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Imagen de apoyo de  Sin tu mirada no existe la luz

Sin tu mirada no existe la luz

Por: Luis Alberto F. Piña | Fecha: 2018

La reafirmación de los sentimientos a través de la poesía. En unos tiempos donde los verdaderos sentimientos son cada vez más reservados, diluyéndolos en distracciones momentáneas y superficiales, irrumpe Sin tu mirada no existe la luz para reafirmar que todo tiene energía, un alma que conserva la semilla donde nacerán las emociones. Luis Alberto F. Piña regresa a la literatura con su primer poemario para exponer el mundo a través de sus ojos: el desamor que nos persigue durante toda la vida; la sombra de la hiriente soledad, siempre acechante; las casualidades que el destino interpone ante nosotros; ese amor platónico que nunca será alcanzado, por mucho que se intente; la crítica hacia las injusticias que se siguen manteniendo en la sociedad... Sin tu mirada no existe la luz es un libro de poemas que interroga a la razón y al corazón.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Crítica

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Sin tu mirada no existe la luz

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Imagen de apoyo de  El Correo del Valle: periódico literario, industrial y noticioso - N. 449

El Correo del Valle: periódico literario, industrial y noticioso - N. 449

Por: | Fecha: 21/12/1911

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • .Cantos de la prisión y del destierro Blanco Foml>ona es uno de los poetas sur americano::; más conocidos en Europa. Su nombre está prestigiado por una frondosa uihliografía. Más de seis libros en prosa y verso, dan testimonio de su actividad men­tal. De esos libros, uno fue traducido al francés por Marius Amh·é. · Este poeta es león y paloma á un mismo tiempo. En la crin y en el rugido lleva su orgullo de hombre combativo, para quien la vida es un campo de batalla, con muertos y heridos; de hombre de lucha y de acción, sobre cuyos ojos ha caído más rle una vez la Rombra aciaga de la ergástu­la. En el tornasol y en el arrullo va elpo~t:1 que ve en el mar ft una cotn llena de zafiros'' y que, co;no Pierrot, sumerge el alma en la pila bauti ,_ mal de la luna. Ahora publica Blanco Fombona su última obra. Canto.'l de la prisir'.n y del destierro se intitula. A excepción de varias poesías que florecen al principio del libro, lo demás es un grito de combate, un chasquear de foe­tes inmisericordes, sobre espaldas enemigas: la revancha de un exiliado que toma el desquite desde las páginas de un libro. Blanco Fombuna ha sido víctima propiciatoria del caudillaje militarista que domina en Vene­zuela. Su temperamento rebelde, su pluma de picos tremendo.::;, lo han llevado más de una vez hasta las fauces de los calabozos, en dumle sus tobillos se han amoratado bajo los hierros del grillete. Cantos de la prisión y del clr fif'I'J'u es un libro, en donde la flor de la venganza se abre como una mandrágora ag1·esiva. Hay allí endecasílau••: y alejandrinos que son como fieros masLinc~~ mordiendo en lu carne de nt­fi. anes, de correv<'diles y de akahnete:. Bn el rojo jardín tlcl odio ha co,·­tado Blanco Fombona esas flores de cruelJad .v de suplicio. LeyL'ndn üno el prólogo del libro y siguiendo al poC'ta en zahurdas y cuchitriks. {l don­de lo empujaron los traficantes de la poliLic:a, ha.v que pen. ar po¡· fuerza en aquella valerosa afirmación de Maeterlinck: «Hay ocasiones C'll que n•> l' · necesario un grande esfuer:w de imaginaciún para romp1·C'ndcr que la n'n­ganza es un deber. '' De ahí el vrólogo del lihn>. tn·ml'IHÜt azotaina pnra los malhechores de Ulanco Fombona. l~ste honóre bebió la sombra de las mazmorras y soportó el gesto brutal de> capataces y verdugo;;. Oigamos cómo habla el atormentado de sus día-; neg-ro·: • En frente de mi célula, cierta noche, af;csinos y ladrones me ol~cquioron con burks­ca serenata de algarabía. lVlugían como toros, halaban como borregos, relinchaban como caballos, caearca.ban eoru•> gallinas; r hubo latir de pe­rros, maullar de gatos, grur1ir de cerdos, n'buznar rlc jumentos y rugir de leones. Era el momento de sentarse á comer. No dije una palabra, pero no pude pasar bocado y esa noche no durmi. Con el alba estuve en / pie, dispuesto á un escarmiento. A precio de diamante, día atrás, había comprado una escoba, cuyas barbas deshice como pude; .r armado con d 1 asta y con represa furia, acometí esa m:.u1:.U1a al primero de lo:; asesinos Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 8221 ET1 CORREO DET1 VALLE que acert~pasar á mi alcance. Corrió el villano; corrí detrás, majando sus espald~ Y su cabeza de guillotina, bañada en púrpura, asperjeaba de rojo, como hisopo de sangre, las paredes blancas y la madE!ra del pasa­dizo y el pavimento. Lo salvó el ser cobarde y precipitarse por el bal­cón al piso bajo. » Después de estas horas difíciles, de torturas intensificadas por el gesto histriónico de cómitres y reos, se explican la sevicia del prólogo y la amar- .gura de ciertos párrafos que restallan como látigos. Hay ebrios de vino y:ebrios de venganza. Blanco