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Con la frase historia de colombia.

  • Exclusivo BibloRed
Imagen de apoyo de  En minga por el Cauca

En minga por el Cauca

Por: Diego Jaramillo David Gow | Fecha: 2013

En octubre de 2000, los votantes en el departamento del Cauca, situado en el suroccidente de Colombia, eligieron gobernador al taita Floro Tunubalá para los tres años siguientes. Su elección fue notable por varias razones. En primera instancia, fue el primer gobernador indígena elegido en la historia del Cauca. Un departamento famoso por su resistencia indígena en un país donde menos del 3 % de la población se considera indígena como tal. Segundo, fue elegido sin el apoyo de un partido político. Sus partidarios crearon una coalición de organizaciones y movimientos sociales progresistas y de izquierda y tercero, la afluencia de votantes en la elección fue la más alta que se haya registrado hasta esa fecha y el número de votos más del doble de lo usual.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Ciencia política

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En minga por el Cauca

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Imagen de apoyo de  Luz Ángela Posada, piano (Colombia)

Luz Ángela Posada, piano (Colombia)

Por: Luz Ángela - Piano (Colombia) Posada | Fecha: 29/10/1986

Concierto interpretado por Luz Ángela Posada. Realizó sus primeros estudios musicales con la profesora Leonor Pardo de Sáenz y con la ilustre pedagoga Lucía Pérez. Adelantó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Javeriana e ingresó al Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, en donde fueron sus profesores Pablo Arévalo en piano, Mireya Arboleda en música de cámara, Blas Emilio Atehortúa en formas musicales, Alicia Lozano y Franciso Gil Tovar en historia del arte, Guillermo Abadía en folclore y Simón Galindo en armonía, hasta obtener, en 1976, el grado laureado de pianista. En este concierto interpretó obras de Franz Schubert, Franz Liszt y Modesto Mussorgsky.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Programas de mano
  • Temas:
  • Música

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Luz Ángela Posada, piano (Colombia)

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  • Exclusivo BibloRed
Imagen de apoyo de  Instrumental and Chamber Music (20th Century) - ALMEIDA, L. / BARRIOS MANGORÉ, A. / BROUWER, L. (Journey to the Amazon) (Isbin, Winter, Mello)

Instrumental and Chamber Music (20th Century) - ALMEIDA, L. / BARRIOS MANGORÉ, A. / BROUWER, L. (Journey to the Amazon) (Isbin, Winter, Mello)

Por: | Fecha: 1997

3 Stories: No. 1. Historia do luar (02 min. 09 sec.) / Almeida -- Seis por derecho (arr. for guitar and percussion) (03 min. 34 sec.) / Lauro -- Vals, Op. 8, No. 3 (04 min. 01 sec.) / Barrios Mangoré -- A Hug for Pixinguinha (03 min. 57 sec.) / Mello -- Chants for the Chief: No. 2. Uirapurú do Amazonas (version for soprano saxophone, guitar and percussion) (05 min. 31 sec.) / Mello -- Julia Florida (04 min. 26 sec.) / Barrios Mangoré -- El Marabino (01 min. 28 sec.) / Lauro -- 4 Valses Venezolanos: No. 3. Natalia, "Vals criollo" (arr. for guitar and percussion) (02 min. 24 sec.) / Lauro -- Suite Colombiana No. 2: IV. Porro (arr. for guitar and percussion) (02 min. 18 sec.) / Montana -- Cênas brasileiras, Series 1: No. 7. Batucada (arr. for guitar and percussion) (02 min. 44 sec.) / Sávio -- Lago de Janauacá (02 min. 47 sec.) / Mello -- Chants for the Chief: No. 1. A chamada dos ventos - Canção noturna (version for soprano saxophone, guitar and percussion) (05 min. 19 sec.) / Mello -- 2 Temas populares cubanos: No. 1. Cancion de cuna (Cradle Song) (arr. for guitar and percussion) (03 min. 43 sec.) / Brouwer -- El totumo de guarenas (arr. A. Díaz and A. Lauro for guitar and percussion) (01 min. 28 sec.) / Canonico -- Cochichando (arr. for guitar and percussion) (02 min. 45 sec.) / Pixinguinha -- Chôro alegre, "A Hug for Tiberio" (01 min. 43 sec.) / Mello -- Cavaleiro sem armadura (arr. D. Wolff for saxophone, guitar and percussion) (04 min. 05 sec.) / Mello
Fuente: Naxos Music Library Formatos de contenido: Audios
  • Temas:
  • Música

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Instrumental and Chamber Music (20th Century) - ALMEIDA, L. / BARRIOS MANGORÉ, A. / BROUWER, L. (Journey to the Amazon) (Isbin, Winter, Mello)

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Imagen de apoyo de  Preliminares

Preliminares

Por: | Fecha: 2019

El tema central Mujeres, Ética, Política y Participación" de este número 2 de la Revista En Otras Palabras … " ofrece diversas aproximaciones sobre la difícil coyuntura que vive Colombia. Los artículos que conforman la sección “Rehaciendo Saberes", ofrecen, desde distintos ángulos, reflexiones sobre una nueva voluntad de saber de las mujeres como primer paso para acceder a la ética, la política y sus difíciles conexiones. Allí se ubican ensayos que invitan a estudiar las relaciones entre patriarcalismo y violencia, las luchas de las mujeres en el curso de la historia y cuestionamientos para que su participación y sus derechos sean reconocidos y asumidos socialmente.
Fuente: Biblioteca Digital Feminista Formatos de contenido: Artículos
  • Temas:
  • Ciencias sociales
  • Problemas sociales
  • Otros
  • Ética
  • Investigación de género

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Preliminares

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Imagen de apoyo de  Construir nuevos imaginarios: conversación con Lola G. Luna

