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Se encontraron 4935 resultados en recursos
Con la frase Poesía.
¿Puede cantarse un poemario, al modo de los trovadores medievales o los payadores de antaño? Se puede intentar; en este caso Simón Esain nos proporciona en el subtítulo las melodías y las formas, lamentos y contrapuntos, herencias de la tierra. Así, encontramos muy pronto una de las claves para sumergirnos en estos poemas. Sin embargo: Un poemario es la suma de lo que alienta en un trayecto literario personal, de su devenir poético y es, a veces, un bálsamo ante el dolor o un grito largamente contenido. Un poemario es algo más que lo aparente. Sobre todo, si ha sido amasado y horneado con lentitud, como éste que hoy tienen en sus manos. Un poemario puede representar mucho más que al yo poético. En especial, cuando lo que lo atraviesa es la voz del inconsciente colectivo, al decir de Jung. (Palabras preliminares de Alba Murúa)
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Baladas
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Cómo hablaba mi mamá
Las palabras que la memoria va dictando a Simón traen el color de la voz de su madre. Voz acostumbrada a impartir su orden, nombra el mundo con un giro particular, criollo e inmigrante. Burlonas, irónicas, a veces despectivas, son palabras que suenan con autoridad. Nombrar implica establecer relaciones entre el mundo y la casa, entre lo íntimo y lo público, lo sagrado y lo profano. El modo de emplearlas cala el universo de esta poética, como si hubiera surgido del laberinto auditivo donde aún se escuchan.
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Cómo hablaba mi mamá
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Entre manos
Así como cada rostro está desnudo, cada mano también. Solo que hay un solo rostro (aunque múltiple) y hay una mano y otra mano más las manos del otro, de la otra (múltiples). Las manos no pueden existir en el anonimato. Entonces Lilí Grinberg nos acerca manos con nombres: pueden ser las de Marie Curie, las de Teresa de Ávila, las de Eloísa, las de Idea Vilariño, las de María Fux y muchas más. Manos de mujeres que recorren y horadan el tiempo. Dejan huellas, hacen a la Historia. Miramos las manos y nos hablan de las singularidades, de la edad que cursamos, del estrato social al que pertenecemos, de la dedicación de cada uno, de cada una. Las manos que Lilí Grinberg nos muestra, van más allá: prenden las velas, irradian calor. Y en un plano visual poético, nos muestra lo que las mujeres han hecho sobrevivir, como si se dijera “otra vez hemos salido con vida”. Nos entrega la confianza del amar, de la ciencia, del arte, de alejarse de la fatalidad (del mundo) hacia una zona nueva. Y entre...
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Entre manos
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Mamífera
Las palabras –no todas, no siempre– tienen filo. Pero hay que saberlo buscar, hay que saber bruñirlas de ambas caras –sonido, sentido– con paciencia y precisión, para que sea como el de una daga, una faca o un bisturí. El filo se trabaja con paciencia y meticulosidad hasta que, cuando está a punto, brilla. Sin embargo, ese brillo dura sólo un instante, el instante mínimo que media entre su emerger de la vaina y el hundirse en la materia que busca cortar, hendir, penetrar. Brillo y oscuridad, filo y silencio. Con este ritmo bailan los poemas de Mamífera de Milagros Moreni. Poemas en los que las palabras cortan y, en el breve espacio del verso, brillan.
