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“El camino que se emprende de la realidad al arte es quizá el de más fácil trasiego, éste sólo se puede realizar si se ejecuta con especial sigilo un despojo de la realidad, si se abate lo habitual, si se sitúa lo fútil y lo común a la vera del sendero para que no entorpezca la marcha. Se trata de un camino de iniciación que probablemente no conduzca a ninguna parte, dado que el arte no se nos revela como un punto de llegada sino que es el asombroso silo donde se hallan todos los comienzos. En esta ilusoria jornada quien se alista de poeta es un nativo irascible enfrentado a las palabras como si quisiera vencer la hostilidad de los elementos, nada se le promete, salvo el instinto de conservación que le permite sobrevivir a esas amenazas del habla cotidiana: la estulticia, la extravagancia y la anodina repetición del proverbio. Más quien viene en sentido contrario, del arte a la realidad, con el alarde de haber emprendido la marcha hace muchos siglos, arrojado al día y a la noche en medio del vocerío de los poetas que le murmuran, que lo interrogan sin tregua, que le corrigen el habla, que lo visitan, le invaden la casa sin anunciarse, se camuflan en sus bolsas de viaje y se confunden con los víveres, ese poeta invadido anhela otro despojo, quiere la soledad, trae hambre de realidad y entonces penetra la dura faena de los seres humanos que humildes hacen girar su tierra y labora en el lenguaje de ellos, ausculta sus pasiones, descubre las huellas que les deja el dolor y las efímeras muecas de la alegría…”
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Biblioteca Digital Feminista
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Cartas a Farim Nasem: poemario [reseña]
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Tierra de promisión
Tierra de promisión llegó a las librerías en 1921, año en el cual se imprimieron otras dos ediciones bajo el sello de la Casa Arboleda y Valencia y la Editorial de Cromos. La segunda edición mantuvo la misma disposición de la primera, mientras que la tercera incluyó sólo dos correcciones ortográficas. Editada por Minerva, en 1926, esta cuarta edición del poemario fue la última que José Eustasio Rivera revisó en vida. La editorial Minerva, fundada por Juan Antonio Rodríguez alrededor de 1912, fue célebre en Bogotá, a principios del siglo XX por imprimir libros de autores como Germán Arciniegas, José Antonio Lizarazo, Porfirio Barba Jacob y Luis López de Mesa, entre otros.
Este ejemplar, que hace parte de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango, incluye una dedicatoria escrita por el autor para una amiga personal: “A Julia Corredor, cuyo espíritu sabrá prestarles a mis poemas toda la poesía que les falta, José Eustasio Rivera. Neiva, junio 5 de 1926”. En esta edición se eliminó la dedicatoria de Rivera a sus padres que apareció en las tres ediciones anteriores.
Para esta edición, José Eustasio Rivera hizo 43 cambios, casi todos de tipo ortográfico y sintáctico, como se ve en numerosos sonetos. A pesar de estos cambios, Rivera conservó las imágenes y los temas medulares del poemario: la preeminencia de la luz, el entusiasmo del encuentro con la naturaleza, la pequeñez del hombre ante la belleza del medio y la insatisfacción permanente (Benso y Gennero, 1972; Simari, 2013). Estos temas atraviesan no sólo la poesía, sino la obra en general de Rivera. Como lo anotó el crítico Luis Carlos Herrera Molina (1972): “En Tierra de promisión no está sólo su mirada superficial al paisaje y el contacto exterior. Está el viaje por sus caminos interiores. La nota de sus íntimas apetencias y las líneas de tensión de su espíritu disparado en dirección de la luz y del sol” (p. 67).
Cuando Rivera revisó y publicó esta edición de su poemario ya era un autor consagrado: dos años antes había publicado La vorágine y, desde entonces, polemizó en la prensa con sus críticas y sufrió ataques por sus denuncias y su estilo literario. En 1926, año de esta edición del poemario, también se encontraba preparando una segunda edición de La vorágine, al tiempo que ampliaba su labor diplomática y buscaba la forma de ligarse al proyecto de ferrocarril Tolima-Huila-Caquetá. Luego de finalizar la revisión de esta edición de Tierra de promisión, Rivera se dedicó a corregir su novela, por lo que no regresó al poemario. Esta cuarta edición se convirtió, entonces, en la definitiva.
Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
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Libros
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Tierra de promisión
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La vorágine
La segunda edición de La Vorágine apareció menos de un año después de la primera, publicada en noviembre de 1924 por la Editorial de Cromos. La edición incorporó correcciones, ajustes y cambios del propio Rivera y llegó a las librerías bajo el sello editorial Minerva. La primera página anuncia que se trata de una segunda edición corregida. En la contraportada del ejemplar que pertenece a la Biblioteca Luis Ángel Arango se lee que el tomo perteneció al autor –un dato que corresponde con la dedicatoria escrita a mano por Rivera y dirigida a dos amigas personales: “A mis dilectas amigas Julia Margarita y María Luisa Corredor, en recuerdo mío y en el de mis hermanas, José Eustasio Rivera. Neiva, julio 5 de 1926”.
La editorial Minerva, fundada por Juan Antonio Rodríguez alrededor de 1912, gozó de una relativa fama en el círculo cultural bogotano de la primera mitad del siglo XX, por publicar libros académicos e históricos, y más tarde por sus colecciones de narrativa y poesía. Con esta edición Rivera inauguró una seguidilla de reimpresiones que incluían sus propias revisiones y ajustes, y que finalizó en 1928, con la quinta y definitiva edición de la novela publicada en Nueva York.
Aunque la trama de la novela se mantiene, así como los nombres de los personajes y la estructura inicial, esta segunda edición de La vorágine introduce numerosos cambios sintácticos, semánticos y de estilo. En un artículo sobre el recorrido editorial de la obra, el crítico Hernán Lozano (1988) comenta que si no fuera por su muerte, Rivera habría continuado lo que él llama una “reescritura” de la novela: “En La vorágine se da, entonces, una relación biunívoca entre los cuatro estados textuales y las cuatro ediciones autorales, cada una de las cuales representa un estado auténtico del texto, aunque ha de considerarse el de Nueva York como el texto definitivo” (pp. 75-108). También, en esta edición, se conservan las famosas fotografías de Arturo Cova, aunque con ligeras diferencias de tipografía y disposición: la primera aparece después del prólogo, mientras que en la edición de 1924 estaba ubicada antes. Así mismo, esta edición incorpora 13 erratas, 8 más que en la primera edición. Pero es en el lenguaje, en su intento por contrarrestar la “demasiada cadencia” que tanto le criticaron cuando la novela se publicó en 1924, que Rivera más se detuvo en sus revisiones y ajustes. Si en la edición de 1924 se leía, por ejemplo, “la turba agresiva rodeó la puerta” (p. 77), en esta edición se lee “afuera empujaban la puerta” (p. 72). Si en 1924 Arturo Cova decía “sí, es mejor guarecernos entre la selva, dando tiempo a que llegue Clemente Silva” (p. 339), en 1926 dice “y guarecernos en la selva, dando tiempo a que llegue el viejo Silva” (p. 308). Con cambios como esos, Rivera construyó y reconstruyó una novela cuya complejidad lingüística y temática despertó elogios y condenas, pero nunca indiferencia.
Esta edición incluye 13 comentarios críticos sobre la novela que dan cuenta de la recepción de la obra y su impacto en la esfera pública de entonces. Entre las miradas sobresale la del escritor Max Grillo, quien afirma que “La vorágine ha nacido de pie, como las obras destinadas a vivir” (p. 318). El político antioqueño Carlos E. Restrepo celebra que la novela logró “pintar a maravilla no sólo al hombre de aquellas soledades inhospitalarias, sino el alma de los llanos, de los montes y los ríos” (p. 318). Antonio Gómez Restrepo, amigo personal de Rivera, afirma que la novela “quedará como una de las obras más típicas y originales de nuestra literatura nacional” (p. 316). En una carta escrita en 1927 dirigida a Rivera y reproducida después en El Espectador, Horacio Quiroga afirmó que La vorágine es “el libro más trascendental que se ha publicado en el continente”. Desde Buenos Aires, César Dominici escribe que La vorágine es un “libro intenso, enorme, de gran dolor y de belleza descriptiva verdadera” (p. 311).
