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Imagen de apoyo de  Poemas de la vida afirmada

Poemas de la vida afirmada

Por: Juan Gregorio Álvarez Calderón | Fecha: 2018

Poesía vitalista tanto mundana como filosófica. Este poemario, en el que predominan las poesías con métrica y rima tradicionales (destacando la presencia de sonetos), trata de comunicar una actitud de celebración de la vida y de afirmación de su valor con esporádicas expresiones contrastantes. La temática es amplia y va desde lo pornográfico hasta lo filosófico, pasando por lo religioso, la transmisión de experiencias autobiográficas y el planteamiento de las contradicciones vitales e ideológicas del autor. Predomina aquí lo conceptual expresivo sobre la búsqueda de meros efectos verbales imaginativos y sobre el recrearse en la experiencia de la extrañeza y el descentramiento propios de un vanguardismo ya agotado. Más allá de valores formales, este poemario tiene valor como expresión de una subjetividad diversificada en sus intereses y actitudes.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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  • Crítica

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Poemas de la vida afirmada

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Imagen de apoyo de  Biblioteca de Señoritas - Año I N. 6

Biblioteca de Señoritas - Año I N. 6

Por: | Fecha: 07/02/1858

AÑO I. Bogotá, 7 de :febr ero de 1858 . NUM. 6. E l romance. NECE IDAD DE QUE LO POETAS SURA lERICANOS CULTIVEN ESTE JENERO. Las coleccione de romances antiguos españoles son rara , dúícile de leer, difusas en su mayor par­te, i mezcladas con piezas d ' biles i de escaso inte­res. Es preciso tener un entujasmo casi fanático por la poesía antigua pañola, para echarse a pe­chos un volúmen entero de la Silva de 1·omances viejos, ele la Silva de ·romance va1·ios, de la Flo resta poética de R ebolledo, de los R omances de Quevedo, i de tantas i tantas otras colecciones mas o ménos antigua , mucha de e llas incoherentes i desgreña­das, en maJo~ tipos i peor papel. D e las edicione modernas que se han hecho i se hacen diariamente de las poesías antiguas no es po· sible tratar con detencion , por no permitirlo un si m­ple artículo de periódic?;. pero séanos permiti_do tribu ar nuestro reconocimiento a los hombres In· telijentes i dotados de un fino gusto, que en sus e cUI·siones filosófica. van a bu ~car entre el polvo de las bibliotecas, públicas o particulares, libros viejos i deteriorados para compulsarlos, i publicar lo mas sustancial que ellos contienen. (* ) No ha­blamos tampoco de las colecciones de romances ori­jinales modernos, como la del autor del Aloro Es­pósito, porque el mérito de e te tr_abnjo es de o_tro jénero, i sus título~ a nuestra adnnracwn son_ dife­rentes, por no decir mayores. Saavedra ha reJU ve. necido i rehabilitado el ya casi abandonado 1·omance antiguo. Nadie ignora de cuánta importancia es el estu­dio de estos antiguos romances, como que en ellos está la verdadera poesía naciona l de España, la poesía de los campos, de los castillos i de la choza humilde del pastor, i la poesía que asiste a todas las reuniones, que se halla en todos Jos labios, que exal­ta todos los espíritus. Cervántes, hablando del ro­mance de don Gaiferos, dice que andaba en la boca de todo el mundo, i que aun los niños lo repe tinn por las calles. Tan populares, tan consustanciales, digámoslo a í, han sido siempre en los países espa­ñoles de Europa i de América estos cantos en que se pinta su jenio i se retrata su carácter, como en un espejo, que nunca la edad , ni e l sexo, ni profesion alguna se han sustraído a esa afic ion innata, a ese impulso natura l e irresistible, ya a componer, ya a r ecitar romances. Todos los rec uerdos de la E spaña están en esos romances; es su tra di cion, su h istor ia flo rida, digá­moslo así, su epopeya nacional, su libro de Jos hé­roes ; allí están sus cuentos caballer escos, ll enos de graciosas imájenes i de g loriosos hechos de ar­mas; allí están sus cantos de amor, en que las hi­jas de los reyes suspiran, miéntras bordan las em· presas para sus amantes, en que el trovador cuenta sus penas i cu itas al compas del acordado instru­mento, al pié de la ventana de su inaccesible dama; i allí, en fin, Jos puentes levadizos, los briosos cor­celes, las fiestas i torneos, Jas bandas i celada3, los (*) Véase, por ejemplo, el "Tesoro de romanceros" pu­blicado por D. Eujenio de Ochoa. < javalíes i aleones, i el amor, i la g loria, i la pieda d, i la nobleza, i la j enerosidad i la gallardía. Aquí es el Cid, vencedor de Jos Moros, dueño de Valencia; allí s Bernardo del Carpio, cerrando el paso de los Pirin eos, venciendo a Carlo Magno, que venia en busca de la corona de Leon, i a quien el mozo leo­nes g ritaba en el campo : "ven por ella," i despues ele la victoria se pre entaba a su rei dici éndole: "La respue ta que la Francia nos ha dado la trae­mos escrita en nuestros pechos.') Allá es el reí moro llorando por la pérdida de Alhama i oyendo aquel terrible r proche : " no la supiste conservar como hombre: i la lloras como una mujer." O bien Ro­drigo huyendo del campo de batalla donde fué ven· ciclo, i esclamando con lágrimas de desesperacion : ': yer era rei de E~paña, hoi no soi nada ; ayer era dueño de ciudades i castillos, hoi no poseo un palmo de tierra .11 Hai otra clase de romances a la cual pertenecen las composiciones puramente caball erescas : Ja h is­toria de Lancelote, de Tristan, de Amadis. E l pue­blo por un in tinto natural formulaba así sus senti­mientos, reinando la locucion, fluida, sencilla, es­pontánea. Los nobles i grandes señores tenian en sus castiJJos largos romances escritos en vitela , or­lados de florones i guarnecidos con finos arabescos. Los trovadores can taban al pueblo congregado sus estrañas aventuras, cuentos de amor i de guerra, compuestos, segun el gu&to popula r, en ver&os aso­nantes. Esta poesía, a campo ra ·o, digámoslo así, no se escribía jamas; i el autor de Ja rapsodia, satis­fecho con Jos cándidos aplausos que recibía de la multitud, muchas veces ni aun se daba a conocer ¡ pero los homb res del p ueblo recojian .fielmente sus cántigas i las redactaban, por el cl ia en sus horas de ocio, i por la noche en sus veladas. lVlas su~edi ó una cosa estraña, i fué que esos ma­nuscritos copiados con tanto arte, i conservados con tan to esmero, se perdieron en su mayor parte, i solo quedó la tradicion popular, tan vaga i tan instable de suyo ; i a fa lta de libros fu é preciso recurrir a la memoria de los viejos . D espues que Jos palacios se habian quemado, i destruídose los monumentos pri­mitivos del arte, se buscó esa poesía de los tiempos an tiguos, i se h alló que a lg una pobre mujer del pueblo podia repetirla palabra por palabra bajo el humilde techo de su cabaña, o que un infeliz ciego la cantaba pidiendo limosna por los caminos reales. Otra série de romances, correspondiente sin duda a una época distinta, es Ja de los romances moris­cos: j énero variado, numeroso, interesante. Es el cuadro de la vida árabe con todo su brillo prestijio­so, esa vida risueña i caprichosa, como la caprichosa arquitectura de la Alhambra, pero seve1:a al mismo ti empo, como esa montaña en que el mfortunado Boabdil se detuvo para volver los ojos por última vez a Granada, i que desde entónces se llama el Monte del suspi?