Por:
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Fecha:
27/04/1899
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REPÚBLICA DE COLOMBIA
REVISTA .ILUSTRADA
CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA, HISTORIA
DIRECTOR, PEDRO CARLOS MANRIQUE
FOTOG~ABADO~, SATUR.NO ZAPATA - ADMINIST~ADO~, R.UBÉN J. MOSQUER.A
NÚMERO 12 -VOL. 1
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calle 1G (Ca11e, Palau). Apartado número 182. Dirección
telegráfica: ILUSTRACIÚ1 .
Se vende este número el d{a de su aparición en la Papelería
de Samper ~'fati~ y en· la Agencia del periódico,
número 59, Calle Palau.
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que corresponde ) á un se~cstre,
se sirvan retnitir á la tnayor br--vedad
posible los valores recaudados,
en atención á los cuantiosos
gastos que den1anda la Empresa.
RUBÉN J. MOSQUERA
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CARVAJAL & E~GUERRA
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en Zipaquirá, continúan en el
ejercicio de la profesión de Abogados.
Su oficina está situada en la plaza principal.
acera Sur, nún1ero 74· Dirección
telegráfica: "VOCERO.,.
PRECIO so CENTAVOS
Sumario del número 12
Págs.
I. N u e va serie. . . . . . . . . . . . . . I 79
TI. Exposición de Bellas Ar-tes
en la Academia dc San
Carlos, de México ........ 179
ITI. "Margarita" (juicio críti-co)
. .ti ttlomo Af. Gómt!z R. r8o
IV Solo- Allá ·- El templo
arruinado- Invocación-
[ l'oe ·ías dd libro "Margarita,"]-
Düg·o Uribe ... 183
V. "Anarkos. ·• Poema-Cm'·
llermo l"a/enda ... .•.•... 184
V l. La corrección dé los ~r apas.
Memorias de un adolescente.
(Novela corta) -
lllig-uel Tnima ............ 187
VI l. .... "ccrologia. V~ AnaOrrau-tin
oe Pérez- P. C. JJ.f •••• 192
VIII-Jo,é T. Gaibrois-R. P ... 192
II,U TllACIONJ<:S
Págs.
I. Federico Rodríguez, artis-ta
colombiano .........••• z8o
Ir. F.dipo y Antigona, CU:!dro
de Federico Rodrígue7. .... x8t
III. Diego Utibc, poeta colom-biano
.......•......•...... 183
IV. Guillermo Valencia, autor
dd poema " 'A¡tarkos" .... 184
V, VI, VIryVIll. Lacorrección
de lo5 Mapas, cuatro ilustraciones
para la novela corta
de ~ligud Triana, por
Acevcdo Uernal x88, t8g,
tgo, y .•••.•............•. 191
1. Jorgcllb: 10R1A. DE ADOLESCE T~
S.JRPRENDE que muchas personas que debían saberlo, ignoren
que por lo años x8¡¡-x884 fue nuestro huésped
M. Rottel, caballero de la Legión de hon01, miembro del
In tituto de Francia é Individuo de número de la Sociedad
geográfica de Parí .
Es verdad CJU e:te acha os0 c.aballero no salía de u
asa.
Los diarios francese · no tuvieron el cujdado de informar
á sus lectore · obre la de aparición del modesto sabio
y la. descuidada prensa bogotana sólo dijo, por incidencia
mercantil que había zarpado en Bar.ranquilla el vapor
Confianza cc,n zso carga y los siguientes pasajeros: ..... .
Juan Rottel y familia. ·
El hombre, por otra parte, poco tenía digno de atención
ó de curiosidad. Un anciano miope, un pobretón de
sombrero de fieltro y obretodo parduzco, de apasible andar
y continente humilde, en una palabra, in ninguno de
los signos exteriores que la imaginación de los criollos
atribuye in motivo á las notablilidades.
Cuando M. Rottel vino á Bogotá sólo hizo llegar á
su destino una carta de recomendación al señor D. Luis
Lleras, erudito matemático, sobrino del botánico Triana y
yerno del geógrafo Codazzi, acaso para no contraer sino
relacione científica .
•• •
Yo era entonces el más travieso y desaplicado de lo
discípulos de Lleras. A mis condiscípulos, testigos y cómplices
de mis fechorías, les sorprendía la predilecc.ión que
me di pensaba aquel profesor tan severo. Las cancaturas,
los epigramas y las sorpresas picarescas que circulaban por
el aula eran casi siempre obra mía, y Lleras no lo ignoraba.
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r88 REVISTA ILUSTRADA
Un día me llamó aparte y sacó del bolsillo un papel
para mostrármelo. Desde luego me preparé para declararme
confeso de cualquiera imputación justa que fuera á hacerme.
8egurarnente le mostré la grotesca cara de un mu-
(Dibujo de Acevedo Berna l),
chacho cogido infraganti travesura; porque me miró p'or
sobre los anteojo , conteniendo la ri. a pronta á dejarme,
ver sus espaciados y largos dientes. Después de un momento,
que fue para mí de largo suplicio, me dijo:
-Esta es una carta de M. Rottel, en que me recomienda
que le consiga un ayudante para su- trabajos de gabinete:
no es sino para cuatro horas diarias. Paga veinte pesos por
mes. Yo he notado que á usted le sobra tiempo en sus estudios
y lo he propuesto. Si usted acepta, puede ir á casa
de M. Rottel, calle de San Juan de Dios, número cuarenta
y ocho . _ .. _ .
-Número cuarenta y ocho? .... e tá bien. Gracias.
Iré mañana!
Sería posible? Doscientos reales! Podía ofrecerle entrada
á paraíso á media Escuela! Rico de un momento á
.otro, á pesar de mi mal comportamiento; tal vez á causa
de ello.