Construir nuevos imaginarios: conversación con Lola G. Luna

Por: Lola G. Luna | Fecha: 2019

En el número 49 de Vía fora!! del invierno del 96 os presentamos a Lola G. Luna, una mujer que tiene ahora 50 años y que nació en un pequeño pueblo de Jaén, Valdepeñas. Hace veinte años que llegó a Barcelona, todos dedicada a la docencia y a la investigación sobre América latina en la Universidad de Barcelona, conjugada con el activismo feminista. Sus estudios la llevaron desde Valdepeñas a Madrid, pasando primero por un internado en Jaén. En Madrid se licencia en Historia de América en la Universidad Complutense. Posteriormente está tres años en Colombia de docente y finalmente llega a Barcelona el año de 1976, en una época en la que nacen muchas cosas. A continuación se presenta el desarrollo de la entrevista a Lola G. Luna.
Fuente: Biblioteca Digital Feminista Formatos de contenido: Artículos
  • Temas:
  • Ciencias sociales
  • Problemas sociales
  • Otros
  • Expresión de género

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Construir nuevos imaginarios: conversación con Lola G. Luna

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Imagen de apoyo de  La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 27

La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 27

Por: | Fecha: 13/03/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. _. ------c:¿c---¡:~ s ~ 2 ~.-:l:s;---.. _----~ • • PERIODICO DEDICADO A L A LIT E R A T U R A. - Serie IIl. Bogotá, 13 de Marz') de 1875 . Número 27. • ~A Al\. DE. MIS NOCHES. I Cada vez que vuelvo los ojos sobre mí mismo, cada vez que abro las páginas _de mi corazon, encuentro en él tanto misterios, tan ros a fectlls , tantos recuer­d os, l'scl'itos unos con tintes de rosa y ennegl'ecidos otros con hiel, que mi alma perm:mece concentraaa bo· l'as enteras en í misma, en su pasado y en FU porve · nir. La historia de cada hombre! cuán lIC'na está de episodios! cuán digna no es de observacion ! E coged á un hombre cualquiera, al primero que mireis á vlles­tro lado, ya sea un gran pot.entado con el pecho ll eno de C¡'uces y condecoraciones, el Arca repleta ::le 01'0 y el cornzon de crímenes; ya una virgen adormecida en el seno de un clau ero desde los primeros albores de su juventud; ya un humilde labriego que ignore los usos de 1M ocit'dad y viva En medio de la poureza y de la sencill t'z. En la vida de todos los h"mb¡-es hay cuadros ombri os, hay escenas tranquilas y sua­,' es, hay pasajes ll enos de animacion y de fuego. Venídcon migo: repasad por nn instante en el pasado vuestra historia ó la hi torÍa de vuestros ami­gas; ved solamente e. a larga lista de noc};¡es que han rodado sobre vuestras ca bt::zas, Qué div eri>id a d de impresiones ha (]('jado cada una de ellas en vuestras almas ! en qué diversos sitios las habeis pasado ! ·Y miéntl'as os engolfais con la imaginpcion en esas ho­ras oscur~s, y <¡ne no volverán ya mús, porque la ete r­nidad no dev uelve los momentos que vamos depo~i­tando en su seno, yo tambien recordaré algunas de mis noches. II ¿ Es ciel'to que los años de la niñez nos parecen dulces tan sólo porque los vernos al traves de un velo de lágrimas, tan ólo porque los miramos de léjos? O es que realmente no ha germinado todavía en la Ílüancia el fruto del dolor que lleva el hombre en su alma y que despues amal'ga su t'.Kistp.ncia? Porque, en efecto, los dias de mi niñez rodaron p:.lros y sere­nos como una mañana de verano, y el sol de mi niñcz no tuvo más de un ocllso, bien que un ocaso et erno: mi niñez fué una mañana constante toda llena de fra­gancia y de luz; entónces no buba noche para mí, j es tan dulce dormir en el seDO de una madre, y sen­tir sus dedos blandos entre nuestros cabellos y sus be os en nuestros labios, y oir la algazara infantil de nuestros pequeños hermanos y 'ldormecel'l1os pausa­damentE'> entre sueños de colol' de rosa! y despertar der;;pues inocentes y alegres, como los mismos pájaros que durmieron tranquilos y lIhora cantan y vuelan en las ramas de nuestro jardin! La niñez! oh ! en la niñe.z no hay noche; porque aunque la luz se vq.ya del cielo, no se va del alma. Pero despues los años pasan y la noche l\ega: á. veces el mundo la englllana en festines y danzas con todas sus joyas y con todas 8US luces j pero á veces tambien la muerte y la des­gracia retlñoD sus tinieblas, , JII 'fodaykt. recuerdo la noche en que fuí :trrancado del hogar deméstico y comencé á ser hom breo Ni el más ligero bozo tocaua mi labio, ni la más ligera. pena os­curecia mi frente; pero la sociedad me r eclamaba con justicia; era preci o comenzar á formarme pua ella y el colegio me recibió cenándome en seguida sus puertas colosa les. Qué noche nquella tan o;cura! qué friu estaba entónces mi lecho! La luz de un es­caso farol derramaba sus hiloR de luz sobre Iu. cama donde dormia yo sin madre y sin hermnno .... las horas pasaban largas y pe adas como si fuer'un de plo­mo, dejanr]ome cada una el corazon bel'ido. Y al so­llar la call1pa na ~ esa reina del inmenso edificio, no pude saltar s iqui era de la cama como lo bacia ~n otro ti em­po: estaba ya encadenado por la mano del debe¡'. fué tal vez la primera de mis noches tri tes. Sin em­Bargo, á los once me es tuvo s u revancha , cuando des­pue de habel' c'lDseguido mi primera cinta de honor, agobiado de ca ri cias y regalos, volví ¿ tenderme en la alcolba de mis primeros años con la alegr'ía de las va­caciones: era una noche de Diciembre llena de luz y de estrellas. IV Algunos nños pasaron: el corazon empezaba ya :i latir estrcmcci do por una sensacíon nueva y descono­cida hasta entónces; y mis ojos bu. caban entre el aire luminoso del dia .r entre