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Quien se adentre en la lectura de La boca del desierto de Ricardo Cuadros se meterá en aprietos. En sus arenales se escuchan resonancias del más alto calibre: un duelo a quemaropa y sin testigos con ciertas desolaciones de la vida y del lenguaje, a lo Pizarnik; una crónica alergia a dar explicaciones en vez de hacernos guiños entre líneas, a lo Celan; una digestión rumiante de las evocaciones, en la que se fermenta la gran tradición poética de Chile que lo precede y lo contextualiza. No es poco decir. "Este es el árbol de la palabra árbol que no está en el bosque" reza uno de los versos que, por sabor y aroma, me remite a Juarroz. ¿En dónde está ese árbol de la palabra árbol que se quedó sin bosque? ¿En cuál de los idiomas podría venir al mundo esa palabra? ¿Qué dice de nosotros un árbol innombrable que habita una palabra de la que no sabemos el lenguaje de origen? Ya se ve: de La boca del desierto no se sale indemne. ¿Qué más se le puede pedir a un poeta? Juan Carlos Salvia
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La boca del desierto
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Por la vida siento la fuerza
En esta segunda recopilación poética de María Acuña se amplía el abanico de poemas dedicados al amor que, en sus varias versiones, formaban parte ya de Poesía descalza. Si en la Antigüedad los griegos llegaron a distinguir hasta diez tipos de amor, son cuatro los que predominan en la obra de Acuña: Eros, Storgé, Philia y Agápē. Eros es el amor sexual, Storgé el amor fraternal entre padres e hijos, maridos y esposas, entre hermanos; Philia amor hacia el prójimo y afecto entre amigos, Agápē es el amor abnegado que nos insta a la acción y busca el bienestar de los demás. Poesía descalza oscilaba con fluidez entre estas cuatro definiciones del amor y consta de veinte poemas con tres marcadas unidades temáticas: amor y desamor, guerra y paz, campo y naturaleza. En cambio, en Por la vida siento la fuerza Acuña le echa un pulso a Eros. Ahora todo es verbo y cuerpo, esperanza y desengaño, ansia y embriaguez, condena y cárcel; las diferentes formas de amar no se pierden, pero sí se supeditan...
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Por la vida siento la fuerza
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Las manos
Unas manos pueden acariciar, pueden aplaudir, unas manos pueden abrazar, trabajar, partir el pan. Unas manos pueden también pegar, arañar, estrangular, apuñalar, despellejar. Unas manos pueden dar y pueden quitar, unas manos se pueden equivocar, quitarte lo que te dieron, incluso, lo que nunca fue suyo y, algunas veces (pocas) devolverte lo quitado. También pueden escribir. Y escribir algo tan terrible y bello como Las Manos de Sara Olivas. Una poeta que recoge el testigo de la mejor poesía confesional y la lleva hacia el común con la frialdad de un bisturí, la ligereza de una pluma y la gravedad de una lágrima. Una poeta que con su primer libro hace todo un ejercicio de exordio, de limpia familiar, que denuncia el maltrato heteropatriarcal desde la afectación y pone en cada verso el cuerpo, la carne, sus manos, estas manos que, como tú ahora, son capaces de sostener uno de los mejores libros que leerás en este año. David Trashumante
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Ampliación del fuego
En esta, su primera colección de poemas, Gerard Bertran Burgueño ha seguido con éxito los pasos necesarios para hacer una buena fogata poética: ha cavado un hoyo (ha tomado la determinación de convertirse en poeta y esta publicación y su reciente XIV Premio de Poesía Antonio Gala implican un buen hoyo del que, felizmente, ya no podrá salir); ha rodeado la fogata con unas contundentes y sólidas lecturas; ha dividido el material inflamable en tres partes, para que respire, y ha preparado una pila de yesca en la que no falta la aguda observación de lo cotidiano, la ironía, la incertidumbre del joven poeta y la osadía del primer libro. No será difícil que este poemario prenda en ti, querida lectora, querido lector, y puede que lo haga sin que te des cuenta pues, como dice uno de los versos más hermosos (y hay muchos): "las flores arden en silencio". Gerard Bertran Burgueño tiene un gran futuro como poeta, lo demuestran estas llamas, lo ratifica el calor de esta primera luz. Ben Clark
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El sentido blanco de las nubes