•• •
Un viejo vetusto, encorvado sobre una mesa de dibujo,
tan esca ·o de vista que tor.aba con su nariz arrugada el
mapa de Boyacá, fue la persona ante quien me introdujo la
señorita; la señorita que luego supe era la hija de M.
Rottel.
Por de pronto no podía imaginarme que aquella niña
de 15 á r6 años, tan bella, fuera hija de un setentón tan
feo. Yo tenía del tipo francés otra idea y me pareció contemplar
un tipo andaluz: no era rubia, ni tenía el picarezco
ojo azul; era pálida hasta parecer hija del Tohma, de ojos
grandes, muy negros, sombreados por largas pestañas, con
aquella mirada alta que tanto parece despreciativa como
suplicante: Era esbelta y tenía un talante majestuoso que
contrastaba con su aire todavía infantil.
Cuando ella se me presentó en el corredor para intrQducirme
á presencia de su padre, sentí cierta perturbación en
la circulación de la sangre. Tembloroso y pálido me presenté
al ilustre sabio. Al cabo de un cuarto de hora de espera,
embarazosa para mí, el anciano levantó la cabeza, y todavía
vibraban e11 mi sistema acústico las palabras de la señorita.
N o tuve sino que traducir estas palabras para responder
á la investigadora mirada del viejo miope: " la persona
que ha recomendado á usted el señor Lleras."
Sin preliminares de ninguna especie, como si M. Rottel
tratara con otro geógrafo, mo trándome un voluminoso legajo
de pape le.·, ora impre o , ora manuscritos, me dijo;
"Allí tenernos lo documentos que me han llegado hasta
ahora. ólo comprenden los dato - relativo, á la hoya del
rinoco. Vea usted en el mapa el cur. o rectificado del río
U pía: e preciso re ha r toda la región del asan are. La
lab . r e ardua y requiere riguro o método: primero los
ríos terciario ; despué no ocuparemo del Meta, la má
importdnte de las corrientes colombiana , del Napo, del
Negro y del asiquiar ; por último situaremo el Orinoco
y con esto haoremos d lineado e ta gran región. Así fue
el plan obre que se proyectaron estos trabajo . Los accidente
ha:1 pretendido modificarlo· p ro el sistema ante
todo; por no alterarlo murió Creveaux. Ellos tuvieron
oportuno aviso, pero 1 itinerario no permitió escapar el
golpe. Usted e dibujante; yo le dictaré las coordenadas y
los rumbo . Llera: me dijo que u ted podría trabajar de
las doce á las cuatro. uando yo e té ocupado en el extracto
de datos, mi hija dictará." ....
Hasta entonce había ·ometido mi atención; pero esta
última frase, cuyas sílabas me martillaron el tímpano, turbó
mi so iego, y on temblorcillo de miembros y ojos rígidos
me dí á la lucha imaginativa: ella dictar! qué tropiezo!
Va á ser testigo de mis torpeza , testigo y motivo! •
Pero la tendré de codos sohre la mesa, á do cuartas de
distancia frente á mí!
•• •
En lo sucesivo concurrí puntualmente. Para llamar á
la puerta sufría todos los días un suplicio. En ocasiones 1a
veía de paso, la saludaba turbado y me encerraba con el
sabio. N o sé porqué me fueron necesarias poco á poco su
presencia y la conmoción que me producía. Para consolarme,
cuando pasaban días y días sin verla, me hacía á mi
mismo el siguiente raciocinio: Qué siento por ella? ¿Porqué
esta indefinible agitación que me enfría la sangre ?
Acaso la aborrezco? N o, no hay motivo: las impresiones
que su vista me causan son fuertes, pero agradables. Encuentro
en su mirada un no sé qué! N o es repulsión lo
que ella me causa; es una atracción brusca. Si las atracciones,
conforme á la Mecánica universal, son recíprocas,
ella debe experimentar idénticos efectos. Por qué huye de
mí? Seguramente porque no posee la facultad de analizar
la fuerza que la solicita, y corno la encuentra grotesca y
ruda, resiste por reaccionaria delicadeza.
Pronto, á fuerza de analizarme, adquirí el conocimiento
perfecto de mi estado psicológico : estaba enamorado!
Este estado suele producir dualidad de conciencia .
Yo tenía dos pensamientos : uno andaba por el jardín y el
otro estaba al servicio de la geografía. Hacía un mes que
estaba dibujando ; más de mil puntos había colocado en la
cuadrícula del mapa, y cada punto estaba definido por dos
coordenadas y cada coordenada por tantos y tantos grados,
minutos, segundos y decimales de segundo. La aten-
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REVISTA ILUSTRADA
ción matemática estaba pronta á interpretar el embolismo
de los números y la atención amorosa resolvía al mismo
tiempo problemas y se abismaba en teorías morales de inmensa
importancia: 'por qué no me contestó hoy el saludo?
Por qué ayer rniró con desdeñosa distracción
cuando pa é á u lado?"
De una á dos de la tarde á travé ~ de las cortinas dd
gabinete de dibujo, veíamo pa ar la visita médica en la
enfermería de enfrente.
J oaqufn Rojas, el enorme practicante, á quien llamábamos
el mastín en la E cuela de Literatura, siempre tenía
que detener ·e cerca á la enferma e cuilida presente de
continuo á no otros, calle de por medio. Me parecía que
el interno del Hospital miraba con demasiada atención
la casa del sabio. Esa mirada insistente me tenía inquiet .
Cuando apetecemo · algo no· parece que todos lo odician.
Recordaha perfectamente el modo brusco y material
del mastín, en un tocio de acuerdo con su figura vulgar, y
me tranquilizaba la desemejan7.a fi ica y moral entre ella y
él; al propio tiempo me imaginaba (co a de mera irnagi~
ac:ión) qu entre ella y yo debían existir analogías atractiva
.
