Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Cargando contenido
¿Qué estás buscando?
  • Escribe palabras clave como el título de un contenido, un autor o un tema que te interese.

  • Búsqueda avanzada

Seleccionar

Contenidos y Experiencias Digitales

Filtrar

Formatos de Contenido
Tipo de colección
Género
Idioma
Derechos de uso

Selecciona contenidos según las condiciones legales para su uso y distribución.

Estás filtrando por

Cargando contenido

Se encontraron 2203 resultados en recursos

Con la frase historia de colombia.

Imagen de apoyo de  La primera universidad del Caribe colombiano. Un modelo ilustrado para América Colonial

La primera universidad del Caribe colombiano. Un modelo ilustrado para América Colonial

Por: Diana Soto | Fecha: 15/04/2010

Este trabajo se propone analizar el proceso de organización y aprobación del Colegio-Universidad de San Pedro Apóstol, que se aprobó por Cédula Real, en 1806, en la Villa de Mompox. Se demostrará cómo esta institución presenta la característica de tener una constitución de carácter ilustrado, que fue elaborada por Eloy Valenzuela. Por otra parte, la aprobación, por parte del rey, del nuevo colegio-universidad, dependió de la influencia política de don Pedro Pinillos y del dinero que le dio éste a la Corona española. El artículo se fundamenta en la metodología de la historia social de la educación, basada en fuentes primarias, fundamentalmente del Archivo General de la Nación. Colombia (AGN) y del Archivo General de Indias de España (AGI).  
Fuente: Universidad del Rosario - Desafíos Formatos de contenido: Artículos
  • Temas:
  • Otros

Compartir este contenido

La primera universidad del Caribe colombiano. Un modelo ilustrado para América Colonial

