamientos que Rivera propuso en su poemario Tierra de promisión. La mayoría de estas discusiones, como se evidencia en los registros de archivo y en la información del texto, se dieron en periódicos y revistas como El Espectador, Gil Blas y Cromos, tres de los medios más leídos por la élite ilustrada de principios de siglo XX en Colombia. Entre las cartas, críticas y réplicas de este ejemplar están las que Castillo escribió en 1921 a propósito de una entrevista que ofreció Rivera en Lima mientras hacía parte de una misión diplomática. Allí, Castillo acusó al autor de La vorágine de denostar de su país, y criticó fuertemente la consagración que el entonces joven poeta se ganaba entre la cultura letrada de la Colombia de los años veinte. “El señor Rivera, además, es, lo mismo que Chocano, un cantor de cosas desmesuradas y sublimes. (...) Su musa inspiradora calza pesado coturno, al paso que la musa moderna, ceñida de aladas sandalias, pasa sobre el polvo de la tierra sin rozarlo” (p. 16), escribió Castillo en Cromos. Rivera respondió más tarde desde las páginas de El Tiempo: “Los engañados acerca de mi obra son otros, yo no: sé cuánto me falta, sé a cuánto aspiro. (...) Ni paraísos artificiales, ni halagos del mundo bohemio, ni éxitos en veladas, ni laureles implorados figuran en mi carrera” (p. 30). Desde Cromos, Castillo replicó: “Sí. Eres vanidoso, lo cual equivale a decir que no tienes orgullo, ya que entre éste y la vanidad hay una diferencia esencial, casi un antagonismo” (p. 37). Rivera acudió de nuevo a El Tiempo para defenderse: “He desafiado peligros que, de ser confrontados por ti, habrían excedido el pavor que tú mismo te inspiras. ¿Deseas una prueba objetiva de mi masculinidad? Párate junto a mí para que nos vean: pareces un zancudo pegado a un hombre” (p. 45). Este tipo de polémicas y de discusiones en el seno de la cultura letrada dan cuenta de las condiciones de recepción y circulación de la obra de José Eustasio Rivera desde que publicó su primer libro, Tierra de promisión. Si bien Rivera se hizo a un reconocimiento considerable desde que publicó sus primeros poemas, un segmento de la cultura letrada nacional consideraba que su trabajo no era meritorio. Las polémicas literarias fueron una práctica común de la cultura impresa en Colombia que se remontan a las tertulias de la Nueva Granada y cuyo culmen se encuentra en las publicaciones literarias de la segunda mitad del siglo XIX como el Papel Periódico Ilustrado o La Miscelánea (Laverde, 2013). Esta polémica entre Rivera y Castillo hereda esas prácticas de intercambio cultural y muestra el panorama de la discusión cultural a principios del siglo pasado en Colombia. Eduardo Neale Silva (1960), biógrafo de Rivera, afirma que: “los asertos de los dos atacantes nos sirven para recrear el ambiente literario de una época y apreciar su significado como parte integrante de la vida colombiana”.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española

