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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 93

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 93

Por: | Fecha: 01/04/1899

ANO lll Bogotá, Abril I.0 de 1899 NUM. 9'3 R - - -·--- ORG NO DEL MJNISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO ---·--- DrncToR AD·HONOUM FRANCISCO J. VERGARA Y V. Corone l, Mie mbro de la Sociedad Colombia na de Ingenieros ~Jl9-l!!UI. O. Slst!1.9-li.R!I.SU!I.!t.!Ut 9ll.lt!I.Sl!l.lt9-<.t!tltlt!UI.!tU!I.RQ.!I.!tR!I..!I.li.U9-SUI..!I..!I..!I.!I..!I.!I.~R!I.!I.!I. . .!t ltP Son colaboradores natos de este peri6dico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República 0 ~~ ~~~~~~~~~~~~~5b~~~~~6~~~~b~~6~~~~~~~~~~~~~~~~~~ ~ ~~~~~ ~ ~~ SECCION DOCTRINAL - ·- (CONFERENCIA DE MR. E . BOUTROUX EN LA ESCUELA DE SA1NT-CYR) Traclucida para el Bofe/in lllilitar ( Co11iiu ftn) Importa observar tan1bié n que las mismas cualidades individuales se acrecientan grandemente por la confianza que los unos tienen en los otros: una tropa á la cual se den1anda un acto de audacia 6 de resistencia tenaz., tendrá n1a yores bríos si sabe que sus camaradas vendrán á soste­nerla en tiempo oportuno, que si se siente aislada. N a po­león lanzaba sobre el can1po de batalla tropas que no po­dían llegar á tiempo para con1batir, porque sabía qué nuevo ardor comunicaba á los combatientes l anuncio de la aproxin1acion de un refuerzo. En consecuencia, las fuerzas morales preponderantes en la guerra no son precisamente la bravura y la energía de Jos individuos considerados como táles, sino más bien la unión de las almas que n1ultipJica la fuerza de cada uno por la fuerza de Jos den1ás. Las fuerzas morales son esen­cialnlente fuerzas de unificación, de cohesión, de coordina­ción, y si tran~figuran y espiritualizan el número, no lo re­emplazan. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 146 DOLETÍN llLITAR Ahora bien~ la nificación y Ja coordinación de las fuerzas humanas, aparte casos excepcionales, no se produce de manera espontánea, con1o sucede cuando se trata de las fu rzas inconscientes qu accionan n los grandes fenónle­nos de la naturaleza. La inteligencia, el tí tul o nobiliario del hombre, se traduc en prin1er térn1ino ? or el reflejo sobre sí misn1a, por el cálculo, el egoísmo, el amor á la vida y al bienestar, 1 cuidado de Ja propia conservación . Y por cierto que el egoísn1o no es térn1ino de unión sino de di visión ; luego si $e qui re que la unión sea sólida y duradera, d be instituÍistla y garantizarla con1o tál, y es claro que 1 disciplina s y s rá el agente de esa unión ne­cesaria y contraria á las tendencias egoístas del hombre . La disciplina es la fuerza de los ejércitos, y en ella s resu­me el deber militar. ¿ n qu " consiste Ja disciplina? Ant todo la disci­plina es obediencia y sumisión ; n1ás aún : es la obediencia pasiva. ¿La expresión no es fuerte acaso ? ¿No pued su­ceder que s a discutible la justicia ó la legitimidad de una orden ? Ci rto que el hecho puede suceder, pero no por eso deja de ser obligatoria la orden. 1 mandato es para el soldado lo que la ley para el ciudadano. Y precisan1 nte fue ócrates, un apóstol del libre xan1 n, un filósofo, quien, injustatnent condenado á n1uerte, dijo á sus disctpulos : "Justas ó injustas, las leyes d la patria son inviolabJ s. El ciudadano, qu no lo es sino porque ellas lo hacen, no pu - de rebelarse contra ellas sin caer en un absurdo." TáJ es el ten1a de la adn1irabl prosopeya de las 1 y es, que lee­mos en el Criton d Platón. La bediencia pasiva e el de­ber del soldado, porque sólo la obedi ncia pasiva asegura la unidad en 1 esfuerzo, y sin esa unidad no ha y fuerza en el ej ., rci to. ¿ Y se desprend de Jo dicho que el soldado no es sino una fuerza material, ~cn1ejantc al fusil de qu stá arma­do? -.'n verdad que nó. a voluntad del jefe no se dirige al cu rpo sin ., la voluntad y á la intelig ncia d 1 subor­dinado : éste no obed ce realn1ente sino cuando, no con­tento con conformarse á Ja 1 tra del n1andato, desentraña y se asin1ila su spíritu. s por esto por Jo que no s Jinli­ta á obedecer en la rnedida cstrictanH::nte necesaria para cubrirse y desprenderse de toda responsabilidad : le obliga Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN :!IILI'l'AR 147 alcanzar realmente el fin que se Je señaló. Tal orden es lacónica ; la entiende en sus n1edias palabras, la desarrolla, y penetra con su inteligencia en el pensanüento del jefe. El fin le está prescrito ; ·él idea Jos medios, los detalles de la ejecución, y á su turno, y en su esfera, ton1a resoluciones, se basta á sí propio, acepta, afronta y abraza la responsa­bilidad del caso. Por esto la disciplina militar no es simplemente obe- · diencia pasiva, sino que es al misn1o tien1po inteligencia y abnegación. Es el hon1bre n1ismo, empleándose todo entero, con celo y con an1or, en la realización de la tarea que se le ha confiado. La verdadera disciplina continúa la obediencia pasi­va por una intuitiva obediente. En la realidad de los ca­sos, entre la orden dada y las condiciones de su realiza­ción, siempre hay una laguna, y el que realn1ente quiere obedecer, suple por sí n1ismo todo lo que es necesario para asegurar esa realización . Y con1o tal es la disciplina, no es, pues, un lazo pu­ramente exterior y n1aterial, con1o se la ha pintado con tán­ta frecuencia . Sin duda que en primer término es sun1isión y obediencia; pero es todavía algo n1.ás . Supone, por una parte, en el que manda, Ja confianza en sus subordinados : es preciso que est ... s guro d que el los le seguirán y que, aun lejos de su vista, se confonnarán á sus órdenes con celo é inteligencia ; y por otra, en los subordinados, en los que ob decen, la confianza en el jefe, confianza que no se asegura sino cuando la abnegación, la bravura y la capacidad del jefe están al abrigo de tod~. sospecha. En una palabra, la disciplina es la confianza de cada cual en Jos den1ás, y la d todos en cada uno ; es la realización de esa unidad moral, única que da al ejército verdadera fuerza. Tal es el deber militar d ducido de la noción misma de lo que es la guerra, y no puede ser diverso en ningún caso, trátese d~ un ejército de mercenarios, de un jército organizado en casta n1ilitar, ó de un ejército nctcional. Hasta puede asegurarse que el soldado de oficio adquiere poco á poco una especie de sentido de la guerra que hace para él n1enos necesaria la con1presión disciplinaria, en tanto que el hon1bre á quien se aleja transitorian1ente d~ sus ocupa- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 148 BOLE1.'ÍN J'\IILl'1' R ciones civiles para llevarlo al cuartel, no puede ser conver­tido en soldado sino mediante una acción en/ rgica que des­de afuera, por d cirio así, influya en su inteligenci · y en su voluntad. ¿OEé podetnos decir, pues, sobre el deber n1ilitar, que sea propio de nuestros tien1pos, si no nos limitan1os á nlos · trar la identidad de es deber al través de todas Jas edades, haciendo res~ltar su carácter indiscutible. su dignidad y su grandeza? Y sin n1bargo, es imposible que los profundos cambios cun1plidos en la sociedad, desde hace un siglo, no hayan influído en el espíritu n1ilitar, en especial cuando se piensa que uno de esos can1bios ha consistido precisa­mente en irnpon r el deber n1ilitar á todos los ciudadanos, en identificar el ejército con la Nación. Vean1os cuál ha podido ser esa influencia . II Hemos dicho que el deber militar, en sí misn1o, ni ha cambiado, ni podía can1bjar ; .Pero en el d ber mismo, estudiado en su fórmula, conviene distinguir el principio que Jo . inforn1a y el móvil que nos in1pulsa á cutnplirlo. Ahnra bien: sobre ese fundamento y se n1óvil ha ejercido inflüencia la transforn1aciór. qu ha sufrido la sociedad. El fundan1ento del deb r n1ilitar, en un jército sin co­nexiones con Ja ación, es ó la fuerza, ó el contrato, ó el ruando de una autoridad establecida. Y aun cuando esta bases no car cen ni de eficacia ni de noblez y hallan su n1ás alta expresión en 1 honor militar, sentin1iento digno de las aln1as escogidas, la trat1sforn1ación d la sociedad no ha suprinlido esos principios, puesto qu , con n1ayor evidencia que nunca, el Gobierno, úno con la Nación, es un poder legítimo al cual d~b n1os fi.delid d y ob iencia. Etnpero, la fusión del j.:!rcito con Ja ación, al po-nerno n las con icione de las SOl.:iedaJ .... s griegas y rorn - nas, ha vuelto de nuevo al prinl~;;;r lug· r el principio que don1inó l deber militar en es s sociedad s, el deber hacia la patria. La tnisión del ej é t·ci to no es h y hacer 1 fortuna de un aventure o, s rvir lo interese, d..; un princip ... , aun cuando seau Jegítin1os, ó n1archar haci la gloria en pos de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~ÍN MILITAR 149 un héroe, in o guardar el bien n1ás preci o so de la N ación, la patria. Ahora bien : con este principio no .. ucede lo que con Jos otros d que ya se habló : aq ueJJos no son evidentes por sí nüsn1o~ no se in1ponen inn1ediatam nte á la conciencia 1noral. La fuerza no puede fundar un verdadero deber sino cuandu ella es respetable ; el contrato es r scindible, si no se cun1plen sus condiciones. La autoridad qu no tiene sus raíces en la Tacion, es si n1pre discutible pata Jos e~píritus indinados a Ja cntica. ~ ~ n1isn1o honor, ese pudor viril de qn ha lo con tánta locuencia Vigny, si no se funda en nada, aparece con1o el supr n1o recurso de un aln1a pri­vada de creencias y celosa ante todo de su dignidad perso­nal, mas bien que con1o 1 principio sencillo y claro, acce­sible a todas las aln1as y suficiente en t o as Ja circunstan­cias. A í, estos div rsos principios, en sí n1isn1os, no obli­gan necesarian1 nte al hon1br : están subordinados á varias condi(·iones. Son lo que Ja Filosofía llatna in1p rativos hi patéticos. Muy otro es el deb r d VlVtr y de n1orir por la Patria . Discútese sobre la idea de Patria. Esta idea es n1uy clara~ si nos atencn1os á las enseñanzas d Ja historia y á lo sentimiento natural s de Ja hun1anidad. Prin1itivan1 n­t la patria era 1:~ tierr.a de los padr s, el suelo donde repo-aban los ante asad s r n1oraban sus alma . como sos antepasad s nliraba'n con1o los dioses prot ct res d la fan1ilia, la patria qu 1 ">S guardaba ra sagrada¡~ r tal ra­zón; ra el sí1nbolo de la continuidad y de la p rpetuidad de la fan1ilia, la figura d l pasad que los vivos t nían el ceber de transmitir inviolada á u descendient S. Poco á poco J contenido .ic la patria se ha agrandad , pero la noción re ta h., tnistna. 1 a patria es hoy día, tanto en sus di versos ckrncntos n1orales con1o n1aterial s, el patrin1onio qu nos kgaron nu stros padres y nosotros d · b n1os trans­nütir á nu tro dt:scenclil:nt~s ; es el suelo y son las glo­r- i, r dtsgracia pas ada ; son los altos hechos n1 i1itares, las conq ui. ta rnoral s, ocia! s y política ; es 1 conjunto de las pntt.:bas, Jos lolores, la' n1anchas y las peJ·anzas .cornunc ; s la lengua, las art s, las letra , la ci ncia y la civilización creadas y autnentadas por nuestros ant ·pa a- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 150 BOLETÍN MILITAR dos ; son los héroes en quienes se concentró el alma del pueblo, expresaron lo que ha y en él .de más puro y n1ás grande, y cuyo genio, abnegación y ejen1plo continúan en­volviendo la N ación con una influencia tutelar ; son las máximas que traducen los principios de los hon1bres de acción y re::;un1en las reflexiones de los pensadore-s. Y un deber es conservar y acrecentar todo esto. ¿Por qué ? Porque es la realización de una faz de la hurnani­dad ; una parte determinada de la obra de inteligencia y de justicia, queJa especie humana tiene n1isi6n de cum­plir. Este objetivo nos sobrepuja infinitamente á nosotros, que simplen1ente somos criaturas de un día, y así nuestra grandeza no puede estribar sino en la abnegación con Ja cual le consagremos nuestra existencia.-( Continuará) NTONIO RIC URTE Hay en la vida de los pueblos , hechos raros que determiñan época, no tanto por el bien 6 mal que esos hechos producen, cuanto por el moti o que 1 "S inspira y el hombre que los ejecuta. ¡ Por eso yo creo en las predestinaciones ! RJCAURTE, simple empleado en una oficina de cuentas de la Capi­tanía general de este antiguo Virreinato, entra como otro cualquiera en la memorable revoluci6n de I 810. Eu ·u vida militar, nada hay hasta San Mateo que haga recordar su nombre,; y en aquella batalla misma se le destina a un sitio de segundo orden, lejos de la arena d~l com­bate. Bolívar y Boves, cada vez más enzañados, llevan largos días de incesante 1 ucha ; y RJCAURTE desde la eminencia de una Loma asiste sin peligro á aquel duelo sin igual. Pero en un momento cambia la faz de la batalla. La llanura está desierta y llena la Lo11ta de combatientes; los unos que abandonan la Grua de T~Jtt, los otros que la circlÍcn. En ese minuto, Dios había dispuesto qne se cumpliera la predesti­naci6n de Ricaurte .... ! Momento sublime aquel en que el alma pura dd héroe, envuel­ta en nube · de fue~o. se dcva hasta el Señor á dar cuenta del noble sa­crificio que acabad'- hacer por la salvaci6n de la Patria .. ! Bogotá, Junio 10 de 1886. JUICI ~HLI'l~ R SOBRE T.~A B T LL DE Y CUCHO La B.1talla de Ayacucho, la m:is trascendental y sublime de todas las que se libraron en la América Meridional, fue sin duda la que de­fini6 la independencia de estas comarcas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'fN MILITAR 151 Despué de J unín, d Libertador qui o coronar sus glorias con la última y deci~i,•a batalla; pero emulaciones pcquc1as que partieron con­juntamente de 1 enentcla }' ucva Granada, prohibiéndole de un modo oficial y terminante el mando del Ejército, en tanto que ejerciera el Po­der Ejecutivo de Colombia, le hicieron re ignarlo en el benemérito Ge­neral Sucrc. Afortunadamcntc Sucrc era un Gran Capitán, y en esto están de acuerdo lo hi toriadores nacionales y extranjeros. El cneral Sucre siguió icmpre al enemigo en líneas paralela y oblicuas, \entajosas ó de ·f; \'nrables, según el plan que se había formado hasta dar en el campo de: yac ucho. quí viencP las contradiccione de los parte militare de Sucrc y de Laeerna, a í como también la· de lo· hi toriadores nacionales y reali · ca ; m e· l!l verdad, y este e mi juicio re pecto de la gran .Batalla de Aya­cucho, que el ' laris c 1 Sucre no hizo mal en comprometer las rcscn·as luégo no más de principia ia la bat Ha-disposición militar que tánto le ha sido ccn.,.urada,-cuando hab1a previsto el ca o de un rechazo, for­mando lo hero ico E cuadrone de J unín á u ya retag•1ardia e habrían agrupado n u<: tro batallones sin el temor de un derrota. Dada e ta si­tuación, la bar:tlla cambiando así de faz, hubiéramo . obtenido en la lla­nura la ventaja que no daba la calidad de nue tra fuerza ·. He analizado la batalla como oldado v en virtud de la lectura concienzuda de lo do umento'> que sobre cll~ he rodido con ultar. "E ·ERAL M. ---··--- _, TO SOBRR EL TJRO DE 1~ lNF TER I A E Er. EJERCITO ALEM \N (Contim1:tción) El·m ·nto dr /.1 t1·ayt•cto1·ia 9.0 La trayectoria a be (f1gura 3 .n) t¡ue al principio sigue la direc ion Id ·j del caíi<'>n, e clev. por l mi m obre la llllea de mira ti e; pero Jc pltt;, b1j t v de nuc ·o •th'ucntr. la ltnea de mira ·n (e); h. ta ·u punto m-á l·,ado u cim (b} fonn. la rama as-coulen! P (a b}, y en ·guiJa se halla la rawa d•sc,•lltlentt! (be). ~-, ~ ... ·--:¡ -~· · . ,. ~""'" • J . ,.·-te· rc.:J -~ ... · - ~ , _,.-- ' . -., ., . -- -...::::.-:- -~· --- l ' ... .-.!: -::;";,-- • ------ , " ... e:,.. 3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 152 BOLE~ÍN 1\HLI'l'.A.R En razón de la creciente curvatura de la trayectoria, la cima no se encuentra en su mitad sino hacia el fin de la tercera quinta parte. La rama ascendente es, pues, más larga y rectilínea que la rama descendente. La rall"a ascendente forma con la línea de mira, el ángulo de partida ó de tiro, da e, la rama descendente forma con la misma línea el ángulo de llegada ó de caída, e e a, siempre mayor que el primero. IJa distancta vertical de un punto de la trayectoria á la línea de mira, se llama ordenada de la trayectoria á la distancia conside­rada: ( b !J es la ordenada de la di s tancia (a f). La mayor ordenada de una trayectoria dada se llama flecha. La distancia á que la tra­yectoria corta por segunda vez la línea de mira a e, es decir, la distancia en que coinciden el punto de apunte y el punto tocado, se llama alcance d el alza, y el disparo lanzado se llama tiro de alzo . . _, ~ '-•• • ... Inftuencias exteriores sobre el tiro lnfiu ncias almo fh ;,~ a 10. Cuaodo el vient sopla de cotado, de plaza el proyectil lateralmente, y tanto m " cuanto más fuerte el viento y mayor la dist nc.i á que se apunta: en e tos caso~ puede llegar el despla­zamiento in die d ha ta diez metro en 1 ,ooo metros. Si el viento opla de fr nte, el tir se hace " resulta corto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~' fN MU .. 1TAR 153 La densidad del aire--que varía con la pres1on atmosférica, la temperatura y la humedad ambiente,-modifica la resistencia y cambia el akance del arma. En general los alcances son mayores, para un sitio dado, con el máximo calor, y menores, con el máxi­mo frío: son mayores en las tierras bajas, y menores en las monta­ñas y los páramos. Ilumiuaci6n 1 I . Cuando fuerte luz cae por arriba sobre el guión, hace cen ­tellear dicha piez-a, que entonces parP.ce más grande que de ordina­rio, por lo cual involuntariamente se toma el guión muy bajo en la ranura de mira y el tiro se hace corto . A la inversa, la falta de luz, como en el crepúsculo, un bos­que, un día muy nublado, fácilmente induce á toinar muy alto el guión en la ranura de mira y, por lo mismo, á tirar muy alto. Si el guión resulta fuertemente iluminado de costado, la cara má alumbrada parece má grande que la opuesta, y entonces hay ten­dencia á llevar á la ranura de mira no la cabeza del guión sino la parte más iluminada, lo cual da por resultado que se verifique una desviación del disparo ha ia el lado de la cara oscura del guión . B)-Valor balístico del fusil Generalidades 12. El valor balístico, es decir, el conjunto de las propiedades de tiro, en vista de las cuale se organizan especialmente un fusil y su cartucho, reside: en la forma de las trayectorias, la precisión d~l tiro y la penetración del pro;•ectil. 13. Laforma de las trayectorias es tanto más valiosa cuanto menos se apartan de la línea recta. Se llama zona p eligrosa la ex­tensión en que la trayectoria, medida sobre el suelo horizontal, no se leva:1ta obre la altura del blanco (jinete, hombre de pie ó aco - tado, etc.). La exten ion de dicha zona depende, en primer lugar, del alcance y de la curvatura progresiva de la trayectoria, y en se­gundo, de la altura del blanco. En las distancias inf~riores á 400 metro , la altura á que se pone el fu il, con re pecto al terreno, ejerce influencia sensible sobre la extensión de la zona peligrosa (que aumenta á medida que aquella disminuye); la altura del punto apuntado, ejerce influencia análoga, pero 1neno sensible (e algo menor cuando e apunta al centro del blanco que cuando se hace al pie); en fin, la zona peligro a depende tambien de la pendiente d 1 terreno pr0ximo al bJanco. r4. En razun de esa multiple circunstancia que influyen en el tiro, los proyectile disparados con la misma arma aun cuan­do el cañón ocupe una posición invariable, no de criben una ola y mi ma trayectoria, ino antes bien, muchas diferente3, cuyo con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 154 BOLETÍN MILITAR junto se llama haz de los disparos y resulta con forma de un cono encorvado en forma de cuerno con la punta en la boca del cañón. r 5 · U na erie de di paros hecho sobre una pared vertical; ocupa una superficie Je forma oval y de extensión variable pero siempre con el eje vertical mayor que el horizontal. E a superficie se llama superficie vertical de los di paros, y mejor superficie de dis­persifm (agrupación vertical), la cual aumenta con la distancia del blanco. El centro de la figura resulta determinado por la posición del impacto que ocupa la mitad ó bien por el punto que deje igual nú­mero de impactos arriba y abajo, á derecha é izquierda . La trayectoria que pasa por ese punto central se llama tra­yectoria media ( fig . .A). Sobre el suelo horizontal los proyectile se reparten obr:e una superficie alongada, de longitud casi constan ­te, y que se llama superficie horizontal de los di paro ó de disper­sión (agrupación horizontal), siendo en ella mayor el número de impactos hacia el centro que hacia las extremidades.-C,ntinuará DEL SOLD DO COLOMBI :ro I I-Rondón en el Pantano de Vargas Rondón el bravo caraqu ño, n1uerto en r 822 á con secuencia de una herida recibida en 1 con1hate del cerro de Valencia, despu"' s de haber ostentado su bizarría en treinta y cinco batallas y con1bates, en dos de Jos cuales acon1etió y rindió, lanza en n1ano y á caballo, barcos ene­migos que d f; ndían el paso d río audaloso ; R ndón, que en. las ueseras del Medto, al fr nte d 20 hon1bres y lidiando con toda la caballería enenliga, hizo tántog pt·o­digios y recogió tántos laureles que admirado Paéz le gritó : " Bravo, bravísin1o, Comandante," á lo que el otro res­pondió : ' sí s bat n Jos hijos del .t\lto I_¿lano" ; Ron­dón fue el héroe deJ antano de Va1·gas y Panta­no de Vargas fu J cimiento d J- ind p nd ncia de la u e va Granada : lógico es agregar que n tal día partió laur le con lo$ jinet s d su escuadrón n1odelados á su talla en verd d. l~~n Pe ntano de Vargas, donde "dos veces se creyó perdido el -4 jérci to Libertador," cuando ya todo pat·ecía inclinarse á favor de 1 s español s, que contabin con la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 15 destrucción c0n1pleta del Ej "rcito independiente y cuando todos desesperaban del triunfo, '' apar ce Rondón, nuevo quiles y hace lo que en lo humano parecía imposible se pudi ra hacer ." U na palabra ó Jos esfuerzos de un solo hombre han logrado n ocasiones calmar una insurrección ó dar un triunfo. "Desd una enünencia que nos mostró el señor La Rota, guía nuéstro y testigo d l ::,upren1o conflicto, presenciaba el Libertador Bolívar aqu 1 desastre y la ruina de la santa causa, y volvi"ndo~e á los Jefes que Jo rodeaban ' son1os perJidos, les dijo, pensen1os en la retirada : nues­tra cab~dlería está intacta y nos prot gerá. ' ' Mi General, exclamó con el ac nto Jlanero l{ondóu, Je[i de la caballe ­ría, yo no he peleado todavía y para retirarno hay tien1po .' Y sin más oír, n1ovió desesperadamente sus llaneros, que al revolver una colina se encontraron de manos á boca con el scuadrón español orillando en columna l Pantano. Ca­yerón sobre .... 1 con la rabia de hon1bres que buscan la muer­te, arrollaron la primera fila y la segunda y la otra, preci­pitándolas dentro d 1 profundo pantano, y á la postr obli­garon el resto á volver caras aterrados y huír con toda Ja pre teza de sus caballos. La infantería e pañola que d de las alturas vio aquello, in1aginó qu iba á ser cortada por Ja espalda, y hubo un mon1ento en que, alt rada, suspendió los fuegos. n este n10111cnto crítico los tan1bores patrio­tas tocaron carga in tintivamcnte, lo sol a os prorrunlpie­ron en vivas victorias , y los españoles sobrecogidos, huy - l'On d trás d su caball na, dejándos n1atar in t si tencia ! dos n1il hornbres que forn1aban la r erva dt.= Barr iro no se att·evieron á n1o rerse ino que se replegaron al extremo occidental del pantano : los patriota.., tau1poco se atrevieron "' . 1 , A , a p rsegu1r os. - nnetzar. "~edó 1 ~j ' rcito r puhlicano no solan1ente don1i­nado por los fu go d ·1 enernigo, sino cotnpl tan1 nte n­vuelto y r ducido á una profundidad que no tenía tnás sa­Jidaqu un d sfiladero CuaJqui rorro j "rcito s habría dado por vencido n esa situa<;ión acribillado por una t 1np stad de balas. Per n tt: n1on1 nt 1 bravo C ronel H ndón dice al , n ral Bolívar qnc le p rn1ita obt·ar con la caba­llería y le re pon de d Ja victoria .. . De un mon1ento a otro can1bió la suerte, pasando de v ncedorcs á v ncidos, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 156 BOLETÍN MILITAR pero de una manera formidable porque nunca la caballería llanera había hecho un destrozo igual. "-Groot. " in embargo, la gloria de argas pertenece al Coro­nel Rondón y al Teniente Coronel Carvajal, ambos de los llanos de Venezuela. A ningún otro se concedió, sin~ á ellos, en aquel glorioso día, el renombre de valientes." -Santander "Después de sangriento batallar, el Ej .... rcito patriota queda libre, y 1 español desconfía ya de sus fuerzas al ver ese par un triunfo que creía alcanzado. Desde entonces quedó como lección entre los colombianos y en són de proverbio el de ' hubo las d 1 antano de Vargas,' como recuerdo de acciones de temerario arrojo y d lucha san­grienta y encarnizada."- Quijano Otero. Y en Boyacá todos saben qué parte le tocó á Rondón en esa victoria que era consecu ncia de sus hazañas en Pan­tano de Vargas. • • (Continuación) Tal fue mi conducta en Venezuela durante mi primera estada en esa capital. Los habitante , que fueron de ello testigos, reconocieron que yo no los engañaba. E s a fue la v·oz general : no fue contradicha ~ino por un número insignificante de hombre pervcr os, ó por cándi­dos, sin discernimiento, guiados por un interés pcr~onal. Grato me es pensar que la opinión pública me hizo entonces justicia. ¡ PI uguicra al iclo que la - per~ona · á quicnc confié la eguridad, la paz y el go­bierno de mi· querido venc7olano , hubieran corre pond.ido á mis cuida­do, á mi órdenes, á mi ~ Úplicas ! Partí para arragcna y desembarqué en Santa Marta. Prcci ·o era poner por obra en e te inmediato punto el plan que meditaba, y el cual comprendía á la tropa de esta Pro,·incia. En la capital, apenas tuve:: el tie1npo necesario para reunirlas, y a] punto me encaminé á las co ras de artagena, en donde no encontré sino la ·er ales de la tn-' criminal é impru ente resistencia. jas ciud~tde de ·rerncra, anta R;o sa . ·rurbaco y rjon , habían ·ido incendiada ; las quinta y ha­bt~ ac•~ncs, destruíd ó asolada·, en un ra io de varias leguas. i a p 1vactones y los m les que un sitio prolongado había hecho ufrir á mi ejército ; á pe ar de todo, yo quería poner en acción todo lo rl.!­sortes que e taban á mi alc:mcc para mo,•c r Jo . coraozonc. dt: )os habi­~ antcs y de lo · mic:mL·wos dd obic::rno, é im¡ ul arlo {¡ que prc ta.cn J lr~~leJttO de fidelidad al Rey y -' la r,tción, separado de:: ella por un de uno fatal comencé ningt!n a to de h0 rilidad h ta tanto que, mc?iantc obstinación, . me hi.cieron perder la poca· e peran.zas que abng:lba, y cuan o vano ofictalc e palioJe._, á qui\.:nC tomaron en el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN ])IILl'IAR 157 mar fueron degollados á sangre fría, del modo más inhumano, en las ri ione :le la lnqui ición. Traté, in embargo, de d<.:.echar de mi memoria <.:'ta e cenas de horror, y ofreci 1 paz en pren a de mis pací­fica intenciones á los a esino de aquéllos. Tanto e a 1, que c.:ncarguC: á D. José Domingo Duar e, americano que había residido mucho tiempo en !a capital de Nueva Granada y que era muy conocido además empleado en el ejército, en calidad de Intendente, ·e dirigic e á ello, que de seguro le e cueharían con mayor atención y confianza. éa c.: en qué término se dirigió á sus compatriotas: "Amcriuwos dd Remo dr la l\-ruvn Grrmndn "Mi incero afecto por vosotros me lleva á señalaros la única vía que o quc..:da para -al varo, junto con la ciudadc inocente que os han vi to nacer. oi. e pañolc y una cric deplorable de acontecimiento os exhiben ante el mundo que ob·cn·a vu<.:stra conducta como indigno~ del nombre que admiran y rever<.:ncian las naciones culta de Europa. De ·pués de.: veintiocho año que hace me encuentro lejos de osotros, no me he olvidado ni de vuestras virtudes, ni de los felices momento en que trabajábamo juntos en perfeccionar \ uestra instrucción. Me acuerdo del trabajo que tomé en educar á varios de vosotros á quienes pretendí inculcar los principior. de una ana moral. E tos recuerdos, }' el conocimiento que tengo de ue ·tra docilidad, me han decidido ;{ ve­nir, como precursor, para anunciaros )a uerte que o espera. Ya 'arios d<.: vuestro más e imable compatriotas o han dirigido en ano conse­jos cmcjantcs; pero e ta reflexión no debe detenerme. " U na e · pcdici6n de quince mil españoles, bajo las 6rdcne de un General verdaderamente diguo de este título, de pué· de haber alcan­zado lauros en las 'ictorias con que España ha sabido librarse dd yugo de un bárbaro usurpador e pre enta ante 'o otro , y no aspira á otro triunfo sino al de que vosotro mismos evitéis vuestra desgracias . '1 ornad al seno de 1 madre patri , á quien insultáis en vuestro delirio; ella oh·ida la injuria ; ella os )Jama á gozar de la paz y de la tranqui­lidad que h. béis perdido durante cinco al1o de furor, de dcs6rdene y de anarquía. o dei oído, querido compatriotas, no escuchéis más á los infame~ :>cductores que o han cngai1ado. Según ellos, la patria es el uelo que no ha \Í to nacer: ¿no es má- bic.;n el Jugar en donde resi­de el mon. re. á quien hemos jura o fidelidad como nuc tro antepa­sados ? ¿ el lugar de donde emanan las ley<.s ? E una q uimcra hija de Ja ambición, e una bla fcmia, hija del ot·gullo, pretender cambi r de repente en enemigo y en ri ·ale , pueblos que han tenido un mi mo origen, una mi ma religión, las mi ma leye una sola lengua, gloria de cr esp. ñolc : ¡ cu. nto ue!>lo .má poderosos y más numero o que ·osorros, envidiarían este título q uc rechazái ! "¿De quién habéis recibido lo derecho á ocupar el territorio y lo Distritos?· De nue tros padre, de e os ilu tre españoles que han hecho t:'írnc y grande acrificio para .omctcr e tos paí es á la corona de Ca tilla, y e tableccr en ellos su descendencia. ·o otro oi lo he­rederos de . u virtudes y de sus vicio , á vosotros pertenece el l'rcmio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 158 BOLETÍN MILITAR de su constancia y de su heroísmo ; para vuestra dicha fundaron ciu­dades adornadas con tánto' edificios ; para vuc:.-tra instrucción y vut:st;a gloria, trajeron á estas playas las artes y las ciencias del Anti­guo Iundo fundaron Colegios y Universidades. Esta herencia hizo vues·ra dicha hasta el día desastrado de vuestra revolución ; compa­rad, sin prevención, una y otra época. i no otro he]llos nacido en América no ha sido por nuestra voluntad ; vosotros sois descendientes de familias españolas, y esto tampoco por elección vuestra. preciad este bien como un favor del Ciclo· " Yo no trato de cngañaro·, conocéi mi carácter. Creed me, vues­tra suerte está cr. \'UCstras manos. De vosotros depende ser conducidos en el carro de triunfo de la gran nación á que pcrtenecéi· ó ser enca­denados á ese carro. El jefe del ejército victorioso que os ofrece la paz, puede reduciros por fuerza si per:)i ds en una obstinación desesperada . Enarbolad el estandarte que tántas veces habéi in ultado, dad francos los puerto , abrid las puertas de las ciudades á las tropas española , unid á sus armas la vuestras, y participad de su triunfo; la gloria de este triunfo ba tará para borrar la mancha de vuestros errores pasados. o temáis nada; es un compatriota el que o habla; un compatriota que no piensa sino en vuestra dicha y en la pro peridad de estos de graciados países. Soy re rigo de la magnanimidad de la clemencia del General del ejército libertador en Margarita en Cumaná, en Barcelona, en Ca­racas, para hombres á quienes el Derecho de Gente condenaba á muer re y que se encuentran vivos entre vosotros. E~tos entimientos de com­pasión y de clen1cncia on lo mismos del Rey, cuyo corazón generoso y grande má e conforma en mirar con lástima vuestras desdichas, que en alimentar un des~o de venganza que por otra parte, vuestra ingrati­tud justificaría. Corresponded á esto' nobles sentimientos y no provo­quéi la indignación de un padre augu ro, indignación que.; será funesta para vosotros. Vue tr conducta e idéntica á la de los pueblos que os he citado; la heroica resolución que o propongo os hará superiores á ciJa . "El Eterno, que lec en lo má ínt1mo de mi alma, c;abc con cuán-to fervor su piro por vuestra felicidad; ella es loda mi ambición. ( Oontinuarcí) ---···--- Ll 'I'U PEREGRINACIÓN MILITAR Á JERUSAL~ •, POR. ER 'ESTO LOU.ET (Conclusión) , La gruta de la a ti vidad está debajo dd coro de los gricg<.~s; bája­sc a c~Ja ~or dos escaleras paralelas, un á derecha y otra á j¿quicrda de la tglc.ta. Es un hueco de lrcinta pies de profUJ did d, poco má ó menos, formado en la roca, y que quedaba fuera de la aldea, hace diez y ocho siglos. José y Maria no encontrando albergue en Belén y obli­~ ados á escapar de las intemperies d 1 invierno• ~iemprc riguroso en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B LE'l'ÍN MILITAR 159 aquella comarca situada <Í dos mil quinientos pies sobre el nivel del mar, se guarnecieron en e ta gruta, que scrda de escab o á los anim;les: intencionalmente no quisimos penetrar á ella antes de que sonase la hora que marcaba el ani\ er ario del augusto misterio de que fue testi­go, y empleamos la · últimas horas del dfa en recorrer la aldea y su contornos. El hermano Lieven, quien también aquí no servía de guía, nos condujo en pocos minutos fuera de Belén, á la Grutn d~ la luhc, forma­da en la roca, como la del nacimiento, y transformada en capilla. Según una tradición, la Santa Virgen, huyendo de las amenazas de: Herodes, fue allí á mamantar á su divino hijo; hasta se señala una piedra blan· ca sobre la cual cayó una gota de leche de su seno y que le dio ese co­lor, y ba ·adas en esta leyenda, las nodrizas de la comarca que han per· dido la leche, 'ienen á e ta capilla á orar á fin de recuperarla. ro hay sitio, de los que encierran más respetables recuerdos, que no esté seña­lado con alguna tontería de la inteligencias medianas . Llegada la noche: n.: olvimos dormir algunas horas para estar más alerta en los oficios de la · atividad . Minutos antes de media noche nos de pertaron: iba á comenzar la misa. Tuvieron la amabilidad de seña­larnos sillas en la capilla, delante del coro, junto á la reservada al Cón­sul de Francia . En ausencia del Patriarca, cJ privilegio de oficiar so­lemnemente en la igle · ia de Belén correspondía al Reverendísimo de los Padres de la Tierra anta, y él Jo cedió, corno un honor, a) Padre Fulgencio, Comí ario general de la Orden en París, }' quien había lle­gado de Francia la ví pera. Un pcqucfio hortera, tapado con una cor­tina, había sido colocado de antemano encima del tabernáculo; en el momento en que el celebran e entonó el Gloria i11 exu!Jis, se levantó la cortina y dejó ver un niñito acostado obre un lecho de musgo· el órgano preludió entonce notas aguda que imitaban el canto de lo pá· jaros, en conmcmoraci6n del concierto de alegría que resonó en el mundo d gran día en que los pastOres prorrumpieron en los gri os de " ¡ Hosanna, ho anna: hé aquí al Redentor ! " ' ermin.ada la misa, e) clero y todos los asi tcntcs se trasladaron en procesión á la gruta de 1 atividad, con una cera en la mano. El cele­brante coJ ducía al pequeño J e ús en el hortera. La que recibió al Hombre-Dios está hoy en Roma, en la iglesia de anta María la Ma­yor. Llegados á la gruta, la ceremonia fue corta pero imponente: el ce­lebrante depo~itó el pcqu fio Jesús en el sitio mi ·mo en donde el m~h­mol blanco, que cubre tanto el suelo como las parcde , ha dejado en descubierto una porción de la roca primiti,·a, al rededor de la cual se lee esta inscripción: 11ir tÜ rirgi!u lvlnría JNIIJ C!JriJIIIJ 1/llftiJ, es/. (Aquí fue en don­deJe ucri to nació de la Virgen María). hn seguida besó e ta piedra sagrada y cantó el Evangelio del día, mi en tras que todos sus acólito se prosternaban á su vez para venerar el lugar de nacjmiento del alvador. uando terminó el E\ angcJio, el cele­brante ol vió <Í tomar al nirio J e ·ús , y lo condujo á algunos pasos del lugar le la ati idad, á otra gruta pequeña, un poco más baj. y que e llama del Cántaro. Las paredes de ésta son la roca vi\·a, como en tiem­pos pas dos; ella· forma como un rinc6n de la gruta principal, Jaque por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 160 BOLETÍN l\nLITA.R sí sola tiene dimensiones bien estrechas. Apenas treinta personas, cuando má caben en ella á un mismo tiempo. En ese momento solemne, que produce en el alma tan dulces emocione_, apenas nos pudimos arrodi­llar alguno instantes. las tre-; de la mañana había concluído toda la ceremoma, y volvimos á acostarnos apre:;uradamente. 27 de Diriembrr-Tenemos el tiempo medido, y preciso nos es dejar {t Jerusalén. Queremos terminar nue tra permanencia en ella con la última vi ita al Santo Sepulcro, y por esto no levantamos al aclarar del día. A las siete montamos á acaballo, nos encaminamos á Jafa, en donde debemos embarcarnos. El Cónsul de España va con nosotros á acompañar al Conde del Recuerdo. Durante cuatro horas hay que su bir y bajar las últimas colinas de la Judea; pasamos por el pie de las ruinas del castillo de los Macabeo, que, colocado en la cima de la más alta montafia, podía fácdmcnte proteger todo el país; pasamos algunos instantes en bugosh, aldcíta en donde todavía se ve de pie una bella iglesia de e tilo ojival, con atrios que formaban una ciudadela en esta­do de defensa. Fue construída por los templarios; en el interior hay por dondequiera re tos de bdla pintura · á pe·ar de esto la han converudo en un establo, pero fácil sería comprada y devolverla al culto católico. La llanura comienza en el Khan de El Birich y continúa hasta Jafa, inmen o tapiz de verdura sobre el cual repo a agradablemente la \'ista. La aldeíca de Ram!eh aparece en la mitad rodeada de palmas y de cactus: e ca es la etapa ordinaria de los peregrinos que no van en un día de Jafa á Jerusalén. Tambi~n tienen allí los padres de la Tierra Santa un convento en donde nos e:>peraban · c1los han reemplazado á los caballeros de San Juan de J eru alén, que tenían en otro tiempo, cerca de Ramleh, un vasto castillo, flanqueado de alta corre, en donde velaban á los peregrino · para ir á encontrarlos y escoltados hasta la Ciudad Santa . Hoy no e ·iste sino la torre, el re to del castillo es un montón de ruinas, que el General Bonaparte convirtió en 1799 en cam­po eparado y en un hospital. Dormimo en Ramlch; á la mañana siguiente, 28, á la seis, par­timos para Jafa, la que se divisa dc·dc lejos, \.:Onstruída en anfitea­tro, sobre un rnonuculo, á orilh de la m r. lil llegamos hacia las diez, despué de atra esar lo má hermo.os jardines de que haya idea. El paquebote del Lloyd au triac ,, en el cual dcbcmo embarcarnos, no e tá todada á la vista -; lo aguard mos re ignados en el convento de lo p . dre de la Tierra Santa; no llegó ha ta el 29 á las cinco de la tarde. Algunas horas después dcjáb mo á J a fa, y el 30, como á las cuatro de la t rde, vol (amo á entrar al puerto de Beyruth, des) umbrados con t~do lo que habhmo visco en tan pocos día , y á veces volviendo la ".tsta .atrác; como para coruc~l pl r aún ese p.us que un católico no vi­stta tn conservar por largo tlcmpo el recuerdo de lo que vivamente ha impresiouado su corazón. ADVERTENCIA Debido al espcci 1 apc yo qu<.: á este Bolt'fal pre tan el Ivlinis-tcrio Jc obicrn y~ Jmprcnta Na Í_?'~ 1) de de <.:1 presente núme-ro el Sup/.•~tutJfo hrstoruo cuenta 32 pagtna en cz de 16. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLEMENTO-GUERR DE 1854 17 Cuando Solano y sus compañeros iban á de cender á la ciu­dad, tuvieron noticia de que aun cuando en ella había acuartelados más de 300 hombres, no era imposible tomar el cuartel entrando de improviso y atropelJando con arrojo los centinelas, para lo cual se debí~ contar con la decidida parte que en la lucha tomarían todos los constitucionales que se encontraban en la ciudad. Resuelto esto y cuando ya descendían, se encontraron con el delator que ni apro­baba ni improbaba lo resuelto, pero que siguió con ellos, y cuando ya se acercaban á la calle por donde debían entrar, avistaron un pe­lotón c01no de 50 fusilero que les salía al encuentro. El puñado de constitucionales no vaciló y desfiló sereno y tranquilo por delante de los soldado que hacían alto en batalla y se pasaban las cartuche­ras al~frente. Confirmaron desde luego la defección del compañe­ro, y visto que era imposible poner en planta el plan acordado, de­terminaron atrave ar la ciudad y seguir vía de Tundáma. Hicieron alto á un kilómetro de Tunja y enviaron al Gobernador una mi­siva concebida así: riales, a ... qutene~ qutto alguna armas y monturas, hecho que luégo resul­to muy tmportante para el restablecimiento del orden legal. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLEMENTO-GUERRA DE 1854: 21 Desde el día 5 de Mayo había salido de Bogotá el General Joaquín Parí, con el Coronel Arjona y v rios oficiales, en direc­ción á La Mesa; en Canoa (el 6) se les agregaron otras perso­nas con algunas arma , y el 7 llegó el piquete, fuerte de 16 hom­bres, á la hacienda de La Esperanza, donde el General recibió auxilios y tuvo noticia de que el enemigo, en número cle 200 sol­dados, marchaba á ocupar la ciudad, é iba á posesionarse de la Go­bernación el Capitán Troncoso; y, en consecuencia, tomó Ja vía del Colegio, pernoctó en San Miguel, donde se reforzó con tres voluntarios, y el 8 lleg6 á Anapvima, donde Jo recibieron varios caballeros que allí se habían reunido para trabajar por el re table­ci miento del orden legal. U nidos todos, continuaron para Juntas de Apulo, y allí, á las siete y media de la noche, tuvo aviso el Ge­neral de que el enemigo, al aber que él ocupaba á Anapoima, ha­bía regresado para Bogotá, por 1 cual resolvió contramarchar á La Mesa, como lo hizo al día siguiente 9, ocupando esa misma tarde la ciudad, donde recibió la noticia de que la víspera, es decir, el 8, el Coronel José María Ardila había triunfado en Funza sobre los rebelde , con las fuerzas que organizara en la Sabana para de­fender la causa constitucional. Ocupada La Mesa y abiendo el General París que el enemi ­go e taba en El Hospicio, situó su pequeña fuerza á la entrada de la ciudad y restableció el régimen legal llamando á ejercer la Go­bernación al doctor Benigno Guarnizo, como suplente del doctor Briccño, en campaña, á órdenes dd Comandante Arboleda . Esa misma noche (del 9) llegaron á La Me a 6o pri ioneros cogidos en Funza por el Corqnel Ardila, conducidos por 40 infantes· y ji­netes, que reforzaron el piquete de 20 horn bres que tenía el Gene­ral París. El xo, despué de haber mandado po tas en todas direcciones, el General París principio á organizar la columna de su mando, para lo cual nombró al Coronel Arj na Jefe de Estado lY.I.ayor : el Batallón Bogotá, mandado por el Coronel González, e formó por el momento con seis compañía de :í 55 hombres, inclu os los prisionero no complicados en la rebelión. Dispuso tambien el Ge­neral organizar un e cuadrón á ór<.lene del Coronel ArdiJa, que se había incorporado con 30 jinetes. La fuerza total de la columna ascendía á 130 hombres de a m has armas . En La Me a upo el General Pan que el Gobernador de Neiva había llamado al servicio al eneral López, y l había con­fiado una columna compu ·sta de una compañta del Batallón nú­mero s.•, 200 hombre de in.fantena y un pequeño e cuadrón, los último do grupos d la guardia nacional de Neiva, y sin a­cilar le ofrccjó tambicn el mando de la columna de Tequendama, para q 1e junto obraran sobre la e pital. El dí r 1, ya organiL.a<.lo el Batallon Bogota, di pu o el mi - ano General Parí que e formara una Comp.tñla uclta e n lo jo- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 22 BOLETÍN:.. ILIT R DE COLO .. BIA venes liberales que salían de la capital huyendo del dictad0r y cuyo número aumentaba dia por día, por cuyo motivo e le elevó á Ba­tallón á órdenes del Senador y Capitán Laureano Mosquera, agre­gándote otras dos organizadas una en Anolaima y otra en La Mesa. Del r 1 al r6 se incorporaron en la columna de Tequendama 13 jefes y oficiales, y la fuerza ascendi.ó á 300 h mbre . Entre los auxilios importantes que recibió, debe citar e el llevado por el señor Pedro Rojas, consi tente en 20 fu iles, 400 piedra de chispa y al­gunos paquetes embalados. En fin, el General Comandante en Jeje dictó una orden general dedarando que los oficiales y jefes que se separasen de las filas de los rebeldes serían colocados en las legiti­mistas con los grados que ttnían el r6 de Abril, sin reconocerles, se entiende, los ascensos conferidos por Melo . Las fuerzas que e organizaban en Boyacá, Cundinamarca y olima se aprestaban á combinar operacione para atacat· la capi­tal, por lo cual antes de seguirlas en el desarrollo de dicho plan, conviene historiar lo acaecido en el ur y en la Costa atlántica. Cortada quedó, al parecer, la revolución que en Popayán quiso estallar 1 I 5 de A bri 1, y que con forme á pliegos e apturados poco después, se había tra1nado en t do el Sur, por lo cual el Goberna­dor continuó organizando fuerzas y la elevó al número de rooo hombres para auxiliar, lleg do el ca o, á las ?.utoridades legttimas de las provincias limítrofe . En Cali lo conspiradores aplazaron su intentona,y los legitimista pidieron auxilio y tropa á Popayán, cuyo Gobernador le dijo se concentraran en Caloto, donde los po­día aúxiliar y protejer; desgraciadamente á Buenaventur::t no fue posible enviar guarnición, porque el obernador ~·ijano carecía de recursos para tal movilización, y los caleños apenas ofrec1an pa­gar los fletes, lo que no resolvía la dificultad . En Bolivar, los ecinos se armaron con algunos fusiles y palos para 1 e;i tir á los re\olu­cionanos de Almaguer y lograron quitarles 8o fusile de jSO con que los hJ.bía armado el Comandante General de orden del Go­bierno. En fin, el Gobernador uijano> al dejar en libertad al­gunos jefe que s~ habían sincerado, lo alejó de la ciudad envián­doles en comisión á otros lugares. De esos comisionados el principal era 1 Comandante López, quien conducía pliego par el Pre idePte, y que al llegar a eiva1 como ya el Gobernador de esta ciudad tenía noticia de la rev lución del 17 en Bogota, fue devuelto por dicho funcionario á Popayán con la fatal nueva, agravada on la a everacion que hactan en eiva de que la rcvolucion era obra del Pre identc ( bando, lo que, como se comprende, reanimo c1 <.· ptritu de lo dictatoriale del ur por má , que el Goberna lor uijano asegurara que O bando e taba prc o y era nece ario ir ;1 redimirlo del cautiverio en que lo tenía Mclo . La ituacion p< lltica pare~ía oscura, las opinione se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SL7LEl\IE.~, '11 0-GUERR. DE 1854 23 dividieron y los hombres de orden no sabía 1 qué partido tomar; los propietario temblaban por u~ haciendas y querían se derroca e a l Pre iJente por cuanto la prensa afinnab que Oba:1do y Melo obra­ban de acuerdo . L~ diligencias judiciales contra lo primeros amotinaJo se paralizar n porque y nadie quería declarar en el asun­to; el Coronel Tieto \oh ió á encargarse del mando para oponerse á la medidas del Gobernador, y e · te tuvo que ocurrir á la Corte l\1arci.t1 pidiendo su u pen ión, por cuanto revocó con una orden reservada otra dada por la autoridad CÍ\ il, de que pu icra á órdenes de é ta una compañí del Batallón 5 .0 que estaba en la plaza con algun parque, r fue desobedecida por la tropa. La Corte decretó la suspensi "'n y lo reemplazó el Coronel uijano . En medio de e to conflictos el obernador de Popayán, apoyad por los constitucionales, conser adore y liberales, logró organizar y di tribuír convenientemente en la provincia 2,500 hombres, preparándo e así a ufocar una revolución que e veía iba .... estalbr en todas partes . Creyó tambi ,. n ncce a1·io auxiliar al Gobcr.nador de Pasto y á lo legitimi ta de llol1 var y por eso en­vió al primero 12,000 tiros de fu il y algunos fulminantes y pie­dras de chi .. pa, y á los egundos algunos otros elementos de guerra. Ordenó, además, componer las armas dañadas y colectar fondos para Jos g to de guerra. Lo revolucionarios, para desvirtuar las medida del Gober­nador de Popay'n, propalaban que el General José Hilario Lópcz e taba conlprotnetido en la rcvolucion, que el eñor Diago sería el Gobernador y eJ l\iavor Guerrero tornaría el mando militar, y que contaban con el apoyo de vario ciudadanos notables y de mucho jefe de guardia nacion l. El Gobernador uijano, que conoc1a bien la lealtad del eneral Lopc.;. .z., onvoco una junta de padres de familia y con ~u a entimiento nombro jefe de las fuerza de la pro\'incia á dich ener 1 Lopez, y rnandó una cotni ión á que le comuni ara tal re olucion . Las habladurías de los meli ta y los impresos que llf·garon de Bogot , con1plicaron m.' la situación, a la vez que el Go­bernador recibí 01nunicaciones del Gcncr 1 López, del Senador Arboleda, del Gobernador de eiva y aun del mi rno Vicepr<'si­dentc, pidiéndole elemento de guerra ·y recursos militares, que por iert no abundaban en P payán . nte todo el Gobernador ten1a que obrar con gr n tino á fin de logra1· refundir los antiguo par­tido en d Censa de la Con titución ; con iguio que el hijo d 1 Ge­ner 1 bando le a y u da e á o)ici tar recur ·o , y con tal fin lo en\ i ó á Silvia donde colectó $ 900. !1 P payán también e recaudaron alguna urna , aunque in ignificant , y f."lltaba dinero pm·a nlovi­Jj ·¿,ar la tropa y entrar en carnp ñ., no bstantc lo cual el .:rober­nador re olvi""' pa , 1· en e cal ne la e rdillc1· por 1 camino de Guanaca é ir á pon ·r e á <5rd ·nc dd .Tener J Lopez, en ei' a . La. olumna, fuerte de 78o ho1nbrc, unifürmado , rcgultttlT.t:ntc Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR DE COLOMBIA armados se componía de los Batallones de milicias Popayán núme­ro I .0 c4oo hombres), 11mb?o (300 hombre ), de la Compañía suelta de Calicanto (So) y del 5.0 de !ínea que contaba r8o veteranos. Mandaba esta fuerza el señor VIcente J. Arboleda. Los agentes de la revolución no : ?e ~uidaban, y emplea~on todo su influjo para separar del servicto a los que antes habtan sido amigos del General bando, á fin de que se pronunciaran por la Dictadura, arguyendoles que 1~0 podía~ marchar á órdenes del señor Arboleda, que .no era su amtgo poltttco. Para hacer fren­te á estas nuevas complicaciones, el (7obernador Quijano envió nuevos pliegos al General López, llamándole para que fuera á ponerse al frente de la División, pero el, junto con el Senador Ar­boleda, se había movido ya sobre La Mesa y Honda, é instaba por el envío de las fuerzas del ur y de los elementos de que podía disponer el señor Quijano, dici ndole dejara sólo I ooo hombres para hacer fi·ente á lo revolucionarios de Almaguer, Buenaventura y el Cauca. El 12 de I\1ayo debía ponerse en marcha la vanguardia, cons­tituí da por el Batallón Popayan, pero la víspera por la noche esta­lló en el cuartel una sedición, que produjo la deserción de 120 hombres con armas y uniformes; los 2~0 que permanecieron lea­les se pusieron en movimiento el 13, pero a una legua de la ciu­dad emprendieron los revoltosos nueva seducción, que, sabida á tiempo por el Jefe, fue contenida, lo mi mo qu'! otra que amena­zó producirse en 'l'otoró, y el Cuerpo siguió su marcha sin otra novedad . El I 4 salió de Popayán, en vía para Guanacas, otra co­lumna, compue ta del Batallón 1'imhío y la Compañía de Calicanto, pero como los revolucionarios lograron in urreccionarla, regresó del Puente oel Cauca, y, bala en boca y tambor batiente, atravesó la ciudad y fue á situar e en el Ejido> en la parte sur del poblado. Allí los dictatoriales se quitaron la careta, y dijeron que Obando y 1\1elo obraban de acuerdo, y era prcci o derrotar á gólgota y conservadore y al Gobernador que lo· so terua ; los timbianos se resi tieron á atacar al obernador, y una Compaíi ta de guardia na­cional, que había qt:edado en P payán y no tomó parte en el de - orden, se limitó á pedir su desacuartelamiento y el permi o para regresar á us casas. Los revolucionarios se propusieron con cguir que e detuviera el parque q~e se había. remitido a la ro y Bolivar,y que. regn~sara el Batallon numero 1.0 oc Popayan,para coger los 40,000 t1ro que éste lle\'aba de repue to; abultaban la noticia del pronunciarniento de Cali ; esperaban hacer triunfar el de m·dcn bajo el nombre de bando, y aun hicic•·on vacilar á lo hijos de e te, manife tándo­lcs que soJa mente con la revolución sal vanan á su padre, que esta­ba complicado en 1 rca ion democratica. La di tancia á que para sa fecha e encontraba el parque.:: enviado á Pa to, lo ponía á cu­bierto de ualquier. golpe de mano; pero no ~ucedía lo mismo con Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLEMENTO-GUERR DE 1854 25 el Batallón Popa)'án }'su parque, pues el 14 debía estar llegando á la cumbre de la cordillera . Comprendió el 70bernador Quijano cuánto importaba salvar esa fuerza y las municiones que habían pedido el General López y el Gobernador de Neiva, y con tal fin dictó órdene premiosas para que los Cuerpos de La Horqueta (Dolores) y ~tilcace, Patía y Tambo marchasen sobre la ciudad á apoyar á la autoridade legales contra los revolucionarios; encar­gó el Gobierno de la Provincia al Procurador de la misma, señor Cenón Pombo, que se posesionó del Despacho el 15, y siguió en alcance del Batallon y del parque . Cuando el Gobernador llegó al Tambo de Gabri, 1 López, el 15 á las I 2 del dí a, el Batallón, que de allí había salido en la mañana, doblaba ;'a la cumbre de la· cor­dillera, pero el parque, que iba á e paldas de indígenas, estaba disperso en una grande cxten ion, y pudo reunirlo y hacerlo se­guir en las mula que llevaba con tal fin . Arreglado este asunto, siguió en alcance del Batallón, y ya había cruzado la cumbre cuan­do se encontró en el camino con el eñor Jose Velasco, quien le informó que el Cuerpo marchaba sometido á su Comandante, y que el General López había eguido para Purificación . Con esta noticia regresó con dicho señor V e lasco, repa ó el páramo de Guanacas, y en Gabriel Liipez halló varia personas, entre e1lasun hijo del General Obandc, quienes ]e aseguraron que á ese tiem · po ya habna e tallado una tremenda revolución en Popayán; no obstante Jo cual siguio cc...>n el seíior Velasco para ir á encargarse de su pue to; pero al llegar á las vueltas del Cornetero recibió noticia fidedigna de que realmente la revolución había estallado el 16, y entonces resolvió volverse por el camino de La Plata para ponerse al frente de] Batallón 1 . 