·o. Vida de contrastes i peripecias : tan pronto las fie stas deliciosas i embriagantes, i las horas de amor en los jardines de palmeras i naran­jos : tan pronto el grito de· guerra, i la coraza de acero reluciendo al sol i el penacho flotante en me­dio de los combates. A la vista de estas fic ciones Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 46 BIBLIOTECA DE SEÑORITAS. seductoras de la poesía árabe, Jos españoles olvida­ban su enemistad, i d8jándose llevar del encanto de ese paganismo cabnlle resco, cantaban la gloria de los abencerrajes, como habrían podido cantar Ja de sus propios héroes. No dejaba el espíritu relijioso de reprocharles e~ta inclinacion ; pero el pueblo, aberracion estraña en aquellos tiempos! rehusaba entrar en estas discusiones teolójicas; i cuando le echaban en cara su propen ion a aprender o a imi­tar los cantos de Jos infieles, respondia con injénua candidez: "Caballeros granadinos, Aunque moros, hijosdalgo." Despues de haber pasado por la tradicion histó­rica i por la leyenda caballeresca, el romance sufrió una nueva trasformacion : dejando a un lado Ja lanza i la espada, se convirtió en pacífico habitan­te del campo, i a Jos cantos de guerra sucedieron Jos pastoriles. Algun tiempo despues descendió un poco ma8, i ya no fué sino una e pecie de jácara llena de concepto.~ i retruécanos, en que se pinta· ban los usos i costumbres de la P.poca, i a que ser­vían muchas veces de argumento las escenas mas comunes i vulgares, como lo vemos en los roman· ces de Quevedo; en lo cual el romance español no hizo mas que seguir Jos pasos del teatro, que desde la trajedia griega fué de ... cendiendo poco a poco hasta la comedia moderna de costumbres, i desde el alto coturno de los héroes i príncipes, hasta la zarzuela i el s inete andaluz. He aquí una brevísima reseña histórica del ro­mance castellano, de e e tipo de la poe ía nacional española, en que se exhala el jenio i se pinta 1 ca­rácter de nue tro~ padres como n un daguerreotipo: brevísima, porque apénas hemos querido que ella sirva de preámbulo a la e8citacion que nos propo­nemos hacer a nue tras jovenes literatos para que culti en e te jénero tan fácil, tan sencillo, tan có­modo para e ~ cribir las crónicas i la hi toria ; i por­que no nos estaria bien e~ tendernos mas en u na materia en que todo lo ha dicho ya el célebre don Anjel Saavedra al escribir el prólogo de sus Ro­mances históricos. El ejemplo del éxito feliz i com­pleto que obtuvo este literato distinguido, debe ser un estímulo que mueva a los poetas surnmericanos glorias nacionales, para popularizar nuestros inte­resantes hechos históricos ! El romance es, no lo du­demos, Ja epopeya moderna de los pueblos hispano americanos. Por Jo mismt' que el romance exije un gusto pu­Jido, u na delicadeza e~ trema, i no ha de humillarse hasta las jácaras i coplas vulgares¡ por lo mis~o que estejenero de compo::,icion ht...ye del estilo ~1~­chado i ampuloso, de la vana afectacion i del np10 i palabrería sin sentido; por e lo mismo ha de con­tribuir, si se cultiva con per everante esmero, e imitando lo buenos modelos, a crear el buen gusto, i a correjir los mui notables vicios de nuestra poe­sía, imitadora servil, por lo ordinario, de estranjeras i espurias escuelas. Como todo conocen los elojios que del romfl-nce han hecho eminentes poetas antiguos i modernos, tales c0mo Juan de la Cueva, Lope de Vega, Mar­tínez de Ja Rosa. el va citado Saavedra, i otros; i tambien las regl~ , pi·eceptos i con"ejos que para su compo. icion han dado, omitimos decir lo que no seria mas que una innecesaria repeticion, o el deseo de ostentar de nue .. tra parte una necia e importuna erudicion. Varias son las composiciones de este jénero en que se han ensayado algunos de nuestros comp3.· triotas, i ellas demuestran que él no es estraño a nuestra literatura, i que la lectura de buenos ro­mances ha dejado el fruto apetecido, si ya no es que por in tinto natural el jenio americano brote en un terreno que le es propio, denunciando la he­rencia que recibió de sus antepasados. En un ti e mpo tuvimos la idea de hacer una co­leccion de todos ]os que se han dado a luz en la Nueva Granada, ya serios, ya fujitivos i que andan dispersos en varios pen ódicos, i en otras publica­ciones; pero motivos que no es deJ caso mencionar nos retrajeron de e .. te intento. Si algun curioso, con mas tiempo i mejor criterio que nosotros, quisiese prohijar esta idea i llevar a cabo el proyecto, haría un servicJO notable a la literatura, formando por Jo ménos un volúmen escojido, que en cualquier tiem­po haría honor a nuestro país. YARILPA. a rejenerar, o a fundar; si e quiere, en este conti· nente el romance, como medio infalible de popula­rizar la poesía, de enseñarla, de incrustarla, digá- > moslo así, o amalgamarla con nuestra historia na- ( cional, con nuestras gloria , dando forma, anima­cion, vida i carácter a nuestra incipiente literatura. A ..... •.. Oh! Si pudiera obtener Con intelij ncia suma, Que ver o~ mil de mi pluma Bellos se vieran nacer, Como al primer arrebol, En las mañanas ele abril, Ya lo han dicho varios escritore : la epopeya PS un jénero exótico, imposible en estos tiempos; Ja ci vilizacion ha ido Techazán olo poco a poco, i en ( proporcion de los progresos que esta ha hecho, aquel ~ se ha retirado de la e~cena. La epopeya era la for- S ma propia de los tiempo~ de lo maravilloso i de lo! ideal, forma que no se a viene bien con los tiempos de lo positivo. El siglo de Homero fué el siglo de la epopeya, de entónce para acá el jénero 'pico ha ido decayendo, i la Henriada misma, como dice un picante escritor frances, no es mas que una Gaceta elegante. Pero nos queda una forma adaptable a nuestra época, i que puede mui bien reemplazar a aquella hasta cierto punto: el1·omance. ¡Cuánto no se pres­ta este jénero, que parece humilde, para consignar en él nuestros recuerdos, para inmortalizar nuestras? Se ven nacer mil a mil Los vivos rayos del ol, Entonce, amiga, al pulsar De oro la lira tremente, Que hoi se ajita blandamente Como un pecho al suspirar, Yo te diera en cada son, Grito del ánima mia, Un piélago de armonía En que ahogar el corazon! I te cant ría mas Que nunca nadie cantó; Que nadie nunca cual yo Fué para cantar audaz; Ya que es la llama del sol La del vate Amencano, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BIBLIOTECA DE SEÑORITAS. 