las tinieblas de la no­che algun sér encantado cuya existencia pl'e,cntía con la seguridad más completa, así como dice Caro que se presi ente el j3zmin por el aron.a que exhala en derredor. El soberbio v"por .Med~cn.v, de la C01!1- pañía de vaporcs que su rcan el A tlántico, se destaca­ba entre olas de espuma levant ando su plumero de humo oscuro 'lob r e el cielo purísimo de las Antillas, Al fin detuvo su rumbo majestuoso entre las tibias olas que besan murmurando las pl¡,yas de San-Tho­mas, ese idilio trazado por Dios y embell ecido por la man() del bomure, esa canastilla riente y gracia, a que sobrenada y mece sus flores en la inm ensidad del 0céano. Míl y mil barcas recorrian la ribl' r:l ornadas de banderolas y cintas, las colina de la ísb cubiertas de árboles y casas reverberaban con mil luces quo sa lian do las persianas y los colores del crepú¡,culo muriente chispeaban en las aguas temblorosas. Inte­resante cuadro, digno del más animado pincel! Pero no era ménos intere, ante el aspecto del colo.o que abrigaba en su' flancos ca i Ull pueblo entero. La bandera británica flotaba en el palo ruayor, los oficia­les vestian ele gala y más de treinta jóvenes ba bane­ras, pel'uan as, mejicanas y pOl'toricens( s, e ta ban en el puente del vapor. El canto de algunas de ella y los ecos de una gitana regalaban al aire los tonos melancólicos y ti el'Dos de una cancion amorosa , Entretanto saltaba del buque á la chalupa una jó­ven fralleesa con quien habia entaLlado yo re l acione~ ,de una amistad delicada. Tal vez yo abrigaba una verdadera pasion por ella; pero lo ignoraba hasta el1- tÓllces. Y qué bella estaba en aquellos momentos! vestia traje de seda de color de rosa y una capilla aplomada j sus trenzas se derramaban profusas agHa­das por el viento, lo mismo que las cintas que sugeta­han el ligero sombrerillo de paja italiana. Entónces por vez postrerlt estreché su mano suave como el raso, I Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 210 LA TARDE y al tocarla sentí que mi sangre corda acelerada, fijé mi oJos en ella y al verla ruboro~a y melancólica, den'amp la lagrima primera de amor: el \'iento trajo á mis labio~, como úl.imll dcscTeuida, una mach'ja de su cabello ca. tnño, y un momento dCl'pue, 110 quedaba en el mar ni la buella ,¡quiera de tan hermosa mujer: aquello tudo lwbia sido lln ensueño instantál1eo, un minuto de amor ahogado por un adio eterno. Una Ve7. evaporada aquella imágen, la ombra de la no­che e interpusieron entre lo dos y el cuadro del con torno de apareció. Ay! así vuelan las glorias y la fe­licidad de la vida. v Alentado el corazon por la e peranza, fijos los ojos del alma en el bello suelo bogotano y lleno de lo recuerdo, de la infancia, i cuántas veces al ,ol,er de lejanos paíse ,alía durante la noche á respirar las brisa frescas del undo o rio Magdnlena! Todo en torno dormia: ni el más leve rumor movía la olas, ni la ola mas leve azotaba los flancos del vnpor: los inmensos ramilletes de flores silvestre que colgaban á manera de jardines flotantes de los árboles, embal­samaban el aite, y al traves de su vá tagos tan dulce y profu amente engalanado~, derramaba la lUDa como una lluvia de rayos: el azul sin límites del firmamen­to y sus globo de oro innumerables se retrataban quieto en el Magdalena. De pues la hi toria de todo viajero: pone el pió en tierra firme y cone de alado al suelo donde nació: despues de un dia pasado duramente ~obre los duros lomo de una mula, se recuesta en alguna pobre ve7tta al pié de cerros altí Ílnos que nada mezquino con ien­ten en su seno y en los cuales tan sólo brotan árboles corpul l'utos y sombrío. Si el equipaje ha qned¡ do atras, sólo tiene para abrigar su cuerpo la capa de hielo que le brinda la atmó fem: no importa, el ves­tido nacional suple en esa noche los exce os de lujo y comodidad europeos; los zamal'ros de piel se ex­tienden como un mullido lecho, el freno y el cojinete le sirven de almohada, y de colchas para cubrirlie el bayeton democrático. Añádase á esto un acanelado cigarro de Ambalema, en cuyas ondns de humo van volando los recuerdos y la esperanza, y la noche de la sabana está concluida. Por la mañ:ma todo es mur­mullo en los bo ques, alegría en los ci('los, y gozo en el cOI'azon del viajero. Y cómo no, si cuando el cre­púsculo vespertino tienda su velo de púrpura torna­solada ha de gozar de otra noche más bella todavía? VI Esa noehe es aquella que al tocar el eslabon de la puerta tras de la cual vivimos luengos años, la vemos abrirse entre ruidosa lágrimas y mani ciones de alegría. oche en que se aura7,a al padre que nos b¡¡n· dijó al partir, á la madre que tanto lloró por nue tra ausencia, á la hermana que levanta u sieu coronada de inocencia, al hermano que lleno de brio e lanza á los espacios de la vida. i Cómo no ha de ser brillante ~a noche si su misma madre, la madre de PI ime­ros años, viene á cerrar las cortinas del lecho donde útro tiempo tuyimos delicios sueños? Ah! en aquella noche se duerme con tranquilidad, i hay tantos que están velando por nosotros! VII al pacUico cuarto donde habi to y donde ólo alcanza á oirse la grata \'07. ne un hermano ó de'un amigo, e veian lucir cuatro hachon que chi 'porrotcahnll, y ell medio, sobre un pafio negro R[¡lpir'ado con g()ta~ amal'ilI.\s de cera, dorlllia un cadtiver! OJ..¡ ! sí, dO! mia, dormla efln la mucrte de los ju"tos (ltle e van ('11 suC"o ño,' al cielo. Y ese cadtive!' 'rn el más sa¡;rndo para mí y el más :Hlora ICl, p0rque era el de mi maclre, á quien pOC' ;>$ horas ¡intes yo mismo habia c nado lo;; ojo, y be ado las manos blanca y í'das ya como el n1árrnol ......... o. •• • ................... o. ..... o. ••• o. ..... . . .. .. . .. . . . . .. .. .. . .. .. .. .. . . . .. .. . . .. .. . . .. .. .. . . .