Fombona escarba, como con un hierro encen­dido, en las llagas morales de los que en la sombra le urdieron conspira· ciones y encrucijadas. Quizá hubiera estado mejor que el poeta hubiera rociado esas ulceraciones con el agua bendita del perdón. Perdonar es una voluptuosidad. El libro, desde el punto de visfa poético -precindiendo de su índole vindicativa y política es un nuevo gajo de laurel para el autor de la Peque­ña ópera lírica. Blanco Fombona es maestro de la rima. Es uno de los poetas que han dado fisonomía propia á la literatura hispanoamericana. Su obra es la de un domador de ideas. En ella palpita el corazón de una raza. Blanco Fombona es en Europa padrino espiritual de los que acá, bajo el cielo azul de los trópicos, vendimian en las viñas del Atica y vagan por los huertos floridos en donde susurran las abejas de Horacio. Un día estaba Blanco Fombona en la prisión. Miraría de seguro al­gún retazo de cielo azul, único bien que no habrían podido escatimarle sus carceleros. De pronto echó á cantar el ruiseñor que Fombona lleva en el alma. Y el ruiseñor dijo: « Sobre un arco, en la prisión, cayó un copito de nieve: es una paloma breve, blanca como una ilusión. 11 Viene del cielo turquí, abre su pico de rosa y me dice cariñosa: está buena y piensa en tí. >> Ahora el ruiseñor vuela y canta en otras latitudes. Orillas del Medi­terráneo, quizá. Tal vez orillas del Adriático. O en las brumosas playas nórdicas. Guarde Dios á Blanco Fombona, para donaire y gentileza de los jardines del espíritu. Que siga cantando el ruisefior. CARLOS VILLAF AÑE Senda de paz Am01·, único amor de mis amores, ere.c:: para mis plantas peregrinas como una senda en donde no Jza.y espinas, como una senda en donde sólo hay flores. ' •' ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 1 FL CORREO DEL VAl~~ Blanca estrella de tímidos fulgores que mis pasos inciertos iluminat:, eres en el ja'rdín de mis arno?·es un caminito en donde no hay espinas, un camirdto en donde .c;6lo hay flores. Sobre el agua sin luz de mis dolores C(/ niO gana l?'ltcarísth·a te ~·ntlina~. Dios te bendiga, amor, porque ifwn inru~ mi 1Jaso incie?'ÜJ y llevas mü amores p01· 1ma senda c11 donde no hay e:-;púta,<:, por una senda en donde sólo hay flore.··, i ' CARLOS VILIAFAÑE Eco triste Sueüa abandonos el piano sobre la sala desierta ... . Todo es triste, y mi alma en vano invoca á la amada muerta. Suci'la abandonos el piano sobre la sala desierta . . .. Y lloro y la grito en vano ! ¿ Dónde estft la novia muerta ? Hay un silencio pagano un silencio que es hermano del recuerdo ele mi muerta .... La llamo y la invoco en vano ! Sue11a abandonos el piano sobre la sala desierta .. . . . . . . J. A. SÁNCHEZ GARCÍA • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 EL CORTIEO D8L YALLE Recuerdo filial Ayer tratando de ordenar un poco mi revuelta librería, me encontré el libro con que mi madre me enseñó á leer. Es una Vida de San Luis, impresa á principios de siglo y toscamente encuadernada en piel, y mi ..m adre la había ganado como premio en la escuela; de modo que este viejo testigo de mi infancia lo fué también de la suya. Al recorrer sus hojas amarillentas recordé mis primeros ejercicios de lectura, y la penosa lentitud con _que iba pronunciando las palabras que mi madre me señalaba ~on una aguJa de hacer calceta; y pensé que antes que yo había i~clinado una ni~a su cabecita estudiosa sobre estas páginas, y que esta mña fue luego mi madre. i Cosa rara! Esta idea de que mi madre un día fue también niña, no se me había ocurrido nunca y, ahora me maravilla al par que me conmue­ve · Cnando yo nací, tenía mi madre cerca de cuarenta afíos. Había sido muy bella en su juventud, según he oído decir; pero el único retrato suyo que conservo es de poco antes de morir, y en mis recuerdos más remotos aparece su rostro coronado ya de canas. Quizá los que han conocido á su madre todavía joven y hermosa la recuerdan con especial ilusión. No sé qué diga. Pero creo que son más afortunados aquellos cuyas primeras mi­radas vieron inclinarse sobre su cuna una frente marcada por la fatiga de vivir, y para quienes la figura de la madre es siempre la de una mujer de edad. El recuerdo que cle ella guardan es, no diré más querido, pero sf más sagrado, por que en él se unen lo venerable de la vejez y lo augusto de la maternidad. Este pícaro libro en que mi madre me ensefió el arte tan difícil de la lectura, este libro que la conoció cuando era colegiala, me hace pensar en su niñez y en su juventud. Pero ni aún así puedo imaginar sus juegos de niña, ni sus ilusiones de doncella, ni sus alegrías de esposa adorada. No, no puedo ver en ella más que á mi madre á mi anciana madre. Me parecía faltar al cuarto mandamiento del Decálogo, que ordena «honrar padre y madre; 11 me parecía romper el respeto que le rodea en mis. pensamientos, si me la figurase por un solo instante sin sus cabellos gri,ses y sin las arrugas que surcaban ya su rostro cuando yo era a~n niño. Se necesitaría una pluma más exquisita y espiritual que la mía; seria preciso buscar palabras aéreas para expresar con toda su dulzura y sua­vidad est€ sentimiento