Un día M. Rottel e había dormido en su sillón con
un legajo de documentos geográficos sobre las rodilla"
arrullado por la monot nía de nuestras voce , la de élla
que dictaba números y la mía qu repetía las últimas sílabas,
uando pa ó la visita médica. El pra ticante, corno
de co:;tumbre, e detuvo en el balcón de enfrente y miró
hacia el gabinete.
- os e tá mirando l urandero, exclamé. Julia vo!vió
in ·tantáneamente la cabeza y tardó en volverla al
manuscrito. Entre tanto la poca cantidad de bilis que
tengo invadía mi organi ·mo.
- uatro grado ·, quince minutos, y treinta y ei egundo
, dije, repitiendo la última coordenada. Ese ha sid
mi condi cípulo: era un mal alumno.
-Hoy parece ser muy consagrado y olícito con los
pobre enfermo . Ochenta y cinco grados, veinticuatro minutos,
doce segundos y eis décimo ..
-Seis décimo .. - . Sólo era aplicado al gimnasio :
levantaba tre ma a · en cada mano. El fue quien escaló
una noche la despensa de la contratista. Lo llamábamos ..
-Siete grados, tre minutos, interrumpió Julia.
-Tres minutos .... Todavía está ahí. Lo llamábamos
el mastín.
Julia se levantó y, apartando la cortina, miró á la
calle. El estudiante la saludó. Ya nada tenía yo qué dudar.
Julia me aborrecía y apreciaba á mi enorme rival !
Los trabajos geográficos no se alteraron por este
incidente. M. Rottel estaba casi constantemente ocupado
en el es tracto de datos; Julia, dispuesta á dictarme
coordenadas todos los días, y yo dibujaba en silencio.
Dibujaba silenciosamente, pero observando de una
manera sigilosa y tenaz Espiaba en la fisonomía y hasta
en los más insignificantes movimientos de mi compañera
de trabajo el curso de su sensaciones y el proceso de su
desarrollo moral.
N o solamente era el gabinete el teatro del espionaje:
por la mañana y por la noche rondaba, tanto la casa de M.
Rottel, como el sombrío edificio del Hospital. En la primera
buscaba los hálitos candorosos de Julia, en el segundo vinculaba
la personalidad del practicante, con su cara lustrosa
y redondc. que no podía servir de cubierta á la nobleza ni
a] talento.
Me imaginaba que Rojas, natural de Tenza, sería hijo
de alguna buena mestiza, de traje de bayeta y camisa bordada,
de aquellas mujerotas que son el tipo acabado de
las campesinas ricas de Boyacá. En los modales de aquél
descubría que había pasado su infancia entre potro y toretes
y, por su risa fingida y su cara hipócrita, me lo figu-raba
vestido de monacillo, batiendo el incensario en la
igle:;ia de su pueblo. Aquella naturaleza fornida y sacristane
ca era mi obsesión mental en las horas de descanso.
(Dibujo de Acevedo Berna!).
En mis rondas tuve, por desgracia, ocasión de sorprender
ora un in inuante saludo, ora una disimulada sonrisa,
iempre algún incidente favorable á mi rival.
En el gabinete mi observaciones eran concorual)te
con mi pesquisas callejera . El semblante severo y majestuoso
de mi colaboradora de dibujo, cada día más acentuado;
.~as ola del velado rubor,_ que corrían frecuentes por
sus meJillas; la vaguedad, mal drstmulada de sus miradas·
cierto soplo nervio o que subía como rizado efluvio por s~
garganta mórbida me indicaban á las claras que en su organismo
jugaba una nueva desconocida fuerza.
Yo tenía la per uación de que los fenómenos de dinámica
moral, que estaba descubriendo, los causaban las baterías
magnéticas del estudiante de medicina.
La mirada vaga, signo de abstracción de facultades
de fijeza en una: misma idea, me hada juzgar que Julia te~
nía su pensamiento entretenido con la imagen de mi rival.
Ella se recreaba sin duda en su recuerdo, saboreaba sus
afectuosas palabras.
Las distracciones de Julia perjudicaban el trabajo.
Luégo venía la reacción: ella dictaba rápidamente y entonces
era de presumirse que la urgencia por concluír la
tarea no tenía otro estímulo que asomarse á ver al afortunado
practicante. Por venganza, en estos casos, dibujaba
lentamente.
Como se ve, el antagonismo se había establecido. N o
era esta la única causa de mis lentitudes y torpezas voluntarias:
me martirizaba que una joven tan dulce por naturaleza
y que yo creía hecha para mí, me odiara sin motivo·
pero sentía amarga satisfacción provocando las manifesta~
ciones de su malquerencia.
Cosa rara: desde que fuimos enemigos ella no me huía.
•• •
Dos meses después, no habría conocido á la niña que
me introdujo donde su padre el día de la presentación: era
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yá una mujer completa. El proceso de su desarrollo moral
había concluído: la fuerza intrusa, perturbadora de su corazón
infantil, venciendo las resistencias é introduciendo
nuevos giros nerviosos en su organismo, había logrado
restablecer el equilibrio, y la paz se manifestaba en aquel
rostro majestuoso y bello. Ya no era posible la recriminación.
La majestad se impone.
Por mi parte, escarmentado con las muestras de antipatía
que Julia me había prodigado, viéndome más y más
separado moralmente de élla, á medida que su belleza y
señorío aumentaban, ya no pensé en dejarle comprender
mi afecto. Y o seguía silencioso y triste.