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 11

Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 11

Por: | Fecha: 27/03/1899

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REPÚBLICA DE COLOMBIA REVISTA ILUSTRADA 1 CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA, HISTORIA DIRECTOR, PEDRO CARLOS MANRIQUE FOTOGf{ABADOR, SATURNO ZAPATA- ADMINISTRADOR, RUBÉN J. MOSQUERA NÚ:\1ERO n - VOL. I BOGOTÁ, MARZO 27 DE 1899 PRECIO so CENTAVOS Precio de suscripción á la "Revista Ilustrada" Serie de 24 números, $ ro. Serie de r 2 números, $ S· Número suelto, so centavos. Comunicados, $ ro columna. Remitidos, $ 10 columna. Avisos: palabra, un centavo; en tipo especial, precio convencional. La correspondencia debe dirigirse al número 74 ele la calle r6 (Calle Palau). Apartado número r82. Dirección telegráfica: ILU.STRt\CIÓ - . Se vende este número el día ele su aparición en la 'Pa­pelería de S¡qnper l\lati~ ·y en la Agencia del periódico, número 59, Calle Palau. IMPORTANTE o'l f~l Administrador de la REvis- TA lt.USTPADA suplica encarecida­mente á los señores Agentes y sus­criptores, que estando para fe · nar la primera serie de I 2 núme­ros que corresponde á un semes-tre, se strvan ren1itir á la mayor brevedad posible los valores re­caudados, e.n atenci6n á los cuan­t1osos gastos presa. que den1anda la . E m- RUBÉN ]. MOSQUERA AVISOS CARVAJAL & ESGUERRA U nicos agentes de la REVISTA ILus­TRADA en Zipaquirá, continúan en el ejercicio de la profesión de Abogados. Su oficina está situada en la plaza prin­cipal, acera Sur, nútnero 74· Dirección telegráfica: "VocERO." Sumario del número 11 Págs. ·l. En d escenario ele '• :\f aria." LuciantJ r Rivna y Garrido . . I6I II. Memorias sobre el origen, causa y pro­greso rl<.! las des a ve­nencias entre el Pre­sidcntf: de 1n. Hepú­blica de Colombia, \ Simón Bolívar, y el Vicepresidente de la misma, Francisco de P .. antander ...... _ 165 Iti. l\l i :; s a Solemnis. ( Novela corta,. Adoiffl Ribau\· ... ·- 167 IV. l ~u c i n n o Hivera y Garri1lo. Jor,~t' Roa. 175 v. Miguel Samp~.:r . .P. C. n1 . - ..• -• . - - . - . I 76 VI. José J oaquin ar-g ·. 'Ji " O J llendo~a J 7 1 WSTRACION ES P:\gs. J. Es e en ario de ia "María." Diez Y. sc1s fotografías, por Luciano Riv ra y Garrido. r61, 162, 163, 164, 165, 166 y t67 n. Missa Solemnis. Tres ilustraciones. 1 6 g, 173 Y· · --····----· 175 JII. p. 1 iguel Samper, r tlcado de siete de sus treinta nietos. Fotografía por Villa-veces .. _ ....... _ • _ 169 IV. Lnciano Rivera y Garrido . . . ___ . . _. . 76 v. José Joaquín Var-gas .• • . _. ~ - .. _ .. _. 178 INSERCIONES LEY 157 DE 1896 (12 de Diciembre) SOIIRE PRENSA ( Cnntinunció1t) ( Art. 59· En ningún caso la Comisión del Tribunal dejará tra<;currir más de· sesenta y dos horas después de repartido el negocio, sin haber comunicado al Gobernador la decisión acordarla, copia de la cuai se facilitad., además, al, interesado, eu ca~o de · ·er solicitada. ( Gmtilmard) Se::iore$. avisadores Garantizamos á ustedes que la REVISTA ILUSTRADA es el periódi'--:o que mayor circulación titne hoy dentro y fue­ra del país; cuenta con abonados y colaboradores en todos los partidos y círculos políticos. Poner quince 6 veinte veces consecutivas un aviso en un diarip, equivale á ponerlo una sola vez en una Revista que se publica cada quince ó Yeinte· días, con esta diferen­cia: en la Revista se paga una sola vez lo que en el diario debe pagarse quince ó veinte veces. No queremos con esto decir que no se debe avi:.,ar en los diarios; sería tanto como una puerilidad, entre otras razones, porque no siempre pue­de esperar el avisador urgido la tardía aparición de la Re­vista. N os proponem s solamente Uamar la atención de los señores avisadores á las ventajas que les brinda nuestra pu­blicación para hacer conocer extensamente y i reduc-idísimo precio sus ofertas y demand¡¡s. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. K~ V l!:iTA lL USTRADA A LEJ At 1DRO RODRÍGUEZ F. -Abogado. Carrera 10~, numero 305. Horas de despacho de 7 a. m. á 12 m. Direc­ción y fitma telegráfica : I,Ruez. JIL 1.ÉNJ•.Z & e :! ( A .t;lls/{u A . .Jim/nez-.lunn B. lhrn·iciS). Abo­gados, Agentes y Comisionistas. Hogot s caballos para visitar otros lugares relacio­nados con hechos notables que se refieren en MarEa, los cuales se hallan situados á alguna distancia de la casa de la hacienda, fJOr lo que e hacía difícil la excursión á pie. · "Fue el primer lugar á dende nos dirigímos, la casa solariega de D. Ignacio, el padre del in­olvidable Emigdio, Emigdio el amartelado ga­lán de Zoila, la 1iapanga de San Pedro ... . Zoila, 'la de ojos capaces de hacer ver á un ciego; de ri a más ladina, , pies más lindos y una cintura que . . . ' " .. . . l .a asa, gtancle y antigu::t , rodeada de co oteros y mang<:?s, destacaba su techumbre enicienta y alicaída sobre el alto y tupido bos­que del cacaotal .. . . " ( 1) • No muy distante de la hacienda de D. Ig­na io, se encuentra la pintoresca pose ión d l cornpa<.lre u todio, á quien ninguno de lo in - contables lectores de María babrá olvidado, y mucho menos á Salomé, la seductora mulata, hija del buen labriego, tan celoso guardador de los fueros y honra de su prog ni e, como cuidadoso administrador de su reducido pre io. ' .. .. Era la ca ita de la chagra pajiza y de suelo api­onado -dice Efraím-pero muy limpia y recién enjal­begada. A í, rodeada de cafés, amones, papayuelos y otros árboles frutales .... " ( 2) "Tiene la vida horas inolvidables en que la emoción del sentimiento se adueña del espíritu con tal intensidad, que por instantes parece confundirse con algo in explica­ble, que es, como si dijéramos, la melancolía del deleite su­premo. Semejante estado de ánimo es de tal manera pe­noso y placentero al mismo tiempo, que casi se hace inso­portable para ciertas organizaciones en un extremo sensi­bles. Uno de esos lapsos singulares fue para mí el espacio ( 1) María, pág. 75 (2) Maria, pág. 294· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. de las rápidas horas de mi visita al escena­rio de María, mezcla de placer y tristeza, en que la novedad se confundía con el re­cuerdo, y éste me llevaba hasta el espasmo del dolor. Po eída por tales emociones, de­cidí separarme sin demora ele esos sitios qt:e colma extraño y misterio ·o en anto: no quería que se evaporara de mi espíritu el perfume de aquellos momentos, inolvidables para mí. Viva, pues, ese aroma suave y d Ji­cado en la redoma sagrada del rect:erdo; y envuelto en las páginas tiernas de María, perdure aquí como tributo de mi afecto al amable compañero y á los queridos angeli­to ·, nunca lejos de mi mente ni de mi cora­zón, durante las tristts horas de la auscr.­cia .... r895." Cerró Miss N elly el elega te y perfu­mado álbum; y después de corresponder con una amable sonrisa á la expresión de mi re­conocimiento por las gratas emociones que REVISTA ILUSTRADA acal>aba de procurarme, la distinguida dama permanec.ió algunos momentos silenciosa y pensativa, como absorta en la dulce y me­lancólica reminiscencia que aquella lectura había traído i su alma. LUCIA NO RIVERA y G \. RRIDO Buga ( auca), En ro 5 de r899· -~- MEMORIAS sobre el origen, causas y progreso de las desa~· enencias ent1·c el Presiden&e de la República de Colombia, Simón Bolívar, y el Vicepresidente de la misma, Francisco de P. Santander, escritas por un colombiano en 1829 E (Continuación) Bo achi a está la ví tima del espíritu de partido y de la mala fe del gobierno. ( r) (I) Los primeros nueve día · de prisión en Bocacbica fue tratado ·antander con miramiento y consideraciones. Despué se le encerró en un uarto excesi-amenle húmedo dentro del castillo de an José, donde no había ni aun un mal taburete, ni una mala me a; e rodeó de centinela e ta habitación, además de las que tenía Ja fortaleza; e Je prohibió á él y á su criado hablar con perso­na alguna de las de la guarnición; quedó con tunicado . olamente con el ene­ral .Hriceño, su her111ano político, que cada ocho días iba á 'artag na á llevarle socorros; pero el omandante de la fortaleza debía pr enciar la vi. ita. Le qui­taron sus baúle. , su dinero, su baj11la, sus papeles, u r loj ·u caja de polvo, de manera que los primero. día no tuvo otra co a qu la ropa que tenía puesta. Pocos días después, á solicitud del dicho General Briceño, le volvieron u ropa, el reloj y la piezas de bajilla absolutamente indispen ables para el servicio, y nada más. Se le permitió escribir á su familia entregando abierta las cartas al Comandante y que a ociado preci amente de éste, die e algún pa ·eo en lo más elevad:> de la fortale !a, en beneficio de u salud . .Repre entó que estaba enfermo, y que la humedad le perjudicaba; un médico lo recono­ció y expuso que no podía habitar dicha pieza in riesgo de su vida; mas ninguna providencia se tomó para evi­tarlo. Hemos visto una carta de fecha 23 de oviembre, escrita por persona de la confianza de Bolívar, en que dice, que habiendo progre ado la revolución de Obando en Popayán, se había u. pendido el destierro de antan­< ier, y e le mantendría en Bocachi a para revocar abso­lutamente la providencia conmutativa del Libertador i por vl!ntu ra encallaban su preyecto , pue no era regular que, antander e riera fuera le! pai:, del mal éxito de ello . ¡Qué moral! Qué fe! E ta ha ·ido la verdadera e au a de 1· ulteriores proce limi ntos con est de gra­c a lo colombiano. Júzguese por el iguiente hecho, de la ju ticia é im­par ialidacl del Dictador. Lu go que fueren aprehendí los al~uno: de ks conjurados, nombró Bolívar una comisión militar para juzgarlos : . e reunieron lo miembros, y con­denaron á presidio al oronel .ruerra, absolviendo al jo­v n zuero. Bolívar e irritó, di~ h'iÓ la comi ión, y no: b ú al eneral U:daneta de juez único en la causa de la con piración. Este General · 11po hacer! e digno de ta­maña confianza, condenando á muerte á Guerra y á zue­ro, que fueron ejecutados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA Tal ha ido el fin de la contienda suscitada en r 826 entre Bolívar y Santander. Comenzó por la oposición de éste á que se aboliese la Constitución colombiana, y se ri-giese un 1 ocler trem ndo y de tru tor de las li­bertade que los colombianos habían querido asegurar en aquel ódigo, y terminó on la ele­vación de e ·e mismo poder sobre lo e· o m bros de la Con ti tu ión ele I 82 r y las ruina de la moral pública, de la santidad de los juramen­tos y ele la obediencia. pa iva del ejército. A lo · tres año de recíproco. esfuerzos y de un com­bate continuo entre la libertad y el despoti mo entre lo amigo.· de las leyes y lo partidarios del poder absoluto, entre el Presidente y el i­cepre idente de una naciente Repúbli a, BoHvar está apoderado del mando supremo de ella sin ugeción á ley alguna, árbitro de la vida y de lo dere .hos de tre · millones de habitantes, y antander sufre lo rigore. de una prL ión, des­pués de habérsele reducido á la condición de extranjero en u propio paí . El año de r8z8 ha pre entado al mundo culto do espectáculo· que deplorarán icmpre la filosofía y la humanidad. En Europa un por­tugué infringiendo us juramentos, despedaza la carta con ·titucional de un país, ocupa la autoridad su­prema, y persigue á todos lo amigo de las libertade pública . En mérica un colombiano prevalido del favor de la fortuna, y profanando el glorioso título de Liberta-dor, destruye por medios sórdidos la Constitución de su patria, se hace conferir la suprema autoridad absoluta, y manda y dispone de los colombianos como si dispusiera de su propio patrimonio. Lo decimos con el más acerbo pesar, el actual régimen político de Colombia es la ignominia del siglo XIX, y la deshonra de la República. Un Presidente investido de todos los poderes, tiene en sus manos la suerte de un pueblo digno por sus sacrificios y por su docilidad de un gobierno paternal fundado sobre las sabias máximas del derecho político j un Consejo de Estado com­puesto de un número excedente rle partidarios del poder absoluto, hace las veces rlel Divan en Constantinopla; los Tribunales y los jueces deudores al gobierno de sus de tinos, que al­gunos ocupan por sus esfuerzos antiliberales, deben estar prontos á co~placer las volunta­des del dictador j la fuerza armada favorecida y protegida con profusión, afila sus bayonetas para clavarlas en cualquiera que hable de de­rechos y garantías: los patriotas virtuosos, que tántos s ~ rvicios han prestado á su patria, gimen n prisiones ó destierros á que se les ha conde­nado sin precedente juicio en odio de sus opi­niones política5. Sus familias abandonadas á la indigencia lloran y claman por su libertad sin ser atendidas. Los conventos y los mon~sterios vuelven á poblarse de frailes y monjas, en vir­tud de haberse abolido las benéficas leyes que limitaban su admisión. Los indígenas están nue­vamente reducidos al gravamen del ignomi­nioso tributo que les impusieron sus desapiada­dos conquistadores. La educación é instrucción pública ha retrocedido á los tenebrosos tiempos de la dominación española, mediante las refor­mas q~e se han dictado r.ontra el liberal y vasto plan de estudios, que tánto honraba á Colom­bia. Los colegios y la universidad de Bogotá se han convertido en cuarteles. Los estancos, las alcabalas, las leyes prohibitivas y los pri­vilegios, han renacido. I ,as leyes que recorda­ban al ejército su condición de soldados de una República, están abolidas. Las ~ortes de justi. cia establecidas en varios departamentos, y que tánto facilitaban su administración y ahorraban tiempo y gastos á los litigantes, se han refundi­do en un tribunal superior. residente en la ca pi· tal, cuyas funciones y autoridad despiertan la memoria de la a~ti!?iua audiencia española. Los departa~entos y las provmc1as gobernadas con facultades extraordmarias por los saté}jtes del poder absoluto, sufren las vejaciones de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 167 l<:>s procónsules romanos. La imprenta condenada al silen­CIO, no puede denunciar los errores de la adminisiración, ni hacer públicos los sentimientos del pueblo: apenas sirve para publicar periódicos consagrados al dictador, en los cuales se encuentran larga columnas repletas de adulacio­nes á su ídolo y de denuestos contra el i ·tema constitu­cional. U na po11da severa, cuyos desaciertos y arbitrarie­dades se tuleran y aun se aplauden, ha aniquilado los placeres de la sociedad, descargando todo u peso obre lo pilares ínfimos de las poblacio­nes. Lo caudales destinado al crédito público, se invierten en tropas, y en la guerra del Perú. Los denuncios y el e pionaje convertido en acciones meritorias de patriotismo, derraman por dondequiera la desconfianza y el sobresal­to, Al noble sentimiento del patrioti mo e ha sustituído el deseo de la gloria militar. A los dulces nombres de libertad y derechos del ciu­da. dano, se han ·ubrogado el de independencia, honor nacional, gloria de la patóa, con los ua­les se mantiene á la nación aletrugada. La sa­ludables agitaciones de un gobierno repre en­tativo, cuya· bas · . on una libertad ra ional y un interés il u. trado en lo negocios comun , han ido r emplazada por aquella calma epul­cral que s di fruta bajo del poder d spótico. Nada se hace ya por olombia, y menos por la libertad: todo se refiere á Bolívar .. marlo obedecerle in examen, apoyar sus ideas, abra-us opinion ·, contribuír á sus proy ctos, e a son a cione elevada· á la dignidad de __ ju ta , patrió icas, loables y meritorias. olombü en r829 pre. enta el e pectáculo de un pueblo humillado bajo un gobierno de terror y de arbitrariedad, en que uno pocos, á título de amig de Bolívar, e creen autorizado para abatir v tiranizar al rest de la N ación. Este incompleto y débil cuadro de lo escándalo que han man illado la hi 'toria colombiana, parece justificar la conducta de antander, y la de los patriota qu han hecho frente al pocler ab. oluto. Ellos presentían los males que hoy aquejan á su patria, deseaban evitár elo , y con un de-nuedo digno de los mejores tiempos de las antiguas repú­blicas, hicieron legalmente la guerra á los ambiciosos pro­yectos del despotismo. Nada han logrado en bien del pue­blo. La República ha ido uncida al yugo del poder ilimitado y ellos arra tran una existencia digna de compasión en los pon tone , en lo calabozos y los destierros. Los países extran­jeros en que la ho pitalidad ejerce plenamente sus onso­ladores derecho , acogen á un tiempo á los proscritos por el Rey ab oluto de España, por el usurpador de la corona de Portugal, y por el Libertadcr de Colombia, elevado á la Dictadura. ( r) Todos ellos son reos del amor á las liberta­des de su patria. Si nos fuera concedido e.l poder animar las frías cenizas de los Toríces, Gutiérrez, Lozano , Cama­ches, Barayas, Roviras, Pombos, Girardots, Ricaurtes, Vi­carías, Rivas, Tebanes, Freytes, Morales, Ascásubis, Caba­les, Quirogas, y de tántos millares de patriotas ilustres, que han derramado su sangre por la libertad de la patria, y presentarles á Colombia, ¿es e ta, les preguntaríamos, aquella tierra de promi ión donde vo otro.· e ·tablecísteis leyes filantrópi a protectora de lo der eh o: del i udada­no? ¿E e ta la libertad que prometí. tei á vue tro com­patriota cuan lo los encaminá tei á la independencia, y les exig1 tei u · e fuerzo , su fortuna y u angre para ·o - tenerla como un medio de adquirir us libertades? ¿ Fue para dejarnos en herencia ignominia y servidumbre, que ofrecí tei vuestras vidas en aras de la patria? ¿Es éste aquel mi mo Bolívar, que nos recom,endá tei como la egida de la libertad, el patriarca de los dere hos lel pueblo? Volved á vuestras tumba , les diría m o al fin; retiráos á esa man iones d 1 ju to á gozar ele la paz, que no otros no di frutamos, y de la inmor­tal memoria de vuestras virtudes. ejadno su­frir el ca tigo de nuestra inexperien ia, de nues­tra confianza y de nuestra e red ulidad. ( Continuard). ---)~- MISSA SOLEMNIS LAS sombras invadían la vieja Catedral gótica, obra maestra de ignorado arquitecto, é iban fundiendo poco á poco lo deli ·ado detalles ar­quitectónicos en la austeridad de imponente con­junto. En lo:; fiamígeros reflejos de los grandes ventanales multicolores, donde Cri ·to, la Virgen y los Santos, se desta aban entre azucenas sim­bólicas; en el reverbereo del magnífico rosetón de oro, escarlata, rubíes y crisólito que se empo­tra en el centro del grande Organo, e adivinaba la puesta del sol y la llegada del crepúsculo. Ya toda la parte infe­rior de un lado del templo quedaba sumida en la tiniebla y la obscuridad subía, se difundía con cierta humedad se~ pulcra], en el resto de la inmen a nave filigranada de piedra. ( 1) Entre los romanos, donde tuvo origen la Dictadura, había tiempo prefijado para ejercerla, y objetos determinado á los cuales debía contraerse. La Dictadura de Bolívar no tiene límites ni en dura­ción, ni en objetos. Ella es tál, cual se necesitaba para aciar el ansia de mando absoluto, que es la pasión preponderante del Libertador. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t68 REVISTA ILUSTRADA En la galería del órgano había dos personas. La una, sentada en un escabel, en un rincón, apoya­da de espaldas contra el calado balaústre, era un anciano enjuto de carnes y cascado. Innumerables arrugas surca­ban su rostro, que habría parecido feo, á no ser por el sim­pático candor de los ojos, ojos de niño que desconocen las fealdadeti de la vida, ó de verdadero poeta que no ha visto otra cosa sino ensueños, y á no ser, además, por la majestad de su frente, muy ancha y despejada, en la que se revelaba la ge ·tación de elevados pensamientos, frente marcada con el sello del genio y rodeada de una magnífica cabellera enteramente blanca, blanca como la nieve, que caía sobre la nuca en mechones sedosos. Su atavío era muy sencillo, casi pobre; un traje de paño recio, de color de cas­taña, pasado de moda, y zapatos gruesos: ninguna alhaja, y por todo lujo, una camisa de inmaculada al~a. Este viejo se llamaba Conrado Waldmann, y por espacto de más de medio siglo había ido organista y profesor de música en aquella pequeña capital de un minúsculo principado de Ale­mania. La sonata, una de las más grandiosas de Juan Sebas­tián Bach, terminaba con un maestoso solemne, un mugido formidable, en el que parecían resonar las trompetas del juicio final. Luégo el huracán cesaba bruscamente, desapa­recía, al mismo tiempo que en las ventanas ojivales co­menzaban á palidecer las flores del jardín místico. -¿Que tal? ¿Está usted contento, maestro? Al decir esto, Cristián se volvía ansioso hacia su juez. E;:,te clejó pasar un rato antes de contestar, y luégo, subrayando las palabras para dar á cada una su valor, dijo: -Estoy más que contento, muchacho. No tienes ya nada que aprend~r en lo que concierne á la profesión. Tu intepretación es excelente: no has desperdiciado los dos años de Conservatorio, y veo que aun bajo la dirección de las celebridades de Leipzig te has acordado de los conse­jos de este pobre viejo. Eres más que un músico: un artis­ta, y puedo confiarte sin temor este venerable y querido ó~gano. Amale como yo le he amado y jamás le pongas smo al servicio de inspiraciones elevadas. Me han conta­do que en muchas iglesias de España y de Italia, ciertos El adolescente l flcn.bn cmt fflda su alma .... organistas que no merecen este nombre, tocan piezas de ópera y hasta bailes. ¡Profanación, vergonzosa profanación! El órgano es el rey de los instrumentos. Hacerle desempeñar ese papel es lo mi mo que utilizar en una orgía los vosos sagrado del altar. El órgano es también sagrado; t'S el eco de la voz de Dio . Por eso no se le debe tocar sino con re ·peto y hasta con temblor. Este se encu ntra como yo, an ·ado y caduco; pero un fi 1 ervidor, digno ele que ~e le honre. Te lo do con toda confianza, hijo mío. A 1 conversar n él, pi n a alguna ez en tu primer maestro. Sobre tod , a ·uérdat de que, al pa ar asua1ment por e ta iudad al vi i­tar la atedral-así lo at tiguan lo archi os­nue tro modelo, 1 modelo ele tod s los orga­ni ta Juan eba tián Bach, ha tocado esa mi - ma sonata que acaba de ha erme oír. -Lo recordar , ontestó el joven on acento de profunda piedad. I ,a sombra y d frío aumentaban. ri tián dio el brazo al an iano; amb s bajaron la e - tre ha e calera de caracol y salieron al atrio, La otra persona, ristián del mismo e ·tilo que la igle ia, ine timalJl es- Hofer, tenía al parecer de tu he en el que cada detalle era una perla fina. veinte á veintidó año·. Era El cielo pre. en taba n el cenit un color de alto, esbelto, de distinción e meralda; en la zona media era de amatista, y nada afectada: también iba carmesí en el horizonte porque el sol iba á des-mode tamente ve ·tido. S.1 aparecer. perfil recordaba el de ier- -¡Qué hermo a tarde!, dijo \Valdmann. tos retratos de chíller ¿Quiére que paseemos un poco? cuando joven. El cnrte de Entre lo efluvios de las últimas rosas, sa-la boca era perfecto; la lieron á los arrabales y luégo al campo. En lo nariz escultural con la alas jardine , los árboles de rojizas hojas presenta-palpitantes, indicio alar- ban el aspecto de cardenales reunidos para un mante de sensualidad, n u- conclave. Algunas acas de manchada piel pa-tralizada por la transparen- cían el corto césped, salpicado de escabiosa , cía de unas pupilas ambari- de cólchicos y de parna. ias. El ambiente esta-nas, y por la nobleza de la ta impregnado de ese encanto nostálgico del frente, muy parecida á la otoño. del anc:iano, pero ter~a o- Pasito á paso caminaban el maestro y el mo pétalos de camelia. us discípulo, entre vides recién vendimiadas, lú- . cabellos ca taños forma han pul os medio marchitos, y á trechos, rústicos espesos bucles, de reflejos huertos por los que asomaban planteles de da- Ji geramente bronceados. lias y capuchinas. Estaba sentado delante del -Nuestro órgano es como yo, decía Wald-órgano, y sus manos, largas y delgadas, recorrían con rapi- mann, cansado y saduco: necesita importantes composturas. dez y precisión pasmosas las amarillentas teclas, abrían y ¡Oh! N o faltará dinero; el Consejo de burgueses en su se­cerraban los registros sin perder un segundo, en tanto que sión de ayer ha votado Io,ooo francos y la princesa ha aña­los pies, no meno ágiles, hacían funcionar los pedales, unas dido una cantidad regular, sacada de su bolsillo particular. y otros dóciles esclavos de un talento en plena posesión de Ya sabes que está ajustado el arreglo con Ni eh, el célebre sí mismo. fabricante de uremberg: ha firmado un contrato con el El adolescente tocaba con toda el alma, y con toda la u- burgomaestre y llegará dentro de poco, trayendo material ya le escuchaba el octogenario. Un fraternal aleteo lo trans- y per onal. Nisch cree que nece itará eis semanas ó dos portaba á elevadas regiones: comulgaban juntos en el Ideal. meses para dejar bit:n terminado su trabajo. A mediados Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA D. MIGUEL SAMPER, RODEADO DE SIETE DE SUS TREINTA NIETOS + 16 DE MARZO DE 1899 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA de Diciembre, 6 quizás antes, podrás estrenarte. Mi tarea ha concluído; la tuya empieza: ¡ánimo, Cristián! El sol parecía retardar su curso: el paisaje estaba ba­ñado de vivo esplendor, y el olor de las rosas era más pe­netrante. -¡Qué hermosa tarde para dar el adiós á la vida ac­tiva y comenzar el aprendizaje de la muerte!, añadió Waldmann. Obsérva qué suavidad y cuánta pa~. La na­turaleza, que va á vestirse de luto en invierno, nada echa de menos, habiendo cumplido su misión y sabiendo que volverá la primavera. ¡Ojalá me sea ciado seguir su ejem­plo y dormirme tranquilo, en la esperanza de una eterna primavera! Y prosiguió con voz extraña, en la que pareda vibrar algo del mi terioso más allá. -Pue·to que amas el arte sinceramente, él será tu egida contra todos los insabores de la existencia. Por gran­des que sean las decepciones, los ufrimientos que te abru­men, él te con olará. En él, solamente en él, tendrás la primicias de lo infinito, un presentimiento de lo divino. ¡Qué hermo a tarde, ristián, qué hermosa tarde! Míra esa nubecill encarnada. ¿N o parece la barca de un en­sueño que va á llevarnos á un mundo perfecto, donde no será menester dar lec. ione para vivir, ni no preo upará otra cosa sino tocar órganos sublimes, á no er que nos arrodillemos para oír á Palestrina, Bach, Hrendel ó Mozart? En tanto el sol e había ocultado y apar ió la prime­ra e trella. En la torre de la Catedral resonó un poético re­pique de ampanas. -¡ J ,a oración!, dijo Conrado, descubriendo devota­mente su admirable cabeza nevada. Voh·amos á ca. a, hijo mío, que Odilia estará con cuidado. Regresaron á la ciudad, y un cuarto de hora despué llegaban á la morada del anciano, ca ·ita que o ulta a §U vetustez entre tupidas parras. dilia, la criada de Conrado, casi tan vieja e mo él, pero li ta todavía, e taba en la ventana, mirando á toda partes visiblemente alarmada. -¡Aquí estoy, Odilia, aquí estoy! He querid char un trago de aire antes de encerrarme en mi celda. Tran. quilízate, que no me he resfriado. Y alargando las manos á Cristián le dijo: -Vendrás á verme, ¿verdad? Vendrás pronto, y de nuevo te repito que tengas ánimo. A causa de la muerte del organista de la pequeña ciudad, ocurrida cinc:uenta años antes, se anunció un e n­curso para reemplazarle. Se publicaron las condi ione á grandes distancias lo más posibl ; cada uno de lo can­didatos debía tocar dos vece , una pieza clásica y una im­provisación sobre un tema dado. En la fecha prefijadll, se presentaron cuatro aspirantes. Tre::, de ellos eran de edad madura, é iban provistos de importantes recomenda iones. El otro era un joven á quien nadie conocía. Hubiera pa­recido natural que se retirara, pues no e le con ideraba con aptitud para entrar en liza, y hasta hubo quien se permitiera hacérselo entender así; en fin, como se obsti­nara, se le asignó el último turno, por descarg de con­ciencia, pero no sin que se censurara su singulár preten­sión de atreverse á luchar con organistas de talento y experiencia. Estos, muy seguros de sí mismos, hab-ían ejecutado las piezas escogidas. Dificil sería elegir entre ellos, porque casi competían en mérito. En el coro, en medio de un grupo lleno de anima­ción, lo. jueces discutían; eran diez individuos del Con­sejo de c;iudadanos. Apenas se había echado de ver que el extranjero acababa de sentarse al órgano; pero de repente, los jueces dejaron de hablar y miráronse estupefactos. El joven tocaba un fragmento de H rendel con incomparable maestría, con tecnicismo tan acabado y expresión á la vez tan sencilla y penetrante, que los oyentes no podían me­nos de sentir e conmovidos. Los jueces quedaron con la boca abierta, y el aire desdeñoso de los tres opositores convirtióse en una especie de asombro· cómi·có. Térininado el fragmento de Hrendel, el desconocido fue considerado ya como un personaje; los temas sobre los cuales se debía improvi ar se habían sacado por uerte, y al joven le tocó un lied popular, muy antiguo, de la má tierna melancolía. Lo que bordó en esta composición era admirable-era todo un poema tan claro y de tal intensidad, que llevó á su colmo la sorpresa del Jurado, desvaneciendo las e pe­ranza de los tres opositores.- Durante media hora, su fanta ía e desarrolló infinitamente variada, ·iempre en el más elevado estilo; y cuando el joven bajó de la galería, us rivale se habían eclipsado. Le fehcitaron, le es­trecharon las mano , y fue elegido por unanimidad, sin que se pen ase siquiera en preguntarle clónde había hecho su e tudios, ni si po ·eía algún diploma; bastaha haberle oído, y solamente dijo su nombre y el lugar de su naci­miento- un rincón perdido tle la Pomerania,-añadiendo que e taba olo en el mundo. Aquel mismo día hahía alquilado una casita en una callejuela retirada, y en ella se instaló brevemente, con su balija y algunos mueble. comprado de lance. Ourant treinta año· había vivido in riado; á medio día le lleva­ban su desayuno tle la ho teda má próxima, y de pué no se alimentaba más que de pan y leche. La diferen ia era grande entre la árida y tri te .Pome­rania y aquel gracio:o paL el agua corrí ntes, d fértiles campiñas y de sombrío bosque . Conrad Waldmann se había en ariñaclo desde luego con él, y al cabo de eis m se de permanencia, le amaba como el hijo ama á su madre, a í por us encanto. naturale , como por lo que los libros le n eñaban a erca de u hi toria. ¡ Había tenido un perío o brillante y :;u p qu ño rincipado! En l ti mpo f liz de los múmesúzgtr se vivía allí en medio de la · fie ta ; á 1 s torneos guían e las justas poéticas, y despué un oncur o entre pintores y jo­yero . orte, nohleza y )ase m dia rivalizaban en buen gusto para las art , y 1 . arti<;tas lo sa ían tan bien, que lle -raban de los últimos Hnd s de lemania, de Flandes y ha ta d Italia. T d ran re ibidos on honore , ve(anse ac sados de p capa e ninguna de la inten cione del autor. La orque t1 lo oros y los solistas rivalizaban en celo para interpretar su pensamiento íntegro. La parte de órgano era uperior: al melodioso Sa11ctus y al Agmts Dei siguió un trío de una expresión extática, un , uave Benedictus acompañado de lo instru­ment s de cuerd:.t; y en la Elevacióll, sobre todo, cuando el in trumento rey cantó solo un himno en que se des­bord~ ba la cán ida alegría, el infinit:) amor, los acentos mismos de la 1 eatitud de un corazón pro ternado ante la divina cuna, donde la agreste fb.nta y la gaita pastoril se conte.5taban con la violas de los querubines, no había un solo ojo sin lágrima en aquella inmen a multitud subyu­gada. En cuanto al anciano, lloraba siempre; y las lágri­mas corrían poco á poco por sus mejillas demacradas, entre sus dedos nudosos por efecto del reumatismo. ¡Pero el rocío de Mayo sobre el cáliz de las frescas rosas no es tan dulce como eran sus lágrimas, sin las cuales se hubiera roto el corazón de Conrado ! Su sueño más secreto y más querido, cuya realización no pensaba ver nunca, realizá­base por milagro. Aquella misa, la gran angustia y la ma­yor delicia de su vida, érale dado oírla ejecutar de una manera magnífica. Y por modesto que fuese, comprendió que su trabajo no había sido inútil y que la obra era her­mosa. Más feliz que su maestro Bach, entraba vivo en la tierra prometida. "¡Ah, buen muchacho l, exclamaba pensando en Cristián. Fue él quien tuvo la idea de esto, quien lo ha combinado todo, llevándolo á buen término. ¡Y yo que le acusaba de olvidarme, cuando no tenía un pensamiento que no fuese para mí ! " La misa terminaba con un Aleluya, casi comparable con el del Mesías. En una fuga colosal, el órgano, la orquesta y los coros ascendía o y descendían las escala· de los sonidos; saltando como un torrente, retumbando como el trueno. El prodigioso edificio de aquella misa tenía un coronamiento digno de ella, y en aquel laberinto de notas, reguladas con orden supremo, un soplo de los enor­mes tubos lanzado en su plenitud hacia las do~cientas voces y los sesenta instrumentos, comunicaba el summum: la catedral vibraba toda y había un estremecimiento en la multitud. Después reinó el silencio, y durante algunos minutos se hubiera podido oír el vuelo de una mosca. -¡ Ah, maestro, maestro, no puedo esperar para abrazaros! Era Cristián, que había bajado presuroso de la galería, conmovido hasta el fondo del alma. Incapaz de articular una sílaba, Waldmann abrió los brazo , atrayendo al joven obre su pecho. -¡ Venid, maestro, dijo Cristián, la princesa desea veros! A través de la multitud, que se apartaba respetuosa­mente, pa aron poco á poco. La joven se adelantó hacia Conrado, radiante como la primavera. -Esta hora es hermo:a para todo nosotros, dijo. En nombre de nuestra ciudad o doy las gracias. Y con voz más baja añadió : -¿ E cierto que habéi conocido :í. mi madre? ¿ Había llegado hasta la princesa un eco de lo que se contaba? Era poco probable; pero á Conrado le pareció que en aquellas palabras se encerraba una intención, y que deseaba a. ociar á la difunta el triunfo de aquella noche. onrado qui o contestar, sin que le fuese po ible; pero como la princesa le pre enta e u fina mano, incli­nó e para besarla, y obre los d do patricio. , adornados de joyas, sus luengo me h n s blancos e deslizar n com un arroyo de plata. -Ma : ro dij ri tián, ele Leipzig, de Munich, de Weimar y de Dre d han venido mú ico , crítico y aficio­nado. Y ri ·tiin pronunciaba nombre y títulos, á cada uno de lo cuales se pintaba un a ombro creciente en las fac­ci nes de onrado. ¡ ómo ! ¡ Habían venido p r él, pobre compositor, todo aquellos personaje célebres y querían que se les presentara para saludarle y felicitarle! El viejo no podía dar crédito á su ojos, y dirigía miradas atónitas hacia la prince a, radiante de alegría, y hacia Cristián. ¡ Ah, cómo había trabajado el joven para obtener aquel resultado! Ha ía dado pasos, sirviéndo e de sus amigos, de sus conocidos, escribiendo, olicitando, aprovechán­dose de todas us influencia , despertando en los más fríos el entusiasmo, ostenic~o además por el director de orquesta, apasionado por la M_issa Solemnis, y por la prin­ce a, á quien todas las semana daba cuenta ele los ensa­yos. El éxito, por lo menos, correspondía á sus esperanzas. -Maestro, dijo, me he permitido conduír un contrato con la ca a Holler é hijo, de Munich, para la edición de vuestra obra, y el señor Holler quiere venir personal­mente á ofreceros el primer ejemplar. Un hom recillo repleto y risueño se adelantó hacia Conrado, inclinóse para hacer una reverencia automática y presentó al anciano un magnífico volumen en 8°, en­cuadernado en amarillento pergamino, con estas palabras: Missa Solemnis, y el nombre de Conrado Waldmann, que brillaba en letras de oro entre los broches góticos. Los cirios comeazaban á extinguirse, y á una señal del maestro de ceremonias, los ujieres de la corte alinea­ron á los concurrentes para la salida de la princesa. Esta última, con una gracia exquisita, ofreció enton­ces su brazo al anciano, que temblaba corno la hoja en el árbol, y le condujo hasta el pórtico, siguiendo los digna­tarios de la corona, los extranjeros que habían .ac-udido para ver la fiesta, y Cristián, llevando ·el precioso volu­men. Por las puertas laterales se había deslizado el pueblo, y ahora había en la plaza como una oleada humana. En el centro, con hachas encendidas y banderas, los estudian­tes de la univer idad formaban una doble fila, y cuando el viejo arti ta se pre entó, iempre cogido del brazo de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 1 75 adorable princesa, los aplausos contenidos tan á duras penas en la catedral, estallaron al aire libre como una tempestad. -¿Qué ocurre ahora?, pen ó Waldmann. ¡Sin duda sueño! Pero alguno· brazo robu tos le habían cogido y á, y Conrado, á pesar de sus ademanes y protestas, se vio lle­vado en triunfo, bajo el cielo tachonado de estrellas, sin­gularmente ereno en medio de las hacha y de los estan­dartes, entre los cantos y los viva de aquella hermo a juventud y de la ciudad entera. Miraba las ventanas, ilu­minadas en todas partes por el resplandor de las hachas en las fachada , y la compacta multitud seguía siempre. Oyó los cantares, los bravos veía las manos extenderse hacia él y los sombreros agitarse; y cada vez todo e to le parecía un sueño. excepcional, millares de astros deslumbradores parecían mostrar el camino á los serafines portadores de la Buena Nueva. -·Vais á pasar buena mañana!, había ~ich.o Odilia á Conrado al separarse de él. -¡ Creo que no cerraré los ojos, porque me siento demasiado feliz, ! A eso de las diez, no habiendo oído ruido en la ha­bitación de su amo, Odila entró. Estaba sentado á su mesa, con las manos extendidas y la cabeza apoyada en el volumen de broches de oro. -¿'Si no se habrá acostado?, murmuró Odilia. Le llamó, mas no obtuvo contestación; acercóse y le tocó en el hombro, sin que hiciera ningún movimiento; tenía los párpado.s caídos y sonreía, corno el viejo Simeón cantando su ttunc dimittis. Aquella inmovilidad espantó á Odilia; le tocó las mano_, y las halló fría y rígida . La muerte clemente no había querido que Conra­do , obreviviese. á la apoteosis; corno el sega­dor se d~:.:errne ·obre . u haz de espiga , había quedado dormido en pleno triunfo, pasando sin transición desde la música inmortal de su Missa Solem11is á bs inefable onci rto d los án­geles. AD LFO RIBA ux. NECROLOGIA LUCIANO RIVERA Y GARRIDO 1E46-1899 Significaba este nombre el de un ciudadano notable, obrero de la civilización, cultivador asiduo de las letras y artista por temperamento. A sus méritos de prosador galano y colorista, unía una gran bondad de a'ma, distintivo de su carácter. Cada página de su último libro, Impresiones y Re­cuerdos, respira una ternura infinita. Aun Jos pai­sajes splend ntes de luz y de color, que él evoca con el vigor y la sobriedad que demanda el arte, aparecen envueltos como en un velo de suave me­lancolía, con la tristeza de un adiós á los sitios queridos que no se olverán á contemplar. Eslab1t se11tado á su mua, con la cabeza apoyadn. Ol d 7•olrtmeu dt• broches de 01·0. Y así sccedió. Hace apenas un año que la prensa hablal a con merecidos elogios de la última obra de RJVEYA Y GARRIDO, cuando ya hoy pone su nombre er tre líneas negras para deplorar su muerte. Debonos ver, pues, en esas páginas la despedida de un sér intelectual que, momentos antes de su d~saparición, lega á sus conciudadanos cuadros lujosos, pinturas excelentes, memorias in­teresantes sobre personas y cosas que se relacionan con la historia literaria y aun política de su patria. Llegaron á la casita en cuyo umbral, con una lárnpq.ra en la mano, estaba Odilia henchida de orgullo. -¡ Vamu.;, maestro, dijo Cristián, no se dirá que no hay llama en los corazones jóvenes! -¡Hijo mío querido!.. . Les darás gracias de mt parte, ¿ no e erdad ? ¡ Yo no puedo, no puedo ! .... Vacilante como un hombre ebrio, onrado penetró en su casa, precedido de Odilia, que repetía : " ¡Jesús, Jesús, qué noche! " La puerta se cerró; pero durante un mo­mento los estudiantes permanecieron bajo las ventana del anciano, cantando en su honor. Después, habiendo dado las dos en la catedral, la multitud, profiriendo el último hurra, se dispersó. ¡ Oh, qué hermosa noche, qué hermosa noche de N a- . vidad l En los árboles y en los matorrales la escarcha bri­llaba: eran fantásticas girándulas, collares de perlas y ríos de diamantes prendidos en cada rama. Hasta la nieve parecía luminosa; y en el cielo, de una transparencia ! Prescindiendo de las notas personales, tinosa­mente esfumadas en bnjJresz'ones y Recuerdos, y que son, hoy más que ayer, de inestimable precio, se encuentran allLdescrip­ciones magistrales como el asalto á un cuartel y la batalla del Derrumbado .. ; preciosos datos sobre Bogotá en 186o, sobre el Colegio de D. Santiago Pérez, de inestimable recordación, y sobre muchos otros personajes notables en la política y en las letras. ¿Y qué decir del capítulo referente á Jorge Isaacs? RI­VERA Y GARRIDO vivía enamorado del mejor diamante de la corona literaria de Colombia : de ahí el estudio concienzudo, rico en apreciaciones artísticas, ql.le hizo de María y de su in­mortal autor, á quien profesó gran cariño en vida y á quien hon­ró después de muerto con singular lealtad. Porque para RIVERA Y GARRIDO la amistad no era cosa de poco momento, sino como un lazo de la sangre. ¡Qué corazón el suyo! Ninguno como él para comprender el ajeno pensa­miento para apreciar la labor de los demás, para enaltecer la pincelada el rasgo la nota que le satisfacía; y extraño á toda pequeñez de espíritu, nadie más listo en el apresurarse á di­rigir la frase amable que conforta y estimula. Desde su apartado hogar, seguía paso á paso el movi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 17 REVI T ILU T .\D.\ se matan los vencidos deponiendo la conciencia á los pies del vencedor. Una muerte por otra, valdría más la primera si no hubiera una virtud digna de la moral y el cristianismo. jo. Jc AQ L VAR ~ . Jefe del partido liberal de Boyaca + Tunja, Marzo 5 de 1899 Valor raro en todos lo tiempos. Era magistrado del Tri­bunal de Tunja, cuando el Jefe de la Regeneración hizo rumbo al absolutismo. Fue engañado como tántos otros, por una re­forma que no tiene en quién encarnar para hacerse sistema po­lítico decoroso y doctrina aceptable para los republicanos. En­tonces, sin vacilación, entregó á su sucesor la garnacha de la magistratura y se refugió en la erizada soledad de una quinta, en los tristes alrededores de su querida ciudad. Toda la amar­gura de esta derrota la guardó en la urna de su propio corazón, y como no tuvo á quién quejarse de las desilusiones de su fe, guardó prolongado silencio. Comprendió que su deber era sepa­rarse, y consumó lo que para ' 1, pobre aunque estoico, era ver­dadero sacrificio. La última joya de la familia era él mismo pero era un diamante que brillaba entre escombros. Hizo esto porque su ambición no era ca1culadora ni intri­gante. Los honores que le llegaban no eran solicitados por él; tomaba, eso sí, con plena conciencia de su propio valer, pose­sión moral de ellos. Lo cual le hacía aparecer como hombre dominante; seguramente que lo era, y por ello tuvo tántas vi­cisitudes en su carrera. Es que la democracia celosa y sus­ceptible, y no quiere amos sino servidores. u alma era inde­pendiente y altiva, y no se plegaba al despotismo, viniese de un hombre ó de la multitud. Su arte político contaba con una sola regla: la probidad personal. Por esta dote, y por su ilustración y talento, ocupó uno de los primeros puestos entr .... los hombres de su genera­ción. N o así por el acierto político. in pretender censurar á ninguno de los hombres que han figurado en los acontecimien­tosde los últimos cuarenta años, de él como de otros nos atreve­ríamos á decir que su temperamento no era el de un auténtico conductor político. N o permiten las necesidades de la lucha política la since­ridad completa ó el acuerdo absoluto entre las ideas y la acción si, por medio de la política, uno quiere que prevalezcan las opi­niones que se haya formado sobre la manera de dirigir las sociedades. Aspiró él á esa sinceridad. Sin hacer traición á las ideas liberales-que eran la savia de su vida moral-llegó á creer que sus \'erdaderos ad ersario la er\'irían mejor· no hubiera sido por su grande y buena fe y por su desinterés al pelear las batallas de sus propias convicciones bajo 1 pendón de bandos que no eran los suyos. habría sacrificado su reputa­ción. Aceptó, empero, la doble derrota que los acontecimien­tos le impusieron. La flexibilidad de carácter no era cuerda que ibrara en su constitución espiritual. Quiso ser fiel á la causa republicana aferrándose á sus opiniones personales, y no quiso ó no pudo comprend r la eficacia del aplazamiento. o transigía con las ideas contrarias, y por ello, cuando el triunfo de las ideas pro­pias era simplem nte imposibl , se abstenía, se retiraba del combate. Mucho debió de sufrir durante las pnt bas á que lo sometía la hada negra de su temperamento, pero ni se doble­gaba ni se mentía á sí mismo. Iás tarde clvía á surgir como se había eclipsado. Se equivo ría, con todo, según lo dicho, quien le tuviera por áspero. La se eridad la de; aba para él sólo; la ua idad y la cortesanía espontáneas en '1, eran el esmalte de su amistad, que dispensaba á muy pocos. Casi siempre se le veía s lo, serio pero afable con los que se le acercaban. i espina había en su corazón solo lo punzatan á él. Era, en suma, un sol:t::trio en medio de la sociedad. Los que sean como él, no son en man ra alguna hombres mediocres. El sentimiento de 1 propia uperiorid1.d pue:ie lle­varlos mu lejos; y si su influencia, empero, s restringida, se siente, por lo mismo, más int nsamente obr el medio social n que viven. El hombre de qui n hablamo , si no era querido por todos, por todos sí era r petado. Inspiraba resp to espe­cialmente porque su vida era de perfecta sobriedad , sus cos­tumbres de una pureza au tera. Un hombre de su temple ,·ivi' más largo ticmp del que era de spcrarse de tan constante d rroche de encrpía. En la última época de su ida nuevo lebere le llam'lron ; la activi­dad p lítica. Halló en justa comp n aci6n de todas las des­venturas que le agobiaron, u entro natural en el hogar de u copartidarios oprimidos. omprcndiendo la acción peligro a y disolvent del pod •r per onal obre las buf'na co tumbr s ptlblicas, se con agró ~' n Jos do último año de u ida á un obra el pa iente <1SÍI1lil - ción, de patriótica re i t ncia y á imprimir] á la labor del partido liberal 1 carácter de una de~ n a ocia!. omo Jefe el se partido en Boyacá propendió por aumentar su fu 1 zas y por vigorizar la fe en el alma de Jos luchadores, convencido ele que las discu iones inútiles, la cuc tion s prematura y los problemas cuya solución, si no imposible puede no er pró ·i­ma, dividen y di uel en. Su va ta experiencia le había dado continenci moral ; y como no trabajaba para sati facer ambiciones personales, su autoridad no era discutible ni era discutida. En su amor puro y desinteresado por la libertad hallaría JosÉ JoAQUÍ VARGA. , al morir, un alegre consuelo y b mejor recompensa. Bogotá, 24 de Marzo de 1899. DIEGO 1E DOZA El próximo número es el último de los doce que forman h. primera serie de e ·ta REVISTA y contendrá cinco retratos de Jorge Isaacs, correspondientes á di­ferente. períodos de la vida del autor de María, va­rias vistas del estado actual de las obra del Canal de Panamá, una preciosa novela corta de Miguel Triana, ilustrada por Acebedo Berna!. Juicio Crítico de las poesías de ~iego U ribe, por Antonio María Gómez Restrepo, acompañado del retrato de Uribe y de al­gunas de sus mejores composiciones; una bella traduc­ción de D. Alfonso Delgado, etc. etc., fuera de los asuntos importantes que el curso de los acontecimien­tos imponga. Sampa /1/atiz- Bogotá. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. RE\ 1 1A ILU TRADA 1 77 dos cuando triunfan y la vara con que miden es la misma con que son med:dos." "Entre los partidos hay unos di z ó doce mil mamelucos de sable ó de pluma, que son los que en realidad gobiernan, nuestros verdaderos y únicos explotadores. Ellos se sobreponen á sus copartidarios con la funesta máxima de: "Con nuestro partido con razón y sin ella;" desterrando así la noción de la patria ____ .. " Hemos es:ogido estos pensamientos, al acaso, en los dos volúmenes que forman la colección de algunos de sus a1tículos; justo s agregar á ellos el siguiente que acentúa más el perfil que apenas alcanz:1mo á esbozar por el corto esp,.cio de que podemos dispon:.:r: 'Si tal vez nadie ha flagelado, al igual de nosotros la conducta de nuestros partidos como entidades colec­tivas, no reconocemos superioridad en cuanto á respeto por Jos indi iduos. Explícase esto por la s:!renidad d _ 'nimo que cier­tas circunstancias p:ntir.ulares nos han permití o conservar al travez de nuestras contiendas, merced á la cual las hemos visto, más como efecto de leyes particulares, que como accidentes de­bidos á la acción inmediata de lo individuos." Toserá inoportuno hacer notar que lo que el Dr. S~mper combatb con t:mto ahinco ra la intolerancia banderiza y no la exi tencia d los partido políticos. A e te respecto s~ expresa­h. así: ' Si la guerra ha sido obra d _ los partidos, preciso es pro­curar que ellos se organicen y obren para producir la paz. Los partidos son nece. arios, naturales en la vida d12 las sociedade.5, y cuando s:1ben des _mpeñar su legítima misi · n, evitan que los ínter ses oprimidos estallen produciendo revoluciones. Mas ¡cuán lejo están nuestros partidos d desempeñar las funciones de válvulas en estas grande máquinas productoras de s""guridad que se llaman gobiernos! A pesar de las elevadas regiones en que se cerní su espíritu, d ... su a anzada edad y ape arde las oluptuosidades que podía brindar! una fortuna ganada honradamente con su esfuerzo y con su talento de hacendista de alto vu lo, no se denegó jamás á pr star 1 concur o de us luces y de su prestigio al partido po­lítico uyos principios coincidían má con sus ideales. Parece que hubiera contradicción en nuestras afirmacion s. como t mbién en los pensamientos que hemos transcrito del ilustre finado. o era hombre el partido, dijimos, y sinembargo desem­p .... ñó elevados cargos conferidos por el Jiber lismo; ac ptó 1 puestos que aquel partido le brindó y sinembargo era un hom­bre profundamente religioso. Era un creyente convencido, no obstant lo avanz d de sus principios sociológicos. La aceptación de la caudid tura para la Presidencia de la República no caracteriza al Doctor Samper como hombre de partido, sino má bien caracteriza á los hombres d partido que lanzaron aquella candidatura y marca con sello imborrable esa hora ele nue tra historia en que se verificó aquel acto. Ello dije­ron: queremos la paz de las conciencias, qu remos la paz po~í­tica, y por eso levantamos como bandera blanca, n medio del n'ci baullar de las pasion s antisociales que aniquilan la patria esa ab<.:za encanccida n incuenta años d lucha por todo aqu ello que e nstituye lo má levados ideal de la humanidad . in qu le hici rdn des\ iar de su objeti\ las mezquinas pasiones el~ partido que c:.ullaban á. su alrrededor. i tampoco había contradicción ntre s;.: fe sincera y los a anzados principio conómicos y sociales que profesaba: unos y otros staban inspirados en el Sermón de la Montaña, y por so al le r sus scritos, se ama más á los que lloran y e exalta uno más con los que padecen p;..rsecuciones por la justicia. Los ra gos salientes de su ida pública nos recuerdan la de los grandes estadistas ingleses, iempre dotados de cualidades mis s6lid1s que brillantes, y entre ellos la d Sir Robert Pcel. Como él, nun::a temió ser impopular ;i tnt"'que de decir lo qt:e creía la verdad, como él, era enemigo del progreso político por medio de la sangre y del fuego, como él, desdeñaba la pomposa frase vacía y el g !:ltode rlequín, quetánto impresionan á las mul­titudes y, finalmente, pudo como aquel hombre ilustr , que supo s:.~straer á su patriad 1 contagio revolucionario europeo en 1848, aceptando las reformas popular s contra la oposición de la aris­tocracia, pudo, decimos, como Peel, haber exclamado al soltar la pluma costreñido solaot nte por la muerte: ' Dejaré lo sé un nombre execrado entre los monopolistas qui nes so pretexto de interés público, no buscan sino su ganancia particular; pero quizá ese nombre será algunas vece pronunciado con gratitud en la morada de aquellos cuyo destino es el de ganar el pan cuotidiano con el sudor de su frente." Fueron, sinembargo, más expresivas las últimas palabras del Doctor amper y le dan al conjunto de su obra la belleza ab­. olut, qu produce la unirlad
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