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. . . VIn Para qué hablar de esa multitud de noclJes pasadas con un libro, en un círculo de amigos, reanim ~ndo sin ce al' la vivt~ l llz del cigalTo y aglomerando sus nubes de bumo, al ruido de uo violento aguacero? f Para qué recordar e a llOche de in omnio en ·que la Nebrc UlC uc;voraba y, cuando má~, t en ia á mi Indo un "él' amado, que tocase mi pul 'o agitado y '=!n­juga e el calor de mis ienes? i Para qué recordar esas noches en que, al traves de las ga as, las luces y las flores de un salon, be vis­to la. oU1edias traido) a- y embustera que represen­tan diariamente hombrc y mujeres? Dejemos las noches del pa ado i c,uáles serán las. noche" de mi porvenir '1 IX Léjos allá en las costas de Inglaterra ví al incansa­ble pescador lanzar su delgada y ágil barca sobre el seno agitado del mal' bajo un ciclo si n a tros, y oí sus cantos melancólicos y vagos que aban la tern­pe tad unas vece,> y p en lo mares de la vida; mi corazon late sueno y mis labios ('antan sin cesar. i Qué me impol'tall los truenos lejano de la tempestad? Mas hay en la vida de todo hombre dos noches lle­nas de intel'es ; una de ellas incomparablemente feliz, y otra que destila gotas de acíbar en nuestro pecho r en el de todos los que nos aman-la noche en que uno entl'('gn su corazon, su porvenir, u vid~~ á una mujer, y la noche en que deyuelyc á la tIerra el ye"tido que nos cubre, el cuerpo. Ah! cuántas veces he pen ado en ellas y me be estremecido. Si pndiera copiar con pluma y pinceles terres la vírgen cuya imágen re­posa aquí en mi corazon! Si pudiera retratar el ful­gor de, us ojos, y detener sobre e:;ta página su aliento­que se exhala de sus laLios purísimo como las bri as del país donde nació! Y e a mujer, ó tal vez otra es­trechará mi mnno al pié de 105 altares y alií mismo enlazará conmigo su existencia de tal ruodo, que D<> podrán de prender, e nunca una de otra; porque más allá¡Jde la turuba hay campos floridos para los que se amaron de "éras en la tierra. Habrá una noche en que libre y dichoso la acercaré á mi COl'azon y luego como a ustado de mi osadJa me echaré atras y ca í la adoraré, mirando en ella el poder inmenso del Señor, y viviré desde entónce- en,uelto en esa atmó fera da aromas que ('Írcuye á los amantts cri tianos. Pero :::1 fin la e cena cambiará, y entónce3 será ella quien me abrace. Si; me parece haber salvado ya los pocos af¡os que se pueden vivir sobre la tierra. E toy en una alcoba pequenn, y el bl'illo de una lámpara amortiguadll alumbra un grupo puro y sublime en su mi ma encillez: no hay allí amigos; porque los ami- Ha habido en mi juventud una noche en que los gos yuelan cuando sopla la desgracia, como los pájaros huracanes del dolar bramaron sobre mi cabeza y la en las mañanas de invierno. En mis mejillas ajadas desdicha se apoderó de mi corazon y lo prensó dQ tal siento caer las tibias lágrimas de esa mujer adorada modo, que al verme los hombres medio tendido, con que embelleció mi exi tenciu; con sus labios dulcísi­la frente en las palmas, los ojos ecos y fijos y los la- mos recoge el helado suspiro que de los mios e esca­bios amortecido:;, e compadecieron de mÍ. Acababa pa, y luego con sus dedo de ángel Itledio dobla mis de pasar uno dl' e os dias que hacen época en nuestra párpados sobre los ojos apagados ya por la muerte. vida y que no se borran jamas, porque no los ha i1u- Esa noche será larga y terrible, mucho más horrible minado el sol, sino lo antorcha del ángel del estermi- si en vez de su seno siento bajo mi cabeza, una piedra nio. Desde ese di:!' un paño de muerte quedaba esten- en el desierto; pero al fin terminará para dar campo c1ido sobro mi porv('nÍl' y yacian entre el polvo mis al dia clarísimo y eterno que el amor desplega en ese c¿;reranzas má bollas y mis más dulces glorias. Junto. mundo incógnito. J. J. BORDA . • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL ANGEL. De lampara fUneraria La ténue luz ilumina Oon moribundo tem blol', Las sombras de mi alcoba solitaria y sábanas r evueltas del lecho dcl dolor. En un perpetuo gemido, Mi triste vida se exhala • y con mortal variedad El alm.a presurosa bate el ala y asciende ti. la insondable y augusta etcl'Uidad. Mi sueño es un desvarío, Una agitacion continua j P ero siento al de pertar En 01 fondo del alma, tanto frio, Que lánguidos mis ojos se vuelven á cerrar. Mas, un rumor á mi lado, Oon grato. sorpresa escucho, Cual dulce re. piracion : Vuelvo el rostro doliente y faLigado y miro ante mis ojos fantástica visiono Es un ángel cuyas alas Conservan de la inocencia Aun el polvo virginal j Angel quo deja las celestes .alas rara llorar conmigo mi horóscopo fatal. , En mi rostro enflaquecido Siento el suyo, terso y suave Como del cisne el plumon ¡ y sus labios pegados tí mi oido Inulldan de esperanza mi yerto coraZO:1. Con cuanto placer le ID iro Ir y venir noche y dia, y escucho el revolotear De sus alas dc púrpura y zafiro, Cual linda mariposa en torno del hogar. En medio de mis dolores, Aún me siento ven turosa Pucs donde el ángel está Hay músi0as, perfumes, brisas, flor es ¡ Blanc.lras inefables) inmensa claridad. - Sus labios frescos y rojos Sonrien como las flores Al pri'n er rayo del sol; y abrasa la mirada de sus ojos Si tiñe su mejilla el púdico arrebol. El (.ngel es muy hermoso Mas lo más bello del ángel Reside en el corazon ¡Bendito fué el instante venturoso En que este blanco lirio brotó en la creacion ! Oh! mi tierno ángel querido, Mi hija de quince abriles, Boten que empieza á entreabrir, y se dobla en el tallo entristecido Porque