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Cuando la Biblioteca Nacional de Colombia y el Ministerio de Educación de Colombia publicaron este volumen en 1946, José Asunción Silva ya era considerado uno de los principales poetas de la historia literaria del país. Esta antología reúne en un solo tomo la mayoría de los poemas que se conocían de José Asunción Silva en la década de 1940. Este tomo refleja aquello que el académico Luca Salvi (2010) llama una “geografía simbólica”: el camino que se traza entre la ansiedad por recuperar un territorio perdido —la infancia, la ternura, las personas— y la resistencia ante lo que su tiempo ofrecía.
El libro de versos fue el único libro que José Asunción Silva dejó listo para publicar. El poeta lo escribió y lo corrigió de su puño y letra, y luego, en 1895, tras el naufragio de sus manuscritos en el vapor que lo trajo desde Caracas, lo reescribió apelando a su propia memoria, como recuerda Fernando Vallejo en Almas en pena chapolas negras (1995), su biografía del poeta bogotano. Tanto el original de este libro como de De sobremesa (1925) terminaron en las manos Roberto Suárez Lacroix, primo de Silva, apenas unos momentos después de que se encontrara el cuerpo sin vida del poeta.
Aquellos manuscritos iniciales de El libro de versos fueron publicados fragmentariamente y con cambios. En 1923 la Editorial Cromos publicó un tomo con El libro de versos siguiendo la disposición de José Asunción Silva y echando mano de sus propios manuscritos. En 1945 se publicó en una edición facsimilar a cargo de la Editorial Horizontes, de Bogotá, de la que prácticamente no se conservan ejemplares: los originales y la mayor parte de la tirada se perdieron en los incendios del 9 de abril de 1948. Ambos tomos se consideran rarezas bibliográficas. En Poesías, de 1908, considerada la edición príncipe de la obra de José Asunción Silva, aparecieron varios poemas que no figuran en la edición facsimilar de El libro de versos publicada en 1945 e incluso, como lo recuerda María Mercedes Carranza, no se reproducen los manuscritos completos de ese libro.
Así pues, este tomo de poemas escritos entre 1885 y 1895 retoma ese recorrido editorial de El libro de versos y se constituye en la segunda edición de dicho libro, aparecido además cuando se conmemoraban cincuenta años de la muerte del poeta. El volumen acoge las mismas composiciones y disposiciones de la edición de Cromos y ocho piezas adicionales incluidas en el apartado “Cenizas”.
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El libro de versos
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Infancia
La Biblioteca Luis Ángel Arango de la Red de Bibliotecas del Banco de la República editó en 1965 esta cartilla poética pensada para niños y niñas que recoge los poemas que José Asunción Silva le dedicó a la infancia, para varios críticos uno de los temas medulares de su obra. En un texto sobre Silva publicado en Contra esto y aquello (1912), el novelista español Miguel de Unamuno, autor de un prólogo sobre el poeta bogotano que fue reproducido posteriormente en varias antologías, comenta que “Un ambiente de niñez, en efecto, se respira en las poesías de Silva, y las más inspiradas de ellas son a recuerdos de la infancia, o mejor dicho, es a la presencia de la infancia a lo que su inspiración deben. (…) Tal vez se cortó Silva por propia mano el hilo de la vida por no poder seguir siendo niño en ella, porque el mundo le rompía con brutalidades el sueño poético de la infancia”.
En la nota que antecede el prólogo escrito por el poeta Eduardo Carranza se lee que José Asunción Silva “escribió —a más de sus hondos poemas de amor, muerte, recuerdo y misterio— algunas encantadoras y emocionantes poesías de tema infantil”. Carranza anota en dicho prólogo que la infancia es para Silva un territorio al que siempre regresa: “El poeta está solo, solo hasta ese extremo en que la soledad se parece a la muerte. Pero hay en su vida un recodo de placidez y hacia él vuelve los ojos que un momento resplandecen de ternura. El poeta piensa en su infancia, en las mañanas luminosas de Hatogrande. La campiña era un idilio verde con sol”.
