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El Hogar Católico - N. 12

Por: | Fecha: 15/05/1908

EL HDG AR CATDLICD ·U rUSLIC .\ SAJ~ LA DIR~CCION DE LA JUNTA CENTRAL DE LA DOCTRINA CaiSTIAKA ~ ····- ---- --- ---- ------ "Nada, ni un pensamiento, para la polílz'ca. Todo, has/a el últz'mo aliento, para la Religz'ón'' ·Serie 2.• 1 Bogotá. !República. de Colombia.), :Ma.vo 15 de 190S 1 :Número 13 La s • rie <1 e 10 números de EL HOGAR CATÓLI· co vale$ 40 rape! cuando se p•g~ opo r tunamen. te· si se at rasa, S so. Nú ,,.ro >u e Jt ,, $ 5 pap el ba~ta un me• d años bastaron para cam­lJiar tota lm ente aquel la s tim oso orden de cosas. D e lo s d os g randes Ct 'll tros ele la inte lec tu a lidad ing·lesa , de Ü\:forcl y ele Cambridge, partieron Jas voces que convidaban á l :t emancipación de los católicos, voces que, p enetrando en el corazón de lo más distin gui do de la sociedad, provocaron mill a res d e con­versiones, é hi cieron que numerosas fi j os naciona- ( 1) La Renaissanceca iholique M A n. ,q la­terre au:t: XIX•. siec le, 3 vo l., París. J8g ~, ­lgo6. les al lngªr del r e roso eterno" (1). R ec iente.mente, en e mes de Febrero· último, se ha vi ~ to en aquel país, cuya invariable flt vi sa nacional ha sido la lacó nica y 'en fá Lica frase No popery, n ada d ,· pa pis mo; se ha :vi s to ahora, con m o l i ,.o d e los funera les d el Rey d e P or t u¡;al, lo que hace ochenta años n a Jic hubie ra c reído: al Soberano d e Ing later ra , a l R ey Eduardo VII, asis­ti r á !;1 ce leL r ació n de una misa so­le mn e en u na de las ig les ias católicas d e L on d r es. F nr r·ste m uv imiento de conversión .un o d e ' l o~· ~~~~ vivo• · anheJos de L eó n XIII , ex presad o e n s~s numero­s as cat·tas y encíclicas sobre .~a unidad d e la Ig les ia en genera l, y en ell peci¡1l sob r e d r egr eso de los prot~ stantes al ce ntro d e la unidad ca tó lica , como lo­a tes ti g uan su ca rta al Cardenal Ram­p oll a , de 15 de Junio d e 1 887; su car­ta á los polacos, de 19 d e Marzo de 189'1; la d e I4 de Abril d e 1895, á los in ~ l t'ses, y la admirable Encíc lica d e 26 de Juni o d e r 8gG. .. . " E l ra r iuna lis mo Jel sig lo X V III, que tan hondas raíces logró ec har en A lemani<:l, fue causa muy p r in cipa l ( 1 ) V. G~O RGES GaYA u (que tan lu mi nos os estudios ha publicado sobre el desarrollo del cato. li cis mo en Alernani~), en la. Rcvue desdeux Afonda d el I." de Octubre de 1906. V, en la mis m a re. vista, D E PRESSENSÉ:, Manniug, L es Amzlu ca. thollqua ( I8j1-1892), número del1 5de Mayo de 1896 El escritor protestante JUSTIN MAC CARTHY, hablanJ ,, d e N ewman , di ce en su obra A .f.fislory of our ou11 f1111es: " La m1s b1illante y la más pode. rosa intel igencia qu e haya tenido la Igles ia de I nglaterra, abandonó sus filas: Newman pasó á la Iglesia romana . V eintici nco años más ta rd e Dis­rae! i manifestaba que e l golpe q ue esta defección le ba bia d ado á la Igles ia anglicana era tan fu er· t e, qu~ a {m se estre mecía por sus coasecuencias" V éans ~ en la ob ra histórica citada todo e l ca p{. tul o X del tQmO primero, " movimiento re ligio. so," rela tivo a l D r. Newman, así como d capí· tu lo XX del lomo ~egundo, "la Ley sobre los IÍ t ulos cclesiásticc;>s," q ue relata la violenta é in. creítile ag·tación t:ausada en parte considerable de la prensa y del Parlamento. por la Carta pas. toral qu ~ á los ingleses dirigió el Carde nal Wi. seman, el 7 de Octubre de 1850, fechada " d esde l a puerta F lamini a d e Roma. " Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. E L H OGA R CA TOLICO ----~.:....· ,..,, ,. t, .;,)T:J a t de la ecl i pse por q ue entonces pasó la I~J es~a ca tó li_ca. en aque l país, y que esp~htu s p es tmt stas t omaron como sig­n d In eq uí voco de su d esaparición de­finiti va ( 1 ) . Mas acon tece que el natural etigen_d r o de aquella filoso fía, l a Re­volu ció n fra ncesa, que deifica la Ra­zón , p rovoca en el pue bl o a lemán viU'o­r oso i mpulso de reacción con t ra t1'na d octrina q u e á t a n d eplorables extra­víos y á t a n esp an tosos crímen es con­duce . Los ojos de los ex trav iados y aun de los So beranos protes t a ntes se vut'lven á Rom a, al Pontífice, q u e re­present a el principio de autoridad con­th la in cr e dulida d filosófica , y que es el depositario y el ~uardián fi e l d e l as enseñanzas evangélicas, s a l va doras de los indi viduos y de los imperios . De aquí e l que la Iglesia, que se h a lda vist o d esrojada allí de sus de­r ec hos y d e sus libe rtades más necesa­rias ; q 11 e h a~da vis t o cerrar sus con­ve ntos y confi sc::1r s us hien es; a rrojada d e las escuela s , d l as U ni vers id ades y d el ej é r c it o, y ent ra b a d o el ej e r cic i o d el c ult_o r o r el Estado qu e, s o pre texto d e r e pnm 11· a bu sos, pre tendí a aca ba r con l a p o m pa de las cerem onias, r es­tring- ir el n úm er o de fog días de fi es ta . . ' proh1b1 r las pr oc~s iones y !as p r r egri - n acio n es y a un int roducir re form as e n l a liturgia; la I ~l es i a, r egocijada, ve efec tu arse en A lemania, durante el s ig lo X I X, u n mov i miento no só lo d e emanci pació n, sino d el m ás pode ­ro s o _desa rr ~ ll o del c~ t ~ li cismo, que a d qUi ere a l11 u n prest ig iO y una i n ­flu en c ia t a n grandes que, a l fin de la ce nturia, ll ega á ser árbi t ro en lt 1s des­tin os p olíticos d el I m perio ! S i el r acio­nalis mo cu l min a e n los d el i rios de la -Revo lu ció n , el catolicismo , con l a es­piritu a li dad de sus ooctri nas, se atrae la int e ligencia de los sabi os, in fl ama los co ra zo n es y r.n tu siasma la imagi- ( 1) HENRI L ICHTENDEnGEn, Ma itre de con­fér ences a la So rbonne, L' A l!emnqne moder­n. e. ~ll ev 'J lution , París, 1907, pág. '07 y lnguten te s nación de los artis tas. Como en lo­glate rra, las con ver sio nes < 'com re1l~a eri la pl éya de m ás brill a nte •d e la arÜJ.. locra ci a _ in~ e l ec tu a l de A lerrlahi a ;'Iffil' co n ":e nc1m ten 1 o y po r pe r su a~i ó 11,l \re ve n w g resar a l se no de la l ulesia Ms­toriadb res J críti cos como ~ S c hl eg&l, filó sofos co m o Mo ll er , y una i n fini d~ d d e hombres de cie nci¡¡, eco n omis ta-, e? critores, ho mbres de Estad o, pu'b1i­c ts tas y n u pocos príncipes. D e la s ·M­las clases este m ovi m iento de co n v~ sión des ciende á l as c lases po pulalfet, que encuen t r an cond u c l ores p olífié'os ta n hábiles com o vV idthorst, fil óSofos c o mo Wllm a nn é historiadores cdfho J an ss en y P as tor. En la A l~! m an i a lte Bismarck y d el Kulturkampf, e n eJ. pafs en d onde la c iencia con t emporánea"ha hech o más g randes prog rf'sos, e n l a p&­d erosa Al em a nia d e los a lbores d e l s i8Jo XX, e l cato licismo, con todo el co r ÜI­j o· de s us órden es r eli g iosas-l os tt• suít as á la ca beza ,-el cat olic is m o g¡... g a á s u apogeo, en acció n ta n vig o¡Je­sa, ~va sall ad_o ra é irres is ti ble, qla explica la aclttud d efe r e nte d e Gui ll e,._ mo II, qu ien , e n tres oc a siones, aba'a­dona s u c i udarl i mperia l p ar a ir á r e'll- . dir homen aje a l prisio n ero del V a ú­cano, el Pontífice de l a Ciuda d E terda. * * Si el renacimien to d el ca to licismo en I nglaterra y en A lema nia ha sido ex­trao r dinario . mayor aún h an sido la d ifusión de é l y su desarroll o en los E st ados Unidos. Hace poco más de u11 sig l o que en est e ú ltimo país, en una población de 3.ooo,ooo de h abitantes no existían . ino 30 ó 4o,ooo católicos~ hoy, entre 8o.ooo,ooo, hay más de 1 2.ooo,ooo de ca tó licos, ó sea casi Ja séptima parte de la población; cuando en 1789 no había allí sino un Obispa­do, hoy existen g4 ; los sacerdotes son m.ás d e8,ooo acJualmente, y en aquelfa época no pasaban de 30; á las diez ig le­sias d e entonces, han r eem pl azado l a• 6,ooo que ahora se levanta n en todo e l territorio ; N u e va York es hoy, d~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. IS'"o EL HOGAR CATOLICO ---- ------------------------------------ pués de Parls y de Viena, la ciudad católica más grande del mundo, y en Washington existe una de las ml'jor ar~anizadas y más concurridas U ni­tersidades ca tól i ~ as del orbe. Este contraste de que, á tiempo que Qe declara guerra á muerte al catoli­cismo en el país que, durante muchos &iglos, se ha señalado con el distinti­~ o de muy cristt"ano, sea en los pue- - blns prokstantes donde la religión ca­tólica encuentra la renovación de su fuerza y su poderoso desarrollo; esto, repetimos, es acontecimiento que el primero de los críticos contemporá­neos {1) ha ll amado providencial. Como él mismo observa , "á esta doctrina, d e la cual se d ecía que en­trababa la lib ertad de esp íritu, le ha bastado para resp onder victorio- 6lamente á t a l acu sa::: ió n la mi"ma libertad de que s us tu lores-' los príncipes de los hombres' y 'l os pa s­tores de los ptr m a el progreso de los puebl os de r a za sajona, con el cual se ha de - arrollado en ell os paralelamente el de la doctrina católica . Y es g ran fo rtuna el que, ya qu e en e l orde n internacional, la p o lítica d e expansión y del imperiali::;mo n o r­teamericano asp ir a a l predominio en casi t odo e l mundo, sea allí, en el centro mismo d e l co loso, en donde el catolicismo haga s us más preciosas y fecundas co nquis tas. ANTONro J osÉ URmE B ogo tá, Mayo de 1908. - x- 1'--.L BU EN PASTOR Ve•1ile ad me ¿Qué importa que la o veja co ngoj ada En noche y soledad vague perd1da ? Tu amante corazón sus p•sos c u i.J a Y por t i, Buen P ast or, s er á salvad::.. Oigo tu voz que e l ánim a cansada Con al i\•i o dulcísimo convid a: Y o ~é qu e eres la fuente de la vida Que á l a infa nc i a n os vuel .r e inm acu lada. Tú permi·es que humilde p e re~1· in o Que tu n om b re invocó, de an gustia ll e n o, Al caer en e l áspero c ·tmino, Recobr e, al des perta r, ca ndor sereno Purificado por tu am or di vino. Y en paz descanse en tu adorabl e seno. 1\hGUEL ANTONIO CAnO LA SECTA M~SON -IGA Y EL EJERCITO Con mucho gusto publicamos las si­guientes inte resantes comunicaciones, y no pode mo s menos que aplaudir h va. liente y cri~ tia na a ctitud del Sr. Min istro de Guerra, lo mi smo que la sesuda y pr•­d e nte preve n ción d e l di st inguido J efe de la guarni ción de Cartage na, en relaci6n con la s ecta mas óni ca que tántos estragos ha causado y e s tá ca usando en el mundo. República de Golombia-Minislerio de Ga!l - rra-Secc •ón _- -Núm ero oo-Bogot4, Mayo 4 de 1908 S. E Francisco R .• gones i, Arzobispo de llfirn, De regtlito A po•tóllCo y Envindo Extraordinario d e la t;anta Sir­de- E. S. P. Es p a r a mi h on roso á la vez que s atislaé! o~io pone r en co no : imien to de S. E la disposici6n .. dictada el d•a 30 del mes próxi mo pasado en la O rde n g eneral del ~j é r ci to, que en c opia acoaa.. paño á la pr es eute. por medio d e la cu a l se pr8>­vien e á todos los G ene ra les , J e f es y Oficiales en •ervicio ac •i vo, qu e se abskngan de ingresa r :í Logias m a s ~ n i cas ó á c ua lquiera otra sociedad sec r e ta. Al dictar esta m edi la no sólo be c:eído inteJ,. p rPta r los se • timientos d : l G obierno y de la tO­talid l d' del Ejército, sino que me he guiado p or los m ·os pro pios corno !Jij sumiso de l a Iglesia Católi ca, a la cual me gluno en pertenecer Renuevo á S. E las exp resiones de mi distin­gu id a consiuera'ción, y me es gratJ suscribirme su respe tuoso y obs r.cue nte sen·id o r, V . ÜALDER&N R. Otro oficio id éntico, r.úme r o 89, se diri ~ió al Ilmo. y lüdmo. Sr Arz bi,po Primado de Co­lo mbia, con f echa 1. 0 el e! presente mes . CONTESTA CIONES Delegación Apr¡s 'ólica en r:úlomhia- Ná­mer . 92 2-Bogolá, Mayo 5 de 1908 Sr. M inistr o: Hónrome en acus~ r r cci bo de la at enta n ota de fech1 4 de los co rrie ntes , en la que. V. E, ~G­cluy éndom e copia de la O ·d en. respec tiVa, se str­ve comunicarme la tinlst<'o de (}u en-a ~ E . B. D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. •. 1 • 11 ' . EL- HOGAR ·cATOLICO •• t lf ' Arij·aidiócesi-B< de Bogotá -Gobierw. Ecle · "it;ís tico-Número 35- Bogotá . 5 de Ma­yo de 1908 A t.!k Alinistro de Guerra Cón la atent.t notad · u;ted. c ~ ch i J « "yt r, he lehtdo el gusto de recibir c:> pi a de l a OrJen ge. ne¡al del E jérc ito, po r la cual se--previ e ne á todos los m ilitares en servicio a ctivo qu " s ~ abst•' nga n 4:e" tngresar en l a s s c cied.1d es m :J.só n icas u o tras anáh>g.\s. l>ignas son d e todo c :o gio las di posiciones ccinfenidas en aq uel doc umento, pues no e s r azón que f or me n parte del E jé rcito d ., un p a ís cuya C onstitución recon oce y ac a t:.t l a R eligión Cat •· . tic•, quien es p crtenezc tn á as ·>c ia ci o nes t1 nt-as ve:ces reprobad as por la Slnt a Sed e, y d enunc ia. das' t ' .'m o p'e rni ci<); as al bi en de la Iglesi a y á l a tra.nq'ui lid 'i!d d e lo' Estados. ~"Considero, pues , de g ran t rascendenci a la • me. di'ail: &do ptada p or e l G obie rn<>, y por ~ ~~ ~ l e frll>uto las merecidas a la ba nz1s. Dio¡ guarde á usted t BRRNARDO, Arzo>Jispo de Bogot~ ARTICULO 84 , ' ()!!:LA ORDEN GENERAL DF. L EJKR C!T01 CORRESPONDIE:-1 U: AL JUEVRS 30 OK ABRlL } , Dl!. 1908 Artículo .. . El Mi niste rio de Guerra ha impartido su completa a ~>r o bación á la prevención hecha por el Sr. General jefe Militar de Cartagena, á los J e fes y Ofi cial es d e aquella gua rn ició n, p a ra q ue se abstengan d e pe rtenecer á L ogias masónicas ó á S ociedades se c retas de cualqu ier naturaleza qu e st a n ; e n comia e1 buen celo que el c itado Sr. G e neral J efe Militar ha pu e ~to de manifi esto con esta provide ncia y e stando de acue rdo con las razones en que e lla s e fun da, la h ace f' xt e n ~ i va á todos los S re s. Genera­les. J efes y O fi ci a le s e n servicio active> , y, con t '\ l obje to lct pu n e e n conocimiento de ellos: O'RDEN GEN ~ RA C DE L A JI!F ATU RA ~ULJT¡\R P AR .\ HOY SÁB!DO 7 DE. M I RZO DE l 908, E.'< CARTAGENA Artfculo 536. Tod o mi li tar a l to mar posesión, jura sostener y d e fr nd ·- r la Q>ns titución y L e y es de la Repúbl ica, y defender al Gobierno con!>tituíd o. El artículo 38 Je la Constitw· ión dice: ~} La Religión Católi ca Ap o~tó l ica Ro ­ma- na e~ la ,de la Nación: Los Poderes públicos la proteg-erán y harán que sea res pe tada, como esencial elemento de orden social. " .1111 No ¡,e expli ca, pues, que un militar f ueda d e fend er e~ a Religiór¡ haGienio ~arte de Sociedaqes prohibidas por esa Rt ligién que está obligado á pro t eger . El militar n o debe tener más compromi­s :>s que con e l G ,bierno á quien ha jura­do sosten er, y mal púede hace r es to per­tenecie nd o á Sociedades secretas cuyos elementos pu eden obl iga rlo, en un mo­mento dado á fa ltar :i su consig na . Po..­las ra zo ne s exp uestas e l enca rgado de la peque ña parte de l Ejérc ito acantonado en esta plaza, previene á los Sres. J efes y Ofi·: ia les, que d e be n abste nerse de per· tenecer á Sociedades secretas, hasta tan­to e l Minist e rio de Guerra resue lva si es inco m patible el ser miembro de una So­ciedad secreta y perten e cer a l Ejército. Copia d e este art!culo 5e remitirá al Sr, Ministro de Guerra, por cvndu cto del Es­tado Mayor General, para su sanción. El General J efe, , ANT N!O ARA&J•J L Es copia del L. R. El T e ni ente Adjunto, Rafael Núliez C." El Ministro, V. CALD.IlRÓN R. -x- A :MARIA · · ················-·-···¡María, Am or de mi n ' ñez, luz de m is rj os, Un ica madre mía, Perrníte que á tus plantas hoy, de hinojos, Rnrn¡·a el :mwr filial, s i tanto alcanza, El sil ocio á mi voz en tu alabanza 1 Yo creo en ti, y sé que ante e l fulgente Tron o Jo e - t ~ s, es píritus alados P»stra n la ium o rt~l frente; Y que á velar tu ¡doria, menea los Lo s á ureos i IICCosarios por qu erube s, Vu ela el in cien so cel es ti al en u u bes; Qu e de éx tasis d i vin os poseíd os, Los que la lumbre ven de tu hermosura Anhel11n roá s se ntid os Para goz;or lo bello. Eres tan pura Que el puro s.JI y citndid as estrell as Indi g nos son de re~ibir tus huellas . Sé que tú eres P. l iris qu e se os tenta Deteniend o al nublado en que se infla ma E 1 rayo y la tormenta ; Que ere s lu c ro y sol y mar y lla ma, l.i •·io y ros·• del va ll e, y que los hombres De ~uanto hermoso ven te da¡¡. los nombre:~ ; Que á ti JIP.gan con sú plica y lamento Los riol ores huma nos, y el profundo Gemido y e l tormento· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO De a lm~s que esconden s u dolor .. J mu~do, Y que tienes de madre, entre mil doa!'s. De madre a mor, de madre los perd c>ne•. · S~ .• . nada ~é , Señot·a. 1 Q11iéo supiera Decir l o que eres tú ! Corrcdme el ve lo D~ l a ce leste esfera · Dádmela ver corno ~e ve ea el Cielo Y e nt o~ces ¡necio yo!¿ q11 é ho obr~ podria Balbucir tus grandezas, oh Maria? 1 Ah 1 ¿Qué podré o fr endar·! e'! Llevadme a la florííera colina Donde en lazá is en ramos Vario davel con r os~ purpurir, a, Niños, va­[ mo, D;:~ para el ara vuestra mano arrant:a E l liriO a zul y la azucena blHn ca. En armónica voz y alleroa en coro Con ruido de :~guas, y de brisns y aves, So ltad Jos labios de oro; G uirn:J l!as r ete¡ed, y lli'Omas suaves De in ocenci a infundtdles, que yo pio Lágrim ns pondré e n ell as p or rocio. BE LISA 1\10 Pi:ÑA -x- La ob r a de Don Hosco (D iscurso leido m la velt!da Jtl Salón de Grados} No es esta la vez primera e n que me toca hab:ar en e l0 g io d e la obra sale. siana; y quizá d eb1e ra cal la r si no con­sid e rara un deber el unir en toda oca· sión mi humilde voz d e aplauso al coro q ue proclama las excelencias de la crea . ción de Don B vsco. Y m enos que en nin­guna otra circ un stancia podría ca ll ar hoy cuando cel e bramos e l primer paso oue da la humilde figura d e l egr<'gio ·fun.dador p ara asce nd er, por man ~ de la lzlesia, al altar e n que e l munrlo c" trSii ' " v e nera á los santos. Grande e s el r gocijo que llena e l corazón de los hij os de D vn B os­co esparcidos e n todas las latitudes del g lobo, y ese júbilo no puede menos de repercutir e n e l corazó n de la R e públi­ca d » Co lombia, d onde lo 5 salesianos son 1 • ' c e t1 empo atrás, hu éspedes cariñusus, tan útiles como r e;pet ados y queridos porto­da<; las clases de la socit: da i, desde las más encumb·ad \S h 3.s ta las má ~ m odestas. Es Dun Bosco un a de la s figuras m ás originaJe, que of rec ió lo Ig les ia dur'lnte e l siglo XIX, siglo que h a sido llamado del p u~ itivi s m o, d e l agio, de las máqui­nas, pero que también fue un siglo d e grandes iniciati va s espiritu a l e~, de idea­lismo y de p rie~! :J. Si ""''!. r.•· ntu r ia por. t e ntosá no intentó restaurar e l ésp(ritt¡ de las Cruzad'ls, extinguido desde la. Edad Media, sí log ró hacer efectivos en la constitución de las sociedades moder ... nas, e n las leyes y en las costumbres cierto~ principios cristianos, de in mens~ ~fica c1a , como e l de la fraternidad é 1guald~d e ntre los hombres, que rompió para Siempre las cadenas de la esclavi. tud e n e l .mu ndo ci vilizado. Si e l siglo XI?<-~ exammado de cerca, tie n e tachas re1Jg10sas y moral es que lo afean cuan· do_~e le ju.zg ue en conju nto · y co; la se • remdad é mdep end encia que da la leja­nía, aparecerá grand e en la hi ; tona de la Iglesia, por haber dado P a pas como Pío IX y L eón X III ; apologistas como Bal· mes, Lacordaire y Newman ; poetas co. mo Manzoni y apóstoles como Jua n Bos. co; por habe r te nido héroes y m ártires como ~n Jos ti e mpos caballerescos y ha. ber ab1erto al catolicismo campos inmen. sos d e acción, ya en_regiones b árbaras y desoladas como las d e l _Africa austral v la Pa~ag o nia, y a en país.es civilizados y flo reCi entes, donde hace c1en años los ca. tó licos eran insignificante minoría y hoy son legiórt formidable, como acontece en la gran Repúb lica norte ame ri cana. Cam. bia n la s formas pero e l fondo subsiste, y es raro espectác ulo ver cómo en la épo­ca d e l.:t filosofía positiva, e l m undo se conmovió á la voz lanzada desde Lo u r. d es por una pobre pastorcilla. Si los his­toriadores católicos, enamorados ce lo pasado, r el atan con júbilo cómo la sober­bia de l Emperador de Alemania, Enri. que IV, se humilló ante la firmeza de Gregario VII en el castillo de Canossa los futuros hi,tot iadores, ponderando 1~ fuerza moral del" Pontifi caclo en el sigl o XIX recordarán có mo el Hombre de hie· rro que se llam ó Bi s marck, más poderoso que los Césares g e rm a n o s de la Edad Me· día. inclinó la cerviz ante el inerme León XIII y se sometió á su arbitraje , indi can. do á los pue blos c r isti a nos e l camino de reso lve r pac!fica m c nte sus dif crencias1 m <>dia nt e la inte rvf'nción del P ontifi cado como supremo árbitro d e paz. La vida de Don Bosco ti ene rasgos dig-nos d e las leyendas áureas de la Edad M edia y que son fuent e de e moción pro­funda y de edificación espiritual para los fieles . Pero aun p rescindiendo de aqu e- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I84 EL HUllA!-\ C.\'1 ULICO llos incidentes en que se ve la huella de lo maravilloso, y mirando esa v,da por su aspecto puramente humano, cuán ad­mirable espectáculo nos o frece ese hom­bre del pueblo, nacido de padres pobres en una mínima alde a , y qu e con e l s0lo prestigio de sus virtude s y el atractivo que emanaba de su persona, llegó á su­bir al coro de los grandes fundador e s y exte ndió en pocos años su acción b e n é fi ca por todos los confines del plane ta ! A l­guna virtud mara vil losa e xiHía e n aque­lla alma, pues sólo así se e xplica la rea­lización de tan grande obra con tan e s­casos medios t e mpora! Ps. Di e ho sos los que han logrado ace r ca r se á e stos seres de e xc e pción y han rec ibido su influ e n­cia, no po r la r e lac i ón q ue se tran ~ mit e en la s p áginas d e un libro, sino dire cta­mente , o y e ndo el timl.Jr e de su voz, ~in­ti endo la impre sió n de s.u s miradas, g o ­zando e l su a ve contacto d e s us manos! Ell os sí pu eden apreciar de bidamente cu ánta virtud cre a dora, q •Jé p o d e r d e conqui sta puso Dios e n e l a lm a de esos seres e leg idos, q ue vi e ne n al mundo para ser mi ni5t r os de su vo l un ta d y h e r a ldo s de su O mnipotencia ! Si d e los antiguos soli ta ri c s d e l d e~ i e rto s e cu e nta qu e ama n saban las fi e ra >, ' ! as ( ve mos á lo s pie s d e la ima ge n de 'a lgu nos d e e ll os , el leó n d e l Atlas con ve rtid o e n can hu ­mi ld e y d o mésti co, D o n B usco logr ó do . m e ña r e l á nim o re b e l -J ede los niñ os que yacía n e n una pri s ión de T urí n c omo ¡.¡re­matur os cl ie n tes d e l v.i cio. Por la inter­venc ión d e l sa nto sa cerdute las pu e rtas d e la c árce l s e a br ier on un día; y tre s­ci e ntos r e clu so s salie ro n, co mo pá j ;vos que se escapan d e su ca ut i ve ri o, á resp i­rar el a ire p uro , á c on tem pl a r la lu z b e n­dita, á g oz a r d e u na a par ie ncia d e libe r­tad, conducid os por Do n Bosco, s o lo, sin esco lta, sin m :i s arm as q ue el p od e r de su voz y e l i nflujo d e su pe r5o na . Cre ia él qu e esos niños, po r su mi >ma co nd i­ción desg r a c ia da , eran me rece d o r e s de gozar de un jiró n d e ci e lo azul, d e un hálito de aire puro, d e disfrutar d e unos momentos de expansión, que le s recor­daran su carácter de hijos de Dios, y con fi aba en la eficacia educadora de to­d~ acto qu e les recordase su dignidad de m1embros de una sociedad civilizarla y culta. Después de un día de regocijo campestre, regresó Don Bosco con su te­mibl e rebaño, (Jero no inquieto y dís colo, sino agradecido y sumiso, sin que ni uno s o lo de los pri~ioneros faltase á la pala­bra que había dado al sacerdote de vol­ve r á la cárcel: hecho que llenó de asom­bro al Minbtro Rattazzi, quien no sin te­mor ha bía consentido en que se efectua. se tan e xtraña prueba, y c¡ue acreció la admiración de la ciudad de Turín por aque l apóstol, que co n una sonrisa domi ­naba los más fi , ros instintos de la natu­rah ·za perve rtida. De dicó D o n Bosco Jos dones admira­bl es que había recilJido de Dios, al se r­v i é· io d e la clase obrera, cuyo me jora· mi e nto espiritual y progreso materia! c{ nsi d e ra ha como una de las más urgen­tes n e ce ~i d ades de la épor:a mod e rna . No se o c ultó á 5US ojos la magnitud d < 1 pro­bl e m a obrero, que preocupó á los más in sig nes w ció logos del siglo pa ~ ado y m e r eció los d e sv e los d e L eón XIII, qui e n le c0 nsa gró una de sus má s pr u f undas E ncí c l: cas. El pu e blo! palabra i'l sign i­fi anle e n e sos siglos en que e l señor fc: url a l conte mplaba se guro d esd e la s al­mena s de . s u ca ~ ti l lo la grey humillada de los ~ i e rvos de la glc ba; y que h oy ti e ne te m e rosa r e so n a nc ia y turba el su eño d e los r eyes , mal seguros so bre sus mina­d os t ro nos. ¿Cómo cerrar los ojos ante u n f enó m eno S"c ial tan e vid ente co mo lo. lo es la inv as ión d e la ola d e mocrá tica y la SU l.Jve r~i ó n d e las antiguas Cél t egorÍaS, h a~ta el punto de qu e el humilde e tado ll a n o amenaza e clip sar con su importan­ci a 1as prerrc gativas de la realeza secu­lar'? L os poiL1 cos de la escue la mate ria­li >ta h a n qu e rido r e solve r el pro bl e ma hala g-ando los instintu'i de la bes· ia h 'l ­m a na y e mbt iagá ndola co n la p e rspect i­va de la ¡; o s esi ón d e todos los go ces ma­t e ri a les, para lograr de este modo una treg ua a l ¡ eligro qu e Jos amenaza; pero cun e ~t e p roce de r sólo se cnmigue enar­d ecer la s a n g r e de la fiera y hacer más fu e rtes su; músculo s, para que con ímpe­tu más destructor y golpe más cene ro-, se lance luégo sob. e su presa. La I·,ele­!> ia, d e mocrática por su esencia, ha inter­venido en el confli c to, para recordar at pueblo los preceptos del Decálogo, pero también para hacer justicia á sus legíti­ma... §. reivindicaciones y lanzar una fórmu. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CA TOLICU la de paz á la arena en que se debaten los intereses de patrones y obreros. Don Bosco dedicó sus energías á educar á las clases populares dentro de la atmósfera del Evangelio y á poner á su alcance los múltiples ade la'l tos de las artes y la in­dustria. De ese pensamie nto nacieron los talleres salesianos, que se han extendido por todo el mundo y que aquí mismo de­jan sentir su benéfica a cción ci vil izadora. Cuando el espíritu se siente cansado por el roce con los otros hombres y a nhela un rato de agradable re poso y de espar ­cimiento consolador, fác ilmente lo ha­llaremos transportá ndonos al interior de la colmena salesiana donde, ba jo la ad­vocación de María Auxiliadora, los ni ños se adiestran para las luchas de la vida . Allí r esuenan las voces infa nti les que al compás del órgano Gelebran las alaban. zas de la Madre de Dios, mientras en los tall eres se oye el ruido metá lico de la forja y la potente rotación de las pren­sas. Y si el humo acre de los hornos nos fastidi a, podemos respirar ambiente más puro en los huertos cultivad ,,s, donde se aprende prácticamente el arte del hor­telano, que sabe convertir en jardín lo que antes era manchón de tierra inútil y despreciable, y donde el cobertizo abriga la máquina de incubación que presta calor maternal á ingente número de polluelos. Allí en la intimidad de la naturaleza el alma se habitúa á la me­ditación y a sciende á Dios fác ilmente como !.e difunr\e por la a tmósfera el aro­ma de las flores del campo. La · cong rega ción salesiana lleva á don­dequiera que va un hálito de la bella Italia, de esa tierra pri vilegiada, que es la madre espiritual de todos los que vi­ven dentro de la civilización cristiana. El que pi sa á I ta lia siente una emoción extraña, que no se experimenta en nin­guna otra región del mundo: el corazón se ensancha, la mente se eleva, y los in­tereses ínfimos ceden el paso á las pre­ocupaciones ideal es,~ la emoción religio­sa, á la pa sión del arte y de la belleza. El aspecto fbico del suelo, con la sua ve y clásica armonía del mundo. ¿Quién, en horas de nostalg-ia espi ritual, no ha volado alguna vez, en a 'as del deseo, en l;usca de esa tierra milagrosa? Q~ién no ha tenido en sus, labios la patética frase que Virgilio pone· en boca de Eneas: I lalz'am qucero pa­ln'am? Pero no es solamente en su calidad de· educadores como los salesianos se han conquistado toda nuestra g ratitud : tie­nen otro méíi to quizá más a lto. Ed uca r­á la niñez es tarea du ra, pero que tiene· también su faz atractiva: el niño llev& consigo la esperanza; en sus miradas · hay refl :: jos de aurora. Los salesianos, con caridad incomparable, han dedica­do igua lmente sus desvelos á los más d esg ~aciados de nuest ros hermanos, á. los que no tienen ya nada que esperar· en el mundo, ~ino la l!egada del momen­to final~ que les anuncie el té rmino de su. lento martirio. Y han :lado un ejemplo. tan gra nde con esta cruzada de heroís-. mo, que los nombres de los apóstoles de los Jerrosos están inscritus en el libro de oro de Colombia, mientras se inscri­ben en el li bro de la vida eterna. ¿Qué mejor ho m ~naj e se puede tributar al F undador, que recordar las calladas ha-. zañas de sus hijos ? Él sonreirá desde el cielo, con la pl ácida y dulce sonrisa de los bienaventurados, esa ,que baja á las almas como rocío resta urador y hace renacer la esperanza en el corazón de los pueblos. ANTONIO Gó ~n;z RKSTRB.PO. -x- Pon·lrán en EL sus ojos ENT R.lt SO~~Bf(.~ S \ II Alguif.n llegaba. Gamaliel se puso de. pie é hizo un esfuerzo para dominar la. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ÉL HbGAR CA +rOLICO emoción que e m barga L1'1. todo su sér. Como lo habían drecidó José de Ari. mat_hea y Nicode mus , ambos amigos y partentes de l mae s tro, ve nfan sigui e n lo el camino q ue co nduc ía á la azotea En ­traron pá li d o ~ y abatid o s y co n las ve s tidu ~as im (J r eg na rlas d e un fu e rte ol o r á mirra. Salu rl aron á Gam a li e l con af ec ­t uosa ven e rac ión, y s e senta ro n ~il e ncio ­samente á ~ u lado, como en aqu e llos d í ~s que sigue n á la mu e rte de un hij o úmc.o . A _s u re dedor todo d ormía, b a j o el c1 e lo s m e s trel la s en me di o de ese ~¡ · lencio, que el vi en to d e l d esie rto inte rrum p ía con su corte jo d e geu .id o s. 'fardaban e n acud ir las ¡.>a labras á e sos labios one ntales, y parec ía que las te . nían ocu ltas en medio d e sagrados re · cuerdos. Su dol or no se manifestaba vehe m ente , como llu\•ia en día de tor· tne~ t ,. ; pero el cora zón r e pleto de amar . gura, se desbordaba gota á gota, como en tiempo de invi e rno se escapa el agua de las escasas cisternas en l. a inmensi­dad d e l d e~ie rt o . -Cu 1 , ' me hau eis, no me h abléis má s de esas t orturas ! T al ag itación se traslucía en ese g ra · ve sem blante , que Nicode mu s d e j ó co r r er las lág rimas, q u e e n va n o tr a ta ba de c o nte n e r -No h? blaré de su s• 1p li cio, r epuso, , aunque no sotro s haya mos podido conta r la s l lagas y cont1J!. Í0nes d e s u c ue rpo ; s in embargo, q ué cúmulo de singul a re s reflexiones no h an acu ·li ri o á m i me nte co n temp lándolas. -Lo vi sufrir y escu , h é 'S U S r,al abras; S US mayo r es pade c rmi e n tos no d tbie ro n s e r los d e su cue rpo .. . -¿ Cómo co nse gui s te ace r carte á EL? le inte ~ r um p ió d e nuevo el maestro. ¿ Le d efe nd iste de los sace rdote !