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Imagen de apoyo de  Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 12

Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 12

Por: | Fecha: 27/04/1899

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REPÚBLICA DE COLOMBIA REVISTA .ILUSTRADA CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA, HISTORIA DIRECTOR, PEDRO CARLOS MANRIQUE FOTOG~ABADO~, SATUR.NO ZAPATA - ADMINIST~ADO~, R.UBÉN J. MOSQUER.A NÚMERO 12 -VOL. 1 Precio de suscripción á la "Revísta Ilustrada" Serie de 24 números, $ 10. Serie de 12 números, $ S· Número suelto, so centavos. Comunicados, $ Io columna. Remitidos, $ ro columna. Avisos: palabra, un centavo; en tipo especial, precio convencional. La correspondencia debe dirigirse al número 74 de la calle 1G (Ca11e, Palau). Apartado número 182. Dirección telegráfica: ILUSTRACIÚ1 . Se vende este número el d{a de su aparición en la Pa­pelería de Samper ~'fati~ y en· la Agencia del periódico, número 59, Calle Palau. IMPORTANTE f:l Adn1inistrador de la REvis­TA ILUSTRADA su plica encarecida­mente á los senores Agentes y s r r s, q e t 1 o X la pr1n1era serie de I 2 números que corresponde ) á un se~cstre, se sirvan retnitir á la tnayor br--­vedad posible los valores recau­dados, en atención á los cuan­tiosos gastos que den1anda la Em­presa. RUBÉN J. MOSQUERA -------- AVISOS CARVAJAL & E~GUERRA U nicos agentes de la REVISTA ILus­TRADA en Zipaquirá, continúan en el ejercicio de la profesión de Abogados. Su oficina está situada en la plaza prin­cipal. acera Sur, nún1ero 74· Dirección telegráfica: "VOCERO.,. PRECIO so CENTAVOS Sumario del número 12 Págs. I. N u e va serie. . . . . . . . . . . . . . I 79 TI. Exposición de Bellas Ar-tes en la Academia dc San Carlos, de México ........ 179 ITI. "Margarita" (juicio críti-co) . .ti ttlomo Af. Gómt!z R. r8o IV Solo- Allá ·- El templo arruinado- Invocación- [ l'oe ·ías dd libro "Mar­garita,"]- Düg·o Uribe ... 183 V. "Anarkos. ·• Poema-Cm'· llermo l"a/enda ... .•.•... 184 V l. La corrección dé los ~r a­pas. Memorias de un ado­lescente. (Novela corta) - lllig-uel Tnima ............ 187 VI l. .... "ccrologia. V~ AnaOrrau-tin oe Pérez- P. C. JJ.f •••• 192 VIII-Jo,é T. Gaibrois-R. P ... 192 II,U TllACIONJ<:S Págs. I. Federico Rodríguez, artis-ta colombiano .........••• z8o Ir. F.dipo y Antigona, CU:!dro de Federico Rodrígue7. .... x8t III. Diego Utibc, poeta colom-biano .......•......•...... 183 IV. Guillermo Valencia, autor dd poema " 'A¡tarkos" .... 184 V, VI, VIryVIll. Lacorrección de lo5 Mapas, cuatro ilus­traciones para la novela cor­ta de ~ligud Triana, por Acevcdo Uernal x88, t8g, tgo, y .•••.•............•. 191 1. Jorgcllb: 10R1A. DE ADOLESCE T~ S.JRPRENDE que muchas personas que debían saberlo, ig­noren que por lo años x8¡¡-x884 fue nuestro huésped M. Rottel, caballero de la Legión de hon01, miembro del In tituto de Francia é Individuo de número de la Sociedad geográfica de Parí . Es verdad CJU e:te acha os0 c.aballero no salía de u asa. Los diarios francese · no tuvieron el cujdado de infor­mar á sus lectore · obre la de aparición del modesto sabio y la. descuidada prensa bogotana sólo dijo, por incidencia mercantil que había zarpado en Bar.ranquilla el vapor Confianza cc,n zso carga y los siguientes pasajeros: ..... . Juan Rottel y familia. · El hombre, por otra parte, poco tenía digno de aten­ción ó de curiosidad. Un anciano miope, un pobretón de sombrero de fieltro y obretodo parduzco, de apasible an­dar y continente humilde, en una palabra, in ninguno de los signos exteriores que la imaginación de los criollos atribuye in motivo á las notablilidades. Cuando M. Rottel vino á Bogotá sólo hizo llegar á su destino una carta de recomendación al señor D. Luis Lleras, erudito matemático, sobrino del botánico Triana y yerno del geógrafo Codazzi, acaso para no contraer sino relacione científica . •• • Yo era entonces el más travieso y desaplicado de lo discípulos de Lleras. A mis condiscípulos, testigos y cóm­plices de mis fechorías, les sorprendía la predilecc.ión que me di pensaba aquel profesor tan severo. Las cancaturas, los epigramas y las sorpresas picarescas que circulaban por el aula eran casi siempre obra mía, y Lleras no lo ignoraba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. r88 REVISTA ILUSTRADA Un día me llamó aparte y sacó del bolsillo un papel para mostrármelo. Desde luego me preparé para declarar­me confeso de cualquiera imputación justa que fuera á ha­cerme. 8egurarnente le mostré la grotesca cara de un mu- (Dibujo de Acevedo Berna l), chacho cogido infraganti travesura; porque me miró p'or sobre los anteojo , conteniendo la ri. a pronta á dejarme, ver sus espaciados y largos dientes. Después de un momen­to, que fue para mí de largo suplicio, me dijo: -Esta es una carta de M. Rottel, en que me recomien­da que le consiga un ayudante para su- trabajos de gabinete: no es sino para cuatro horas diarias. Paga veinte pesos por mes. Yo he notado que á usted le sobra tiempo en sus es­tudios y lo he propuesto. Si usted acepta, puede ir á casa de M. Rottel, calle de San Juan de Dios, número cuarenta y ocho . _ .. _ . -Número cuarenta y ocho? .... e tá bien. Gracias. Iré mañana! Sería posible? Doscientos reales! Podía ofrecerle en­trada á paraíso á media Escuela! Rico de un momento á .otro, á pesar de mi mal comportamiento; tal vez á causa de ello. •• • Un viejo vetusto, encorvado sobre una mesa de dibu­jo, tan esca ·o de vista que tor.aba con su nariz arrugada el mapa de Boyacá, fue la persona ante quien me introdujo la señorita; la señorita que luego supe era la hija de M. Rottel. Por de pronto no podía imaginarme que aquella niña de 15 á r6 años, tan bella, fuera hija de un setentón tan feo. Yo tenía del tipo francés otra idea y me pareció con­templar un tipo andaluz: no era rubia, ni tenía el picarezco ojo azul; era pálida hasta parecer hija del Tohma, de ojos grandes, muy negros, sombreados por largas pestañas, con aquella mirada alta que tanto parece despreciativa como suplicante: Era esbelta y tenía un talante majestuoso que contrastaba con su aire todavía infantil. Cuando ella se me presentó en el corredor para intrQ­ducirme á presencia de su padre, sentí cierta perturbación en la circulación de la sangre. Tembloroso y pálido me presenté al ilustre sabio. Al cabo de un cuarto de hora de espera, embarazosa para mí, el anciano levantó la cabeza, y toda­vía vibraban e11 mi sistema acústico las palabras de la se­ñorita. N o tuve sino que traducir estas palabras para res­ponder á la investigadora mirada del viejo miope: " la per­sona que ha recomendado á usted el señor Lleras." Sin preliminares de ninguna especie, como si M. Rottel tratara con otro geógrafo, mo trándome un voluminoso le­gajo de pape le.