Compartir este contenido

Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 11

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 5

Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 5

Por: | Fecha: 25/09/1898

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REPÚBLICA DE COLOMBIA REVISTA ILUSTRADA CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA, HISTORIA DIRECTOR, PEDRO CARLOS MAN,RIQUE FOTOG~ABADO~, SATURNO ZAPATA · ADMINIST~ADO't, RUBÉN J. MOSQUERA NÚMEkO s -VOL. I BOGOTÁ, SEPTIEMBRE 2s DE 1898 PRECIO so CENTAVOS IMPORTANTE ~~~ /\dministrador de la REvis­TA ILUSTRADA su lica encarecida­mente é.Í los señores Agentes y sus­criptores, se sirvan rernitir á la ma­yor brt-vedad posible los valores recaudados, en atención á los cuan­tiosos gastos que demanda la Enl­presa. RUBÉN ]. MOSQUERA Precio de suscripción á la "Revista Ilustrada." Un año. $ 10 .• lJn semestre,$ S· •úmero suelto, so centavo-.. Comunicados, $ ~~columna . Remlltdos, $ to columna. Avisos: palabra, un centavo : en tipo es­pectal, 20 centavos centímetro lineal. :Se publica dos vece~ por mes. La Cvt"respondencia debe dirigir. e al número 74 de la calle J6 1 Calle Paláu~o Apartado nltmcro 28'< . Dirección tc:lc,.,ráfica: 1 LUS-TRACIÓ. . » Se vende este númt:ro el dí:t de su aparición. en la Librerla Colombiana, Cama· cho ~oldán & 'l."amayo, ,en b Librería Torre" Caycedo. en la Pa.peleria de Samper Mauz y en la Ltbreda N uc,·a del eñor Jorge Roa. · Sumario del número 5 Pág. Acontecimient.., artístico ..... 65 Soci~dad Tipográfica de Bogo-tá- · .......... -... · -..... 66 Navegación del Río Pauto. Elisio Mdi,za .. .......... 6¡ Memorias sobre el origen, cau-sa y progreso ce las desave­nencias entre el Presidente de la República de Colom­bia, Simón Bolívar, y el Vi­cepresidente de la misma, Francisco de P. Santander. 68 Celos. Pasillo ¡or Emilio Mu-rillo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72 El Ánima Sola. Tomás Carras­t¡ uilla.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74 Emilio BobadiUa .... A. V. . . 78 • Fiebres (Inéditas). E~ilio Bo- 6adilla.. . . • . . . . . . . . . . . . • . 19 D. Enrique Bustamante y Sa-lazar ...............•..... 79 Narciso Garay ....... : ...... 8o Emilio Murillo. P. C. M .... 8o Revista de la Moda.. . . . . . . . 8o 1 LlJSTRACIO:S V.~ Bautismo de Cristo. Bouto d~ Ricardo Acrodo B .. ...... 65 El vapor Boyacá, que actual­mente navega en el Río Pau-to ........................ 67 D. Enrique Bustamante y Sa­lazar, Enviado Extraordina-rio del Perú.. . . . . . . . . . . . . 69 D. Emilio Bobadilla (Fray Candil) .................. 71 Lar~dat~ en el templo de San Damián de Asís. Cuadr(} d~ 1 R~cio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73 Tomás Carrasquilla .....•.... 74 Narciso Garay ...•.......... 75 Buga. Puente sobre el Río- Guadal ajara..... . . . . . . . . . . 75 Emilio M urillo.. . . . . . . . . . . . 79 Figurín de modas ....... • "'.. . 8o INSERCIONES LEY 1.57 DE 1.~96 (12 d~ Diciembre>), ~ U BKI': PHKNSA ( 1.. tmtilluRción) Art. 27. Si el periodista suspendió la publicación sin dar el aviso de que habla el artículo 25, ó si el censor de­clarare que el escrito no fue agre~ivo, correrá 1 ulta para el periodista, en el 1 rimer caso, desde el día en que la ex­plicación debió publicarse, y en el segundo desde el día de la resolución del ensor. Art. 28. Si el censor declarare que el escrito debe re­formarse, y quien lo envía conviniere en ello, queda el pe­riodista en la obligación ele publicarlo en la forma deter­minada por el c ensor y en los término~ señalados por los artículos 2 r y 22. La infracción de lo dispuesto en este ar­tículo somete al propietario ó al director del periódico á la pena señala~1a en el artículo 24. Art. 29. Cuando se hiciere uso del derecho de defensa en la forma de que hahlan los cinco artículos anteriores, la persona ofendida no podrá demandar en juicio criminal al ofensor, salvo en caso de calumnia, en el cual le quedan expeditos ambos recursos. TITULO IV-De los delitos. Art. 30. Constituyen delitos de imprenta: 1 ° Las publica ·iones ofensivas, ó sean aquellas en que se atenta á la honra ele las personas; 2 ~ Las publicaciones subversi-:.•as, ó sean aquellas en que se atenta contra el orden social y la tranquilidad pú­blica; y 3 ~ Las contravenciones á la presente Ley que no re hallen comprendidas en los dos ordinales anteriores. . Art. 31. Los delitos ocasionados por producciones ofensh,as dan lugar á los juicios llamados de injuria y de ca­lumnia. los cuales !;e rigen, tramitan y castigan de acuerdo con la ley de procedirmento y el Código PPnal. Art. 32. Los delitos ocasionados por .medio de publi­caciones subversivas los constituyen: 1 ~ Propender á la desmembración de la República 6 á la segregación de una parte de su territorio; 2 ~ Desconocer ó desobedecer la Constitución ó las le­yes, 6 propender al desconocimiento 6 desobediencia de ellas; 3 ° Excitar t. cometer actos que las leyes califiquen como delitos; 4 ~ Atacar á los Gobiernos 6 Jefes de:: las Naciones amigas, siempre que la legislación de los respectivos países consigne igual principio de reciprocidad, y su Gobiem~ lo practique; . 5 ·: Atacar la cosa juzgada, sin perjuicio de la _crítica jurídica que puede hacerse á los fallos judiciales, s1e::mpre que no tiendan á impedir el cumplimiento de ellas; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA !LUSTRADA 6~ Propender á la . deprecia.ción de la moneda nacio-n~; • 7 ~ Incitar unas contra otras las diversa!-. clases sociales; 8 ~ Atentar para la sublevación ó concitar á la guerra civil; 1 9~ Atacar la moral cristiana ó e] dogma católico, y ofender las prácticas de ~sta religión; 1 o. Arrogarse la representación del pueblo ó tomar el nombre de una parte de él ; 11. Combatir la legítima organización del derecho de propiedad ; · I 2. Desconocer ó atacar las legítimas prerrogativas de las autoridades civiles, eclesiásticas y militares; · IJ. Calumniar ó injuriar al encargado del Poder Eje­cutivo, al Arzobispo y á los Obíspos de la República, en cuanto se refiera al desempeño de sus funciones oficiales; 14. Anticiparse á dar publicidad á actos ofic;jales ele carácter diplomático ó á adulterar Jos documentos oficiales; I 5· Ofender la decencia pública con escritos ó grabados obscenos; 16. Publicar ó reproducir noticias falsas que puedan ocasionar alarma ó peligro para el orden público ó grave daño á los intereses y crédito del Estado; y 1 7· Excitar á h>s individuos del Ejército á ejecutar actos de desobediencia ó rebelión. Art. 33· Para los efectos del precedente artículo, cons­tituye delito no solamente la circulación de periódicos, sino también la de libros, folletos, rarteles, hojns volantes, grabados, etc., cuando en tales producciones ::;e infrinja lo preceptuado en él. Art. 34· Son responsables, para lo. efectC's de la pre­sente ley; el propietario y director del periódico, el clueüo. administrador ó encargado del establecimiento en que se hubiere "editado la producción, y el autor de ésta. (Continuará). --~-------- NUP!\tro AgentP. de la. "Rcvi.-td lJn tl'nrla ·• en In Pnl\ i t:l'in •!1• Chiquinf¡nirá, es el señor ,\ rtnt·o S(>c-nra. tin lipaqnirá Jo úHi<·o .\gente: ::on los ::;eñore::, Cat·rajal & l:s­R" OP.rra. En Garzón es e1 Reilor Rafafll Tohat· raJderón. AVISOS Señores avisadores Garantizamos á ustedes que la REVISTA ILUSTRADA es el periódico que mayor circulación tiene hoy dentro y fue­ra del país; cuenta con ahonados y colaboradores en todos los partidos y círculos políticos. Poner quince ó veinte veces consecutivas un aviso en un diario, equivale á ponerlo una sola vez en una Revista que se publica cada quince ó veinte días, con esta dife(en­cia: en la Revista se paga una sola vez lo qu~ en el diario debe pagarse quince ó veinte veces. N o queremos con esto decir que no se debe avisar en los diarios; esto sería una puerilidad, entre otras razones, porque no $Íemprc puede esperar el avisador urgido la tardía aparición de la Revista. N os proponemos solamente llamar la atención de los se­ñores avisadores á las ventajas que les brinda nuestra pu­blicación para hacer conocer extensamente y á reducidísi-~ mo precio sus ofertas y demandas. ADOLFO LEÓN GÓ:MEZ- A bogado. Parque de Santan­der, números 416 y 418. Apa1 tado 112. Teléfono 350. Te­legramas: Le:.mgóme::. FABRICA DE CHOCOLATE CHAVES "'1877 CALLE"'15,NÚMERO"''02 -1898 Las grandes cantidades de cacao y de azúcar que tiene en depósito la Empresa, permiten escoger ia materia prima que se elabora. Ciases extrafinas preparadas únicamente con azúcar refinada. Compárense calidades, pesas y precios. En ventas por mayor se hacen descuentos. CERVECERIA SAYER ·carrera 13, números 172-174, frente á La Capuchina La fábrica de cerveza más antigua de las conocidas hasta hoy en esta ciudad. Esta cerveza es la mejor y más barata en atención á su calidad y esmero en la fabricadón. Se garélntiza su conservación en todo clima. Ventas por mayor y al detal. LECTORES! Visitad el Establecimiento de .. Epaminondas" si queréis estar bien servidos. CARRERA 9°, :\'ÚMEROS 226 Á 230- BOGOTA ----:-- LOS ÚLTIMOS estilos de sombreros americanos de fieltr'o para hombres, 1os más finos que se han fabncado. Carrera 6'_1, n~mcro 237 FREDRRICK LESLJS RocKWOOD VÉASE EL GRAN SURTIDO de pianos americanos .le Chicago, Carrera 6~, número 237 Fru~t>ERTCK LEST.JS RocKWOOD A RTEAGA- & CORTf:s ( Je~tís llf. Ar/ea~~ll y Fernando Corté.s) Abogados. Dogoti. Olici.na. en el Puente de San .f:'rancisco. Los honorarios m:b móchcos por causas de suce~wn y recursos de casación. To-5 lVfOl rTAÑA & P RP A - Abogados. (Francisco 1\fontaña, Vicente Parra). Carrera 7~,. número 494· CERA BLANCA para flores y cirios. Seda negra en madejones, para sastres. Café escogido, por libras. Gran surtido de cristalería y objetos para regalos, donde ANTONIO Mn MORENO. 20-4 N G H O U S E (English Spoken He" BOARD 1 re). Carrera ro, nú- . mero 278. El más cen· tral, cómodo y equitativo de la ciudad. Este acredi~ado ~estau· rantc continúa al servicio de su numerosa y escogida clientela' bajo la acertada dirección de la s~ñora n~~ Fclisa R. de Rudas· FELIPE RUIZ QUINTERO- Abogado. Pasaje Hernández, números 33 Y 34· p ----'----~----- ----- AZÚCAR AME~ICA~ A, la más.t;>arat<~ cie la plaza la vende J. M. Plata Unbe, 2~ calle Flonan, numero 393· ~-------- - - - -- ------- ANDRES LUNA E ESQUINA ORIENTAL , de la iglesia de San Juan de Dios. Números zjz y 236. Bogotá. El más variado, elegante y selecto surtido de paños y vestidos para caballeros, sobre medidas. PRECIOS SIN COMPETENCIA PARA LAS OCTAVAS DEl PUS COMP.RE USTED UN SOMBRERO DE MODA Y BARATO Somos únicos agentes de la Casa inglesa de Carlton y C~, de Londres, inventores de la última patente en fieltros. The London & Bogotá trading 0!, Ltd., sucesores de RICARDO J ARAMILLO & HERMANOS .¡_ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA DIRECTOR, PEDRO CARLOS MANRIQUE FOTOGRABADOR, SATURNO ZAPATA - ADMINIST~ADO~, RUBEN J. MOSQUERA A.i;·v 1-VOL. 1 BVGOTA , Sfo."I'TIHMHRF. 25 DE 1898 NU.l!L;"RO s en misteriosa media tinta que al velar el ge to agran­da la actitud. ACONTEClMlENTO ARTÍSTICO R !CARDO Acevedo Berna] acaba de concluír y ex­hibe junto con otras obras, en su casa de habi­tación (carrera 9~, número 304), un gran cuadro que debe figurar en la Catedral de esta ciudad, el cual rcpr senta el Bautismo de Cristo. Aparecen hoy en­galanada" nuestras columnas con un grabado del boceto que sirvió para la ejecución de dicha obra, y de ella vamos á ensayar una descripción para nuestros lectores de fuera de la capital que no pueden contem­plarla en el magnífico original del artista. Lleno de divina humildad el Mesías recibe el agua que con una concha vierte sobre su cabeza el Bautista. En las límpidas ondas del Jordán se reflejan los cuerpos cuasi desnudos de los actores de esta es­cena, los cuales, iluminados por un sol de Oriente, se destacan sobre majestuoso grupo de árboles que en ' parte sirven de fondo á )as figuras. Hay dos puntos de vista desde los cuales se debe juzgar este cuadro: el estético, ó sea el de la concep­ción y desarrollo del asunto, y el técnico, ó sea el de la ejecución. BAUTISMO DE RI J'f'. Por Ricardo Aavedo Bental. Sorprencle desde luégo al contemplar aquel lienzo su originalidad; al concebirlo, se ha separado el artista de todas las fórmulas y convencionalismos consagra­dos para este género de composiciones desqe los orí­genes del arte. No se escogió el momento en que la leyenda sagrada hace aparecer la tradicional paloma, ni figuran las aureolas y lo coros angélicos, ni otros recur os que nada tienen de subjetivos y que son im­potentes para conmover cuando la emoción no existe en el artista y cuando no posee el sentimiento pro­fundo de la línea y del claroscuro que conduce á lo verdadero sin hacer caer en los groseros escollos de lo real. N o necesita de aureola la cabeza de Cristo en este cuadro, para verse santa; profunda emoción animaba el pincel que inclinó aquel perfil, levantó esas manos sobre el corazón y envolvió el conjunto El Precur or mira al cielo en ademán que ir:ter­preta la fra e bíblica: (( En verdad, en verdaci os digo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 REVl 1 ILUSTRADA que no ha salido á luz entre los hijos de mujeres algu- . no mayor que Juan Bautista'' ____ (1) Aquí se presenta un escollo que solamente un verdadero temperamento de artista puede sortear, y consiste en la dificultad que hay en la ejecu€:ión de lo sublime sin caer en lo teatral. A estas horas de un siglo escéptico, es raro el pintor de asuntos religiosos á quien no le resulta una escena de ópera cómica cuando pre­tende ejecutar una escena del Antiguo ó del N u evo Testamento. Acevedo posee el dón raro de dar unción mística á sus cuadros religiosos á pesar de ser un pin­tor ;IDQderno en sus concepciones y en sus métodos. Preséntan las escenas á luz abierta, dificultades de ejecución que no á todos los artistas les es dado vencer. El claroscuro á la manera de Ribera ó de los modernos Ribot ó Henner, produce sensaciones se­mejantes á las que despiertan las notas graves de un órgano, de reposo, de calma, de recogimiento. Dentro de la plena luz el diapasón de los valores se reduce; la nota aguda desaloja á la grave y tiende á producir, cual estridente silbato, sensaciones irritan­tes. Al disminuír la escala de tonos, aumentan las di­ficultades de ejecución ; es en este caso más difícil modelar, da~ al asunto atmósfera y relieve, sin caer en las carnaciones sucias ó en los tonos chillones de los cromos litográficos de pacotilla. Acevedo ha tenido que luchar con e ta colosal dificultad y algún rastro de esa lucha alcanza á acu­sarse en su cuadro; pero el sentimiento general ele la obra, llena de verdad y de poesía, se impone y domina al espectador. Puede resumirse así: U na mancha o - cura formada por el follaje y por el terreno, divi e diagonalmente el cuadro y contra ta con la mancha clara formada por el cielo y por las hermosas lejanías del ] ordán. Sobre la mancha oscura se destacan las figuras del Cristo y del Bautista y abrillanta las aguas, en las cuales se están mirando el límpido cielo y las figuras del Redentor y del Precursor. Cu_l>o el honor al Director de este periódico, de pedir al señor Cura de la Catedral que se sustitu­yera por otro el muy mal pintado Bautismo de Cris­to que hoy existe en aquel templo. Aceptada inmedia­tamente la idea por el señor doctor Maldonado, un hombre lleno de generosidad y de espíritu público, el señor doctor D. Manuel Antonio Angel, que en esos momentos acababa de apadrinar á una niña de nuestro cofrade y querido amigo señor D. José Joaquín Pércz, Director de El Heraldo, ofreció cubrir las ex­pensas del cuadro en conmemoración de aquel bau­tismo. Ojalá que el ejemplo de este distinguido caballe­ro forme escuela entre las personas pudientes y entre los señores párrocos del resto del pa\5, para estimular el arte nacional apoyando á los artistas con el en­cargo de obras que reemplacen las generalmente malas, de cargazón antigua y las peores de cargazón moderna que existen en los templos, por otras como aquella que acabamos de describir; ella hará pensar á propios y á extraños que no es tan infeliz, como el pesimismo corrosivo se empeña en demostrarlo, la tierra en que existe el gerrrien que produjo ayer á Gregario Vásques Ceballos y hoy á Ricardo Acevedo Bernal. ( I) . Mateo, cap. xr, v. II. ENTRE las numerosas manifestaciones que hemos recibido por haber fundado esta REVISTA y por la implantación del nuevo arte del fotograbado en Co­lombia, ~os satisface y nos honra particularmente la que hoy colocarnos en lugar preferente de nuestras columnas. · Casi desde niños estamos acostumbrados al trato de los cajistas y demás empleados que en las impren­tas contribuyen de tan eficaz manera á la propagación del pensamiento y conocernos las virtudes que animan á este gremio simpático entre todos. Nos considerarnos, pues, altamente ·honrados con que hoy se nos brinde puesto en una Corporación con cuyos miembros nos hemos sentido siempre uni- . dos en la fraternidad del trabajo, de este especial tra­bajo de la prensa, tan improductivo · en recompensas materiales corno trascendental en la labor de transfor­mación y mejoramiento social. Hé aquí la proposición: Sociedad Tipográfica- Secretaría. Bogotá, 17 de Agosto de 1898, Señor doclor Pedro Carlos Manrique.-E. L. C. eñor: Con espíritu ju ticiero la Sociedad Tipográfica aprobó por unanimidad de votos, la bien inspirada proposición que leerá usted en seguida. Corno lo dispone la parte final de la proposición, acompaño un cj mplar de Jos Estatutos para los efectos que ella mi ·rna indica. Dice así: Proposición presentada por el socio señor Celso N . Cárdenas, en la sesión del dia U de Agosto de 1.898. "La 'ociedad Tipográfica CONSIDERANDO : r ~ Que siendo una de las tendencias de la Sociedad el des­arrollo práctico y científico del arte tipográfico; 2~ Que los periodi tas están llamados á coadyuvar en esta propaganda por el importante papel que en relación con este ar­te desempeñan; 3 ~ Que con la publicación de periódicos, libros, etc., ocu­pan á los tipógrafos, y de esta manera les facilitan honrado me­dio de subsistencia; y 4 ~ Que el doctor Pedro Carlos Manrique, incansable y te­naz obrero del trabajo mesurado escritor, polemista de carácter y genio de artista, fundó en la capital la REVI TA ILUSTRADA, periódico que hace honor á Gutenberg y revolución en el arte mismo, al dar á la estampa bellísimos fotograbados ejecutados por él y su colaborador el señor Saturno Zapata, RESUELVE: I ~ Congratularse con el doctor Manrique por el triunfo y éxito obtenidos al realizar esta difícil empresa en Colombia; 2 ­mente la persona que sumini tró e os daros al eñor E guerra equi­vocó el Pauto con el río Pore, que nace en la falda orientales del cerro llamado . amaricote, último de los de la Cordillera sobre el Llano. Este río pasa por la población de su nombre y de emboca en el Curama, c:ln el cual afluye al Pauto, por la ribera izquierda de éste. Le llegó al fin el vapor, que generosa y acertadamente lla­mó Boyacá, y em Junio de 1896 lo trajo hasta el puerto de La Plata, sin qure hallara tropiezo alguno. ¡Gloria al señor Real! III La importamcia que para Boyacá y Casanare tiene la navegación del lPauto, es capital, y los beneficios que re­portará al comerccio, casi incalculables por ahora. El puerto dre La Plata dista de Sogamoso sólo 32 le­guas por la vía dte Nunchía j y del Cocuy sólo lo separan 30 leguas por la vía de Támara. De manera que todas las poblaciones que median entre esas dos ciudades, y aun la capital del Deparrtamento, pueden proveerse de mercancías introducidas por 1ios río Orinoco, Meta y Pauto, obtenién­dolas á más bajo precio que las introducidas por el Mag­dalena j puesto q::jue á los introductores que se sirvan de aquella vía se le hace una rebaja del 40 por 100 en los derechos de Adumna. El señor Reml, el señor Bonnet y los señores Franzius H rmanos, que atctualmente introducen la mayor parte de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. RE I::,TA ILU RADA la: m rcan ía qu se consumen en a anare, han com­prendido que el extender el radio del m ~ rcado ha ta Tunja les a eguraría mayore ventajas, pero los detiene el malísi­mo e. tado de la· vía de ·omunicación. Pen ·amos n con ·ecuencia, que una de las primera · aten i ne , u el 'obierno de Buyacá el be con i "tir n alla­nar e a difi ultact para que la soñaua Pu rta oriental " que ha ·ta hoy no ·e ha vi to in o n pompo o di ·cur ·o ·, e abra en realidad al Departamento, y éntre por ella 1 progreso con qne ¡lo · extranjero:: . e tán golpeando en el i11terior de un pueblo pobre .. .. Hemo · visto ha ta aquí las ventaja· inmediata · que para Boya á asegura la navega ión del Pauto con el co­mercio de importación. ¿ uále · ·on las que ofrece para el de e, portación? El café, aun en la desfavorable circun tancia que hoy atravie a por la baja de u precio en lo mercado e ,_ tranjero , e. un negocio de bueno rendimiento ; y lo será indudablemente en el orvenir, primero porque t do augu­ra que 1 alto tipo del cambio ·e ·o tendrá en Colombia por alguno · año ·, y ·egundo porque uando el premi de la 1 tras ó el oro baj yá la produc ión univer ·al del fruto habrá di rninufdo, en virtud del abandono que hoy ·e hace de numerosa y xtensa · planta ione ·, en la omarca que reducen café de mala calidad. Y bi n: todas la tierras d 'a ·anare que median en­tr lo · 700 y 1, oo metro · de altura, producen café de ca­lidad e c:elente, lo ual tuvimos ocasión de verificar, oro­parándolo r cientement un 1 que ·e porta por Girar­dot, reputado omo l má · fino. De su rte que lo comer-iantes del int rior d Boya á podrían ltac r á la vez, el bido á la navegación d 1 Pauto, 1 omercio dt imp r­ta ·ión y el ele e p rtación ·ituando agc1•te · qu compra­ ·en café n abranzagrand , un hía, Támara, Ten, etc. El pre io d ·t fruto, yá pilado y aventaJo, es a - tu:tlm nt d $ -4 á $ 28 r or carga n Támara· y ~e ún la· últimas venta · de qu :e no ha dado cuenta nue tro café e colocó en ueva ork á r r · ntavo á cau:a de 11 var algunos grano negro · y habers averiado algo ante de que 1 vapor lo tomas á b rd . e a enturadJ u­poner, pue ·, que uando la co echa y el benefi io del café se puedan hacer en Ca anare empl ando las prá ticas y máquina: qu ahora e u an en Cundinamarca aquél al ­cance un precio de 15 centavos. Para complementar e-to ligero dato on que hemo · creído conveniente acompañar el fotograbado que repr - enta el apor Boyacá, qui -iéramo dar algunos sobr el co to de la navega ión, di tan ias que el Boyacá recorr etc.; pero vamos abu ando yá de la generosa ho pitalidad que la REVI TA !LU TRAD no· ha dado. ELl ·ro ME l A Támara, Ago to de 1898 )( MEMORIAS sobre el origen, causas y progreso de las desavenencias entre el Presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, y el Vicepresidente de la misma, Francisco de P. Santander, escritas pol' un colombiano en 1829 (Continuación) A í fue que para evitar el cúmulo de desgra ia que ame­nazaba á la patria y no dejar asidero á su. enemigos, Santander se intere ó vivamente en eparar e del Gobierno el día 2 de Enero de 1827, en u yo día ordenaba la ley que cesasen en sus fun ion e· el Presidente y Vicepre id ente d 1a .Kepública. Cien vece.:; le ·upli ó á olívar que le permJ­tle e cumplir e ta ley; i n má. le repre entó que yá no le c1 a po~lble continuar sirviendo útilmente al paí ; que 1 Pre-ideute del Senado} en quien re aía l 70bierno, hallaba abalrnente en la apital y que debería ·er ventajo o á la tranquilidad de Venezuela el que ·e le viese eparad · del .Ejec:utl o. Bolívar d oyó esta· ju ·tas bserva ione ·, y el - cididamente expidió la orden para que continuase en el ejercicio del obierno, no obstante cualquiera di posición en contrario ( 1 ) . Para ver si podía obligar al Pre id ente á que cediese algo de su preten iones en favor de las liber­tade. nacionales y e sufocasen los gérmenes de divi ión que con tánto vigor estaban fermentando, le ofreció apoyar el proyecto de la onfederac:ión de Colombia, Perú y Bo­livia, iempre que le explica e u. entaja y re olviese las dudas que le propusiera: le ·ugirió la idea de que presen­ta e al libre examen de olombia su on t1tución boliviana, cuyos adver arios crecían en razón de lo mayores medios ·órdidos que se veían emplear para hacerla adoptar ( 2 ), y que e reuniese el ongreso constitucional para que li­bremente deliberase acerca de la legalidad y conveniencia de anticipar la convocatoria de la onvención. Bolívar oyó con placer el primer ofrecimiento, como que tánto halagaba us deseo de verificar un proyecto en que estribaba su futuro poder, y como que por la carta de Santander, di­rigida á Lima n respuesta de las en que le indicó la idea de la onfederación, sabía que éste era contrario á ella; pero ·e denegó absolutamente á consagrar en los otros dos. Él re pondió que su boliviana era como un puñado de bue­nas !:emillas tirada al campo para que las recogiese el que quisiera, y que la reunión del ongreso, además de no ser nece aria para la convocatoria de la Convención, podía entorpe er el cur o de la m dida que pensaba tomar en bien del re tablecimiento de la paz. o 11 gó jamá el día en que Bolívar desenvolví e el porm nor de la proyectada 'onfedera ión, ni que expli a ·e . u ventajas; todo lo que hizo fue acon ejarl á Santander que escribiese en el parti­cular al (7eneral antacruz, Pr idente del I erú, y al ene­ral ucre, Pre idente de Bolivia, de quienes re ibiría Lls expli aciones que de aba. E ·ta re erva daba á entender que el proyecto ontenía ba es ontraria · ó poco confor­me á lo principio qu abiertamente o t nía antander, y en al,ún modo debía a u ·arlc xtrañ za tan in p ra a alida. antander, con ecuente on su prom a escribió n efecto á los dos per onaje enunciados pidiéndole expli a­ciones y nunca obtuvo contesta ión. Por lo que e ha po­dido traslucir de aqu 1 proyecto, la cosa reducía á for­mar una ola Repúbli a de todo el territorio ompr ndido entre las Bocas del Orinoco, anamá y el Poto í, la ual había de dividir e en los seis E taclo siguientes: V ne­zuela, undmamarca, ur, alto Perú, bajo Perú y Bolivia, y debía ser gobernada por Bolívar con l título de Liber­tador Pre id ente y una autoridad perpetua y sin re ·pon­sabilidad. ~ada Estado con er aba una autoridad igual aunque sujeta en todo á Bolívar, que debía formar una corte ambulante ·i no residía en Lima. El Perú y Bolivia estaban yá regido por la boliviana, publicada y jurada el año de 1826. Los Departamentos colombianos del ur la habían solicitado en las vergonzosas acta promovida. por uzmán. Venezuela debía solicitarla igualmente en virtud de todos los pa.:;o dados al efecto en medio y á favor de su disturbios, y el inferior de la Nueva Granada, enclavado entre Venezuela y el Sur, no podría menos que ceder á las cir­cmzstancias. Así lo aseguraba Bolívar á Here , Ministro de Guerra en Lima, en carta e crita de Tunja á fines de o­viembre de 1826, añadiéndole que todo cuanto se estaba haciendo en las reuniones populare que se provocaban, ería al fin aprobado y sancionado por la onvención. N o pudiendo ocultar e á lo patriota. ilu. trados las desventa­ja que envolvía la reunión de Estados tan diferentes, des- [1] pesar de esta orden, 'antander llamó al Pre idente del e-nado, Baralt, á encargar e del Gobierno; pero é te u. citó duda en la inteligencia de la 'onstitución y sobre la Pre. idencia del enado. 'e con ·ultaron á Bolívar, y no re pondió. Forza o fue, puc , á , antan­cler !>eguir en el ejercicio del Gobierno cle:pué del día 2 de Enero. [2j En Lima había publicado Antonio Leocadio Guzmán Una ojeada sobre la 'on. titución boliviana, que era un verdadero poema. en honor y alabanza de su autor. La ojeada pintaba esta Con tituci6n como el non plus ultra de la ·abiduría y de la libertad. E te papel, de­dicado al bate D'Pradt, e repartía con profu ión por todo. los pue­l, lo:, y era notado de en migo de Bolí arel que no lo solicitaba. El mayor regalo que él hacía á ·u amigo era la oj~ada ele 'u¿mán. 1 . Jo. é rgnacio ParL tuvo la comisión de repartirla rrrntis en Bogotá. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVI. TA rLU TR , D:\ parramados en un vastísimo territorio y que debían ser regidos por un ódigo tan poco calculado para mantener las libertades políticas é individuales, se ocuparon en exa­minar el proyecto, impugnarlo con sólidos raciocinios y aun denunciar los rumores que corrían lle que la Confede­ración abrazaría al fin á las República del Río de la Plata y Chile, con lo cual se reuniría toda la América del Sur, antes española, bajo el poder de Bolívar, y de la legi ·]ación constitucional que él había creado. Sobraban motivo para temer que fueran éstas en realidad su ideas cardinales. Los celosos republicanos de Buenos Aires y de hile habían desenvuelto con sabiduría los vicios y defectos capitales de la Constitución boliviana, y llamado la atención de sus compatriota á la ambición del Libertador de olombia, á la cual atribuían las convulsiones internas que e taban ex­perimentando. En el Congreso del Río de la Pla-ta se oyeron acu aciones en el particular ( 1 ), y el Gobierno de Chile culpó á Bolívar de la rebelión de hiloe. Sea lo que fuere acerca de la ju ticia de estas inculpa iones, lo que podemos asegurar es que Bolívar mantenía corre pondencia con los je­fes disidentes del Río de la Plata, que pagaba de sus fondos la reda ión de El Tribuno de Bue11os Aires, dirigido á atacar la administración del ilus­trado Rivadavia, que escribía y hada escribir en Lima contra el régimen político del Río de la Plata y hile, y que mantuvo en la capital de e ta última República, en calidad de agente, á su edecán O'Leary, inglés, muy ver ·ado en la artes de la intriga y de la corrup ión. 'ada e crito di ­rigido á cen urar la boliviana, y la onfedera-ión, irritaba más y más l ánimo de Bolívar, y resuelto á no ceder e parció e critores asalaria­dos por los principales puntos de la República para que las defendie en á todo trance, desacre­ditasen · el i tema con titucional que regía á o­lombia, y difamasen las leye , al Gobierno, á lo patriotas que lo so tenían, y muy particularmente al Vicepre idente. poderado de la fuerza arm::t ­da, rodeado y apoyado de todos lo que habían herido de muerte la onstitución del E tado, ha­lagando á lo débiles, amenazando y desacreditan­do á los honrado colombianos que le hacían fren­te, y repartiendo empleo , grados militares y bus­to · (2), nada le parecía que podía yá resistir la ejecución de su planes. del Padre común á los que de pedazando y hollando e a misma regla , habían roto la unión y disparado la arma contra sus h rmano . Interin que Bolívar así obraba en Venezuela, Santander hacía grandes esfuerzos para reunir el Congreso á fin de que tomase en con ideración los mna les de la patna, contrapesase de algún modo el exorbitate­poder del Presidente, y admitiese la segunda renuncia de la Vicepresiden ia, que iba á pre entarle, como uno de lo medio má adecuados de moderar la destemplanza de lo partic.lo . Sus providencias gubernativa tendían á mantener et vigor de la~ leyes y á reformar varia innovacione que Bo­lívar había decretado en Bogotá y que e taban producien­do no ólo de contento y murmura ione . ino aiborotos perjudiciale . omo su correspondencia privada con Bolí- Bolívar en Venezuela puso á todo los re­fractarios á cubierto del juicio de la ley con una amni tía cuya conveniencia no nos toca exatlli­nar. Páez fue investido de la autoridad superior civil y militar en la antigua Venezuela; los mili­tares que le habían auxiliado en su rebelión reci­bieron nuevos grados, y los patriotas que se habían opuesto fueron mirados con desprecio. Bolívar hizo cau a común con todo los que habían vili­pendiado la onstitución y el Gobierno Nacional, cuidándo e muy poco de los deberes en que toda- D. E~RIQ E B TAMA 'TE Y SALAZAR, Env iado Extraordinario del Pené vía le con tituía su carácter de Presidente cons­titucional de Colombia. Puede decirse sin riesgo alguno que la conducta de Bolívar en esta ocasión no fue la de conciliador entre los partidos, ó, para valernos de sus pro­pias palabras, no se portó como Padre de una familia dis­corde -á quien había ofrecido estrechar entre sus brazos sin diferencia de culpables é inocente : los hijos que se habían declarado en favor de las regla , que toda la familia libre y solemnemente prefijó para ser gobernada y conducida á la perfección fueron pospuestos en el afecto y recompen a. (I) Véan e en El Mensaje1·o de Buenos Airrs los di curso del Di­putado ómez. (2) El Congre o del Perú, para perpetuar la memoria de su liber­tad, hizo acuñar una medalla con el hu to de Bolívar. E te la convir­tió en medalla de honor que debía colgar. e al cuello, y sin ninguna delicadeza la di tribuía él mismo á sus devoto , daba diplomas y obli­gaba á los militare · á que iempre lo llevasen pendiente de la cinta tricolor. (Pe fotografía de Duperly and Son)· var aún no se había interrumpido se valió de ella para informarle con toda franqueza del verdadero estado de las cosas y de los pa os que daba para reunir el Congreso, y suplicarle que no fuera á convocar la onvención, como parecía ofrecerlo en un decreto expedido en Maracaibo, sino que dejara al Congreso tomar en con. ideración e ta importante cuesti.