>? ¿ Le in­ ·¡ulta r on e n e l sepulcro como en la cruz? -Pres en tém e á Pil a t o s, dijo Jos é , ~ uando su pe por e l rumor púb' ico que Jesús h a_bía muerto, le pedí su cuerpo, y me lo concedió . A.:ompa·ñado de Ni. c o d t: mus, h e ido á sepultarle, - ¿ De veras? pre gunt ó Gama l iel con inc re dulidad. ¡, Vari 1S te de modo .d e p t n sar des de aque ll os días en que tú Ni code ml.!S, iba s du ra nt e la noche á con~ sulta r al jo ve n M 1e stro? E1ton ces te· mías c o rr. p ro me t e r te ; ¿ acas o ese temo r d esapa r e cí :) ante la ignominia de s u muert e ? -¡A y! exclamó Nicodemus, cómo q ui. si era borrar e sos r e cuerdos} T e ngo pr e ­sentes todos los d e talles que precedie ­ron ery esos d{ ,, s al pa so que di : había lu cha dentro de mí mismo, dudaba, no me sentía como antes. Una noche fui e n secreto a verle, porque sobre todo no quería que ninguno de Jos nuéstros lo supiera 1 Soplaba el viento como es­ta misma noche por las ango~tas calles pero el cielo estaba cubierto de estre~ llas, y Jesú; comparaba estas co, as al E spíri¡ u invisible , cuya voz olmos sin saber de dónde procede. Yo le dije: " Sé que eres un mae stro enviado de Di os ... " Sabíalo ... Y si n · embargo no le of recí m á s que esa fe vergonzante e s'l_confesión á e scondidas. Pero EL n~ las rec h a. zó . ¿Qué re p ren s i .'í n no m ere · da , d e spu és d e e scucha r lo yo solo, tr é­mu lo y e rfardeciJo al solo soni do de su voz? ¿ QJé orgu ll o e l nu é stro, qué ma. ligna ve r g ü eu z a la qu e s e a podera de no s c·t ro s, y e s e mismo df a m e imp1dió ar r oJar me á sus pie s y decir le : ' ' Ayu­d ad me. Creo , p e ro mi f ~ e s cobarde ' corn o lo wy yo m is mu l '' :t\o ::.é po r q ué r a zó n no o b ré de es ta sue r te ; p e ro su m uerte h a desper tado los sen timie ntos qu e s e m a nt enía n adorm e ci do ; cuando vivía. L o h e confesado de la nte de l go. bern a d o r, para r a tifi c a r mi cor ofe; ión. n oc tu rn a . Nosotros lo d e s : la vam o s de la c r uz y lo sefj ulta mcs .. Pe ro no me h e pe r .lonado a ú u mi c obardía . -Yo nu nc a le dirigí pre gunta algu. na, obse rvó Garnalie l que le escuchaba con i nquie ta ate nción . Lo que hice por su bien fue prevenirlo y procurar arran. cario de manos de sus enemigos. Si yo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR cÁ ToL'ico ih fJ,biere creído, ¿ quié~ me habría impe­dido decir : " Creo ?" -¿Acaso no surge la fe de la duda y la turbación? ¿ Podrfas decir con igual certidumbre : No creo? repuso José acon · gojado. " Hábla, maes tro, nuestras in te ligencias al lado de la tuya, son inte · lige ncias de niño." Gama liel se 'luedó callado y pensati­vo durante algu nos momento s, como es. cud riñando el \nterio1· de su alma a nte esos testigos f!Uerid os de su vida. El te­mido momento se acercaba, había lle­gado ; su in teligencia iba á arra strar en pos de sí la de ellos. Este hom:. re, todo rectitud, pesó la respons ·. bi!i .iad que se acarreaba, pero no la re chazó v. dijo lo que sent!a, como lo. hub iera di · .cho al franquear el umbral del sepulcro. -Nunca como .hoy he experimenta 'te e l recue rdo org ulloso de las preocu pa ciones de toda su vida, ahora veía por vez primera respl ande cer la luz de Dio!> sobre ese rostro jo ven . -Yo decía , os decía á vosotros en­tonces . ' Si él es Cri>to, el E te rno le salvará. Hablaba, pues, como un impío, porque nadie sabe lo que hará el Eter · n.~· ~~ Q~ién ha sondeado acaso sus de 51~010$? Después de un momento de silencio prosiguió: -Siéntome arrastrado por contradic· torios pensamien ~ os, como una harca sin más'til ni timón en dla de tempestad ; nosotros creemos que él era amigo de Dios ; confesamc>s q•Je era un profeta.,, Pero ¿cómo atrevernos á decir : " Es el Cri sto? ... " EL nada ha fundado y ha sido ajusticiado como un criminal. Sus dt scípulos se han dispersado, y su obra parece muerta. Para convencernos, pata probar que era el Mesías, más g rande que E llas y Moisés-Etoim, el Hijo esperado de Jehovah !-se necesi• taba algo más que sus milagros. Los p ro f e ta~ resuci taron muertos, y el tem. blor de tierra, las inexplicables tinie. bias, aun el velo del templo resgado por mano invisible, no son pruebas suficien. tes , porque esas verdades son dif1ciles de entender, y hay muchos que nada sa ben del Mesías, ni si habrá de venir algún día. Alma de judío 1 Alma de griego '! Saulo de Tarso, disc:pulo de Gamaliel, conocía las dos corrientes del espíritu de su maestro, cuando escribía que Cristo y su cruz eran un escánd alo para loi jud íos, una locura para los g enti les. Com. pre nd ía también él la nec:!sidad de irre­futables pruebas para ~ sos es pf rit 'iS re. fin ados é inquietos, cuando no temía es. cribir : Si Cristo >zo ha resucitado, es v.ma 11ueslra f e. Contin uaba silba ndo el viento en las ango~tas ca lle s. Pasa ba el Espíritu del Señor, ese Esplr.itu que no se sabe de dónde viene ni á dónde va. Gama liel agregó : -¡Qué poderosa inte lig encia" la suya ! ¡ EL era un milagro viviente 1 ¿Sabéis qué milagro me parecía supe r ior á tod as las cu ra cion es que ope raba? H a>ta cuando le vi p0r vez primera, todas las cosas me parecían vanidad, artificio, miseri a ; nue stras ociosas di o;cusiones sobre la ver. dad, juego de niños que tiran piedras á la luna . ¿Puede úno a.caso llevar dentro de sí mismo durante su vida un sér ador. mecido? Tál me su redía á mí, y EL des­pertó en mi alma el anhelo de otras ver• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 188 EL HOGAR CA TOLICO dades. ¿De qu é manera esa J!:npiJa mi. rada pulveriz a ba todos las f ;rmulas, se anticipaba á todas las argume ntacio nes, se apoderaba de los corawnes des de las mismas fuentes de la viJa, arre ­batándolos como el buitre s e ll e va su presa?... n ó ... como el pastor saca las ovejas de entre los espinos y la s .zarza s, con la mayor paciencia? La voz, la voz grave del maestro te. nfa i nfl exion e s de i nfi nita t e rnura. E l Lo est ~ ba vi e ndo, Lo e voca ba e n su pensa mi ento y LO a maba. Jos é en t rea brió los labio s y ahog- ó una exclam a ci ón de sorpresa. En su interi or iba r e co rri e ndo el se nd e ro que transita ­ba e :;a alm a des i e la primera vez q ue ha b laro n jun tos e n una cena pascual. ¿Q ué le faltaba pa ra unirse á lo s discf . pulo '? F a ltá b al e a'go toddv Ía , po rqu e des pu és d e h a be r d ich o: "E > un p rofe ta,'' deb ía a g re g a r : " E> e l M: esfas! " L a rg..J rato p e rm ~ n e ci e ror · sile ncioso s. D e nu evo Ga:na li e l to mó la pa labra, es quiv a nd o co n a demá n de ca nsancio esa luch ct so bre h u.na na . ¿Cómo le h abéis sepu lta do ? pre guntó . Jo$é le dio los más minu ciosos detal les sobre el des cend im ie nto de la c ruz y so bre e l rápido emba lsa ma-nie nto. -H dbÍa m uerto h acía a lg unas h o ra s, agre g ó Ya no le sa ngrab an las l!agas, ni aun esa h e ri ·la de l costado ta n pr o funda, po r la cu " 1 ce rtifi có s u m uerte e l Centurión. Yo puse mi m a no so b re ese corazón q ue ya no latía . N .cod e rn us y yo estábamos ane g a d os en llan to , y me pa re ce que EL acep taba nuest ras lágr i mas, porque su a nhe lo se fincaba e n qu e se le a ma~ e. Si tú lo h ubieras vi,to como no so t 'I}S , con e se rostro tra nsido de do lor , pe ro t an hi! rmo so, y si me a trevo á deci rlo a s í, t an di vi no! D~ E L ir radiaba la espe ranza. ¿ ,...ómo e x plicar e , to? T o:lo ha t e rmin a do. EL está m ue r to, he la do, su corazón ya no late ; yo mismo he d e rramado mirra en abundancia en su s profu nd ~ s llagas ; he tocado con mi pro . pía mano esos labios, po r los cuales no pasaba e l más lige ro a lie nto. H a bía t al lividez en su cue·po, que no parecía que - dara en él una sola g o ta de sangre. Ten- ~ go la ce rtez(\, la prueba material de su muerte, y sin embargo no sé por qué me atre vo á esperar .. sí, esperQ -¿En dónde está su sepul cro?, pre­g un tó Gamaliel. -En mi .jardín, cerca del Gólgota ; a ll í h abla h e cho labrar mi sepultura, y en ella lo · he mos coloc'ldo. Mientras-l o sepultábamos, bajaba n los sac erdote s del t e mp lo á coger en el campo reservado, la gá villa qtJe de be ofre cerse mañana a nte el altar Nuestra ma rch1 de lágri­ma s se cruzó con su alegre procesión y sus Chnticos. P a r e cí ;m e qu e esos rito s h a bía n t oc ado á -su término y ya no te­n ían obj eto ni r a zón de e xi, tir. L'l ofren ­da místi ca de la ti e rra no estaba en sus man os ~ino erf la s nuéstras ... Ah ! ¿no lo cree s tú ? De igual modo que A braham y Moi,és ha mue r t o ... pero E L vive. -Aguá rda, repv so Gamaliel. ¿Q ué sa be mos si el Ete rno e n person a r~ o ilu­mi n~ r á nu e stros se nd e ro s ? En e l te n eb ro so ci elo e mpeza ba á apa­re ce r la iun a . Co n Stl sua ve c larida d en . vol vía los seres y l as cosas, la d o rmida j "! r usa le m, las ond ulaciones lejanas de las monta ñ as, la ári·la ti e r ra de lo s alre­d edore s y el sil e ncioso ja r dí n , e n donde, solo , dormí a C ri>to el sueño de la mu e rte. ( Se cou/ ÚJtt'l) Pes at· tardío (Leido tl 20 d~ Octub1e de I 907, w la rajil!a det Sagrario) T al vez al tibio 1'espl ando r de ocaso, Que á r ecord ar y en mu d ec er conv id a , De cuanto v i , cuan to so ñ é en m i vid a La do lorosa suces i ón repaso : La .!l"r ata escen a, el desastroso caso, El noble la uro, la traidora h erida, E l ard u o pl a n con qu e en m i edad fl orida Quise en la ti erra ete rnizar mi pas o. 1 Ay ! cuáa to ensu eñ o ~e ngostó en su cuo~~: Y hoy,con murmullo ve ngador , la hiler a De irrea lizados pl anes m e importuna. ¡Quién lo vivido desand ar pudi era 1 ¡Quién con ten az per sev erancia, en una De em pr esas mil persev erado hubiera 1 Jo~É J oAQUÍN CAs.u. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CA TOLI.cO J8g CRONICA -ENCIC LOPEDIA CAT6LICA -Como lo hab rán visto nuestros l ~cto res en el ed itorial d el presen· te número, pronto se publicará en Nueva York esta grande obra, que será en su f!énen lo más completo y exacto que hasta ahora se haya pu­blicado sobre el particu la r . El S r . D r. Antonio José Uribe ha sido designado por el Comité de redacción para escribir l l},¡. parte histt'>rica, jurídi· ca y sobre educación, re)llftivas á Colombia, y nos manifiesta que tendrá mucho gusto en suminis­trar los informes necesarios ace rca de la adq uí· sición de la obra. -SAGRADA FAMILIA-El domingo 17 se hará en la Capill a del Sagrario á las 8 ce la mañana la re nova ción de la ·consagracil>n de l as · fami­lias á la Sagrada Familia Oja lá se tuviera en cuenta por los fie le s l o que sobre esta Asocia· ción h a o rd enado e l Sumo Pontífice, y las ven. tajas que tiene pa•a las familias . - EL SR CuR A DE FUNZA informa q ue e l Viernes Santo se c·ol ocó por prim e ra vez e l San. to Sepulcro e n la nueva i g lesia q ''e s e ed ificó con este objeto en ese lugar, la cual quedó muy ele­gante. -DOCTRIN-1. CRISTIA NA-La Junta Central tuvo su scsi · n el 4 dd ¡:;resente, con ra asistencia de los Sres. Curas de San Pablo , San Victorino, Las Aguas y San Pedro. L os informes r e lacio· nados con l os catecismos de la ciu :lad son muy satisfactorio<. En La Ve racruz se enseña también varios días e n l a se m ana. -El Sr Cura de Madrid dice, en nota fechada ~ 1 28 del pasado Abril, que en l es cuat ro meses transcurridos de l año se ha acentuado mucho la regula ridad d e l catecismo de su Parroquia, por. que la asistencia de los 220 niños que concurren es constante, las catequist• s abnegadas y los es· fu erzos del Sr. Juan E. Villamil, Pre>id ente de la Congregación, y de la S rita. Sec retaria, Ana J. Zamudio, loables . Mensualmente comu lgan mas de 50 niños y se preparan muchos para la prime· r a comun ió n en los días señalados por e l Conci­lio Provincial. -El Sr. Cura de Funza informa, en nota fecha­da el" 29 del mismo Abril, qu e, aparte de la ense­ñanza que da en su iglesia los domingos á ma· íiana y tarde, enseña e l catecismo tres días más en la semana, que concurren 250 niños, que en la cuaresm a tuvieron reti ro p a ra la comuni nn pa:­cual, y pre;;enta una l ar :a lista de los que más se han dütinguido po r su ap r ovechamiento. -El S r Cura de San Victorino, e n brillante info r me, da coenta de que e n su iglesia no se in­terrumpió l a enseñanza catequística en los meses de Diciembre y Enero; que se han reducido á la práctica todas las disposiciones de los Estatutos, y que las doce clasificaciones se ñaladas para los niños de cada sexo están perfectamente arregla. das, Hay, además, cuatro clases para sirvientas y una para p reparar á l os niños de primera confe. sión. Concurren 300 niños y 70 sirvientas, y tanto los cuatro seminaristas que ayudan en la ense­ñanza como las catequ istis, se distinguen por su ce lo. E l Párroco, en persona, lo dirige todo y hace la explicac ión respectiva Cada cuarto domin· g ose distribuyen premios, los que son suministra­dos por las Sritas. Presidenta, Tesorera, catequis· tas y otros vecinos de la Parroquia, E n algunas p:uroq ui as rurales interesa que no alarguen más de u na hora el catecismo, -EL SEMI NARIO LONCILIAR celebró la fiest& de su Santo Titular en la Cated·ral -Basílica el domingo pasado, d •a del Patrocinio de San J osé. Presid ió de semipontifical el Ilmo. y Revdmo. Sr, Arzobispo, y predicó el ser món el j oven sace rdote D . Lu is J o rge Tejeiro. -EL 21 DEL P RESENT E se canta rá un sol emne 7( Dmm en la Capi lla de la Infancia Desampa­rada, en acción de gracias por la conclusi •1n del acueducto que ha surtido de agua pota bl e este Asilo, á las 2 p. m Se están ve.,diendo las bo­letas pa r a el gran sorteo d estina do a esta obra. El primer premio es una casa situada en la calle 9~. número 58 -EL RETIRO MENSU AL que dirige e l Sr. Presbítero D Francisco J osé Vergara, t end rá l u· gar e l 2~ del presente en la iglesia de La Ense­iianza, á l as 9 a. m., á la 1 p . m. y á l as 5· Está des· tinado á l as niñas y señoritas de l a clase de CO• l egialas , -C UARE NTA HORAS EN LA IGLESIA DE LAS NIEVES - Se celebra ron co n mucha sole mnidad l os d 2s ro, 11 y 12. La Adt -ración Reparad ora hizo la visita el segunrlo día á la 1 p . m. -DE LAS PRENSAS DE LA IMPR ENTA NACIO• N A L araba de sa lir, en más de 300 páginas y nítida ed iGió n, la interesant"' nbra que so bre In Soriedad Centra l de San Vicente de Paú[ de Bnw,tá, ha arre{l a1o e l Dr. D . Antoni) J sé U 1· i be, cnmisionado p ara esto y para escribir la Memoria Hislórica - q·1e llená una p a rte c o nside rable del l ibro-po r la mis­ma Socirdad. Agra.-Jecrmos deb i damente á Su ilustre autor el envío de l ej" 11plar que !!alan • t emente s e ha servido dedicarnos. En otro número h a remos una bre,·e r eseña sobre esta importan te obra. - PAnA EL PRESENTE Mli:S DE MAYO hay acordadas tres beatificacio nes Pn R oma: la de la M..adre M;¡ría Poste!, para el día 17; l a de l a Madre l\lagdnleoa Sofía !3arat; p ara el 24, y l a del Venerable Gabrie l de la Virgen Dolo­ros¡¡, para el 3 1 -x­Jubileo sacerdotal DEL PAPA PÍO X Véase lo que escr i bió á L'Univers, de París , su corresponsal en Roma, no hace mucho. •· Criticas y tlolorosas p or todo extremo son las circunstnncias en que entra el ~obe­r a no Pontífice Pío X, en el quinto año de su Pontificado. ''El Papa- decíanos ayer un eminente personaje-no puede dictar acuerdo alguno sin que se diga, e~ todos los tonos, que abu­sa del poder que eJerce. "Si a lza l a voz para recordar los princi­pios m:ls elemPnLales de! orden social, se le acusad" invadir el terreno político. "Si defiende el dogm a c ontra los abusos de una falsa crítica, ec pretende que condena la ciencia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CA¡ TOLICO • --· i/ 1., 1 ). 1 t ' ' ¡ u Si legisla acerca de cuestiones litúrgicas, se rebelán muchos en nombn del derecho de las nacionalidades. "Pero del seno de las {!lasas populares es de dona e surgPn hoy los clamores más dolo· rosos al corazón de Pío X. • ~· 1 l.uántas veces, después de arrojar sobre el pueblo una mirada de compasión, ha repe­tido el Pontífice las palabras de Jesucristo : M isericor super turba m 1 1"' Y á ese pueblo es al que se excita contra la lgle; ia por medio de una campaña crimi­nal en que rivaliza la calumnia con las más repugnantes ()bscenidades. "La decisión del Papa de suspeni-t'r las fiest.as de su Jubileo Sacerdotal indica la gra­vedad del momento, y ella repercutirá dolo­rosamente en el corezón de todos los cató­licos; ·· "Pero si Nuestro Señor Jesucristo abruma con terribles pruebas á su Iglesia, también muhiplica, según ha sucedido siempre, los consuelos. " El primero de todos es el espectáculo que ofrere el mismo Papa, tranquilo en medio de la borrasca, y; más sereno que nunca ante el espaotOSt'l deseocadeo·amient•) del poder de las tinieblas. " Y luégo b unió n del ep iscopado de to­das las naciones en derredor de la cátedra de Pedro. · '·Estoy seguro- añadía el personaje de que hablé a l principio-de que apenas se en­contrarán hoy en todo e l mundo dos ó tres Obispos cuya adh esión a l Papa no sea plena y absoluta. "Esta unidad de la Iglesiu era c onsid e¡·a ­da p or llossuet. como el espec táculo más h er­moso que pue:le ofrecerse á las miradas de Dios y de lo s ángeles. "En este aniversario d e la e lecc ión de Pío X imitarán los ca tólicos de 1908 á sus herma­nos de la Ig lesia d e J erusa lén, roll"and o por Pedro, siempre asa ltado p 0 r las pote stades d e l infierno y siempre libertado eo todos lns pe ­lig ros p or la intervención del ciel o; inter­ve nción, cuando ha s id o necesario, mila-grosa.'' . -CoN MO-rrv o del J01bileo de Su Santidad, se han rlirigid.:> al Vaticano mu hos telegí·a­mas de felicitación. E o la Nunciatura de Ma­drid, p · ra conmemorar' dicho aco ntéc imiento, se efectuó un a r ecepción r¡ne estuvo muy con­curr id a. -FUEI\ON nEcroioos p or· Pío X e l Príncipe Jor~e de Grecia y sn esposa. E l Pa pa reci bió también en aud iencia á una Embaj~da de Menelik, Emperador· d e Abisinia. Di c h os en ­via dos en tregaro n á Pío X, e n nombre de su Soberano, tJna he1'mosa min·iatura de m arfil, representando l a adoración de los R eyes Ma­gos. Los representantes de Menelik ba o sido muy obsequiados en el Vaticano. .. ' - DIRIJAMOS LA VISTA al que es Vicario d6' Jesucristo en la tierra, el· Sumo Pontífice Pío X, y oigamos lo que dice de él un escri ­tor del Lamp, periódico protestante episco­pal de Nueva York. Fue esLe recibido en audiencia privada por Su Santidad. 1 Cómo admiró el g enio sereno y bondadoso del Padre Santo, lo mismo c¡ue su a1lta inteligencia 1 Em'Pero, lo que le h1210> más grata impresió n, y será p:~ra él objetO> de indel ebles recuedos, es • lo que él mismo describe en las linea s siguientes: · "Me tocó la suerte, dice, de acompañar al Papa á una VPsta sala, donde le esperaba un gr:~n n úrr ero de niños pobres que h abían he­cho en aquel memorable día su primera Co­munión : De una Vf'Z se halló como en su elemento propio. 1 El ama t.ánto á los pobres y á lo s. niños 1 Al ent.rar en la sala se diri$:ió i u10& de sus Secretarios y ·le dijo e n car1ño: Es­pero que no se le habrán olvidado á usted la-< med!lllas p ara mis queridos hijos. "Brillaba en s u r osLro una sonrisa inefa­ble a l te oer e u su presencia ~ quella multitud de pequeñuelos colocados en larga fi 1a. Co­menzó á recorrerla paso á paso, dicirndo una palabra á cada cual separadamente y dándc­le con su bendición una m ~ da l la como re­cuerdo de aql'lel fausto día. Luég·o dirigió á todos juntos una corta y conmovedora alo­cución sobre la d icha que habían tenido de r ec ibir por primera vez en su pe : ho al Dios Eucarístico. La im presión que experimenté por aquel entonces puedo resumirla así: "El Papa no sólo es bondadoso y san Lo p ersonalmente, sino que e s tambié n un pas ­tor verdadero de la grey de J ~ sucristo, y uno que de veras ama las a lmas que e l Señor ha co nfl~do á ~u cuid;.do." 1 Así conceda Dros á ese buen aog·Ii c ano ser una el e l as ovej illas de t nn buen P astor! -To:vt:AMOS DE L'OsseY~·a fot·e Romn11o 'lo sí ­guieote que interesa á nuestro pa1s : "En la misa cel e brada por el Fa !re Santo en la Basi li ca de San Pedr.,, e l 30 de Ma rzo último, rara las hij as. de María, as istió un a comis 'lm de las h ijas de María de Bogt t 1 en represen tación de l as cong re­gaciones de Colombia (Atuérica l compuesta de· l as S ritas . Elena y Te resa Cuervo, hij as del Excm o. Sr. Mini stro de Co lomb ia ante Lt Santa Sede y D~ Emilia H err era de Sa m re r y la Srita. Marg ari ta H errera y Umaña, sobrinas del S r: Arzobispo de B0gotá Pr imado de rolombia , y a de. más la s Sritas Sof ta López, PaulioaL'•pez y A le-· jandrina Bern a l." -x- DEL EXTERIOR - LAS TUMULTUOSAS manifestaciones d e irreli~ión que enlutecieron poco há el her­mosísimo c1elo de Halia, no fueron parte á di sminuir e l fervoroso entusiasmo de los fi& - Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. E;L HOOAR CA TOLICO Jes r.or el Jubileo Sacerdotal d e la S a ntida d dél Pap a Pío X. F orttfícase y r ec ó.!l"es e el m ás distraído de los periodistas católicos leyendo en la Prensa mundial las co ntram anifes tacio ­nes, prepara das unas , e s po ntá n eas las m ás, y toda s rilas gra ndi os ísimas, c on que la pie. dad cató lica ha de festej a r las Dadas de oro sacerdotales del P o ntífice reinan te . Bien qui s ié r a m os tr a n s mitir á nuestros lectores, s i po r ventura lo necesit asen , es t os sentimi e n t os que e n ¡,,s pechos men os dis­p'ues tos al p a recer p a ra ta les emociones, d es­pierta l a simpática figura del Jefe de la I gle­sia. -EL CATOLI CISMO EN HoLANDA- H olanda está llena de Círculos . Sociedades é Ins titu­ciones católica s que ienden al mismo fin, y lúchan con entu~iasmo creciente. De lo que únicamente se quejan los jefes del movimien­t o ca1ólico h o landés ( 1 qué pícara casualidad y qué humillación para nosotros, periodistas católicos ! ), es nf'! que los católicos no leen eñ su m11yoría periódicos católicos, sino an­ticlericales. Está visto : aunque nos cueste pena y rubor cnnfesarlo, que esta es una de las características genera les de nuestra épo ·a. Y s ac~mos esto :í colación, ·porque la m á s r eciente m a ni fes tación d e a ctividad de lo s ca tóli c os h ol a nd eses ha sido u u a sei'Íe de m ee ­tings celebra dos en Ams terdam, La Hay a, Gonda , Nim ega y otra> c iudades , p a ra p r o­tes t ar c ontra la persecució n jacobin a en Fr¡¡ o ­cia; y en es tos m ee tings, á que ha e .nr urri­d o inmenso g entío, l os ora dores, c a si todos sacerdotes, h a n r epetid o este mi s m o co n c~ p ­lo: " Os h e mos co nvocaé o á e~ tos m ee t ings . no sólo p a ra que protesté is contr a la tiranía sectaria en Fra ncia, s in o par a q ue os e o te­r éis de l o que allí oc ur re; p nrque como n o leéi s m ás que periódicos j acobin os ó j ac olJi­n iza n tes, sólo sabéi lo q ue á és t0s i m por ta q ue se sep 1." Esta lecció n q ue los orado res cató li cos de H ola nda h a n didg-i u o á las masas t:ató li cas de aque ll a n ación , deb ieran J i r i ~ il'l a co n más razón los 01·aJo r e, espa ñ oles á lo catól ico> de la nuéstra-( De L a llo1·m i gfl de Oro) --E L CA TOLIC I ~MO EN LA R EPÚilL IC.\ AR­GEN TI NA-Entre los ca•óli :os de la Rcpúuli ca A r ~ent in a r e i na extraord i n a r io entusias­mo con motivo d e l p t·óximo Congreso que se h a de celebra r e n Bu enos Aires, y cuyo pro­g r ama co p iamos. u 1 . 0 Necesidad act ual de un com i té de ac­ción social cr is ti ana. 2. 0 L a gunas de nuestra leg- is lac i ón actu" 1 con respecto á la educación religiosa. :¡ .0 Estudio estadístico y compara­tiv o d e los frut os d e l a enseñ anza rc li ll' iosa en l as p rin c ipa les n a(· iooes m odern as . 1¡.° Crea­ción de un co mi té e .;co la r ca tóli co e n ca rgad o de v e la r po r lo s in ter eses d e la en señ a nza relifíios a . 5 .0 Oportunidad d e fun d ar un pe­riódiCO para la dtfu s ión de los principios re­ligio os en t?d.os los centros de l'nseñanza. 6. 0 E stado act.ual de la orga nización obrera en la Rl'pública /> rgentina, y medios de co-. o perar á su desarrollo. 7. ° Curs •S sociales 'y círculos de estudios sociales ; su neceSídaa, s u importan c ia, y modos de multiplicarlos. 8 .0 S e -retari a d o del trabajo ; s us fines sus atribw: io nes, su organizació n . g. 0 L e gisla­ción obrera ; lo que es y de be s Pr en la Re­pública Arg en t ina. 1 o. Nece s id ad de uoa Soctedad d estinada á promove ¡· la difusión de la bue na prensa. 11. Medi os de crear y h acer vivir u,n gran órgano ca tó lico n acio­na l. 12. Lo que puede hacer la muj er para la difusión de la buena prensa. 1 ;¡ . N ecesi­d ad de una librería católica y de una casa ed i to rial d e libros buenos . 1 !¡ . El dinero dG S a n Pedro." ' - E N LoNDR ES se está c e lebrando la Con­fer en cia inte rnac ional q oe estudia la enfer-­m edad del s u e ño. Asis ten 22 Del eg a dos de todos los países . El Dr. Kok ha d ado sobre est e t e ma una confere ncia ante la Corte do Berlín, y como fruto de sus estudios é inves-­tigaci ones hechas PO Africa, SOSI iene Ja Ur• gen c i a de exterminar lo s cocodrilos, que son Jos que man t iene n á las ter • ihles m oscas pro­pagado ras de dicha enfermedad. -E L DÍA 25 DE Ju NIO p róximo hRrá c ua­t r ocientos años que un Cardenal y Arzo bis .. p ode T oled o, e l gran p olí ti co Jim é n ez de Cisneros, ina ug u ró co n gra o so lemnida d la . famosa U nive r s idad d e Alca lá d e H en ar es , cuya ~=orimera pi edra é l mi s m o había pues to e l 14 de Ma rzo d e 15 00. - CONDEN ACIONE s - Por u n Dec r eto de la Sagrada In r¡ui sic ióo,d e 1.1 d e Feb rero d e 1go8, fueron repr o bnd 1s y co nde n ados los di.H ios ft·a n cese.; La Jus tice Socia/e y L a V ie Ca ­thol iqne, y a ' isados forma l y pe r entoriamen­te los sac~ r dotes de Na udet y Dabry, que n e n estos ui en otros per iódicos se atrevan á d i v ul ga r es·T i tos an~ l ogos con su n (mbre ó c, >n se urlón irnos, b aj o la pe na de suspensión a divin i..-, e n que í ncurr·iráo ipsofacto y sin ot ra declaraci ·1n. Según leemo'l en L 'Univers, entrambos presbíteros se s ometie('on cri s Ltanamcote á la decisión d el precedente decreto, T amuién b a sido L' ondco ado nom inalmente de Roma e l abate L ois_1 , como Re h ace notar en la página 4.35• número L XXX , de R 1zón !J Fe , -LA CoNG I\ EGAC IÓN DEL l NoiCE ha publics ­do un decreto en que condena el l ibro de Paul l3ureau, titu lad .) L a crisis moral; cuatro obras de Sa i ut ! ve;: L a reforma intelectual, el clero y la libertad, Las enseñan.tras de los San tos, El milagro y la crítica /listó­r ica y E l milag r o y la crítica cie;zllfica,· e l li bro de Pla o c ho t , E l a bso l utism o ep isco~ pa l en l a R ep ública M Pj icana, y el p rog ra ­m a de los m od ernistas. - LA C ÁM .\RA DE R EP R'EtiENTA.NTES d e los Estados Unidos ha acord ado, por 255 votos contra 5· el res ta blecimiento en las piezaa dl.' 1 .i) ' ! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO oro y¡¡;qui de la le~enda Tenemos confianza e n iJLOs, que Roosevelt había abolido hace algún tiempo. -BAJO LA PI\ES DENCIA del Excmo. Sr. Cardenal K a tschth aler, se ha reunido en Vie­na una Asamblea de católicos austri!lr.<'s, ha­biendo producido se ns:Jción el discurso pro­nunciado p"r el Dr. Lueger, a lcalde de Vie­na, el cual ha dicho que de ~ pn és de ln s triun­fo~ alcanzados por los cristianos demó crat<~s, se h'l de pensar ya en la co nquista de las U niversid:Jdes para hacerlas cató lic as. Al imprudente y egoíst'l retraimiento, eq forzoso que desde a hora r ee mplace la acción de avance y la ocupqción por co nquis ta de todos los puestos director~s de la opinión y de la sociedad. - S c bre l a Jurisdicci6n PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO "58. También es radie¡¡) la reforma que h ace el paráe-raf • segundo del Decreto. S~ún él, ya no corr esponde al Párroco ú Or·din ario · propio de los contr11yentPs a utoriz11r la cele­bración dd matrimon io, s ino única y ex­c lu~wnm e nt e alj'árroco ú Ordinllrio d el lugar d onde e l matrim onio se celebra, y esto lndi ~ tint11m en te para súbditos y no s •i bdi tos. 59· · ·.·· . .... . ... . .... ... Hoy se exige la asistenci¡¡ de l Párroco ú Ordinllrio del lu­A'llr en donde 'e celebr a el matrimonio, y no biiSta l a del Párroco ú Ord inar io propio de los contrayente~, si és tos contraen matri mo­n io f11 era del territorio y jurisdicció n de .aq u él. 6o. Por c<" nsi!!'uienle, s i los cont¡•¡¡yentes ·quieren rcl~brar su enlace en algún s antua­rio ó capilla rle su dev oc ión, p .' ro que se ha­l! ll fuera de la jurisdicción del P árroco ú Ordinario propio, tanto es te Párroco como el Ordinario, necesit11n dP/Pqación riel Pá ­rroco ó del Ordinnrio d el luga r, para auto­r izar la celehr¡¡ción del matrimonio dicho." (De l comentario que publi ca La !lustra­- ción del Clero, de Madrid). -x -- Jesucristo (Fragmeuto inédito, por D. Diego Fa/Ion) "Mi Padre y Yo somos una misn1a co­- sa." (Sa n Juan, cap. 10, v. 30). Esta afi r maci6n es u na de dos co sas : la más importante de las verdades ó la mayor de las blasfemias. Según la historia, durante la pasw_n 'de Jesús los di scípulos huyen atemon­zados. Inmediatamente después de su muE-rte permanecen ocultos "por temor de los judíos." (San Juan, cap. 20, v. tg). Poco despué.s hállanse pescando en el Jago de Tiber{ades, esto es, entrega-dos de nue vo á su antigua profesión (San Juan, cap. 21 vers 1 , 2, 3). . Por m otivo de una fiesta nacwnal van á Jerusalén. R eúnense todos en una sola habitación y cierran las puertas por te­mor del pueblo. Mas de súbito ve nse lanzarse á las calles y plazas ; dominar con su voz asambleas de cinco mil oyentes, y luégo hacer frente á los pueblos de diversos países, á los ti ranos , á las persecuciones y á la muerte. E ;;te acontecimi ento colo. có al mundo en la alterna ti va más trascend en tal que ha l a experimer.tado jamás: 6 J e sús de Nazareth resucit? Y por consigui e nte es Dios ; 6 no resuc1tó, y entonces es el mayor de los impostare~. Si no resucit ó, los Apóstoles, des pues de ser engañados por su Maestro, con. vencidos ya de que no bahía si 1o capaz de cumplir s. u palabra, y sumergidos en el más comp1eto desamparo, se tr amfo r ­man repentinamente por si mismos, de rudo~ y pusilánimes pescadores e n héroes, oradore s y conq uistadores; rea lizando en seguida el portento de minar los f und a . mentos de la antigua civiiiza c ión, y , per-· petuán ,Jose en su s sucesores, logran c~ m ­biar las leyes, las ins tituci one s y las cos . tumbres de los pueblos, para corona r la o')ra con el grandioso espectáculo de la m oderna ci~· i l ización en todo lo que tiene de no ble y sano. Atribuír tal orige n á semejante hecho equ ivaldría á a?mit.ir centenare~ d e prodigios q11e la c1enCJa nn explica ni se ex¡> lican unos á o t ros, por no admitir uno que los fxplica to d os: la Resurrección de j esucri-to. El mund<•, pues, rechazando lo prime­ro como absurJo, ha aceptado lo segun­do como la única explicación del mayor prodigio de la Hi~toria : " l~ tramfor. ma ció n de los Apóstoles y la vtda perpe­tua del cristian is mo, ya lo pn·fesen, ya lo rechacen los gobiernos de la~ naciones ." Por lo tanto, cuando j esucri sto dijo : '·Mi Padre y Yo somos una misma cosa," anunció la más importante de las verda­des, y 110 la más criminal de las blasfemias. Luegq , según los hechos puramente históricos : "Jesucristo es Dios." IMJ?IIK.NTA ELÉCTRICA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 15

