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Fragmento de la obra: Le conocí, y le conocíamos los pocos aficionados a cierta clase de estudios, en los cuales él era indiscutible maestro. . . Pero decir que le conocíamos no significa que estuviésemos enterados de ninguna intimidad suya; casi no sabíamos las señas de su domicilio. Era, para todos nosotros, un señor algo huraño, tímido entre gentes, vestido con el descuido propio de los sabios; y a lo mejor no le veíamos en tres años, a no tropezarle casualmente en alguna librería de viejo o en los pasillos de alguna Academia, un día de recepción. . . Ni frecuentaba cafés ni sitios públicos, y se...
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El frac
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Gipsy
Fragmento de la obra: Aquel día los laceros del Ayuntamiento de Madrid hicieron famosa presa. En el sucio carro donde se hacinan mustios o gruñidores los perros errantes, famélicos, extenuados de hambre y de calor, fue lanzada una perrita Inglésa, de la raza más pura; una galga de ese gris que afrenta al raso, toda reflejos la piel, una monería; estrecho el hocico, delicadas como cañas las patitas, y ciñendo el pescuezo flexible un collarín original: imitado en esmalte blanco sobre oro un cuello de camisa planchado con las dos pajaritas dobladas graciosamente, y una minúscula corbata azul, cuyo lazo...
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Gipsy
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El engaño
Acababa de fumarme el más sabroso de los cigarros del día, el que fumo meciéndome en el cierre de cristales de mi casa, después de la comida a laespañolaembalsamada la boca por el gusto dominador del café y recreados los ojos por la vista, siempre nueva de labahía, donde los barcos se cuelan comoalcionesen su nido; y una pereza deliciosa embargaba mis potencias cuando se entreabrió la portier y entró, agitado, mi amigo y consocio en varios círculos. Valentín Beleño. Solo con mirarle comprendí que algo extraordinario le ocurría. Como yo, Valentín lleva una vida apacible y grata, en llana prosa;...
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El engaño
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Los cinco sentidos
El nieto y heredero de aquel poderoso multimillonario John Dorcksetter salió diferentísimo de su abuelo y hasta de su padre. Había sido John unatleta, unaespeciedecíclope, que, en vez de forjarhierro, forjaba millones con sus brazos, vultuososbícepsy su manaza de gruesas venas negruzcas y pulpejos callosos. Atento solo a la faena incesante, no quiso John distraerse ni aun en pegar un mordisco de través a la colosal fortuna que amontonaba. Ningún goce, ningún lujo se permitió. Tostadasdepanmoreno con saladamanteca, cervezaamarga y fuerte, le mantenían. Sus muebles eran sólidos, feos y sencillos. Su...
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Los cinco sentidos
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De la naturaleza y carácter de la novela
Capítulo I No seré yo quien ponga en duda el justo título con que el señor Nocedal pudo pretender y alcanzar la honra de sentarse entre los dignos individuos de laAcademia Española. Bástanle los que nadie puede negarle, deescritorelegante y de orador elocuentísimo. Si el ser además un docto jurisconsulto, un diestroabogado, y uno de los hombres políticos más importantes de nuestra patria, no es precisamente lo que se requiere para entrar en la mencionada Academia, no ha de negarse, con todo, que estas envidiables y honrosas cualidades, dan grande autoridad a quien las posee, y le hacen merecedor de...
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De la naturaleza y carácter de la novela
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Entre la vigilia y el sueño
Durante los siglos XVI y XVII los sueños asumieron un rol protagónico en la cultura occidental, dejando un vasto corpus de literatura dedicada al tema. En el contexto español y novohispano esa producción incluye manuales de oniromancia, tratados contra las supersticiones, relatos, profecías oníricas, reflexiones filosóficas y obras médicas, sin contar la relevancia que como tema tuvieron los sueños en la narrativa y la poesía áurea. Este libro indaga en las percepciones, actitudes y diferentes usos narrativos del sueño, con la intención de establecer un diálogo entre los condicionamientos...
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Entre la vigilia y el sueño
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El abanico
— Como deseaba escrutar el corazón de mi novia — díjome Sandalio Aguilar, en la terraza del Casino, en la hora propicia a las confidencias, cuando los acordes de la orquesta se desmayan en el aire, aleteando débiles, a manera de fatigadas mariposas— , y en las conversaciones de amor casi todo es mentira, decidí practicar una experiencia que me ilustrase. No había asistido ella nunca a unacorrida de toros. ¡Su tía la educaba con tal rigidez. . . ! Compré un palco, y las invité galantemente. La tía transigió, convidando a su vez a unas amigas que la ayudasen a llevar, según ella...
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El abanico
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Irracional
El deber de Cleto Páramo en Madrid era estudiarDerecho. Para eso, y no para otra cosa, le había enviado a la Corte, con el subsidio de cuatro pesetas diarias, su tío el señor cura de Villafán. Si hemos de ser enteramentefrancos, el cura hubiese preferido verle ingresar en el Seminario de ladiócesis, tenerle allí bajo el ala, cuidar de su alma y de su ropa interior y hacer de él un misacantano. ¡Porque ese Madrid! ¡Esaperdición! ¡Lo que allí hará un muchacho suelto! ¡Y cuando vuelva al lugar, qué va a traer sino las camisas y los calzoncillos en un puro jirón y en la conciencia un cargamento...
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Irracional
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En el presidio
El hombre era como un susto de feo, y con esa fealdad siniestra que escribe sobre el semblante lo sombrío del corazón. Cuadrado el rostro y marcada de viruelas la piel, sus ojos, pequeños, sepultados en las órbitas, despedían cortas chispas de ferocidad. La bocaera bestial; la nariz, chata y aplastada en su arranque. De las orejas y de las manos mucho tendrían que contar los señores que se dedican a estudios criminológicos. Hablarían del asa y del lóbulo, de los repliegues y de las concavidades, de la forma del pulgar y de la magnitud, verdaderamente alarmante, de aquellas extremidades velludas,...
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En el presidio
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El balcón de la princesa
ésta era una de lasprincesasmáslilialesy exquisitas que la imaginación puede concebir, no acertando laplumani el pincel a trasladar su imagen, de puro idealmente bonita que la había hecho Dios. Figuraos una carne virgen y nacarada, como formada de hojas de rosatéy reflejos deperlaoriental; unacascadade cabello fluido, solar, esparcida por la espalda y juguetona en dorados copos ligeros hasta el borde de la túnica; unas formas gráciles y castas, largas y elegantes, nobles como lasangre azulque le corría por las venas y se transparentaba dulcemente al través de la piel de raso; unos ojos inocentes,...
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El balcón de la princesa
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