respetuoso y tierno, e~te delicado escrúpulo, este matiz de alma. Sólo puedo dar de él una idea recordando aquí el conmo­vedor y profundo misterio de la fe cristiana; que rodea á la Madre de Je­sús de una aureola de ideal pureza. Sí, para todo el que tenga corazón verdaderamente filial, su madre es un sér inmaculado. Además, ¿ no es muy natural que yo vea sólo una madre en aquella para quien no dejé nunca de ser niño ? Cuando ella murió tenía setenta y un aüos y yo acababa de cumplir los treinta y tres; por consiguiente era un hombre hecho, un hombre que había vivido, trabajado, gozado, su­frido, atravesado veinte veces la llama de las pasiones, un hombre que indublemente se había mantenido fiel á sus deberes principales, pero que no por eso dejaba de ser culpable ele una infinidad de faltas y i ay! des- • pojado completamente de mi inocencia. Mi madre lo sabía; no se le ocul- 'C Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 1 EL CORREO DEL VALL~ . ~24. taban mis esfuerzos por seguir el camino recto, ni ignoraba r ~~{caídas Y debilidades; tomaba parte en mis alegrías, con.,ola!Ja mis amarguras; Y si con su viril energía y claro juicio me hablaba como á un hombre, cuando yo le pedía consejo, volvía á ser para ella - ¡ adorable ilusión!- su hijo, su pobre hijito, necesitado tan sólo de su amor. No es que yo recuerde -ahora únicamente los instantes en que, abru­m'ldo por alguna pena, sólo encontraba consuelo abrazándome á mi madre,. Y secando en sus mejillas mis ojos enrojecidos por el llanto, ni más ni me· nos que cuando era níño de pecho. Precisamente lo.; sucesos ordinarios de la vida, las menudencias cotidianas, eran las que daban ocasión á mima­dre para tratarme como á un niño, acusándome Ll::mdamcnte de impru­dencia é irreflexión. - j No bajes la escalera tan de prisa .... . ! j Cuidado con resfriarte, abróchate bien ! Apuesto á que has olvidado el paüuelo. . . . . ! . . Compadezco á los que se impacientan con estas recomendacione? pues r1les. A mí me llegaron siempre á lo más hondo del allna. Y ad v1é~tase que acaso pocos han sido nunca objeto de cuidados matern:J.!es tan asiduo­como los que á mí se me prodigaron. En mi juventud estuve varias ve­ce~ enfermo de bastante gravedad; y mi madre cuidaba entonces con so­licitud de mi, no sólo como de un hijo sino como de un hijo enfermo. Cierto invierno los médicos me prescribieron el clima del mediodía. Al volver después de algunos meses, encontré á mi máclcc tan mudada, que al año siguiente no quise dejarla, á pesar del quebranto d mi salud; Y ambos pasamos el invierno recluídos en la priiión de mi cuarto, pues tampoco ella estaba para burlarse del rigm·osu frío de París. Hace un instante murmuraba yo unos versos. mientras oj eaba el li­bro en que mi madre me enseñó á leer buscando en él las huellas de sus dedos para besarlas. Y no obstante ¡cuántos disgustos le causé á aquélla admirable mujer ! No pudo, ciertamente, dudar ni por un minutode mi respeto ni de mi amor. ¡ Dios mío~ Eso nó. Pero cuando uno es joven Y contrae ciertas amistades y se ve empujado por el punzante estímulo del deseo de gozar, olvida fácilmente que en casa le espera una anciana ma­dre, llena de indulgencia infinita es cierto, y que apenas se atreve á diri­gir á su hijo, ya adulto, una tím{da reprensión, pero que se alarma pen­sando en los peligros que corrc y ¡ llora al verle perder su candor y su pureza! i Quiera Dios que estas páginas sirvan para detener á algún joven, á punto de caer en un precipicio ...... ! i Ah ! i si supiera con qué amargura ¡·ccorclar:í, en los últimos ailos de su vida, que, aun sin haber sido un malvado, hizo llorar á su madre .. .. ! Hace máf' de veinte anos que murió la mía; hacP veinte aii.os también q~e se marchitó mi juventud, porque el día en que ella murió sentí que en m1 corazón filial algo se extinguía para siempre. Nunca la había recordado con tanta frecuencia como durante esta úl­tima enfermedad y su larga convalecencia, que tan saludables han sido para mi alma. Al balbucear, después de tantos años, las oraciones que ella me enseñó cuando era niño, mi alma ha concebido el deseo de elevar­se hacia Dios. La esperanza de reunirme un día con mi madre es lo que sostiene mi fe en la otra vida. Para merecer esta recompensa. para vol· ver á hal1arla en el cielo, he prometido pasar el resto de mi vida entre-l gándome á pensamientos más puros y practicando obras más meritorias que hasta aquí. Jesús, que ha hecho partícipe de la gloria á su divina Madre colocán- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 f22í '/-- EL CORREO DEL VALLE --------~' ~--------------------------------- c'oh junto á 'l! en el ciclo, bendecirá 1[ s súplicas de un hijo y de un (ris t'ano. i Mística patria de las almas, morada d ~los justos, mansión gloriosa de luz y de amor ! Pretenden algunos e ue nuestra débil inteligencia no puede comprender en toda su extensión !a f~licidad que reservas á los ele­gidos; pero yo, infeliz y humilde pecadcr, creo haber presentido el Paraíso, c~ando, siendo niño inocente, me qued;;ba d)rmido rodeando con mis bra­zos tu ct.:ello, oh santa madre mía, que con tanto