47 I e su cantar oberano Como cantar E pañol! Cantara el cielo turquí, El cielo que al erlo admira, El cielo que al verlo inspira Porque o lo se ve aquí. L as flore de .. parramadas Cual mil e trellas caida , Las dulce fuentes dormidas I las onantes ca cadas, I aque .... tas noche~ de tul En que los mundo celestes D espliegan ws áureas vestes Por la ancha bóveda azul; Con toua esta inmensa z ona , Cuna i tumba de valientes, En que no hai esclavas frentes Ni frentes ha i con corona; Esta tierra-para Lo Que es del munuo el corazon, D espertada de improviso A los pasos de Colon ; Do nunca muere la luz, Donde los libres son g rande s, Do se de~tacan los And es De p edestal de la Cruz! •••• Tal vez, hermosa estranj era, P erfume de flor au ente, Onda de leJana fuente En que otro sol reverber a, En la América gloriosa Dejarás vi va tu huella S eñalada en una rosa, Dibujada en una estrella! Hora contemplo tu frente Que un ignoto pensamiento, Como a las olas el viento, Hace temblar de repente, Ahogado por tu sonrisa De tu patria oigo el sdspiro, Que ácia ella va en blando jiro, En alas de ajena brisa. No beb en tus lindos ojos La luz de tu lindo cielo, Las flores de estraño s uelo Son para tu planta abrojos. ¡Pobre pájaro perdido, Mas no en la red prisionero, Que del árbol estral)jero N o quier es colgar tu nido. Vuelve al nativo horizonte I vierte tu melodía En ]a hojo "a selva umbría I en el alto espeso monte! Marchita hoi tambien )a flor Don tuyo, al partir, la pierdo ..... Dime tú si así el recu erdo Perderás de tu cantor! 1850. Lope de Vega. Tenemos a la vista el testamento de Lope otor­gado en Madrid a 20 de agosto de 1675 ante el es­cribano del número, don Francisco de Moráles. En él se dice que fué casado con doña Juana de Guardo, la cual le trajo de dote 22,382 reales de plata doble, dándole él de arras 500 ducados: que de eete matrimonio tu vo por hija única a doña Fe­liciana; que e ta casó con Luis Usátegui, a quien ofreció al tiempo de tratar e] casamiento cinco mil ducados de dote, comprendiendo en ellos Jo que a su d1cha h1ja le tocase de su abuelo materno; pero que por haber e .. tado alcanzado no le habia pagado aún cosa alguna, sincmbargo de haber recibido varias cantidades de la herencia de su suegro. Por e tose ve qne el buen Lo pe de Vega, a pesar de ha­ber ganado, con solo sus comedias i sus autos, no­venta i 5eis mil du cado , no contaba entre sus bue­nas cualidades la de la economía. Verdad es que dejaba por heredera universal a su hija; mas si n duda no seria mucho lo queJe hubiese de tocar en la sucesjon,cu anuo se Jee en el testamento la cJáusu­siguien te : "Declaro que el rei nuestro señor (Dios lo gua rde) usando de su benignidad i largueza, ha muchos años que en remuneracion del mucho afecto i volunta(con que le he servido, me ofreció dar un oficio para la persona que casase con la di­cha mi hija, conforme a la calidad de la dir.ha per­sona; i que con e. ta esperanza tuvo efecto el dicho matrimonio, i el dicho Lu is de Usátegui, mi yerno, es hombre principal i noble, i está mui alcanzado, suplico a S. M . con toda humildad i al Escelentí­simo señor Conde Duque, en atencion de Jo referi­do, honre al dicho mi yerno haciéndole m erced co­mo lo fio de su g rand eza. " No sabemos si el rei cumplió esta m anda i la palabra que tantos años atras había dado, en lo que parece que S. "!vL se mo straba algo fl aco de m emoria, Era Lope de jenio apacible i suave, lleno de amable corte~anía en e l trato, i aunque tuvo de­tractores, pension comun a todos los grandes jenios; no conoció nunca la envidia, prestándose siempre gustoso a alabar a los demas poetas, entre los que a la verdad sobresalió tanto que no tenia para que temer rivalidad nin g una. Sinembargo, si JJ egó a lo sumo el aura popular de Lope durante su vida, despues de su muerte, cuando hubo d esaparecid o e l asombro que produ­cia su prodijiosa fec undidad, cua ndo otros poetas se presentaron en ]a escena superiores a él en dotes dramáticos, cuando en fin empezaron a cundir principios literari os mas ajusta dos al buen gusto i a la sana critica, en t ónces las alabanzas se convir­tieron en vituperios, i no fa!tR.quien quisiese con­fundir a tan grande hombre con los mas despre­ciables dramaturgos. Injustici a fué es ta mucho mas inescusable que el desmedido aplauso que se le tributara en vida : al ménos este se fundaba en un mérito r ea l, en el prestijio que no puede ménos de granjearse el jenio, en las facultades portentosas de este jenio, que si abusó la timosamente de ellas, el mismo abuso demue.:.tra cuán grandes eran i po· derosas. Libr es ahora a la par de aquel prestijio i de toda preocupacion n aci da de doctrinas literarias, apreciamos a Lo pe en lo que vale, i juzgamos de su mérito con imparcialidad. Si consideramos solo el número de sus escritos, la historia literaria no presenta otro ej emplo seme­jante de una fecundidad que casi parece fabulosa; i aún cuando no tuviese otro mérito, su nombre vi­viria siempre en la m emoria de los hombres como uno de aquellos prodijios que la naturaleza no ofre­ce mas que una ve z sola. No hubo jénero de poe­sía que no abrazase; desde e l madrigal hasta la oda , desde la égloga hasta la com edil'l , desde la novela hasta la epopeya, todo lo recorrió, i en todo dejó se- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 48 BIBLIOTECA DE SENORIT AS. ñales de su privilejiado talento. Se lee en el prefa­cio de un l ibro impreso en J 604 que a la edad de 42 años pasaban de veintitres mil hojas los versos que hasta entonces había hecho para el teatro. En 1618 asegura él mi moque llegaban a ochocientas las comedias que llevaba compuestas, i en 1620 a novecientas. Cuando en 162~ publicó la vijésima parte de sus obras dramáticas, decía que le queda­ba toda vía tiempo para escribir hasta mil i setecien­ta . Por último, en 1635, año de su muerte, afir­man Pérez de Montalvan i el sábio D. Nicolas An­tonio que ascendía a mil ochocientas el núme ro de sus comedias. Estas son en tres jornadas i en verso; todas ellas se representaron, i la mitad se imprimieron. De ellas hubo ciento que no le costa· ron mas que un dia de trabajo, como él mismo lo asegura en estos versos: I mas de ci ento en horas veinticuatro, Pasaron de las musas al teatro. A estas mil ochocientas comedias hai que añadü· cuatrocientos autos sacramentales i un gran núme­ro de intermedios, muchos poemas épicos, didácti­cos i burlescos, entre ellos la Jerusalen conquistada i !a Gatomáquia ; epístolas, sátiras, disertaciones, composiciones sueltas e infinidad de sonetos. Se ha calculado que en los 70· años de su vida, le tocan a cada di a ocho páj inas i casi todas de poesía. Sus escritos todos componen el número de 133,000 pá­jinas i 21 millones de versos. Para tanto escribir parece que su pluma debia correr tan sueltamente que jamas se parase ni hiciese enmiendas. Existe sinembargo en poder de uno de nuestros mas acre­ditados literatos un 1 ibro en blanco donde solía ha­cer sus borradores, i en que hai composiciones su­yas de toda especie. A juzgar por esta muestra, pocos poetas habrá que corrijan mas sus composi­ciones, pues todas están llenas de multiplicados bor­rones : se vé ademas qne en algunas de sus come­dias, si no en todas, escribia primero el })lan, no por actos ni escenas, sino formando una pequeña novela. A la fecundidad añadió Lope otras dotes de poe· ta que no le dan ménos gloria. Su poesía es por lo jeneral dulce i fluida, como el agua limpia de una fuente pura que sale sin tropiezo alguno: su esprecion deja pocas veces de ser clara, intelij i­ble para todos: i flsenta de los defectos del cultera­nismo i mal gusto que afearon a muchos escritores de su época i la siguiente: los argumentos de sus dramas son variados i muchos de ellos felices; los caractére de sus personajes, si no perfectos siempre en la ejecucion, bellos