La infancia como uno de los ejes de la obra de Silva también es defendida por biógrafos como Enrique Santos Molano, que la define como una edad que el poeta “siempre recordó con ansiedad y con nostalgia”, o críticos como Juan Gustavo Borda, quien en 1997 escribió que la infancia es un escenario en el que Silva “se instala en la luz de su verdad. (...) Un escenario mucho más persuasivo que el de los sepulcros abandonados y las cristianas cruces”.
Este tomo, del que no se conocen reediciones, agrupa cinco poemas: “Infancia”, “Los maderos de San Juan”, “Crepúsculo”, “Primera comunión” y “Notas perdidas”. Algunas de estas piezas, como “Los maderos de San Juan”, están entre las más recordadas del poeta bogotano. Se trata, también, de una de las primeras antologías de José Asunción Silva pensadas para un público específico, concretamente niñas, niños y adolescentes. En años posteriores se editaron volúmenes como En el colegio (1996), una antología escolar del poeta bogotano preparada por el Concejo de Bogotá, y Aserrín, aserrán, José Asunción Silva para jóvenes (1997).
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Obras completas de José Asunción Silva
Este volumen, editado por el Banco de la República en 1965, apareció en vísperas de la conmemoración del primer centenario del nacimiento de José Asunción Silva. En el prólogo, que Miguel de Unamuno escribió para la primera edición de las Poesías de 1908, el escritor español se pregunta si Silva llegaría a ser olvidado debido a su delicadeza interior. Sin embargo, ediciones como esta, que tuvieron como objetivo rescatar la mayor cantidad de obra del poeta bogotano conocida hasta la fecha, responden a la preocupación de Unamuno: con una obra tan viva y potente, será difícil que Silva sea relegado al olvido.
Esta obra fue compilada y revisada por el historiador Alberto Miramón, director de la Biblioteca Nacional de Colombia entre 1960 y 1971, y Camilo de Brigard Silva, quien, además de sobrino de Silva, fue uno de los principales divulgadores de su obra. Alberto Miramón, por su parte, es el autor de José Asunción Silva: ensayo biográfico con documentos inéditos (1937), considerada la primera biografía de Silva. Biógrafos posteriores del poeta bogotano, como Enrique Santos Molano, Fernando Vallejo, Ricardo Cano Gaviria y Héctor Orjuela, precisaron y corrigieron algunos datos, relaciones y fuentes de dicha investigación.
Esta edición del Banco de la República incluye los poemas de El libro de versos y Gotas amargas, que segmenta como dos libros independientes. Así mismo, incluye 21 poemas catalogados como “versos varios”, la mayoría de los cuales fueron agrupados en el volumen Intimidades, publicado en 1977. Es el caso, por mencionar unas piezas, de “Las golondrinas”, “Realidad”, “El alma de la rosa” o “Notas perdidas”. Esta compilación no incluye todos los “versos varios”: algunos como “Sinfonía color de fresa con leche” o “La última despedida” aparecieron en antologías posteriores.
Este volumen también incluye la novela De sobremesa (1925) y rescata buena parte de la prosa de Silva. Incluye, por ejemplo, “La protesta de la musa”, una reflexión sobre la intenciones del poeta y de la escritura; y “Transposiciones”, que reúne revisiones críticas del autor sobre literatura y la vida cotidiana. También se encuentran en esta compilación nueve cartas de José Asunción Silva a personajes como el escritor Jorge Isaacs, autor de la novela María (1867), o el filólogo Rufino José Cuervo. La edición cierra con un texto de Baldomero Sanín Cano titulado “El infortunio comercial de Silva”, que examina la vida comercial del poeta, sus tensiones, ansiedades e intereses, y la cadena de momentos que terminaron llevándolo a la quiebra y a su fatal desenlace.