Compartir este contenido

Polémica entre José Eustasio Rivera y Eduardo Castillo

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  La vorágine

La vorágine

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1924

Esta es la primera edición de La vorágine, la única novela de José Eustasio Rivera, publicada en 1924 y considerada desde entonces por buena parte de la crítica como una de las grandes novelas de la selva (Britland, 2019; Hachenberger, 2021). El libro se publicó el 25 de noviembre de 1924 bajo el sello editorial Casa de Cromos y Luis Tamayo & Cia. La editorial Casa de Cromos, heredera de la casa editorial Arboleda y Valencia, tuvo un importante papel en la edición literaria y política en la Colombia de principios del siglo XX. Allí se publicaron también De sobremesa (1925) y El libro de versos, 1883-1896 (1929), de José Asunción Silva; y Cosme (1927), de José Félix Fuenmayor, entre otras obras. Este libro, compuesto por 340 páginas, incluye cinco erratas, una nota de propiedad del autor y una dedicatoria a Antonio Gómez Restrepo, intelectual y crítico literario, a quien Rivera acompañó en 1921 a una misión diplomática en Perú, México y Estados Unidos. Esta edición incorpora, además, tres fotografías que se mantuvieron hasta la quinta y definitiva edición de la novela publicada en 1928 por la Editorial Andes. La primera se titula “Arturo Cova, en las barracas de Guaracú (tomada por la Madona Zoraida Ayram)” y, según los críticos Eduardo Neale Silva (1939) y Monserrat Ordónez (1990), en ella aparece el mismo José Eustasio Rivera. Cova es el protagonista y narrador principal de la novela y la Madona tiene a cargo caucherías y trabajadores explotados. Algunos críticos (Neale-Silva, 1939; Bernucci, 2020) han visto en estas fotografías un intento de Rivera por dotar de mayor veracidad su relato y atizar con más fuerza sus denuncias, y también un juego entre realidad y ficción. En un artículo publicado en la revista Cromos en diciembre de 1924, semanas después de que La vorágine llegara a las librerías, el crítico Eduardo Castillo comentó: “La Vorágine es una novela visiblemente autobiográfica. Rivera mismo se encargó de divulgarlo, con ingenua complacencia, al colocar en una de las primeras páginas del libro, como retrato del protagonista, su propia y verdadera efigie. Aunque no lo hubiese revelado, siempre habría sido fácil adivinarlo en la delectación con que nos pinta a su héroe y nos narra las hazañas”. José Eustasio Rivera terminó la carrera de derecho en 1917 y desde entonces se desempeñó como abogado, candidato político, escritor y articulista, hasta que en 1922 fue nombrado secretario de una de las comisiones encargadas de trazar la frontera colombo-venezolana. Permaneció en el cargo hasta finales de ese año y luego viajó solo por la senda del Orinoco. Atravesó los llanos, estuvo en Yavita, Maroa y Victorino, en el corazón de la selva amazónica, y enfermó de paludismo. Conoció de primera mano los horrores detrás de la explotación del caucho y denunció los excesos y las prácticas esclavistas de la Casa Arana del Putumayo. Ese mismo año, 1922, empezó a escribir La vorágine, nutrida de imágenes, personajes, experiencias y testimonios que recabó durante su travesía, al igual que de sus viajes a Orocué, donde estuvo al frente de un pleito judicial en 1918. En 1923 regresó a Bogotá, donde pasó fugazmente por el Congreso, y luego viajó a Neiva, donde terminó de escribir la novela. Un año más tarde, en 1924, volvió a Bogotá para corregir el manuscrito, publicado en noviembre. A través del relato del viaje que Arturo Cova emprende al Casanare, pero que se extiende hasta el Amazonas brasileño, La vorágine denuncia el sistema de explotación esclavista que sostiene la industria del caucho a lo largo de los ríos Amazonas y Orinoco. Monserrat Ordóñez (1990) afirmó que la primera fase de la recepción de la novela se centró en las fronteras difusas entre ficción y realidad. Antonio Gómez Restrepo, amigo personal de Rivera, destacó la “crudeza realista” de la novela y la consideró desde entonces un auténtico documento histórico y sociológico. Luis Eduardo Nieto Caballero (1925) comentó en su columna de El Tiempo que la novela es uno de los “libros definitivos del trópico”, aunque también afirmó que pecaba por “demasiada cadencia”. El crítico Ricardo Sánchez Ramírez (1926) escribió varias notas en El Espectador atacando a la obra bajo el seudónimo de Luis Trigueros. Para Sánchez, La vorágine es “un confuso laberinto en que los personajes entran y salen, surgen y desaparecen sin motivos precisos ni causas justificativas. Faltan en ellos, por otra parte, el sentido de la lógica y trabazón espiritual”. Con el pasar del tiempo la novela ha tenido una recepción positiva que ha confirmado su vigencia. Juan Gustavo Cobo Borda (2004), por ejemplo, apuntó: “¡Qué actual La vorágine y qué desolada su relectura! Se puede sustituir caucho por coca y ahí sigue inalterable el mismo mundo que pinta y denuncia” (pp. 146-148). Por su parte, Antonio Caballero escribió en el prólogo a una edición de la novela publicada en 2015 por el Ministerio de Cultura que La vorágine “es la gran novela de Colombia. [...] Noventa años después, la Colombia que pinta sigue siendo igual. Sólo ha cambiado la selva devoradora, que hoy es urbana porque hemos talado la otra” (p. 10).
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española