en la invencion i con rasgos admirables que arrebatan: el diálc>go es fácil: una galantería fina i culta sobresale en él, no ofendien­do nunca el decoro: i por lo jeneral hai una sensi­bilidad viva i delicada que mueve e interesa, sin que le falte a veces fuerza i sublimidad. A vuelta de esto se le pueden notar grandes defectos que deslucen tantas bellezas, def¡ ctos nacidos todos de su funesta facilidad, pues funesta puede llamarse, cuando fué causa de que, entre tantas obras, no compusiera ninguna perfecta, ninguna que no ofrez­ca ju to a idero a la crítica; i tanto mas funesta to­davía, cuanto que no erraba por ignorancia, sino a sabienda~ i a despecho de lo:s sanos preceptos que se vanagloriaba de conocer i quebrantar. Para juzgar debidamente a este gran poeta es preciso atender al &tatlo en que encontró el teatro, i lo que era ántes de él la comedia; examinar las co'tumbres de su siglo i la especie particular de ci­vilizacion que entónces existia; comparar con sus obras las que se escribían al mismo tiempo en las naciones estranjeras; i considerar el influje> que han ejercido sus compo,iciones dramáticas sobre toda~ las demas que poste riormeute se han publi­cado. No es de este lugar el emprender tan proli­ja i filosófica tarea. Baste decir que hasta que ' 1 apareció en la escena, no se r epre entaban mas que farsas indecentes; que fué el primero que supo in­ventar un argumento complicado e interesante, en­redarlo i desenlazarlo con injenio, dar al teatro de­coro, presentar n él altos personajes i caractéres bellos. Si no siguió Jos modelos que nos habia de­jado la antigüedad, no fu é porque Jos de~conociese, pues su erudicion era vasta, sino porque los ensayos hechos anteriormente habían sido infelices, con­vencié ndole de que no convenían ni a la índole ni a las ideas de los españoles de aquel tiempo. Adivi­nó el gusto de sus contemporáneos porque estudió sus costumbres i sus sentimientos, i reprodujo aque­llas i estos en sus comedias; i siendo la po esía dra­mática un vivo reflejo de la civilizacion de la épo­ca en que se escribe, logró agradar porque logró presentar la imájen verdadera de su época. A Lo pe se debe la gran diferencia que separa al dra­ma antiguo del moderno aun entre aquelios poe­tas que mas han blasonado de seguir el gusto grie­go, i mas han vituperado al mi ~ mo Lope, al paso que cedian mucho mas de lo que ellos pensaban al impulso datlo por su jénio poderoso. El interes, la variedad, los encontrados afecto ,los profundos ca­ractéres i la invencion brillante que tanto realzan el teatro moderno i le hacen tan superior al anti­guo, son debidos ciertamente al jemplo i a la in­fluencia de Lope de Vega. Si por otra parte se comparan sus comedias con los informes ensayos que se hacían en las demas naciones, r esaltarán todavía mas su mérito i su glo­ria. Solo un rival tuvo Lope entre sus contemporá­neos, este rival fué el ingles Shake pea re. Ménos fecundo, pero mas sublime, Shakespeare venció a Lope en la tragedia sin igualarle en la comedia, le escedió en la pintura de las pasiones fuertes, mas no le igualó en la invencion ni en la variedad amena. El bardo ingles aterra, miéntras el poeta español solo procura deleitar in pirando nobles i suaves afectos; pero una circunstancia esencial coloca al segundo en una e fera superior a la del primero: la influencia que ejerció sobre la literatura de su siglo. Shakcspeare permaneció ignorado fuera de su patria, i Lope fué la admiracion de toda Euro­pa procurándole imitar cuantos escribían para el teatro. La situacion polltica de las dos naciones debió sin duda tener gran parte en esta diferenc~. El nombre de Lope acompañaba por todas partes al nombre español acatado por do quiera: el de Shakespeare no pudo cobrar mas fama que la que entónces alcanzaba su patria: tnn cierto es que hasta para llegar a la cumbre del Parna ·o se necesita pertenecer a una naeion poderosa. Como quiera que sea, unidos en Lope de Vega el poder de su patria i el poder del jénio, formaron de él un colo­so que todo el mundo acató, quE> solo durante al­gun tiempo ha podido ser ultrajado, pero que con todas sus imperfecciones se alzará siempre firme i radiante para admiracion de los siglos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BIBLIOTECA DE SE~ORIT AS. 49 El alma. Amor! sentimiento noble i puro con que plugo ~1 Omnipotente dotar al ser racional para que en su mocencia e uniera a él; sentimiento por el cual quiso se le rindiese culto i holocausto en el ara sa­grada del corazon de aquel a quien había criado a su imájen, de aquel en quien tiene sus compla­cencias. I ¿por qué otro sentimiento sino por el del amor se une la criatura a su Criador~ El alma es el amor; por el amor es que el hombre es superior al animal, no por los sentidos· sentidos tiene el bruto: i tal vez mas perfecto~, i ménos espuestos a sufrir.altel:acion o a dañársele; pues observamos que mfin1dad de los descendientes del m~} aventura 1 do bAdan yacen ciegos, sordos, &, mtentras que os rutos, a pesar de sus duras fa ti­gas i enfermedades, conservan ilesos la vista el oído, el tacto, el gu~to i el olfato. tNo nos conv~n­ceremos de que en los sentidos no reside el alma destello u blime del amor, i que si la criatura hu~ mana es imájen de Dios, no es por los sentidos sino por el amor? De lo contrario el tigre i todos los animales erian imájenes del Criador; porque serian capaces de amarlo, esto es, de conocerlo. Pero no sucede a í, porque la vista concedida a la materia es sumamente limitada ; i i podríamos con ella distinguir al que es espíritu, i al que tiene su mo­rada a una distancia incalculable hasta para el mis­mo matemático, cuando no ha alcanzado con mil instrumentos diferentes a ver de qué está compues­ta la luna que es uno de los cuerpos celestes ménos distantes del globo que habitamos~ 1 si Ja vista,aún ayudada de magníficos telescopios, es ünpotente pa­ra ver i conocer al Supremo Hacedor, qué diremos de los otros sentidos? Esfuerzos impotentes deljénero humano en la grande obra de conocer a su Criador, como lo son Jos del náufrago que sueña asirse de las olas embravecidas ! Dios quiere quC' lo ame la criatura, i para eso le dió el sentimiento innato del amor, i la amó pri­mero para enseñarla a amar, i Je dió la libertad de amarlo o no amarlo: he aquí el libre albedrío; pero el hombre ha degradado este sentimiento has­ta el estremo de prostituirlo: él no ama a su Cria­dor como debe, ni a su semejante segun el espíritu de Dios. El hombre ama como ama el bruto, es decir, satisfactendo la necesidad de sus sentidos i no se acuerda de su Criador para tributarle con ~mor las gracias por Jas bondades que de él recibe. Cuando Dios vió que el hombre no era capaz de hacer el sacrificio de una fruta prohibida por amor ácia a él, fulminó la sentencia terrible contra el culpable i sus hijos desgraciados: sentencia cu­yos re~ultados han sido horribles hasta para el mis­mo Dws: pues por ella se condenó a hacerse hom­bre desgraciado, ultrajado, vilipendiado, pobre i sujeto a la muerte mas ignominiosa. _ La muj.er, al comer la fruta vedada, quiso ser 1gual a Dws, cosa que le hizo creer la astuta ser­pic. nte ;_ pero ~1 hombre t qué quiso ser? nada; no qmso smo satisfacer uno de sus sentidos, e1 del gus­to, el del paladar; i así se ha quedado pues la d . ' norma e sus accwnes es la de satisfacer sus senti-dos: el amor lo dejó en el paraíso aún ántes de gusta: el fruto prohibido. Pero a la mujer qué le sucedió? todo lo contrario de ]o que le sucedió al hombre: ella se hizo mas sensible i mas amante en su destierro: ella amó a su compañero: ella buscó en ~~ el consu.elo i el apoyo que perdiera con el enOJO de su Cnador. Mas, yermo estaba su corazon al paso .que eran de fuego sus sentidos. 