Por: | Fecha: 22/08/1899

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA ~ CARVAJAL & ESGUERRA únicos agentes de la REVIST.Á. Ir.Jus­TRADA en Zipaquirá,' continúan en el ejercicio de la profesi6n de Abogados. Su oficina está situada en la plaza principa], acera Sur, /número 7 4. Dirección telegráfica: '~VOCERO.'' J I}..IÉNF:Z & c.:~ ( A~ustín A. :fiméncz-Jztatt B. Ba­ ·.,rios). Ahogados, Agentes y Comisionistas, Bogotá­C... olombia. Carrera 6.a, número 322. Dirección telegráfica: J 1M JCNEZOO. PIANOS de las fábricas más acreditadas y de distintos modelos y precios, importa permanentemente Gu­mersindo Perea, profesor de piano. Precios más bajos que los del comercio y con facilidad para el pago. Calle 12, N.0 206. Arriba del Pasaje Hen1ánde.z. 2-1 ~...._..... LA oficina de empaques de Antonio M.a Moreno se encarga de enfardelar mercancías, café y caucho. Transporta de Bogotá hasta Barranquilla. toda carga de frutos de exportación. DESPACHO: CALLE DEL ROSARJO 'UMEHO 82. PILDORAS A~ 1 DINAS Las píldoras andinas curan con seguridad la · fiebres cr,ónicas, e] crecimiento del bazo, la anetnia y todos los fenómenos del paludismo crónico ad­quirido en los lugares donde reinan las fiebres in­termitentes. Valor de. un fra co, . 1-20; por doce­J1as á 10. PIDANSE A CAMAOHO ROLDAN & TAMAYO. 4-2 Tbe London &. Bo[otá Trading c.0 Ltd., Sucesores dB Ricardo Jaramillo & Hermanos ' . ofrecen á usted el tnejor surtido de paños, introducidos directamente de las n1ejores fábricas in~lesas. Ropa hecha y todo artículo para hombres. COMPAREN SE NUESTROS PRECIOS ,...,...,;..-.,....,...__..,.._,~"""'"·r...-~~~ ,._ w wr--·-·.-""'.- ~,;--.-w~..,....,....._.............,. ... ~~-....- COMPARI"A OOL.OMBIANA DE.... TRANSPORTES U¡. Co~pa -í e pacha con regularidad sus vapores de BarranguiJia para La Dorada en los días 3, 6, 9, 12, 15, 18, 21, 24, 27 y 30 oe cada 1net1, y además hace despachos extraordinarios cuando las necesidad~s del tráfico lo exigen. Con estos despachos, que están en combinación con los arribos de vapores tnarí­timos á Puerto Colombia, ni los pasajeros ni la carga sufren demoras. En cuanto al servicio paa·a pasajeros se garantiza el mayor esmero y buen tr·ato. Es indudable que la cerveza n1ás tónica en la.~ comidas es la de la ~-Cf' 1t ~~ -Jt ~~ it La botella que no ~Q.Al ~~,A&-...3W'-~ quete es falsificada lleve- ti­c, -3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA AÑO 1--VOLUMEN I AGOSTO 22 DE 1899 NÚMERO IS -~-)-)oOo(~- Dr. MANUEL PLATA AZUERO - -o-- EL día 23 del pasado mes falleció en \ illeta el dis­tinguido médico dodor MAN EL PLATA AzuERO á la edad de setenta y un años. PLA.TA AzuERO nació en la antigua provincia del Socorro, hoy centro del departamento de San­tander, en r828. Su fa­milia, de origen español, se había avecindado en varias poblaciones del Norte de la República desde principios del siglo XVIII. A ella pertenecie­ron varios de los com u­neros que iniciaron en . 1781 la emancipación política de Colombia; de ella fueron miembros los mártires de la Revvlu­ción D. Isidro Plata, D. Emigdio Benítez Plata y D. Mignel Gómez Plata, fusilados. por los españo­les en r8r6; la heroína­mártir doña Antonia Santos Plata, sacrificada en la plaza del Socorro por orden de Sámano, en r8r9, y los próceres \ i­cente y Juan Nepomn­ceno Azuero Plata y Die­go Fernández G ó m e z Plata, ilustres ser\'idores en la revolución de b Independencia. Un Obis­po de Antioquia, el doc­tor Juan {le la Cruz Gó. mez Plata, el ilustrado Presbítero Pedro Anto­nio Ve g.1 Plata, y el ilus­tre ciud.tdano doctor José María Plata, de excepcio­nales talento~, por todos recono ·ido.:>, tenían s::ll1- gre de esta ilustre fami­lia de patricios. Medicina y de Catedrático suplente. Dedicóse al ejerci­cio de su profesión en diversas ciudades rlel Norte de la República, especialmente en la ya próspera Bucara­manga, y allí prestó servicios civiles onerosos, desempe­ñando el cargo de Jefe político; luégo fue¡ elegido PLATA Az EHO cur­só Literatura y Medicina en el antiguq Colegio N a­cional de San Bartolomé, ajustándose á lo prescri­to en el rígido plan de estudios, dictado por el doctor Mariano O pina, y oht11vo título de Doctor en la última de ]as Facul­tadesnc;> mbradas,en 1845, AJANUEL PLATA AZUERO conced1do por la Universidad Central de Bogotá, plan­t~ l q~~ gozó de merecida nombradía por su sabia orga­mzaciOn y en el cual ocupó el joven -médico los honorí­ficos cargos de Secretario del Consejo de la Escuela de + 23 DE JULIO D~ 1899. miembro de la Cámara de Provincia y nombrado Go­bernador de la provincia de Soto, alto destino en el cual coadyuvó, como todos los hombres distinguidos del país, á derrocar el Gobierno dictatorial del General Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA José María Melo, en los últimos meses de 1854. Ade­más prestó servicios de cirujano de ejército, en el del Norte, comandado por el General Tomás C. de Mas­quera ·, quien elogió la conducta del Magistrado-médico en la historia de esa campaña, que intituló Resumen his­tórico. Terminada la guerra civil partió PLATA AzuERO para Europa con el fin de perfeccionar sus conocimientos científico ; por varios años oyó en París lecciones de las celebridaaes médicas de esa época, entre las cuales so­bres~ tlían Bouillaud, Ricord, Harcly, Cazcnave, Velpeau, Nelaton, Trous eaux y Vulpian, y por su aplicación y sus talentos mereció distinciones de los profesores Civial y Wecker. E tablecióse PLATA Az 'ERO en la comercial ciudad de Cúcuta, en J 857; pronto adquirió reputación de ilus­trado médico y hábil cimjano, á la ez que alcanzó po­pularidad suficiente para ser elegido, en su carácter ele miembro connotado del Partido Liberal, Diputado á la primera Asamble~ Legi. lativa del E. taclo de .. autancler. Hizo secrundo iaje á Europa, en 186:;, donde con­currió á las clínicas de las graneles ciudades del Viejo Continente. Al volver á la 'patria, ocupó puesto 'en la Cámara de Representantes de 1 67, y n ella se di. tin­guió como orador como en tu. iasta opo i ·inni~ta de la Admini. tt·ación ue presidía el ,.eneral l\1osqncra, la cual había establecido lucha con el Poder Legislativo. Prestó entonces ef cloclor LATA \z · ElW serYicio de incalculable valor á la Instrucción pública se uncia­ría, al presentar el proyecto de ley que cr aba la Uni­versidad Nacional de Colombia y al contribuír con u luces á la Redacción de los Estatutos de este célebre plantel, que alcanzó bien pronto justo renombre y en 1 cual se han formado abogados, médicos, naturalista , ingenieros y literatos que han sido y son legítimo orgu­llo de la patria. Residió después en Cúcuta hasta I 7 r, año en que volvió á la capital investido con el carácter de Senador del Estado de Santander. Aceptó entonces el cargo de profesor de Clínica y luégo el de pr0fesor de Terapéutica, y en ellos se distinguió por su genio observador y por el espíritu filosófico que presidía sus investigaciones científicas. Dueño de sí mi mo en la frecuentes é inesperadas complicaciones de las grandes operaciones, dejo siempre bien sentada su reputación de hábil cirujano. Con numerosa clientela civil; querido de los estu­diantes de medicina y estimado por ·us compañeros de profesorado; jefe de las consultas gratuitas del Hospital de Caridad; miembro de las Juntas Central ele anidad y de Beneficencia; Inspector general de los Hospitales militares de la República (1876-77); Rector de la Uni­versidad Nacional; Presidente del Consejo Académico -Corporación encargada de la suprema dirección de la Instrucción pública del país¡-favorecido por la suer­te con abundantes bienes de fortuna, y ocupando alta posición social, gozó el doctor PLATA. AzuERO por al­gunos años del premio debido á su claro talento, á su ilustración vasta, á su amor al progreso, á su falta de egoísmo y á su conducta intachable como ciudadano y como jefe de familia. Miembro de la antigua Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, de la cual fue uno de los fundadores, y de la Academia Nacional de Medicina, ocupó varias veces en ellas el sillón de Presidente, nue­vo y merecido premio de sus indiscutibles méritos. Desde 1852 esct·ibió el doctor PLATA Az ERO, en París, un trabajo sobre Ptofilaxia de la elefancia, y una Memotia sobre la úlcera simple del estómaoo; luégo sus discípulos dieron á la prensa algunas Obsetvaciones clí­nicas, redactadas por él en los servicios del H os pita! de San Juan de Dios de Bogotá; en periódico científicos se imprimieron sus discursos académicos pronunciados en sesiones solemne5 de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales y de la Universidad Nacional, y como la mejor presea de su labor científico-literaria publicó en 1890 un Ttalado de Terapéutica aplicada, ge­neral y especial, con el arte de recelar y el de jorrnular, la Mate1ia médica, la Tetapia infantil y la Clínica terapéu­tica, aplicable especialmente á los climas ttopicales, obra que por su extensión y originalidad es de positiva uti­lidad y que bastaría á salvar del olvido el nombre de su autor. PLATA AzuERO cumplió con "la misión del mé­dico en la sociedad, que es tan noble c.omo simpática. El combate diario con el dolor, la propia vida expuesta momento por momento con el fin de salvar la ajena, su coble carácter que prodiga remedios para el cuerpo y consuelos para el espíritu, la transformación súbita de un ér extraño en compañero, amiao y hermano, todo esto es grande, es bello, es interesante y atrae irresi:;ti­hlemente á los caracteres generosos." Los últimos años de la ida del connotado político é ilu. tre médico fue­ron de~graciados: perdida su fortuna en l "·ai\·én de lo negocios y desolado su hogar p0r la muerte prema­tura de do matronas, que fueron e. cogida. ror él para compañeras de su existencia, y por la de su primogé­nito; y agobiado por la edad y por un:1 afección orgá­nica del corazón, acabó u días lejos de su familia y ele sus amigos, en el mismo Jug:1r donde la había termina­do pocos lustros ante. , en J R73, otro insigne mécli o, el doctor Antonio Varcra Rey 'S, mae~tro y amigo personal y político d 1 doctor PLATA ¡\zt' ERO, de cuyos labios aprendió esta máxima, qPe ttpo practic;:tr: ' o sola­mente debe el hombre no haéer mal; para cumplir su mi ión en la tierra está obligado á hacer el bien., PEDRO M. IBÁÑEZ. Bogotá, Agosto de 1899. CONCURSO AGRICOLA P RE ENTA.Mos á nuestros lectores algunos de los tipos del Concursn agrícola que tuvo lugar en la capital con motivo del 20 de Julio. No habiendo podido obtener fotografías de impor­tantes envíos de varios expositore., nos hemos circuns­crito á la hacienda de El C01 so, propiedad de D. Manuel Antonio Angel é Hijos, situada en la Sabana de Bogotá. N os ha movido, además, á dar preferencia á esta parte del mencionado Concurso, la circunstancia espe­cial de constituír aquella hacienda una finca rural mo­delo, en la que no se han limitado sus propietarios al fomento de tal ó cual raza en especial ó al cultivo em­pírico de la tierra, sino que, presidido por riguroso mé­todo científico, se propende allí á la mejora de las dis­tintas razas: la ganadería, los caballos, los asnos, y en general todos los animales que mayor utilidad prestan al hombre, son criados con inteligente atención en aque­lla quinta modelo. N o se economiza en abonos, se hacen observacio­nes meteorológicas, las irrigaciones y aven.amiento son obra de la observación y no del acaso. Gracias á este sistema, los propietarios de la ha­cienda de El Cotso, además de ver realizado el sueño bí­blico de las gruesas espigas y de las vacas gordas, pres­tan extraordinario ser icio á nuestra incipiente agricul­tura con el mejoramiento de las razas y con el ejemplo de los resultados que se pueden alcanzar con la sustitu­ción de la bárbara rutina á los métodos científicos. En el próximo número nos ocuparemos de las otras ecciones de la Exposición y especialmente de la de Bellas Artes. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 229 LA HEROINA DE SANJUANITO (TULUÁ1 AGOSTO DE 1819) Para la REytsTA ILusTRADA · ERA el :-tño de 1819. El cañón de Boyacá repercutía por todos los ámbitos de América anunciando la libertad de la Nueva Granada é infundiendo terror pá­nico en los defensores de b cau a del Rey. El Cauca, que durante tres años largos había sido víctima de las crueldades de Calzada, Warleta, Valdés, Tolrá, Delgado, Mu­ñoz, y otros realistas no menos despia­dados, recibió la noticia de la espléndida victoria como escucharía Lázaro el "le­vántate" del Divino Maestro. Rolclanillo fue la segunda población del valle en qne se supo el desastre de Barreiro y la fuga prcci pit:-tda del san­g11inario S:ím:-tno. A la sazón estaba allí una mnjer de edad madura, natural y vecina del Pescador, que había ido en solicitud de algunas cosa necesarias p:1ra su familia. El reLLto de lo acaecido la llena de entusiasmo, y olvidando sus qt,ehaceres monta en su cuartago y vuel.L á llevar tan grata nueva al General J na­quín Ricaurte, que se halhba oculto en los bosques riberanos del Cauca, adonde había venido fugitivo desde los llanos ele Casanare, desesperanzado del triunfo de los republicanos (1) . -"Mi General, ya semos libres," es el saludo que le da, y sin esperar contes­tación le r fiere lo que ha oído. Alborozado y fuera de sí el viejo li-te, dos gruesas lágrimas ruedan por sus mejillas y exha­la del fondo de su pecho un suspiro prolongado. ¿Qué pasa en el ánimo del patriota? -Y no haber estado yo allá! ¿Para qué me-vendría? exclama con el más hondo pesar. E stas frases revelan que era presa de encontradas emociones: el placer de ver libre la patria, el arrepen­timiento de haber abandonado sus banderas, y el dolor de no haber compartido de las glorias del triunfo con FA t.' T (2.• p remio en la Exposición de 1899) diador abraza á la oficiosa mensajera, y la interroga de mil modos como un juez hábil que indaga para descubrir la ver­dad. Convencido de que el hecho es indudable, y vuelto de su primer trans­porte, una nube de tristeza cubre sufren- Toro cd01·ado de raza JJurham pura &angre. CriaclO'rU v prqpietarios, M. Antonio Angel é Ilijos (hacienda rie El Corso). Padre, Rederick Raud01n 56.4! 1, introducido al país M.'\.STODONTE (Primet· premio en la Expo~ición de 1899). por /()8 seño1·es Ignacio inWn de la Torre. Jiadre, Duquesa de Tequenda-ma, hija dtl toro tm· of Cromwell 50.511., intro·lucido al país por el señor Ruperto R trepo 8. , 11 de la vaca Lady Louisa's Duchers 15, introducida por los señores Ignacio &; imón de la Ton·e. sus antiguos camaradas. ¡Inflexibilidad de las leyes morales 1 ¿Qué castigo más duro para un hombre de honor? Comprendiendo la aldeana la causa de esas lágrimas, le dice: -A l~,s arm:1s, General, que aquí tamié.n hay enemigos de la patria. -Pero d ónde están esa armas? ¿Cómo salgo sin exponerme á qlle me prendan? -Deje su mercé e o á mi cuidao. Aquí volveré cuando esté todo listo. Y con un "adiós, cuente conmigo," con­cluye el diálogo y parte á galope en busca de los más diligentes y decididos patriotas de e ;os con tornos. -¡Viva la libe1Lá ! ¡Viva la patria! ¡Viva el General Bolívar! gritaba al verlos; lo que dio moti\·o para que algunos la tuviesen por loca y otros temblasen al oír tan imprudente grito. Los postas empezaron á cruzarse en todas direcciones; tres días después estaba en agitación todo el alle, y por dondequiera se veían partidas armadas. El Gobernador Domínguez, que se hallaba entonces en Buga, temeroso de la actitud hostil de los pueblos, resolvió trasladar e á Popayán con ochenta hombres que pudo armar, y pereció con todos Caballo de 1·aza percherona, pura angre, nacido en ta hacienda de El Corso y cri&do por M. Antonio Angel é Hijos. ellos en El Guanábano á manos de una gue­rrilla de cuatrocientos soldados, comandada por el Teniente Coronel Alvarez. (1) Ricaurte tenía parientes en Roldanillo ;. esto nos explica por qu~ escogi >el Cauca para refugiarse. Entretaoto, el General Ricaurte reunió los pronunciados y estableció su cuartel general en Tu­luá. Allí ordenó que se presentase todo hombre capaz Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 230 REVISTA ILUSTRADA de llevar armas y se pusiese á la disposición del jefe cuan­to pudiera servir ó hacerse servible para un combate. E!l esa población, cuna del General Prías ( r), aque­lla muJer, alma del pronunciamiento, fue la providencia del ejército patriota: por todas partes buscaba vituallas para los soldados y armas para los defensores de la li- DIANA (Primer premio en la Expo8ictlm cte 1899). sición donde poder resistir á fuerzas superiores, inuti­lizando la caballería patriota, se trasladó á la hacien­da de Sanjuanito, pertenL;ciente entonces al doctor Fran­ciscoVarela, y situada al occidente de la ciudad de Tuluá. Cuando la vanguardi:t de las tropas repubJicanas ocupó esta plaza, había en ella algunos oficiales realis-tas, los que á los gritos de ¡viva la liber­tad ! ¡viva la América libre! huyeron des­pavoridos. Jinetes bien montados los per­siguieron tenazmente hasta las inmedia­ciones del campamento de Hodríguez. El desgraciado Capitán Pancho, que era el mt:jor oficial del ejército Cnl'migo, . fu~ enlazado á b eloz carrera y arrastrado inhumanamente por las calles, acto de crueldad apenas disculpable por la guerra á muerte que el jefe realista había jurado á los patriotas del valle. De paso pam el campo de batalla, nuestra heroína se c sin restri cciones á ]as ideas del ar­quit cto. No qu remos terminar e te breve juicio sin manife tar on franqueza que e de sentirse qne en la construc ión no se respetara la idea del arquitecto. Sin duda la cornisa corintia con sus bien acusado modillones tiene mayor ma­jestad que la dibuj ada en el plano primitivo, pero esto no nos compensa las bellas consolas del balcón clel plano ¿e Santamaría, que fueron reemplazadas por aquella horrorosa dentadura metálica de pesebrera, que rompe la armonía de la hchada, no menos que aquellos mezqui­nos mascstenerse de ejecutar este apéndice, ó por lo menos ha de bid o armonizado con la bella lumbrera que, coronada con un frontón Médi­cis, termina ele tan agradable manera esta parte de la fachada. El dibujo que publica hoy la REVISTA es copiado del original del arquitecto Santamaría¡ él permitirá al lector juzgar de Jos conceptos· propiedad de loa aeñ<>re8 Lw S. Kopp &; O. o Gornpue8ta pot• el arqu~tfcto señor Mariano Santamaría. anteriores. De todos modos, el Bazar Veracruz marca época en las transformaciones de la an­tigua Santafé y acusa en sus grandes línet:..s el ble almacén, y no está lejos el clía en que la estrecha ventana de barrotes que nos recuerda los serrallos tur­cos, desaparezca .para ir á juntarse en el dominio de las tradiciones olvidadas, con el portón de piedra enzurro­nada y el cuarto de San Alejo, que el santafereño ele hace treinta años consideraba como irreemplazables. Entre los edificios más notables de este nuevo pe­ríodo podemos citar la fachada del Bazar V eracruz, de­bida al arquitecto Santamaría (D. Mariano), la que mar­ca de manera decisiva la transición entre el antiguo y talento de un arquitecto. Cuánta diferencia con otros edificios en que la pobreza de imaginación y de cultura intelectual del maesl1o intenta disimularse con el recargo de ornamentaciones falsas y costosas, verdíl­deras c.aricaturas esculturales, por el estilo de aquellas que ornamentan cierta casa de la carrera s.a, de la cual nos parece ver salir á cada instante los siete elefantes blancos del rey ele Siam. PICK WITT. ---)(0)~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 233 EL PREMIO DEL SALON DE PARIS JOYEUX ÉBATX (RETOZOS) CUADRO DE P . CHABA Q, 11: OBTUV gL PUE ~li O DE L • L O... DE PARfS EN EL PRE SE .... TE A ~O. -~- L os periódicos ilustrados de · París han traído copia de un cuadro que figuró en el Sa­lón del presente¡ año bajo el tí­tulo de Joycu;t· Ebats (Retozos), presentado por el artista fran­cés P. Chabas. El Joutnal des A1ltstes, de fecha 1 r de Junio, nos informa que aquella pintura mereció el premio del Salón por 33 votos entre 44 votantes que consti­tuían el J ur·ado, Y. que el Go­bierno francés la compró con destino al Museo de Luxem-burgo. · Esta noticia, que para el público tiene el carácter de un hecho diverso, de aquellos que apenas retienen la atención un momentc, reviste ¡-:ara nosotros un carácter especial, pues se refiere á un amigo con quiten mantuvim0 íntima amistad en la Academia de Pintura Julián, semillero de artistas eminenteg. A aguel centro artístico, el más retinado de París, con­curren los pintores y esculto­res de todo el mundo que de­sean perfeccionar sus estudios, y la juventud francesa que no . quiere someterse á la enseñan­za rutinaria y empapada en los con encionalismos y rancias tradiciones de la Es­cuela Nacional de Bellas Artes Ingleses, ruso , australianos, japone es, chinos, ar­gentinos, no hay pueblo del mundo, se puede asegurar, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 234 REVISTA ILUSTRADA que no tenga algún representante en aquellos talleres, adonde van á estudiar el desnudo y la campo ición, guiados por eminentes maestros. Pero el provecho mayor para· el estudiante en aquel cenáculo, es el resultado de las acaloradas críticas y dis­cusiones que se libran entre los alumnos, la mayor parte de ellos maestros en sus respectivos centros, sobre toda clase ele asuntos, y especialmente sobre estética. Aquellos torneos del arte por el arte, alejan ó aproximan naturalmente las alma en el campo cte las ideas y de las aspiraciones. En tal m~clio tan intransigente como lurninoso se destacaba y se imponía el talento ele Chabas, casi adolescente entonc .... s. Era respetado hasta por los más mordaces, y uno ele los maestros, el impecable Bou­guereau, el mortal menos pródigo en elogios, lo consi­deraba corno á una de las más bellas esperanzas del arte francés. L~rgos años han pasado desde aquel entonces, dn­rante los cuales hemos aguardado siempre con ansiedad Jos periódicos del Exterior con la fe ciega de qne algún día ellos habrían ele informarnos de que nuestro amigo ocupaba en el mundo del arte tan prominente pue to como el que ocupara en la Academia J ulián, y sólo veía­mos con sorpresa surgir otros condi6CÍpulos inferiores, entretanto que Chahas apenas conservaba pne to de simple soldado en las filas en que pintores que habían comenzado con menos empuje alcanzaban ya altos grados. Hemos visto ya tantas esperanza~ malogradas! y es sabido que entre los intelectuale , especialmente, ocurren fenómeno psíquico que tronchan en Oor á ge~ nios como Maupa sant. No impunemente se arrancan á los nervios intensas vibraciones. En uno de estos días negros en que descorílzonaclos con el espectáculo maleante del cotidiano festín ele todo lo que constituye la fuerza y el honor de un país, registr{thamos la prensa extranjera, tu irnos la emoción -:-una de las más profundas y gratas que hayamos ex­perimentado en la vida-de ver entrar á nue tro queri­do condiscípulo al Luxemburgo á los treinta y seis años de edad, á oc u par puesto al lado de los Maestros que el genio francés señala al mundo como norma y como ejemplo en la ardua carrera del arte. · Buscámos en nuestros cartones varios croquis que como precioso recuerdo conservamos de nuestro amigo y entre ellos los estudios preliminares de~ desnudo que hizo para su primer cuadro, aquellos de que un artista muy rara vez se desprende, los que nos obsequió co1 expresivas dedicatorias. Desgraciadamente esos dibujos no pueden ser pu­blicados en esta ciudad, por la circunstancia que de­jamos apuntada, con excepción de un estudio de plie­gues que aparecerá en otro número. El día en que tras de una permanencia de varios años dejámos á París, después de un almuerzo ele eles­pedida, trazó Chabas rápidamente el croquis que hoy publicamos al saludar desde estas apartadas regiones del globo al artista y al amigo que ha merecido el raro privilegio de recibir en plena juventud el ósculo de la gloria. P. c. M. --~(0)~-- HIMNO NACIONAL ;puEDE llamarse así, como el mote lo reza, la bella v Marcha triunfal del Maestro Sindici, con que hoy engalanamos nuestras columnas? Esta pregunta for­zosamente sugiere otra: ¿Q 1é requisitos se requieren para que una marcha triunfal cualquiera sea el himno de una nación, el canto coral, que simbolice sus due­los y sus alegrías en la vida interior, aque.l que sintetice el recuerdo de la patria cuando, ausentes en el exterior, no podamos ver sus queridos horizontes? Para que eso suceda es necesario, dicen algunos, que tal himno sea adoptado por medio ele una ley pro­mulgada por el Congreso. De esta maRera su ejecución será obligatoria en todos los actos oficiales que requie­ran música, y en las Cortes extranjeras habrá Ltn saludo musical obligatorio, toda vez que la etiqneta · internacio­nal así lo exija. EL MAESTRO ORESTE SINDICI Frof~r de Míuica y de (Janto en uta capital durante 37 años; autor de la Marcka Triunfal reconocida gene1·almeate como Htmrw Nacional. No carece de peso tal observación. Las relaciones diplomáticas, prescindiencb de las de la Yida interior de un pueblo, imponen la necesidad eJe un saludo mu­sical. Desde ese punto de vista los gobiernos pueden y deben imponer á sus funcionarios lo que ellos crean más conveniente en el sentido que dejamos expresado. Pero no basta. para que una pieza sea la marcha triunfal de un país el que· un Congreso así lo declare¡ se requiere, principalmente, que antes de un acto ofi­cial la costumbre la haya sancionado. Para que esto suceda, es necesario que alguien tome la iniciativa en componer y vulgarizar piezas patrióticas¡ la 'l10X populi es­cogerá y entonará la que síntetice mejor sus aspiraciones. Para contribuír á este resultado engalanamos hoy nuestras columnas con la hermosa Marcha triunfal del Maestro Sindici, acogida ya por muchos como himno nacional. La oímos cantar el 20 de Julio en la plaza de Bolí­var á un coro de mil quinientos alumnos ele las escuelas públicas de Bogotá, y nos pareció que ella tiene todos los requisitos que una obra de esta naturaleza debe reu­nir para hacerse popular. Movimiento, sencillez, notas que van derecho al alma y continúan vibrando en el recuerdo, forman los rasgos característicos ele la Marcha triunfal de Sinclici. Aprovechamos esta oportunidad para felicitar al señor D. Enrique Argáez, actual Secretario de Instruc- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. MARCHA TRIUNFAL GENERALMENTE ACEPTADA COMO HIMNO NACIONAL COLOMBIANO Letra de R. NU:f'tEZ M.úsica del Maestro SIN DICI §is-- -- r-~-~ ----1.===- --~ l ~~- - 1§ -¡s---- 111111"1~===1-----,-·13--=+-~~~---i~-_,~=t=j_.:_ ~~~~~==~ ---l--:-n---1----i- ---,------i~- .----'-·-·--,--~--~-~ ---~- -==~-·- ~·- ~~ - ~- ~- ---,-.--¡:: ---1---l---l- -~- ---j-- - · - · - · Temno di - · - · - · - · - - · - - · 1!- - - . - 1 - _. • -_.-·-_. _. -~--=--~--~·-51-----_:-- 1 • - • - • - • - -- - • - • - •-~- • - . - . - . - . - . - mareta , • • • • '71! • ~ _ _ , t ~ ! r= l ·l 1: ••••• l~-~~--~~--~~'-1==~~~ •===~==;;=~;;=~========!=-=:=:=:=:=:~-3 E2::._0_=!· '! . ~~~~ ~r ~ - -· ~ ~=IHJ~I~I:I:I=i=Í~í~l_. r::·-:=~= ~-~-J ----- CORO F -_---_--1---·-I - -------===--=f __-~ -~--~fj_==~---.,=.J -_~,-.=,.-~ I---~---•1•-•-·-·~-,M. · --·~ 11. 1 (1111 glo l'ia innwe-¡c~ L:¡t--· -l!li;-~_:_f-l===:¡-El L" . I -;.=--~I¡II'-fi.__,~~ ~ '~--- - -----------=-- 1~!..!.. --~ ---·-- 1 De rra ma las au ro ras f De su in-ven-m--blc luz La huma --ni---dad en- 1 ~ <' 1 ~ ~~~~ 1--¡ --.~--~=---J íf/1.-L-~:~~ 1 _J_+ E j-.. -~~~~-~~ ---1===:::::¡_ -~- t:-~-~a-- -~ --~-. Soldados sin coraza Ganaron la victoria, Porgue el iril aliento De escudo les irvi ó. Coro, etc. 6.a Estrofa. Bolívar cruza ·1 i\nclcs Que riegan dos Oceano ·; Espadas cual centellas Fulguran en Junín. Centauros indomable. Descienden á los llano , Y empieza á presentirse De la epopeya el fin. Coro, etc. ¡.a Estrofa. La trompa victf1riQsa En A)acu ho truena¡ Que en cada triunfo· rece Su formidable són. En su expansiyo empuje La libertad se e trena, Del cielo americano, Haciendo un pabellón. Coro, etc. 8.3 Esi1ofa. La Virgen sus cabellos Arranca en agonía, Y ele su amor v'iuda, Los cuelg(l del cipré Lamenta su esperanza Que cubre losa fría, Pero glorioso orgullo Circunda su alba tez. Coro, etc. 9·a Estrofa La patria así se forma Termópilas brotando; Constelación de cíclopes Su noche iluminó. La flor estreme 'ida, Mortal el viento hallando, Debajo los ]am·eles· Seguridad buscó. Coro, ele. 10.3 E !roja. Mas no es completa gloria Vencer en la batalla, Que al brazo que combate Lo anima la v rdad. La independencia sola El gran clamor no acalla; Si el sol alumbra á todos, Justicia es libertad. C01 o, etc. II.a Estrofa. Del hombre los derechos Nariño predicando El alma de la lucha Profético enseñó. Ricaurte en San Mateo, En á tomos volando, "Deber antes que vida," Con llamas escribió. Cmo, etc. ción pública del Departamento, por haber restablecido ]a patriótic:l tradición ele hacer tomar parte activa á las escuelas del Municipio en la celebración del aniversa­rio de la 1 ndependencia nacionaL E así, por medio ele estos actos colectivos de los hijos del pueblo, como se les va inculcando el amor á la patria. Nada es capaz de despertar emociones tan nobles y profundas ·como la música. Para los niños que el 20 de Julio entonaron aquel himno patriótico al pie de la estatua del Liberta­dor, esa canción irá creciendo en hermosura á medida que la edad vaya colocándola entre los recuerdos de la juventud con panderas tricolores, festones y guirnaldas, cañonazos, mú ica , fuegos artificiales y la cabeza sa­grada del gran Camilo Torres, pálida y sangrienta, en­tre una jaula de hierro . . . Alegan algunos contra la adopción de esta marcha como himno nacional el ser su autor musical de distinta nacionalidad á la nuéstra y haber ocupado el poeta pa­pel militante en la borrascosa política colombiana. Es característico de la obra de arte despertar al­gún recuerdo ó alguna aspiración. La aspiración en el himno de Sindici la de piertan sus bellas notas marcia­les, que realzan la mediana poesía; el recuerdo lo irá formando el tiempo al deslizarse, los actos tristes ó pla­centeros de cada ciudadano, que sumados forman la vida nacional. Para nosotros la obra de arte no tiene fronteras, ni partido. La belleza es absoluta y superior á las pasiones antisociales de los círculos; y en el desarrollo de los pueblos es consolador observar cómo lvs hombres que en otros campos no han merecido la universal aprob - ción, cuando toman el pincel ó empuñan la Jira nunca han osado ensalzar sino agueJlo que constituye las más hermosas conquistas morales y políticas de la huma-· ni dad. El señor Oreste Sindici, inspirado compositor de este himno, hace treinta y siete años que reside en Co­lombia, consagrado á la enseñanza de la música y del canto. Modesto, inteligente, profundamente desintere­sado, y enamorado del país en donde fundó su hogar, podemos considerarlo como á un compatriota. En todo caso, su bella Marcha triunfal debe darle carta de ciu­dadano de Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA E.V EL lllP 'DR0\10 DE LA GR lN SABAXA EL PRnlER CABALLERO QL'E FlG ' HA AL LADO ERECHO DEL LECTOR ES EL GE,'ERAL JOSÍ~ ~IARÍA R 'IZ. CARRERAS Y COCHES URBANOS DE todo tiempo y de;;cle que el mt:ndo es mundo, los juego hípicos en su. distintas arieclade. han sido grato especUtculo que ha llegado á constitufr una ele la principales cliversione. de los pueblos civilizados, para lo cual se an e tableciendo sitios á propósito para co­rrer, ya sea á caballo, á pie ó en coche y últimamente en bicicleta. Entre nosotro. era natural qt1e se d sarro­liara idéntica tendencia, y en efecto, desde hace años solían organizarse con motivo ele beneficencia ó ele los grandes día ele la patria, carreras de ::aballos en circos provisionales, ya en Chapinero ó ya en Puente Aranda; pero esto a í no se compadecía bien con nuestras aspira­ciones de gran ciudad, y entonces el Municipio provocó una licitación para construír en firme un Hipódromo con todos sus accesorios y ()djndicó en ella el contrato res­pectivo á los señores Cario· José Espinosa y Rafael Es­pinosa Guzmán. Estos señores cumplieron bien sus compromisos y hoy cuenta Bogotá con el Hipódromo más bello del mundo por la pintoresca situación en que está colocado y la hermosura del panorama que lo rodea á manera de grandioso circo cercado por la caprichosa cadena ele montañas andinas. Presidiendo las pic::tas en su lado oriental se levanta elegante tribuna que en día ele carrera ·emeja ideal jardín de fantá ticas flore. ; á la izquierda de ésta hay otra más pequeña y más modesta, pero que suele em­bellecerse también, y á su frente y á sus lados, limitando la pista , grupO.' ele árboles que rompen la artificial monotonía ele éstas y no ::.ólo :11 gran la \·ista , ino que cuando ocultan tra de ellos lo~ c~•lnllos n carrera, dan lugar á n:.1evas emociones por la i.h.:erticlnmbre con que se espera la reaparición d aquéllo . En La Magdalena nada falta como belleza natllral, que el hombre ha cuidado para mayor satisfacción, y si á esto se agregan nuestros cerros con sus mil variedades de paisajes y ele colores como fondo del cuadro, e ne­cesario advertir que e. tamos en un rincón privilegiado de la tierra y que bien hicieron los antiguos Zipas cuan­do escogieron para u recreo los entonces apartados si­tios que dominan Monserrate y Guadalupe. Hoy lo que fuera parte de Teusaquillo y Bacatá puede conside­rarse como el Longchamps ele la capital de Colombia. El primer impulso está, pues, dado, y sólo falta el e_ntu.siasta concurso de nuestra gente elegante para que stqlllera por el lado sportivo presente aspecto de gran ciudad esta Atenas, de que con tan poca razón nos en­vanecemos. A amenizar el espectáculo en que venimos ocupán­donos y ponerlo al alcance de m"yor número de perso­nas ha contribnído la empresa de carruajes urbanos que han organizado los señores Pedro y Francisco Plata y Emilio Cuervo M., los cuales, aunque inferiores en nú­mero á las necesidades de la población, han cambiado· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 239 su aspecto monótono, colmando además una de las ne­cesidades del hombre civilizado, cual es la de economi­zar tiempo y esfuerzo y procnrarse mayores comorlida­des por medio de la locomoción. Cesaron, pues, los desvencijados carruajes con postillón de jipa y zurriaga y de tarita invero­símil, compañeros de la ventana de barrotes y la puerta de piedra enzurronada de que habla el colaborador Pick Witt, en otra parte de esta REVISTA. Las victorias de la Compañía Urbana, con su postillón blanco y su joven y robusto caballo, producen una agradable impresión, de la cual, mejor que nuestras palabras, dan idea los graba­dos con que engalanamos estas columnas al dejar en ellas constancia de uno de los más serios ade­lantos de la cJ.pital, iniciado por bogotanos que, además ele su inteligencia y cultura, pertenecen á la alta sociedad, lo cual es prenda de que la nue­va empresa no decaerá, comü otras, sino que más bien se mantendrá, por lo menos, en el pie en que ha sido iniciada. R. -*~­EL ULTIMO ESCLAVO El deber com iste en amar lo qne uno e tmpon~ á i mLmo. GWl'HIC. EL retr:1to que figura en e. tas colnmn<1s es el de Aga­pito Gallego, 1 últimcc. cscla\·o, quien murió en u­maca el 6 de . bril pa ado, á la edad d · no\'enta y nnc,·e año , en toda la plenitud de sus . entidos é intelig ncia. AGAPITO GALLEGO (Et último uclavo), Hace largos años conocimos á Gallego como arren­datario de la hacienda de El Cuchato, trabajando en un trapiche de cañas, que vendió para seguir á Balunda á fundar una plantación de cafetos, de modo que á él y á Custodio Gracia, su ecino, debemos los semilleros ó .. almácigos que han servido para la mayor parte de las fincas establecidas en esta comarca del año de 74 para acá. En su plantío de Balunda llegó á r~coger cerca de trescientas cargas de café por año, y obtuvo allegar un capital bastante crecido para emprender en negocios varios. CARRL'AJE DE LA CO 1PA~IA RBAI'\A (Instantánea del seih•r Manuel B. S~:~ntamar5a). En el apogeo de ns riquezas, Gallego h:1blaba de las miserias á que lo había obligado stt condición innata de esclavo de la hacienda de La Puerta, señalándonos, con sus propias mano. , el sitio donde había na ido en Lo Aya/e , caserío que existía entre Las Tapias y San Antonio, á orillas del arroyo que pása por allí y que si­gue hacia el río Pmzches: esta comarca era para la ser-idumbre de la haciencla: las cabañas de Lo~ Ayates para la habitaciones de los esclavos; las faldas del llano de La Pue1fn, hasta el río, para el cultivo de granos, rmr cuenta de los esclavos, hasta cerca del camino que conduce ho á Chinauta y La Tapias, donde había una capilla para oficios r ligiosos, que era servida por el pá­rroco de Fusagasngá. Puede pues decirse que desde El P01 tóu, Las Tapia , Los Aya/es, por el riachuelo, hasta l ríoPanches, puente de Clú11auta y fila del llano ele La Pue1la, estaba entr gada á la domesticidad y servictum­hre, que pagaban su tributo de e cla os á la hacienda de La Puerta. En la iglesia que exi tía en Las Tapia fue bautizado Aaapito Gallego, y allí estm·o como bien in­mueble, perteneciendo á los diferei1tes dueños de esta finca, ha ta que 'in o la libertad de los esclavos, dada por el General López á mediados del siglo. Gallego con­ser ó toda u Y ida la gratitud más r rofunda hacia el Partido Liberal, por habet redimido su clase social y levantádola á la categoría de ciudadanos libres de· ]a Nación; pero de un modo tal, que creyó de su deber tomar parte en todas las guerras ci\ iles, como soldado decidido en 54, 6o y 76, en que militó á órdenes de jefes liberales¡ estuvo en el combate del N oville1 o, á los 76 años de edad: allí pelearon los fusaga!:ugueños el 9 de Febrero de 1877, á órdenes del General Franci. c0 de A. 11ogollón, contra las fuerzas del .JJ1ochuelo, que mandaba Ardila. Era Gallego un hombre alto, tallado en Hércules¡ fornido, de piel atezada¡ nariz chata, de ventanas redondas; labios gordos y espesos, siendo el inferior más saliente; cabello crespo, apretado y lanoso· barba prominente; mirada dulce y suave; y aunque d~ tipo atlético y africano, toda su persona indicaba bon­dad y hombría de bien; sus antecesores fueron los ne­gros bozales, que habían sido importados como esclavos, en el siglo pasado para el laboreo y explota ión de b minas y fundos. Ya en los últimos días de su \ida us bienes \'inie­ron á menos por la enta de sus plantíos y malos ne- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA godos, y lo vimos siempre invariable en su carácter, á pesar del cambio en su fortuna personal. Al ver la muer­te ya cercana - cansado de vivir, - sonreía placentero; no le causó pavor, sino que ansioso la esperaba, como una redención, á los noventa y nueve años, cuando ya los órganos se resistían á llenar sus funciones: murió, en LOS CARRUAJES DE LA CO:\.IPA:lA URB.\~A formados en las pesebrer t8 de Pr11ba anüa de salir por p1-imtra vez á la cr.UlP. el 20 de Julio. (Jn~tantánea dels i'iur Manuel B. Santamarfa). poco::; días de cama, de una enfermedad del corazón. omo una cnriosidaci apuntamo aquí el dato que nos dio del lugar en donde tuvo su casa de campo D. Jorge Tacleo Lozano, Marqués de an Jorge, cuando fne propietario de La Puerta, durante la guerra de la Inde­pendencia: dicho sitio se encuentra en el cerro de Ambilá, en el punto eu que lo cruza el camino que va de Pall­ches al Iguá, encima de Cltinauln. Allí fue donde edificó una quinta -olitaria y apacible, lejos del ruido del mun­do, por motivo=> de salud en algu­na persona de su familia. u esposa doña Tadea duerme en nue;-;tra igle­si. l pan oquial, en la nave dercch;1, deb:tjo cte una losa ele m:1rmol, qUé tiene esta inscripción en francé:--: A la mélfloi1c de 111a bien ailllée Tadea. Su cas:-t solarieg.1, en Fus~g L ·ug{t, estaba ccli11cada en el costado Norte de la plaza, en el lngar ocupado hoy por el Ayuntamiento. Hasta 1830 no . e conocían otros pasto· para criaderos que los natura­le::., que vienen después de los des­montes; en esa época, siendo dueño de La Puerta el señor ArJtonin Santa­maria, trajo la semilla ele pasto guinea, y lo cultivó, por primerJ. vez, en Sa­baneta, perteneciente hoy á la hacien­da de El Cu.charo. Consagramos aquí un recuerdo de gratitud al señor San-tamaría, quien cambió la faz de esta que le profesámos vivo y con el respeto que merece por los ejemplos que nos deja de amor al trabajo, cons­tancia en la lucha, fijeza en sus ideas, lealtad y honra­dez en· todos los actos de su vida. M. A. ))(( MUDA (NOVELA POR L. T. MEADE Y ROBERT EUSTACE, TRADU­CIDA DEL INGLÉS POR CARLOS SUÁREZ MURILLO). (Continuactón ). -Usted es una mujer rara, dijo; demasiado franca para su profesión; algún día ha de serie per­judicial semejante franqueza. En la posición que usted ocupa, le conviene obrar con más circunspec­ción. Y mientras que me decía esto, se fue poniendo de pie. -El enfermo á quien necesito que usted atienda está de gravedad y pienso hacerle la operación del trépano pasado mañana; si ~sta no sale bien, que­dará loco; la única esperanza está fincada en la ope­ración. Usted irá á casa mañana por la tarde, en la inteligencia de que debo operar al día siguiente por la mañana. -He dicho á usted gne no puedo dejar sola á Leonor, contesté con acritud. - Yo arreglaré eso con la señorita Trefusis y la esperaré á usted. Buen ... L~ tardes. Se sonrió de nuevo enigmáticamente y abando­nó el cuarto. Esa misma noche volvió Leonor á mi aposento. -He venido á darle las buenas noches, dijo. Me ha entristecido mucho la noticia de su partida, pero Mr. Hertslet siempre ha de salirse con la suya. GALLITO comarca, dándole con el guinea dehe­( Primer premio en la 1!-'xpoaición de 1899). sas magníficas para cebas de ganados, obligando así los desmontes, pues no era raro encontrar animales feroces Burro cruzado, de !2 meses de edad, nacido en la l1a.tenda de El O(Jrso; hijo de Monsieur le Coq y de una burra del país, ente1·amente común. como el león y el tigre, que vagaban por los ~ampos en busca de presas, lo mismo que el cóndor, que atacaba á los terneros y ganados menores. ·Hoy nos despedimos de Agapito Gallego, el ne­gro, el esclavo y el gran caballero, con el mi5mo cariño -Yo también estoy muy apenada, respondí, mien­tras que Leonor se sentaba á mi lado. -Ya usted sabe que Ja acompañe en su pesar; amargamente siento su separa-:ión, pero Pablo lo desea así, y no hay nada más que hacer. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA EL Ó DE AG STO ''LTI:i\JO C' lPLIÓ BO OT' 3ÓI A~uS DE EXI TENCIA. HÉ AQ ' Í L T :i\1BA. DE SU FU:\! DADOR GONZALO JIMÉNEZ DE QUE AD 1 DE~TRO DE U,' JARDÍ~ .:>ITUADO EN LAS PUERTAS DEL CEME 'TERIO MUNICIPAL. -¿Se cree usted obligada á doblegarse en todo á sus deseos? dije yo con calma. Ella me dirigió una mirada llena de ansiedad, y re­plicó: -Cuando él habla con energía, tengo que obede­cerle. Es una persona á quien difícilmente se puede re­sistir; ¿no lo cree usted así? -Es cierto, contesté, es cierto; y con un tono de voz en que se notaba un tinte de horror en mis pa­labras. Como ella se había quedado con la mirada fija, creí que no había prestado atención á lo que yo acab~ba de decir. -Me a á hacer usted un'l falta inmensa, dijo al fin. Estos síntomas nerviosos, que on mi tortura, pue­den volver ~uando me falten sus ser icios. A Pablo se lo he dicho, pero no hizo sino sonreírse. Cree que cuando yo sea su esposa, no volveré á sentir estas novedades que ahora me molestan. Yo me imagino que muy bien puede ser esto cierto, pero sepa usted que no tengo afán de casarme. Usted sabe muy bien que en realidad mi corazón no es de Mr. Hert let. Sólo tengo corazón para amar al hombre que· perdió la vida en la India. Cons­tantemente estoy recordándolo, y nunca podría echarlo en el olvido. A veces se apodera de mí el pensamiento de qne tal vez no ha muerto, y no puedo desechar la idea de su posible regre o á Inglaterra. -Su muerte es evidente, respondí, estoy segura de ello; así es que usted no debe alimentar falaces esperan­zas. Deseo á usted completa felicidad, Leonor; es indu­dable que Mr. Hertslet la ama rendidamente. -Sí, él me quiere muchísimo, replicó, y si deseo que su cariño nú sea tan grande, es por lo desagradable que es recibir mucho y dar en cambio tan poco. Pero véngase á mi cuarto, que se me ha metido en la cabeza . enseñar á usted algo que hasta hoy no ha visto: el re­trato del Capitán Gifford. Después de casada, sería mal hecho contemplarlo; pero antes, puedo hacerlo y lo hago. La seguí hasta su aposento. Abrió una cómoda, sacó de ella una cajita forrada en marroquín, y después de abrirla, la puso en mis manos. Contenía la fotografía de un hombre notablemente l1ermoso. Frente levantada, ojos grandes, llenos de vivacidad y de fuego, boca me­dio oculta por el bigote, pero que dejaba descubrir la suavidad de sus can tornos: tál era su aspecto; tenía para mí como cosa evidente que la sonrisa en ese rostro de­bía ser como un r~yo de sol. -Es una buena car~, dije en Yoz alm:tda; la cara de un hombre v;1liente. Lo ~iento por usted, Leonor. Ella me volvió á mirar, y de repente se deshizo en un mar de lágrima .. Rn la tarde del iguicnte día me dirigí al ho. pi tal de Mr. Hertslet, que estaba contiguo á su mi, m a casa. De pués de entrar á mi cu~rto y tomar algún refrigerio, se presentó uníl sirvienta á preguntarme si queri~ Yer al enfermo. -Mr. Hertslet salió, dijo la sirvienta, pero ~dvirtió que si usted venía temprano, podia ver al caballero esta noche. Asentí ele buena gana, y con mi g.)rra y delanta profesi0nales se<1uÍ á la mujer hast;1 la puert~ ele un es­pacioso cuarto del primer piso. Golpeé, y una voz mas­culina dijo: -Siga usted. Un hombre ele elevada estatura e adelantó á reci­birme. Como había una lámpara sobre 1a mesa detrás de él, su rostro y su cuerpo quedaban en Ja sombra. -He comprendido su presencia, señora, dijo; así, pues, puedo contar con sus bondadosos servicios? -Sí, respondí, mucho me complacerá hacer cuan­to esté en mi mano por usted. -Siéntese usted. ¿Mr. Hertslet le ha dicho algo respecto á la clase de operación que voy á sufrir? -Sí, repliqué, y él opina que es cosa seria . -Es verdad, cuestión de vicia ó muerte. Si muero, libre queda el mundo de un enfermo inválido; si por el contrario, recobro la salud, tanto mejor, la ida me son­ríe; usted tal vez me comprende, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - \ REVISTA ILUSTRADA Al decir esto, se sonrió. Había vuelto la cara, de mod? que l!lluz de la lámpara le daba de frente, y su sonnsa pas? como un destello fugaz ante mi vista, del modo más mesperado. Hasta tal punto se transformó su rostro, que me pareció ejercer una especie de fascina­ción. Una idea extraña pasó por mi mente: la de que antes había yo visto esa cara, pero no podía recordar dónde ni;cuándo. Observélque había ~simpatizado con-ust~ d _en otra ocasión¡ encontrábame al servicio de mi reg1m1e~to, ~uando recibí. el golpe ya mencionado¡ se me co~s1dero P?r mu_e~to, per~_lo que sucedió fue que una tnbu me htzo pnswnero, diJO deteniéndose brusca­mente. El ?i<:~, que no debo hablar •mucho, porque la m~nor excitac~on puede ocasionarme un ataque. Tal vez qUie~a. usted Ir al otro cuarto á desempacar mi ropa. Aqm tiene las llaves. - (Conlinum á). ---)~ FRANCISCO DE PAULA SANTANDER {INEOITO) * FELJZ el pueblo que consagra ufano Recuerdo en bronce á su adalid ferviente, Al que supo romper con férrea mano Noble ~ a !ti ve: el yugo del hispano Campana abnendo en el clec:ierto ardiente . . Inmortal.!. iempre qu á tus plantas llego Stento el vtvo fulgor de e a mirada Con q~e ap:-~g~ha. del contrario el fuego O sufna e. to1 o el azar ciego De la lucha titánica empeñada. Era tu. v z consejo, orden y aliento Para la hcl; y tn el supremo instante Atropellando al déspota \'iolento Ungido en . angrc alzaste tú el triunfante Lábaro de la Patria al firmamento. A?ri nclo ~uce~ al tnrbiún tu JXL o, ab1as leyes dt ta te al patri foro, Afrontando tu genio el honcl atraso· N a da falta á tu gloria sin oca 0 : ' Tál te contemplo entre celajes de oro. Augusta Sombra! en e te grato día Naces de nuevo, y todo colombi. no Depo ita en tu altar con mano pía El homenaje del liberto al guía Rendido ante tu vuelo soberano. DORILA A:-.JT0.\1.\JARCHI DE ROJ \S. * Acró tico heth) pnra el C'<.lltcntlio, 2 de .\Ltil CABEZA DE CHISTO de 1892. Modelada en greda por el distinguido a1·tista .A ce~do Bet nal, quien ]>01' Jn·imera t•ez --)o+- se ensaya en estucl#Oii cullurules. migo, y yo con toda sinceridad consideré lo contristado que debía sentirse por haber tenido que venir á esa casa¡ el sonido de su voz permitía leer en su alma, y entonces comprendí que era un hombre bueno. -Haré por usted cuanto esté á mi alcance, dije con entusiasmo, no lo dude ni un momento. Tengu gran · de experiencia en casos como el presente, pues según creo, usted padece de al 11nna enfermedad cerebral. -Así es. Hace do ..; añ >S re ibí un fuerte golpe en la cabeza, y Mr. Hertslet cree que por esa causa se me ha establecido c1erta presión sobre el cerebro. Desde la época de mi accidente, estoy sufriendo tl;rribles ataques epilépticos. Si es imposible hacer algo por aliviarme, iré á parar á un manicomio. Ante tan terrible perspectiva, prefiero aceptar la contingencia que el cuchillo del ci­rujano me ofrece. Cuando en la India oí hablar de la habilidad de Mr. Hertslet, resolví venir á consu1tarlo, puesto que yo estaba en libertad para establecerme en mi país natal. Así lo hice, y aquí estoy. -¿Hace bastante que usted regresó? le pregunté después de una pausa. -Quince días solamente. En mi vida ha habido curiosas aventuras y sobre ellas me prometo hablar á EL TELEGRAFO i HILO aclmirahle. su. pendido al iento, 1 Que vas de. de el riiión de l
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 15

