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El Premio Hispanoamericano de San Salvador se ha convertido en un referente para la poesía en español. Pese a su corta trayectoria, el galardón es ya un clásico para los poetas hispanoamericanos. El ganador de la quinta edición ha sido el peruano Miguel Ildefonso, autor de amplia trayectoria y de voz madura, capaz de sumergirse en el personaje de Emily Dickinson, la joven poeta que observaba el mundo desde una ventana de Nueva Inglaterra para contar la tensión entre la vida y la esperanza con una precisión que sólo se encuentra en la palabra más pura. Miguel Ildefonso ha sabido identificar en los objetos, en las habitaciones, en los papeles de Dickinson, incluso en su pequeño hibernadero, todo aquello que ha poblado su voz convirtiéndola en una de las inmortales de la poesía universal. Un libro que celebra la tradición literaria es una fiesta para los lectores de la verdadera poesía. Este poema para Emiliy Dickinson es un ramo de versos para los amantes de la literatura.
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Un poema para Emily Dickinson
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Fuego en el viento
En algún poema de este libro el hablante lírico dice: Que la vida venga/ Y nos visite/ Ya está listo/ El café de la mañana. Esa convocatoria se dilata en los textos que lo configuran. La ‘vida visitó’ a su autora y le otorgó clarividencias con las cuales intuyó los eternos insumos de cualquier poética. Desde los muy arriesgados y lábiles de la poesía con contenido social, pasando por la de registros telúricos: naturaleza que vibra con todos sus acentos y colores: tierra, sol, cielo, agua; viento, que en este poemario es un fuego… Hasta llegar a registros intimistas: soledad, alegría, sufrimiento, abandono y retorno, huidas; búsqueda y hallazgo de lo que nos pertenece o pretendemos propio por el solo hecho de ser humanos. Va una imagen que lo dice bien: Un columpio danza/ en el centro del parque,/ en el centro de la vida,/ en el corazón de un niño
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Fuego en el viento
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Seis flores de enero
Te he comprado flores, digo mirándome al espejo. A veces la tristeza deja un camino de flores. Flores que marchitan y flores que cicatrizan en el pecho. Hay momentos en los que echamos raíces donde no es casa, pero sentimos hogar. Entre estas páginas encontrarás kilómetros de pétalos llorados, perdidos, abandonados. Un recorrido de ida y vuelta donde las despedidas te harán extranjera de tu propio cuerpo. Alba Conte Este libro es un jarrón, un jardín, una primavera. Es entender que la tristeza se hace poema y después se va, es resurgir de las cenizas de tus propias cenizas. Seis flores de enero es un viaje intermitente a una misma. Lucía Melz
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Dos metros cuadrados de piel
Como quién a través de una habitación a oscuras se orienta por la intuición, en Dos metros cuadrados de piel hay una invitación a acceder la realidad por la llama directa de la experiencia. Al leer el primer libro de Ramona de Jesús, recordamos que la valentía es el rasgo más importante de una voz poética. Así lo es para esta joven autora, quien dialoga directa y críticamente con su tiempo imponiendo a los relatos de una realidad fragmentada la contundencia de un saber sensorial potenciado por la palabra. Desde una profunda conciencia de las posibilidades que otorga la materialidad del lenguaje, este poemario asume formas de riesgo, implementando registros textuales de la cultura popular como la carta o el reporte del saldo de banco. Así, desde el encuentro con la prosa y el habla cotidiana surge el recurso de luminosa originalidad que caracteriza este libro. Al alejarse de las formulaciones habituales y ampliar los límites del pensamiento poético, Ramona de Jesús nos enfrenta a su...
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Poemas sordos
Hellen Keller, escritora sordociega estadounidense, afirmaba que las cosas más bellas solo pueden sentirse desde el corazón. Victor Hugo, poeta y novelista francés, aseveraba que la incurable sordera es la de la mente. De la mano de estos dos autores, María J. Mena nos invita a adentrarnos en Poemas sordos, su segunda aventura poética, en la que ha unido corazón y mente en un hilo secuencial de melodías y acordes. La autora indaga acerca de las relaciones que existen entre el ser humano y su entorno, siendo el amor el foco de buena parte de los poemas, que aborda de una forma liviana y sutil en algunas ocasiones, y tempestuosa en otras. Además, explora la incomunicación y la paradójica dificultad, consciente o inconsciente, para discriminar mensajes, en un mundo invadido por el ruido de fondo y la estridencia. Poemas sordos no hace concesiones. Nos zambulle en apnea en una composición límpida y etérea, en la que cada estrofa se armoniza con el ciclo vital y evoluciona desde el...
