Estás filtrando por
Se encontraron 3671 resultados en recursos
Fragmento de la obra: La profesión médica tiene horas terribles, y por muy curtido que esté el corazón, se pasan las de Caín. Los materialmente compasivos y bondadosos sufren al ver dolores y agonías; los más refinados sufren en especial al comprobar los límites de la ciencia, lo nulo del saber, lo fatal de las leyes naturales. . . A los primeros les duele la carne; a los segundos, el espíritu. El doctor Cano era de estos últimos. Estudió lleno de ilusión. El ídolo de nuestra edad le contaba entre sus devotos. Soñaba mucho, y no daba forma poética, sino científica, a sus sueños. Descreído y hasta...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Error de diagnóstico
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Dulce dueño
Fuera, llueve: lluvia blanda, primaveral. No es tristeza lo que fluye del cielo; antes bien, la hilaridad de un juego de aguas pulverizándose con refrescante goteo menudo. Dentro, en la paz de una velada de pueblo tranquilo, se intensifica la sensación de calmoso bienestar, de tiempo sobrante, bajo la luz de la lámpara, que proyecta sobre el hule de la mesa un redondel anaranjado. La claridad da de lleno en un objeto maravilloso. Es una placa cuadrilonga de unos diez centímetros de altura. En relieve, campea destacándose una figurita de mujer, ataviada con elegancia fastuosa, a la moda del siglo XV....
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Dulce dueño
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
El frac
Fragmento de la obra: Le conocí, y le conocíamos los pocos aficionados a cierta clase de estudios, en los cuales él era indiscutible maestro. . . Pero decir que le conocíamos no significa que estuviésemos enterados de ninguna intimidad suya; casi no sabíamos las señas de su domicilio. Era, para todos nosotros, un señor algo huraño, tímido entre gentes, vestido con el descuido propio de los sabios; y a lo mejor no le veíamos en tres años, a no tropezarle casualmente en alguna librería de viejo o en los pasillos de alguna Academia, un día de recepción. . . Ni frecuentaba cafés ni sitios públicos, y se...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
El frac
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Cuentos dramáticos
Los últimos fríos del invierno ceden el paso a la estación primaveral, y algo de fluido germinador flota en la atmósfera y sube al purísimo azul del firmamento. La gente, volviendo de misa o del matinal correteo por las calles, asalta en la Puerta del Sol el tranvía del barrio de Salamanca. Llevan las señoras sencillos trajes de mañana; la blonda de la mantilla envuelve en su penumbra el brillo de las pupilas negras; arrollado a la muñeca, el rosario; en la mano enguantada, ocultando el puño del encas, un haz de lilas o un cucurucho de dulces, pendiente por una cintita del dedo meñique. Algunas van...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Cuentos dramáticos
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Doña Milagros
En la pila bautismal me pusieron el nombre de Benicio. Por el lado paterno llevé el apellido de los Neiras de Villalba, pueblo digno de eterno renombre, donde se ceban los más suculentos capones de la Península española. En el escudo de mi casa solariega, sin embargo, no campean estas aves inofensivas, sino un águila coronada y un par de castillos de sable sobre campo de gules. Tales zarandajas heráldicas no impidieron a mi padre, el mayorazgo, casarse con la hija de un confitero y chocolatero natural de Astorga, establecido en los soportales de la Plaza de Lugo. Era mi padre (Dios le haya...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Doña Milagros
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Diálogo secular
El XIX: Escarmienta en mí, hijo mío; cumple lo que ofrezcas, que prometer y no dar hace a los tontos alegrar. El XX: No seré yo quien falte a mis compromisos. Pienso ofrecer poco, que más vale un toma que dos te daré. El XIX: Cuando te apunte el bigote, mocoso, verás que del dicho al hecho hay un gran trecho. El XX: Amanecerá Dios y medraremos. El XIX: Más sabe el diablo por viejo que por diablo. El XX: A vejez llegada, cabeza cansada. El XIX: De los viejos, los consejos. El XX: El vino añejo y la sangre moza. El XIX: (Aburrido. ) ¿Quieres hacerme el favor de no hablar como si fueses el XVII? En mí,...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Diálogo secular
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Cuentos sacroprofanos
La Borgoñona El día que encontré esta leyenda en una crónica franciscana, cuyas hojas amarillentas soltaban sobre mis dedos curiosos el polvillo finísimo que revela los trabajos de la polilla, quedéme un rato meditabunda, discurriendo si la historia, que era edificante para nuestros sencillos tatarabuelos, parecía escandalosa a la edad presente. Porque hartas veces observo que hemos crecido, si no en maldad, al menos en malicia, y que nunca un autor necesitó tanta cautela como ahora para evitar que subrayasen sus frases e interpreten sus intenciones y tomen por donde queman sus relatos inocentes....
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Cuentos sacroprofanos
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Cuentos nuevos
Fragmento de la obra: La niña mártir No se trata de alguna de esas criaturas cuyas desdichas alborotan de repente a la prensa; de esas que recoge la policía en las calles a las altas horas de la noche, vestidas de andrajos, escuálidas de hambre, ateridas de frío, acardenaladas y tundidas a golpes, o dilaceradas por el hierro candente que aplicó a sus tierras carnecitas sañuda madrastra. La mártir de que voy a hablaros tuvo la ropa blanca por docenas de docenas, bordada, marcada con corona y cifra, orlada de espuma de Valenciennes auténtico; de Inglaterra le enviaban en enormes cajas, los vestidos,...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Cuentos nuevos
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Cuentos de Marineda
Mientras residí en la corte desempeñando mi modesto empleo de doce mil en las oficinas de Hacienda, pocas noches recuerdo haber faltado al paraíso del teatro Real. La módica suma de una peseta cincuenta, sin contrapeso de gasto de guantes ni camisa planchada — porque en aquella penumbra discreta y bienhechora no se echan de ver ciertos detalles— , me proporcionaba horas tan dulces, que las cuento entre las mejores de mi vida. Durante el acto, inclinado sobre el antepecho o sobre el hombro del prójimo, con los ojos entornados, a fuer de dilettante cabal, me dejaba penetrar por el goce...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Cuentos de Marineda
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Cuentos antiguos
A nuestro padre el zar. Cuando nació el príncipe Durvati primogénito del gran Ramasinda, famoso entre los monarcas indianos, vencedor de los divos, de los monstruos y de los genios; cuando nació, digo, este príncipe, se pensó en educarle convenientemente para que no desdijese de su prosapia, toda de héroes y conquistadores. En vez de confiar al tierno infante a mujeres cariñosas, confiáronle a ciertas amazonas hircanas, no menos aguerridas que las de Libia, que formaban parte de la guardia real; y estas hembras varoniles se encargaron de destetar y zagalear a Durvati, endureciendo su cuerpo y su...
Fuente:
Digitalia
Formatos de contenido:
Libros
Compartir este contenido
Cuentos antiguos
Copia el enlace o compártelo en redes sociales
Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido
Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.