Con este volumen, el Banco de la República ofreció uno de los primeros intentos por abarcar la totalidad de la obra de José Asunción Silva más allá de su novela y los poemas hasta entonces conocidos. Algunos antecedentes del proceso de rescate de la obra de Silva fueron: el tomo Obra completa (poesía y prosa) (1955), que el Ministerio de Educación de Colombia y la Revista Bolívar publicaron con los poemas de El libro de versos, De sobremesa y una selección de sus cartas, semblanzas literarias y otras prosas; Prosas y versos (1942), que apareció en México; y Poesías completas y sus mejores páginas en prosa (1944) publicado en Argentina. En los años 60, con ediciones como las del Banco de la República, se amplía la búsqueda por una obra completa del poeta bogotano.
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La vorágine
José Eustasio Rivera llegó a Nueva York durante la primavera de 1928. Para este momento, gozaba de reconocimiento y respeto literario tras publicar cuatro ediciones de La vorágine que se habían leído ávidamente en Colombia, diversos países de América Latina, España y Estados Unidos. Tenía planeado traducir la novela al inglés para adaptarla al cine, establecerse definitivamente en esa ciudad para descansar de la política colombiana y fundar la Editorial Andes, donde publicaría la obra de autores colombianos e hispanoamericanos (Neale-Silva, 1960). En Nueva York, el novelista tuvo tiempo para corregir, una vez más, la novela: cambió numerosas palabras, eliminó las fotos que aparecían en ediciones previas, conservó el vocabulario que introdujo en la tercera edición de 1926 y agregó cuatro mapas (“Croquis de Colombia”, “Ruta de Arturo Cova y sus compañeros”, “Ruta de Barrera y los enganchados” y “Odisea de Clemente Silva”).
El novelista alcanzó a tener en sus manos cuatro ejemplares de la quinta edición de la novela. Él mismo despachó dos de esos ejemplares en el primer vuelo que hizo la ruta Nueva York-Bogotá el 23 de noviembre de 1928: uno iba para el presidente de Colombia Miguel Abadía Méndez y otro para la Biblioteca Nacional de Colombia. Una semana después, el 1 de diciembre, Rivera murió en el New York Policlinic Hospital tras una semana de convulsiones y una crisis de hemiplejia. No hay certeza sobre la enfermedad que lo llevó a la muerte, pero su deceso se asocia con la malaria que contrajo durante su estadía en la selva (Neale-Silva, 1960). El cuerpo de José Eustasio Rivera llegó a Colombia a bordo de un vapor de la United Fruit Company y recibió honores en cada puerto donde paró. Lo curioso es que su cuerpo llegó primero a Colombia que el vuelo en el que despachó los ejemplares de la novela, pues el piloto tuvo problemas con el avión y la reparación tardó casi un mes. Así, tras la muerte del autor, y mientras se imprimían los ejemplares de prueba, esta quinta edición de la Editorial Andes se convirtió en la definitiva.
Este ejemplar, que hace parte de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango, corresponde a la sexta edición que también se imprimió ese año. La séptima, octava y novena edición se imprimieron en 1929, lo que indica que la novela ganaba más terreno entre lectores y críticos. En la introducción a la novela que escribe para la edición de Cátedra, la investigadora y crítica Monserrat Ordoñez (1990) afirma que es impreciso hablar de “ediciones”, pues se trata más bien de reimpresiones de aquella quinta edición que Rivera corrigió, imprimió y envió a Colombia de regalo desde Nueva York. Al respecto, el crítico Hernán Lozano (1988) comenta que, desde entonces, el texto ha estado a merced de cambios y ajustes de las editoriales que en muchos casos desconocen la disposición de Rivera. “Imposible muchas veces saber dónde termina el descuido y la incuria, y dónde comienza el esfuerzo deliberado de mutilación del texto” (pp. 75-108), anota Lozano. Esta edición, además, elimina las erratas que acompañaban las ediciones previas y amplía el apartado “Algunos conceptos sobre La vorágine” de 13 a 20 comentarios críticos, entre ellos varios de la prensa norteamericana.