ón. Entretanto los papele públicos de ambos partido se expresaban con calor é inmoderación, y la - animosidades crecían diariamente. Bolívar firme en creer que Santander los dirigía, y sospechando que éste abrigaba la idea de abatir su autoridad y derribarlo de su alto pue to, arrojó la máscara y le declaró la guerra valién­dose al efecto de la mismas armas de la calumnia y de la difamación, que ante' habían empleado su enemigos per­sonale . Un u ceso de alguna tra cendencia vino á com­pletar el de a tre de la patria y á consumar la enemi tac1 de BoHvar on antander. La Di vi ·ión olombiana , i,. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 70 REVISTA ILUSTRADA ten te en Lima se insurreccionó el 26 de Enero de 1827. Los oficiale~ que acaudillaron el movimiento, depu ieron á los jefes, de quienes sospecharon algún interés en sostener las miras de Bolívar, ó que realmente las sostenían, se de · clararon defensores de la Constitución de Colombia, y se pusieron bajo la protección del Gobierno de Bogotá. A este suceso siguió el cambio político de la República del Perú. La boliviana fue en el momento abolida, los emplea­dos que la habían patrocinado fueron destituídos, y un nuevo Congreso constituyente fue couvocado para dar al pueblo otras instituciones. Estos actos se acompañaron de las más patéticas declamaciones contra la opresión que habían sufrido bajo el Gobierno dictatorial de Bolívar, contra sus planes ambiciosos, y contra los medios poco decentes de que se había valido para arrancar de los cole­gios electorales un sufragio favorable á la nueva Constitu­ción. N o faltaron en esta revolución acciones verdadera­mente innobles, que debían irritar fuertemente á Bolívar, tales como la de recoger la medalla que con su busto ha­bía acuñado el Congreso en memoria de la libertad de la patria, la de quitar á la ciudad de Trujillo el nombre de Bolívar, que el mismo Congreso le había dado, y la de pasear en público su retrato de un modo ignominioso. Yá puede considerarse á qué punto subiría el furor de Bolívar al saber estos acontecimientos, que algunas ciudades de Colombia, inclusa la capital, celebraron con varias señales de contento, y hasta qué grado crecería su encono contra Santander á quien suponía autor de todo. El Reconciliador, La Lira, El Meteoro de Caracas, redactados bajo los ojos de Bolívar, el primero por su Secretario Revenga, el se­gundo por su confidente Guzmán, y el tercero por su ami­go Carabaño, redoblaron sus afr ntosas injurias y atroces denuestos contra Santander. Esto periódicos, establecidos por Bolívar desde antes de saber la revolución de Lima, eran el taller principal donde se trabajaban todos los dis­cursos destinados á elogiar á Bolívar, recomendar su ideas políticas, desacreditar las leyes y la admini tración, ridicu­lizar los principios liberales, y sobre todo á calumniar al Vic~presidente. Lo.s diarios asalariados en Cartagena Qui­to y Guayaquil, repetían las ideas de los de Caracas; por todas partes se predicaba la reforma, se pedía la dictadura y se dejaba traslucir el de enlace del drama y la per ecu­ción de los amigos de la causa de la libertad. Bolívar e - cribió á Santander una carta en Marzo de 1827, toda de su puño, anunciándole que no contestaría más cartas suyas en razón de que ya no lo tenía por su amigo, y poco des­pués le mandó el número 1~ del Meteoro con esta dedica­toria en la primera foja : el autor, en home11ajc al Ge11era/ Sanfand~r, y al pie la rúbrica del Libertador. N o se inti­midó por eso Santander, ni desmayó en la prosecución de sus deberes. Entonces redobló su atención y escrupuloso celo al exacto cumplimiento de las leyes protectoras del ciudadano, para que nunca pudieran e harle en cara sus enemigos, ni el mismo Bolívar, que sus obras no estaban de acuerdo con sus palabras, y también para que los pue­blos llegasen alguna vez á distinguir la diferencia que hay entre un Gobierno sujeto á reglas escritas, y contenido por vallas legales, y aquél cuya regla de conducta sólo es su capricho, sus afectos y sus intereses. Oprimido Santander con el peso de un Gobierno inca­paz yá de seguir una marcha pacífica y toda constitucio­nal · hallándose en lucha contra el prestigio y el poder de BolÍvar, presentó su renuncia ante el Congreso, que se había logrado reunir en Tunja. Digna es de recordarse esta pieza por la franqueza con que está escrita y la exactitud con que pinta el penoso estado de la República. N os otros, sin proporción de trascribirla, nos contentamos con reco­mendarla á la meditación calmosa de los que puedan ha­berla á las manos. Bolívar también envió desde Caracas su renuncia, apoyándola en que no quería dar más motivos de desconfianza á los celosos republicanos, que su presencia yá no era nec.esaria en Colombia, y que habiendo trabaja­do toda su vida por merecer bien de la libertad, e~ taba re­suelto á desertarse de Colombia y aun á sepultarse bajo sus ruinas antes que continuar en la primera Magistratura. Suf". expresiones eran tan vehementes, y tan vivas sus pro­testas de renunciar la Presidencia una, mil y millones de veces, y abandonar el país, que no faltaron personas que la creyesen sincera. Los que habían comparado tranquila­mente sus discursos y proclamas desde 1818 á 1826 con el lenguaje é ideas de sus recientes producciones, y con la conducta que le observaban, pensaron de otra manera; en esta renuncia no vieron sino protestas de mera fórmula, y una añagaza para intimidar al Congreso y arrancarle la dictad11ra. En el Perú había surtido buen efecto una far!-la igual, y la surtiera en Colombia si el Congreso no hubiera tenido en su seno muchos Diputados y Senadores bien dig­nos del puesto á que los había elevado un pueblo amante de la libertad. La renuncia de Bolívar, impresa en Caracas desde antes de pre entar e al Con-greso. proveyó nuevos combustibles al voraz espíritu de partido en que ardía la nación. Si al hacerla, y mandarla 1mprimir, él tuvo inten­ción de promover la animosidad de las opiniones políticas para imposibilitar ó retardar la \"uelta del orden y de la paz, debemos decir, aunque con repugnancia, que logró su. designio. Unos sostenían en sus esc.ritos que la libertad y la dicha de la República exigían que se complaciese á Bo­lívar admitiéndole la renuncia, y otros defendían lo con­trario, asegurando que entonces sería más peligroso cuando se hallara reducido á la vida privada. N o faltó entre los Senad0res quien lo comparase al monte sagrad reuniendo á los descontentos para amenazar la existencia de la Re­pública. La dilación del Congreso en decidir la ue tión de la renuncia ontribuyó á prolongar la acalorada rli. pu­ta sobre la neC':- idad ó ·onvenier.cia ele admitirla ó ne­gar!~. La opinión de Santander en el particular fue . icm!,re por la inadmisión, lo uno porque siendo el suc sor dcsic;­nado por la onstitución, era delicalleza mauife ·tar este concepto, y lo otro porque staba per ·uadido que la allmi­sión de di ha renuncia produ iría pre isamente la guerra ivil suscitada por el partido de Bolívar, que desde lu ~ go desobedecería al Congreso, y elevaría á su jefe á la dic:­tadura ( 1 ). Al fin el Congreso resolvió el cHa 5 de Junio no admi­tir las renuncia d 1 Presidente y del Vicepresidente, aun­que con la notable circun ·tancia de que 24 miembros o­taron por la admisión de la de Bolívar, y 4 por la de San­tander, lo cual dio mayor motivo de irritación á aquél, que siempre e taba pronto á culpar al otro de cuanto sucedía contrario á su. de ignio y á sus e peranza , ó que de algún modo mortifica e su orgullo. La inadmisión de la renuncia de Santander en las circunstancidS en que se ha­llaba la N ación, y de pués de haberse visto us procedi­mientos en las cuestiones políticas que tenían divididos los ánimos, y después también de las calumnias que sus ene­migos habían vomitado, d bía hacerle comprender que los representantes del pueblo colombiano aprobaban su con­ducta. Y á se lo habían expresado así en los términos más honrosos y satisfactorios el Presidente del Senado Baralt, en el acto solemne de haberse presentado Santander el día 12 de Mayo ante el Congreso á prestar el juramento como Vicepresidente reelecto para el período de r827 á I8JI, y el mismo Congreso, cuando negándose abiertamente á to­mar posesión de la Vicepresidencia hasta por tercera vez, que le requirió á ello, le forzó á obedecer por una termi­nante resolución. Casi al mismo tiempo en que se ventilaba la cuestión de la renuncia de Bolívar, apareció en los Departamentos de Azuay y Guayaquil la División col.ombiana insurreccio­nada en Lima proclamando el restablecimiento del orden constitucional y haciendo fuertes acusaciones al Presidente. Alarmóse todo el partido de Bollvar al aparecimiento de estas tropas en nuestro territorio, y en sentido contrano el partido liberal concibió nuevas esperanzas. El primero, además de los epítetos de traidores con que las denomina­ban, les atribuían el pérfido designio de querer incorporar ( 1) Estamos bien ciertos que los Senadores Soto, Osorio, Ar­boleda, Coronel Márquez, Rebollo y Arroyo, y los Diputados Gene­ral Gómez, Cucalón y otros, pueden dar testimonio de esta ast:rción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA al Perú los tres Departamentos del Sur. El segundo, aplau­diendo la revolución del 25 de Enero, y llamando á los aütores libertadores de la patria, aseguraba que su arribo á nuestrv territorio no tenía otro objeto que la defensa de la Constitución ultrajada. El Vicepresidente, que no había ordenado el movimiento de aquellas tropas de Lima al Sur, y qu~ las veía destituyendo en Guayaquil á las autoridades; constitucionales, y aun proclamando máximas anárquicas, se apresuró á dictar las providencias convenientes para contenerlas en caso de que positivamente ~brasen contra la integridad nacional. Bolívar en Caracas creyó, ó le hi­cieron creer, que la salida de. las tropas de Lima y sus ope­raciones en el Sur habían sido tiispuestas por Santander, y se preparó para oponérse­les vigorosamente. En la hora expidió una proclama anunciando que no podía desen­tenderse ni como Presidente, ni como ciuda­dano, ni como Libertador, de los males que amenazaban . la integridad nacional, y que estaba decidido á marchar contra los nuevos pretorianos (título con que denominaba á las tropas venidas de Lima), y á mantener el vigor c;le las ley e . Y á para aquella fecha se hahía olvidado de Jo precisos término en que hahía hecho su renuncia; yá p.ensaJ?a en volver á ejercer la autori ad uprema sin necesidad de. coac ión; yá no estaba r suel­to á sepultarse bajo la ruina. de la Repú­blica. Es d notar que cuando Bolívar ha ·ía en la precitada pro lama lo ofre imientos que Ílevamo ref ridos, todavía ignoraba lo que el ongreso hubiera decidido sobre su renuncia, de manera que él tomaba su m - didas sin ontar con la volunta l del 'uerpo Lcgi lativo. Es d aquí de donde los adv r-ario de sus proye tos han tomado motivo para difundir nueva· desconfianza obre la protesta de sus di ·cursos y de u. proclama . Al alir BoHvar de aracas expidió otra proclama á sus paisano , que por e tar con­cebida en términos los más impolítico y pueriles, tenemos derecho para reer que fue di tada por el resentimiento y la venganza. u objeto era despedirse de ellos, y decirle qué sat¡a de entre sus brazos obligado por los males que experimentaban los Departa­mentos del Sur; pero allí hizo la' más fran a declaración de que todo los sa ~rificios de su vida por la libertad del paí , sólo y exclu­sivamente habían tenido por objeto la gloria ele Caracas ( 1 ). Esta confesión su~inistró · nuevas y más constantes armas á sus enemi­gos, como él llamaba á los que se oponían á sus designios, quienes comentaron sus pala­bras de diferentes modos, y siempre sacando por consecuencia, que Bolívar yá había rele­vado al pueblo de Colombia de la deuda de grq.titud á que creía·.;, estar obligado por los servicios del que había recibido el título de Libertador. El Congreso durante estas re-yertas trabajaba por cierto en favor del restablecimiento del orden constitucional, mas no con la energía y firmeza que era de esperar, y que sin duda habría contribuído á enfrenar la :violenta carrera del Presidente hacia el poder absoluto. Di­vidido también en partidos el Cuerpo legislativo, sus medi­das participaban del carácter de una tregua ó de una capitu­lación donde ni todo se concede ni todo se niega entre los beligerantes. Algunos de sus·decretos conciliativos contenta­ron á ambos partidos, otros fos disgustaron. El Congreso por último acordó la convocación de la Gran Convención por ( 1) La hi§toria dirá si es cierta. esta asercipn, ó si puede decirse de Bolívar lo que de! Bonap;ute: "Combatió más para. sí que para la patria." "Hijo de la revolución, mató á u madre." Hasta ahora nos parece que todo el fruto de us combates y victorias lo ha reportado él solo. la cual Bolívar había manifestado el más vivo interés en una de sus proclama de Caracas. Santander fue opuesto á esta medida, no sólo como contraria al artículo 19 r de la onstitución, sino como incapaz de curar las dolencias de la Nación. En un largo Mensaje que la imprenta ha publi­cado, expuso al Congreso los medios que en su concepto podían restituír la tranquilidad interior. E'ntre ellos hay dos que habrían sido conducentes á los deseos del Gobierno y de los buenos patriotas: el llamamiento inmediato de Bolí­var á ocupar el asiento de Presidente en Bogotá, y la previa consulta á los pueblos sobre 13: conveniencia de anticipar la convocatoria de la Convención. El primer medi0 habría D. E HLIO BOB DTLLA (Fray Gwdil.) ( De fotografía de aliente. ) complacido al partido de Bolívar, que aspiraba á conser­varlo al frente de la República, y no hubiera desagradado al contrario, cuyos deseos no eran otros sino que Bolívar gobernase con arreglo á las leyes. El segundo haqría dado Jugar á que se meditase con calma y reflexión'. la conve­niencia de la medida indicada, y evitado el nuevo escán­dalo que dieron en caña los diputados~ que desertaron de la sala de las esiones de la Convención, y facilitaron la consumación del proyecto de destruír el Código funda­mental de Colombia. Desde que el Congreso manifestó deseos de convocar la Convención, perd:ó la confianza de los colombianos, que habían sostenido el si. tema constitu­cional, y sus trabajos po ·teriores justificaron estos recelos. El Congreso, al saber que Bolívar se dirigía con un ejército á Bogotá que !!e negal>a á cumplir la ley, que disminuía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ,__...__ 't..! r ]J¡fl rT~---- c:QJl rTlTT fi rTTTT TííT 1 J..J ~w 1 .. ~ ~ , 1 ""l fi ~~ ~ .. \ 1 -~fE tf ~:M:, : ~~ 1 l ¡ 1\ 1, T 11 11 Ht-tt; H ~ 11 1 1 ' , íy 11 1 ll fll 1 1 r~ T~~ 11 r; . \;; ·] -~ .. ~ . o¡· 1 1 1 w_u~ 1 1, 11 '-TT.~ 11 ~ n; 11111 t ~- 11 ~ 1 11 ~ A '-1-t+-tr¡-~~ mn,~-~-v -rT-lf~-~ 1 ,-. ijl¡rj_--·I"Rl•) 1 lll ~ ~ 'l ~, -~~ ~~ Hl r 1 T 1 , ~ 1'''' ,,1 ' , ~ 11 --r ,l.,, ''''' ' ·~tUi ~~~ -r~v i -1 ·1) ~ ' l"l ' ' ~~ 1 · 1~~ 1 H+tl ~ t 11 1 ll 1 1 m-r; 111 U- 1 ! +-n•" 11 ! 1 1 W ~n 11111 ~+~~_L · ~--tt'f ~ l •h· 111 1 ~ffi' .n- ---r-.uv lllll __ 'lrl ~ :th-1----,~ l 111 1 1 1l~t~ ~ 1 ~- ~umt. L+s t) _WJJ m¡,i-~ -~ ii¡D·1~ '¡ ·11 11~ »tr.-. ~ .W- llr'r~;. · . 1 1 ., 1 1 1 1 1 rrr:U: --+~, 11111 ~ ~ _J 1 , . . • 1 1 1_ 11 ,, ~~ • . • ~ 1-f'! 1 ~ +. .+-_¡_ lrt t) _~~~ }11 ~"'~ ·~ 111~ »1~ . m M" . ~TT.J . ~~ ~4lW Jrttl 1 fl-l- 1 )) ~1 ~J ~ _l ül mll ___ l ~fit.-. +.n7 1 . j_l · r1~r ~ ·_~ ~--lliiJ 1 ~w" ~, l+m"~': 'rtill ~ML ~· t 1 IT , 1 T H ~m~~n~ ITIJ ~)_ -ttml ~ Efi .. 1,., '¡ ~+;)' NI-k.. . liTIT,~rr . . . V • · 11 s-~Ü 1 f-'~ 1 ~1 · 11 f 1 1 m 111 • ~ 1 ~" ,~ 111l· ;. n m" . , 11 G 1 1 1 - 1 ~ · . ·~ ~~ · ~ \ 1 1 '~-~~ ~L- ífT " ~ ---~ . •t ' 1 f~ ~~~ ~~ .¡_ ~L~ l 1~·1 ~---~ S.U'.liL'i- q.w.U m 1 1 1 - 1 ¡r1 Tl1 it~ ~~~·~ l1 _,-nll'· ~ 11 l m! 1 ~•m11 lJ!U-w _J¡.m•~ ~Qi h · 1111 1 1 : 11~~ j'F -, ,~ . 111 ¡ 111 ~ •+~-1--W 1 ' 1:- ~ rT~) rnll.- -=--\ ~j_ '-' . t IT~-;. Jjj~ - r-+4 '•' tl _~_u ,F,¡,¡ Ti t 1 1! ~T~l·- ' ~ ll~'l '-f4W '1 - -¡· !l ~n~ \ l¡ • ¡· f' ~~~ 1" f) ~ ~~ 111'' 1 1 1 1 1 ~~ r-r , ~,. ( 1• - ·~·~ l_u -.¡ 11 ' 1 : , - ~t 1 ¡.~t.j_l lllTTIII ~ , ' ' t 1 ' 1 ~~ l t• . ~ ¡. ·'- m•¡ l L 1111 ~ ~ ll m 1'1 ~- ~ a.~J -·1 '1111 ll!ll~-LLLL "t1111 1 ~t+-'" ~l~=-:.-~~irn'' 1~11 11 1• · ~ .,_ _ ,. 11 ~~ ll\1 ~1_ ~ --~ ,l. 1 llh UiU 1 w..r+tf. ~ 11 W+Ltt;- ~ 1 • 1 1 1 ñ ~ -r : _ _ , ~u tr -----.. -~ ~ 1¡1 - •!~IPTt- -l+i 1 1 ~ ~~~.~, ~~i l ~ ~~· 1~ ~ rH~,., ·· "111 lH~)) a· jl_ _ J1*l1t1jJ l'ff rr.~- - 1 j li11 \\IV -.. ~~~~ 1 1 TTT~~ ~ .1 1 1 1 '- I! 11111 llhf: 11 ~H~~ 1111 ' ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 73 L. O TE EK EL TE 1PL D D l\IIÁ DE Í , LUGAR DE L . MILA 'RO UE A TA CLARA uaclro de Recio. Pertencct: al s ñor doctor Liborio Zerda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 74 REVISTA ILUSTRADA el número de tropas permanente , y que ejercía todo los poderes del Gobierno C')n de precio de la Constitución se intimidó, y en vez de apoyar lo proy ctos que le pre ·en­taba el Vicepresidente Santander, ahrazó el partido de no disgustar al Presidente Bolívar. Más ade'ante se Yerá toda la débil deferencia del Congre o con Bolívar, que tánto ha debido alentar las esperanzas del que hasta entonces pare­cía pagar algún respeto á lo Representantes del pueblo. ( ontinuará) )( EL ÁNIMA SOLA (Traducción libre del pueblo). Y EN aquel tiempo, como dicen lo antos Evangelios, hubo una estirpe que llenó el universo con u fama. Su nobleza fue la más 1· 1 alta y esclarecida; sus hombre todo·, héroes ( y conqui tadores; ri­<. JUÍ imo sus feudos y regalías. Ma. la muer­te, envidiosa de e ta raza, sólo dejó un vás­tago para propagarla. Con los título y privi­legio que en él reca­yeron, vino á er el castellano más pou - roso de ~u época. I .os r y mi. mo le aga­ ·ajaban, porque le t - mían. En su ansia d p r­petuar e de re. taurar b grandeza del apelli­Jo pedía á Dio hijos varone por de nas. Como no e los diese, bajó á. dígito y por último, á la unidad. Pero Dios, ó no estaba por xc lsitud s de la tierr, ó quería mortificarle: i cada e. pera enviáual una hembra, cuando no los. ntr la ilu ión y el de engaño, Jlegó 1 al allero á la vejez; y su tercera e posa, !:,ll · tr 'Ce hijas y la much dum­bre de vasállo. le pagaban el clc:aire. us crueldades ate­rrahan la comarca · en lo. calabozos gemía toda una multi­tu( l d desrrraciados · de las hor as del astillo olgaban los sien·os en racimo.·. Al clamor de tántas alma., fue Dio servido de otoro·arle al marrnate un heredero. Pagado, re­sarcido de todo se onsidcró con el regalo: par da hijo de gigante , y era tan hermoso y perfecto que á nada en el mundo podía omparUS e cuderos le trajesen las cadenas y los grillos má pesados que hubiera en los calabozos, la pellica má vieja que encontrasen en la su pre~encia, y le ordenó :-Trépa á la tori-e NARCISO CARAY del homenaje y, con tu propia espada, bórra el lema y la heráldica de nuestro blasón. ;ran premio del Con. ervatorio de Blllselas. ( Concur ·o de 1898 , - >e lotografia de Duperly and on. Ardua fuera la empresa para otro. En el lado más vi­sible del altanero torreón, sobre la serie paralela de saete­ras, campaba, labrado en piedra de sillería, el enorme e - cudo. Su divisa en latín y en grandes caractere podía leer­se á muchísima di tancia. Traducida al romance, rezaba, más ó menos: Primero la muerte que el deshonor. Apresuróse el mancebo á cumplir su cometido. Colgó de las almenas una escala á manera de trapecio, deslizóse por ella como un acróbata, acó la espada y principió. Ha­bía para rato. Trabajó desde el alba ha ta la noche. Nada le detuvo: ni la dureza de la piedra, ni lo disparatado del instrumento, ni la violencia de la po ición. Pasaban día y días, y el doncel siempre colgado. Ni una palabra le diri­gió su padre en tánto tiempo. Si creyó al principio que con cabaña de los pastores y las tijeras con que e quilaban las ovejas. Doncel y e cuderos tomaron á un tiempo; ellos, terr:­blando de espanto; él, sereno é impa ible. Mándale el padre ponerse de rodillas y, en cuanto lo hace, córtale á tajos la cabellera, de arcángel· júntala en manojo, y cual si fuera rayo de u cólera, lo lanza hasta el corral. Cógele por el cuello y lo levanta, tómale la espada, pártela en ctos contra la rodilla y arroja lo pedazo á un foso; despójalo de la e puela y la· in ignia ·, y, á dos ma­nos, frenético, in ano, le arranca le de ·garra, le hace añi­cos recamo , seda y holanda . n viéndole desnudo, le echa encima las repugnante pieles; cíñele luégo lo hierros remachándoselos él mismo con su propia mano. Apártase Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 76 REVl T IL TP .\D.\ unos paso , no bien termina; brama de ira y, entre aceci­dos y temblores, le dispara e tas palabras: ¡Maldito ea el día en que te engendré. · Malditas la entrañas que te con­cibieron! ¡ Apárta de mi vista, hijo desnaturalizado! ¡V éte á acabar tu vida, enterrado á pan y agua, en el sótano más hondo del ca tillo! ¡ Púdrase tu cuerpo, hierva de gusanos antes de morirte, abísmese tu alma en lo· infiernos y caiga sobre ti la maldición de tu padre ! Repitió el eco la palabras, oscureció e el cielo, corrió el espanto en la comarca; y Timbre de Gloria, escoltado por sus propios e cuderos, marchó á la condena. Un pergamino, e crito por el Capellán del castillo y firmado por una cruz- que era todo el autógrafo del cas­tellano- fue remitido al padre de Flor de Lis. Por tal do­cumento se le hacía saber la locura del mancebo y el fra­caso con iguiente de las bodas. De allí á poco, dio el anciano en sacrílega demencia. N o la mano, sino el pie puso en el ro:;,tro del apellán; acabó á golpes de hacha con cuanta imagen de anto había en el castillo; suspendió de la horca la estatua de San Mi­guel, patrón glorioso de u raza; convirtió la capilla en perrera, y la veneranda reliquias d mártire:;,, que de si­glos atrás guardaba la familia corno tesoro pre iosí imo, fueron arrojadas al muladar. Tras el furor le sobrevino lamentable atonía; entró] frío en el tuétano~ y murió, impenitente, bla femo, pan toso. La infortunada viuda quiso, al meno , desenterrar al malde ido. Bajó hasta la mazmorra y, á la luz de la an­torcha on que dos pajes le alumbraban, vio al hijo de u · entrañas revolcado en su propia sangre, aplastada la .abeza como una ma a informe. o obrevi ió la inf; li% á tánta de ·v ntura. u · hija é hijastra , unas quedaron locas, otra fatua y tontas las re tan tes. Los siervos e alzaron á mayores; y obr lo inmen os dominio y riqueza d tan ilustre raza cernió ·e la rapiña . .flor de Li , entr tanto, e a YO tal a corno azu en a roída por el gusano. Viuda moralment , muerta para el mundo y con el alma enferma, metió. e re ligio. a en orden de e trecha regla. Tan tétricos suce o fueron a, unto de una balada ge­mebunda, con que los dulce y errante. trovadore disipa­ban el tedio de los magnate y ha ían llorar á la. ca tella­nas, en las s mbría. velada· del invierno. I 1 Ni una vez, m una, e acu ó á sí propio el Licenciado de la tragedia del ca tillo. raíz del pero, tembló por u cabeza, temiendo que el garzón le divulgase· con. la muerte del castellano respiró. Para el corazón de áng l que le quiso con ternura y le <;olmó de favore ; que llevó, sin venderle, sin malde ir de u nombre, la e pina envenenada, no tuvo luégo el victimario ni el perfume de un recuerdo. Pa ó el tiempo, y ha ta la mi ma balada e ol ''idó. Viento favorable había elevado al Licenciado. Prez y honra le dieron su talento , su saber, los alto pue to que ocupó y los grandes per onaje que frecuentaba. A mayor abundamiento, un u tío, arcediano opulentísimo, lo insti­tuyó su único heredero. N o obstante todo esto, y lo cm­cuenta año en que frisaba, permanecía célibe. Embebido hallábase una noche el insigne Reinaldo en la maraña de ruidosa litis, de que era parte, y, á tiempo que pa aba de Las Pandectas á El Digesto y de los fueros á las pragmática , oyó que Timbre de loria, con voz triste y suplicante, le dijo al oído: Pero qué) mae tro? Soplo helado de ultratumba le recorrío las vértebras, le erizó los pelos y lo dejó en la silla como petrifi~ado. Allí quedara, si un trueno horrible que conmovió los cimientos de la tierra, no lo bota!:le del illón y lo volviese á la vida. Tir6se en el lecho como un onámbulo, y la conciencia, muda hasta entonces, le habló. A la mañana ·iguiente se postraba, bañado en llanto retorcido de dolor, ante un acerdote. De todo le ab. ol-ió ... menos del pero. Vuela al obispo, y tampoco: es delito r . ervado al Papa, al Papa {mic:unente. ué hace? Sale y publica u falta por calles y por plazas; corre á sus arcas, vacía las talegas y reparte el oro entre los pobres va á un e cribano y cede lo demás á templos y hospitales. ada . e reserva. Vi te luégo el :sayal de pere­grino; coge un báculo y emprende, á pie descabw, camino de Roma. Implora donde llega el mendrugo de pan; duer­me en de~ poblado, sobre asperezas y cantiles; golpéase el pecho con piedras puntiagudas. Demacrado, maólento, el cuerpo una ola llaga, toca á la puertas de la iudad Eterna, treinta y tres me e de pué . Mer ed á los buenos oficios de unos monjes, llega hasta Su Santidad. Oyóle el Vicario de risto y le dijo: Enorme es tu delito, hijo mío, enorme ha de er tu penitencia. Mucho has expiado ha ·ta ahora; pero ese mucho es á tu falta lo que una gota de agua al mar. Párte ahora mismo y, si­guiendo iempre hacia Oriente, peregrina ha. ta que mue­ras. Tornará:;,, por todo ustento, tres ho ado cuotidiano de pan negro y tre veces la porción de agua que te que a en la u en a d tu mano. ólo do hora dormirás, y é ·ta al medio día y siempre sobre piedras y á la intemperie, lo mismo en invierno que en v rano. Adond quiera que lle­gues, ollcíta por los muertos del día, y véla tú olo al que la suerte te d pare. Si no le hay, véla te esqueleto, que ha de lle,·ar siempre contigo, obre la espalda, pegado á tu arne bajo el ·ayal de lana. Te -eñirá tibias y pero­nés á la cintura, como un ili io; úbitos y radio , al .u - llo, como un cordel. Tóma esta caldereta que contiene 1 agua inagotable d 1 perdón, y esta rama inmar esible d olivo. Llévalo ·iempre o ultos y da on ello· paz á cuan ­tos muertos velare. . i cumple· e to, hijo mío hasta tu muerte, e::;tará en vía de salva ión. iñó e allí mi m el e qu 1 to, tomó la Yadja y el hi­. '~PO ... y á andar, á andar. dónde no fu " ? Re orri' mare. y -ontin nte. , m - trópolis . abia. y popuh. a·· di · urrió p r aldea · r cortijos, por omarca áspera y 1 ·i rta · · probó el pan ele todas la · nacione. b hió el agua de todo lo· río y a ·p :ró 1 air de todo los clima ; onoció lo ritos fúnebr . de toda la: religione~ · veló muerto · d toda· las razas y oyó lamen­tarlo. en todas l'as lengua . '' iempre hacia riente, hacia riente llegó al caer representadas en esa 'poca en el Teatro Colón. Aque­llas críticas marcan época en nue tra prensa por la claridad, erudición y el gancia con que e tán escrita ·. Es Narciso _,.aray di cípulo de u padre, á qu ; n hoy enviamo ilucstra má fervi ~ ntcs ~ licitacion · JY>r el éxito alcanz1.do por u distinguido hijo el cual n'> es s:no preludio de ello cstunos cguros- el llJ5 m lyores lauro que ha de alcannr má tarde. ---)<-- POCA· s n todavta la · pieza· pul lintda · por Emilio .Murillo i bien el reperto .. i'> iné lito e· .ohreabundante y ajeno á lo que p ctríamo: lla­mar ripio. musí ale.. La favorable acorrida que aquéllas han logrado y que obtendrán sin luda la· que iga publi ando, stá ju ·ti tic a la no :ólc, por la novedad on que apareren reve ·tida · ·m lLLtnbién por el fin que el autor e propone realizar . . Murillo ha explotado cou pr ferenc1a un aire nacio­nal, pero . in ncretar. e á la ex o:i ión d un tema en el determinado número de frase uyo onjunto y conocido enlace han formado yá una e pe ie 1 molcl que oprime y debilita la in pira ión lel arti. ta. u: pa:illo · elabora­dos obre la ba e esen ial de e ·e linaje d compo i io­nes, ostentan multitud d detall ¡ue lo ennoblecen fran­queándoles la entrada n ari to ráticos . a lrne · para que puedan alternar allí con el val e el no turno y demá pie­zas que parecen di frutar de la ri anza e ·elusiva en la morada de la· alta la e . f<:l fin del autor on i te p'..le , en aderezar de nuevo un fruto indírreraa y desalojarlo del punto intermeriio que ocupaba con r pecto al torbellino y á la mú ica llamada clá ica. o es Murillo en música lo qu los implc copl ro: TR.\]) . e? la rraya e! ne1a ni ·on para él ine crutall '· los miste­n s w•rna nanos . .'in mbargo ha tenido la cordura de sub traer e al influjo que un ridículo e píritu e imitación jer ·e en mu ho que ·in ten r noción algUJ:a la má · e­ce ·, de la moderna e cuela, e frun · n como atacado rero parece limitar e en la actualidad á do~ for­ma : el bajo y el levantado, por delante, bien entendido. E to-. ientan ca i á todas las fisonomía : . e hacen má 6 meno levantado., ·egím el peinado adoptado, y de e to hablaremo próximamente, puc. ~oda moch ta <¡ue prcLi • de . eguir la corriente de In moda, . no de he 1gnorar lo. p mado. en tL o en Parí:, recomendarlo. á sul> citen te!>, }' reformarlos en ca-.o de nccc. idad. El moño e oculta en la copa del omhr ro: yá no ha_ que pensar en el moño grie,;o, dcctdidaancnte abandonado. Las cortina · tán de nuevo en moda; pero muy \'aporosa sobre todo adelante. La figura adjunta representa un ombrero de paja azul de ala le­vantada atrá'> con grande. ondulaeione : á un lado un lazo de color mio otis de do. tono. muy claro : el mismo lazo repetido en lo alto de la copa, hacia atrá. , ocultando lo tallo de do ramo de mio otis formando . emi-guirnalda alrededor d 1 fondo y mezclado con follaje verde: en contorno de la copa un tul fino color mio oti , anudado ade­lante en forma de ro eta, prendido con una joya de 'tras .-BERTI!t:. S.wzper Matiz - Bogotá. )
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