amor me criaste á tus pechos! rRANcors coPPEE Marineras P J->cauor d' ojus au Jaces y cJrtiJ.:l. tez morena, igno,·ario 1 u chaclor que caminas por la vida con la fr :mte alta y serena, sin más guía que el trabajo, sin más armas que el valor Yo te vi salir contento de tu casa, pobre nido que es un templo de la paz, donde aun plácidas dormían en abrazo bendecido la robusta compati.era y el angélico rapaz . . Y te vi cruzar la ar ~na e n la> redes á la espalda, satisfecho de vivir, sin 11 duda que atormenta ni el rencor que el alma escalda, sin la envidia que envilece, ~ in el ansia de subir ... Tienes fe que te sostiene y alegría que te eleva, justa y noble es tu ambición: sólo ansíns que no falte en tu hogar la buena nueva. ¡El trabajo y el carÍ11o son tu sola aspiración! Yo t e ví saltar gozoso en la barca vieja y fea y la vela desplegar; y pensando en tus amores disponerte á la pelea con el viento que azotaba el cristal azul del mar. Sin temor á la tormenta que pudiera ser la muerte vas cumpliendo tu deber; luch~ bien tu cuerpo sano y resiste tu alma fuerte los C)mbates en que á veces eres héroe sin saber. Ce nt3mplanclo el humo de tu pipa mal repleta, pronto empiezas á ensoilar; sin saberlo vuelas alto, sin saberlo eres poeta, un pceta ingenuo y dulce que no sabe más que amar. En tu pensamiento ríe la gallarda marinera, que es tu dicha y es tu bien; y con ella está el querube, pura flor de primavera (lUP perfuma tq santuario convirtiéndolo en edén. ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL COR~{EO DEL VALLE ¡Con qué encanto los recuerda tu memoria, y cómo lale de placer tu corazón! Y entre tanto el agua ruge, y rabiosa y fiera embate la barquilla vieja y fea, j tu fortuna y tu ilusión! No te importa, y de tus labios surge alegre y picaresca en su ruda sencillez, la canción que hace más gratas las faenas de la pesca y que llena de armonías á tu cáscara de nuez. Tú no piensas, marinero, en soberbias redenciones, que á tu sana juventud basta bien con el cariño de dos puros corazones. Tú no llamas al trabajo miserable escla\'itud! Cómo envidio yo tu vida, pescador de audaces ojos, cómo admiro tu valor, que hace frente á las borrascas, que desdeüa los abrojos, y se rinde generoso á los ruegos de tu amor. Marinero, yo tenía como tú mi barquichuela, un esquife de cristal que ligero navegaba, como un pájaro que vuela, por las hondas del ensuefio, por el mar del ideal. En las aguas de berilo que reían placentera3, llena el alma de ilusión, yo bogaba, y eran siempre del bajel de mis quimeras capitán la fantasía y piloto el corazón. Venturosa navegaba sin temer los temporales, mas surgió la tempestad y rompiose la barquilla de mis bellos ideales al chocar contra las rocas de la fría realidad. Que esas rocas traicioneras no destrocen la fortuna de tu dicha, pescador; esa dicha tan tranquila como blanca luz de luna, que sosiega tu alma fuerte de ignorado luchador. 8228 SAHAH LORENZANA Tipografía - Mamá, yo quiero aprender tipografía, le dijo Hilda una noche á la rrespetable autora de sus dias. - ¿Y qué es eso? preguntó la sefiora Encarnación, frunciendo el entre cejo. - Eso es, mamá, repuso la niña, cosa de imprcnta;los tipógrafos son loa 11 que imprimen los libros, los periódicos y todo lo que ~e ve en letras de U molde. - Ah! Y es, oficio de mujeres? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~ 8227 • EL CORREO DEL VALLE -~e- - De m~res y de hombres: todo el que quiere ocuparse en la tipo-grafía encuentra trabajo. -De veras? -Se gana más que en la costuta, m~ dice B'Jnifacita, la vecina, que es tip 'grafa desde hace un mes. -Hola! No me parece tan mala tu idea, y si no fuera porque tienes ese genio tan ...... en fin, que eres una loquilla y tengo que andar con cuatro ojos detrás de tí ..... . -Ay, mamá, si alguien la oyera, qué diría de mí? -Dirá que soy una madre cuidadosa, y me alabaría el gusto. -Usted es muy exagerada! -Mejor! Lo que abunda no daña, y si peco por guardarte mucho, quiere decir r¡ue estás muy bien guardada. -Ya lo veo. -Ec::, hija, que yo también he sido muchacha y sé de qu~ pie suelen éstas cojear; yo he visto mucho, y por lo mismo que he visto, no te quie­ro perder de vista un solo instante. -Bueno, basta. Diga si le parece bien que sea tipógrafa ó nó, que de eso es de lo que ahora se trata. -Ni sí, ni nó, te puedo decir todavía. Primera vez es esta que oigo hablar de la taquigrafía . . . . . . - No es taquigrafía sino tipogra[ia, mamá. - Eh ! lo mismo es para mí. Digo que sólo ahora llega á mi conoci-mieuto ese oficio, y bien puede ser cosa de santos ó cosa de malos; por eso tengo q.ue averiguarlo, consultarlo y pensarlo. Y la sei'iora, al decir es lo, extendió el índice en dirección á su hija y recalcó las últimas palabras con tr ~s g·olpes en 11. rodilla izquierda. Este fue su ultimatum No se habló más del asunto. II Al día siguiente, dolia Encarnación había averiguado, consultado y pen­sado todo lo que concernía al proyecto de la hija; y como los informes fueron buenos y las personas serias aprobaron, formó opinión favorable de las inclinaciones tipográficas de la niña y se decidió á que ésta