la planta madre dispónese á morir. - Morir he dicho, y profundo Implacable dolor fiero Me de¡;gnrra el COl'azon j Moril', cuando la dejo en este mundo 211 Sin más quc su inocenoia, sin más que su candor. Mas, ¿ como podré, ángcl beno, Dejartc, si no me dejas, Ni te separas de mí? Si tns brazos se eu!azan :i mi cuello y al mundo mo .encadenan y me unen más á tí? i Si me da calor tu aliento, Cuando el frio de la muerte Sieuto en mis venas serpear j Si mi rostro abatido y macilento A fuerz,a de caricias consigues reanimar! Tú no quieres, hija mia, Separarte de mi lado, y no mc dejas partir, Pues si miro al entrar en la agonía Tu rostro idolatrado jamas podré morir. / U RSULA. CÉSPEDES DE E SC.ANA VEllINO. -----=~,~~Ce3----- EL LLANTO. Dichosos los que ll"ran porque ellos sedn consolados. .. • •• ..'O .... •• •• •••• ,.... • • • •• •• El llanto es la esencia del espíritu) el desaho· go de la cabeza y el jugo de! corazon. El que no llora, no goza las in efables delicias del con<;uelo. Un rostl'O quo nunca se humedece con el be­néfico r ODÍo del alma, no puede ser h ermoso. Porque 01 llanto es la animacion, es la sensi­bilidad, es la exprecion de los afectos más su­blimcs. Una mujer que no llora) es un cuadro sin co­lorido, Ulla llegacion do su sexo. N unca es mas LlignQ de adoracion una belleza que cuando rueda por sus mejillas una lágrima de ternura. N unca es más grande un hombre que cuando se desliza de sus 1 árpados una gota de fuego. Hoy, en que la moda, ese azote del mundo, esa destruccion de la felicidad doméstica impera en todo, el ll anto se ha suprimido) C01110 ridículo y de mal tono. Una mujer que hoy llora al ver la representa­cion de un drama á los desvastadores cuadros de la historia, se la considera una vulgaridad it 8ll­fribl e. Un hombre Cjue se enternece y arrasa sus ojos con ese manantial de la. vida, es un ente ridículo , á. qu.i en debe mirar-se con el más insolente dcs - preclO. y sin embargo, j cuánto vale ese licor bendi­to, elle raudal fecundo de pureza, ese tesoro de bienaventuranza! El hombre, al naoer, lanza un gemido y vier­te una lágrima: el primero es el ay! de dolor que siente la materia, la segunda un precioso bálsamo contra las injusticias, azal'6S y amargu- - • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 212 LA TARDE - - ras quo se espel'an en la vida. El niilo llora y sonrie con una facilidad admi­rable, sin que uno ni otro parezca tener signifi­cado; ma ' ay! i CUllnto pudiera de cirse de este lIan to in ca u a, de e ta rí. a sin origen! El ulma siente desde que desciende al mundo pal'a encerrar e en el barro de la humauidad. No hay duda que el llanto es la sivia de la • • eXlS tenCIa, U na sóla lágrima á. veces, encierra todo un mundo de poe ía, ~'andeza y elevacion. El llanto es el mejor intérprete de las almas sen ibles. Lo que no con igue una lágrima no lo consi­gue todo e l poder del universo. El llanto es magnético, tiene la fuerza. de la atmccion ; a i e que no puede mimrse en otro ojos, sin que los propio se a rrascn. i De"dichados aquellus que no e inundan con la desgracia de un semejante ! .... ,. Huid de ellos; pues el que ama un sér sin corazon, camina á perdel' el suyo. El egoi ·ta no sabe lo que es llanto, el ambi­cio o lo olvida, el avaro lo "eca, La mujer que pierde la hermosa aureola de la virtud, hace del llanto un comercio hOI'l"Íble. El es el re orte de su engaño, la careta de sus ma· quin acione8, y tambien en su dia el únicu r ecuro so de la dignidad ferdida. Cuando una de estas mujeres llega á anodi­llarse como la Magdalena, cuando siente en su frerte el oprobio, y lucha entre el orgullo y la po tracion, vierte una lágri ma, hervida como la de Luzbrl, pero que suele ser la transicion del m al al bien, de la desgracia al arrepentimiento. El llanto sana las heridas y pUl'ifica las cul­pas, no hay duda. El poder de las lágrimas es infinito como Dios, grandv como el cao , precioso COOlO la gloria. Cuando veais sufrir un d esgraciado, no le prodigueis consuelos, ofreced le una lágrima. Cuando el objeto de vuestros amores os ator­mente con desvíos, dejad sin temor que vea vue:otro llanto. Podrá dejar do amaros; pero nunca olvida· rá que derramá teis por' él vuestro lloro. Esta memoria es un recuerdo santo, que sólo un alma depravada puede ridiculizar. Si n o tu viésemos el recur o del llanto en las aflixiones de la vida ¿ cómo podríamos soportar las distintas emociones con que lucha el sér, in· terin alient'l en este inmenso caos? ¿ Por qué os a vergonzais de llorar, i oh séres, que aun conservais vírgen el raudal de vuestra ternura? ¿ Por qué no demostrais al mundo que el llanto os la recompensa de la virtud, el consue­lo de la miseria y la sal vacion de la humanidad? ¿ POi' qué no le enseñais á sentir y á compa­d ecer á sus hermanos? Si nI llegar un pordiosero á vosotros no teneis una moneda que ofrecerlo, y le mirais co n~oli­dos y derramais on su de"carnada mano una lágrima de piedad ó un acento d.e compasion, ¿, cuántas bendiciones no recihireis de aquel in­foliz, acostumbrado al desvío y á la seca y ás­pera voz de la indiferencia social? Si llegais al pié de los altares, y vuestra con­dicion humilde no os permite alhajal' el templo • Agrado, ni dedicarle ofrendas de riqueza y lu­jo, no importa. Dioa se contenta con una lá- • gl'llll a. El munel e piritnal cs de los eres sensible'J. ¡Eterna degradacion a l hombre que nUllca ha humedol:ido su rostro con el agua bendit:\ de h pi edad! ¿ D¡)nde hay de, espera:Jion, frascs, ademanes, ni gritos que xpre en lo que una lágrima? Vosotro , lo que habeis perdido la mujAr que amai. ) los que rozais en el sepulcro de UII ami­go, los qua vístei . bajar á la huesa un pad re Ó un hermano adorado, decidme, ¿ qué tributo le ofreceis? ¿. qué poder mitIgó vue,tra de alada amargura? ¿. cómo no se rompió vuestro cora­zon en el pC'cho? ¿ cómo no . altaron yue;tras sienes h echas pedaz¡do de los juece francos. Cuando e o hombl'c- e pI' . ntaba en una fiesta, la fie .'ta se camuiaba en c l' monia fúnc­brfl; cuando un pastol' 6 una.ióvon tenia on los labios una cancíon alegre y 10 veifl n pasar, su cuncíon se acabaua y el corazon su pendia sus lat,ido .. L os ocho gen tiles-hom bres del rey se cstt'c­mecieron, la marqnesa npal' ntó un desmayo, y el conde Jablonowl;k y sus dos compañeros ma­nife taron un terrol' profundo. 