Compartir este contenido

Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 5

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Colombia cafetera

Colombia cafetera

Por: Diego Monsalve | Fecha: 2017

Este libro es considerado como un aporte significativo al entendimiento de la historia económica de Colombia en la primera mitad del siglo XX. Los principales analistas que han examinado el período 1900-1940 lo citan como una fuente importante para sus investigaciones1. A pesar de su relevancia, este texto no se consigue en las librerías hace varias décadas y las personas interesadas en leerlo tienen que buscar un ejemplar en las grandes bibliotecas públicas o en las universitarias. Esta circunstancia motivó al Comité Editorial de esta colección a recomendar su reedición. Debo confesar que la primera vez que tuve la oportunidad de examinar con detenimiento un ejemplar de esta magnífica publicación fue en 1973, en una de las oficinas de la Federación de Cafeteros. Quedé gratamente sorprendido por la riqueza de su información sobre el país y por la alta calidad de su edición. Muchos años más tarde logré conseguir un ejemplar, con un librero especializado en este tipo de joyas históricas. Consulte la versión facsimilar de Colombia cafetera publicado en 1927 en: http://babel.banrepcultural.org/cdm/compoundobject/collection/p17054coll10/id/2713
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Administración
  • Otros

Compartir este contenido

Colombia cafetera

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Memoria de la infamia: Desaparición forzada en el Magdalena Medio

Memoria de la infamia: Desaparición forzada en el Magdalena Medio

Por: Centro Nacional de Memoria Histórica | Fecha: 2017

Este libro presenta un análisis testimonial de 128 casos de desaparición forzada en 10 municipios del Magdalena Medio. A partir de lo expresado por los familiares de las víctimas, desde su experiencia trágica y singular, da cuenta sobre quiénes fueron las personas víctimas, honrando su dignidad y su historia. La base central del informe es la voz de los familiares a través de sus testimonios que orientaron los hallazgos, convirtiendo a los relatores del informe en sus alumnos, al estudiar los patrones de sentido desde lo dicho y lo no dicho sobre el delito de la desaparición forzada y al leerlos desde referentes teóricos que enriquecieron el análisis. En este marco, la apuesta del Centro Nacional de Memoria Histórica es contribuir a la construcción de la memoria colectiva y al diálogo entre nosotros –colombianas y colombianos– revisando lo acontecido, cuestionándolo y, sobre todo, alejándonos de la ignominia en la que hemos vivido. Así, una de las formas de recordar y no olvidar es aportar nuevas formas de aproximarse al campo indecible de la desaparición forzada y alentar reflexiones éticas que promuevan acciones reivindicativas por parte de la sociedad y transformaciones en el Estado. Descripción tomada de: http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/informes-2017/memoria-de-la-infamia-desaparicion-forzada-en-el-magdalena-medio
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Otros

