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Se encontraron 4935 resultados en recursos
Con la frase Poesía.
Los romanos tenían por costumbre delimitar un sector del cielo (templum) para contemplar el paso de las aves y descifrar en el quiebre o simetría de su vuelo algún mensaje destinado al humano. En ese paréntesis se mueve este libro; busca en lo abierto una explicación a lo cerrado, oxígeno en el pavimento roto o la ausencia que hace posible la existencia; se le escribe a un hijo inexistente y que sin embargo estructura esta forma de observar aurática, silente y abierta. La huella de un fantasma. Ante la plaga de traders, sujetos “desmembrados por el mercado”, el autor se pregunta “¿De qué animal es todo este pelo que pierdo?”, “¿Estoy abierto o cerrado?”. Cuando Rilke dice “con todos sus ojos ve la criatura lo abierto” se hace la misma pregunta por la categoría de lo humano: lo abierto se opone al mundo de las formas, de las que el animal, la bestia, vive libre. En este libro el humano alienado se animaliza, queda atrapado en un presente constante, supera la muerte en tanto sus...
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Imaginar un hijo
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Nova Provincia
En Nova Provincia el poeta se desprende en relieves. Entre los esfuerzos que culminan en la nada y lo mundano del fracaso, el autor busca, entre la fricción de la pluma y el papel, entender el momento exacto en que las palabras colapsan en gestos. La primera parte deviene de la metapoesía y la exploración del ser en la derrota, “ahora entiendo/que es mucho peor/intentar ser poeta/escribiendo”. Pablo Figueroa busca entender la utilidad del poema frente a la espera de aquello que no se nos ha permitido nombrar. La segunda parte se desenvuelve en los pequeños miedos, las pequeñas ansiedades de lo innombrable, de “lo que no aparece en las radiografías”. El poeta es útil mientras logre hacer tangible lo que no admitimos en las despedidas, la desilusión, el mirar atrás, el titubeo de la indecisión, el esfuerzo en vano, la palabra que no consuela las expectativas. La tercera y cuarta parte esclarecen la crueldad de lo cotidiano. El autor repara en que son las derrotas lo que nos forma y...
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Canciones de una urraca
Hay momentos que te paran en seco y te dejan respirar. El tiempo se desacelera. Los movimientos quedan suspendidos en el aire. La sofocante bulla ajena, por un instante, se transmite en silencio, como si alguien girara la perilla del mundo hacia la izquierda. Momentos como cuando suena el canto de un ave. Un canto tan triste, tan desinhibido, tan conmovedor. Te permites brevemente escucharlo por doloroso que sea. Estás en paz. Canciones de una urraca simboliza esa pausa. Después de años negando su trastorno bipolar, la autora se permite escuchar por primera vez el canto melancólico del ave y, en vez de rechazarlo, a través del verso, baila de la mano con la tristeza. Canciones de una urraca simboliza ese respiro.
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Trizas de viento seco
Un hombre, con todas sus posibles caras, se descubre parte del mundo. Aprende a observar, a caminar, a hablar, a conversar, a callar. Aprende a descubrir la inconsistencia del tiempo, del espacio, la llamada creación, las personas. Aprende y reaprende, observa, camina, conserva instantes del viento que lo acompañan mientras afuera llueve. Y para, se detiene a contemplar las ramas de los árboles, las miradas de animales similares a él, los pormenores de la memoria, los pasos, los hábitos que nutren su cerebro, las estrellas. Se detiene para darle nombre a lo que se quiebra a diario en el susurro del mundo, aun cuando ha pasado, aun cuando se ha quebrado en trizas de viento seco.
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Fin del mundo del fin
En este libro de la poeta Izara Batres, cuya obra ha recibido diferentes reconocimientos internacionales, encontrarás un sueño, un deseo, un grito de dolor y amor, un diálogo con la esencia y con el absoluto, un temblor de cimientos, un viaje alquímico que nos lleva, desde el fin de los tiempos -con alusiones a la actualidad-, a su recomposición y necesaria reinvención permutante, reveladora y convulsiva, recorriendo diferentes estaciones del ser (se divide en las fases de fragmentación, incendio, transfiguración y pasaje), la exploración del abismo, la iluminación y la esperanza, en el anhelo último de trascender el tiempo y el espacio, cuando “rompamos el laberinto de cristal” y podamos hallar al fin “la puerta”.