0 de Popayfm, que seguía esa ruta. Entre tanto se cumplían en el centro y sur de la RepubJica los acontecimiento relatado, las provincias de la Co ta atlántica se hallaban hondamente agitada , y lo revolucionario luchaban contra los legitimistas para hacer triunfar ·u opinion . El General 1\tlosquera, que en Calamar supo lo ocurrido en Bogotá ~~ r 7 de Abril, qui o regre ar á Cartagen para evitar un e cándalo; pero no encontrando caballerías p ra el viaje, 111 aun vapor en que bajar el río, tuvo que eguir á B rranquilla en una cano . En Remo­lino, el 2 de 1\tlayo, e detuvo un instante á e cribir á lo Goberna­dores de Santa Marta, Riohacha y Valle de U par, noticiándoles lo ucedido, y e·a misma tarde á la seis llegó á Barranqutlla, donde los ánimo. estaban inquic.:to , bien que aun no había tenido lugar ninguna manifestacion publica en fa or ni en contra del Gobierno. El (yobcrnador e taba en el pueblo de oledad, di tante dos leguas, donde pernoctaba de on.Jinari . A poco se reunió una parte de la poblaciun y fue a oíi·ecer al citado General o tener el Gobierno le­gítimo. Al día siguiente (3) el Gcnerall\llo quera ofrccio sus ervi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 26 BOLETíN MILITAR DE COLOMBIA cios al Gobernador señor Luis J . López, pe1·o este funcionario no se creyó autoriz~do para llamarlo al servicio y se limitó por eJ mo­mento á dirigir una proclama á los habitantes excitándolo á con­servar el orden y sostener la Constitución. El General Mosquera es­cribió ese día á sus amigos de varias poblaciones pidiendoles se unieran á las respectivas autoridades políticas y sostuvieran á los Gobernadores,como que éstos debían alvar las instituciones á fal­ta del Gobierno Nacional; también se dirigió por escrito á los je­fes de la gu:unición de Cartagena, aconsejándole se mantuvieran sometidos á la ley. En Cartagena, el día 5, se había hecho, entre tanto, un simu­lacro de pronunciamiento, sacando la fuerza veterana á la plaza mayor, en -donde se victoreó á O bando, á Melo y á lo revoluciona­rios . La población entera manifest6 su desagrado contra este acto y excitó al Gobernador Nieto á fin de que restableciera el orden y se conservara sujeto al Gobierno legítimo, por lo cual dicho se­ñor salió á la plaza Y> tomando la espada del Capitán Pío Ricaurte, que estaba al frente de la tropa, la condujo al cuartel. El Coronel Mendoza y el Comandante Vega habían sido desobedecidos so pre­texto de so tener al Gobernador. Algunos revolucionarios habían redactado un acta de pronunciamiento y recogían firmas, cuctndo el mismo Gobernador les arrebató el papel, en vi ta de la indigna­ción que por tal hecho manifestaban los principales ciudadanos; pero no castigó á los autores, y antes bien, á poco dirigió al pue­blo una alocución en la que decía simpatizaba con la revolución . En la tarde del mismo día 5 dispuso el Gobernador guarnecer el parque con la fuerza que había salicio á la plaza, y ordenó al Capi­tán Ricaurte fuera á disolver una reunión de ciudadanos que se trataban de armar fuera de la plaza para re istir á la revolución, la cual se disolvió cuando tuvo noticia de que iba á ser atacada, por­que quienes la componían carecían de a. mas par defenderse. Por la noche varias personas de poca importancia recorrieron la ciudad dando gritos sediciosos y victoreando la revolución y us caudillos. El día 6 llegaron á Cartagena las carta del General Mo - quera, las que contestaron lo militares diciendole que los jefes hab1an vuelto á poner e al frente de la tropa, que e ta no se cam­prometena en la revuelta r que convenía que el pasara á ]a pla7.a para ayudar á mantener el orden que corrta grave peligro de ser turbado, y dicho G neral en tal virtud s<.. dirigió al Gobernador Nieto pidiendole lo llamara al servicio. n Barranquilla se ignoraba que se hubiera salvado el Vice­presidente, y se creía estaban presos todos ]o llamado> por la Constitución y la ley á ejercer el Pvder Ejecutivo. Por tal 1notivo el Gobernador (e abanilla, de ac aerdo con .lVlosquera, se dirigió á sus colegas del Atlántico invitándolos a que concurrieran "' R f>molino, lugar central de sa región, per onalrnente o por medio de co'!li ionados, fin de aconl r un plan dt: defen a contra el usur- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UPLE:\fE TO-GUERRA DE 1854 27 pador. Todos contestaron favorablemente,mcnos el de Mompós,por­que ya sabía que el General Herrera se hal>1 declarado en ejercicio de la Presidencia en Chocontá, noticia que, como era natural, hizo inútil la proyectada reunion, pues habiendo un centro le~al de acción, estaba salvado el orden constitucional y todos pod1an rodear al encargado del Poder E jccuti vo para restablecer la violada Constitución. Los Gobernadores de Sabanilla, anta Marta, Rioha­cha, Valle de l.T par y Mompós procedían de acuerdo con el Ge­neral Mosquera, pero ninguno de ellos le llamó al servicio perque no se creían con facultades para dar semejante paso. El Gobernador de Mompó dispu o que el vapor Nu1va Granada continuara u viaje á Honda, sin , 30,000 que llevaba "' bordo y pertenecían á la República, debiendo devolverse tal suma á Remolino en l Manzanares, que bajaba de Honda . La Compañía de vapore de anta Marta dio orden para que uno de us buques e en.pleara en servicio del Gobierno, y de lo dispue to dio aviso "' todos lo Gobernadore . Entonce el General Mos­qucra solicitó del de Sabanilla lo autorizara para ir á Remolino á buscar el Manzanares y conducirlo á Barranqui1la, á fin de evi­tar cayera en manos de lo revolucionarios y se perdieran por añadidura lo caudales público que e encontraban á bordo, y para que luego condujera i dicho jefe á Mompós para esta­blecer la defen a del río, de acuerdo con el Gobernador de esta ciudad . El Gobernador Lópe7, dio la orden del caso el 14 y el General Mo quera iguio en el acto á Remolino por tierra, pero no cncontro allí al Capitán, quien por el río se había ido para Bar.ranquilla con los J0,000 á depo itarlos en el Con ulado Británico, cgún e lo había ordenado la Compañía,y el buque no pudo bajar con el citado jefe porqu se había desarmado la máquina para componerla. E.l Jefe político de Remolino informó al Gene­ral 1\llosquera de los trabajos de los revolucionarios en Barranqui­lla y le acon ejó regre ara á e a plaza para evitar un pronuncia­miento. El peligro en la Co ta crec1a por momento y e a impor­tante región pou1a cae::r en mano de los dictatoriales si no se tornaban medidas eficaces. El General Mosquera, en vista de lo que ucedía, pidió al Comandante general que e moviera á ocupar un punto conveniente obre el no, y como el Gobernador de Mom­pós solicitaba de sus colega de la Costa elemento de guerra para armar la guardia nacional, logro lV.lo quera que el de abanilla lo comisionara par ir a e rtagena a pedir la fuerza que había en la plaza, medida tanto má urgente cuanto que, egun lo oficio del Coronel N1endoza, los rie go d que e.sa tropa fuer educida por Jo dictatorialc , crec1an por momento . El Gen ral ~·losquera mar ·ho para Cartagena el I 7 por la noche y á u paso por banalarga, San 4 tani lao y 'rurbaco, re­cogió noticia alarmante , por lo ual de ~I'urbaco aviso su marcha al Comandante general para evitar e apoderaran de el, al entrar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 28- BOLETÍN MILIT R DE COLOMBIA. la ciudad, los partidarios de la revolución. Esa misma noche entró el citado General á la plaza, y el Coronel Mendoza tomó las medidas del caso para protegerle. El comisionado avisó oficial­mente su llegada al Gobernador ieto y le pidió una entrevista para desempeñar su comisión . Todo los vecinos respetables de Cartagena se acercaron entonces al General Mosquera para mani­festarle que el único que ponía tropiezos á la conservación del orden era el Gobernador. Cuanto á los jefes y oficiales de la guarnición, estaban re ueltos á sostener el Gobierno legítimo, desde que se persuadier~n que lo ocurrido en Bogotá el I 7 era un motín y no se trataba en manera alguna de salvar al Presidente de una re olución hecha por gólgotas y conservadores. A tal punto llevaron su interés por lavar la mancha que les había echado encima un exceso de celo, que al recibir la orden de aprontar~e á marchar, elevaron una petición al Comandante general solicitando los stparase del servicio si no tenía en ellos plena confianza, y resuelta que fue e a petición de un modo honroso para ellos, que­daron contentos y, en efecto, luégo demostraron que si al princi­pio dieron un pa falso, ninguno merecía el epíteto de traidor, salvo el Capitán Pío Ricaurte que, mandado por el Gobernador ieto en comisión cerca del Poder Ejecutivo, se pasó á los rebel­de~ y después, hallándose preso y encausado, intentó fugarse mu­riend<:> d~ un balazo disparado por un centinela en el acto en que consumaba jla fuga. El Gobernador ieto no contestó al General Mosquera has-ta el 21, mientras procuraba persuadir al Coronel Mendoza no atendiera las razones de aquel jefe, para que la fuerza veterana pa­sara á estacionarse sobre el Magdalena. Inútiles fueron los esfuer­zos del General Mosquera para convencer al Go .. bernador de la obligación en que estaba de proceder de acuerdo con las necesida­dts del país, y cuando l Comandante general, en uso de sus fa­cultades legales, resolvió marchar á ituarse en el centro del De­partamento militar del Atlántico, y le pidió lo auxilios de mar­cha del caso los negó, y qui o sobreponerse á la ley para impedir que la tropa veter na e empleara en la defc nsa del Gobierno legí­timo. Por su parte los revoluci nario trataban de seducir á los soldado , haciendole creer que iban á perder us aju tamientos, ten1an que pagar u pequeñas deudas antes de salir, y tendrían que dejar sus mujeres. Fácil fue al cneral Mo quera desha­cer esa intriga, pagándoles sus raciones y ati faciendo esas deudas de u propi boJ illo. El citado cneral fletó un buque para tran ~ portar l guarnicion de Cartagena á abanilla, y todo lo arregló poniendo a di po ición del Comandant general lo recursos que nece itaba, y a egurando á lots familias de algunos militares la pen­sión que dl qucrí n dejarle , mientras la operación podía ejecu­tarse legalmente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UPLEdE TO- ER DE 1 54 29 En vano el General Mosquera hizo presente al Gobernador ' 'que temía que la primera noticia que recibieramos > cría la pér­dida del General .Franco, cuyo valor conocía, y que rayando en temerario, tem1a que fuera víctima de .. u arrojo. Pr"' C:io funes­to que se ha erificado con grande pena de mi parte, p~ro cuyo anuncio ervía para que no hiciera la fuerte imprc ión que debía causar 1~ sorpre a de tan infaust noticia en el ánimo de militares y ciudadanos defensore de la legitimidad, pues l mismo tiempo les manife t que con ervando no otros el .1V1agdalena, por este canal natural introduciríamos lo elementos necc anos pat·a repa­rar tamaña pérdida.'' Las circun~tancias eran difíciles para el Co­mandante general y para Jos militares que le obedecían, viendo á la primera autoridad política de la Provincia invocando las leyes para e,;¡ue la República e perdiera . Ani1naba al General Mosquera y al• Comandante general la idea de que la medida adoptada por éste últirno era e trictamente 1 gal· y el Gobierno la aprobó, en efecto, despuél', complemcntandola con la uspensión y llamamien-to á juicio del Gobernador ieto . El 26 de Mayo, cuando el Gobernador vio que ]a fuerza es­taba resuelta á marchar, se presentó en el cuartel á dar órdenes con­traria y á recen enir á los militare que obedecían á un jefe para ir á combatir por el re tablecimiento del Gobierno legítimo: allí se le recibió con re peto y se le respondió con circun pección, que la guarnición no hacía sino cumplir con su deber. Para impedir la marcha se presentó luego en la plaza de la Aduana y el Cornandan ­te ger'leral por dos vece hi.to en ella cambiar de dirección la co­lumna para no atliOpell r a la primera autoridad civil, que llamaba sublevados y sedicioso á quiene cumplían con su deber. La mo­deración le venció y prorrumpió en p labras injurio as, rompi6 el bastón de mando y se retiró del muelle, hast donde h bí ]Jeg do para hacer us ultitnos e fuerzo . El Jefe político de J plaza su­ministró botes á l guarnición para que e embarcar , y la pobla­ción en silencio contccnplaba el extraiio cuadr . El Gobernador hizo entonces llamar al capitán del buque para ordenarle que no zarpara, y retuvo la tripula ion; el General .1. fosquer consiguió otros n1arineros y mandó levar ancla in e perar al Capit ' n, te­miendo nuevos tropiezo , vi ·to lo cual, el obernador dejo en liber­tad á este último, quien logró llegar á la nave cuand ya e taba en movimiento y á punto de salir del puerto. De la guarnición no ·e quedó en tierra sino un Capitán de artillería,que dijo estab enfer­mo; de la tropa no hubo un olo de crtor, y con la fuerza se em­barcaron además varios vecinos de Cartagena que tomaron ervicio como voluntarios . Al llegar el buque á ' banilla, supo el General Mosquera que el Gobernador López h bia recib1do una excitación del Gobernador Nieto par que no ie pre tara auxilio ninguno al Comandante general del Atlántico; pero aquel funcion rio upo cumplir con su deber. Sin embargo, la guarnicion no pudo seguir Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. so BOLETÍN MILIT R DE COLOMBiA para Mompós porque el vapor Manzanares, cansado de e perarla, había seguido el 29 para Honda, bien que tal demora no resultó perjudicial, pues la marcha de los acontecimient0s hizo luégo ne­cesaria la presencia de esa tropa en Barranquilla. El 5 de Junio recibió el General iv1osquera la noticia de la derrota de la Di visión del orte, y el 6 llegaron á Barranq uilla varias personas del interior, entre ella el Gobernador de Tequen ­dama, con comisiones del Poder Ejecutivo y la orden de éste para que aquel General e encargara del mando en jefe de. las fuerza de la Costa atlántica, del Istmo y de Mompós, con amplias facultades, por lo cual quedó á sus órdene el Coronel 1endoza, como primer Jefe del Batallón de infantería numero 6 .0 Mientras esto pasaba en las Provincias de C2rtagena y Saba­nilla, la pequeña guarnición de Riohacha, mandada por el argen­to Mayor Domingo riana, pidió al Gobernador señor Nicolás Pérez Prieto, que le permitiera marchar á unirse á los defensores del orden legal, y cuando lo llamó el Comandante general de] At­lántico, ya estaba acordada la marcha y el auxilio para que fuera á cu.nplir con su deber natural, porque el Gobernador Perezera ene­migo de la dictadura . La mencionada guarnicrón llegó á anta Marta en momento en que los vecino cte La Cienaga e habían apoderado de 200 fu ile que remitía á Mompós el Gobernador señor Eduardo Salazar á petición del Jefe de esa Provincia, con cu­yo hecho comenzó á desenvolver e la conspiración que lo agen­tes de la revolución tenían tramada en la Costa Atlántica. Por en­tonces llegó á La Ciénaga el señor Juan I'Vlanuel Perez, Represen­tante, que había logrado salir de Bogotá con p aporte de Melo, lo mismo que otros miembros del \..,ongreso, y hab1a sido nombrado Gobernador de anta Marta por el Encargado de Ejecutivo: el se­ñor Perez logró que los cienagueros devolvieran la mayor parte de las armas y se mantuvieran tranquilo ,lo cual hizo inecesaria la expedición que para ometerlo prepar ba el Comandante general y permitió con ~ agrar todos lo · recur'OS que e iban recogiendo á preparar una expedición seria sobre el alto Magdalena. CAPITULO II l.• Cflmpru"ia rld N fJ rlc- J on uuhu de Z ipaquirá y Tiqui::a Las operaci ne militares de los legitimista en armas en la parte occidental de Cundinarnarca y orte del Tolima, se arre­glabai? de sucrt,_e qu~ ccundaran y apoyaran las del ejército que se organtzaba en runJa, y por lo tanto conviene narrarlas antes de las del ejercito que sucumbio en Zipaq.tiráy 1qui·ht. Desde L l 1esa el General Parí había enviado al Coman­dante Lopez cerc dd eneral Jo e Hilario Lópcz, á que le in­for• nara del estado de la República y le dijera avanzara con las Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UPLE 1E :rr¡•o- UERR DE 1 54 31 fuerzas levantada en la Provincia de Neiva, cuando el 14 de Mar­zo recibio avi o de que se aproximaba e a tropa y tli\' O noticia de lo que en Tunja hac1a el General Franco. El 16 se recibieron cartas del Comandante Arboleda, dando cuenta del es tado de su Columna y de las medida que hab1a tomado para encargar armas al Exterior. El 18 avanz6 d General París hasta ocaima á encontrar e con el General López para acordar el plan de opera­ciones obre la abana, y el mismo día en el camino recibió, por posta que enviaba el Jefe de E tado Mayor, un oficio del General Franco, en que le participaba us movimiento é intención de marchar el 17 sobre el enemigo, por lo cual regre ó el 19, y dio las ordenes del caso para que u pequeña Columna marcha e al día iguiente sobre la Sabana. El eneral López hizo otro tanto, y se pu o en marcha para La Me a con la fuerza que traía del Sur, reforzado por un piquete de caballena (á órdenes del Coman­dante Quintero) enviado de Honda por el General Comandante de la Di vi si on de Occidente, y llegó á dicha villa la tarde del mismo 19. Apenas puede creer e que en tan poco tie1npo se reu­nieran y organizaran fuerza regulares para oponer e á tropas ve­teranas que contaban con toda clase de elementos de guerra. En La Me a se ordenó al Cornandantc uintero convirtiera su piquete en escuadrón, reuniendole como soldados todos Jos militares que se pre entaban y por el momento no tenían colocaciónen elejér ito; se dispu o tambien que el Coronel Juan 1\1iguel Gon?Jález man ­dara la Columna de Neiva~ bajo la órdene del General López, y la 3: Compañía del Batallón S·0 e incorporó á la Columna del General París, que debía llevar la vanguardia, y a cendió entonces á sos hombre de tropa. El 20 emprendio la vanguardia u movimiento obre Barro­blanco, conducida por el Jefe del E tado Mayor con orden de ha­cer alto en T"cna uca, para reconocer previamente la posicion del enemigo· pero como e te hubiera abandonado dicho punto de Ba ­rroblanco, el Jefe de Estado Mayor dispu que lo ocupara inme­diatamente la 3· • CompaÍlJa del Batallon U nion, apoyado por un piquete de e ballena del Coronel Ardila, y iguió en persona con ese de racamento para ~ituarJo conveniente•nentc . Al llegar á Ba­rroblanco upo el Jefe de E tado iayor que en Bojacá quedaba otro de:stacamcnto enemigo, fuerte de treinta jinetes, por lo cual ordeno al Coronel Ardila y al Comandante Umaña iguieran en el acto con 2 5 horn bre , a orprcnderlo lo cual hicieron to1nando dis­tinta v1a ·, con tanto acierto, que cuando llegó a Barroblanco el C01nandante en Jefe (General Pan ) le fueron presentado los 30 hombre enemigo con u arma y caballo . Supo tan;tbiC.:n d C01nandante en Jefe que el enemigo ocupaba á Cuatroe quina (hoy lo quera) con 500 hombre · y 1 en persona, acompañado por u Jefe de E tado l\1ayor y un ayudante de campo, se avanzo á practicar un reconocüniento hasr la hacienda de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 32 BOLETÍ- MILITAR DE COLO:l\lBI Herrera para elegir la posición en que debfa acampar la fuerza y resi ~ tir al enemigo i éste resolvía atacar a los con titucionales; des­pues de la cual operación regre ó á .Barroblanco á dar las 6rdenes del ca o para que continuara el movimiet to, y al llegar á e e pun­to halló al omandante Urdaneta, quien, en a ocio de otro ciuda­danos, llevaba á la columna algunos caballos que sirvieron para reem­plazar los estropeado . La fuerza del eneral París iguió á la He­rrera, donde acampó la noche del2o, alcanzando en efectivo á 730 plazas merced á los voluntarios que se le habí n unido, y el Jefe superior le dio la organiz.acrón que permitían la circun tancia y el reducido número de arma de que e disponía, de uerte que sólo 35 hombres quedaron in arma alguna, pues ni la lanzas alcanzaron: unos llevaban fusil, otros carabina, otro lanz.a y todos los ciuda danos contribuían con cuanto podían para armar a los defensore. de la Constitución. El General López eguía el movimiento de la vanguardia, pues los dos mencionados jefes obraban de acuerdo á fin de apoyar lo• movrmientos del General Franco y reunir~e con el y a í organi­zar un ejército respetable que se pusiera á ordenes del Gobierno legitimo. Tambien la división de Occidente, que se movía desde Guaduas, avanz.ó ha ta himbe, pa ando por Villeta, y desde ese punto ofició su Jefe (Comandante Arboleda) al G neral Pans, dán­dole cuenta de su movimiento y de la po icion que ocupaba. En la madrugada del 21 recibio el General Parí· un parte de la función de arma de Zipaquir "" , y re olvió llamar la atención del enemigo avanzando obre los soo hombres que estaban en Cuatroesquina ; confi6 para esto el rnando de la vanguardia al Co­ronel Vargas Pan , quien ; p"! ar de e tar enfenn e puso al fren­te de la caballería organizada por el C n nel Ardila y el Coman­d ntc (~úntero. Al ej curar el m virniento e upo que los enemigo habían dejado á Cuatroesquinas y e dirigtan á Bojacá por la vía de Serrezuela (hoy l\1adrid), y con · ider nd el om'ln u te en Jefe que debta proteger la Columna del Gent:ral LopeL, que podía ser atacada, ordenó una contramarch par alir oportunamente al en­cuentr del enemigo; pero este rctr gradó p r el cerro de Ser re­zuela, y la fuerza legitimista hi/.o alto ~n 1 II errera para comer, porque desde la v1 pera no hab1a recibido racion. Consumido que fue el rancho, di puso el Com ndante general seguir 1 mo­vimiento por Hojaca y Corito á }faca taciva y dar e allí la ma­no con el Gcncr.tl Franco quien, segun avi que había enviado, e mov1a sobre ese mismo lugar, de de Zipaquira, a fin de reunirse con las fuer1..as del ur. Una fuerte lluvia detuvo la Columna en el Corito, hacienda d 1 Coronel Ardila, quien procut·ó á la tropa al­gunos recur o, en e pcci 1 forr.jc ,á pe arde qu, habi ido saquea­da por lo re olucionario . En dicha hacienda h. bta campado el General Pan para pas r l. no ht:, cuando á las once de ésta e presentó el Coronel Anselmo Pineda - dar avi o de la derrota de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLEME ... TO- UERR DE 1 54 33 'Tíquiza, noticia que, como se comprende, provocó inmediatamen­te un movimiento de retirada en la tropa del ur, tanto en la que mandaba el General Parí , como n las que regía el Comandante Arboleda, por las razones que se verán en detall más adelante. El encargado del Poder Ejecutivo apenas llegó á Tunja nom­bró Comandante General de esta pro incia y de la de Tundama al General Reyes Patria, y Comandante en Jefe de la fuerza de operacionc , al .J'ener 1 Franco. Al General Buitrago se en­cargó de la organización de los cuerpo' que se levantaban en Tundama. Recibió lu ' go noticia el General Herrera que á Cho­contá e acercaba una tropa rebelde regida por el Coronel Jose Ma­ría Rojas Pinzón; y á en ontrarla envió al General Franco cotl e l Batallón · Tunja, que aún no tenía completa su organización, y poco más de roo hombres de infantería y caballería de Tundama; en el tránsito e incorporaron ' la columna más de roo hombres de Turmeque, los cuales, no teniendo arma , tomaron e tacas de una cerca y se colocaron á ret guardia como cuerpo de reserva. El Ge­neral Herrera acompañaba á la columna, y al avistar á lo rebeldes le> en ió una intimación, en su carácter de encargado del Poder Ejecutivo, y acercándose el Coronel Rojas, se pusn en comunica­ción con el Gener 1 Franco y en seguida con el Genera"l Herrera, quien logró que lo reconociera, por lo cual se sometió á su autori­dad, quedando indultado por el tnismo hecho; y pu o entonces á di posición del Gobierno la fuerza que mandaba y su armamento *. El General Herrera dio pa aporte y a u ilios de marcha á los soldados que no quisieron incorporar e en el ejército del Gobierno y regre­saban para Bogotá, para que los otros veteranos ngañados vieran la lenidad con que lo trat ban los defen ores de la Constitución. Al d!a siguiente regresó toda la fuerza á Tunja para darle completa organización al Ejercito. El Ejercito que e levantaba en Tunja, e organizó en una Division compuesta de do Columna , mandada por lo Generales Franco y Buitrago, funcionando como Jefe de tado ayor e l oronel Rojas Pinzón . La primera Columna (1,474 hombre ) tenía por jefes al Cor nel Arjona y al argento 1\1ayor Ramón 1aría Calderón , que se pa ó al enemigo en ZipJquirá, y la e­gunJa (1,081) á lo Comandante Muri y Corrales. Las dos Co­lumna estaban con tituídas a í: Primtra Columna-Batallón Tunja; Comandante La Rotta ; hombres __ -- .. . ---- -- - - . ... - - - - ... - - -- --- - -- ~- .. - -- 499 Pasan . .. - ---... ... ... . . . .. .. . . ... 499 (•) Adem·.í, de e te H· t:tllón, Melo contabn, al pronuncinrse el 17 con el que defen· día : Zipaquirá y con l., guarmcion de Bogotá1 que comprencha la Artillen::~~ el Vargas 1 el BO)'IlCa y los Húsares, e& decir, ce»:t de 2 1ooo hombre., Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 34 BOLETíN MILITAR DE COLO:MBL\. Vienen ............ , ............. . Batallón I .0 de Tundama ; Comandante Sanchez ; hombres _ - _ - _ - - - . . . . - - - - - - . - - - - - - - - - - - - - .. · Batallón 2.0 de Tundama; Comandante Olaya; hom-bres M~di~· -B-a~;IJ6~- -G~,:;¡o~-; - -C~~-a-n-d~;1~;- -Á~~s~;-; hombres __ --- - _-- - - -- - - - - - - - - · - - -- . · . - - - - - - · · -- -- Medio Batallón García Rovira · Mayor Jaime; hombres _ - ........ - - - - - - - .... - - - - - - -- - . - - - -- - - - - -- Compañía suelta ; Teniente Franco ; hombres- -­Primer Regimiento (tres Escuadrone ) ; C mandante Plaza; hombres. ____ . • . ---------------------·---- Segunda Cr;/umna- Batallón Socorro; Comandante U crós ; horn bres .. ................. ---- ---- .... ---- -- -- Batallón f/éltz; Comandante Díaz ; hombres.. . .. Escuadrón Tundama; Comandante Reyes ; hombres Columna de Cundinamarca; Coronel Pineda; hombres ,.ro tal_ - - - - - - - . - - - -- - - 4-99 24-0 350 102 90 6r 134- 4-SO 4-00 lOO 131 Bien que algunos hayan afirmado que realmente contaba con 3,500 hombres. eguramente n sería muy errado e timar toda la fuerza de la Divi ión en 3,ooo. La Columna de Cundinamarca (2..n Columna) con taba de 6r infante y 70 jinetes. El armamen­to ascendía á r,o6o fusile y I s,ooo carwcho , pero de aquéllos 170 estaban inútile, y de lo otros ólo 6oo estaban en buen es­tado de servicio. Carabinas había muy pocas, tanto en la caballería como en la infantería. Cuando el General Herrera creyó que los cuerpo habían re­cibido alguna instrucc-ión, ordeno al 7en ral Franco que abriera operaciones, cosa muy del agraJo de este br vo jefe, que ansiaba batir á los rebeldes el día 21, aniversario de la sanción de la Cons­titución, conforme 1 expresó en una alocución al ejercito, y que fue la ow a de que festinara la campaña. La ivisión salió de Tunja el 15 de Marzo ; el r6 llegó á Chocontá, donde permaneció dos días, y el 19 continuó la mar­cha, pernoctando en emocón, de donde alió al sig-uiente dfa (20) á las siete de la mañana, antes de que la tropa ranchara, pue el General } ran o creta era necesario 1. perder tiempo para atacar a] Coronel Jimenez, que defcndta á Zipaquirá, antes de que reci­biera auxilio de Bogotá. La ordenes del ,.obierno fueron b.lti r al enemigo si alía á campo raso, y i no, continuar el movimiento p ra ir á reunirse con las fuerzas que e mandaban lo Generales López y París, Coroneles Viana y Diago y Comandante Arboleda. El Comandante en Jefe formó l. vanguardia con do C mpa­ñías del Batallón Tunja y una Compañta del Batallón I.0 .de Tun- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLEMENTO-GUERRA DE 1854 35 dama, y encargó su mando al Genera l Buitrago para que recono­ciera el terreno. Al acercarse á la iudad ordenó el General Franco que continuara el movimi~nto por la izquierda, pasando por los potreros sin llegar al poblado, y que se allana en los fosos y chambas con los peone que llevaba al efecto con lo. instrumen tos necesarios; per el se separó y siguió á la ciudad con sus Ayu­dantes de campo, mandando á uno de ello, el Capitán Jacinto Corredor, con bandera blanca, á intimar al oronel Jiménez que se rindiera á las fuerza constitucionales : el parlamentario fue recibido á balazos, y se salvó por ca ua]idad. Entonces el Co­mandante General se puso á la cabeza de 40 jinetes, ocupó la vanguardia y cargó y rechazó á las guerrillas enemigas que ocu­paban ks arrabales. La Divi iún continuó su movimiento para ocupar la colinas que dominan la ciudad por el Sur, hacia el cerro de la Salina, ordenando el Comandante General que la vanguar­dia siguiera us propios mo imientos, y los de aquella, la División dirigida por el General Buitrago. La marcha se hizo por hileras, á dos de fondo ( ic), por el camino indicado, movimiento que pro­longó demasiado la formación, dejando ti flanco descubierto. Al llegar el Comandante del Batallón Tunja al camino de Zipaquira á .Bogotá, observó que el enemigo se presentaba por la parte baja de h ciudad, y sin orden de los jefes hizo una variación por. la de­recha para volver al potrero por donde acababa de pasar : el Co­mandante General de la primera Columna, que h1 recorría para in peccionarla, lo advirtió, y voló á poner e á la cabeza para sus­pender aquella variación que contrariaba la órdenes del Coman­dante en Jefe; y e tando á la i ta del enemigo, ordenó la forma­ción de la Columna en el llano que queda frente á Zipaquirá, colocanrlo la caballería á retaguardia de la infantería, e indicó al Comandante eneral d<.: la segunda Columna la convenien­cia de formar la uya á la dere ha, pue ya e hab1a roto el fuego por el enemigo. Las dos Columnas formaron un ángulo recto, por impon<:rlo a · 1 la e nfiguración del terreno: una Com­pañ 1 dd Batallón Socorro fue de tinada á atacar al enemigo, que se había atrincherado dctrá, de un hilera de sauces, de de donde molestaba á la tropas del Gobierno. En este momento llegó el General Buitrago, y mandó reforzar e a Compañía con otra del mi tno Batallon, que condujo al combate 1 Comandante del cita­do cuerpo, seguida pronto por otro refuerzo, y el enetnigo fue de alojado, un muy poca perdida de lo legitimi tas . El General Franco hab1a seguido con la caballena "' tomar las colina , según lo había proyectado desde el principio, y por medio de un Ayu­dante comunic6 orden para que t da la Divi ión siguiera la mis­ma ruta que 1 llc Jba, "' fin de entrar a la ciudad por la parte superior, bajando por el amino que de Zipaquirá conduce á Pa­cho. Fue cumplida )· orden, y la División iguio los movimientos del General en Jefe . El Coronel Arjona, Comandante General de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 36 BOLETÍ.. ~IILI'l' R DE OLOl\IB la primera Columna, se adelant<~ á recibir órdenes del General F ranc , pero é te, sin dar otra di · posición, mandó tocar ataque y carga á los cornetas, y poniéndo e á la cabeza de las fuerzas que e taban más á la mano, arrolló á las guerrillas que se le oponían, y sin e s perar la reunion de la tropa, entró por esa parte á la ciu­+ d bajo un fuego mortífero, y treinta pasos ante de llegar á la plaza, á las tres de la tarde, cayó muerto de un balazo, y á su lado sus Ayudantes de campo, Capitanes Medina y Gómez, jóvenes tan valientes como su C.:reneral ; igual suerte cupo al Comandante Plaza y á mu h s otro dcfensore de la Constitucion. El eneral Herrera, En argado del Poder Ejecutivo, e ha-bía adelantado iba á la vanguardia con vario Jefe y oficiales y algunos jóvene que lo seguí n, con la intención d..! contener el arrojo del Com ndante en Jefe, para que ordenase con más c::¡Jma el e mbate. orrió lo mismo peligros que aquel, pero no alcan­zó u objeto. En tan cnticas circunstancias, y viendo el mal re­sult do de la tan heroica como lamentable bizarría del General Franco, que acabab·t de pe rece r á su vista igu1o con sus compañe­ros hasta la plaza, á donde entró por una e quina y salió por otra, re petado ca ual1nente por las balas. En el trán ito, y yendo á su lado, " pie, el Comand nte Reye , pues había perdid su caballo, en­e ntr6se con el ~1. yor Juan deJe ú Guticrrez (meli t ), y al acer­cár ele este o cial, Reye le hirió con su lanza, y. Gu cierrez retro­cedi6 rápidamente y s amparó en una ca · a . El General I-Ierrera espero poner e al frente d la Di i ión para dirigir el combate y evitar nuevos acriftcio in provecho. La infantería se batió en diferentes direccione , conducida por sus jefe y o ciale , que se portaron con valor; pero muerto el General en Jefe en un ataque sin pi n, hubo de repl<:garse " la altura por donde había bajado, in ser mole tada por el enemigo, que se mantuvo dentro de la ca as de la ciudad y al abrigo de u parapetos. La ivi ión 110 había comid en todo el día, y había comba-tid ha ta la cinco de la tarde: e acercaba la noche y era preciso reunirla y dejarla des ean ar. í lo ordeno el General l'errcra al egund jefe de la Divi ión, Gencr· 1 Buitrago, y al Comandante general de la primera columna, Coronel rjona. En e ta situación se recibió noticia que de Bogot " había a lid una c-olumna de r,ooo hombre en au~ilio de Jimenc:l, y el General Herrera orde­nó entonce 1 retir:tda para form r la Divi i0n a medí kilómetro de Zipaquir ", reunir toda la fuerza y coutit uar el mo' imiento pri­mcramen te acordad , de ir en bu ca de lo Generalc' Lo pez y Pa­rís, disponiend , aden1.i , que el ent,;ral Buitr. g r<;emplazar al General Franco, con 1- con~igna de emprender la indicada m r­cha ante dd amanecer. Reunida que estuv 1 Di vi ion, di pu o el General Buitr. go que el Coronel Arjona e colocara " la abeza de la fucr;,.a y r 1ar­hara en dirección al Portachuelo que cruza el camino de 'rabio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. S PLE.1 fEr TO-GUERR ~ DE -1 54 37 tTíquiza) para tomar allí pos1c1ones y resi ., tir al enemigo, si era cierta la noticia de que e te e hab1a mo ido de hogotá. La noche era o cura, alguno cuerpo e de v iaron, con ellos el esca o par­que que había quedado en re en•a, como lu g o c a yó una fuerte lluvia, soldados sin disciplina, fatigados, h a mbrientos y constern - do con la muerte de su eneral, cuyo g t an valor era una de las e peranzas del triunío, e de alentaron al cabo, y en gran numero desertaron esa noche de tri te recuerdo para los con ti tucionales . El Comandante arg Cah' o fue cnvi do á bu s car el parque , la comi'ana, logro encontrarlo y los conduj al cuartel general. Al amanecer estaban formado los cuerpos en un potrero i­tuado al pie del Portachuelo de Tabio, pero las municiones hab1an quedado reducida á 3,500 cartucho, que e distribuyeron entre los 'oldado que tent n arm de fuego en · ibl~s . De puc e di - pu o que el Teni~nte astro iguiera de des-ubiert con 50 hom­bre , a ituar e ~n el propio Porta hudo, y la ])ivisión se puso en marcha a la <:i de la mañana, cubriend u rct .guardia 50 hom­bres del batallun Socorro, á Grdenes del jefe del cuerpo Comanda n­teUcros . La de cubierta ocupó el alto del Portachuelo como á la ocho de la mañana, altura que intento tomar el enemigo, que al mi mo tiempo se pre ento obre el naneo izquierdo d la olumna, y, ade­lantando su cazador , rompí o el fuego sobre la tropa constitucio­nale . rdcnó entonces el General B uitrago hacer alto, y que el B - tallon r .0 de Tundfana sostuviera el fu go, de plegándose frente al enemigo, lo que hizo en el acto, combatiendo ha ta agotar su poca municione . A la caballena e le mar dó cargar la guerrilla en - migas que ganaban terreno, pero aterr d como e taba con la muer­te del General en Jefe y d 1 Jefe del Rcguni nto, e di per o in cumplir la rden recibida, empren icnuo fug por el catnino del cerr , con c. · cepcion c.k un piquete que e mantuvo al lado del Ge­neral f crrcr., y á c)nlene del cual e batio en retirada. El oman­dante en Jefe ordenó e u eguida que el Batallon Tunja continunra el m imiento hacia el Boqu •t ón d<: l'abio, u poniendo que el de - tac· mento del Teniente Ca tro era una fu r7.a enemiga, espe ie qu e divulgo en el act en l. Division, creyendo todo que e taban cortado: la infantena que e taba armada de lanzas, habta hu1do en dirección al cerro de de q e e rompió el fuego, y la que tema fusll apena en número de 6oo hombre , o tu\·o u puest h, ta que e le cabaron la municione , 1 ual fu coa de media h ra. Lo po o Jefes cterano~ que iban en la Divi ion qui ieron, aun­que en vano, contener d d<.: orden porque la tropa e hab1a dt .­mor li7,ado con 1 Jltn ia, el hambre 1 Í:"llta de ueno y demá cir­cun tancia ref-rida, de alcntándo <.:ha t. el punto de ser imposi­ble r nim;tr u brío . 1 oroncl ArjomJ, que e había pue to .\1 frente d J ic tace meneo que u. nlaba <.:1 Boquc.·ron .1 n t r que la tropa cguí en diferente dil'cc IOtH::c:, rdenu 1- r ~ tir d y lc1.t Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 38 BOLETÍ MILITAR DE COLOl!BIA mente e puso en marcha para cubrir á los dispersos, y permitirles que se re?rganizaran. De 8o á ro? ¡_>risioneros cayeron en poder del enemrgo ~n e te combate de Tlqtuza. _ . . ... El General Herrera, con unos pocos companero , s1guto por Subachoque á la V ga de an Juan, y de allí á V illeta, á reunirse á la División de Oc idente; per en el camino supo la contramar­cha de ésta m tivada por la perdida de la Divi ión del Norte. El Coronel A;jona, secundado por los Comandante Muti y Canale , reunió cerca de 200 di p e rsos, que condujo á Villeta; el Coman­dante Díaz siguió el tnovimiento: con unos pocos compañeros permaneció en la Boca del l\1onte, y de allí marchó para la Vega, donde estuvo el 22 dando algunas órdenes para reunir los dispersos, y el 23 partió para Villeta. A este Jefe lo siguió el Comandante U crós, quien había quedado á retaguardia, y el Comandante en J efe, General Buitrago, fue el últim que llegó á Villeta. Cuando el Comandante Díaz llegó á Villeta el 23, se puso á las órdene del cnador y Comandante Arboleda, que rnandaba la columna de .... equendama, fuerte ya de 400 hombre~, y que ha­bía retrocedido de Chimbe al tener noticia del desastre de Zipa­quirá. El General Herrera destinó luégo á Díaz para que formara una columna con todos los di persos, dependiendo directamente del Poder Ejecutivo, mientras e reunía al General López., nombrado neral en Jefe del Ejercito del ur; el 24 tuvo ya á sus ordene Díaz como 8o h m bres, la mayor parte Jefes y oficiales de los dis­persos en Tíquiz.a. El eneral Herrera iguió el 24 para La Mesa por Bituima, en solicitud de los ener les López y Parí ; pero no habiendo po­dido verlo , re olvió continuar u marcha para el 'rolirna. El 27, en an Juan de Ri ec , reorganizó el Gobierno, nombrando Secre­tarios de Estado á lo señores Pa tor O pi na, de obierno y Ha­cien da, y Ramón Matcu , de uerra y Relaciones Exteriores . Allí upo tambien el General Herrera la llegada ieJ General fes­quera al paí ) lo n mbró e mandante eneral de todas las fuer­za del Istmo, de la ta Atlántica y Mornpós, delegándole todas la facultade ~ que podta delegar el Poder Ejecutivo, para que orga­nizar un ejercito, y en eguid e dirigi<> á Purilicacion á reu­nir e con el ,.cner 1 L ' p z. nte de partir envio a la Costa al t.ñ r Ju to Bri eñ , 01110 comi ionado, par que recogiera un em­prcsti to de " 1 01')))0:>, que e pe raba el Poder Ejecutivo de I ngla­terr , de 1 ~ c.u le debtan entregar e •· 20,000 a los señores Tria­na y C rredor, para que lo 11 varan al 7eneral 1-J errán, que estaba en k tados nido~, a fin de que é te lo empleara en arma ­mcnr , de acuerdo on la in trucci ne que se le comunicaron . Igualmente ordenó que los Goh rnaciore de la Co td, de acuerdo con el (Jcneral 1o quer , levantaran emprestito para atender á 1 s ga tos que dcmandab el re·t blecimiento del obicrno, y, por ultim , di pu o que el Comandante Ucrc>s recogiera en la Costa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLE:ME ·To- ERR DE 1 54 39 todo e l armamento que se pudier y lo IJe, ara á las provincias del orce. El 25 á la nueve de la mañana el Comandante General de Occidente, cí.or rboleda, comunicó al Comandante Diaz la no­ticia Je que se apro 'Ünaba t:1 enemisro, par~ JUC emprendiera la reti­rada juntamente con el, y s1 lo \erifico con sus 8o hombre , llegan­do todos á Gu~Juas á las 5 de la tard~ . La columna de Occidente se movió con lentitud, porque dcj~ba á reta uardi al Coronel Diago, que se retir:1ba de CAlimbe con 120 hombre', y era necesario n dejarlo abandonado, pero d1cha fuerza tambien llegó á uaduas la noche de ese mismo dta, y r.-::unida toda 1 fuerza, continuo u re­tirada para H nda el 26; el Comandante D1az llegó á e te lugar á la 10 de la noche, y el 'omandante general rboleda tomó po i­cione p ra pasar 1 no he, en trc Pe q u en s y La Bodegui ta. Cuando el General Parí upo en Corit lo uccdido en Tí­quiz. a, cornprendi<) que no poJta e ntinuar sus operaciones sin te­ner nuc\·o Jato de la ituacion: 1 infantería de que disponía e <'omponta en parte de los prisioneros hechos a l enemigo, y de la 3: Compañta dd llarallon número 5 .0 , que e con en,aba fiel por la vigilancia de u Capit .. n An elm< r nza. in embargo, el o­mandan e en ] efe di puso que la División estuviera li ta para mar-har bre Facatattva, en Ja m .. drugada del 22, i las noticias que esperaba recibir asJ lo acon cjaban, de oy<"'ndo la opinione que, en tale caso y en tropa de nucv reacion, urgen iempre, y acon jaban e ernprendier retirada sobre L .1V1e a, á donde, e­g• Jn informes recibid· s, se h b1a replegad l General López, aban don. ndo á Barrobl neo. }J General Pan , por "fa de precau ­ción, di pu o nronces que u Jefe de E tado lVlayor, Coronel Ar­jona, m nJar. reconocer I• acata ti\ .1 p~ r. ~ bcr si lo h bía ocupa­( h> el cncmio-o, para Jo cual e·te Jefe comí ion., al Comandante orrea, quien ervía como vo' untario en el Escuadron /lrdila, y el que ejecutó la ordL'n con prontitu 1, d ndo cuenta a u regreso de que d cnemig no habí ocupado la Vilh . • n on ecuencia y d · pue de na con fcrcnci. con lo Coronelc Arj na, Vargas Pa­rí y Ard:la, di pu el ' ner,\l Pan continuar la marcha el 22 a la~ cinc< y media de la 1 ail na, para prc tegcr; lo di pcr o de ·riq 1iz , y luégo r ·•plcgar e obre 1 Columr a dd Senador rbole­da, que .e supon! en r ligro por aquella part . Al ti•mp mi n'h.> de principiar la m1r ha, recibió parte el e­ncral Pan le que 1 • fucrz dL' 1 lo e taban llegando á Facara tJYa, lo ual le obligaba á retroceder: ( La l\1e a para reunirse on 1 d encr 1 Lópe ,, y en co. b'n ción con el llamar por el ur Ja atención clcl )ictador, }' Jl e e modo impedirle que abrier. opera- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 40 BOLETÍN ~HLITAR DE COLOMBIA ciones sobre Villeta y Guaduas, á donde e habían dirigido las po­cas fuerza salvada de Tíquiza, las que á esa fecha suponía estabaP ya reunidas á la División de Occidente, que mandaban el Coronel Diago, el Gobernador Viana y el Senador Arboleda, hallándose el último con la van&uardia, según la últimas noticias recibidas. En con ecuencia, el General Parí ofició á los Jefes de la División de Occidente, para que se replegaran hacia Honda y se situaran en una posición que pudieran defender, ó repasaran el Magdalena para defender á Honda, punto estratégico que debía sostenerse á todo trance; que el seguiría para La Mesa con el objeto indicado, y si allí no podía mantener su cuartel general, t mbien se replegaría igualmente á cubrir la línea del Magdalena por aquella vía, obran­do en combinación con ellos y con el General López. En seguida se puso en marcha por el camino del Chircal, á donde llegó el mismo 22. á las doce del día, y e cogió el campo para pasar la no­che. Mas como la c~.ballena del or nel Ardila no podía obrar con éxito en la montaña y tierras calientes, cuyo clima temen los ha­bitante- s de la Sabana, dispuso el General París que ese valiente Jefe quedara en la altiplanicie hostilizando al enemigo con guerri­llas, mi entra podía regresar la Di visión para abrir operaciones, y en ef("cto, el Coronel Ardila contramarchó de la Boca del Monte para entrar á la Sabana por la parte del Sur, con 200 hombres, pues su fuerza e había di minuldo en Ioo, que se le epararon, temien­do r:lo al enemigo, sino al clima, y que de nuevo podían incorporar­se á la guerrilla que estableciera el expresado Coronel. Con esta desmembraciün la columna del Coronel París se redujo á poco más de 400 hombre , casi todos de infantería, pues apenas quedó un corto numero de hombre montados que podían sufrir el clima ca1iente. Tambien ordenó allí el General París, que el Ca­pitán López marchara con la 3· • Compañía del Hatallon Un ion á ocupar el itio del Jfo picio, por donde podía &er cortada la colum­na, á fin de cubrir el movimiento proyectado, lo cual se ejecutó á la tres de la tarde. El 23 contiuuó el cneral París su marcha para La Mesa, dejand un destacamento de 30 jinete en el Chircal, á órdenes del ornandante Esturao, el cual debía funcionar como guerrilla en ese lugar, hasta nuevas órdenes. En el trán ito por La Monjas se le avi ó que el enemigo se acercaba á La Mesa; pero despues de examinar á van. s per onas conocedora del terreno, resolvió conti­nuar la r11archa por 1 vta que llevaba, y á las tre de la tarde en­tró á La iesa. Empero, no pudiendo mantenerse en esta poblacion, pue· el General Lopez y •. e h. bí retirado en dirección al E ·pinal, se­gun parte recibido, el 7encral Parí decidió cguir a cubrir la linea del Magdalena, tomando algunas di po icione previas: hi:~.o de ·armar la ter era Compañía del Unión, porque lo voluntario que la componían tampoco podtan hacer campaña en climas ardien- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. S PLE lE.~. TO- UERR DE 1854 41 tes, á fin de que se retiraran á s us casas; y mando que el resto de la caballería tambien volvic e á la abana, á órdenes del Coronel Ardila. La marcha continuó el 24, quedando reducida la Columna al Batallón BDgDtá, la tercera Compañía del Batallón 5. 0 de línea, y la tercera Compañía del Batallon Unión, esta á órdenes del señor . Camacho Roldán : la fuerza total apena ascend1a á poco más de 250 hombre , pues la primera ompañía del Unión había segui­do con el eneral López.. La Columna hizo alto e11 Juntas de Apulo, donde tomó posiciones para defenderse, si, como se asegu­raba por mucho , era atacada en u retirada . Los vecino de Tocaima rogaron al General París se retirara de Juntas, pero 1 no qui o seguir la marcha por la noche, y el 25 fue á dormir á Casa - ieja (hoy J eru alén). A u pas por 'o­caima, supo '-lue los oficiales y trop de Melo, que estaban prc o en aquella ciudad, habían ido puestos en libertad por orden dd General Lopez, para no tener que at nder á la custodia de prisio­nero que eran perjudiciale en aqudla circunstancia entre lo constitucionales, tanto m á , cuanto que en la Columna que él lleva­ba había hombres de poca confianza y temía una reacción . El 26 siguió para Guataquí, y en el trán ito tuvo noticia de que el Ge­neral Herrera había . eguido para !bague, por lo cual, dejando el mando de la fuerza al Coronel Arjona, e adelantó para ir á re i-ir la órdene del Gobt rno . El 27 se incorporo á la olumna, en GuataquJ (puerto obre el 1\llagdalena), la ompañía d 1 Unión que habza seguido de de La Mesa on el Teneral L 'pez. 1 Coronel Arjona recibió esa noche avi o de que el enemigo había ocupado á La lesa y por ende á la Provincia de Tequendama, y e table­ció regularmente cJ espionaje para conocer su operaciones . Por lo que hace al eneraJ l.ópez, cuando avanzando de de La Me a llego á Barroblanco, como no encontró allí al eneraL Pans, en la esperanza de akanz· rlo en la Hacienda de la Herre­ra, se adelantó e n u Ayudante h a ta muy cerca de e te punto, de eo o de acordar con dicho jefe las peraci nes \...Onvenienres, dejando ntre t:into encargado de )a Columna al Coronel Gonza­lcz. Fuele imposible ale nzarlo, , habiendo sabido el 2 I lo ocurri ­do en Zipaquirá y 1quiza regreso el 22 á poner e al frente de la fuer¿a, ~n la u l había alguno oft i le de dudosa lealtad, y que, en efecto, se pa ar n de puc al ·nemigo. Reunido con u tropa, y no sabiendo que ruta habí tomado el General P n , puc estaba interceptada la comunicacion por algunas partid s enemigas, re oh io retr lCcder hacia a l\~le a en l mejor orden posible, como lo hiz.o en efecto: de can ó en ena par que co­miera la tropa, y n la tarde JI go á la Villa y e brio convenien­temente las vía de Tena ' Zipacon . 1 23 tornó el General á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4:2 BOLE'fÍN MILITAR DE OOLOu1B1A avanzar hasta Tena, con algunos compañeros, para informarse mejor de los sucesos, enviar una guerrilla á Canoas para que molestara al enemigo y lo tuviera al corriente de lo que pasaba, y averiguar por la suerte de la Columna del General París, pues se le decía que de Bojacá había eguido á Facatativá. Por la tarde llegó á ena el Coronel Pineda, quien había estad con el G..:..neral Parí , le refirió todo lo ocurrido en el Norte y lo resuelto por aquel jefe, que e peraba estar en La Mesa al siguiente día . En la noche del 23 ordenó el General López continuara la retirada hacia la Pro inda de Neiva, por la vía del paso de Flan­des (Girardot), lo que se ejecutó en d mayor orden. En el Guamo encontró al Gobernador de Popayán, quien venía en su busca, y siguió con él á Purificación, á aguardar al General Herrera para acordar con el Gobierno d plan de operaciones, y por indicación suya, se desarmó la Columna con que había estado obrando, después de hacer contramarchar la Compañía del Unión para Ambalema y dejar al eneral París la 3 ·· del Batallón número 5 .0 La campaña del Norte(*) estaba concluída; pero conviene ha­cer aquf el relato de los demás acontecimientos que con ella se rela­cicmaron hasta la instalación del Gobierno en Ibague, y el acuerdo de un plan general de operaciones en todo el paí contra la Dicta­dura, comenzando por lo que pudiera llamarse la retaguardia del General E ranco. Cuando recibieron la noticia de la rebelión del 17 de Abril, las Provincias ituadas del otro lado del Chicamocha, sus Gober­nadores obrar n e n el mi mo sentimiento patriotico que los de Velez, Socorro y Tundama y los habit-antes de Tunja. Formóse en Santander una olumna de cien guardias nacionale para que, á las órdenes del Coronel .1\llelchor Corena y el Comandante 1\1.en­doza, fuese en auxilio de las demá y en apoyo del Gobierno legíti­mo constituído por el Decrct de 21 de Abril, expedido en Cho­contá. La Provincia de Pamplona había hecho otro tanto; la de Garc1a Ro ira e unio á Jos defensores de la Con ticución, y la de Soto levantó alguna fuerza, y por el So 'Orro la envió á unirse al :Ejercito def orte. La Columna de antander, reforzada por la de oto y de Pamplona, e engro aba cada día en el trán ito con 1~ oluntarios legitimistas. El cneral Herrera llamó al Cor nel Corena para que, á marchas forzadas, pa ara al Cuartel general á encargar e tlel mando de una C 1umna, orden que dicho Jefe r cibió en Hato Jurado (al pie dd Allnorzatlero), y dejando el mando de la fucrz,a al Coman­dante Mentloza, e dirigió á Chocontá, acompañado por el Tenien­te Materón. Al llegar á esta poblacion ya el Ejército . e había movido obre Zipaquirá, el 1gui6 el movimiento, y el 22, en el V o- • orrect<~mcntc e~ta c::amp:tñ clebi r. llamara rfel Centro, pue to que sus princi-p: tle episoclios se tle ;urolla;on en la Sab. n t, y !IÍ por el orte abnrcó hast~ Ctícuta, por 1 Sur lo hi.t:o h sta Pop:tyan-L. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SUPLEM.E TO-GUERR.A DE 1854 43 lador de Nemocón, supo la derrota de Tíquiza, por lo cual contramar­chó, y desde Chocontá, por po ta, ordenó al Comandante Mendoza redoblara su marcha, y sigui o en solicitud de la Columna, encontrán­dola á poco en Hatoviejo, fuerte ya de 217 hombres. Considerando entonces que el enemigo ten1a empeñadas toda sus tropas en la persecucion de los dispersos del General Franco, y de las columnas del Sur y Occidente, resolvió seguir h asta la capital con el doble ob­jeto de llamar la atención de Melo por e a parte y su pender aquella persecución, y de sorprender la ciudad si el enemigo la había de­jado mal guarnecida. La operación era arriesgada y atrevida, pero los oficiales y sol­dados deJa Columna ofrecieron al Coronel Corena secundar su idea para salvar á sus compañero de armas, aun á costa de sus idas . El 27 de Mayo, al amanecer, estuvo la fuerza en U saquen (á dos lC"­guas al Norte de Bogotá) y á las cuatro recibió aviso de que los mclistas habfan enviado contra él 400 veteranos al mando del Jefe Barriga. Corena se mo ió entonces hacia el páramo para tomar posiciones donde recibir al enemigo, pues á sus 217 hombre!: so­braba el entusia mo, aun cuando no taban muy bien armados . El 28 á las ~cis de la mariana se encontraron las dos fuerzas (en el alto de la Calera), y en un combate corto pero fuerte Corena derrotó á Barriga, apresándole cuatro oficiales y diez y seis soldados. Corena dio de almorzar á los prisioneros y los pu o en libertad, y en seguida, el mismo día 28, se trasladó á la casa ce la Calera (Apo­sentos), donde dejó desean ar la tropa, que fue reforzada con un piquete de caballería que mandaba el señor Benito. Este alto de un día entero, si bien prueba la serenidad del jefe y de los v-alientes que lo acompa.O. ban, no fue prudente, porque ya e decía que el ene­migo, reforzado, vol ía . obre lo legitimi tas, y era natural que lo prisioneros puesto tn libertad, hubieran informado á los melistas de cu.ín pequeña era 1 fuerza que tenían al frente . En efecto, el 30 fue atacado el Coronel C or na por 6oo hombres bien armados, al mando del Mayor Giron: ~ 1 combate duró desde las sei de la ma­ñana hasta las seis de la tarde . Los die tori les, que querían tomar la ca . a á viva fucu,a, pcrJi~.:ron So hombre, que contó Mr . Ray­mond, france de nacimiento, que fue á informarse de lo que uce­día por orden del Vicepre idcnte s~.:ñor Obaldía; y á la ciudad, en carretas, entraron muchos heridos. Los con titucionalcs perdieron 5 hombres y 3 heridos . A pesar de emejante resultado, los rebeldes publicaron boletw de e ta acción como si hubiera sido un gt·an triunfo, y, cxager ndo la fuerza de orena á 500 hombre y rebajan­do la suya a 340, solo confesaron 7 muerto · y 14 heridos . El piquete de caballena, que quedaba expuesto fuera de la ca a, tenfa que perder u caball · ó retirar e del lugar del com­bate, como lo hiL-o, y el Coronel r na, dc>pues de haber com­batido todo el d1a en la ca a de Aposentos, al amparo de las som­bras de la noche, se retiró por la ví de Guatavita, á donJe 11 gó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 44 BOLETÍN HLITAR DE COLOMBIA el 31 á las dos de la tarde: la pequeña fuerza legitimista se des­alentó con la retirada, y muchos se dispersaron, de los que algu­nos cayeron con sus armas en pode~ del en:migo : los m~lis_tas dijeron eran 90 zambos venezolanos o cucutenos ; falsedad mstg­nificante, pues sólo habfa entre ellos unos 2 ó 3 venezolanos avecindados en Cúcuta. Perseguidos los legitimistas por una Columna de I,soo hom­breg, mandados por GircSn y Castro, comprendieron que su seguri­dad estaba en marchar aislados, y así lo ejecutaron, quedando u ni­can. ente reunidos con el Coronel Corena, 18 jefe y oficiales y 21 individuos de tropa: esta pequeña partida, despues. de comer en Guatavita, siguió su mar ha por la vía de Chaleche, á donde llegó el 1.0 de Junio, y en su alcance el dictatorial Rodríguez, que ata­có bruscamente á un puñado de hombre que ofrecían rendirse con - garc1ntías. El insolente Rodríguez quis lancear á Corena, que esperaba un arreglo con la espada á un lado: el jefe desvió ellanzaso con una mano, y los . onstitucionales irritados rompieron el fuego, cayendo Rodríguez m rtalmente herido, y prisionero Valerio !v1o­rales, que iba como Capitán de caballería, al que pu o en liber­tad el Coronel Corena, ofreciendo rendirse con garantías ó morir peleando con ese grupo de alientes, resueltos á obrar como su jefe. Lino arcía e ·cribió á C rena un biJlete con lápiz, ofrecién­dole lo que pedía para su compañeros, pue para el, dijo el jefe legitimista, nada q ucría. Entraron los dictatoriales al bosque, e hicieron alto en la casa en que se encontraban los rendido me­diante un pacto. El Coronel Castro (meli ta) intimó á Corena que entregara la espada, y declaró que 1 ofrecido por Lino Gar­cía no tenía valor por cuanto carecía de facultades para hacerJo; y como el Coronel Carena se negase á entregarla, mandó avanzar cuatro oldados para que lo fusilaran, acto e candaloso tratándose de un hombre rendido mediante una p;ome a solemne, que fue e torbado por Gregorio Elorga : todos lo · pr·eso fueron conduci­do á la capital, y el Coronel Corena, de allí a Facatativá n don­de permaneció de de el 6 de ] unio hasta el 8 de Septiembre, que pudo e caparse para ir á unirse al ejercito del Sur en La l\.lesa. Sus compañeros tambien e es aparon uno tra otro, y entre ellos figuraban lo Comandantes Mendoza y Olarte, Leonardo Canal y Ant nio Valencia. Los 2 I soldados fueron con le nado á et vir en la filas meli r.t , menos Antonio illamizar, que se e capó con mucha habilidad, y de quien luego habrá que hacer e pecial menc1ón. Dicho qued6 atrá (página 25), q1tc el Gobernador de Pop - yán había resuelto seguir al ·rolima en persona, despue de que estallo la rebelion en aquella ciud d, en bu ca cld General López, á quien ~levaba un B.a.~a.ll<>? co~1 J regultr p rquc y darle avi o al mismo ttempo de la dthctl ttuacton del Sur. Al llegar á La Plata, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. UPLE)I ,~.""TO- UERR DE 1854 el eñor Cespedes, yerno del General Obando, se atrevió á recon­venido en pre~encia de Jos oficiale~ del Cuerpo, por un oficio diri­gido desde antes c4cl mottn del 17 de Abril, al Gobernador de ei­va, para advertirle " este que de La Plata y Carnicena , se dirigían cotnisionados cara terizado ct:rca del indio Guainás (Jefe de los in dí gen s de Tierra dentro), hecho Coronel de uardia Itacional, con e::I objeto de tr stornar allí el orden público. Esa reconvención, que indicaba dema iado, fue pue ta en conocimiento de las autori­dades sin resultado, y al mi tno tiempo la seducción de los melistas sobre el Batallón Popa)'án, dio por re ultado que no pocos oldados desertaran, y lo habrían hecho todos si el Gobernador OEijano no sigue inrnediataanente con el resto para Neiva, y de aJlí para Puri­ficación . El Gobernador de Teiva, que compr ndió la necesidad de te movirniento dio á su colega todos los auxilios necesarios par que lo llevara á cabo. Las noticias que se tenían en eiva, eran la de que el General López había llegado á Barroblanco con 1 fuerza que llevaba en apoyo del Gobierno legítimo, y por lo mi mo, el Gobernador de · eiva creyó conveniente que el de Po­payán apre urara ~u mt~rcha, tanto para auxiliar á dicho General con la fuerza que el último llevaba, corno para acordar con el Eje­cutivo el modo de salvar la Provincias del ur . Al lleg r el obernador Qyijano á Punficación, encontró alan 1ado al pueblo por la perdida de la División del orte, pues s ... a egural> que todo los Jefes habían pere id en la cor tienda . E 1 eñor ~ijano, para cerciorar e de lo hecho , re ol ió s<:guir en hu ca de cualquier Jefe, y bajó en bal a el Magdalena ha ta P ·ñalisa, donde upo la verdad de l ocurrido, y que el Gen<:ral López había repasado el no por Fland , por lo cual continuó en u bu:>ca para rettntr ele con los poco elementos ue traía de de La PI ta. Lo alcanzc> en 1 .~>pinal y le informó de lo ucedido en el ur, manifc tandole, además, la grande inRuencia que su pre­sencia tendrí en e a comarca para organizar un ejercito capaz de obrar c
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 93

