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Ante la amenaza de que, como entonces se decía, los de Napoladrón llegasen de un momento a otro, el abad del Monasterio de Sangreiro pensó en la necesidad de esconder el tesoro monacal. Y con tal fin llamó a su sobrino Ramón, mozo de empuje, gran cazador, familiarizado con los rincones de la sierra. Vino, y encerrose con el tío en la celda abacial. Duró la conferencia cerca de una hora, y cuenta que ni uno ni otro gustaban de perder el tiempo. Se discutieron los pormenores, y aun cuando al pronto el abad era partidario de que el sitio fuese conocido de alguien más que del encargado de la ocultación,...
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El cáliz
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Insolación: historia amorosa
Insolación. Historia amorosaes una noveladeEmilia Pardo Bazán, publicada en 1889. Narrala aventura amorosa de una viuda con un hombre más joven. Se aleja delNaturalismo deLos pazos de Ulloay se centra en el estudio psicológico de los personajes, empleando un estilo que la acerca a la narración espiritualista. Es notable enInsolaciónelfeminismo y la puesta en duda de los valores morales y la doble vara de medir de la sociedad de la época.
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Insolación: historia amorosa
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Hallazgo
La casa se había quedado ensordecida y vacía, triste, a pesar del Sol que inflamaba el rojo de los claveles en las macetas del balcón y entraba chorreando oro hasta la pared frontera. Todos de bureo: solo Carlota, la costurera, siempre tan rara, como sus compañeras decían, continuaba allí, refractaria a la diversión, tirando de la aguja, interrumpiendo con el rápido ticliteo de sus ágiles tijeras el silencio solemne del gabinete amueblado a estilo Imperio, donde hacía labor. ¡Salir, meterse en zambras, ella, ella, Carlota Migal! ¡Con lo que llevaba encima del alma, aquellas infinitas arrobas de...
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Hallazgo
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Clave
Fragmento de la obra: El famoso compositor y profesor de canto y música Alejandro Redlitz se entretenía en leer sin instrumento una de las últimas páginas de su amigo Ricardo Wagner, a tiempo que el criado le anunció que estaban allí una señora y una señorita muy linda, las dos pobremente vestidas, que pedían audiencia, insistiendo en conseguirla sin tardanza. Atusóse Redlitz las lacias greñas amarillas con resabios de fatuidad trasañeja, y dijo encogiéndose de hombros: — Que pasen al salón. A los pocos instantes hallábanse frente a frente el maestro y las damas, que damas parecían, a pesar de...
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Cuentos de Navidad y Año Nuevo
Fragmento de la obra: I. La Nochebuena en el Infierno Hacía un frío siberiano y estaba tentadora para pasar las últimas horas de la noche la cerrada habitación, la camilla con su tibia faldamenta que me envuelve como ropón acolchado, y el muelle-sofá de damasco rojo, donde el cuerpo encuentra mil posturas regalonas en que digerir pacíficamente la sopa de almendra y la compota perfumada con canela en rama. ¡Pero no asistir a la Misa del Gallo en la catedral! ¡No oír los gorgojeos del órgano mayor cuando difunde por los aires las notas, trémulas de regocijo, del Hosanna! ¡Nochebuena, y quedarse así,...
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El saludo de las brujas
La campanilla de la puerta repicó de un modo tan respetuoso y delicado, que parecía un homenaje al dueño de la casa; y el criado, al abrir la mampara de cristal, mostró sorpresa — sorpresa discreta, de servidor inteligente— al oír que preguntaban: — ¿Es buena hora para que Su Alteza se digne recibirnos? El que formulaba la pregunta era un señor mayor, de noble continente, vestido con exquisita pulcritud, algo a lo joven; el movimiento que hizo al alzar un tanto el reluciente sombrero pronunciando las palabras Su Alteza, descubrió una faz de cutis rosado y fino como el de una...
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El saludo de las brujas
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El honor
Norberto tenía amor propio profesional. No era solo la necesidad de ganarse la vida lo que le sujetaba su oficio de cocinero. Un elogio, la seguridad de haber estado a su altura, valían para él tanto o más que el sueldo, no escaso, que ganaba. Recreábase, con regodeo de artista, en los platos, en lassalsas, en las combinaciones que a veces hasta tenía la gloria de inventar. Su pundonor llegaba al extremo de dormir mal el día en que pensaba haber echado a perder unguiso. Especialmente cuando el señormarquésde Cuéllares convidaba a algunos amigos, preocupábase Norberto de que todo saliese al primor....
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Cuentos antiguos
A nuestro padre el zar. Cuando nació el príncipe Durvati primogénito del gran Ramasinda, famoso entre los monarcas indianos, vencedor de los divos, de los monstruos y de los genios; cuando nació, digo, este príncipe, se pensó en educarle convenientemente para que no desdijese de su prosapia, toda de héroes y conquistadores. En vez de confiar al tierno infante a mujeres cariñosas, confiáronle a ciertas amazonas hircanas, no menos aguerridas que las de Libia, que formaban parte de la guardia real; y estas hembras varoniles se encargaron de destetar y zagalear a Durvati, endureciendo su cuerpo y su...
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Cuentos antiguos
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Doña Milagros
En la pila bautismal me pusieron el nombre de Benicio. Por el lado paterno llevé el apellido de los Neiras de Villalba, pueblo digno de eterno renombre, donde se ceban los más suculentos capones de la Península española. En el escudo de mi casa solariega, sin embargo, no campean estas aves inofensivas, sino un águila coronada y un par de castillos de sable sobre campo de gules. Tales zarandajas heráldicas no impidieron a mi padre, el mayorazgo, casarse con la hija de un confitero y chocolatero natural de Astorga, establecido en los soportales de la Plaza de Lugo. Era mi padre (Dios le haya...
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Doña Milagros
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El engendro
Invitado por los alegres amigos a comer las uvas y festejar la entrada del año joven en un hotel de los de moda y lujo, allá me fui a las diez de la noche, de frac y gardenia en el ojal, como buen mundano. La mesa, reservada desde cuatro o cinco días antes (andaban solicitadísimas), lucía, un centro de grandes y desflecados crisantemos amarillos. El anfitrión, Gerardo Martí, opulento banquero, debía de estar nervioso, porque ante los crisantemos se puso como ungrifo, alegando que le recordaban el cementerio y las adornadas sepulturas, y que esaflorde muertos no debe figurar en banquete alguno. Yo...
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El engendro
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