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La vorágine
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La simiente
«La simiente» es una novela del célebre y contestatario escritor colombiano José María Vargas Vila, publicada por primera vez en 1905, en París. Esta obra puede ser clasificada como una novela psicológica por la manera como el protagonista desarrolla una neurosis a causa del lacerante dolor que le provoca la muerte de su hijo primogénito. En este sentido, la psiquis del protagonista revela referencias al concepto del super¬hombre de Nietzsche, como también a la estética de la voluptuosidad de D’Annunzio y el pensamiento anárquico de Kropotkin. La historia la enmarca una atmósfera genuinamente creada con descripciones del paisaje urbano de París y Venecia, y el sensual y decadente simbolismo característico de Vargas Vila.
En el instante en que Leonardo Bauci, un solitario escritor y agitador revolucionario exiliado, es consciente de que la vida le impone el dolor con la muerte de su hijo, jura odiar la vida y, por extensión, su simiente. Con la firme decisión de no fecundar, Leonardo mata los sentimientos de amor y dolor mediante sus reflexiones y análisis, pero no por ello logra abstraerse del placer sexual; conocerá el amor de mujeres que le ayudarán a expiar su tribulación para poder vivir el presente. En París, sostiene un romance con una escritora francesa. Topará después con Elbina Valderend, una muchacha enfermiza que soporta apesadumbrada la ausencia de su joven amado. Y en Venecia, conoce a Sofnia, una esteta silesiana que al igual que él desea olvidar el dolor. Estos dos amoríos, con Elbina y con Sofnia, marcan dos tensiones dramáticas en la medida en que conflictúan a Leonardo por aquel juramento suyo: dejar embarazadas a estas dos mujeres debe representar para él la negación de la paternidad y, por ende, de la vida.
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Las rosas de la tarde
«Las rosas de la tarde» es una novela sentimental de corte decadentista del prolífico y afamado escritor colombiano José María Vargas Vila, escrita en 1900, en Roma. En relación con otras obras suyas, esta novela melancólica tiene la única intención de mostrar el misterio de la vida: el amor, con todo lo absurdo, trágico e ilusorio que le es consustancial.
La historia narra el idilio amoroso prohibido de Hugo Vial, un escritor y diplomático, y la condesa Adaljisa de Larti, una mujer casada, madre de una hija, pero separada de su marido. Ambos personajes se conocen en una atmósfera aristocrática y comparten visiones diametralmente opuestas sobre el amor: para él, un asunto carnal; para ella, un ideal espiritual. Este aspecto central en un principio impide la realización del acto amoroso, hasta que lentamente los sentimientos de cada uno evolucionan hacia las concepciones del otro. La vivencia de este tránsito amoroso, que los conflictúa a ambos por igual, ocurre en medio de circunstancias sociales represoras de sus emociones vitales, manipuladas por la excompañera de Hugo y el esposo de la condesa, que llevan a la pareja a sortear intrigas, prejuicios y otras situaciones para salvaguardar su reputación. Así, el idilio se adentra poco a poco en un ambiente decadente, en el que Irma, la hija de la condesa, termina sacrificando su honra.
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Las rosas de la tarde
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Salomé
«Salomé» es una novela-poema de carácter bíblico del escritor modernista colombiano José María Vargas Vila, concebida en 1911, en Roma, y publicada por primera vez en 1918 por la Casa Editorial Sopena, en Barcelona. Es considerada una obra provocadora por cuanto desacraliza de forma radical la historia bíblica de este personaje femenino, revirtiendo el esquema mítico y la figura de la “mujer fatal” ya empleados por otros modernistas europeos y latinoamericanos (Sánchez, 2009; Triviño, 2015). Con una exquisita prosa lírica, impregnada del estilo decadentista, Vargas Vila perfila a su manera a la princesa Salomé y propone como trama novelesca la perversión sexual de Juan Bautista, asignándole rasgos humanos y alejándolo de la pretenciosa santidad.
En esta novela-poema, Herodiada, la esposa del tetrarca Herodes, desea con ardor morboso al profeta Juan Bautista, pero este la repudia. Ella, con el propósito de atraerlo y así poder consumar el acto libidinoso, consigue que su esposo Herodes dé la orden de apresar al profeta para luego pedir su cabeza. Solo que Salomé (hija del primer esposo de Herodiada) también está enamorada del Bautista, motivo por el cual madre e hija rivalizan. La princesa, entonces, urde un plan para salvarle la vida al profeta y se ingenia la manera de unirse a él. Esta transgresión a su cuerpo y alma lleva a Juan Bautista a cometer dos actos que le imposibilitan alcanzar el plano divino.
La edición disponible, publicada en Bogotá, es una reedición de la obra integrada en la colección Obras Completas de J. M. Vargas Vila de la Casa Editorial Sopena. En la segunda parte del prefacio fechado en 1920, el autor se refiere a su “yo” íntimo y desdeña a los críticos empeñados en hacer prefiguraciones de su identidad a partir de obras como: «Aura o las violetas», «Ibis», «Alba roja», «Las rosas de la tarde», «Los parias», «El alma de los lirios», «La simiente», «Camilo del triunfo», «La conquista de Bizancio», «Los discípulos de Emaus», «Sobre las viñas muertas», «La demencia de Job», «El minotauro», «Final de un sueño» y «La ubre de la loba». En la tercera y última parte del prefacio, el escritor se refiere a la moral en relación con su arte.
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Salomé
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Mis ideas
«Mis ideas» es un texto político breve de carácter histórico del escritor modernista y orador radical colombiano José María Vargas Vila, publicado en 1902, en Maracaibo (Venezuela). En este libro, Vargas Vila, como político liberal radical, se ve abocado a dirigirse a los intelectuales de los partidos políticos Liberal y Conservador enfrentados en la guerra de los Mil Días (17 de octubre 1899-21 de noviembre de 1902), para pronunciarse respecto a las negociaciones de paz que emprenderían los generales liberales Rafael Uribe Uribe (1859-1914) y Benjamín Herrera (1850-1924) al verse derrotados por sus adversarios y ante la intervención de Estados Unidos en la cruel contienda.
En la primera parte del libro, de cara a los Tratados de Neerlandia y de Wisconsin, pactos que marcarían el fin de esta guerra en Colombia, Vargas Vila analiza brevemente los aciertos y desaciertos de la revolución liberal; insta al Partido Liberal a que se autoevalúe y rectifique sus ideales; y repasa las figuras de otros generales liberales radicales, como: Gabriel Vargas Santos (1830-1914) y Foción Soto (1832-1909). Todo esto con la finalidad de ratificar su juicio personal sobre la figura del general Rafael Uribe Uribe como representante idóneo para encaminar al pueblo hacia la paz y progresivamente alcanzar la unificación de América Latina. La segunda parte es el retrato escrito de este líder según su lugar de origen, características físicas y perfil psicológico.
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Mis ideas
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Gramática, vocabulario y catecismo guajiro
Texto manuscrito que contiene la terminología bilingüe en español y guajiro, explicando la gramática, con todas las letras del abecedario. Además de lo anterior, se incluye la aprobación eclesiástica firmada por el, obispo de Santa Marta en 1876.
El documento está escrito en Wayuú
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Gramática, vocabulario y catecismo guajiro
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De sobremesa
Publicada por la editorial Cromos en 1925, esta es la primera edición de De sobremesa, la única novela que se conoce de José Asunción Silva. María Mercedes Carranza recuerda en un libro conmemorativo sobre el poeta bogotano publicado en 1996 que los editores se basaron en los manuscritos de la novela, cuya ubicación se desconoce actualmente. Una segunda edición, a cargo de la editorial Minerva, apareció después con pocos cambios, por lo cual este volumen ha sido la fuente primaria de posteriores ediciones.