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 90

Por: | Fecha: 11/03/1899

No III Bogotá Marzo I 1 de I 899 NUM. 90 --~·---- ORG :ro DEL MJ 1 TEHIO DE El A Y DEL EJERCIT ___ ,. . .,_ __ _ DJRT.CTOR. AD-HO OR!:M~ FRAtiCISGO J. VERGARA y V. Coronol, Miembro de la Socieda d Colombia na de Ingenie ros ~22~2 - ~ ~9 ~2 ~2 9~2~~ - ~ ~~ ~~~ ~~ ~2~~?~~222~~99~~~~~2~~~ ~ ~ Son colaboradores natos de este peri6dico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la República c~~~~~ o~~~~ ~~~~o~~ob~~ ~~6~~ ~ ~~6~o~~6G~~~~~~~~ob~~~~~~ ~~ ~~~~n OFICIAL ··· - - R~públtca de Colombia - Minist,:rio de Guerra- Numero 76 - B/)­gota, 24 d11 Febrero de I 899. eñor General Comanrlante en Jefe del .Ejército. erv1o disponer, con re pecto á la instrucci ... n civil de 1 Cuerpos acantonados en e ta ciud d, que las da es superiore •que e den en todo ellos e ten unicamentc á carg del oronel In tructor; y que n e retirada la tr pa de la in·trucción du­ ·rantc la hora de clase , mientras el re pectivo Instructor no haya ·terminado cada un de dicha da e;. y vuestro atento · ervidor, JORGE HOLGUIN POR EL E OR GOBERN. DOR DE ROLIV.\R E , ' LOS PARQUES DE CARTACE A Ln la ciudad de Cartagena, a lo t r c ~ dí~s del mes de Febre­. r Ut; 1 99, pre en te el seilor G-obe rn a dor dd 1 >t:partamen l con el objeto de practicnr la visita de que trata el artículo 1 q del Decr t númer 307. de 1897, reglamentario de lo PArque, se procedio ~ la confrornaci ón dt: 1 e ·i ten' ia d<.:l Parq u ·on vi ta dd e u - .dro anterior, h.-llándo e todo dt: conforrnid d. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 98 BOLETÍN MILITAB El señor Gobernador visó los documentos que componen la cuenta del mes de Enero próximo pasado, á que se refiere la men­cionada visita. Para constancia firman la presente diligencia El Gobernador del Departamento, JuAN V. AYCARDI-E Guarda-parque, José L. Cabo. ---··---- SECCI N DOCTBIN AL No es nuestro ánimo tratar detenidamente de los anteceden­tes, desarrollo y consecuencias de un hecho bien conocido en n ues­tra historia: la defección del Batallón Numancia de las filas realis­tas para pasarse á Jvs patriotas en la epoca en que San Martín guerreaba en el Perú; y mucho menos narrar con todos sus deta­lles el célebre episodio de Chancay, transformado de ordinario por los escritores, de tal suerte, que hasta nos pintan á ]os realistas ba­tiendo medallas en honor de los héroes republicanos. Oueremos ola mente hablar de la marcha más admirable que con~emos e.n los fa tos militares del mundo, ejecutada por soldados de Venezue­la y de Colombia. Esta marcha prodigiosa, casi ha pasado inadvertida para Jo historiadores: O'Leary no la menciona en sus Memorias; B ulnes. tampoco la conoce; Restrepo en su Historia se limita á )as siguien­tes línea : "Reunido marcha el Batallón á recibir órdenes de San Martín, prestando á éste un auxilio muy oportuno'; Mitre, tan cuidadoso de ordinario, escribe: '' ~t:n su movimiento de retroceso,. ·valde dejó como á 10 kilómetros á retaguardia el BataJlón Nu­manc. ia, el que aprovechando la ocasión, dio el grito de insurrec­ciuu e la noche del 2 (Diciembre de 1820), e Incorporóse al df iguiente al ejercito patriota, ofreciendo á la causa de la Inde~n denci.a americana un contingente de 650 bayonetas," y esto apo­yado en las memorias de Cambo y de Al varado. l:.n la hoja de servicios de Heres se lee: ce lo cual (el pase de u JUJn,·ia) ejecutó haciendolo caminar 24 leguas en un día, desde el rapi he viejo á la hacienda de Palpo, y de e ta á Retes, donde e unió á las tropas dd General R. Alvarado, dd ejercito Je a ' artín, co.1 tod el personal y material d .:!l batallón.' Y 24 le~lla españolas en 24 horas de marcha, una colt mna d ; o:> hombre , si n dejar un re¿agatl , a l través de ardientt> arenal e., e hecho que no tiene par, in duda alguna, y revela una resi tencia tal en una tropa, que de de luego le da derecho á que f' la califique de la primera infantería del mundo, si á esa cualidad se reúne como Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍ~ ULf;. AH 99 en el Numanúa, la del valor llevado á sus últimos límites en el combate. Las marchas que citan Jos tratadistas como el colmo de las marchas forzadas, on: el ejército ü ancés en su avance sobre Piasen­cía, en 1796, caminó 64 kilómetros en 36 hora ; la Di vi ion de u­gereau, en el mismo año, 104 kilómetro en igual tiempo; en 1 8os, lo granaderos de udinot, 6o kilómetros en un dta; el cuerpo de Jack on, en la guerra de Sece ión, 72 kilómetro en 36 horas; el 1 r cuerpo oru iano en Agosto de 1870, recorrio 38i kilómetro en un d1a; el IX cuerpo del mí mo ejercito, en Diciembre de e e año, 82 kilometro en 36 horas. Ahora bien: el Numancia caminó ~~o­venta)' uis l.:ilomt'tros en vei11ticuatro horas! Las tropa extranjeras citada realizaron e o movimientos llamados admirables, tomándose tiempo para descansar y comer, en tanto que la nué tra sostuvo la marcha picada por la caballería enemiga, sin un momento de re­poso, en 24 hora · e decir, á má de 6o metro por mi;nrto. De Bogotá á uaduas, á pie en un dta, sería ya una hazaña homérica y t:so que no se cuentan sino 85 kilómetros de camino. Verdad que la preparación de e~e cuerpo, \' eterano cual nin­guno, fue digna de tan estupenda prueba. Formóse e] Nunumcia en Barinas (Venezuela), en 1815, principalmente con americanos condenados al ervicio por patriotas, y había hecho en aquellas regiones diversas campañ~s cuando arribó á tierra firme la expe­dición de Morillo, quien informó al rey la disciplina y buen esta­do del cuerpo, por Jo cual el monarca dispuso pasara al Perú en reemplazo de las trvpas españolas que el Jefe penin ular detuvo para hacer la guerra en Margarita. Empero, antes cie que viniera tal orden Morillo había resuelto enviarlo á Santafe, por Casanare, plan que se modificó luego, por lo que el cuerpo retrogradó hacia Pamplona para eguir por la cordillera á la capital, á donde 1legó ' los ocho me e de campaña . De Bogotá pa ó luégo á Popayán, y guarnecía c50ta ciudad cuando e le mandó seguir á Lima por tie­rra: cl6 de Febrero de 1819 emprendio el viaje, y haciendo marchas continuas y peno as, llego á Lima 1 6 de Julio del mismo año. La ruta de este movimiento fue por uito, Cuenca, Loja y Trujillo; en Guayabamba pa o la línea equinoccial, y de de Riobamba tomó la a pen ima cordillera, que no dejó ino en Piu­ra, ya población del Peru. i\tiá~ fácil y corta habna ido la marcha por Guayaquil, 1o que no se hi¿o por estar entonces inundad la comarca, · aunqut: n da e habrh. perdido on demorarla unos dta, mientr bajab n la agua , !'e re ohiú 1() q ac: queda dicho, ''porque en la política del gt .. bierno e p ñol e taba de truír una tropa que p 1· u bra,·ura, u Jisciplin., y su cn!dit en todo Costafirmc, d ría •·ce - 1 o conrinu , componiéndo e corno <.: componí:t de amt:ricano (1) { 1) San Ma.rlm tlijo í Hcrcs en oficio del día 4 t~ntr · otr:t. cosas : " Yo sé que el nemigo ha su riüo una pérctiua irrcpar:tbl·, porque los bravo de Numtmcia no encon­trarán mucho rivale en su ejército .• • . Por tau grandes motivos, felicito : U. S. con todo el interés que ·oy cnpaz de senlir, cuanclo contemplo el destino de la Ammórica y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lOO BOLE'.l'ÍN M.lLI'l'.d.R ó porque en el orgu11o de Morillo le dictaba er el primero que ha­cía ejecutar tal marcha." Desde l3arina á Lima cuentan dnco mil kilom ·Jros, p~r el ununuia recorrio otro mil má con sus marcha y e ntramarcha en diver o sentido:>, recorrio todos los c1ima y terreno imaginables, en un palabra, cuanto puede ima­ginarse de malo y dif1ciJ, á pi~, y sólo perdio 100 hombre en e a omérica y in igual con-ería. Es el primer batallón que en los iempo moderno ha hecho esa marcha y ce probablemente será el último que la haga, porque su hazañ~ hizo conocer como intransi­tables para un ejér ito esos camino , que ólo cuand se quiera ha­e r mo.·ir hon,bres se deben mandar que los transiten, ó bien cuan­do se trata de aquéllo que, conociendo el sacrificio que han de hacer, con ien tan en pa 'arlos. , Y el Numancia al pasarse á los patriotas llegó desnudo y .descalzo, porque hacía un mes que formaba la vanguardia del ejér­cito español en operaciones y había dejado en Lima todo su equipo y \'estuario r En la madrugada del 2 de Diciembre se sublevó el Numan­cia, aseguró el Jefe y los O !iciales e paño les, y en el acto em­prendió la marcha prodigiosa, penosa por el clima y el terreno que travesó, larga y expuesta, porque la caballería realista, informada : ronto de Jo sucedido, se puso en persecución del batallón, que, n 24 horas, tuvo que ce marchar in comer, beber, dormir, ni de - .... an ar, y tomando posición y medidas para defenderse,' y el 3 á la una de la tarde entraba á la hacienda de Retes donde estaba la -vano-uardia patriota. ce Es fal o que el E~cuadrón de Granaderos á caballo (patriota) hubiera protegido el movimiento del Numan­t.: ia como 1 dice ~an iartín . ... E todo tan falso lo que dice an 'larttn, que cuand me reuní á Alvarado, me recibió con 8oo hombres en ala y prontos á combatir; y en esta formación archar n conmigo mucho trecho" (Here ). !varado cre1a en una celad de lo e paño le . T aturalmente á Rete la tropa ce llegó , n tal c:;tado Je fatiga que Jos oldados no podían tnoverse de un lugar,' Conforme a la situacion re pectiva la fuerza que e pre-entó á !varado ascendta á 2 5 ficiales y 671 i ndi \ itluos de .. tr pa. ¡ Lá tin1a, y grande, que no haya llegado"' nuc tras manos una elación circunstanciada, hora por hora, crita por alguno de lo actores del mayor t: ' fu r¿O fí ico hecho or un Batallón, que re­gí tran lo analc de la guerra 1 El dí 4, tan luego como San iartín recibio en Supe cJ avi o de lo ucedid , 11 mó al 'umnn­cin ce Fiel á la Patri " · lo declaro el m á an ti o-u o en el jérci to ,ibertador del Pcru, rec nociéndolP., • dem.t , e u cará tt::r de co-b tra5C«:n tlenda que · e l u ·ne e t • s u.:es · ; y á Bolí,·. r en nota del 2.6 de 1 rz anifc tó que al a 1 ir l. :amp - p m Jibcrta r al Perú "enum ·ré entre mi princip les re unos 1 s r.ll clcl br v > L-. tallón .1 Tumrmr.in~ que el Virrey ele Lima e tim. ba eomo n ele la primeras column:ts de s 1 c}.: rcito." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 10 . lombiano, y le confió, para toda la guerra, la única bandera que usaba aquel Ejército. ¿ No con endría perpetuar esta gloriosa tra­dición, dando á uno de nuestro Batallones el nombre de Numan­cia, ya que en otro recordamos la bravura del e pañol Vaiencey? --···-- (Conclusión) La acritud en los boletine y la publicación en periodicos serios de Jo contratos celebrados por los beligerantes, para adqu!­rir arma , municione , estuario, equipo, menaje, mulas, ca a1los,. ganados, "tverc~, etc., como olemne protesta del despilfarro ; lo neutrale r pre~entando aventuras quijote · as, pero más amarga que la de Tantalo ; lo tnontañeses con lo rezagados de lo ejer­citos, pescando in an?uelo; Jos hombres que ayer no más se dis­tingu• n por u buenas condicione , excelente carácter, entusia:;­tas por la libertad individual y Ja pro peridad, de firmes propósit para ayudar en la paz al eograndecimiento de la patria, vueltos rudo con la vida de: e cenitas y de cosos de que la lucha e pro­longue, como me-dio eficaz para hacer fortuna ; los desertore , en u vergon7osa fuga, violando en pueblos i ndefen os el hogar sa­grado; la contribuciones para gratificar á lo vencedores y en­ciclos, que son en Colo m hia el c.< sálvese quien pueda," apagando en hombres orgullosos el e píritu y haciéndoles perder la dignidad, pue to que, di culpándose, piden perdón como esca o f.'lvor. El caudillo, embriagado con el humo de u vi toria~, en marcha triunfal, hiere con la punta de u espada á tcdo el que e le opone al pa o, y á la vez promulga, entre cortinas de carmesí, la folicidtui de su patria, que el mi mo convirti "' en escombr s, trayendo! por toda gloria, no la cruz del altar divino, sino el llambre y la mi eria, y re ibicndo, á pesar de todo, las coronas de laurel que m trona ilustres y damas distinguidas le di ciernen, á la par de Jo presidiario , que elevado por la guerra á la categona de buenos ciudadano , reciben tambien de znano blanca la escarapela, com divi a de l1onor y título que los rescata de l s panópticos . Pero no es esto todo: apenas hubo de terminar e la lucha (v lláme e como e quiera el vencedor), u escalafon militar apa­rece con tal número de Generales, Jefe y ficiale , que e cede al de lo individuo de tropa que pa aron li ta en el campamento, y como para e e tiempo lgún grup de lo que nada hicieron re­sulta tÜ ht roicns virtudu militorrs, tle grandes y podt•rouls injlunz­cias, y tJt./,crscles á éstos, por su vasta in truccion d~ cflmpt~iía y co­nocimient profundos n1 In tácticc- t•xpt·rinuntal, 1 victoria ob­tenidas, re ulta q u~ lo uno e ponen bravo porque n lo hacen Pre idente , Mini tro de E tado, miembro de lo Con ejo legL ut L Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 102 BOLETÍN MILITAR lativos, empleados diplomáticos ó consulares, y las otros destruyen lo que ello dicen haber ayudado á con eguir. Y como al vence­dor no le es fácil en la paz colocar á tántos que formaron en la guerra, y mucho menos á estos Napoleones, capaces de emprender expediciones, sin peligro d~ que llam'ls M1scovitas los detengan, de ahí viene tal de composición, que no pueden entenderse jamás, abrigan de nuevo bárbaros deseo , y convirtiendose resueltamente en poderosos antagoni tas del Gobierno ó del caudillo revolucio­nario, según el caso, dan origen á multitud de intriga , que per­judican en las regiones oficiales la marcha progresiva del paí , les viene el desprestigio, y no pudiendo sostenerse á la altura á que por ca ualidad los elevó la guerra, pterden el equilibrio y se caen de la eminencia, llevándose de calle reputaciones que tratan de debilitar, sembrando odios profundos entre los más distinguidos Jefes, y forjando extravagantes teorías para justificar la imbecili­dad de sus cómplices; acaban hasta con las más triviales nocio­nes del patriotismo. ¡ Líbrenos Dios de tales hombres, que son más funestos que la guerra que someramente hemos deta1lado! 1 I QueJarnos mudos, con la cara apoyada en las mano , cual otra Magdalena arrepentida, sin trabajar por el afianzamiento de la paz que nos trae obligaciones, pero también derechos y garan­tías, por estar de por medio los que llamándose amigos del Go­bierno por una parte, blasonan por lo bajo y con reserva el nom­bre de los próxi .nos caudillos revol\Jcionario , para aprovecharse de tan propicia oca ión y celebrar por patriotismo contratos de vestuarios y equipos para el ejercito-de las zalamena de los que, creyendose candidatos para recolectar empre titos, se aseme­ian á la sierpe que no muerde al padre para matar al hijo--de los aficionados á ervi r destinos en las carnicena~ oficiales -de los acuciosos en llevar la alta y baja de las caballenas - de los fabri­cantes de e pediente por aju tamiento militare de batallones que no han e .i tdo in o en cartulina-y por otra, de lo que recorren las poblacione en olicitud d e dinero para comprar armas y organi­zar cuerp de V'Jiuntarios que solo figuran en la cabeza del esta­fador e la astucia Jel intrigante y adulador, que para repre en­tar su pap 1, entra aga1.apado cotno vil e · p1a p )f cu. lquiera puerta, y á la sombra de lo ejercí tos se liga con lo entregados á desor­ganizado pillaje- de los que alrgan al vencedor como meritos, ervicios, r. tiga y sufritniento ) u estadía permanente en las esquina r tiendas de las plazas públicas, siendo voceros de la calumnia y de la mentira, etc., sena renegar de la patria y hasta de la vergü e nza- ve tir con pluma de paloma al tigre que nos asecha-besar la mano que nos abofetea apurar en copa de ..oro la cicuta que hundió en la fo a al fil6sofo atenien e -sonreír Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR 10 - nte el verdugo que con pulso firme y mano diestra pica la ma­no al gallar:lo Cordobes para regocijarse despué en la agonías de u muerte- acariciar al buitre que roe la entraña de Prome­' teo encadenado, y olvidar en un iu tante la dolorosa y larga e pe­rienda que el caudillaje nos ha dejado, cuando con rapidez mara-illo_ a y p12rn hacernos filices ha o scurecido con el humo de la ólvora el cielo de la Patria. Tocale al sacerdocio, en primer lugar, prevenir con hidalguía las calamid~des de la guerra, convocando á hora determinada á us feligreses para predicarle de de la cátedra agrad~ la verdad evan­gélk. a, que e la voz de Dio , que imprime esperanza , que es sólo consuelo y Jnagnificencia, radiante luz para descubrir la verdad y amar al prójimo en ez de acuchillarlo en matanzas fratricidas, que no on el mandato divino. El orador que suavemente logra ser el mediador entre el cho­que de caracteres y ·opiniones distintas, y por persuasión llega al corazón de los energúmenos y le hace de istir de us plan e revo­lucionarios, en realidad de verdad que ha obtenido para el pobre pueblo el mayor de lo beneficio , para esa raza de mártires, que sin careta, ca co romano ni tejido de acero en el pecho, pelea in­, con ciente, defendiendo una bandera que no conoce, pero que sí , arranca Ja victoria al enemigo y e ac-rifica como león, obedecien­o un bárbaro mandato. A la mujer, nombre santo y ublime que ejerce en el mundo :podero a influencia y que es grada conducente á la grandeza hu­mana, tócale investigar con petseverante solicitud, en dónde está la cabeza de la erpiente revolucionaria para adormecerla y hacer­la deponer de u fiereza hasta apagar u ira - puede conciliar l ánimo en Jo partido · político · , con la facilidad que el alvaje aman a las culebras con lo sonido dulce de u flauta ;' por \ir-ud y habilidad descomponer lo plane de una in urrección arma­da y c ombatirla, adquiriendo mcritos y renombre entre la herol­nas de la hurnanid~d é inmortalizandose, como la madre y e po-a de Coriolano, quien teniendo ca i ocupada militarment"' la ciudad de Roma, ha to el mandato agrado de la que lo acaricio l' ntimamPnte en el pecho y de u amable compañera, para ~nvai­nar u e pada, ocultar u ca co guerrero y abandonar el campo. i­gan la colombi na ' e te noble y ublime jemplo y no habremos lvado. al Gobierno que, corno Repre ~ntante del Poder Legi la­ivo de la Nacion le ha ta olo cumplir la Con titucion, que e el ibro e oro de la Rcpublica', y la ley e crita, para alvar el orden y el poder adquirido por la voluntad de lo pueblo , robu teciendo el sentimiento de la paz que nos ha ofrecido la República cris­~ ian ue hemos o tenido en la e fera de nue tra fuerzas, con ma­yor mpeño, ·de de que en Santa Ro a de Oso > el4 de Mar¿o de 1879, oímos la de carga que tan cobardemente y de la manera m a "gnominiosa, asesinó al gallardo e inculpable joven Mc-Ewen, á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 104: BOLETÍN MILITAR quien no pudimos salvar del patíbulo en aquel funesto día, porque los que rodeaban al Jefe del Gobierno ?ntioqueño entonces, le pe­dían ese sacrificio, no por adhe ión á su causa vencedora el día anterior en Oro bajo, sino porque les era preciso, en aqueJla época de lujo y corrupción, castigar la dignidad del que los esperó en plena plaza, con el bastón de la autoridad en la mano, para que así re altara más el valor de la víctima y la cobardía del verdugo, que exclamaba como Breno, el feroz galo: ¡Ay de los vencidos! Noble misión la del Ejército: consagrar u in trucción y dis­ciplina al ostenimiento del Gobierno legítimamente constituído en el paí , y someter, en caso necesario, á los perturbadore del orden ocia!. RICARDO ACEBEDO Bogotá, Febrero de 1899 . . ...... eis año de iatigas y de peligros señaJaban la guerra soste­nida por !a heroica nacion española contra Napoleón Bonaparte, uando la a1da de e te usurpador devolvió al fin su libertad á E~ paila. Entonces me tra ladé á las orillas del Garona, en las pla­yas de Cadiz de pu s d 01 r, de boca misma de u Majestad,. los deseos que manifestó por la pacificación de la cornarcas ame­ricanas, comi ion cuyo mando se dignó confiarme, a pesar de mi reiterada excusas y de mi tenaz resistencia. i lientras que el ejt!rcito victorioso, que con tánta gloria ha­bía contri bu ído al restablecimiento de la paz en Europa, volvía á su patria á gozar de su triunfo<>, me vi obligado a partir para Cádtz á la cabeza de mi Divi ion. ·ta era entonce fuerte de 12,000 hombres, de los que ro,ooo eran de infantería; el re tose formaba de tropa de artillería, de ingenierra v de caballena. El General nrile de empeñaba la, funciones de J fe de mi E~tado Mayor. En Febrero de 1815 hicimos vela á }as Provincia~ del Nue­vo.~. lundo, que e encontraban en e tado de guerr ; y cu ndo nue tros compañeros de armas comenzaban al fin á aborear n el reposo la perdida de u glorio~a fatiga&, nosotro 1 bamos a comenzar de nuevo una lucha mucho m,~s peligrosa, mucho má~ cruel que la que h ta en once habtamo o tenido. Desembarcamos felizmente, en los primeros dta de Abril, en las r.ostas orientales de umana, en donde e nos pre·ent< el cuerpo de ejercito que, á orden ~ dd bravo Coronel .Nlorale , acaba­ba de desbaratar el cuerpo principal de disid~ntes de U rica, de Ma-turín y de Tlliria. tas tropas, que e compontan de varios mi le de indio , de negros y de me tiL.o > contaban con alguno ccn te­nare de blanco , y hab1an ido, en todo el cur·o de la ampaña, el terror de lo insurgente . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLE'l'ÍN MILITAR 1 Nos pre entámos, y fuimos acogidos como hermanos, com miembros de una misma nación, sujetos á un mismo rey, y ani­mados por identicos sentimientos. Mi primer cuidado fue recoger los informes más exactos sobr los acontecimientos pasados, las personas y la situación de las pro­vincias. Supe, con espanto, que la hidra de la discordia había deso­lado á Venezuela; que el odio, las venganzas y los re entimientos de pttrtido causaban reacciones y hacían correr la sangre á torren­te ; por ultimo, que se seguía, con d mayor encarnizamiento, b gurrra á muert¿; guerra bárbara, escandalo amen te proclamada po los disidente , en terminas que inspira la más viva indignación V ~d aquí este vergonzoso monumento de sus fu rore : '' E.l- .~ lBRE DE~ P .. BL DE YE~ZUEL "La proposiciones que igüen se hacen para e"Tlprender una expedicivn por tierra, con e) fin de librar á mi pat ria de] yugo in­fame que sobre ella pesa : las cumpliré con e ·actitud y fidelidad porque la dicta la ju:;ticia, y deben producir algo muy importante '' 1 •0 Podrán hacer parte de la expcdicion todos lo criollo" _, extranjeros que se presenten; con ervaJ·án sus grados; aquellos que aún no han servido, obtendrán grados corre pendientes á los empleos civiles que han ocupado, y en el curso de la campaña cada cua? tendrá un aseen o proporcional á su valor y á sus talentos militare : ce 2.° Como el fin principal de e ta guerra es destruír en f7e­n~ zuela la raza maldita de los españrJit•s de Europa, in exceptuar á Jos hijos de Las Canaria·, todos los e pañales quedan excluídos de e ta expedici - n, por buenos patriotas que parezcan, porque ningu­no ae ello debe quedar con vida. Por ningun pretexto ni ex<:ep­cion se admitiran, como aliados los españoles ; los oficiale in­gleses no podrán ser recibidos ino con el con entimient0 de 1 mayoría de lo!) oficiales nacido en el paí ; ce J.0 La propiedad de los españoles de Europa comprendid. en d territorio libertado, se dividirá en cuatro partes: una para lo oficiales que hagan parte de la expedición, y que hayan a ü~tido al primer hecho de armas; el reparto se hará por partes iguak sin atencion al grado. La egunda cuarta parte pertenecerá 2 loo:o oldados, indistintamente. El re to pa ·ará al Estado. En los ca < ~ dudosos, la mayorta de los oficiales presente decidirá el punto. ce 4. 0 Los oficiales que se nos agreguen despucs de la primer« accion podr.án, con el consentimiento de los demás oficiale , s admitido en el reparto de las pr_opied de que e consigan lu 'go; "s.o La propiedades de los hijos del pats se respetaran no entrarán en este reparto. i el Gobierno lo juzga traidores á 1 patria, la confl acion de u biene e hará Íntegramen e á fav del Estado; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 06 BOLETÍN :DIILITA.R c.c 6.0 Para llenar cumplidamente estas condiciones, los bienes e repartirán inmediatamente en cada ciud.ad á dende lleguen las tropas repu bJicanas, sin más demorz que la que ocasione la perse­cución del enemigo. Los muebles que no se puedan llevar ni se­parar fácilmente, se venderán en pública subasta; " El Estado se apoderará de los hatos y de toda especie de ví­veres. Si resultaren ser de los españoles europeos, la mitad de su justo valor ingresará á las cajas del Ejercito ; c.c. 7.o Las armas y municiones que se tomen al enemigo, se entregarán al Estado por una suma módica, que se repartirá con­forme al artículo 3.0 El Estado se encarga de aperar las caballe­rías, re ervándose la propiedad de los caballos. Las armas y muni­ciones que se tomen en el combate, pertenecerán exclu~i va m en te al Estado ; "8.0 Si á un oficial ó soldado se le juzga digno de recom­. ensa en dinero por alguna acción distinguida, entre todos se hará el gasto. Fuera de este caso único, no se hará desembolso; ce 9. 0 Para tener derecho á una recompensa ó á un grado, baJtará presentar U1l número de cabezas de españoles de EuroJ>.a ó de insulares de las Canarias. Al soldado que presente veinte cabezas, se le nombrará Alférez en servicio; treinta cabeza le valdrán el grado de Teniente ; cincuenta, el de Capitán, etc. etc. ; "10.0 Al soldado se le pagará todos los meses. El siguiente ':uadro demostrará el estipendio que se le concede : ce Coronel, 230 pesos; Comandante, 150; Mayor, 100; ce Compañía de fusileros : Capitán, 66 pesos ; Teniente, 44; Abanderado, 30; argento 1.0 , 18 y 6 reales; Sargento 2.o, 15 pesos ; Cabo, 1 r y 2 reales ; Tambor, 1 1 y 2 reales ; Soldado, y 4 reales ; c.c Compañía de Artillería : Capitán, 8o pesos ; Teniente, so; ubteniente, 38 ; Sargento 1.0 , 22 y 4 reales; Sargento 2.0 , 16 y 7 :-eale ; 'rambor, 13 y 3 reales ; Soldado, 9 y 3 reales. '' 1 1.0 Además del sueldo se pagará á lo soldado· una ración diaria, dos á los Teniente~, tres á los Ca pi tan~s, cuatro á los Mayore , y á los Tenientes Coroneles cinco. Cada ración sera de una libra de carne, de una libra de pan y un cuarto de ron ó de guarapo, cuando se encuentre. No rA--Lo Oficiales o tendran derecho á )a racione sino _uand la abundancia reine en los almacenes. "12.° Cada Oficial podrá tomar á su servicio un hombre de u Compañia, pero sin que esto exima al soldado de ir al campo e batalla. "13." A buena cuenta e dará una anticipación módica á quien tenga que entrar en campa11a. "I 4. 0 El Oficial ó el oldado que falte al deber de la su- 01 1nación será severamente ca tigado. El que en un combate uelva la espalda al enemigo, ó dirija á sus compañeros de armas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MiLiTAR 107 palabras de desaliento, puede ser ajusticiado sobr el campo mismo, por orden de un Oficial, si nó será juzgado por un Consejo de Guerra. " 15. 0 U na vez fuera de la ciudad, todo lo Oficiale y ol­i) ados erán mantenidos y pagados. Los medio de tran porte se les suministrarán por tierra y por agua. ''Carta gen a de I odias, I 6 de Enero de r8t 3, 3· 0 de la Inde­pendencia. ANTOt 10 NICOLÁS BRICENO ceLo abajo firmados, habiendo leído las anteriore proposicio­nes, las aceptamos, y firmamos el presente para conformar nos en un todo s-egun está escrito, en fe de Jo cua1 ponemos por nuestra propia voJuntad y de nuestro puño y Jetra nuestra firma : .Antonio Rodrigo, Capitán de carabineros- ]ose D¿braine- Luis Marqués, T:eniente de caballería-Jorge H. D ~ lfm- B. Enríqucz, Teniente de cazadores-Juan Silvestre Choquea - Francisco de Paula Novas." El terrible derecho de represalia autorizaba al partido español a consumar, algún tiempo después, identicos rigore . El se con­entó con responder, por medio de un manifiesto, del cual apenas doy un extracto : Los Ayuntamientos, Diputaciones y Con ejos creen de su deber recordar al mundo la tiran.ía más odiosa que haya existido nunca, en Jo¡ momentos en que la rechazan con indignación, por 'respeto á la humanidad. 'El traidor, e1 bárbaro (Páez), después de reunir algunos re­cursos de antafe, marchó, contra su patria, precedido del espanto de una guerra á muerte que hac1a con todo rigor. 'La dominación de este mon truo ha durado once tneses, y estos once meses han hecho retroceder gran numero de años la prosperidad de su patria. Cada d1a e ha eñalado por a e inatos, v iolencia , rapiña· y acrilegios : la ola voluntad, el imple deseo 11na seilal del tirano, eran la únicas J yes in vi Jable de enezuela. Los yuntamicnto , Diputaciones y Con ejos, no creen tener ne­ce idad de recordar la orden infame del8 de Febrero de 1814 que condenó á muerte ochocientos españoles europeos. E to de di­diados fueron ejecutados el 14, 15 y r6, y u solo crimen era el Jugar de su nacimiento. Nonagenario , enfermos, hombres cuya virtude habían sido honra de nuestras comarca , hombres a los cuale nuc tra patria debia eñalados servicios, fueron a esinados públicamente· la sangre mas pura fue vertida por la manos más criminales, y el más cruel de tódo lo de ~ potas se torno en el ver­dugo de lo rnortale m á pacífico . ' Desde el primer m mento me fue fáciJ apreciar bajo qué forma debía presentarse mi ejercito, para hacer renacer la confian­za que había desaparecido en esto pai es de de largo tiempo hacía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 108 BOLETíN MILITAR Las órdenes más enérgicas y mas formales se dieron á las tropas para establecer y conservar la más severa disciplina, á fin de que lo~ pueblos viesen en elJas un ejército de amigos. U na gran parte de los principales rebeldes se escaparon del continente y se refugiaron en la isla de la Margarita. Allí soste­nían un simulacro de gobierno, y esperaban en aquel punto volver á adueñarse de la fortuna. Además, otras partidas pequeñas, debiles restos de la última campaña, permanecían refugiadas en las montañas ó en los vastos desiertos que ~ rman el interior de Venezu(>la. En seguida juzgué que era indispensable disipar lo má pronto posible la reunión de Margarita, y me encamine hacia allí con todas las fuerzas euro­peas que me acompañaban, y con el ejército victorioso que había encontrado en América. Persuadido de que la mayor fuerza y de que el aparato militar más imponente debían necesariamente des­concertar la resistencia y economizar el derramamiento de sangre, me presente delante de la Isla el 7 de Abril de 1815, y hube de ver cumplidos mis desigrios pacíficos. Desembarqué: el olvido del pasado fue mi p1·omesa, y por única condición exigí que los disi­dentes depusieran las arma , y me entregasen el n•.J mero reducido de jefes que huÍ:l.n por las montaña . Vease mi proclama: "Habitantes de Margarita: ce La lealtad que acabáis de manifestar por nue tro muy ama­do Monarca y Señor D. Fernando v n, y la bondad de este prín­cipe, deb~n tranquilizaros por vuestra suerte futura. 1 Desechad todo temor! Entregaos al gozo má sincero. Hoy es el daa má~ feliz de 'uestra vida. Perseguid y entregad al Gobierno á los mi­serables á quienes no seducía sino su ambición personal, sin fijar­se para 11ada en vuestra desgracia. " Deponed las armas; descansad de vuestras fatigas, y ocu­pa~ s, en paz, del cuidado de vuestras familtas. ce Pampatar, 9 de Abril de 1815. ''El General en Jefe, PABLO MORILLO, l\1e oh ide sinceramente ha ta de los a esinatos cometidos sobre la inocente tripulación de un navío mercante e pañol. A nadie se exceptuó de esta amnisua. Varios jetes de la Revolución que se encontraban en la isla de Margarita, e me presentaron; á todos hice gracia de la vida, aun al mismo Arismendi, ese cruel y feroz Ari mendi, que, manchado con todos Jos crímenes, y siempre ávido de sangre española, un año antes había dado muerte á ocho­cientos españoles, con el mayor refinamiento de crueldad. o sabía que él obligó, en La Guaira, á quinientos e pañoles á que trajesen leña de los tnontcs, y que, por órdene de él, todos eso desdicha­dos fueron quemado en la mi ma hoguera que habían preparado • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'fN l\1ILITAR 09 on su prop!a mano . Ninguno de estos crunenes me era desco­nocido, y sin emb rgo, e te Arismendi quedó en su patria, en el Ayuntamiento; se le re petaron u casa y sus bienes; ha talo traté con distinción; lo htce sentar á mi mesa; en una palabra, no omit1 nada para m a ni (estar pu blicamentc y de modo categórico, mi in­tcncione y la voluntad derfectamente. n seguida hará que lo recluta imiten e] movimiento, sin voces de mand ni en conjunto, sino cada uno por u cuenta, corrigiendo Jos de­fectos en los que lo presenten y sin detener·e en los que lo hicie­ren bien.- (G?ntinuará) ---· ...... ·- - AME~IO.A MILITAPw HONDURAS (Continu, ción) Con el fin de atender á la in truccion primaria de las miliciaE de primc.:ra categona, el obierno ha nombrado in itutore de-partamentale , y ha creado ecciones militare · ha encomendad en lo pueblo la in truccion a J s empleado locales, lo que re ·- ben a 'uda dc lo ficiale u ordene . La in truccion rudimentaria e limita 1 mantenimiento de J disciplina, ' lo conocimientos ma elemcntalc a erca de la acti­tude y po ici ne del oldad , y a lo airo y m rcha . e han reimpn: lo te ·to adoptados d año atrá' obre ..-ráctica de rrillt:t·í y de lnfanttría o sea la Instruc i<)n del rt cluta· In tJ" ción de ccd6n · y Con.p tí.· Reglam<.:nto para h. tropa de artillería y t~ rn bié n u na obra bre 1 ior 1 mili c;~r. Re - pecto de la in truL ion técnica, hay <.lo profc.:: on: contratado· po1 el Gobierno: uno para el arma de aniJlena, con obliga i nc refe­rentes á la Ingeniería militar, y otro para e1 arn1a de infanten Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A.R. Dich profes0res prestan sus servicios en la ciudad de Teguc-igal­pa. Estos profesores, acostumbrados al excesivo rigor y á la disci­plina tan ajustada que rige en las naciones de Europa, han tenido al rincipio mucha dificultades y tropiezo para dictar us ense­ñanza . El Gobierno e esfuerza, por u parte, '!n ven.:er e o b táculos, á fin de allanarles el camino. U no de los encargos m á tmportantes que el Gobierno ha c-orfiado á dichos profesores, es el de formar textos elementales, adecuado á las peculiaridades del aís, y en consonancia con los recurso pecuniarios del .E tado. pina el. actual Ministro de Guerra que la in truccion militar no podrá fundarse ni divulgarse convenientemente, sino establecien­do un centro modelo (Escuela de Cabos y Sargentos), a la que se de tine gran consagración y suficientes recurso . De aquí podrá lir la imiente c·entífica, que fructifique en todos los ámbitos del oaís. la vulgarización de la ciencia militar . Las guarniciones pennanentes se han sostenido y han presta­do sus servicios con regularidad y exactitud. La Se retaría de Gue­ra vigila y ordena todo lo relativo al mejor servicio de la tropa. Los Instructore militares prestan sus servicio en las guar­nicione dando enseñanza sobre el manejo del arma en buen ó mal e tado, equipos y prendas militares . A cargo de los Mayores de Plaza está el reg1men interior de io cuarteles, lo relativo á la seguridad y clefen a, al personal mi­litar, á los bienes nacionales depositados en lo almacenes, á la sa­ubridad, etc. Durante el año de 1897 el e~ tado sanitario tue en lo general bueno. Deserc:iones de 1 tropa, ocurren m u y poca~, y e ha notado ue e tas e verifican casi sie,npre por los milici no de Jos Dis­. ritos fronterizo al Salvador, en los Departamentos de Intibuca, Gracia y Copan, especi lmente los de Ocotepeque, Guarita, Can-lclaria y ama ca. Con motivo cle 1 revolución del I 3 de Ab ·il e elevaron las iue-rzt del Estado, de modo que, p.1ra el 3r de Julio de 1897, la fuerLa efectiva era de 1,941 plaza . Por Acuerdo cle 19 de eptiemhre de I 894 se e tablecio una Escuela de Arte y Oficio anexa á la guarniciun de J uticalp . Por Acuerd de 8 de Octubre de I 896 se aprobu el contrato del Profc or Carlos Hart1ing, como l)irc.~cro, de la Banda marcial. El uevo Director h 1. formul do un reglame-nto que mereció la a pro-ación del obicrno. Funcionan con regularidad las bandas militare de Cholu­a, Amapala, S.1nta Rosa y Comayagua. ·rambién ha habiJo una banua recluLida en Y uscarán, o te­. iua. en su mayor parte a esfuerzos de la l 1lunicipalidaJ. 'I amhien e. i-sten) p r di~posición del G bierno (Acucrd de 9 dt: O tubrc de I8<-J6), d os pequeJ-ta bandas en Gracia y 1ta Rosa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 90