8ól,) el supuesto rey permaneció sereno; 0.1'­rancó sin titubear e l puñal y el pel'g mino, tiró el arma al uelo, de pI gó el men tlje, y aCCr­cáudole á un candeleru leyó en altll voz lo SI' guiente: "Nosotros, los jueces francos, te llamamos, Enrique de Valois, ante nuestro tribunal supre­mo, para que dés cuan ta de tu co nd ucta como hombre y como soberano. --Ah! ah 1 interrumpió el conde Héctor mi­ra ndo al conde J ablonowski con aire iud ¡ferente, creia que los reyes sólo :l. Dios deben dar cuenta de su conducta. El conde se inclinó sin responder palabra. H¿ctol' prosiguió su lectura en e tos términos: " Si no quieres que se te d eclarc tl'aidOl', co-barde y felon, y que se te dé de puñaladas como á tal en cualquier punto en que te encuentres, y por de tras como e mata :l. los hombres sin vel'güenza, pr03séut:1te inmediatamente ánte no­sotros. Comp rece 1 comparece! -Muy bien! dijo el supuesto rey y continuó: "Te irás al in tante á la orilla izquierda d el Vístula j saldrás de Varsovia subiendo el curso del rio, y cuando te halles fuera. de sus fortifi­caciones, te sentarás al pié dcl primer árbol que veas. Poco despues se llegará. á ti UI) hombre á quien te fia.rás enteramente y á quien seguirás. D ebes acudü sólo. " El condc Héctor volvió á doblar el pergamino y se levantó sin titubear, echando en torno suyo una m irada tranquila y fria. Todos los ojos estaban bajos, y los geotiles­hombres del rey, esos hombres que jamas le de­jaban, que poco ántes temblaban todavía cuando fruncia las cejas, se separaron de ól con aquel terror mistp.rioso y despreciativo quo se apode­raba do todo el mundo que veia !Í. un hombre citado ante cl inexorable tribunal, por elevada que fuese su categoría, U na sonrisa de desdo n asomó á los labios del conde LI éctor. -Mi capa, señores, les dijo. Pero los gentilos-hombrcs en vez de obede­cer se alejaron silenciosamente. -Cobardes! mur::tluró el falso rey. y tomando él mismo su capa se dirigió con paso firme hácia la pUHta. Durante ese tiempo la marquesa. habia. vuelto en sí, y dominando la emocion yaun los remor­dimientos que principiaban á desgarrar su co­razon, se precipitó hácia el supuesto rey, le de­tuvo de un brazo y le dijo: -No vayaia. Héetor se encogió de hombros, se volvió un poco háeia ella, y le dijo con. tODO iudiferente : -¿ N o ho do ir, cuando sois vos quien me onvia? Aclios, marque '(1.. y (In trlnto qu r tI' codía en 01 colmo del espanto, n éctar !'ia1ió con pasn firlll o, COIl In. cn· beza alta y cspléndida do Hudo.cia, y con la ma­no on 01 puño do la aspada. XII • El cando H éctor salió ti. la calle, llegó á la orilla d 1 l'Ío y so volvió por última vez Mcia 01 palacio de donde s(l.1ia. ---j IIó ahí, dijo con amargura, lo que valen los reye ! E as goo t s qua acabo do dejar y que, tomándomo por Enrique de Valois, se ha­lla ual. pooo hace á mis pi68, me abnnuonan co­bardemente porqU0 un tribunal illfanl (~ , mi sto· lioso, al servicio de odios personales, ha queri­do citarmc ante su barra! Al cabo de un momento de pausa, Héctor cominuó dando otra dil'eccioll á sus pensa- • mIentos : ---Exi-;te alH, h{Lcia 01 sudoeste, uno. ciudad que se llama Pari , un palacio quo se llama el Louvre, y en ese palacio hay 'una mujer con el dulce nombre de l\1argarita. Por amor á esa mujer he venid. nq uí, por ella voy á morir sin duda dentro do una hora, y sólo Dios, á quion nunca he ofondiLlo, conoccl'á. la extension de mi sacrificio. El conde caminaba á paso largo sin conocer los sitios, pero guiado por un maravilloso ins­tinto y un fria cálculo topográfico, que salió su­mameute acertado. LlegaJo fuera dc los muros, vió una inmensa encina cuyas sombrías ramas se agitaban ti im­pulsos del viento nocturno, y fué á senLarso de­bajn, siempre con la mano sobre su espada. Allí espcró tranquilo y sereno al temible guia. que debia acudir á bu carle, y on ofecto no es­peró largo tiempo. Un hombrc que pareció salit' de debajo de tierra, tan de súbito se prosentó, enmascul'ado como el que habia llevado el porgamino, so pu­so en frente de él diciendo: ---Seguidme, oñor. ---Vamos, pensó Héctor, mis jueces se dignan llamarllle aun señor, lo cual supone que Ole re­conocen como rey i siempl'e será illucho hallar que muora como tal. y dicho esto se embozó en su capa para res­guardarse del fria. Bl guía siguió el rio duranto uo cuarto de hora; luego se volvió bruscamente hácia lo. iz­quierda y dijo á IIéctor : ·--Seño!', estaremos viajando toda la noche. -Muy bien, respondió el conde. El guia extendió una mano; el conde sigió la. direccion que le marcaba, y á pesar de la oscu­ridad blanq necina de la noche, distinguió dos ca1;>allos atados á un árbol y que piafaban de • •• Impaclencla, El supuesto rey montó uno de eSOR animales y dejó pasar delante de él al misterioso enviado. Este echó su caballo al galope, lanzándole por medio de los campos, y seguido del conde Héctor, llegó á orillas de un bosque que se ex­tendia. oomo una neg,ra
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 27