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Lo que tarda algo en irse
¿Quiénes son los descendientes de los maestros del haiku? Uno piensa que deben estar en Japón o en otras latitudes, y no sólo eso, que deben ser ancianos y barbudos. Pero no. Los tenemos en Latinoamérica, y Lucía Vargas es una. Basta abrir este libro para comprobar que ella posee la mirada entrenada del sabio, que sabe comulgar con la naturaleza, que doma los símbolos y que cuenta con una precisión verbal y una sensibilidad insólita. Lo que tarda algo en irse es su primer poemario, un libro hecho con nostalgia, lágrimas, asombro y amor, que se centra en el movimiento perpetuo y en la imposibilidad que tenemos de detenerlo. No es por otra razón que en uno de los poemas más memorables de esta colección escribe: Ahí en ese rato que se queda es donde quiero vivir siempre: el momento antes de volverme otra cosa, el minuto antes de la pérdida, el instante antes del miedo. Es en ese “ahí” donde está ubicada la casa de la poesía. Y Lucía Vargas lo sabe. De ahí ha recuperado las...
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Todos los cuerpos, el cuerpo
En Todos los cuerpos, el cuerpo, Jesús Pacheco nos invita a adentrarnos en un laberinto ecfrástico que puede leerse al tiempo como un autorretrato en verso convexo, como una acuarela que evoca el mundo perdido de la infancia y como un óleo pintado con los trazos del desgarro existencial. El combate entre cuerpo y escritura, plasmado en una atmósfera envolvente y llevado por un ritmo poderoso, muestra la identidad de un yo en progreso y la construcción del proceso discursivo. He aquí, en fin, una voz original que ya no es la suma de distintos ecos formativos, sino la decantación de un estilo en el que se funden la plasticidad visual, la imaginación fulgurante y el examen de conciencia. Apenas cruzado el umbral de los veinte años, Jesús Pacheco abandona con este libro el brumoso limbo de las promesas para instalarse en la tierra firme de las evidencias. Pónganse delante de un lienzo en blanco (medidas recomendadas: 34 x 29 centímetros) y atrévanse a mirar.
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Valeria o el vértigo
Habla Víctor Vázquez de metales en estos versos. Enlaza así con su poética anterior, de delicadeza heridora de anzuelos. Herrumbre, escamas de dureza metálica, armaduras sobre la piel. También pronuncia un osario que recubre los tejidos blandos que son el yo, el cuerpo amado y el poema. Sin embargo existe, en las córneas de este Valeria o el vértigo, el metal que se escinde sin aristas en la maleabilidad de su fórmula. Mercurio. Azogue, plata líquida, es unidad y corpúsculos con un sólo movimiento de escisión. Así el poema da versos que se lanzan como balas liquefactas y sinuosas. Así también el cuerpo de la amante se desprende de su parte desde el todo y pare. El poeta es rey que se despoja del armamento fiero para asumir una cierta pérdida y abdicar. Llega el relevo de la sangre a través de la sangre y no es nada en lo que edipicar ni con lo que electrizarse. Sólo asume la curiosidad de los límites: la piel de la madre es ahora la piel de la hija y la piel de los ojos y el...
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Canto Rituale
De ella recuerdo sobre todo su alegría. A pesar de la imagen dramática que ofrecía de sí misma en el escenario, Maria Carta era una mujer solar, llena de vitalidad; su risa “espantaba a los pájaros” al igual que los besos de la chica del poema titulado Efisio Concas. BIANCA PITZORNO Los protagonistas de la dramatización de Maria Carta son los muertos: sin embargo, esta multitud de muertos no nos habla para darnos una idea de la muerte sino de la vida (…). Habiendo actuado como cantante con rigor etnológico, Maria Carta poeta realiza una verdadera operación de antropología cultural. RAFFAELE CROVI Después de haber conocido a Maria Carta, una vez más afirmo que los únicos grandes hombres de Cerdeña son nuestras mujeres.
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Fin del mundo del fin
En este libro de la poeta Izara Batres, cuya obra ha recibido diferentes reconocimientos internacionales, encontrarás un sueño, un deseo, un grito de dolor y amor, un diálogo con la esencia y con el absoluto, un temblor de cimientos, un viaje alquímico que nos lleva, desde el fin de los tiempos -con alusiones a la actualidad-, a su recomposición y necesaria reinvención permutante, reveladora y convulsiva, recorriendo diferentes estaciones del ser (se divide en las fases de fragmentación, incendio, transfiguración y pasaje), la exploración del abismo, la iluminación y la esperanza, en el anhelo último de trascender el tiempo y el espacio, cuando “rompamos el laberinto de cristal” y podamos hallar al fin “la puerta”.
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