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 81

Por: | Fecha: 10/01/1899

ANO li Bogotá, Enero I o de I 899 NUM. 81 --··--- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO --··--- Fundador, ALEJANDRO POSADA Son cotaboraaores natos ae este periódico todos los Jetes y Ojicialts dtl Ejército de la República CIRCULAR DEL SEROR MINlSIRO DE GUERRA , República de Colombia- Ministtrio de Guerra-Sección I .a Número . .. - -Bogotá, 9 de Enero dt 1 899 Señ.or •••.....••...•••. Tengo el honor de participar á usted que hoy n1e he encargado, en propiedad, del Despacho de Guerra, en vir­tud del nombramiento que tuvo á bien hacer en mí el Excelentísimo Señor Presidente de la República. Soy de usted atento servidor, JORGE HOLGUIN ALOCUCION DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA Colombianos : Siguiendo el ejemplo de mis predecesores en el Gobier­no, os saludo de la manera más cordial, hoy que principia un ~ño nuevo. En cumplimiento de lo dispuesto en la Ley I 28 de 1888, en este día se dará en todos los pueblos de la Na­ción un testimonio público de amor y agradecimiento al TODOPODEROso por los beneficios recibidos, y se impetra- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAR rán sus divinos auxilios para el año que va á comenzar; y cuando esto sucede, yo, como encargado del Poder Ejecu­tivo, por el querer de los electores de la ·Nación, debo hacer por mi parte, como en efecto hago, fervientes votos por el bienestar y el engrandecin1iento de ella, con razón tanto mayor cuanto por ley expedida en el año anterior, que para honra mía fue la primera que me tocó sancionar y mandar ejecutar, la B.epú blica rindió homenaje á J ESU­CIUSTO y ordenó se le erigiera un n1onun1ento con1o sím­bolo de la gratitud nacional. U na República creyente, como la nuéstra, que así se pone bajo la protección divina, la ob­tendrá sin duda, porque Dios es todo an1or para los hom­bre• y en especial para los que Jo invocan y lo acatan. Ten­gamos, pues, fe en que contaremos con su amparo. De agitación han sido los dos últimos años, con mo­tivo de las elecciones para Presidente y Vicepre~idente de la República, iniciadas prematuramente y acaloradas en sumo grado, y de la inauguración del nuevo Gobierno, hasta el punto de pretenderse, sin motivo alguno, que yo no toma­ra posesión de la Presidencia de la República, desconocién­dose así el principio de autoridad, tan respetado en todas partes; pero por fortuna se advirtió que eso, sobre ser im­practicable, no sería consentido por la Nación, enemiga de los Gobiernos de hecho, y la calma se ha restablecido y la paz impera en toda Ja República. Conservarla es mi n1ayor empeño, porque es bajo su sombra benéfica como la Repú­blica puede alcanzar el alto grado de prosperidad á que está llamada; y como tál es también el deseo de la generalidad de los colombianos, no dudo ni por un momento que ellos me ayudarán á conseguir tan feliz resultado. Ocasión he tenido antes de manifestar, y ahora repito, que gobernaré con todos los elementos sanos que hay en la Nación, porque yo no soy Jefe de un partido ó de una fracción cualquiera, sino de toda ella. Llatnaré, en conse­cuencia, á los puestos públicos, á los que juzge dignos de ocu­parlos, con1o lo he hecho hasta ahora en los pocos que me ha tocado elegir, teniendo para ello únican1ente en cuenta que son colombianos y que por sus aptitude~, por su pa­triotismo, por su honradez y por su amor á las Instituciones, tienen derecho á tomar parte en el Gobierno y ser de éste auxiliares eficaces. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍK MILITAR 347 Por lo que á mí toca, llamado como he sido por el voto popular á ejercer d Poder Ejecutivo, deber mío será, para corresponder á tal confianza, garantizar todo legítimo derecho y consagrar todos mis esfuerzos al bien de la co­munidad. Todo lo que de eso se aparte, es ajeno de mi ca­rácter y de n1i acendrado amor á la justicia; pero no basta nlÍ buena voluntad si para ponerla en práctica no se me presta ayuda. Deber es éste de todos los colon1bianos bien intencionados, y no dudo, como he dicho ya, que lo cumplirán con decisión y con lealtad; pero lo es particular­mente de la prensa, por estar llamada á promover cuanto pueda convenir al procomunal, á aclarar todas las cues­tiones de interés público, á indicar cuanto, según su sano criterio, convenga á la Nación, y á velar por la fiel obser­vancia de la Constitución y de las leyes. Su n1isión es, por lo tanto, sublin1e y civilizadora; pero dejará de serlo si, ol­vidando su objeto, se propone anarquizar el país y des­prestigiar la autoridad, como no pocas veces acontece. La intolerancia, Ja intransigencia, el apasionamiento y cuanto tienda á entrabar la acción del Gobierno y hacerle una oposición sisten1ática é inmotivada, son factores inacepta­bles en los escritores públicos. Si razón hubiere para censu­rar los actos de aquél, háganlo enhorabuena, como en otra vez lo dije, pero sin ofender ni irrespetar á los censurados, para no faltar á la máxima de que "lo cortés no quita lo valiente." Así es como creo que deben con1portarse los pe­riodistas y cuantos escriben para el público; y ~i tal hacen y se interesan realmente por la marcha regular de la Nación y su progreso, sus escritos serán de grande alcance y de muy feliz éxito. CoMPATRIOTAS: Una vez n1ás os llamo á la unión y á la concordia: olvidemos las rencillas pasadas,--de que no hemos derivado n1ás que intrctnquilidad y desprecio,-y volvan1os los ojos á la Patria, á la cual nos debemos por entero: sirvámosla con desinterés, como verdaderos hijos de ella, y cooperemos todos á que sea dichosa, no sólo en el año que principia, sino en los venideros. Ese es mi anhelo, y no dudo que será tan1bién el vuéstro! Amapoin1a, Enero 1.0 de I 899. MANUEL A. SANCLEMENTE Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 348 BOLETÍN MILITAR NOTA DEL SUBSECRETARIO DE GUERRA, ENCARGADO DEL DESPACHO, DJRIC.IDA AL GiNERAL, JEF~ Dl ESTADO MAYOR GENBRAL DEL EJERCITO, PARA SALUDAR AL EJERCITO República de Colombia.-Ministerio de Guerra.-Sección 1. • Número ... -Bogotá, 3 r de Diciembre de I 898 Señor General, Jefe del Estado Mayor GeneraL-Presente En ausencia del seiior Ministro titular, cúmpleme, como encargado del Despacho, dar al Ejército nacional, á · nombre del Gobierno, por vuestro n1uy respetable conduc­to, un n1erecido testimonio de satisfacción y agradeci­miento por los oportunos y constantes servicios que han prestado todos los miembros de la Fuerza pública en el año que ya expira. La conducta ejemplar que han observado dentro y fuera del Cuartel ; la abnegación con que vienen sopor­tando las rudas fatigas del servicio; su firme adhesión á las instituciones públicas; su sujeción á severa disciplina, y, sobre t0do, lo que n1ás resalta, comparando la morali­dad n1ilitar de hoy con la de los tiempos no há n1ucho transcurridos; el estricto respeto á las garantías individua­les y á la propiedad privada, tánto, que en todo el año no se ha incurrido en trasgresión alguna,-son méritos que le dan á todo el Cuerpo militar levantado carácter y eleva­do puesto en el can1po del progreso moral, y que lo hacen acreedor á las consideraciones del Gobierno y de la sociedad. El Excelentí5imo Señor Presidente de la República se promete que el Ejército, en vez de dar n1otivo para des­virtuar el buen concepto que ha alcanzado, se esforzará cada día más por acrecentarlo, á fin de asegurar, por este lado de la Administración, la paz, sin cuya estabilidad la Patria no podrá continuar, con paso cierto, su marcha á prósperos destinos. El Gobierno también tomará mayor empeño por ha­cer menos penosa la condición del soldado, ahorrándole fatigas cuanto sea posible; dándole alojamiento sano; pro­curando no haya atrasos en el pago de los haberes ni en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 349 provisión de vestidos; teniendo especial cuidado de que sea afable el trato de los superiores, y, en fin, impidiendo se apliquen otros castigos que aquellos absolutamente in­dispensables para conservar la disciplina y la moralidad, sin que depriman el carácter militar. Si bien es grande el éxito que la Fuerza pública ha alcanzado ya en su misión con1o esencial factor del orden, aún le queda por realizar otra tendencia no menos inte­resante, que consiste en in1pulsar, con su constante buen ejemplo, el progreso de las masas populares qu~ se hallan á menor altura. A los Jefes, Oficiales y soldados que, con ánimo va­liente, se encuentran firn1es en el puesto que sus deberes les señalan, alejados del an1or de sus hogares por el subli­h1e amor de la Patria, ella les recompensará su servicio y virtudes, si no es premio bastante la fruición íntima que proporciona el cumplimiento del deber, sobre todo del de­ber que la Patria reclan1a. Hago votos por que alleguen nuevos timbres hon­rosos los ruiembros del Ejército, y les presento, con moti­vo del año que llega, un respetuoso saludo. Os uplico hagáis insertar esta nota en la Orden Ge­neral del Ejército. Soy vuestro atento servidor, El Subsecretario, encargado del Despacho, CLIMACO LOSADA República de Colombia-Ministerio de Guerra- ~Or el cumplimiento fiel de sus deberes. El buen sentido se impone sobre las pasiones callejeras, y el espíritu de ciudadanía preside y fomenta nuestros propósitos. La auroridad es el símbolo que da fuerza mayor á la sociedad, y por eso debemos rodearla de prestigio, respetarla y secundar sus actos. La misión del ejército es, pues, en la época presente, una misión altamente civilizadora, como que le toca velar por la regularidad del orden, por el respeto á la ley, por la normalidad de las funciones de todos los Poderes. El soldado debe tener el convencimiento de la im­portancia de su papel, para procurar acrecentar sus conocimientos, redoblar sus esfuerzos en mejora del servicio, perfeccionarse en la dis­ciplina, y tratar de engrandecerse siempre con el respeto á sus su­periores. La jerarquía militar es algo que despierta en todos admira­ción, por lo mismo que los puestos superiores sólo se alcanzan median­te el mérito, por el valor, por la lealtad, y muchas veces también por el heroísmo y por el arrojo. Amemos el pabellón tricolor que representa las glorias de la Re­pública; á su sombra benéfica podremos buscar el engrandecimiento ; respetándolo, sabremos cumplir hidalgamente nuestros deberes. LITERATURA -- RECUERDOS Y RELACIONES MILITARES PEREGRINACIÓN MILITAR Á JERUSALÉN, POR ERNESTO LOUET (e ontinúa del número 8o ). Recorremos las sinuosidades de la bahía de Caifa, cuya arena aparece cubierta de esponjas y de despojos de navíos hacinados allí púr las furiosas tempestades de Oriente, cuya devastación no puede SANCO 'DE LA REPUBUCA BmlJOTECA lUIS . ANGEl ARANGO HEMEROTECA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 352 DOLETÍN MIL IT Alt contenerse de ningún modo. Contámos hasta diez y ocho buques perdidos de este modo en aquel punto, en donde se les creería al abrigo de los vientos; pero la bahía de Caifa, como la de San Jor­ge, cerca de Beyrouth, no es sino una ensenada en donde los vien­tos del Este y del Sur tienen menos empuje, pero no por esto es menos terrible la impetuosidad del mar. La ciudad, construída al pie de la cordillera del Carmelo, cer­ca de Narhmolcatta, el Cison de la Santa Escritura, es muy antigua y muy sucia. U na torre cuadrada, habitada por algunos soldados turcos, es hoy el último vestigio de la importanci.t que tenía cuan­do Godofredo de Bouillon la dio á Tancredo: hoy no es conocida sino por su rada, á donde vienen á hacer escala los paquebotes del Mediterráneo, cuando el mal tiempo no les permite tocar en Jafa. Hay que atravesar á Caifa para llegar al monasterio del Car­melo, lo que aprovechámos para visitar al Vicecónsul de Francia, señor Aumán; esto nos da un reposo de algunos instantes á la som­bra de nuestro pabellón tricolor, cuya sola vista inspira fuerzas al via­jero. Del otro lado de Caifa, nos internámos en un camino vertical, labrado en escalera en los flancos de la roca, y después de un cuarto de hora de subida, llegámos al convento, que puede llamarse la for­taleza del Cristianismo, pues está construído de manera de poder sostener un sitio de varios meses contra los musulmanes. La plataforma sobre la cual se levanta tiene una altura de 582 pies sobre el nivel del mar; está encerrado dentro de un muro de un metro de espesor. Desde que hemos atravesado el umbral de este vasto dominio, divisamos todo el convento, y uno se detiene invo­luntariamente para contemplar sus imponentes proporciones. Aquél es un vasto cuadro de edificios cuya cúpula aparece sola dominan­do los terraplenes. El conjunto es nuevo y data de 1853; fue uno de los Hermanos de la Santa Yirgen del Monte Carmelo el arquitec­to que dirigió la obra, y los fondos los suministró Europa. Abdallah-pachá, Gobernador de San Juan de Acre, destruyó en 1821 la Iglesia y el convento del Monte Carmelo, y empleó los materiales en construírse un palacio de estío, alegando por pre­texto que semejante posición extratégica debía estar ocupada por el Gobierno. El hermano ] uan Bautista de Frascati acudió á Europa á defender la causa de los religiosos de su orden, y obtuvo desde luego que la Puerta Otomana, por intenncdiación de Fran­cia, restableciese á los Carmelitas en sus derechos y que pudiesen volver á levantar su convento; pero no s~ contentó con esto sino que abogó en todas las Cortes y ante todos los grandes, y reunió socorros en Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Italia; una suma poco más ó menos de un millón doscientos mil francos. Fue entonces cuando abordando la realización de su obra, el ar­tista se reveló entre los religiosos; dibujó él mismo los planos, formó obreros y dirigió sus trabajos. Reconstruído el convento, el hermano] uan Bautista compró el palacio que A bdallah-pachá Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 353 no osaba habitar más, é hizo de él el hospicio de los Levatinos, de modo de poder dar abrigo á todos los que viniesen á pedirle hos­pitalidad. El Oriente no tiene posada~ ni hoteles, y los conventos son las etapas señaladas de los peregrinos; por esto se les quiere aun antes de saber la acogida cordial que allí le dispensan á uno. Vino á recibirnos al diván un hermano que hablaba fi·ancés, y que nos sirvió todos los refrescos deseables, y abrió en seguida seis cuartos en donde las camas, preparadas con todo el confort europeo, parecían esperarnos. El superior llegó bien pronto después y quiso hacernos él mismo los honores del monasterio: durante media hora nos pa.5eamos de piso en piso, de corredor en corredor, admirando por dondequiera el orden y Ja limpieza que reinan allí. En el terrado superior permanecimos largo tiempo para contem­plar la inmensidad del mar; el abismo tiene algo que atrae. Enci­ma de nuestras cabezas flotaban los colores fnnceses, y supusimos desde luego que habían sido izados excepcionalmente en honor nuéstro. -Ellas son las que nos protegen en todo tiempo, nos res­pondió el buen hermano ; este es el verdadero pabellón de todos lot conventos de Oriente, y nunca hemos izado otra bandera. Tal privilegio de nuestros tres colores dio también lugar á algunos incidentes. En 1857, por ejemplo, el Archiduque Maxi­miliano de Austria, que recorría el Oriente, 1legó á Caifa, y de­seando visitar el monasterio del Carmelo, lo mismo que todos los peregrinos, pidió que arriasen la bandera francesa. El Superior le hizo saber que se honraría mucho con su visita, pero que ella no le podía obligar á aparecer ingrato á la protección de Francia, y no quiso cambiar su bandera. El Príncipe se sintió contrariado, y no visitó el Carmelo. Diciembre 16-Tuvimos la fortuna de que nuestra entrada á Tierra Santa fuese en domingo, lo que era de buen augurio para el viaje. A las sif'te de la mañana estábamos en pie para oír la misa que el Superior mismo quiso celebrar. Dispusieron asientos para nosotros en el coro de la capilla, coloco¡dos en círculo al rededor del celebrante, de suerte que parecía que nosotros le ayudásemos á celebrar el divino sacrificio. A las siete y tres cuartos nos despedimos de los buenos padres, conmovidos con su afable recibimiento y deseando volver á visi­tarlos en tan deliciosa soledad. El Cawas del con vento (especie de oficial criollo), armado cual un caballero de Ia Edad Media, en­cabezó nuestra caravana, y nos guió más allá de Caifa, hasta el camino que se dirige á Nazaret, entre el Cison y el prolongamien­to del Carmelo, al través de una llanura de imponderable fertilidad, encuadrada por las montañas cubiertas de árboles de Galilea. Hacia las tres Ilegároos arriba de Nazaret, construída e~ for- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 354 BOLETÍN MILITAR m a de embudo, en un pliegue de la cadena de montañas. Aquélla es la cuna de la religión de doscientos treinta y nueve millones de cristianos: allí pasó Cristo los primeros treinta años de su vida, preparándose á los dolorosos misterios de su misión en la tierra, y no sin indignación nos apercibímos del gran minarete colocado en aquel punto, en donde nue~tra piadosa curiosidad buscaba la cruz redentora. En otro tiempo el Rey San Luis vino del Monte Carmelo á Jerusalén por el mismo camino '}Ue nosotros acabamos de reco­rrer: entró á pie, teniendo un cilicio pegado al cuerpo; y oyó la misa con gran devoción, según dice su historiador Godofredo de Beaulieu. La entrada nuéstra fue menos solemne; echamos pie á tierra delante de la Casa Nuova, casita pequeña que los Padres Franciscanos han destinado para los peregrinos, y que está situada al lado mismo de su convento, el que, con estas construcciones, rodea el santuario de la Anunciación. Cinco minutos después atra­vesábamos el patio del convento, orgullosos con poder consagrar nuestra primera visita á los santos lugares que nos atraían. La iglesia, reconstruí da muchas veces sobre la gruta de la Anunciación, ocupa precisamente el sitio del primer templo que se levantG en el siglo IV, por orden de Santa Elena, para encerrar la casa de la Virgen, transportada milagrosamente á Dalmacia, después á Loreto en 1291. La nave pequeña á donde primero se entra, parece no ser sino un vestíbulo desde el cual parten una ancha escalera de diez y siete escalones de mármol blanco, que conduce á la capilla subterránea de la gruta, y dos escaleras más, de las mismas dimensiones, que suben al coro, éste rodeado de una alta reja, ricamente dorada, y que comunica por detrás el altar ma­yor con el convento. Instintivamente bajámos primero á la gruta. Al pie de las escaleras se encuentran dos altares consagrados á San José y á San­ta Ana, á derecha é izquierda del cuarto tallado en la roca en don· de la tradición refiere el misterio de la Encarnación. Un altar de mármol blanco forma el fondo, y bajo la tablilla del altar, sostenida por cuatro columnitas de mármol, están colgadas siete lámparas, cuya luz, mantenida día y noche, permite leer sobre el mármol blanco que cubre el suelo, estas sencillas palabras: 17erbum caro hic factum est. (Aquí se hizo el Verbo carne). Encima del altar un cuadro representa la Santa Familia, con esta inscripción: Hic erat subditus illis (aquí le estaban sometidos). U na columna de granito antiguo, colocada á la derecha del altar, indica el lugar en donde el Angel se apareció á la Madre Divina, y otra columna, á la izquierda del altar, pero más cerca de la en­trada, y colocada casi diagonalmente á la primera, señala el sitio en que permaneció la Virgen cuando respondió: "Hé aquí la Sierva. del Señor." Esta segunda columna está rota por mitad, y la parte superior, sostenida del techo por fuertes barras de hierro, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILI'l'AR 355 sirve de pechina. Se cuenta que fueron los musulmanes quienes la rompieron cuando saquearon la antigua iglesia, después de la toma de Nazaret. Les habían hecho creer que esa columna estaba llena de oro, y quisieron cerciorarse. ¿Cuánto tiempo permanecimos allí, mudos, en presencia de diez y ocho siglos que nos separaban del milagro de la Encarnación? No sabría decirlo; cuando el alma se dilata, á impulsos de intensa emoción, es casi un deber dejarla que saborée un sentimiento inolvidable. El Padre que nos servía de guía comprendió nuestra emoción y suspendió el relato que nos hacía, hasta que continuamos la marcha. Detrás del altar hay otro cuarto tallado en la roca, que también hacía parte, sebún Focas, de )a casa de la Santa Virgen, y debió de ser el que con especialidad habitó el Salvador. Desprendímos de estas paredes al­gunas partículas de piedra que enriquecen ahora nuestro museo de recuerdos de Tierra Santa. Algo hay en los lugares de la Tierra Santa que produce al corazón cristiano una satisfacción que no encontrará en otra parte: por Jo demás, estos sitios se conservan muy bien, y la piedad de los peregrinos los ha enriquecido con un lujo que agrada mucho. Las paredes están cubiertas de telas rojas, y el coro de la iglesia guar­necido de esculturas de madera, arañas de cristal y varios buenos cuadros. Todas las artes parecen haber pedido al santuario de Na­zaret la consagración de su grandeza adornándolo con sus atri­butos. Por la sacristía entramos al primer piso del convento, en don­de reinan la calma y el orden más completos. Cada celda tiene su número, y sobre la puerta el nombre de su inquilino; una sola no tiene nombre, el 29, la última á la izquierda, en la extremidad del corredor del este; pero una inscripción francesa, colocada encima de la puerta, descubre el recuerdo que encierra: "Celda honrada con la presencia del General Bonaparte en 1 799·" . Nada se ha cambiado de los muebles desde la campaña de Egipto: una cama de monje, con una mesita y tres sillas, tal es el mobiliario con que se conformó aquel que por entonces prete-ndía ya la conquista de Europa. - Por todas partes, a nuestro paso, nuestros uniformes llamaban la atención de las gentes, y se formaban en hilera, por decirlo así, para vernos, lo que nos dio la ventaja de poder examinar de cerca la población de Nazaret, cuyas mujeres son tan mentadas por su belleza. Cierto que no es una fama vana: ellas tienen tipo espe­cial entre todas las de Palestina; ojos de expresión notable, faccio­nes bien hechas, correctas; y el cuerno tradicional, que no han abandonado nunca, es para su cara un marco que le da mucho valor; este cuerno, que ya hemos encontrado en otras partes, tiene aquí un adorno especial, está cubierto de economías (palabra que aplican para designar las piezas pequeñas de plata). Puede una mujer Ile- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 356 BOLETÍN MILITAR gar á encontrarse en la miseria, pero nunca consentirá en vender su peinado para hacerse á dinero; no lo abandona nunca; en aque­llo finca su honor. A las seis de la tarde, los padres nos esperaban en la Casa Nuova, para obsequrarnos con una comida que hicieron tan sun­tuosa cuanto les fue posible. En esa época del año el país no pro­duce ni frutas, ni legumbres ; preciso era que nos contentásemos con seis platos de pollo, sazonados de diferentes maneras : fueron ofrecidos con tan buena voluntad, que todo nos agradó. 17 de Diciembre-A las siete y tres cuartos partímos para el monte Tabor; las mulas nos llevan la delantera, conduciendo lo que compondrá nuestro almuerzo. El Tabor no queda precisa­mente sobre el camino que conduce de Nazaret á Jerusalén; hay que dar una vuelta como de dos horas, la que no nos costará sino un poco de fatiga, bien compensada con los recuerdos. A las nueve y media llegamos al pie de la montaña de la Transfiguración ; á las diez y media hemos trepado la cumbre, un camino trazado al través de rocas verticales, pero cuyas asperezas se ocultan entre encinas silvestres y bosq uecitos de flores gratas; todos nosotros conservamos algunas de éstas entre las hojas de algún libro ó en el portamonedas. Allí, en donde creíamos no encontrar sino un sitio insuficiente para el almuerzo de seis personas, descubrímos una magnífica plataforma, cuya extremidad norte muestra todada los últimos vestigios de una ciudadela romana, y un pequeño convento griego hoy día abandonado. Frecuentemente se ha tratado de indagar de qué lado preciso de la montaña tuvo lugar la Transfiguración, y Lamartine, en pre­sencia de esas ruinas que llaman romanas, no ha querido admitir que se verificase sobre el Tabor : argumento fácil de destruír porque los romanos no llegaron á ese ?aÍs sino con V espasiano, hacia el año 69 después de Jesucristo, y su recinto fortificado se levantó quizás en el sitio mismo que fue el primer testigo de la gloria del Salvador. Adoptemos la tradición que coloca aquí la Transfigura­ción: la fe rechaza con horror la duda que pudiera mezclarse á sus recuerdos. Los católicos de Nazaret vienen aquí en peregrina­ción cada año, el día en que se celebra la Transfiguración, y uno de los padres de la Tierra Santa celebra la misa hacia la parte su­deste de la llanura, desde donde la vista abarca de un solo golpe toda la llanura de Esdrelón, las montañas de Gelboé, el monte Hermón y la cadena del Carmelo, el más bello conjunto que uno pueda imaginar. Allí permanecímos una hora en contemplación ante esos reflejos de un pasado divino. A medio día bajámos al Sur, hacia Dejennim, atravesando la parte de la llanura faz por la cual no ha sido considerado todavía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 358 BOLETÍN MILITAR En las democracias antiguas se hacían las leyes, se elegían los magistrados y se decretaba h. paz ó la guerra en las juntas po­pulares; los oradores eran, por decirlo así, los árbitros de la suerte de la República, y la elocuencia deliberativa alcanzó entonces e. más alto grado de perfección. Las modificaciones y cambios intro­ducidos después en la forma de gobierno, la limitaron á las asam­bleas ó cámaras representativas; y el cambio de auditorio templó su vehemencia primitiva, pues no era lo mismo perorar al p<1eblo reunido en la plaza en Atenas ó en Roma, que hablar delante de poco~ oyentes en un Congreso. En los tiempos modernos queda como ejemplo O'Connell arengando al pueblo irlandés, tanto por lo numeroso del concurso como por la magnanimidad del orador y la importancia suma del asunto. La antigua clasificación de la elo­cuencia en los tres géneros deliberativo, demostrativo y judicial, pareció insuficiente en nuestro tiempo, y la crítica hizo un género aparte de la elocuencia militar, en la cual no sólo es justo colocar las alocuciones y proclamas, sino también toda expresión según el h•gar y las circunstancias en que se profiera. Tal género no se ·ajusta á las estrechas reglas que rigen en las composiciones de otro orden; cosa natural, porque siendo la escena y el auditorio diferentes, diferentes deben ser también los pensamientos, el lenguaje, la acción. El orador militar necesita una palabra de fuego que caiga rápida é inflame instantáneamen­te Jos corazones del pueblo ó del ejército para inclinarlo á tomar alguna suprema resolución ó á empujarlo á la muerte ó á la vic­ria. No en el recinto estrecho de la sala de un Parlamento ni en las bóvedas ,de un templo debe resonar esa voz, sino en el campo, al aire libre, bajo el palio espléndido del firmamento: el orador militar habla no en la tribuna sino al pie de las banderas que sa­cude el viento, delante de los tupidos batallones, cuyas armas brillan al sol; enfrente, no lejos del enemigo, en cuyo campo se mezcla con el ronco redoble del atambor guerrero, el relinchar de los caballos impacientes y el agrio són del clarín que manda el combate. Allí todo debe ser rápido, animado, vehemente: una breve exposición, recuerdos de glorias antiguas, grito de vengan­za por las derrotas sufridas, voz animadora, llena de convicción y de esperanza; á veces insulto mordaz lanzado atrevidamente al enemigo; la promesa de los bienes que ofrece la victoria, y esto, d~clamado, gritado con acento alto, desgarrador, solemne. De modo que si hubiera de tomar un-a comparación para ilustrar este asunto, diría que la elocuencia militar es como las ondas d::: un mar alborotado por la tormenta, cuyas inmensas moles corren ace­leradas con el soplo del huracán, y llegan al alto promontorio y allí se rompen con estruendo, y espuman, y borbotan, y hierven; en tanto que otras especies de elocuencia, en grado mayor ó me­nor, se asemejan ó á mansos ríos que corren apacibles, lamiendo campos tupidos de grana y colmados de flores, ó á lagos tranquilos en los cuales se pintan las estrellas de un cielo sereno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAn 3159 Esta elocuencia, como eco que es de la paswn en su último paroxismo, admite la esplendidez del estilo metafórico en su mayor grado, y tal forma, natural en ella, sería hinchada en arengas de otra clase: diferencia que no han tenido en cuenta los que tachan de ampulosos los discursos del Libertador. Quien se halla al frente del enemigo en el trance de una batalla; quien habla á soldados, si valientes, rudos por lo común; quien debe aprovechar las cir­cunstancias del lugar y el momento, mal puede detenerse á buscar giros y formas que no se atemperan á la situación. Así es como son naturalísimas estas palabras de Napoleón 1: "Cuarenta siglos os contemplan de lo alto de esas pirámides"; y las de Bolívar des­pués de Ayacucho: "¡Soldados colombianos! centenares de vic­torias alargan vuestra vida hasta el término del mundo." (Continuará) EN EL EJE.RCITO Se nombró, por decreto de 9 de DiciembLe del afio que terminó, al doctor Pedro A. Brugcs, médico de la guarnición de Riohacha. -Se concedió, en la misma fecha, licencia indefinida, al Subte­niente Abelardo Arangurcn, para separarse de la 3·a Compafiía del Batallón Sucre número 7. 0 -Se llamó al servicio., para reemplazar al Subteniente Aranguren, al sefior Luis Alejandro Cárdenas. -Se destinó al Teniente Guillermo Montoya, z. Ayudante del Batallón N ariño número 4.o, á igual puesto en el Batallón Urdaneta, número 17. -Para el puesto que dejó vacante el Teniente Montoya se nom­bró al Teniente Aristides Liévano. -Se reconoció al seti.or Adriano R. Blanco M., en el empleo de Coronel con que prestó sus servicios al Gobierno en la guerra de 189 5, y se le abonó la antigüedad de 4 de Agosto del afio citado. -Se destinó al Capitán Angel María Gómez, que servía en la 5: Compañía del Batallón Ju11ín á la 5.a Compañía del .Ayacucho en reem­plazo del de igual grado Manuel D. Hurtado R. -El Capitán Manuel D. Hurtado R. pasó á la s.a Compañía del Batallón J unín. -Se reconoció al señor Luis F. Pasos en el empleo de Capitán con que prestó sus servicios al Gobierno en la última guerra, llamándo­le al servicio activo y destinándole á la 5~ Compafiía del Batallón Bomboná, creada por Decreto de 24 de Noviembre (1898). -Se llamó al servicio al Teniente Rufino Bulla, y á los Subte­nientes Carlos Riascos Plata y Juan Antonio Burgos y se les destinó á la s.a Compañía del Batallón Bomboná. -Se concedió licencia al General Ramón Gonz'ález Valencia (con fecha 10 de Diciembre), para separarse, por causa de enfermedad, del mando de la 3~ División, por sesenta días renunciables. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 360 BOLE'l'ÍN MILl'.rAR -Se encargó del mando accidental de la 3.• División al General Julio C. Upegui, Inspector de ella. -Se concedió licencia indefinida al Subteniente Jesús N cgret V. para separarse del puesto de 2.0 Adjunto del Estado Mayor general. -Se nombró en reemplazo del ~ubteniente Jesús Negret V. al Teniente Juan Bautista 'N egret. -Se destinó al Capitán Belisario Villamil, Ayudante Mayor del Medio Batallón f/ alencey, á la 4.a Compañía del Batallón La Popa, en reemplazo del Capitán Guillermo Escallón. -Se nombró 1l Capitán Guillermo Escallón para ocupar el pues­to de Arudante Mayor del Medio Batallón f/ a!encey. -Se nombró al Capitán J ustiniano Zapata para mandar la 4· a Compañía del Batallón Nariiio. -Se nombró al Capitán Heliodoro Pieschacón para la 2.a Com­pañía del Batallón Ayacucho. -Se nombró al Capitán Ricardo Franco, Primer Adjunto del Es­tado Mayor de la 3.a Brigada de la 1.• División, para la 4.• Compafifa del Batallón Sucre. -Se nombró al Capitán Agustín Jiménez, Primer Adjunto dc:l Estado Mayor de la 3·• Brigada de la 1.• División. -Se concedió al Subteniente Reinaldo Escobar, la Jicenc.:ia inde­finida que solicitó para separarse de la 3.n Compañía del Batallón Rijin. -Se reconoció al señor T ulio Mendieta, el empleo de Subteniente con que prestó sus servicios en la última guerra, y se le destinó al Ba­tallón R ijles, en reemplazo del Subteniente Escobar. -Se llamó al Subteniente Eleuterio Sánchez (que servía en la 1.• Compañía del Batallón Tiradores), á prestar sus servicios en la 4· • del Rij/11. -Se pasó al Subteniente Francisco Pinzón á la 1.a Compatiía del Batallón Tiradoru. -Se nombró al señur Pedro Martínez P., Ayudante del Guarda­parque de Cartagena, encargado especialmente del ramo de Artillería. -Por decreto de 1 I de Diciembre de T 898, se nombró al Coronel Luis Morales Berti, Primer Ayudante general del Estado Mayor de la 3.• División. -Se llamó al servicio activo al Sargento Mayor Ramón Pereira Chaves y se le destinó á la Comandancia en Jefe del Ejército, corno segundo Ayudante general en la vaca~te que allí existía. -Se nombró al Coronel Marcos E. Soto, Jefe del Batallón Uria­ntta, en reemplazo del Coronel Alejandro Quintero que fue destinado al Batallón Cazadorn. -Se ordenó que el Coronel Pedro Sicard Briceño, Primer Jefe del Batallón Bárbula, pasara á ocupar el mismo puesto en el Sucrt, en reemplazo del Coronel Soto. -Se nombró Jefe del Bárbu!a al Coronel Luis Fernando García. -Se nombró Jefe del Batallón Nariiio al señor Coronel Antonio Gómez R. --·....-·-- BOGOTA-lMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 81

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 79

Por: | Fecha: 14/12/1898

ANO Il Bogotá, Diciembre 14· de 1898 NUM. 79 --••+---- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO Director, ALEJANDRO POSADA Son colaboradores natos de eJte periódico todoJ los Jefes y OjicialeJ tUl Ejército de fa República DE LA ARTILLERIA DE CAMPAÑA EN COMBINACIÓN CON LAS OTRAS ARMAS (Continuación) La distancia á que debe estar la segunda posición prin­ctpal del enemigo depende de varias circunstancias; si la ca­ballería envuelve las dos alas á la vez, la artillería se encon­trará muy pronto con su frente cubierto, en cuyo caso no vale la pena de tomar una segunda posición; y para que no se encuentre mezclada y entorpeddos sus fuegos, deberá to­mar una posición intermedia ; el terreno podrá á veces exigir tener á la artillería muy lejos, y otras acercarla bas­tante, teniendo presente en este caso, que mientras más se acerquen al enemigo las baterías, más fuertes deben ser en caballería sus sostenes especiales ; por consiguiente, se dis­trae mucha parte de la fuerza que debe atacar el punto principal ; por regla general, no debe estar á menos de 1 ,ooo metros de la infantería y de 6oo de la caballería, pues el peligro á que se expone no está en relación con el mejor efecto que pueda esperar, colocándose á distancias menores que las dichas; las baterías deben estar siempre á unos 2 50 á 300 metros á retaguardia ó á sus flancos y fuera de la esfera de acción del choque de los escuadrones; esta distancia será tanto n1ás larga cuanto el enemigo deje aproximarse más á nu_estra caballería. Al principio del fuego es indispensable regular el tiro Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 314 BOLETÍN MILITAR sobre varios puntos del terreno situados entre nuestra ca­ballería y la enemiga, puntos por Jos cuales debe pasar ésta. Si por medio de una maniobra pronta y rápida nues­tra artillería puede cañonear las tropas enemigas con un fuego oblicuo ó de flanco, no desperdiciará la ocasión de hacerlo avanzando un poco el ala exterior, siempre que esté garantida de un ataqu~ brusco de la caballería enemiga. . Es de todo punto necesario que el jefe de las baterías sepa con certeza, por medio del comandante en jefe de la división, el tiempo que tardará aún en dar su ataque prin­cipal, y el n1omento preciso de empezar éste, para poder sostener el fuego con la rapidez conveniente, y no perder, en su segunda posición principal, los minutos que tan pre­ciosos son en casos semejantes. En el momento del choque de Jos escuadrones todo el fuego de la artillería se dirigirá contra el del adversario, si las últimas líneas ó reservas del enemigo no se ven con claridad, desde la segunda posición principal, ó si no hay temor de que el ala interior de nuestros escuadrones sea envuelta. Las baterías no deben perder de vista nunca que la carga de nuestra caballería puede no tener un éxito satis­factorio, por consiguiente deben estar dispuestas á proteger con un fuego vivo y eficaz la retirada de aquélla, y su re­organización á retaguardia. La artillería seguirá haciendo fuego desde su última posición mientras que el polvo ú otras circunstancias no le impidan ver el objeto principal que tiene que batir, ó si ve que, de larga distancia, la caballería enemiga se lanza al ataque sobre la nuéstra, porque entonces el punto de en­cuentro de los escuadrones estará más próxin1o á ella, y por lo tanto sus disparos serán más eficaces. Si la caballería se traslada al ala interior de la artillería, además de correr el riesgo de verse n1ezclada en el combate, su frente que­dará cubierto por subdivisiones n1ás ó menos grandes, y le impedirá por algún tiempo un uso conveniente de sus ca­ñones; pero si dichas subdivisiones se lanzaran al adversa­rio por retaguardia de dicha ala, para in1pedirle llevar á cabo un movimiento envolvente, no obrando absolutamen­te n1ás que para protegerla, entonces la artillería tiene libre · su frente y puede continuar haciendo fuego hasta el último Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 315 mon1ento contra la caballería enemiga, y aun hasta perse­guirla con sus granad as. En la generalidad de los casos se ha visto que la arti­llería á caballo, que no es arrastrada ni está confundida con la caballería en el combate, se halla enteramente en aptitud de rechazar ella sola, á pequeñas distancias, los movimien­tos envolventes de los escuadrones enemigos contra el ala interior. Si la segunda posición principal, por una circunstancia cualquiera, se ha tomado lejos relativamente del objeto del ataque, ó cuando por la disposición del terreno se hace di­fícil la puntería, ó no se pueden observar bien los disparos, á causa del poi vo, ó cuando la caballería se precipita por el ala interior para atacar al enemigo por un flanco, con1o se ha dicho anteriormente ; y, en general, cuando la arti­llería comprenda que por cualquier accidente, sea el que fuera, ha de tener su fuego suspendido en un período de tiempo más ó menos largo, pondrá á vanguardia sus arn1o­nes, y estará formada en línea, pronta á acudir con rapidez al punto en que sus fuegos se hagan necesarios en el con1- bate, en un momento ulterior. Las prin1eras reservas del enemigo que aparezcan serán los primeros objetos que Ia artillería batirá en este período del combate, lo n1ismo que las últimas líneas del adversario, si trasladándose á una posición ventajosa pueden ser vistas, y no corren riesgo las baterías de ser envueltas por Ja caballería, ni estorbar sus movimientos. Si la caballería enemiga tratara de en vol ver un ala interior de la nuéstra, y la artillería á caballo puede impedirlo con fuegos de flanco desde una posición n1ás á vanguardia, se trasladari á ella al escape, desde donde rom­perá un fuego muy vivo contra el enemigo, considerando dicha posición como la segunda principal, y conduciéndose en un todo en ella como está prescrito, á no ser que por circunstancias especiales la impidieran permanecer en ella por mucho tiempo; en cuyo caso volverá á tomar la ante­riormente abandonada, ó un punto intermedio, allí donde su efecto útil sea el mayor; pero nunca se colocará á reta­guardia de la tercera línea de su caballería, con el objeto de no perder jamás la ligazón con ella, y poder tomar par­te, con más prontitud, en la persecución, ó de sostener con más eficacia la retirada en caso necesario. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 316 BOLETÍN MILITAR Tan pronto como el enenügo inicie ésta, la artillería avanzará, al aire más vivo que pueda, á vanguardia de una de las alas de sus escuadrones para tomar una posición ven­tajosa, desde la cual contribuya con su fuego á aun1entar el éxito del ataque, y decida al adversario á. declararse en abierta retirada ; esta posición debe ser tal, que la caballe­ría que persigue no sea molestada por sus propios cañones, y puedan distinguirse perfectamente los amigos de los enemigos ; si se sabe que el enemigo en su huída ha de pasar por un desfiladero ó por can1inos de antemano cono­cidos, procuren las baterías estar en actitud de enfilar di­chas localidades. Si por el contrario, nuestra caballería es la que tiene que emprender la retirada, la artillería juega entonces el principal papel, y ningún movimiento debe emprenderse sin su inmediata protección. La!:> baterías se colocarán en el eje fijo, al rededor del cual la caballer;a opondrá la ma­yor resistencia en sus n1ovimientos retrógrados, cubriendo éstos con un fuego muy vivo, bajo la protección de las reservas de que aún se disponga, y procurando por todos los medios posibles coger al enemigo con fuegos oblícuos y de ílanco; esto favorecerá n1ucho y a y u dará á la reunión de las tropas dispersas, y aun quizá pueda esto servir para restablecer el combate, para cuyo efecto los escuadronts no desperdiciarán la ocasión de tomar la ofensiva en el momen.to oportuno. Los movin1ientos en retirada se harán siempre por escalones, á fin de que el fuego de las piezas nunca se vea interrumpido. En el caso de que en la reti­rada haya de pasar un desfiladero ó un obstáculo cualquie­ra, la artilJería lo franqueará sucesivamente al aire más vivo que el terreno y circunstancias lo permitan, y ton1ará posiciones al otro lado de él, para con sus fuegos flan­quean tes detener la persecución del enen1igo todo el mayor tiempo posible, y facilitar á nuestra caballería el paso. Cuando la persecución sea den1asiado violenta y no se pue­da detenerla algún tanto, ó que por las disposiciones del terreno la artillería no pueda obrar eficazmente desde el otro lado, se colocarán las baterías delante del desfiladero para proteger el paso de los escuadrones, aun cuando se pierdan las piezas, con tal de que den el tiempo suficiente para ponerse en salvo las demás tropas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 317 De todo lo que precede se deduce la marcha metódica del con1bate de la artillería en un ataque decisivo de la caballería ; pero no deja de haber excepciones, por ejem­plo : si el enemigo no posee artillería, ó si el terreno ó la negligencia del adversario permitiera ~.proximarse á cu­bierto á distancias n1enores, una sola posición para las ba­terías es con frecuencia bastante para decidir al enemigo á declararse en retirada ; peco esta posición única debe ser tal que asegure su eficacia durante el mayor tien1po posi­ble, y que puedan todas las baterías, en general, estar reu­nidas. Cuando un cuerpo de ejército ó división de infantería con caballería ó sin ella, tiene la misión de mantenerse ex­clusivamente á la defensiva, el papel que desempeña la artillería en la generalidad de Jos casos, es el de arma prin­cipal. Por lo tanto, para venir en conocimiento de su em­pleo en el campo de batalla, en los casos en que las tropas á quienes va anexa no pueden tomar la iniciativa, es nece­sario recurrir al capítulo que trata " De la artillería como arma principal en las batallas defensivas." Sin embargo, como caso particular en que la mencio­nada arma desempeña un papel puramente auxiliar, estu­diaremos aquél en que un ejército ó fracción de él se vea precisado á tomar la defensiva, sin considerar á ésta nunca en absoluto, por los graves perjuicios é inconvenientes que ocasiona el que una fuerza cualquiera se sostenga en una actitud pasiva, y se limite á defender el terreno que pisa ; antes al contrario, debe aprovechar, siempre que la ocasión se le presente, cualquiera circunstancia del curso del com­bate, para tomar la ofensiva y alejar de sí al enemigo. Como ejemplo de esto trataremos el caso en que se trate de impedir la conquista y paso de un desfiladero que está á retaguardia de las tropas que lo han de verificar. En dos partes se divide esta operación : r.e, no pern1itir que el enen1igo se apodere de la entrada de él, y como con­secuencia natural del don1inio de todo el obstáculo; y 2.a, no dejar al que ataca, por todos los n1edios posibles, que desemboque por el . desfiladero, y siga su marcha de­jándolo á retaguardia. (Continuará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 318 DOLETÍN 1\HLITAR NOTAS PARA UN PROGRAMA DE INSTRUCCION PARA LA INFANTERÍA DE I,ÍNEA (De El Porvntir Militar de Buenos Aires) Es notoria la importancia que tiene el método en la instruc­ción. Es muy sabido también la indiscutible ventaja de que las tropas de las tres armzs, entre sí, se encuentren siempre sobre el mismo pie de instrucción. No es concebible, pues, que haya ven­taja alguna en que una ó varias compañías, escuadrones ó baterías de un cuerpo difieran en la instrucción, táctica, etc., y mucho me­nos, tampoco, que los cuerpos de una misma arma difieran unos de otros en sus maneras de maniobrar, marchar, vigilar y combatir. En nuestro ejército ocurre que unos cuerpos trabajan mucho más y mejor que otros de la misma arma. Este enorme mal tiene, en nuestra opinión, dos causas: la primera es la falta de método uniforme y constante en la instrucción individual y colectiva; y la segunda es que mientras unos cuerpos permanecen tternamente en guarnición en ciudades, otros lo están en campaña, ó continua­mente de un punto á otro. Lo cual significa, de modo claro, que en nuestro ejército, y en materia de instrucción, los extremos se tocan. Siendo la infantería de mecanismo menos complicado que las otras armas, nos parece más conveniente dar principio á un ligero examen de lo que á esta arma pudiera servir de programa. Dividiremos el año de instrucción en once meses, para que los cuerpos puedan repetir algunas asignaturas dos ó tres meses en el transcurso del año; y para que otros cuerpos que no hayan po­dido, según los programas, por su orden, puedan hacerlo por lo me­nos una vez. La instrucción que comprenden los programas será : para clases, para soldados y colectiva, más ó menos en la siguiente forma: FR.OGR..AJ\.1:.A.. FEBRERO Para sargentos y cabos: teoría y práctica del tiro al blanco, meca­nismo del fusil: su conocimiento, armarlo, desarmarlo, y procedimien­tos para su conservación. Natación. Para soldados: práctica del tiro al blanco, conocimiento del me- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 319 canismo y procedimiento para su limpieza y conservación ; tiro al blanco. Natación. Colectiva: tiro al blanco. Natación. MARZO Para sargentos y cabos: obligaciones del soldado y clases, teoría del aervicio de seguridad en plaza, campamento y marcha. Natación. Para soldados: obligaciones de los mismos y teoría del servicio de seguridad en plaza, campamento y marcha. Natación. Colectiva: prácticas del servivio de seguridad en plaza 6 campa­mento y marcha. ABRIL Para sargentos y cabos: táctica elemental, telegrafía y gimnasia. Para Jaldados: lectura, escritura, dictado y g\mnasia. Colectiva: táctica elemental. MAYO Para 1argentos y ca boJ: prácticas de la elección de po&iciones, te­legrafía y gimnasia. Para soldados: : lectura, escritura, dictado y gimnasia. Colectiva: práctica de la elección de posiciones. JUNIO Para sargentoi y cabos: nociones te6ricas de exploración, esgrima, telegrafía y leyes penales. Para soldados: leyes penales, historia nacional, caligrafía y es­grima. Colectiva: prácticas de la exploración. JULIO Para sargentos y cahos: teoría de las marchas de guerra y fuegos, aritmética práctica y de geometría, dibujo lineal, esgrima y leyes pe­nales. Para s()/dados: nociones generales de aritmética práctica y de geo­metría elemental, leyes penales, esgrima. Colectifla: marchas de guerra y fuegos. AGOSTO Para sargentos y cabos: nociones teóricas y prácticas sobre recono­cimientos en general, croquis y orientación, de geografía nacional y países limítrofes, gimnasia y esgrima. Para s?ldadoJ: nociones generales de g~ografía é historia nacional. Colectiva: prácticas de los reconocimientos en general. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 320 BOLETÍN MILIT A.R SEPTIEMBRE Para sargentos y cabos: tácüca elemental, telegrafía, gimnasia y esgrin1a, nociones teórico-prácticas de aritmética y geometría prácticas, ídem de fortificación pasajera. Para soldados: nociones de aritmética y geometría, de fortificación pasajera, gimnasia y esgrima. Colectiva: táctica elemental y fuegos. OCTUBRE Para sargentos y cabos: nociones teórico-prácticas de fortificación pasajera, de elección de posiciones, de reconocimientos y exploraciones. ·. Para soldados: nociones prácticas de fortificación pasajera, de elección de posiciones y reconocimientos. Colectiva: prácticas ele la elección de posiciones, exploraciones, reconocimientos y servicio de seguridad en general y natación. NOVIEMBRE Para illrgentos y cabos: nociones sobre fortificación pasajera y mi­nas, de historia nacional y leyes de la guerra. Para soldados: nociones prácticas de fortificación pasajera, lectura de hechos heroicos, leyes de la guerra, natación. Colectiva: prácticas de la elección de posiciones y de la fortifica­ción de campaña. DICIEMBRE Para sargentos y cahos: prevenciones generales sobre los simulacros de combate, aprovisionamiento de municiones, es~.:olta y conducción de convoyes, ambulancias y heridos. Colectiva: simulacro de combate por dos secciones, compañías y medios batallones. Es indudable que á primera vista este programa, en su parte teórica, es impracticable é innecesario, pero no hay que olvidar ~ue dicha instrucción teórica es puramente constituída por nociones elementales que no sólo son fáciles de enseñar al soldado de más modesta inteligencia, sino que son indispensables para el desarrollo mismo de sus facultades intelectuales, y de los conocimientos y prácticas á que concurrirá en el curso de la instrucción. La instrucción de este programa está arreglada para tres ca­tegorías: clases, soldados y unidades, y sería muy posible que al ponerse en ·práctica el programa de instrucción, se ocasionasen in­terrupciones por la falta de fijación de días y horas para cada pun­to de la enseñanza. Convendría, en consecuencia, que tanto la instrucción de las clases como la de los soldados fuera diaria du- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 321 rante las horas hábiles de instrucción, y la colectiva se verificase en la última semana de cada mes. Sería ineficaz el fijar de una manera general para todos los cuerpos, el horario minucioso que se debe encuadrar en las horas comprendidas desde la diana hasta la retreta, pues b situación dis­tinta de muchos cuerpos imposibilitaría su igual observancia. Cada cuerpo podría dar cumplimiento al programa á la hora más opor­tuna, según su situación y medios de enseñanza. Y con el objeto de ir subsanando paulatinamente las deficiencias que se notaren en los programas, los cuerpos deberían elevar á la superioridad tri­mestralmente, en un informe, las deficiencias que notaren y las mejoras que creyeren útiles introducir. Los cuerpos podrían informar también, mensualmente, cuan­do no hubiesen podido cumplir alguno de los puntos del programa, explica.ndo las causas, para que la superioridad los tenga presente. Del mismo modo, cuando por haberse pasado uno ó dos meses sin la instrucción correspondiente, el jefe del cuerpo puede dar cuenta de lo demás que convenga al cuerpo, según la situación en que éste se halle. En las prácticas sobre el terreno, siempre que las efectúen secciones ó compúíías separadas, ó el batallón, es conveniente que al terminar una maniobra ú operación, los comandantes de las uni­dades indicadas, reúnan á sus subalternos para formular de viva voz, y si es posible ante un croquis ó plano, la crítica de lo que se haya efectuado y de confor·midad á los principios, reglas, órdenes y demás circunstancias que concurren en la realización de una ope­ración ó maniobra. De esta crítica se formará una relación verí­dica y lacónica, y será elevada al superior respectivo al terminar el día de ejercicios. La crítica de ]o que se verifica en el terreno por las tropas, enseña á corregir los errores y fortifica el criterio de los que tienen que desempeñar una misión al mando de tropas, acostumbrando á los oficiales á que se sirvan siempre de los preceptos establecidos para cada caso, y actúen con verdadera convicción en cualquier circunstancia. U no de los casos que pueden llegar á retardar la eficacia del programa de instrucción, es la falta de textos adecuados para el desarrollo teórico de los conocimientos. Pero teniendo el Estado Mayor, como los cuerpos de ejército, un crecido número de ofi­ciales ilustrados y estudiosos, no sería difícil formar una comisión que se encargara de redactar los textos, entresacando lo que fuese más adecuado al género de instrucción de los programas, tomados de los mejores tratadistas militares. Es indudable que en los prin­cipios no se podría obtener un texto adecuado completamente, pero mediante el transcurso de la instrucción se iría mejorando, hasta llegar á lo conveniente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 322 BOLETÍN MILITAR Lo que dejamos sumariamente sentado como lineamientos de un programa de instrucción, comprende el conocimiento teórico­práctico de los usos y procedimientos de que las tropas deben estar bien poseídas en ca~paña, y sin cuyas rigurosas condiciones, las operaciones se efectúan siempre con incertidumbre y falta de reso­lución. Así, pues, las evtJ/uciones tácticas, los fuegos, la fortificación, el servicio de seguridad, los reconocimientos, las marchas de guerra, la elección de posiciones y los simulacros de combate, constituyen el plan general de la instrucción que comprende el programa que supone­mos indispensable para la infantería. Habrá indudablemente deta­lles de más ó de menos, pero la observación y el estudio se encar­garían muy pronto de encarrilar las prescripciones del programa dentro de las verdaderas exigencias de una instrucción militar con­creta y suficiente. Teniendo en cuenta que la permanencia del soldado en las filas del servicio activo es de corta duración, y que dentro de muy poco quizá se haga efectivo el servicio obligatorio por un año, he mos distribuído en once meses la totalidad de los conocimientos teórico-prácticos del programa. Así, pues, los soldados que perma­nezcan solamente un año en las filas saldrían con una noción ge­neral del servicio que desempeñen en campaña. Y es lógico dedu­cir que los soldados que permanezcan más de un año ó más años en el servicio, repetirán provechosamente la misma instru~ción con la~ reformas y ventajas sucesivas. Distribuyendo la enseñanza por meses, se tiene la gran ven­taja de que tanto la tropa como los oficiales encargados de ins­truírlos, se dedican especialmente á cierto número de cuestio­nes durante veinticinco ó treinta días. Esos oficiales tienen así trazada de antemano la norma de sus procedimientos ; y en sus estudios, comprobaciones, experiencias y discusiones técnicas en el terreno, uniforman sus ideas sobre la misión que tienen á su cargo. Algunos puntos de la instrucción que comprende este pro­grama merecen algunas observaciones que expliquen su objeto. No hay para qué repetir la importancia que tienen para el desarrollo físico y el carácter del soldado, la natación, la gimnasia )' la esgrima. La natación no solamente es provechosa para la salud é higiene del soldado, sino que á falta de elementos por el pase de una corriente de agua más ó menos considerable, y como ocurre ordinariamente en campaña, á las pequeñas partidas de tropa~, ó en ocasiones á los cuerpos mismos, no hay peligro de que unas veces también por rigurosas exigencias del servicio ó comi­sión, perezca la tropa como ha sucedido muchos veces, por peligro de una situación crítica, ó por impericia ó negligencia. Hay que tener presente, además, que nuestras dilatadas regiones están cru­zadas por innumerables corrientes de agua de toda magnitud, ó que son pocos ó inadecuados muchas veces los medios de que se dispone en la costa de los ríos para el paso de tropas y convoyes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 323 No deberá olvidarse, pues, que á nuestro soldado, de cualquier arma que sea, le es tan indispensable saber nadar, como le es tirar al blanco con la mayor certeza posible. La gimnasia, desarrollando las fuerzas y dando mayor agi­lidad al cuerpo, y la esgrima dando mayor destreza y confianza al soldado, constituyen con la natación la instrucción individual que mayormente acrecienta las aptitudes del soldado para soportar las fatigas de la guerra. Particularmente, la esgrima es indispensable en nuestro soldado, pues por razones de temperamento, de hábitos y costumbres, como porque los fuegos, en la medida prevista por la teoría, no serán de efecto suficiente para combatir y desalojar al enemigo, se impone la necesidad de que el soldado se habitúe al manejo del arma blanca. Sería práctico quizás que antes de en­señarse la esbrima con rifle se principiase con la esgrima de armas cortas, y aun el visteo mismo. N u estro paisano, en general, y los orilleros de ciudades y pueblos importantes son esgrimistas consu­mados al arma corta, y en los cuerpos desarrollarían ventajosa­mente esas propiedades características. No serán pocos los que objeten esta proposición nuéstra, de introducir en un programa de instrucción militar la esgrima que ordinariamente se le llama criolla ; pues aparentemente desdice de la forma rutinaria, y á la europea de la enseñanza de la esgrima militar. Pero se desvir­tuará esa objeción recordando que hay juegos atléticos de agilidad y destreza que son muy comunes entre los ingleses y los norte­americanos, '-lue tienen gran analogía con la enseñanza individual que aconsejamos. No hay que olvidar tampoco que la superioridad é instintos aventureros del argentino sobre el extranjero se debe á esa costumbre nacional, que no desaparecerá quizás, no obstante el rápido crecimiento de nuestra población, progreso y cult,rra. Hay dos cuestiones importantísimas que se hallan muy des­cuidadas en nuestra instrucción militar. Ellas son la práctica de la elección de posiciones y la de los simulacros de combate. Son estas dos enseñanzas prácticas sobre el terreno, dos problemas complejos y que comprenden infinidad de soluciones. Si para un soldado, y hasta para un oficial subalterno, la elec­ción de una posición no es cuestión complicada, puesto que la li­bertad de acción de esas jerarquías es muy limitada, no lo es para un capitán ó jefe cuya libertad de acción y responsabilidades están siempre en relación con el número de fuerza que ordinariamente comandan, y con la misión que desempeñan en un combate. La elección de una posición, y de la oportunidad de operar dentro ó fuera de aquélla, no son cosas que se improvisan prove­chosamente, como es muy sabido. La historia militar pone de ma­nifiesto palmariamente cuántos triunfos y derrotas han ocurrido puramente por la buena y mala elección, respectivamente, de una posición; como asimismo indica el error en que se ha incurrido al tomar, sostener ó abandonar á destiempo una posición. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 324 BOLETÍN MILITAR No es menos complicado é indispensable el simulacro de com­bate, verdadera balanza donde se pesa y aquilata cuanto se tiene y se sabe del arte de la guerra. Un verdadero simulacro es más un caso de estudio concienzudo de la potencia militar que una opor­tunidad de falsa y vanidosa victoria, como se cree muchas veces. Nadie ignora el objeto de un simulacro de combate, y solamente recordamos este punto por seguir el desarrollo de nuestras obser­vaciones sobre el programa que estudiamos. La enseñanza de la fortificación pasajera no es de desdeñarse tampoco, pues hay que recordar que dicho recurso de combate tie­ne sus grandes ventajas y desventajas, de las que también instruye copiosctmente la historia. Baste recordar que no todos los tratadis­tas militares están de acuerdo sobre el efecto moral que ejerc(' en el soldado, según la posición que ocupe, y la misión que en e1la desempeñe, la orden de abandonar los reparos y de avanzar sobre el enemigo bajo las fuerzas de la artillería é infantería del último. Todas las cuestiones prácticas y de doctrina, que fluyen de la en­señanza de la fortificación, merecen á nuestro juicio que se las tenga seriamente en cuenta, para no caer después en preocupacio­nes y errores, que se aumentan siempre con las improvisaciones que surgen del contacto inmediato con el enemigo, ó por peligro más ó menos próximo. Otra cuestión que merece atención constante es la educación moral del soldado, levantando su espíritu militar por medio del co­nocimiento de nuestra historia militar. No tememos equivocarnos si afirmamos que apenas el cinco por ciento del personal de twpa de nuestros cuerpos de línea, saben qué es nación, patria, libertad, independencia, gobierno, autoridad, etc., qui énes son ;' qué hicieron San Martín, Belgrano, Lavalle, Moreno, Rivadavia y demzs gue­rreros y patricios de nuestra historia; qué es Chaca buco, Maipo, Ituzaingó, Caceros, Tuyuty y cien batallas más. Ignora también la historia de su batallón ó regimiento, y los hechos de armas he­roicos, en los que sobresalen innumerables valientes cuyas hazañas no solamente dan á comprender los antecedentes gloriosos de nues­tras armas, sino que enseñan y alientan hasta á los espíritus más egoístas, incrédulos ó desanimados, les inspiran en el valor, los sacrificios y la lealtad de sus históricos soldados. El soldado, leyendo ú oyendo leer nuestra historia, y sobre todo la parte militar que ella consigna, comprende con su natural inteligencia, y mejor que de cualquiera otra manera, cuánta es la magnitud de su misión como guardián exclusivo del orden públi­co, la soberanía y las glorias de la nación. Sería muy edificante para el espíritu del soldado el que en las cuadras y corredores de )os cuarteles hubiese cuadros representan­do episodios de nuestra historia ntilitar, corno, por ejemplo, el acto en que el propio batallón ó regimiento lleva una carga, victoriosa­mente, quita al enemigo una trinchera, posición ó pertrechos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 325 Pero si todo lo que antecede es razonable que se dé á cono­cer á la tropa, se dirá: ¿Pero qué importancia puede tener para un modesto soldado, cuál es la población, las ciudades más importan­tes, las montañas, ríos, extensión, etc., de la República Argentina y sus limítrofes? Debe recordarse, aunque con pesar, que hay no pocos hijos de provincias importantes que no saben dónde está la República á que pertenecen ; ó gue piensan que su provincia ó departamento es un estado independiente. Ponemos punto final por ahora á los ligeros apuntes que an­teceden, y los entregamos á la ilustrada consideración de nuestros camaradas, para gue se formen cabal criterio de lo que dejamos expuesto, y para que los que entienden la materia mejor que nos­otros, la encuadren, amplíen y difieran con arreglo á las verdaderas necesidades de la reina de las batallas. Conste, por otra parte, que no hemos caído en la creencia inocente y vanidosa de que formu­lamos un programa de instrucción, sino que entregamos sincera­mente una idea, para que ésta adquiera su verdadera forma y mag­nitud en su verdadero terreno. F. VILLAMAYOR INFORlVlACIONES PARA EL EJÉRCITO EL ARJ.!Al\IENTO MODERNO Efectos mortíJeros del fusil inglés-La infantería inglesa aca­ba de abandonar el fusil Martini para adoptar el fusil Lee-Met­ford, de calibre de 7.70 mm., que arroja una bala de 13.80 gra­mos con una velocidad inicial de 575 metros. Los datos sobre los efectos de esta arma proceden en primer lugar de la expedición de Chitral emprendida en 1895. Los oficiales ingleses han comprobado con frecuencia que los hombres heridos por las balas del fusil Lee-Metford no caían. Los indígenas designaban comúnmente á esta arma con el nom­bre de }usil de niño, tanto á causa de sus dimensiones como por­que no les inspiraba temor alguno. En el combate de Malakan un indígena fue herido por seis balas en el tobillo, en la rodilla, en los riñones y en la cabeza. Esta últim~ herida fue producida por una bala que, entrando por la nuca, salió por la boca, después de haber roto varios dientes. Este indígena tuvo bastante fuerza para presentarse él mismo á la ambulancia inglesa, donde fue cuidado y donde curó en poco tiempo. Los médicos agregados á la expedición pudieron observar que lesiones muy graves no ocasionaban la caída de los heridos, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 326 BOLETÍN MILITAR los que conseguían caminar y aun combatir cierto tiempo después de haber sido heridos. Durante la expedición del filibustero J ameson en el Trans­vaal en 1896, los heridos de los dos campos fueron recogidos en el hospital de Krugendorp. Los médicos constataron que las he­ridas producidas por los pequeños calibres eran muy limpias; la herida, de entrada muy pequeña, se cerraba por sí misma, y la hemorragia, causa principal del debilitamiento del herido, era casi insignificante. U no de los heridos de Krugendorp tenía los pul­mones atravesados ; fue curado después de algunos días de trata­miento. Estos informes no dejan de inquietar á la opinión en Ingla­terra. Según los artículos de varios diarios, parece exacto que se reconoce que el nuevo fusil es menos mortífero que el Martini, abandonado recientemente. El coronel Slade, antiguo director de la escuela de tiro de Hilhe, que fue uno de los promotores del fusil Lee-Metford, es atacado violentamente por la prensa inglesa, y su defensa parece bastante débil. Por otra parte, se trata actualmente de remediar esa insuficiencia del uuevo fusil, modificando el proyectil de ma­nera de hacerlo más mortífero. La solución de esta cuestión parece, a priori, muy complica­da. Estando resuelto el calibre, el aumento del peso del proyectil no puede obtenerse sino por el alargamiento, ya que la materia no puede variar sensiblemente. Un alargamiento del proyectil aumenta las presiones interiores en el cañ6n, en proporciones ta­les, que es dudoso que esta solución sea practicable. Efectos mortíferos de/fusil italiano-El fusil italiano, mode­lo 1891, lleva el nombre de Parravicino-Cárcano, es de calibre de 6.5 mm., su proyectil pesa 10.45 gramos, es arrojado con una ve­locidad inicial de 71 o metros más ó menos. No podría afirmarse que este nuevo fusil fue una de las cau­sas del fracaso de la campaña de Abisinia. Sin embargo, ante las observaciones hechas sobre las armas de pequeño calibre en gene­ral, y particularmente sobre el fusil inglés citado más arriba, es permitido preguntarse si el arrojo de las tropas de Menelik no hubiese sido quebrado por los fuegos producidos por el Verteli, que hace poco fue abandonado por los italianos. Los efectos mor­tíferos del fusil Cárcano no parecen ser más temibles que los del fusil inglés. El coronel italiano N uva, que durante algún tiempo fue prisionero de los abisinios, pudo observar numerosos heridos du­rante su cautividad. Notó que todas las heridas que no interesa­ban órganos vitales, se asemejaban á simples cedales, y curaban con gran rap~dez. ~n consecuencia, opinaba que el nuevo arma­mento de la infantería italiana parece mucho menos mortífero que el antiguo. Refiere que los abisinios han da~o por nombre al Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN lliLITAR 327 í usil italiano, El fusil que no mata. La palabra merece ser conser­vada, y es ciertamente la vez primera que una arma de guerra ha sido calificada de esta manera. Un oficial del ejército de Menelik, llegado recientemente á Europa, testigo ocular de los diferentes combates de esa campaña, emitió una opinión enteramente conforme á la del coronel N uva, respecto del efecto mortífero de las armas de diferentes calibres. Comparando las pérdidas de las dos partes, en la batalla de Abba-Garima, aprecia que los italianos han tenido 14,000 muer­tos más ó menos, y muy pocos heridos, mientras que los abisinios, según él, no tuvieron más que 4,6oo muertos y .un número poco considerable de hombres heridos levemente. En consecuencia opi­na que el nuevo fusil italiano no debe inspirar temor alguno, mientras que el Verteli y el Gras han producido á su vista efectos aterradores. El hombre herido por un ?royectil de estas últimas armas, recibe un choque violento, salta algunas veces sobre sí mismo y cae en seguida con una herida atroz. Efectos mortíferoi del fusil japonés-Los japoneses, en su cam­paña contra la China, estaban armados de fusiles Mourata, de dos modelos distintos. U na de estas armas era á repetición y del calibre de 8 mm., siendo análogo el proyectil al de! fusil Lebel. Un oficial americano del ejército de los Estados U nidos, durante su permanencia en Tie-' rsin visitó y examinó varias ve­ces á los heridos chinos en tratamiento en el hospital de esa ciu­dad. U nos 30 de ellos habían sido heridos por proyectiles de pe­queño calibre. Los heridos tenían orificios de entrada y de salida extrema­damente pequeños, eran limpios y curaron con mucha rapidez. Según la opinión del médico inglés que atendía á esos heridos, nueve sobre diez hubieran sido muertos en el acto, si hubiesen sido heridos por las antiguas balas de plomo de calibre de 10 á 11 mm. Efectos del fusil belga (experimentos del polígono)-La Comi­sión de estudios del ejército español, encargada de determinar el mejor modelo de armas que debía adoptarse para la infantería, fue llamada á experimentar, en 1893, en el campamento de Cara­banchel, el fusil Mauser, adoptado por Bélgica en 1889. Esta arma es de calibre de 7.65 mm., arroja una bala de 14 gramos, más ó menos, con una velocidad inicial de 605 metros. La Comisión española hizo hacer disparos á 2,ooo metros sobre un caballo y 5 mulas vivas. Estos st>is animales recibieron heridas que presentaban gran gravedad. Sólo dos murieron, uno después de 15 minutos, otro después de 25. Este experimento no se cita sino á título de simple inform~, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 328 BOLETÍN MILITAR pues las indicaciones suministradas son demt:~.siado incompletas para poder formar opinión de una manera cierta. Además, los efec­tos producidos á 2,ooo metros no tienen sino un interés muy relativo. La infantería rumana está armada con el fusil Mannlicher, modelo 189r. Esta arma es de calibre de 6.5 mm., y arroja un proyectil de IO gramos con una velocidad inicial de 745 metros. La Comisión rumana encargada de probar ese fusil hizo efec­tuar disparos á 1,400 metros sobre caballos vivos. El examen de las heridas producidas permitió comprobar que las fracturas de los huesos y las lesiones de )as arterias afectaban una gran gravedad, pero las heridas en las partes blandas fueron reconocidas muy leves, mucho menos graves que aquellas que hubieran sido producidas por balas de calibre mediano. Estas heridas hubif'ran sido en ab­soluto ineficaces para detener bruscamente á caballos lanzados á galope tendido ó en una carga de caballería, por ejemplo. .. . EN EL EJERCITO Por decreto de 5 del mes actual el Poder Ejecutivo dictó las siguientes providencias : Aceptó la excusa del General Daniel E. Pardo C. para servir el puesto de Jefe de Estado Mayor de la 3·" División, y nombró en su reemplazo al General graduado Mario Guzmán. Destinó al Coronel Enrique Hoyos F., que servía en el ba­tallón Junín número 9 como primer Jefe, para el mismo puesto en el Bomboná número 15, en vacante que queda por la promoción del General Guzmán. Llamó al servicio activo al Coronel Alcides Arzayús y lo destinó como primer Jefe del batallón ]unín. Nombró al Sargento Mayor Arturo Moya Comandante del medio batallón f/alencey. Por decreto de fecha 6 del presente restableció los puestos de Capellanes de las guarniciones de Cartagena y Barranquilla, y nombró para desempeñarlos á los señores Presbíteros Carmelo Percy y Carlos Valiente. Por decreto de fecha 7 declaró insubsistente el nombramiento hecho en el Subteniente Román Castillo para servir en la 4·" Compañía del batallón Sucre número 7, por haberlo reclamado el Juez 3·0 del Circuito de Barranquilla, en donde se le sigue juicio por delito de heridas. Destinó al Capitán Manuel París R., Ayudante Mayor del batallón Bárbula, al Estado Mayor de la r.a División, como pri­mer Adjunto, en vez del Capitán José María Rosillo, quien pasa á ocupar el puesto primeramente citado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 79