Ya no era el bullicioso muchacho que ponía en conmoción
los austeros claustros de la Universidad. Andaba
distraído, con mis descuadernados libros bajo el brazo, el
cabello largo y el semblante contemplativo, como si fuera
un pobre poeta romántico. Donde quiera se me representaba
la figura desdeñosa y altiva de Julia; en las márgenes
de todos mis libros tenía delineado el perfil de su cara,
con sus ojos de mirada vaga, profunda y orgullosa; su
frente serena, donde parecía vislumbrarse la magnificencia
de una remota genealogía de príncipes y su boca sellada
por amargo pliegue de desprecio.
Qué felicidad la del hombre amado! Para él los te nues
fulgores de esos ojos castos; los hálitos de ese corazón,
urna de amores infinitos; los pensamientos de aquella
imaginación poblada de ensueños.
Para mí, el amor sin e.:iperanza, triste como la tarde
moribunda!
En la noches misteriosas del plenilunio, cuando el
alma, embriagada ele · religiosa a piración, penetra el infi-nito
de los cielo , yo juraba, con el amor de Julia, escalar
las tres eminencias que sirven de sustentáculo al gran
Dios: la BELLEzA, la VERDAD y el BIEN.
Mi voluntad, prepotente como la de un titán, levantaría
el soberbio palacio de la gloria para colocar en su
trono re plandeciente á la reina de mis sueños.
11
Con cuánta rapidez, á mi modo de ver, adelantaba el
trabajo : el plan de M. Rott_el se~uía rigurosamen~e á su
fin. La inmensa hoya del Onnoco 1ba quedando delmeada
en el mapa. Los ríos que nacen en la vertiente llanera de
la cordlllera oriental, en amplias y caprichosas curvas recorren
la inmensa planicie y la riegan en todas direcciones,
antes de unir sus aguas con las del caudaloso que separa
las menospreciadas tierras colombianas de las sabanas de
Venezuela.
Era para mí motivo de patriótico orgullo haber contribuído
en una mínima parte á dar á conocer este valioso
territorio, cuya forma y magnitud se ignoraban ~asi enteramente;
pero yo deseaba que ese trabajo no tuviera fin.
Estaba encariñado con el viejo miope que tan paternalmente
me había tratado por muchos meses. Sobre todo,
comprendía que la terminación de ros mapas y el consiguiente
regreso del comisionado . e.xtranjero, imp~icaba la
extinción de mis esperanzas de fehc1dad y de glona.
Mi tristeza se aumentaba con la proximidad de la
separación. N o comprendo cómo Julia no. descu~ría en m~
palidez, en mis ojos quebrantados por el msommo, en m1
aire abatido, los estragos de una pasión que había de envenenar
en plena adolescencia la savia fecunda de mi juventud.
¡ Pobre de mí! ¡ Qué podía adivinar la inexp.erta, si
yo me había encerrado en una reserva absoluta, s1 le dejaba
libre, abierto el campo al enemigo, al estudiante de
medicina! Me proponía romper, aunque con ello a ostara
lq gérmen .:. d 1 alma, el pod ro o lazo, la fa. cinación que
me ligaba á la. planta de aquellrt joven, amante de las
formas vulgare ..
La canallesca figura de Rojas trastornaba mi induc'
ione fisiológi as. Lo qu par da delirad za de i tema
nervio o, cJ.paz de rápidas y múltiples vibraciones por
segundo, para e ·tar al uní ono on los afecto de lo _ángeles
sería acaso una estructura romo tanta sen 1ble al
tacto material úni amente ? u flexible y primoro~o talle,
:u rostro oval y correcto su ca bello lu ·troso y suave, su
estatura, ·obre la que e levantaba maje ·tuo a como en
demanda de má elevadas y puras regione , ¿no serían la
bella forma que di ·imulara un mecanismo rudimentario ?
Un día en ontré por fin el gabinete en desorden : los
mapas enrollado:, la: mesa desarmadas, lo in trumentos
en sus estuche-, la e ·tantería vacía y una multitud de caja
· abierta omo para comer e tu<.lo aquello.
En ca::;o. semejante las habitacione aumentan de
tamaño v hay eco que se forman en la desnudas paredes.
La voz suena bronca como en un sepulcro vacío. Si no
fuera por el ir y venir, por el martilleo de la cajas, por la
luz que entra en más cantidad por las ventanas sin cortinas,
la luz que juega y ríe y da vida, se diría que un viento
de destrucción y de muerte a olaba la casa de M.
Rottel.
J u ha había llorado : tenía hinchados y rojizos los párpados.
Arrodillada frente á las cajas acomodaba en ellas la
infinidad de paquetes que la rodeaban. Pero tenía un continente
muy triste en esa faena .....
Por qué? Volver a la patria! Allá encontraría sus
muñec"ls, sus amiguitas; volvería á cuidar de sus flores, á
respirar los mismos aires que ensanchan el pulmón del
ausente; volvería á tener á la vista los encantadores recuerdos
de la infancia : todo eso le mostraba la patria risueña!
Sin embargo, el empaque iba lento, muy lento; Julia,
sentada sobre sus talones, con la cabeza inclinada sobre el
pecho y las manos caídas con laxitud sobre las rodillas, no
parecía una viajera de diez y siete años que prepara sus
maletas para volver á la patria querida.
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REVISTA ILUSTRADA 191
Muchas veces me había preguntado M. Rottel si deseaba
ir á Francia; me había hablado largamente de la
Escuela politécnica; me había explicado u vida de estudiante:
él era hijo de un pobre aldeano y M. Jirardin lo
llevó á París, lo protegió, lo educó y lo hizo alumno.