abrazara el ar­te de Guttenberg. Lo que le faltaba et·a recomendarla encarecidamente al Regente de la impl,7enta en donde Hilda iba á hacer su ap1·endizaje, y para allá se fué la buena señora provista á su vez de una carta de recomendación que le dió un,respctable amigo. El Regente estuvo muy amable y se ganó, desde luego, la confianza de doña Encarnación; porque á la par que se mostraba atento y fino con ella, le veía manifes!tt.rse muy serio, muy recto, casi severo con los emplea­dos del taller. Este es un hombre formal, se decía la señora; mi hija estará bien vi­gilada, cual lo requieren sus pocos años. Al despedirse, después de estar convenido que la niña ingresaría en el taller, ella reiteró sus recomendaciones - Nada tiene usted que decirme, repuso el Regente: cuidaré á su nifia como á las niñas de mis ojos. - Oh! gracias, señor! o me la deje usted salir del taller ni por un momento. - No saldrá! / - No me la deje usted hablár con los jóvenes. f No habhm1! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 EL COltnEO DEL VALLE -No me la deje usted recibir obsequios de nadie. <. • -No recibirá! Las madres, señor, debemos ser así muy cuidado:sas ccn la;;; J¡ ~jas m u­jeTes. En estos tiempos hay mucho peligro ... y que yo no quiero, no lo permita Dios que .......... ¿Sabe usted, señor Regente, lo que me decía mi confesor esta mañana ? Pues me decía: mnlíer rt trum suxt i-n periculum semper; lo que quiere decir en latín que la mujer y cl vi­drio estamos siempre en peligro. -Así es, dijo el Regente, profundamente convencido. - Por lo e al, aftadió la señora, no me cansaré de suplicar á u,:,teu que la vigile mucho y me avise por escrito de todo lo que suceda. Si ella se maneja mal, escríbame al punto cuatro letras ..... . - Lo haré así, mi señora. - Me voy en esa confianza. Hasta la vista, señor mio. - Para servir á usted ! -No olvide dirigirm~ cuatro letras cuando haya motivo ? - No, señora. III Y á Hilda está trabajando en la imprenta. Y está contentísima. Doña Encarnación se ha convencido de que es verdad que más se gana en la tipografía que en la costura. Y también está satisfecha p01·que la niña no da moth·o de queja. Si sigues así, le había dicho, te llevaré al teatro el domingo, ~unque yo hace tiempos que me alejé de las diYersiones mundanas. Pero, ah ! esa ida al teatro no se realizó, porque estaba ofrecida para el domingo. Y el sábado, por desgracia, vino una carta del Regente á llenar de tribulación á la pobre señora. Antes de abrirla, casi adivinó su contenido, y confirmó sus sospechas leyéndola. 1 1 La carta decía: ((Señora doña Encarnación Argolla V. de Picaporte. Respetable seflora: Cumpliendo con lo que le tengo ofrecido, le dirijo h Jwe:;f'nte para comu­nicarle, muy apesar mío, que la conducta de sn uina dista mucho de ser buena como en los primeros días,, -Ay Dios, i qué habrá hecho esta muchacha ! exclamó con angustia la infeliz madre. Y continuó leyendo. . ((Yo la creía muy formalita, pero he descubierto un pa:~tcl con cierto ttpo, y aunque ella me lo negó al principio, yo des uhrí la vE'nlad••. -Santo cielo ! En qué enredos se ha metido mi hija ? qué pastel será ése? á qué tipo se ref rirá? ((Esto me desagradó, como era muy natural, sobre todo cunr,do ha­bía observado que la niiia andaba cogiendo los hiyotc.· de los cajistas, in­cluso Jos mío:-, dí• modo que tenemos que gu1.nlar much~s precauciones para evitar que ella se apodere de todos y no los sepa conservar, que es lo peorn Qué es lo que leo! Mi hija en pos de los bigotec:;; quiere decir que anda esa atolondrada en familiaridadec; con los homure.:;. « AdemáR, pésame decirlo que no just¡jica lo que hacE"' - Claro es ! Cónw va á justificar esa indigna conducta? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 8229 EIJ CORREO DEL VA 1 L ~ <'Ayer r~iió un tímpano, sin querer talvez, pero e3 un daño que no lo ha podido tolerar el prensistan. - Mater Dolorosa! dame fuerzas para seguir leyendo. Mi niña rom­perle el tímpano al prensista! Y si á ese desgraciado se le ocurre pedirnos una indemnización por la vía judicial, jqué va á ser de mí! << También le digo que la manera como impone no es de mi agrado .... ! • -Y qué tendrá que imponer esta infeliz criatura! se de>· madeja el hilo de oro de una fl;uta Una pasto rc1ta canta : L as ovejas tienen frío. L as ovejas balan ... . balan . ... Ya no llorotlli me q uejo 1 Y te ogo frío en e l a lma! . . . ·E·l.·_:_:¿·Áp~~t~~;s·?· · · · · · · · · .. . · ....... . .. · . · .. · .. . . . .............. · Ella.-¿ Un beso por cada estrella? Pero- si no hay ninguna. El. - En invierno las estrellas nacen tarde. Aguardemo3 . .. ! La iglesia lejana da doce campanadas. De entre una nube negra surge un lucero. Ella. - Ves? Ya hay una ..... . (y e¡ pastor estampa un beso en la bo-ca de la pastora.) EL - Allá en aquel pedaci to azul como que hay otra. Verdad? Ella. - N o la distingo bien, pero si tú la ves . . . .... . El. - Sí! Y allá hay otra .... otra ... . otra . . . . (Besos.) Y en el cielo negro apenas brilla un lucero. Los pastores siguen bus-cando estrellas. Ella. - jQué malos son los astros! El. - En invierno l,ts estrellas nacen tarde. Aguardemos .. .... ! Y los pastores aguardan. Y el infinito sigue negro, sólo negro . . .. . . Un resplandor indeciso ilumina lentamente la cima del monte dormi-do, El cielo empieza á aclararse. Ella. La luna ...... !! EJ. - !Que grande y que triste! Ella. ~ ¿ Y no me besas? El. -Un solo beso .. . . ? Ella. - ;. Cuántos besos valdrá la luna? ¿Quieres veinte? EJ.