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 14

Por: | Fecha: 11/07/1899

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTtRADA 0ARVAJAL & ESGUERRA únicos agentes de la REvisTA ILus­TRADA en Zipaquirá, continúan en el ejercicio de la profesi6n de Abogados. Su oficina está situada en la plaza :principal, acera Sur, número 7 4. Dirección telegráfica: "VOCERO." JIMÉNEZ & c.a (Aglfstíu A. Jimé-ne~-Jzwtz B. Ba­? rios), Abogados, Agentes y Comisionistas, Bogotá­Colombia. Carrera 6.a, número 322. Dirección telegráfica: JIMENEZCO. LA OFICINA DE EMPAQUES DE ANTONIO M.a MORENO se encarga de enfardelar tnercancías, café y caucho. Transporta de Bogotá hasta Barranquilla toda carga d~ frutos de exportación. ~ DESPACHO: CALLE DEL ROSAR10 NUMERO 82. . 10-1 PILDORAS A}JDINAS Las píldoras andinas curan con seguridad las fiebres crónicas, el crecimiento del bazo, la anetnia y todos los fenómenos del paludisn1o crónico ad· quirido en los lugares donde reinan ]as fiebres in­termitentes. Valor de un frasco, $ 1-20; por doce· nas á$ 10. PIDANSE A CAMACHO ROLDAN & TAMAYO. ~1 'fhe London & Bo[otá TradiM C.0 Ltd., Sucesores de Ricardo Jaramillo & Hermanos ofrecen á usted el mejor surtido de paños, introducidos directamente de las mejores fábricas ingle as. Ropa _hecha y todo artículo . para hombres. COMP ARENSE NUESTROS PRECIOS ~~~,.,...,.....---~...,..,.__,.~~ ,.._ ~,..,..,....,~,~~ •• ! COMPANIA COLOMBIANA DE TRANSPORTES Esta Compañía despacha con regularidad sus vapot·es de Barrariquilla para La Dora a e o ías 3 6, 9 12, 15, 18, 21, 24, 27 y 30 de Cada roe!', y además hace despacbo·s extraordinarios cuanilo as ne e ill es del tráii le lf;. • g.en. Con estos despachos, que están en combinación coo los·· 11rribos de vapores marí-timos á Puerto Colombia, ni los pasajeros ni la carga· s:ufreJl demoras. En cuanto al servicio pat·a pasajeros se garantiza el mayor esmero y buen trato. Es indudable que la cerveza más ~~·~ ~ tónica en las comi;das es la de la ~3\Jt.Jk.).~ ~~ '))((: ~lf~ 1((' La botella que no lleve ti- ~~~¡,,~~ quete es falstficada 6 -2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA A5jO !-VOLUMEN JULIO II DE !899 NÚlVIERO 14 - )~)oOo<«- EMILIO CASTELAR --o-- E~ 1879 conocí a] célebre orador español y tuve oca­. sión de verlo, oírlo y admirarlo en la tribuna. Era un hombre fornido, de mediana estatura, ancho pecho, graneles ojos. negros, tez morena, espesos mostachos que cubrían los gruesos labios, cabeza redonda y muy calva. Se hallaba en la fuerza de la edad. Antes de empezar á hablar, tomaea posesión de la tribuna con apostura de amo, paseaba mirada relampaguean te sobre el auditorio,· sacaba de entre ]as mangas del frac los blancos puños ele la camisa, asumía acti­tud de gladiador que se apresta á la lid y se prepa­raba, en fin, á la oratoria, como un actor para el des­empeño escénico. Parecía entonces que su talla dis­minuía porque su cuerpo se ensanchaba como á la acción dilatadora d 1 pen­samiento de fuego que en su cerebro hervía. Al prin­cipio ele la oración su voz era algo apagada y aguda, casi chillona¡ pero á me­dida que el calor subía de punto en el discurso, el orador se erguía y crecía hasta tomar dimen iones de coloso ante la imagina­ción electrizada de los oyen­tes, y su verbo adquiría inflexiones desconocidas y acentos vari:1clos, á eces cadenciosos, como notas de tnelodía, y otras atrona­dores como ecos de tempes­tad, ya arrullos y ora ru­gidos, para desatarse en raudales de incomr-arable elocuencia, egún la diver­sidad de ideas que su pala­Qra presentaba vestidas de deslumbrantes galas. fumar, connaturalizado con el español, para conservar la integridad de su memoria. El arte de la oratoria fue el ídolo de su vida y la gl0ria tribunicia la ambición que primó siempre en su espíritu fogoso de árabe y latino. Poseía CASTELAR el francés como el español. Cuan­do ll~gaba á París todo su tiempo era embargado por los admiradores con invitaciones á banquetes y fiestas para gozar de los encantos que producía la audición de su verbo sublime. Y sin embargo, CASTELAR no era, propiamente ha­blando, un gran orador parlamentario, ni menos un ra­zonador. Débil en los debates ordinarios del parlamento ó del foro, é inepto para la réplica, CASTELA:R no analizab-:1, ni hacía la dis­quisición de un asunto que se debatiera. Detestaba las argumentaciones razona­das y jamás ~chaba mano de la lógica para desarro­llar una tesis hacer triun­far el pensamiento formu­lado en el e trecho molde de un proyecto. CASTELAR era un tribuno. Su oracio­nes, llenas de sentimiento y de galas, herían de lleno y envolvían en atmósfera de fuego las cuestiones que trataba, se precipita­ban como corriente de ondas sonoras entre lechos de cristal, inflamaban el espíribt de los oyentes, se­ducían el criterio de los diputad0s entusiasmaban á todos. y la idea se ele­vaba triunfante, entre la aureola del arte, sobre las alas el arrebatadora elo­cuencia. CASTELAR ha sido el primer tribuno del siglo y la primera de las glorias modernas de E. paña. Gam­hetta lo consideraba como el único rival que tenía en el mundo, y los críticos in­gleses, inclusive el severo 1 imes, lo calificaron como e] mejor oradordelaépoca. EMILIO CASTELAR CA~TEL R, por confe­sión de él mismo, no im­provi ó ninguno d~ los grandes discursos que cau­saron la admiración del mundo. El arte de la ora­toria es demasiado eleva­do, demasiado sublime, para confiarlo á los esfuer­zos inciertos de las cir­cunstancias, para presen­tarlo vestido con el ropaje vulgar de la improvisación. Dotado de memoria prodi­gio a, preparaba, pulía y + MURCIA 2Ó DE 1AYO DE 1899. CASTELAR consagró á su gloria de orador todas sus facultades, todos sus esfuerzos, todas sus fruiciones y todo el tiempo de su vida. Dedicóse al éstudio de la historia, convencido de que ésta ofrece el mejor arsenal para las luchas de la tribuna. Llevó una vid~ de asceta; permaneció célibe, y ni siquiera adquirió el hábito de acariciaba ele antema110 sus discursos y los recita­ba con toda la corrección de un consumado actor. Y así debe ser. La esencia de un discurso. ó sea la idea, es hija de la ciencia, la forma es hija del arte, y ni la una ni el otro pueden ejercitar bien su labor en el campo de la improvisación. Además, entre las gloriás humanas, quizá la más brillante y la que más emb~i~- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 212 REVISTA ILUSTRADA gantes triunfos ofrece á un espíritu noblemente ambi­cioso, es la gloria del orador. A una gloria tal, que tiene para sus servidores atributos de majestad casi di­vina, no se le puede acordar homenajes en lugar cual­quiera, y sin la preparación que exige la alteza del objeto. Menester es tributárselos con la compostura y recogi­miento del culto que se rinde á los dioses en el templo. Así como las obras maestras de CASTELAR, fueron prepa­rados de antemano y recitados las filípicas de Demóste­nes, las oraciones de Cicerón, las arengas de O'Connell, y los discursos de Mirabeau, únicos dignos émulos his­tóricos del tribuno español. Por lo que acabo de decir, no vaya á creerse que CAS~ELAR carecía de fluidez y de elocuencia cúando ha­blaba sin hallarse preparado. No; sus grandes discursos magistrales eran ciertamente elaborados en el retiro de su gabinete, después de reposada meditación, y cince­lados como las piedras preciosas por el joyero antes de ofrecerlai al público pa·ra que puedan admirarse en todo su esplendor los cambiantes de sus aguas; pero hasta en las conversaciones familiares y de circuns­tancias, el verbo inflamado y elegante de CA.STELAR se asistir á una corrida de toros y oír á CASTELAR; una de mis primeras diligencias en Madrid fue la de saludar al gran tribuno. Habitaba CASTELAR un entresuelo de una modesta casa del Ensanche ele Maclrid. Introclújome la camare­ra de servicio al gabinete de trabajo. Era éste una cá­mara de reducidas proporciones, repleta de muebles en elegante desorden. Las mesas y los muros estaban lite­ralmente cubiertos de bronces, marfiles, medallas, di­plomas, condecoraciones, libros y objetos de arte, todos obsequiados como tributos al talento del ilustre orador. Delante de una mesa de escritorio y en la cual se veían entremezcladas las cuartillas de papel, de tinta fresca aún, con las ordenanzas ele los médicos, traba,jaba CAS­TELAR. Sn labor era extraordinaria durante más de doce horas diarias, pues de su pluma vivía como el labrador jornalero del azadón. Recibióme como á antiguo cono­cido y convencido admirador, con la efusiva afabilidad y elegante sencillez que gastaban los antiguos hidalgos castellanos. Después ele cruzarnos frases de cortesía, pregunté! e si la idea republicana hacía progresos en Es­. paña. -No me ha­ble usted de Re­pública- di jo, le­v Itándose súbi­tamente de su silla giratoria (porque en lo ge­neral los oradores no pueden dar vigor á sus pala­LA BENDICION DEL PAPA El Soberano Pontífice utá rodeado á la derecha de Momeñor Della Volpe, May&rdom,o del Vaticano, á la izquie1·da ele un ca­marero secreto. Detrás e•tánformad08l08 auizoa de la guardia papal. ras sin ponerse dt pie).-En Es­paña, continuó CA TELAR-no puede haber Re­pública, porque no hay republica­nos. Además, us­tedes los surame­ri can os, como descendientes de nosotros que son, se pagan mucho de las formas y muy poco del fon­do de las cosas. Para ustedes de­cir monarquía es decir despotismo, y decir república, es decir libertad. ¿Y en dónde hay más libertad efec­tiva yprácticaque en la monarquía inglesa y en 1 a monarquía espa- (Fotografia instantánea de la Biograph and Mutoscope C. o). ñola, y en dónde sobreponía á la sencillez y llaneza . características de los españoles, y, á su pesar, el interlocutor abría paso al orador. En apoyo de esta afirmación, vaya una anéc­dota como final de este artículo que, á pesar de mis teorías, he improvisado para complacer á mi ilustrado amigo el Director de ]a REVISTA, haciendo una brusca irrupción en el campo de las bellas letras, después de haberme escapado por unos momentos de las redes de las letras de cambio. Con motivo de las fiestas del Centenario de Colón, volví á España en 1892. De acuerdo con la mayoría de los europeos que opinan que á España debe irse prin­cipalmente por tres cosas, á saber: visitar Ja Alhambra, hay más despotis­mo que en sus repúblicas de ustedes? Yo soy algo más grande que ser republicano, soy dem'ócrata. Mi gran labor olític;a en España ha sido injertar la democracia en la monarquía, y mi lllalabra ha coronado esa labor con el triunfo. Con un discurso hice la libertad religio­Saj con otro discurso la libertad del sufragio, y con el tercer discurso la libertad de esclavos, Con mil palabras hice libres un millón de hombres. ¿Puede haber mayor elocuencia que la que contie­nen estas pocas palabras que quedaron grabadas en mi mente? ~ Cuando murió Mirabeau, Talleyrand, para honrar su memoria, leyó en la Asamblea Constituyente el admira- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 213 ble discurso del gran orador sobre la igualdad de las particiones de la sucesión en línea recta. Asimismo, como el más hermoso tributo á la grandeza del tribuno español, deberían grabarse sobre los mármoles de su tumba los tres discursos que dieron vida en España á la Democracia, base fundamental de los gobiernos de la moderna civilización, porque es la aplicación social de la filosofía cristiana. J. M. QUIJANO WALLIS. Bogl)tá, Junio 27: 1899. ---)(0)(-- DE COMO EMPLEo\ EL DIA SU SANTIDAD LEÓN XIII TA~ sencillo como exiguo es el cuarto en que cada nuevo díc:t á las seis de la mañana el Papa se levanta. Cubre sus muros una tela ama­rilla; un reclinatorio y un catre tendido de blan­co forman el mobiliario. Muy cerca de aquella habitación se encuentra el oratorio en donde León xrn dice misa en los días ordinarios ayuda­do por un Obispo de sus familiares. Cuando cierto número de peregrinos ó viajeros solicitan el favor de asistir á la misa del Papa, se les· convoca para el Vaticano á una hora matinal y León XIII oficia ante ellos. Encorvado, flaco, endeble, sostenido por dos de sus ayudantes, se mueve ante el altar con una humildad EL LECHO DEL PAPA EN SU CUARTO DE LA TORRE LEONINA. Al pie del lecho e ve su criado de wriflanza Pio Centra. lenta majestuosa; pero cuando se vuelve para bendecir, se irgue, y la expresión de su mirada tiene algo sobe­rano. Pocos momentos después de la misa toma un fru­gal desayuno y da principio á las audiencias que son para él un fatigante trabajo, pues nunca se limita á una banal conversación con su interlocutor, sino que se apro­vecha de este acto para ponerse en verdadero contacto con el mundo exterior. Recibe también á los diversos Cardenales presidentes de las Congregaciones romanas, que son como los diferentes ministerios de la Iglesia. El Secretario de Estado, que es el encargado de las LA SILLA DE REPOSO DEL PAPA EN SU DORMITORIO. relaciones del Papa con las diversas potencias, hace desfilar ante lo ojos de León XIII las cuestiones de la poHtic~ del mundo, que todas tienen su repercusión en el Vaticano. Por esta razón los puestos diplomáticos ant~ la Santa Sede ~on los ,más envidiados¡ porque el Vaticano es, por dec1rlo as•, un obser atorio desde eol cu, ~ St: abarcan, mejor que de ninguna otra parte, los h nzonte complicados de la política universal. Después del Secretario de Estado llegan alternati­vamente el Cardenal Vicario que iene á traer noticias de las p~rroqnias romanas, de las cuales el Papa perma­nece Oh1 ·po; el Cardenal Prefecto del Concilio que vie­n~ á: c~nsultarle sobre asuntos relativos á la fe y á la cltsc1phna; el Cardenal ecretario de lo'i reves que es el supremo burócrata de la Iglesia, ó el Cardenal Pre­fecto de la Propaganda que tiene á León XIII al cm·rien­te, semana por semana, de los progresos que hace la Igle ia en el mundo. Además, no hay Arzobispo ni Obispo, por alejados que se encuentren de Roma, que no vengan á ver al Papa por lo menos una vez cada cinco años. Otro tanto puede decirse de los misioneros de todo el orbe y de ciertos lai~os pri ilegiados que vienen á completar esa univer­sabdad de ecos que hacen del Vaticano, á pesar de la reclusión ele León XIII, la Corte mejor informada del mundo. En otro tiempo era necesario, para presentarse ante el Papa, llevar vestido de Corte¡ hoy el frac y la corba­ta blanca bastan. Las seño'ras deben presentarse el~ ne­gro con velo de encajes. Antes de pasar de la puerta roja que da acceso á los aposentos pontificios, el visitante debe quitarse el sombrero y los guantes. Después, provisto de la corres- , pendiente boleta de entrada á la audiencia de Su San­tidad, atra iesa una sala en donde 'se encuentran los gendarmes; en seguida otra adornada con gobelinos, que es la de la guardia palatina, y finalmente llega á la antesala de honor, en un rincón de la cual hay una puer­tecita que la comunica con la sala llamada secreta, que precede inmediatamente al salón en donde León XÚI recibe. Un prelado acompaña á cada visitante; uno y otro se arrodillan tres veces antes de llegar al sillón pontifical; después el prelado desaparece y el visitante permanece de rodillas hasta que el Papa lo invita á sen­tarse. • •• Un cañonazo disparado desde el castillo del Santo • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 2I4 REVISTA ILUSTRADA Angel, seguido de repiques de campanas, dice á Roma que es medio día. La hora de audiencias ha terminádo y el Papa se prepara, si es primavera ú otoño, á dar un paseo. Sobre una banca cerca de la puerta de la antesala secreta, encuentra su sombrero rojo, su sobretodo roj")_ y su bastón y más lejos la silla de manos rodeada de seis palafrenie1i vestidos ·de rojo, que lo esperan. Después de haber bendecido la guardia que forma en fila, entra en la silla y á la voz de alzate el cortejo desfila al través de los innumerables salones y corredores del Vaticano. Aquí y allí el Papa da orden de detener, cambia algu­nas palabras con sus familiares y luégo continúa la in­terminable marcha hacia los jardines. Un carruaje le espera á la entrada del parque; la silla se detiene y el Papa, bien abrigado en su sotana blanca disimulada por el amplio sobretodo rojo, invita á uno de los preladosparti­cipantí á que tome puesto á su lado en la carroza, la cual comienza á rodar, escoltada por dos guardias nobles á caballo, á través de las avenidas sembradas de verde~ encinas y de boscajes de mirtos. El coche pasa por de-visión de la Edad Media en que se complace su grande imaginación histórica. En la rotonda del primero y único piso busca refu­gio contra los calores del estío; el piso bajo está desti­nado á sus familiares. Por la ventana de la rotonda que mira al levante se llega á un pequeño·retito incrustado en los espesos muros, en el cual hay un lecho y un sillón para las siestas del medio día. Desde a1lí se ven parte del templo de San Pedro y la cúpula de Miguel Angel. La entrada al salón de la rotonda es absolutamente prohibida á todo el mundo. Pero que el Santo Padre agite el campanello y entonces todos sus familiares estarán in­mediatamente listos: entra su fiel criado Centra, pone el s•,bretodo rojo sobre la endeble espalda de su venerado amo y toma de la mesa un péndulo portátil en caja de cristal y el cartapacio cuyos preciosos papeles solamente á él confía; el monsígn01 participante le alcanza el som­brero que León XIII se pone siempre con placer y el bas­tón que él á menudo prefiere al brazo que el prelado le ofrece para llegar á la carroza qne le espera en la puer­ta de la Torre Leonina. Antes de tomar puesto en el carruaje da generalmente nn corto p~seo á pie y visita sus viñedos, que en ciertas oca­siones él ha vendi­miado personalmen­te; contempla el rosal de rosas té, su flor predilecta,cuenta Jos botones, arranca las hojas secas y se com­place en calcular el resultado de la cose­cha, y ciespués de hacer á su jardinero Pietro las últimas recomendaciones monta en la carroza que le seguía paso á paso, y al trote corto de los ca baltos al través de las alame­das de verdes enci­nas', regresa al Vati­cano. EL SALÓN DONDE TRABAJA EL PAPA Después del pa­seo y frecuentemen­te durante él, León XIII escribe. Cua.ndo ]ante de la fuente de la Zitella, cuyas aguas son reputa­das las mejores de la ciudad inclusive las de 1' Agua Marcia. A la derecha. saluda al pasar la gruta de Lour­des. Si toma á la izquierda al rededor de aquella roca en que las aguas forman cascada, llega al delicioso Casi­no de Pío IV, én donde aquel Pontífice del siglo XVI acumuló todas las gracias del Renacimiento y al mismo tiempo todos los. encantos que la Roma antigua prodi­gaba á sus suntuosas casasquintas, de las cuales el Ca­sino es uno de los más puros y ricos modelos. León XIII prefiere, sin embargo, la Torre Leonina, construída en el siglo v en la parte más culminante y · más salubre de los jardines del Vaticano. Mientras más se avanza hacia este recóndito lugar del Bosca-reccío más se tupe el arbolado de encinas hasta convertirse en floresta de árboles gigantes en donde rei­na grandioso silencio. La masa enorme y negra de la Torre Leonina, y la continuación de muros almenados hasta otra Torre que sirve de Observatorio, ofrecen á León XIII una como León XIII prepara. una carta, ya sea para alguna nación cristiana, ó para toda la Iglesia, comienza por trazar primero en grandes hojas de papel ministro muy breyes notas que va arrojando á un cajón que cierra con llave, pues se complace en ver su pupitre despejado de pape­les. Cuando él juzga el momento oportuno llama un Se­cretario para que cun esas notas redacte el documento correspondiente. El Secretario reúne aquellos pensa­mientos, los ordena y forma un conjunto, respetando la originalidad de expresión de León XIII, el cual es revi­sadó repetidas. veces por el· Papa y corregido con insis­tencia hasta que lq ~ncuentra satisfactorio. En el momento en que muchos hombres de Estado no veían sino una pasajera crisis en lo que se ha con­venido en llamar la cuestión social, León XIII escribió de la expresada manera su famosa carta sobre la condición de los obreros, en la cual el clero en.cuentra poderosa impulsión para una acción moral nueva en el mundo. León XIII es, además, el primer latinista de su época, y aspira á ser, si se nos permite la expresión, el poeta, e·n aquel idioma, de su propio pontificado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 215 El trabajo del Santo Padre se prolonga en ocasio­nes hasta altas horas de la noche, y suele suceder que antes de ir al Jecho pida una vez má8 la silla de manos . y se haga conducir en medio del acostumbrado cortejo, no ya á los jardines sino á la inmensa y sombría basílica ~ oM, z ~ (/) M '"O ;:¡;.. (/) M ~ tl) ~ o > ~ :::0 o N ::t> '"O o :::0 .~. o C/) · >;j ._ ~ ::t> o :::0 Oq e 2. - ¡.;· z 6' M (JI r; (f) :S e+ g¡>. tJ :S ~ SI) t'IJ Q. r (1) ¡;;-' < t:d ;¡;:. ;· .....;¡ :Jq - ~ o "t=:r' ' ;:¡;.. 11) z t:S Q. o ;a::.: ~ (') o "=' (1) fl -;...- de San Pedro, adonde va á orar. De rodillas, ante la Oonfesión, en donde reposa el cuerpo del apóstol Pedro, el muerto que encierra aquel sepulcro y el vivo que ora sobre aquel reclinatorio, no forman á diez y nueve si­glos de distancia sino un solo y mismo l ersona.je. -(~0 ~)--. RECUERDOS EL GENERAL PÁEZ EN SU DESTIERRO. CORRÍA el año de 1867. En una tarde del mes de Abril me paseaba sobre la cubierta de un buque mer­cante de los que eutonces hacían 'la trav€sÍa de Co­lón á Nueva York. La tarde estaba serena y un vasto horizonte azuloso se desenvolvía ante mis miradas, que en mi ardor juvenil querían como desentrañar esas cos­tas desconocidas que tanto anhelaba ver. Ese a.nhelo creciente de llegar al puerto me hizo pensar en la dis­tancia que me separaba de él, y, bajando las cómodas escaleras del buque, me encaminé á ver esos datos que diariamente se colocan en determinado punto como Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 216 REVISTA ILUSTRADA para calmar la ansiedad de los viajeros. Hechas mis cuentas, me convencí de que aún faltaban dos días de navegación, y en tal inteligencia volví á continuar mi EL1PAPA SE PASEA Á PIE ACOMPAÑADO DE S y sometidos á un mismo, aunque transitorio, destino. En­tonces las distinciones formales se desvanecen y los hombres así UIJ.idos somos úno en espíritu y en verdad. SOBRINO EL CORONEL PECCI Es en horas como esas cuando se com­prende la verdad que entrañan aque- 11 as palabras de 1 predicador evangé­lico, cuando dijo: " E n la m a ñ a n a cuando salí á cami­nar d á lo lejos. un objeto que se movía y pensé que era un monstruo; me a ce r­qué á él y ví que era un hombre; luégo me aproximé más y ví que era mi her­mano." E. ésta una el e 1 as en. eñanzas pr:1ctict~s 9e los via­jes, y por esto el hombre que ha via­jad0 es siempre más tolerante, más bené-olo y más amplio. Y SEGUIDO DE UN GUARDIA NOBLE. Cuando el peligro había pasado y la noche avanzaba, la conversación as u - mió un tono más se­rio y luégo más co­municativo, Ya uno de los viajeros decía á sus compañeros el objeto de su viaje¡ (Futografía lnetant~nea de la Bi1 graph and ~futoscope C."). Y a un venezolano • preguntaba á un pe-interrumpido paseo sobre cubierta. Al salir. de nuevo, noté que el aspecto dél mar cambjfrba y se nublaba el horizonte. U na hora después, el buque era juguete de tumultuosas é imponentes olas, al tiempo que la nie­bla impedía ver otra cosa que no fuer, la espesa bruma y las ondz, y procedentes de países cuyo intereses han llegadG á creerse algunas veces antagónicos. En horas como esa se siente la man­comunidad humana y se comprende el absurdo de todo cuanto tienda á separar á los hombres en virtud de sus diversas nacionalidades, tendencias ó aspiraciones. Sea cual fuere la nacionalidad á que los hombres pertenezca- . mos, es úno a u estro origen¡ y sean cuales fueren las dis­tinciones formaJe~ que nos separen, es úno nuestro des­tino. Esta verdad que el Cristianismo enseña, se hace palpable cuando nos vemos en el mar en grupos al pa­recer heterogéneos, amenazados por un mismo peligro ruano ppr un amigo residente en Lima hacía largos años. Oí luégo á un distinguido C(Jmpatriota pregun­tar á un venezolano si aún residía en Nueva York el General Páez. E . ta inesperada pregunta absorbió toda mi atención y oí entonces al enezolano contestar afir- TORRE LEONINA n:ativamente,· ~ñadi~ndo que aquel hombre á los 77 anos de una e~tstencta entregada enteramente al servicio de su patria, llevaba en Nueva York una vida retirada y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 217 pobre. Estas últimas palabras me llenaron de admiración y de tristeza, y silenciosamente tomé la resolución irre­vocable de que á mi llegada á Nue a York el primer mo­numento que yo iría á isilar sería ése, formado de espí­ritu y materia, en donde señoreaba el (l]ma de un prócer que nunca había yo soñado conocer, y el brazo del atle­ta más formidable ele la Independ ncia sudamericana. Esta idea señaló nn mÓYil más noble á mi viaje y me llevó como por la mano á recordar los anales gloriosos de la lucha ele nuc tra emancipación. Me alejé silencio. o del grupo de mis compañeros, como para poder ahsor­berme m á y m á en el cur o de la id as que una 1 nes­perada pregunta, r lacionacla con la vida del G neral Páez, había impreso á mi pensamiento. ¡Cómo, me decía, puede er qn vi a lejos de u patria ql1ien exponiendo casi diariamente Sll ida por mucho años, SÓlo pen Ó en dejarnos patria propia, indep nden ia y libertad! y aquel pensamiento me llenaba ele . anta indignación. ¡Vi ir olvidado e l ,.;uerrero del Apure, que lle ·aba iem­pre lo~ llanero á la vi toria! ¡Vivir J obre el J fe abso­luto de lo Llanos, el 11e tuvo á su disposición la::; vida y haciendas de sus conciudadanos, el Jefe militar del departamento ele V nezuda. 1 que fu Pr siclente de su paí dos eces y luégo Dictador! ¡Vi ir pobre, de - pués ele manejar por tantos aiío lo. caudal ele una importante repúbli a! Hé aquí un título más á la grati­tud de los que por él podemos de ir tenemos patria in­depencli nte, y l nzanclo una mir,tda obre la mar e pu­mosa que se e ·tendía entre el bu JliC y la anhelada · ta, m pare ía muy lejano el lía en que pudiera \'er al gue­rr ro del Apure ' cslre llar esa mano que tanta. vec s empuñó la lanza qne llevaba el terror á lo. tüanos. Eso .: nhel s, esos 1 ensami nto. ruzaban por mi m nte mientra el buque que me conducía s balan eaba o re las olas a itada . Al fi11 un el ía los marinero · nos eiblaron ntre bru­mas algo inde iso vago que d cían ·er la co "ta, y en ilencio renové mi oto ele i ·itar ante. que extrañas grandeza. , al h 'ro ele Payara, ;d de terrado que dio pa­tria á su conciudadanos, al pobre que hi7.o rica á Vene­zuela, y al que buscaba la lib rtacl de u p.ttria á fu rza de brazo, como dicen lo lb.neros. Llegado á Nue,·a Yorl·, me instalé en el Gramercy Park-hou e, hotel ntonces muy irccuentaclo por los co­lombianos que iban á esa ciudad. Una de las primeras vi itas que r ibí fue la ele mi amigo Rafael Pombo. Deseaba yo mucho conocer á este clistin(Juido literato co­lombiano, y n"li sati facción al relacionarme con él fue do­ble: en primer h.}crar 1 porque realizaba este deseo, varías veces sentido, y porque e ¡ eraba que me déJrÍa razón del General Páez y podría pre entarme á él. Después de las frases de ordenanza en semejantes casos, pregunté á mi ya amigo Rafael si conocía al General Páez y, dada su respuesta CJli.rmativa, le exigí me pre entara á él. Convi­nimos en el día, qne fue E-1 próximo, para ello. Rafael és­tu o en el hotel á la hora fijada, con toda la puntualidad de un yankee, y emprendimos la por mí tanto anhelada marcha. Luégo que llegftmo á la mode. ta sola en que el General recibía, Rafael se hizo anun iar y pocos mo­mentos ele pués i aparecer en lla {t Páez con la sencillez y naturalidctd propias de un hombre que tiene conciencia ele su mérito, pero que . e esfuerza en tratar á los demá con la llaneza de quien no se preocupa de él. Cuando Rabel me pre entó me dio 1 viejo héroe las gra ias por. el deseo manifestado por mí de conocerlo y me habló ele lo mucho que él había anh lado conocer los Estados Unido. de Colombia, como entonce :::e 1lamaba este país, y ele la gratitud on que él había recibido una ley dada por el Concrre o, en la cual se le asigna a una pen ión. Confie o on franqueza que yo ignoraba la exis­tenciJ. de tal ley y me ab tu e de emitir concepto sobre ella, en lo cual procedí (;uerdamente, porque una vez que me impuse de sus clispo i ione , creí que al dictarla no se había procedido con el debido miramiento del caso, toda vez que en ella se exi ía, según me informaron, la permanencia del General Páez en este país para disfru­tar de tal pensión. Yo creo que el espíritu que la in­formaba era noble, pues no tengo la osadía de atribuír á un Congreso de mi patria nada indigno; pero sí pre­sumo qne no se meditaron debidamente sus disposicio­nes. En efecto, obligar á un personaje de los méritos del General Páez á venir á Colombia como condición previa para recibir una pensión, no era, en mi concepto, proceder con delicadezo. Es posible, y yo así lo creo, que el motivo que dictó tal disposición fue e] deseo de ver en este país á un personaje interesantísimo para todos; pero en mi concepto la insinuación debió hacer­se en otra forma. Nada requiere más fino tacto que un beneficiu hecho en momentos difíciles para quien lo re­cibe, máxime si se hace á un hombre de altos mereci­mientos y de exquisito pundonor. Mientras el General me hablaba en los términos que dejo relacionados, Ra­fael se dirigió á una pieza contigua, á hablar con un hijo del General Páez, y éste, como aprovechando aquellos momentos, me dijo: -Quiero y he querido á muchos compatriotas suyos, y me euumeró á varios; pero á quien quie­ro como á hijo es á Pombito; y al usar tal diminu­tivo comprendí que lo dictaba no el tamaño del.amigo, sino lo tierno de su afecto. Luégo añadió: -Yo pasé aqní una larga temporada casi des­conocido; pero á Rafael se le ocurrió ocupar varios periódicos americanos refiriendo lo que yo llamé una ez mis travesuras y· él ha dado en llamar mis ha­zañas, y esto dio lugar á grandes demostraciones de estimación que me die.ron este país y el Gobierno, haciéndose intérprete de la opinión nacional (r). En mi concepto, añadió, una de las raF.ones de la paz de que disfruta este país es que el Gobierno obra siempre de acuerdo con la opinión pública. Dios libre á esta tierra de que los yankees se hagan ateos, porque al día siguiente el Gobierno estaría derribando templos; ó de que se aficionen á las conquistas bélicas, porque al día siguiente el Gobierno estaría despachando batallones. Luégo el General me preguntó cuánto tiempo pensa­bit pasar en los Estados U nidos, y como le dijera que poco, me recomendó no me fuera sin ver algunas maravillas. y especialmente el Niágara, para donde me puse en mar­cha tres días después. La familiaridad con que el Gene­ral me trató, el afecto que me dijo tenía por Colombia y el cariño casi paternal con que me habló de Rafael Pombo dejaron en mi ánimo una grata sensación. Para mí, sean cuales fueren las dotes intelectuales de un hombre, si no descubro en él el dón de afectos, no des- (1) Rafael Pombo fue desde niito admirador entusiasta y cantor 6 relator, f'n verso y en pro~ a, de las proezas d 1 +-grf'gio Páez. Él y EmHio Macia .. E cobar 1·omentaron en 1850, en sentidas e~;trof¡¡s que entonces se publicaron. ht adversidad y prisión del héroe en aquella época. Por rara coincidencia. le tocó en 1 '13 al primero, recién llegado de Jos Estados Unidos y presidiendo la Junta celebradora de nne tro 20 de Julio. di~po­nerl€ 1 honores fúnebres ó máa bien una heroica apoteo is al mi mo GenerAl, muerto poco antes en Nueva York. Inventó nna Legión Páe~:,, formada de diez y ocho escuadrones ú partidas de jineteA de otro· tantos pueblos neo­granadinos, con e~tandartes, oistlnl!nldoR por sos respectivo~ nombres y Jo de diez y ocho campos de gloria del Hércules llanero. lo cual lo saludó y oonmemhróen efigie que se er~?Uía aliado Je la e tatua d~l Padre de Co­lumbia · y á su pie pronunció P(•mbo, roneado do u compafieros de co­misión. la oración histórica y necrelógica del c:asn. Pocos afios deipués tornó Pom.bito á recordar muy especialmente á su venerado amigo en la mismA. fie ta anual en un romance conmemorativo d~ todus los héroes de nuestra Independencia, el cual bautizó, á. la llant-ra, Galerón colombiano, pensanilo Fin duda en el que fue el Cid de eso ... romanc .. s y sabia cantar­lo cou voz tan arrogante como su brazo. Cantaron dicho galerón nacio­nt~ l en el mi mo sitio. en torno de la clásica obra de 'l'enerani. á la vista de los veteranos f"Obrevlvlentes de la magna guerra, todos los alumnos de las t-Fcnelas ofiolalt·s y oon mú:sina hecha ad hvc por .