La víspera de la marcha me pareció ver en la mirada
del buen viejG una vaga reminiscencia de M. Jirarclin;
como que querí.:t decirme : ''yo voy á hacer de usted un
politécnico." La frase se ho quejaba en su tembloroso y
desteñidos labios . ... yo la veía formar e .. . :
El viejo era tímido, seguramente la dirta á últ1ma
hora, al sentir e conmovido por la de pedida.
Mi esperanza en la frase me permitió despedirme de
Julia risueño, ofreciéndole en el rayo refulgente de mi mirada
una graciosa sorpre a en complicidad con el anciano.
-A las siete en an Vi torino .... me dijo Julia, poniendo
á la altura de su ojo tri te su dedito índice
como para que no se me ol idara.
El abrazo para el humilde sabio no ofr da dificulta<'!·
le de eé un regre o feliz á la vieja y generosa Francia; le
prometí encillamente que yo no podría olvidarlo ... . La
fra e eguía a omindo:e tímiua por entre las brechas d
sus esca o diente : era omo una gota de ro í pendiente
de la hoja de un trigo se 'O · a i se de prendía · una ráfa ga
de viento que sacudiera la encorvada caña y la gota
caería en mi mano· e ha un diamante!
,n la puerta volví la al eza y vi c¡ue ya, ya e desprendía
la fra ·e a\radora d los labio · re ·eco del an iano.
N o me detu e sin m argo· la fra e me alcanz3fía en la
calle! ... _
Al volver la esquina torné á mirar .... En el bal ón
d enfrente e ·taba tomando 1 ol la escuálida figura de la
enferma.
•• •
Por la noche víctima de calenturiento.; e ·pejismos,
despué de fatigar la cabeza con loco proyecto , envolví
dos muda d ropa blanca y un libro de oracione ·; formé
un lío tan ligero que un águila podría JI vario en el
. pico: era mi equipaje para tra ladarme á u ropa, si se
formulaba la deseada frase, yo, que no tenía sino un
cuerpecito puro y un alma blan a, y la frase sonaría sin
duda al montar en l carru::~je.
El ilu tre disdpulo de M. J irardin-pensaba yo entre
mis almohadas callentes-debía decirme : 'Animo, joven .
Abandone usted por uno poco año este bello rincón del
mundo y yo le abriré la puertas de la celebridad. Pronto
volverá U;:,ted á abrazar á su madre condecorado con la
cruz de la Legión de honor. N o sea usted tímido! Monte
usted aquí, ] ulia, hazle un pue to al presunto alumno de
Puentes y Calzadas."
Entonces yo llamaría al chicuelo portador de la maleta,
oculto tras del puente.
-Y o venía preparado; conocía el gran corazón de
M. Rottel. N o sería estorboso : mi maleta era pequeña.
Además, podía ser útil. Un anciano extranjero con su
hija~ en el espantoso camino de Honda, iban mal sin un
joven del país que les facilitase todo. Al llegar á Honda,
no más, comprendería M. Rottel que u protegido no era
un papanatas. •
En alta mar, Julia me tomaría de la mano para contemplar
el nacimiento del sol y, en presencia de lo infinito,
yo le declararía mi amor, así. . . . muy cerca del oído,
moviendo con mi aliento acelerado los ere pitos de su primorosa
nuca.
Ella volvería la cara, roja como una amapola, y me
diría: "Tontico, yo ie npre te he amado !"
Me dormí envuelto en su atmósfera. bañado en su
mirada llena de promesas y candores, y soñé. toda la noche
escalando la presidencia de la Academia de Ciencias. Ella,
Julia, tenía alas, era mi ángel protector, y me animaba y
me confortaba cuando el cansancio abatía mis fuerza .
•• •
Con un nudo seco en la garganta pálido, trémulo y
mirando á tra-vés de mis lágrima , de mis última lágrimas
de niño, vi arrancar el carruaje por la alameda.
A distancia de una cuadra a. omó un pañuelo blanco
á la portezuela, me llamaban ! orrí con mi maleta al hombro;
la gran fra e ~
(Dibujo de Acevedo Berna!).
Corrí mucho; el carruaje no se paraba: yo lo alcanzaría,
me prendería de la testera iría así hasta Facatativá.
Allí sacudirfa con mis súplicas y conmovería con mis lágrimas
la caña encorvada del seco trigo y la diamantina
frase se desprendería.
Corrí más y más; mi respiración se hacía anhelante,
me faltaban las fuerzas, y la distancia que me separaba de
Julia se aumentaba á causa del galope de los caballos.
El carruaje se opacaba, se esfumaba, se perdía á mi
vista ....
En la lejana vuelta de Paiba vi púr última vez el
punto blanco del pañuelo : no era que me llamaban, era
que se despedían de mí para siempre!
El fatal vehículo de los caballos flacos desapareció
por fin entre el follaje de los sauces qu_e bordan la torcida
carretera.
¡Adiós, sueños de mi infancia!
¡Adiós alegrías de mi juventud !
•• •
Al volver á mi casa, avergonzado delante de mi madre,
á quien iba á abandonar como un ingrato infame,
solté mi maleta, saqué mi ridículo equipaje y una sonrisa
sarcástica cruzó mi rostro como ráfaga del invierno.
Esa maleti a, cerrada la víspera, me traía recuerdos
del país del candor y la inocencia, del qne al parecer me
había ausentado hacía mucho tiempo.
UGUEL TRIAN A
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
NECROLOGIA
D~ ANA ORRANTIA DE PÉREZ
t Abrrl 7 de 1899.
LE tocó el turno de volar al cielo. Era uno de los pilares
de la sociedad bogotana. Todos la amábamos; su trato
despertaba el recuerdo de la madre, de la esposa, de la hermana.
Había en su sér la mística pureza que se ama en aquellos
seres queridos.