-Más ........ ! Más . ....... ! Ella. - Vamos! Los que quieras! Hasta que te canses . ..... . . Y bajo la calma misteriosa de las hojas principia una sagrada canción de besos. Y al fin nace el sol. Y el pastorcito aún no se ha cansado de besar. LUIS A. CUERVO. SUELTOS "J~l Porvenir", uno l1C' los cliarios más caracte rizados d el Allántico y· cuya ,. ¡ ~ ita s iempre no:-; ha favor ecido, lanzó con molí vo (le l Ccn ten ario de la "ML1)' Noble y l\T u y Leal Ciu­dad de Cartagena de Indias'' una bellísima edición en cuyas página!", están compilados, al­gunos ele los documentos más ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 EIJ OOitTIEO DEL V i\LLl~ importantes de nuestra gran­diosa epopeya. Reciba la H~­ROIC.\ la más cordial enhora­buena. Tócanos deplorar la muerte de la estimable señora Doña Sara Patiño de ·Escalante. A su esposo é hijos acompañamos en su pena. También lamentamos el fa­llecimiento de la señora Filo­mena Micolta de García acae­cida el 13 del presente. En Medellin recibió las 6rc1e: nes sacerdotales él inteligente hijo de Cali, FrC:ty Alfonso Za­wadzky. Van para él, para su apreciable familia y para lé:. Comunidad Fra11ciscana, de la cual es miembro muy distingui­do, r.uestras entusiastas felicita­ciOnes. Después de larga au. encia ha vuelto al hogar, el simpático amig'o don Jerónimo Ve lasco. En la capital de la República .. en donde fijó su residencia, al­canzó como compositor, fama bien merecida. Acepte él y sus compañeros de viaje la afectuo­sa bienvenida que le· presenta­me~. Hemos tenido el gu::.lo de leer la Antología ce lo discur­sos y poesías que leyeron sus autores, en la Velada Lírico­Literaria del 19 de Julio, orga­nizada por los RR. PP. Fran­ciscanos con el laudable objeto de festejar al Superior d la Orden. Nos congratulamos con ellos r les agradecemos el en­vío del folleto. El domingo principió con buen éxito en el Palacio Muni- -- cipal,b seguncla ten~Jorada del "Biógrafo Colombia." La Em­presa cuenta con la. simpatías del público, lo cual nos compla­ce sobre manera. l,a Junta de Delegados, de las ~iete provincias del Depat­tamenlo, tuvo á bien elegir romo miembro del Directorio Liberal, á los seTiores doctores Luis F. Ro. aJes, Pablo García A. y Julio Córdoba. Con sumo agrado damos ca­bida en las columnas de El Co­rreo del Valle, á .a siguiente circular que no ha dirigido el ciudadano General Rafael U ri­be U ribe en su carácter de Pre­sidente de la Comí. ión Central, para la extinción de la lattg-o~ta. Bogotá, Nol•iembre 22 de 1911 S~ñ~ta importante recomendación: "Téngase cuidado rle no tomar licores embriagantes, espacialmen­tP- cuando se esté amenazado de afecciones pulmonares, las cuales lt>fectan más ó menos el estado de la sangre y la nutrición- no se vi­vide que el alcohol es ~demás de inuutil, peligroso; que las personas que toman bebidas alcohólieas es­tán, por consecuencia, más expues­tas á contraer tuberculosis." Debido á error cometido en la selección y empleo de taedicinas en algún pariódo crítico de la ·ddr se cuentan por millares las seres que sufren desesperanzados, que de ha­ber escojido el medicamento apro­piado á sus dolencias,gozarían aho­ra de completa salud y robustez. La demostración verdadera de las cualidas y la eficacia de una medicina no está en su sabor, sino que se basa en que responda afir­mativamente á Pstas preguntas sundamentales ¿Curará la Pnfer­medad? ¿Sanará Jos:pulmones las­timados? ¿.Eminará la causa de la tos agobiante? ¿Purificará la. san­gre? ¿Delendrá el desgaste que la enfermedad está ocacwnando en su niño y le devolverá la fuerza y ¡a vitalidad? La Emulsión Scott de aceitE> pu­ro de hígado de b calao hace todo eso, porque es una medicina verda­dera, que no contiene alcohol sino solamente ingredientes que impar. ten fortaleza. Oígase la voz de la ciencia; no se compre nir.guna pre­paración de aceite de hfgarlo deba­calao á no ser la genuina Emulsión de ~cott. 'fo.da.s la~ dPmáR prepa­raciOnes son Imitacwnes que con­tienen grandes cantidades de alco­hol, y muchas co contienen una so­la gota de aceite de hígado de ba­calao. SemejantP.s productos no son una verdadera medicina sino bebidas alcohólicas que causa~ más <>:mwr¡ 'i ~·a 'fttnW •:11 IIIUI\ IVJOp(Jd 11111:> .tVsn tl:Kj~p !111U"W o!•q11.11 ot.pnw o~u~!1 ~nb co, ·~1u•1•u! 111 \011:) 0!A!(11 oyJVJ1UO:>U~ 'OW!tlj !O 01!1 -O>de "!a 'ooplll!J!q"p S3HHWOH SO, 't19P!Poo:> vro1¡svr~p ""' y1:>~J12dvr~p 11110ppd '"1"' opuvwo .L •vpv8!1"J Á l!q?p 09t.:>n1Qouo:> e un ov¡~ ""l ~IUl')!'"'" lllpuv 1~ ·Á •o!qm¡ 'o!o lO( 'IVP!lYd svn•!:>W ,., ·vz~JI:Kj Á pn1ea 'IIZJ~fiJ 03 t1YJIIUU8 11110p ·pd ev¡aa oaen ""b S3H3fnw SV, 1
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Correo del Valle: periódico literario, industrial y noticioso - N. 449