1 ni aún la sentencia de Dios irritado. condenándola a los dolo­res de la maternidad, la lÍa hecho sufrir tanto como ese corazon de hi elo, i esos sentidos de fuego del compañero de su destierro! La mujer ha sido considerada por el hombre en todas la~ naciones, como instrumento para satisfacer Jos sentidos des~ dueño caprichoso; pues en unas partes se la encierra en un harem sujeta a lavo­luntad de un déspota, i en otras se 1 la vende en los mercados al lado de los rebaños, privándola hasta ?el goce de un paraíso imajinado por el bárbaro, el 1mpostor Mahoma! . Los Il_lismos teólogos, dice Aimé Martín, "pare­Clan olvidar un momento que Jesucristo participaba de la humanidad por medio de su madre." Esto sucedía en épocas en que se pretendía poner en duda el alma de Ia mujer. i Ha sido puesta en duda la existencia del alma de. la muj~r? Sí. ¡Qué absurdo! suponer que el rms:ffiO Dws, hech~ hombre, escojiese para morada el Yien~re de un am.mal! El que podia escojer sus ascendientes ¿ habna ~e tomar por madre a la que no fuese toda amor, smo a la que, mas feliz que Eva,supo conservar pura su alma es decir su amor ácia su Dios, ácia este Dios que ~enia a ~·edimir ei alma i no la materia? Una .mujer, de nombre MARÍA, despues de Dios, es la pnmera perso?a d~. los cielos. Una mujer, i n~ un hombre, fu.e eleJida por el Altísimo para al1mentar en su vientre al Dios humanado· para l . ' rec mar ~n_ su pecho su cuerpo bendito i llagado ; para part1c1p~rle sus congojas i sus penas; para que lo comprendiese, lo amase i Jo consolase como ma­dre , ti~rna i am?ros~; para que lo acompañase en su ';llt1ma agoma ; 1 pa_ra que se compadeciese de la 1ngrata descendencia de Adan, i presentase al Omnipotente sus lágrimas de amor fuente de mi· sericordia para el desgraciado. ' Conociendo Dios que el único móvil que hace obrar al hombre es el deseo de satisfacer los senti­~ os, i que es incapaz de compadecerse por mucho tiempo de la desgracia ajena i de amar con abne­gac~ on, no fué elejido para que de él naciera el que habla de nacer en un establo i morir en una cruz. Si Dios lo hubiese juzgado superior a la mujer, con una alma mas grande, i noble, i amorosa que Ja de ella, lo habria eJejido. . ~J que. con s~lo su poder hace todo cuanto quie­re, .1 c~mbJa el orden de la naturaleza segun sus desJgn.ws; que separ.a las aguas del mar rojo para hbrar a los Israelita~ de la persecucion de F~­raon ; que mantiene a su pueblo por cuarenta años en el desierto con el maná del cielo· que conserva los ves~ido~ de este mismo pueblo ddrante esa larga peregnnacwn; que, por favorecer a su pueblo ya que tanto lo amaba, cambia el órden de la n~tura­leza i no podría, por ~u propio amor, cambiar este mismo órden, i hacerse criatura humana en el seno del hombre i no en el de )a mujer? 1 ipor qué no lo hizo? Porque Dios quería que lo amasen, i solo la mu­jer es capaz de amar: porque sabia que por el amor es que se conoce al Criador, i que la mujer es Ja ún1ca que sabe amar: porque sabia que el hombre para creer en el Mesias necesitaba milagros como la resurreccion de los muertos Lázaro i la hija de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 50 BIBLI TECA DE SE ORlTAS. Jairo, &, &; miéntras que María lo conoceria con S lagando con la belleza de la huríes los sentidos d el amor no mas: ella no necesitaba para con ven. S u ectarios. Con las huríes, ,jempre hermosas cerse de una verdad revelada, ino del sentimiento > moradoras del paraíso, i dadas en pr mio a los qu~ innato del alma, el amor. Tampoco quiso nacer de S qui,i sen seguirlo! onoció mas: conoció que el un hombre, por no verse abandonado, porque El s hombre e deslumbraba con los ncantos de la mu· queria vivir i morir al lado de una persona que lo jer, i que cuando estos se marchitaban, él la des · comprendiese i lo amase: quiso la muerte de cruz, preciaba, i por esto dijo: 11 Que la mujer estaba es· la prefirió al tormerJto de ver,e abandonado por cluida del paraíso que él se imajinaba, porque la una persona tan allegada i querida como su madre. mujer no tenía alma, i era solo la hembra del va· Dios, hecho hombre, se c.:ompadeció de la desgra· ron." Es decir, que era animal como todos los bru· cia que hacia pesar sobre la mujer el varon, tratán· tos, i como ellos: útil para el servicio del hombre. dola como a sclava, por lo que dijo por boca del I 'lo lo dijo, para que no creye~en us corr lijiona· apóstol en una de u epístolas que e lee en la ríos que a ese paraíso, que él les mentin, iban vie­ceremonia nupcial: "compañera os doi, i no sierva." jas, feas, o marchitas; i con tal impostura si­Porque Dios vió que el hombre habia abu ado de guiéronlo mile. de fanáticos, i lo seguirán; i la la debilidad de su compañera imponiéndole un yu- mujer en el riente vivirá encerrada en un har m, go insoportable. El vió roa , i todo el mundo lo ha de la misma manera que en nue tras gallineros se visto tambien, i fué que ninguna mujer pidió contra encierra a las gallinas (prototipo de tolerancia): i El,ni lo acusó de nada; que,por el contrario,muchas la impusieron un silencio tan grande, como el gallo mujeres lloraron por El lágrimas verdaderas que a las gallinas, para que no se quejen de la abyec­llamaron la atencion de aquel a quien no se puede cion a que las condena. engañar, i volviéndose ácia a ellas les dijo: "no Es de notar la gran diferencia del modo como Jloreis por mí, llorad por vosotras i por vuestros Dios, hecho hombre, trató a Ja mujer, i del modo hijos." como la trató el hombre Nlahoma. "¿Llorad por vosotras, i por vuestros hijos," les Jesus la amó i la defendió, i no la despreció, i la dijo? -¿ I cuántos significados se le pueden dar a esta hizo igual al hombre, i se la dió pen· compañera, i oraciot1? -¿les diria que 1lora5en la desgracia de le concedió una dignidad que al hombre le negó; tener ellas corazon, i los hombres sentidos? miP.ntras que 1 impo~tor la degradó, la humilló, Sí. Jesur.ri. to hablaba en parábolas, i esta es una la esclavizó i se la dió al varon como animal útil. de sus parábolas: llorad, porque el que debía ¡Ojalá que los hombres imitasen a Jesus, i no a ser vuestro compañero, vue .. tro -apoyo, vuestro es- Mahoma! poso, es i será vue tro verdugo. Lo que le debe la mujer a Je5us s incalculable! Diría el 1\tfesias: -¿Si el hombre fué capaz de Padres de familia, si quereis seguir a Jesus, uniof! crucificarme, de no compadecerse ni del dolor de la entre sí para educar el corazon de vue tros hijos, madre, ni del hijo; será estraño que no e campa· para que vuestras hijas no tengan la mi .. ma suerte dezca del dolor de su compañera? que las hijas del Oriente; pues si aquí no hai hare· Por la compasion