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La mina de Armando López Salinas, publicada en 1960 tras quedar finalista del Premio Nadal en 1959, cuenta la historia de Joaquín, un campesino que, a causa del retraso del campo andaluz, dominado por la distribución latifundista de la tierra, se ve obligado a emigrar a la ciudad minera de Los Llanos en busca de trabajo. En el interior de la mina, Joaquín no sólo experimenta y sufre las deplorables condiciones de trabajo a las que son sometidos los mineros en las galerías; también descubre las contradicciones de una sociedad basada en la desigualdad y en la explotación. Una novela donde se...
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La mina
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Mamá grande y su tiempo
Entre las vicisitudes de la clandestinidad y la monotonía de un largo encarcelamiento, un viejo luchador político recuerda su infancia.Nacido a fines de siglo en la ciudad mexicana de San Luis de Potosí, tras un largo viaje trasatlántico de los de entonces, a los seis añios, desembarca en un Santander invernizo, lluvioso y triste. Con la llegada de la primavera y el verano -cambios estacionales que en el México tropical son casi imperceptibles- ve cómo la ciudad se transforma. Nos habla del tren de Pombo, las playas con bañeros y las ferias de la Alameda de Oviedo. Azares de la fortuna llevan a la familia a Valladolid, donde, distantes pero presentes, los acontecimientos importantes de la época influyen en la vida del pequeño y su familia: el conflicto ruso-japonés, la guerra de Marruecos, las primeras huelgas anarquistas, la trustificación de la incipiente industria española.
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Mamá grande y su tiempo
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Paraíso Alto
Un relato sobre el suicidio sin morbo ni moralina, enhebrado de humor tenebroso, y en el que los sueños imponen su propia realidad; la consolidación de Julio José Ordovás como novelista. Situado en la linde entre la vida y la muerte, Paraíso Alto es un insólito lugar de peregrinación, un pueblo abandonado que atrae, misteriosamente, a los suicidas. Allí hace oficio de ángel (y de enterrador) un tipo que viste como un espantapájaros y actúa con la inocencia y la torpeza características de los cómicos del cine mudo. Por sus calles desfila una espectral galería de suicidas: una muchacha que camina con...
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Paraíso Alto
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Banquete de boda
Una noche de Carnaval, varios amigos que habían ido al baile y volvían aburridos como se suele volver de esas fiestas vacías y estruendosas, donde se busca lo imprevisto y lo romancesco y solo se encuentra la chabacana vulgaridad y el más insoportable pato, resolvieron, viendo que era día clarísimo, no acostarse ya y desayunarse en el Retiro, con leche y bollos. La caminata les despejó la cabeza y les aplacó los nervios encalabrinados, devolviéndoles esa alegría espontánea que es la mejor prenda de la juventud. Sentados ante la mesa de hierro, respirando el aire puro y el olor vago y Germinal de los...
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Cuentos de amor
Fragmento de la obra: Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo. Empezó poniendo tierra en medio, viajando para romper el hechizo que sujeta al alma a los lugares donde por primera vez se nos aparece el Amor. Precaución inútil, tiempo perdido; pues el pícaro rapaz se subió a la zaga del coche, se agazapó bajo los asientos del tren, más adelante se deslizó en el saquillo de mano, y por último en los bolsillos de la viajera. En cada punto donde Eva se detenía, sacaba el Amor su cabecita...
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Cuentos de la patria
Fragmento de la obra: En aquellos días de angustia y zozobra, surcados por relámpagos de entusiasmo a los cuales seguía el negro horror de las tinieblas y la fatídica visión del desastre inmenso; en aquellos días que, a pesar de su lenta sucesión, parecían apocalípticos, hube de emprender un viaje a Andalucía, adonde me llamaban asuntos de interés. Al bajarme en una estación para almorzar, oí en el comedor de la fonda, a mis espaldas, gárrulo alboroto. Me volví, y ante una de las mesitas sin mantel en que se sirven desayunos, vi de pie a una mujer a quien insultaban dos o tres mozalbetes, mientras...
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Cuentos de Marineda
Mientras residí en la corte desempeñando mi modesto empleo de doce mil en las oficinas de Hacienda, pocas noches recuerdo haber faltado al paraíso del teatro Real. La módica suma de una peseta cincuenta, sin contrapeso de gasto de guantes ni camisa planchada — porque en aquella penumbra discreta y bienhechora no se echan de ver ciertos detalles— , me proporcionaba horas tan dulces, que las cuento entre las mejores de mi vida. Durante el acto, inclinado sobre el antepecho o sobre el hombro del prójimo, con los ojos entornados, a fuer de dilettante cabal, me dejaba penetrar por el goce...
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Cuentos del terruño
Fragmento de la obra: El día era radiante. Sobre las márgenes del río flotaba desde el amanecer una bruma sutil, argéntea, pronto bebida por el Sol. Y como el luminar iba picando más de lo justo, los expedicionarios tendieron los manteles bajo unos olmos, en cuyas ramas hicieron toldo con los abrigos de las señoras. Abriéronse las cestas, salieron a luz las provisiones, y se almorzó, ya bastante tarde, con el apetito alegre e indulgente que despiertan el aire libre, el ejercicio y el buen humor. Se hizo gasto del vinillo del país, de sidra achampañada, de licores, servidos con el café que un remero...
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Cuentos del terruño
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Cuentos nuevos
Fragmento de la obra: La niña mártir No se trata de alguna de esas criaturas cuyas desdichas alborotan de repente a la prensa; de esas que recoge la policía en las calles a las altas horas de la noche, vestidas de andrajos, escuálidas de hambre, ateridas de frío, acardenaladas y tundidas a golpes, o dilaceradas por el hierro candente que aplicó a sus tierras carnecitas sañuda madrastra. La mártir de que voy a hablaros tuvo la ropa blanca por docenas de docenas, bordada, marcada con corona y cifra, orlada de espuma de Valenciennes auténtico; de Inglaterra le enviaban en enormes cajas, los vestidos,...
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La danza del peregrino
Era la función religiosa solemnísima, y tenía además un carácter tradicional que no tendrán nunca las que hoy se consagran a devociones nuevas, pues también en la devoción cabe modernismo, y hay santos de cepa vieja, de más arraigo, de sangre más azul. En aquel templo extraordinario, ante aquel apóstol bizantino, engastado en plata como una perla antigua, de plata el revestimiento del altar, la pesada esclavina, la enorme aureola, destacándose sobre un fondo de talla dorada inmenso retablo, con figurones de ángeles que tremolan banderas de victoria y moros que en espantadas actitudes se confiesan...
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La danza del peregrino
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