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28 poemas minimalistas /

Por: Josef Amón-Mitrani | Fecha: 2016

Josef Amón-Mitrani, al comienzo de su libro, nos dice que él es un escritor minimalista, e inmediatamente nos presenta unos poemas largos. Entonces uno se pregunta: ¿de qué se trata esto? Y la verdad es que para mí no hay una respuesta. Cuando se entra al cubículo del poeta Amón-Mitrani, a su oficina, se encuentran una serie de fotos de sus dioses tutelares: postales de William Shakespeare, de Virginia Woolf, de Juan Rulfo, de Bob Dylan, de Emily Dickinson, de Paul Verlaine, de Borges, de Whitman Y la pregunta es si hay alguna relación entre todas esas lecturas y sus versos. En una charla con Amón, él puede recitar de una sola sentada los poemas de Lezama Lima o algún pasaje del Talmud en hebreo, cosas que son lo que se piensa opuesto a este libro. Poesía irónica, amable, divertida, con toques de lo que algunos podrían considerar no apropiado para una escritura que llamaríamos "poética". Estos versos son una ruptura con muchos de esos parámetros que están ya establecidos. Pero sabemos que hay poemas que nos invitan a buscar otras fronteras, otras zonas, otros momentos el poeta Amón-Mitrani logra hacernos esa invitación.
Fuente: E-books 7-24 Formatos de contenido: Libros
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Geometría de lo imposible

Por: Ernesto Alcalá | Fecha: 2021

"Con la humildad de quien conoce la indigencia de nuestro paso por el mundo, Ernesto Alcalá nos entrega en esta colección de poemas una mirada que, al igual que la amatista, es el resultado de la cristalización de materiales diversos y que, como esta piedra semipreciosa, combina diferentes tonalidades. De este modo, poemas transidos de dolor se alternan con otros en los que el yo poético se muestra en paz con lo vivido; versos anhelantes, con la celebración de las pequeñas cosas que componen el sustento básico del mundo. En los poemas de Ernesto Alcalá encontrará el lector una conciencia que, como la de todos nosotros, a veces espera la plenitud y a veces se contenta con la perplejidad, una conciencia en cuyo lecho puede adormecerse la esperanza, para reavivarse después y reconciliarse con las cosas; en resumen: encontrará el lector muchos de los distintos modos de estar el mundo que la poesía propone al hombre". Mario Cuenca Sandoval
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Poesía

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Poemas antirrománticos

Por: Kingsley Amis | Fecha: 2018

KNGSLEY AMIS (1922-1995) fue un destacado miembro fundacional del errático grupo literario denominado The Movement, "de los jóvenes airados", cuyas tesis supondrían una clara oposición a la estética modernista impulsada por figuras capitales del siglo XX como T. S. Eliot o Ezra Pound. Conocido más por su carrera de novelista, Kingsley Amis comienza sin embargo su creación literaria como poeta que escribe versos irreverentes y sardónicos, cómicos y confesionales, y también lascivos. Aunque no estamos ante un perfeccionista de la fórmula poética, sí nos encontramos a un purista de una sátira poética que abre un nuevo proceso lírico en la poesía contemporánea del pasado siglo y del presente, con un nuevo registro y voz que contribuyen a fundamentar buena parte del giro hermenéutico de la lírica de nuestro tiempo, con el nacimiento y la madurez de una poética declaradamente antirromántica.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Poesía