que la Magdalena manifestó nes, sí hai sentido~, i miéntras estos sean los que por su pasion i porque le unjió la cabeza con per- se exalten, vuestras hijas serán desgraciadas, i vues­fume de nardo, la molestaron; i algunos de los tros hijos degradados. Llenos de ha tio correrán presentes, dice el Evanjelio, 'se irritaron interior· de placer en placer, o de disipacion en di ipacion, mente," i dijeron: "¿a qué fin desperdiciar ese no encontrando en ninguno de ellos sino remordi­perfume, siendo así que puede venderr.e en trescien· mientas i lágrimas. Es necesario que por la educa-tos denarios, i dar e e ta suma a lo pobres?" cion vosotros les hagais comprender que tienen Mas Jesus les dijo: "ipor qué la mole ... tais ?" alma i que la mision que Dios le dió, no fué la "En verdad os digo, que doquiera que se predi- que le dió al bruto. Educad el corazon de vuestros que este Evanjelio, en todo el mundo, se contará hiJOS i hareis mas por ellos i por vosotro~, que si tambien en memoria o alabanza de esta mujer lo les diéseis una grande ilu .. tracion; no es el hombre que acaba de hacer." ilustrarlo el que hace la felicidad de su familia, sino Jesus alaba a la mujer j en tanto que el hombre el educado en la moral. trata de acusarla i humillarla ante El; pero El DoLORES CALVO DE PIÑERES. confunde al hombre i defiende a la mujer: esta consideracion debe hacer conocer a la mujer su dignidad, i al hombre su inju ticia. Injusticia con­que desprecia a su compañera, i cuyos reflejos hie­ren sus sentidos i enervan su c01·azon; de,hojando la flor de sus ilusiones por su pue to se hace d - graciado, pues no se puede sembrar de ... gracias i cojer felicidad s. No se siembran peras para cojer uvas. Si el hom­bre siembra despre io, por la lei establecida por la naturaleza de cojer del fruto de la simiente ¿qué fruto cojerá • .••••.•••.• 1 Si s feo i se mira en un espejo ¿pm· ventura se cambiará su imájen en hermosa, solo porque está delante del cristal? no por c.ierto. No he sido yo la primera que ha dicho: que el único móvil de las acciones del hombre es la satisjac­cion de los sentidos. Mahoma lo comprendió así mejor que ningun otro, cuando fundó su secta, ha- BANCO DE L REPUBUC 81BUOTfiCA LU S- A"IC~l ARAN "~',.... ~ '··- GO - ,"f\,; - Pf""''r- - ,_ --.;-- .. El canto de la Sirena. BALADA. Y a e alza Ja luna De la cumbre del monte vecino; Su rostro divino Refleja en la mar. Mi Delio reposa En su barca, que envuelve la bruma, I ya puedo, cantando amorosa, Batiendo la e puma, Su sueño arrullar. ¡ Bendita la noche ! ¡ I benditos Jos tibios fulgores Del astro de amores, Que arjenta su sien ! Entre olas levanto Mi cabeza a su lumbre indecisa, l suspende, si entono mi canto, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BiBLIOTECA DE SEÑORITA . 51 Su vuelo la brisa, La mar su vaiven. l\Ii voz de irena Es Ja voz del arroyo i d 1 ave, Del aura üave Jimi ndo en la flor. R eposa, bien mio I mis ecos e cucha rjsueño; De tu barca la ondas desvío, Y o velo tu sueño, Soi tu ánj el de amor. . . . . . ................. . ........................ l\1i nombre fué Aurora, De mi padre la barca mi cuna; Mi ola fortuna Tu amor i la red. 1\Ii dicha inocente De mi lancha Jo varios azares, O contigo, soñando Ja mente, Perderme en los mares Del viento a merced. En rápida danza ¡ Cuántas veces! en esa ribera Mi planta lijera La arena grabó. El libre cabello De azabache flotaba en mi espalda; I la bri ... a besando mi cuello, Jugando en mi falda, De amor su piró. Mas ai ! del que fia De este mar que los astros refleja, Si incauto se aleja Bogando al azar : Si el ábrego ardiente En su vuelo los mares abarca, I las o las encrespan su frente, ¡ Adios de la barca, Que rueda en la mar ! Bramó la tormenta, Retemblaron la playa_i)a cumbre, Del rayo la lumbre La niebla rasgó. Es vano el lamento: Nadie escucha mi triste querella, Entre rocas, juguete del viento, Mi horca se estrella, Mi barca se hundió. Vagar sin ventura De la mar en el fondo es mi síno, Mi eterno destino Tu rumbo seguir. Tu leve barquilla Con mano in visible yo guío, Soi el jenio que sal va tu quilla: Si el viento al bajío La empuja a morir. Ignoro en mi arcano Si soi ánjel, mujer o sirena, Si mi alma enajena Placer o dolor. Tu vida es mi muerte, 1 aquí aguardo tu instante postrero, Mas salvarte doquier es mi suerte, 1 amansa el mar fiero Mi acento de amor. Del tiempo en la esfera, Cuando mire de Dios soberano La próvida mano Tu hora borrar; De arcánjel mi galas Ya veras como ti ndo en el cielo, I levanto tu aliento en mis alas, D jando en mi vuelo La tierra i la mar. ENRIQUE DE SAAVEDRA. La Música. IL La música en lo primeros siglos- Union de la música i la poe ía- emidioses músjcos de los griegos- De los pri­mero bardos - La llíada i lo. Odisea hacen mencion de música i de músico -·De Tbe~miro, Demodoco, Femio­Vacío en la hi toria de la mú ica- e Thaletas i ~us des­cubl imiento en música- Del otro Thaletas, tambien mú­sico- Arquíloco, su vida i compo iciones- Tineo- Ter­pandro- De cubre la anotacion musical ·- Contiendas mu­sicales en lo Juego olímpicos i píthicos - Primera separa­cion de la música i la poesía, En la primeras edades del mundo: la principal ocu pacion de los príncipes era la de apacentar sus rebaños, i divertir e con canta'res agrestes, acompa­ñado de rú tiros instrumentos. Con el lapso del tiempo, la música i la poe ... ía estendieron su influjo desde lo.::s campos ha~ta las ciudades, i se las em­pleaba en cantar los misterios de la relijion i las hazañas de los héroes. La denominacion de canto ,,. se aplicaba igualmente al músico i al poeta; porque no se escribía poema alguno que no se cantase, considerándose la música como compañera insepa­rable de Ja poesía. Se han mezclado tantas fábu­las con los primeros mú icos i poetas, que . hasta se ha Degado a dudar de la existencia de estos; i apé­nas debiéramos maravillarnos de que los ignoran­tes hubiesen deificado a personas a quienes veían capaces de producir en ellos sentimientos de espan­to, embeleso i admiracion de tal naturaleza, que les parecian inesplicables i superiores a todo huma­no poder. Los nombres de Chiron, Anfion, Orfeo, Lício i Museo nunca se olvidarán, aunque la tradicion ha­ya arrojado una luz tan dudosa en torno suyo. La lira de Orfeo, e pecialmente, h ermo!;eada con todas las bellezas de la ficcion i la poesía, se celebrará siempre como la lira que pudo acallar al Cerbero, suspender los tormentos del Tártaro, i aún hechizar a las torvas divinidades del infierno. Se su pone que la ocupacion de Jos primeros poe­tas i músicos de la Grecia se asemejaba a la de los ba1·dos entre los celtas i jermanos, i a la de los scalds entre los islandeses i escandinavos. Eran cantores que cantaban sus <>bras en las ciudades i los pala­ejes; se los trataba con respeto, i se los miraba co­mo inspirados. Tales fueron al principio los trovadores de Pro­venza i Langüedoc, i los cancioneros de otros países, i tal fué tambien Homero cuyos poemas son la prue­ba mas auténtica que existe, en los anales de la antigüedad, de los tiempos en que vivió i escribió. Siempre que en la Ilíada i la Odisea. se hace mencion de la música, es con e m bele~o i 1 los poe­tas i músicos que nombra