Gran dama en la ·más alta acepción, alegraba con su presencia,
y su consejo daba valor para aceptar la vida. Sencilla,
dulce, angelical, pasó inmaculada, por en medio de las fealdades
humanas, y pudo aguardar el desposorio de la muerte,
como el día de su primera comunión, vestida de blanco.
P. C. M.
D. JO É T. GAIBROIS
TRAS de año y medio de una p~nosísima y embozada enfermedad,
el 13 del corriente Abril falleció en esta capital
nuestro amigo D. José T. Gaibrois, con profundo sentimiento
de cuantos le conocimos. La esbeltez y gracia de su apostura,
la lozanía de su tez de rosa, la elegancia de sus ademanes, la
pulcritud y buen gusto de toda su persona, lo recomendaban á
primera vista; la armonía que luégo .su trato .revelaba entre s~
apariencia y su culto y suave lenguaJe y delicadeza de sentimientos,
y en fin, la perfecta corrección y moralidad de su
porte en todas sus relaciones, - como que p recía, y era en
efecto caballero cumplido y hombre incapaz de exceso de ningún
género :- tan raro ~onjunto de con. icion es lo hacía a.preciar
y querer de to ios: a 1 vez que su v1da modesta, apactble,
vinculada desd_ temprano á un hogar cristiano y empleada en
el cultivo de aficiones artísticas y literaria , no podía menos
que prom ~ ter una alud envidiable y la longevidad de un patriarca.
¡ Crueles ironías y contrastes de lo que llam mos suerte,
y e:; más bie~ lección constante de la Providenct . ~ob;e la
vanidad y mentlra de todo lo humano ! Tras de un vtaJe a Europa,
de grata ocup~ción y recreo, en que le tocó re.~res entar á
Colombia en Madnd como encargado de la Legacwn y atesoró
su espíritu deliciosas impresiones y reminiscencias de arte y
de amistad como para medio siglo de apacentarse en ellas, regresó
nuestro amigo á dejar á su país una prenda útil y perpetua
de su laboriosidad y patriotismo y .... á tenderse en el
lecho del dolor, de la fatiga y del desvelo, y entrar en una verdadera
ag0nía moral y física de cuatro interminables meses !
Nacido en 1856 en Ocaña, ciudad de la cual era honrosísima
muestra, apenas cumpliría cuarenta y tres años de edad.
Queda de él el importante trabajo áquealudímos, "Memorandur.l
sobre la Mosquitia colombiana con documentos anexos," publicado
aq_uí en 71 grandes páginas en 1896; y la REvr TA lLUS-
1~ debe tm. especial recuerdo como á predecesor suyo
cnn Jamuy interesante COLO BIA ILUSTRADA que fundó y dirigió
en 89-90, de la cual aparecieran los doce números de un
año. En ella fue á su turno Gaíbrois digno sacesor del que
había fundado el Papd Periódico Ilustrado, General Alherto
Urdaneta, muerto también como él, prematuramente-.
Este publicó allí una extensa biografía de D. José María
Pino, acaudalado filántropo de Mompox, escrita por Gaibrois
para ejemplo.
En la cortísima pero gloriosa Pre!:>idencia nacional del
General Guillermo Quintero Calderón, su paisano Gaibrois
tuvo la honra de acompa!ía.rlo como Secretario particular.
¡ Cuándo pudo imaginar el que el 3 1 de Agosto de 1889
celebró· con ya enmohecido laúd el enlace de José con su idolatrada
Soledad, que antes de cumplirse un decenio le tocase registrar
su trágico desenlace! Pero confiemos en que éste es
desenlace sólo en el mundo: que si sus felicidades son mentira,
no lo son menos sus infortunios, velo fugaz de la felicidad verdadera
é infinita, y de las nupcias indisolubles.
Excusado es añadir cuán sinceramente compartimos con la
respetable familia Riaño- aquí la de Gaibrois por su matrimonio-
su acerbo duelo.
R. P.
MEMORIAS
sobre el origen, causas y progreso de las desavenencias entre el Presidente
de la República de Colombia, Simón Bolívar, y el Vicepresidente de
la misma, Francisco de P. Santander, escritas poz· un colombiano en 1829
(Continuación)
EL mundo civilizado, que juzga de las cosas con juicio
y reflexivo examen, y la historia imparcial, que absuelve
ó condena á los hombres, no dejarán -de lamentar la
suerte que ha cabido á Colombia, y de culpar menos la
debilidad de unos pueblos poco ilustrados, que la desmesurada
ambición del que con hipocresía y ardides los ha
logrado someter á su voluntad absoluta. Nosotros no queremos
anticipar el juicio de la historia severa, ni el de la
posteridad inexorable al dejarle estos apuntamientos escritos
con la mayor exa titud sobre documentos irrefragables.
Ellos examinarán imparcialmente la conducta de
Bolívar y Santander, las causa y motivos que los han
guiado : ellos dirán si un magistrado comprometido solemnemente
con su patna á sostener sus instituciones ha
podido prescindir de estos vínculos: ellos decidirán si un
magistrado sujeto á reglas precisas, prefijadas por la nación,
ha debido seguir otra opinión, ni otra senda que aquellas
que estaban marcadas en el Código Constitucional :
ello resolverán si la ami tad y la gratitud dictaban aban donar
los deberes públicos, y hacer trai ción á los pueblos,
que habían confiado á Santauder el depósito de sus derechos
y garantías . La hi toria y la po teridad pronunciarán
sin apelación de qué parte han e tado en e ·ta lid el desinterés,
el de.;eo del bien común, la f, licidad y el patriotismo
verdadero, y con. iderand el e.:>ta 'lo de e ta naciente
república en el año r828, d1rán :i la onjuración de Bogotá
del25 de _ptiem re puede colo ..... ar e a l lado de aquellos
movimient p triótico,:;, que die ro n la libertad 5. Atenas,
á Teba y á Roma, ó al del h orren do crime n e Catilina
( 1 ). En fin, e;,OS terribles tribunale ·, d o nde no preside
el espíritu de partido fallarán in r é plica ·i l0 · ervicios de
Bolívar á la ausa americana han tenido por objeto la li bertad
de olombia, bajo un régimen liberal , y de su propia
elección, ó si su verdadero objeto h a sido apoderarse
de la suprema autoridad y gobernar á u placer aquellos
pueblos, que arrancara de la dominación española; en una .
palabra, si el Libertador d e Colombia ha merecido hasta
ahora ser colocado al lado del inmorta l y virtuoso Wáshingthon.