Compartir este contenido

Memoria de la infamia: Desaparición forzada en el Magdalena Medio

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 21

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 21

Por: | Fecha: 25/05/1901

BOLETIN ~IILITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de 1 Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. Son colaboradores de este periódico los + General de Ingenieros, Miembro de Jefes y Oficiales del Ejército f varias Sociedades Cientificas D1rem:.cr ad honorem Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz·h·tar Hace un año resonaban en toda la extensión del sangriento campo de PALONEGRO las dianas de la vic­toria, y el gallardo Jefe que dio allí el golpe de tnuerte á la Revolución, se preparaba para volar á do-nde fuera necesano. La batalla de PALO EGRO, que no tiene anteceden­tes en la historia tnilitar, no fue, con1o algunos pdclie­ran creerlo, el choque de dos n1asas de ejército encon­tradas por el azar de los sucesos; fue un combate pre­visto por el Jefe legitimista; un hecho de arn1as en que merced á grandes n1ovin1.ientos estratégicos, Pinzón obligó á su contrario á que n1icliera con él las arn1as. La n1archa paralela hacia Bucaratnanga, así como la retirada de Tundan1a en 1895, son de aquellos nlO· vimiento:> que no se ejecutan sino cuando el que los ordena tiene la intuición del genio. Hoy que el país entero asiste á la Peregrina­ción que los conservadores de la capital han organiza­do á la tumba del ntodesto soldado, gloria de Colom­bia y de nuestra raza, al ponerno;:, en contacto con el espíritu inn1ortal del héroe, aprendamos á practi­car las virtudes que adornaron al muerto ilustre, y como é1, dediquemos todos nuestros esfuerzos á la consolidación de la paz, que es la salvación de la Re- .J>ública. R. J. T. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{~t Jlfilitar m:tiJeial PALONEGRO UN EPISODIO DE LA INMORTAL JORNADA: LAS FATIGAS DE LA 4.• DIVISIÓN RepúbHca de Colombz"a Ejérdto Nadonal-Estado Mayor de la 4· • Dzvz'Szon del Ejérczlo del Norte-Bogotá, 6 de Marzo de I90I Sr. Ministro de Guerra-P. En cumplimiento de la circular que S. S. ha tenido á bien re­mitir á este Estado Mayor, á fin de que se pueda reunir el mayor número de dato sobre los movimientos y operaciones ejecutados por las Divisiones del Ejército del Norte en cada uno de los días de la memorable batalla de PALo .. EGRO, tengo el honor de enviar á . copia de los apuntamientos que se hicieron durante los días de dicha batalla. DlA 1 1 DE MAYO DE rgoo- la 10 a. m. de este día recibí or­den para pon r en marcha la División en dirección á Río de Oro por la vía ele Cuymmia. En el tr-ayecto de Bucaraman()"'a á aquel punto, r cibí orden de subir con la ivi ión * á PALO · F iRO por los catpinos d e El 1í"rabuzón. y La Ra Ira, I or aber e que icho punto estaba ya ocupado por fuerzas del obierno. o oh tante, se re­solvió no exponer la División sin tener perfecto conocimiento de la verdad de tales noticias, y con tal objeto se hizo alto en la banda derecha del río, y se mandó una descubierta con el fin de averi­guar si era cierta la ocupación de PALONEGRO. Esta de cubierta, á órdenes del entonces argento Mayor Urbano Castellanos, llegó á una cuadra abajo de la casa de Venlaquemada. En aquel punto desplegó el pabellón tricolor y dio el toque de corneta convenido para el reconocimiento, .el cual fue contestado por las fuerzas del enemigo, teniendo que regresar la citada comisión y repasar el río, con el convencimiento de que PALO~"EGRO estaba ocupado por • Fuerza de la 4.• División (en Pamplona, antes de pasar el páramo): Hernández.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 Rifles número 1.0 . ........ ...... ...... ••••••... ...... ....... .. ......•.••••••• 22~ Rifles número 2. 0 .•. •••.•. ... ......... ....................... ............... 242 Santander número 2.0 ...................................................... 143 Ayacucho............................................................ ......... 260 Santander número 1.0 ........................... ......................... .. 212 Soto............................................................................. 165 Pichincha ............................................. •••••••••............... 226 1,576 Peña Solano ..................• , , .....•... , . , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ••• • . . . •. 120 N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ÓJÓ B()/etf?¡ Mt'IZ:tay fuerzas del enemigo. A las 3 p. m. se incorporó á la División la nombrada comisión, y al mismo tiempo llegó á la casa de Río de Oro, donde se hallaba el Batallón Soto de vanguardia de la Divi­sión, el Sr. General Próspero Pinzón, Comandante en Jefe del Ejér-cito, y se puso en su conocimiento lo ocurrido. Ordenó se tomaran posiciones á este lado del río con parte de la División, y tres Ba­tallones de ella contramarcharon á pernoctar en el llano de Cuya­mzla. Se ordenó que los Batallones Rifles I. 0 , Santander número I. 0 y Hernández hicieran este movimiento á las 6 p. m. A las 7 p. m. se recibió orden de hacer marchar estos tres Cuerpos hacia el alto de PALONEGRO por la vía de Cllúmtd, en apoyo de la 2 .• Divú·ión y de la Divz'sz'ón Canal, que desde las 4 p. m. se batían con el enemigo por aquel lado; é inmediatamente fue cumplida tal orden, ponién­dose en marcha dichos Batallones á órdenes del General Clímaco Ortiz, Comandante general de la I .• Brigada de la División. El Batall(n Rifles número I. 0 fue al campo de batalla comandado por su 2.0 Jefe, Teniente Coronel Francisco Ordóñez N., habiendo de­jado de presentarse el primer Jefe Coronel Julio Neira, dejando así abandonado su Cuerpo y permaneciendo en Bucaramanga sin motivo ju-tificable. Los otro dos Batallones fueron conducidos al combate por sus corre pondientes Jefes, Coroneles Ildefonso L. de Guevara y Leoncio B. Atuesta, re pectivamente. A las 8 p. m. se ordenó al entonces Sargento Mayor Urbano Castellanos C., Ayu­dante del E tado Mayor de la División, pasar el río con dos Com­pañías dc.l Batallón .S'oto y u 2. 0 Jefe, argento Mayor Teodoro García, e n orden de avanzar por el camino de 1't·rabuzón hasta donde fuera posible, y tirotear al enemigo para impedir que con­tinuara esa noche atacando la · Divisiones que coml atían por "' l alto de Girón en dirección á P LO. EGRO. Este movimiento, ejecu­tado inmediatamente, dio el re ultado que se de eaba, pues al momento cesaron los fuegos por aquel lado, y las dos Compa­ñías reg:-esaron, uniéndose á su Batallón á la 1 a. m. del día 12. En ste día, á las 8 a. m., se recibió orden de pasar el río y atacar al enemigo por ese flanco, haciendo amagos de subir á la cordille­ra por los caminos de El Z'z'rabuzón y La Rastra. En cumplimiento de esta orden el Batallón Soto, comandado por su 2. 0 Jefe, Sargen­to Mayor Teodoro Garda, pasó el rfo, y desplegado por compañías en línea de batalla, principió el avance por el camino de 7í'rabuzón, y aunque dominado por Jos fuegos del enemigo, extendió su línea desde este punto hasta la segunda cuchilla á la izquierda del ca­mino, pasando por la casa nueva de D. David Puyana, sosteniendo los fuegos en ese punto todo el día y la noche. En la misma hora vadeó el río el Batallón Ayacuclw, yendo á la cabeza su sereno Jefe, Coronel Isaac Guevara, y avanzó formando su línea de batalla desde el camino de La Rastra sobre la izquierda y derecha en una extensión de cuatro cuadras, más de siete cuadras arriba del río, en dirección á la cordillera, hasta donde el terreno lo permitía, y tomando posiciones convenientes sostuvo los fuegos todo el día y la noche. A las 12 m. pasó el río el Batallón Rzf/es número 2.0 de Ca­rabobo, comandado por su primer Jefe, Teniente Coronel F. Máxi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz:tz·tar · m o Pineda, extendiendo su línea de batalla sobre la· derecha del camino de zrrabuzón, en una extensión de tres cuadras y avanzó ha­cia la cor.iillera de frente en batalla, siete cuadras arriba del río, uniendo por su flanco derecho su línea de combate con la del Ba­tallón Ayacucho, teniendo á su izquierda la línea del Batallón Soto, conservando estas posiciones todo el día y la noche. No siendo suficientes los cuerpos que de la División había en aquella línea para ocupar todos los puntos que por este lado debían cubrirse, puse esto personalmente en conocimiento del Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento, quien ordenó que el Botallón Peiia Solano, que estaba en Bucaramanga, de la División .Jiolguín, mar­chara á mi campamento y se pusiera á mis órdenes. Este Cuerpo llegó á aquel campamento á las 6 p. m. y allí pernoctó. En la noche de este día hubo fuegos continuos de parte del enemigo en toda la línea comprendida desde la segunda colina de la cima del camino d e El 7írabuzón, por toda la cordillera hacia la dere­cha, hasta el camino de Los Chorz'zos. Estos fuegos fueron contes­tados por los Batallones primeramente citados. El número del enemigo se calcula en r,500 hombr s, por la extensión de la línea que sostenían y por la constante observación de nuestra parte. A la 6 a. m. del día 13 ordené que el Batallón Peña Solano se me­viera de mi campamento, en donde había pernoctado esa noche, • el cual estaba situad en 1 paso del do, por el camino que de Bu­caramanga conduce á PALO- EGRo, por la cuesta de .E'l Tt'rabuzón; tomara la margen derecha d e l río y lo vadeara por el paso de Mamizo, yendo á colocarse á la e r cha del camino de La Rastra, prol.)ngando así la 1 ínea, teni e ndo á su flanco izquierdo 1 Batallón Ayacuclzo. A la - 10 a. m. recibí orden de hacer amagos de avance hacia la cordil1 ra, y on e te objeto s hicieron adelantar de la lín e a c~tablccida o-rupos de tiradores para impedir que el enemigo sacara refuerzos de aquella línea para apoyar su fr nte. En este día los fuegos estuvieron muy nutridos, y la dirección del Batalló1J Soto, que ólo estaba con su segundo Jefe, fue ncomendada al Co­ronel Canal, al Comandante Luna y al argento 11ayor astella­nos, suce ivamente en varias ocasiones, todos ellos Ayudantes del Estad l'vfayor de la División, teniendo por colaboradores á los valientes Capitanes Alejandro y Emilio Mendoza y Miguel Suá­rez R. A las 8 1 . m. fue apoyado este Batallón I'J Or dos compañías del Pú:hincha, comandadas por su primer Jefe, Teniente Coronel Eugenio Garnica. A las 9 p. m. recibí orden de abandonar estas posiciones y retirar todas las fuerzas .á. ocupar una línea compr'=!ndi­da entre Cuyamzla y Jr[orro Rú:o, y quedó así: en Cuyarm'ta, el Rifles núm~ro 2. 0 ; en el camino que conduce de Bucaramanga á la ha­cienda del Sr. Benito Vega tomó posiciones el Batallón Solo; en­tre Chapinero y la quinta de Larsen el Pú:hz1zcha; entre la mencio­nada quinta y el camino que conduce á. Chitota, el Ayacucho; y de este punto á Morro Rzco el Pe·iia Solano. Estas posiciones fueron ocupadas á las 2 a. m. del día 14, y en ellas permanecieron hasta el I 5 á las ro a. m., hora en que recibí orden de ponerme en marcha hacia P ALONEGRo, dejando custodiada esta línea por los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Jloletín Militar Batallones Soto, de mi División, y Peña Solano, de la Holguín, á las inmediatas órdenes estos dos Cuerpos del General Víctor Alvarez. A la citada hora seguí á PALONEGitO con los Batallones Rifles número 2.0 , Pú:hz?zcha y Ayacucho, llegando á dicho punto á la r p. m., hora en que se incorporaron á la División los Batallones Santander núme­ro I. 0 , Riflu número I.0 y Hernández, que conforme ya lo dije, ha­bían seguido hacia este punto el día Ir á las 8 p. m., á las inme­diatas órdenes del General Clímaco Ortiz. A las 7 p. m. del día r 1 recib( órdenes del Sr. Comandante General de la Div1sión, de mar­char al alto de PALONEGRO, por la vía de Chimitá, con los Batallones Santander nú.nuro I. 0 y Hernández, pertenecientes á la Brigada á mis órdenes, y con el Rifles número I. 0 , de la 2... Brigada ; movi­miento que ejecuté sin pérdida de tiempo, llegando al punto expre­sado á la 1 a. m. del día 12 con los dos Batallones primeramente citados, y acampé con ellos en el cam\no que de allí conduce á Lebrija, cerca de la casa que allí ocupó el Estado Mayor General del Ejército y la ro ... División. El día 12 á las 6 a. m., después de observar que á distancia como de un kilómetro del punto en donde estaba acampado, llegaban fuerzas revolucionarias á un monte y á una casa de paja, al sudoeste de las de PALONJ<:GRO, dispuse que los Batallones Santander y Hernández ocuparan sin demora una cu­chilla y un morro que e tán al frente del monte y casa citados, para impedir el paso de los rebeldes hacia el camino real; opera­ción que fue ejecutada inmediatamente. Al ocupar los dos Bata­llones los sitios que se les habían designado, fueron recibidos por el en migo con fuegos nutrido , á los cuales se correspondió del mi - mo modo, trabándose desde luego un reñido combate. El Batallón antand{r ocupó la cuchilla que da frente al monte, y el Hcn1ández el morretón que mira á las casas de paja. De esta lucha no inte­rrumpida durante el día y la noche, resultó que el enemigo fue contenido en sus pretensiones de avanzar, como se esforzó en ha­cerlo dando cargas, en cada una de las cuales se le rechazó vigo­rosamente. Durante la noche la línea toda que defendían los dos Batallone , fue sostenida únicamente por el antander número I. 0 , pues á la 5 p. m. se presentó en 1 sitio del combate un Ayudante con la orden del Sr. General en Jefe, para que el Batall(m. Hernández bajara en apoyo de los Batallones Bomboná y ._.anclemenü, que com­batían por el camino de Lebrija. El día 13 combatió el Batallón Hernández, junto con el Batallón Palado, en el punto que éste defen­día, hasta las ro a. m., hora en que recibí orden de hacerlo avan­zar por la cuchilla á ocupar su antiguo puesto á continuación del Santander número I.° Como á las 2 p. m., en vista de que de una casa de teja situada en el camino de Lebrija, y de la hoyada cercana, ocupadas á la sazón por numerosas fuerzas enemigas, se hacía un fuego mortífero sobre el ala izquierda del Batallón San/ando· y sobre fuerzas de otras Divisiones que trataban de tomar dichas posiciones, estimé conveniente solici­tar el apoyo, como en efecto lo hice, tle una pieza de artille­ría, para desalojar al enemigo de la casa y hoyada en referen­cia. Al cabo de una hora el Sr. General Urdaneta, atendiendo mi solicitud, se presentó con una batería de artillería en el sitio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar en que me encontraba. Colocada que fue una pieza en lugar apro­piado, procedió á disparar sobre la casa en cuestión, con tal acier­to que después del tercer disparo cesaron los fuegos de la casa y el enemigo salió de allí precipitadamente. En este instante obser­vé que otras fuerzas enemigas cargaban violentamente sobre la gente nuéstra que ocupaba la casa de paja al frente del morret6n que defendía el Htrnández. Con tal motivo el Coronel Guevara en­vió una Compañía del Santander á reforzar la línea del frente é impedir que el enemigo a van zara. Para evitar un percance con la pieza de artillería que acababa de funcionar, el General Urdane­ta hizo cargar y desfilar la batería. Los Batallones Santander y Hernández, mediante el rudo batallar con que rechazaron al ene­migo, consiguieron el doble fin de proteger la retirada de fuerzas de otros cuerpos que ocupaban las casas de paja, é impedí. que el enemigo se lanzara, com0 lo intentó, sobre las piezas de artillería que acababan de desfilar. Observando luégo que hacia la derecha de la línea de batalla se necesitaba mayor fuerza para contener el empuje d el enemigo, hice subir nuevamente el Batallón Rz'tles número I. 0 , que había bajado al punto de La Laguna á tomar algún descanso, y al mismo tiempo conseguí que fuerzas de otras Divi­siones acudieran también á reforzar la línea. Los fuegos s . hicie­ron tan nutridos que á las 3 de la tarde, en vista de que 1 ene­migo cedía en toda su línea, dispuse, de acuerdo con los rimeros J e fes d e los Cuerpos, Coroneles Guevara y Atuesta, dar w1a gran carga sobre las casas de paja y avanzar sobre las de teja de PA­LO. EG..~o, en donde se encontraba el foco de la revolución. Dispo­nerlo y marchar sobre las casas de paja y el monte, todo :ue uno, sie ndo apoyados por el flanco derecho con parte de lo B'"tlallones Voltíjeros y Sacr e, .que se encontraban á cort .l distancia (le :1.uestros puesto y con cuyos J e fes se entendió el Coronel Guevara para unificar el movimiento y hacer de modo que la carga diera el re­s ultado apet ciclo, cual era el de tomar las casas en dond se en­contraba e l Estado Mayor revolucionario. La carga fue terrible : en menos de diez minutos era desalojado el enemigo de sus atrin­cheramientos á orillas del monte y de las casas de paja ta:1tas ve­c es mencionadas. En seguida, y con el mismo arrojo y decisión, se prosiguió la carga sobre las casas de teja; vista por el enemigo la intrepidez de nuestros soldados y el modo de avanzar sobre sus fortificaciones, rompió sus fuegos por el flanco izquierdo del lado del monte y la casa de teja y arrojó sobre nosotros una verdade­ra lluvia de balas. Al mismo tiempo prendió fuego á un pajal cer­cano al monte que estaba á nuestro frente, y con este aconteci­miento inesperado vinieron á quedar interceptadas por el fuego la cuchilla y la hondonada inmediatas á la •casa por donde avanza­ban nuestras fuerzas, recibiendo, sin defensa alguna natural del terreno, mortífero y nutrido fuego enemigo que nos causó bastan­tes bajas, obligándonos á retroceder á las casas de paja tomadas al principio, y luégo á nuestras anteriores posiciones de la cuchi­lla y el morretón nombrados varias veces . . l\. las 6 de la tarde, por el ala derecha de toda la línea se retiraban presurosamente bas­tantes fuerzas, y al mismo tiempo por la cuchilla inmediata á la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 640 Boletín Mz.litar que ocupaban los dos Batallones de mi mando, avanzó el enemigo, aprovechándose de no encontrar allí resistencia alguna. Como es­tos sucesos implicaban un peligro para los dos Cuerpos, pues el avance del enemigo venía á constituír un verdadero flanqueo, re­solví, de acuerdo con los J e fes de los dos Cuerpos, para evitarles-á éstos un desastre , retirarlos en orden por la hondonada que con­duce á la casa de La Laguna, y los acampé durante la noche en el camino inmediato. El día 14 como á las 6 de la mañana ordené que los dos Batallones ocuparan nuevamente las posiciones que habían defendido en los días anteriores; y al hacerlo, encontrámos ocupadas las casas de la cuchilla por fuerzas enemigas, á las cua­les atacaba en esos momentos el Batallón Timbío. El Santander ocupó, no sin trabajo, sus posiciones anteriores, y el Hernández se­cundó al Tánbío en el ataque á las casas de paja. En estos pues­tos s~ combatió reciamente y se resistieron dos cargas dadas por fuerzas armadas de machete que pret ndieron acabar con nuestros tiradores. A las 1 1 a. m., Yista la obstinación con que atacaba el entwigo, solicité un refuerzo, y me fue en iada una compañía del Batallón Politécnico, con cuya cooperación log-ré re­chazar nuevamente al enemigo hasta las casas de la cuchilla. Después subieron otras dos compañías del Batallón PoHtécmco, que ayudaron á so tener el fuego en el resto del día. Habiendo sido relevados mi Batallones por fuerzas de la 3.a División, los retiré por la tard . á d scansar de las fatigas y pri ·acion á que habían estado ujetos de dt el principio de la batalla. Al día siguiente llegó el Sr. Comandante general de la División. con el re ·to de ella, y de alH en adelante todos lo movimientos ejecutados por los Cuerpos fueron ordenados por él. El día 15, reunidos seis Bata­llones de la Di ,¡ ión, pues el 'oto, como ya lo dije había quedado en Bucaramanga, me puse en marcha con los seis primeros hacia la línea e batalla, á la 1 p. m., en cumplimiento de orden qu re­cibí para jecutar tal movimiento. Tres horas clesputs tenía dichos Cuerpos colocados en la línea de batalla que antes ocupaban las Divisiones 1 ... y j.\ á las que relevé con la mía. A la izquierda de mi Divi ión se nconlraba la 17.\ y hacia la derecha no se prolon­gaba la línea de batalla. En estas posiciones permanecí ha ta el día 19, dando cumplimiento á las órdenes que me fueron comuni­cadas. Este día fue relevada mi Divi ión por las 1..., 3.a y 14.\ á las 12 m., y recibí orden de retirarla y acamparla á la izquierda del camino que de Girón conduce á Lebrija. En todo los días y noches que estuvo la División en la línea de balal.a anteriormente dicha, hubo fuertes cargas del enemigo, en las cuale fue rechaza­do dejando en el campo considerable número de muertos. Al lle­gar la División á la línea, había en toda ella y sus alrededores gran número de muertos del enemigo y del Gobierno. Inmediatamente hice enterrar los que estaban más cerca. El 2.0 Jefe del Rifles mí­mero I. 0 , encargado de la dirección de este Cuerpo por ausencia de su primer Jefe, informa lo siguiente acerca de los mo imientos ejecutados por ese Batallón durante los días que estuvo separado del resto de la División. A la 1 de la mañana del día 12 llegó con su Cuerpo al Alto de Girón, donde el General Posada le pidió dos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M-ilitar compañías para recoger heridos y armas y llevar prisioneros á Bucaramanga. A las 9 a m. los Generales Posada y Castro le or­denaron que siguiera á la línea de batalla á relevar los Batallones Endso y Palado, orden que fue cumplida inmediatamente. Efec­tuada que fue esta operación, recibió orden de avanzar, y así lo hizo desalojando al enemigo 9e un monte y una cordillera por el flanco derecho, y por el izquierdo se avanzó hasta un trapiche. En esas posiciones avanzadas al enemigo, permaneció el Bata_llón hasta el 13 á las 5 p. m., hora eR que efectuó un a vanee por el flanco izquierdo, de tres cuadras, y en estas nuevas posiciones per­maneció hasta el 15, batiéndose encarnizadamente con el enemigo. En e!>te día á las 2 p. m. fue relevado, y recibió orden de retirarse al camino que de Girón conduce á Lebrija, y allí se incorporó á la División en el mismo día. El día 22 recibí orden, á las 2 p. m., de poner en marcha la División hacia Bucaramanga, orden que fue cumplida inmediatamente. En el camino que de PALO."EGRO conduce á Chimitá recibí orden de hacer alto en este último punto, y allí acampé con la Divi~ión á las 7 p. m. El 24 e me ordenó contra­marchar hacia PALO EGRO y ocupar la tercera línea de batalla en la cuchilla siguiente á la en que estaba la 5 ... Divi ión, ord 'n que se cumplió inme iatamente. El 25 recibí orden á las 2 p. m. de ocupar con un Batallón la línea comprendida entre la casa de Al­tagracia y la de San Pablo. A las 4~ p. m. ·e ocupó e ta línea con el Batallfm olo, teniendo hacia la d recha el 7i"radores y hacia la izquierda 1 La Popa. A las 10 p. m. recibí orden de mo,·er dos Batallones á reforzar la!> Di'i iones 12: y 13.\ que habían toma­do el monte esa tarde Inmediatamente se pusieron n marcha los Batallones P/c!l/ncluz y R_t"/les u/Ímero 2.0 , y ocuparon las po iciones de ignadas. A las 5 a. m. lel día 26 efectuaron esto Cuerpos su - avanc ha ta la casa de Palonegro, donde le tomaron al enemigo prision~ros, arma y municione · . A las 6 a. m. recibí orden de marchar con la Divi ·ión ri. Bucaramanga, cosa que se hizo de pués de haberla reunido, llegando á dicha ciudad á la 1 1 . m. La Divi­sión le tomó al enemigo 35 prisionet os, 1 15 arma de fuego de varias cla es, 3 cargas. ele pertrecho de grass y de rC:mington. En cuadro separado que se remitió ya al E tado l\1ayor ge­neral del Ejército figuran los nombres de los heridos y muertos que tuvo la División *. • Bajas de la División: M. H. Ayacucho ............................................................ . P1chincha ............................................................ . IIernández .......................................................... . Rifles nÚn1ero x.o .......................... - ...................... . Santander 1.0 .................................. , ................. . Rifles 2.0 .......................................................... . antander 2. 0 ...................................................... . ~oto ................................................................... . 3 5 5 2 2 9 17 12 13 27 2 3 7 19 6 21 55 98 ~ ... del D. I58= 100/0 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mzlz"ta1 Los Generales, Jefes, Oficiales, soldados y los Ayudantes del Estado Mayor cumplieron con su deber, con raras excepciones que no las nombro porque ese informe está ya dado y estos individuos han sido borrados del Escalafón Militar de la República por dis­posiciones insertas en la Orden general del Ejército. El General Jefe de Estado Mayor, Teodolz'ndo Gaona Apruébase el informe anterior. El Comandante GeneJ·al de ]a División, JuA r B. ToBAR. DECRETO NUMER0 557 DE I90I (15 DE MAYO) por el cual se restablece la navegación en el Alto Magdalena El Vicepres1dente de la República, encargado del Poder Ejecutz'vo, CONSIDERANDO 1.0 Que para satisfacer las necesidades del Comercio se debe facilitar y fomentar la navegación del Alto Magdalena; 2.0 Que las ventaja obtenidas por el Gobierno sobre los re­volucionarios qu han actuado en las comarcas ribereña dan se­guridad de que, tomada la precaucione necesarias, aquella na­vegación no estará ya sujeta á las dificultades y entorpecimientos que ha sufrido á con cuencia de la turbación del orden público, DECRETA Art. I.0 Las Compañías y los individuos dueños de vapores pueden destinarlos, desde la fecha del presente Decreto, á navegar en el Alto Magdalena, mediante las condiciones del pr ·ente De­creto, exigidas por el estado de sitio en que se encuentra la Re­pública. Art. 2.0 Tale Compañías é individuos quedan obligados á prestar sus servicios al Comercio; y el transporte de la carga se hará á prorrata de las existencias de frutos del país y demás mer­cancías =tue actualmente se hallen ó que en adelante se hallaren depositados en los puertos del río. Art. 3.0 De la misma manera se repartirá el servicio entre los diferentes puertos, de manera que en el buque que se cargue en un puerto quede capacidad suficiente para la carga que se sepa hallarse en los otros puertos del tránsito. Art. 4. 0 En el Alto Magdalena habrá siempre un vapor de guerra, 6 más si fuere necesario, para dar completa seguridad á los mercantes que hagan el tráfico. Este vapor prestará su ervi­cio á órdenes del In pector de la Navegación, de que más adelante se hablará. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·z"lz:ta-r 6~3 Art. 5. 0 En el vapor ó vapores armados en guerra se podrá admitir carga en la misma forma que en los otros, siempre que ello no se oponga al buen servicio militar. Del producto de los derechos de transporte en estos buques, llevará el Inspector una cuenta comprobada, que presentará mensualmente al Ministro de Guerra. Art. 6. 0 El Inspector colocará en cada uno de los buques mercantes la guarnición que creyere necesaria para dar más com­pleta seguridad al buque y ~u cargamento; y los dueños de los vapores están obligados á admitirla á bordo y á proveer á su ali­mentación. Art. 7.° Créase un empleado que se llamará Inspector de la Navegación del Alto Magdalena, que será Jefe Militar del buque ó buques armados en guerra y de las guarniciones que él mismo coloque en cada embarcación, y que estará investido de todas las facultades necesarias para hacer cumplir las disposiciones del presente Decreto. . Art. 8. 0 El Inspector, de acuerdo con el Ministerio de Gue­rra, expedirá los reglamentos necesarios y resolverá las dudas y allanará los obstáculos que se le presenten en el ejercicio de su empleo. Art. 9.0 El mencionado Inspector será auxiliado por un Ayu­dante que, como él, ha de ser militar y ha de depender del Minis­terio de Guerra. Art. 10. El sueldo del Inspector será de seiscientos pesos (. • 6oo) mensuales, y el del Ayudante, el que le corresponda se­gún su grado. Dado en Bogotá, á quince de Mayo de mil novecientos uno. JO E MA UEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Minis­tro de Relaciones Exteriores, ANTONIO JosÉ URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, Mr­GUEL ABADÍA MÉNDEz-El Ministro de Guerra, RAMÓN GoNzÁLEZ VALENCIA-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE RESTREPO GARcÍA. NECESIDAD DE ESTUDIAR LA CEOCRAFIA Y LA HISTORIA DE AMERICA Siempre he creído que tanto la Geografía como la Historia deben ser para el Oficial objeto constante de su atención, porque los sucesos militares presentan siempre la misma causa bajo dis­tint~ s formas; cambiarán los medios de c ombatir, pero jamás se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín .J1ilitar modificarán ni los principios fundam ntales, ni las cualidades de los pueblos, ni las máximas de la política de la guerra, ni otra multitud de circunstancias qu hacen de la lucha humana intere­sante estudio sociológico en todos sus aspectos. En el cultivo de la Historia, cuyas enseñanzas á tantas re­flexiones se prestan, elementos más que suficientes encontramos para llenar nuestro cometido, porque si el Oficial ha de ser algo más que un evoludonzsta (Dumon ier), ha de alimentar su inteligen­cia con el asiduo estudio de los recuerdos históricos, cuyo conoci­miento siempre puede servir dé guía en los más apurados instantes. Entre la variedad de asuntos histórico-geográficos, hay uno que nos debe interesar, tanto por ser continuación de nuestra His­toria, cuanto por tratarse de combatientes que llevan inoculados en sus venas todos los Yicios y virtudes de nuestra raza. Cuando, mu­chísimas eces he oído confundir el Paraguay con el Uruguay, ignorar, no ya las capitalidades de los Estados americanos, que eso es cosa de poca monta, ino la situación geográfica de esas Repúblicas, y asombrarse á muchos de que allá combatan con arreglo al arte de la guerra, vercladeram nte ht; sufrido por aban­dono tan inexplicable. Y sin embargo, es cierto: en aqu 1 onti­nente, donde yacen epultado millone., de español , y donde nuestra sangre ha sido tan pródiga; en ar¡uella tierra que conser­va nuestra religión, idioma y costumbres, nada paree que e nos ha perdido. Así hemos e piado, dolorosamente, desvío tan injus­tificable. así ha sucedid_o qu , en reciente Congre o Ibet·o Ame­ricano, el Ejército no haya tomado part , si . ndo como es ót·crano vital de la sociedad; así sucede que omisiones europeas \ ayan á implantar en ti t-ra . regada l or sangre de tanto audiilo e_ pañol organizacion s extraña ; así ocurre que muchos oficialc acudan á otros jércitos aun luchando con inconn~nientes de raza é icli ma, y no bu quen en la madre 1 atria lo que era lóo-ico ol tuvie en. Y todo eso sucede porque á nosotros no ha importado muy poco co­nocer aquello paíse , e perando dormidos n en ueños de o·loria, que las naciones americanas acudiesen á rendirnos pl ito homena­je; no, los hermanos americanos, 'Íendo el aislamiento y ha ta la frialdad de la lzerma11a mayor, nos contemplaron atónitos· fiados en nuestro l gendario valor, en los patrioteros discursos de los que, ignorantes de todo, creían 11 gar á W áshington con ólo 20,000 navajas, nos pareció el mundo pequ~ño, y hoy .... el mundo nos contempla mpequcñecidos por nuestros desastres. ¿Quién no conoce múltiples detalles de las guerras franco­prusiana, turco-rusa, greco-turca ó chino-japonesa? ¿Quién no ha oído referir los horrores del siti~ de París, la notable defensa de Plewna, la encarnizada batalla de Jarisa ó el sangriento com­bate del Yalú? ¿Quién, en una palabra, no se siente capaz de tratar familiarmente á Moltke y elogiar su admirable concepción estratégica, de aplaudir la atrevida operación de Gourko en los Balkanes, de criticar la hueca organización de los griegos y de asombrarse ante la potencia militar de los hijos del na.ciente im­perio? Mas, ¡ cuántós por desgracia desconocen, ó si lo ·saben no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín .lVfziitar quieren comprenderlo, las grandes epopeyas, las cruentas campa­ñas, las mil enseñanzas que la historia militar de América, de ese joven y hermoso continente, de esa Atlántida enclavada entre dos mares gigantescos que dan la vuelta al mundo, ofrece á los mili­tares y hombres civiles de por acá! ¿Qué significan los nombres ilustres de Bolívar, San Martín, Grant, Juárez, López, Lee, etc.? ¿Qué admiración pueden producir Richmont, Puebla, Querétaro, Humaitá, Lomas-Valentinas, Chorrillos y Miraflores, Montevideo, etc. etc.? ¿Qué encanto pueden causar las admirables proezas de tan afamados Generales, sin conocer la geografía de aquellas Re­públicas, llamadas á ser en día no muy lejano el emporio de la civilización? Indiferente para Europa en general la historia militar de América, puede comprenderse desde luego que el examen crítico de u campañas contemporáneas, el análisis detenido de las cua­lidades de su tropas, la investigación razonada del porqué de las operaciones, el estudio de las causas y el juicio imparcial de los diversos sucesos militares, no han cautivado lo bastante la atención para formarse una clara idea de la evolución militar del continen­te am ericano. Hoy, la historia militar de América es una nebulo­sa, no ya pat-a el vulgo, sino para muchí irnos que pasan por docto ; habladles de las famosas líneas de Rojas, 6 del no menos notable sitio de Humaitá-la Numancia de los tiempos mod rnos,­y se o quedarán a ombrados como si les hablaseis de sucesos ocurridos en remota regiones; y si tratáis de ensalzar el heroísmo de la Zaragoza de Mé.