-1 lamentado maes­tro Ponce de León, hi tórlco consonante digno del León de Apure. En 1883 el tema escogido por Pombo para culaburar en d p ético ••centenario de Bolhar " generosamente dispuesto por el Mioi ·u· de (.hile D. Jo 6 Antonio Soffia, fue Q;ueseras del Medio, la proeza lucomparable de Páez, t~f~ctUilda. comu muestra de su género á la vista de B lívar y del sol meri­diano; que Pombo relata alli en otro romanceó gnle1·ón, exclusivo en me­moria de su héroe favorito. amén de otro romance que añadió en honor de ucre. Abreviando esta nota, no hace un mes que d mismo t'ombo. vivo y vigente aún. al medio siglo de 1 50, aprovechó eierta ocasión relativa á un homónimo. para pintarnos en el rdámpago d~ una Imagen nueva las Irresistibles cargas del que deificó el apellido 1' AltZ. ¿Quién J•Odrá eclipsar nunca la memoria. De aquel ciclón de lanza de 108 Llanos Que puso coto á cuellos de tiranos Más que todos los héroes de la historiar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 2I8 REVISTA ILUSTRADA pierta en mí ninguna simpatía. El General Páez sabía hacerse amar, y esto no podía tener otro origen que la espontaneidad con que él amaba á los hombres con quienes se ponía en contacto. Al despedirme del General me exigió lo aguardara un momento, y, V:)lvien­do ·nmediatamente, me regaló el ptimer tomo de su au­tobiografía, con una atenta dedicatoria. Me despedí de él lleno de gratitud por la manera afectuosa con que me trató y con esa satisfacción que deja siempre el pensar que hemos cumplido algún deber, y más si el deber es de aquellos que nos imponen nuestras genuinas y desinte­resadas afecciones. Pocos días después un sirviente del hotel me anunció que había en la sala un caballero que iba á visitarme. Inmensa fue mi satisfacción al ver que ese visitante era el General Páez. En la conversación noté que él deseaba imponerse de la marcha. que llevaban lo:; asuntos políti­cos de este país. El General debió notar en mí alguna vehemencia al calificar determinados actos políticos de que le hablé, porque al contestarme, entre otras cosas, elijo; -Usted está llamado á tomar parte en los asuntos políticos de su país, y yo me penni~o, como viejo que soy, cfarle un con ejo,-mezclando á su actitLHl una son­risa de benevolencia: ataque u:;ted siempre el mal donde él se presente; pero no se preocupe ni ensañe contra los hombres. Sucede en política. que muchos de los hombre que hoy cree uno, qui:T.á con razón, que son sus más fe­roces adversarios, mañana necesita de ellos para resol­ver favorablemente una situación política difícil. Por esto, aunque sea necesario atacar tal ó c...tal istema, conviene no reñir con el hombre que lo del1encle. Comprendí la verdad y aun la utilidad de tal ad­vertencia y le contesté: -General, yo no pienso inmiscuírme en los asun· tos políticos de mi país, y la prueba de ello es que mi actual viaje á Inglaterra obedece al cl seo que tengo de observar allí los adelantos agronómicos y ver si en­cuentro en ellos algo aceptable para mi país. -Es seguro, me contestó, que ese sea su propó ito; peoo ¡ah 1 en eso países nuevos, aunque uno no tenga voluntad para ello, los acontecimientos lo arrastran á la lucha. Vea usted: cuando estalló la guerra de Indepen­denci, l, yo no era sino peón de un hato, y ya ve adónde me llftvaron los acontecimientos. -Así es, General; pero aq11éllos eran otros tiem­pos, que, Di~s mediant~, no ,olverá~, en qu~- ~m­periosas necestdacles obhga an a herotC()S sacnhctns. Yo confío en que los de ustedes nos hayan redimido de ottos nuevo . . ...-No lo crea u ted; cada época tiene nue as nece­sidades, y estos países hispano-americano no e tán todavía constituí. lo . No crea u ted que nada de lo que hoy existe habrá de perdurar. Poco despué el General Páez se despidió de mí y yo nYe quedé meclitand,o su~ palabras y e~1 la ver~lad que ella~ entrañaban. Algun ttempo desptte,, le htce una visita de clespeclicla, en que poco ó nada importante ~a­blámos salvo algunas apreciaciones sobre las costumbres americ~nas, ele las cuales era el General muy partidario, y sólo noté que me inquiría con if1terés el día de mi viaje y la hora de mi partida, sin darme cuenta del objeto que en ello se propusiera. El día señalado para mi viaje llegó al fin, y en el momento en que yo me ocupaba en entregar al postillón mi equipaje, me anunció un sirviente que un caballero preguntaba por mí. Salí á. ver quiéf_l er~ y ví al General Páez en un coche descubterto. Le mste para que entra­ra y me elijo que iba á acom~añar~e hasta el ?u9ue, y me instaba á salir pronto. As1 Jo h1ce y el posbllon del General siauió adelante hasta que llegámo. al puerto. Entrárnos Junto al buque y el_ General me dijo_ 9ue me ocupara en instalarme en mt camarote, ofrec1endome aguardarme sobre cubierta .. cuando H.egué lo e!:contré mirando para la playa con atre pensativo. Me dtJO que él también pronto se iría de allí¡ que la inacción comen­zaba á fatigarle y que probablemente partiría para la Ar­gentina, en donde un amigo le ofrecía asociarle en una empresa. Me causó tristeza pensar que un hombre de sus merecimientos y á su edad se sintiera empujado, quizá por la necesidad, á cambiar de residencia, y le dije; -V á ya se General á mi patria, donde usted será muy bien recibido y estimado y nos consideraríamos fe­lices de que usted hiciera de esa N ación que lo admira, su patria adoptiva. -Sin duda, me dijo, que esto sería lo más cuer­do; pero tengo ya una especie de compromiso pre­vio de ir á la Argenti11a. Me pareció not r en él algo como tristeza, desa­liento ó incertidumbre, y esto me impresionó doloro­samente. Hablóme de mi viaJe y me dijo que sentía deseos de moverse y que bien pronto saldría de Nueva York. Cuando así me hablaba el General Páez, sonó el ca­ñonazo que anunciaba la hora de partida. El se puso de pie, lo cual hice á la vez, y, dándome un e:;tt·echo abrazo, nos separámos. Lo seguí con la mirada lleno de tristeza, con la convicción íntima de no volver á erlo jamá., y algo como remordimiento de que ni n patria ni la mía hubiesen sabido alivi. r sus años ele infortunio; y aunque al sentir su corazón latir cerca del mío me pan:cía que el suyo me había comunicado valor para soport;-~r toda amargura, éll verle solo, pobre y sin saber adónde enca­minar sus pasos, en una edad que requería ya el des­canso, la ola de la tristeza subió en mí hasta hacer hu­medecer mis ojos. Agobiado al pes" de esta emociones · en una tarde nebulosa y triste ví desaparecer ante mis ojos la costa americana. J AN c. ARBEL EZ. --)(0 )+- TEATRO COLON EXISTE en la Biblioteca Nacional un volumen manus­crito, en el cual están varios curiosos documentos relativos á la fundación del primer teatro en Santafé. Alli se encuentran originales la licencia pedida al Virrey por los señores Tomás Ramírez (1) y Dionisia del Villar para edificar un coliseo; el concepto de la junta ele po­licía de la ciudad, en la cual figuran D. Antonio Nariño y D. José Miguel Pey, y el Oidor Alba, en sentido favo­rable á los peticionarios; la licencia del Virrey Ezpeleta, la escritura de asociación de los dos empresarios, varias listas de los gastos y de los actores de entonces, y auto~ relativos á la empresa y 4 pleitos de los dueños entre s1 y con el Cabildo. Estos manuscritos, que se conservan en buen estado, contienen todas las firmas autógrafas de las personas que intervinieron en el asunto, y curiosos datqs para la historia de Santafé en aquella época le­jana. En la solicitud, que fue hecha en Nlayo de 1792, dicen que desean "establecer en esta ciudad una diver- 5iÓn pública de que tanto carecen sus habitadores, y qu_e al mismo tiempo-que sea útil y honesta redunde en ub­lidarl de ella, sirviendo al público de escuela é instruc­ción para que sea capaz de adquirir nobles y úti~es ideas, y conociendo que los teatros siempre son propws á este intento, hemos determinado establecer uno en esta ciudad." Ofrecen, como capitulaciones, pagar so mensua-les al Ayuntamiento, poner tre3 palcos para las autorida­des (Virrey, Oidores y Cabildantes), y someterse al cen­sor que nombre el Supremo Gobierno. Pedían en cambio el privilegio por diez años. En cuanto á precios, estipu­lan 1~) siguiente: "que nichos concurrentes, de cualquie­ra calidad ó condición que sean, de ambos sexos, hayan (1) Groot lo llama erróneamente Francisco. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 219 de pagar á la entrada de la primera puerta dos reales, y los que, distinguiéndose, quisieren entrar á la luneta, pagarán, á más de lo dicho, por el primer orden de asientos, á tres reales cada persona, y por el ele segundo á dos y medio, por el de tercero á dos, por el de cuarto ·á uno y medio y por el c!e quinto á uno, y por los palcos ya á los cinco meses se pudieron dar las primeras re­presentaciones. Hasta el año de 1885 existió en la puerta una tablilla, gastada por el polvo de un siglo, donde se conmemoraban estas fechas. Decía así: Se priucipió esta obra el io de At.0 de I792 y se dieron las comedias pro­visionales toldada la cac;a, el día 6 de En.0 de I793 hasta FACHADA DEL TEATRO COLÓN EN LA CALLE ro.a OBRA DEL ARQUITECTO ITALIANO SEÑOR PIETRO CANTINI. . ó balcones de primer alto un peso, por . los de segundo seis reales, y medio real los que tomaren asiento en las gradas." . La licencia fue concedida en los términos expresa­dos., y los dos solicitantes se asociaron en 2 de Agosto de 1792, según escritura pública; y el plano y organiza­ción de la obra fueron aprobados por el ingeniero señor Esquiaqui. Veinte días después se empezaron los trabajos, y (Fotografía de Duperly and Son). el I I de Feb.0 de dho. afio, y concluída la ob1a, se princi­pialon las funciones el 27 de Octttbte de I793· (r) Hay una anécdota con respecto á D. Tomás Ramí­rez, que fue referida por el doctor Zerda y el señor Ca y­cedo Rojas hace pocos años en el Papel Pen'ódico de (1) Un facsímile de ella se publicó en el Papel PeTiódico en 1887. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 220 REVISTA ILUSTRADA Utdaneta (r). Según ella, el señor Ramírez, después de haber sido acaudalado comerciante, se empobreció en el juego. En gran miseria frecuentaba los garitos, y á ellos iba en busca de alguna propina para su subsisten­cia. Una noche en que jugaba un rico Oidor fue llamado por éste para que siguiera los apuntes en su nombre, pues tenía que ausentarse por ser día de besamanos en Palacio. Ramírez ·estuvo de gran suerte y logró cuantio­sa ganancia. Fue al sigui"ent~ día á entregar al Oidor la suma adquirida, mas éste no quiso aceptarla, y con este capital hizo Ramírez el teatro. En contra de esta historia hallamos estos párrafos en los memoriales del señor Ramirez. En uno dice: "Lo cierto es, Excelentísimo señor, que después de haberme sacrificado en esta empresa que me ha dejado atrasado, lleno de fatigas, cargado de deudas y repetidamente de­mandado, no he conseguido otra cosa que persecuciones, menosprecios y censuras, suponiéndome una crecida utilidad, cuando esperaba una gratitucl por facilitar tan á mi costa una pública diversión en un lugar donde todos se quejan que ni aun siquiera hay tertulias domés­ticas y que sirve á ella ele mucha ilustración, siendo in­creíble haber verificado esta diversión en un pais cuyos actores ni remotamente tenían noticia ni idea de lo que son cnliseos." Y en otro posterior dice: ''La obra se pensó perfec:ionar con $ 6,ooo, teniendo por infalible el aserto del perito que lo aseguró . .. Cuán grande fn~ra b. diferencia ella misma lo decanta en la gruesa suma que se consumió de más de $ 4o,ooo. De aquí resultó el atraso de mi carrera en el comercio, el estrago de mi casa, el cargarme de débitos, el deshacerme hasta de las preseas de la decencia de mi rnujer, y el poseer una bien mezquina suerte, siendo necesario para mi subsis­tencia el pasar los trabajos consiguientes á la miseria." Se ve por estos testimonios del señor Ramirez que él era comerciante y acaudalado. No podía mentir con tal cinismo, en una ciudad donde se le debía conocer bien, dado el escaso número de habitantes de aquella época. Algo misterioso sí hay, sin embargo, en el c3pi­tal que aportó, pues en la escritura de asociación se dice en la cláusula J .a: "Que es advertencia que el enun· ciado Ramirez va en compañía de otro sujeto (el cual no quiere suene su nombre) á costear dicho coliseo de por ambos ....... y en caso de fallecer dicho Ramírez antes de que se concluya dicha gracia, luégo que mues­tre el citado sujeto un instrumento firmado de puño del mismo Ramírez sabrán sus herederos y dicho Villar quién es para que se entiendan con él." ¿Sería este socio el Oidor de aquella historia? ¿O se­ría el Virrey Ezpeleta, como hemos llegado á suponerlo? El mal éxito de la empresa hizo impenetrable este se­creto. '' Ezpeleta-dice el señor Caycedo - lo apoyaba y es­timulaba eficazmente¡ pero el Arzobispo se creyó en el deber de contrariado, y aunque no se opuso abierta­mente, llegó á ofrecer á Ramírez hasta $ 4o,ooo con tal que desistrera del proyecto. Pero nada pudo vencer la firme resolución del mercader, y la obra se llevó á cabo, á lo menos hasta donde lo permitieron los recursos con que contaba el empresario." Groot asevera esto mismo: " El Arzobispo, dice, no estuvo de acuerdo con el Virrey, y propuso á Ramírez le vendiera el edificio para poner un beaterío. Ramírez no quiso, porque hacía cuentas muy alegres, las que le salieron muy tristes, pues se arruinó con la empresa." . En el códice que hemos citado al principio semen­cionan algunas de las comedias que se daban en aquel entonces. Allí se habla de El Pintor de la Deshonta y La fuetza del Natural. El historiador Groot dice que la primera pieza que se representó fue una comedia titu­lada El M onsttuo en los jardines, y que después se dio La . (1) Tomo v, afio 1887, páginas 209 y 235. Misantropía, "pieza que excitó demasiado la sensibili­dad de las señoras de aquel tiempo, no acostumbradas á esas chanzas." En una carta de D. Francisco Javier ele Zabarain á D. Juan José D'Elhnyart, fechada en Santafé el 4 de Noviembre de 1793, publicada recientemente (1), se en­cuentra este párrafo relativo al teatro: "Se finalizó la suntuosa casa de este coliseo, y ayer se representó la tercera comedia intitulada El Conde de Almco , que la representaron muy bien: han hallado un gracioso sevi­llano muy salado y chistoso, todo él de una figura. Los señores del Cabildo no asisten al palco en corporación, sino que ven la función de abajo como particulares, y el palco está cerrado y depositada h. llave en el Cabil­do¡ porq'le le pasó un oficio el señor Virrey, diciendo que no colgasen alfombra sobre el balcón de su palco, que sólo á él le correspondía. Ellos obedecieron la or­den, pero con protesta, y ya han ocurrido." ''En 1797-dice Ibáñez-trabajó allí la primera compañía de volatineros que vino á Bogotá, y más tarde se representaron algunas comedia ele Calderón y muchos de los sainetes de D. Ramón de la Cruz.'' Sobre la Zebollino y la Jerezana, que representaron á principios del siglo y ele que tantos recuerdos hacían hasta hace poco los viejos santafereños, hé aquí lo que dice un escritor hogotano: "La señora María ele los Hemedios Aguilar, llama­da LA. ZEBOLLINO, vino á Bogotá en compañía de su marido D. Eleuterio Zcbollino y de su hermano D. Fran­ciscc, Aguilar, que se casó en esta ciudad con la señora Teresa Suárez, que aún ivc (2)¡ abrazó la causa repu­blicana y fu ~ fu il< do por lo!-. españoles en 1816. Zebo­Uino era ingeniero, y regresó á España antes de la re­volución. ·a porque los recuer jo de la juventud son tan agradables, ó por cualquiera otro motivo, lo cierto es que los que conocieron á la Zebollino pretenden que en materia de canto no e ha oído hasta la fecha nada comparable á las tonadillas y canciones de la agraciada andaluza, que sólo cantó en el teatro, como aficionada, una ó dos veces. "La señora Rafaela Isaza, llamada LA JEREZANA.., por ser oriunda de Jerez de la Frontera, casada con D. J or­ge Tadeo Lozano, Marqués de an Jorge¡ doña Andrea Manrique, doña María del Carmen Ricaurte, D. José María de la Serna, el inglés Burman y otros, represen­taron en el teatro de esta ciudad hasta 181o. La Jereza­na cantó unas tonadillas con hJ, tante gracia¡ los otros .ejecutaron la comedia titulada El Rey Pastor. Carricarte era el Director de Orquesta. Todo eso tuvo lugar cuan­do se supo la reconquista de Buenos Aires. Ese triunfo de los españole mandados por Liniers, que vencieron á más de doce mil ingleses acaudillados por Baresford, se celebró en Santafé de Bogotá con pompa inusitada: funciones teatrales, corridas de toros, carreras de caba­llos, fuego.-.; artificiales, juegos de bisbís y de cachimona, etc.¡ cuentan que todo estuvo á las mil maravillas." Largo sería hablar de todas las compañías que lué­go figuraron en nuestro escenario. El señor Caycedo Ro­jas, en el papel Periódico, en 1887, el señor Laverde Amaya recientemente en el periódico Bogotá, y el se· ñor Cordobés en sus Reminiscencias, han enumerado á nuestros mis célehres. actores y consignado curiosos episodios de nuestras tablas. Con ligeras modificaciones subsistió el primitivo edi­ficio hasta el año de 1886. Resolvió entonces el doctor Núñez expropiarln á su dueño, señor Bruno Maldonado, y mejorarlo debidamente. El doctor Núñez decía que le tenía horror á poner cimientos, y por eso pensó tan sólo 1 (1) Papel Periódico llmtrado, 1887, tomo v, página 209. (2) Escrito hace más de SO a!ios por el bogotano D. Juan Francisco Ortiz, en su .Resefla histbrica t:Ul teatro d6 Bogotá, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 221 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 222 REVISTA ILUSTRADA en reformar el vleJO edificio. Mas el arquitecto señor Cantini vio las dificultades de restaurar aquel ruino­so coliseo y resolvió reconstruírlo íntegramente.·' Desgra­ciadamente- dice Ibáñez- ya se había derribado parte del coliseo, motivo que obligó al arquitecto á continuar la obra en el si,tio inadecuado que ocupa, pues la calle es angosta y tiene notable desnivel, y al Gobierno á ex­propiar, con costo considerable, parte de las casas anexas al antiguo edificio, cuya área era insuficiente para le antar el nuevo teatro." BIBLIOGRAFIA T1·atad á sus razonamientos personales." Esto se cumple perfectamente en la obra que ana­lizamos, destinada, como didáctica, á la enseñanza del Derecho Civil en la Universidad de Colombia, puesto que esquivándose en ella lucubraciones demasiado abs: tractas, que p)dÍan ser materia de un libro esencialmen­te de consulta para los juristas, no se abordan tampoco nimiedades inútiles de aquella que, salvando la forma y el estilo, no enseñan nada que pueda llevarse al te­rreno de la práctica. Mucha utilidad en los conceptos y mucha sobriedad en la exposición, vienen á. er el dis­tintivo del Tratado de Derecho Ctvil Colombiauo. Sentíase desde hacía mucho tiempo la necesidad de una obra de la naturaleza de la que trat.amm>, pues si hien es cierto que en los Comentadores france­ses se encuentran amplia y perfectamente expuestas gran parte de las doctrinas en que se fundan nuestras le­yes, y también lo e que en los alegatos de los abogados que salen á la luz pública hay I.:!Studios de alto valimiento sobre el espíritu i11o. ól1co de nuestra Legislación, no podemos menos de convenir n que aquellos comentado­res, á más de no estar al alcance d muchos abogado y estudiantes, ya por el idioma en que están escrito. , ya por sus altos pre ios, no tienen algunos· puntos nnc os y enteramente característicos del Código, y en cuanto á los estudios de los jurisconsultos, por completos que ellos sean, no siempre son desapasionados y claros. El delicado punto de la retroa ti idad de la ley, por ejemplo, que tantas controversias ha ~uscitado entre los abogados y tantas dudas ha ocasionado á los jueces, está, en nue~tro concepto, muy bien estudiado en el pri­mer tomo de la obra de los señores Champeau y Uribe, llenándose con este estudio un vacío y poniéndose una mira que guiará por el verdadero camino á unos y á otros. Si este asunto nuevo ha sido tratado con tanto acierto, no dudamos que al analizar las sucesiones, libro sui gcncris del Código Civil colombiano, lo harán con la misma claridad y el mismo método. La obra está escrita en estilo sencillo y correcto, que es una de las cualidades esenciales· en los textos de enseñanza para amenizar la aridez del tema. Sin exage­ración podemos decir que al mérito de excelente libro de derecho, reúne el de ser escogido trabajo literario. Su aparición marca una época señaladísima en la his­toria de nuestra Legislación y de l'luestra Literatura, y es prueba palmaria de que la venida del señor Champeau al país ha sido á éste de grande utilidad y no motivo de inútil erogación, como tantas veces se ha di­cho. Ojalá siempre se gasten los fondos públicos en obras como la de traer profesores extranjeros que implanten entre nosotros los últimos métodos de enseñanza y que formen la verdadera Universidad, y pronto se verán los buenos resultados en el perfeccionamiento de nuestras escuelas y colegios. N o queremos decir que en nuestro país no haya tal vez quien sea capaz de elaborar un libro de esta na­turaleza, puesto que ahí están Uribe, digno colaborador del Profesor francés, y Bonifacio V élez, autor del P1'0n­tuario sobte asuntos adminz'strativos y judiciales; pero es una. verdad que no podemos desconocer, que aquí la necesiaad de ganar el pan de cada día impide á nuestros hombre de ciencia dedicarse al estudio y nada más que al estudio, lo cual hace muy difícil la tarea de producir obras del mismo alcance de las de los autores europeos. Además, aquí no tenemos bibliotecas comple­tas en donde poder consultar todos los puntos que un estudio delicado merece. No dudando que se cumplirá fielmente la promesa hecha por Jos autores de dar término á su obra, la REVIS­TA ILUSTRADA, admiradora de lo que es verdadero mérito, publica sus retratos como una muestra de estimación y gratitud. , CLÍMACO MANRIQUE. NECROLOGIA L A IENTAMOS el fa­llecimiento de los señores Julio Añez, Andrés Borda, Jesús María Gutiérrez, Ca­milo A. Ordóñez, Sig­n cio Vargas-joven ingeniero lleno de in­teligencia y de porve­nir- y Vicente Res­trepo. Añez, el primero de esta lista fúnebre, pertenecía al gremio de la pren a y en este sentido nos cun1ple darle de manera t~ pe­cial la eterna despe­dida desde estas co­lumnas. Cultivó también la literatura é hizo una antología de poe­tas nacionales, en la cual campean el buen 1 JULIO A -EZ + 9 DE JU. 1 10 DE 1899. ~-· gu to en la selección de poesías y el justo é imparcial criterio en la escogencia de autores. ''Después de haber leído algunos de los frutos de su delicada inspiración-dice el distinguido escritor Juan de Dios Uribe-ticne uno que admirarse de que sea tan verdadero poeta el que lleva un semblante tan taciturno, un porte tan reposado y un espíritu ca i in­conmovible. Si Julio Añez es perezoso, aun para mover sus pupilas, y si su aspecto de hombre indiferente puede acusarlo de insensible, sus versos-sus versos siempre armonioso -revelan que él, sobre ser feliz en la con­cepción, es tan vivaz, ingenioso y agudo en la expresión y ardoroso en sus sentimientos como noble y generoso _ en sus ideas. Ultimamente ha presta-do á las letras na­cionales un importante servicio, publicando El Parnaso Colombiano, trabajo que comprende las mejores mues­tras de nuestros mejores poeta , y en el cual, si faltan composiciones de Añez, luce el buen gusto del compi­lador." Un distinguido escritor nos ha enviado el siguiente artículo relativo al señor Restrepo, el cual acogemos con gusto: D. VICENTE RESTREPO ( N o ocurre con motivo de su muerte aquella especie de torneo de hipérboles literarias en que la ani­rlad suele empeñar á los escritores á hacer oír el concen­to de las alabanzas en honor de los que salvaron las ba­n ·eras del vulgo dura.nte su existe-ncia. No; en el presente Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 224 REVISTA ILUSTRADA caso es la espontaneidad la que rinde el tributo pú­blico, alternando con las cordialidades de la pena y con la voz unánime de la admiración el ingenuo clamor de los pobres. Ni ahora se debe este desbordamiento de respeto y fama á la interposición de la tumba: el solo nombre de VICE. TE RESTREPO desde en vida hada amable la virtud. Sabe Dios, si no tan ·sólo para acele­rarle el merecido galardón, pero juntamente para hacer aquélla envidiable y haber de suscitar por ende el pres­tigio del estím.ulo, la Providencia ha tenido á bien dis­poner el largo viaje del insuperable benefactor, en tanto que muchos fieles miran esa ausencia como intempestiva, por el hecho de seguir de hoy más los huérfanos ham­breados, las viudas en aislada consternación, las madres desvalidas sin apoyo, fuera de abrigo los ateridos miem­bros de los desheredados, falta de báculo la senectud, las doncellas aba11donadas, sin el oportuno sostén de una fuerza más poderosa que cierta sugestión conven­cional del honor aristocrático; y en fin, cuando se cree D. VICENTE RESTREPO + 7 DE JULIO DE 1899. que lo miserables, cuyos dolores, muchas veces sin vínculo con los ele arriba, al rodar como eslabones des­engarzados del engranaje social, l}abrán de gimotear echando menos la solicitud de este padre de innume­rables familias, de este propagandista práctico del bien, de e te rayo del celo, de este ángel de la buena región, disipador de horas sombrías en almas laceradas y en tugurios'que la indolencia no conoce y á cuyo aspecto vuelven con repugnancia el rostro los que ignoran las privaciones de la Cruz. Lo que principalmente se impone á la considera­ción de los hombres de pró ante esta pérdida, es el valor inestimable de un ejemplo tanto más precioso cuanto más raro de día en día, tanto más fecundo cuanto más modesto y e condido, pues según precepto de perfección limosnera -"que no sepa tu izquierda lo que haga tu de­recha '-él derramaba con generosa eficacia provisiones de· su peculio bajo el anónimo de la asociación del san­to Fundador onomástico suyo. En él palpitaba aquel sentido innato de condolen­cia por el padecimiento ajeno; y á ese sentimiento ex­cedía su acción, movida por superior impulso: tál la causa de aquella :tctividad que, multiplicando en sus manos los recursos con la más tinosa prudencia, concu­rría á la asistencia de los enfermos y al consuelo de los atribulados, al mismo tiempo que acarreaba el óbolo ma­terial para el necesitado, el pan espiritual aun para los remisos, y algo como el maná milagroso para la inopia vergonzante. Pero otra cualidad aún más heroica brillaba en su fondo de oro, como que la pureza del corazón había he­cho en él inviolablP. la continencia ele la lengua: en tra · tándose de la reputación del prójimo, su senci11ez de paloma y su carácter de caballero eran el mejor escudo para cualquier ausente. El espíritu mundano consagra por su parte un otro instinto que no tiene su raíz en lo más noble de la vo­luntad, y es el del éxito ruidoso, ó por Jo menos ostensible, de una exflansión ávida de viso, de nombradía, de noto­riedad profana: vano movimiento de egoísmo, desarre­glo de ambiciones pueriles .. . Si bien ese instinto da á las veces con medios qúe no hacen del todo esténl su acción, es porque en su desarrollo se mezclan gérmenes de una mejor vitalidad¡ mas como quiera que sus propó­sitos se circunscriban á lo meramente humano, no pasa de ser una semblanza de virh.1d. Y bien. A ese punto en que la Caridad, compene­trando todas las potencias del individuo, se ingenia y se aviva, se prodiga y se esfuerza, se a rifica y e difunde en in endio o.bren, tural, de contagi oso calor, á ese gra­do lleg0 el privilegiado varón cuya muerte en e ta ac­tualidad lloran tan sentidamente, no tan sólo los ligados á él con los vínculos de la sangre y de la ami tad, sino en globo nuestros gremios de distint::L condición social, y aca o de muy e recia} manera los miembro , reuni:los ó disper os, de corporacione honorables, que vieron al señor RESTREPO en mesa presidencial; pues es de no­tarse qne tan nunifiesto aparecía en él, no obstante su porte inequívocamente humilde, uno como sello de su­premacía ingénita, que, incorporado en cualquier centro de hombres meritnrios, tndos á uná le enaltecían al pri­mer puesto: tal es el privilegio, méls que del talento, de las sobresalientes virtudes; tan· imponentes son á todo trance las creclenéiales de la rectitud; tan avasa11adora la confianza que la integridad inapeable despierta en el ánimo de los demás. En los últimos ocho años ele su vida, en que sin tre­gua se le hizo presidir la Sociedad de San Vicenté de Paú l. se contrajo de la manera más admirable al ser icio de los menesterosos; pero tan exclusiva y absolutamente, que no obstante el seguir como sigue esa institución su benéfica y no interrumpida. tarea, bien podemos decir los socios· so­brevivientes que parece haberse llevado aquél consigo una forma in~dita de la abnegación: ¡de tal suerte es in­llenable el vacío que su desapa;:ición acaba de producir en el seno de nuestra beneficencia! Para concluír, bien quisiéramos comunicar las alas del consuelo á. estas líneas, á fin de que cumplieran una misión religiosa á las puertas del hogar de los repetables deudos, y asimismo atenuaran las sombras del luto en los abismos de la indigencia ..... . l. c. Bogotá, 7 de Julio de 1899. . ~O+- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA. ILUSTRADA 225 LA CAlDA DE LAS HOJAS CUBIERTA la llanura se veía Con las hojas de otoño macilento¡ Perdido el bosque su misterio había Y el ruiseñor su melodioc:;o acento. Y un triste y moribundo adolescente Iba, agobiado de crüel fatiga, La selva recorriendo lentamente De sus primeros años dulce amiga. "Oh selva de mi amor! Adiós! exclama¡ Tu duelo anuncia mi postrer suspiro¡ Y en cada hoja que perdió la rama Mortal presagio a ongojado miro. De oráculo fatal la voz arcana Doliente oí: -De nuevo e1l la pradua Marchitarse ve1·ás la hoja temprana De nuevo, sí, pero Zc: vez posl1eur! Con paso presuroso se aveci11a La pet durable 110 he tenebrosa¡ Y más que otoiiu pólido, declina Ttt cuerpo sin vig01 hacia la Jo~a. Agostada la plú ida frc cura De ltt edad juvenil será primcto Que la gtama vivaz de La llauma Y los pámpanos verdes del ole1ol ... . - Y yo ~ucurnbo! . . .. obre mí las alas Batió sinie. tro el á brego aterido¡ Y de mi fresca juventud las galas Cual nubecillas leves han huído. Débil arbustcJ en breve aniquilado, Formaban mi ata ío escasas ti ores; Y no dejaron fruto sazonado En pos de sí mis lánguidos verdores. Ruéda, ruéda, hoja efímera! Del suelo Oculta á la mirada los abrojos¡ Y no sepa una madre sin consuelo El lugar que reciba mis despojos. Mas si, enlutada y sola, fiel amante Aquí llorare al expirar del día, Interrumpe mi sueño un breve instante Quiero saber que me ama todavía!'' Dice, y se aleja . . . . ¡Eterna despedida 1 La última hoja que la tierra besa Marca el último aliento de su vida. Baj9 una encina se cavó su huesa .•.. .Pero nunca la piedra tosca y muda Por ella fue de lágrimas regada; Tan sól0 del pastor la planta ruda Rompió el silencio de la tumba helada. ALFON o DELGADO. WAGRAM Á Rvfún J. Moaqu1ra. 1 EXANGÜE junto al muro que ha temblado Al terrible fragor de la batalla, Un sargento imperial yace postrado, Herido por un casco de metralla. Mustio .•.. descolorido . . . jadeante, Y empapado en su sangre el cuerpo inerte, ¡Con qué horrible verdad en su semblante Se retrata la angustia de la muerte! · . 11 Como gotas de plomo, lentas ruedan Por sus hondas mejillas demacradas Dos lágrimas ardientes que se quedan En los bigotes rígidos cuajadas. Es que allá, de la Francia bajo el cielo, Hay seres que por él dolientes lloran; Sencillas almas que con santo anhelo "¡Qne v lvamos á verlo!" á Dios imploran. 111 Como d airado mar, sordos rumores .. e alzan de la llanura en los confines; R doblan los históricos tambores Y resuenan los épicos clarines . . . ....•.... Es Napoleón que pasa! ... El abnegado, Noble guerr ro á quien la muerte hiere, Irguiéndose, rle júbilo inflamado, "¡Viva 1 Emperador!" exclama ... y muere. FRAN 1 co A. GAMBOA. San Salvador. 1 99. --~0~ EXPLICACIÓN DEL GRABADO QUE FIGURA EN LA. PÁGINA. 22 La figura del centto que di1 ige un 'coro tepresenta la Música. A sus lados se desanollan en dos f!tupos los Ptinci­pales personaje<; de algunas· de las más popula1es ópetas, dt's­tribuídos de la manera siguiente,principiando por el ex­ltemo izquietda delg1abado: G1-upo de Baile, Alfonso y Leonor (Favorita), Julieta reclinada sobre el pecho de Ro­meo, Ruy Bias, Otello, Lohengrin, Due Foscmj., D. Carlos, Valentina (Hugonotes) y Hamlet. La figura central de este grupo representa la Poesía· A la izquierda de la Música, .fi~zwas del segt41tdo plan: Aida, Serníramis, Hernani, T10vad01·, El Profeta, Mefis­tójeles, Guillermo Tell, Saffo, Fausto y Mm-garita, D. Che­cho, Guaraní, Norma, Lucrecia B01gia, D. yuan, Cannen y el Barbe1o de Sevilla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA MUDA (NOVELA. POR L. T. MEADE Y ROBERT EUSTACE, TRAD - CIDA DEL INGLÉS POR CARLOS SUÁREZ MURILLO). AQUELLOS días tan terribles ya se fueron, pero la pro­funda impresión que han dejado en mí los dos meses pasados, debe vivir por largo tiempo en· mi memoria. Mañana se casará esa niña á quien tanto he querido, y por la cual me he visto al borde del sepulcro. Es ley de la existencia amar á aquellos por quienes mucho se ha sufrido. Por nacimiento pertenezco á la primera clase social, y por profesión soy enfermera. A principios del invierno pasado, solicitaron mis servicios para cuidar á una per­sona que padecía una enfermedad nerviosa. Mi pacien­te, que es una joven llamada Leonor Trefusis, tiene diez y nueve años de edad; es de fisonomía encantadora, y debe su belleza no solamente á la corrección de sus facciones, sino á la tierna frescur
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 14