F L DE ESTA MEMORIA
-~--
NOTA DEL A UTOR.-Se habrá. observado que en esta memoria
frecuentemente hemos he ho alu ión á Bonaparte y á
su historia. Debemos confesar, que por ser la má reciente y
la más gagaz de las usurpacione , nos hemos valido de los
( 1) Colombia presenta una cadena de con pi raciones contra las
leyes desde JO de Abril de 1826. Sólo do han sido ca tigada. severamente~
que fueron la de Cartagena y la de Bogotá, amba á dos
dirigidas. en favor de:- las leyes y de la libertad y contra el poder absoluto
de Bolivax. Los qu.e han ufrido la pena de muerte por estos
movimientos patrióticos, podrían decirle á Bolívar, á Páez y á otros
jefes de conjuraciones contra la Constitución, lo que el pirata á Alejandro
el Grande.
E· cosa digna de notarse, que durante el gobierno constitucional
de Santander, no exl?erimentó ninguna conspiración patriótica contra
su autoridad, ni contra su vida, hasta la de JO de Abril en Valencia, d.e
que se valió Páez y también el doctor Peña, para eludir el juicio á
q~e los citó el Senado de la República. Por el contrario, desde el año
18.12, en que Bolívar empezó á querer acudir el suave yugo de la
ley, y de la voluntad nacional, hasta el año de 1828, ha sido el objeto
de muchas conspiraciones patrióticas. En todas ellas han pretendido
lo conjurados salvar las libertades públicas de la usurpación. Bolívar
se ha escapado del puñal de los libres por raras casualidades, y para
desarmarlos ha tenido que hablar continuamente de los derechos del
pueblo, de su repugnancia al mando, y que derramar libremente
grados militares, empleos y dinero. Pero nada habría conseguido sin
el prestigio de la victoria, y un carácter perseverante, sagaz y á veces
enérgico. Si Bolívar ayudado por Santander no hubiera triunfado en
Boyacá en 1819, por lo menos habría sido de terrado del país por el
Congreso de Guayana, sostenido por una parte de ejército y de Generales
de reputación.
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rasgos de semejanza que tiene con la historia de Bolívar,
á quien hombres pensadores han llamado, quizá con exactitud,
el payaso de Napoleó11. Un historiador de la revolución
francesa, que merece grandes consideraciones de res-
J ORGE 1 . AC. EN I8S6
(Tomado de un daguer• l ipo de liJ épocJ) .
peto por su filosofía é imparcialidad, ha dicho, hablando
qe las ambiciosas miras de aquel hombre raro, después de
su glorio a campaña de Italia : ' Hasta aquí ha trabajado
Bonaparte por su propia gloria, por In de lo ejército.
franceses y por la alud de la patria. Intereses meno · nobles
serán en adelante el alma de . us accione:;. A vezado á
los triunfos militare:, los an c:iará cada día más y más; con
sus victorias, con sus di tinguidos servicio creerá haber
adquirido un título para inquietar, amenazar, dominar y
derribar al fin al gobierno que le abrió la carrera de la
fortuna, de los triunfos y de la gloria; se juzgar' autorízado
para aniquilar la libertad pública, á la cual era deudor
de toda su nombradía. Sin este gobierno, sin esta libertad,
hubiera quedado Bonaparte oscurecido toda su
vida, sin salir de ta da é de simple oficial de artillería."
Estamo bien di .• tantes de pretender que el carácter
de Bolívar sea en todo semejante al del último Emperador
de los franceses. Bolívar en su lugar, ni habría hecho en
Italia lo que aquél, ni jamás se hubiera ap·oderado de la
rf!volución francesa. Bolívar tiene talento, algún conocimiento
del mundo, sagacidad, penetración, energía en
ocasiones, actividad, perseverancia, pocas luces en política,
algunas en historia, y un gran caudal de recursos
para triunfar de las dificultades. Siendo el teatro de sus
operaciones un país como Colombia, antes colonia española,
y luégo un estado recién elevado á la independencia,
aquellas cualidades pudieron darle el predominio y la autoridad
que por tánto tiempo ha ejercido. Los d~sastres que
sufrió Venezuela en 1812 le abrieron el camino de la
gloria y del mando, por. el cual ha podido andar sin rivales,
dirigiendo pueblos sin ilustración, tropas sin luces y hom-bres
que confiaron en su fortuna. A lo que más debe Bolívar
la supremada que ha obtenido y el aumento de sus
partidarios, es sin duda, á la constancia que ha acreditado
durante la guerra de la independencia, á despecho de los
mayore contratiempos, y al lengua.je liberal y desinteresado
de que se :irvió mientra logró apoderarse de la
opinión pública. La empresa verdaderamente gloriosa de
libertar á Venezuela en I8IJ, y la que repitió en 1816 le
granjearon popularidad, opinión y amigos. La campaña de
1819, que restituyó la independencia á la Nueva Granada,
clio inuernento á su reputación, y la fortificó más y más el
aparente respeto que tributaba al Congreso y á la Constitución.