·, ora impre o , ora manuscritos, me dijo; "Allí tenernos lo documentos que me han llegado hasta ahora. ólo comprenden los dato - relativo, á la hoya del rinoco. Vea usted en el mapa el cur. o rectificado del río U pía: e preciso re ha r toda la región del asan are. La lab . r e ardua y requiere riguro o método: primero los ríos terciario ; despué no ocuparemo del Meta, la má importdnte de las corrientes colombiana , del Napo, del Negro y del asiquiar ; por último situaremo el Orinoco y con esto haoremos d lineado e ta gran región. Así fue el plan obre que se proyectaron estos trabajo . Los acci­dente ha:1 pretendido modificarlo· p ro el sistema ante todo; por no alterarlo murió Creveaux. Ellos tuvieron oportuno aviso, pero 1 itinerario no permitió escapar el golpe. Usted e dibujante; yo le dictaré las coordenadas y los rumbo . Llera: me dijo que u ted podría trabajar de las doce á las cuatro. uando yo e té ocupado en el ex­tracto de datos, mi hija dictará." .... Hasta entonce había ·ometido mi atención; pero esta última frase, cuyas sílabas me martillaron el tímpano, tur­bó mi so iego, y on temblorcillo de miembros y ojos rígi­dos me dí á la lucha imaginativa: ella dictar! qué tropie­zo! Va á ser testigo de mis torpeza , testigo y motivo! • Pero la tendré de codos sohre la mesa, á do cuartas de distancia frente á mí! •• • En lo sucesivo concurrí puntualmente. Para llamar á la puerta sufría todos los días un suplicio. En ocasiones 1a veía de paso, la saludaba turbado y me encerraba con el sabio. N o sé porqué me fueron necesarias poco á poco su presencia y la conmoción que me producía. Para consolar­me, cuando pasaban días y días sin verla, me hacía á mi mismo el siguiente raciocinio: Qué siento por ella? ¿Por­qué esta indefinible agitación que me enfría la sangre ? Acaso la aborrezco? N o, no hay motivo: las impresiones que su vista me causan son fuertes, pero agradables. En­cuentro en su mirada un no sé qué! N o es repulsión lo que ella me causa; es una atracción brusca. Si las atrac­ciones, conforme á la Mecánica universal, son recíprocas, ella debe experimentar idénticos efectos. Por qué huye de mí? Seguramente porque no posee la facultad de analizar la fuerza que la solicita, y corno la encuentra grotesca y ruda, resiste por reaccionaria delicadeza. Pronto, á fuerza de analizarme, adquirí el conoci­miento perfecto de mi estado psicológico : estaba enamo­rado! Este estado suele producir dualidad de conciencia . Yo tenía dos pensamientos : uno andaba por el jardín y el otro estaba al servicio de la geografía. Hacía un mes que estaba dibujando ; más de mil puntos había colocado en la cuadrícula del mapa, y cada punto estaba definido por dos coordenadas y cada coordenada por tantos y tantos gra­dos, minutos, segundos y decimales de segundo. La aten- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA ción matemática estaba pronta á interpretar el embolismo de los números y la atención amorosa resolvía al mismo tiempo problemas y se abismaba en teorías morales de in­mensa importancia: 'por qué no me contestó hoy el sa­ludo? Por qué ayer rniró con desdeñosa distracción cuando pa é á u lado?" De una á dos de la tarde á travé ~ de las cortinas dd gabinete de dibujo, veíamo pa ar la visita médica en la enfermería de enfrente. J oaqufn Rojas, el enorme practicante, á quien llamá­bamos el mastín en la E cuela de Literatura, siempre tenía que detener ·e cerca á la enferma e cuilida presente de continuo á no otros, calle de por medio. Me parecía que el interno del Hospital miraba con demasiada atención la casa del sabio. Esa mirada insistente me tenía inquiet . Cuando apetecemo · algo no· parece que todos lo odician. Recordaha perfectamente el modo brusco y material del mastín, en un tocio de acuerdo con su figura vulgar, y me tranquilizaba la desemejan7.a fi ica y moral entre ella y él; al propio tiempo me imaginaba (co a de mera irnagi­~ ac:ión) qu entre ella y yo debían existir analogías atrac­tiva . Un día M. Rottel e había dormido en su sillón con un legajo de documentos geográficos sobre las rodilla" arrullado por la monot nía de nuestras voce , la de élla que dictaba números y la mía qu repetía las últimas síla­bas, uando pa ó la visita médica. El pra ticante, corno de co:;tumbre, e detuvo en el balcón de enfrente y miró hacia el gabinete. - os e tá mirando l urandero, exclamé. Julia vo!­vió in ·tantáneamente la cabeza y tardó en volverla al manuscrito. Entre tanto la poca cantidad de bilis que tengo invadía mi organi ·mo. - uatro grado ·, quince minutos, y treinta y ei e­gundo , dije, repitiendo la última coordenada. Ese ha sid mi condi cípulo: era un mal alumno. -Hoy parece ser muy consagrado y olícito con los pobre enfermo . Ochenta y cinco grados, veinticuatro mi­nutos, doce segundos y eis décimo .. -Seis décimo .. - . Sólo era aplicado al gimnasio : levantaba tre ma a · en cada mano. El fue quien escaló una noche la despensa de la contratista. Lo llamábamos .. -Siete grados, tre minutos, interrumpió Julia. -Tres minutos .... Todavía está ahí. Lo llamábamos el mastín. Julia se levantó y, apartando la cortina, miró á la calle. El estudiante la saludó. Ya nada tenía yo qué dudar. Julia me aborrecía y apreciaba á mi enorme rival ! Los trabajos geográficos no se alteraron por este incidente. M. Rottel estaba casi constantemente ocupado en el es tracto de datos; Julia, dispuesta á dictarme coordenadas todos los días, y yo dibujaba en silencio. Dibujaba silenciosamente, pero observando de una manera sigilosa y tenaz Espiaba en la fisonomía y hasta en los más insignificantes movimientos de mi compañera de trabajo el curso de su sensaciones y el proceso de su desarrollo moral. N o solamente era el gabinete el teatro del espionaje: por la mañana y por la noche rondaba, tanto la casa de M. Rottel, como el sombrío edificio del Hospital. En la primera buscaba los hálitos candorosos de Julia, en el segundo vin­culaba la personalidad del practicante, con su cara lustrosa y redondc. que no podía servir de cubierta á la nobleza ni a] talento. Me imaginaba que Rojas, natural de Tenza, sería hijo de alguna buena mestiza, de traje de bayeta y camisa bor­dada, de aquellas mujerotas que son el tipo acabado de las campesinas ricas de Boyacá. En los modales de aquél descubría que había pasado su infancia entre potro y to­retes y, por su risa fingida y su cara hipócrita, me lo figu-raba vestido de monacillo, batiendo el incensario en la igle:;ia de su pueblo. Aquella naturaleza fornida y sacris­tane ca era mi obsesión mental en las horas de descanso. (Dibujo de Acevedo Berna!). En mis rondas tuve, por desgracia, ocasión de sor­prender ora un in inuante saludo, ora una disimulada son­risa, iempre algún incidente favorable á mi rival. En el gabinete mi observaciones eran concorual)te con mi pesquisas callejera . El semblante severo y majes­tuoso de mi colaboradora de dibujo, cada día más acen­tuado; .