Hay levedad en los poemas de Cinzia Marulli, no la de las palabras, sino la del viento, de las nubes, de la niebla. Lo que abre camino a la claridad. A la blancura. Disgrega la oscuridad, la encierra en la sombra. Invita al viaje. Jean Portante Un libro crudo y duro, tristemente angustioso, pero en el que hay también delicadas ternuras y una comprensión triste ante el desvalimiento sin regreso. Dos palabras no dichas, dos sentimientos, corren debajo del libro: piedad y remordimiento. Marco Antonio Campos
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Ignición
Julio César Goyes nos lleva a un viaje que tiene una parada vital imprescindible en Madrid, centro de sueños para muchos, constatación del fracaso para otros. Ignición es un libro construido a partir de muy distintas rutas para confluir en un mapa en el que la poesía es la apuesta final. Fernando Valverde
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Un siglo en el vientre de las vasijas
La escritura de Ayala Plazarte mezcla matemática y naturaleza, formula ingeniosos diálogos con lo que le rodea y propone otra manera de conversar con Dios, que al leer detenidamente creemos saber lo que se esconde, pero en realidad no está escrito. Lo intuimos, lo escuchamos. El valor reside en lo invisible, en la evocación del ser humano durante sus aprendizajes diarios, en la necesidad de comunicar el tiempo a través de los sonidos; y en la parte que no gobierna lo poético convive la pregunta, un examen al miedo de habitar el mundo. Un preguntar filosófico más allá del texto que el lector aprenderá a sentir. Decir que este libro es el eco que produce el caminante, es afirmar que el sonido ha regresado, pero ¿de dónde? Desde una vasija que significa cuerpo y, al mismo tiempo, mundo. Creo que todo lector, en la medida en que se permite habitar dentro de las historias del mundo y sabe distinguir sus ecos en su propia existencia, está conversando con la idea de lo perpetuo. Visto así,...
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Movernos en la sed
Hay palabras que no sirven para nada: cuerpo, luz, deseo. No sirven para nada porque sirven para todo, porque pronunciarlas es atraer hacia la tierra a todos los cuerpos extraños que la harían estallar, y al mismo tiempo es como mecerla levemente, dulcemente, como si alrededor de ella no ocurriera nada. Me gustan las palabras cuerpo, luz, deseo. Me gustan porque lo significan todo para quien las lee, y tal vez nada para quien las escribe, o viceversa. Me gusta decir luz y quedarme ciega, decir cuerpo y saberme aire, o pronunciar deseo y no querer nada, ni a nadie, ni nunca más. Sólo una buena voz sería capaz de pronunciar estos conceptos y salir ilesa de la guerra que ello conlleva. Sólo una buena curadora de gestos. Una buena bruja. Una buena poeta. Carla Nyman hace magia, y cura y revienta el aire. Carla Nyman escribe sobre el cuerpo, la luz y el deseo, y nos deja con la boca abierta y las manos suaves. ¿Se puede tocar un poema? Se debe: y aquí se hace. Carla Nyman restriega todos...
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Un latente hallazgo
En medio de una de las pandemias más grandes y atroces en la historia de la humanidad, un grupo de jóvenes mexicanos decidieron refugiar sus esperanzas en el abrigo de las letras y la poesía, escribiendo para sobrevivir, para amar desde sus rincones, para mantener vivo el aliento de la juventud mexicana. Un latente hallazgo es justamente eso, el encuentro con una joven y sincera poesía surgida desde las manos de aquellos que sueñan con un cambio; la juventud. Durante el año 2020, los autores que conforman esta antología resistieron los peores días de una pandemia construyendo este sueño que el lector tiene entre sus manos. Aquí persiste la vida, la esperanza, el hallazgo latente de una juventud que no deja morir a la poesía, que no deja morir a la vida misma. Javier Gutiérrez Lozano Un latente hallazgo es un compendio de poemas que surgieron dentro de los talleres de poesía impartidos por Javier Gutiérrez Lozano, quien además ha realizado la selección de estos textos. Los...
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Mil noches, el mismo día
Mil noches, el mismo día es una colección de poemas que busca acercarse al concepto de un amor que trasciende más allá de la vida. Desde el principio se diluyen la melancolía y la ilusión, permitiendo al lector reflexionar sobre las relaciones humanas antes y después de una gran pérdida personal. El libro ofrece la experiencia de ver desde otros ojos y otro tiempo un punto en la vida que no podemos evadir, que no podemos arreglar o prevenir, pero que con una retrospectiva personal a tiempo, podremos recordar y valorar como lo más importante de nuestra existencia.
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Mil noches, el mismo día
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