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 10

Por: | Fecha: 27/02/1899

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA DIRECTOR, PEDRO CARLOS MANRIQUE FOTOGRABADOR, SATURNO ZAPATA - ADMINISTRADOR, RUBÉN J. MOSQUERA AÑO I- VOL. 1 EL CARATE 1 VESTTGACJQ, lt. l>EL DOCTOR 10 TOVA Y FLORF.Z L AS endemia espe iales á las naciones del continente hispano-americano, on las menos conocida en el mundo científico, porque su estudio ha sido, ha ta ahora, muy inc mpleto, por carecer los inve. tigadore · de los ele­mentos de que e dispone en Europa para e~tablecer lapa­togenia y la terapéutica de una enfermedad. ierto es que nuestras endemias han sido descrita por observadores sagaces y mencionadas por los viajeros, pero hasta en estos últimos tiempos nadie e había preocupado de aplicar á u estudio lo métodos pa terianos: el micro - copio, el cultivo, y la inoculación, que tánta viva luz han arrojado en el estudio etiológico de la mayor parte de las enfermedades. Sabemos que el coto, por ejemplo, es endémico en Santander, pecialrn ;-:t-p en las márgenes ciel río Suáreh y sus afluente , pero todavía carecemos de un estudio cien­Íífic: o sobre la verdadera causa observadores modernos, y algunas de ellas men­cionadas por los rronistas de la conquista y colonización, esperan todavía el sabio que venga á descubrir el microbio que bs determina y las condicione~ biológicas en que ese agente morboso sea nocivo para el hombre. En el mismo e::;tado estaba el estudio del carate ha.:;ta hace dos años, época en la cual un hijo de nuestra Univer­sidad y distinguido miembro del Cuerpo médico de Mede­llín: emprendió sus investigaciones sobre la etiología de esta endemia, las que acaba de coronar brillantemente c0n el descubrimiento del hongo asp·ergiloide que es la causa específica del carate. Las investigaciones del doctor Mon­toya y Flórez están consignadas en su tesis de grado, de la Facultad de París. (Recherches sur les caratés de Co­lomhie- r8g8) que tuvimos la suerte de verle sostener, la que le mereció entusiastas felicitaciones de los eminen­tes profesores que componían el Consejo, presidido por el eminente Profesor Dieulafoy. El trabajo del doctor Montoya y Flórez honra la ciencia nacional, y por ese motivo LA REVISTA ILUSTRA­DA se apresura á ofrecer á sus lectores los grabados que representan el hongo del carate, en diversas faces de sus manifestaciones, el retrato de su descubridor y algunas rá- BOGOTA, FEBRERO 27 DE 1899 NUMERO 10 pidas con ideracione obre esta enferm dad, que puedan er comprendida p r todo·. El caral e de origen am ricano y fue en territorio d Colombia en donde primero lo descubrieron los con~ qui tadore e paño1e . El R. P. Juan Velas .o, en su histo- DR. MONTOYA FLÓREZ, DE CUBRTDOR DEL HONGO DEL ARATE ria del Reino de Quit9 (1789) y de acuerdo con él el doc­tor Uribe Angel (El Jndice, Mede1lín 1867) habían creído que el carate había ido importado al Cauca por los negros de ngola, traído por 1o. e paño le· para explotar las mi­na . El origen africano del carate e taba aceptado casi Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. . REVISTA ILUSTRADA unánimemente por todos los que han estudiado la enfer­medad, hasta por el mismo doctor Montoya, quien trascri­be en su tesis la opinión de las dos autoridades que deja­mos citadas. Curiosos de conocer el origen y la etimología de la palabra carate, consultamos sobre el particular á nuestro venerado amigo, tl señor D. Rufino Cuervo, quien después de haber reflexionado un momento, nos ofreció buscar algo que él había leído á este respecto, y que no era otra cosa que la prueba irrecusable del origen americano de la enfermad y de la palabra con que se la designa. Creernos muy útJl para dejar definitivamente cerrada esta discusión, transcribir íntegro el dato que bondadosamente nos suministró el señor Cuervo. corriendo ó medio trotando en galope con el señor acuesta5. quando se cansan los dos que lo llevan, sin se parar, se ponen en el mesrno lugar otros dos dellos que allí van por respecto varios para lo mesmo, é continúan su camino: é un día, si es tierra llana, andan desta man~ra quinze ó veynte leguas, te­niendo postas en paradas de tales indios para se remudar. E los indios que para este officio tienen son esclavos ó xaborias, que son cuasi esclavos é obligados á servir; y estos indios que en lo que es dicho sir en de las hamacas, búscanlos que sean carates. E para que se entienda qué cosa es carate, digo que carate se llama el indio que naturalmente tiene toda la persona ó la mayor parte della como descostrada, levantados los cueros á manera de empeynes. Ellos parecen feos, más comunmente son rezios y de mejores fueryas, é pares9en frisJ.dos, é aquella EL HONGO DEL CARAT~, DESCUBIERTO :oR E!-- DOCTOR MO TO~A FLÓREZ.-Número 11? Escama epidérmica de un carate violeta-c~nizo, 9ue data de hace 40 ~nos. ~C! Escama epidérmica . ~e. ~n carate vwleta-az~l, de Quebraditas, Distrito de Antioquia. 39 Cul­tura sem1-aerob1a de una escam~ epidérmica d~ carate azul de TJtHl~J, (el hongo es el mismo de la figura 8~) 49 Cultura de diez días, en gota suspendida, de un carate vwleta,.de l~s mmas de cal de ~rmema .. 51:' Cultura de.tres día ., en gota suspendida, de un carate blanco, provenient~ de Bello. 6? Cult.ura de d1~z d1as, de u~ carat_e vwleta-cemzo, de .Remedws. 71? Cultura de veint~ días, en gota su pendida, de un carate vwleta, de Quebrad1tas. 8 1 Carate negro-violáceo. 11 Carate azul. III Carate rOJO. IV Carate v10leta-cemzo. En la Historia general y natural de las I11dias, islas J' Türra firme del ·mar Océa?to, por el Capitán Gonzalo Fer­nández dfa ser aplicable al caso. Pero no consistía en esto sólo la injusticia, sino que no hacía veinte días que Bolívar lo h:tbía abolido, mandando que los militares fue.:>':!n juzgado., e:1 toJo d~lito por la Or­denanza española de q68. 'L1m~ié:1 aplicó el juez la pena de esta OrdenJ.nza á S:mtant.ler; ma e:;ta ley apenas sirvió para la aplicación de la pena de m ·J~rte, y n6 p:.tr· que Sv tomó dicho decreto; pero cerno á los sabedores de una conspiración este decreto no impone pena de muerte, como la prescribe la Ordenanza, se echó mano de ésta, desechan­do el otro. Del proceso formado á Santander resultó lo si­guiente: q·ue no tuvo la más pequeña parte· en la conjura­ción; pues se proyectó el plan sin su noticia, y se llevó á efecto sin u anuencia; que cuando dos de los conjurados quisieron sondear su opinión, y le hicieron algunas indica­ciones acerca del proyecto, lo desaprobó y aun prometió oponerse á su ejecución; que con este conocimiento se con­dujeron en lo sucesivo de tal modo, que crey~:se haberse y á abandonado el designio de intentar el restablecimiento de la Constitución; que aun uno de los conjurados llegó á asegurarle que el proyecto se había enfrindo; que cuidaroR de que por ningún caso se le informase, como lo pedían algunos, de lo ::¡ue se habb resuelto en una junta reunida la misma noche del suceso, de miedo de que im idiese el golpe, como lo había protestado; que en fin, habían cedido á sus insinuacione. cuando en la noche del 20 de S!:!ptiem­bre intentaro:1 mat.lr á B ~ívar en S·Jacha, lo cual llegó á noticia ele S:mtander por u 'la feliz casualidad. Estas fueron la· d~cb.ra c ione s de to:lo. los con.;piradores. S:ml a 1der au­me; 1tÓ prueo.:t.· e:1 s·~ f::lvor para corroborarlas y compro- . CARTAGENA L HEROICA.-LA MEDIA LU 'A Y REDUCTO. Esta vista comprende el Castillo en cuyo centro estaba la puerta principal de entrada, á la cual daba acceso la calzada que une la ciudad con la t1erra firme. Este- Castillo fue construído de un modo tál, que haciendo parte de las murallas que rodean y defienden la ciudad, no pudiera ser a altado ni aun en el caso de que el enemigo se apoJerara de las murallas circunvecina ; pues para este caso podría aislarse, y defender. e de ataques hechos desde las mismas murallas, con In. ven­taja de quedar flanqueadas las murallas adyacentes desde el mismo Castillo. En el último sitio que tuvo lugar en 1~85, los sitiadores de Cartagena intentaron en la noche del 8 de Mayo de aquel año, volar el Castillo de la Meclia Luna, para así poder entrar á la ciudad. Al efec­to prepararon un c:1rro blindado, cargado de sustancias explosivas, con mechas preparadas para hacerlas funcionar en el momento oportu­no. El expresado carro iba impulc;ado por dos heroicos c.:mductores, que pagaron con la vida la audacia de sus propósitos, quedando d carro abandonado sin alcanzar á llegar á su destino. le juzgase en un Concejo de guerra de generales. Más claro: como el decreto contra conspiradores no conocía fórmulas, ni Concejos de guerra, ni revista de la. sentencia, ni otras garantías que conc•.:!de la Ordenanza, se desechó ésta, y se ( 1) El abogado Joaquín Pareja ignorante, ebrio y venal en ese tiempo. bar que en toda su larga carrera pública no había pertene­cido nunca á insurrección alguna; pero era superfluo todo este alegato, vanas eran todas estas pruebas; su suerte es­taba decidida, y debía ser condenado á la pena capital para aplac2r los manes de la Constitución boliviana muerta en el Perú y Bolivia, En efecto, el jue~ desechó todas las justi. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 1$.1 ficacione~ ~~1 acu~ado, ,hizo mérito ~el dicho de testigos cuyo careo ormtiO, tergiverso las declaraciOnes de otro confundió los hechos y valiéndose de dos leyes que favorecÍan sus de­seos, aunqu,e aplicada~, arbitrariamente, lo condenó á pena de muerte, a degradacwn y confiscación absoluta de bien e . Estél: sentencia dictada por las pasiones más degradante , ha Sido. ref~t':ld.a posterio~ente por Santander en un largo memonal amgido al gobierno desde los castillos de Boca-se valió del arbitrio de fijar pasquines amenazadores contra Bolívar, i por ventura pretendía ejecutar á Santander. Pa­recía que todos lo buenos patriotas estaban pagando las violencias é injusticias que se habían cometido en su pro­ceso, y en la sentencia. Pero para que la providencia del gobierno no tuviera el mérito de ser generosa y humana, se vio con escándalo que Bolívar había decretado el destierro de antander fuera del territorio de Colombia, con una por- CART .AGE A L \ IIEROICA.-L \ BÓV ED .. E ta vista ha . ido tomada de de la plaza que lleva el mismo nombre. Compren­de una extensa galerí::i., en cuyo fondo exi&ten la · 17 famo. as bóveda. donde el 'obierno colonial tenía situado el presidio y que posterior­mente han servido de albergue obligado á notable pre · o. políticos de. pués de la independencia. E te edificio que estuvo en estado ruino­so, fue re taurado durante la admini ·tración del señor doctor José Manuel Goenaga, y es hoy uno de los principales adornos de la monu­mental y heroica ciudad de artagena, sirviendo al mi . mo tiempo omo seguro depós ito de las u ·tancias inflamables que se introclucen al país por ac¡t~el puerto. El 'obierno de España invirtió en la construcción de este edificio y de la. dcmá muralla. de 'artagena la enor­me suma de 59 mili nes d peso· oro, lo cual dio ocasión á aqu l c0nocido incidente del H. y Felipe IT, qui n al tener conocimiento <.le la suma ga lada, pidió unos anteoj0 para. ver si alcanzaba á distinguir e as famo:a obra. desde una ventana del E corial. hi a, un m ~.:i d espué de publicada en la Gaceta, que fue donde Santander pudo leerla. En Bogotá no se le notificó, y aunque pidió por una repre entación que s ·le diese covia auténtica del proceso, e le negó por el gobierno ab oluta­mente. ( 1) No sabemos cuál fuera la verdadera causa que movie­se á Bolívar á conmutar esta entencia de muerte. Él ha dicho que u gloria exigía este paso. Lo único que pode­mos asegurar e , que la opinión pública e pronunció viva­mente en favor de Santander, al través del terror que .inspi­raba el gobierno. El Arzobi po de Bogotá, su abildo y el clero se pre i;;ntaron per onalmente á Bolívar el día 27 de Octubre pidiéndole la libertad de su antiguo Vicepresiden­te. Diferente per onas re pelable le hablaron en el mis­mo sentido. Algunos pueblo , entre los cuales debemos nombrar el de Mompox, estuvieron preparado á dirigirle las má encarecidas súplicas en favor del acu ado, y la suspendieron de miedo de que les acarrea en lo perjuicios que algunos pérfidos les pronosticaron; pero Bolívar no · debió ignorar e ta predi posición. El pueblo de Bogotá, á falta de impre:Jta libre, por donde expresar su en ti miento , ( 1) El gobierno debía haber publicado el proce o de antander, como han hecho otros gobiernos t>n ca os ·emejante para sati facer completamente á la opinión pública. Pero su silencio e indicio vehe­mente de la inju ricia del juicio contra antander. ión ele condiciones qu lo acreditaban de sine ro, y r ser­vadament dio ordene:> al je[i de artagena, en cuyo puer­to debía verificar ·e l embarque, para que lo detuviese encerrado en uno de lo in ·alubre castillos de Bocachica, bajo la más estricta vigilancia, y ugeto á las más severas restricciones. s en e a mansión del despotismo donde exi te el Vicepresidente de Colombia há sei meses, cuando escribimos esta memoria. Allí en un tempera,.mento mortífe­ro, en una fortaleza mal-sana desprovi ·to de alimentos análogo á una complexión, enfermo de una peligrosa gas­tritis, cu todiado como un gran criminal, incomunicado ~on todo el mundo, exi te el colombiano que ha consagrado 18 años de u vida al ser icio de olombia; el que siempre fue fiel á la causa de la independencia, aun en los revec.es y contratiempo de su patria; el que tuvo una parte tan acti­va en la libertad de la Nueva Granada; el que la gobernó con suceso y con gloria desde 1819 ha ta 1823· el que ob­tuvo la segunda magi tratura de olombia dos veces suce­siva por la libre voluntad de la nación y de us represen­tante , el que pre idió Sü. destino durante siete años con­tinuo -, en cuyo período tántos días gloriosos le dieron lu tre, reputación y nombradía; el que con tánto celo ha re petado los derecho de la República y lo de lo · colom­biano · el que los ha defendido con tánto interé y patrio­ti mo; el que ha po pue to sus comodidades, sus honores y lA CO Dt lA EPU8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA DE NOCHE A Pedro Carlos Manrique. su vida al establecimiento y con ervacwn del Código polí­tico y de las libertades nacionales j el que ha dado tántas y tan irrefragables pruebas de fidelidad á sus promesas, de honradez en su conducta, y de amor á la libertad. Allí existe el enemigo de la Dictadura, de las facultade omni­potentes, y de la Constitución boliviana, inmolado á la venganza de sus enemigos por un tribunal, y uno jueces dignos émulos de los J effeníes y de la cámara e trellada de Inglaterra. LAS sombras me ofuscaban; tal parecía que me hallaba soterrado, sumido en una inmensa capa de carbón de hulla, y que, en aquel abismo geológico, íbase mi espíritu á ( Continuará). convertir en un fósil, ó quizá en un diamante. . Golpeé á la puerta del cuarto de Joaquín, practicante de San Juan de Dios.-Quiero que me desate de grado ó por fuerza-dije en mis adentros-la historia M. FELIX FAURE PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA Muerto de un ataque de apoplegia fulminante el día 16 del presente. Nació en París, el 31 de Enero de 1841. Fue en su juventud armador y negoeiante en cueros, en el puerto del Havre, y más tarde, Pre itlente de la Cámara de Comer­cio de dicha ciudad. Durante la guerra franco-prusiana e tuvo á la cabeza de un batallón, y su conducta en aquella época le valió la cruz de la Legión de Honor. En 1881 inició su carrera política como Diputado por el 'ena Inferior. Su alta competencia en asuntos económicos, demostrada en las discusiones de la Cámara, hizo que Gaml>etta, Ferry, Tirard, lo llamaran al pue ·to de ubsecre­tario de Estado, en el Departamento de Colonias, en el período de sus respecti­vos Ministerios. Fue Ministro de Marina durante el Mini terio Dupuy. Electo Presidente de la República en Enero de 1895, por renuncia que de aquel puesto hizo M. Casimir Perier; demostró en el ejercicio de su funciones durante un período agitado por grandes acontecimientos políticos y ociales, extraordinaria providad y prudencia, que le valieron el respeto de todos los partidos. La República France a ha hecho, pue , una gran pérdida con el fa llecirniento de este ilustre ciudadano de origen humilde. erdadero repre entan­te de las ideas democráticas, a cendió á las má elevada funcione de su patria por obra de su mérito, y allí, el antiguo curtidor del Ha re, no e dejó eclip ar por los soberanos y magnate , á quienes tuvo que hacer lo honore de la Re­pública. aquella, donde indudablemente son protagonistas esas dos piezas anatómicas. Joaquín era un mozo hercúleo, inteligente, un tanto misántropo y concienzudamente enamo­rado de sus estudios. Su alma, al parecer incon­movible, enardecí ase con la ciencia y no gustaba de poesías. Una vez me dijo con pausada elo~ cuencia: "El romanticismo es una enfermedad ner­viosa que aqueja á la humanidad, y el secreto de la curación lo tienen las ciencias experimen­tales. Hasta las religiones son una poe ·ía de ultratumba, condensación de sueños bellos pero impalpables. Yo no creo . ino en la observación paciente y reflexiva de h chos tangible , y con­fío que con ayuda de ella llegará por fin á equi­librar e la mente humana. Mientras más ob er­vemos, menos eremo arrdbado por vanas fan­tasía . " \1 nunciar e tas teorías movían. e sus oj s brillando con int nsa idealidad. reí ver enton­es n sus pu ila · el fuego o ulto de una on­vi ción profunda. Pero más que u do trina despertaban mi aten i6n, entr los vario bjetos que había en el cuarto de mi amigo, un e. queleto de brazo y una ·aheza disecarla de perro. Pendían ambos del muro, el uno al lado del otro. La verdad era qu e e e queleto, reintegrado con arte por la mano d Joaquín, y e, a cabeza, cuya ara e - taba medio iluminada por ojo de vidrio verde hundidos en la órbitas enjuta , parecían vivir una vida mi terio a. La falangina del dedo anu­lar apenas retenía una argolla mohosa. Recuer­do que una vez me atreví á tocarla, intienrlo una emoción indefinible. Varias piezas anatómicas figuraban en aquel cuarto de estudiante: homoplatos y tibia , pa­rietales y peronés, costillas y vértebra ; pero todas entremezcladas con libros é instrumentos médicos. Solamente el esqueleto de brazo y la cabeza de perro estaban colgados con cuidado que se me antojaba era pasional. Olvidaba advertir que al pie de estos dos restos de seres que fueron, veíase un letrero desgastado por el tiempo y que parecía decir: Fragmentos de una historia. Durante mucho tiempo interrogué á mi amigo en presencia de aquellos símbolos de un pasado atrayente por lo enigmático, sin conseguir que me revelase nada. Confieso que sufría á causa de su silencio. Sin embargo hice un esfuerzo inaudito para olvidar 6 á lo menos respetar el secreto que me fascinaba, pero presintiendo en esas ruinas un romanticismo de ilusiones y amar­guras. Un día creí que iba á quedar satisfecha mi curiosidad. Hablábamos de cosas banales, cuan­do de improviso, fijando sus miradas en la cabe, za de perro, exclamó : -E a es la cabeza de un can tipo! -Por qué tipo ?-le observé~ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • REVISTA ILUSTRADA 1 53 -Mombre,-dijo riéndo e,-tipo de los vertebrados, clase d · lo mamíferos orden de los carnívoros, familia de lo .. .. . . Un gesto mío, bastante significativo del desagrado que me ca u ·aba u constante diletantismo científico puso término en esa vez á nue ·tra con ver ación. Me despedí en extremo contrariado, y aun formé la intención de renun­ciar á aquella vieja ami tad. De de entonces no le vi itaba hasta esta noche, en que de nuevo sentí el deseo cariñoso de verle y el anhelo yá largo de saber la clave del e~igma. Mi _espíritu se det_u­vo en u camino y regre ó apa wnacto hac1a aquel condls­cípulo querido. Le vi desde el oscuro pasadizo que prece­día á su celda de e tudiante · al lado derecho tenía abierto un voluminoso in folio; en el izquierdo se desmayaban los pétalos de una amapola y una adormidera obre los bordes de un vaso de vidrio. Me ac rqué á hurtadillas y por cima de ·u hombro · pude v r que analizaba una e-milla al travé de un pequeño micro copio. sí permanecí alguno momento.. 1 humo de su cigarrillo semejante á la evaporación ?e ideas que hervían n aquella ab za, a cend1a reto~­ciéndo e Yoluptuo:ament , formando tules gn-es y azule· que be. aban por todas parte la de nudez de es -·~- Ml M USA (A Rajt1d lft!rchán) Y o no soy un artífice impasible, De parnasiana ó decadente cepa, Que el diccionario rima Y lo indigente del idioma increp3. Cuando no logra á su labor dar cima, Y en penosas vigilias s~ consume La estrof:1 acicalando con la lima. De mi espíritu ardiente y espontáneo, Que al sol, de par en par, abre las alas, Las varias emociones versifico Sin torturarme el cráneo, Y á las externas y pomposas galas El pensamiefltO nunca sacrifico. Yo quiero que m'i verso al ser vertido En extranjero idioma, No pierda ni vigor ni colorido, Ni marginal.aclaración exija, Como queda el aroma Del licor trasegado, en la vasija. Mi musa, fuerte y joven, no se pinta, Ni oronda se contempla en el espejo, Como al cristal, animador consejo Pide llorando la belleza extinta. N o busca en empolvada biblioteca, De la paciente y sabia miopía Con la nerviosa mueca, Arqica y pedantesca poesía. Vive la vida intensa De la pasión que delirante llo'ra: Como la mar, inmensa_, Como la mar también, arrolladora. Sus pulmones sanguíneos oxigena En el viento libérrimo que sopla De un polo al otro, y el espacio atruena ; Y su pensar autónomo no acopla Al popular aplauso que adocena Y que prefiere la maligna copla A la alta inspiración, noble y serena. Ama, sueña, apostrofa, Melancólicamente filosofa; Con elegiaca voz cuenta sus penas, Y de sus manos la caliente estrofa Sale bañada en sangre de sus venas. De la naturaleza el panorama Con regocijo voluptuoso admira Y el aire que en los bosques se embalsama Como una bestia indómita respira. ¡Cuántas noches de vela, oh musa mía, Cuando todo reposa e mo envuelto En la quietud de lo que ya no existe En mi alcoba de pronto apareciste, Desnudo el torso y el cabello suelto, Y me besa te enamorada y tr is e Con un beso en tus lágrimas di uelto! al! í, sobre mi 1 h La soñ;1dora frente reclinaste Compasiva en mi p~cho, Y al través d su ritmo intermitente Lamentaciones ~ordas scuchast , Co:no al través de balbucicnte orqtLst:t Se percibe n el campo, á media noche, El lejano rumor de la floresta. Tú mis pesar s íntim s conoces, De mi hondo cavilar eres testigo ¡Y qué inefables y escondidos goces Debo á los ratos que pas ' contigo ! o m~ aoandon ; tu pr scncia ola Mis inquietud s calm Y hasta Imagino á v ces qu mi alma o:. tus dulces caricias e acrisola! ¡ El único consuelo De mis tristezas incurables eres, Tú. á quien lo má r cóndito revelo Tú, superior á to a las mujeres, Aurora, tarde y noche de mi cielo{ EMILl BOBADILLA -~-- NECROLOGIA MANUEL PONCE DE LEÓN DEL noble amigo ya no quedan má que fría. cemza ya no pue lo estrechar u leal mano ya no perciuen mis oídos sus consejo llenos de pr:.Jdencia y sabiduría! ¡Cuán fugaz e la 1da. N o hac m u ho ti mpo que junto de afiábamo la inclemencia de las tierra· ardientes, que sufríamo. la pri acione de la campañas del trabajo, que uní amo · nnestro e fuerzos en alguna empresa confiada á nue5tro cuidado! ompañero amable, ·ervicial, decidido amigo, junto con él toda pena • e dulcificaba j su rostro se­rio grave en erraba nna alma juvenil, un espíritu chance­ro y ameno j su mirada fija, pero suave, anunciaba una se­riedad formal, una rectitud nunca de mentid~. ¡Qué de oca:,ion s pa é con él en agradables con ver. aciones que alpicaba con dicho de buen gusto, con anécdotas de ex­quisita deli adeza! Porque Manuel era el tipo del caballero educado, del hombre de mundo culto, del amigo . in cero y desinteresado, del espo o devoto de su hogar, tan au tero en su carácter como sencillo en sus costumbres. Su olo nombre era ·ímbolo de virtud y de honradez j incorruptible en la má lata acepción d~ la palabra: no hablo de la in-orruptibilidad que se relaciona con el dinern, que ólo puede referir e á almas vulgare : él era incorruptible en u acciones si que tuvieran e o e 1 su carácter, ni la ambi­ión, porque era modesto en sus aspiraciones; ni lapa ión política ue iega tánto e píritu recto en todo lo demás, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA porque siendo partidario convencido de un ideal, su norma era la justicia, la equidad, la fraternidad, la caridad más amplia. Trazado por él un camino recto en cumplimiento de un deber, no lo hadan vacilar, ni la má estrecha amis­tad, ni los vínculos de la sangre, ni las afeccione del co­razón; no tenía enemigos ni siquiera antipatía ; la justicia de sus actos hada que cualquiera que e contrariara por una decisión suya, le reconociera cuando meno , su buena fe y ·u buena intención. Por obrar de acuerdo con su con­ciencia se hubiera e trellado con u mejor amigo y atrope­llado á un enemigo in ningún temor. MA_ UEL PONCE DE LEÓ_ + E 1ERO 18 DE 1899 La Ciencia ha perdido en él un adalid. Ap nas acabó sus estudios en el mé'morable Colegio Militar, fundado en 1848 por el General Mosquera, empezó su carrera de Pro­fesor con lucimiento y decisión; á él, á Bergeron y á D. Lino de Pombo, deben muchos ingenieros nacionales dis­tinguidos, no sólo la ciencia absoluta in o u culto; no sólo la instrucción sino la lógica del rigor matemáti o aplicada á todos los actos de la vida. En aquel tiempo todo era se­riedad, consagración á su debere ·; era el rigor de la ver­dad. Pocos como él tan fervoro o y apa ionados por su profesión y por eso fue tan distinguido en ella: u fortuna privada lo ponía en capacidad de llevar una vida quieta, sin fatiga ni azare., pero cuando ·e olicitaban sus servicios profe ionales, era el primero en la Idea y en el Progre o. N o lo detenían ni el hogar, ni los ardientes clima ; ni las privacione . ·Qué bello ejemplo para las nuevas genera­ciones! Era el campeón de la ciencia del ingeniero, siendo para él cosa ecundaria el lucro; quería que en Colombia brillase "el arte por el cual se aplican lo recursos de la naturaleza al beneficio del hombre," egún la bella defini­ción de Fredgold. onse uente hasta en los umbrales de la muerte, ha dado en nuestra patria el primer ejemplo de su amor al estudio, cediendo á la ociedad Colombiana de Ingenieros una cuantiosa suma para que establezca con-cursos que estimulen la afición á resolver problema .. útiles al desarrollo industrial. Este solo rasgo pinta su carácter. MAN EL H. J>EÑA RAFAEL NIETO PARIS Dos irreparables y sentidas pérdidas ha sufrido el Cuer­po de Ingenieros nacionales en lo pocos dí
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 10