~as ola del velado rubor,_ que corrían frecuentes por sus meJillas; la vaguedad, mal drstmulada de sus miradas· cierto soplo nervio o que subía como rizado efluvio por s~ garganta mórbida me indicaban á las claras que en su or­ganismo jugaba una nueva desconocida fuerza. Yo tenía la per uación de que los fenómenos de diná­mica moral, que estaba descubriendo, los causaban las ba­terías magnéticas del estudiante de medicina. La mirada vaga, signo de abstracción de facultades de fijeza en una: misma idea, me hada juzgar que Julia te~ nía su pensamiento entretenido con la imagen de mi rival. Ella se recreaba sin duda en su recuerdo, saboreaba sus afectuosas palabras. Las distracciones de Julia perjudicaban el trabajo. Luégo venía la reacción: ella dictaba rápidamente y en­tonces era de presumirse que la urgencia por concluír la tarea no tenía otro estímulo que asomarse á ver al afortu­nado practicante. Por venganza, en estos casos, dibujaba lentamente. Como se ve, el antagonismo se había establecido. N o era esta la única causa de mis lentitudes y torpezas volun­tarias: me martirizaba que una joven tan dulce por natura­leza y que yo creía hecha para mí, me odiara sin motivo· pero sentía amarga satisfacción provocando las manifesta~ ciones de su malquerencia. Cosa rara: desde que fuimos enemigos ella no me huía. •• • Dos meses después, no habría conocido á la niña que me introdujo donde su padre el día de la presentación: era Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA yá una mujer completa. El proceso de su desarrollo moral había concluído: la fuerza intrusa, perturbadora de su co­razón infantil, venciendo las resistencias é introduciendo nuevos giros nerviosos en su organismo, había logrado restablecer el equilibrio, y la paz se manifestaba en aquel rostro majestuoso y bello. Ya no era posible la recrimina­ción. La majestad se impone. Por mi parte, escarmentado con las muestras de anti­patía que Julia me había prodigado, viéndome más y más separado moralmente de élla, á medida que su belleza y señorío aumentaban, ya no pensé en dejarle comprender mi afecto. Y o seguía silencioso y triste. Ya no era el bullicioso muchacho que ponía en con­moción los austeros claustros de la Universidad. Andaba distraído, con mis descuadernados libros bajo el brazo, el cabello largo y el semblante contemplativo, como si fuera un pobre poeta romántico. Donde quiera se me represen­taba la figura desdeñosa y altiva de Julia; en las márgenes de todos mis libros tenía delineado el perfil de su cara, con sus ojos de mirada vaga, profunda y orgullosa; su frente serena, donde parecía vislumbrarse la magnificencia de una remota genealogía de príncipes y su boca sellada por amargo pliegue de desprecio. Qué felicidad la del hombre amado! Para él los te ­nues fulgores de esos ojos castos; los hálitos de ese cora­zón, urna de amores infinitos; los pensamientos de aquella imaginación poblada de ensueños. Para mí, el amor sin e.:iperanza, triste como la tarde moribunda! En la noches misteriosas del plenilunio, cuando el alma, embriagada ele · religiosa a piración, penetra el infi-nito de los cielo , yo juraba, con el amor de Julia, escalar las tres eminencias que sirven de sustentáculo al gran Dios: la BELLEzA, la VERDAD y el BIEN. Mi voluntad, prepotente como la de un titán, levan­taría el soberbio palacio de la gloria para colocar en su trono re plandeciente á la reina de mis sueños. 11 Con cuánta rapidez, á mi modo de ver, adelantaba el trabajo : el plan de M. Rott_el se~uía rigurosamen~e á su fin. La inmensa hoya del Onnoco 1ba quedando delmeada en el mapa. Los ríos que nacen en la vertiente llanera de la cordlllera oriental, en amplias y caprichosas curvas re­corren la inmensa planicie y la riegan en todas direcciones, antes de unir sus aguas con las del caudaloso que separa las menospreciadas tierras colombianas de las sabanas de Venezuela. Era para mí motivo de patriótico orgullo haber con­tribuído en una mínima parte á dar á conocer este valioso territorio, cuya forma y magnitud se ignoraban ~asi entera­mente; pero yo deseaba que ese trabajo no tuviera fin. Estaba encariñado con el viejo miope que tan pater­nalmente me había tratado por muchos meses. Sobre todo, comprendía que la terminación de ros mapas y el consi­guiente regreso del comisionado . e.xtranjero, imp~icaba la extinción de mis esperanzas de fehc1dad y de glona. Mi tristeza se aumentaba con la proximidad de la separación. N o comprendo cómo Julia no. descu~ría en m~ palidez, en mis ojos quebrantados por el msommo, en m1 aire abatido, los estragos de una pasión que había de en­venenar en plena adolescencia la savia fecunda de mi ju­ventud. ¡ Pobre de mí! ¡ Qué podía adivinar la inexp.erta, si yo me había encerrado en una reserva absoluta, s1 le de­jaba libre, abierto el campo al enemigo, al estudiante de medicina! Me proponía romper, aunque con ello a ostara lq gérmen .:. d 1 alma, el pod ro o lazo, la fa. cinación que me ligaba á la. planta de aquellrt joven, amante de las formas vulgare .. La canallesca figura de Rojas trastornaba mi induc­' ione fisiológi as. Lo qu par da delirad za de i tema nervio o, cJ.paz de rápidas y múltiples vibraciones por segundo, para e ·tar al uní ono on los afecto de lo _ánge­les sería acaso una estructura romo tanta sen 1ble al tacto material úni amente ? u flexible y primoro~o talle, :u rostro oval y correcto su ca bello lu ·troso y suave, su estatura, ·obre la que e levantaba maje ·tuo a como en demanda de má elevadas y puras regione , ¿no serían la bella forma que di ·imulara un mecanismo rudimentario ? Un día en ontré por fin el gabinete en desorden : los mapas enrollado:, la: mesa desarmadas, lo in trumentos en sus estuche-, la e ·tantería vacía y una multitud de ca­ja · abierta omo para comer e tu<.lo aquello. En ca::;o. semejante las habitacione aumentan de tamaño v hay eco que se forman en la desnudas paredes. La voz suena bronca como en un sepulcro vacío. Si no fuera por el ir y venir, por el martilleo de la cajas, por la luz que entra en más cantidad por las ventanas sin corti­nas, la luz que juega y ríe y da vida, se diría que un vien­to de destrucción y de muerte a olaba la casa de M. Rottel. J u ha había llorado : tenía hinchados y rojizos los pár­pados. Arrodillada frente á las cajas acomodaba en ellas la infinidad de paquetes que la rodeaban. Pero tenía un con­tinente muy triste en esa faena ..... Por qué? Volver a la patria! Allá encontraría sus muñec"ls, sus amiguitas; volvería á cuidar de sus flores, á respirar los mismos aires que ensanchan el pulmón del ausente; volvería á tener á la vista los encantadores re­cuerdos de la infancia : todo eso le mostraba la patria ri­sueña! Sin embargo, el empaque iba lento, muy lento; Julia, sentada sobre sus talones, con la cabeza inclinada sobre el pecho y las manos caídas con laxitud sobre las rodillas, no parecía una viajera de diez y siete años que prepara sus maletas para volver á la patria querida. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 191 Muchas veces me había preguntado M. Rottel si de­seaba ir á Francia; me había hablado largamente de la Escuela politécnica; me había explicado u vida de estu­diante: él era hijo de un pobre aldeano y M. Jirardin lo llevó á París, lo protegió, lo educó y lo hizo alumno. La víspera de la marcha me pareció ver en la mirada del buen viejG una vaga reminiscencia de M. Jirarclin; como que querí.:t decirme : ''yo voy á hacer de usted un politécnico." La frase se ho quejaba en su tembloroso y desteñidos labios . ... yo la veía formar e .. . : El viejo era tímido, seguramente la dirta á últ1ma hora, al sentir e conmovido por la de pedida. Mi esperanza en la frase me permitió despedirme de Julia risueño, ofreciéndole en el rayo refulgente de mi mi­rada una graciosa sorpre a en complicidad con el anciano. -A las siete en an Vi torino .... me dijo Julia, po­niendo á la altura de su ojo tri te su dedito índice como para que no se me ol idara. El abrazo para el humilde sabio no ofr da dificulta<'!· le de eé un regre o feliz á la vieja y generosa Francia; le prometí encillamente que yo no podría olvidarlo ... . La fra e eguía a omindo:e tímiua por entre las brechas d sus esca o diente : era omo una gota de ro í pendiente de la hoja de un trigo se 'O · a i se de prendía · una ráfa ­ga de viento que sacudiera la encorvada caña y la gota caería en mi mano· e ha un diamante! ,n la puerta volví la al eza y vi c¡ue ya, ya e des­prendía la fra ·e a\radora d los labio · re ·eco del an iano. N o me detu e sin m argo· la fra e me alcanz3fía en la calle! ... _ Al volver la esquina torné á mirar .... En el bal ón d enfrente e ·taba tomando 1 ol la escuálida figura de la enferma. •• • Por la noche víctima de calenturiento.; e ·pejismos, despué de fatigar la cabeza con loco proyecto , envolví dos muda d ropa blanca y un libro de oracione ·; formé un lío tan ligero que un águila podría JI vario en el . pico: era mi equipaje para tra ladarme á u ropa, si se formulaba la deseada frase, yo, que no tenía sino un cuerpecito puro y un alma blan a, y la frase sonaría sin duda al montar en l carru::~je. El ilu tre disdpulo de M. J irardin-pensaba yo entre mis almohadas callentes-debía decirme : 'Animo, joven . Abandone usted por uno poco año este bello rincón del mundo y yo le abriré la puertas de la celebridad. Pronto volverá U;:,ted á abrazar á su madre condecorado con la cruz de la Legión de honor. N o sea usted tímido! Monte usted aquí, ] ulia, hazle un pue to al presunto alumno de Puentes y Calzadas." Entonces yo llamaría al chicuelo portador de la ma­leta, oculto tras del puente. -Y o venía preparado; conocía el gran corazón de M. Rottel. N o sería estorboso : mi maleta era pequeña. Además, podía ser útil. Un anciano extranjero con su hija~ en el espantoso camino de Honda, iban mal sin un joven del país que les facilitase todo. Al llegar á Honda, no más, comprendería M. Rottel que u protegido no era un papanatas. • En alta mar, Julia me tomaría de la mano para con­templar el nacimiento del sol y, en presencia de lo infinito, yo le declararía mi amor, así. . . . muy cerca del oído, moviendo con mi aliento acelerado los ere pitos de su pri­morosa nuca. Ella volvería la cara, roja como una amapola, y me diría: "Tontico, yo ie npre te he amado !" Me dormí envuelto en su atmósfera. bañado en su mirada llena de promesas y candores, y soñé. toda la noche escalando la presidencia de la Academia de Ciencias. Ella, Julia, tenía alas, era mi ángel protector, y me animaba y me confortaba cuando el cansancio abatía mis fuerza . •• • Con un nudo seco en la garganta pálido, trémulo y mirando á tra-vés de mis lágrima , de mis última lágrimas de niño, vi arrancar el carruaje por la alameda. A distancia de una cuadra a. omó un pañuelo blanco á la portezuela, me llamaban ! orrí con mi maleta al hom­bro; la gran fra e ~ (Dibujo de Acevedo Berna!). Corrí mucho; el carruaje no se paraba: yo lo alcan­zaría, me prendería de la testera iría así hasta Facatativá. Allí sacudirfa con mis súplicas y conmovería con mis lá­grimas la caña encorvada del seco trigo y la diamantina frase se desprendería. Corrí más y más; mi respiración se hacía anhelante, me faltaban las fuerzas, y la distancia que me separaba de Julia se aumentaba á causa del galope de los caballos. El carruaje se opacaba, se esfumaba, se perdía á mi vista .... En la lejana vuelta de Paiba vi púr última vez el punto blanco del pañuelo : no era que me llamaban, era que se despedían de mí para siempre! El fatal vehículo de los caballos flacos desapareció por fin entre el follaje de los sauces qu_e bordan la torcida carretera. ¡Adiós, sueños de mi infancia! ¡Adiós alegrías de mi juventud ! •• • Al volver á mi casa, avergonzado delante de mi ma­dre, á quien iba á abandonar como un ingrato infame, solté mi maleta, saqué mi ridículo equipaje y una sonrisa sarcástica cruzó mi rostro como ráfaga del invierno. Esa maleti a, cerrada la víspera, me traía recuerdos del país del candor y la inocencia, del qne al parecer me había ausentado hacía mucho tiempo. UGUEL TRIAN A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA NECROLOGIA D~ ANA ORRANTIA DE PÉREZ t Abrrl 7 de 1899. LE tocó el turno de volar al cielo. Era uno de los pilares de la sociedad bogotana. Todos la amábamos; su trato despertaba el recuerdo de la madre, de la esposa, de la her­mana. Había en su sér la mística pureza que se ama en aque­llos seres queridos. Gran dama en la ·más alta acepción, alegraba con su pre­sencia, y su consejo daba valor para aceptar la vida. Sencilla, dulce, angelical, pasó inmaculada, por en medio de las feal­dades humanas, y pudo aguardar el desposorio de la muerte, como el día de su primera comunión, vestida de blanco. P. C. M. D. JO É T. GAIBROIS TRAS de año y medio de una p~nosísima y embozada en­fermedad, el 13 del corriente Abril falleció en esta capital nuestro amigo D. José T. Gaibrois, con profundo sentimiento de cuantos le conocimos. La esbeltez y gracia de su apostura, la lozanía de su tez de rosa, la elegancia de sus ademanes, la pulcritud y buen gusto de toda su persona, lo recomendaban á primera vista; la armonía que luégo .su trato .revelaba entre s~ apariencia y su culto y suave lenguaJe y delicadeza de senti­mientos, y en fin, la perfecta corrección y moralidad de su porte en todas sus relaciones, - como que p recía, y era en efecto caballero cumplido y hombre incapaz de exceso de nin­gún género :- tan raro ~onjunto de con. icion es lo hacía a.pre­ciar y querer de to ios: a 1 vez que su v1da modesta, apactble, vinculada desd_ temprano á un hogar cristiano y empleada en el cultivo de aficiones artísticas y literaria , no podía menos que prom ~ ter una alud envidiable y la longevidad de un pa­triarca. ¡ Crueles ironías y contrastes de lo que llam mos suer­te, y e:; más bie~ lección constante de la Providenct . ~ob;e la vanidad y mentlra de todo lo humano ! Tras de un vtaJe a Eu­ropa, de grata ocup~ción y recreo, en que le tocó re.~res entar á Colombia en Madnd como encargado de la Legacwn y ateso­ró su espíritu deliciosas impresiones y reminiscencias de arte y de amistad como para medio siglo de apacentarse en ellas, re­gresó nuestro amigo á dejar á su país una prenda útil y per­petua de su laboriosidad y patriotismo y .... á tenderse en el lecho del dolor, de la fatiga y del desvelo, y entrar en una ver­dadera ag0nía moral y física de cuatro interminables meses ! Nacido en 1856 en Ocaña, ciudad de la cual era honrosí­sima muestra, apenas cumpliría cuarenta y tres años de edad. Queda de él el importante trabajo áquealudímos, "Memorandur.l sobre la Mosquitia colombiana con documentos anexos," publi­cado aq_uí en 71 grandes páginas en 1896; y la REvr TA lLUS- 1~ debe tm. especial recuerdo como á predecesor suyo cnn Jamuy interesante COLO BIA ILUSTRADA que fundó y diri­gió en 89-90, de la cual aparecieran los doce números de un año. En ella fue á su turno Gaíbrois digno sacesor del que había fundado el Papd Periódico Ilustrado, General Alherto Urdaneta, muerto también como él, prematuramente-. Este publicó allí una extensa biografía de D. José María Pino, acaudalado filántropo de Mompox, escrita por Gaibrois para ejemplo. En la cortísima pero gloriosa Pre!:>idencia nacional del General Guillermo Quintero Calderón, su paisano Gaibrois tuvo la honra de acompa!ía.rlo como Secretario particular. ¡ Cuándo pudo imaginar el que el 3 1 de Agosto de 1889 celebró· con ya enmohecido laúd el enlace de José con su idola­trada Soledad, que antes de cumplirse un decenio le tocase re­gistrar su trágico desenlace! Pero confiemos en que éste es desenlace sólo en el mundo: que si sus felicidades son mentira, no lo son menos sus infortunios, velo fugaz de la felicidad ver­dadera é infinita, y de las nupcias indisolubles. Excusado es añadir cuán sinceramente compartimos con la respetable familia Riaño- aquí la de Gaibrois por su matrimo­nio- su acerbo duelo. R. P. MEMORIAS sobre el origen, causas y progreso de las desavenencias entre el Presi­dente de la República de Colombia, Simón Bolívar, y el Vicepresidente de la misma, Francisco de P. Santander, escritas poz· un colombiano en 1829 (Continuación) EL mundo civilizado, que juzga de las cosas con juicio y reflexivo examen, y la historia imparcial, que ab­suelve ó condena á los hombres, no dejarán -de lamentar la suerte que ha cabido á Colombia, y de culpar menos la debilidad de unos pueblos poco ilustrados, que la desme­surada ambición del que con hipocresía y ardides los ha logrado someter á su voluntad absoluta. Nosotros no que­remos anticipar el juicio de la historia severa, ni el de la posteridad inexorable al dejarle estos apuntamientos es­critos con la mayor exa titud sobre documentos irrefraga­bles. Ellos examinarán imparcialmente la conducta de Bolívar y Santander, las causa y motivos que los han guiado : ellos dirán si un magistrado comprometido so­lemnemente con su patna á sostener sus instituciones ha podido prescindir de estos vínculos: ellos decidirán si un magistrado sujeto á reglas precisas, prefijadas por la na­ción, ha debido seguir otra opinión, ni otra senda que aque­llas que estaban marcadas en el Código Constitucional : ello resolverán si la ami tad y la gratitud dictaban aban ­donar los deberes públicos, y hacer trai ción á los pueblos, que habían confiado á Santauder el depósito de sus dere­chos y garantías . La hi toria y la po teridad pronunciarán sin apelación de qué parte han e tado en e ·ta lid el des­interés, el de.;eo del bien común, la f, licidad y el patrio­tismo verdadero, y con. iderand el e.:>ta 'lo de e ta naciente república en el año r828, d1rán :i la onjuración de Bogo­tá del25 de _ptiem re puede colo ..... ar e a l lado de aquellos movimient p triótico,:;, que die ro n la libertad 5. Atenas, á Teba y á Roma, ó al del h orren do crime n e Cati­lina ( 1 ). En fin, e;,OS terribles tribunale ·, d o nde no preside el espíritu de partido fallarán in r é plica ·i l0 · ervicios de Bolívar á la ausa americana han tenido por objeto la li ­bertad de olombia, bajo un régimen liberal , y de su pro­pia elección, ó si su verdadero objeto h a sido apoderarse de la suprema autoridad y gobernar á u placer aquellos pueblos, que arrancara de la dominación española; en una . palabra, si el Libertador d e Colombia ha merecido hasta ahora ser colocado al lado del inmorta l y virtuoso Wás­hingthon. F L DE ESTA MEMORIA -~-- NOTA DEL A UTOR.-Se habrá. observado que en esta me­moria frecuentemente hemos he ho alu ión á Bonaparte y á su historia. Debemos confesar, que por ser la má reciente y la más gagaz de las usurpacione , nos hemos valido de los ( 1) Colombia presenta una cadena de con pi raciones contra las leyes desde JO de Abril de 1826. Sólo do han sido ca tigada. seve­ramente~ que fueron la de Cartagena y la de Bogotá, amba á dos dirigidas. en favor de:- las leyes y de la libertad y contra el poder ab­soluto de Bolivax. Los qu.e han ufrido la pena de muerte por estos movimientos patrióticos, podrían decirle á Bolívar, á Páez y á otros jefes de conjuraciones contra la Constitución, lo que el pirata á Ale­jandro el Grande. E· cosa digna de notarse, que durante el gobierno constitucional de Santander, no exl?erimentó ninguna conspiración patriótica contra su autoridad, ni contra su vida, hasta la de JO de Abril en Valencia, d.e que se valió Páez y también el doctor Peña, para eludir el juicio á q~e los citó el Senado de la República. Por el contrario, desde el año 18.12, en que Bolívar empezó á querer acudir el suave yugo de la ley, y de la voluntad nacional, hasta el año de 1828, ha sido el objeto de muchas conspiraciones patrióticas. En todas ellas han pretendido lo conjurados salvar las libertades públicas de la usurpación. Bolívar se ha escapado del puñal de los libres por raras casualidades, y para desarmarlos ha tenido que hablar continuamente de los derechos del pueblo, de su repugnancia al mando, y que derramar libremente grados militares, empleos y dinero. Pero nada habría conseguido sin el prestigio de la victoria, y un carácter perseverante, sagaz y á veces enérgico. Si Bolívar ayudado por Santander no hubiera triunfado en Boyacá en 1819, por lo menos habría sido de terrado del país por el Congreso de Guayana, sostenido por una parte de ejército y de Ge­nerales de reputación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA rasgos de semejanza que tiene con la historia de Bolívar, á quien hombres pensadores han llamado, quizá con exac­titud, el payaso de Napoleó11. Un historiador de la revolu­ción francesa, que merece grandes consideraciones de res- J ORGE 1 . AC. EN I8S6 (Tomado de un daguer• l ipo de liJ épocJ) . peto por su filosofía é imparcialidad, ha dicho, hablando qe las ambiciosas miras de aquel hombre raro, después de su glorio a campaña de Italia : ' Hasta aquí ha trabajado Bonaparte por su propia gloria, por In de lo ejército. franceses y por la alud de la patria. Intereses meno · no­bles serán en adelante el alma de . us accione:;. A vezado á los triunfos militare:, los an c:iará cada día más y más; con sus victorias, con sus di tinguidos servicio creerá haber adquirido un título para inquietar, amenazar, dominar y derribar al fin al gobierno que le abrió la carrera de la fortuna, de los triunfos y de la gloria; se juzgar' autorí­zado para aniquilar la libertad pública, á la cual era deu­dor de toda su nombradía. Sin este gobierno, sin esta li­bertad, hubiera quedado Bonaparte oscurecido toda su vida, sin salir de ta da é de simple oficial de artillería." Estamo bien di .• tantes de pretender que el carácter de Bolívar sea en todo semejante al del último Emperador de los franceses. Bolívar en su lugar, ni habría hecho en Italia lo que aquél, ni jamás se hubiera ap·oderado de la rf!volución francesa. Bolívar tiene talento, algún conoci­miento del mundo, sagacidad, penetración, energía en ocasiones, actividad, perseverancia, pocas luces en polí­tica, algunas en historia, y un gran caudal de recursos para triunfar de las dificultades. Siendo el teatro de sus operaciones un país como Colombia, antes colonia espa­ñola, y luégo un estado recién elevado á la independencia, aquellas cualidades pudieron darle el predominio y la auto­ridad que por tánto tiempo ha ejercido. Los d~sastres que sufrió Venezuela en 1812 le abrieron el camino de la gloria y del mando, por. el cual ha podido andar sin rivales, dirigiendo pueblos sin ilustración, tropas sin luces y hom-bres que confiaron en su fortuna. A lo que más debe Bo­lívar la supremada que ha obtenido y el aumento de sus partidarios, es sin duda, á la constancia que ha acreditado durante la guerra de la independencia, á despecho de los mayore contratiempos, y al lengua.je liberal y desintere­sado de que se :irvió mientra logró apoderarse de la opinión pública. La empresa verdaderamente gloriosa de libertar á Venezuela en I8IJ, y la que repitió en 1816 le granjearon popularidad, opinión y amigos. La campaña de 1819, que restituyó la independencia á la Nueva Granada, clio inuernento á su reputación, y la fortificó más y más el aparente respeto que tributaba al Congreso y á la Consti­tución. El suceso prodigioso de la campaña dt>l Perú le hizo dueño de la admiración pública y de lo orazones amantes de la independencia americana. Con tan fonnida­bles apoyos, oyendo continuamente desmedida alabanzas y pronó tico lisonjero , recibiendo todos los día inciensos, santos a rifi íos y humillaciones, le pareció que todo ce­día ya á sus voluntades, y que se ejecutarían con respeto. El ha sabido Yalerse m~1ñosamente para sacar ventajas de las disencione políticas de Colombia, de la rivalidad entre venezolano y granadino . A la oposición que Santander hacía á u proyecto. destructores de la libertad, le dio el carácter de rivalidnd á su persona . y de odio á los venezo­lanos, y por este medio empeñó á lo militares de Vene­zuela en u favor en aquella lid. El re peto que el pueblo granadino ha tenido iempre al espíritu belicos<' del pueblo 'enezolano, c:oadyuvó á. ent1biar y apagar el entusiasmo con JOR ;E l AACS EN 186o Corr esponde á la época en que compuso la poesía " Río Moro." (Tomado de un daguerroti po de la época). que se empezó á ostener la COnstitución. En el departa­mento ó provincia en que el gobierno constitucional habfa colocado á un militar de Venezuela al frente del gobierno político ó del ejército, fue fácil á Bolívar encontrar apoyo, y enemigos del que desempeñaba el Poder Ejecutivo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA Bolívar como hombre de Estado, carece de conoci­miento · del derecho público, de economía política y de legi !ación universal. La justicia, la moral y la buena fe, que on la primeras ualidade de un buen magi trado, JORGE 1 AA ' EN J 867 Corres¡;o 1de á la é;>oca en q:.e pubho6 la " María." [ = oto6ra fía de P ..tr de! ) no le son muy familiares. omo guerrero, no conoce la profesión de las armas, aunque tiene cualidade marciales. us campaña tienen más ardid e y casua lid a es que si - tema. Su batallas han sido ohra del arrojo de las tropas colombianas 6 de fa Itas del enemigo. Por eso on más las que ha perdido, que las que ha ganado. inguno mejor que él sabe aprO\·echarse de una victoria, ni tampoco nin ­guno opone tánta firmeza y serenidad en Jos reveses. Has­ta el año de 1816 tuvo fama de anguinario, y su declara ­ción de guerra á muerte y su ejecución lo justifican. De entouces acá . e ha mostrado, por cálculo, más compasivo y humano en la guerra. A Bolívar le sobra talento, ingenio valor moral y perseverancia. Ninguna empresa le parece imposible: nin ­gún contratiempo arredra su espíritu. Es algo fatalista : cree ciegamente, que ciertos días, ciertos lugares y cierta circun tancia · le son ó contrarias ó favorable . En us amistades y en su odio to a lo extremos. Ningún amigo suyo tiene defectos; ninguno de sus enemigos tiene virtu­des. Para recompensar á un amigo, ó para vengarse de un enemigo, no repara en los medios por inju tos é inmorales que sean. Tampoco ·e detiene en examinarlos cuando le importa llegar á un objeto, aunque procura esconderlos de la vista general del público. Con facilidad se ganan su amistad y u liberalidades· pero difícilmente e consigue que olvide una ofen a. Gu ta mucho de arengas y pane­gíricos en que b aiaben con exceso, de periódicos en que lo condecoren con títulos e pléndido , de arcos triunfales, acompañamiento homenaje y humillacione . El título de Libertador e el que quiere que e le dé cuando se le nombre, y no el de Presidente ni de General. Escribe con vigor y energía : su imaginación e rica en ideas sublimes y atrevida . La lectura le agrada mucho, particularmente la del Contrato ocia! de Rous eau, on que estudia siem­pre. u vanidad le hace reer que todo lo abe, que nada ·e e conde á su habilidad y que ningún hombre se le ase­meja. u conversación e agradable á vece instructiva, aunque escribe mejor que habla. El convencimiento de u supremacía le . ugiere :í ve~.. e la idea de ridiculizar á los concurrentes en su misma casa y sus amigo le agradecen estos rasgo de confianza y de él mistad según lo · denomi­nan ellos mi mos. Sus ideas obre religión en cuanto ella tiene conexión con el orden político de un estado, son correctas y libera­les. En el discur. o preliminar de la Con ·titución boliviana las ha manife tado con filosofía y exactitud; pero ha hecho el sacrificio de ella al clero olombiano para atraerlo á u partido y ganar su apoyo. u decreto después del año de r828, en que ·ubió al poder ab oluto parecen dictados por el gabinete de Fe]ipe rr. • ólo la Inqui ición no se ha restablecido en Colombia. Bolívar no ama al clero, aunque le hace la corte con de tr za y maña. Menos ama á los abogados y literatos, á qui enes también llama ideólogos. La clase que atrae todo su carií1o, u liberalidades y u · aplausos, e la militar. Debiéndolo tollo á ella, y esperándo­lo todo de ella lo. militares y éon preferen ia los nací- JORGE l AAC: EN J 894 (Fotografía de Yil iaveces) . dos en Venezuela, ocupan toda su atención y su afecto. Colombia en el día es un campo de guerra, cuyo cuartel general es la ciudad donde reside Bolívar. (Continuará). • • • Para el próximo número los artículos, poesías y grabados que anunciamos debían aparecer en el presente, lo que no hemos podido cumplir por cau as independien­tes de nue tra voluntad. L. D. SAMPER_MATIZ
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 12