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Mamífera
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Habría de abrir
Del prólogo… Siempre creemos haberlo dicho todo ya sobre la condición humana. Empezamos muy temprano, en el origen, y desde el origen hemos caminado infinitas veces el camino. Pensamos habernos excedido y por ello estamos solos al tiempo que comprobamos nuestra pequeñez en el diagnóstico, olvidando sólo que otro relámpago nos hace ver que sobrevolamos y hemos hecho esfuerzos notables por merecernos la muerte, palabra de seis signos, una que en traducción traidora sólo significa que seguiré contando. Se contará en la nada y para ella no hay definición a no ser nada. Esto es, la luz nos hace oscuridad. Teódulo López Meléndez
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Branca
Arborescentes, las biografías del filósofo Baruj Spinoza se desperezan en múltiples direcciones. En una rama casi oculta de esta audaz expansión, me encontré con Branca Dinis, casada con Bento da Costa, en las postrimerías del siglo XVI. Eran tiempos difíciles para criar seis hijos, con las calles dominadas por el terror de la Inquisición, que ya había condenado a la hoguera a su tía materna, Guiomar, y unos cuantos años después, sentenciaría al fuego a su hija, María , y a su yerno, Álvaro. Branca era descendiente de una importante familia judía, de las primeras llegadas a Portugal y forzadas a cristianizarse. Muchos de estos “marranos” llevaron una vida bifronte: hacia afuera sostenían su máscara cristiana, y hacia adentro perseveraban en su fe judía. Así, a la tenue luz de velas nocturnas, en la clandestinidad cuidada de un amor que no se doblegaba ni al poder imperante detrás de las ventanas, ni a la potestad de los rabinos, Branca educó a sus hijos en su versión no oficial del...
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Solar de huesos
Apreciación de León Félix Batista. "Carrión dice cosas sobre la realidad concreta porque la sabe indefinible y, en consecuencia, infinitamente elástica. Así que tira de ella, tira una piedra, tira una bala que va cosiendo historias, tira y abre una puerta y otra. La borradura gráfica de la autobiografía, del sujeto como una incrustación en el constructo "mundo", articula su ficción en un libro de verdad, con íconos de la cultura y guerras, con represión social y asalto. Por eso aquí lo críptico es lo macro, cinemascope lexical, inmensidad consisa en su testigo: Ernesto, que es el centro nervioso del poema, guadaña en mano decapita esas momias momentáneas de la utopía redentora, y procede a la deconstrucción del Gran Relato hablando desde adentro. Ese gesto de irrigar en territorio seco, esa colocación de cuñas entre las rajas de la grandilocuencia estético-histórica, convierten a Carrión en un poeta capital, porque nuclea en su voz la crítica del ahora por la puesta en crisis del...
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Solar de huesos
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Bocas de ceniza
cuando la plenitud del silencio tensa el nervio de la noche y las estrellas sonrisas de un misterio perdidas entregan su pan nutricio todo Bocas de ceniza retorna a su útero primordial entonces el hondo aliento de la roca y la palabra del viento y aún el hueso mismo de la flor solitaria se hermanan y florecen como una voz encendida por primera vez
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Bocas de ceniza
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A media mañana los domingos
Del Posfacio (...) Delicada escritura la de Claudia, también dolorosa. En duelo. La belleza y la sensualidad de estos textos (poemas y prosas no menos poéticas que se abren hacia el otro mundo) no está en la palabra –solo en la palabra– sino en aquello hacia donde nos empuja la palabra. Lo que señala: la innombrable y penosa maravilla de estar vivo. Y de que todo y todos lo sigan estando, ya que el tiempo no es más que una ilusión necesaria. Elegir escribir, es hacer uso de esa cierta libertad que no es ni más ni menos que un amor indebido agitando el fuego indebido. Pero ese amor salva aquello que reconstruye con paciencia y sabiduría minuciosa.
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A media mañana los domingos
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Marcelo Guajardo Thomas
Los poemas aquí reunidos corresponden al necesario ejercicio de desguace que es antologar la obra de Marcelo Guajardo Thomas (Santiago, 1977), una constituida casi completamente por conjuntos de poemas que orbitan en torno a ideas, impulsos u obsesiones rectoras trabajadas al yunque, en la antítesis de la espera pasiva de la inspiración para el poema suelto o lo que fuere. La cohesión y discurrir apremiantes de esta obra, ejecutada con un oficio desusado entre nos, invitan al lector a intentar una lectura abarcadora que retenga pero no se detenga en los textos, sino en lo que los textos construyen. Esto convierte la selección de sus poemas para una antología en un inevitable ejercicio de extracción casi quirúrgica: siempre amenazado de convertirse en una simple carnicería o, peor aún, en caso de darse (ojalá no) la absoluta ineptitud del antologador, en una autopsia. Porque Marcelo no escribe poemas sino libros donde los poemas son órganos y miembros, productos articulados por la...
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Marcelo Guajardo Thomas
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