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Canto Rituale
De ella recuerdo sobre todo su alegría. A pesar de la imagen dramática que ofrecía de sí misma en el escenario, Maria Carta era una mujer solar, llena de vitalidad; su risa “espantaba a los pájaros” al igual que los besos de la chica del poema titulado Efisio Concas. BIANCA PITZORNO Los protagonistas de la dramatización de Maria Carta son los muertos: sin embargo, esta multitud de muertos no nos habla para darnos una idea de la muerte sino de la vida (…). Habiendo actuado como cantante con rigor etnológico, Maria Carta poeta realiza una verdadera operación de antropología cultural. RAFFAELE CROVI Después de haber conocido a Maria Carta, una vez más afirmo que los únicos grandes hombres de Cerdeña son nuestras mujeres.
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Valeria o el vértigo
Habla Víctor Vázquez de metales en estos versos. Enlaza así con su poética anterior, de delicadeza heridora de anzuelos. Herrumbre, escamas de dureza metálica, armaduras sobre la piel. También pronuncia un osario que recubre los tejidos blandos que son el yo, el cuerpo amado y el poema. Sin embargo existe, en las córneas de este Valeria o el vértigo, el metal que se escinde sin aristas en la maleabilidad de su fórmula. Mercurio. Azogue, plata líquida, es unidad y corpúsculos con un sólo movimiento de escisión. Así el poema da versos que se lanzan como balas liquefactas y sinuosas. Así también el cuerpo de la amante se desprende de su parte desde el todo y pare. El poeta es rey que se despoja del armamento fiero para asumir una cierta pérdida y abdicar. Llega el relevo de la sangre a través de la sangre y no es nada en lo que edipicar ni con lo que electrizarse. Sólo asume la curiosidad de los límites: la piel de la madre es ahora la piel de la hija y la piel de los ojos y el...
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Todos los cuerpos, el cuerpo
En Todos los cuerpos, el cuerpo, Jesús Pacheco nos invita a adentrarnos en un laberinto ecfrástico que puede leerse al tiempo como un autorretrato en verso convexo, como una acuarela que evoca el mundo perdido de la infancia y como un óleo pintado con los trazos del desgarro existencial. El combate entre cuerpo y escritura, plasmado en una atmósfera envolvente y llevado por un ritmo poderoso, muestra la identidad de un yo en progreso y la construcción del proceso discursivo. He aquí, en fin, una voz original que ya no es la suma de distintos ecos formativos, sino la decantación de un estilo en el que se funden la plasticidad visual, la imaginación fulgurante y el examen de conciencia. Apenas cruzado el umbral de los veinte años, Jesús Pacheco abandona con este libro el brumoso limbo de las promesas para instalarse en la tierra firme de las evidencias. Pónganse delante de un lienzo en blanco (medidas recomendadas: 34 x 29 centímetros) y atrévanse a mirar.
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Poemas sordos
Hellen Keller, escritora sordociega estadounidense, afirmaba que las cosas más bellas solo pueden sentirse desde el corazón. Victor Hugo, poeta y novelista francés, aseveraba que la incurable sordera es la de la mente. De la mano de estos dos autores, María J. Mena nos invita a adentrarnos en Poemas sordos, su segunda aventura poética, en la que ha unido corazón y mente en un hilo secuencial de melodías y acordes. La autora indaga acerca de las relaciones que existen entre el ser humano y su entorno, siendo el amor el foco de buena parte de los poemas, que aborda de una forma liviana y sutil en algunas ocasiones, y tempestuosa en otras. Además, explora la incomunicación y la paradójica dificultad, consciente o inconsciente, para discriminar mensajes, en un mundo invadido por el ruido de fondo y la estridencia. Poemas sordos no hace concesiones. Nos zambulle en apnea en una composición límpida y etérea, en la que cada estrofa se armoniza con el ciclo vital y evoluciona desde el...
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Dos metros cuadrados de piel
Como quién a través de una habitación a oscuras se orienta por la intuición, en Dos metros cuadrados de piel hay una invitación a acceder la realidad por la llama directa de la experiencia. Al leer el primer libro de Ramona de Jesús, recordamos que la valentía es el rasgo más importante de una voz poética. Así lo es para esta joven autora, quien dialoga directa y críticamente con su tiempo imponiendo a los relatos de una realidad fragmentada la contundencia de un saber sensorial potenciado por la palabra. Desde una profunda conciencia de las posibilidades que otorga la materialidad del lenguaje, este poemario asume formas de riesgo, implementando registros textuales de la cultura popular como la carta o el reporte del saldo de banco. Así, desde el encuentro con la prosa y el habla cotidiana surge el recurso de luminosa originalidad que caracteriza este libro. Al alejarse de las formulaciones habituales y ampliar los límites del pensamiento poético, Ramona de Jesús nos enfrenta a su...
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Dos metros cuadrados de piel
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