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 54

Por: | Fecha: 04/06/1898

Aito II Uogotá, Juuio 4 de 1~9~. B.OLETIN MILITAR ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRCITO Director, ALEJANDRO POSADA. Son colaboradores natos de este periódico, todos los Jefa y Oficiales del Ejército d~ la República. EL CARóN DE CAMPANA MODERNO Y LA INFANTERÍA Lo~ rápidos y sucesivos ',perfeccionamientos que han tenido las armas de fuego portátiles, ensanchando conside­rablemente los medios de acción de la infantería, hicieron cre~r por un momento que su reconocida preponderancia como arma principal anularía, casi por completo\ á sus auxi­) iares, sobre todo á la artiJlcría, la cual para Juchar con aquella hubo de sacrificar la movilidad, tan útil en el cam­po de batalla. Los adelantos técnicos que ha conseguido la ~rtillería en los últimos tiempos, tanto en la construcción de sus piezas como en la de sus cureñas y proyectiles; los es­tudios hechos en las condiciones balístims~ Jos repetidos tra­bajos prácticos llevados á cabo; los , continuos ensayos en busca de nuevas perfecciones; la excelente instrucción de su personal· en una palabra, todos los progresos realizados en su empleo, han vuelto á dar In. importancia que correspon­de á aquella arma que, empleada con el acierto que lo ha sido en los últimos tiempos., ha llegado hasta ofuscar á cier­to número de escritores militares, haciéndoles suponer que )as victorias obtenidas se debían principalmente á los caño­nes, y aún han firmado, que la infantería era impotente ante baterfas bien mandadas . , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOL.E fÍN MILITAR Esto es á todas luces exagerado; pues, sí bien es índu­dable que el papel que desen1peña Ja artillería en las bataJias n1odernas ha aun1entade n1uchoen in1portancia, también loes que la infantería será siempre la reina de Jas batallas, como la llamaba Napoleón I, por n1ás que podan1os decir con un ilustrado escritor extranjero, que el cañón es el rey. La artillería por sí sola ni puede defenderse en absolu­to ni puede obtener ventaj?.s en el ataque; pero, por otra parte, sin su auxilio tan1poco podría la infantería vencer Jos obstáculos n1ateriales que se la opongan, pues su fuego es in1potente contra las defensas, sean naturales, sean artificia­les con que se abrigan las tropas en una batalla; y bien en el ataque para allanarlas, bíen en la retirada para sostenerse contra el en~n1igo envalentonado, Ja artillería llega á ser una necesidad, y su en1pleo indispensable en Jas can1pañas. En Ja guerra de sitios, el ataque y defensa de las plazas es casi exclusivan1ente un con1bate de artillería, con10 igua1- n1ente lo es la defensa de las costas y los con1bates n1arítin1os. La n1isión que está lJan1ada á desempeñar la artillería en con1binacióu con las otras arn1as, no ha variado sensible­mente con los adelantos n1odernos, pues ahora con1o antes, d be preludiar la batalla; mantener al e nen1igo Jo n1ás le­jano posible; cubrir los despliegues de Jas tropas; preparar y sostener su ataque ; it iciar, en fin, la victoria ó retardar Ja derroql.; según las circunstancias. Para conseguirlo, cuen­ta, sin embargo, hoy dia mejor que en otro tien1po, con Jos grandes alcances que ha obtenido; con s n1ucha preci­sión, con su enorme p tencia; y sobre todo, con el facilí­sin1o n1anejo de sus piezas, que unido á la instrucción teó­rica que en las escuelas de tiro s " da hoy ft todos los indi­viduos, proporcionan á Ja artillería n1oderna una gran ven­tája 5obre Ja antigua1 en la qu.:: el arte de tirar bien era tan ~olo conocido de uuos poco!:i. o pudiendo obtener obser­vaciont~ exactas, ya por ser sólidos la mayor parte de Jos }'ruyectiles l{ ue se usaban, lo cual hacia difícil el ver bien los puuLos de caída, ya por la n1ala condición de las cs­polet~ s en 1os proyectiles huecos, ya tatnbién por las gran­des desviaciones que sufrían Jos disparos, las correcciones dd tit u no obedecían á principios tan fijos como en la ac­tualidad, en que, gracias á los per[i ccionan1ientos alcanzados Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. SOLJ.TfN MILITAR !n las p1ezas y á la sencilla aplicación del cálculo de proba .... bilidades, se pueden dictar métodos y reglas claras y preci sas que pern1iten en pocos días aprender á apuntar y re­glamentar el tiro. de las piezas. Todas estas ventajas, parece~ son contrarias á las tropas de infantería, obligadas á sufrir el certero fuego de los cañones modernos; pero estudiando con detenin1iento esta cuestión, se comprende fácilmente que estos nlÍsmos progresos realizados en la artillería, pue­den servir de base para una futura táctica en que las indi-­car. iones procedentes del conocimiento de reglas y métodos fijos, señalen el modo de n1n.niobrar en el can1po de batalla~ Con efecto, en tiempos anteriores, como la buet1a dirección de los disparos y el útil en1pleo de las piezas dependía en gran parte de la habilidad del que apuntaba, y también mu .... chas veces de la casualidad, sin que existiera Ja fijeza en los n1étodos, ni las reglas exactas que hoy día poseen todos Jos artilleros, era difícil, si no imposible para la tropa caño­neada comprender las intenciones ni el objetivo del jefe de la batería contraria; viéndose obligada á separarse á mucha distancia del . terr~...no batido á causa de las grandes desvia­ciones de los proyectiles. Hoy día, tcniendc los conoci­mientos sobre el tiro de artilJería, fáciles de adquirir, e!: posible al que manda cualquiera. fuerza, conocer por las ex­plosiones de los proy ·ctilcs el punto de su caída y por con·­siguiente las diversas faces del tiro; adÍ\'Ínando de e~tc modo los propósitos de lo qt e apuntan las piezas y eJu- Ji .-: ndolos bien fácilmcnt · con pequeñas variaciones de po­. ición, dificultando así al mismo tiempo · la observación d tiro, puesto que al privar , 1 que apunte de 1 s iatos que d<.:~ea, hará in~ plicable su· método y sus reglas. Es pues fácil comprender qu puede la infantería evi­tar por m dio~ tácticos los efectos del cañón de campaña tnodcrno. en este art1cuJo nos proponemo desenvolver este tema, cuya idea nos ha sido sugertda por las atinadas re­fltxiones que sobre ct mic:mo asunto hace el capitán Mau­beuge, de la artillería belga. Ante todo, creemos conveniente exponer sucintan1ente las nociones sobre los principios, Jos n1étodos y las regla Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETÍN MILITAR de tiro de las piezas de campaña que, á nuestro juicio, con­vendría poseyesen todos Jos oficiales de las armas generales para poder conocer Jos medios de acción deJa artillería. Sabido es que el arte de apuntar, se funda en observar con atención y en corregir con método; pues el tiro será ca­sual sin una buena observación, que ningún sisten1a, ningu­na regla puede reen1plazar; aden1ás, se necesita tener una pauta, seguir un orden establecido de anten1ano para modi­ficar Jos resultados que se obtengan. La explosión de los proyectiles en el punto de su caí­da por efecto de las espoletas de percusión que se hace vi­~ ible con la luz, Ja proyección de Jas tierras y el humo que se ocasiona, son los principales indicios de observación en el tiro, puesto que se sabrá que este es corto, es decir, que ha dado n1ás acá del blanco, cuando todas aquellas señales ocultan una parte de éste; que es largo, por caer el proyec­til más allá de él, cuando el humo sale por detrás; y que ha dado en el blanco por los movin1ientos desordenados que se producen en la tropa que lo constituye, y por no verse ni humo ni luz por delan~e. Resulta, pues, que la exactitud de la observación depende de la vista y experien­cia del que apunta, así con1o de su colocación para obser­var el tiro, y de lo visible que por efecto del color, de la disposión y de su estado á pie firn1e ó en movimiento, tenga el blanco. Además, ]a posición del sol y la diafanidad de la at­mósfera influyen también naturahnente en la observación. La tropa que sirve de objetivo á Jas piezas es, pues, árbitra de disminuír á su voluntad Ja n1ayor parte de los medios de observación que tiene el artillero, puesto que puede adoptar para los uniformes los colores más confu­sos, desterrando todas las parres brillantes, y elegir en sus forn1aciones y situación las que más ventajosas sean para su propósito. La visibilidad de un objeto depende d~ sus di­n1ensiones y del fondo en que se proyecta, así es, que al paso que una línea ó una columna vistas de frente son muy visibles, si se les ve de flanco se distinguen difícilmente y proporcionan pocos indicios para los punt:>s de caída. T o­dos los proyectiles que estallen delante, detrás, ó en el mis­nlo intervalo de dos fracciones, no pueden observarse bien Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR aun cuando el viento lleve el humo sobre una de ellas. Si la tropa se coloca de rodillas, el que observa se equivocará se­guramente al ver el hun1o por delante de ella, y si se echa en el suelo, casi se hará invisible. El movimiento de las fracciones, sobre todo si es irregular, dificulta n1uchísimo la observación del tiro y del blanco, aun cuando la marcha sea perpendicular á la 1íne~. de tiro. A grandes distancias es poco n1enos que imposible conocer el sentido del movi­nüento en la linea de tiro; y si el terreno es llano y descubierto, no se podrá distinguir ni siquiera si aquél se efectúa. La n1archa oblicua causará tan1hién sien1pre dudas sobre su grado de oblicuidad. En cuanto á la corrección, el n1étodo y reglas que se siguen en el tiro de artillería, áebemos tener presente, ante todo, que acercar el centro de los in1pactos obtenidos en varios disparos hacia el punto n1edio de in1pacto que se desea, es lo que se propone el que corrige un tiro yá arre­glado de anten1ano. Para ello se ton1a por base la desvia­ción probable, la tnáxin1a y la forma que afecta la agrupa­ción de Jos puntos de in1pacto, señalados en un blanco por un nún1ero de disparos hechos en condiciones idénticas. Ln prin1ero que tratará de obtener todo Comandante de batería es conocer la distancia relativa al blanco, que por efecto de las circunstancias atmosféricas, del estado de las n1uniciones y del modo de tirar, difiere bastante de la dis­tancia absoJ uta que e~ la verdadera en n1etros. La distancia relativa es Ja que nos n1arca el alza, y para obtenerla, el método que suele seguin;e es ir tanteando al dar de lleno al blanco, ó bien encerrarlo entre dos disparos que disten entre sí una distancia convenida de antemano, y que teniendo en euenta el error que puede admitirse á la distancia que se busca y el del instrumento óptico que se usa, suele variar entre I oo y 300 n1etros. Se empieza por hacer un disparo de ensayo, con el alza que corresponde á la distancia que se calcule disminuída en Jos n1etros convenidos, con objeto de apreciar mejor el resultado, pues que los tiros cortos se observan n1ejor que los largos. Si el proyectil toca al blan­co, yá se ·tiene la distancia que se buscaba; y si va más allá ó más acá de él, se hace otro disparo, disn1inuyendo ó au- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN M1LlTA1t n1entando la misma distancia q~e antes, y se continúa así hasta que se acierte al blanco, ó se le con1prenda entre dos disparos consecutivos: en el prin1er caso, el alza empleada será la qu~ se busca, y en el segundo, se tomará el término medio de los dos. Durante estos ensayos, que constituyen lo que podre­mos llamar el prin1er período del tiro, la infantería caño­neada, que desde luego conocerá es el objetivo, comprende­rá por la lentitud de Jos disparos y por la gran diferencia de alcances entre dos tiros sucesivos, que la artillería no co­noce la distancia sino por apreciaciones, siendo entonces cuando Jos errores de obs~rvación tienen mayores conse­cuencias. En este período, el fuego es poco peligroso y las tropas pueden disminuír este peligro, y sobre todo, contra­riar la observación, dando lugar á producir errores en ella, ya echándose en el suelo, ya variando de sitio, ó ya can1- . biando de formación. Conocida por el que apunta el alza que puede en1- plearse, empieza el arreglo del tiro, que consiste en medir con tnás exactitud la distancia relativa, procurando acercar el centro de puntos de impacto lo , 1ás posible del impacto medio, restringiendo los límites de las desviaciones. Se tra­ta pues de acertar el blanco ó al menos encerrarlo entre dos puntos de caída muy próximos, y para conseguirlo, se pue­de seguir el mismo sisten1a ya indicado, con la diferencia de que la cantidad que se afíade ó disminuye es de 2 5 á 30 n1etros únicamente. La infantería conocera que este segundo período va á empezar, en cuanto reciba en sus filas un proyectil, ó que­de comprendida · entre dos disparos sucesivos. En seguida notará que el fuego es más rápido, que los puntos de caída están n1ás cercanos en sentido longitudinal, y por consi­guiente, el tiro es más mortífero. N o bastará ya para sus­traerse á sus efectos el echarse al suelo, ni variar de sitio, si no que será preciso lanzarse á la carrera en dirección de la 1 ínea de tiro para tenderse en el suelo, ó ponerse á cu­bierto en algún abrigo natural ó artificial que se encuentre inmediato~ procurando por todos los medios posibles con ... trariar la observación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Obtenido por Jos artilleros que los límites de la dis­persión de los proyectiles e~tén muy próxin1os, y por consi­guiente casi co11fundidos los in1pactos n1edios, el tiro se considera arreglado, y únican1ente se hacen yá las correc­ciones que parezcan racionales, entrando en su tercer pe­ríodo, en el cual la observación de Jos disparos es indispen­sable sea n1uy exacta. Cuando se ha llegado á este período, ' la. infantería sufre muchísin1o del fuego de las piezas, y debe á toda costa salir de la posición que ocupe, n1archando en dirección de ]a trayectoria y ocultándose, en lo posible, aunque solo se1 para inducir á errores la observación. Además de las consideraciones que hemos expuesto, hay que tener presentes tambié n las reglas naturales que si­gue la artillería, para tirar contra la infantería, según la for­n1ación que ésta adopte. Si está en batalla, arreglarán las piezas su tiro contra la línea ó grupos de tiradores, y si se descubren las reservas, sostenes ú otra agrupación n1ayor, 1-=s dirigirá parte de sus disparos despu és de hacer las co­rr cciones fundadas en las distancias reglan1entarias de hrs formaciones. Cuando marcha la infantería, la artillería pue­de seguirla en todos sus movimientos con susproyectiles; y para ello, á cada distancia, se busca el alza que le corres­ponde con un tiro lento. y después de encoqtrada se hace fuego rápido, ó bien se arregla el tiro para un paraje dado, por donde haya de pasar la tropa, y en el momento opor­tuno, .~ e tira una descarga, continuando los aisparos á todo tirar. Este sistema que es el más fácil y más seguro, sólo es aplicable cuand _ la. infantería ha de pasar próximan1ent por un paraje determinado, ó bien cuando hay en el campo de batalla puntos notables de fáLil observación, cuya di - tancia se puede obtener sin esfuerzo, y por cuya inn1edia­ción deban pasar las tropas. Tales son, son1eramente, expuestos el método y los n1e­<. lios que en1plea la artillería para obtener la precisión que alcanza en sus disparos; y fundándonos en la exactitud y sencillez de aquéllos, hemos dicho que á Ja infantería Je basta con observar estos últin1os para sustraerse á ellos, si no evitar por completo sus efectos mortífercs. Podrá ob-jetarse que á una tropa cañoneada no le es fácil hacerse cargo de la marcha seguida en el tiro; mas en la práctica no es Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR -:así, y basta adquirir alguna experiencia y formarse idea de las reglas sencillas que hemos relatado para convencerse de ello. Apoyándonos en esta facilidad de apreciación, vamos á hacer algunas indicaciones generales, que podrán servir J para evitar, en gran parte, I os efectos del tiro del cañón , moderno en los campos de batalla, contra las tropas de in­fantería; pudiendo tal vez dichas indicaciones, inducir á ve­tificar algunos cambios en las forn1aciones tácticas; sin em­bargo, el jefe que mande Jas tropas cañoneadas y que co­nozca las reglas de tiro de Ja artillería, no tendrá necesidad absoluta de esas variacione , pues Je bastará su inteligencia, su sangre fría é iniciativa para arreglar su conducta á los diversos trances de Ja lucha. Así, comprenderá desde luego que en cuanto entre en ]a zona de acción del cañón, será el objetivo general de la artillería, no teniendo yá descanso sus soldados si no es estando ocultos, cubiertos, ó echados en el suelo. Por ello, antes de entrar en dicha zona, tomará sus precauciones, preveerá los accidentes que probablemen­te pueden ocurrirle en h n1archa, escojerá la dirección más ac&tada, y reconocerá el terreno que ha de atravesar con el fin de no detenerse para combinar sus disposiciones bajo el fuego certero de Jas piezas Para Ja n1archa y formación de su tropa no debe olvidar que es indispensable hacer muy difícil, si no imposible, la observación, procurando alargar indefinidamente el primer período del tiro, es decir, el co­nocimiento de la distancia que busca el que apunta Jas pie­zas. Con10 es fácil conocer la escala de distancias, ó sea la cantidad que se resta del alza apreciada por el intervalo en­tre dos disparos sucesivos; el jefe de una tropa amenazada de quedar comprendida entre ellos, la deberá mandar tras­ladarse á la carrera, en dirección de Ja trayectoria y echarse al suelo á una distancia n1ayor que la escala, con lo cual la artillería tendrá que volver á empezar sus tanteos, perdien­do tiempo y n1uniciones. Siempre debe verificarse el movi­nliento hacia las piezas, pues es s1bido que es más difícil apuntar á un objeto que se acerca, que no al que se alej~, y además, aproximándose, se consigue colocarse bajo la tra­yectoria, mientras que los cascos y los rebotes alcanzarán de seguro al que se retira. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR. Si hubiera de pasar por un paraje sobre el que la arti­Jiería enemiga tuviera yá arreglado el tiro, lo verificará la in­fantería á la carrera por escalones á grandes distancias, procu­rando si el desfiladero está en dirección de la línea de tiro, evitar esta dirección á la entrada y separarse de ella á la salida; pero en caso de que pueda sorteado, Jo hará por el lado más cercano á la batería que hace fuego. Cuando el terreno es ondulado, la tropa cañoneada debe atravesar á la carrera los puntos culminantes, reha­ciendo su forn1ación en las hondonadas y barranco~, en ]as vertientes opuestas á donde está la artillería, saliéndose del plano de tiro desde que se oculta de la vista de Jos cañones, sea á Ja derecha ó á la izquierda, apareciendo al continuar su marcha de avance por distinta dirección de la que lleva­ba, lo cual contrariará n1ucho á los artilleros. En todas las m.archas ~ ue la infantería ejecute bajo el fuego del cañón debe evitar, como hen1os dicho, la unifor­n1Íaad del paso, alternando las velocidades para dificultar las apreciaciones de la ~rtillería é in1posibilitarla de hacer un tiro n1etódico. Si se viera obligada Ja infantería á reti­rarse, lo debe verificar á la desvandada ó por grupos sepa­rados, reuniéndose en un punto fijado de anten1ano, fuera del alcance ó al abrigo de los efectos del cañón, teniendo presente para esto últin1o que el fuego contra una tropa cubierta, pero no resguardada, es n1uy n1ortífero, puesto que podrá dirigirse contra un objeto visible, que facilitará Ja puntería y la observación. · El momento más crítico en el avance es cuando pasa la infantería por la Jínea de sus propias baterías, pues con1o las enenligas conocerán de anten1ano ]a distancia, aprove­charán ]a oportunidad, haciendo entonces un fuego rápido. Debe atravesarse, pues, aquella línea á la carrera, siguién­dose, además, la regla general que hen1os yá indicado para todo n1ovin1iento, esto es, que la velocidad del paso sea irregular, n1archando unas veces despacio y otras á paso li­gero para desorientar la observación. 'Todo espacio de te­rreno, por pequeño que sea, de la zona peligrosa, que se pueda recorrer sin exposición, es un triunfo, y por elJo debe procurar atraer hacia Ja tropa Jo n1enos posible, la aten- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MtLITAR ción de la artillería, ocultándola de su vista y aprovechando el terreno para cubrirla. Las tropas destinadas á apoderarse de ciertas posicio­nes como pueblos, caseríos, etc., que con1o puntos de apo­yo conviene algunas veces ocupar de un modo pern1anente en el campo de batalla, deben dirigirse á ellos disimulando su marcha, aun cuando tengan que dar grandes rodeos, pues es preciso no IIamar la atención de las baterías enemi­gas sobre tales puntos. Si la posiciún no es muy extensa y los edificios son poco sólidos y en pequeño número, con­vendrá muchas veces situarse á su proximidad en un terre­no propio para dominar las cercanías, ocupando la posición tan sólo cuando la infantería enemiga la ataque para apo­derarse de ella; pues debe darse por seguro que en cuanto Jas baterías contrarias conozcan la importancia del punto, lo destruirán con su fuego, que podrá ser bien exacto des­de los primeros disparos. Si el enemigo ataca sin artillería, lo cual constituye una falta grave, entonces podrían ocu­parse Jas posiciones desde Juégo. Para el ataque de una batería por infantería, conven­drá di vid ir esta en dos fracciones; una para rechazar las tropas de sostén del enemigo, y la otra para atacar verda­deramente, dando instrucciones precisas el que mande á los jefes de cada fracción acerca de Jo que deben hacer, el Cé!­n1ino que han de seguir y Ja situación de las piezas, indi­cándoles además el punto de reunión en caso de una retira­da y Ja señal de ella y del ataque. El que mande la frac­ción que ha de atacar la batería, dividira sus tiradores en grupos, encargando á cada uno de una pieza y conservrá con1o reserva á su lado algunos so ldados elegidos entre todos. Dada Ja orden, cada grupo se lanzará al ataque, si­guiendo Ja dirección más propia á sustrarse de la vista de la artillería y aprovechándose del terreno; pero sin perderse los grupos de vista y estando á corta distancia unos de otros, atravesarán á la carrera los parajes descubiertos, re­haciéndose y descansando en las sinuosidades y detrás de Jos abrigos que se encuentren. En cuanto el tiro de la artille­ría sa muy certero, se desplegarán les gn1rcs extendiendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR su frente, formándose la reserva en varios escalones sucesi­vos, y avanzando todos hasta ponerse lo más cerca posible de los cañones; emboscá ndose, como puedan, fuera de la línea de tiro y drrigiendo cada grupo el fuego á los sirvien­tes de la pieza q u~ tengan señalada, y si se consigue apagar el fuego de los cañones, se tira entonces sobre los caballos y conductores. Hecha la seüal para atacar, se lanzarán to­dos sobre su objetivo á la carrera y á la bayoneta, y una vez apoderados de las piezas, quitarán los aparatos de cierre. Si se ordena la retirada deb ... emprendersc en el acto á la desbandada; pero dirigida la tropa por sus oficiales, q u\t­nes procurarán no volver por el n1ismo camino por donde atacaron, tanto para evitar el soldado la vista de sus con:­pañeros n1uert'os y heridos, cuanto para que no pasen por puntos ya observados por la artillería. 1'ales son, en resumen, algunas de las indicaciones ge­nerales que pueden hacerse, sobre el n1odo de conducir las tropas de infantería bajo el fueg de las n1odcrnas piezas de campaña; indicaciones que tambi ~ n señalan los can1bios que tal vez fuese conveniente introducir en las forn1acio­ncs tácticas, hoy reglamentarias. La precisión que ha alcan­zado la artillería y la exactitud de los datos que sobre su tiro se obtienen, permiten calcular con toda certeza sus efec­tos sobre las diferentes formaciones que adopta la infante­ría, y, de consiguiente, el tanto por ciento de blancos que pueden hacen·c en las co 1mnas cerradas 6 con distancia, sean de comparilas, de scc.: iones ó de escuadras, ó bién en una línea de batalla, ya se pre cnten de irente, ya de flanco. Con los datos que en cada Ejército se tienen, acerca de las distancias de reglamento en las forn·mc1ones de la infantería y con las noticias ba!ística-, especiaies de sus piezas y efectos de sus p oyectiles, tanto en desviación con1o en probabili­dades de dar á un blanco determinado, es facilísimo la for­mación de unas tablas, en las que podrían1os ver desde luego, la gran diferencia que existe en todos los casos, entre reci­bir el fuego de frente una columna y recibirlo de flanco. En otro tiempo, por efecto del modo de obrar de los pro­yectiles sólidos, y más que nada por los rebotes que se ob­tenían, las forn1aciones de flanco eran muy peligrosas y se evitaban con todo cuidado; pero hoy día, con Ja certeza de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLKTIN MILITAlt los cañones y la explosión de las granadas en el n1bn1ento del choque, se comprende perfectamente que se anulan en gran parte Jos efectos de las que estallan en Jos intervalos de las fracciones y por consiguiente que sean favorables di­chas forn1aciones. Un proyectil, dando de lleno en el flanco de una subdivisión de la colun1na, causará naturalmente más estrago en la misrna si la acierta de frente; pero en cambio todos los que estallan en los intervalos y Jos que se quedan cortos, que según n1anifiesta el cálculo, serán la mitad y cu­yos cascos llegarían de seguro á herir á la tropa en el se­gundo caso, pueden considerarse como poco peligrosos. Además ha de tenerse en cuenta la n1ayor dificultad de !a observación para el tiro contra una columna de flanco, de manera que, con1o los cálculos se han hecho considerando iguales las circunstancias, debe añadirse esta ventaja á esa forn1ación, y las probabilidades que tienen las piezas de acertar, en tal caso, quedarán considerablen1ente reducidas. Fundándose sin duda en estas consideraciones, el ca­pitán Maubeuge, á quien yá hen1os citado anteriormente, indica podría adoptarse con1o forn1ación táctica, la columna con distancias colocada en sentido perpendicular á la línea de tiro, ó sean sus fracciones normales á la línea de batalla enemiga, embebiéndose en fila la exterior. En Jos moví- . mientos hacia el enemigo se marcharía por el flanco, au­n1entando la distancia entre las hileras con1o en el paso de camino, lo que daría también más soltura á la marcha, y situandose Jos oficiales á la prolongación y á la cabeza de cada hilera. Los intervalos entre las fracciones, se calculan por el límite inferior de la dispersión de los disparos, á los distintos alcances del cañón; y como cuanto n1ás pequeñas sean a.:¡uellas, n1enos probabilidad hay de acertarlas, con­vendrá que según se aproximen al enemigo se subdividan cada vez más, es decir, que si á cierta distancia !a colun1na es de compañía, después deberá serlo de secciones, y por fin de escuadras. De esta n1anera podría conservarse n1ás tiem­po la tropa en la n1ano del oficial, según la expresión muy en boga en el ejército prusiano. En los cotnbates de tiradores estas disposiciones se po­drán tener presente para las reservas y sostenes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LE'I'ÍN MILITAR 2j3 .En cuanto á la situación de la segunda línea de bata­lla, puesto que puede asegur~rse, dadas ]as desviaciones n1áximas del cañón moderno, que nunca un proyectil diri­gido á la primera línea, pasará por los intervalos de sus ba­tallones, y que Jos tiros dirigidos á ellos y que sean largo:; herirán de seguro á los que estén situados detrás, podría proponerse colocar siempre Jos batallones de segunda línea frente á Jos intervalos de Jos de primera. Estudiada la cuestión por personas n1ás competentes, con gran acopio de datos y de observaciones y con autori­dad para elJo, es indudable se encontraran otras varia mo­dificaciones en los tnedios tácticos que puede adoptar una infantería cañoneada por la artillería moderna, para evitar ó disn1inuír los efectos desastrosos de su fuego. Al consig­nar nosotros las anteriores indicaciones, estamos persuadidos de que son muy incompletas y de que únicamente pueden servir á nuestros lectores para señalarles un n1otivo de es­tudio, y tal vez, para destruír alguna idea equivocada. La conveniencia de que Jos oficiales de todas armas se fanlilia­ticen con los efectos de la artillería, se deja con1prender bien evidentemente por lo que llevan1os dicho, y así insis­tirenlos una vez más, en ]a necesidad de que adquieran cier­tas ideas de aquella arma, y de que por experiencia obser­ven los efectos del cañ6n en Jas Escuelas Prácticas. La instrucción es hoy día una exigencia indispensable en todas las clases d un Ej'' rcito; pero, sobre todo, en las superiores, que por su posición están J lan1adas á manejar n1asas n1ás ó menos considerabJes en los can1pos dt: batalla, donde dcpend de~ "' U in~elig n ia y saber la. vida de tantos soJdados. ___. ... Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLfTÍN MlLlTAI.{ 1 MINISTERIO DE GUERRA N o·rA OEL SEÑOR MlNIS'fRO DE Gl.IERRA AL SEFlOR CE. ERAL~ COMANDANTE EN JEFE ( Jt R¿pública de Cahmbia.-ll.-finisteritJ d11 Guerra.-Sccción r.•--Nú.-. mero 679. - B?gotá, 15 de Abril de I 898. Señor General Comand:-mte en Jefe del Ejército.-Presente. Servíos prevenir á los Comandantes Generales de División y de Jefatura .i\llilitar, que ello no están facultado para variar la colocación á los Oficiales nombrado~ por el Poder .Ejecutivo para la pre. tación de sus ·ervicios en Jos diversos Cuerpos del Ejército. Frecuentemente se observa que un Oficial á quien por De­creto e pecial del Ejecutivo se h:1 J~: tinado como Abanderado de un Batallc)n, v. gr., aparece despt é en lo e.calafones enviados al !v1inisterio ó en los cuadros de C''nd cta, ·irvicndo en Compañías; Jo cual, como no ,e os oculta, oca"iona grave irregularidades qut.! deben ser corregidas oportunamente. / Si por nece idade- en el ervicio ocurriere el ca o de variar dé colocación á un Oficial en las Compaííías ó Plana Mayor' del Cuer­po á que pertenece, debe solicitar e la medida á este Ministerio por el conducto regular en la seguridad de que una petición de tal na­turaleza será atendida dc.:bidamente. Dio og guarde. ls.-\ÍAS LUJÁK. (") Se repite la publicación de e · ta nota por haber alido la pri• mera \"Cz con algunos errores debid o al señor copista del Ministerio, • DF, [,A D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. AUU.Tf¡' MILITAR 275 LEC1 URAS DE HISTORIA PArfRIJ\. }>UNTOS PRI:-.ICIPALf.S DE LA VIDA PÚdLlCA DE BvLÍVAR (CONTINU.-\CIÓN). VII El ter:-cnH to de 1.6 de Marzo de 1812, :1cobardó á los habi­tantes de bs principales poblacione · de V cneLueia á tal punto que, decayó muchísimo, si no .e extinguió, el ardor revolucionario con que los pueblos buscab:m lo medios de conservar su independencia, proclamada olemnemente el 5 de Julio de I 8 I 1. De-pués de las capitulaciones de .M.iranda con Monteverde, aduei .• ado este en absoluto del p:1ís, Bolívar logró embarcarse con otros compañer·os, paréi Curn.ao, de donde pa~ú á Cartagcna (Co­lombia). Al arribar á playas extranjercts el ánimo de Bolívar se mostraba lleno de energía, firmemente resuelto á arro trarlo todo por salvar la Patria. El ardor con que ·e había empeiíaclo en la lucha, no le permitía encontrar . ino Jos puntos extremos: el triunfo, 6 la muerte. Su agacidad pohtica llcvábale á indag:1r la causa de los desastres de los patriota en V cnezucla, y compendiando su ideas, redactó un manifiesto<; memoria, que e imprimi/i en Cartagena, (r5 de Di­ciembre de r812) en la imprenta de D. Diego Espinosa. Desde Juego atribuía á la tolerancia y debilidad del Gobierno de la Re­pública la pé rdida de la revolución. Como si leyese en lo futuro la suerte capricho a y vacilante de las naLiones ·udamericanas decía n aquel documento: 'Lo c6digos que con-.ultaban nuestros magi . trados, no eran los que podían ense í1arle~ la cien · ia práctica <.le! gobierno, sino los qu · han formatlo ci~.:rto:5 bueno. visionarios que, imagin á ndose re­públicas aéreas, han prcrurado alcanzar la perfección no1ít:ica, pre-uponiendo la perfectibilidad del linaje humano." Y para que pueda apreciarse la certeza de las observaciones del Libertadc: y la franqueza de su palabra, en lo~ momentos mi - m os en que tnlt~ba de d spertar en Nueva Granada el entusiasmo por la libertad del territorio · venezolano, reproducimos lo siguiente, también copiado del citado documento: "Yo o y de sentir que mientras no centralicemos nuestro gobiernos americanos, los enemigos obtcndrtn las más completas ventajas .•.••. "Las elecciones populare:. hechas por los rústicos del campo, v por los intrigantes moradores de las ciudades, añaden un o~­táculo más á la practica de la federación entre nGsotro : porque Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETiN MILITAlt los unos son tan ignorantes que hacen sus votaciones maquinal• mente, y los otros tan ambiciosos que todo lo convierten en fac• ción." ..... . El genio investigador de Bol! var le hacía descubrir aforismos políticos que una dolorosa expe,·iencia había de confirmar años más tarde, y al formularlos con tánta claridad, en los albores mismos de su vida pública, hubieran debido premunirlo del cargo de ambición que contra él alzaron los que en vano intentaron a1 rebatarle de im­proviso, el prestigio y gloria de su nombre. El genio de Bolívar se sobreponía á toda acción pequeiia~ ruin, entorpecedera del grande ideal que le animaba; buscaba con ansia la libertad del suelo de su nacimiento, pero por instinto, por convicción y por propia experiencia, no se apartaba de las exigen .. cías del mando, concediendo á la autoridad toda su influencia y re­cursos á fin de haceda efectiva y provechosa en la marcha de las sociedades. Así, place obsel'varle cuando, al adquirir mando en Nueva Granada, supo mostrar profundo acatamiento á las disposiciones del Poder Ejecutivo y del Congreso, y no se atrevió á iniciar la cam­paña del Norte mientras no llevó á sus superiores jerárqui­cos "el c:nvencimíento de que debía abrir operaciones sobre Vene­zuela. Cuando le fue dado penetrar con sus soldados al territorio del Táchira, su elocuPnte voz resonú con los acentos de la má~ pura intención patriótica: "Yo sov, dijo á sus compatriotas, uno de vuestros hermanos de Caracas, que arrancado prodigiosamente por el Dios de la misericordias, de la~ rnar ·os de los tiranos que agobian á Venezuela, he venido á traeros la libertad, la indepen­dencia y el reino de la ju ticia." VIII La grandeza de carácter de Bolívar, cond ición que hoy con· ideramos como imán irresistible á fa, ·or del cual supo dar vida á la obra de la Independencia, causóle al heroe mil amargos desengaños, hasta puso en peligro su vida, porque el noble caraqueño, que ofus­caba con su presencia á la multitudes, era atormentado por las vo ... c~s de la envidia y por los Ímpetus de la ambición desordenada. Adondequiera que encaminase su atrevida planta, surgían espíritus rutineros, incultos, osados con la más desenfrenada codicia, que se irritaban con aquella aureola de irresistible prestigio con que apare­cía el jefe, al que no podían menos de considerar con ojos es• quivos, como los que sorprenden en la mitad de áspero y fatigoso camino, muro insalvable que se opone al logro de sus pasiones. Bolívar vivió difundiendo la semilla bienhechora de la libertad, nseñando á los pueblos la cartilla del dere,ho; infundiendolcs el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR 277 gcrm:n J~ la ciud.daní ; cnajo.Ja, dificilísin t t :u'-l, ante h magni:. t Jd de la cull hubiera desi ·tido cualquiera que no fuese: el Líber.:. tador. Las elocuentes lecciones que daba con el ejemplo y con la pa-: labra in fundían aliento á los pusilánimes, vigorizaban los animos de Jos que yá se encontraban dispuestos á la lucha, llevaban el conven­cimiento y la fe á todos; fue Bolívar apóstol de la venbd po'ític:.r, a11t~s que mártir Je la noble c;ws ·l de la indepenJcncia d e su Patria. Si lh)Y mismo, el insalvable ob· tá:lllo para b m. rch1 r.:gu lar . progesiva de las naciones sudamericanas consiste en la falta de..: cducacióit política de ló púeblos, 'que i'o acontecería en los albo­res del sigio, cuando er~n cont:J.das la per::,on~.s cuya ilu~traciún y ~abcr la. ponia en dpacidad de torniar juicio propio? Boli var realizó. prodigios con su ca u ti va dora e loe uencia, con la perspicacia Cle su 'talento, con el dc)n de gc'ñtcs que le h.t Í..t des­cubrir con p~smcsa rapidez las idiosincracias de..: sus cap;tanes. ¡Cuán irrési!;'tiblemente grai1de ap'arccc ante nuestra vista cuan: do pcnsamo qt•e, si su divisa era triunf; r á toda C( st:t, no descui­Jó un instante la ·edÍ1caciót1 oe sus oldados. Penetn!do de l..ts alta leyes del honor y del .deber aspiraba á q~·e bs cumplies e n c:on ri1or en guarda de la segu'r idad y bienestar de la Rcptíblica . Dispcns ~\ba­les su carii10 por igual; secreta alegría llevJb .t :.i su án~mo la · cción generosa del soluado; en el encontraban L · cla. c; na un eu.sreú.lo ~~~­p TÍOr SÍ!l() á Ul1 CJtnpañero d_ inqucbr:.: rltab}r. valor, SCr~IlO y cxpcr­t >,que velaba ~obre ellos con atento C..'lo,,pronto á ctorg-<:rlc5 tol.1 la justicia de so causl y á hacerles comprender que la unión ~ordia C5 la mejor disci p1ina del ejército. A nadie contrarió en el gradual y jt:>to ascenso de sus méri­tos: era el primero en abrir C?tt-:.po ~~ t.tlent J, á la competcrtcia, al esfuerzo bi_en inténc;ionado, al heroísmo y al ,-alor. Dt:eiío de .í mismo, y COn la .\ ista muy en alto, más ÍrH:c!el " C qucd:1ban CI. SU mente la accione 'Írtuosas, que los hechos corade y torpe . Pero en és f'l. guerra'\ c1ue pá a nos o.tro los an.eril'ancs fu e ju_­tísima, ' p rque vindicaba los dere hos de un pueblo u ' tr,tpdc, no to ~os lo que . cudieroñ á cmpuííar las armas llevaran el mistno Jdcat '· e de prendimiento ni igual generosid,ui d :! in·encionc . Lo largo de la contienda relajó la pauta moral de algunos, y ot1os es de presu­mir e que no tuvieron más incenti\"0 al lanz;;¡rsc a la relea que ~a tendencia al mal que domina ]as naturalezas recias é indómita~ ie los que no han logrado acallar us pa.iones por medio de la pe'r­~~ ·cción moral ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1:0LETÍN MILITAR EJERCIT·O N ACICl~AL l• VE TARIO de lo bienes que dejó el soldiad'o Pedro St4úrc:r., pertc­necien te al Batallón N tira número 2 z epública de Cabmbia.-EjércitJ A~:Jci?na!.-S.7t:JJ1Ó¡¡ Ndir.1 JJ!m;-er:> ZT-;. IV! a;•oría. En Ja ciudad de Cartagcna,. ·á cinco de O...tu.bre de mil ochocientos noventa y siete, presentes en el local de la Mayoría del Batallón Neirr número 22 acantonado en la mi ma ciudad, los infrascrito· Teniente' Coronel 2.0 Jefe, Telé-3foro Morales encarg1ci'o del expresado Batallón '/ los testigos nombrados por éste, seño,..~s José Angel Calderón, B,~nito En­carriaza y Alberto Lemaitre,.,. con el objeto de in venta ci-ar y avaluar lo!=' 'nterescs pertenecientes al finado soldado Pedro Suárez del expré~do Batallón, muerto ayer, cuatro del expresado Octubre, en el Hospital do Caridad de e5ta plaza. Di.cho individuo conforme á la filiación era na­tural de Iguaque en el Departamento de Boyacá. Se puso de presento el dinero que se le encontró al finado en su poder, que es la suma de eis pesos cinco centavos~ más tres pesos cchcnta centavos de cuatro día • de raciones y ajustamientos, cuyos valores ha en La suma de r-uevc pesos ochenta y cinco centa\'OS y lo que sigue; Una cartera usada en ve:nre cent:wosr ...••.•......... $ 2c Unportamonedas id. id. id...................... 20 U na camisa id. icl. id.. .. . .. . . . . . ... . • • • • . • • .. . . . . zó Un par cab:oncillos id. id. id...................... 20 Una ruana Id. en tres pe os ·...... . . • • . . . . . . • • • . . • • • • 3 Un sombrero íd. en un peso ..•.•...••.....••....••• Una maletera blanca íd. C'Tl C 1Jarenta centavo . • • fC" Los nuc,·e pesos ocl cnta y cinco centavo~ que dejó el finado, se emplearon para ayudar á pagar los gastos del entierro y urna en que se colocó el cadáver, como consta de los recibos originales 'lue se adjun­tan á este inventario, Para el completo del pago de. la mencionada urn y .- para 1 ~ntierro del finado, . cl Batallón contribuyó con una limo na. o habiendo má intereses que inventariar se termina e<;ta diligen­_ ia que firmamO! los que en ella intervenin,os. El Teniente Coronel 2.. 0 Jefe encargado, TELÉSFORO MoRALES.- · El Testigo, JoJé A. Ca!derón.-El Testigo, Brtlito E -Cardenal Ci ·ncros­Cltal ~lh-N um.mcia-Victoria-Alfonso XIII-Lcpanto-Rcína Re­gente- \lfonso Xlf_,.~~inl Cristina-.-Rein:t 1 !erccdc .. -Lastilla-Ara­gón- Navarra. Buqttts de segtmda dme. l'v1arqa~5 de la Ensenada-fsla de Cuba--Isla de Lnzón-Río de h Plat•t-:v1éxico-Puerto Rico-·Vclasco-Infanta I abd-Tsabcl Ir­Conde d~ Vcnadito-Ju.m d_ Au:>tria-:\.. d~ Ulloa-Gcneral Valdés- MJnib-Lcgazpi-J orgc Juan. · Bl{(jllts de tercera cla.re. 1\.1arí.t de Molina -1\ilrqtté d la Victori:t-Alvaro de Bnán-Fi­lipinas- Nucva Espal1a- Tcmerario-Vic<.:ntc Yáiicz-Martír!. Alon o - GJJici - farc1ué' de Molins-Magallaneg-Elcano-Lezo-Concln. -1\tlart]U~s del Duero-Fernando el Católico-G<.:n~r:d AhH'a-Cebú -Puig::cr Li -D~5rructor-Auda~~-03ado-Terror-Furor- Plutón- Pro:>erpin:l -Hcrn:h C Jrté -Pizarn~ 'a.sco N út1cz de Balboa-Qui­roz-\' illalobos. C ÍÍonrros de Hgtmdtt dase. 1'diden todoc:, cuyo número es de 30, má · de 150 toneladas de de·­ph?. amicnt , y su nombre. son los ·iguientes: Albay-.Aharado- !cedo -t\rayat- B.u tco.l - Bulu -'n- Calami·mcs-Call· n-Cocodrillo­Contramaestre- Cuba E pañola-Diego Vclá qt cz-Eul:t!ia-lndic­I. eytc-Ligt·ra-Lint:c- Iarivcles-Mindoro-Mac-Mahon- lVJanilc­tío- Pampanga·- Panay-Puragua- Pclícan~__:pj]ar- Pone e de Lcón- 5:Jlamandr - Sa!llar y Sando\•al. C. ííor.crc; tie t.r !'f'fl t!ast. Miden los +2 siguientes m~nos de 150 toneladas de desplazamien­to: guil:.t -.\lcrt1- lmcndarcs-Aimontc- \rdilla-- trcvido-Cari­dad- C:tuto-Centine!J-Comct.l-Condor-Corcucra-Cuen·o--Dar. (h-Dclg,ldo Parej.t- Dependiente -Diamln·c-Diligcntc-E trclla­Esreranza- Flecha-Fra icrt- Gaviota- Gardoguí- Golondrina­Gu an tá.nam::>-Guard ián-IVIayarí-Ot·~ rol:t- Perla- Reina Cristina­Rclámpago- Rubí-Sat ~litc-Sugur:l-1 :uif.t- Tole io - U rdaneta­Vasco- Vigía-\·alicntc y Yumurí. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT4R Todo ~ tos cafícneros de corto desplazamiento prestan servicios de guardacostas, están armados con cañoncl! modernos de gran alcance ú ametralladoras, y por su velocidad de 2 5 millas, son excelentes auxilia­res de los bLqucs de mayor porte, que constituyen el núcleo dd poder na\ a.l ?e EspafiJ. TorptdcroJ de primera clase. Iguales condiciones que los buques anteriormente relacionado, reúnen los cuatro torpederos siguientes, cuyo de:;plazamiento alcanza ha ta 1,50 toneladas: Ariete -Arzón-Halcón y Rayo. Torpederos de segrmda rlí7u. Su número es de 9, miden hasta I 20 tonelada. y se denominan: .1\ce,·edo-Castor-Ejército..:_Habana-J ulián Ordóñez -Orión-Or­c. Jóficz- Re tamo a ' Rige l. 'lorpediroJ de terara cimc. S :>n 2, miden m(!no: de 1 oo toneladas y se llaman: Barcaló y .Polux. ~ ' LaJJcltuJ raííonerm. Son de poco calado c,on objeto de que puedan hacer la na\'egac.ión de J,Js ríos, despla7.an menos de 100 toneladas y su armamento con.Jste <'n cañones 6 ametralladoras. Hay 8, y sus nombres son los si~uicn es: /1ire-.\ut•mio L6pez-Colón-Gcncral Blanco-Intrépida-Lanao- .Lcaltad y .Mensajera. ' PoNtcJ.'fi. Adcm·ís de los tres ponto:es que figu an en el cu:~dro precedente, ~ u~nta la :1rmad,1 <: pañ.ola con dos pontones . para el ser: icio de estac.io­ncs navJ!cs t:.>plfiolas, ste:1do los nombres de e to ·: 'errolano, que m1dc 779 tanda las de dc~pla7..11UÍC:ltO }' CStá armado COn tres qñones moder- 110ii; y Animosa, de soo tor~elada.,, con cuatro caíioncs de gran alcance. • 1 • Bm¡ttl'J t'i": str~·icio! cspecittla~ Frag na A~ urias.- \1idc r, ~ 5 ¡'8 • toneladas de de~plaz:11nicnto, ie­ne m·Íquir:a de vapor de 300 caballos de fuerza, CO!l eJ. armarnento 1e­, csarÍo para la mi~ión que dcsempc1ia dt: escuela na al flotante.' · Fragata Almanza.-Midc +,664 toneladas, su n1!tqpina tiene la fter:t.:.t de J,6oo caballos, e rá armada con 20 cañones de ' varias clac., y su de·tino es dc:pósito de marinería en el Ft.:rro1. Frag1ta Z.tragoza.-~1ide 6 6 so'+i toneladas, con máquina cuya fuerza es de 8oo caballos nominales, } está destipado este buque á es­cuela de torpedos. • Fragata Nautilus.-Dt:splnza 1, 500 tonelada, está armada con 4 caflones modernos y una ametralladora, y u destino es el de escuela de :;uardias marina~. Fragata Vilh de Bilba9. -Mjde 1,312. toneladas, e tá arma:!a con Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BvLETlN MILITAR 10 CJñones de varias clases, y se halla destinada ;Í escuela de grumetes 6 a Hendices marineros. · Fragata Gerona.-Desplaza 1,916 toneladas, su máquina de vapor e de 6oo caballos de fuerza, está armada con 4 cañones y dos ametra­' !!adoras, iendo su destino depósito de marinería en Cádiz. Aviso de guerra Vulcano.-Mide 650 toneladas de desplazamiento, su m1guir..a C5 de fuerza de 200 caballos nominales y está al sen·icio de la comi sión hidrográfica de la península. Monta 3 cañones. Avi so Urania.-Desplaza 570 toneladas, tiene máquina de Hpor de: 3 54 caballos de fuerza y se halla también al servicio de la comisión hi­drográfica de la península. Aviso Argos.-Midc 508 toneladas, la fuerza de su máquina es de 96 5 caballos y está al ervicio de la comisión hiarognífica de Filipipas. Avi5o Criollo.-De cofldiciones aná'!ogas al anterior, se halja al scr,- \' Ício de la comisión hidrogr áfica de las Antillas. ' Submarino PeraL-En el astillero de Cadiz. 'lriptdaciolles de los. btiqttes y flrJ"li.11{J. SoLlados. M:trincros En la Península .............. . En las Antillas _. .••.•..•...•.• En Filip~nas .•••.•.•.••• '.' •.. Totales ..• , . . . • • . ...• 5,39 1 2, 5 33 2,f68 4,89~ 4,581 2, 51 5 Como se ve por los precedentes datos oficiales, la m~rina de guprrjl 1 española cuenta con 17 5 buques, cuyo desplazamiento total es de 398,8zo'89 rondada s, elevándose el número de sus bocas de fuc,go ú 83p, enrrc caii one s de diversos calibtcs v ametralladoras. · , ...:.' .. , • , 1 , 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B)LE.rÍ.:-l MlLlfAR ES~UAD.RA AM~RTCA~A NOI\1'!3RES CLASE !TO 'ELA)E "' ¡..,¡ z o ¡z < u .. < 1 --;--Iowa ~~~~~~-:-- Acorazad~--; I~ 1 o J Sz- , ~ - -44-+- zindiana......... 1o,z88 j 4-6 r6 427 3 l\Tas achu3s ctts... ... 10,2 S ++ 16 380 4 Texas ........ ,..... , 6,315 29 16 362 5 Puritáa ........... ... Monitor 6,o6o 195 6 Vesuvius ............ Dinamitero 929 6 1 21~ 20 7 Amphitrite.... . . . Moni·or 1 14-5 8 N e w-Y o r · . • • • . • . C r u e ero 8, 2 o o H 2 r 5 2 6 9 Colum\)ia. ......... ,1 7,375 31 22 429 1::> Brooklyn.___ 9,100 501 1 r Minncapolis ....... 7,375 1 23 1' 31 456 12 Cincinnatti.... ... 3,213 23 19 292 13 Monrgomcry . . • . . 2,09+ 1 29 17 2 5+ 14 Marblehcad ____ .. , 2,089 15 19 254 1 165 KDcttrolidt .... ·--- Ar't.'cte 2,ooo5 17 1 6 2957 a a 1 m. __ •.. __ • 2, I 5 1 1 17 Miantonomlh...... Monitor- 3,990 ro 10 136 18 \Vilmington . . . . . Cañonera 1 1 6o 19 N cwport . . . • .. . . . , 1 I 3 5 20 Vieksburgh .. .. .. . ... I 3 5 21 Annapolis.. •• .. . . , . 1 135 22 Nashville ... ... . . •• )t 1 s8 23 C.1sri~c •... 1 •• •• •• ,, 1,177¡ 10 ,r6 143 2 ~ Cusht'lg .. · •..•.•. Torpedero ros , 3 1 22~ 20 2' Poner.............. 1 4° ~~ ~~~ts~;;l·:.:.~: ._._: ~.: ¡zo 24 ~~ . 28 Dupont.... .... . .. 1 r6 29 Winslow. .. .. . . . ... , j 16 30 Fern...... . . . . . . Trasporte 1 20 3 1 Mangrove. • . . . . .. . , 20 3 .. K:::ntu:::ky.... .•. Acoraz :.u~o 11,400 8o 1¡8 440 3; Kcarsage.. • . . . . . , 1 1 ,+aa 8a • 18 440 3+ AlabJ~1la.. . . .. .. . ,. 1 1,400 8o 18 440 3 5 Mine ss~ ta........ 1 1 ,fOO 8o r 440 J5 Orcgon...... . . . 1o,z88 46 16 380 3 7 N cw Orlcans. . .. . 38 Albany . ... . .. .. 3 9 Banc roft . . . . . .. . " Crucero 40 Boston ......... . " + t Bermington ...... . 839 3,00:)1 1,710 1 I 20 14 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍ.' MILITAR NOMBRES ~; Atia,ta~~~~ - 4-3 Chic lgo . • . . .. . 4-4- San Francisco ... . 4-5 Baltimore . .....•. 1 4-6 Phila:lcl phia ••..•. l 4-7 Ncwark ......... 1 4-8 Char_kston .....•.. 4-9 Ralcigh .. . . . . .. . so Olympia ....•... . 1 SI Montcrey.; .... . 52 Terror .......... :. 53 Cat kili ......... . 54- Nahanc ....•...•... ; 5 Jason .••••...... 56 Machia ......••. 57 Petrel.... . •.... 58 Dalphin ...... ~ .· . 59 Y orktonw ....... . 6o Concord ... .- ..... ·, 61 Bancroft ......•.• 6z M aric 't~ • • • . .... · 63 Stilctlo ........ . 64 Alarm· .. • · ......• 6 S Sm~crs (?)• ...... ,; •• 66 Manning: ........ . 67 Princeton ....... .... , 68 Helena . . ......... . 69 (),vin .............. . íO Talbor ............ ' 7 1 I~odgcrs . . • • . .•. •j 72 E acx . . • .•..•. • 73 Me Culloc ..•.... 7+ Gn.:ham ........ • 1 ¡; Algonquin .....•... 76 Onandaga ........ . 77 Lancastcr .......... ~ 1 CLASE " " " .¡, ,, Monitor ,, " ;~ Caiíonera " ,, , . ,; " Torpedero , Ga1ionc ... a ,·, ,, Gai1oncra " . " Crucero I¡ 177 892 1,486 1 ¡oo1 r, }"zol 838 3j Bo 1 ! I+ 12 8 I S 14 io J8 20 1 20 18 1 ~ ~ 154- 132 , IIS 192 1 93 1 1 1 1!8 1 :Z-7 ,<> J;;: ~ i 1 __ !)· h:> Además hay una cai1oncra en Baltimore yáconcluída, pcrosin nom­bre todavía, dos torpederos en Europa recién comprados; diez y seis bu­( ptcs en el servicio de faros que pueden ervir cómo cañoneras; veinti­cinco yachts que serán trasformados en torpederos; sesenta vapores; mercan­tiles que pueden servir como trasportes armados; seis monitore viejo~ ara dcfen a de puerto. y doce vapore aduanero. que e pueden utilizar.· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLEriN MILITAR Elf E; EJERCITO E'l ?bLr Ejecutivo p~r Dc:r~t~ J.~ fech:t 26 el~ l\tby-> acep~~~ ~1 Capitán Antonio M. l<.amírez la excusa que presentó para ser­\, ir el puesto de Comand:.u"úe dé Ja 2.• Comp::uíía del Batallón Aya­• nuho número 3'· 0~ y d~titH) en su lagar al de igual grado José A - 'censión Rivera ~te nabía ido notnhrado para la s:· del G~·rd,brl 'nÚmero 6.0 Declar<> en usó de licencia indefinid 1 por insubordimción y beodez habitu~l al Capitán Salustiallo Tejada que sirve como 1"'e- 1liente en la r.• Compañía del Darallón lv:ira número 22, á solici­tud del primer Jefe dél <:::uerpo. l:,lamó al servicio a~tivo a1 1'e- 1liente Manuel J. Carrasco y lo destinó á la r.• Compañía del N .1i­ra número 22 en luga~- de T-ejada. Declaró insuBsistente el J'lornbramientó hecho en el señor R:t iael Gálve.z para instructof civil del Batallón Núlí.!z t1l1mero 9~ por abandono del destino, segt~n it}Íorme del Comandante Genera de la 4: División. , Ascendió á Capitán efectivo al Teniente Adolfo Ortiz qué ~irvc en la z·." Compañía dd Batallon Bárhula número 2.0 , y lo des­tin<) á la 4·· del BJyacá núm. '- ro 24 en lugar del Capitátt Jorge '.J'ulio Rincón, que pasó á otro qterpo. Llamó al ser\,: cio activo al Teniente Agustín B. Samacolo­ ·ina y lo destinó á la 3·" Compt.lñía d.::l Barbula, en lugtlr de Ortiz. Destinó al ~oronel Benjamín Silva que sirve en el Cuart,.J General de la r.ll Di visión, como primer Ayudante General, <11 mismo puesto en el Cuartel General de la s: Di isión. Cónfirió al señor Jesús egret el en'~pleo de Subteniente, 1<" !amó al ervicio activo y lo destinó al E tadó Mayor General de! Ejército como 2:"' AyudarHe en lugar del de igual grado Jorge Martfnez, que fue destinado á otro puesto: El nombrado pre·tará ~u servicios en la secciór1 1.• del Ministerio de Guerra. Por Decreto de fecha 28 de Mayo confirió al señor Arturó Carvajal el empleo de ubteniente, lo llamó al servicio activo y lo destinó como supermunerario al Batallón NariiíJ número 4.0 EJ 'ubtcniente Carvajal irá á la Escuela Militar en representacr6n dé )"oitado Cuerpo que no ha enviado si1 o un alumno; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 54