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 8

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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REPúBLICA DE·.COLOMBIA REVISTA ILUSTRADA: ' ~ CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, LITERATURA, HISTORIA DIRECTOR, PEDRO CARLOS ~ANRIQUE FOTOG~ABADO~, SATUR.NO ZAPATA- ADMINIST~ADO~, R.UBÉN J. MOSQUER.A ·" NÚ::\1ERO 8 -VOL. BOGOTÁ, DICIEMBRE 24 DE 1898 PRECIO so CENTAVOS Precio de suscripción. á la "Revista Ilustrada.·· Un año. $ 10. Un semestre,$ S· Número suelto, so centavos. Comunicados, $ Io columna. Remitidos, $ 10 columna. A'·isos: palabra, un centavo; en tipo es­pecial, precio convencional. Se publica dos veces por mes. La correspondencia debe dirigirse al uí1m~ro 1+ de la calle I6 (Calle Pal:\u 1. Apartado número 282. Dirección telegráfica: 1LUS-TRACI6 ... •. • . Se vende este número el dfa. de su aparición, en la Librería Colombiann, Cama­cho ~oldán & 1.'amayo, en In Librería Torres Caycedo, en la Papelet·ía de Samper MatlZ y en la Ltbrería Nueva del señor Jorge Roa. IMPORTANTE 1:~1 Administrador de la REvis­TA ILUSTRADA suplica encarecida .. mente á los señores Agentes y sus­criptores, se sirvan remitir á lama­yor brevedad posible los valores recaudados, en atención á los cuan­1 sos ~as presa. '• . s que deman a la m- RUBÉN J. MOSQUERA AVISOS Señores avisadores Garantizamos á ustedes que la REVISTA ILUSTRADA es el periódi.:o que mayor circulacióu tiene)10y dentro y fue­ra del' país; cuenta con abonados y colaboradores en todos los partidos y círculos políticos. Poner quince ó veinte veces consecutivas un aviso en un diario, equivale á ponerlo una sola vez en una Revista que se publica cada quince ó veinte días, con esta diferen- . cia: en la Revista se paga una sola vez lo que en el diario debe pagarse quince ó veinte veces. N o queremos con esto decir que no se debe avisar en los diarios; sería tanto como una puerilidad, entre otras razones, porque no siempre pue­de esperar el avisador urgido la tardía aparición de la Re­vista. N os proponemos solamente llamar la atención de los señores avisadores á las ventajas que les brinda nuestra pu­blicación para hacer conocer extensamente y ú reducidísimo precio sus ofertas y demandas. Sumario del nú~ro 8 Pág. 1 ILUS'l'RACIONI • 1 1 1 1 ) ¡· pode Representantes del e re t< en tt> < t: a '-e , Partirlo Conservador Ha-pública res ó degeneradas, que se refunden en el crisol purificador de la conciencia humana. Porque el Trabajo, el Amor, la Religión, la Moral, la Política, la Competencia, el Patriotismo, la Palabra escrita ó hablada y la Enseñanza como fuerzas social s primarias, inherentes á la existencia individual y colectiva, elabora¡l el pro­gr so dentro de la esfera social en que se producen y funcionan. La especie humana tiene, pues, en sí misma, gérmenes po­derosos de redención. Desarrollar aquellas fuerzas sociales y aplicarlas en el sentido del bi n, mediante la cooperación de los Gobiernos en el ejercicio de sus funciones, es hacer la grandeza r cultura de las aciones en el estado presente de la vida, es Con sus leyes divinas guía el des­tino de los pueblos sin estorbar el libre albedrío de los hombres. Las grandes fuerzas sociales que impul­¡¡ an la vida colectiva, que establecen esa lucha de idea.s y de sentimientos al conmover las almas y las concien­cias para producir el progreso, son manifestaciones claras de la Provi­dencia. Esas que parecen catástrofes sociales, destrucciones impías, fata- LA ADORACIÓN DI!: LO PASTORES. (Museo de Madrid).-BARTOLOMÉ EST}!:BAN MURILLO lidad.es crueles, son apenas disonancias pasajeras en el gran con­cierto de la ida social, trasformaciones que preparan, si nó im­pulsan, el progreso humano. Sólo el egoísmo produce decaden­cias deplorables y el reposo indolente, degradaciones serviles! cultivar los espíritus y robustecer las conciencias para un estado futuro inevitable, al cual debamos llegar con los atavíos de la virtud. Y tales son, en resumen, los•fines esenciales de la instruc­ción y de la educación· fines ~que,· en lo que atañen al estado Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA presente de la vida son incontrovertibles; pero no sucede lo mismo, lo digo con pena, respecto al estado futuro, del cual 5uele dudarse. Permitidme, por tanto, una digresión, aunque ligera, respecto á la creencia en la inmortalidad del alma, tan fecunda en estímulos, en esperanzas y consuelos, ante la cual, eliminados los temores de perder el caudal de conocimientos y cer el alma, cuyo poder psíquico y subjetivo realiza las maravi. llas de la vida?. . . . , Aquellos fines esenciales de la instrucción y educación tienen, además, urgencias que impone la marcha acelerada del mun­do moderno. Pueblos ignorantes serán pueblos pobres y tira­nizados, y siempre pueblos débiles ante la competencia que habrá de tocar á sus puer­tas y explotar su ignoran­cia y atraso industrial. Desde que la Libertad y la Democracia han multi­plicado las energías so­ciales, el industrialismo, con creciente poder, y aquel amor propio de las naciones, que se llama patriotismo, han v~nido á situar en el campo de temibles competencias y r ... presalias el comercio del mundo, lo cual ha produ­cido un deseq'Jilibrio ~ce­nómico que cc.usa tras­tornos po íticos. incesan:. tes inc¡ui tud':'s á las na­ci rmes :1trasadc:s y débil~s, y ·í las veces esos conflic­tos q·tc las ~vergüenzan y dc primr n, los cuales, por error 0 por disculpa, se at rihnycn á la arrogancia de la fu crza deo las nacio­w ·s adcl :1 ntadrs y po:le­rosCts. sin que esto s r·a parte á producirlos, sino m;1s bi"n la i g norCtnci~ y f~lt~ de c1: 1 h•ra de los puebl s y 1" falta de jus­ticia ele us gvbiern s. Porque allí donde la ins­tru cción y educación h ?.n form ..,dn ·lm est;"tdn s0 ~ inl WATER PÍA.-GREGORIO VÁSQUEZ ARCE Y CEBALLOS, pintor bogotano (1638-I?II).-Perteneció este cuadro á la colección del finado doctor Teodoro Valenzuela. en qu - impera la ley, don rle hav equidad y g ? ­nnths. donde la autori­dad reside en manos hon­radas y exrertas, allí no ocurren :1qudlos conflic­tos, aun r•u la N::!ción no tenga podcroséls escuadras ni numercsos cjé,citos, f'n orden á que, no es por la fucrz:1 s!no nor la cultura, por el espíritu de justicia, por sus bt1enos gobiernos, co:no lns naciones se man­tienen f'n paz, despiertan simp;"ttÍas, arreglan sus relaciones y defienden sus intereses; que si llega el caso, raro por cierto, de agresión infundada, el conflicto no sería vergon­zoso, ni faltarían medios ele h::~cer defensa gloriosa. El peligro amenazante no es, pues, el de la fuerza sino el de la competencia industrial, mediante la cual las naciones civiliza­das absorben las riquezas por el conducto de los cambios, como hecho na­tural y corriente, aunque virtudes, y existente la confianza en la Justicia divina, "la muer­te no viene á ser sino el acto más poderoso de la vida." La razón no concibe la coexistencia del ser y del no ser de las cosas creadas, existentes en el universo; menos concibe la destrucción absoluta de la materia; y si ésta no perece, ¿por qué ha de perecer la atracción que liga sus átomos, que deter­mina sus movimientos, sus formas y modos de existencia ? si la carn~, l.os huesos y la sangre no perecen, ¿por qué ha de pere-con detrimento del ahorro nacional de los demás paises. Para evitar la ruina, como crónica dolencia social, hay que buscar en las fuentes de la compe­tencia el remedio del desequilibrio económico que aumenta con la c~~ización, es decir, hay gue hace~ de la enseñanza y de 1~ educac10n del pue~lo una n~cestdad soctal palpitante, impe­nosa, que debe satisfacerse a todo gusto, como si el país fuese á defenderse en guerra internacional; y hay que llevar el em­peño á todos los medios de la defensa, haciendo efectivamente .. ·- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA oblig~toria la enseñanza pública elemental, como se hace obli­gatorio el servicio de las armas. Más todavía: hay que esta­blecer la siguiente proposición fundamental en los programas de todos los partidos: La enseñanza primaria es tmo de los jints pri11cipa!cs que debe realizar todo gobierno en d e.feret"cio de sus funciotus, gastatldo de las n ·ntas públicas la suma necesan·a á . su completo desarrollo y sostenimimto. generaciones ilustradas que establezcan corrientes de produc. ción con el cultivo de las ciencias, artes é industrias. En este noble y generoso país se comprende y se practica cuanto dejo dicho, pues hay aquí verdadero anhelo de enseñar y educar las nuevas generaciones, sin que sean parte á impedirlo las facciones políticas que en otras naciones suelen extremar su¡ odios hasta con detrimento de la patria. A un puedo decir que LA NAVIOAD.-F. BRUTT Porque en la moderna sociedad han venido á ser armas de defensa en la lucha por la vida, la lectura, la escritura y ciertas nociones científicas que al menos permitan á los pueblos mejo­rar sus cultivos, efectuar sus cambios, aprovechar las peculiari­dades de la zona en que viven, y que al propio tiempo sean la base para .que se formen, con la ley del tiempo y la virtud de la constancia~ que hacen todas las grandes cosas humanas, tomo del cuadro que el país exhibe las ideas que forman mis con­ceptos, y que, ante el empeño liberal de su ~obierno, ante las opiniones de sus hijos, ante el hermoso espectáculo de reunio­nes como la presente, el porvenir se anuncia lisonjero, nueva~ auroras con mejores días, actos de clemencia y reflexiones pa­trióticas habrán de asegurar la paz deseada y todos los benefi .. cios de la instrucción y de la educación, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 11<' .,- ~ ~ o A o < Q ¡z.¡ E= Vl p; ¡.¡ < ~ A ,...¡ o trl o. Q ::> " ¡.¡ ~ f-. ~ . ~ . < 00 o. ~" trl o > :::::: < o ~ "trl' .o años de - p:.1és recitaba en oz. baja el mon 'logo de .Eiamlet. Aquel tem­peramento meridio­nal había reacciona­do enérgicamente y criado músculos en el estudio ele Ba­con y Macaulay. Además, ·egún decía él mismo en su len­guaje pintores o y algo extra vagn.n tc, "había descubierto la gigante ca floresta de Shakespe.ue, se había internado por sus profundidades y ob ervaba con amor y pasmo sus grandezas ombría·." Pero estudiaba á Shakespeare por su propia cuerjta y para sí mismo: tomaba notas solo, en el fondo del parque; y siempre llevaba consigo un tomito de Hamlet) gastado yá por el forro y plagado de notas y borrones marginales. En cam~io, nunca le vimos hacer un apuntamiento en las conferencias mensuales que, con relación á Shakespeare, d"ctaba en el colegio el erudito Mr. Nonsense. A dichas conferencias, muy nombradas y anunciadas con anticipación en las revistas inglesas, asistían muchos literatos de cam­panillas, los reporfers de los principales diarios, y aun damas J~;:; alta posició11, que iban por seguir la corriente. Era, de ver cómo el crítico inglés discriminaba :1. Sha­kespeare con una erudición tan profunda que causaba vér­tigo: llevaba anotado, en grandes cuadernos que ponía con grave ademán sobre la tribuna, todo lo que había cn­co: ltrado en las excavaciones practicadas por él en la obra de Shakespeare; nos enseña~a cuántas líneas de prosa y cuántas de verso tenían la obras del gran dram·tturgo; no decía con toda precisión cuántas veces ocurría el ,·erbo amar en Romeo y Julieta, y cuántas el verbo odiar en el Otelo J. sabía cuántos miles de palabras componían el voca­bulario de Shakespeare; tenía la lista completa, con fechas y lugares, de todas las ediciones shakespirianas que se nabían hecho en el mundo; y aun nos refería con cierto aire de mist~rio, y merced á l:trgas investigacione:; que él mis­mo había efectuado en Stafford-upon-Avon, qué había comido el poeta en sus últimos años y de qué color era el ve tido que usara en sus últimos días. Entretanto los dis­cípulos tomábamos notas, llenos de pasmo; los reporters esperaban el momento de correr á disputarse los manuscri-o 3 11> a. o a. ll ~~~~~~~~~~><>~~on ~ ? ~ ;¡ §.: 1-1 ~ ;¡ ~- ~ . ~ ;;.. 'TjiQ' V> ~ ... ..... N c o o..;¡q 3 o .o ~ en "' ~ (!> c n._, ~ := oo § no ~ ¡;;· ~ ~ 3.. ~ 8 ~-~= ¡:¡ ~ ? ~ F" '6 oo ~ ?O 8."' ~ ~ s· F" · ~ ? '"O~ w ~'!>- <--~"'·.,No[.rj"' o .... ·o< o ~'!>- < (!> w "' - - ....... - 00 o- S::~ .... '6~~~~8~~~w~0'6>~~g ~ "' (!> .... o- t-3 CJ., n c 'Tj"' ., ., ::~ :s ~».o :s N o ::e~. ~CIQ "'::::;.11'l>-2.o z~ g e. ~.v. ~.o . .... ~ ~ ~ o :s n e:~ . 1'!> ::1 • > ~.-..,: N 00 0.. • ...,. ~ 8. · 0 ~ < ~ ...- No..o~o o-"' "' ~»:S ~;,c.._. S?-·~. ~¿ ~·.n g ..9. 8 ~ ºJ\ o: g. • ::::!. > O' 3 N ... • ::1 e ~ ~ 1'!> ~» ~ 1'!> !» "'~ ;h ~ C'>o N~ o" rb e CJ. ~ ~ ~ ~ =4 • ~N l'l> . ~ ¡s: ~ UJQ. ::1') O ... <: ~ ';'= ...,. ~" N e~:s N 0 o:S:SN . ~3'"0 a.~o·~· ~:;o~· 0 p. ~\O"OF":J "' c N o-~ g ~ :s .... n (b S:~ [.rj ~ 3 ~ 3. · "'"'""' - o-...reNS».,,__~»I'l>- :S 3 cf8 ~ ¡;;· ~ . ~ ~ • g 11> ;¡;· ~ ~ n e: 'Tjc~»o::so ... o<-1'!> l'l>l'l>o~< . ' . ' o . \0 ' o ~ -'< o -- ' ' o 121 "" (') o (J) , z trl tiJ o VI , trl ,., < z toS > V> tl ...,¡ > o o z tj , ...,¡ toS t"' trl t"' (11 - ;:.. tj 00 3:: \C > trl 00 t"' t:l 1 o "" o > ::X: , , ¡¡; ...,¡ e:: ,.o...¡- 8o "o" tj ;:; (') trl o o ~ ::0 ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f21 REVISTA ILUSTRADA tos; y las damas abrían, asombradas, sus grandes ojos azules, si bien es cierto que á veces di imulaban algunos bostezos mordiéndose la punta de los guantes. Un día llegó Mr. Nonsen e má erudito que nunca. Colocó á Shakespeare sobre la plancha anatómica, sacó el escalpelo, y empezó el estudio· de ·cuartizaba miembro por miembro, cortaba aquí, ob e'rvaba allá disecaba el cora­zón, contaba lo nervio uno á uno. Jamás le habíamos visto tan implacablemente . abio. Hizo un estudio sobre los animales de los dramas de lzakespeare. Todos los animales que el poeta cita en su obra pa:aron por la tribuna del orador, clasificados y ordenados omo en otra arca. Mr. Non en e nos enseñó que ha k e. pea re en los epítetos y ex­presiones sobre cierto ammal s no había hecho ino pla­giar á otros poeta ingle . ·á Gower. á Chau er, á Spen­cer,. á. Marlow. Demostró que también había plagiado, para el mismo fin, á Virgilio, Plinio 0\·idio y aun mucha frases de la Biblia. La famo~a de. ~ripci6n del león, que hay en uno de los dramas re ultó s r de llinio; uno onreptos sobre el buitre, eran del Prometeo de E.·quilo; lo. élebrcs párrafos sobre el caballo, en Ven11s y Adonis, eran copia· dos de Du Bartas y el conocido trozo d 1 Enrique V obre las abejas, era del Euplzurs de Lyly quien á su ve·z lo ha­bía tomado de un h rrnoso pasaje de Virgilio, 5E'gun lo prn­bó el profesor leyéndono. el libro '" de las Geórgicas. ¿Y por qué alabar la nomenclatura de los p~rro . . que halla­mos en Macbeth y en el R ey Lear? ada de original tie­ne, pues está tomada de la Vuelta al Par11aso. Una imagen sobre los abejones que hay n el drama Peric/t's le perte­necía á Suffolk, y otra !:lohre lar ina de las al> ja~, que trae el Timón de Atenas, era de La Fttrias de Du Bartas. Lo epíteto::; que Shakespeare les aplica á ciertas ave. tampoco son suyos, s gún lo probó nue tro pr f<-' or amontonando citas sobre citas y c:o iendo lihro: tras de libro : la e ·pre­sión de ''la alondra matinal," resultó ser d Lyly · ' la atre­vida alondra," de WII!iam Brownf' · ]a gozo. a alondra," de Spencer· la alondra "men. aj ra del día." de Chaucer · y la alondra "que saca al día d ·u 1 targo," ele he ter.-­Y así seguía y seguía Mr. on.'en e aglom rando anota­ciones, sacando tomo d , u faltriq uera m~nean o al au li­torio con sus oleadas de pa ·aje. que e sucedían con mo­notonía implacable. Todos, llen os de admira i6n bostez:í.bam Sólo había allí un indivi luo c¡u no admiraba á Mr. Noñsense: era ermán 11 ornoz que entre diente- deda lleno de cólera mal reprimida: '' · Profana ión. profan3- ción! ,"; y ponía la cara de un bonzo que vi ra profanada la pagoda y pisoteado el ídolo. Para desquitarnos de aquella projanart'ó11, resolvimo~ Germán y yo ir aquella noche al teatro de DntJ')"-Laue, donde daban á Romeo y Julieta. Llamaba allf la at .... nción de todo Londres la actriz mi Ethel Fox que había hc~ho iU estreno en e a temporada. Por 1 . peri 'dicos ahí ol110S que era hija de un irlandé. ca n.do con LP.a htrmosa n:1p - litana. Su padre era harto acomodado pero ella, por \'OCé:'.­ción: Hresistible, se había on. ataba en el tsc:ena­rio. Cuando se pre entó, una alva de aplausos atronó el teatro. El escenario repre en taba el cuarto de J ulieta. Por un capricho de la actriz, en el mobiliario no resaltaba ningún color vivaz, ninguna tinta fuerte; no ólo había suprimido los colores hirientes el rojo, el azul el amarillo, sino hasta los matices sonrosados que el e cenógrafo había deseado dejar en algunas cortinas. El tono general del aposento, en las telas que cubrían los muros y el suelo, era de un gris ·uavemente opaco; sobre esa opacidad de los tapices se destacaban en tinta más clara, los muebles venecianos fcrraclo en ra o lechoso y bordados con escudos y cifra el plata oxidada. A un lado se abría un balcón con rica balaustrada de mármol blanco, y por ese ancho espacio entraba el fulgor de la luna, que dibujaba sobre la alfombra gris un cuadro lumi­noso. J ulieta, vestida de raso aperlado, se colocó al rayo de la luna y, con su blancura de azucena, formó como el cen­tro radiante, como la nota principal en me­dio de aquellos tonos pálidos que, desde la claridad del balcón ha talasúltimassom­bra del fondo, iban decreciendo poco á poco en una escala melodiosa que·se ex­tinguía suavemente en las tinieblas. El spectador ex­perimentaba cierto deleite visual al re­correr ron vaga vo­l uptt:osidad aquellas gradaciones de luz y 0rnbra que produ­ían en la retina vi­braciones tenues y corno aterciopeladas. Y se adivinaba que en aquel retrete ale­teaba l)n alma. llena de blandura, liena de languideces en­fermizas, de cariño ·as melancolías. Y c menz' luégo el diilogo de los amantes: J I.IE'L \.-· Cómo! ¿Yá quiere irte? Aún tarda el día. Fue 1 rui ·eñ ·r; no fue no fue la alondra ui n alarmó tu recelo o oído; Toda. las no h · en aquel granado u anto en ·aya: él er?.: ·oh dueño amado! 'rédito dame: d rui eñor ha sido. '' Ro:\11.!:0.- Fue la alondra del alba men. ajera, o el ruiseñor. ¿ o ves hacia el riente uál de la· rota nubes orla el borde Yá la envidio~a laridad? nfrfa De la estrella las pálidas vi lumbres: De la montaña en las brumo as curr.bres Ra a risueño y s levanta el día. Si parto, vivo· si le aguardo, muero . .. . " El apo nto mpezaba á iluminar e tenuamente con la luz del alba. Romeo estreché'tha por última vez la mano de J ulieta y e acercaba á la bala u 'trada de mármol. En las pupila de la amada se dibujaba ia agonía de los supremos adio;;e ; el pecho y el cuello se le henchían con la oleada de un sollozo. Pendiente del balcón temLlaba la escala de seda. '}ULTETA.- Bien sé que matutina luz no es ésa, Quédate aquí conmigo todavía .... " Germán, al verla se sacudió en la butaca, herido por la emoción, y se pu o súbitamente pálido. Nada me dijo, pero le temblaban los labios. La belleza de aquella Julieta, mezcla de tipo inglés y de hermo ura romana, era en verdad una belleza extraña, exótica; obre la palidez transparente del cutis, á la luz de la luna, e destacaban sus ojos de italiana, unos ojos gran­des, invadidos por cierta languidez soñolienta. Fuese ó nó ' sugestión la joven los volvió hacia el lugar donde estába­mos, y los detuvo en Germán, que la mir-aba como un alu­cinado. Al cruzarse las miradas, Germán sufrió una nue­va conmoción. Pasó una hora sin que hablara una palabra. Temí que aquella conmoción extraña pudiera hacerle daño, pues con frecuencia sufría de fiebres nerviosas; y lo­gré que al concluír el segundo acto saliéramos del teatro. -Lo comprendo-me dijo después de que anduvimos largo rato al aire fresco,-te estarás riendo de mí. Estoy hecho un enamorado de novela, ¿no es verdad? Yo, que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 12j me burlo de todo romanticismo .... Pero estas cosas pa­san .... N o hablemos del asunto. Caminaba él cabi~bajo, con las manos hundidas en los bolsillos del sobretodo. U na oleada de luz y de ruido nos inundó de repente. Para distraer á Germán le propuse que entráramos al Café Ruso. N os sentámos. Mientras yo le hablaba largamente, el sevillano, sin apurar la media pinta de cerveza que tenía delante, clavaba los ojos, viendo sin mirar. en las venas azules del mármol de la mesa. De pron­to se levantó dando un rec;oplido. -N o resisto más .... ¿ Me acompañas? Caminámos precipitadamente, para alcanzar al final del drarna. Cuando ocupámos nuestras butacas, conduía yá el último acto. Hechos nuestros ojos al resplandor de los mecheros que ardían á la entrada del teatro, nada dis­tinguíamos al principio entre la oscuridad del escenario. Poco á poco, de entre la sombra fueron surgiendo algunos perfiles vagos: de la cripta col~aba una lámpara de bron­ce, en que agonizaba una h:1.z funeral; en el centro, lama­sa de una tu'mba de mármol negro; en los pliegues ele un ancho mant0 de terciopelo, que se bebía la luz, se retorcían, en confusos bordados, los dragones de lo Capuletos; sobre aquel manto, un féretro; en el fér etro. cadavérica y rígida, Julieta. El escenario está lleno de angu tioso silencio. Luégo resuenan pasos en el panteón. Después de la escena con Pa­rís, entra Romeo embozado en su capa, anhelante, desgre­ñado, con la fatiga del viaje en el semblante, se arroja ha­cia la tumba y se arrodilla al pie del féretro. -"¡Ah, Julieta, mi amada! ¡Julieta! ¡Todavía tan hermosa: ... ¡Julieta! ¿Me atreveré á creer que la muerte misma te ama y te respeta?" Y el amante, con la fieb!'e de la angustia, le alza la cabeza, que cae descoyuntada so­bre el hombro de Romeo. -" .... ¡Julieta! Los gusanos de la tumba son tus camareras .... ! " Y vuelve á alzarle la cabeza, que de nuevo se desco­yunta y golpea el lecho mortuorio. •• • En los días siguientes Germán no obtuvo permiso del dir.ector para salir del colegio; nada me decía, pero se pa­seaba por su cuarto, por el jardín, por las aulas, con la in­qujetud febril de un tigre enjaulado. Una mañana le encontré pálido; estaba leyendo el Grapltic.; el periódico anunciaba que la admirable Ethel Fox-la célebre Julida­por indicación de los médicos cortaba la temporad.a de Drury-Lane, y pronto saldría para Niza en busca de clima abrigado. Germán tiró á un lado el periódico, se puso el gabán, y sin temer la violación de la disciplina, salió del co­legio. Tomó un coche y llegó precipitadamente á Drury­Lane. El teatro esta ha desierto; los pasillos sombríos; el esr.enario devolvía la voz de un modo cavernoso. Un viento mudo hacía tiritar los lienzos de las decoraciones. Un·a vieja, que se arrastraba por aquellas sombras tomo una lechuza, le dio á Germán las señas de la casa de Julie­ta. Acudió allí. Ella había salido, y no pudo verla, aunque aguardó una hora. Germán pidió papel y le escribió cuatro líneas torcidas y temblorosas, en que le decía que la ama­ba; luégo pensó que aquello era ridículo, bueno sólo para novelas románticas, pero no para la vida real, y rompió la carta. Dejó su tarjeta con la dirección, y volvió al Colegio. Al día siguiente recibió otra tarjeta, de Ethel Fox, en que se despedía para N iza, donde, decía," esperaba verlo." Germán le escribió á su padre manifestándole el deseo ele descansar un poco en una vuelta por el Continente. N o sé si le hablaba de enfermedad, pero si Jo h~cía no se' ale­jaba de la verdad, pues una fiebre nerviosa lo estaba mi­nando sordamente. Dos semanas tardó la respuesta. "Si es para viaje de provecho, viája, hijo, y gástate medio olivar," deda el sevillano viejo. Germán me dio un abrazo y se marchó. Un mes estuvo ausente. Cuando regresó, estaba aún más pálido; pero y á no tenía aquella inquietud nerviosa. Le embargaba una melancolía profunda y serena. Me abra­zó en silen_cio. N a da me dijo: nada quise preguntarle. Es­tuvo taciturno; es~ribió, retira o al fondo del parque, al­gunas e:;tr üs; p~ro re :uudó con roda formalidad sus estudios. ¿ Q 1é le había sucedido durante el viaje? •• • En la mismas mana de u llegada nos citaron para la conferencia de 1 r. onsense. El salón e llenó, más que nu ·1ca, de sekcto pú~>lico, l!ntre el cual se destacaban al­guno ilustrados re}olfers numerosas damas y los dos di­rectores cte la I(ensington Rn.,iew y del Marlowe Magazine. Los estudiantes, lápiz en mano, estaban afanusos por llenar de notas sus uéJdernos. El estudio del sabio profe­sor iba á versar, según lo apuntaban los iniciados eu tan altos secretos, sobre "las onomatopeyas que se hallan en Romeo y Jitlieta." De pronto se presentó el Rector e 1 el salón, y algo confuso anunció que Mr. N onsense, con su acostumbrada puntualidad, había llegado á la hora exacta, pero que no podía dictar la conferencia por habérsele extraviado en el camino sus cartapacios, donde venían encerradas las espe­radas onomatopeyas. Añadió que para suplir, y como un estímulo para los estudiantes, alguno de los discípulos dd colegio, sirviéndose de notas tomadas ante1 iorrnente, diría algo sobre el mismo drama de Shakespeare. Y al efecto, el Rector nos invitó uno por uno, pero todos nos fuimos ex­cusando, te.merosos de salir á la tribuna delante de aquel imponente auditorio. Cuando se llegó á Germán, éste aceptó, y modestamente atravesó aquella concurrencia que, entre chasqueada y curiosa, le apuntaba con todbs los binóculos. Yo me estremecí al verlo yá en la tribuna, ais­lado en aquel puesto de honor, en med10 de una multitud dispuesta más á la burla que al aplauso. Aunque él cono­cía perfectamente el idioma, ¿cómo iba á desarrollar su asunto, sin prepararse debidamente? ¿Cómo reemplazaría á Mr. N onsense sin llevar un arsenal de anotaciones? ¿Qué iba á agregar sobre Shakespeare después de que el profesor yá había escrutado, analizado, desmigajado todos los asuntos? ¿Qué sabía él sobre las onomatopeyas l Y todo aquello me lo preguntaba yo mientras veía, alarmado, á los reporters y eruditos codearse y enarcar las cejas con cierto aire de desprecio perfectamente británico. Las damas, sin­embargo, habían simpatizado con el joven: la fisonomía Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 124 REVISTA ILUSTRADA interesante, el aspecto meridional, hasta cierto desorden artístico del cabello, la expresión de soñador intenso que revelaban los ojos, todo era para ellas una novedad, y desde lejos lo saludaban con amables sonrisas, que Germán, recogido en su interior, como repasando sus sentimientos, no alcanzaba á notar. Principió el exordio. Reinaba un silencio de tumba: se alcanzaba á oír el leve aleteo de un abanico. Anunció Ger­mán que tomaba por tema, según estaba señalado, el dra­ma de Romeo y Julieta./ pero agregó, con acento en que algún reporter creyó encontrar. cierta ironía disimulada, que no se hallaba dispuesto á hablar sobre las onomatope­yas. Con cierta veneración religiosa entraba en el asunto. " ... A Shakespeare deseo estudiarlo recorriendo, por mi falta de anotaciones, un camino distinto del que tran­sita el respetable Mr. Nonsense (movimiento de disgusto entre los reporters ). N o soy capaz de analizarlo en esa for­ma: sólo me siento capaz de entirlo, particularmente si se trata de un drama como Romeo y Julieta, drama que s todo amor, ternura y agonía" (aprobación entre las damas). "Es sin duda un atrevimiento el querer explicar lo que Shakespeare pretendiera simbolizar en algunas de su crea­ciones, y aun se llega á creer que él no se propu iera formar símbolos con ellas, si se atiende á la vida real ue tienen, hasta en los menor detalles, todos sus per onaje : Hamlet mismo, entre las vaguedades y niebla!.' de u lo ura lumino a, camina, hahla, come, bebe: suda, con toda la realidad de nue ·tra carne. Sinembargo, e a creacione á vece~ parecen símbolos olo ales: t lo e la pa ión que mata en el ánimo la reflexión; por el contrario, Hamlet es la reflexión excesiva que de truye la pasión. El R y Lear es la genero idad, pagada con la ingratitud; Yago, la traición; Kent, la ami. tad. Y tal pare e que en e'ste poe­ma- tragedia de Romeo y Julieta, el genio taciturn de Shakespeare, di gu tado aca o ante t·ínta pequ ñe es e la exi tencia; enamorado uizá de la paz de la tumba; des reciador de e te mal enredo dr. mátJc que . ~:: repre­senta en l teatro del mundo, y arrobado tal ez nt las armonías que re. tahlece el epul"ro; tal parece q u hubiera querido, con u ironía trá~Yica, escarnecer la vani­dad de la V1da y ens1.lzar la grande~ a :o.em11e y re ara lo­ra de la Muerte. "Dulce y melancólico argumento aquel en que v<1n de brazo el Am r y la De gracia. Al canto alegre del idilio responde allí, á medida que la e cena avan1.a á su final catástrofe, la voz gemidora de la elegía. Al canto del rui­señor que trina al pie de la ventana donde pbtican lo..; dos en:t.mo:ad . , responJe luégo el chilli o del bulw en el <..c­me~ terio d ) ·1 le Rome) va á buscar, dormida t.!:1 e-l fér ~ t :·o, á la pálida J uli('ta .... " La voz de (7 rmán t m~)la 'l u poco. y en :u cm1ción tal parecía que e tuviera tocan Jo una hi ·toria en azada ele algún molo con su propia vida. u vo?.. m_ridi •)n1 1, a~ ~ r­nativamelt~ s n·)ra y amortiguad por la S)rcli:1:t L u ,Ll or:u ta melancolíél, l:e aba el saló:1 con ton ...,, mu ical ~ s. El au\iitorio esta· a <~tt>nto y simpatizab t h:1sUl. con esa lfn:- ­genes, algo extravagantes á ver.;es, que e. seviilano e 'pre­saba con acento conmovido. "¡Pobres almas-proseguía,- pobres aimas <'~.as de~, f rm :da aca o de:,de la eternidad para cruzar juntas el valle de la vida, unidas en un mismo vuelo amoro o, to­cándose las puntas de las alas; y de ·tinad .ts, sinem!>argo, para agonizar á distancia, revoloteando in' tllmente por juntarse; y se abaten al cabo, una en pos de otra,-rotas yá las plumas de las alas cansada -en el pL.tyón solitario de la muerte! "f:l tenía el alma de poeta; ella era la inspiración misma; con poco habrían sido felices; fácilmente habrían realizado su ensueño; les habrían ba tado unas horas tran­quilas á la sombra de e e árbol del jardín donde cantaba la alondra; una barca para deslizarse con sus ilusiones por las aguas tranquilas de algún canal solitario de Venecia. Ellos tenían el amor, la juventud, la in pirac1ón: la belleza; y sólo le pedían á la suerte lo que el mundo lt!s concede á otros con tánta facilidad: el olvido." Las repeticiones, ciertas antítesis exageradas, el colo­rido meridional, algunos brochazos de efecto inesperado, todo esto, mezclado en la ingenua improvi ación del sevi­llano, tenía para aquellos e píritu ingle. es el atractivo de lo exótico. El hielo de esos temperamentos, que en otras ocasiones se alumbraba con la fría aurora boreal de Mr. N onsense, ahora se deshacía al calor de esa imaginación fervorosa. La señoras aplaudían. El redactor de la Kensington Review protestaba contra tales novedades. La opiniones se dividían, discutían los discípulos y los profesores, los reporters tomaban notas sobre aquel estado del auditorio. Albornoz, sordo á ese oleaje que se formaba en torno suyo, sólo parecía oír los ecos de alguna voz lejana. "La vida,-continuó-tan serena para otra existencias menos puras, fue toda de tempestad para ellos; y sólo al morir se unieron, cuando yá los labios estaban demasiado fríos para la frase de amor, y las manos, crispadas por la agonía final, yá habían olvidado la d Ji adeza. de las cari­cias. Y a f como á vece. vemos en la playa, tra la borras­ca, á alguna vieja tri te y caritativa que recoge 1 >S re tos de un naufragio y _aca á la arena, con la mano hueso!,a, los cadáveres que el mar arroja, a í vemo , era la po trimerías de e te drama lúgubre, á la Muerte con mano ·ompasiva recogiendo y abrigando bajo su manto nearo lo o cadá­vere. de encajado que le arrojó el ol aje de una existencia tormentosa. Y tal parece que la Muerte dice: ' omparad la ac ión d mi ri\·a l, la Vi la á quien todo alaban, con la acción de la temida M uert , de q ui n tocio· maldi ·en. La Vida per ·iguió á los amante : i la alondra antaba, era para turbar su ensueño ; si despuntaba el día, era para truncar las entr vistas de amor. Yo acojo á lo· amante ; les doy para sus citas mis sombras eterna ; úno aquí para siempre sus mano. pálida . Hasta mí no Jlerrarán los enre­do vulgare de la s·.1erte. qt!Í. en mi ótano o curo, yo junto u cabez:-l para siem, r om(.~ una madr nmoro­s;~, echo bre llo mi man Lo. La la 11 1 ~ril.a del pan­teón alu:n:)rará la cámnra nupcial ... U rmid ca. to e:po ­sos... La vida, con ·-u dí:t · y us noche. con su sol y ·us cielo e ·trellaclo. , on sus granado en fl r y su. rui e­ñ re '1tando, no supo brin arl ni una aurora ri ueña, ni una sombra apacible, ni nna canción al gre. Yo, la t - mida Muerte, con sólo mi som ra eterna: le brindo aqní para su unión lapa?, solem'le, el silenci inmutable'." •• • P.t> ·t: :1 m:!s~. Germí.n no ha ía quer;do referirme lo su'':! li t:n s:1 ,-i,lje á Italia; yo re petaba u re·erva, pero aui-.;inaba Url:l honda triste4!.a1 y que éJ guardaba, COn cierto \..'goumo amargo, el secreto y el desenlace de aquella pasión que había principiaclo inesperadamente una noche en el teatro ticia de que Julieta. ha muerto. Me estremecí y sentí que la sangre se me helaba. Aco.-t..lmlmtdo á ver á thel en el papel de J u­lieta, formaban para mí una sola per ona. ¡Qué lenta se me hizo la escena en que Romeo alquila los caballos y se pre­para á correr al lado de su amada! Yá debía llegar la es­cena del panteón, en que Julieta apare1 e en el féretro, con su ve tido de de pn ada. Temblaba yo, dec;;eo o de verla. pero á la vez angu-;tiado . juzgando de mal augurio el ve~la, de pué· de nue ·tra au ·encia hacicD:do de muerta, tend1d:'l en la caja mortuoria. Y como estaha enferma, ¡qué tern ­ble verdad no e vería, al fingirse como muerta, en sus faeciones adelgazadas por la tisis! ''Pasó luégo la escena de la celda de Fray Lorenzo; y en seguida vmo el anhelado cambio de decoración. Apa­reció el cementerio, oscuro y triste; de la cripta coigaba una lámpara de bronce, en que agonizaba una luz funeral; en el centro la masa de una tumba; en los pliegu~ del manto de terciopelo ·e retorcían lo dragone de lo Ca­puletos; sobre aquel manto un féretro, en él mi Julieta, con una palidez mortal en el semblante y un par de círculos morados al rededor de los ojo . ¿Eran aquellas ojeras efec­tos de la pintura ó de la enfermedad? N o sospechaba ella que·· ahí mismo, á poco paso , estaba yo observándola, detenido el aliento y apretándome el corazón con ambas manos. "De cuán
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 8