Homero, se hallan en el rano-o de los bardos de la Grecia que florecieron en tied: po de la guerra de Troya. Los instrumentos que con mas frecuencia menciona, on la Jira, la flauta i el caramillo de cañas o syrinx. Los dos úl· timos son ciertamente de oríjen jipciaco: aunque los grjegos atribuían la invencion de ellos a sus di­vinidades. Parece que en el sitio de Troya aún no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 52 BIBLIOTECA DE SE:&ORIT AS. conocían Ja trompeta; pues los primeros signos de bata1la en las anti g uas guerras eran antorchas en· ce ndidas, a las cuales suc edieron las conchas de caracoles que se tocaban como trompetas. No hai uno solo de todos los banquetes i fiestas públicas de 9- ue habl a Homero, en que no se encuentre música 1 un bardo. Todos sus héroes son músicos así como sus divinidades. Los d ele(J'ados de Ao-amenon a Aquiles o o Le hallaron mu ellemente divertido Con el son armonio so de su arpa, D el arpa bien labra da que viniera De la ve ncida T é bas, i de plata El marco pulidísimo tenia, I con la cual la cólera d el alma Lograba su a vizar, cantando en ella D e los h éro es i reyes las hazañas. I!omero llama a Tamyris, ''el que toca la cítara." Nació en Trá cia, i fu é hijo de Filamon ; pero ha­biendo desafiado a Jas musas a una prueba de ha­bilidad en la poesía i la música, ellas le privaron de la vista por presuntuoso . Se ha creído j eneralmente que en la persona de Demodo c(j) el ba?"do, a quien Homero introduce en - la Odisea, él qui o representarse a sí mismo; pero s ea de ello lo qu e f uere, é l atribuye el canto de De­modoco a la in spir ac ion, i le exalta hasta Ja cima de la gloria humana. R e preséntale teniendo un lugar distinguido e n la corte de Alcinoo, sentándose a la mesa del rei, i prece dido siempre de un heraldo. Tambie n m e nci ona Homero en té rminos de la mayor alabanza a F em io, que vivió en Itaca. La ven eracion en qu e eran tenidos Jos bardos, i el gus­to de los anti g uos p or la música, SE:' manifi estan suficientem e nte e n tocl os los e . critos d e Homero. Desde el tiempo de Homero hasta el de Safo bai casi un vacío tot a l en la literatura. Del período d e mas de cie n añüs, trancurridos entre Safo i Ana­creonte, nin g un as producciones litera1ias se han conservado ent eras; i luego, entre Anacreonte i Píndaro, hai otro vacío de cerca de una centuria. Vino d e .. pues un período de trescientos años du­rante los cu a l es a delantaron las artes gradualmente, i en que flor e cieron los mas grandes po etas trájicos, historiadores i filósofos de la Grecia. Desde Ja muer­te de Fídias hasta el tiempo de Alejandro el grande, continuaron las artes i Jas ciencias en estado de perfeccion, e inmediatamente despues comenzaron a declinar. En estos primeros siglos la poesla i la música estaban unidas de tal modo, que eran necesaria­mente músicos de profesion todos Jos bardos líricos, elejíacos i aun épicos. El primero de estos poetas­músicos de que se tiene noticia, de pu es de Homero i Hesíodo, fué Thaletas, natural de Creta. Platon i Plutarco están de acuerdo en celebrar su habili­dad así en la música como en la poesía, su voz cautivadora, i sus odas a las cuales daba vigor con la dulzura de sus melodías. El inventó las Pceans, i nuevas medidas en el verso así como los ritmos en la música. Los espar­tanos continuaron por largo tiempo cantando sus árias¡ i él fué el primero que compuso el hyporche­mes para la danza armada o militar. Esta era una especie de poesía, compuesta no solo para cantarse al son de flautas i cítaras, sino para bailurs al pro­pio tiempo. El término italiano baliata, el frances ball~e, el ingles hallad, i el castellano balata o ba· lada, tuvieron en lo antiguo la misma significacion, esto es, la de canto cuya melodía se d estinaba a regular el tiempo de una danza. Tambien hubo otro músico i po eta llamado Tha­letas, que vivió en Creta 673 años ántes de Cristo. D ecíase de él, que con la dulzura de su lira había libertado de la peste a los lacedemonios. Arquíloco nació como 6 6 años ánte::; de Cristo, e inventó la melodía dramática, qu e , en lenguaje moderno, podría denominarse 1·ecit a tiv o ajustado a estricta medida. Fué hijo de T elesicla s, pe rsona de alto mngo: i de la esclava Enisso, i nació en Páros. Habiendo entrado al ejército, despl egó mas lijereza que valor en el primer encuentro que tuvo con los enemigos, i perdiendo el escudo, es capó con la vi­da. "Es mas fácil, dijo él, "hac erse a un escudo nuevo que a una nueva exist encia," por lo cual per­dió su reputacion, i la hija de Lycambes, que le estaba prometida, no quiso admitirlo por esposo. Su vida no fué sino un t ejido de deshonra i l'esen­timiento, pues estaba en gu erra con el mundo, así como el mundo con él; i la rabia de A1·quíloco vino a ser una espresion proverbial. Provocar al satirista se comparaba a pisar una serpiente . El hizo muchos de scubrimientos útil es en la mú­sica, como por ejemplo, en la súbita transicion de un ritmo a otro de d i stin ta e s pecie, esto es, de tiem­po diferente; como del tiempo triplo al tiempo co­mun, lo que en la música antig_ua se llamaba, del ritmo yámbico al ritmo dactílico. Arquíloco era vencedor jeneralmente en los jue­gos píthicos, i, en los olímpicos, cantaba en pleno auditorio su famoso himno a Hércules, lo cual le procuraba la guirnalda de Ja victoria i el aplauso de toda la Grecia, donde su nombre se tenia en tan­ta ven eracion como el d e Homero. Tirteo, jen eral ateniense, adquirió gran celebri­dad por la composicion de cantos i árias militares, así como por la man e ra como los ejecutaba. Se dice de él, que inventó una nueva flauta militar, o clarín, a cuyo sonido animador atribuy eron los es­partanos su victoria sobre los mesenios, 685 años ántes de Cristo. Todos los escritores antiguos están de acuerdo en celebrar los talentos i de .. cu brimientos músicos de rrerpandro, que nació 671 años ántes de Cristo. Asegúrase que añadió tre s cuerda8 a la lira, o que fué, por lo ménos, el primero que introdujo en La­cedemon1a la lira de siete cuerdas. Tambien S6 dice que in ventó la anotacion, con la cual se conservó la melodía, que ántes dependiem de la memoria, o de la tradicion. Muchos niegan, sinembargo, el mérito de este invento a Terpandro, i Jo atribuyen a Pitágoras que vivió dos centurias despues. En los juegos olímpicos las contiendas musicales formaban la parte principal de las exhibiciones, i hasta el emperador Neron llegó a disputar en ellos el premio, eJ cual, podemos aventurarnos a cteer, se le concedía sin dificultad alguna. En los juegos píthicos, el premio se otorgaba al que habia escrito i cantado el mejor himno en ala· banza de A polo. Al terminarse la guerra o·risseana, propusiéronse premios por los Anfictiones, no sola­mente para aquel1os músicos que cantasen mejor acompañados de la cítara, lo cual era al principio la única contienda en los juegos pithicos, sino tam­bien para aquellos que cantasen mejor con acompa­ñamiento de flauta, e igualmente para los que eje­cutasen mejor en la flauta sola. Esta fué la primera separacion entre la música i la poesía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Biblioteca de Señoritas - Año I N. 6