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 78

Por: | Fecha: 07/12/1898

ANO Il Bogotá, Diciembre 7 de I 898 NUM. 78 ORGANO DEL MI~ISTERlO DE GUERRA Y DEL EJERCITO --4-·~-- Director, ALEJANDRO POSADA So1t colaboradores natos de este perióaico todos los Jefes y Oficiales atl Ejército de la República MINISTERIO DE GUERRA DECRETO NUMERO ooo DE 1898 (!. 0 DE DICIEMBRE) que concede una pensión de los fondos del Montepío Militar El Presidente de la República CONSIDERANDO: ~e la señora Felisa 'favera, viuda del General Eduar­do París, ha o:urrido at Pod~r Ejecutivo, por conducto de la Junta Directiva del Montepío Militar, en solicitud del socorro á que le da derecho el artículo 7. o de la Ley I S 3 de 1896 ; ~e el General Eduardo París falleció en la ciudad de Popayán d r S de Noviembre del año pasado, encontrán­dose en servicio activo ; ~e al n1encionado militar se le hizo por más de dos años el descuento correspondiente para el Montepío, según consta del certificado expedido por el Tesorero de dicha Institución ; ~e la mencionada señora ha acompañado á su peti­ción los comprobantes que exige el artículo 22 de la expre­sada Ley I S 3 de I 8 9 6 ; y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 298 DOLETÍN ::YIILITAR OEe la Junta Directiva del Montepío Militar apoya la solicitud, DECRETA : Artículo único. Concédese á la señora Felisa Tavera, viuda del General Eduardo París, una pensión de cien pe­sos mensuales ($ I oo ), pagadera de los fondos del Monte­pío Militar, de conformidad con lo defern1inado en el ar­tículo 7. 0 de la Ley I 53 de I 896. § De esta pensión disfrutará la agraciada desde la fecha del respectivo título de adjudicaci6n, por el tiempo de su viudez y mientras observe buena conducta. Comuníquese y publíquese Dado en Anapoima, á I.0 de Dicien1bre de 1898. MANUEL A. SANCLEMENTE Bogotá, 2 de Diciembre de I 898 . • El Ministro de Guerra, PEDRO ANTONIO MOLINA DE LA ARTILLERIA DE CAMPAÑA EN COMBINACIÓN CON LAS OTRAS ARMAS (Continuación) Consideremos desde luego el caso en que la división de caballería ataca al enemigo y quiere llevar el combate hasta la decisión : tan pronto como la vanguardia se pone en contacto con el enemigo, sin pérdida de tiernpo trata de reconocer, lo más posible, las condiciones en que se ha­lla. La artillería en estos combates de reconocin1iento no debe tomar parte casi nunca. La división marcha hacia adelante sin experimentar pérdidas hasta que entra en la zona del fuego eficaz del cañón enemigo; tan pronto como se halle en este caso ó en el de que las condiciones del terreno no la permitan aproximarse á cubierto, es de todo punto necesario que la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITAR artillería entre en fuego en seguida, para atraerse el de Jas baterías enen1igas ; ó por lo menos, para librar á la caballe­ría en su desp 1iegue del fuego de una artillería que no está batida por nadie ; pero si las baterías á caballo no se diri­gen n1ás que á la artillería enemiga, el objeto particular del ataque permanece intacto hasta el momento de] choque ; re­sulta, pues, de aquí la necesidad de cañonear tanto las baterías enemigas, con1o el objetivo principal del combate ; si las baterías logras~n hacer callar la artillería enemiga, antes de tmpezar la acción verdadera, se encontrarían en una sitt·a­ción muy favorabl i! para quebrantar el objeto principal ; pero si se considera que el efecto contra las baterías enemi­gas no ha de conseguirse ni tan pronto ni ha de ser tan grande, como sería de desear, se cañonearán entonces con preferencia, á la infantería y caballería enemigas. Sin em­bargo, hay que tener siempre p resente que la artillería ene­miga, al principio del ataque, obrará contra nuestra caba­llería, con tanto m á s eficacia, cuanto que no tenga otra artilkría que la n1ole , te ; por consiguiente, las baterías á ca­ballo desde su primera posesión romperán un fuego muy vivo de grande metralla hasta acallar las baterías enemigas, ó por lo menos hasta conseguir que su fuego no sea muy eficaz; desde entonces se dirigirá el fuego contra el objeti­vo del combate, sin perder de vista ]as baterías enemigas, reservando para cañoneadas una parte de nuestra arti1lería. En la elección del emplazanliento de las baterías á ca .. bailo debe proponerse por punto general el producir el ma­yor efecto durante el mayor tien1po posible, sin impedir en nada las maniobras de la caballería, ni en su ataque, ni en su retirada, teniendo en cuenta siempre el estar en comple­ta seguridad, sea por el terreno, ó por las tropas que las acompañen. Dependerá de la distancia y de la disposición general del combate, para considerar este emplazamiento como primera posición principal, desde donde la artillería enemiga. pueda ser batida de una manera muy eficaz ; y que asegure el despliegue de las masas de caballería contra los ataques del adversario, éste no debe poder atacar sin pasar bajo el fuego de nuestras baterías. Si por circunstancias es­peciales el primer en1plazamiento está bastante lejos y desde él se consigue poco efecto, debe considerársele como pasa­jero, abandonándolo tan pronto como se pueda, tras1adán- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 300 BOLETfN MILITAR dose por escalones á la posición principal. Sólo en el caso de que la artillería enemiga moleste demasiado á nuestra caballería podrán dirigirse todas nuestras batería-t contra aquélla. Esta posición principal debe tener ]a condición de que nunca puedan estar las baterías sériamente amenazadas por tropa~ que se presenten de improviso, en general dicha posición debe elegirse un poco á vanguardia del ala que sirve de eje para el ataque. En el caso en que la división de caballería no tenga una superioridad marcada sobre el enemigo, debe tener elegida de antemano una línea de re­tirada segura, en cuyo caso la artillería se colocará lo más cerca que pueda de esta línea ; y como en el caso .de una retirada las baterías son las llamadas á sostenerla, deben estar en posición de cañonear el mayor tiempo posible la artillería enemiga, retirándose aq uéJlas por la mencionada línea por escalones. La elección de lapo ición que anteriormente hemos in­dicado se funda en que : I .0 el ataque es mucho n1ás sen­cillo y las baterías se encuentran en un punto seguro y só­lido; 2. 0 la caballería se encuentra más libre en sus nlovi­mientos y las baterías no se ven obligadas constanten1ente á ponerse tan pronto en 1 ínea, como en batería, y el efecto de los disparos se observa difícilmente, tanto por el polvo como por los caballos; y la unidad en la dirección del fuego es absoluta; 3.0 la retirada de la división de caballería en ge­neral y la de la artillería en particular es más segura, y las ba­terías están en mejores condiciones para trasladarse por el camino más corto á otra posición más conveniente para sos­tener la retirada ; y 4· 0 la posibilidad de poder enfilar las tropas enemigas por medio de maniobras fáciles y rápidas. Hasta 1'!. completa ejecución del ataque la artillería. perma­nece en esta disposición. Tan pronto como las baterías, desde su posición prin­cipal, han apreciado con exactitud la distancia que las se­para de las baterías enemigas, deben romper un fuego viví­sima de granada--n1etralla contra ellas, pues no hay más que un intervalo muy corto desde que se emplaza en dicha posición hasta que principia el ataque forn1al de la caballe­ría ; por otra parte, este fuego rápido es el único medio eficaz de reducir al silencio el cañón enemigo, ó por lo menos hacer que su fuego sea más lento y menos certero, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 301 estando, por lo tanto, nuestra caballería n1enos molestada en sus n1aniobras. El deseo y previsión de la artillería de obrar de una manera n1ás decisiva contra el punto objetivo, y poder dis­tinguir bien los amigos de los enemigos entre el polvo y la confusión en el combate, cuando la caballería se dirige ya al referido punto, hace necesaria en principio una segunda posición principal ; la artillería no debe acompañar en el ataque á la caballería sobre un ala, á una distancia tal, que se vea envuelta y mezclada con ésta en su choque, y se vea expuesta al peligro de perderse sin ninguna necesidad. An­tiguamente las baterías á cab allo se lanzaban á Ja carrera, situándose en batería á 400 ó 500 n1etros del punto prin­cipal, y ron1pían un fuego muy vivo de metralla, retirán­dose en 8eguida para dejar entrar en acción á la cabalJería sobre dicho punto, así quebrantado por dicho fuego. Pero hoy día Jas armas portátiles, á cargar por la culata, impi­den á la artillería acercarse á tiro de n1etraJla ; además de que las granadas ordinaria s y las shrapnels hacen ya inútil casi si e mpre el empleo de la me t ralla en la ofensiva, se hace absolu t amente imposible cuando la artillería enemiga se opone ; pero no por esto es tne nos indispensable una se­gunda posi ción princip al para la artillería del ataque, pues en el mon.1cnto del choque, la confusión de Jos con1batien­tes impide á dicha artillería ver el objetivo, y por con­siguiente obrar contra él eficazmente. Aden1ás, esta se­gunda posición principal es tanto más necesaria cuanto ]a línea del despliegue de Ja caballería se halla más á reta­guardia que en el tiempo en que las armas de fuego portá­tile~ no eran ni rayadas ni de retror.arga ; y en dicha línea se encuentra Ja primera posición principal de las baterías. La segunda posictón principal debe ocuparse en el mo­Inento en que la cahallería está ya toda desplegada y se lanza á Ja carga ; para esto las baterías rompen al galope, que concluye por el escape, y se ponen en batería en dicha posición ; si el fuego del cañón enemigo no está completa­mente apagado, dicho movimiento debe hacerse por escalo­nes ; el que queda á. retaguardia no debe cesar de hacer un fuego lo más vivo posible con gtanada-metralla sobre las baterías enemigas, para sostener en el mon1ento crítico á las baterías que se mueven. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 302 BOLETÍN MILIT .A.R Pero el Comandflnte en Jefe de la División exan1inará, según las circunstancias, si es n1ás ventajoso, una vez des­plegada la caballería, diferir su ataque para que la artille­ría obre por n1ás largo tiempo desde su primera posición principal, y apague, quizá por completo, el fuego enemi­go. Estas circunstancias son, por ejemplo, cuando se pue­de desplegar la caballería á cubierto, y cuando no se tiene una gran superioridad nun1érica de ella, ó cuando la arti­llería enemiga no está suficientemente quebrantada, y bate desde su posición todo el terreno que la rodea ; y en fin, cuando la situación del combate no exige una decisión muy pronta.-( Continuará). REMINISCENCIAS HISTORICAS En el aniversario de la indrpen clenc i:~ del Perú -182 1-28 de Julio-1898. La obra heroica y colosal de dar la libertad al Contin<"ntc sud­americano fue el resultado de la acción patriótica, activa y delibe­rada de los pueblos que formab a n las antiguas colonias españolas, impulsados por el grandioso proyecto, que fue energía y poder, intelectual y material al mismo tiempo. En aquella lucha heroica que tuvo un mundo por superficie de su escenario, convertido en dilatado campo de batalla, todos los pueblos, como es notorio, acaudillados por sus hombres m ás impor­tantes, lucharon entusiasta y varonilmente por la aspiración común, que era la independencia completa .del dominio español, subordi­nando á este propósito todos sus esfuerzos, recursos y esperanzas. Producido aquel vasto movimiento imurreccional, casi simul­táneamente desde México hasta Magallanes, la lucha fue san­grienta y porfiadísima, y en verdad que si unos pueblos se adelanta­ron á lanzar el grito regenerador, otros que lo hicieron después, alcanzaron y aun aventajaron á los primeros en los resultados prác­ticos y teóricos de la odisea revolucionaria, y Bu en os Aires, la Paz, Quito y Caracas, discuten hoy mismo todavía sobre la audacia; méritos, iniciativa y glorias de la gran cruzada. Pero la cuestión principal, la que más nos apasiona y nos di­vide aún, y continuará en el porvenir, es sobre á quién cabe la glo­ria de haber dado el jaquemate de la gran partida que, por espacio de quince años, se jugó con habilidad, heroísu1o y rara constancia en los campos de batalla, y en las discusiones tranquilas y medita­das de los gabinetes, contra el dominio de tres siglos de España y América. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN :MILITAR 303. Indudablemente que la acción política de la revolución fue una palanca poderosa que la impulsó con una gran fuerza mo triz hacia ad...lante, dirigiéndola con acierto entre los numerosos escollos que ocultaba en ::;us bajos fondos el encrespado mar que se forma siempre por las pasiones agitadas y en lucha. I\1as la verdadera causa que debía producir el anhelado efecto, la independc>ncia, consistía en la fuerza material, única llamada á fallar inapelablemente la homérica contienda, y eran las victorias de los ejércitos la solamente capaces de arrollar los miles de soldados españoles escalonados como inmenso círculo de fierro, sobre la Amé­rica del Sur. Ahora, á Ja inversa de lo que pensaba Cicerón, debían ceder las togas á las armas. Naturalmente, en tan larga y continua lid, de tántos pueblos combatiendo al mi ·mo tiempo, surgieron prominentes figuras mi­litares, que han inmortalizado sus nombres en esa lucha ardiente, y la po teridad los aclama héroes. Todos y cada uno de ellos, en su respectiva esfera de acción, contribuyeron al objetivo común; pero en ésta, como en todas las empresas humanas, unos hicieron más y otros menos, según sus ta-lentos y condiciones. • La historia severa é imparcial, colocando en el puesto que · verdaderamente le corresponde á cada uno de los generales de los diferentes países sudamericanos, ha juzgado, y con justicia, que los que más se destacan del nivel común, por sus grandes hechos en aquella empresa gigantesca, única en los fastos modernos, son dos, que la Arrérica aclama y admira: SAN l\1ARTÍN y BoLÍVAR. Reconcentrada a. í la atención sobre estos dos hombres extra­ordinarios de la lucha, las opiniones se han dividido, y unos acla­man el primero al émulo de Aníbal y Napoleón en el nuevo mundo, á S '\N MAk.TÍN, que con precisión matemática escaló los elevados Andes, ganando las batallas de Chacabuco y Maipú, clásicas desde el punto de vista militar- que tuvo desde el principio de la guerra la visión clara del porvenir de la independencia, hiriendo en el corazón, en su centro de recursos, que era el Perú, á la dominación española. Los otr.Js, seducidos por el brillo del talento de BoLÍVAR, guerrero tántas veces victorioso, legislador y escritor, orador elocuente, que abrasaba con el fuego sagrado del patriotismo los corazone~, que no con~ibe términos medio~ en la lu~ha y declara su inpremedi tada guerra á muerte, también escala los Andes, cruza ríos, gana batallas y liberta pueblos,-::.1claman más grande al hijo opulento de Caracas, que al nativo humilde de las Misiones argen­tinas. Los principales escritores de la• América han aportado á la gran polémica los más sazonados frutos de sus talentos, y los más prolijos cotejos de sus pacientes investigaciones históricas, cada día Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 304 BOLETÍN MILIT !R con nuevos documentos y comprobantes, iluminando la célebre controversia, que es ya bajo todo punto de vista, y especialmente el bibliógrafo, colosal, para decir según sus opiniones patrias: este es el más grande! Pero al brillo y sólido argumento de los unos, erudición y pa­triotismo de los otros, y nuevos monumentos que se alzan cada día á la memoria de los dos próceres, no cede ninguno de los bandos en que está dividida la opinión americana. SAN MARTÍN es inmenso; Bou VAR es colosal·- éste tuvo un gran patriotismo-aquél le iguala- el misionero fue un gran es­tratégico -el caraqueño está á igual altura.-- SAN MARTÍN escala los Andes para libertar á Chile-BoLÍVAR los trepa más al norte, cubiertos de nieve, para libertar á Colombia. El primero es la en­carnación de la modestia y el civismo -el segundo tiene la ambi­ción del patriotismo-BoLÍVAR es el torbellino que todo lo arras­tra, SAN MARTÍN el juicio tranquilo y meditado, que se impone sin violencia y se desarrolla sin estrépito. Aquél gana batallas; pero pierde casi siempre miles de hom­bres, porque es impetuoso y ardiente, éste vence y sabe economizar la sangre, porque es frío y calculador.--BodvAR quiere su bordi­narlo todo á la fuerza y al Ímpetu- SAN MAR"I ÍN al cálculo y á la constancia. U no cuenta sus batallas por docenas, el otro da po­cas, pero consigue igual resultado. BoLÍVAR es el Ímpetu: SAN MARTfN es la reflexión. Así replican y replicarán eternamente, desde el Plata al Orino­ca, desde el Chimborazo al Tupungato y Potosí, y no nos con­vencerán, ni los convenceremos, seguramente. Existe, no obstante, un punto capital que, como eje común, gira al rededor de los dos héroes, y ha servido á muchos escritores para pretender dar á BoLÍVAR la superioridad sobre SAN MARTÍN. Este original punto de partida ha sido la llegada de los afa­n• ados Generales al Perú, u110 empezando la lucha contra la opre­sión, en aquella fuerte base de sus operaciones y recursos, y el otro terminándola, asignando al vencedor de Carabobo la supremacía sobre el héroe de Maipú. Pensamos de diferente manera, y vamos, ya que no es posible establecer nuevos paralelos, ni aportar nuevos documentos al deba-· tido tetna, á reducirlo á una fórmula sencilla, que encierra un gran fondo de filosofía y verdad, y presenta clara y precisa la intrincada cuestión sobre el verdadero alcance y resultados de las campañas de SAN MARTÍN y BoLÍVAR en el Perú, que decidieron la san­grienta y tenaz lucha por la libertad. En el mes de Diciembre de 1825, un año desp'1és de librada ]a batalla de Ayacucho, que aseguró la independencia de este Con­tinente, llegaba á la ciudad de Salta, de trámito en viaje á Europa, el General Guillermo Miller, que tomó parte tan distinguida en la guerra de la emancipación, y el doctor Facundo Zubiría, vecino Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l30LE1'ÍN MILITAR 305 influyente de aquella ciudad, á quien iba recomendado Miller, lo recibió con el rt'ayor afecto r distinción, ofreciéndole un banquete. Lo más selecto de Salta acudió á la cita en honor del héroe de .l\1irave. La mesa fue servida con profusión y esplendidez, y en aquellos tiempos de entusiasmo patriótico, reuniones de esta clase eran muy oportunas para las fr·ancr.s y entusiastas manifestaciones en homenaje de la independencia y la libertad. Siguiendo la costumbre tradicional en estos casos, el Gober­nador de la Provincia y Jos hombres eminentes que rodeaban la mesa, pronunciaron varios brindis, recordando la gloriosa batalla de Ayacucho, el ejército vencedor, los Generales Bod\'AR y Su­ere, y todos los que vencieron el memorable 9 de Diciembre de 1824, inclusive el mismo General .1\lliller, que se había distinguido en la gloriosa jornada. Cuando ya parecía agotado el tema de.los brindis, se puso de pie un distinguido caballero inglés, el doctor José Redhead, gene­roso médico del General Belgrano, á quien había acompañado en algunas de sus legendarias campañas, pidiendo la palabra, para que le acompañaran todo los am~ntes de la libertad y de los guerreros americanos, especialmente los argentinos, en cuyo suelo ho~pitala­rio él había sido acogido con las más señaladas mue:;tras de esti­macion y afecto. Cuando todos los concurrentes tuvieron su5 copas preparadas, el doctor Redhead dijo, con profunda convicción y acento patrió­tico: he guardado silencio hasta este momento, gozándome en las bellas y ardorosas ideas cmitid:J s en aplauso de la victoria de Aya­cucho, suceso que, en mi concepto, no es otra cosa que el resulta­do preciso del gran pensamiento proclamado en Buenos Aires el 25 de Mayo de dho, y en Tucumán el 9 de Julio de 1816; pen­samient<:> que uno de los más ilustres guerreros argentinos había llevado de triunfo en triunfo por sobre los .'\ndes á Chile, y tras­ladó en seguida al Virreinato del Perú, como la mejor prueba de su coraje y su consagración á la causa de la libertad de América; y que el, como amigo de la humanidad y justo apreciador de los derechos del hombre, á su turno quería también rendir el debido homenaje á ese memorable acontecimiento. Que en el curso de la guerra de la emancipación de la América delSur, sostenida por el genio entusiasta de los argentinos, le había tocado observar por más de doce años y estudiar en todas sus alternativas, filosófica­mente hablando, y no había encontrado mejor figura para compa­rarla, que con el palo jabonado, á que el vulgo da el nombre de cu­caña, invención que para divertir á las muchedumbres, acostumbran los pueblos en sus fiestas. Así había visto trepar en ella al primero, incitado por los premios que se colocan en el extremo superier, y aunque después de grandes esfuerzos y fatigas conseguía llegar hasta cierta altura, el cansancio y tan resbaladiza superficie lo obli­gaba á descender rápidamente, pero no sin arrastrar consigo gran Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 306 BOLETÍN MILITAR parte del sebo untado, facilitando de este modo la su bic:la á otro y otros, que vendrían en pos, hasta que llega el último, el señalado por la estrella de la fortuna, y se apodera de las prendas colocadas en la codiciada cima. Brindo, pues, sciíores, añadió entonces, por la memoria del General SAN MARTÍ T' que, desensebando el palo jabonado de la libertad é independencia del Perú, dejó expedito el camino al General BoLÍVAR para que recogiese el premio en Aya­cucho!" Todos los presentes saludaron con estrepitosos y prolongados aplausos, la feliz improvisación del caballero inglés, que, aparte de la graciosa originalidad y franqueza, tenía el mérito de ser pronun­ciada por un extranjero. Esta trivial y rara comparación es, no obstante, un axioma. Sin el ejército libertador que condujo el genio y patriotismo del gran Capitán argentino al Perú, sin la victvria de Pasc:o, la toma de Lima y el Callao, la declaratoria de la independencia de aquel país, el 28 de Julio de 182r, con aquellas memorables pala­bras: "El Perú es, desde este momento, libre é independiente por la voluntad de los pueblos y de la justicia de su causa que Dios defiende," y el levantamiento, casi en masa, de todo el territorio, y sin el oportuno y poderoso concurso de la División que envió SAN MARTfN al Ecuador, en ayuda del General Sucre, éste no hubiera ganado la batalla de Pichincha, ni BoLÍVAR podido avan­zar sobre la tierra de los Incas, inmenso palo jabonado de la guerra de la independencia americana, que BoLÍVAR solo, con todo su genio y audacia, jamás hubiera trepado sin el esfuerzo y el valor de los argentinos, que le dejaron expetlita la senda y le limpiaron el jabón del palo, á las órdenes del tan ilustre como modesto Ge­neral SAN MARTfN. JUAN M. ESPORA GALERIA DE PRÓCERES PEDRO ACE.BEDO Y TEJADA (De la Gaceta de Colombia. Bogotá, domingo 8 de Abril de 1827). El día 31 de Marzo (r827) ha muerto en esta capital el ciu­dadano Pedro Acebedo Tejada, Coronel graduado, Ayudante Ge­neral del Estado Mayor General, Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra y Miembro de la Academia Nacional. ¡ ~é pérdida tan irreparable para su amable esposa, tan grande para Bogotá que le dio el sér, y tan inmensa para su patria ! Antes de cumplí: veintiocho años el joven Acebedo había hecho á su país servicios muy distinguidos. Oficial militar desde r8ro, el Ejército del Su:­le vio servir con honor y actividad. Las montañas de AndaquÍe3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 307 fueron su morada y la de su buen padre cuando la invasión del Ejército espa~ol. En el Estado l\1ayor de Cundinamarca mani­festó sus conocimientos en la milicia; en el Gobierno de la Pro­vincia de Antioquia, su rectitud, justicia y amor al orden; en la Seq etaría de la Guerra, su aplicación al trabajo, sus talentos, recto juicio y probidad ; en la Academia Nacional y otras socie­dades patrióticas, su pasión por la ciencia, su interés por la edu­cación pública y sus exquisitas nociones de bellas artes é idioma castellano. Acebedo tenía talentos muy di. tinguidos, modales agradables, una conducta irreprensible, una aplicación Ímproba á los deberes de su destino, un amor ardiente por la libertad, y el más extraordinario entusi.-tsmo por las leyes fundamentales de su patria ! Llegó á ser esposo, y amó tiernamente á su compañera ; fue padre, y no vivía sino para sus hijos ; era amigo verdadero de sus amigos, agradecido sin bajeza á sus benefactores, modesto en el trato familiar, jovial en las sociedades confidenciales, siempre Íntegro y justo. Ac<>bedo, con tan recomendables prendas, estima­do generalmente de cuantos Je conocieron y sin ninguna aspira­ción, habría llegado un día á gobernar la República con suceso y reputación ; pero la Parca, que siega sin distinción la vida de los heroes y de lo malos ciudadanos, nos ha arrebatado muy tempra­no la preciosa vida del joven bogotano que hoy lamentamos. Ya él descansa en la mansión de lo justos, y acá sus amigos y su fa­milia, llenos del más profundo pesar, lloramos la pérdida que he­mos hecho, sin más consuelo que el de reverenciar los juicios del Altísimo y recomendar sus virtudes. ¡ Puedan imitarlas los jóve­nes colombianos para honra y bien dP. su país y para el suyo propio! ¡ Pueda Colombia recordar perpetuamente los servicios que el Coronel Pedro Accbedo le hizo en la flor de su juventud, y sobre todo el ahínco con que sostuvo la causa nacional cuando más necesidad ha tenido de firmes defensores. GENERAL ]OSE ACEBEDO Y TEJADA (r) (Tomado ele la Gacda Ofic ial, del jueves 24 de Enero de 185o, número 1097) • 1 ... ... No la antigua y piadosa costumbre de venerar á los muertos y hablar bien de su memoria nos hace expresar los tristes lamentos que arranca de pechos sensibles la infausta muerte del General Acebecto. El convencimiento casi unánime que tienen sus conciudadanos del mérito y virtudes que lo adornaban, ponen la pluma en nuestras manos, mientras que talentos superiores puedan ocuparse de su biografía completa. ( I) El nombre de este distinguido patriota no figura en el Diccionario Biográfico de Vergara y Scarpetta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 308 BOLETÍN MILITAR ¡ Murió un veterano ilustre de la independencia y libertad americanas ! El hombre señalado como modelo de moderación, prudencia y rectitud ; el consolador de una familia entera sumida en la orfandad ; el que, con su genio dulce, nobles modales y co­razón sensible, hacía soportable á los suyos los duros golpes de la adversidad. j No existe ! y ya recibió en la mansión de los justos la corona debida á sus virtudes. Su esposa, hermanos, amigos y conocidos, aun los indiferentes, lamentan tan gran pérdida : la patria no tiene ya un antiguo soldado de la libertad, y su familia llora la muerte de su padre, de su ángel de paz y de consuelo ..... Son dignos de recuerdo los servicios que prestó á su país por la causa santa de la independencia y libertad. Hijo de un venera­ble prócer que en r8ro ayudó á los america.nos á sacudir el odioso yugo del despotismo español, Acebedo jamás traicionó su deber y patriotismo; siempre justo y leal á sus principios, no sostuvo ni la tiranía doméstica, ni perteneció nunca á facciones ni partidos contra el orden legal. En r8r9, cuando apenas contaba trece años de edad, infla­mado con el juvenil ardor y entusiasmo por la independencia, em­prendió la carrera de las armas, pasando por rigurosa escala desde simple wldado aspirante, y la continuó después hasta llegar al em­pleo más elevado del ejército. En r821 fue ascendido á Oficial, é incorporado su batallón al ejército que mandaba el General León Torres, hizo la campa­ña contra los españoles en el Departamento del Cauca y prosiguió en la vanguardia á la de Pasto, encontrándose en las acciones de guerra que tuvieron lugar con mucha , frecuencia en aquel territo­rio, protegiendo con su Compaí"i:ía algunas de las más arriesgadas operaciones del ejército. Se halló en la memorable y sangrienta jornada de Bomboná,~ el 7 de Abril de 1822, y en la gloriosa retira­da que emprendió el Ejército hasta el Peiiol, sosteniendo un fuego cuasi constante. Tomado prisionero, la Providencia lo li­bertó, porque, joven aún, no había prestado los serv;cios impor­tantes á que lo destinaba. Continuólos en la campaña de Mara­caibo contra el espaiíol Morales, que ocupaba aquella Provincia. En la campaña sobre la Ciénaga de Santamarta contra los españo­les, se batió con honor y valor en la acción de Matarredonda. Desde el principio .del combate fue herido gravemente, pero su valor lo impulsaba á permanecer en él ; estuvo una hora á la ca­beza de su tropa, animándola con noble ardor á la pelea. Re'3ta­blecido de la herida, marchó á la campaña del Perú, y hubiera servido en ella si allí los opresores subsistieran, pero ya estaban derrotados, y libre para siempre la América cuando Acebedo llegó al Ecuador. Allí se le ofrecieron otras escenas en qué manifestar su lealtad y honradez. Revolucionado Guayaquil en 182 7, des­preció las ofertas y amenazas que le hicieron, y sepultado en un calabozo, prefirió morir á traicionar sus deberes y principios repu- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 309 blicanos, hasta que, en unión del ilustre General Córdoba, logró atravesar las montañas de la Costa de Esmeraldas y reunirse al ejército. Los jefes siempre lo honraron y lo distinguieron, hacien­do de él constantemente elogios nada comunes. El Coronel Reimbold' habla de su entusiasmo patriótico, exactitud en el s~r- , vicio, impa\ idez, serenidad y arrojo en el combate, considerándolo digno del mayor aprecio. El Coronel Demarquet lo elogia por su conducta en la campaña de Pasto de 1822, mereciendo la conde­coración de los Libertadores de Quito. El Coronel Martínez Pa­liares habla de las virtudes que distinguían al Teniente Acebedo, de su talento, aplicación y asidua constancia en el desempeño de sus obligaciones. Así todos los jefes lo aplauden, no sólo como á militar sino como ~i hombre de virtudes, amable, fino y cortés. El General Flórez certifica, con expresiones muy satisfactorias, sobre el acreditado valor, asidua aplicación, capacidad sobresalien­te, educacion brillante y conducta irreprensible del Teniente Acebedo en 1826, y añade otros elogios m u y distinguidos. Durante la administración intrusa de 1830, Acebedo prestó sus servicios ; era entonces Coronel graduado ; permaneció preso algún tiempo, hasta que en Abril de 1831 se pudo incorporar al ejército organizador, á las órdenes del benemérito ciudadano Ge­neral J ose H ilario López, con el fin de restablecer el Gobierno constitucional, derrocado en 1830, en el funesto campo del San­tuario. Fu e nombrado Subjefe del Estado Mayor general de ese ejército glorioso que hizo desocupar el puesto á los usurpadores, y tuvo en ton ce tam bien el honor de ser Secretario del General del Ejército. Obtuvo después varios empleos honrosos y de confianza en el ramo militar, en el cuerpo municipal, en la diplomacia, en la Comisión granadina que el Gobierno de la República mandó al Ecuador ; en la Hacienda nacional, de Director de la Casa de Moneda de Bogotá, y de Secretario de Estado del Despacho de Guerra y .~.\t1arina en dos Administraciones. En las revueltas políticas de 1840, el General Acebedo, en­tonces Coronel, fiel á sus deberes, hizo lo que debía, y su espada, aunque vencedora, no se empapó en la sangre de sus conciudada­nos, ni la venganza ni el odio tuvieron entrada en su humano y benéfico corazón. l\1andaba el primer batallón de las leales y valientes guardias nacionales de Bogotá en la acción de Aratoca y en la batalla de Tescua, en donde por su noble comportamiento mereció el último grado de la milicia. Murió con la tranquilidad de un hombre rin remordimientos, y sus virtudes, sin duda, han recibido el premio merecido. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 310 BOLETÍN MILI'l'.A.R RECUERDOS Y RELACIONES MILITARES PEREGRINACIÓN MILITA!t Á JERUSALÉN, POR ERNJSTO LOUET Epúodio de fa expedición á Siria-I86c-I86I Visitar los santos lugares que fueron cuna del catolicismo, ~eguir con el Evangelio en la mano, las huellas del Salvador, tanto en su vida privada corno en su vida pública, contemplar por sí mismo estos famosos lugares, que tantos otros no han visto ni verán, sino por el re­lato de Lamartine ó por el de Chateubriand, que me parece más des­criptivo y exacto, es el sueño dorado de un joven que á los veinte años de edad tiene el corazón bastante levantado para amar su religión, é imaginación bastante ardiente para recorrer el mundo sin medir las distancias: tal será la recompensa de nuestro largo destierro en Siria. Se puede ir de Beyrourth á Jerusalén en menos de treinta horas, descendiendo por mar, hasta J afa; el viaje es rápido y poco costoso. Pero de este modo no se visita sino á Jerusalén ; y la Palestina tiene otros santuarios venerados, y muchas otras ciudades históricas, que le deciden á uno á hacer el viaje por tierra, con el íin de poder detenerse dondequiera. Hada mucho que varios oficiales se habían organizado en carava­na, con el propósito de ir á pasar la noche de navidad en Betléem. Eran los siguientes: El Teniente Coronel Chanzy, el Conde del Recuerdo, Lcmintier de Saint-André, Goert, el Pagador (para no sefialarme á mi mismo con mi propio nombre), y, por último, un negociante indígena, M. Farzialla, cuya erudición nos había hecho apreciar ya la sociedad, aun antes de que hubiéramossentido la necesidad de que nos acornpa­fiase un intérprete. Todos deseaban viajar como perrgrinos más que como curiosos, y esta hermandad de ideas y sentimientos es una dicha que no me cansaré de ponderar, puesto que multiplica las emociones dándoles libre curso. N os ponemos en marcha el miércoles 12 de Diciembre, como á las ocho de la mañana. Nuestra primera etapa es Saída, en donde dor­mímos. Sour (antigua Tiro )1 es el íin de la segunda etapa. Nuestra peque­fia columna no impone por su número; pero está bien armada, y su aparato militar bastará para alejar todo peligro. Dos cspays, de turban­te rojo, carabina en mano, no:; sirven de guardias delanteros, y detrás del grupo de seis caballeros, nuestros ordenanzas, á caballo, van con armas y cartuchos, como para una expedición. El traje musulmán de nuestros espays (soldados de caballería) puede hacer creer á los habi­tantes de las poblaciones por donde pasamos, que vi a jamas bajo la pro­tección del Gobierno turco; y semejante pabellón no engañará á na­die. El Coronel Chanzy tiene cartas de recomendación de Fuad-pa­chá para los Gobernadores de todas las grandes ciudades que debemos atravesar; y, lo diré inmediatamente, no fueron cartas inútiles: más de una vez nos sacaron de apuros : por dondequiera nos valieron recibi­mientos, en los que todo lo pintoresco de las costumbres de los árabes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN 1\IILIT.A.R 311 se nos presentaba en un momento; recepciones que ocupan lugar prin­cipalfsimo entre nuestros recuerdos de viaje. De Saída á Tiro no hay otro camino que la orilla del mar, cor­tado acá y allá por rocas. Caminámos durante seis horas, y antes de ponerse el sol estábamos en los muros de Sour, que no parece ni aun tener recuerdo de su esplendor pasado. Nuestra vista buscaba en vano algunos vestigios de otra edad: ni un resto de columna, ni una inscrip­ción que hablase de otros tiempos. Las arenas del mar han unido al con­tinente e5ta lengua de tierra que formaba una isla en la época de Ale­jandr .J el Grande, y una población de cinco mil almas, todo lo más, pescadores la mayor parte. reemplazan á aquellas generaciones que tuvieron la mejor marina y el mejor comercio de la antigüedad. Echamos pie á tierra frente á la habitación del Obispo griego cató­lico, Monseñor Atanasia. A nuestra solicitud para que nos diese hospi­talidad, respondió cedi~ndonos una sala grande, que él llamaba, yo creo, su salón, pero en el cual no había mueblt.:s que nos impidieran preparar las camas y arreglar una comida de algunas provisiones que felizmente habíamos llevado: era preciso contentarnos con poco. Por lo demás, en viaje se soportan con alegría las privaciones, y en donde quiera se duerme bien cuando la fatiga nos agobia. Difiembre 14-Antes de la aurora estamos en pie; pretendemos ir á dormir á San J u:tn de Acre, y nos anuncian diez hora3 de mar­cha; hay, pu s, que calcular la jornada de modo de llegar antes de que anochezca. Ya :í punto de montar damos las gracias al Obispo Atanasia. M. Farzialla, que conoce las costumbres del país, noa aconseja que le paguemos la hospitalidad con un backclticlz, y cierto que no se nos habría ocurrido nunca que se pudiera dar á un Obispo la gratificación que en Francia se da á l0s criados de la casa en donde uno se hospeda. Uno de n osotros, al cambiar con Monsefior un apre­tón de m anos, dejó en las de éste unas monedas de plata, que él acept6 con amable sonrisa. Yo me propuse no olvidarme de él, y lo compruebo. Son las siete de la mañana cuando salímos ele Tiro por la puerta por donde en trámos. Tiro no tiene más que una puerta. Pasámos de­lante de la fuente que provee de agua á toda la ciudad; son las muje­res y las muchachas las que van á buscarla, en enormes cántaros de forma antigua, que llevan sobre la cabeza con la mayor facilidad. Poco más ó menos á una hon de distancia de Sour, nuestro guía nos separa un instante de la ribera para hacernos visitar los pozos de Sa­lomón, que hoy llaman Ras-ei-Ain. Estos pozos, tan afamados en Oriente, son en número de tres, de diferentes tamaños, y forman como una aldcíta en medio de una lla­nura de asombrosa fertilidad, la cual obsequió por testamento Reschid­pachá al Sultán Abdul-Medjid. Desde lejos se les tomaría por hlocklu11u (fortines), según la masa de tierra que las rodea y la obra de calicanto que forma su boca; pero cuando, después de trepar por pocos instan­tes, se llegue al nivel de ellos, uno se pregunta cuál fue la raza de gi­gantes q e ha podido c oncebir y abrir semejantes pozos artesianos. El más grande de los tres tiene catorce metros de diámetro; el más pe­queño no tiene menos de nueve; y el agua que por allí sube, poco más 6 menos quince metros sobre el nivel del mar, del cual la separan Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 312 BOLETíN 1\llLrl'.A.R apenas pocos metros, es la más limpia y la más agradable que se en­cuentra en esta comarca: se escapa del inmenso depósito por un canal que va hasta los molinos que la rodean, cuya sola potencia motora ejerce, y en seguida va á perderse en el mar, sin que nadie la apro­veche. Salomón, al cual se atribuye esta obra admirable de la antigüedad, la llevó á cabo sólo por proporcionar agua á la ciudad de Tiro, cambio de buenos procederes con el Rey de Tiro, Hiram, que le procuró, según afirman, la madera y los obreros necesarios para la construcción del templo de Jerusalén; y todavía existen las huellas del grande acueduc­to que llevaba las aguas á la ciudad; pero todo esto no es más que rui­nas, y no es el Gobierno turco el llamado á cambiar tal estado de cosas. Allf, más que en ninguna otra parte, nos hizo impresión la incuria y la degradación del poder otomano, que todo lo deja á la ca"ua!idad, á la Providencia, y se entrega ¡{ un abandono tan grande, que su caída sería un beneficio para la tierra no menos que para los habitantes. Este país puede ~roducir todavía hoy, como en otro tiempo, pero no hay un brazo que acuda en ayuda de su fecundidad, y algunos millares de almas viven con trabajo en donde la agricultura bastaría para enrique­cer á millones de arrendatarios. Los egipcios comprendieron esto á maravilla, é hicieron loables esfuerzos por regenerar esta bella parte de Asia; pero el horizonte que ellos entreveían despertó los celos de J nglaterra, y 1840 pareció reno­var la maldición que pesa sobre este país. San Juan de Acre era en otro tiempo el centro de un gran pachalik egipcio, y á medida que nos aproximábamos allf, pudimos apreciar que su dominio en Siria no \,a­reció de grandeza; la casa de campo de Solimán-pachá, que se libertó después de 18 I 5, tiene todo el lujo artístico de Europa: jardines in­gleses, kioscos, parque adornado de estatuas: todo esto á algunos pasos del mar, ~ no es una concepción digna de los potentados de Francia ? Un poco más lejos damos con un bello acueducto de seis kilómetros de largo, que el mismo Solimán construyó para proveer las fuentes pú­blicas de San Juan de Acre; algunas de estas arcadas tienen las propor­ciones del famoso acueducto de Marly; otras han desaparecido bajo la yedra, ó se ocultan detrás de las matas de naranjo: se siente que una civilización inteligente ha pasado por aquellos lugares, precedida por el estandarte de Francia. N os acercamos á los muros dentados de la ciudad, y podemos contar las troneras de la muralla. Nos detenemos, espontáneamente, á estas solas palabras de nuestro guía: "Aquí fue en donde acampó el ejército francés que llevó á cabo, en 1799, el sitio de San Juan de Acre; " y, 1 uégo, señalándonos con el dedo una eminen­cia en la extremidad de la llanura, 5iguió diciendo: "En aquel punto se levantaba la tienda del General en Jefe Bonaparte." Y hubiera po­dido agregar: "Allí fue en donde acamparon los cruzados que pusieron sitio á la antigua Tolorneo, de I 189 á 1 191 "; pero su ciencia histórica no iba tan lejos. ( C 01Jti11Utlrá) -. .. -- BOGOTA-lMPREN'I'A NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 78