El suceso prodigioso de la campaña dt>l Perú le
hizo dueño de la admiración pública y de lo orazones
amantes de la independencia americana. Con tan fonnidables
apoyos, oyendo continuamente desmedida alabanzas y
pronó tico lisonjero , recibiendo todos los día inciensos,
santos a rifi íos y humillaciones, le pareció que todo cedía
ya á sus voluntades, y que se ejecutarían con respeto.
El ha sabido Yalerse m~1ñosamente para sacar ventajas de
las disencione políticas de Colombia, de la rivalidad entre
venezolano y granadino . A la oposición que Santander
hacía á u proyecto. destructores de la libertad, le dio el
carácter de rivalidnd á su persona . y de odio á los venezolanos,
y por este medio empeñó á lo militares de Venezuela
en u favor en aquella lid. El re peto que el pueblo
granadino ha tenido iempre al espíritu belicos<' del pueblo
'enezolano, c:oadyuvó á. ent1biar y apagar el entusiasmo con
JOR ;E l AACS EN 186o
Corr esponde á la época en que compuso la poesía " Río Moro."
(Tomado de un daguerroti po de la época).
que se empezó á ostener la COnstitución. En el departamento
ó provincia en que el gobierno constitucional habfa
colocado á un militar de Venezuela al frente del gobierno
político ó del ejército, fue fácil á Bolívar encontrar apoyo,
y enemigos del que desempeñaba el Poder Ejecutivo.
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Bolívar como hombre de Estado, carece de conocimiento
· del derecho público, de economía política y de
legi !ación universal. La justicia, la moral y la buena fe,
que on la primeras ualidade de un buen magi trado,
JORGE 1 AA ' EN J 867
Corres¡;o 1de á la é;>oca en q:.e pubho6 la " María."
[ = oto6ra fía de P ..tr de! )
no le son muy familiares. omo guerrero, no conoce la
profesión de las armas, aunque tiene cualidade marciales.
us campaña tienen más ardid e y casua lid a es que si -
tema. Su batallas han sido ohra del arrojo de las tropas
colombianas 6 de fa Itas del enemigo. Por eso on más las
que ha perdido, que las que ha ganado. inguno mejor
que él sabe aprO\·echarse de una victoria, ni tampoco nin guno
opone tánta firmeza y serenidad en Jos reveses. Hasta
el año de 1816 tuvo fama de anguinario, y su declara ción
de guerra á muerte y su ejecución lo justifican. De
entouces acá . e ha mostrado, por cálculo, más compasivo
y humano en la guerra.
A Bolívar le sobra talento, ingenio valor moral y
perseverancia. Ninguna empresa le parece imposible: nin gún
contratiempo arredra su espíritu. Es algo fatalista :
cree ciegamente, que ciertos días, ciertos lugares y cierta
circun tancia · le son ó contrarias ó favorable . En us
amistades y en su odio to a lo extremos. Ningún amigo
suyo tiene defectos; ninguno de sus enemigos tiene virtudes.
Para recompensar á un amigo, ó para vengarse de un
enemigo, no repara en los medios por inju tos é inmorales
que sean. Tampoco ·e detiene en examinarlos cuando le
importa llegar á un objeto, aunque procura esconderlos de
la vista general del público. Con facilidad se ganan su
amistad y u liberalidades· pero difícilmente e consigue
que olvide una ofen a. Gu ta mucho de arengas y panegíricos
en que b aiaben con exceso, de periódicos en que
lo condecoren con títulos e pléndido , de arcos triunfales,
acompañamiento homenaje y humillacione . El título
de Libertador e el que quiere que e le dé cuando se le
nombre, y no el de Presidente ni de General. Escribe con
vigor y energía : su imaginación e rica en ideas sublimes
y atrevida . La lectura le agrada mucho, particularmente
la del Contrato ocia! de Rous eau, on que estudia siempre.
u vanidad le hace reer que todo lo abe, que nada
·e e conde á su habilidad y que ningún hombre se le asemeja.
u conversación e agradable á vece instructiva,
aunque escribe mejor que habla. El convencimiento de
u supremacía le . ugiere :í ve~.. e la idea de ridiculizar á los
concurrentes en su misma casa y sus amigo le agradecen
estos rasgo de confianza y de él mistad según lo · denominan
ellos mi mos.
Sus ideas obre religión en cuanto ella tiene conexión
con el orden político de un estado, son correctas y liberales.
En el discur. o preliminar de la Con ·titución boliviana
las ha manife tado con filosofía y exactitud; pero ha hecho
el sacrificio de ella al clero olombiano para atraerlo á u
partido y ganar su apoyo. u decreto después del año de
r828, en que ·ubió al poder ab oluto parecen dictados
por el gabinete de Fe]ipe rr. • ólo la Inqui ición no se ha
restablecido en Colombia. Bolívar no ama al clero, aunque
le hace la corte con de tr za y maña. Menos ama á los
abogados y literatos, á qui enes también llama ideólogos. La
clase que atrae todo su carií1o, u liberalidades y u ·
aplausos, e la militar. Debiéndolo tollo á ella, y esperándolo
todo de ella lo. militares y éon preferen ia los nací-
JORGE l AAC: EN J 894
(Fotografía de Yil iaveces) .
dos en Venezuela, ocupan toda su atención y su afecto.
Colombia en el día es un campo de guerra, cuyo cuartel
general es la ciudad donde reside Bolívar.
(Continuará).
• • • Para el próximo número los artículos, poesías y
grabados que anunciamos debían aparecer en el presente,
lo que no hemos podido cumplir por cau as independientes
de nue tra voluntad.
L. D.
SAMPER_MATIZ
Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
Formatos de contenido:
Prensa