·ico, el valor increíble de los soldados de Lópt..:z, el tal nto y nobles virtudes de federados y confederados, el acendrado patrio ismo de Monte,·id o y Bu no aires, la abne­gación sin límite de los contenJient s del acífico, la perseveran­cia y denuedo de los de Centro-América,-seguramente que, efecto de su misma ignorancia, os contestarán : "Sí, fueron cosas de América." Para ellos, la hi toria militar de América es letra muerta de de r 787 hasta nuestros días, pue terminó con las mi­siones del Paraguay, con la dominación de los últimos Virreyes de Nueva-España y del Perú y con la conclusión del régimen colo­nial de Inglaterra en las riberas del Misi ipí y del Hudson. Fojead la multitud de historias militares que con el escalpelo de una razonada crítica os describen á mara villa las más notables campañas, y notaréis en ellas con harto dolor que, ó bien América carece de elementos bastantes para dar conjunto á una campaña, ó bien que sus combates no merecen figurar al lado de los demás. ¿Acaso en las luchas que por teatros de operaciones han tenido feraces y extem.as regiones, no se ha hecho una aplicación ade­cuada de principios estratégicos, logísticos y tácticos? ¿Es que por ventura los caudillos ó Generales en Jefe no supieron mandar sus tropas con arreglo á las leyes que dicta el arte de la guerra? ¿ Fueron de peor condición los soldados y menos instruidos los Oficiales? No: las guerras de América encierran enseñanzas preciosas : el genio de muchos Generales ; los inventos ocasionados en los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Mitt.tar momentos de mayor fragor en la pelea; los mil resortes emplea­dos para asegurar el éxito ; la modifica,ción introducida en las ra­mas del arte militar, etc. etc., ponen de manifiesto que las luchas sostenidas en el Nuevo Mundo son altamente instructiva~. Desde la bahía de Hudson hasta el estuario d e l Plata; desde las costas del Atlántico hasta las d e l Pacífico, la cima de sus elevadas mon­tañas, á manera de gigantescos hitos, marca en e l límpido cielo los heroísmos d e un pueblo, las nobles virtude s de sus gue rreros y el genio d e los caudillos. Lec, Grant , e tc. e tc., e n el Norte , crean­do con tal e nto y en e rgía una p á gina gloriosa para su patria; Juá­re z en el Ce ntro, humillando con su indomable co nstan cia las á gui­las napol e ónicas, victoriosas e n ci e n lides; L óp ez, ídolo d e un pue ­blo d e espartanos, atraye ndo para sí y sus di g nos co ntrin cantes un puesto pree minente e n la Historia d~ la Hum a nidad; peruano s, chil e no s y bolivianos inmo r tali zando e n sang ri e n tas jornadas las virtudes d e s us hij os,-so n 1 s jalon es d e una historia mili tar que cue nta con h echos h e r oicos, con operacion es arriesgadas, con epi­sodios ll enos de g r a nd eza é interés, cou notabi lísimas campañas, co n soldados s ufr iu os y valientes, con oficiales idóneos y arrojados y con Generales dotados de deci ión y buen sentido. Fecunda en h azañas ·orprendentes y e n admirables oper acio­nes se nos presenta l a h istoria m ilitar del continente americano, d onde e l valor se hermana con la pujanza de u rica v g tación, y la abnegación con la grandeza que Dios derramó á porfía en la p oética Atlántida. De de la gu rra de Secesión, manantial de bri­llantes acciones é inventos prodigio o , hasta la Balmacedi ta de 1891, aplicación notab le del arte de la guerra, 1 continente ame­ricano sostu,·o épicas ha2añas, n las que no e sabe qué admirar más, i la ini iativa y atrc\·ida onc pcion ele los · n ralcs, ó el denuedo realmente hermoso de los combatí nte . En C ntrc­A mérica, Mé 'ico de afía con orgullo nacional la intervención x­t ranjera y ve á sus pies, implorando clemencia, las testas corona­d as de la Europa entera por el condenado de Querétaro. López II en la América del ur, libra titán ica lucha cont1·a tres naciones p oderosa , haciéndoles pagar carísimo e l p r ecio de cada victoria. Las costas de l Pacífi co f ueron asim is mo te tigos d e la e ncarnizada r e fri ega q ue tres pueblos so stuvieron por m a ntene r in cólume e l valor indómit o e n e llos innato. A qué prose guir; doqm e ra dos pueblos ame ricanos pe leen encarnizadame nte, cada cual por su causa, allá s e ve rán s urgir acciones sublimes, allá el genio de un caudillo real izará atrevidas operaciones, allá el soldado sufriendo fatigas y penalidade s cose­chará lauros por doquier, allá el Arte de la guerra encontrará aplicación adecuada á sus principios verdaderos. No son, ni fueron, los ejércitos americanos conjunto informe de hombres destinados á sucumbir heroicamente en guerras de montoneras; no : los ejérci­tos de la democracia americana vierten á raudales su sangre y combaten gloriosamente, cuando una causa santa inflama sus co­razones y enciende su viva imaginación; si durante muchos años parecen consumir sus energías y habituar sus soldados para esa · Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lJotet{n Mz.litar especialísima clase de guerras, cuando la patria exige además sus nobl e s iniciativas, ved entonces á aquellos aguerridos combatientes transformarse en inteligentes y abnegados servidores de su pue­blo; las masas arrojadas de ayer, las que fiaban el éxito no más que al valor personal, son las mismas que hoy se nos presentan pre cavidas, confiando en acertadas disposicione s e l glorioso y fran­co r esul t ado de la campaña; los gu e rrilleros d e ayer, son los inte­li gen tes G e n e rale s n e l mañana ; los valerosos soldados d e una sang ri e nta gue rra ci vil, son los mismos que , arrostrando mil pena­lidades, d a n g lo rioso r e nombre á e stéril e s contie ndas. D esde las frías r egio nes d e l N o rte hasta las calurosas m e se ­ta s del Ecuad or ; d e sde la s exte nsas pampas y las lag unas sin fin, h asta la s in trincadas mani g uas y las mortífe ras ciénag a s, ex t e n s o t eatr o d e o p e racion es ha r ecorrido 1 so ldado am e r icano ; su cons­tancia a dmirable, su patriotis m o si n igual, su a b n ega c ión s in lími­tes, su heroísmo con moved o r, sus hazañas so rprenden tes y s u ejemplo edifican te han e ncontrado marco adecuad o e n e l herm oso continente a m ericano, que ll ama m ontes á las cordill eras, ríos á los mares y d onde las gra das el e su trono reciben e l háli to amoroso ele dos gigantescos océa nos. Por lo tanto, ¿á qué acudir excl usivamente á l as campañas europea , cuando las de América nos ofrecen también arsenal su­ficient para multitud de ejemplos? Mi afición xtr macla al stu­dio de la- campaña americanas me ha mostrado con una eviden­cia que no deja lugar á duelas, que n aquellas guerras mucho digno de estudio y no menos de loa existe . E.·aminemos cualquier campaña, y con v ndremos en que ca­lurosos elogios arrancan la nobleza del vcnc dor y la dignidad del vencido; estudiemos clctallaclam ·nte tal 6 cual operación el termi­nada, y no ncontraremo sino meritorias acciones, ra go ele hi­dalgufa, docuente · pruebas, en una palabra, de la impetuosidad de una raza que ni se doblega ni se humilla, de una raza digna heredera de aque-lla otra que mereció de D. ornel io aaYedra estas bellas palabras: " Los nacidos en Indias, cuyo espíritu no tiene hermandad con e l abatimiento, no son inf riorcs á l os espa­ñoles- europeos, y á nadie ceden e n valo r ." Escudriñemos mil inte ­resan tes episod ios, si q ueremos form ar una ide a miÍS com p l eta d e l c arác t e r m o r a l d e los combatie ntes, y c uanto más aho nde mos es seguro que t e rminare mos por proclamar que e n esas g loriosas e pope yas ame ricanas e xisten rasgos tan h e r o icos, sacrifi cios tan e norme s, r e siste ncia tan sublime , patriotismo tan d e sinte r e sado y lealtad tan acrisolada, que la Historia militar no p drá por menos que grabar los nombres de los invictos Generales y soldados que dieron al mundo y á su patria hermoso ejemplo de abnegación y talento. Agobiados por el peso de tantos laureles, se nos presentan arrogantes los ejércitos europeos; henchidos de virtudes patrias, se deslizan silenciosamente los pueblos americanos; vistosos arreos y viejas tradiciones ostentan los primeros; sencillos y dignos pa­triotas, aparecen los segundos en el escenario de la vida humana. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletí'n, M-ilitar Poetas notables, escritores afamados y críticos de notoria validez han relatado admirablemente las campañas de la vieja Europa y pregonado las excelsas virtudes de sus aguerridos soldados. Amé­rica no ha encontrado aún vigorosas plumas que ardorosamente nos relaten sus interesantes campañas; ni la magna obra de Bolí­var, ni la atrevida operación de San Martín, ni las admirables concepciones de multitud de Generales, ni la abnegación sublime del soldado americano, ha llegado á interesar al mundo militar de por acá. No ya las guerras de independencia de América, ino las contemporáneas, ca i puedo asegurar no existen en la mente de muchísimas personas, incluso de algunas que pasan por . doctas. América y la Península ibérica tienen una historia común ; suyas son nuestras glorias, y nuéstras son sus sublimes acciones : en nada se diferencia el guerrero español del americano, el faná­tico de la independencia ibérica y el ídolo de los libertadores del Nuevo Mundo. Nobles en la victoria, grandes en el infortunio, fie­ros en la pelea y compasivos con el enemigo, son los que se cobi­jan bajo el manto del honor. Estudiemos, pues, las campañas de América y consagremos á ellas puesto preferente en nuestras historias militares; conozca­mos bien la po ición geográfica de los pa {ses americanos y las vic­torias ó reveses de sus ejércitos; investiguemos en aquellas luchas muchas causas á nosotros comunes y analicemos la5 guerras, por­que sinónimas de las nuéstras, nos servirán de instructiva lección para el porvenir. Continuación la Historia militar de América de la de España, no int rrumpamos su narración en nuestros libros y hagámosla figurar al lado de otras muchas que se estudian; tene­mos derecho á conocer tales campaña , porque hispano es el alien­to que sostiene á aquello soldado ~ , hi pano el valor que mue tran ante el peligro, hispana la resignación que d notan ante la p na­lidades, hispana la fe con que combaten, hi pana la energía con que acometen temerarias empr sas, é hispana la nobleza que en . todos sus actos descul ren. Honrémonos después del de astre, hon­rando las glorias de Jos que dieron vida á un coñtinente, pues ya que no supimo ó. no pudimos guardarlo materialmente, conservé­moste en el orden moral é intelectual. ANTONIO GARCÍA PÉREZ Capitán de Infantería (De la Revista Témica de hifa1tterla y Caballerla, de Madrid). -------~------- NOCIONES DE GEOGRAFIA MILITAR TEORIA DEL 7ERRENO ConJmúa , 4· HIDROGRAFIA Fuentes-Lagos-Ríos El agua puede presentarse bajo tres formas de agregación: sólida, formando hielo; líquida, como vulgarmente se la conoce; como vapor, en fin, gaseosa ó aeriforme. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf1t JV/~lZ:tar Desde I 78 r se demostró que no era elemento; y según recien­tes análisis, roo gramos de agua:destilada contienen 1 1,13 gramos de hidrógeno y 88,87 de oxígeno. Las aguas líquidas pueden dividirse en dos grandes grupos: las que forman el inm~nso reservatorio que rodea todas las tierras, y las que se encuentran esparcidas en el interior de estas últimas. Las primeras toman el nombre colectivo de mar ú océano. Esta s gunda palabra, acompañada siempre de un epíteto, como atlántico, pacífico, designa espacios muy extensos; mientras que mar se aplica especialmente á otros más circunscritos, y que ordi­nariamente tienen límites, digámoslo así, ya trazados por la pre­sencia ó cercanía de alguna tierras. Cuando éstas le rodean y cir­cunscriben de tal modo que ólo comunica con el Océano por pasos e trecho , el mar es interior ó medzierráneo. Las agua de tierra se pueden subdividir en otros dos grandes grupos: corrú:nles y lram¡uzlas, durmientes, estancadas, dando á e ta última calificación un sentido más bien relativo que absoluto, porque las aguas rebal adas, remansadas ó detenidas, suelen estar atravesadas por otras corrz"enles que se elevan y ensanchan, bien por obstáculos ó por condiciones especiales del terreno. Cuando tie­nen alguna profundidad forman lagos ó estanques, se~ ún que el obs­táculo a natural ó artificial; y aquí también hay que ceder al u o, variand e n la dimensiones, pues uando la masa de agua es con iderable, deja el nombr ele- lago para convertirse en mar, como el Caspio ó el Muert . Las aguas cornenlu se :::.ubcli vi den ~ u vez en pcrmanazles 6 accidenlalts: la pt-imeras OiLtituy n lo · ríos y arrOJ'OS, y por eso • también SI..! puc len llamarj/u;"•/alc's y rodadas, y p renncs ó intermi­tentes, S n·ún . l! Sl! lll 'n Ó 11 l n l l tÍO; la accz"denfa/e , llamadaS también lravas y alvajPs, forman masas con ·i derabl _ que e pre­cipitan con "·olencia, haciend) ·. trag· s á u pa o y constituy ndo torrentes. La Cl[Juas sólúlz pueden t·t mhién n nsiderar ·e mo tempo .. rales ó perman ... nlc., cgún r · i ta ' no su olidez á la temperatura del estío. Las primera s fvrrn quf! s' funden { l nitcn en cuanto la temperatura se eleva. La g-undas lHlo,tituycn la" ma a que se conocen bajo los nombre de m( ves perjJflua'i, ludo,\ Aios, h/eleras, neveros, vuztúque­ros. Esto trc último no on la mi~ma ·o a, aunque vulgarmente se confundan. En E paña no hay luCieras (gladers en francés, glatsclzer en alemán) propiament dichas e mo las de Suiza. La vasta superficie de lo , mares, continuamente expuesta á los ardores fiel sol, produce necesariamente una gran evaporaci!m; y en la meteorología se ve cómo el vapor de agua, elevado en la atmósfera y condensándose allí, da lugar á un gran número de meteoros acuosos (lluvia, nieve, grani~o) que todos vuelven á traer sobre la superficie terrestre el agua que de ella se había alejado. Si se levantan montañas hasta las nubes, ó si las nubes baJan hasta el nivel de las llanuras, los vapores al punto son absorbidos TOMO 1-42 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n .. 'Y.fzlttar y desaparecen; -si cae nie.ve, se funde y se transfo rma en agua, 6 permanece congelada en la cumbre de las montañas, 6 al rededor de los polos de la tierra, formando inmensas hieleras. Lo más frecuente es que caiga el agua en forma de lluvia, es­parciéndose sobre los continentes; y cualquiera que sea la forma en · que caiga, en se2"uida se divide en tres partes, cuyas proporciones relativas varían notablemente por muchas circunstancias que de­penden de la naturale za d el sue lo, d e la te mpe ratura d e l a ire y del estado particular del agua misma qu e s e precip ita sob r e la tierra. Una parte d e esta agua s e evapo ra en e l a c to, vol vie ndo á la •tmóifera; otra part~ r e sbala por la superfide, s e rpe n tea seg ún las pendiente s, y toma el nombre d e aguas bravas 6 sal vaj e s; la o tra se infiltra e n las ti e rras y r ocas que compo ne n la corftza exterior de nuestro planeta. Esta últ ima sigue la s g ri e tas y h e ndi duras, pe ne­tra á pro fundidade s variables, filtra á través d e much os y diversos mate riales, y sus hilos, r e uni é ndose entre d os capas d e ter reno, Yiene n luégo á. brotar ó manar e n aquell os lugares, de n ivel gene­ralmente inferior al d e l os puntos d e partida. Tal es e l origen de las f u en tes ó mananlz'ales. E l a g ua q ue de ellos m a na, junta con la s aguas sal vaj es, d a nacimie nto á l os a·rroyos y ríos, á las corrz'entes d1 •gua, como genérica mente se d ice. U n a gran pa r te de la que penetra en el suelo, debe advertirse u e e s absorbida por l os vegetal es, en cuyo interior circula, según los varios sistemas de vasos capilares. Una porción de e ta agua s d escompuesta desde luego por la fuerza de la vegetación que a bsorbe el oxígeno y el resto vu lv á la atmósfera, des¡ ués de h aber atra ve ado las parles más delicada de las hojas y ramas. Asf, del agua que se filtra en 1 suelo, olamente una parte, la mitad quizá, penetra á cierta profundidad; el resto no pasa de la capa verretal ó arable, de sa capa, siempre muy delp-ada, n que se extienden las raíces de las plantas y de los ár oles. Aun esta porción que traspasa la C por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés TRADUCCIÓN DE ISIDORO LA VERDE AMA Y A-C01di11Úa CAPITULO XX SORPRESAS, RECOGIDAS Y EMBOSCADAS l. El memzgo es muy pm·tidarzo de las sorpresas, pu·o u puede igualmente emplearlas contra él-" Para conquistar, escribía el Ge­neral Skobelef cuando preparaba su campaña contra los Turco­manos, es preci o saber sorprender." Bien que en las pequeñas guerras el enemigo sea generalmente por naturaleza y por tem­peramento muy decidido á tender emboscadas y á verificar sorpre­sas, no es de ningún modo difícil, como se podría suponer, emplear contra él ese método de guerra. II. La mejor hora del día para ejuutar sorpresas-Ya se ha di­cho que las fuerzas contrarias á las tropas reo-ular s en estas gue­rras, no se defienden por la noche por med1o de a vanzacla , y que, por esta razón, los ataques matinale'" contra ellas c::alen frecuente­mente muy bien. Una marcha de noche, y luégo un ataque al amanecer, es quizá el mejor medio de verificar una sorpr sa. La historia de las guerras irregulares suministra numerosos ejemplos de ventajosas ocasiones que e h:.tn presentado á los jefes de las tro as r guiares para f ctuar sorpr sas al amanecer. La toma de Ka ala por las tropas italianas en 18 3, s un j mplo magnífico; otros hechos notables análogos se han itado anterior­mente. Donde podremos tratar mejor esta cuestión d las sorpresa será en d capítulo iguiente, relativo á los ataqu s d noch . P ro desde luego puede manifestarse que si son muy censurables n la pequeña guerras, cuando se verifican n grande escala, de ordi­nario puede ser ventajoso hostilizar al enemigo por Ja noche, empleando débiles destacamentos qu vt:rifi uen pequeñas sor­presa . III. Du.ranlt el día es precúo hacer una marclza rápz'da partzázdo de wz punto lejano-Los guerreros irregulares, que poca vi~ilancia tienen por la noche, de día están siempre alerta, si creen que las tropas regulares están próximas. Es, pues, casi iempre esencial, cuando se intenta verificar una sorpresa de día, llevarla á cabo por medio de una marcha rápida partiendo de un sitio lejano. El principio es que .:.>e necesita emplear tropas especiale y pro­ced r con rapidez y atrevimiento. La sorpresa de la tribu de Abd el Iportar tropas rápidamente. V. Importa guardar el secreto-Para lk var á cabo una sorpre­sa n estas pequeñas guerras, sea d día ó de noche, y ya se consi­dere esta sorpresa como un pequeño episodio 6 como un movimiento importante que influya sobre toda la campaña, el punto má esen­cial es guardar el ecreto. " ringún prcparatiYo, ninguna orden ha d hacer so ·pechar la expedición. Las tropas e reunirán re­pentinamente á la hora conv nida. Ordenes escritas con anticipa­ción é instrucciones verbale se darán ent nces á los comandantes de los d~..-stacamentos." Tales et~an las instrucciones del Mariscal Bugeaud. Existe siempre un elemento de incertidumbre en esta clase de operaciones, y e necesario tomar medidas para impedir * El d.·ka es un carruaje d dos ruedas para vía estrecha y arrastrado por un cab:>.llo p:!queño; tiene un to!do que lo defiende del sol; sirve para cuatro hombres, uno de ellos el conductor. Es tr malns cnmino . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Jfil/tar la divulgación del secreto. Napoleón iba hasta creer que el éxito dep.:!nde xclus: va mente de lo eventual. "El re ultadu. de un golpe de mano es obra, en un tocl , de ]a fvrtuna, d ~ un ¡wt· ·o ó de un ganso." A<;( lo e cribió en ~us Come.J!/.zrz"os. P ...... rv esta re­flexión se aplica m.í Li-·n á lvs ata-1ues nvcturnos ¡ue á las sor­presas d ...... día. Para que e tas últimas salgan Lien, es prcci o, sobre todo, que no s_an d ..:scubienas p or d enemigo, lJ'll! d·...!l>e ignorar q~·- un m Jvim:cntv cu:tl uiera está preví_ tu y que una columna d ..... trvp3. re0 ... ilares s .... encuentra inmccl'ata. Ya antes e ha hablado de la diílculta·l, n esta pequeña gu~rras, d oculta· .:Jl en "'mi~v lvs m-:>vimi~;ní:os y L> p.ro} cctos. El modo misterio 0 com) suden esparcirse lvs sccn.:: tos n estas gueiTaS, exig-e d e todo p 11~0 ocultar hasta el ú!jmv mvm _ntu todo plan d ..... sorpresa con.ra el encmigv. "Hacer sentir ·l r·.yo antes de que se haya visto el relámpago," tal era la má.·ima d · Molte­cucculli. Ln. primera condición para lvgrar é.·ito, es mantener el plan el mayor t1cm·) p siL.(! en secn::t . Si la colum.1a tiene el más pequeñ.J indici·J <.le disp )Siciont; para alguna pe ración "de carácter especial, la nJticia se comunica con una rapidez ascm­brosa. En semcjant...:s casos el silencio e oro. E ·ta recomenda­ción es de i(Yual v~ 1-:>r cuando la orpr~s¡_¡_ tiene la f•Jrma dt; una importante operación d._ g-u 'rra, tal como d transp.Jrte dt_ las fuerzas ingle as de Alejan ría al canal de u z, 6 cuando no se trata sino de S:)rprencler á un p .... quei1 di.! ·tacamcnto enemigo ó de apoderarse de alguna mala madriguera. En 1891 una pequeña columna italiana fue d · ig-nada para sorprender y tomar preso á un j "fe turbulento, llamado I>eu b, en la frontera del Erythrée. No e guardó el secreto. Toda la co­lumna se impuso de ]... e. pedición 1 royectada. Ad más hubo un lig ro y des ichad rdardo. El resultado fue que DPbcb y sus gente se encontraron preparados pa.ra todo evento, y que la co­lumna italiana fue derrotada. F.L OCCID.l·.N'i'.l!. A.V'J'IOQUENO f>tJR 7 EN'RIQUi!.. !Vl/JT!t Conlúuía Terreno mire Rt'o uc.·o y Amj;arradJ-Vol viendo á la arrazÓII# límite del terreno, e ncuen ra el río Choromandó en la onlla iz­quierda del Riosut:io, cañón profundo y estrecho, pero n cuyas cabeceras, ó sea en e] alto de Picapica, hay buen terreno de agri­cultura y fácil de acceso de Dabeiba. La cordillera tiene una elevación de 2,000 metros; pero el río, hasta cerca de sus cabeceras, es de una altura relativamente baja. Más abajo de este río surgen algunas queb1·adas d un nudo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mz'lZ:tar de cerros que no ofrecen dificultad alguna para la industria ; pero de la quebrada de la Palma hasta frente á Alto Bonito hay buenos terrenos. En seguida se encuentra el río Chumurco, el cual sale á Riosucio muy encañonado, pero más arriba del valle se abre y sus cabeceras son muy fértiles. Abundan en esta región el cedro y el guamo, indicios de muy buen terreno. Siguiendo el Riosucio abajo se encuentran los ríos Ncndó y Rahón, que desaguan en él. Tienen magníficos terrenos, no muy distantes del camino de Occi­dente, porque abajo de Neudó, el Riosucio pasa por entre peñas que lo estrechan de manera que en partes su cauce va por una zanja de 25 varas de profundidad y de 4 á 8 de anchura, y esto en un trayecto como de 200 metros. Esta estrechura no es formada por contt·afuertes .de la cordillera, pues á ambos lados de ella hay llanos y vegas, y el transeúnte no puede formar­se idea de la po~ición en que corre el río, hasta llegar al borde de la zanja por donde va. De' Rabón para abajo estrechan más el río, y sólo serán bue­nas para el cultivo del maíz y otro grano como el arroz. Para dar el rodeo á la 2." sección del terreno, seguiré descri­biendo el río Amparradó arriba, por su banda derecha, en una distancia de r 5 kilómetros. Este terreno es sumamente abrupto; el río torre entre peñas y sufre violentas creciente . Entt·e el tra­yecto de la boca de Amparradó al río de Tuguridó, se pasa el río de Amparradocito con una anchura de 26 metros. Este río en sus cabeceras, que se acct·can á las del Chumurco, tiene buenos ten e­nos en temperamento templado. Del río Tuguridó, de gran caudal de agua_, sale ·1 río de Amparradó, acosado por las faldas; tiene en su boca una anchura apenas de dos y medio metros, y en tiempo normal su aguas e tán diez metros abaj del nivel del terreno; en fin, es una repetición de la estrechura del Riosucio cerca de .. eudó. El río de AmparradÓ, le de la b ca de Tugurridó á la de Tengana.turadó por u 01·il1a derecha, es sumamente encañado, y el terreno muy pendiente. Lo que han recorrido esta banda desde su boca han ido los agrimensores. El cañón de Tuguridó hasta arriba de su confluencia con la quebrada Cruces es demasiado estrecho, pero la quebrada Guarín tiene bu nos terrenos en sus cabeceras. Esta parte de los terrenos no sirve para industrias de agricultura en grande, pero la gente pobre encontrará allf, con el tiempo, faldas y hondonadas que aun­que pequeñas, serán fértiles. Para concluír la descripción de esta porción, volveré al alto de Picapica y seguiré la trocha de allí á Tenganaturadó. El alto de PicaJ.-ica, de 1 ,g 10 metros de elevación, es el más alto de la cor­dillera; la trocha sigue el filo que divide las cabeceras de los ríos Choromandó y Chumurco de la quebrada Cruces, y pronto deja el filo para caer á la última cerca de un termal de aguas de carbo­nato de soda, mucho gas, áci-:lo sulfúrico y otras sustancias. Este termal está muy acreditado por las curaciones que se han verifi­cado allí de enfermedades cutáneas y reumáticas. Los habitantes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66o Boletin Milita,- de las montañas de Dabeiba acuden allí y hacen ranchos para tomar los baños; la fuente principal tiene algo más que una paja de agua, pero existen muchas pajas más que hacen que la quebrada esté muy cargada de sustancias salina . Este termal debe ser muy conocido y punto de fácil comunicación con el interior. La trocha sigue ,á la habitación de Lucio Borja, á 1 ,ooo metros sobre el mar; la quebrada hasta aquí viene muy asentada y en un terreno apro­piado para la agricultura. El cañón del Churcal tiene también buenos terrenos, y el río Julio, que corre en sentido inverso, es una hoyada casi plana. El alto de Morronga, aunque es de una altura mayor, es muy prominente debido á su figura, y s llamado por algunos La Pazla. Es fácil la comunicación del río Churcal al río Chaquenodá, afluente del río Murrí, que pertenece ~l. l0s re. guardos de indígenas y que forma el valle de Murd, t rritorio enredado y retirado de la industria por se1· de los indígena ·, quienes hoy lo habitan en muy corto número. El río Ampan·adó arriba de Tenganaturadó y é · te mismo en sus cabeceras, son muy distintos de la pat·tc que atraviesa uno más abajo; sus cabeceras son anchas y con terreno fértiles y plano . Entre 1 enganaturadó y Antadó . e le,•anta el picacho Cle La Culebra, que muy abrupto y aislado. Entre estos terrenos y Fron­tino y Rioverde ·e inter¡ onen los reso-uardo de M uní, porción que no ha ido arreglada definitivame nte aún, lo cual no p rmitc que la parle alta de Amparradó l nga porvenir por falta de medios de acce o, ni esperanza de haberlos mi ·ntra no se d fina la pro­piedad de lo indígenas. Z'erreno mire los ríos Amparradú ) ' .. udo J' el límtle dd Dt•parla­fllC11Io- El límit divi ri de los dos Departamentos , auca y An­tioquia, e por la cordill ra que divide la aguas de l' iosucio de las que corren directamente hacia el st al i\ .. trato. Dicha cor­dillera tiene su parte mi alta en el Morro Chapado, de I ,340 me­tro de altura, pero sobre ale t.~ nos 200 m tro del re to de la cor­dillera, que ha ta las cabecera d Pa arandocito mantiene una altura de r,ooo á 1,100 m e tros, y de aquí va bajando hasta per­der e en los llano del Atrato. El terreno, principiando en las cabeceras del río Amparradó y bajando por su banda izqui rda, bueno hasta ncon trar el nudo que desprende d e Buena vi ta, qu estrecha aquel río .. pero la quebrada d l Carmen tiene partes que e nota son fértiles. El cañón de Rione ro en sus cabeceras ofrece buenos terre­nos, pero cerca de su desembocadura lo e trechan los filos; este río ha sido considerado hasta ahora como cabecera del río Pava­randocito, y así stá demarcado en los mapas; pero entre éste y aquél se interponen aún otros. Dicho río fue enteramente desco­nocido hasta hace poco, á pesar de que la trocha que va de Mu­rindó pasa por sus cabeceras. Más abajo del Rionegro se encuen­tra el de Zabaletas, que también cae al Amparradó, cañón e tre­cho pero de buenos terrenos. Después de juntarse Amparradó y Riosucio, caen á éste varias quebradas, que son: Corredocito, Mu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar 66I chimba y Muchimbita, con terrenos buenos; el río corre relativa­mente manso en este trayecto hasta la boca de los Cheverris. Aba­jo de Corredocito el río pasa por entre peñas, con llanos á. lado y lado, en una anchura de 35 metros por término medio, y los lados son de peña perpendicular que se elevan á once metros sobre el nivel del agua, y corre tan manso que se sube en canoa por esta estrechura usándose del canalete; pero cuando crece, se ll~na com­pletamente. Más abajo del río Pegadó hay buen pa o en el río, quizá la primera parte donde hay orillas que permitan en él la entrada y salida cómoda. Arriba de Cheverrí vuelve á es­trecharse el río entre dos filos muy abruptos que forman unos precipicios que no permiten el paso por tierra por allí y lo obligan á uno á trepar por encima de ellos para pasar á la boca del río Pa varandocito; este río, de regular caudal de aguas, sube alto y con poca corriente; en la parte baja es cerrado el cañón, pero en la alta hay terrenos buenos. Es un río de aguas cristalinas con series de charcos largos y hondos en los que abunda el pescado; de este río hasta Mutatá la orilla del Riosucio es muy metida con­tra las faldas, hay poca tierra de cultivo y bajan del filo algunas aguas insignificantes. Sólo hay dos quebradas, que son la ee y otra que le igue; el río tiene trayectos de fácil navegación en verano cuando la palanca puede alcanzar fondo en sus orilla , pero tiene más cabezones, ó mejor dicho, chorros un tanto peligro os ; sin embargo de es o suben canoas livianas ha tala boca de Pavaran­docito: emplean unas cinco horas de Mutatá. Paralelo con el Río­sucio corre el río O uendó, su afluente abajo de Mutatá, que le cae por la banda izquierda, río pe ueño, de terrenos amenos, pero ele difícil acceso; olam ntc por la parte baja, por el Este de Rio u­cío, sigue el tel·r~.,;no m:i elevado que la orilla opuesta, pero sólo le­vanta unos 250 metros entre el río Oquerindó y Pavarandogrande, elevación que acompaña el río hasta frente al pueblo de Pava­rand cito; es más bien un tablazo que cordillera ó filo. El do Pavarandogrande, límite del Departamento, es muy asentado., recoge muchas aguas, aunque su hoya no es grande ; sus tierras no son halagadoras en la parte alta, y en la mitad de su cur o pa a por entre faldas que estrechan muchísimo el valle; este río va á juntarse con el Sucio dos leguas abajo del pue­blo de Pavarandocito, y el límite que sigue por la banda opuesta del Riosucio es el río Mogundó, que le desagua aún más abajo. Se estima en 18 leguas el curso del Riosucio entre el límite del Departamento y el Atrato. El do Teguamandó que hace cabeceras con Pavarandogran­de, Pavarandocito y Zabaletas, es navegable en canoas pequeñas hasta dos leguas de límite; el de Murind6, que nace más hacia el Sur, se puede subir también en canoas hasta unas tres leguas de la cordillera. Estos ríos, que pertenecen en su totalidad al Departa­mento vecino, son muy anegados en su parte baja, y hay grandes ciénagas formadas en la orilla oriental del Atrato, y solamepte se­ría posible ganar la orilla de este río con un camino que bajara por entre los ríos Torriquiturandó y Murrí. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 662 Boletfn Mtlz"tar El terreno escogido para las 1 oo,ooo hectáreas tiene su parte baja á go metros sobre el mar, y la cordillera más elevada sube á 2,250; el término medio de su altura en toda la extensión se puede estimar en 6oo metros y corresponde á clima cálido. Lo que se ha publicado sobre este territorio contiene errores que llegan hasta la exageración, y de aquí depende el desdén con que han sido miradas hasta ahora estas comarcar.. Los mosquitos no abundan; es muy raro verlos ó sentirlos, y por eso nadie usa toldillos hasta la región de Mutatá hacia el Atrato; los tábanos no son más abundantes que en algunas tierras frías, y esto en dos meses solamente; las serpientes son escasas : es una rareza en­contrar una; no hay pantanos que exhalen miasmas, y el terreno entre los 100 y 500 metros es más sano que en cualquiera otra parte de la República que tenga la misma elevación. El rayo es más raro quizá que en Medellín mismo; los aguaceros sí son fre­cuentes como en tierra baja; las fieras son escasísimas: puede asegurarse que en 100 leguas cuadradas no hay diez tigres, y na­die hace caso de ellos, ni ellos del ganado. Trece meses estuvo el General Franci co Javier Jaramillo, con un personal de 120 obreros, abriendo el camino de Occidente; su campamento más alto apenas llegó á 420 metros; no murió ni una pcr ona, ni hubo que dar de baja á ninguno por efecto del clima. En el vera­no, familias enteras bajan á l~var oro en las playas del río, y aun­qu su alimentación es mala, no sufren enfermedade ; en fin, on terrenos mucho más elevados que 1 s del Cauca y Noroeste. No cabe comparación con los de las orillas del Mag·dalena, que son diez v e s má mortíferos. Las ccione ocupadas en m edir e te terr no h n permanecido diez m es en el monte, ocho de los cuales ,i el vaciones menores de ras, di z d las ua­les en una extensión muy reduc1da. Un peón fue mordido en un muslo por una quis ó lo que se llama mapaná n 1 oroe t , pero se le curó cauterizá-ndole con póh·ora, embriagándol9 y aplicándo­le poi vos de Ramón Lora. Hace seis años que está abierto el ca­mino de Occidente; muchos han sido en estos montes los busca­dores de oro, y no ha habido un solo caso de muerte debida á mor­dedura de culebra. La gente ocupada en la medida dependía en parte de la caza para su subsi tencia, y puede decirse que cada sección era un cazador, y no se vio un tigre ni un león, ni se llegó ~ matar un tatabro ni un zahino. El bicho más ofensivo que se encuentra es una hormiga grande que llaman ~onga.-ConHnría. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletítt .Jf"-ilitar 66.] Nueva Geografía de Colombia Santuar:o de La l.a ~ a (Ipiales-Cauca) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bcletttt Jl,f-:litar El Patía en la ruptura de la cordillera del Chocó Bogolá-Impretlla de Vap~r. Calle ro, mímero z69 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