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 77

Por: | Fecha: 30/11/1898

Año 11 Bogotá., NoTiembre SO de 1898. NÚJDero 'r1 BOLETIN MILITAR __ ..,.. . ..,_ __ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRCITO ----4-· ...... -- Director, ALEJANDRO POSADA Son colaboradores natos de este periódico todos los Jeft t y Oficiales del Ejército de la República. ·-···-··-··· .. -··-··· .. ··········-···-·············-···························-·-····-··-········-····""""············--·- MINISTERIO DE GUERRA DECRETO NÚMERO ... DE 1898 (14 DE NOVIEMBRE) aobre el modo de adquirir veatuario, medicinas y demás objetoa necesario• para el aeni· cio del Ejército, y sobre tranaportea. El Presidmte de la República Teniendo en cuenta el artículo 1538 del Código Fiscal, y con el fin de uniformar la manera de celebrar ciertos contratos para buscar la mayor economía posible en beneficio del Tesoro público y facilitar la Contabilidad militar, DECR.ETA: Art. 1.0 El vestuario que se necesite para el Ejército se construirá únicamente en la capital de la República, en los talle,. res de la Sociedad de San Vicente de Paúl, conforme á los contra­tos con ella celebrados. Si la Sociedad no alcanzare á producir todo el necesario, el que falte se adquirirá pidiéndolo directamente á alguna de los casas fabricantes de E u ropa. §. Lo dispuesto anteriormente no obsta para que, cuando el Gobierno lo tenga por conveniente, consultando la economía de los transportes á los Departamentos más lejanos de la Capital, pueda autorizar á los Gobernadores de esos Departamentos para contratar en licitación pública y con observancia de las demás dis­posiciones pertinentes del Código Fiscal, la construcción del t¡ue Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 282 BOLETÍN 1\IILI'.rAR se necesite para las tropas acantonadas en éstos. En este caso di­chos empleados observarán las prescripciones determinadas en el artfculo 5.0 del Decreto número 232 de 1896 (de 19 de Junio). Art. 2.0 Las medicinas y demás objetos ó enseres necesarios para el servicio de la tropa y de los cuarteles, se obtendrán fuera de la capital de la Repu blica, por medio de contratos celebrados por los Gobernadores ó sus Agentes en las Provincias ó Munici­piog. Para la celebración de estos contratos se observarán las for­m ·aiidades prescritas en el Código .Fiscal, y deben ser sometidos con esas diligencias, a la censura del Gobierno antes de llevarse á efecto. §. En las medicinas de que se trata quedan comprendidas tanto las de los militares que van á los hospitales como las de los que no van á ellos, p~ ... r ser leve su enfermedad. En este último caso, las cuentas q11e presente el contratista serán visadas por el médico del Cuerpo, y donde no exista este empleado, por el respectivo Comandante, fuera de los comprobantes del caso, Art. 3. 0 Los transportes de elementos de guerra se harán por contrato privado, uando el valor de éste no exceda de $ 8oo, y los transportes de vestuario y otros artículos para el servicio del Ejército, se harán en licitación pública, sin perjuicio de lo que el Código Fiscal preceptúa. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 14 de Noviembre de 1898. MAl',TUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Guerra, PÉDRO ANTONIO M OLIN A DECRETO NUMERO..... DE 1898 (1 5 DE NOVIEMBRE) que reduce el personal del vapor de guerra " Hércults. ' El Presidente de la República CONSIDERANDO : 1.0 ~e próximamente llegarán á Barranquilla los materia­les y el casco de acero pedidos al Exterior para reformar el vapor de guerra Hércules ; 2.0 Que mientras duren los trabajos de reforma es innecesa­ria la mayor parte de los empleados y tripulación del citado buque, según conceptG del Comandante General de la 2.• División ; y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'i.N MILITAR 283 3. 0 Que el costo del personal no necesario gravaría infruc­tuosamente al Tesoro, DECRETA : Artículo único. Redúcese el personal del vapor de guerra ''Hércules" á los empleados siguientes : el primer Comandante, el primer Ingeniero y el Contador. §. El Comandante General de la 2! División queda encarga­do de hacer cumplir este Decreto tan pronto como llegue á su conocimiento. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 15 de Noviembre de 1898. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Guerra, PEDRO ANTONIO MOLIN A INFORME DE LOS INSTRUCTORES CIVILES DE LOS BATALLONES "SUCRE11 Y "GRANADEROS', NUMEROS 7 Y 8 Rtpública de Colombia-Ejército Nacional-Comandancia gmeral dt la 1.• División-Número 7,869-Bogotá, 24 de Noviembre dt 1898. Señor General Jefe de Estado Mayor general Para vuestro conocimiento y fine · consiguientes tengo el honor de transcribiros los informes rendidos por los institutores ci­viles de los batallones Sucre y Granaderos números 7. 0 y 8.0 , res­pectivamente: "República de Colombia- Ejército permanente-l.• División-3.• Brigada-Instrucción civil- Batallón 7. 0 de Sucre-Tunja, 31 de Octubre de 1898. " Señor General Jefe de Estado Mayor de la Brigada. "Me es honroso presentaros el informe sobre Instrucción civil dada en el mes que h0y termina al batallón Sucre, y la cual se halla á mi cargo. "Sección superior : Lectura en libro y Escritura en papel. Aritmética, clase en la cual se enseñan las operaciones con los nú­meros decimales, y Urbanidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 284 BOLETÍN MILITAR "Sección media: Formación de las sílabas con las conso­nantes G, T, K y L, y su escritura en el tablero; Urbanidad. "Sección inferior: Estudio y escritura del Alfabeto; U rba­nidad. "En atención á la absoluta escasez de útiles, la instrucción se hace demasiado difícil y lenta. "Soy vuestro atento servidor, "L. Currea." '' Sogamoso, Octubre 31 de I 898 11 Señor General pr imer Jeíe. ''De conformidad como se ha dado la instrucción á la tropa, tengo el honor de rendiros el informe como sigue : "Sección superior : Aritmética, resolución de problemas de regla de partición. Gramática, sintaxis del verbo. Ortografía y ejercicios con las reglas de la V. Lectura corriente en libro. Es­critura de frases en papel. "Sección media: Aritmética, ejercicios con las cuatro ope­raciones de números enteros. Gramática, ejercicios de conjuga­ción con verbos regulares. Lectura en libro. Escritura de frases en el tablero. "Sección inferior : Lectura de palabras y frases cortas en el tablero. Aritmética, lectura de guarismos. Escritura de palabras en el tablero. "Dios guarde á usted. Dios os guarde. " Alipio HDsa M." RAFAEL ORTIZ DE LA ARTILLERIA DE CAMP AftA ! N e O M. B I N A e I Ó N e O N L A S O T R A S A R M A. S (Continuación) Como la del ejército· enemigo desempeñará también este servicio, es claro -1_ue del deseo de ambos ejércitos de llenar esta misión, resultarán ya desde el principio de una campaña con1bates de caballería grandes y pequeños, y de mayor ó menor interés. Esta misión es de una importancia sumamente capital para las operaciones en grand~ de la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITAR 285 guerra. El temor de que la caballería, al llenar su cometi­do, sufra perdidas de consideración, al principiar la campa­ña, y aun quedar anulada parte de ella, debe posponerse á la magnitud de los servicios que rinda al cumplir la misión que está llamada á desempeñar en los grandes ejércitos. Pero para que de ]a caballería así aislada, obrando en grandes masas, puedei sacarse el mayor partido posible, es principio generalmente admitido por todos, que debe ser apoyada por la artillería, pues siempre se ha visto en los casos decisivos la utilidad de que dicha arma lleve artillería á caballo en la proporción conveniente; la consideración de que esta artilJería pueda hacer más lentos y pesados Jos mo­vimientos de la caballería, ha impedido dotar de más de tres baterías á una división de caballería. Tres baterías á caballo están en perfectas condiciones de apoyar con sus fuegos á una división de caballería; además, este número corresponde n1uy bien á la constitución de una división de caballería en tres brigadas, que generalmente ha sido adop­tada de una manera definitiva. Cuando tenga que operar aisladamente, es muy con­veniente agregarle una batería de á caballo, y en algunas circunstancias es de absoluta necesidad, como por ejemplo, en desfiladeros, bosques, grandes cortaduras del terreno, etc., no podría maniobrar con todo el desembarazo que se­ría de desear, ni siquiera al frente de pequeñas subdivisio­nes de infantería, si la batería de á caballo no tuviera en jaque á aquélla y á respetable distancia. Aun cuando la caballería, por falta de artillería, quisiera hacer uso de sus armas de fuego, tan perfeccionadas en el día, haremos notar que á la infantería en el ataque de las posiciones·, le cuesta grandes sacrificios si la artillería no ha preparado conve­nientemente y de antemano e:,te ataque, con mayor razón la caballería, por su manera de ser, necesita ser ap~yada eficazmente por la artillería. De esta necesidad y de la de tener que emplear lo más pronto posible las bocas de fuego para sostener el despliegue de Jos escuadrones, se hace pre­ciso colocar la artillería cerca de la vanguardia; si ésta se compone de una brigada, se la colocará á la cola; si la van­guardia no es más que de un regimiento, se la agregará una batería, yendo las demás detrás del primer regimiento del grueso. En una brigada marchando aisladamente se puede Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 286 BOLETÍN MILI'l'AR colocar la artillería en el centro de ella, no siendo conve­niente, por regla general, colocarla más á vanguardia, por­que los destacamentos de los reconocimientos del enemigo son demasiado pequeños y muy movibles, y pudiéndose ocultar á menudo en las desigualdades del terreno, no vale la pena de regular el tiro, lo que casi siempre exige algún tiempo; y el deseo de sostener esta artillería. distrae una fuerza grande de su objeto propio, cual es reconocer el te­rreno, la situación y número del enen1igo, y si no se la da este sostén, la batería ó baterías están en peligro; además, estas baterías tendrán cubierto su frente por los escuadro­nes que marchan hacia adelante para obligar así al enemi­go á que muestre sus fuerzas ó gran parte de ellas. Sola­mente en el caso de que el enemigo disponga de poca ca­balJería y que ésta sea mala y se presente en formaciones defectuosas, se puede admitir el colocar la artillería más á vanguardia. En la di visión de caballería las tres baterías anexas á ella, en principio se colocarán cerca de la vanguardia, y si ésta es de una brigada, marcharán inmediatamente á su re· taguardia. Estas tres baterías estarán siempre bajo el mando de un solo jete que asegure su unidad de acción en el com­bate, para lo cual estará en constante comunicación con el jefe de la división, para conocer su plan y recibir sus órdenes para el empleo que ha de dar á su arma : tan pronto como las tres baterías rompan el fuego, lo mandará en persona, conservando sien1pre una íntima ligazón con el comandan­te en jefe, por medio do un oficial ; aun cuando estas bate­rías tengan que rrasladarse más á vanguardia, conviene mu­cho que su unidad de acción no se rompa y que todas ellas tengan un objeto común, y nunca se batan aisladamente ; procurará siempre el jefe de la artillería estar enterado de los planes ulteriores del comandante de la división para que con arreglo á ellos pueda obrar y sacar el mejor partido de sus bocas de fuego. El empleo de la artillería á caballo es esencial y de un uso muy frecuente en el ataque de un1. di visión de caballería aislada, y debe arreglar su conducta según el ca­rácter del combate y la constitución del enemigo. Con res­p~ cto al combate se debe considerar ante todo si es un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAR 287 mero encuentro, ó si se quiere llevar aquél hasta el extremo, ó si no es n1ás que una diversión, ó si se quiere ganar t_iem­po únicamente sosteniendo un con1bate lento y pausado, y por último, si el ataque puede hacerse por sorpr~sa ó no ; con respecto al enemigo, debe tenerse en cuenta su dispo­sición y nún1ero y la combinación de las diferentes armas. (Continuará) ----·48-~- EJ~MPLOS Y ENSE1\t AN~AS PARA EL EJERCITO EL CABO CASTELLANOS En la Mayoría del Batallón número r .0 del Ejército de )a Confederación Granadina se encontró una filiación que <:lecía así: " Batallón de Infantería ligera-3.• ~ompañía. ''Filiación de José Castellanos : hijo natural de Ana Caste­llanos, natural de la Villa de Leiva, su edatl diez y ocho años, su oficio albañil, su estado soltero, su estatura ciento sesenta y un centímetros. Sus señales : pelo castaño, frente regular, pocas ce­jas, ojos . negros, nariz algo chata, color blanco, picado de viruela. Se enganchó voluntariamente par.a servir en el ejército por el tér­mino de un año, en Bogot::í, á 22 de .:.\1arzo de 18 58." Esta filiación está suscrita por el encargado del detall y dos testigos, y signada con una cruz, porque el cabo Castellanos no sabía escribir ; pero no imp~rta : la firma más honorabJe no hu­biera respondido mejor del cumplimiento de una promesa solemne que este signo imperfecto trazado por la dura mano de Castellanos. En poco tiempo las disposiciones marciales y el bello carácter de este labrador, lo convirtieron en el hijo mimado de los Jefes y Oficiale<> del Batallón : sus iguales también lo querían, porque era bueno é intachable para todos. Pero la estimación que sus jefes y camaradas tenían por él se aumentó prodigiosamente cuan­do descubrieron que á sus cualidades militares agregaba la de un amor filial extraordinario. Poco más de seis mt:ses hacía que se encoPtraba sirviendo cuando se presenta al Jefe del Cuerpo, haciendo en los términos más sencillo la siguiente solicitud : " Mi Comandante : de mis raciones he econon~izado y reunido cuarenta pesos, y esta suma me basta para cercar el solar de b casa de mi madre, porque la pobre está m u y mal con ese solar así ; necesito una licencia de veinte días para ir á Leiva." Concedida la Ji .... acia fue á Leiva y contrató la construcción de la cerca por el dinero que llevaba; pero quedó sin recursos y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 288 BOLETÍN MILITAR no quería ser gravoso á su anciana madre durante los días de su visita: el contratista necesitaba un peón y Castellanos contrató con él sus servicios. El contratista no habría podido encontrar mejor peón para esa obra : Castellanos empleó los días de su li­cencia en trabajar para su madre y la socorrió con sus jornales. Desde entonces Castellanos concibió el designio de construír para su madre una casa más cómoda, y para esto acumulaba sus aho­rros, y no pensaba en otra cosa ni hablaba más que de su empresa ; pero esta empresa era más árdua que la primera, y la muerte, con toda su crueldad, vino á frustrarla. Llegó, en fin, la época de la última prueba del soldado. El Gobierno de Santander tremoló el estandarte de la rebelión, y Cas­tellanos, que era ya Cabo, marchó con su batallón á la campaña. En Vadorreal, límite del antiguo Estado de Santander, iba en la descubierta, que hizo alto allí, en donde encontró con una mala hora, cuyas consecuencias decidieron probablemente de su suerte. Con grande injusticia un Oficial de otro cuerpo lo maltrató de palabra y de obra : le dio de planazos, y el pundonoroso Cabo, fuera de sí, le tiró un sablazo, de que lo hirió en la cabeza. La falta era tan grave, el delito de tal manera contrario y perjudicial á la disciplina, que Castellanos se juzgaba por todos, y por él mismo, perdido. Los Jefes y Oficiales del 1.0 que l1egaron des­pués, sintieron la más profunda pena, y el batallón todo parecía de duelo. Algunos camaradas de Castellanos, desesperados, se apresuraron á aconsejarle la fuga, que ~llos podían facilitar, co­rriendo el peligro de la responsabilidad, como el único medio de escapar á una muerte segura. -" N ó, dijo Castellanos ; yo sé que deben fusilarme por esta falta ; que me fusilen ; moriré por una desgracia ; pero jamás, nunca me fusilarán por desertor al frente del ene~Pigo ; mi honor va en eso, y es enteramente inútil que ustedes me hablen de fuga ; no me deserto." Castellanos permaneció en su prisión. Bien sea porque este hermoso rasgo llegase á noticia del Ge­neral, bien porque la rapidez de la marcha hiciera difícil la reunión inmediata de un Consejo de Guerra, Castellanos siguió preso y desarmado, en la prevención de su Cuerpo, y guardando el más profundo silencio. Cuando el Ejército, comprometido todo en los peligrosos desfiladeros del Suratá, marchaba á paso redoblado para apoyar á todo trance la columna de vanguardia conducida por el General en Jefe en persona, Castellanos habló. Aprovechó el primer mo­mento en que se le presentó uno de Jos Jefes del C uerpo, y con gran resolución, y su acento habitual de franqueza, le dijo: -"Mi Comandante, un favor tengo que pedir á usted, y espero que no me lo negará, en atención á mi desgracia : que se me devuelva mi arma y se me ponga en la descubierta, siempre en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 289 la descubierta, y yo prometo portarme de tal modo, que me haga merecedor del perdón ó quede tendido en el campo." El Cabo Castellanos sabía cumplir su palabra, y esto lo sabían mejor que nadie los Jefes de su Cuerpo, que tan bien co­nocen á sus soldados ; el fusil le fue devuelto y él formó en la descubierta. Esto pasaba el día 29 de J u Ji o de 1 86o ; el 30, á las nueve y media de la mañana, después de envuelta la descubierta del ejérci­to, no obstante el valor del Oficial que la mandaba, un puñado de intrépidos soldados se oponen con heróico esfuerzo al enemigo para dar tiempo á que la División contramarche y evitar la sor­presa del ejército; de estos soldados unos mueren, como el valien­te Quiñones, y otros quedan en poder del enemigo, después de haber lidiado cuerpo á cuerpo con él : entre estos últimos se ha­llaba el más arrojado de todos, el Cabo Castellanos, á quien la suerte dej4ba todavía algún tiempo, corto, es verdad, pero bastan­te para que ejecutase nuevas acciones de lealtad. Cuando el ejército rebelde emprendió su retirada para el So­corro, nuestro General en Jefe se hallaba muy desorientado sobre su verdadero estado, z pesar de sus diligencias para averiguarlo ; pero el 4 de Agosto, en Piedecuesta, se presenta el Cabo Caste­llanos, que aprovechándose de la confusión producida por la reti­rada en el ejército rebelde, el 3 por la noche se fugó del Guaya­bal, llevándose consigo á varios de sus camaradas prisioneros, y dio al General informes sobre la fuerza, armamento, recursos, dis­ciplina y moral del enemigo, tan exactos como nunca se habían tenido en el Cuartel General, admirablemente exactos, según se comprobó después. Había observado con inteligencia todo lo im­portante y aplicado un sano criterio á sus observaciones. El Ge­neral, complacido de la acción y de la inteligencia del ex-prisio­nero, le mandó dar una gratificación pecuniaria ; el Cabo Caste­llanos la rehusó. ¡ Noble y singular desinterés en un hombre de su clase ! Ya la acrisolada lealtad de este soldado le había hecho acree­dor á un in~ulto; el General en Jefe se lo había hecho compren­der, y los Jefes y Oficiales del batallón á que pertenecía el Oficial agraviado habían ido en corporación á solicitarla del ciudadano Presidente de la República ; pero esto no era suficiente para el Cabo Castellanos: para expiar su delito él quería distinguirse mil veces. , Como se sabe, el día r6 de Agosto el Batallón número 1.0 fue destinado á obrar por la parte occidental del campamento ene­n. igo. Luégo que el Alférez Villoría, persiguiendo espontánea­mente una guerrilla enemiga, logró por obra de la casualidad ó de la fortuna que protegió su arrojo, coronar la ina~cesible roca del Oratorio con sólo once ó doce hombres, varia~ guerrillas recibie­ron orden de apoyarlo, y en una de éstas, en la que mandaba el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 290 BOLETÍN MILITAR Alférez Teófilo del Río, estaba el Cabo Castellanos. Ganada la altura, pasada la planicie inclinada, y rebasada la cerca de piedra en donde el enemigo se defendió algunos instantes, Castellanos se arrojó adelante de sus compañeros hasta confundirse con los ene­migos ; pero su última hora, su hora de gloria, si no fuera tan vana esta palabra, había sonado : allí cayó herido mortalmente. En este momento nota el enemigo que la vanguardia que le carga es de reducido número, al paso que nuestro campamento de la parte oriental estaba quieto, y vuelve súbitamente y en gran nú­mero sobre las guerrillas conducidas con demasiado ardor por Ofi­ciales jóvenes, arrojados y guapos, pero inexpertos : las primeras guerrillas fueron rechazadas, y ellas envolvieron en el rechazo á la segunda y á la tercera Jíne ,, que tuvieron que retroceder sesenta ó cien pasos por lo menos, para rehacerse al abrigo de la trinchera de piedra. . Veinte ó treinta minutos después se renovó la car~a, que coincidió con la del lado oriental, y entonces, al pasar el Coman­dante Trujillo por el sitio en que había caído Castellanos, lo encon­tró completamente desnudo : estaba sentado, con las rodillas entre los brazos, las manos trabadas, la cara sobre las rodillas, la fisono­mía lívida, verdadera imagen del dolor: los intestinos salían por la herida. El Comandante sintió tan herida el alma como aquel hijo suyo tenía el cuerpo, y se detuvo un instante buscando instinti­vamente algún socorro : lo llama, lo acaricia . . Castellanos, oyendo la voz querida de su Jefe, levanta la cabeza, reanímase su expresión ; su fisonomía cobra vida, y clavando en él sus ojos, l~! dice : -"Mi Comandante, atienda usted al enemigo, que es lo importante. Por mí no se afane. Aquí quedo bien." El Comandante obedeció. Al amanecer del día siguiente, entre varios cadáveres de amigos y enemigos que se veían tendidos en la casa del Oratorio, yacía el del Cabo Castellanos. U na cruz marca su sepulcro, como marcó su filiación. La última nota de este documento dice así : "Falleció el 16 de Agosto de r 86o, combatiendo heróicamente en el campo del Oratorio, después de haber sido ascendido por el ciudadano Gene­ral Emigdio Briceño á A.lférez 2.0 ".El encargado del detall, " Trujillo." En efecto: el General, en nombre del Gobierno, ofreció la charretera al moribundo Castellanos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'.A.R 291 GUSTAVO ADOLFO Y TURENA (De la Revista. do Ewe1·cito e da. A.rma.da.) El ciclo militar que el nombre de Gustavo Adolfo representa, e~ brillante. Aun cuando sea muy individual el orden dado por este General á los ejércitos que com~ndaba y á los cuales imprimía su cuño, es fue­ra de duda que esos ejércitos representan un excelente modelo de lo que ae podrá obtener con los recursos de l1 época. La modificación y aligeramiento del mosquete, libertado de la hor­quilla de apoyo; el ensayo de la sustitución de la mecha por la rueda para el mosquete; la adopción del cartucho, inventado en España, y de la cartuchera, inventada en Suecia; la sustitución de la larga pica de 1 S á 18 pies, por otra más co::ta y leve, de 1 r pies; el aligeramiento de la·caballerfa, que era constituída por medias corazas y dragones; su for­mación en tres 6 cuatro líneas, en vez de ocho ó diez, como era de uso; la constitución de esta arma, "en la principal entre todas," ope­rando principalmente por el choque y preparando las batallas, verdade­ra emancipación de los procesos mcdioevalcs, por la afirmación de los modernos principios en la infantería; la abolición de la coraza; el au­mento en¡ de los mosqueteros, en vez de ~ en relación á los piqueros, como se usaba; el empleo del fuego por descargas, de rodillas en prime­ra línea, la segunda inclinada hacia el frente, como en la batalla de Breitenfeld se inició; la reducción de fondo en el orden de batalla, de 10 ftlas á 6; la creación de la unidad regimiento, con 8 á 10 compa­tiías, del puesto de mayor (obristwagmister) y de la columna de dos regi­mientos, especie de brigadas incipientes, pues era una masa inseparable, que se distinguía por el color del uniforme; el empleo de la marcha de costado y de la forma de acampar en orden de combate, entre nosotros introducida por Schonberg; el empleo de las reservas en formaciones ligeras y ágiles; la modificación en los procesos de reclutamiento de la época, prescindiendo de los enrolamientos forzados, que daban tropas indisciplinadas é indisoluta,.s: la escuela y promoción de los oficiales por el mérito, y una atención y solicitud constantes en todos los pormeno­res del servicio de seguridad, de administración, de instrucción, del ser­vicio y de la disciplina, que era animada por el propio ejemplo de las virtudes personales del rey,-hicieron de Gustavo Adolfo el verdadero creador de la moderna artillería de campaña, aligerándola y disminuyen­do la extemión de las bocas de fuego, adoptando las piezas de cuero de pequeño calibre, conocidas después en Europa por pieza¡ suecas, que acompañaban á la infantería, llevadas por un caballo y servidas por dos hombres; y más tarde, en 16 30, otras de flerro, llevadas por dos caba­llos y seguidas de carros de municiones; tornando más rápida la carga y el tiro, por medio del cartucho embalado; ai.lmcntando la proporción de esa arma; atendiendo á su justeza y precisión; adaptándola en di­mensiones y material á sus diversos destinos, y empezando á dar, por lo tanto, á la artillería un verdadero papel táctico, que se acentuó defini­tivamente en el siglo XIII. Fue por eso la artillería sueca la más afama­da en su tiempo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 292 :BOLETÍN MILITAR Hay aún quien pretende que Gustavo Adolfo sea el creador del arte militar moderno ; pero lo que no se puede negar es que fue un transformador del gran arte, desenvolviendo: fijando, imprimiendo, sobre todo el cufio genial á cuanto habían dejado consignado como científico, los métodos orgánicos y tácticos de capitanes como Coligny, Montluc, Lanou, Biron, Mauricio de Nassau, Enrique IV y Rochau. Cuando Gustavo Adolfo subió al trono, el ejército sueco en poco difería de los ejércitos de la época, de los cuales podía servir de modelo perfeccionado el de Wallenstein. Habría entonces una buena base de reclutamiento en la institución del servicio obligatorio en cierta propor­ción (indemniswerk) á que están ligados los nombres de Gustavo Wasa y Carlos IX, y que Gustavo Adolfo perfecciol)Ó ; lo demás fue todo obra del genio de este gran Capitán, que dos resultados tácticos consi­guió principalmente: dar mayor movilidad á sus tropas, y aumentar el fuego en el campo de batalla y la eficacia de él. Sus grandes éxitos sobre los polacos, rusos y alemanes que disponían no obstante de fuerzas imponentes y de una infantería sólida y numero­sa, caballería catrafacta y ligera, debióse á la manera como supieron reclutar y adiestrar á los soldados sus oficiales, cuidando todos los servi­cios, perfeccionando el armamento, modificando la táctica, realizando marchas y ejercicios constantes y obteniendo la victoria por medio de operaciones y maniobras hábiles. Fue así como venció en las batallas de Leipzig y Lech, de Lutzen, derrotando á generales de la importancia de un Wallenstein, de un Filly, de un Pappenheim. Inspiróse en los mejores preceptos del arte militar romano. César fue el modelo que procuró imitar, y comprendió que sólo en una buena organización podía encontrar el elemento compensador de la franqueza numérica de su ejército. El orden de batalla que adoptó en dos líneas, con las respectivas reservas, era semejante al de la legión manipular de los romanos. Con el perfeccionamiento de las diversas armas de que se componía el ejército, creó una verdadera fuerza poderosa, y fue él quien, puede decirse, inició la moderna ofensiva táctica y estratégica. En el período inmediato que corresponde á la segunda mitad dd siglo XVI, destácase la figura de Turena. Turena es el vivo ejemplo de cuanto hay en el arte de la guerra ; como en todas las artes, es necesaria la perseverancia en el estudio, la adquisición ~ucesiva de todos los progresos realizados, la atención presta­da á todos los pormenores, por más insignificantes que ellos parezcan. Su genio fue, puede decirse, el producto de una larga y continua medi­tación, á la altura de un Aníbal 6 de un Napoleón. Como talento mili­tar, sus éxitos no representaban, como en aquellos dos generales, muchas veces, una explosión súbita del genio, una inspiración momentánea ; de esa especie de genio iluminativo fue su émulo, el gran Condé. En Tu­rena, cada acto representaba el resultado de un cálculo meditado y profundo, producto de una sólida educación y de una larga experiencia, adquiridas desde los catorce años, en que sentó plaza, siendo obligado por su maestro y tío Mauricio de Saxe, á ejercitarse desde el manejo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN KILIT.A.B 293 del arcabuz, como simple soldado, hasta conquistar, poco á poco, los diversos grados de la jerarquía militar, siempre vertiginosamente, por golpes deo talento. Como bien lo observa el Duque de Aumale, cada día en la vida de Turena marca un progreso, ninguna lección se perdió; prudente por temperamento, sacaba la audacia de la reflexión. Turena es el más elevado ejemplo de cómo la guerra es una ver~ dadera ciencia. . Mariscal de Francia á los treinta y cinco afios, aparece en la gue~ rra de Devolución y en la de Holanda como un genio militar de pri­mera magnitud. Debe sus victorias á la nitidez con que concibe sus pla­nes y al vigor y energía con que los pone en ejecución. La tá~o:tica al­canzó con él una faz admirable, y el estudio del terreno, el empleo y combinación de las diversas armas, la ciencia de las marchas y de !oa estacionamientos, los cuidados en la constitución y manutención de las tropas, la elección de posiciones, las maniobras hábiles para envolver al enemigo, las concepciones estratégicas en que saca partido de todas las condiciones favorables que se le ofrecen,-t.,do caracteriza un talento militar superiormente dotado, realizando en el arte de la guerra progreses que representan verdaderas conquistas. Al par de la escuela de Turena, pausada, metódica, reflexiva, científica, que procedía más por el arte que por la inspiración, que no producía ataques de frente cuando pudiese volver á las posiciones, que procuraba siempre obligar al enemigo á abandonar las ventaja• previa­mente escogidas y pruducir el mayor efecto con el empleo de todas las armas; que estudiaba el terreno y le adaptaba formaciones adecuadas, y hacía la guerra empleando sabias concepciones estratégicas y marchas hábiles,-al par de esta escuela, toda ella prudencia y método, estaba la escuela del gran Condé, osada, impetuosa, prefiriendo los ataques de frente y las violentas cargas de caballería, y que debió las victorias al ardor con que los ataques eran llevados por el gran jefe de guerra, va­liéndole los memorables éxitos de Rocroi, Nordlingen, Laon Thionville, Dunquerque, y dándole muchas veces ventajas sobre Montecucul~ dig~ no competidor de Gustavo Adolfo y de Turena. Puede también decirse que estas dos escuelas marcan una época distinta : la que comprende la guerra de Devolución y de Holanda hasta I 678, continuándose la que comprende la guerra de la liga de Ausburgo (hasta 1698) y es mucho menos noublc, figurando en ellas los generales Lux:embourg y Catinat. De la larga controversia entre las dos escuelas, una representada por Mont~cuculi, y que luchaba por mantener los principios clásicos del arte antiguo y defender sus ventajas, y la otra, que teniendo por de­curiones á Puyseguer y Fonquieres, pugnaba por la completa elimina~ ción de las armas antiguas y la adopción definitiva de las armas de fuego, controversia que también se reflejó en Portugal, como se ve por los documentos de la época, Turena, hombre hábil y práctico, partió de la combinación entre los dos sistemas, como naturalmente estaba in~ dicado, hasta llegar al triunfo de las modernas ideas con que había de alborear el siglo xvn1. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 294 BOLETÍN MILlTA..R LOS BOMBARDEOS Asegura el escritor francés Marc Landry, que N apole..ón opi­naba que "los bombardeos eran de malos resultados en tiempos de guerra." La dificultad de lanzar suticientes proyectiles para cu­brir la enorme superficie de una ciudad, le parecía grande. No creía que el consumo de los proy<"ctiles necesarios para un bom­bardeo fuera justificado, y estimaba que las municiones tienen mejores y más útiles empleos. Otros escritores militare¡¡ han ex­presado las mismas dudas sobre el valor eficaz de un bombardeo. Sin embargo, las f ·Oblaciones experimentan, ante la idea de un bombardeo, un terror intenso y al cabo muy natural. El uso de los explosivos modernos, destinado á "hacer maravillas/' ha venido á acrecentar esa impresión de espanto. En Nueva York, al recibirse la noticia de que una escuadra española se dirigía á América, la más viva inquietud se esparció en la ciudad. Los mis­mos que hacía poco hablaban de enterrar á la Habana bajo una lluvia de balas, se sintieron de repente presa de terror, porque co­rría la voz de que esa escuadra española debía bombardear uno de los ;>Uertos más importantes de la U ni6n. El poco efecto de los bombardeos, aun con los nuevos explo­siYos, ha sido puesto de relieve por un oficial eminente, el señor General de División Bargnes-Desbordei, en un folleto de gran aceptación. Ha procurado, por ejemplo, darse cuenta de lo que podía producir el bombardeo de Marsella. Supónese una escu~dra que dispara 6,ooo obuses de gran calibre, y sacando las cuentas del número de proyectiles necesarios para averiar una casa, encuentra que el resultado final sería la destrucción de tres casas entre I,ooo. Como se cuentan 3,700 casas en Marsella, eso representaría 1 por 370 de la ciudad, que sería más ó menos destruída. El General hace notar, además, que una escuadra que quiere bombardear hace pre­parativos visibles, durante cuyas operaciones los habitantes tienen tiempo sobrado para internarse, dejando tras ellos un simple servi­cio de custodia ó de incendio, lo que conduce á la conclusión de que el bombardeo, al causar un número muy limitado de muertos y de heridos, no conseguirá más que perjuicios puramente mate­riales de poca consideración. En tales condiciones, una escuadra no se decidirá, por tan sencillo provecho, á ir á sitiar una gran ciudad marítima. Tanto menos se lo permitirá, que después r.e haber disparado ~,ooo pro­yectiles- guarismo enorme,-habría casi concluído sus municio­nes, y, por consiguiente, estaría obligada á ir á provisionarse en alguno de sus puertos. Lo que el General Bargnes-Desbordes ve más claro en la cuestión del bombardeo, es el efecto moral qtJe producirá. Una ~scuadra y hasta un buque aislado, obrando inesperadamente en el instante mismo de declararse la guerra sobre algunas ciudades po­pulosas, pondrá el desorden en medio de los preparativos de pri- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 295 " mera hora, y contribuirá, hasta cierto punto, á aumentar el alarma en que se ve precipitado el país mal preparado á la temible even­tualidad de una guerra en la época actual. Por poco que la nación sea nerviosa, y que la mano que la dirige no tenga la firmeza y energía esenciales en semejantes circunst:iincia~, el buque podrá causar, no un perjuicio material de gravedad, sino un perjuicio moral apreciable, cuyo efecto útil no será por cierto de despreciar. INFORMACIONES PARA EL EJERCITO Tomamos de El Por·venir Militar, import.ante pe­riódico de Buenos Aires, los párrafos que se leerán en se­guida, escritos con ocasión de haber entrado la publicación non1brada en el ·.¡ño XI de sus tareas : No hay, no puede haber, no habrá nunca en el ejército ar­gentino refractarios á la idea de su engrandecimiento ; y si algu­na tendencia existiese por momentos, que pareciera en ocasiones opuesta á seguir adelante en el camino emprendido, atribúyase más bien á insuficiencia de los horn bres, por el cansancio físico, por el exceso de trabajo, que trae el desaliento momentáneo, pero nunca á la creencia de que ya estamos preparados y que todo ha concluído en el más perfecto de los ejércitos, ó la más admirable de las escuadras. N ó ! nadie cree en esta perfección ; nadie es capaz de dete­ner el movimiento emprendido; nadie podrá limitar, sin peli¡ro de sí mismo y de los suyos, las preciosas conquistas, las garantías sagradas, las consideraciones bien ganadas por el ejército nacional. Diez años há aparecíamos en el estadío de la prensa con un programa concreto y definido, el cual, á pesar de las contrarieda­des que implican las tareas del periodismo, lo hemos mantenido y cumplido lealmente. La evolución producida en este espacio de tiempo en el ejército la hemos seguido paso á paso y en todas sus manifestaciones, sin que el apasionamiento de círculo nos haya hecho perder la se­renidad para juzgar con criterio levantad0 sus progresos y necesi­dades. Su constitución, las leyes y reglamentos q~e determinan el funcionamiento de su mecanismo interno, en las columnas de El Porvenir Militar, han sido estudiadas y comentadas ; muchas de sus iniciativas se han convertido en leyes y disposiciones de go­bierno. Esta sintética relación de los modestos servicios de esta hoja periódica, es un reconfortante moral á los propósitos de mantener en pie nuestra propaganda en pro de la institución, pues á pesar de lo mucho que creemos haber avanzado, ¿ en cuántas cosas aún estamos al principio del camino? La instrucción de la guardia naciona!, el reclutamiento del ejército permanente, la reforma de la ley de ascensos, el conocimiento perfecto del territorio, la reor- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. !}06 BOLETÍN MILITAR ganización del Estado Mayor, han de encontrar en ella un esti­mulante persistente para todas las ideas que conduzcan á abordar tales problemas. El ejército regular de un país no debe ser solamente la ma­nifestación palpable de su poder material sino también el guar­dián severo y orgulloso de sus conquistas cívicas y de S\JS glorias militares. La suma de libertad y de constitución adquiridas á costa de tantos ~acrificios históricos, deben ser su más preciado trofeo. No debe ser tampoco un símbolo brutal sino una alegría vi­viente de excepcionales virtudes. En esto estriba su fuerza, su dominio y la base de su absoluta é imprescindible disciplina. El brillo de sus armas no debe ser más espléndido que el de sus sacrificios, y aquel que moral y valientemente no se vea bien reflejado en la empuñadura de su espada, debe con espontaneidad y por patriotismo, abandonar una institución tan estricta como digna. En toda ella no debe h?ber más que pura selección de espíri­tu de ideales. Puede no existir en su seno una instrucción del todo difun­dida y completa, pero no debe faltar en su conjunto una tenden­cia enteramente noble y honrada. En esto no debe diferenciarse el General en Jefe del último soldado. A este respecto el sentimiento militar, digamoslo así, debe ser igual en todos. Ni aun los arrepentidos deberán tener cabida en sus filas. El arrepentimiento presupone una grave falta, y quien la haya teni­do, no puede ni debe aspirar honradamente al respeto sincero de sus subordinados intachables. En donde la corneta y el tambor suenan á cada momento para mantener despiertos y vigilantes los espíritus, en donde la hi­pocresía no vive porque se la desprecia, en donde la mentira se com­bate porque perjudica, en donde el valor se recomienda y se exige en todo momento porque es el timbre principal de gloria y el orgullo envidiable de toda nació~, allí, decimos, el arrepentimiento no tiene cabida, porque cumplir cada uno con su deber, es exigencia de todos los instantes. En un campo de acción, todo debe ser serio y arrogante ; las energías tanto como las bondades. Para que el sistema, pues, de esa máquina imprescindible que se llama ejército, no se entorpezca y su corriente clara no se en­turbie, deben hacerse de lado á los inválidos del alma y arrojar de sus fondos á los débiles de corazón. La familia militar debe eclipsar con sus virtudes y valor el brillo de su uniforme. Si este pensamiento se observa, todas las tallas y gradaciones nos parecerán iguales. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 77

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 91

Por: | Fecha: 18/03/1899

Bogotá, Marzo 1 8 de 1 899 NUM. 9l ---··~--- ORGA O DEL MINI TERIO DE G ERR Y DEL EJERCITO ---··~--- DrucToR AD-KONOREM, FRANCISCO J. VERGARA Y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros ~~~~~~ ~~~~~~~~~~~~o~~~~~~~~~~~~~~Q~~~~~~~~~~~~~~~~9.~~~~~~~~~~ Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la República ~~~~~~~~~~~~~~0066~~60006 ~~~~~~0~6~~~~~6~~ ~~~~~~6~~~~~~~~~~ ccr N n ~·r L ---···-- A la inversa de lo geólogos que estudian hoy el pasado e la tierra á la luz que proyectan lo fenómenos actuale , aftr­mando que entre éstos y los de épocas anterior , apena hay di­fe- rencia de intensidad; los oldado estudian el valor militar del terreno á la luz que arrojan sobre el las camp iia cutnplid~s en tiempos pasados y, comparando la obra de lo capitane celebre con la de los guerrer s adocenados, deducen lo' pri 1cipio fund - mencale que rigen la utiliLacion del relieve de una com rca p r acrecentar las pro pi fuerza , csq ui var op r tuna 1en te lo golpe del contrario y, por último, arrebatar; e'te la victori . Consideran hoy, pues, la grandes autoridades Jel ramo, como e ·tu dio de capital importancia, el de la hist ria militar, y los oldaJo y aun los publici ta de la nacionc · civilizada trabajan con interes ere ience en labor tan ardua, habiendo e nseguido a la fecha grandtsimo re ultados. 1\las, si apartando lo o·o, de aque llo pat es ... lo volverno al nuc tro, tenemo que hacer la doloro. afir ­rnaciun de que l Republica carece por completo d una Hi tori11 milit(/r, no pudiendo ervir al ejercito ni aun de auxiliar en u tart:a lo relato de guerra y carnpaila que se ·ncucn tr·tn en l. s obra de f-1 i toria gcrH:r 1, p r -cuant su· aut r · ) no prco up - n­do ·e en primer término de la materi , ni le dier n la exten-,ion dcbiJa, ni t•on ignaron dct lle e enciale· en el a unto, ni pudier n emitir ju t. opinionc obre lo. plane de lo jefe de tropa , por-lo conocer á fondo el tecnici mo mili car. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 114 BOL'ETÍ MILITAR El campo stá virgen, por decirlo a í : á la historia resumen­ó extracto de boletines ó simple apología ó catilinaria en pro ó en contra de e te jefe, escrita al calor de simpatías ó antipatías de es­cuela política, cuando no por móviles menos generosos, es tiempo se su tituya el relato fiel, completo y debidamente analizado de las ope racione militares que de un modo ú otro interesan al Ejercito de Colombia, en vista de los documentos y archivos, pu­blicados ta demuestran que en las órde­nes y disposiciones equivocadas del jefe los subalternos leyeron lo contrario, pues estaban escritas de suerte que produjeran tan ma­ravilloso resultado. Y es de advertir que quien n0 Jlama á la cabecera de un en­fermo un abogado en ''ez de un médico, ni confía la defensa de sus pleitos á un matemático, ni ~oJera que el lego en pintura juz­gue á Rafael ó á Velásquez, no halla inc:onveniente en escnbir sobre a untos militares, condenando ó absolviendo ex-cátedra á Aníbal ó Napoleón, aun cuando no entienda una palabra en la materia y nunca haya lidiado soldado dentro del cuartel. Por lo dicho es fácil que incurra en errores ha ta un sol­dado si escribe años después de una campaña ruuerdos sin otra base que la metnori~, ó los boletines del tiempo, en especial si por no ser jefe no estuvo en ciertas intimidade del uartel gene­ral ó no busco en lo archivos los documentos que relatan los hechos tales como pa aron, pues todos ~aben que n1ientras truena el cañon y su ·na el clarín, al público no olatnente no se dice todo lo ucedido, pero ni aun se le comunica totla la verdad de lo he­chos de que e le tia cuenta. Ejemplo de lo que antecerle es la campaña de A racucho, digna de e tudio por mil razones, pero de la cual en manos del publico sólo existen rel tos fantá ti o en parte, hermo as piezas literarias si se quiere, pero no hi tvria digna de tal nombre, con­f<., rme lo pruebe la siguiente pieza que e ("llcuentra inserta en las MemiJrias de 0' Leary : "Cotno el combate de l\llatará suscitó- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN HILIT A.R. 115 discu iones entre los jefes, el General O Leary, por medio dei General Salom pidió datos al Gt:"neral Jacinto Lara, quien contestó lo iguiente : ia 1 Precisamente el plan de apoleon presuponía hacer le­vantar el itio de Genova, de suerte que si Massena re i ·te cinco día m · s, se habna al vado : y tan es a í, que al capitular no e le exigió al ejército que mandaba la trivial condición de que no to­mara parte contra Austria en el re ro de la campaña. El autor france olvidó la relacione de ti mpo y espacio, y por odio al Emperador e tampó un juicio que no ocurrió nunca ni aun á los escritores enemigo , como puede verse en la rec·ente obra del Coronel Conde de Wa tenaburg (alemán), titulada : Tapoleon J~ de Ejércit'J. rande e , pues, el campo de labor que e abre ante los Ofi­ciales del Ejcrcit colombiano, los cuales sólo con el simple tra­bajo de cotejar lo historiadores con los documentos de la época y con revi ar fecha , hora y números, habrán hecho buena obra como que sin ella no e posible escribir correctamente la hi toria militar del país, premiosa necesidad para la in trucción del ejército, siendo de advertir que ha ta la fecha ningun pa1s de la América latina ha llevado " cabo tan importante trabajo. La historia militar d 1 p ís, lo repetimo , e una necesidad premio y á ella pueden contribuír también los militares colom­bianos evocando su recuerdos p ra precisar en la últimas cam­paña la fecha , las hora , las cifra , lo nombre geográficos, lo cual pueden hacer sin ofen a para nadie y con ventajas para todos. Ya que no podrá nunca escribirse nue trd hi toria militar con la precisi n de detalle que el sunto de-nanda hoy día, y de lo cual es modelo admirable la Hi toria de la guerra Franco-alemana en x87o - 187 t por el E . M . Alemán,~ lo menos debemos procurar escribir la de nuestra guerr s, expurgada de clásico errores. --···,_ ( C'luti nuá) A juzgar por la conducta de Jo oficiales q te seguían mi eJemplo, y por Ja disciplina de todo el ejercito, impo ible hubie­- ra sido apercibirse uno, de que estábamo en paí enemigo, en donde poco tiempo hacía que habían ido sacrificados nuestros má virtuosos compatriotas. Arregló ft el gobiern de la isla. Dej da que fue la guarni­ción nece aria para su defensa y seguridad, y daJa todas las ór­denes para la tranquilid d interior y para cic trizar la ll;iga biertas por e) furor revolucionario, me encaminé con el ejérci­to á Cumaná y Barcelona, para reconocer el pai's y re tableccr el orden, que no existía, á causa de una de 1~ más angrientas <;ampañas que hayan afligido á Venezuela . Nunca perdí de i - a que la conducta del ejército debía devolver la confianza al pue- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J.20 B OLETÍN MILIT.AR b]o y el crédito al gobierno español, crédito perdido por las exac­ciones de algunos mandatarios y por las intrigas y sugestiones de jefes y agentes de la revolución . Las proclamas que di en esta· provincia ate tiguan de manera inequívoca, cuáles eran n is de­seos y mis medidas para devolver la paz . Orden dd día, expedida por D . Pablo MorillA, Mariscal de campo de los cjercitos reale.s, Capitán Grncral de la.s Provincias de f?uuz.uela, G nu a 1 en Jefe del Eje ·rcito cxpt'dicionario, ''Hago aber al ejercito que, cualquiera que e encuentre á más de un cuarto de legua de las ciudades ó aldea sin permi-o de sus Jefes, será pasado por las armas. El que e encuentre á menor distancia, in que pueda comprvbar el objeto que le lle­vaba, erá taatado como ospecho o y, la pena, que aun en estt caso podrá er la de muerte, e establecerá con forme al ca o q u .e trate . Al agricultor que f~cilite la huída á Jos individuo com-rendidos en los ca os anteriore , e le considtrara como com­plice, y ujeto ' la mi mas pena . ''En consecuen ia, ordeno a los Jefes de Jos diferentes cuer­pos que publiquen inmediatamente la presente decisión, con toda la solemnidad posiblt-, y que repitan á menudo la lectura, hasta en los hospitales militares, á fin de que nadie pueda alegar ignorancia, y que el castigo caiga con justicia sobre los infrac­tores. tra clase de relaciones queJas que eran indi pensables para conci­liar las necesidades del ejército con la prosperidad y biene tar de los pueblos.-( Continuará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 124 BOLETÍN MILITAR EFECTIVO DE LOS .EJERCITOS Alemania . . . . . . . . . . ......... Francos A u tria Hungría.. . . . . . . . . . . . . . . .. . Inglaterra . . ...................... . 1<. usi a ..............••........ · · - Francia . . . . . . . . ................ . E s paña . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • .. Italia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Grecia ........................... . S c r-.ia . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . , . Suecia y N o ruega ............ . .... . S tiza ........... . .............. . 'rurquía . ............. . ..........• Países B j'>S. • .••.•.....•.......... P Jrtuga ] . . . . . . . .... R umanía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . Bélgica . . . . . . . . .............. . Dtnan1arca . . . . . . . . . . . . . . . ..... . Bulgaria.. . . . . . . . . . . . . . . . . ..... . Total .. . . . ........ Franco 877. 70J, 503 7 5 f81.229,292 so 1 ,oJ 9-896,8oo 798·73+.732 88o.¡ r ,670 I6J.6)9,J22 340.000,000 23-345,799 1 +· l I 5·393 46·4-11,T51 75 20 200 8+9 175·456,738 JO fO.ooo,ooo 4+·467,425 ++·+70,3 55 73-.tt-28,375 2 3 · 1 5o, 57 9 8 9 22.104,000 El efectivo del ejército de esas naciones en tiempo de paz es e siguiente: Alemania : soldados y clases, 55 7,44-6 ; oficiales y jefe$, 21,088_ A u tria Hungría : soldados y clases, 3 34-1 r 4 ; O'ficiales y jefes~ 2'h583. Rusia : soldados, 86o,ooo ; oficiales y jefes, 36,ooo. Sen·ia·: soldados, 2 T ,ooo ; oficia! es y jefes, J, 24-8. Suecia y oruega: soldado, 38,976; oficiales y jefe ·, '·9S3· Inglaterra: oldddos, 226,363 ; cAiciales y jefes, ro,+23. E paña : 128,18 3 hombres. Francia : soldados, 5+0,4-20; oficiales y jefes, 28,157. Grecia : soldados, 24,453 ; oficiale y jefes, I 88o. Italia : soldados, oe4 1, 1 51 ; oficiale · y jefes, r •b4-3 J (no compren-didas las tropas de Afric ). Bélgica; soldados, 4-7,876 ; oficialc y jefes, 5,+26. Dinamarca : soldados, ro,oo6; oficiales y jefes, 7 51. Turquía : 3 so,ooo hombres. Paíse Bajos: soldados, 26,972; oficiales y jefes, t88z. Portugal : 3 2,62 S hombres. Rumanfa : soldados, 5+.44-S ; oficiales y jefes, 3269. Bulgaria : soldados, 4-3,234; oficiales y jefes, z,8o¡. Es decir, tres y medio millones de soldados con uno ciento oehen ta y do mil jefes y oficiales, 6 sea uno de los últimos por cada die7. y nueve de los primeros El gasto que demanda cada día un individuo, sea jefe, oficial 6 soldado, asciende, pues, á 7 S centavo (oro) por tér­mino medio. En Colombia este promedio apenas alcanza á "' r-40 e papel moneda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILl'l.'A..R 125 Ll'I'ER TU PERECRit-: CtÓN MILITAR Á JERUSALÉN, POR ERNESTO LOUET (Cr,nlh/Íta del 11ÍI11uro f 8). Despucs de almorzar en el convento, volvimos á continuar nu.e tra excur ión para recorrer todo el Monte Sión, que guard tambien su numero de recuerdo hi tórico . Para conocer todos los lugares de la Pa ión era preci o vi itar la ca a de Anás, el gran acerdote, y la pequeña sala en donde Jesucri to fue abofeteado por un criado. Esta es hoy una igle ia griega, lo mi mo que la celda en donde Je ús pa ó alguna horas,cn ca a de Caifás, la noche fen que le prendieron . wl - lejos, el gran convento de lo armenio católicos nos abrió tambi n su puerta , y no' hiLo ver u magnt­fica capilla, tan rica en mo aico de mármol y en embutidos de nácar; allí se venera el lugar en donde fue decapitado antiago el Mayor. El patriarca armenio ocupa n e te convento un aparta­mene completamente de príncipe; pedímos que se no diese oca-ión de ofrecerle nuestros homenaje , y no recibió con gran ce­remonia. Era un señor grande y muy viejo, de ochenta y dos años de edad, y muy querido de u correligionarios. Jgunos dta des­pues dt: nuestro tr n ito por Jerusalen, enferm ' y murió n poca~ .horas; ast es que mi recuerdo no e refiere sino á una tumba. 1 atrave ar el cetncnteri católic , lleg mos á la mezquit que lo musulmane han levantado en 1 sitio de la tumba del Rey David. n edificio pegado á e ta tnczq ui ta enc:erra el Cenáculo n donde Je ucri .. to, en medio de sus doce postolc , in tituy la · ucari. tta la ví pera de su muerte. Es una ala grande, abovedada, ue debe haber ido recon truída varia vece de P'J de la muerte eJe ucri to ; la verdad e que ella evoca muy dulces recuerdos, y que sena muy de de carse que pertenecie e á lo latinos ; pero . al es la uerte de ca!>i todo los nto Lug re u detcntore no ignoran cuánto valen par a no otros, y si los guardan, i lo cie1 r n, e para obtener una pr pina de los que lo 'i itan. 11 negro fue quien no abri"' la ·ala de l Cena, y ·e quedó uy orprendido al ver qu no dcscubnmo al ~ntrar. ~rocJ hace contra te en Jeru lén. · noche, que caía rápidament ·, pud <>lo contener nuc tra curio id d int: tig. bl·. A la i de 1 arde comimo , lo mi tno quc el día ante , en el Con ulado de rancia. Lunes, 24 d~ Didanbrt·-'Tan luego como no lev. ntámo~, uimos al anto cpul ro a oir la rni a que por nuc tra intención Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 126 DOLN'J.'ÍN M.lLl'J.'A.R se iba á decir sobre la tumba del Salvador ; de nuevo vi si támos todos esos itios llenos de recuerdos conmovedores, que habíam0s recorrido la víspera. Repentinamente lo sonidos de un órgano ,jnieron á henr nue tro otdos: era la primera vez, desde nuestra salida de Francia, que oí mo e ta m u ica de igle ia ; comenzó por un preludio comple:tamente alegre, semejante á lo primeros aires de nuestros órgano en Fran ~ ia, y á poco pudimo contemplar á una novia que entraba á la igle ia, conducida al altar por su pa­dre: esa mu ica nos lJamaba tambien á un altar, al más divino entre todo , y las notas admir3bles que el instrumento esparcía bajo la diestra mano del habil organista, fraile de la ierra Santa, quedaron mucho tiempo grabadas en nue tros oídos, l mismo que la emoción que nos produjo y las lágrimas que nos hizo \'er­ter. Estábamo baj el rocío cele te que vivifica y regenera. Sólo. el celebrante y sus acólito tuvieron puesto en el Santo epulcro : no otro permanecimos arrodillado en la capilla del Angel. Cuando terminó la misa eran la ocho de la mañana, y el Cón­sul de Francia nos e peraba para ir á visitar la mezquita de Omar,. en compañía del cawás que ureiah-bajá había puesto á nuestras. órdenes. Era preciso una verdadera escolta para seguir impune­wente las htJellas consagradas por Mahoma, como que nos hallá­bamos en pre encía de una multitud de mu ulmanes que se admi­raban de que se nos diese entrada al anto de los antos. La célebre mezquita se levanta sobre e) monte Moriah, en donde debió cumplir e, egún los judío , el sacrificio de A braham, y en donde alomón construyó el templo que David, su padre, ha­bía proyectado en honor de Jehová. Todavía hoy lo judíos acuden á rezar allí, H>dos los viernes, sobre la ruinas de su templo, y es un e.,pectáculo que muestra la encilla fidelidad á sus tradiciones. Se llega á una va ta esplanada, en forma de paralelogramo, que tiene mil quinientos veinte pies de largo, sobre novecientos treinta de ancho. En medio está un segundo paralelogramo, ltvantado como e sa de quince pie , y rodeado de pórticos ó de pequeña con truc­ciones, en donde moran el Imán y lo guardia de esos lugare sa­grados: se sube a este alto atrio por bella escaleras que conduc<.:n cuatro magnJfic-a puerta oji,alc. La del norte e llam Put;rtn d~l PnraHo; la del ur, Pu rf<~ dt• la On1rion· la dd oriente, Puerta dt: David; 1 del occidente, Putc rfa dd 1ánplo. E en el centro dl: c .. tc atrio en donde e lc\'anta la mezquita, ?11 ha con trucción oc­t"' igona, cuyos muro e ·teriores e tan reve tidos d porcelana bar­ni ·L.adas y coronado por una cúpula de color br nccado. En el umbral del alto atrio t dos lo verdadero creyente se descalzan, y no otros, hereticos en cuanto á creencia mahome­tana , dtbíamo omcternos á la co tumbre, pero de una 1nanera que e conformaba mejor con nue tro traje de caballeros. Lo que pre­tende 1 ley mu ~ u]m na es que no e camine en la mezquita con el calzado que acaba de rec gcr b rro en la calles: cada uno de no - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE~rf MILI T..lR 127 otro saco del bol illo un par de 1 rga pantufla , de cuero amarillo, que no pu irnos obre las bota , y el iman, que v la severamente por el cu m pli anier to de la tradicione religio a , e dec1 re> ~ a ti,(. - cho con e to. Primero n ~ detuvimo á la iz.qu1erd a de la mezquita bajo un ancho kio, c , de forma octagona con e lun1na .. , v u a pequcÍla cupula e t o tenida en el interior por una n1uy bell arm dura. Aque fue, cgun dic~n, d tn bunal de lomon, pe ro no, presu­ramos "' iladir que e: to solo se afirma por tradicion. ~n seguida penetramos la mezquita por un ,.e t1 bulo de ei e lumna : una cJaridad apena perceptible ilumina 1 interior. !)os fila .. de bellaos columa .. se extienden en contorno y o ttenen la cúpula, bajo la cual e t ' el principal antuario, la roca, lnpi· pt:rtusus, que forma­ba en otro ti mpo el s nto de los anto del templo de alomon: e · un bloque inmenso que Salomon conservo inra to cuando el hizo nivelar el monte íoriah, para con truír allá su templo: el arca santa e taba depo itada encima, y un gran velo, el mi moque e de garro cuando el alvador lanzó el último su. piro en el calvario, separaba el arca y la roca del re to del templo. ~~ gran sacerdote no penetraba en el santo de los santos in una vez al año. La roca atrave ada, ó rot:a S"!parada (con ambos nombres la co­nocen), mide treinta pies de l rgo obre otro tantos de ancho; 1 atraviesa un pozo que lvs musulmanes llaman el pozo de lé:1 almas~ y para que no per uadamo de que es roca eparada y que no for­ma parte del uelo no mue tran debajo de ella una gruta á la cua e baja por una e caJerita de diez peldaños y en donde están mar­cados lo itio que IJí ocuparon ucesivamente todo lo grande_ profeta : aqu1 vino a orar Salomón; y oró Elías· en este ángulo e mantu o el ángel Gabriel; e te cuarto rinconera el itio de Abra­ham; pero vuelvo repetirlo, todo esto no es in o tradicion. V 1- vamos al a pecto interior de la mezquita: una verja levantada ro­dea la roca agrada y oJ pasando lo brazo por entre u barrote dorados c . como e puede tocar con la mano la hu lla que dej "' o-bre la picdr. el pie del profet iahoma cuando e alz ' á los cielo - 'O deberí decir u par 1so· y al 1 do, otra huella que se dice ser la del ángel Gabrid cuand el detuvo la roe que S levant, b el lo cielos con M homa.- Preci o no fut es cucha r e t a hi toria · in de 1 me7quita e encuentra 1 pit::dra negra, loza pcqucñ , e mo de do pie , incru tada ·n el p •imento: alli dicen que c_t ntcrr. Jo Salatnon, y e ..... donde acuden .... rez r lo profc ­t, . 'l'od la b ' vctla que ubre la d fila de e lumn qut: (; rm a n dos na\'e , est ""' cubiert le mosai o , en fondo de or , e e: til igual á losque e admiran en an .~.ia•·co de Venecia. El interior de la cúpula e r:·ricamcnte ad rn.1do de rnaderas esculpida, de rabc co ) de texto del Cor " n, trazada en letra') de or . 1 oda la· olu na son de m ·rn1ol antiguo y de orden orinti . El conjunto forma Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 128 BOLETÍN MlLI'l'AB desde el punto de vista del arte y del dibujo, el monumento más curioso de Jerusalén, pero sin embargo, aquello no era el fin del viaje que habíamos emprendido. Belén queda á dos horas, todo lo más de Jerusalén; -allí llc:-­gamos como á las tres de la tarde. Toda la población estaba ya de fiesta; esperaban al patriarca, al cónsul de Francia y á los bajaes. Belén cuenta 3,000 habitantes, de los que 2,500 son cató­licos. Los bajaes y el cónsul de Francia llegaron; sólo el patriar­ca no acudió á causa de un conflicto por una cuestión de policía en los Santos Lugares. El año pasado, la víspera de Navidad, hubo desórdenes en la iglesia de Belén: los católicos latinos fueron de­rrotados por los griegos y por los turcos, y no bastó la presencia del cónsul de .Francia á impedir el desorden. Para evitar Ja repeti­ción de escenas tan lamentables, el señor Barrere solicitó una com­pañía de soldados turcos en Belén durante las ceremonias reli­giosas. El p'ltriarca rechazó enérgicamente esta intervención de soldados musulmanes cerca de la cuna de la religión católica; el cón­sul se mantuvo firme, y Monseñor Valerga, que no podía dejar de protestar, dt=>claró entonces que no iría á Belén. Perdfamos allí por esto el espectáculo de la pompa religiosa de que rodean al patriarca. Sin ser guiados por la estrella de los Pastores, fuimos á des­montarnos delante de la grande iglesia que se levanta hoy enci­ma del pesebre del Salvador. El convento de los griegos y de los armenios está á la derecha de la iglesia, y presenta una fachada magnífica; el convento de los Padres de la 'rierra Santa está a la izquierda, en el declive del valleci ro, y tiene apariencia m u y mez­quina. Los religiosos de Jerusalen nos habían hecho preparar alh, de antemano, una hospitalidad muy confortable. La iglesia es una magnífica ha ílica de cinco naves, Hena de recuerdos franceses : varios reyes de Jerusalén fueron á e e lugar á hacerse consagrar. Construída por orden de Santa Elena,agrandada t;Jl el reinado de J ustiniano, restaurada en tiempo de las Cruza­da por A maury 1, permaneció iendo posesion exclusiva de los católico la ti nos ha ta el año 1 449· Des pues cayó en poder de los griegos, quienes, encontrándola mu;' grande para el pequeño número de correligionarios que tienen en Be len, destinaron tan sólo el cor para el ejercicio de su culto, y l epararon dt! la nave por una gran pared. La nave se torno entonces en un bazar mu-ulm: n ; no tiene bu veda y deja ver la magn 1 fica armazon que :,o tiene el techo. La igle ia parroquial rie los católic latino de Bcíén, es la gran capilla de Santa C talina, enclavada en la cons­trucciones Jel convento de los Patlres de ' íerr. S. nt . Alll sera en donde e celebra el oficio nocturno que nos ha atraído .• (C'Jntinuará) --···-- BOGOT -IMPREN ACIO AL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 91

