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Se encontraron 1984 resultados en recursos
Siempre que leo un texto, siento temor y temblor, ya que no sé a qué extraño lugar seré llevado. Leer un texto de Lilí Grinberg me ha asegurado, hasta ahora, que no me perderé con su escritura, que me llevará a algún lugar del asombro para ser parido, como alguien nuevo y desconocido: un resucitado. Como un hombre de las cavernas, donde todos hemos habitado y está en nuestro inconsciente, me reconocí - aunque como otro- en los capítulos de La casa de pieDe allí fui arrojado a la casa de mi infancia. Volví a recorrer las casas de piedra, típicas de Jerusalem, con sus colores de atardecer dorado. Si uno camina por una de sus callejuelas, no podrá sino encontrar el infinito; como sucede con la escritura de nuestra autora, manifestada en lo poético. Aún en su prosa que te llevará a la palabra desnuda: anterior a lo sagrado del silencio de toda revelación. Dios escribe sobre dos tablas de piedra con su propio dedo; pero Moisés las romperá y deberá volver a escribirlas. No hay...
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La casa de piedra
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La Corona de Yndias
En La Corona de Yndias, Daniel Lange novela la vida de Pedro de Bohórquez, español de nacimiento que fue reconocido en el siglo XVII como Ynca -y como tal, rey de los nativos de los valles-. Las autoridades virreinales, con el apoyo de los jesuitas, le otorgaron ese sitio de poder para convertirlo en una herramienta de dominación y saqueo. Ya al frente de los calchaquíes, Pedro prefirió convertirse en uno más de ellos y guiarlos hacia la liberación, para lo cual llegó a constituir un ejército de seis mil guerreros. Aunque la historia oficial lo puso en el lugar de los traidores que solo buscan el propio provecho, en estas páginas, escritas en un estilo que recuerda al castellano de aquellos tiempos, Daniel Lange presenta la conversión de Pedro de Bohórquez, su integración profunda al pueblo que lo recibió como rey, y también su costado más humano, ese que lo llevó a dudar a la hora de afrontar el castigo impuesto por España.
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La Corona de Yndias
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Lectora a domicilio
En el aspecto técnico, se destaca la esmerada sintaxis minimalista. (...) la narradora dice "no existen palabras vírgenes" pero, esta certeza, lejos de resignarla al uso indiscriminado de las formas ya caducas y preexistentes la lleva a perseguir un ideal, la anhelada armonía interna de la frase. Escribir significa luchar contra la inminente traición del lenguaje. Gordon Lish denomina a este recurso "lengua quemada"... Maximiliano Ponce - Nota en Caminos de Tinta, 2016 ¿Por qué Reading Edge? Lectura en el borde. Lectura al borde de... El filo de la lectura. En las primeras líneas del poema Body and soul -de su libro "Fisura de boca"- María Neder enunciaba una poética o, mejor dicho, se enunciaba en imágenes cortantes, intensas (...) La lectura ya estaba allí: como sed, posesión, derrame fálico. Ya aparecía (...) una puerta que conducía al borde. Tununa Mercado, Buenos Aires 2006 - FILHabana-Cuba 2007
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Obra reunida
Pedro sabía lo que era atravesar el margen y volverse otro, ése que sólo vale para tenerle miedo o lástima; por eso construyó una voz que narra desde adentro, que nos permite ver adonde nadie mira, dueña de una ternura enorme, capaz del amor, allí donde sólo indiferencia y desprecio. Su singularidad reside en que no juzga a sus vecinos del borde, tampoco los justifica, los entiende como productos de un aparato que se ha encargado de diezmar a las clases populares que han quedado marginadas a los bordes geográficos, económicos, sociales y culturales, ordenados por el día a día de la supervivencia. María Sueldo Müller
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Obra reunida
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Cahiers II
A veces cuando releo un poema que escribí evoco un cuadro, una foto, una película, músicas, personajes, leyendas. A veces esas evocaciones coinciden con las imágenes que tuve al momento de escribir. Y las reconozco. Otras veces, no. Entonces vienen otras imágenes, recuerdos, sueños. Y también, a veces, nada. Silencio.
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Días de la Vida
El escritor se vale de otros escritores y su obra. El anciano sacerdote que luce moribundo persigue unas palabras que se le escapan a su ya pesada memoria. «Rosa, vana estrella de...» y el lector debe completar los versos de Juan Bautista de Aguirre en su Carta a Lizardo: «...carmín, fragante pompa». Igualmente bello es el homenaje a Dolores Veintimilla de Galindo en el cuento «Quejas», donde una adolescente transcribe los apasionados versos frente al disgusto de una abuela. No se queda atrás la escena costeña en la que un núbil Medardo Ángel Silva persigue líneas del poema «Se va con algo mío» y su madre lo interrumpe con el llamado a desayunar. Hay escenas de crimen, hay ancianos solitarios y amantes celosos, pero más que nada, fantasmas, buenos, añorantes de la vida y las personas, que regresan insistentes a diferentes escenarios, implícito tributo a la vida, como si la muerte fuese una cosa triste; todo contado con gracia y sin estridencias, como si las historias estuvieran buscando...
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Cahiers I
Un rayo de sol de abril ilumina mi bicicleta en la estación. Falta una media hora para que llegue el tren hacia la costa. En una mesa de la cafetería una mujer escribe en su teléfono. Llora.
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Max y los demonios
"El nombre de los Schwartsmann, mi familia, es indisociable del período de las Cruzadas, las famosas expediciones militares organizadas por la Iglesia Católica en los siglos XI a XIII, con el objetivo de conquistar la llamada Tierra Santa - como los cristianos se referían a Palestina. Jerusalén estaba controlada por los musulmanes desde el siglo VII, cuando el califa Omar ibn-al-Khattab tomó la ciudad de los bizantinos. Uno de nuestros antepasados, Mohamed Abgil Xuvart, era hijo de uno de los hermanos de Omar, el cual se había enamorado de una sierva judía de nombre Esther que trabajaba en el palacio. Mohamed Abgil se convirtió años después en un gran sabio."
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Max y los demonios
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La amante de Proust
¡Qué bueno era retornar a un "tiempo recuperado", como en Le temps retrouvé, de la obra de Proust! Aquello representaba para mí algo instintivo de mi pasado casi siempre triste y amenazante, excepto en aquellos preciosos momentos, al final de la noche, cuando la confitería se preparaba para cerrar sus puertas al público y los empleados de la limpieza tiraban los restos de comida en los tachos. No entiendo bien la razón por la que me vendía tan fácilmente a los hombres, por repugnantes que parecieran. Era como si tuviera una cuenta que pagar al mundo con mi cuerpo. Esa sensación de depresión profunda que me invadía todo el tiempo, desde que me despertaba hasta que me dormía, solo desaparecía cuando le daba un mordisco a un trozo de tarte au citron. Era como si el sabor del limón dulce me hiciera olvidar mi "tiempo perdido", la vida real, dura y triste, y me viera transportada instantáneamente a otro mundo, un tiempo solamente mío, donde había aromas, gustos e imágenes tan maravillosos...
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La amante de Proust
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La mujer sin razón
La mujer sin razón cita alevosa y ambiguamente el verso de Sor Juana ("hombres necios que acusáis...") para susurrar el anhelo irreverente de los que escribimos y gozar así de los beneficios de la razón para simultáneamente, con todas las fantasías incluidas, incorporar su anverso o reverso como compañía en las circunstancias o situaciones que nos afrontan. Por eso mismo, una niña puede ser un repertorio de sus edades y permanecer sin que la actitud exija una moraleja en medio de la acción. Que no la paraliza ni la condena: las presenta para dejar el acontecimiento en la vibración mimética del...
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La mujer sin razón
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