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Todo lector es un voyeur y todo poeta un exhibicionista. En ese pacto secreto entre ambos que es la poesía, este libro es una invitación a mirar por el ojo de la cerradura de una puerta entreabierta por la que nada nos impide cruzar. Si preferimos mirar a través de esa pequeña mirilla que se nos ofrece y no ver la realidad desnuda, es porque la imaginación se ve esti¬mulada en la penumbra y excitada en el juego, aunque lo real siga esperándonos implacable ahí afuera. Y es que en la obra de Alfonso Brezmes todo es posible porque, como le sucedía a Alicia al ingerir la pócima mágica, al pasar estas páginas tan pronto puede uno sentirse muy joven como tremendamente viejo; podemos entrar aquí sin saber que ya estábamos antes o salir de este libro sin sospechar que nos quedamos dentro.
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Vicios ocultos
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Me moriré en París
César Vallejo es uno de los grandes nombres de la poesía latinoamericana de todos los tiempos. El mito alrededor de su figura ha hecho que en ocasiones se haya desdibujado la potencia de su obra literaria. La siguiente antología propone una lectura de la poesía y la prosa de Vallejo, aquellos textos que nos permiten conocer al escritor en primera persona. Me moriré en París es un repaso a lo mejor de la producción del poeta, ilustrado por Sara Morante a partir de una selección de Víctor Fernández.
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Poesía Ecuatoriana
Este libro quiere ser una muestra de la mejor poesía nacional escrita a lo largo del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI. Hemos incluido textos de autores que ya dejaron su huella permanente en la memoria lírica ecuatoriana, así como de poetas que al momento están “haciendo camino al andar”. La selección se extiende hasta los vates nacidos en 1975. Debido a esta circunstancia hay poetas interesantes que no pudieron ser considerados por ahora. Para salvar esta omisión, de alguna manera, al final del libro se agrega una Bibliografía Esencial, mediante la cual el lector interesado puede hallar más nombres y más información crítica general. Constan en esta obra 87 autores, que representan a 6 generaciones. Están tratados en orden cronológico, y con una breve valoración individual dentro de la época a la que pertenecen, lo que permite una visión panorámica de la lírica nuestra. Hemos elegido textos que nos han conmovido, porque la poesía tiene que conmover, ante todo. (Sabemos de...
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Poesía Ecuatoriana
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Margot, la prostituta que leyó a Bakunin
Salvo que seas poeta, las palabras no significan nada, dice Margot –y ahí nomás ya todo es bruma en las calles de la Tristeza y en los boulevares de la noche sin tiempo vagan Cristos, prostitutas que leyeron a Bakunin, pianistas de cabarets de puertos y astronautas que saben que nunca habrá poetas en la Luna. (…) Se trata entonces de introducir al que lee en el universo poético bohoslavsquiano sin caer en las trampas de las definiciones, y mucho menos aplicar veleidosos rayos equis sobre una obra que, aún traspapelada en la abundancia de la poesía contemporánea argentina, habla por sí misma, intensa y originalmente. (…) Estos textos están llenos de un santo significado que muchas veces se mezcla con la tragedia y el absurdo –y especialmente con todo lo absurdo que un ser puede soportar corriendo atrás de la ilusión. Sea como sea, prefiero ver al Camarada Andreiev como una especie de espía que va y viene por el Túnel del Tiempo, un molesto ángel de Wim Wenders que, en un abrir y cerrar...
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Margot, la prostituta que leyó a Bakunin
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Un toro en la garganta del jilguero
Lector, tú sabes que leer y encontrarte con el poema exige más ignorancia que saber, reclama un saber que asuma una inmensa ignorancia y un don que no esté dado por anticipado, que cada vez haya que recibir, adquirir y perder en el olvido de sí mismo. Tú liberas al poema de todo autor y de todo sentido precedente, de esas sombras tan vanas que ahora no hacen más que atravesar los escritos y dejarlos intactos. Tú permites que el poema se escriba por primera vez, al margen de todos y de todo, caricia ligera de tu presencia sin nombre y de tu mirada humilde, silenciosa... Roberto Cignoni
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Los signos de la presencia
Los poemas brevísimos parecen talismanes contra la disolución. A veces son epifanías, espejismos consistentes. Y siempre en ellos aparecen los ojos, los ojos, "los ojos en los ojos": soñando, o entreabiertos, o inversos, o dormidos, o fijos, o iluminados, o ciegos. El poema de Gayoso no deja de mirar o de presentir aunque no vea. No cesa de decirlo todo en en envés de lo visto. "Mi sacrificio, / no sé a qué dioses, / para seguir viviendo" dice el poema. En el viviendo del ser se oculta lo que va viendo el poema: "hacia otra vista", aunque "quien llega es ciego". Pero si el poeta llega ciego, lo hace para que la mirada "calle" y se desnude, angélica, la palabra poética que muestra así todas las cosas nimbadas, auráticas. Las cosas nombradas en el poema, ya lejos del solipsismo del yo que habla, y que se abre al "hablemos" del plural comunitario: "Que pase un ángel, / y nos deje callados, / y al fin hablemos / con nuestra historia. / Los ojos en los ojos".
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Génesis
Recojo estrellas Como palabras que ruedan Con el beneplácito de la noche La memoria del viento Una estancia musical Y una niña riente Frente a la querella de las cosas En el rumor de la jornada La luna llena de Jerusalén Y la nostalgia atrapada En la red de un tiempo como éste. Para qué me sirve La santidad Y las visiones Y las cosas que se deslizan con mi firma En una crónica otoñal Profunda oscuridad Mar pleno Y un pájaro que separa las aguas.
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Poemas a la ausente
Edición bilingüe Traducción del francés Luisa Futoransky Escucha mi canto En el fondo claro de la noche Qué importan la duda y el olvido Escucha mi canto Pasan y vuelven a pasar las sombras Sobre tu piel de estremecimientos y brasas El perfume del deseo y los pétalos Flotando en el aire de las rosas Los frufrús de la noche escuchan detrás de las puertas Quimeras u ofrendas Sólo nos restan nuestros sueños Como herencia Y el alba es promesa De un nuevo sol Y el alba es promesa De una sed rebelde
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Maratón dromedaria
“Vuela polilla ojona de mi cerebro sácame este hojaldre de la noche cítricos perfumes cometa de alcoholes refrito de otras prendas terciopelo y lentejuelas. Vuélate y entonces en el trazo que te surca que te desnuda llévateme a lo que persigues ¡Qué rodeas y rodeas anudándote en mis cejas! Desprende de mi frente tu imagen como líquida gota de perlas y deslízateme en tus efluvios al alimento de la ninfa condúceme a las íntimas luces en las que duermas, pónteme de pie sobre la cama y señálame con el dedo hacia arriba eso que ves en el techo en las vetas de la madera”.
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Poema sin rostro
La poesía es una aguja, una llaga, un abismo o un cristal...
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