Compartir este contenido

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 21

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Historias Sonoras sobre el Naidí - Capítulo 1

Historias Sonoras sobre el Naidí - Capítulo 1

Por: Weimar Arroyo | Fecha: 2022

Podcast sobre, características comunes, cosecha, lugares en donde crece la palma y el fruto de Naidí y sobre todo la importancia del Naidí para la comunidad. Producto generado en el marco del proyecto Plantas y Hongos útiles de Colombia con la estrategia "Somos Historias". Proyecto liderado por el Real Jardín Botánico de Kew en colaboración con el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. Este proyecto fue financiado por el departamento de Negocios, Energía y Estrategia Industrial del Reino Unido (BEIS) a través del fondo Newton - Caldas y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia (Minciencias) e implementado por el British Council Capacitador: Camilo Pachón - RZM, S.A.S. Participantes: Comunidades negras del pacífico, Camila Quiñones, Didier Arroyo Quiñones, Consejo comunitario de la banca negra del Río Cajambre, Lili Fernanda Royo Rentería
Fuente: Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt
  • Temas:
  • Otros
  • Cultura y organización social

Compartir este contenido

Historias Sonoras sobre el Naidí - Capítulo 1

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Producto Mural sobre el Guaimaro

Producto Mural sobre el Guaimaro

Por: | Fecha: 2022

El mural se pintó en las cuatro paredes de la planta de procesamiento, el diseño final fue creado con los participantes de la capacitación que quisieron representar el paisaje del bosque seco tropical y la cosecha de guáimaro. Producto generado en el marco del proyecto Plantas y Hongos útiles de Colombia con la estrategia "Somos Historias". Proyecto liderado por el Real Jardín Botánico de Kew en colaboración con el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. Este proyecto fue financiado por el departamento de Negocios, Energía y Estrategia Industrial del Reino Unido (BEIS) a través del fondo Newton - Caldas y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia (Minciencias) e implementado por el British Council Participantes: Comunidad de ovejas y Becerril (Julián, German, Camilo, Elizabeth) y voluntarios de Envol-vert y Humboldt. Capacitador/Coordinador: Diego Shaken Ruiz Daza - RZM S.A.S.
Fuente: Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt
  • Temas:
  • Otros

Compartir este contenido

Producto Mural sobre el Guaimaro

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

  • Exclusivo BibloRed
Imagen de apoyo de  Colección privada

Colección privada

Por: Ramón Cote Baraibar | Fecha: 2003

Ramón Cote (Colombia, 1963) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense. Es autor de cinco libros de poemas. Además, ha publicado "Diez de Ultramar. Antología de la joven poesía Latinoamericana" (Visor, n.º 290). A excepción de algunos casos, las colecciones privadas de arte suelen ser en su mayoría limitadas y, en ocasiones, arbitrarias. Transcurren de una escuela artística a otra y de un siglo al siguiente sin el menor remordimiento, adoptando ciertos estilos y rechazando otros con la misma convicción. Los siguientes poemas sobre pintores y pinturas comparten de alguna manera estas características y también ahondan en las mismas obsesiones.
Fuente: Digitalia Formatos de contenido: Libros
  • Temas:
  • Poesía

Compartir este contenido

Colección privada

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Cincuenta años del sufragio femenino en Colombia 1954: Por la conquista del voto. 2004: Por la ampliación de la ciudadanía de las mujeres

Cincuenta años del sufragio femenino en Colombia 1954: Por la conquista del voto. 2004: Por la ampliación de la ciudadanía de las mujeres

Por: María Emma Wills Obregón | Fecha: 2019

Este artículo realiza una reconstrucción de la memoria y hace un balance de los pasos adelantados por las colombianas en las últimas décadas a propósito de la conmemoración de los 50 años del voto femenino. El texto presenta las principales reflexiones y conclusiones de los foros organizados por grupos de las regiones y de Bogotá, mujeres parlamentarias, instituciones nacionales, colectivos feministas y fondos internacionales para el desarrollo, que se realizaron en agosto de 2004. El primer foro estuvo dedicado a la memoria y la historia; el segundo a la participación y la construcción de la democracia; y el último, propuso una agenda de consolidación de la ciudadanía femenina viable para el país.
Fuente: Biblioteca Digital Feminista Formatos de contenido: Artículos
  • Temas:
  • Ciencias sociales
  • Ciencia política
  • Otros

Compartir este contenido

Cincuenta años del sufragio femenino en Colombia 1954: Por la conquista del voto. 2004: Por la ampliación de la ciudadanía de las mujeres

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

¿Deseas limpiar los términos de la búsqueda avanzada?

Vas a limpiar los términos que has aplicado hasta el momento para poder rehacer tu búsqueda.

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones