Por:
|
Fecha:
16/05/1903
Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército
Pstldl mtros del Ejército
que hacen la guarnición en el D ~::pa rtamento de Cundinamarca
y los de los empleados del Cuartel General del Ejército y del Ministerio
de Guerra .
. La partida necesaria para pagar este aumento se declara
incluída en el Presupuesto de Gastos de la vigencia en curso.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de :rvfayo de 1903.
JO E MA UEL MARROQUIN
El l\1inistro d e l Tesoro, enca rgado del Despacho de Gobierno,
FRA.·cr co MR. ' DOZA P.-El Ministro de Relaciones Exteriores,
Lu1s CARLO Rico-El ubsccrctario de Hacienda, encargado del
Despacho, DAVID Po TÓ. c.- El r1inistro de Guerra, Au~REDO
V .ÁsQUEZ Cono-El Mini tro de In trucción Pública, JosÉ JoAQUÍN
CA::-..-\S.
DECRE10 NUMERO 548 DE rgo3
(MAYO 7)
por el cual se centraliza el pago de sucl•los y asign<Ácioncs militares
El Tíápreúdenlt de la Repúblú:a, encargado dt! Poda E)'ewlz'v•,
En uso de sus facultades constitucionale~, y
CONSiúERANDO
Qu en diversas Oficinas de Hacienda se han venido verificando
pagos por sueldos de im alidez y recompensas militares
p~ovisionales, y que s~ i.mponc la nc:cesid<"td ele reglamentar convementemente
este servtcto para obtener un riato fijo de esta erogación,
DECRETA
Artículo único. R~dica~e en la Pagaduría Central del Ejército
el pago de sueldos de mvaltd~z y .r~compen as militares provisioll:
ales que, con arreglo á las d1spostc1ones legales vigentes, hayan
stdo _decretadas 6 que se decreten en lo suce¡ivo por el Gobierno
NaciOnal.
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Para el cumplimiento de este Decreto los agraciados ocurrirán
al Ministerio de Guerra,'para que alH, previa la comprobación
legal, se O[dene el pago á la Oficina designada. .
Deróganse las demás disposiciones que sean contranas al
presente Decreto, que regirá desde el I .0 de Junio próximo.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 7 de Mayo de 1g03.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro del Tesoro, FRANCisco ME ·nozA P.
DECRETO NUMERO 52 DE 1903
(ABRIL 25)
por el cual se declara en uso de licencia indefinida á un Oficial
El General Comandante m Jife del Ejérczlo de la Rep/tbb'ca~
En uso de las facultades de que se halla investido,
DECRETA
Artículo único. Declárase en uso de licencia indefinida al Tenief.
lte Camilo Méndez M., perteneciente al Batallón 2.0 de Tiradores
de la Divz'sz'ón Narziio, por falta de cumplimiento en la consigna,
como Oficial de Guardia del Capitolio.
Publíquese en la Orden General para conocimiento del Ejército,
y como sanción á los Oficiales de Guardia.
Dése cuenta al Mini terio d e Guerra, y comuníquese.
Dado en Bogotá, á 25 de Abril de 1903.
El Comandante en Jef , 1v!A~t'l<.L :M. CA TKO U.
DECRETO NUMERO 58 DE 1903
(:MAYO 5)
por el cual se llama al servicio activo á dos Jefes y un Oficial y ·e les destina.
y se declara en uso de L'!tras de Cuartel á un ] efe
.E1 General Comandan/e m Jife del Ejérczlo de la Repúbhcrr
En uso de las atribuciones de que se halla investido,
l.JECRETA
Art. 1. 0 Llámase al servico activo al Sargento Mayor José
María Wiesner, y destínasele al puesto de 2.0 Ayudante General
de! Cuartel General de la Dt'visz'ón Palonegro, en la vacante que allí
extste.
Art. 2.0 Igualmente llámase al servicio activo al Subteniente
Luis Ramírez, y destínasele al Batallón 2.0 de Tt'radores de la .Diviszfm
.. i\Tariño, en una de las vacantes que hay allí.
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\..._ 582 ........)
Art. J. 0 A petición del Sr. General Comandante General de
la Dz'vz'sz'ó1¡ Palontgro, declárase en uso de Letras de Cuartel é inscríbase
en el Lz'bro Verde al Coronel Carlos Acosta, primer Ayudante
General, por ineptitud y desafección, y nómbrase en su
reemplazo al Sargento Mayor Simón Argüelles, á quien se llama
al servicio activo.
Dése cuenta al Ministerio de Guerra, comuníquese á quienes
corresponda, y publíquese en la Orden General del Ejército.
Dado en Bogotá, á 5 de Mayo de 1903.
El Comandante en Jefe, MANUEL M. CASTRO U.
RESOLUCION
El Gmera! Comanda1tle eu Jife del Ejérdlo de la República,
TENIENDO EN CUENTA
Que son numerosos los exhortos y despachos librados por los
Juzgados del Distrito Judicial, en que se pide la comparecencia de individuos
militares que forman parte de la Guarnición de la Plaza ;
Que el recargo de los asuntos preferentes del servicio que
cursan en la Comandancia en J e fe no permite atender inmediatamente
aquellas peticiones ; y
Que las fuerzas e tacionadas en esta Plaza pertenecen á la
JJi'visz'ón Naniio, cuyo Cuartel Ge neral se halla también en la
ciudad,
RESUELVE
Las solicitudes de comparecencia de individuos en servicio
activo pertenecientes á la Guarnición de la Plaza, deben dirigirse
al señor General Comandante General de la Dt'visz'óJI Nan·,¡o, quien
les dará el curso correspondiente.
Dése cuenta al Ministerio de Guerra, comuníquese, y publíuese
en la Orden General del Ejército.
Dada en Bogotá, á 7 de Mayo de :Mayo de 1903.
El Comandante en Jefe, MANUEL M. CASTRO U.
CONSULTA Y RESOLUCION
Repúbb'ca de Colombz'a-Telégrafes Nacionales-Número 2 12]5-SDgamoso,
J de Mayo de I90J
Sefior Comandante en Jefe del Ejército
Familia General Salustiano Chaparro, liberal, muerto trágicamente
por sus copartidarios, solicita honores del Ejército conforme
á su grado, el día que lleguen los restos á esta ciudad.
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Como no sé si figura en el Escalafón, os ruego me digáis si puedo .
ordenar se hagan dichos honores.
El General primer Ayudante General,
RAFAEL M. RAMÍREZ
llrgmtísz'mo-Número J,JI4-Bogotá, 7 de Mayo de I90J
General Rafael María Ramírez, Ayudante General -Sogamoso
Ha sido sumamente extraño, tanto para el Ministerio de Guerra
como para esta Comandancia en Jefe, la consulta que usted
bace en telegrama del 3 de Mayo, número 2235.
No puede ocultarse á usted que ningún revolucionario, y mucho
menos de las condiciones morales de Salustiano Chaparro,
pueda tener honores militares, y tributados nada menos que por las
tropas defensoras del Gobierno legítimo l El señor Ministro •e
Guerra encárgame decir á usted que la consulta hecha sobre
honores á Chaparro, manifiesta total desconocimiento de las leyes
militares y de la dignidad y honor del Ejército. Por mi parte,
en mi carácter de Jefe del Ejército, no puedo menos que cen~urar
duramente su consulta, que quizá la hizo usted en un momento
de ausencia intelectual, y yo en su caso pediría inmediatamente
is Letras de Cuartel.
El Comandante en Jefe, MANUEL M. CASTRO U.
Doctrinal
TEORIA DE LA ESTADISTICA
EICl.ITA :POI. ]. P, HUI.TADO (ESP.A.ÑOL)
{Concluye)
VIII
ORGANIZACION OFICIAL DE LA ESTADÍSTICA
Estadística como servicio público-Organización de las estadísticas oficia.
les-La Oficims cmtral y la Comisión de Estadistica-Discusión de ambos
sistemas-Qae esos medios no se excluyen y deben combinarse-Independencia
y especialidad que necesita el r:lmo de estadística-Informaciones
parlamentarias ó administra ti vas.
El conocimiento de los hechos sociales, negocio es de interés
común y de carácter público bien marcado. El particular encuen.
ua en la estadística noticias muy útiles, á veces necesarias; pero
-~
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á los Gobiernos, si han de vivir regularmente, les es siempre indispensable,
como método peculiar de su experiencia. Una parte
de aquellos hechos que son obje to de la Estadística, por el Gobierno
mismo se realizan, á él se refieren directamente, y aun los que
de él no dependen, por pertenecer á la esfera individual, se relacionan
de algún modo con el poder público, ya por el punto de
vista de la Hacienda, ya de la Administración en general, ya,.
aunque otra cosa no sea, por el vínculo de la ley ó del derecho,
lazo que une todas las instituciones y á que han de acomodarse
todos los hechos sociales.
Sea cualquiera la idea q11e del Estado se tenga, es necesario,
pues, reconocer como condición y parte de su destino la de formar
la estadística, y como legítimas las atribuciones y medios de tOdas
clases que conduzcan á ese fin.
Además, la Estadística no puede existir 5-ino como servicio público;
hay que elegir entre que sea oficial ó se carezca de ella,
porque únicamente con los recursos de que dispone un Gobierno
se puede llevar á cabo. No hay particular con los bienes de fortuna
y la abnegación precisos para acometer la obra de esas operaciones
eatadísticas que, por ser más indispensables y base de las
otras, son también más extensas y complicadas; pero aunque el
caso se diera, toda vía ese particular carecería del poder necesario
para vencer los obstáculos que le opusiesen la mala fe, la ignorancia
y las prácticas admistrativas mismas. La formación de un
censo ó de un catastro exige grandes esfuerzos de los Gobiernos .
mejor organizados. ¿Qué sucedería abandonando esos trabajos á.
la acción privada? Si ejecutadns por la Administración pública se
llevan á cabo con dificultad, ¿qué sería cuando ésta se convirtiese
de agente en rémora insuperable?
En los Estados, dice Dufau, donde no esté en vigor el sistema
de centralización admini trati\·a, que como todo tiene sus ventajas
y sus inconvenientes, atín se podría llegar con trabajos infinitos á
un resultado ba tante sati factorio. Así, sir John Sinclair, en su estadística
de Escocia, refiere cómo consiguió realizar tan grande
empresa. Dirigió á todos los Curas una serie de preguntas claras
y precisas sobre asuntos de la localidad que estaban á su alcance;
muchas contestaciones llegaron en el primer año; pero
otras se hic1eron esperar largo tiempo, y fue necesario que el
autor enviase en comisión un cierto número de individuos para
obtener el concurso de aquellos que por incuria, ignorancia ó
mala voluntad no se dignaban reSIJOnder; siete años transcurrieron
;: ntes que todos los materiales reclamados hubieran podido reunirse.
Pero este hecho aislado es aún muy favorable como ejemplo
de la estadística privada, y no puede convertirse en re¡¡rla generaL
Es necesario establecer el principio de que los verdaderos trabajos
de esa índole, las operaciones y los documentos en que descansa
la ciencia, sólo están al alcance de Jos Gobierno , han de
tener carácter oficial para reunir las condiciones precisas de exactitud,
y merecer confianza. Los estu~rzos individuales únicamente
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pueden dar buen fruto aplicándose á objetos muy limitados, ya por
su misma naturaleza, ya por la escala ó demarcación en que se
hacen las ob~ervaciones.
Sin embargo, también aquí debemos hacer uso de nuestra
distinción de siempre, de la diferencia que venimos estableciendo
desde el principio entre las operaciones estadísticas de z1evestigadón
y las de elaboraczon. En efecto, las condiciones esencialmente distintas
de cada uno de esos dos géneros de trabajo hacen á aquéllos
más propios de la acción administrativa, y á éstos de los estudios
particulares. Si la reunión de Jos datos, la t'nvesli'gaci!m acerca
de los hechos sociales ha de estar, como hemos visto, á cargo de
los Gobiernos, no existen las misma razones para concederles una
competencia exclusiva en el examen de sus resultados, en la t!aboraúón
de los materiales estadísticos. Al contrario, lo primero que
hace falta para manejar con éxito Jos guarismos recogidos es un
conocimiento profundo del objeto á que se refier n, y semejante
ciencia no puede vincularse en las autoridades públicas. Los números
de la estadística sanitaria los interpretará mejor que nadie
el médico más instruído; la estadística judicial sólo será bien utilizada
por un sabio jurisconsulto; la estadística económica, por un
hábil hacendi ta ; y así de todas las otras. Los Gobiernos pueden
tener entre sus funcionarios capacidades de cada ramo para ese
objeto; pero comúnmente la e pecialidades no están al servicio
del E tado, y es preciso reconocer, de todas suertes, que Jos trabajos
de elaboración no son ya una simple función arJministrativa,
sino dominios de la ciencia, campo libre, por con iguiente, y á
todos acces1ble. No queremos decir con esto que la estadística
oficial haya de limitarse á las O;-'eracioncs de investigación; de
ningún modo: los Gobiernos no han c..le reunir los datos por el
mero placer de compilarlos, ino para tomar el consejo y la enseñan~
a que se desprenden de su estudio; queremos indicar tan
solo que al lado de esa elaboración administrativa, indispensable,
porque Jos poderes públicos no han de quedar á merced de los
trabajos particulares, pueden existir perfectamente y ser de mucha
utilidad los estudios y publicaciones que éstos hagan, mientras
que semejante simultaneidad es imposible cuando se trata de las
grandes operaciones de investigación.
Reconocida la necesidad de la estadística oficial, preséntase
luégo el problema, bien discutido por ::ierto, de cuál es la or~anización
que más conviene á ese servicio público.
La estadística oficial, dice Majorana •, ofrece en su desarrollo
tres diferentes grados: es primero instintiva, impuesta por las
necesidades de la Administración pública, y entonces no se hace
la estadística por la estadístira, sino porque es preciso recoger
algunas noticias para organizar el servicio militar, repartir los
impuestos, &c.; luégo se establece ya de una manera reflexiva el
servicio de la estadística como parte de algunos ramos que se de-
• Obra citad<1, lib. T.
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sea estudiar ó son más importantes: las aduanas, la administración
de la justicia ó de la Hacienda, por ejemplo, y aparecen las oficinas
especiales de estadística, y viene por último la ofidna general,
encargada de dar unidad y plan á todas esas investigaciones.
Es necesario, en efecto, recoger los materiales. estadísticos
que la Administración acumula; es precis0 centralizar esos datos,
estudiarlos, compararlos unos con otros, y esto no lo pueden hacer
los mismos funcionarios ocupados en reunirlos. Además, hay una
porción de hechos que exigen investigaciones directas y especia~
les, porque corresponden á las funciones de la Anministración pública,
y quedan sobre todo las dos operaciones fundamentales y
más interesantes de la Estadística, el Censo de la poblacz'ón y el Catas/
ro dtllt:rnlorio, que no pueden ser asimi:ados ni confundidos con
ningún otro de los servicios del Estado.
Para establecer el organismo que ha de cumplir esos fines,
constituyendo la estadística en un ramo separado, se proponen los
dos sistemas que examina Mr. Garnier *: el uno quiere una oficina
central de estadística. dependiente de un ministerio, que se
sirva de los agente y ruedas de la Administración para recog-er los
hechos y los guarismos, y que después de comprobarlos y elaborarlos,
los publique en nombre de la autoridad; y el otro desea comisiones
especiales de estadística, organizadas como cuerpos científicos
independientes de la Administración general. El primer sistema
es el seguido por Francia y Prusia; el segundo, el adoptado
por Bélgica é imitado después por Italia y España.
Es indudable que una oficina central de estadística puede
sacar excelente partido de los recur o de centraliLación y dependencia
adminis rativa para transmitir sus in:licaciones y recibir lo
resultados, pues las cualidades de ést s dependen de las de los
funcionarios, entre los cuales algunos pueden ser muy aptos para
ese servicio; pero la generalidad no tendrá condiciones á. propósito.
En el sistema de las comisione locales dirigidas por una central
que ordena los trabajos y comprueba sus re ultados, la ventaja
está en la independencia de la autoridad, en el llamamiento
que se hace á los hombres celosos y entendidos, que se vigilan y
fiscalizan mutuamente, y en la mayor responsabilidad de todos los
colaboradores.
Los notables trabajos publicados por la Comisión central de
estadística belga, que presidía Quetelet, son un testimonio que
favorece este último sistema de organización, el cual dio también
buenos resultados en el Piamonte, aunque es preciso reconocer la
importancia de las p:.1blicaciones hechas en virtud del otro sistema,
sobre todo las que ha dirigido en Prusia Dicterici, y Moreau
de Jonnés en Francia.
Como puede verse, Mr. Garnier se inclina al sistema de comisiones;
pero se decide al fin por combinar ambos procedimientos,
enlazando esas juntas científicas é independientes con la orga-
• E!emmts áe Stalisliqtu.
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\...._ .S87 __./
nización administrativa. Su ideal es el board ~llrade de Inglaterra,
oficina de informaciones, investigaciones y publicaciones estadísticas,
separada completamente de la autoridad política, y quiere
que, á semejanza suya, se dé á la organización de la estadística
oficial en todas partes un carácter á la vez científico y administrativo,
dejando la dirección de los trabajos á un jefe responsable,
aconsejado por una comisión científica. De este modo, dice, se
logran las ventajas de ambos sistemas sin tropezar con sus inconvenientes.
Aliado de esta opinión debemos colocar la de Mr. Moreau
de Jonnés, que le es contraria. Este distinguido escritor se declara
partidario de una estadística esencialmente administrativa, organizada,
no como un servicio aparte, sino como anexo á todas las
funciones de gobierno, y desempeñada en cada demarcación y en
cada esfera por las autoridades correspondientes. Los alcaldes,
los consejeros provinciales, los subgobernadores, los gobernadores
y los directores de un ramo, deben ser los ejecutores de la estadística;
y así, dice, por medio de una inmensa jerarquía de funcionarios
que de grado en grado representan el poder público en
cada lugar desde la capital hasta la aldea, se obtienen datos numéricos
sobre cualquier objeto que interese conocer. Defiende especialmente
que los prefectos ó gobernadores sean los encargados
de la estadística provincial, porque así se simplifica el mecanismo
administrativo, se evita la multiplicidad de los funcionarios creados
para buscar especialidades que no e ·isten ó son innecesarias,
se ahorra todo el gasto de las investig-aciones, y se consigue, con
la intervención personal de la primera autoridad, vencer muchos
obstáculos que resultarían in uperables para un empleado subalterno
encargado de la estadística de la provincia.
Moreau de Jonnés no sólo combate, sino que intenta ridiculizar
las comisiones ó junta de estadística, que considera como
una aplicación nueva y atrevida de las formas parlamentarias á la
concepción y ejecución de los trabajos científicos. Hasta ahora,
dice, se había visto á al~unos autores reunirse para hacer en común
al~ún drama ó comedia sin pretensiones ; pero á nadie había
ocurrido que las obras que exigen una gran concentración de espíritu,
pudieran emprenderse por sociedades en comandita. Los
hechos, añade, tampoco hablan en favor de las comisiones de
estadística. Exceptuando á Bélgica, los demás países donde las comisiones
existen, no han obtenido de ellas buenos resultados; y no es
ciertamente porque carezcan sus individuos de la capacidad necesaria,
sino porque los rozamientos á que da lugar la complicación
de toda clase de máquinas, disminuyen su potencia.
Por nuestra parte, y respetando la merecida autoridad que
Moreau de Jonnés tiene en la ciencia, disentimos de su opinión en
este asunto. Creemos, sí, que la Estadística es un servicio adminúlralt"
vo ; pero la consideramos como ramo independitnlt y espedal,
que no puede confundirse con ningún otro, y reclama una organización
distinta, peculiar suya. Opinamos también que las autorida-
.des encar2'adas de importantes funciones administrativas, y aque-
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Boletín Militar de Colombia
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llas sobre todo que tienen carácter político, son las menos á propósito
para dirigir los trabajo.; estadísti~os, porque su atención, .
preocupada con los asuntos que deben resolver diariamente, ó
excitada con las luchas y las pasiones de la política, no tiene la
tranquilidad ni la disposición necesar;a para fijarse en la reunión
de datos, que, sea cualquiera su importancia, no ofrecen un interés
del momento, y sólo influyen de una manera lejana en los negocios
públicos. La Estadística pudiéramos decir que es una parte
de la administración general, pasiva é ziulz"urla, que no da soluciones,
sino que las prepara; que no gobierna, aunque da elementos
para gobernar bien; que tiene, en suma, condiciones muy diferentes
de esa otra parte de la administración directa, cuyas funciones
son esencialmente aclt"vas. Por eso queremos dar á la estadística
una organización propia y encomendarla á funcionarios especiales,.
más bien que á los gobernadores, alcalde y magistrados de cualquier
otro orden encar~ados de la verdadera admini~tración, sin.
negarles por esto la inspección superior y la participación que necesariamente
ha de tener cada autoridad en su esfera respectiva.
De esta suerte se consigue que la estadística, siendo un servicio
separado de Jos demás, cuente, sin embargo, con el auxilio de todo!>
los recursos de la Administración.
El Sr. Salvá, en su obra ya citada (página 371), refuta. la
doctrina contenida en el párrafo anterior, afirmando que d jJoder
admzi-zislralá;o sólo ts úulepcndzimlc dt los otros poderes, sus partes nu11ca,
y que la Adnuiu:11raáón 110 puede ur pasiva. No hallamos, en verdad,
motivo pa1·a la impugnación de nuestro estimado col ~a, porque
nosotros aceptamos los elem ntalcs principio que él invoca, y no
creemos haber dicho nada contra ellos. !\o pretendemos que la
estadística esté fuet a de la Admini tración y sobrt ella; al contrario,
reconocemos explícitamente que es uno de los ramos en que
ésta se divide; y si pedimos para el servicio estadístico esptdaltdatl ·
é indtpmdmcia, es en el sentido de que tenga una organización
propia y distinta de las demás funciones de gobierno. Por otra
parte, si administrar s desenvolver la actividad del E~tado, aplicarla
á la consecución de sus fines, es indudable que la accz{.m administrativa,
en tanto que se limita á recoger datos estadísticos7
á suministrar á los poderes públicos medios que indistintamente
sirven para todos sus fines, sin afirmar ninguno de ellos, esa función
administrativa, decimo5, tiene cierto carácter zizd/r clo de
mera receptiv·idad; es pasz·va relativamente, y tal es el valor que con
toda claridad hemos dado á esas calificaciones, que no tienen
trascendencia alguna.
Tampoco hallamos digno de censura, ni menos ocasionado al
ridículo, que los funcionarios especiales del ramo de estadística,
encargados de dirigir la ejecución de esos trabajos, tengan á su
lado una junta, comisión ó cuerpo consultiYo, llámese como se
quiera, que discuta y acuerde los procedimientos ó bases generales,
los asesore constantemente y les ayude á vencer con su ilustración
é influencia las dificultades que se presenten. El principio.
de que la acción sea una y el consejo múltiple, no es sólo aplicable
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Boletín Militar de Colombta
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al gobierno dt:: las pueblos, sino regla general de conducta, que
ha de observarse en todas las empresas.
De aquí que, á nuestro entender, la estadística oficial debe
organizarse estableciendo una oficina, dirección ó instituto, que el
nombre es lo de menos, formado por empleados con la preparación
necesalia para ejecutar los diferentes trabajos estadísticos, y
una comisión ó junta en que deben entrar los sociólogos, los políticos,
los economistas, los hombres de administración más competentes,
todas las personas, en fin, ~uya aptitud especial ó cuyo celo
convenga asociar á la grande obra que representa la estadística.
Y esas in tituciones centrales han de desarrollarse por medio de
funcionarios de idoneidad especial, encargados en las provincias
de admiAistrar este ramo, con tantas juntas locales como sean los
núcleos de acción que se estimen convenientes.
Ello es que la misión propia del ramo ó administración especial
de la estadística consiste en llevar á cabo todas las operaciones
de esta clase, que no forman parte de los demás servicios públicos,
en reunir las estadísticas especiales, dando unidad á sus investigaciones,
en estudiar todos los datos recogidos y en publicar
los resultados de todos esos trabajos. .
Toda vía se discute á cuál de los ministerios ó grandes divisiones
administrativas debe incorporar e el ramo de estadística.
Llevándole á la jefatura del Gouierno, es decir, á la Presidencia
del Consejo de !\1inistros, conforme á lo que pide la generalidad
~el servicio, y según se acordó en el Congr so Internacional de
Florencia, es indudable que la estadística tendría aseguradas la
independencia y la unidad, y gozaría de una autoridad y de un
prestigio muy convenientes para sus fines; mas esta organización
que, como luégo vcremo , se ha en ayado (n ~ paña únicamente,
resulta algo costosa, y por razon s de presupuesto, principalmente,
en todo los países se ha agregado la estadística, bien al ~Iinisterio
de 1a Gobernación, como en Bélgica, bien al de Comercio, como
en Francia é Italia, ó al de Instrucción. Pública, como en Austria,
~s decir, á los análogos á nuestro Miuisterio de Fomento.
Terminaremos aquí estas indicaciones, sobre algunas de las
que conviene insistir al tratar de la estadística de un país señalando
un complemento indispensable de la estidística oficial, que consiste
en las informaciones parlamentarias ó administrativas.
Surgen muchas veces en las naciones conflictos que es necesario
dirimir inmediatamente, cuestiones no previstas ó que no
pueden aguardar el resultado de los procedimientos ordinarios de
la estadística, y entonces hay que acudir, como medida extraordinaria,
á esas investigaciones especiales, que dirige el poder le~
slativo ó la administraci6n mi~ma, para obtener los datos relativos
al asunto de que se trata y fundar en ellos una resolución
acertada.
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Boletín Militar de Colombia
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MÉTODOS DE COMBATE
DE LA INFANTI!.RÍA CONTRA LA CABALLERÍA
(De la Revista dd Boütltt Militar de Buenosaires)
Nuestro Reglamento de infantería dice lo siguiente en su artículo
LXV : Formaúones contra caba~lería :
"283. Contra caballería todas las formaciones son buenas si
los soldados saben hacer uso de sus armas, observan la mayor
calma y esperan al enemigo á buena distancia para romper el
fuego.
"En consecuencia, se evitará siempre practicar maniobras que
exijan pérdida de tiempo ó que causen alguna perturbación á la
tropa, sin perjuicio de tomar en los casos especiales, en que u tenga
mucho lz'empo disponible, la formación adecuada á la. configuración
del terreno y á la situación del enemigo.''
Las indicaciones de ~ste artículo no son a ven tu radas. Están
plenamente justificadas por ejemplos sacados de la guerra francoalemana.
El Príncipe de Hohenlohe, cuyas cartas sobre infantería, caballería
y artillería son conocidas de muchos de los lectores de
esta revista, relata de la manera siguiente alguítas cargas de caballería:
"Un oficial de infantería que aguantó cargas en la batalla de
Woerth (Reischofen) me decía lo siguiente: A consecuencia de
un ataqne infructuoso, nuestra infantería, batiéndose en retirada,
descendía la pendiente de una colina, acompañada por una lluvia
de. balas y proyectiles de ametralladora ; extenuada de fatiga, resi~
nada á morir, toda la infantería se retira penosamente hacia un
bosque situado al pie de la cuesta ; cada uno tiene el sentimiento
de que no alcanzará á tiempo este abrigo; de repente cesa el
fuego mortífero; nuestros infantes se detienen asombrados, mirando
en su derredor para ver de dónde les viene esta salvación
inesperada: eran los coraceros franceses que, lanzándose á. la
persecución, impedían el tiro de la infantería y artillería propias;
estos coraceros aparecieron como salvadores; con la mayor calma,
cada infante alemán se detiene en el mismo lugar en que se
encuentra, y apunta contra los coraceros, que pronto sucumben
bajo un fuego rápido."
"En cuanto al ataque de la caballería francesa contra la infantería
prusiana en Víonville, recibí, inmediatamente después del
suceso, la declaración sig·uiente de un Coronel de caballería cuyo
Regimiento había sido llamado á correr en auxilio de la infantería
(su intervención, por lo demás, había sido inútil); este Oficial, trasladándose
muy adelante, ha tenido, pues, la oportunidad de observar
la lucha con la mayor atención. Me decía que había constatado,
para su mayor satisfacción, la valentía con la cual se portaban
los camaradas de la infantería, y que ni uno solo, por
decirlo así, fue derribado; pero agregaba que su corazón de ji-
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Boletín Militar de Colombia
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nete había sangrado á la vista de la impotencia de esta valiente
caballería francesa en presencia de una infantería serena y sólida,
que ni siquiera se tomó el trabajo de formarse en cuadros, sino
que disparaba tranquilamente en la formación en que se encontraba."
"Los coraceros de la Guardia francesa, perfectamente montados
y equipados, muy bien conducidos, habían atacado con la
mayor cohesión y de la manera más resuelta y precisa. El centro
de la línea, que había sido dirigido sobre la infantería, fue enteramente
aniquilado. Las dos alas, encontrándose así desunidas,
desfilaron bajo el fuego del batallón atacado, atravesaron la línea
de los tiradores, y fueron la presa de las compañías de sostén. Así
sucedió que, en el espacio de algunos minutos, sólo quedó de este
magnífico Regimiento algunos restos dispersos, sin que hubiese podido
él acuchillar á un solo infante."
"Un ejemplo más desfavorable toda vía para la caballería nos
proporciona Sedán, cuando la valiente caballería francesa trató
de abrirse paso al través de la infantería prusiana en los alrededores
de Fleineux. Cierto es que consiguió derrotar parcialmente á
la línea de tiradores, sin hacerles, sin embargo, mucho daño, pues
éstos pudieron hacer media vuelta y tirar á la espalda de los jinetes
que se estrellaban contra los sostenes; en suma, toda la caballería
fue aniquilada. La caballería prusiana no fue detenida en su
marcha hacia adelante sino durante el corto tiempo de este
episodio. La caballería de Gallifet cargó por el honor, pero en la
batalla no ejerció ninguna influencia."
HEn esta misma batalla tuve ocasión de asistir á un ataque
de la caballería prusiana contra la infantería francesa. Esta última
no se dejó imponer por ella, se lanzó á las canteras del Calvaire
d'IIly al encuentro de nu estros jin e t es, y de allá abrió sobre éstos
un fuego rápido que les impedía pasar.
La infantería francesa fue en seguida cañoneada por nuestra
artillería, de modo que debió replegarse, pero no nos fue posible
abrir nuestros fuegos sino cuando los do partidos empeñados en
la acción estuvieron tan distantes el uno del otro, que se pudo
tirar sobre el enemigo sin peligro para los nuéstros, y el ataque
de caballería, en sí mismo, quedaba rechazado."
HResumiendo las experiencias del pasado, podemos decir que
se ha visto, en las últimas guerras, ejemplos de ataques afortunados
de caballería contra infantería, en mayor y menor escala, y
que se les verá también en el porvenir, aun con una caballería
muy inferior en número á la del adversario atacado. Pero, por
regla general, estos ataques no pueden ser coronados por el éxito
sino cuando el poder de resistencia de la infantería enemiga ha
sido previamente debilitado por el efecto de una sorpresa, de la
lucha, ó por cualquiera otra causa. Un ataque de frente contra
una infantería intacta logrará esto raras veces."--El autor no
quiso decir nunca, para no desanimar á nadie.
A los ejemplos citados por Hohenlohe, agregamos el siguiente,
tomado del curso de aspirantes á oficial de la escuela franc·~sa
de Saint Maixent :
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"En la última hora de la bata1la de Beaumont-30 de Agosto
de 1870-un Regimiento de infantería prusiana se apoderó de
la altura de Brune. Su tercer batallón marchaba en línea de columnas
de compañía, cubierto por una de ellas, desplegada en
guerrilla, cuando tropas francesas de infantería salen de Mouzón
y marchan contra él, especialmente contra la compañía novena,
que hace alto mientras las otras hacen frente á Mouzón ó form::.Ln
un ángulo defensivo ... El fuego se hizo luégo muy intenso ... Poco
después, los prusianos Yieron entre el arrabal de Mouzón y un
molino una caballería francesa que preparaba su carga.
Era el quinto de coraceros, colocado allí para proteger la
retirada de la infantería francesa. Su Coronel, el Sr. de Cantenson,
recibe la orden de cargar, y lo hace con mucho vigor; sus
escuadrones oblicúan á la izquierda, dirigién ose contra la compañía
desplegada, cuyo capitán prohibe á sus soldados el agruparse
y les ordena no hacer fuego sino cuando él lo mande. Esta
compañía formaba un ángulo abierto dentro del cual penetra la
carga, que fue recibida á boca de jarro por un terrible fuego á
discreción, que causó en las filas de los coraceros terribles estragos.
El Coronel y muchos oficiales fueron muertos. Un sargento
habíase lanzado contra el capitán prusiano, y luchaba con él cuerpo
á cuerpo, cuando fue muerto á bayonetazos.
Este hecho de armas no causó ninguna baja á la compañía
prusiana; sólo algunos soldados fueron contusionados por los caballos
que les voltearon ... y los coraceros france~es perdieron, á
m:ís de su Coronel, r I oficiales, roo jinetes y otros tantos caballos."
Los ejemplos que hemos citado son casi todas las principale
cargas de la guerra franco-alemana, y todas fracasaron ante el
fuego de la infantería.
No quiere esto decir que hayan sido inútiles: hay sacrificios
necesarios y á veces salvadores.
Pero ·i bit..n la infantería de los dos ejércitos estaba armada
ya de fusiles de tiro rápido, éstos, y e pecialmente el prusiano,
tenían numero as imperft:ccione que después han sido corregida
. Además, la introducción de la repetición ha multiplicado
por tres 6 cuatr0 el poder del fusil y la superioridad de la infantería
sobre la caballería. La primera es mucho más poderosa que ahora
32 años, mientras los medios de acción de la segunda, es decir, la
carga, no han adelantado, porque no es posible perfeccionar el
jinete y el caballo como el fusil.
La apreciación de nue ·tro Reglament de infantería es por
esto indiscutible en cuanto al combate.
Pero, fuera de esto, ancho campo de actividad y gloria le
queda á la caballena.
No tenemos á na:1o tablas de experimentos realizados con
nuestro excelente Miu cr, p~ro podemos utilizar, ~por analogía,
algunos que se refir ren a 1 Lr~lJel francés.
Soldados mcuianamenLe instruídos, es decir, con tres 1n-ses
de servicio, pueden da; :1 su tiro contra caballería la velocidad
siguiente:
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\._ 593 _..)
Tiro con el dtpósito de 8 cartuchos: 3S segundos.
Tiro á discreción, cargando tiro por tiro, 9 cartuchos por
minuto.
Tiro por descarga : 6 cartuchos por minuto.
Ahora bien: Jt, minutos, por término medio, exige una carga
para 1Iegar sobre la infantería-tiempo c¡u _ crece sin cesar, puesto
que aumenta sin ce!::ar también el alcance del fu~il, d que obliga
á la caballería á partir de de m:ls lejos. En dos minutos, un e!cuadrón
de 1 so caoallos recibiría de una comp:tñfa Je 1 so fusiles,
unas 3,000 balas, 20 por jinett:. Como ti blanco es grande, si
solamente tm décz'mo de e~as balas da en el blanco (se admite un
tercio en tiros de polígono), el escuadrón quedará aniquilado.
Para obtener este resultado destructor, la infantería deberá.
tomar una formación que le permita dar su má.'imum de fuegos,
es decir, utilizar todos sus fusiles.
Por otra parte, una caballería bien mandada no cargará á la
infantería sino cu :tndo ésta no pueda hacer uso de sus armas.
En cuanto á las formaciones de la infantería, si bien todas
son buenas, unas son preferibles á otras: on las que dan más cantidad
de fuegos, como ya lo dijimos.
Si, á pesar de todo, la caballería llega, los infantes se acuestan
cuando pasan la carga, pues ejemplos numerosos demuestran
que no se exponen á muchos rie~gos, ya que los caballos jamás
pisan á los sere vivientes que encuentran á su paso.
alvo el caso de que la caballería ataque por todas partes,
lo que casi nunca sucede, el cuadro es inútil. Es una formación
que da pocos fuego . Es un recurso excepcional. Hé aquí
Jo que Hoh nlohe dice al re pecto n sus cartas sobre la z1ifanlería:
"¡El cuadro! No embromen! En las dos guerras de 66 y 70,
·sólo una vez la infantería prusiana form6 el cuadro: el batallón
del Mayor Des Barres en Langensalza. Todas las demás cargas
de caballería fueron rechazadas sin formar el cuadro ... "
Pocas veces la infantería se verá obligada á emph'ar su bayoneta
contra la caballería. Pero ha sucedido, y puede suceder
aún. En este caso de combate individual, cada uno busca el lado
débil del adver ario. La bayoneta bu ca el flanco izquierdo del
jinete armado con sable, que hiere mal á la izquierda. Contra el
jinete armado con lanza, el infante busca el lado derecho, porque
no pudiendo la lanza, en razón de su largura, ser sostenida sino lejos
de su extr ·midad inferior, los movimi .ntos laterales á la derecha
son diffcile~. dándose con má · facilidad lo.; lanzazos al frente y la
izquierda, por sobre el caballo.
Todas las armas se valen. En el combate no hay Don Preciso,
ó más bien todos lo son; pero si hubiera alguno, sería el infante;
·creed lo.
R. S.
SEXII: lV-TOKO 1-38
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~ 594 _J
REGLAMENTO PROVISIONAL
DE LA INFANTERIA INGLESA
El hzja11ln· Drzll Book, ó el Reglamento táctico de infantería
con el cual el ejército inglés hizo la campaña del Transvaal, remonta
á 1896, ó más exactamente á unos veinte años, pues la edición de
1896 era la reproducción de las anteriores, con algunas pocas
modificaciones. Era necesario modificarlo. Trabajo es éste que el
field-marshall lord Roberts, Generalísimo del ejército, ha puesto
en vigencia provisional; procedimiento que no merece felicitaciones,
pues la sola indicación de provisional lo desacredita.
En el antiguo Reglamento figuraba el comb/ncd lra/m.ng, instrucción
para las operaciones combinadas. Ha sido excluído del
ProviSz"onal Infanlry 7rén/ng de 1902, que así queda puramente
reglamento de ejercicios.
Este contiene un capítulo especial sobre la lócl/ca contra los
salvajes, previendo el caso de que fu esen armados ellos también de
fusiles rápidos y cañones, caso p rfectam nte ju tificado,"ya que el
ejército inglés opera á veces simultáneamente en el 'udán, el Tanganika,
China, Borneo, Beluchistan, ierra Leona 6 la India.
Es probable que los ejercicios de este capítulo sean e, ·cJusiva mcnte
enseñados al jército de línea.
Otros capítulos se refieren á la instrucción de los reclutas; la
de la compañía, la del !Jatallón, la brigada y la diYisión; el ataque
y la defensa por la infantería; en fin, á las paradas, que en
todos los reglamentos ocupan un espacio infinitamente superior ~
su utilidad. ·
El Reglamento supone una duración des rvicio de varios años.
Es decir, que su estudio nos puede servir para conocer al ejército
inglés, pero no para tomar de él enseñanzas que sean aplicables al
servicio de corta duración.
El Provz'sz"onal dedica mucho más espacio que el antiguo Reglamento
á la preparación física y al servicio en campaña, y simplifica
el orden cerrado y el manejo de armas, del cual desaparece
el sh,;tdder arms : armas al hombro. e prohibe hacer ejecutar
la gimnasia y la esgrima de la bayoneta á fracciones superiores~
la sección.
La compañía-y en esto el Reglamento inglés está en completa
oposición con el francé , el alemán, &c.-pasa á ser la unidad
táctica en vez del batallón. ¡Y la compañías son ocho ! El texto
inglés se expresa cerno sigue: "Por razón de su efectivo y su organización,
la compañía forma la mejor escuela de instrucción del
servicio en campaña. Es la mayor unidad que pueda dirigir un
oficial en el combate. El jefe del batallón no manda éste en el campo
de batalla: dirige r vigila ocho ttnidades ldclzcas."
La base de todas las maniobras es la columna de compañía.
La formación de reunión : asembly fonnall on, es la de dos medios
batallones en dos líneas, cada medio batallón formado en línea de
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columnas de compañía con distancia cerrada, e.s decir, puesto que
las compañías son ocho, con cuatro frentes de sección.
El nuevo Reglamento invoca la iniciativa: "Las condiciones
de la guerra moderna hacen absolutamente necesaria la descenlralzt;
acz!m durante el combate. No se obtendrán buenos resultados si
los Jefes subalternos no han sido acostumbrados, en los ejercicios
del tiempo de paz, á emplear su propio criterio, á considerar como
necesidad el saber prescindir á veces de las órdenes recibidas, ó
modificarlas ...... á maniobrar en vista del fin que se busca ..... .
los oficiales deben darse cuenta de lo estrecho de los límites de
su acción personal bajo el fuego ...... " Es decir, que en mucho
deben contar con las clases y prepararlas en consecuencia.
Dice también que en cuanto á los movimientos que deben ejecutarse
frente al enemigo, sólo pueden darse principios generales
y reglas muy elásticas; que el conocimiento de estas reglas sólo se
adquiere por ejercicios variados en terrenos fragosos.
El Rcg·lamento prohibe complicar los reglamentos por medio
de manuales ó instrucciones particulares en las escuelas militares.
que ampliarían ó modificarían aquéllos.
En suma, el Reglamento inglés prescribe lo que está en uso
hace décadas en los ejércitos europeos. No innova nada. Además,
en estas materias no se innova : se perfecciona.
Terminaremos con al~unas líneas el prefacio que lord Roberts
ha puesto al Reglamento :
"El valor militar de una tropa depende de la instrucción del
oficial en todos los servicios y del completo desarrollo de sus facultades
intelectuales y físicas ; desarrollo que no es posible sino
abriendo carrera á la inteligencia y á la iniciati \'a de cada uno.
Por esta razón se prohibe limitar ó restringir la libertad que el
Reglamento acuerda á los comandantes de batallón y compañía,
tanto en los métodos de instrucción como en la dirección de su
unidades en el combate."
--~~~--
EL ESTUDIO l)E LA EPOCA NAPOLEÓNICA
El Teniente del ejército alem~n Constantino Hierl publicó
hace poco un trabajo titulado: La .Epoca Napoleómca-Imporlanáa
de su estudio.
Calificando aquella época de importantísima y llamándola el
rmaámzúllo en el arte de conducir la guerra, el autor demuestra
que si bien los combates tienen hoy un desarrollo diferente del
que tenían al principio del siglo pasado, no por esto es menos necesario
ocuparse detenidamente de aquella parte de la historia de
la guerra en que se relatan las grandes campañas de Naroleón.
En cuanto á la táctica de combate, habrá que averiguar los
motivos que indujeron á este incomparable maestro en el arte de
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la guerra, á decidirse por ciertas medidas que tomó antes de las
batallas ó durante éstas. Proct:diendo as], se formará también el
carácler del militar que se ocupa del estudio de la historia de la
guerra.
La parte estratégica de las operaciones napoleónicas dará todavía
más material utilizable y que se podrá aplicar también á las
batallas que se librarán en los tiempos modernos. Pero, suponiéndo
que no se pudieran sacar principios, reglas y normas aplicables
á una guerra futura, se obtendrá siempre como resultado
positivo el mayor desarrollo de la facultad de nuestro espíritu, que
nos permite comprender cuál es 1 verdadero carácter y la esencia
de la guerra, y cuál es la misión del militar.
Sobre el mismo tema acaba de aparecer otro trabajo, del
cual trataremos luégo.
--~~--
NUEVO FUSIL
PAR.t\ EL EJERCITO NORTEA1\1ERICANO
En el mes de Septiembre del corriente año se van á armar
varios cuerpos del ejército de los Estados Unidos con un nuevo
fusil, del cual se están fabricando actualmente 5,000 en la usina
que posee el Gobierno norteamericano en pringfield.
Según una noticia publicada en el Amljl and l\~avy Joumal, el
nuevo fusil pesa menos que el ha ta ahora reglamentario (4.70
contra 5.32 kgs.), á pesar de haber ·e reforzado el e pcsor de las
paredes del tubo en la parte posterior, de modo qu la cxpan ión
de los gases de la pólvora en la recámara pueda er mayor.
Esta circunstancia ha permitido aumentar considerablemente
la velocidad inicial del proyectil. Era de 1,952 pies por segundo, y
es, en el nuevo fusil, de 2,581 pie ·, 6 sea casi una tercera parte
mayor que antes (más de 860 metros).
El coeficiente de penetración resulta, pues, en un 20 por 100
mayor, tratándose de tablas de pino. ·
El calibre es el mismo que en el fusil Krag-Jorgensen; al
almacén se le ha dado una posición central; la carga es en un 16
por 100 el peso total del car;.lucho, y en un 3 por roo mayor que
en el fusil que tiene actualmente el ejército norteamericano.
No se sabe todavía si se a loptará definitivamente el nuevo
fusil. Por ahora se trata sólo de un ensayo en gran escala.
--~~--
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H JI • -- ----= ts torta===--
HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA
POR JUAN DE CASTELLANOS ( I 590 !)
(Continúa)
CANTO SEPTIMO
Donde se cuenta c6mo los españoles dejaron 1"1 asiento de Tunja, y salieron e•
demanda del valle de Neiva y del Rey de Bo~otá, y lo que más les sucedió
Teniendo ya la presa y el rancheo en la ciudad de Tunja
recogido, creció, con el montón, nuevo deseo de verlo más cubierto
y extendido. Inquieren dó podrán hacer empleo que más acrecentase
su partido, y Neiva declararon ser terreno que de prosperidad
estaba lleno ; porque verían una ¡¡ran laguna y dentro deila
rico santuario, fundado sobre mármoles de oro, y ser inestimable
la riqueza que dentro dél estaba consagrada.
Ansí mismo tuvieron nueva cierta del Rey de Bogotá, y en
qué boscaje tenía sus ocultos aposentos. Estímulos solícitos que
tuégo les compelieron á dejar á Tunja, dándole libertad al Rey
anciano y encomendándole que siempre fuese-amigo de españoles,
pues si antes les saliera de paz, se reservara de todos los disgustos
padecidos; pero que ya podía sin recelo gozar de su quietud
y señorío, en el cual, sin haber cosa contraria, sería defendido
y amparado.
Y despedidos dél, ruestos en orden, con ochenta gandules en
cadena que llevaban el oro, se partieron, y fueron caminando hasta
Paipa (?), do pararon e~pacio de tres días; y al cuarto, cuando
ya febeos carros con movimiento rápido quedan atravesar el eje
del esfera, vieron hacia la parte del Oriente bajar por la cercana
serranfa sobre cincuenta mil hombres de guerra; lucidos escuadrones
ordenados, con diferentes armas y pertrechos, innúmeros
paveses, hondas, picas, arcos, ftchas, macanas, tiraderas, hondeando
por cima de las sienes lozana bizarría de plumajes, coronas de
oro, petos, brazaletes que traían los indios principales, con otras
joyas más, cuyo refracto la vista de los ojos impedía, y el codicioso
gusto despertaba de los que se pusieron á la m~ra, sin conocer
qué gentes eran éstas que con tan gran denuedo se movían.
Mas éste era Tundama, con aquellos caciques que le daban
obediencia, Gonzaga, Chicamocha y Ocabita, Icabuco, Cerinza,
Lupachoque, Sátiva, Tutassa, Susa y el fuerte Soatá, con el alto
Chitagoto, con otros capitanes y caudillos, los cuales por impulso
del Tundama, venían con bravoso movimiento desgalgándose por
la cuesta bajo de la frontera sierra comarcana. Bien como cuando
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Nimbo proceloso derrama por los altos sus licores y la creciente
dellos se deriva por los declives valles y quebradas, llP.vando por
delante con ruido las plantas y las piedras ponderosas, de tal manera
bajan los salvajes con terrible ruido y estampido contra los
españoles que por orden digestos esperaban el conflicto, junto de
las llanadas apacibles de Bonza, cuyos indios hoy posee Pe o Núñez
Cabrera, por herencia del noble padre de su mismo nombre,
allí presente con el Licenciado, y a.l lado dél con otros caballeros
á quien (viendo cercanos tumultos y aquellas furio as apariencias),
les dijo las palabras que se siguen :
"Fuertes conmilitones: no se excusa venir á sanguinoso rompimiento,
pues la bárbara furia rehusó de se probar en este detrimento.
Es multitud, mas en venir confusa puede facilitar su vencimiento.
Soldados viejos sois, hijus de España, y hombres que sabéis
daros buena maña.
"Y pues ella con guerra nos convida, . in de nosotros recibir
ofensa, hagamos su locura convertida en contrario suceso del que
piensa. Los que se ven en ríe go de la vida, justamente procuran
su defensa, y así conviene pena y escarmiento donde los enemigos
son sin cuento.
"Dejémolos que bajen de la cumbre y ocupen esta llana circunstancia,
á donde no con mucha pesadumbre quebrantaréis su
brío y arrogancia con algún fruto de la muchedumbre, porque
cuantos más moros más ganancia; y nadie salga ni me juegue
treta, hasta tanto que yo les acometa."
En este tiempo ya la mayor parte de la gente belígera llegaba
á tiro de ballesta de los nuéstros, d embarazando jáculos y
piedras, que por los vagos aires re. onaban e pe ac; como nubes
de langostas, á nu stro cspaiwle diri(riclas; los cuales, viendo que
la cercanía y el cómodo lugar lo convidaba, el Licenciado dijo :
¡ Sanlz'ago /; de cuya voz movidos acudieron, an í peones como de
caballo y algunos naturales ansí mi ·mo que les eran amigos y
parciales, cada cual dello con o·uirnalda verde para los conocer
en la refriega; y entre ello aquel indio que los trajo á '1 unja y al
preciado Sogamo o, y era Gobernador de Baganique. El cual en
la sangrienta pesadumbre donde muchos e taban vomitando las ánimas,
los pechos traspasados, vio con corona de oro y ornamentos de
bellas plumas un gallardo joven ya de vital aliento despedido, y
como fuese pica cudiciosa, quísose mejorar, y dio de mano á la
verde guirnalda que tenía, señal de su salud y su seguro, y púsose
la otra, que fue cambio que no le costó menos que la vida,
porque en la confusión sanguinolenta, viéndolo con msignia diferente
de la que los amigos e cubrían, creyendo ser del punto de
Tundama, con todos los demás quedó tendido; sin que desta desgracia
se tuviese noticia ni sospecha ha ta tanto que puestos en
huída los contrarios y recogidos todos ll)S amigos, aquél se halló
menos que cualquiera quisiera más guardallo que sus ojos; al cual
entre cadáveres buscando, hallaron traspasado de una lanza; y
por tener trocada la presea, se conoció la causa de su muerte, por
no ser conocido del que hizo el mal en el horror de la matanza.
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En efecto, cantada la victoria sin daño de la gente castellana,
recogen los despojos de los muertos, cuyo número fue bien extendido,
y otro día siguiente se partieron con presupuesto de llegar á
Neiva, donde los indios moscas afirmaban haber montones de oro
por las casas, como tenían ellos de los granos de maíz y de turmas
y fríjoles, debajo de la cautela, por echallos con aquel trueno
fuera de su tierra.
Llegaron, pues, al pueblo de Suesca, cerca de Bogotá, donde
dejaron el campo con la gente necesaria que para su defensa con
·venía, y todos los demás á la liger-J. caminaron con guías hasta
Pasea, tierra que ya hallaron otras veces, desde donde siguieron
su derrota, por páramos y tierras despobladas, hasta llegar al
valle prometido, á quien llamaron Val de la Trzsltza, donde las
falsas guías se huyeron dejándolos con grave desconsuelo, por ser
aquella tierra mal poblada, si bien y en sumo grado calurosa; de
cuya causa padecieron grandes hambres y enfermedad de calenturas,
de las cuales por falta de remedios murió la mayor parte
del servicio, y de los españoles tres ó cuatro, por la gran humedad
y Jos Yap::>res del río grande de la l\fagdalena, junto del cual
estaban alojados, á causa de hallar allí tugurios do vivían algunos
naturales que, huyendo de gentes extranjeras, se pasaron á la
contraria banda, desde con grita, como suelen, cada mañana los
amenazaban.
l\1a uno de ello , mozo bien di puesto, sin saber los intentos
que traía, vieron venir nadando por el río, encaminado sin mos-
' trar recelo, al lugar donde estaban alojados; y después de tomada
la ribera, vínose para ellos, y en llegando, sacó de su zurrón ó su
mochila catorce corazones de oro fino de veintiún quilates que
pesaron do mil y seteci ntos castellanos. Los nuéstro , aunque
tri tes y afigido , parece que con ver aquella muestra, cobraron
un poquillo d e mis brío, y con grandes regalos y caricias al bárbaro
trataron 1 y le dieron cuchillos y tijera y otras cosas; y con
tan pobres prendas atisfecho, á nado se volvió por donde vino, y
otro día volvió con otro tanto, que fue recompensado con cosillas
de cuentas y un bonete colorado, rogándole que ~iernpre les traj~
e de aquellos corazones, do los suyos tenían colocado sus afectos;
pero nunca volvió ni m:is le vieron, aunque esperaron tres 6
cuatro días.
Y ansí determinaron devolverse á gozar de terreno más sanío;
y en el cargar el oro por su tanda cada cual rehusaba la carrera,
por la flaqueza grande que tenían ellos y algunos indios
que escaparon, pues apenas podían sustentarse sobre los flacos
miem?ros con bordones. Y ansí determinaban enterrallo en parte
conoctda, hasta tanto que una Compañía revolviese á lo l14!var con
menos pesadumbre ; mas, pareciéndoles que no cumplía, Pedro
de Salazar y Juan de Valle, que se hallaron con mayor ahento,
á veces lo llevaron á sus cuestas hasta llegar á Pasea, do hallaron
cuatro hombres de caballo, que dijeron mandar el General que
todos fuesen derechos al cercado del Cacique de Boo-otá donde
1::> ' los esperaba con el demás restante de la gente.
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Boletín I\1ilitar de Colombia
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Lo cual luégo pusieron en decto, reconociendo ser aquel
asiento para convalecer acomodado y de mantenimientos proveido;
donde después qu~:: todos fueron juntos, acordaron de repartir
el oro para dar su porción á cada uno, haciendo nombra.
miento de jueces, según suelen en casos semejantes. E ya la cuantidad
toda sumada, después de dar al Rey su real quinto, hiciéronse
las partes, y tasaron á cuatrocientos pesos cada parte; y
aquel número dellas tanteado, al Gobernador D. Pero Fernández
por capitulación le dieron nueve, y Gonzalo Jiménez de Quesada, .
como Teniente suyo dieron siete.
A todos los demás iban juzgando según les pareció que merecían;
no con tal rectitud que no quedasen muchos buenos soldados
con agravio, viendo ser preferidos con ventajas los que menos habían
trabajado ; negocio bien común en estas parte: s, donde los lisonjeros
y malsines suelen llevar la nata de la tierra, y los que conocieron
ser atlantes que llevaran el peso de la siesta, muchos jueces
mal considerados los dejan con el papo lleno de aire. Aunque
ya todo va tan corrompido, que si en nombre del Rey hacen mercedes,
las vende para (quien tiene mando á quien trae mayor garcisobaco,
sin atencione. de merecimientos; y es esta desvergüenza
tan usada, que ya parece ley establecida.
Partiéronse también las esmeraldas, que no fue partición de
menos fraude contra los que sudaron en ganallas; mas como
gente bien intencionada, fiel á sus caudillos y obediente, pasaron
blandamente por lo hecho; y aun el T~::nientc tuvo tales mañas,
so color de querer ir en España á demandar mercedes para todos,
que cada cual le dio la mayor parte de aquella que le cupo de
la suya.
Y como ya tuvies n guías ciertas para saber la parte donde estaba
el señor Tisquesuzha retraído, cuya prosperidad les prome-
. tía riqueza que en quilates excediese á la que ya tenían repartida,
acordaron entralle con obscuro; y apercibidos con el Licenciado
peones y caballos escogidos, cuando ya los mortales corazones
habían desechado los cuidados de los cuotidianos ejercicios, y los
humanos ojos regalados del humor soporífero cobraban aquel
tributo que les es debido, dieron en los ocultos aposentos, de innumerable
gente rodeados ; donde con turbación desordenada se
fue tendiendo por aquellos campos un confuso ruido y alboroto, tan
mal proporcionado como cuando va por espesas selvas la braveza
del violento céfiro hiriendo con fervorosos soplos, robles altos. Mas
ya reconocida la cautela, volviendo sobre sí los soñolientos á. repa-
·ar aquel nocturno daño, arrojaban tizones encendidos, piedras,
roncos y otros instrumentos sobre los que decí .n ¡ Sa11tz" :gol, que
por ahuyentar la muchedumbre hacían grande estrago con las lanzas.
Cuyo rigor, y de los que caían gemidos y querellas, compelieron
á dejar la prolija ranchería, buscando los lugares más seguros
en los latíbulos de la montaña por do la mayor parte desta
gente andaba divertida y asombrada. Y el miserable Rey, por
escaparse de aquella tempestad mopinada, salió del postigo del
cercado con algunos señores principales y muchos caballeros de
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Boletín Militar de Colombia
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su guarda en dura coyuntura, pues á bulto una saeta vino contra
e1los y, reservando toda la cuadrilla, al Rey atravesó por las espaldas.
Miserable suceso que nos muestra también los grandes
corren riesgo y están sujetos á calamidades y á muertes desastrosas
como ésta. Allí con el dolor midió la tierra y juntamente dio
postrer gemido; pero los circunstantes lo tomaron, y á paso presuroso
lo metieron por lo más áspero de la montaña, donde según
el tiempo y el angustia, le debieron de dar la sepultura, porque
después, andando rastreando un lucitano dicho Gaspar Méndez,
con un sepulcro dio recién labrado, y en él un cuerpo muerto que
tenía lucidísimas joyas que pesaron ocho mil castellanos de oro
fino; mas cerca de ser él se tuvo duda, por el poco caudal y otras
señales que hallan en reales sepulturas, antes se sospechaba ser
alguno de sus uzaques, hombre señalado, que debió de morir en la
presura; pero nunca se supo ni se ha sabido de ciencia cierta
dónde lo pusieron.
Este fue, pues, el fin de Tisquesuzha, por quien los principales
y menores de todas las provincias que re¡ía hicieron doloroso
sentimiento por ser á todos ellos agradable; estando por entonces
ignorantes de la desgracia nuestros españoles, cuyos deseos principales
eran tener aqueste Rey por prisionero, y tuvieron por caso
desgraciado que se les desligase de las manos, dejando sus albergues
sin defema, los cuales saquearon, y, aunque pocas, se hallaron
algunas joyas de oro, en casa del señ r principalmente, y una
totuma, vaso de oro fino.
Variedades
PEREGRINACION DE ALPHA
POR HANUEL .ANCÍZ.AI.
(ContinÚa)
XXIX
Gara2"oa existía desde antes de la conquista, pues lo mencionan
las crónicas como " lugar de casas grandes y bien proveídas.
de bastimentos," en el cual hizo alto Quesada cuando marchaba
al descubrimiento de Tenza y exploración de las minas de esmeraldas
de Somondoco. La dominación española despobló este lugar,..
reduciéndolo á dependencia del corregimient0 de Tenza, con cien
indios y doscientos vecinos "de los que se llaman blancos," dice
maliciosa mente Oviedo ; y llegó á tal punto la decadencia del pueblo,
que estuvo decretada su extinción, y apenas pudo sostenerse-
'é PU UCA
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como parroquia ínfima en 1778. Emancipado el país y abolido el
sistema de opresión y desdén que pesaba sobre los indios y labriegos
blancos, Garagoa renació de entre sus ruinas y ha llegado á
la importancia de villa, cabecera de cantón,contándose en ella y su
distrito 7,300 habitantes, quienes disfrutan de clima suave y templado,
y de los productos tan variados como seguros en un suelo fértil
por extremo. En el solar del rancho pajizo que antiguamente
servía de iglesia, se levanta hoy un sólido templo cuya elevada
torre descubre desde lejos el viajero coronada por la cruz, signo
de esperanza y civilización, que parece invitarlo á descansar entre
sus hermanos. Varias casas de teja demuestran el aumento de
riqueza y comodidades no fundadas en la opresión del proletario
sino en la libertad y bienestar de todos, mediante la bien fraccionada
repartición de la tierra y los beneficios de un comercio doméstico
que diariamente adquiere proporciones mayores. La casa
del Sr. Camilo Gutiérrez nos abrió sus puertas en el acto que llegámos,
y fuimos recibidos y tratados por su amable familia con
el cariño que tanto realza la hospitalidad en nuestro país, dondequiera
que al tímido encogimiento de las costumbres coloniales se
van sustituyendo los modales abiertos y francos que el trato de
gentes y el sentimiento de la igualdad producen.
Tenza es ahora dependiente de Garagoa como distrito parroquial
situado en una planicie bellísima, impropiamente llamada
valle, á la derecha del río Tibaná, tan rica y abundante, que en
muy reducido espacio contiene cerca de 7,000 habitantes, casi
todos agricultores y propietarios. Los conquistadores llamaron á
Tenza ciudad de an Juan, por haber llegado el día de este Santo,
y por la muchedumbre de indios que la poblaban. Está, como
Garagoa, á r,soo metros de altura sobre el mar: su temperatura,
21° centígrados, y su producciones agrícolas n armonía con la
benignidad del clima, tan sano, que lo fallecimie!1tos en el año
de 1850 ólo alcanzaron á 1 ro, e decir, á. 1 individuo por cada
63,70, resultando el aumento de 1 por cada 55,15 habitantes;
cifras que, con la de 70 matrimonios anuales, comprueban lo merecido
de la buena fama que desde tiempo remoto tiene adquirida
este distrito. Unido al de la cabecera y los de Capilla, Pachavita,
Chinav1ta y Macana), forman el cantón Garagoa, con 26,700 moradores
en un área de 36 1 "guas cuadradas, de las cuales 18, comprendidas
en el extremo Sur del territorio, permanecen todavía
solitarias y agrestes, haciéndose notar entre ellas una grande explanada
sobre las monte ñas de Moreno, llamada Alundonuevo,
aparente por su clima, riqueza de bosques y abundancia de agua
vivas, para una colonia extensa.
Al Oriente queda el Jtuevo cantón Miraflores, vasto desierto
de 74 leguas cuadradas, regado por ríos caudalosos y cubierto de
selvas vírgenes que llegan hasta las llanuras de San Martín y Casanare.
Nada es comparable á lo fragoso y desamparado de los
caminos de este cantón, los cuales se convierten durante el invierno
en cauce de torrentes impetuosos que arrastran piedras sueltas ·
é impiden la marcha de las mulas más vigorosas. Miraflores, Cam-
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pohermoso, Zetaquirá, Fragua y Chámeza, son rudimentos de
pueblos en que el hombre aparece abrumado y como vencido por
la pujante naturaleza física, por los innumerables animales posesionados
del espacio en el aire, en los vegetales, en la tierra y en
las aguas, por el calor abrasador de los valles, y por el rápido
crecimiento de las plantas silvestres, que apenas cortadas retoñan
con ímpetu, y tornan á cubrir con sus vástagos y ramas los campos
recién preparados para sementeras, y los caminos penosamente
abiertos al través de bosques densos é interminables. Por
estos desiertos penetró Juan de Sanmartín con treinta compañeros
en busca de los Llanos: arribaron á Teguas, hoy vecindario situado
cerca del río Lengupá, y notaron que allí terminaban el
idioma y los trajes de los Chibchas. El río les atajaba el paso,
"á causa del movimiento impetuoso que · lleva por el despeño de
unas rocas, y tal, que aun el agua no se veía por la mucha espuma
que de los golpes formaba *. Bajaron más abajo cinco soldados
por ver si hallaban esguazo, y á poca distancia encontraron
un indio descuidado, quien á las primeras vistas se halló con el
susto que el caminante salteado de repentina fiera. El bárbaro,
viéndose rodeado de los cinco infantes, y hallándose con un tronco
nudoso en las manos, se les opuso tan feroz, que pudo dar lecciones
de valiente al más arrestado montero; porque jugando el bastón
á todas partes, acometiendo unas veces, y retirándose otras,
hizo tan dudoso el combate, que ya se hallaban lastimados los
cuatro, y con dudas de poderlo rendir vivo para que les sirviese
de guía. Pero recobrados á su acostumbrado valor, se dieron
maña para derribarlo en tierra, aunque era tan forzudo el bárbaro,
que se los llevaba arrastrando á todos cinco por la cuesta que
declina al río, f rcejeando para precipitarlos con manos, pie , puñadas
y mordiscos repartidos con gran daño de los cinco soldados."
Aprisionado el indio, los llevó á un puente de bejucos tendido de
ribera á ribera desde los á.rbole 1 primera máquina de este género
que vieron Jos españoles, y no se atrevieron á pasar. por ella sino
- después de muchos ensayos, atemorizados por los vaivenes que
hacía. Cuarenta días anduvieron errantes por aquellas asperezas,
sin haber podido vadear el Upía, ue desciende á saltos desde el
lago de Tota, y al fin, desalentados, regresaron á Garagoa en
usca de Quesada; prueba de lo quebrado del terreno y de la fiereza
de los primitivos habitantes, pues hombres del férreo temple
de los conquistadores, y aguijoneados por el deseo de llegar á la
imaginada opulencia de los Llanos, desistieron de proseguir en la
empresa. Lo que ellos anduvieron entonces, no ha vuelto á ser
explorado, y las selvas y torrentes permanecen vírgenes, conforme
salieron del seno de la tierra.
Entre las rarezas de esta vegetación inculta y lujosa merece
notarse un piñal silvestre de más de tres leguas de extensión, que
se encuentra yendo de Miraftores á Campohermoso, como á la
mitad del camino. Las plantas desarrollan desmedidamente sus
• PnmRAHITA. Historia feneral de la CoRquista.
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hojas duras, defendidas por dos órdenes de garfios, y arrojan de~
centro la piña ingrata y áspera, reducida en tamaño, comparada
con las que se producen por el cultivo en nuestras huertas, peroafectando
forma y color iguales. El interior de este piñal enorme
sirve de cementerio, ·por la dificultad que los vecinos tienen de
ocurrir á la distante parroquia en busca de la última moraasta una cruz el a vada en el su elo para qlle
el desierto adquiera voz y la soledad se pueble de ideas; allí la.
religión y la piedad se manifiestan; por allí pasó el hombre de la.
civilización, puesto que era cristiano; y al fijar en la ti erra el símbolo
de los tiempos nuevos, sin duda murmuró una oraci6n y se
unió por el espíritu á sus h e rmanos al través del solitario espaciíi'
que los dividía.
Median entre Garagoa y Guateque algo má s d e cin co legua
de camino, cortando los ce rros y pasándose el río de aquel nombre
por un pu e nte angosto, in barandas, cubierto d e b r1 rro y piedras
y revestido de arbustos que en sus bordes c r e cen co mo tm·
jardín suspendido encima de sus aguas. Tenza y su pintoresc a :y
poblada. llanura se dejan á mano derecha, y al caer á la vertiente
occidental de ];:¡ serranía de Somondoco, se descubre la profunda
hoya de su río, los alegres grupos de casas de este pueblo y de
Gua.yatá, situadas allende el río, y los de Sutatenza y Guateque ai
opuesto lado. Enti·ambas laderas aparec en esmeradamente cultivadas
del pie á la cumbre, dividido el terreno en pequeños cuadros
que ora ondulan los flexibles tallos del trigo y la cebada, ora levantan
sus espigas los erguidos maizales, ó los sonoros platanares ocultan
con sus tendidas hojas los cercados de las casitas de campo inmediatas
y humildes, rodeadas por manchones de arveja , garbanzos
y habas, que al verde esmeralda d e su follaje interpolan us macetas
de vivfsimas flores. Siguen d spués las pequeñas cumbres y
quiebras que sucesivamente se levantan unas tras otras y se aleja
hasta el remate de las serranías, todas labradas y sembradas.,
semejando una alfombra salpicada de varios matices, en que t
luz del sol brilla ó se oscurece por intervalos, segün las ondulaciones
y pliegues repentinos del suelo.
Celebraba Sutatenza la Fiesta de su patrono, y así lo anunciaban
los voladores, las campanas y tamboriles que se oían desde
lejos, alborotando los ecos de las serranías. Numeroso concurso de
campesinos vestidos de gala, es decir, con ruanas y sombrero¡.
nuevos los jayanes, y sombreros recién encintados, enaguas, mantilla
de bayeta oscura y alpargata blanca, las mujeres de rostros
llenos é iluminados, henchía la calle principal, tiendas y plaza del:
pueblo, extendido por los altos y bajos de un terreno que apenas..
ofrece un palmo de llanura. La casa de] Cura, hombre de edad.
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madura, grave aspecto y modales cortesanos, puesta encima de
una explanada artificial sostenida por murallas, ofrecía posada
franca y mesa perenne á los concurrentes de tono y representación
en los pueblos vecinos: allf di conmigo á título de forastero
y patrocinado por el Sr. Luis Ordónez, vecino de Guatequete, á
quien constantemente merecimos muy finos servicios, y una vez
ú1stalado, salí á mezclarme entre los alegres estancieros. Dedicaron
ésto la mitad de la noche, y algo más, á vagar de una parte
para otra visitando las tiendas, estantes y ambulantes, acompañándose
de guitarras, tamboriles y flautas, ellos marchando á vanguardia,
muy satisfechos de sí mismos, y ellas siguiéndolos detrás
eomo cuerpo de reserva, para funcionar en las chic herías y honrar
oodos los brindis, que por el menor motivo prodigaban los amarte-
• lados galanes á la rú tica. Difícil y muy largo sería referir las
nversaciones y sazonado di.ilogos que sostenían en cada estaión,
remojándolos con el licor indígena; aquel trastornar las patabras
con cercenes y añadiduras de sílabas que las disfrazaban
peregrinamente ; los conceptos y sentencias que los más autorizados
dejaban c.aer de sus labios con inmejorable inoportunidad, siempre
bien acogidas por el benévolo y vacilante auditorio; Jos apar-
~s de algunas parejas, confiándose en público sus más reservados
pensamientos; y en suma, el conjunto de ademanes, movimientos,
cantinelas interrumpida , bailes no acabados y efusiones alborotogas
de amistad que salían de aquellos grupos de figuras musculo!
as, bronceada por 1 ol de las labranzas, y animadas por la expre
ión de honradez y encilla franqueza inherentes á nuestros
agricultores de la tierra fría. Ello es que nada tenían que envidiar
al baile que las personas de tono pusieron en una sala donde reso-aban
dos clarín tes desacordado. , un violín y tambora, y se emprendían
valses capucht?tados y contradanzas á escape, los caballe'"
OS en rutrpo, previo el depósito que hadan de las ruanas en la
ala misma, y las señoritas con traje mode tos, sin atavíos presuntuoso
, y los semblante circunspectos como la solemnidad del
o lo requería; en tanto que el pueblo sólido, el ingenuo pueblo,
~nía por techumbre el cielo estrellado, por luces ]a oscuridad de
la noche, el suelo humedecido por alfombra, y las cordiales risotadas
por música para refocilarse á sus anchas con buenas ventajas
sobre los otros.
Al ver la pequeña iglesia cuidadosamente blanqueada y limpia
de alto á bajo, sin mamarrachos ni ridiculeces, por dentro se
. divinaba un Cura ilustrado y celoso en las cosas de su ministerio;
títulos que de p!eno derecho pertenecen al de Sutatenza, Presbítero
Ignacio Quintero, quien t e nía el propósito de hacer valer su
mer-ecido influjo para el establecimiento de escuelas de niñas y
fábricas de Cabildo y Cárcel, mejorando en lo posible Jo material
de su parroquia. De carácter austero sin afectaciÓn, no se desdeñaba
de promover las diversiones honestas, tan necesarias en los
pueblos para formar la cultura y ciYilidad del trato recíproco: de
aquí procedía su empeño en fomentar la música y sus recomenda-
·ones en favor del baile, que no era en su concepto un pasatiem-
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po vituperable, como creen algunos más hipócritas que caritativos,
sino el mejor medio para reunir las familias, facilitar la comunicación
decorosa entre los jóvenes, y establecer el aseo en los vestidos,
signo frecuente de la limpieza del alma. Tales ideas, y otras
que en el curso de nuestras conversaciones manifestó, me le hicieron
reputar por verdadero Párroco y sacerdote de civilización que,
á diferencia del mayor número, hace am3r en su persona y palabras
el alto ministerio de que está investido.
Dejélos en sus fiestas, y pasámos á Guateque, cabecera del
cantón de e5;te nombre. Es un pueblo mediano, la mitad pajizo y
la mitad de teja, iglesia regular y casas de mezquinas ventanas,
y algunas sin ellas, con la entrada por un portón separado
del edificio y al través del patio; singular manera de reclusión
que recuerda las habitaciones de los antiguos Chibchas así dis- ·
puestas, sin vista para la calle, ni ingreso directo á los aposentos.
Situado en una meseta inclinada y desigual, á 1,815 metros sobre
el nivel del mar, es pueblo naturalmente agricultor, favorecido por
excelentes tierras y con clima benigno, cuya temperatura oscila
entre 19 y 21° del termómetro centígrado, medida común para
los demás distritos. En este cantón, como en los otro , la raza indígena
forma el menor número de los habitantes, siendo admirable
la rapidez con que ha sido cruzada y absorbida por la europea,
pues aho1 a medio siglo la Provincia de Tunja presentaba una masa
compacta de indios y muy contadas familias españolas. Hoy mismo
se nota en la generación nueva el progresivo mejoramiento
de las castas: los niños son blancos, rubios, de facciones mas é
inteligentes, y cuerpos mejor conformados que los de sus mayores.
Si para cuando ellos crezcan hubiere Yerdadera administración
municipal, y se multiplican las escuelas primarias bien regidas, no
es dudable que la población de estas provincia será una base
firme d e tabilidad y cultura nacionales, el centro de las artes y
el asiento de nuestra futura prosperidad moral é industrial; para
ello no hay obstáculos: sobra el espacio, es inmejorable la índole
de las gentes; y el rápido aumento de la población manifiesta lo
abundantes y fáciles de adquirir que son los medios de existencia.
Nueve legua al S~E. de Guateque demora el sitio de las
minas de esmeraldas y oro de Somondoco, labradas por los indios
desde antes de la Conquista. Quedan al extremo de la serranía
que termina llena_de asperezas sobre los llanos de San Martín, no
lejos del salto de Nagar, que es un despeñadero por donde se precipita
el do Garagoa para confundirse con el Guavio. Los primeros
españoles que vieron estas minas fueron los Capitanes Valenzuela
y Cardoso, enviados por Quesada, quien recibió muestras
de las preciosas piedras que sólo en la NueYa Granada se crían.
De ellas hicieron los conquistadores copioso botín en los saqueos
de Bogotá y Tunja. H Era cosa de ver, dice Quesada en su Compendio
historial, cómo sacaban cargas de esmeraldas los cristianos
en las espaldas, llevando también la cristiandad á las espaldas";
palabras ingenuas que demuestran cuán olvidada tuvieron
los invasores su ponderada misión de propagar y enseñar á golpes
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de lanza la fe católica. El descubrimiento de las opulentas minas
de Muzo en la. serranía de Itoco, hizo abandonar las de Somondoco
por menos productivas, comprendiéndose en este abandono
las vetas auríferas, que deben ser muy ricas á las inmediaciones
de la quebrada de Piedramorada, si ha de juzgarse por los frecuentes
trozos de blenda-córnea, cuarzo carburado, y lo que
entre los mineros se llama piedramulata, regados en los alrededores.
Constituye el territorio de Guateque un espacio de 29 leguas
cuadradas, comprendido entre dos altos ramales de la Cordillera~
que se desarrollan sinuosamente del SSE. al NNO., dividido casi
de Occidente á Oriente por el río Somondoco, tributario del Garagoa.
Los cerros del Norte, á la banda izquierda del río, están
formados por areniscas y esquistos arcillosos, que en estas regiones
se sobreponen al lecho carbonífero: los del Sur descubren manchas
estratiformes de esquisto negro, más y más predominante en
dirección á las minas de esmeraldas, habiendo parajes en que se
ven sobre la superficie las cabezas de los bancos de carbón, aprovechado
ya en algunas herrerías de poca monta. Registrando en
r8:;¡6 los esquistos carburados con la esperanza de descubrir vetas
de esmeraldas, hallaron los exploradores varios depósitos muy pobres
de antracita, y en abundancia un mineral blanco, suave al
tacto, compacto, de fractura concoidea y cerosa, traslúcido en los
bordes, tierno y adherente á la lengua, que sumergido en el agua
de prende burbujas de aire y se vudve transparente. Analizado
produjo 0,400 de sílica, 0,350 de alúmina y 0,250 de agua; idéntica
composición i la del mineral encontrado cerca de Lieja por
M. Omalio de Halloy, llamado Halloz'st/a en honor de aquel geólogo.
Ig-nóranse las aplicacione usuales que pueda tener este raro
mineral : ¡u novedad, y el no haberse descubierto en otro paraje
sino en Lieja y Somondoco, lo hacen digno de recordación especial.
En punto de minerales. el cantón Guateque puede competir con
la provincia de V élez, tan favorecida en ese ramo por la naturaleza.
En efecto, además de las minas de oro, esmeraldas, hallozst'la,
carbón y antracita, se conocen otras de hierro, alcaparrosa, cal,
yeso, sal común, y las de cobre de Tibirita y Manta, que, según
dice Oviedo, eran copiosas y daban material para fabricar allí
mismo campanas, muchas pailas y estribos orejones. Preténdese
que hay también minas de plata, pero nada vi que lo indicara, y
el buscarlas sería perder un tiempo urgentemente reclamado por
empresas de mayor utilidad: la verdadera riqueza mineral de
Guateque reside en sus bancos de carbón y sus criaderos de hierro,
bases positivas de la industria, que no tardará mucho en manifestarse
plenamente, si es verdad que se piensa en libertarnos
de la injustificable opresión de las aduanas.
En comprobación de lo que puede la voluntad de un hombre
benéfico, mencionaré la parroquia de Guayatá, fundada en 1821
y iostenida en su visible adelanto por el Cura Dr. Pablo Agustín
Calderón, protector de la educación y las artes. Cuenta hoy el
distrito cerca de 5,300 moradores, en quienes la sana moral y el
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.amor al trabajo tienen su asiento. El lugar es limpio y alegre, y
la iglesia elegante, paramentada con lujo y adornada con bellos
altares de estuco, sin los despropósitos de bulto que solemos llamar
imágenes de santos; novedades que sorprenden agradablemente,
lo mismo que la bien ejecutada música de coro, vocal é instrumental,
desempeñada por jóvenes del pueblo. La reforma de las
costumbres y del interior de las casas nace no solamente de los
consejos del Sr. Calderón, sino del ejemplo que á todos presenta
su distinguida familia, culta y amable sin afectación, realizándose
en Guayatá lo que no puede menos de desear para nuestros pueblos
quien los recorra y penetre la bondad de Su índole, á saber ~
un Cura ilustrado, jefe de una familia modelo.
La Provincia de Tunja, situada en el centro de nuestros Andes
Septentrionales, mide 26leguas de longitud máxima NS., desde
el páramo de Chontales hasta. las orillas del Guavio, y 14 leguas
de anchura EO. desde Upía hasta el Alto de Manta. Dentro de
sus límites contiene páramos elevados, de los cuales la mayor parte
con habitantes, y el resto desiertos, planicies ni veladas por las
aguas que en tiempos remotos las cubrieron, cerros descarnados y
estériles, otros revestidos de bosques primitivos, y no pocos entapizados
corl pastos ricos y aromáticos. El área consta de 14 7 leguas
cuadradas, permaciendo toda vía So! desocupadas y apenas conocidas
en la dirección de las pocas sendas que las atraviesan, principalmente
en las soledades del cantón Miraflores : 36 dos y 247
grandes qutbradas bañan el suelo en toda dirección, y animan el
paisaje con el ruido de sus rápidas corrientes y caídas. Según el
censo oficial de 1846, había 147,268 habitantes en el territorio
que hoy tiene la Provincia : las noticias cuidadosamente recogidas
en 1850, dieron 170,738 habitante, resultando un aumento de
23,470, ó sea I por cada 6,2 en el espacio de cuatro años, lo que
es tan excesivo, que desde Juego resalta contra el censo de 46 la
tacha de deficiente, como era de esperarse por las circunstancias
desfavorables en que fue levantado, y por ser la primera tentativa
del Gobierno en este importante ramo de la estadística. Ateniéndonos
á los datos actuales, vemos que, comparado el número
de habitantes con el territorio total, están en relación de 692 por
legua cuadrada ; pero descartándonos de las 8o& baldías, tendremos
1,019 habitantes en cada legua superficial, verdadera población
específica de la Provincia, que cuenta 1 ciudad pnncipal, 5
villas y 42 pueblos, algunos de ellos bien importantes. En doce
meses, tomados entre los años de 49 y 50, hubo 6,592 nacimientos
y 2,526 fallecimientos, quedando un residuo positivo de 4,o66
inrlividuos, que corre~ponden al aumento de uno por cada 42 habitantes;
en cuya. proporción, suponiéndola sostenida, para lo cual
nada se opone, Tunja verá duplicada su población dentro de veinte
años, término sin igual en otras naciones.
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Fuente:
Biblioteca Virtual Banco de la República
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