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Por jodidos caminos

Por: Rusty Times | Fecha: 2019

"Poesía urbana, poemas que arañan" es una colección de versos que captura la esencia cruda y realista de la vida en la ciudad. A través de imágenes vívidas y un lenguaje directo, los poemas exploran temas como la alienación, la soledad y el desencanto urbano. Cada verso araña la superficie de la experiencia humana, revelando la belleza y la brutalidad que se encuentran en las calles y los callejones de la vida moderna.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
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A mil besos de profundidad: Canciones y poemas, 1956-1978. Volumen I

Por: Leonard Cohen | Fecha: 2011

Esta antología celebra los cincuenta años de la obra musical y poética del bardo canadiense, recogiendo sus mejores canciones y poemas a lo largo del período que va desde el primer libro de poesía, Comparemos mitologías (1956), hasta el último, El Libro del anhelo (2006). Dividida en dos volúmenes, incluye numerosos textos y canciones inéditas, ademas de sus clásicos Suzanne, Hallelujah y Crazy to love you.
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Sonetos

Por: William Shakespeare | Fecha: 2015

Los Sonetos de Shakespeare: un hermoso devocionario de amor, un tratado de amor, en una de las grandes épocas del soneto. La quinta esencia lírica de un poeta que explayó su genio, su furor, en la poesía dramática. Un cúmulo de hipótesis en torno a unas iniciales y a un morbo masculino. . . Pero, sobre todo, una bellísima colección de poemas de amor, sobre el Amo -que da la mano a la Belleza- y el Tiempo. Selección y traducción de Manuel Mújica Láinez. Edición bilingüe.
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De atrásalante en su porfía

Por: Juan Gelman | Fecha: 2009

Juan Gelman nació en Buenos Aires en 1930. En su importantísima y dilatada obra poética, destacan los libros Violin y otras cuestiones (1956), Gotán (1962), Cólera buey (1964), Los poemas de Sydney West (1969), Relaciones (1973), Si dulcemente(1980), Dibaxu (1994), Valer la pena(2002), País que fue será (2004) y Mundar (2007). Ha recibido el Premio Nacional de Poesía de Argentina (1997), el Premio Juan Rulfo (2000), el Premio Reina Sofía (2005) y el Premio Cervates (2007).
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La niña color violeta y otros poemas

Por: Varios autores | Fecha: 2012

La niña violeta y otros poemas es el primer ebook nacido al alero del Concurso de poesía infantil para escritores chilenos organizado por Espacio Creamundos y Concursos Literarios en Chile. Su fin es difundir nuevos autores dedicados al género lírico infantil, inaugurando de esta forma un evento anual que promueva la creación y lectura de poemas de forma gratuita en todo el continente.
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Cielo de atardecer

Por: Maria Antònia Salvá | Fecha: 2019

Indispensable antología de Maria Antò nia Salvá, considerada la primera poeta moderna en lengua catalana. La crítica ha señalado, además de la enorme calidad de su obra poética, su compromiso con la lengua y la cultura mallorquinas, aunque su condición de mujer provocó que se relegaran injustamente sus méritos. Esta antología de su poesía, traducida por Rodofo Hä sler, constituye la mejor manera de ponerlos al día.
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Clickable poemas

Por: Luis Correa-Díaz | Fecha: 2016

Clickable poemas es un libro que replantea la visión tradicional de la poesía desde el lenguaje tecnológico, conectado y multicultural. En este espacio, Luis Correa Díaz explora y experimenta con discursos cruzados que dialogan e interactúan entre sí para lograr como resultado poemas contemporáneos, multisensoriales, reinterpretables y provocadores.
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Colorado: translations / traducciones

Por: Silvia Soler Gallego | Fecha: 2018

Nueve traductores convocan aquí a cuatro poetas: Mary Crow, Camille Dungy, Sasha Stenseen y Dan Beachy-Quick, del programa de escritura creativa de la Universidad Estatal de Colorado. El resultado es un libro en el que convergen una pionera antología de poetas contemporáneos de Colorado, una inédita colección de traducciones de su poesía y el experimento de traducción que ha hecho posible esta colección.
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