Compartir este contenido

La vorágine

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Tierra de promisión

Tierra de promisión

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1921

Esta es la segunda edición del poemario Tierra de promisión, de José Eustasio Rivera, publicada en 1921. Ese mismo año se imprimieron también la primera y tercera edición del texto sin cambios. La cuarta edición, considerada la definitiva, se publicó en 1926, bajo el sello editorial Minerva, al mismo tiempo que el autor revisaba y ajustaba las reediciones de su novela La vorágine. La editorial Arboleda & Valencia fue fundada en 1910 por Miguel Santiago Valencia y Abelardo Arboleda, y fue la casa editorial que antecedió a Cromos, uno de los sellos en el que se publicaron más tarde destacadas obras de la literatura colombiana como La vorágine (1924) y De sobremesa (1925), la única novela conocida del poeta bogotano José Asunción Silva. Aunque en 1918 fue comprada por los hermanos Tamayo, dueños de Cromos, Arboleda & Valencia siguió publicando libros hasta 1921, año en que apareció Tierra de promisión. Entre la primera y la segunda edición del poemario no hay diferencias, que sí se pueden rastrear en la cuarta edición de 1926, incluyendo 43 modificaciones formales, semánticas, sintácticas y estilísticas. En esta edición, cuyo ejemplar se conserva en la Biblioteca Luis Ángel Arango, se mantiene la disposición gráfica de los poemas, se omite la fotografía del autor que acompañó la primera edición y se conserva una dedicatoria de Rivera a sus padres que se mantuvo en la tercera edición. La aparición de Tierra de promisión y las reediciones que le sucedieron el mismo año dan cuenta de la recepción favorable que tuvo la obra por parte de críticos y lectores. Rivera ya había publicado algunos de los sonetos del poemario en revistas y periódicos, y aunque su nombre era conocido en tertulias, esferas letradas y círculos literarios, con este libro consolidó su inserción en las redes y campos de la intelectualidad bogotana (Valbuena-Briones, 1962). La obra recibió críticas positivas por su apuesta formal —sonetos que variaban entre versos alejandrinos y endecasílabos—, su unidad temática y su disposición en tres partes segmentadas por las geografías que dibuja: la selva, las cumbres y los llanos.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Poesía
  • Literatura española

Compartir este contenido

Tierra de promisión

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  La vorágine

La vorágine

Por: José Eustasio Rivera | Fecha: 1928

José Eustasio Rivera llegó a Nueva York durante la primavera de 1928. Para este momento, gozaba de reconocimiento y respeto literario tras publicar cuatro ediciones de La vorágine que se habían leído ávidamente en Colombia, diversos países de América Latina, España y Estados Unidos. Tenía planeado traducir la novela al inglés para adaptarla al cine, establecerse definitivamente en esa ciudad para descansar de la política colombiana y fundar la Editorial Andes, donde publicaría la obra de autores colombianos e hispanoamericanos (Neale-Silva, 1960). En Nueva York, el novelista tuvo tiempo para corregir, una vez más, la novela: cambió numerosas palabras, eliminó las fotos que aparecían en ediciones previas, conservó el vocabulario que introdujo en la tercera edición de 1926 y agregó cuatro mapas (“Croquis de Colombia”, “Ruta de Arturo Cova y sus compañeros”, “Ruta de Barrera y los enganchados” y “Odisea de Clemente Silva”). El novelista alcanzó a tener en sus manos cuatro ejemplares de la quinta edición de la novela. Él mismo despachó dos de esos ejemplares en el primer vuelo que hizo la ruta Nueva York-Bogotá el 23 de noviembre de 1928: uno iba para el presidente de Colombia Miguel Abadía Méndez y otro para la Biblioteca Nacional de Colombia. Una semana después, el 1 de diciembre, Rivera murió en el New York Policlinic Hospital tras una semana de convulsiones y una crisis de hemiplejia. No hay certeza sobre la enfermedad que lo llevó a la muerte, pero su deceso se asocia con la malaria que contrajo durante su estadía en la selva (Neale-Silva, 1960). El cuerpo de José Eustasio Rivera llegó a Colombia a bordo de un vapor de la United Fruit Company y recibió honores en cada puerto donde paró. Lo curioso es que su cuerpo llegó primero a Colombia que el vuelo en el que despachó los ejemplares de la novela, pues el piloto tuvo problemas con el avión y la reparación tardó casi un mes. Así, tras la muerte del autor, y mientras se imprimían los ejemplares de prueba, esta quinta edición de la Editorial Andes se convirtió en la definitiva. Este ejemplar, que hace parte de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango, corresponde a la sexta edición que también se imprimió ese año. La séptima, octava y novena edición se imprimieron en 1929, lo que indica que la novela ganaba más terreno entre lectores y críticos. En la introducción a la novela que escribe para la edición de Cátedra, la investigadora y crítica Monserrat Ordoñez (1990) afirma que es impreciso hablar de “ediciones”, pues se trata más bien de reimpresiones de aquella quinta edición que Rivera corrigió, imprimió y envió a Colombia de regalo desde Nueva York. Al respecto, el crítico Hernán Lozano (1988) comenta que, desde entonces, el texto ha estado a merced de cambios y ajustes de las editoriales que en muchos casos desconocen la disposición de Rivera. “Imposible muchas veces saber dónde termina el descuido y la incuria, y dónde comienza el esfuerzo deliberado de mutilación del texto” (pp. 75-108), anota Lozano. Esta edición, además, elimina las erratas que acompañaban las ediciones previas y amplía el apartado “Algunos conceptos sobre La vorágine” de 13 a 20 comentarios críticos, entre ellos varios de la prensa norteamericana.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española