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Clientelismo político, ¿desviación de la política o forma de representación?

Por: Laura Daniela Guerrero García | Fecha: 2014

Desde hace unas cuatro décadas, el clientelismo político en Colombia se ha venido configurando como objeto de estudio de antropólogos, sociólogos, historiadores y politólogos, incluso, se ha configurado como materia de discusión de periodistas y abogados. Los escándalos de corrupción en instituciones públicas, asociados erróneamente con el clientelismo, han suscitado el interés de muchos estudios de caso, que corroboran la existencia de racionalidades útiles a quienes detentan el poder, pero ineficientes dentro de las lógicas de un estado moderno regido por la trasparencia, meritocracia y la participación en defensa de lo público.
Fuente: Editorial Universidad del Rosario - Libros Formatos de contenido: Otros
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La Mujer - N. 64

Por: | Fecha: 29/08/1896

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 506 L A 11 U J E R -----~~~-~~~'~ ... ~~---....-..........; ... -~.~~_,- .. __ ... ~_ ...... ,..,~_,..,_ __ ............ - ............... va escudada conh~ t.Ddo análisis dor, RÍn que el cornzón se F.:ublev investigador de loR que c:een des- y se levante para prot_esttu~ con tr, cubrir h::tJO cada JnO\'irrnento del , esos hec~o~ que esian ;n ~ugn~ ánimo,. por levantado que sea., con la rehgtón y la concie~cia?, una tendencia política. Si en nuestra einanCJpnmon Y esta imparcia1idad en sus hubo historiadores que se levan­acciones, que ]as mns de las veces taron parn n tenuar los crímenes se le atribuye á -carencia de per-¡ de los pacificadores con la. consa .. cepci&n en su espíritu, es la que bida frase de que '"'la culpa fué del la ha permitido rernontat·se sie1n- tiempo y nó de Españn,",: hoy, pre sob.re todas las aspiraciones cuando casi alborea la inrnaculrt .. mundanas y realizar los divinos da aurora. del ISiglo :xx, qué velo ideales del bien 7 ancla salvadora puede exten::lerse sobre las csJe­sin la cual la humanidad sucum- D:lB de Cuba 1 biría en ]as gigantes borrascas del Que la irnparcialidad Jo con-pensntniento. teste. Esto por Jo q.ue respecta á la La ofi~enda, pues, que acaba de mujer en su. tendencia hu1nanita- presentar LA MuJER ~rá. butnilde, ría; que e mo patriota, cotno re- 1 si se guiere de pequefiísitno alor publicana, palpita .Y centellea en 1 nnte la nl:tgnitud de l:is desgra­ella In. poderosa chi pn de sas cias de Cuba;. pero ella sintetiza, progenitore;J, cuya huell¡l, ha que- al n1cnos, los generosos sentin1ien· dado :impresa cu la. historia. de la. tos y el iuter~s 1: tente que d:cs­pntria con luminares ine.~tingui- piertan en el cor.·1rzón de toda. rnu­hles. Chispa que á veces7 en sns jer republicana y cuya alrna está investigaciones subjetivns1 cree vnoiada en el tnolde de ideales haber sido trasmitida con las no- vcrdndc•·amente hu1nanitarios, el ciones de civilización que nos vi- espectáculo de un pueblo que su .. Jlieran de :ultnunar, cuando en cua be entre los arrDyos de ~ novelescas tradiciones, lns son1brn. propia. sangre, y cuya ~ ... i . tencia de Pelayo el inmortal, Rodrigo de se quiere destruir .de Ja. faz d~ t ~ivar, Guzmún el Buc.no, lo~ tnar- tierra por la nltlR grande, la más bre~ de Zaragoza, D~oxz y Ve larde c.:anta de la~ nspíracione : la inde­y !n1l rnás, h~n ve~1do á ser. aJgo l pendencia de la patria! a~1 co~10 Jos rde~les de la r_n:tolo- IsoLINA CHAPAnno. gut gr1ega: subll!nes ..apariciones que invocatnos cuando queretnos diseñar sobre el telón de los re· :LA KrBA cuer~os.pnrte de lo que oculta el Una niiia ~ un ér sagn do: represen-escenario ae laS grandezaS huma- ta)a :familia futura, Un mundo do iluRÍe>­D3. S y ae las gloxias de nuestra n.cs Y esp~ranzas .nca¡·iciack>r~s, l_a mist&:- mndre patria. t r1osa pá~ma del hllr? del porvernr . . Có · d ' "' · l IJa v1da de unn 1uiia debe sernoB muy • lJ ITlO¡ pue~, Pl~sar esaperc1- queridA, porq te a troncharse, se marclH-bidas las .agontas srn cuento de la. tan ~ui2 s las ~emilla de grandes ·a~. preciosa Antilla; asistir como loa ial vez el ge:rme-n de más perfectas ~n ., antiguos espectadore~ del cir~o racione5:_ .. l~omano, al degüello de tántos cau- . Lns nmas son la alegt a del bo¿?;ar, laa t . ·a 1 d l mscpa.rables compañera ~ de ln matlre la 1vos unc1 os a carro · e vence fiesta de Ja ,.ida;r ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 510 LA 1\1 U J En olns s& levant!ln como bl1\ncos f,"ntaAmas Resinos cerca de tm caserío Hamndo '' .1\ inaa de :b'irmeza," y los colgó de las muñecas en los ál'hol del camino. Luégo los so-lda­dos hicieron varins descargas sobre l0s cuerpos. Los cadl veras q ucdaron colgan­< lo por dos días, porque Rdie e atr& {a á aoet·carse á ellos para recng(Jr.los. lTn nser;inato semejante ge perpetró cet•ca de ArFoyo Guerra. Las trOJ:4: españolas ha­llaron por a ili á. c[nco negros, cerca: d&l comino, y lOl! fo_silaron. LM cndávcres Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 512 LA ~1 U J E U Y como, Rin vani1lnu, No era do pies ú cabeza Un ptodigio do bell<'zf\ Ni un moustruo de f~aldnd, Ver no podía con calma. Qne otms hnllnrnu parejn, Y ella fuese á Villa- Vieja ExpueEta á morir con pnlma. 