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 71

Por: | Fecha: 04/10/1898

Añoll Bogotá, Octubre 4: de 1601. lhimero n BOLETIN MILITAR --••+---- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRCITO Director, ALEJANDRO POSADA Son colaboradores natos de este periódico todos los Jeftj y Oficiales del Ejército de la Repú~lica. DE LA ARTILLERIA DE CAMPAÑA EN COMBINACIÓN CON LAS OTRAS ARMAS El empleo de las tres armas con1binadas en las guerra~ modernas constituye la base de la táctica contemporánea, su existencia en un ejército ó en un cuerpo de ejército es absolutamente necesaria, porque las unas se complementan á las otras. Aunque la infantería es, sin duda alguna, el nervio de un ejército, por sus grandes propiedades tanto ofensivas como defensivas, si tuviera que combatir aisladamente con un enemigo que poseyera las tres arrnas reunidas, es cierto que podría resistir por un tiempo más ó menos largo, pero sería siempre á expensas de sufrir grandes pérdidas, aca­bando, con rarísimas excepciones, por tener que en1prender la retirada, que la caballería y artillería enemigas conclui­rían generalmente por convertirla en desastrosa derrota. Si fuera reunida á la caballería solamente, sus medios ofensivos autnentarían, aunque de una manera m u y limi­tada ; pues no puede por sí sola preparar y sostener eficaz­mente la carga de sus escuadrones ; y mucho menos inter­ponerse entre éstos y los del enemigo. En cuanto á los n1edios defensivos, tampoco aumentarían de una n1anera n1u y sensible con el apoyo único de dicha arma. La artillería procura poderosos medios ofensivos y de- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 186 BOLETfN MILITAR {ensivos ; pero la caballería es también muy necesaria en la. -composición de los ejércitos para hacer la victoria decisiva y perseguir al enemigo batido. Pero . si esta arma no está ayudada por la artillería, debe desde luego renunciar á su potencia ofensiva, ante una infantería intacta y preparada -á resistir su ataque; mientras que si estuviese sostenida por la artillería á caballo, aumentaría el medio eficaz de conseguir la. victoria, ó de ser apoyada en su retirada en caso necesano. Siendo una de las condiciones esenciales para asegurar el éxito de una campaña la combinación de las tres armas, es indispensable hacer un estudio profundo de cada una de ellas. en combinación con las otras dos, si se quiere conducir con acierto las tres armas reunidas en el campo de batalla. Pero· para que la artillería esté en aptitud de obrar en combina­ción con las otras armas, es indispensable : I .0 , que éntre en las proporciones debidas con ellas ; 2.0 , que posea la movilidad necesaria para seguir en todas las circunstancias á Ja infantería y caballería; y J.0 , que su aprovisionamiento de municiones esté basado en reglas prácticas del campo de batalla. Constituyendo, por lo tanto, la artillería una parte indispensable de la fuerza de un ej ército, y dotada de una gran potencia ofensiva y defensiva, tiene indudablemente que desempeñar en los campos de batalla un papel muy importante, ya se le considere como arma auxiliar, ya como principal. En la distribución de las diversas armas en el orden de batalla se agrega á los grandes cuerpos de ejército una división entera de artillería á lo menos, y no baterías aisla­das, como algunas veces se ha solido hacer ; esta artillería debe formar parte integrante de dicho cuerpo, no puede salirse del cuadro de sus movin1ientos, de marcha y de combate, sin una orden superior, y debe seguir en todas sus maniobras á las tropas á que esta anexa, en tanto que no esté empeñada en un cañoneo contra posiciones del ene­migo, ó en algún otro objeto especial, determinado por el Comandante Jefe de la artillería, el cua.l debe estar perfec­tanlente enterado de los designios y proyectos del General Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR en Jefe del cuerpo de ejército á que vaya unida; acom­pañándolas siempre en su ataque, por regla general hasta la distancia eficaz del tiro de fusil. A las divisiones de infantería de ocho batallones, sue­len agregarse 4 baterías montadas, de 6 piezas cada una, y á las de caballería 3 baterías á caballo, de 6 piezas también Ja batería ; y á un cuerpo de ejército se le asignan 4, 6, 8 9 rnás baterías de 6 piezas cada una, según conste de 2, 3 ó más divisiones dicho cuerpo de ejército. En algunas ocasiones, cuando es precisa la dislocación de un cuerpo de ejército en sus dos divisiones, no se puede evitar el dividir también la artillería de este cuerpo de ejército, y destacar baterías y aun secciones, agregadas á brigadas de infantería ó caballería, y aun en columnas volantes más pequeñas ; porque las tropas enemigas ha­cen la guerra de guerrillas, y entonces el efecto de] cañón más bien e~ moral que material, sin que por esto en algunas ocasiones haya dejado de ser algo considerable, habiendo sido m u y á propósito agregar á una brigada de infantería una ó dos baterías. Como ejemplo de esto, re­cordaren1os la guerra en las provincias del Norte de Espa­ña, en que por la diseminación del enemigo se dividieron las fuerzas de artillería en el primer período de la campa­ña; lo mismo tuvieron que hacer los prusianos, pues ha­biendo sido anulado el ejército regular francés en la prin1e­ra mitad de la campaña franco- prusiana, diseminaron su artillería agregándola á ]as columnas volantes y destaca­mentos de reconocimiento, y esparciéndola sobre todos los teatros de la guerra, tanto cuanto les fue posible s:>portar el sacrificio en hombres y caballos. La artillería divisionaria debe combatir dentro de la esfera de acción de su división resp· ... ctiva, y antes de tratar de destacar de ella alguna batería, se debe en general haber empleado toda la artillería del cuerpo, la cual será desti­nada allí donde su efecto pueda y deba producir un resul­tado especial; sólo en casos muy particulares se podrán distraer baterías de la artillería divisionaria en funciones fuera de su di visión respectiva. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 188 BOLETÍN MlLIT.o\k ORDEN DE MARCHA El orden según el cual deben n1archar las tropas en general, y ]a artillería en particuhr, depende de la misión especial dada á estas tropas y de la disposición del terreno en que ha de con1batir. En cuanto á las prescripciones con­cernientes á la artillería, sobre todo cuando va reunida á las otras armas, se puede, sin en1bargo. sentar algunos prin­cipios generales sobre la colocación dt las baterías en el orden de marcha. En una división independiente de infantería, con su división de artillería. se designa, por lo n1enos, una batería á la vanguardia, la que podrá ser relevada por las otras baterías, ó reforzada por ellas, si el caso lo requiere. Tanto la batería ó baterías de vanguardia cuanto las del grueso de las tropas, deben ir lo más cerca posible de la cabeza, para obrar según Jas circunstancias y poder rom­per el fuego descle los prin1eros instantes del combate. Por regla general la artillería de la vanguardia se coloca detrás del primer batallón, y la del grueso, detrás del primer regi­nlÍento, ó, con1o en el caso anterior, detrás del prin1er batallón. En las subdivisiones n1enores que en una di visión en una brigada, por ejen1plo, ó un par de batallones, que por la índole dd servicio que tienen que prestar en circunstan­cias dadas, se les agrega una batería, ésta deberá n1archar detrás del prin1er batallón. Cuando un cuerpo de ejército marcha por un solo ca­mino, se destinarán á su vanguardia do<> y hasta tres bate­rías de la di visión que va en cabeza. La caballería que va en vanguardia podrá ser reforzada por una batería á caba­llo. Si la cabeza de la vanguardia está forn1ada en todo ·Ó en parte por caballería, la batería á caballo n1archará in­mediatamente detrás de aquélla, ó después de la primera mitad de la fuerza, según las circunstancias. Las baterías restantes de Ja división que va en cabeza marchan detrás del prin1er batallón ó primer regimiento. En la división restante del cuerpo de ej~rcito, la di visión de artillería que le pertenece marcha detrás del prin1er re­ginliento ó primer batallón. La artillería del cuerpo del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR ejército marchará detrás de la segunda brigada, y á veces de la primer~ del grueso de las tropa,;. Siendo la misión especial de la artillería del cuerpo de ejército el concurrir cuanto antes á la gran lucha decisiva de la anillería, en ge­neral empezada ya durante el despliegue del grueso, . no es prudente colocarla á la cola de todo él, más que en casos muy excepcionales; así es que sería muy de desear que se la colocase detrás de la primera brigada, y algunas veces hasta sería prudente colocarla inmediatamente detrás de la ar­tillería divisionaria que ha dado baterías á la vanguardia. Cuando el cuerpo de ej ército tenga que n1archar por varios caminos, la artillería de cuerpo estará afecta á la co­lumna de tropas, según el uso probable que haya que hacer de aqué lla, según el terreno y el estado de los caminos. El prin1er escalón de la columna de municiones (que deben ser tres para la artiUería y dos para la infantería) si­gue en general al cuerpo de ejército á un par de kilómetros, · á lo más ; el segundo escalón, á una pequ~ña jornada de marcha, y bastante más á retaguardia el parque de cuerpo. En vista de la mayor movilidad que hoy día tienen los carruajes en las columnas de municiones, será ventajoso que el prin1er escalón marche por regla general inmediata­mente á la cola de las tropas. e onduir á. -~- GALERIA DE PRÓCERES JOSE :1Y.I:ARIA FIEDRAHIT.A. Un ciudadano granadino, un veterano de la Independencia y­libertad del Nuevo Mundo, ha dejado de existir de un modo trá­gico y lamentable: hablamos del señor José María Piedrahíta. Nacido en Cartago, Provincia del Cauca, se hallaba en esta capital siguiendo la carrera de estudios en el Colegio de San Bartolomé, hasta que en el año de 1819, en que entraron las tropas libertado­ras, se enroló en ms filas en la clase de aspirante para cooperar á la gloriosa emancipación de su patria, por la cual derramó su san­gre. Los campos de Jenoi, Bamboná, J unín, Ayacucho y el Ca­llao fueron testigos de sus esfuerzos, de su entusiasmo y de su pundonor. Llegó al grado de 2.° Comandante, habiendo empezado la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR. carrera á la edad de catorce años. En I 82 7 se retiró del servicio militar, no tanto por hallarse inutilizado á virtud de honrosas heri­das, cuanto porque aspirando sólo á la libertad del suelo natal, y no pisándolo ya enemigo alguno, no creyó necesaria su permanen­cia en el ejército. Como simple ciudadano, como esposo honrado y como padre amoroso, sólo procuraba vivir de su trabajo, ansiando, aunque lejos de su patria, por la prosperidad de ella. Este joven, que escapó á los riesgos de una guerra nacional desoladora pudiendo sobrevivir en medio de ellos, halló la muerte en el seno del caudaloso Guayas, el 9 de Septiembre de I 838, d";a de luto para su virtuosa madre, para u esposa querida, para sus caros hermanos y para sus inocen­tes y tiernos hijos. JUAN SALVADOR DE NARV.Á.EZ ] uan Salvador de N arváez, Coronel efectivo de infantería y Jefe del Estado Mayor del Departamento de Cundinamarca, ha muerto en esta capital el 16 del corriente (Abril de 1827) de una penosísima enfermedad. Nació en Turbaco, cuatro leguas al Sur de Cartagena de Colombia, de una antigua y re petable familia; y apenas resonó en aquella plaza el grito de independencia, que des­de Mayo de I8Io habían empezado á preparar varios distinguidos hijos del país, cuando Narváez abrazó la más santa de las cau­sas, y perteneció á ella hasta el último momento de su vida. Dife­rentes com ;;; ion es militares y políticas se encargaron al patriotismo del Coronel N arváez en la primera y última época de nues­tra emancipación. Vuelto de Jamaica, donde se preservó de la sanguinaria persecución de Morillo, sirvió el Gobierno de la Provincia de Cartagena en 1821, y después el Estado Mayor del Ejército del Magdalena. El Poder Ejecutivo le confió la conduc­ción á Inglaterra del tratado celebrado entre Colombia y S. M. B., y la nación española le señaló una plaza en el Senado de la Repú­blica, que desempeñó por dos años. Narváez había sido dotado de buenos talentos ; tenía una memoria felicísima, modales agradables y cultos, genio festivo, y una aversión extraordinaria á los anti­guos dominadores de la América. Fue esposo y padre, y en ambos deberes se portó con honor y probidad ; como hijo, amó con un respeto filial á 5'U madre; como amigo, cumplió con la amistad; como funcionario, procuró llenar sus obligaciones ; como ciudada­no, fue es timad@ de sus compatriotas. En acelerar la muerte del Coronel Narváez no influyó poco el precipitado viaje que emprendió desde Cartagena por Panamá y Buenaventura hasta Tunja, en alcance del Libertador, para pre- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR :sentarle el acta de aquella plaza de 29 de Septiembre. Ya el Coro­nel Narváez ha pagado su tributo habiendo servido á su patria se­gún el caudal de sus fuerzas: los que aún no hemos andado el mismo camino, respetemos su memoria, porque fue patriota, amig~ de la independencia, honrado Oficial del Ejército, padre tierno, buen esposo, hijo amoroso y desinteresado ciudadano. (Gaceta de Colombia, domingo 29 de Abril de 1827). EJERCITO NACIONAL INVENTARIO de los bienes que dejó el soldado Rafael Chantre, prr­tencciente á la 1 .• Compañía del medio Batallón Arboleda núme­ro 18, y que falleció el día 14 de Mayo de 1898, en El Dagua. Valor de dos raciones ____ .•.••....•.•...• . ·······--·$ 4-0 Ajustamientos en 14 días del presente mes • • • . • . .. . . . • 1 •• U nas piezas de ropa blanca vicj as se destruyeron, por haber muerto de enfermedad contagiosa. Suma ...... . ............. $ 2 40 El Dagua, 14 de Mayo de 1898. El Sargento Mayor 1Primer Jefe, JuLro ALBÁN.-Testigo avalua­dor, Pedro Mera.-Tcstigo avaluador, Rafael Orejttefa A.-Testigo avaluador, Medardo Ramos. INVENTARIO de los bienes que dejó el soldado Roberto Cantor ,Perteneciente á la z.n Compañía del medio Batallón Arboleda n ú­mero 18, y que falleció en este lugar el día 19 de Mayo de 1898· Valor de una ración del día 19 ................ --- .• -- $ 7 o Ajustamientos en 19 días del presente mes . . .... . • • • . . . . • 1 40 Suma ............... $ :z 10 El Dagua, Mayo 20 de 1 898. El Sargento Mayor Primer Jefe, JULIO ALBÁN.-Testigo avalua­dor, Eduardo Botero J.-Testigo avaluador, Alcides Llona.-Testig() avaludor, Manuel E. Paz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR · lNVENTARIO de los bienes que dejó el Sargento Primero José L Martínez, perteneciente á la 2. e~~ Compañía del medio Batallón .Arboleda número 18, y que falleció el día 9 de Mayo de 1898, en El Dagua. Endinero .••...•........... ·----··· .........•.. $ 27 4-0 Valor de la ración del día 9··.... . . . . . . . . . . . . . . . .. . ... . . 90 Ajustamientos en 9 días del presente...... . . . . . . . . . . . . . 6o Un reloj de plata bastante usado ............ _--- .•. . . . . I 5 Una leontina de cobre ............ ·----·· ... ____ .... . Unchaleco viejo·---··· ..•• ··----···········---··· 6o Una franela usada ...... ---- ... . . ... . . . . •• . . . . . . ....... 6o Tres pares de puños usados. . . . . .. . .• _- _- . . • . . . . . .. . . . 6o Cuatro cuellos, á diez centavos cada uno. . . . . . . ... ... . . . . . 20 Un par de pantalones de baño • ... .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4-0 Dos pañuelos de hilo viejos ....................... -... 30 U na toalla deteriorada, sin valor. Suma .............. $ 4-7 .6o E1 Dagua, Mayo 10 de J 898. El Sargento Mayor Primer Jefe, JuLIO ALBÁN.-Testigo avalua­dor, Fra ·nciJco .A. Quintero C.-Testigo avaluador, ]oJé María Sán­duz.- Testigo avaluador, .Alejandro López. INVENTARIO de los bienes del soldado José J. Fl6rez de la 1.• Com­pañía del medio Batallón .Arboleda número 18, y que falleció el dfa 10 de Mayo de 1898, en El Dagua. Valordedosraciones .. ___ .......................... $ 1 +o Por ajustamientos en Io días del presente mes...... . . . . . 70 N o dejó . prendas ningunas. Suma ............. ··$ 2 to El Dagua, Mayo 1 l de 1898. El MayorJ Primer Jefe, JuLIO ALBÁN.-Testigo avaluador, Eduar­¡, Botero J.-Testigo avaluador, Manuel E. Paz.-Testigo avaluador, .AicideJ Llona. INVENTARIO de los bienes que dejó el soldado Lorenzo Morales, de la z: Compafí.ía del medio Batallón .Arboleda número 18, y que falleció el día 7 de Mayo de I 898 en "Papagayeros." Por ajustamientos en 7 días del presente mes ............ $ 50 Valor de la ración del día 7. . • • . . . . . . . . . . • • • . • . . . . . • 70 N o dejó ningunos otros bienes. Suma .• , ....•.•.•.... $ 1 20 El Dagua, Mayo 8 de 1898. El Capitán encargado de formar el inventario, OLIMPO SANTos S. Testigo avaluador, Ferna11do Salazar.-Testigo avaluador, .Aiejandro­L~ pez.-Testigo avaluador, ]oJé María Sánchez. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR INVENTARIO de los bienes que dejó el soldado Roque Sierra, de la 2.a Compañía del medio Batallón Arboleda número 18, y que fa­lleció el día 7 de Mayo de 1898, en El Dagua. En dinero. . . . . ........................... . ...... $ 200 Valor de una ración del día 7 . . . . . . . . .. . . ... . . . . .. .. .. . 70 Ajustamientos en 7 días del presente mes.............. . . . 50 Las pocas piezas de ropa blanca que tenía, se hicieron quemar por haber muerto de enfermedad contagiosa. El Dagua, Mayo 8 de 1898. Suma .............. $ 201 20 El Mayor Primer Jefe, JuLIO ALBÁN.-Testigo• avaluador, Pedr(} Mera.-Testigo avaluador, Rafael Orejuela A.-Testigo avaluador, Medardo RamoJ. INVENTARIO de los bienes que dejó el soldado Francisco A. Truji­llo, perteneciente á la z.a Compañía del medio Batallón Arboleda número r 8, y que falleció el día 26 de Abril de 1898. En dinero ...................................... ... $ 4 20 Por ajustamientos en 26 días del presente mes... . ... • . . . . 2 6o U na ruana de paño en mal estado.. . . .. . . . . . . . . . . . . . . .. . • 1 6o Un cinturón de charol usado. . . . ... . . . . . . . . . . ... . . . . . . . 2 Un chaleco en mal estado. . . • . . . • . • • • . • • • . . . . . . . . . So U na sábana usada . . . . . . • . . . . . . . . . . • • • . . • . • . . . .. . . . • 50 Dos camisas en completo deterioro, sin valor. Suma ... . •••........ $ 11 70 Papagaycros, 27 de Abril de 1898. El Sargento Mayor Primer Jefe, JuLIO ALBÁN.-Testigo avalua­dor, Manuel S. RamoJ.-Testigo avaluador, Hortencio Pulaza.-Testi­go avaluador, Alejandro López. NoTA.-Estos bienes le fueron entregados á la señora madre del finado, quien lo asistió en su enfermedad y cuyo recibo se adjunta. VARIEDADES ORGANIZACION DEL EJÉRCITO ESPAÑOL El mando supremo de las fuerzas de mar y tierra corresponde eft España á la Reina Regente; pero ningunaorden es ejecutiva si no está fir­mada por el Ministro de la Guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 94 BOLETÍN MILITAR En caso de guerra, el nombramiento de General en Jefe se hace por Decreto, refrendado por el Ministro, y lo mismo se hace con todo Decreto relativo á la ejecución de leyes militares. El Subsecretario de Guerra es también Jefe del Estado Mayor Ge­neral del Ejército y tiene á su cargo el personal de oficiales generales, el gabinete del Ministro, la contabilidad central y tres oficinas más. Independientemente de dichas oficinas funcionan también doce secciones encargadas de la organización, movimientos de tropas, manio­bras, estudio de los ejércitos extranjeros, agregados militares, caballería, infantería, oficiales de estado mayor, sanidad, artillería é ingenieros, es­tablecimiento de instrucción militar, remonta de caballos, etc. Un Decreto de 1893 ha diferido á una junta consultiva de guerra el estudio de todas las grandes cuestiones relativas á la organización ge­neral de las fuerzas militares, reglamentos de táctica, defensa del terri­torio, planos de campaña y recompensas. La junta se divide en cuatro secciones, y cada una de éstas está presidida por un Teniente General. El último año que precedió á la insurrección de Cuba, el presu­puesto de gastos de la Península era de 736.ooo,ooo de pesetas, en los que el Ministerio de la Guerra figuraba con 13 3.ooo,ooo, sin incluír las tropas de Cuba y Filipinas, etc., cuyo sostenimiento está á cargo de los presupuestos particulares de cada colonia. Las rentas generales de España en 1896, importaron 766.231,751, y los gastos fueron de 788.200,7 58. El Ministerio rie la Guerra absorbió 140.225,381, y el de la Marina 23.433,491 Aparte de los I 6o,ooo que Espafia ha equipado y enviado á Cuba, r de los 20,000 que envió á Filipinas, ti ene en la Península 1oo,ooo hom­bres de todas armas; y además 14 regimientos de artillería, 4 de inge­nieros, un regimiento de artillería de sitio y 36,ooo carabin eros y guar­dias civiles, que son otros tantos veteranos de tropa de línea. Hé aquí un resumen completo del Ejército espafíol en actividad y movilizable, tomado de una enciclopedia norteamericana correspondien­te al año de 1898: Infantería ..................................... . Caballería...... . .............................. . Artillería.. • . . . • . . . . . . . . • . . . . . .....•.... , . . . . Ingenieros . ...••......•.•.•.. • .. ... ••• . ... , ..... . Ejército activo peninsular ..... . .. . .... . ... .. ... . .. . Tropas de las Indias Orientales, personal adminis trati- YO y sanitario. . . . • • . ...•••......••.•.••... , .. . ... . Ejército de Cuba ......................... . ... . Ejército de Filipinas ___ ....... .. . • . . ........ . _. . . Primera reserva.. . • . . . . . . . .......... . ........ . Segunda reserva ............ , . . .......... . . ....... . Total ..................... .. 6+, 314 t 4,314 1 1,6os 5,102 95,335 28,790 201,312 37,760 16o,ooo I.ooo,ooo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 195 R.ECLUTAMIENTO En España el servicio es obligatorio para todos los españoles capa­ces de llevar las armas durante doce afios, á partir del 1.0 de Febrero del año en que cumplan la edad de veinte, á excepción de los que se en­cuentran en determinadas condiciones de familia ó de profesión, expre­samente especificados. La redención á metálico está admitida mediante la suma de 1, soo á z,ooo pesetas. En tiempo ordinario los jóvenes son llamados en el curso del año que cumplen los diez y nueve de edad. El número de inscritos de diez y nueve años es poco más ó menos de 1So,ooo hombres para una población de 17.soo,ooo habitantes, com· prendiendo en esta cifra la población de las islas Canarias y Baleares, que alcanzan á 6Ci>o,ooo almas poco más ó menos. Del número total de inscritos, se calcula al rededor de 7o,ooo in­útiles para el servicio; por enfermedad, faltos de talla (menor de 1 m. 54) ó exceptuados legalmente. De esa manera la clase anual de diez y nueve años queda reducida _ á 1 Io,ooo hombres, de los cuales Io,ooo son destinados á la marina y á otro servicio. Los Ioo,ooo restantes se dividen por sorteo en dos porciones: la primera constituye el contingente del ejército activo de la Península, donde cada soldado debe pasar tres años bajo banderas; después recibe la licencia ilimitada, y queda en esta situación durante otros tres años. Estos hombres constituyen lo que se llama la primera reserva ó reserva activa. A los seis de ¡ervicios, pasan á la segunda reserva. La segunda porción de la clase anual de diez y nueve años consta de 7o,ooo hombres, poco más ó menos, y queda durante seis años en la situa­ción de reclutas disponibles, y después durante otros seis, en la segunda reserva. En España existen tres e lases de reservas: la primera está destinada á completar en pie de gt.1erra los cuerpos del ejército activo, en caso de movilización; los reclutas disponibles proveen los reemplazos necesarios de estos cuerpos durante el curso de la guerra. Los hombres que figuran en las dos últimas categorías pueden ser llamados todos los años para ejercicios durante cuatro semanas. En síntesis general, el sistema de reclutamiento en vigor puede dar actualmente á España 1.200,000 hombre¡; divididos en doce clases de á Ioo,ooo. A estas fuerzas hay que agregar las que pueden proveer los diferen­tes ejércitos de ultramar, es decir, los de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Islas Canarias, Baleares, etc. Hay también que tener en cuenta los en­ganchados y reenganchados, y los refuerzos que el ejército activo podría recibir, llegado el caso, de la infantería de marina, destinada en primer lugar, á la guardia y defensa de los puertos militares de la Península y de las colomas, y en segundo, á proveer á las compañías de desemb ar­que de la armada, y cuyo efectivo se eleva al rededor de 1 2,ooo hom­bres en pie de guerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR CIRCUNSCRIPCIONES MILITARES España está dividida en 61 cireunscripciones territoriales llamada¡ zonas de reclutamiento. De este número 56 corresponden á otros tantos regimientos de infantería de línea, que contiene el ejército activo, á 20 batallones de cazadores. Las 5 zonas restantes toman el nombre de complementarias y sirven para equilibrar los elementos aportados por las otras. En la cabeza de distrito de cada circunscripción hay establecida una oficina de reclutamiento, encargada, en tiempo de paz, de reunir y enviar á los cuerpos los hombres provistos de la circunscripción y de instruír á los reclutas disponibles; en caso de guerra, de reunir á los re­servistas de la primera categoría y enviar á los cuerpos activos del ejér­cito á aquellos que están destinados á completar los efectivos, y por fin~ á reuniré instruír á los reclutas disponibles de la infantería. En cada zona de reclutamiento hay un regimiento de reserva, del que sólo existe el cuadro en tiempo de paz, y que está destinado á in­corporar en caso de guerra á los reservistas de la segunda categoría y á. formar así un regimiento movilizado de reserva. En caso de movilización el rtgimiento de reserva envía al regi­mientoactivo, al cual corresponde, todos los reservistas que éste necesite para completar su efectivo de guerra, y se moviliza á su vez con el nú­mero de hombres que le quedan. Para la caballería los regimientos se reclutan igualmente en zona~ fijas. Para la artillería existe en cada región de cuerpo de ejército un depósito de resen·a especialmente encargado de alimentar reclutas r reservistas á los cuerpos del arma estacionados de un modo permanente en la región. Para los ingenieros existen también 7 depósitos de reservas espe­ciales. El personal de los cuadros de una zona de reclutamiento s~ compo­ne de 3 oficiales (un Coronel, un Teniente Coronel, dos Comandan­tes, cuatro Capitanes y siete hombres de tropa). La jerarquía militar en España no contiene más que un solo grado de suboficial: el de sargento. Los cabos no son considerados como sub­oficiales. Los suboficiales no pueden ascender á oficiales. La jerarquía de los oficiales contiene siete grados: Subteniente" Subteniente Segundo, Teniente Primero, Capitán, Comandante, Te-· niente Coronel y Coronel. No puede hacerse nombramiento alguno que no sea motivado poxr una vacante, y ni en estado de paz ni en estado de guerra se acuerdan. grados personales, honorarios ni aumentos de antigüedad. La jerarquía de los oficiales generales contiene cuatro grados: Ge­neral de Brigada, General de División, Teniente General ó General de Cuerpo de ejército y Capitán General ó Mariscal. Continuar/á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 197 ECOS MILITARES Un oficial inglés, que ha hecho últimamente un viaje al Japón, escribe en la revista Proudings of the Royal .Artillerie lnstitution, un artículo respecto á la artillería de campaña de e1>te país, del cual transcribimos los siguientes datos: "La artillería comprende 7 regimientos, siendo uno de ellos de la guardia imperial. Todos ellos tienen la misma organización, y cada uno está dividido en tres cuerpos; cada cuerpo posee dos bate­rías de seis piezas. "El material es fabricado en los arsenales de Osaka. Los ca­ñones de bronce del calibre de 7 cm. están unidos de un cierre atornillado, y presentan mucha analogía con los que se encuentran en su uso en Europa. En particular los puntos de mira son pareci­dos á los franceses. "La movilidad del material, sin embargo, deja algo que desear. "El caballo de artillería es del tipo poney; su ración es 5 Kgs. de heno de 9 litros de cebada. No se emplean más que caballos, y se les reforma á los 14 años. "La in~trucción personal para los di versos ejercicios es dirigida del n1Í mo modo que en Europa. El Comandante de cuerpo tiene la misión de asegurar el resultado táctico y de elegir el objetivo; el Comandante de la batería da dirección del tiro. "La artillerÍa es considerada en el J apún como un cuerpo esco­gido, y todos sus elem,.ntos son seleccionados con el mayor cuidado.', El Gobierno chileno ha contratado con una fábrica de ac mas de París, diez mil sables de caballería con la cláusula de que deberán ser entregados el 10 de Agosto. -El Ministro de la Guerra firmó el 26 ele Abril contratos para los siguientes uniformes: 1 so,ooo trajes de paño, 150,000 trajes de loneta, 1 so,ooo pa­res de botas y 3oo,ooo mantas, la mitad de castilla y la oua de goma. Todo lo cual debió ser entregado el 1. 0 de Septiembre pasado. -La división naval debió salir para el Norte á mediados de J uní o, haciendo escala en Coquim bo y siguiendo hasta Arica, to­cando en todos los puertos del tránsito. -El 15 de Junio, al terminar la instrucción militar, los cons­criptos de veinte años se abrirán los concursos de aspirantes á ofi­ciales de artillería y caballería. -Se ha abierto un concurso de telegrafía para lo<; oficiales y clases de caballería, con el objeto de poner en uso el telégrafo de campaña inventado por el Eeñor José Agustín Sanhuesa. Será propuesto este mismo señor para profesor de la materia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR INSTRUOOlON PARA EL EJERCITO EL CAPITAN I El grado de Capitán es un grado modesto, pero seguramente es uno de los que impone una tarea más difícil, y en el cual se puede decir que se encarna el alma del Ejército, ya que es del Ca­pitán de quien depende la solidez del elemento que se denomina unidad de combate, que es elemento que constituye la base de las unidades mayores que entran en la composición dt> los Ejércitos. El oficial que llega al grado de Capitán debe desechar como indigna de su carácter la idea de que puede descansar, y entregarse á meditar las siguientes líneas : Los primeros cuidados del Capitán deben ser inspirar á los sol­dados de su Compañía el celo y el amor por el servicio, y desarrollar en ellos los sentimientos dtl deber, del honor y de abnegación por la Patria. De la acogida que le haga á su llegada al Batallón, depende á menudo el éxito de la obra. Es menester ante todo desengañarlos y hacer desaparecer esa preocupación que muchos traen todavía al llegar al cuartel, de creer que en sus superiores no encontrarán sino seres díscolos que no conocen más que la consigna y que son incapaces de la menor benevolencia. ¿ Qué debe decir entonces á estos jóvenes que están bajo sus órdenes y van á pasar con él uno, dos y tres años ? Les dirá que deben observar buena conducta, que deben con­siderar el cuartel, no como un lugar de detención, como una casa de corrección, sino como un lugar de reunión donde van á cono­cerse, á hacerse ~olidarios los unos de los otros, á servirse de sus brazos para defender su país. Les dirá que el cuartel y el servicio es la deuda que es nece­sario pagar á la Patria, es la obediencia á las leyes, es el deber, y que es necesario que un buen ciudadano, un buen soldado, cumpla con su deber sin murmurar, á fin de que vuelvan á sus hogares con la satisfacción del deber cumplido, sin que la más ligera sombra deje· un punto negro en el recuerdo de los años pasados bajo el uniforme militar. Les dirá que hay en la profesión ligeras desazones en las cua­les es necesario no fijar la atención, que todas las clases los quieren bien, y que, si algunas veces éstas no los atienden, es debido á ellos mismos, que las obligan á esta desatención; á ellos, que toman Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MlLlTAR 199 poco empeño, que pierden demasiado pronto la instrucción que se les ha dado, y á lo cual es necesario atribuír esos arranques de có­lera, esas palabras impropias que hacen creer que la clase es un can­cerbero, un hombre mal educado, cuando no es más que un servi­dor modesto pero celoso de la Patria. Muchos reclutas llegan al Batallón con la idea de que el _ Capitán no podía ser sino una fiera. Su pey_ueño discurso hará desaparecer las prevenciones que te­nían contra él; en vez de un ogro, no verán más que un hombre, un jefe benévolo, en el cual el sentimiento del deber está fuerte­mente arraigado y que parece que personifica su propia familia. De este modo los habrá conquistado, y de este conquista de los primeros días dependerá la confianza que un jefe debe en todo tiempo saber inspirar á sus soldados, confianza que le permitirá ob­tener todo lo que desee de estos jóvenes, cuyo corazón es accesible a los mejores, á los más n@b]es sentimientos. Adquirido este primer resultado, el Capitán debe estudiar, para no perder estos frutos. Su lenguaje siempre debe ser correcto, reservado; su actitud delante de los soldados debe estar exenta de todo reproche. Debe saber, egún el caso, dar una recompensa á uno, hacer un reproche á otro. Es necesario que jamás, en sus labios ó en sus gestos, el sol­dado pueda recoger ó sorprender una palabra, un gesto de reproche sobre la manera de ser de sus su~eriores. Si el Capitán, que está mas inmediatamente en contacto con el soldado, se muestra respetuoso de la autoridad, sus subordinados Jo serán también, porque tienen fijos los ojos en él y obran se­gún él. Cuanto dice, cuanto hace es comentado é imitado. Si lo que dice y lo que hace es siempre dictado por el senti­miento de la más exacta disciplina, todo lo que está más abajo que él, será disciplinado y por consiguiente manejable, dócil y entera­mente á su disposición. Si, por otra parte, ha sabido precaverse contra otra tirantez que impide que se acerquen á él sin temor, sin esa incomodidad que paraliza la palabra y hace grotesca la actitud, será un jefe que­rido de sus soldados, capaz de inspirarles esos entusiasmos que for­man los héroes. Si se comienza bajo estos auspicios y se prosigue en el mismo orden de ideas, la educación de los reclutas se hará fácilmente. Serán todo ojos, todo oídos á las explicaciones que les den sus clases, porque saben que éstas no obran sino por el Capitán, del cual son los agentes. Pondrán en el cumplimiento de sus deberes de soldados toda la buena voluntad de que son capaces. Progresiva­mente, sin esfuerzo, se verá á estos jóvenes llegados al cuartel Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 200 BOLETÍN MILITAR como campesinos, obreros y burgueses, hacerse soldados buenos ser­vidores y tomar los aires dignos de un granadero de otros tiempos. El Capitán les ha dicho que deben estar orgullosos de su uni­forme. Miradles durante un día de revista. Se yerguen, y bajo el ke­. pis sus juveniles cabezas tienen esos reflejos que hacen pensar en los valientes veteranos de Austerlitz y Marengo. A mc:nudo, cuando vive má~ particularmente en medio de sus soldados, en las maniobras y sobre todo en campaña, es necesario dar ejemplo, no mostrando que está en la abundancia, cuando aque­llos que están bajo sus órdenes se encuentren en la miseria. Si el soldado le ve comer el mismo pan que él, soportar las mismas pri­vaciones, aceptará sin murmurar los sacrificios que se le exijan y
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año II N. 71

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 100

Por: | Fecha: 20/05/1899

ANo lii Bogotá, ayo 2.0 d I 899 NUM. lOO ---·· ..... --- ORG O DEL fi I TERIO DE GUERR Y DEL EJERCITO ---·· ..... --- Dut cC.TOll AD-HONOUMl FRANCISCO J. VERGARA Y V. Coronel, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Q t~t~~~q2222 A2~?.~R'2 22~~2~~~22~22Q22~22~~22222222RRR2R~RR.22RD Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República 06~~~b~~~~~~~~T~6~~~oo~~6~~~~6 66~~6~~~6~~66~~6b6~~~~~66~6~~~6~~~GQ OFICIAL DE LOS INSTITUTORES CIVILES DE LA GUARNICtÓ • DE ESTA CAPITAL T DB LA PLAZA DE ZlPAQUlRA, COR.RESPO 'DIENTE AL M.ES DB ABRIL Ut.TIUO Repúó/itn dt Colom!lia-D~parlnm~nlo de Cundinamnrca-Número r.o Bogotá, .Abril 30 de 1899-E/ pritntr Ayudll!J/e dd butiluNr de la Guar11iciólf dt Bogouí. Al señor Comandante ae¡undo Jefe d 1 B~tallón Ariill ría. Con gusto cumplo con el deber de remitir á usted el informe que ac pide en la Orden general de fecha 5 de Abril del ar1o en cursot del modo sigui en re: Durante el mes se han dado las enseñanzas con bastante regulari­dad, no :>Ín que haya habido algunas intcrrupcionc., debido al servicio que tiene que prestar la tropa. Sería pues, de de earse se dictara alguna prov1dencia tanto para no C:btracr á lo· old::tdo durante la horas asig­nadas para el aprendizaje como para que la concurrencia á la Escuela fuera m:!s regular, pues hay alumno:> que dejan de a:;istir á cinco ó más clases, y tengo por c:sto necesidad de repetir las conferencia anteriores para que la enseñanza sea uniforme. La disciplina, asco, etc., sati:;facen completamente, cual corres­ponde á un cuerpo organizado al c:stilo de los del ejército europeo. La matenas de en ei'lanza son: Lec turrimer libro de Baquero, por creerlo d mejor entre los que hasta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR hoy se han publicado. unquc en todas las enseñanzas empleo el mé­todo oral, le hice comprar á los alumnos el citado libro para que repa­sen en él las lecciones dictada durante la cla e; y o re todo por qui­tarle de la~ manos la Citolegia, que tanto· males causa en la ense­ñanza moderna. La lectura y la escritura se enseñan combinadas. Al empezar la clase enseñé lo primeros elemento de que se componen las letras, con el objeto de que todo lo que aprendieran á leer lo supieran tambi~n escribir. En seguida se enseñaron la cinco vocales en este orden: i, 11, r, o. a, se combinaron en diptongos y triptongos, y luégo la consonante n, combinada cnn la vocales y formando palabras. Al ense­ñar cada una de e ·tas letra , se dio una ligera lección objetiva sobre el dibujo que encabeza cada lección en la cartilla de Baquero; se hicieron marcar esta mismas letra en el aire, en el tablero y en la pizarra, ense­ñando al mismo tiempo la letra de mano con el fin de grabarlas más en e as memorias agotada . La lectura en las demás ccciones se da en el Liceo /.1ilitar . Se han leído lo cuatro capítulos primeros por ílabas, palabra y frases . Aritmétiur-Aún no se ha abierto esta ensefianza en la sección elemental por avannr más en la lectura hasta poner á los alumnos en situación de el) udiar ello solos . En la otra sección se ha enseñado cálculo y las definiciones si­guientes: ritmética, cantidad, unidad número con sus di vi ·iones en entero, quebrado, mixto, ab tracto, concreto, complejo, incomplejo, simple, compuesto, homogéneo, heterogéneo, par é impar, y á escribir y leer <.antidadcs hasta de seis cifras. GrrliiJtÍtica y Ortografía-Las iguientes definiciones con sus cx­plicacionc corrcspondicn tes: Gramática y partes que la componen, palabra, sílaba, letra y su divi·ioncs en vocales, cte., diptongos, triptongos y acento, palabra agu­das, grave y esdrújulas; reglas de la b y las cuatro primera de la fl. En estas enseñanzas he cguido en un todo el te.·to del I titutor Civil de e ta pla-za, titulado Liceo Militar, que tánto bien proporciona al Ejército. Dejo a í terminado el presente informe. Dio guarde á u red. BELISARIO L. ROB. YO R.tp!Íblitil dt Colombia-Ejérritq N ati011ai-Bogot!i, MtJJO t • 0 d~ 1899. El Co11umdrmtc lmtruttor Cwil dt' la GutJrllitiÓJJ de Bogo/tÍ Al . cñor Coronel primer Jefe tlel Bárbula número 2..0 ~engo d honor de comunicar á u ted que se han dictado la con­ferencia de Ca rellano, Aritmética, cngrafía de Colombia y Geome­tría,.~ la da e superior; y d7 ;emitirle lo pro pcctos y cuadro· ~e la l:t'giOII de lloJJt;r de la guarn1c16n de Bogotá; manifestándole al mtsmo ttcmpo, que P.or ningún motivo se han dejado de hacer las cla es y que la trop~ estud1a con con ·agración, y progre. a intelectualmente. D1o gu rdc á usted. F&A ·crsco DE P . CORTES C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 259 R~pá!J/ira d~ Colom!Jia-Ejército Nariollai-Bogottí, Mayo 1~ dt 1899· El Coma11dt111te ltntr~utor C ."vil de la Gwzrnición de Bogotá Al señor Coronel primer Jefe del Bat:l,llón .Ayacucho número 3.0 Tengo el honor de comunicar á u ted que se han dictado las con­ferencias de Castellano, Aritmética, Gcog:afía de Colombia y Geome­tría, á la clase superior; y de remitirle los prospectos y cuadros de la Lcgio11 de Honor de la guarnición de Bogotá; manifestándole, al mi · mo tiempo, que por ningún motiYo e han dejado de hacer las clases en la hora destinadas para el efecto. La clase superior del Ayruudto es hoy la mejor de la Guarnición, y sus al u m no , en lo general, los más consagrado al estudio. La clase inferior si no hace rápidos progresos es porque los solda­dos carecen de bancas y reciben la instruccjón sentados en el suelo, contra todas las leyes establecida por la pedagogía. Dios guarde á usted. FRANCisco DE P . CORTES C. RtptÍ61ita dt Colombia- 1.a D ivúión-Ejtrtito N acio11111-C~mdt1dmuia del Bat11/lón Ayacudlo IJÍIIIJet·o 3.0 - BogottÍ, Ma)'o 1.0 de 1899 uid:ul:mo General Jefe de Est:tdo Mayor tle la División. Os remito original el informe que antecede, de la instrucción civil del Batallón, rendido á esta Comandancia por el sefior In titutor genc­r ! de la Guarnición, cor respondiente al mes de bril. próximo pa ados para u publicación en el Bolf'tí11 ft.1ilitar, 6 para lo que á bien estiméis onvenientc; ésto en cumplimiento de órdenes superiores existente, obre la materia. El Coronel, CARLOS FRANCO Q · Rrpúb/ica de Colo111bia-- Dcportamtllto de Crmdh111marca-ZipP91Jirn, 3 de Abril de 1899. Señor Coronel Jefe del Batallón Naritio número +·0 Muy honro o me es rendir á u ·ted el presente informe. El estado de la instrucción civil en las tre secciones en que para tal objeto está di vid ido el Batallón, es el sig11icnte: en la elemental: conocimiento de las vocales y las cinco primeras consonantes; escri­tura de las misma ; principios gcnerale de la suma; las primeras oracio­nes de Astere. En la media: lectura, deletreando; escritura de las letras del alfabeto, separadamente y en tamaños grande y medio; urna y resta; varias oraciones de A tete; nociones gencralc de geografía. En la supe­rior: lectura por palabras; escritura, t-amaño ordinario; multiplicación, segundo caso y parte del tercero; toda· las oraciones de A.tcte; división del globo terrestre, de la parte 6lida, la Hquida, junto con su defini­ciones, límite de Colombia é i tmos. · La cla.cs de urbanidad y ca!'tdlano son generales, limitándose la primera á observaciqncs práctica , y la segunda á correcciones de len­guaje . Dios guarde al señor Coronel .. ~RANCISCO MAHECH T. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 260 BOLETÍN Mll:JIT!A.R SECCION D -TBINAL -- ··-- DE TREINTA Di.AS A-Los hombres las armas y el terreno Antes de entrar en el análi is táctico y estratégico de esta corta campaña, tan digna de er atentamente meditada por los militare , convtcne reunir cronológicamente sus principales episo­dios á fin de hacer luego más claro su análisis y cntica. Antuedmtts de la campaña-Enlace con las demás partes de la guerra Perú -cJlom biana. En I 828 estalló el conflicto que la po­lítica había provocado entre Colombia y el Perú, de uerte que acabaron por batirse entre sí los ejercitas que unidos lidiaron en Ayacucho, nJandados, ahora, como entonce , por quienes fueron Jefes del Ejercit aliado en aquella memorable jornada. Tambien por motiv s políticos Colombia demoró Ja concen­tracion de las fuerzas con que debía afrontar la guerra y se redujo á la defen si 'a, con lo cual cometió grave error militar. Como los peruano po eían, ademá , una marina uperior en el Pacífico, las operaciones se verificaron a un tiemp por mar contra Guayaquil, principal puerto y fuente de recurso del Sur de la gran Colombia, y por tierra contra las provÍtJCia~ fronterizas de la mi ma zona ó sea 1 s que entonce constituían la Comandancia militar de Azua y, una de la cuatro en que e divid1a la que hoy es Ecuador. Plams de compt1ña- Resueltos los peruanos a tomar la ofen­siva en vi ta de la inacción de Colombia., qu á ultima hora quería transar pacíficamente el conflicto, resolvieron, conforme se dijo, atacar á ua 'aquil, invadir el Azuay, poner en contacto esas dos inva iones y dar la mano á los insurrectos de Pasto, que obraban de acuerdo con ello , á fin de oblio-ar á Colombia á consentir en la pa7 que ·llo dictaran. 0 Lo colombianos reduc1an el suyo á rechaz~r la agresión }' á dominar 1 guerra civil que hab1a e tallado en el país. En realidad, la causa de la guerra era el odio del Presidente peruano al Libertador, y el deseo que tenta de engrandecer al Perú con .1 ancxion de alguna provincia , tanto para dejar de er ex­tranJero, pues erJ oriundo del Mediodía del actual Ecuador, como par l 0 rar que lo peruano le reeligiesen indefinidamente. En la gran Columbia, lo partidario de la secesión de la República y Jo adversario de la die t. dur de llolí var ccundaban por una ú otra l . ) ) razon, os maneJOS de Lamar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN l\fiLITAR 261 La guerra no fue, puc , sino un detalle dentro de una gran lucha de car cter poiHico, y in er ci \' il, tampoco e la pue de lla- ! mar internacional, ora por las conc. · ione de toda e pccie existen­tes entre las poblacionc fronteri'la, ora por cuanto el e · píritu de nacionalidad aún no había gcrmin do en ma a que acababan de ser colono de una misma 11ación: la guerra no cxalt6 entimiento lguno en lo dos pueblo ' como oJo la hac1an lo ejercito guiados pvr jefe que 1 ab1an de que e tr taba e a emcjó más bien á las guerra din "stica de Europa en el pa ado siglo 1 eatro tÜ oturacionn - o tratando aquJ ino de la campaña de Sucre, para nada tenen1os que o uparno d~ la opcracione obre Guayaquil, y por lo tanto d teatro de operaciones n e otro que la Mesa Andina, en la porción que med1a entre lo nudos de Sabanilla y Azuay, ó mejor 1 cuenca de lo no Calva , Cata­mayo, Zamor (Loja),] ubone y I aute (Cuenca), limitada á . y O . por altisi m a ere ten y eparados uno de otro~ por páramo ó elevados dique transver ale . La operacionc e de arrollaron e pe­cialmentc en la del Jubones, que corre de E . á ., tiene su parte oriental fría y elevada, la occidental baja y ardiente ( unguilla) y de la de Cuenca, que le demora al 1 . , e t: divtdida por el dique rocallo o en cuyo centro e ta el paso d~nominado El Portete. Como por virtud de los acontecimiento 1 s ciudades de oja y de Cuenca vinieron á er la 'erdadera ha e:: de oper cion de los dos ejército , eso do lugares fueron lo objetivos y lo ubjetivo de los conrendores, quedando como líneas de operaciones lo ca­mino principale que lo unen entre 1, y solo e apartan á di - tanci un t nto con ider ble en la cuenca del Jubonc~, que i en su flanco ur e bastante uniforme en ~~ Ranc T. e · tá honda­mente excavada por tr s valles, que:: de • . á () . on el del Lcon (Oña y arao-uro), Rir. ay (Giron) y an Franci co (Pu ara) r co­rrido por cndo caminos que cru'lan el dique tran ver al por '1 i­najillas (3,424 metro), Porten: (2 757) }' Chambhn (J,6I6) par unirse al otro lado, en la hoy del ·rargui, una de la abeccra del Paute y que pa a no lejvs de ucn a . Ade1 ás, de e ta ~ltima ciudad de donde párte el amino de Caja - aranjal,pr:imero que de la entre-cordillera ecuat riana guía h cía Tuayaquil 'ju tilica, por lo tanto, que fuera Cuenc. el objetivo de L. mar y tr.tt ra de < 1- carrz;;arlo sin librar b. talla, pue to que pr ~te::ndl a cat biar de bnea de opcracíonc , ó e. dejar u ba e de Loj y tran portarla ua­yaquil. Lo colombiano debían, ~ u turne>, en primer términ , im­pedir que los peruanos se di ran· la mano con yu~yaquil, coa que le facilitab re ibir recur o ;• obre tod evitar e pu i ·r:tn ·n contacto con lo rebelde de Pa t , porque •n e te ca o la~ tropa· colombianas queda , n poc meno que · mcr ·cd del inv or; y <:n egundo ltJgar, ar.rojar á lo peruano· del t ·rritor.io patrio para 11 ·­var la gu·rra al ,uelo del inva or, tratando."' la \ ' C'l. de ubrir ·1 camin · de l co ta de Piura Gu 'aquil. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 262 BOLETÍN MILITAR Ambos ejércitos se dieron clara cuenta de sus necesidades, pero á Lamar faltó la ener;ía necesaria para obrar, no obstante que estuvo listo para entrar en campaña un mes antes que los co­lombianos; tJO se atrevió á avanzar hasta que Guayaquil no estu­viera en poder de su escuadra, y e to lo perdió. Su ere, un a vez al frente del ejército, emprendió operaciones con actividad, y i luego vaciló en dar un golpe antes del 27 de Febrero, debióse á la orden terminante que recibió del Presidente, prohibiéndole aventurar batalla antes de que el llegara con refuerzos, si el enemigo era su­perior en número. A este respecto la campaña de Tarqui presen­ta gran semejan-za con la de Ayacucho. En resumen: aun cuando 30 legua median entre Cuenca y Loja, el verdadero teatro de operaciones~ apenas midió I 5 de lon­gitud (Narancay á Saraguro) por 8 de anchura ( an Fernando á Nabón), siendo en tan pequeño e pacio que se desarrollaron los variados incidentes ocurrido en un me de operaciones llevadas á cabo por más de Io,ooo hombres, en que no se incluyen peque­ños destacamentos ni enfermos reducido al hospital. Estado moral de los dos ejércitos-El ejercito peruano, además de ser en efectivo casi el doble del colombiano, estaba perfecta­mente equipado, hasta con lujo, con bueno cuadros, caballería bien montada y caja militar provista en abundancia. La campaña, inclu o la formación del ejército, costó al Perú tres millones, no obstante que entonces el sostenimiento mensual de I,ooo en cam­paña apenas costaba poco má de $ 15,000; debe advertirse que la cuantía del gasto dependió, en parte, del oro que, á manos llenas, d("rramó Lamar en el Sur del Ecuador para granjearse la volun­tad de lo habitante . Tampoco puede mirarse el ejército peruano como e m puesto de reclutas, por cuanto el per onal con que abrió campaña estaba reunido hacía cerca de un año. El ejercito colombiano, mal vestido, e caso de recursos, en especial de de que se aumentó su personal, y por lo temores dP guerra la aduana de uayaquil disminuyó en su producto; con parque y armamento deF.ciente; contaba muchos reclutas, pero desde .el punto de vista moral nada dejaba que de ear, e taba en capactdad de _luchar contra un efectivo tres veces superior, y sus J.e~c desprectaban por completo al enemigo, como que lo habían hdtad de cerca en )a campaña libertadora del Perú. Efoctivl) td los dos t:jcrcitos L. tropa colombiana reunidas el 25 de .. nero n Cuenca, señalada plaza de Asamblea por el Gener. 1 .Flores, entonces J fe Militar del ur, e componía de ~h?OO mfantes y 700 jinete , di tribuido en do divi ione (r. y 2. ), compuesta cada una de 3 Bataliones y 3 escuadrone , ó sea con fuerz.a .numérica p co diversa. El parque era escaso. Inclusas la ... guarn~c10ne de u. yaquiJ, Q;,tito y otra- cabeceras de Can­ton> lo piquetes que guard ban la fr ntera Jo hospitales etc., no alcanzaban á 6,soo, n ob tante varios refuerzos idos del Cauca y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'rÍN MILITAR 263 Panamá, y el regre o de algunos soldados de lo' que estaban en Bolivia, á pesar de que Bolívar lo había mandado elevar á 10 ó I 2,ooo hombres. El ejercito peruano, que e reunió en Saraguro á principio de Enero, contaba algo más de 7,ooo hombres, pero en reali­dad la frontera fue cruzada por 8,400, dividido en 9 batall ne , ¡ es<:'!adrones y una ~rigada de artillería, ó sean 7,200 infantes, 700 Jinetes y 500 arttllero , con 6 piezas de batalla, distribuídos <·n tre divi ione de muy diver a fuerza: 1. de anguardia, con 2 batallones y un e cuadrón; 2.n ó centr , con 4 batallones y 4 e ·cuadrone y la artillería; 3· • o de Re erva, con 3 batallone y 3 e cuadrones . El tren y parque comprendían sobre 500 cargas. Comandaban el ejército colombiano: ucre, Jefe superior de operacione · Flore', General en Jefe· Cordero, Jefe de E tado Mayor; O'Leary, dt:legado de Bolívar; Urdan-eta, Jefe de la 1.• Divis.ión, y Sande, Jefe de la 2 .· Comandaban el ejércit pcruan : Lamar, ejerciendo como Presidente de la Repu blica en campaña; Gamarra, en eral en Jefe; Orbegozo, Jefe de E tado Mayor; Plaza, Jefe de la x." Di­visión; Nccoechea, Jefe.: de la 2.\ y Cerdcña, Jefe de la 3· Al terminar la campaña, los ?eruanos contaban 2,6oo hom­hres de combate, y lo colombianos 3,000; la brega fue dura y formal. :S-Resumen de las operaciones Concentración coiiJm.biana. oviembre á Jnero .-A mediado' de 1828, el General Flore quiso invadir d Perú par'l evit r la in­vasión de e lombia,quc pre eíacon gran c1 ridad; peroaun cu n­do al principio convino Bolí ar en tal medida, de puc dio contra­orden y mandó Flore permanecí ra á la defcn iva, aunqu prin­cipiando á reunir el ejercito. El Jefe militar del ur qui o cumplir la órdenes del Pre idente, pero el e tallido de la rcbelion en Pa t , y la primeras amenaza á Guayaquil, le obligaron á u pender la concentración, á enviar tropas á divcr o lugare ' aun pen aba dirigir e per onalmcnte a Pa to, uando en uaya"1uil recibí ' la noticia de que los peruanos habtan invadido " Colombia. in per­dida de tiem o dio la órdene del caso y e dirigi<.J á Cuenca, lugar eñalado para la A a m blca. De P~sto debtan regre ar el batallon Pichincha y el 4.0 dt: Húsarn, que por lo mi mo n llcgar;>n á .e~e lugar sino el 2 5 de • ncro ; del ur e replegaron el bat llon R ijla y el e cuadrón CedtiiiJ, abandonando a Loja ; de Qyito y Guaya­quil marcharon lo batallone Caracas, .~uito y Cauca }' el e cua­drón de Draeorus del! tmo: Caracas, el má di tant , no llegó sino el 20. En Cuenca e taban d batallón Yaguac/11 v lú scua­drone Granaderos á caballo y 2.0 y 3. 0 tle Húsart>S. Lo cuerpo enviados de Panan1á, Tolima, Cauca y Bogotá no al anzaron • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 264 BOLETiN MIL[TAR tomar parte en la campaña. En Guayaquil quedaroh Jos batallo­nes Aya,;ucho y la Artillería. Como Lamar cruzó l. frontera el 28 de Noviembre con 4,500 hombres, si hubiera obrado con energía y rapidez habría podido e tar sobre Cuenca el 15 de Diciembre, sorprendiendo al ejército colombiano en pleno delito de concen­tración y batido sus cuerpos en detal : por fortuna el Jefe perua­no nunca pecó por arrojado y en campaiia se mostró siempre dé­bil é indeciso, condiciones en que se basaron los jefes colombianos para establecer sus operaciones. ( 1) Concentración peruana.-De de Septiembre ya Lamar tenía reunidos en Piura, ciudad muy cercana á la frontera, poco má · de 5,000 hombres de todas arma , que constituían el tjército del Norfl, compuesto de do Divisiones: u intención de invadir á Colombia era evidente, pero no lo hizo h~sta tanto no supo habían zarpado del Callao las tropas de Gamarra (ejército del Sur), que en número de 3,200 acababan Je hacer la célebre campaña de Bolivia. Por ta­les razones no cruzó la frontera, como queda dicho, sino el ·28 de Noviembre, y a nzó con gran lentitud, e perando se le reuniera Gamarra, hecho que sucedió en Loja e11 la primera mitad de Di­ciembre, y no apareció sobre la hoya del Jubones sino á fines del mismo mes. En los primeros días de la invasión, Lamar consagró su tiempo á dar proclamas elogiando el asalto del Palacio Presiden­cial de Bogotá, la noche del 25 de Septiembre, y diciendo á los pueblos venía á libertarlos del yugo del Dictad0r Bolívar, á la vez que á repartir oro entre los habitantes para ganarlos á u causa, á mantener un buen espionaje que no pudo conseguir el ejercito colombiano por falta del codiciado metal, y á publicar pomposos boletines dando como triunfo la retirada de lo pequeños de ra­camentos que ha<"Ían la policía de la frontera, ante los ejercitos de muchos millares de hombres. Enero 3.-Mientras se concentraba eJ Ejercito en Cuenca, el General Florc:s mantuvo avanzado un piquete de obsenaci6n en Oña, primer pueblo de 1 provincia de Azuay, hacia el Sur, compuesto de 8o infantes (di:! Jos batallone Rijlu y Yaguac/11) y 20 jinete (Ceddía y Dragones), pero su Jefe, el Coronel Braun, se (t). Entre muchu pruebll b011t. la siguiente: •• Aunque las co :ts clel Perú no pueclen ver'e de un modo cl:~ro, porque no s Hc:il acar consecucnci:ls ni c:t!cul:1r sobre un enemigo como t'l Gencr~l L:~m:tr, que obra l'On irrcgularicbd, ain combinaciones ni plan, pues que todo lo espera del :azar, piento que u venid. :tl ortc es para :tbrir opera· eione rleci•i a • . . . 1 cmcral Lamar no e t:m ufrido que se;¡ c. p:tz de permaneocr en m. los acanton;tmientos... ea cual fuere su int ndón, yo me he propue. to todos loa caso• .. par:t maniobrar cgún ello~ sin vacilar \In inat.tnle." Flore .i Bohv. r elr6 de Oc­tubre ele • 8z 8. J .. a opinión de 'ucre ~obre Lam.tr el":! igual. Y que puede tener e confi:mza en Flore , lo in11ic:tn : su cu;ui idolatría por Bouvar, ,í nore regio; del enterramiento en aint- Deni . La akgrút de ucrc tuvo u parte amarga: aca­baba de aber que Gu. yaquil se habü rendido al inva or. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 268 BOLETÍN MILITAR Febrero r8 á 2.1 . - ucre con su campo en Guagua-Tarqui y una crecida avanzada en el Portete, permaneció inmó il tres días, por cuanto el enemigo no salía de sus fuerte po iciones . El 2.1 tuvo aviso de que los peruano. se concentraban en an Fernando, como para emprender marcha, y enviaban reconocimientos obre Girón y Baño , lugar " te cercano á Cuenca, con que trataban de des­orientarle. Con el fin de cerciorarse de lo que ocurría, el jefe co­lombiano dispuso se atacara el de tacament-> que estaba en Gi­rón, el cual huyó, dejando prisionero un oficial, ante la embestida de 1 9 jinetes . Febrero 22. - Cerciorado Sucre de la ituat.ión, y teniendo en cuenta que el frío del páramo causaba mucha enfermedades en la tropa, resolvió retroceder do leguas hacia Cuenca, estableciendo la infantería en Narancay, en la bifurcación de los caminos de Girón y San Fernando á Cuenca, con lo cual cerraba á Lamar la espe­ranza de comunicar e con Guayaquil in librar batalla. La colum­na peruana que el día ro sorprendiera á Cuenca, e vio obligada á retirarse rápidamente,y casi e de bandó en la travesía del páramo . (Contiuuará) (Continuación) Al E. de los montes de Cumaná termina el reli"e que orilla el litoral, y la tierras llanas pasan sin interrupción de las margenes del Orinoco á laco ta de Ba~celona, por lo que puede llamar e abra de U nare y A ragua, del nombre de los nos que riegan e ta faja de grande importan ... ia militar, como en su lugar veremos: allí apenas hay uno que otro tope ai lado, miJrros, según lo llaman lo habi­tante , y de lo cuale el de Unart, que tient. casi un kilón erro de altitud, e alza en el delta del no que le da nombre, en tanto que m á al E. se hallan, con solo la mitad de e a elevación, lo de Piri­tu y Paran lota. Al norte de )a Península de Paria, y á no mucha distancia de la costa, surge la isla de Margarita, principal tope de una cadena sumergida y paralela á la de Paria, que en su de arrollo Je 260 ki­lómetros de E. á . mue tra luégo "Omo e 'tremo occidental la dt Tortuga, que apenas e alza 30 metro obre el mar en frente del b?quete de Cumana, en tanto que al E . de ~1argarita y frente al dtque de Meapire, emergen lo i lotes de lo 1~·stigr;s . La isla de I~argar ita, de 12 legua de longitud y 8.40 kilómetros de área, apelhJada M1,11a Esparta, por la bravura de u hijo en la gue­rra de e~~wcipacion, y que urge con alguna i lita en u contor­no, e dl\•tde netamente en do porcione unida por un. faja de tit•rra IJan en que eHá la gr n laguna de Are tiga : la parte occi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'l'ÍN MILl!J.'AR 169 dental la rorma el cerro MacanaD (1,366 metros) de 4 picachos, en tanto que la ori ntal, má crecida y doblada, constituye una espe­cie de valle y presenta en el C?pti su maxima altura (1,262). Más al N . aun las i las Blanquilla, Orchila (r24 metro), los R3ques, y Aves marcan otra crestena hundida, que completan la isla ho­lande as de Brunair,·, Curazno (365) y Aruba, todas las cuales e in­cluyen bajo el nombre de i la de otavento y m rcan un eje regu­lar de 6oo kilómetros de largo de E . á O . '"I'odas las isla de que trata este párrafo, en verdad colinas in ulares, acre idas en su base por el trabajo de los polipos, miden 1,621 kilómetros cuadrados en la porción \•enezolana. Mo1lltiÍÍns de Caracas.-Esta montaña , que constituyen prin­cipalmente dos hneas de cumbre , algo mas corta la septentrional, más roída por el mar, que dejan dentro lo que puede llamarse el valle de Caraca -Valencia, el corazon y el cerebro de Venezuela, se ex­tienden por 400 kilometro de E. á O. y 6o de . á E . y cons­tituyen un grupo ca i insular cotno que al Norte y al Sur tiene el mar y las llanura, al E. la baja zona de] Unarc y al O. la an " lo­ga que riegan el ·~{ara<'U}' y el Barqui imcto y en la cual ningún punto del camino que la cruza, para unir el m r á la llanuras, al­canza á presentar una altitud de 400 metro , e decir, no llega al límite adoptado en geografía como división entre las regiones b - jas y las medias en lo que á relie\'e se refiere . Las montaña de Caracas presentan grandes ra gos de seme­janza con las de Cumaná, lo cual e natural por tener un mismo origen geológicamente hablando, con la sola diferencia de er más alta la cadena litoral ó de La illo que la interior. La ere tcria de Lo Silla, prolongaci6n evidente de la cadena de Paria, comienza bruscamente en el Cabo C dera, orilla el mar casi sin playa intermediaria, puesto que en lo general se hunde en las agua , ya en e carpa , y en llaneo de fortlsima pendiente de 53o término medio, por lo cual no es posible ascenderla ino me­diante in número de revuelta y zigzag . E ta cadena, que mide 300 kilómetros de longitud y se presenta á manera de murall de gneis, micasqui to y roca· metamorficas, vana bastante en altura, pero la media puede e ti m r e en 1,500 mctros,ó se un tercio más que de la que prc: entan la montaña de Cumaná, y e divide en tres porciones por la r ndes entalladuras que ort n u lomo. Hacia el ur domina 1 do regiones de Valencia y de Caracas ó valle de T'uy, y es de ob:>ervar:; que esta ultima porcion ú oriental es más elevada y de flanco meridional más complejo que la occiden­tal, de ucrtc que en ella e tán la cima culminante que son de E. O. Cacu/Q ( 2,265), Cart>s (2,466), Nt1iguot(l (2,782), imple bloque de gnci verde, La Si/lt1 (2,665) y el Avtl{/ (2,1 76), muy proxima , que dominan el horizonte de Caraca., ccrc á 1 cuales pa ab antes, a 1,6o1 metro de altitud, el mah imo camino dt: herr dur de la capital á su puerto de La Guaira> hoy reemplazado por una Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 270 BOLETÍN MILlT.A:R carretera y un atrevid ferrocarril que pasa por el boquerón de Cotin (952), apena 30 má alt que la plaz principal. En se­guida se hallan Palmar (2,300 ) y el Pico de 1'o7JtJr (2,440), que desgaja el lomo que divide el valle del uy del de Aragua y la cuenca del lag de Valencia, Chormi ( J.,ooo),Ot:umare y Las eta de Hilaría ( r ,700 ), junto á la cual e e t ' la en rme depresrón (6o o metro ) que aprovecha el ferr carril de Puert Cabello y cru­za el eje al . ., recobrando alguna altura, pues mide 1,584 en el cerr de anta María, no lejo::; del cual apena e hallan 360 en el camino arriba citad : á partir de Hilaría, puede decirse que ya no tiene en frente otra serranía y que ha cambiado capitalmente la topografía de la cordillera pue toque u 1 mo e magi tral entre el mar y la llanura ,y el tet ren se presenta profundamente corroí­do por la ero ión. La serranía del interior o de Guaraima, continuación de los montes de urumiquire, principia más al riente, per avanza me­nos al caso que la del litoral, y iendo tan alta com aquellos resul­ta menos elevada que la fronteri/,a y e tá dividitia en dos porciones por la brecha ó tajo de Cura, que mide poco meno de 6oo metro entre grupo de cima de ma de un millar de altitud. La por­ción occidental ó del Lago, rta y de trozada, alz.a los cerros de Palmar, A z ul, Grupa y 1'acurrJgua, ai lado e te de los anteriores por lo no que bajan de la re tería litoral y que por el de Nir­gua ( r ,400) e une 1 de anta María. La porción oriental mue - tra á Guaraima (1,07o), Loma Hit·n·o (1,367), Rincon del f/alle (1,278) y otro cuánto poco men ~ alto, de form agre tes, has-ta m rir ca i de repente frente al morro de U nare: 260 kilómetros se miden de e te al boquerón de Cura y ol 120 de aquí á 'l""ucura­gua. 1 flan o . e má igual y breve y hacia el . mue tra di­ver os estribo y ramal<:: que e pierden en la llanura y en uno de lo cuales, al E. de Palm, r, (.; tarían lo gigante dd i tema, Pla­tilla y }/orts, si e verdad que miden 1,886 y 1,4:24 metro . Del pico var á Gu raima e e ·tiende el lomo que ·epara el valle del Tuy del lago de Valcnci ó ·r carigua, imple juntura de la fald u e a do · ere ta , pue en Cin ·ejo apena mide 620 tnctro ; per del mi m ovar hacia el E . corre el e tribo que di­vide el T'uy de u A ucnte el ,.uaire, que riega á Caraca , e llama ierra de Higucr te ó Je lo 1;·qun y mide 1,270 metros donde 1 ruza el fc .. rroc t ríl que igue l lag . M.í 1 oriente otro e tribo ep r el uaire y el e< 1cagua, de ca i igual ltura, )' que como d anterior e tá formado por olina de atra e ada por ve­t~ de uarcit , c.;qui to micaceo, de lcarco y tan blando que ·e dt grcga a la men r presión. r .. n !in, j ha ia el mar no e hall 11 er verdad ino t¡tu/Jradas, obre la llanura lo morlt<' de Cara a· forman di ver o v.1llc q uc se pueden reunir en grupo , á aber : Orituco, S n c::bastian, Ortiz, Pao y San Carlol> . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. noLETfN ?tULITAR 271 Las montaña de Cumaná y Caracas, profun
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 100

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