Compartir este contenido

La vorágine

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Las historias literarias colombianas y los estudios de género

Las historias literarias colombianas y los estudios de género

Por: Carmiña Navia Velasco | Fecha: 2019

Se aborda la discusión sobre las historias literarias colombianas en relación con el concepto del canon a partir de la pregunta por el lugar que ocupa la producción literaria femenina en las concepciones sobre lo que ha sido la literatura en este país. Se examinan, a la luz de de la categoría de género, los procesos literarios que han configurado la tradición canónica en el país, constatando cómo se han ignorado las voces de las mujeres y con ello, sus textos se han perdido muchas veces. Este panorama comienza a cambiar con el trabajo crítico de María Mercedes Jaramillo, Angela Inés Robledo, Flor María Rodríguez Arenas, Betty Osorio de Negret, Luisa Ballesteros. En su trabajo se repiensan las bases de la nación moderna, desde una perspectiva que quiere integrar discursos que han permanecido periféricos. Se emplea el concepto de campo literario desarrollado por Pierre Bourdieu, en el cual es central la problemática de la distribución de capital cultural y poder para examinar la posición de las mujeres en el campo literario colombiano. Finalmente, se orienta la indagación hacia la recepción: ¿Cómo fueron recepcionadas las obras escritas por mujeres? ¿Qué posibilidades tuvieron de circulación? ¿Desde qué presupuestos fueron leídas? La consideración concienzuda de estas interrogantes permitirá construir una visión más amplia y más real del pueblo y de la cultura en Colombia.
Fuente: Biblioteca Digital Feminista Formatos de contenido: Artículos
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española
  • Investigación de género
  • Literatura
  • Mujeres

Compartir este contenido

Las historias literarias colombianas y los estudios de género

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Dos poesías

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  La idea de sí en la literatura de mujeres en América Latina

La idea de sí en la literatura de mujeres en América Latina

Por: Francesca Gargallo | Fecha: 2019

"Hay una razón narrativa, ni política ni argumentativa, que construye un camino para acceder a un conocimiento. Uno, simple y en juego con la multiplicidad, sin ningún afán de universalidad. A ese conocimiento se accede mediante la construcción interpretativa de algo indefinible, pero existente. Algo previo a la narración, pero que la narración vuelve real, verdadero al ser enunciado. Las personas que narran, oral o literariamente, construyen una y otra vez esta razón que, en los últimos treinta años, se ha expresado fundamentalmente en la contribución de escritoras, narradoras e historiadoras, poetas y ensayistas. La literatura es terreno de muchos conflictos y la epistemología la cuestiona como instrumento cognoscitivo. Entre la literatura y el mito hay una continuidad -¿una mismidad?- interpretativa, porque la narración implica un conocimiento previo, una percepción de la realidad que se quiere explayar y no limitar. Hace veinte años, cuando conocí a Dolores Castro, entre ella, que era la poeta madre simbólica de las escritoras ahí reunidas y yo, entonces joven narradora, formulamos la idea de que la creación es ajena a las ayudas económicas. Como mujeres escritoras nos sentíamos vividas por una necesidad de decir que trascendía todo apoyo y, también, todo estilo. Era una idea a contracorriente con respecto a las de nuestras compañeras que reivindicaban espacios, becas y visibilidad; una idea que lanzamos a la mesa, pero que no necesariamente nacía allí..."
Fuente: Biblioteca Digital Feminista Formatos de contenido: Artículos
  • Temas:
  • Otros
  • Literatura española
  • Literatura latinoamericana
  • Investigación de género
  • Mujeres

Compartir este contenido

La idea de sí en la literatura de mujeres en América Latina

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

¿Deseas limpiar los términos de la búsqueda avanzada?

Vas a limpiar los términos que has aplicado hasta el momento para poder rehacer tu búsqueda.

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones