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No creo que venga acuentopara la narración de esta verdadera cuanto inverosímil historia, decir cómo fui por mis padres consagrado desde mi tierna infancia al arte deHipócratesyGaleno, y cómo hube de dejar el regalo de los paternos lares por la estrechez de una mísera posada. Ignoro en qué particulares signos y marcas pude revelar disposiciones felicísimas y raras aptitudes médicas; pero es lo cierto que una mañanica me hallé enSantiagohecho estudiante. Cuando tal aconteció era yo un mozancón más espigado de lo que mis años pedían, muy reñido con los libros y muy amigo de pasarme las horas...
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Pascual López: autobiografía de un estudiante
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El conjuro
El pensadoroyó sonar pausadamente, cayendo del alto relojinglésque coronaban estatuitas de bronce, las doce de la noche del último día del año. Después de cada campanada, la caja sonora y seca del reloj quedaba vibrando como si se estremeciese deterrormisterioso. Se levantó el pensador de su antiguo sillón de cuero, bruñido por el roce de sus espaldas y brazos durante luengas jornadas estudiosas y solitarias, y, como quien adopta definitiva resolución, se acercó a la chimenea encendida. O entonces o nunca era la ocasión favorable para el conjuro. Descolgó de unapanopliauna espada que conservaba en...
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El conjuro
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El llanto
Esta perfección era justamente lo que traía muy inquieto al rey, su padre. No tenía otra hija sino aquélla, y habíala conseguido tarde ya, cuando llegaba al límite que separa la madurez de la vejez; por lo cual hubiese anhelado resguardar con un fanal a la princesita, elevar alrededor suyo paredes deaceroy, sobre todo, recubrir su corazón tierno, palpitante de presentimientos y de emociones sagradas, con la triple coraza de cuero batido del egoísmo, la indiferencia y la soberbia. — Padre y señor — dijo un día la princesita, colgándose del cuello del rey— , si es verdad que me...
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La adopción
El hombre, sin ser redondo, rueda tanto, que no me admiró oír lo que sigue en boca de un aragonés que, después de varias vicisitudes, había llegado a ejercer su profesión demédicoen el ejércitoinglésdeBengala. Dotado de un espíritu de aventurero ardiente, de una naturaleza propia de los siglos de conquistas y descubrimientos, el aragonés se encontró bien en las comarcas descritas por Kipling; pero las vio de otra manera que Kipling, pues lejos de reconocer que los Ingléses son sabios colonizadores, sacó enlimpioque son crueles, ávidos y aprovechados, y que si no hacen con los colonos bengalíes lo...
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En el pueblo
Desde que habían tomado aquella criada, los esposos no podían evitar cierta inquietud, que se comunicaban en frases embozadas y agoreras, en alusiones intencionales y hasta, sin necesidad de palabreo, con un enarcar de cejas o un leve guiño. ¿Qué tenía de particular la Liboria para que se justificase tal impresión? Ahí está lo raro: mirándolo bien, nada. Era una zagalona de veintidós a veintitrés años, de buenas carnes y ojinegra, que había venido recomendada por el señormaestrescuelade lacatedral de Toledo; porque en el pueblo casi no se encontraba servicio, y además las "chicas" parecían hechas de...
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La invisible
De todas las mujeres que han podido preocuparme en este mundo — dijo Cecilio Ruiz, en un momento de expansión, de ésos que son como válvulas por donde el alma busca respiro— , una me ha dejado recuerdo más persistente, por lo mismo que casi no hubo ni tiempo ni ocasión de que me lo dejase. . . La memoria — continuó— es muy extraña. Sin que se sepa por qué, se borran de ella un sinnúmero de cosas, y hasta años enteros de nuestra vida pasan sin dejar rastro. Momentos en que creemos que nuestra sensibilidad está en paroxismo, no marcan después huella en el recuerdo. En vano...
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Relatos y cuentos
Cuando en 2014 se editó el volumen "Cuentos y relatos" ya avanzábamos que se trataba de una primera entrega. Estos Relatos y cuentos la completan y conforman el total de la narrativa breve de Ana María Navales. Se recogen textos publicados desde 1987 hasta el que apareció en 2011 y que fue el primer capítulo de su novela póstuma. Sus ensayos dan lugar a un acercamiento sutil y escaso en la literatura española a la figura de otras artistas. Su poética se ha depurado y aquí encuentra su espacio. Es, por tanto, la narrativa breve de Navales, durante este periodo, el crisol donde se vierte su mejor esencia.
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Consejero
La silla de posta se detuvo a la puerta del convento con ferranchineo de ejes, entre repiques apagados de cascabeles y retemblido de vidrios, que gradualmente cesó. Un lacayo echó pie a tierra, y arqueando el brazo y presentándolo ayudó a descender al nobilísimo señor don Diego de Alcalá Vélez de Guevara, sumiller de cortina del rey, de su Consejo, y comisario general apostólico de la Santa Cruzada, y cuarto marqués de la Cervilla. Sus flacas piernas vacilaron al dar el salto, y su cara amarillenta, pergaminosa, se contrajo penosamente al herirla un picante rayo solar. Sus ojos, negros y duros,...
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Consejero
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Belona
El destacamento, al regresar de su arriesgada expedición de descubierta, no volvía de vacío: traía un prisionero, y era nada menos que un oficial. Venía suelto, arrogante y despreciativo, fruncido el rubio ceño, contraídos los labios juveniles por una mueca colérica, como si retase a los que, sorprendiéndole en la avanzada, le habían cogido casi sin lucha, sin darle tiempo a una defensa leonina. Ni aun preguntaba adónde le llevaban así; seguro estaba de que no era a cosa buena, porque ya conocía de oídas la siniestra fama del Zurdo, el cabecilla en cuyas garras había caído, y como no esperaba...
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La última fada
CuandoTristánde Leonís, Caballero de laTabla redonda, eIseola Morena, reina del país de Cornualla, hubieron exhalado a un tiempo el último suspiro (siendo muy ardua faena el desenlazar sus cuerpos estrechamente abrazados), al pie de un espino cubierto el año todo de blanca flor, en las landas deBretaña, país deencantamiento, se celebró un conciliábulo de fadas para tratar de la suerte del hijo que habían dejado los dos amantes. No vierais, por cierto, cosa más linda que el tal espino. Laalburaque cubría enteramente sus ramas estaba rafagueada de un rosa muy sutil, y el viento, al agitar su follaje,...
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La última fada
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