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Biblioteca Virtual Banco de la República
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Libros
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La vorágine
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María o el deber ser de las mujeres
Aproximarse a la lectura de la consagrada novela romántica de Jorge Isaacs María es sin lugar a dudas entrar en contacto con algunas de las más bellas y mejor elaboradas páginas de la literatura colombiana, pero también acercarse a una serie de representaciones e imaginarios culturales que reflejan a cabalidad la construcción ideológica de mediados del siglo XIX sobre el deber ser de la sociedad y, de las relaciones de género. Es por ello que María no refleja el momento histórico en el que fue escrita por su autor, sino que propone una nueva forma de asumir las relaciones personales y afectivas, y traza a cabalidad el que sería a partir de entonces el nuevo paradigma del deber ser, tanto para las mujeres como para los hombres. Aunque esta transformación afectó a ambos géneros, tuvo mayor relevancia para el género femenino, que halló en ella una forma más positiva de auto concebirse, y sobre todo una nueva manera de proyectarse socialmente. La propuesta no nace propiamente de Isaacs, más bien hace parte de la influencia de la filosofía ilustrada y del movimiento romántico que venía gestándose en Europa y América Latina, sin embargo la mediación del escritor fue altamente significativa, sobre todo si se tiene en cuenta el éxito literario de su obra a finales del siglo XIX. No en vano María se constituyó en el primer hito de la literatura nacional, llegando a permear miles de mentes, especialmente de jóvenes mujeres que no pudieron evitar identificarse con los personajes trazados por el autor.
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Biblioteca Digital Feminista
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María o el deber ser de las mujeres
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Poemas
Presidenta de la Fundación de Poetas Vallecaucanos, Santiago de Cali. Ha publicado: Silente evocación, Los gritos de las columnas, Sudores cobrizos, Poemas para danzar entre el fuego, Verbum-poetas colombianos, Revelaciones del silencio, Memoria de la nada, Salmodia de los días tristes. Premios: Concurso Nacional de Poesía Jorge Isaacs 2011, Premio Un mar de poesía para Meira, II Premio Cuento Universidad San Buenaventura. Premio “Carlos Héctor Trejos Reyes”, Premio “Porfirio Barba Jacob”, Premio del Rey Ocho Venado (México), Premio Ciudad de San Vicente de Chucurí, Premio La Porte des poètes, Paris, I Premio “Luis Carlos López”, I Premio Casa de la Cultura y revista El candil.
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Biblioteca Digital Feminista
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Poemas
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Poesía : La creación del mundo
En la sección Arte y Literatura, se presenta la obra poética de la autora Eva Tóth
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Biblioteca Digital Feminista
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La muerte de Don Rufino J. Cuervo
Reseña sobre la muerte de Rufino José Cuervo, breve información sobre su vida y carta enviada Don Diego Mendoza, donde le agradece el envío de un libro sobre Caldas.
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Biblioteca Virtual Banco de la República
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La muerte de Don Rufino J. Cuervo
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Las historias literarias colombianas y los estudios de género
Se aborda la discusión sobre las historias literarias colombianas en relación con el concepto del canon a partir de la pregunta por el lugar que ocupa la producción literaria femenina en las concepciones sobre lo que ha sido la literatura en este país. Se examinan, a la luz de de la categoría de género, los procesos literarios que han configurado la tradición canónica en el país, constatando cómo se han ignorado las voces de las mujeres y con ello, sus textos se han perdido muchas veces. Este panorama comienza a cambiar con el trabajo crítico de María Mercedes Jaramillo, Angela Inés Robledo, Flor María Rodríguez Arenas, Betty Osorio de Negret, Luisa Ballesteros. En su trabajo se repiensan las bases de la nación moderna, desde una perspectiva que quiere integrar discursos que han permanecido periféricos. Se emplea el concepto de campo literario desarrollado por Pierre Bourdieu, en el cual es central la problemática de la distribución de capital cultural y poder para examinar la posición de las mujeres en el campo literario colombiano. Finalmente, se orienta la indagación hacia la recepción: ¿Cómo fueron recepcionadas las obras escritas por mujeres? ¿Qué posibilidades tuvieron de circulación? ¿Desde qué presupuestos fueron leídas? La consideración concienzuda de estas interrogantes permitirá construir una visión más amplia y más real del pueblo y de la cultura en Colombia.
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Biblioteca Digital Feminista
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Las historias literarias colombianas y los estudios de género
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La esclavitud femenina
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La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona
El 3 de julio de 1965 los Beatles actuaron en la Plaza Monumental de Barcelona. Según el ambiente de la época, llegaban los melenudos de Liverpool, el demonio que hundiría en el infierno a la juventud de entonces. Sin embargo, en los sótanos de la comisaría situada en el número 43 de la barcelonesa Via Laietana, se desarrollaba a la misma hora otro infierno muy distinto al que preconizaban Twist and Shout y las otras canciones de aquella noche. Dos jóvenes salen del pueblo de Los Yesares para asistir al concierto y lo que se encuentran no es el griterío de las gradas acompañando aquellas canciones sino el horror más insospechado.
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Digitalia
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La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona
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