Biógrafos y estudiosos de José Asunción Silva, como Enrique Santos Molano, Fernando Vallejo, Ricardo Cano Gaviria y Eduardo Camacho Guizado, coinciden en que el poeta bogotano escribió De sobremesa luego de su regreso de Caracas como delegado diplomático, en 1895. El vapor que lo traía desde esa ciudad naufragó en Bocas de Ceniza (Barranquilla, Colombia) y el poeta perdió allí buena parte de sus manuscritos. Durante los primeros meses de 1896, Silva se dedicó a compilar los poemas que agrupó en El libro de los versos, a organizar financieramente la fábrica de baldosines que tenía en mente y a reescribir De sobremesa, novela que dejó lista a principios de mayo, antes de su muerte. Al respecto, Baldomero Sanín Cano escribe en sus “Notas” a José Asunción Silva que el manuscrito de la novela tiene dos partes. La primera, expresa Sanín Cano, “encierra la sustancia de una serie de novelas cortas escritas antes de 1849 y que desaparecieron en el naufragio del Amèrique, en 1895”. La segunda, continúa Sanín Cano, “está premurosamente ejecutada. Parece obra de otro autor”.
Enrique Santos Molano relata en El corazón del poeta (1992) que los manuscritos de esta novela, así como de El libro de versos y otros documentos, desaparecieron del escritorio de José Asunción Silva en la fábrica de baldosines, en mayo de 1896. Aquellos documentos terminaron en manos de Roberto Suárez Lacroix, primo lejano del poeta, y solo hasta 1925 el político Gustavo Santos Montejo rescató los originales, que recibió en mal estado y al parecer incompletos. Ese mismo año publicó la novela en la edición que aquí se presenta. Fernando Vallejo comenta en Almas en pena chapolas negras (1995) que los papeles originales de la novela tenían un dibujo de una mariposa en la portada, la misma que se reproduce en esta edición, y que se titulaba “De Sobre Mesa”. Debajo del título estaban las fechas “1887-1896”.
De sobremesa apareció casi treinta años después de la muerte de José Asunción Silva, cuando ya se habían editado algunas antologías de sus poemas. El argumento gira alrededor de José Fernández, un escritor latinoamericano acomodado, rico, culto, dueño de una casa lujosa y de personalidad refinada, que reúne en su sala a un grupo de amigos que le piden que lea en voz alta los manuscritos de un texto que cuenta detalles de su vida. Fernández lee los pasajes, organizados a manera de diario, y los intercala con digresiones sobre el arte, la literatura, el lujo, los objetos y las drogas, entre otros temas. Desde su publicación, la discusión sobre las semejanzas entre José Fernández y José Asunción Silva ha sido eje de estudios y aproximaciones a la novela.
En un capítulo dedicado a De sobremesa en su libro La novela hispanoamericana de fin de siglo (1991), el académico e hispanista Klaus Meyer-Minnemann recuerda que esta novela no tuvo mucha resonancia cuando fue publicada, pues a Silva se le conocía sobre todo por su trabajo poético. Solo hasta los años 60 y 70, señala el investigador, y gracias al trabajo de Juan Loveluck, Ludwig Schrader y Edward Sarmiento, la obra empezó a considerarse en la academia y la crítica. Las valoraciones son diversas. El ensayista Rafael Gutiérrez Girardot enmarca a De sobremesa como “el único ejemplo pleno en las letras de lengua española de una variedad de la épica, esto es, la «novela de artistas»”, seguidora de una tradición que incluye, entre otros, a Oscar Wilde o Joris Karl Huysmans, dos de los autores predilectos de José Asunción Silva. Eduardo Camacho Guizado ubica a De sobremesa como una obra que engloba la sensibilidad modernista y afirma, en la introducción a la Obra completa (1977) editada por Ayacucho, que es “la primera novela urbana y la mejor de las que produjo el modernismo en nuestro país”, aunque también señala que “adolece de grandes fallos” y “no llega a tener gran decoro novelístico”. La académica Rosa Pellicer propone una mirada similar al afirmar que De sobremesa “representa, pues, el punto de evolución de la novela finisecular hispanoamericana, que dará lugar a distintas líneas de desarrollo”.
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De sobremesa
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