'l1enienclo su fin previsto, Y despechada en su nuheto, Trll tó de tomar el velo De e~posa. .•. de J esncristo. ~lns el pnso era atrevido Y de gravedad inmensa, Que donde menos se pien~a Suele saltar un marido. Quiso buscar consultor De ciencia y saber profundn, Que entre el conveuto ó el mundo LA dijera: ''é:-te es mejor.'' Y sin mentida lisonja JJe aconsejase: "hij~~ mía, Lo que más te convendría Es ser casada ó ser monja." Escogió por consultora A la. V~rgen del Rosario, Y dedicó un novenario A tnn alta protectora. Y ni una tarde siq niera Dejó de entrar tÍ rozarla, Con el fin do preguntarla l'or su futura carrera. -1\Iadre mía idolatrada­Ln dccín con fe rvor- ¿ Qué me conviene mejor, Ser profesa ó ser casada? Mas corno no reRpoudía La Mndre, n\ Niño o.cudió, Y también le preguntó Con devota hi¡ ocrcQía: -N\ño,-ven {, illlminarmc, Tú que en sus brazos ent{ts; • Q'ué me convendrá mn8, (¡ ' • ó ~ . :Meterme n. monJa casarme' Pero el Niño, ~-;ilencioso, IJR dejó en zozobra igual Sobre el punto principal Que turbaba su repo~o. Como pobre porfiado Al cabo eaoa mendrngo, y entre el yelo y sacro yugo Elegir era. arriesgado, -Sé que un milagro será, :Mas soy testnrud~-dij?~-­y bien 1:>. !\ladre o el HIJO, Alguno responderá. _ y con más constante em¡)eno Siguió su intcrrogatono Sobre el clan~tro ó el cnsorio Qne h robabnn el sueño. Un sncristán mny tuoant~, Al ver aqnella alma en pena, Decidió entrar en escena Como chiquillo parlnnte. Y unn tarde Re escondió Trns la i mngen de María, Y la petición del día '1\anqnilnmente aguardó. Llegó la cnarentenaria Cou cnra de cuadragésima A repetir la milésima Edición de su plegaria. Y al preguotnr ¿qué he de ser, Sierva di:) Dios ó casada? Dijo con voz atiplada. El budón: "moujn., mujer." l\1 iró al Niño con furor La beata, y gritó nl pnnto: -Chico, á ti no te pregunto, Sino á tu l\Iadre, hablt\dor. RAFAEL GARCÍA 8..\NTISTEV..!N~ Pésame .. Ha dejado de existir elaciíor don Carlos La Rnttn honrado padre de familia y her­mano de 'uuo de nuestros más estimados amigos. E u viamos {, su Reñora esposa y numero- 80s }médanos nuestra expresión de con­dolencia. Pensamiento Hay qne elegir por esposa á la mujer á quien ae elegirí por amigo si fuese hombre. El que suf!crihc, licenciado en :A~edic~na y Cirngio, certifica: Que hace d1ez anos viene empleando e u ~us enfermos la ~Enml­si{ nt de Scott» de aceite de hígado de ba .. calno con bipofv~fitos de cal y de sos~, con brillantísimos resultados en las afecciOnaR del aparaio respiratorio, y s~bre todo e?' 1 aquellos individuos que J.ecesLtan una ah­mentnción reparadora,como los escr~f'!!o­~ los niños raquíticos, v en la dentLClon, so .. , . .J cuando se hace dificultosa. y para constzmcia, expide la pres~nto en Corral Fnlso de ..1\facuriges, Cuba, u 15 de i Junio de 18~4. - ¡ ANTO .. ' IO ÜRDONEZ. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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  • Exclusivo BibloRed
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Instituciones, desarrollo y regiones : el caso de Colombia

Por: Jairo Parada Corrales | Fecha: 2011

Esta obra, dirigida a estudiantes, profesores e investigadores de Economía, Historia, Derecho y Ciencia Política, así como a profesionales en distintas áreas, contiene un examen de la relación entre instituciones, desarrollo y regiones en Colombia, bajo una mirada totalmente diferente a lo que se conoce en el país comúnmente como economía institucionalista. El autor analiza las instituciones bajo la perspectiva teórica del economista norteamericano Thorstein Veblen, y los modernos enfoques evolucionarios de corte darwiniano, algo desconocidos en los medios académicos del país y latinoamericanos....
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Economía

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Relatos. Mesa local de participación efectiva de víctimas de Sumapaz

Por: Ángel Alberto Simbaqueva Rivas | Fecha: 2019

Con este proyecto, se buscó recoger relatos escritos por los miembros de la Mesa Local de Participación Efectiva de Víctimas de Sumapaz, localidad 20 de Bogotá, donde la belleza del páramo y sus fuentes hídricas conviven a la par con las consecuencias que ha dejado el conflicto armado colombiano en el territorio, así como con los avances de la tecnificación y la explotación de recursos que amenaza los métodos de sustento más tradicionales de la población. Los miembros de la mesa tienen historias dispares con el conflicto unos por desaparición de sus familiares, otros por el exilio obligado, pero todos tienen en común el amor por el páramo, así como la inexperiencia con la creación literaria.
Fuente: Centro de Memoria, Paz y Reconciliación Formatos de contenido: Libros
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