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Metalurgia prehispánica y colonial-republicana en el Pacífico colombiano

Por: Héctor Salgado López | Fecha: 01/01/1993

Este artículo sobre la metalurgia en la región de los ríos San Juan y Calima y, posiblemente, la Bahía de Buenaventura tiene tres objetivos: 1) describir los contextos en los que se recuperaron cinco artefactos de metal junto con el carbón utilizado para fecharlos; la evidencia del período prehispánico y del siglo XVI contribuye a la identificación de posibles zonas de trabajo de los metales, 2) presentar los resultados del análisis preliminar de los cinco artefactos, 3) establecer la importancia de estos objetos para la historia de la orfebrería a lo largo de la costa pacífica de Colombia durante el período prehispánico y durante las épocas colonial y republicana. Las evidencias del río San Juan sobre asentamientos nucleados, agricultura intensiva, metalurgia y sobre posibles cambios en las actividades ceremoniales, constituyen la base de las hipótesis sobre el grado de complejidad social de la zona. Arqueológica e históricamente, el Chocó es una de las regiones menos conocidas de Colombia. Una vez que se hayan podido identificar los mecanismos (tanto externos como internos) que restringieron el crecimiento del poder en manos de los individuos dentro de estas unidades de pequeña escala, el estudio del Chocó contribuirá a la investigación sobre el desarrollo de las estructuras políticas.
Fuente: Icanh - Revista Colombiana de Antropología Formatos de contenido: Artículos
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Series: Investigaciones locales estrategia de salvaguardia integral con énfasis en culturas campesinas

Por: | Fecha: 2014

Esta colección está conformada 22 investigaciones locales desarrolladas en el marco de la Estrategia de salvaguardia integral con énfasis en culturas campesinas en los departamentos de Cundinamarca y Santander que desarrolló Tropenbos Colombia con el Ministerio de Cultura en 2015. Las publicaciones son un homenaje a la vida campesina con temas como medicina tradicional, inventarios de plantas, memoria y tradición oral, prácticas y oficios campesinos, historias de los territorios y las organizaciones campesinas, prácticas agrícolas y de manejo de recursos locales, entre otros.
Fuente: Tropenbos Colombia Formatos de contenido: Otros
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Narrativas de vida y memoria

Por: Centro Nacional de Memoria Histórica | Fecha: 2014

Este volumen reúne cuatro obras biográficas de líderes y lideresas de comunidades víctimas del conflicto armado colombiano. Además de reconocer sus vivencias, saberes e historias, las biografías visibilizan los contextos sociales, políticos y culturales que acompañaron las vidas de los protagonistas. Así mismo, este es un texto que recoge la experiencia de personas que han tenido que lidiar con las adversidades y contradicciones de la guerra, convirtiéndose en un espacio para aliviar dolores colectivos que no han tenido el duelo necesario, y en una especie de antídoto contra el olvido.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
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7 Maravillas de Bogotá

Por: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

Históricamente, han sido elegidas las 7 Maravillas, aquellos lugares espectaculares que definen, identifican y representan a los pueblos de la mejor manera. Hace más de dos mil años, se escogieron las 7 Maravillas del Mundo Antiguo (de las que solo queda la pirámide de Giza en Egipto) y en el 2007, las 7 del Mundo Moderno (el Coliseo Romano, la Gran Muralla China y Machu Picchu, entre otras). Ese mismo año, fueron seleccionadas, en concurso público, las 7 Maravillas de Colombia (entre ellas, la Catedral de Sal de Zipaquirá, la arquitectura militar de Cartagena de Indias y Ciudad Perdida). La capital también quiso resaltar las suyas y eligió, de manera democrática, las 7 Maravillas de Bogotá. En octubre de 2019, la Academia de Historia de Bogotá hizo una invitación para que, desde la Alcaldía, promoviéramos este emocionante concurso para destacar la riqueza cultural de la ciudad, el cual desarrollamos desde el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, IDPC. Entonces se conformó un grupo de expertos, integrado por el doctor Jorge Fernández Duque, secretario académico de la Academia de Historia de Bogotá, y los reconocidos profesores Alberto Saldarriaga, Carlos Niño y Lorenzo Fonseca, quienes pro-pusieron un listado de veintiún sitios altamente representativos para los habitantes de la ciudad, definidos como conjuntos urbanos y paisajísticos (no espacios o edificaciones individuales); estos fueron puestos en conocimiento de la ciudadanía para ser elegidas las 7 Maravillas por parte de los mismos bogotanos, a través de internet. La acogida de la convocatoria fue muy positiva y, luego de tan solo diez días, se obtuvieron más de 10.700 votos, por medio de los que cada participante seleccionó los 7 lugares patrimoniales que más quería, tanto naturales como construidos. De este modo, fueron escogidas las 7 Maravillas de Bogotá: los cerros tutelares de Monserrate y Guadalupe con el boquerón del río San Francisco; el parque Simón Bolívar y la Biblioteca Virgilio Barco; el Jardín Botánico y la Unidad Deportiva El Salitre; la plaza de Bolívar y las edificaciones que la conforman; el parque de la Independencia, la plaza de toros La Santamaría y las Torres del Parque; el Museo Nacional y el Parque Central Bavaria, y la Avenida Jiménez junto con el Eje Ambiental. Muy cerca, quedaron la Ciudad Universitaria, la Manzana Cultural del Banco de la República y, un poco más distanciados, la planta de tratamiento de Vitelma, el Santuario del Divino Niño en el barrio 20 de Julio, TransMiCable en Ciudad Bolívar, el parque de Los Mártires, la basílica del Voto Nacional y el barrio La Merced, entre otros conjuntos sugeridos.
Fuente: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) - Guías y Atlas Históricos
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Guía de estudio. 6 proyecciones. Selección de videos de artistas colombianos. Colección de Arte del Banco de la República

Por: Alberto Baraya | Fecha: 2015

Seis piezas de artistas colombianos, de la Colección de Arte del Banco de la República de Colombia, evidencian lo que ha sido la consolidación del video en cuanto herramienta artística para construir narraciones. Creadas en la década del 2000, estas obras ampliaron significativamente las posibilidades del video al reinterpretar la historia del país, poniendo de relieve un entorno natural o urbano y sus circunstancias políticas y sociales. En esta guía se lee una concisa descripción de cada video —algunas a través de las voces de sus autores— en la que se revela “la tensión entre la experiencia sensorial del espacio representado, con la carga psicológica o ideológica de quienes lo habitan, lo recorren o tan solo lo observan”. El conjunto de referentes geográficos son: bahía Inútil (lugar en el fin del mundo), el río Amazonas, la ciénaga grande de Santa Marta, el río Don Diego (Sierra Nevada de Santa Marta), Tunja y la plaza de Bolívar en Bogotá.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Guías de estudio
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Conversaciones fuera de la catedral

Por: Laila Abu Shihab Vergara | Fecha: 2024

"En cada gesto, en cada hecho, en cada palabra, en cada pregunta y cada respuesta de este libro, se guarda para siempre la memoria de la marea verde colombiana, que es la de todas nosotras. Aprendemos unas de las otras, gracias por la lucha y por este libro". Claudia Piñeiro El 21 de febrero de 2022, la Corte Constitucional de Colombia falló a favor de las personas que deseen interrumpir voluntariamente su embarazo, sin importar el motivo, durante las primeras veinticuatro semanas de gestación. Este logro colectivo fue el resultado de una historia que tiene sus raíces en los años setenta del siglo pasado, en la que han participado muchas mujeres y algunos hombres que se han sumado a la causa. Gracias a este éxito, Ana Cristina González Vélez y Cristina Villarreal Velásquez fueron reconocidas por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo en el año 2022. Esta mención se sumó a los muchos premios y honores que han recibido a lo largo de sus carreras por su incansable labor. En Conversaciones fuera de la catedral, las autoras, dos pioneras del movimiento por la despenalización del aborto en Colombia, de la mano de la periodista Laila Abu Shihab comparten cómo se labró este camino, quiénes formaron parte de cada paso y cuáles son los retos que las nuevas generaciones tienen por delante para conseguir la despenalización total del aborto en nuestro país.
Fuente: Odilo Formatos de contenido: Libros
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Caminos Reales de Colombia

Por: Mariano; De la Cruz Federici Useche Losada | Fecha: 1995

Menciona Mariano Useche Losada, editor académico de esta publicación, que la geografía es un punto de partida esencial para discutir sobre los elementos que, históricamente, han influido en la planeación de la estructura territorial. En ese sentido, los caminos que conectan las distintas regiones del país determinan la unidad actual y las posibilidades de comunicación entre regiones, contribuyendo así a la redefinición constante del territorio nacional.De esa preocupación por aclarar la historia de los caminos que recorren el país y sus influencias en las distintas dinámicas de desarrollo e integración territorial, los autores de los ensayos presentados aquí exploran los “Caminos Reales” y los reales caminos, es decir, los que fueron abiertos por orden de la Corona durante la Colonia y los caminos creados en la República que se valieron de los primeros para fijar los trazados definitivos de la estructura vial colombiana. Como complemento, se presenta material cartográfico con el que los lectores pueden recorrer los caminos y situarse en dos temporalidades: el pasado discontinuo con sus lugares desaparecidos y sus significativas modificaciones, y el presente contemporáneo, resultado de los devenires y relaciones entre el territorio y sus moradores.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Libros
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Paruma: vestuario tradicional del pueblo indígena embera

Por: Pastora Chasoy Agreda | Fecha: 2022

El contenido de este documento se relaciona con la historia del vestuario y los accesorios tradicionales utilizados por los indígenas embera. Se trata de un pueblo nativo con tradiciones y características semejantes, actualmente divido en cuatro grupos: los embera chami -ubicados en los departamentos de Caldas y Quindío-; los embera katío, -en el Alto Sinú y Alto San Jorge en el departamento de Córdoba, y en la región de Urabá y el Bajo Atrato en el departamento de Chocó-, y los embera siapidara, quienes viven dispersos en el Pacifico, en la zona sur de Buenaventura y en la costa caucana y de Nariño. Distintos hechos históricos ocurridos en la Conquista y la Colonia provocaron su dispersión hacia diferentes lugares de la geografía colombiana. Sin embargo, uno de los elementos, cohesionador de identidad, es su vestuario tradicional, del cual conoceremos distintas características, gracias a los relatos de los abuelos y abuelas integrantes del asentamiento Resguardo Motordorchaque, ubicado en la vereda Dos Pozos del municipio de Puerto Boyacá.
Fuente: Universidad de América - Sello editorial Formatos de contenido: Libros
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Indiarum Occidetalum Tractus Littorales cum insulus Caribices

Por: Frederick de Wit | Fecha: 1680

Mapa de Centro América, Antillas y costa de Tierra Firme trazado por el cartógrafo holandés Frederick de Wit, señala la Nueva Andalucía, Venezuela, Nuevo Reino de Granada, Gobernación de Popayán, Honduras, Florida, Virginia y La Española, contiene rosa de los vientos y dirección de las corrientes, en la parte superior e inferior del mapa contiene dos cartelas de título con grabados alegóricos a la población indígena, los esclavos y los colonizadores. Hace parte de una recopilación de mapas reunidos por el historiador Manuel María Peralta y Alfaro para servir de apoyo en un litigo por la defensa del territorio Costarricense frente a Colombia, disputado a finales del siglo XIX. Los mapas fueron publicados en el ‘Atlas histórico y geográfico de la República de Costa Rica’ (1890) tras la firma del tratado Castro-Quijano, el cual dictaminó el sometimiento de ambas naciones al arbitraje internacional y designó un tiempo para que las partes presentaran sus respectivos argumentos y documentación que sustentara la defensa de sus territorios.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Mapas
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