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Li Fu

Por: Pietro Grieco | Fecha: 2018

Un libro sui generis, evocativo y provocativo, a la vez profundo y elemental, que revoluciona nuestra noción de la originalidad y de nuestra propia realidad. El silencio de la naturaleza y las voces del alma sirven de fuente de inspiración a Li Fu, un poeta chino cuyo legado perdura más allá de la desmemoria de los anales. Nacido en las postrimerías de la dinastía Tang y educado para aprobar el Shi Ching y convertirse en funcionario imperial, el talentoso Li renuncia a su ambición gubernativa y se convierte en un poeta campesino, ermitaño, aunque rodeado de discípulos. La visita de un viejo amigo le traerá de vuelta las fragancias indestructibles de la infancia y, con ellas, la añoranza de tantos instantes que el poema nunca acaba de atrapar. Ya cerca de la muerte, Li Fu tomará una decisión: seguirá el destino de la poesía pura y entregará su cadáver a las llamas. El fuego se encenderá con los papeles de seda de sus delicados epigramas. Con inspirado pulso poético y un profundo conocim
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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La noche del eclipse tú

Por: Luís Artigué | Fecha: 2010

Luís Artigué(León, 1974) ha publicado un libro sobre las prescindibles lecciones que enseña el coma profundo tituladoPor si acaso la vida; otro generacional de tono desencantado,Tu aroma en la licolería;ahonda enSafocomo mito cultural personal enEl hombre de cristal y otros poemas, y su poemario escrito bajo el influjo de la pureza pecaminosa de la músicaTres, dos, uno... jazzo,obtuvo el premio Ojo Critico de RNE: esos textos, junto con la plaquetteProhibido fijar carteles, han sido reunidos en el volumenEmpezar por el número tres. Poesía 1995-2005. Con posterioridad fue editado su libro de poemas de viajeLos lugares intactos. Han visto la luz tres novelas suyas:El viajero se ha ido, como es lógico,Las perlas del loco Venturay Lamujer de nadie. La revelación, al contemplar en el cielo las hibridaciones de la luz, de que su bebé adoptivo podría estar naciendo ahora desata la arrebatada imaginación del yo poético.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Poesía

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Unamuno : obrero del pensamiento : estudio preliminar y antología poética

Por: Marta Ferrari | Fecha: 2015

A 150 años del nacimiento del multifacético y polémico autor de Niebla y de El sentimiento trágico de la vida (Bilbao, 1864 - Salamanca, 1936), su obra poética, desconocida entre las nuevas generaciones, continúa inquietando por su extraordinaria y permanente vigencia.Unamuno: Obrero del pensamientono sólo es una antología representativa de su extensa producción poética, puesta ahora al alcance de los nuevos lectores, sino que está precedida por un exahustivo estudio preliminar que subraya la complejidad del discurso poético del autor vasco. La Marta B. Ferrari, docente e investigadora de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Nacional de Mar del Plata, propone una valiosa lectura de la obra poética unamuniana -Poesías (1907), Teresa (1923) y Rimas de dentro (1923)-, a la luz de las reflexiones vertidas por el propio Unamuno en diversas publicaciones a lo largo de su vida.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Poesía

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La generación sin nombre: una antología /

Por: Giovanni Quessep | Fecha: 2019

Los poetas de la Generación sin Nombre, casi sin proponérselo, se reafirmaron como grupo bajo el particular lema de una unión sin programa. Sus integrantes han seguido sus propias búsquedas estéticas sin identificarse con una poética común Alrededor de los años setenta empezaron a publicar en Colombia, y mientras unos hicieron eco de las expresiones contraculturales de la época, otros se distanciaron de los movimientos poéticos que los precedían o exploraron formas del lenguaje lírico que han venido a configurar nuevas posibilidades en la poesía contemporánea. Se trata de un conjunto de voces que, a la manera de islas que conforman un archipiélago, están próximas entre sí, pero cada una tiene un origen particular y conserva sus rasgos individuales. Esta antología es una invitación a la lectura de esta fértil generación, múltiple y polifónica.
Fuente: E-books 7-24 Formatos de contenido: Libros
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  • Literatura colombiana

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Rosario

Por: Blanca Berjano | Fecha: 2023

Rosario, de Blanca Berjano, es un libro que habla del trauma intergeneracional a partir de la violencia que sufrieron las mujeres en la guerra civil española. Un viaje de palabras por la historia y la intrahistoria familiar donde el silencio, la ira y la incomprensión cubren una verdad oculta. Los poemas son aquí el testimonio de una voz que dice la palabra susurrada por otra que a su vez dice la palabra de una más antigua. Genealogía de dolor, contradicciones, rencores y necesidad. La imperiosa necesidad de desvelar un pasado que atraviesa la sangre y se mezcla con la tinta de quien quiere hallar una respuesta en los recovecos de su historia. En este poemario se busca que la poesía suture de una vez la herida de su tierra, de ahí que las voces se mezclen en discursos contrarios, pero tan legítimos como conmovedores. Y lo hace con un verbo claro y hondo, un lenguaje que traduce el padecimiento de las mujeres de una época demasiado oscura, las que habitan estos poemas, los que nacen...
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Poesía

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