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 6

Por: | Fecha: 20/10/1898

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. R.h:VlSTA 1 L USTRAlJ_\ 3~ Prohibición al propietario 'y director de volver á fi­gurar con el mismo caráreter en otra nueva publicación has­ta por el término de seis meses; • 4 • Prohibición al establecimiento en qne se hubiere editado la publicación: subversiva, y hasta por el término de seis meses, para que puedan volver á editarse en él pu-blicaciones de carácter político, moral 6 religioso ; - S~ Clausura del establecimiento en que se hubiere edi­tado la publicación. hasta por el término de tres meses; 6~ Arresto desde quince ( 1 5) días hasta trece ( I 3) meses. ~ Art. 37· Esta última pena se aplicará como adicional á las especificadas en los cinco primeros ordinales del artí­culo. anterior, y sólo en los siguientes casos : 1~ Cuando la producción castigada se halle en dos 6 más de los casos de infracción de que trata el artículo 32 ; y 2~ Cuando haya reincidencia. Art. 38. La pena de multa se convertirá en la rle arres­to, á razón de un día por cada cuatro pesos, cuando el in­dividuo penado no la consignare en la respectiva oficina de Hacienda dentro de las-cuarenta y ocho horas siguientes á. aquélla en que se hubiere hecho la notificación de la sen­tencia del Tribunal ó del Consejo de 11..:stado, de que se habla en los artículos subsiguientes. . Art. 39· Para los efectos del artículo anterior, el Tri­bunal 6 el Consejo de Estado avisarán inmediatamente la imposici6n de la multa al respe<"'tivo Administrador nacio­nal de Hacienda, quien á su vez dará cuenta al Ministerio de Gobierno y al respectivo Gobernador, del hecho de no haberse consignado el valor fle la multa, para que dichos Magistrados decreten la conversión. Art. 40. En todos los casos del artículo 30, los Gober­nadores ó el Ministro de Gobierno pueden, además de la imposición de la rtspectiva pena, dictar las providencias ne­cesarias para impedir la c.irculac.ión de la producción suh­versiva y todos los ejemplares de ella serán rerogidos. Art. 41. El dueño, administrador ó encargado del es­tablecimiento tipográfico, de grabado, etc. no deberá ser penado por los delitos enumerados en el artículo 32, sino en estos dos casos : 1 ~ Cuando por cualquier causa no pudiere imponerse pena al autor de la producción y al propietario y director del periódico, y 2~ Cuando éstos hayan incurrido en una ó más reinci­dencias, siempre que los fallos condenatarios se hayan pu­blicado en algún periódico ofici<~l. Art. 42. El autor de la producción y el propietario y directo.r del periódico son responsables, conjuntamente, de los dehtos enumerados en el artículo 32 de esta ley. Art. 43· Aunque en un mismo individuo se reúnan va­rias de las cualidades indicadas en los artículos anteriores, no se le impondrá sino una sola de las penas especificada~ en el artículo 36, salvo en t1 caso del artículo 37. Art. 44· Cuando la pena que deba aplicarse al delito tenga máximo y mínimo, deberá declararse en la sentencia el grado uel delito. ( (.(mlinuard) ~nP.stru Agente deJa ·· l{evi:st.A:J:>.A. EN" ~826 carrera 13. números 172-174, frente á La Capuchina La fábrica de cerveza más antigua de las conocidas hasta hoy en esta ciudad. Esta cerveza es la mejor y más barata en atención á su calidad y esmero en la fabrica.;ión. Se garantiza su conservación en todo clima. Ventas por nu3yor y al detal . LES:TOR}~.'! Vi" i~acl el ~stal ccimiento de .. Epaminondas .. st quere1s estar lnen· servidos. C,\RRER,\ 9 11 , .·ú:m :ROS 2;6 A 2JO- DOGOTA VÉA '-'E EL GR .\ .l. r ~U RTl DO de piano'> americanos . fe Chicago, Carrera 6 1!, n\uncro 237 FRE OERTCK L ES LI S l'uCKWOOD -A-- -RTEA-G-A- -& C~ORTI ::s ( J u rís il/. Artea~a y F~numdo COYt! s) .\ hog. dos. Bogotá. Ofi cina en el Pu ·ntc de S:m Franci ~o. r ,o <; ho nor:lrios más módico:; por causas de . uce ión y recu.-c;os de casadón. m- 6 l\;{ONTAÑA & PARRA - Abogados. (Francisco l\I ontaña, V.icentc P a rra). Carrera 7 ~ , número 494· CERA BLANCA para fiMcs y cirios. · Seda negra en mach joncs, para sastres. e afé esc o~ido, por libras. Gran surtido de cristalería y objetos p:ua regalos, donde 20-5 BOARDING HOUSE (EnglishSpoken H~- re). Carrera 10, nu­mero 278. El más cen­tral. cómodo y equitativo de la ciudad. Este acreditado Restau­rante continúa al servicio de su numerosa y escogiqa clientela, bajo la ácertada dirección de la señora D '~ Felisa R. de Rudas. _ ,_ ____ ---- --- - FELIPE RUIZ QUh TERO - Abogado. 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MOSQUERA AiiO 1- VOL. 1 IGNORANCIA INDUSTRIAL Los que con ideran el malestar económico del pat como origen de degeneración de la raza, de envilecimiento de lo caracteres, de e tulticia m ntal, en una palabra, como causa del atra o ma­terial y moral en Co­lombia, atinan en cuanto á la con e­cuencias de e e ma­lestar; pero parece que desconocen lo· verdadero. motivo de él. Hablan del papel-moneda como causa y no como efecto, y creen que la libre estipulación será la Panacea. La ruina econó­mica tiene más hon­das raíces. Un puñado de trigo, un trozo de azúcar, una libra de arroz colombiano on inferiore en calidad y má valioso que eri el re ·to del mundo civilizado. e atribuyen e ta inferioridad y alto pre­cio al clima, á los impue. tos cxce i vos, al de rédito, á lo malos camino y á la pereza de lo jornalero . i son efica­ces estas causas e preciso pre. entar como principal de toda , nuestra de aplicación industrial, por no decir nues­tra supina ignorancia. quí se entiende por trabajo el con umo de fuerza y no su aplicación inteligente. o es raro que una costurera crea que e tá trabajando porque tra forma en un día de movimiento de pedal tre reale de vívere que e come, en un real de jornal percibido. o en Me áni a e Barna efectivamente trabajo, pero e onómicamente e un con u­mo de trabajo. Emplear oro en hac r la mi ma canti ad de fierro e simplemente e. tú pido. n pueblo que por medio ele di z mil scuela ·, mú-; BVGOTA , OCTUBRE 20 DE 1898 NUMERO 6 de dos iento colegio · y varias uniYersidade trasforma pri­mero la fuerza de su hijos en onocimientos puramente filo ófi os, literarios y políticos, que son oro, para que pro­duz an luégo adobe, papa y afé, que ·on fierro, e un lo o. Exceso de gramática, e colá tica y liturgia y d fecto de fi i a, iencia naturales é industria, deben conducir á la ·itua ión angu. ti osa que hoy atraviesa el paí ·. La Escuela de Ingeniería se preocupa grandemente de que lo alumno· aprendan á calcular la den;:,idad de lo, planeta , pero ·e olYida de en eñarles la den ·idad de los ladrillos; y pi dras u ·ado en las con trucciones. El autor de e te e rito, en ·u comienzo profesiona­le: vi itó un trapi he en que e quemaba una pila de leña para produ ir diez botija de miel. - uánto e una pila de leña? preguntó al empresario. n doce carga de arroba y valen próximamente cin o pe ·o .. -Y el bagazo á qué lo destinan? -Yo no é en qué consiste, con te tó el patrón, que en olombia 1 bagazo no alcanza, como en la Antillas, para cocinar la miel; pero aprovecho la oportunidad de su pre ·encía para que u ted me dé las dimen iones de una himtnea que e onomice siquiera la mitad de la leña. 'on idérese cuál sería el onrojo de todo un profesor de la Univer idad, fundador de la ociedad olombiana de Ingeniero y miembro de número del Ateneo de Bogotá, al confesar com cualquier palurdo, su ignorancia total en la materia. atorce años de estudios clásicos y un diploma lujo í ·imo afrentado ante un hombre sin carni a, de cal­zón de liencillo y gorra de paja, echada al de gaire con zocarronería franciscana. Si cierto viajero fran é hubiera pre enciado el ca. o, correría por el mundo una nota por el siguiente tenor: olombia e un país embrado de trapiche· y aunque los jóvene ingeniero que produce u notabl Univer idad on apace de hallar el p ·o de aturno y us anillo , ig­noran el modo de calcular una chimenea." i e ta n ta fuera verdadera debería argar e al Debe de nue tra ignorancia ·erca de do millone de pe os anua­le · por leña inútilmente on umida en trapiche . in ofender el pasado ni zaherir á nadi , deb mos con­venir en qu e. preci o hacer una gran re olu ión en el plan de e tudio de todo nue tro In tituto , i no quere­mo , á pe ·ar e nue tra pr un ión literaria, de c.ender al último pue to entre lo pueblo· de .\méri a. La agricultura l>a. e d' nu stra riqu za na ional, no Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA les ha merecido á los discípulos de Minerva una sola me­jora; de tal manera que las papas que hoy cosechamos en la abana de Bogotá son tan malas como en el tiempo del ilustre Saguanmachica. En nuestros propios mercados sufren los frutos del país diarias é ignominiosas derrotas: ayer la harina, hoy el azúcar y el arroz, mañana el café. Tengamos como cosa probable tomar café extranjero en casinos y restaurantes, más fino, más perfumadt> y mis barato que el de Sasaima. En las actuales e tufas de ecadoras se emplean dos arrobas de combustible por arroba de café: veinte veces más de lo necesario en un sistema medianamente racional! Cada carga de café exportado representa un árbol más de­rribado en nuestros exhaustos bosques sin beneficio ni pro­vecho. En los hornos de compactación de la Salina de Chita se emplean seis arrobas de combu tibie por arroba de sal, cuando con un horno regularmente calculado sólo se em­plearían dos. Se derrochan, pues, cuatro arrobas por uni­dad, y como la Salina produce 1 2o,ooo arroba por año, se malgastan 6o,ooo carga de leña, que al precio mínimo de $ o-40 cs., valen $ 24,ooo. A causa de ese derroche están casi completamente arrasados los bos ues que la Na­ción poseía al contorno de la opulentas fuentes y hoy s casi imposible su explotación. Ciento cincuenta mil habi­tantes d la · provincias d García Rovira, Pamplona y Gut1érrez se ven precisados á comprar sal de Zipaquirá á $ 4 la arroba. En hogares de cocina se desperdician, en dinero, $ 24.ooo,ooo por año. Ante tamaños derroches, s innecesario hacer patentes lo que se cumplen en alambiques, tejare·, panaderías, jabonería etc., te. Hé ahí lo que signifi 'a para 1 paí , en ólo humo, la ign rancia industrial . ... -- <--­CóRDOBA MI UEL T IA A Bogotá, 1'? ·a nos también no haber para­do la aten ión ·ino C'n un adorno qu , á fuer de gr•Jtc.To emblema le nuc:tra peculiar indu ·tria corona el último 1 ~rfil del fronti lo mis!TIO que en una· volu~a: on que . e qui ·o voh er jónico ·1 u rpo final de la t rre . ímbo­lo 1 tramo que toca al uelo del e:taclo floreciente qu al­canzó Zipaquirá ha:ta prin ipi · del iglo y mue tra inequí­\' OCa lo r ·tan te de una decG~.clencia que por de ·gracia aún pe.rdura, ya n otra oportunidad habíamo. emitido la ob-erva ión de que la fachada del templo : e. p jo fi 1 de nue:tr . propia· vici ·itude . J• ta en lo ol ctiYo mo en lo indi idual on siempre unas mi ma é imprimen :u sello le idéntica manera. Y ·i riel templo voh,ié ·emos la 'i sta á la alina cuán confirmada no hallaríamos la Le i de qu al pasar de la :ujeción del rey d E ·paña á la del gobierno independiente, Zipaquirá perdió con el cambio. N o por e o fue menor la exaltación de este pueblo por la cau a de la Guerra Magna: ni u con tan te republicani mo e ·tá ex­puesto á zozobrar en aquel e eolio. in ·acrifi io n(J hay mérito. Ahora penetrando al interior del templo, orprenden al primer oolpe, en armonio o conjunto, una planta trazada en forma de cruz latina do órdene de pilastra que con la c rre poncliPnte contrapila tra. encierran entre í tre · na­ve ·, y l todo cuhierto con imponente i tema de arco. y bó eda . alvo el a ·pecto general de pobreza que reina allí pvr falta de ornamentación, y un algo como de sen ación de frío que de ordinario e experimenta en lo demás el in­terior ofr ce uno de los atributo que 1 con epto ideal de la belleza incluye, con i tente n el predominio le la magnitude ·proporcionada para producir un efecto agra­dable á la vista. Y a 1 ucede realmente pue el eje mayor de la planta tiene una longitud ca i doble de la de lo bra- 70S de la ruz, y el ancho de la nave entra! e p co má:; ó meno. equivalente á la _altura d la pila tra. Las proporcione de la pilastras parecen sujetar e á las del orden compuesto, el cual toma del corintio las su­yas; y orden compuésto parece también prevalecer en la ornamentación de lo capitele , sin embargo de ser muy pequ~ña la corre. pondiente volutas ó de estar é tas como disimulada ó escondida .. Recibe la luz el templo por diez y seis ventana. late­rales y por do al fondo de las nave. ecundaria., todas abiertas en la parte má elevada del muro comprendido dentro de lac:: contrapila tra ; fuera de la que recibe por el camarín, por la claraboya de la media naranja y por las ventanas del fronti Tunjo. de oro y de tumbaga encontrados en ramita (Departa-mento de Antioquia) y en Filandia (Departamento del auca). ólo el altar mayor lleva e tuco y dorados bajo la cu­bierta del templo. o hay un simple color que dé realce á los ad0mos, como no hay en lo muros un cuadro ni ~n las capilla · altar digno de citar e, ni en los nicho una efi­gie (con alguna al vedad), nada, en suma que ofrezca mérito sobre aliente en la pintura, la escultura ó la orna­menta ión. o há m u ho que el inspirado arti. ta Acebedo Bernal hizo un ensayo de pintura en un mal altar, y en esta línea, e o e todo. La apillas mayores, por ejemplo, aguar­dan todavía altare que habrán de con agrar e, ó á San Antonio de adua y á la antí. ima Trinidad, si e que he­mo · de darles e ta preerninen ia on arreglo al acto d erección de parroquia confirmado por decreto que expidió el Arzobi po .aballero y óngora en 3 de Agosto de 1779; ó bien á San Antonio de Padua y á la Virgen de la on- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6 RE,riSTA ILUSTRADA epción, dado que nos atengamos más bien á documentos colaterales que por incidencia hacen de la Virgen la coro­patrona de la parroquia. N o hay cúpu1a ó media naranja que corresponda á su objeto, ni púlpito que merezca este nombr ·, ni coro proporcionado, ni arco toral, pues el .qta.e había fue de truído por no sabemos qué preocupación de que hada mal efecto á la vi ta ó de que daba oscuridad al templo. Arruinados como vivimos y proscritos con re­lación á la riqueza de nuestra Salina, sin equitativa par­ticipación en sus cuantiosos proventos, nos agitamos inú­tilmente en estériles deseos, pues se nos niegan los me­dios para emprender tales obras. El altar mayor es la única fábrica elegante y de buen gusto que en los últimos tiemp . s se ha erigido, bajo la inspiración de la piedad y de entre el seno de la pobreza. A él y á otros pormenores quisiéramos encaminar nuestro estudio; pero, no permi­tiéndolo por el momento los límites que hemos de fijar á nue tra res ña, habremos de diferirlo para otra ocasión fa­vorable. N o hemos calculado el área libre y útil del templo, si bien podernos suponer, dadas sus dimensiones, q'tle tiene capacidad para cuatro mil personas. En funciones de gran concurso, se acomodan de sobra cuatro en metro cuadrado, salvo en la nave central ocupada por escaños. Vista esa capacidad, el señor Arbeláez, de grata memoria, pregun­taba, en isita pastoral hecha á Zipaquirá, si la ciudad te­nía gente para llenar su templo. •• • En los últimos años ha sido frecuente verlo colmado; y colmado lo vimos pocos días há, con motivo de una novedad que solemnizó en gran manera las funcione de orpus y 'uarenta Hora á que al principio hicimos re­ferencia. Hiciéranse las cosas bien, y bastara costearlas una vez ola. 'on truído el primitivo órgano por el maestro Hera , on los réditos de una fundación llamada de San José, que gravaba la tierra de Susaguá, fundación de que era pa­trono el señor Tomás Silva, fue estrenado con ruido en 1847· Andando el tiempo, se vio que aquella obra no co­rrespondía á las necesida es del coro; por lo cual el doctor Juan 13uenaventura rti~, más tarde digní imo bispo de Popayán, fomentó su reconstrucción, la que, ejecutada por el prof sor en mú ioo y cél bre compositor, señor Julio Quevedo Arvelo, quedó terminada en Junio de 1883. Por tercera vez se ha hecho renovar el expresado órgano, á iniciativa del párroco anterior, doctor Uldarico Camacho; y el con tructor, señor Manuel Montoya, acaba de coronar su trabajo á ·atisfac ión de lo inteligentes. La bendición se celebró el 2 5 de Junio pasado, ceremonia á la cual, y ú. las uemás funcione de fine de dicho mes, fue invitado con instancia el eximio orador sagrado, doctor Carlos Cor­tés, á quien para lustre del nombre zipaquireño vimos na­cer en nuestro suelo. Esta ha sido la primera vez, merced al actual párroco, doctor Cel o Forero, hijo también de Zipaquirá, que se deja oír entre no otros la elocuente pala­bra del doctor Cortés, cuyo prestigio hizo colmar las naves de nuestro templo. Voz firme y vigorosa, que lo mismo vibra que modula, que alternativamente pasa, por un diapasón fácil é insen­sible, del tono de la indignación á la suave cadencia de la ternura; dicción clara y correcta, de donde mana el raudo flujo de una frase elegante,- ésta acompasada y grave cuando fulmina rayos de execración, nerviosa y precipi­tada cuando mueve y convence; actitud noble y gallarda, que tan pronto desciende de la arrogancia á la bumüdad como sube de la úplica al dominio de lo majestuoso y digno; acción desembarazada, cuyas demostracíones co­rresponden con naturalidad á la expresión de los diversos afectos; dialéctica poderosa que subyuga. con la persuasión é inflama con el fuego de la verdad que le comunica; cien­cia y erudición con umadas, de que uo deja de dar, aunque su humildad no quisiera, sabias y oportunas muestras; vir­tud purí irna é inmaculada, que así realza el poder del qra-dor como da autoridad á la predicación del sacerdote; todo,. en fin, hace del doctor Cortés la realización más aca­bada del tip·o ideal que la mente se forma del perfecto ora­dor sagrado. V no es un juicio el que intentamos sobre el doctor Cortés como predicador. La opinión ilustrada ha dado yá su fallo, y está unánime en discernirle la palma de la elo­cuencia, de todos tan apetecida y de tan pocos alcanzada. Estas nuestras palabras, que en nada aumentarán su gloria, son. apenas el testimonio de alabanza, de amor y de admi­raciÓn que por nuestro conducto presenta en su elogio su dudad natal. LUIS ORJUELA )( MEMORIAS sobre el origen, causas y progreso de las· desavenencias entre el Presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, y el Vicepresidente de la misma, Francisco de P. Santander, escritas por un colombiano en 1829 (Continuación) CONSECUENTE Bolívar con las promesas que hemos di­cho haber hecho en la proclama de aracas, partió para Cartagena con un cuerpo de tropas, y dio orden á Ur­daneta para que se dirigiera con otro de Maracaibo á Cú­cuta, y de allí á Bogotá. Bolívar en Cartagena, y en su tránsito para la capital, ejerció toda la autoridad del Go­bierno, no obstante que se lo prohibía la Con titución, y que no era p~rte. ~el territorio que él mismo había designa­do para el e3erc1 10 de sus facultades extraordinarias ( 1 ). N o se contentó con u urparle al Gobierno sus atribu­ciones naturales, sino que dio órdenes en el Departamento del Mag~alena por medio de Montilla, y en el de Boyacá. por med10 de U rdanefa, para que no se obede ies n las del Poder Ejecutivo en lo concerniente á rentas y dir ión de la fu erza armada. Semejantes atentados en m mentas de que yá se sabía que habían ce ado los temores de que las tropa~ venidas de Lima obrasen ·ontra los interese de o­lombia, no dejaron duda alguna de que Bollvar marchaua á. Bogotá corn<;> contra una ciudad rebelde, y que el Go­bier~ o, los amigos d.e la Constitución, y ella misma serían cast1gados como traidores, y sacrificados á su ambición y á sus vengam~as. Los oficiales y oldados de las Division s que B?lí~ar y Urdaneta condu ían hacia la capital, habla­ban pubhcamente c~e la guerra contra Bogotá, d pillaje y de matanzas. El V 1cepresidente era el principal objeto de sus tertulias; se repartían sus bienes y di cutían el género d~ muerte que debían darle omo á enemigo del Padre y Libertador de Colombia. En Mompós, ca i á resencia de Bolívar, fue apuñaleado su retrato; en Cerinza y en Rione­gro borraron, por consejo de Bolívar y Urdaneta, los letre­ros de Cal!~ Santand~r, que los vecinos le habían pue to á una de las manzanas del pueblo. Pareda que estaban ha­ciéndole la guerra á Boves ó á Morillo. N o era posible que los patriotas de Bogotá mirasen tranquilos tales pre­parativos. En sus escritos denunciaron con entereza las usurpaciones de Bolívar, y pronosticaron los males que la patria y los amigos de las instituciones iban á sufrir. Ni el Congreso, ni aun el mismo Vicepresidente les ofrecían es­peranzas de salvación. En un esfuerzo denodado veían sólo los medios de contrarrestar á Bolívar. Así era que unos proponían el proyecto de romper de una vez la unión de Colombia, y hacer revivir la República de Nueva Grana­da, y otros trabajaban eficazmente para formar una revolu­ción en la capital, y oponerse á la entrada del Presidente. La efervescencia era general, y los ánimos estaban grande­mente exaltados. La revolución se habría verificado si Santander no se hubiera empeñado en frustrarla. Y ~sta era l~ terce;a revolución que im~edía contra Bolívar. Atajó la pnmera a su regreso del Peru en x8z6, que intentaron (1) La Constitución disponía que cuando el Presidente de la Repúbli:a es~uviese á la cabeza ~e un Ejército, todas las funciones del Poder EJecutivo recaían en el V1cepres1dente. Así sucedió el año de r821, en que Bolívar marchó al Sur mandando un Ejército. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. R~V.ISTA ILUSTRADA 8¡ a.pfisionarlo; frustró la segunda en Enero de x8z¡, que se qu1so proclamar la independencia de la Nueva Granada, y su separación de Venezuela y de la autoridad del Pre i­dente. Bolívar no ignoraba . cuanto pasaba en Bogotá. Sus amigos y sus partidarios le exageraron tánto el e tado de la capital1 que no dudó que Santander le opondría la fuerza á la fuerza, y que por lo menos prolongaría el término de sus proyectos. Redobló entonces sus esfuerzos para debili­tar la fuerza física y moral del Gobierno, repartió despa­chos de ascensos militares con profusión, distribuyó su busto á cuantos podían auxiliarle, amenazó y prometió sin reserva á trueque de obtener el triunfo. Los cuerpos mili­tares de Venezuela hicieron nuevas protestas de adhesión y consagración á Bolívar, y vomitaron nuevas injurias con­tra Santander. De Cartagena envió Bolívar al Oficial Aus-vocado Santander extraordinariamente. Nada temía éste mientras la razón, ó siquiera la decen ia, reglasen los juicios de los hombres, porque nada había ejecutado que no estu­viera en sus deberes, y escrito en la razón pública de los colombianos. Las actas y las representaciones que se ex­tendían en algunas partes quejándose de su Administración y vilipendiando su honor, las veía como efecto del alucina­miento y de la intriga, y no como pruebas reales de lavo­luntad libre de los pueblo , concepto que tuvo la satisfac­ción de ver cumplido en la multitud de notas oficiales que le dirigieron varias Municipalidades después de que había entregado el Gobierno á Bolívar. La ocasión era para des­pojar á estos documentos de la nota de aduladores. Se hablaba yá á un hombre que no ejercía la suprema auto­ridad. EL TEMPLO DE ZIPAQUIRÁ tria á Maracaibo con el borrador de una insolente pro­clam. 3., que expidió el extranjero astelli, Gobernador de aquella provincia ( 1 ). Escribió á sus amigos del Departa­mento de Boyacá para que extendiesen iguales representa­ciones á las de Venezuela, y á mayor abundamiento envió por las provincias del Socorro y Tunja á sus edecanes los Coroneles Arismendi y Fergusson para que las promovie­sen. Hasta para ver si podía arrancar una acta de la Mu­nicipalidad de Bogotá, cuyo silencio le molestaba, se valió del Coronel Herrán para que hablase á los regidores, y les habló en efecto, aunque sin suceso. El Vicepre idente en­tretanto, sin desviarse de la senda que le prescribía la Cons­titución, esperaba tranquilo la llegada de Bolívar. Él, antes de encargar. e del Gobierno, debía prestar el respectivo ju­ramento ante el Congreso, que para el efecto había con- (1) Muchos extranjeros, particularmente ingleses, han figurado en nuestras disensiones como calientes partidarios de las ideas de Bolívar. Bolívar por fin hizo su entrada en la capital el día 10 de Septiembre, en medio de un pueblo amigo de las leyes, por entre arcos triunfales, y las aclamaciones del respeto y de las esperanzas. El Congreso le aguardó reunido para exigirle el juramento de gobernar conforme á la Constitu­ción y de sostenerla y defenderla vigorosamente. Bolívar se acercó al lugar santo, puso la mano sobre los sagrados Evangelios, y en presencia de los Representantes de la Na­ción y de un pueblo numeroso, prometió ser fiel á las leyes constitucionales, y regir la República con arregJo á éllas. El pueblo bogotano concibió en este día algunas t:speran­zas de alud al oír la promesa solemne del Presidente, en un día en que en vez de guerra y de peligros, había encon­trado tranquilidad, obediencia y homenajes. Santander re .. cibió á Bolívar en el palacio del Gobierno con todas las consideraciones y honores debidos á su autoridad, y aun­que éste se mostró con frialdad y esquivez, se le oyó decir en su discur o público que toda la conducta dd ViuprNi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVI TA ILUSTRADA drtJk de la R.cpúblka habla sidP arreglada á las lryu. Estas pa.labrast en boca de un enemigo tan poderoso, y proferidas en un día de gran solemnidad, cuando aoababa de tomar el Gobierno del Estado, pueden merecer el nombre de com­pletamente .sa.tí$factorias. on ellas pudo creerse Santander á cubierto de la¡ calumnias esparcidas contra su Adminis­tración. Bolívar, á despecho de u resentimiento y de su encono, habh hecho una confesión solemne. Pero se verá luégo que sigu'íendo Bolívar su costumbre de obrar de un moclo en púhlíco y de otro secretamente, llevó adelante sw; hostilidades contra Santander, y sus designios de demo­ler el edificio con. titucional. una extensa y absoluta aprobación á cuanto él había hecho en Venezuela. en aquel año, sin que siquiera se leyesen los decretos expedidos allí, conferírle una grande autoridad en la parte legislativa y administrativa de Hacienda, permi­tirle aumentar el Ejército á su beneplácito, darle facultades para hacer Coroneles y Generales, concederle el estableci­miento de una policía tr(>menda, y poner en sus manos tántas y tan amplias atribuciones destructoras de la Cons­titucjón, que ni Bolívar podía desear más, ni era menester tánto para echar á tierra la estatua de la Libertad. Si Tibe­rio hubiera obte:1ido del Congreso co!ombtano todas las complacencias que Bollvar obtuvo, habría rtpetido aquella tan sabida exclamación: "¡ Oh hombres nacidos para la serviclumhre!" ontento Bolívar con el auxilio tan eficaz que acababa de recibir de los custodios de la Constitución, de los depositarios de los derechos del pueblo, volvió sus miradas hacia Santander, que á la sazón pade ía una grave enfermedad. Temeroso de que fuera á ser nom­brado miembro de la Convención, donde él pen­saba concluir el desenlace de su drama, promovió bajo de cuerda en la ámara de Representantes el que se intentase una a 'usación con pretexto de la distribución ele los caudales del empréstito. Va­lióse para ello del Diputado Aranda, que había venido desde aracas sirviendo en su Secreta­ría ( I ), y del Diputado astillo, hermano del e­cretario de Hacienda, que por puras personalida­des había jurado la más gratuita enemiga á an­tander. omo no se podía intentar la acusación por la negociación del empréstito, porque yá el ongr so en una d la s siones anteriores había expedido un de reto eminentemente atisfactorio al Vic presidente, ni por fraudes en la aplicación de los caudales pertenecient s á él, porque no ::;e pudo hallar prueba alguna, se dirigió con el pre­t xto ele que había invertido el orden n que ellos de bieron ser di ·tribddos. U na a usación tan ne­cia, y al propio tiempo tan injusta probaba de­ma · · ~d la pobr z~ de 1 s medios de ataque de los nemigo · de antand r. N o tuvo r sultado favorable á los acu adore~. El ongr so aún con­servaba algún resto ele justi ia y de de encia para no añadir e. te nuevo escándalo á lo~ que estaba dando re pecto de la autoridad del Présidente . . antander se proveyó de do umento , que solicüó del mismo Bolívar: desyaneció con ellos los sofis­ma · de sus acu. adore·, y obtuvo de la ámara de R epre ·entantes la d el aratoria de que no ha ía lugar á acu ación alguna. Ella después se limitó á nombrar una comisión de su seno, que exami­nase la: cuentas del empréstito, y burló de esta manera lo designios de Bollvar y de sus instru­mentos randa, astillo y algún otro pretendien­te. Este fue el último acto del Congreso de 1827. Quedó por on iguiente disuelto, quizás para no volverse á reunir, ó al menos para no volver á deliberar con libertad é in ~lependencia mientras B~lív a r permanez 'a al frente de Colombia. DOÑA SOFÍA ANGULO DE REYES + 8 de Octubre de 1898 (De fotografía de Debas. Madrid). ( Co·ttilwa rd) Inmediatamente después de su arribo á Bogotá, Bolí­var prorrogó el Congreso ex~raordinariidad del público y obtener el primer premio en un certamen di - puesto por la redacción del periódico La Miscdán~a. El autor de Madr~, penetrado bien de la belleza de tonos de , u original cuadro, qui:o levantar sobre el mismo asunto l.lnO (De fotografia de Duperly and. on) mero compuso ésta que la titulada Madn, entonces diría­mos que del gran lienzo en que su soñadora imaginación iba agrupando figuras y pai. aje · para prepararse á la tarea enojo a y difícil del novelista, tomó un claroscuro del bos­que con unas dos figuras de verdadero relieve y líneas inolvidables. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA Pero, para el efecto de comunicar á los lector~s la impresión que en nuestro ánimo haya causado la lectura de la nueva novela antioqueña, no nos hace falta saber cuándo la trazó la pluma de D. Samuel Velásquez. No conocemos á este caballero, á quien nos lo imaginamos precisamente por el estilo y factura de su obra, un tanto poeta, de reflexión y de sentimiento, de humor alegre, de carácter expansivo, reedicho, observador; certero para juz­gar las cosas de su parroquia, bien que se inclina siempre á mirarlas con ojos amigos, lo cual, por otra parte, nos alegra y consuela, que somos los primeros en aplaudir á dos manos el amor de los antioqueños á su suelo natal. N o le ocultaremos al público ni menos al autor de Al pie del Ruiz, que hemos leído seguidamente el libro, lo cual demuestra que su lectura nos ha interesado, divirtién­donos; que hay en él escenas que denotan un tempera­mento bien pronunciado de novelista, nos parece muy cier­to; que otras son fatigosas y de ningún mérito literario, lo creemos honradamente, y que carece de ense·mble y de acertada distribución en el conjunto y en muchos detalles, es también concepto personal nuéstro. Somos quizá dema- (escrito que apareció en La Crónica, de· la capital), se in­crepa de inverosímil el que la heroína de la novela, Dolo­res, se corte en un arranque de despecho y mal humor, . ·SU hermosa cabellera, caso que nosotros juzgamqs perfecta­mente explicable y natural, no como rasgo d.e virtud, sino como acción á que mueve la cólera en una campesina que crece lozana y altiva en medio de la montaña, cual se alza majestuosa y esquiva, en medio del tupido bosque, la airosa palmera. -~ •- T 0 ·---·-· •V~o ---·· De las costumbres urbanas, que se refieren á la ciudad de Manizales, en donde vive el autor de la novela, según nos han dicho, entregado al comercio y á los raptos que le procura el amor de la gaya ciencia; de esas costumbres, decimos, no logra dar más que una ojeada muy sucinta, de la que se desprende una conclusión desconsoladora: la de que esas sociedades viven en una especie de ensimisma­miento que no sólo embota la vida misma, sino que puede enturbiar las fuentes puras del progreso del espíritu. En resumen, nuestro juicio es que Al pie del Ruiz es la obra pródiga de un amateur, de la cual hubiera podido formarse una novela de costumbres con más sostenida ila- PEDRO MORALES PI~O EN SU HABITACIÓN asiado exigentes ó severos al formular nuestro juicio, pero para que se estime éste de un modo concreto, comunicare­mos al lector que antes de prepararnos á trazar estas líneas, nos dimos á reflexionar qué nos quedaba de aquella lec­tura, puesto que todo libro de mérito deja _en la_ mente al­guna enseñanza, un grato recuerdo; ó despierta Ideas nue­vas ó impresiona profundamente si es la concepción pri­vilegiada del genio ó el arranque de vida de un pecho amante. Pues 'bien, Al pie del Ruiz, para el lector concienzudo y sagaz, da más ideas sobre el carácter y modo de ser del autor, que sobre los personaje¡ de su novela y el medio en que nos los presenta. De toda la larga narración no con­serva uno más recuerdo que el de la campesina Dolores, que se destaca con algún vigor de colorido, que impresiona por su rusticidad, por su belleza, por sus desgracias y por el genio viril con que se nos muestra, en el cual aparecen de relieve las buenas y las malas condicione del carácter antioqueño (á nuestro ver). Ya en algún escrito, que se ha anticipado á éste, al analizar la obra del señor Velásquez ción, con alguna trama y abreviando la acción ó los diálo­gos. Reducido el libro á la mitad de las fojas que tiene, ganaría en interés. Pero si el señor Velásquez no logró ha­cer una novela, tal y como hoy se conciben, sí anduvo feliz en el traslado ó invención del cuento del sacristán que allí forma algunas páginas ( 349 á 359) de intencionada lectura, cuento que no resistimos á la tentación de reproducir CO!l el mayor gusto y para solaz de los lectores de la REVISTA. Hélo aquí: Emilia, una hermosa á quien llamaban Mila sus amigas' con todo y su fantástica hermosura, á los treinta años aún tenía "el documento por cancelar"; nó, no se había casado, por esto: Cuando iba á cumplir catorce abriles, comenzó la gente á decirle: ¡cómo será la flor que va á resultar cuando te desates, botón de rosa blanca ! Y se dió cuenta perfecta de lo que de ella esperaban, Y se abrió la flor. Pero, con qué lozanía ! las nieves de la montaña tenían injuria contra el blancor de aquella virgen. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. / 1 1 / REVISTA ILUSTRADA Mas, hé aquí que, adelantándose la vanidad á los años, Mila 5~ llenó de soberbia y se creyó diosa. Dejar que alguien aspira­se el aroma embriagante de aquel cáliz color de hostia, ¡ sueños 1 Vayan ustedes á oler flores ae ruda ó de altamiza. Este perfu­me es de un príncipe. Llegó á los veinte años, y el príncipe no parecía, ni la vani~ dad mermaba; aquí la belleza de Mila quedó en todo el reposo de la plenitud. Sus arn.axtelados se resignaron á mirarla de lejos como si perteneciese 4 familia de astros. Sobre aquellos boquiabiertos VUELTA DEL PRADO. Cuadro de Ricardo Moros. Y andaba la divina criatura con un balanceo rítmico igual que el movimiento de una caña que mecida por el aire echa: la melena para acá, para allá. Esto como lo decía la narradora, era así: "Y era tánto lo que se remeniaba esa dengosa antipá­tica, que. • • • Jesús credo 1 " llovían ventanazos y torcidos de boca que daban lástima; poco menos que de agrimensores qu daron todos midiendo la calle y calculando el ancho de las espaldas de la divinidad. No sabemos si por entretenimiento ó por necesidad, á los veinticinco años se apareció dulce y más suave que piel de ca .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA PARA LA "REVISTA ILUSTRADA" ~nfideneias 'flasillo '[l. ~oPales '[lino Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 9.3 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :REVISTA ILUSTRADA brito; sin embargo, los hombres dijeron: "A otro perro. " HA belleza que á sí misma tánto se quiere, no le sobra Jiempo ni co­razón para querer á otro ; esto es una prevención pór si el prín­cipe se qut:da en el camino." Nadie quería embarcarse en nave que tánto trabajo dio para echarla al agua. Y eso que estaba como las frutas maduras, qu.e si no se las comen yá, raro es el pájaro que las picotea después. ' No le valió á la hermosa tender redes ni tirar al agua an­zuelos. ¡Peces más escurridizos! Un montañero cayó, mas era inútil sardina y lo largaron: había necesidad de un bagre, y no así como se quisiera, sino robusto y mantecoso. Treinta años! y el príncipe entretenido, quizá, en una posada del camino. A todo esto dieron en aparecer en la cabellera de Mila, unas víbo­ras blahcás, víboras serían, porque ella enfurecida las reventa­ba entre los dedos nerviosos. Qué les parece á ustedes, canas entre aquella cabellera que allá se las mandamos á dar trabajos á una noche de truenos con su apretada oscuridad; no las arrancaba, era que las reventaba hecha un desmadejamiento de doló.r y de vergüenza. De ahí en adelante era talla policía de ojos y':dedos que andaba rebuscando entre el negro matorral., que no había soñado un hilo blanco en formar retoño cuando allá te van las uñas, y el pobre moría al nacer. Riesgo hubiera corrido de quedarse calva si otro día no hubiese de notar que las arrugas, lanjas de propietarios mal avenidos, empezaban á trazar predios y á señalar linderos en aquel rostro cuya tersura sutU dio envidia á las plantas de un niño recién nacido. · ' ¿Qué hacer? ¿Cómo atajar esta avenida de estragos? ¿Cómo? Verán ustedes. Pero no crean q u.e fue por 1.m medio desconocido, nó, por el de siempre: Llovieron al tocador de Mila pomo lleno de líquidos rojos, pol os y cosméticos. El arte di imuló algo las grietas del to­rreón esbelto que se abría. · Una ~ez un hermanito de la nyesacla hermosura, deslum­brado con aquellos tonos tan fuertes, le dijo: -"Chica, pareces un ratón de molino; papá dice que tú has logrado el prodigio de concentrar el buen clima en un fras­co." La óbservación del muchacho hizo efecto contrario: aquella <;asa fue una exhibición de joyas, ncaje , plumas y guant s, todo lo cual llevaba. ila por sa call s con gran susto de la elegancia, quemando desordenadamente los últimos cartuchos de esperanza; queQ1ó_er úftimo, y al otro día amaneció peinada de liso, comp -quien anda apr-is , vestida con humilde traje ne­gro y envuelta en'úna ·m ntilla sin orla de ncaje ni co a que oliera á buen gusto. Y tom' camino de la iglesia. -"Era na,tural," dijo l h rmanito; "yá va á que uestro Señor !e pague el mal gusto de los hombres,_ como si fuera poco lo del Calvario por culpa de todos ellos." · Y la tenéis en e1 templo á la hora que queráis, repasando una librer,ía mística y sudosa que cargaba en oscuro talego, barriendo, poniendo flores en los vasos santos, y regañando á los muchachos que hablaban alto y andaban disimulados como perros por las sile'néiosas na~es; de tal manera entendía en el ritual de los oficios divinos, que al fin era de la iglesia de su pueblo como el púlpito ó el sacristán. -"Padre, " le decía frecuentemente al Cura, "ponga re­medio á la franqueza con que estas puerquitas de quince años le coquetean aquí en las bar"t?a~ de Nuestro Señor á un círculo de mocosos que las persiguen." Porque á Mila, siempre que eía una niña de quince á veinte años, se le calentaba la sangre y mucho más si la doncellita era de aquellas deliciosamente mi­mosas. '' Zambita más aborrecible," decía, '' yá está poniendo los ojos en blanco y caminando el) las uñas; ¡coquetas, que no saben lo que es pudor-! Fueran mías para enseñarles á mane-jarse." . ·. ' ¡ Y un odio á los hombres, Señor ! Si pare.. c. ía que le ptodujeran náuseas. -Pues que se casa fulana, le decían. -Sí? Imposible que con la berreadera que tenía, se queda-ra, ¡pero venida á ver la alhaja que se lleva! de esos todos los que una quiera. Gracias á la Virgen que me libró de esa ridi­culez; cabalmente que bien buena me paso mi vida; con mi barrigón tengo. -Quién es tu barrigón? Le preguntaban. --Pues mi confesor, que bien queridito y bien formal es. Una mañana madrugó demasiado, porque, amén de barrer todo el pavimento de la iglesia, tenía intención de oír tr s mi­sas, confesar, cambiar las flores del altar, etc. Temblorosa de frío se estaba á oscuras arrimada á una puerta aguardando al sacristán y rabiando contra él por su tardanza, cuando apareció éste en una esquina de la calle haciendo sonar las llaves del templo; al acercarse á Mila paró un momento estirando el pes­cuezo y en actitud de correr. -¿Qué es? ¿por qué no abre? preguntó ella incomodada. -Ave María Purísima! qué susto 1 creí que era una ánima. -¿Sí? Pues yo pensé que usted era el diablo. -N o proceda á molestarse, niña ; como usted es tan flaca y tan larga y tan. ___ oscura está la madrugada. -A vos no te importa, indio alzado 1 -Y qué es la calentura de esta abuela? -¡Ah, negro atrevido ! Abre esa puerta! -V éanle el modo de mandar ! Yo abro á la hora que me dé la gana; á mí sí no me pones cartilla, vieja antipática y novelera. -Eh, y cómo es de grosero este bozo de cepillo. -Beata asquerosa! -¡Ah, demonio! Asió Mila de las "Delicias al pie del Altar," y las descua­dernó en la cara de su enemigo. -Miren esta condenada cómo me reventó las narices, bramó José, que así se limaba él, y la agarró por la melena cuando yá era casi de día y á tiempo que apareció el Párroco entre ellos. -¡ Suéltame ó te muerdo! - Tóma, vieja sin ergüenza! Y José le daba palmadas. -¿Qué es eso? gritó el Cura poniendo entre ellos el bas­tón y lanzando una carcajada. S apartaron en silencio. Después el sacristán, tirando albas y paños y vinajeras en profano desconcierto, decía: -Ella me las pagará! o hay sino que Nuestro Señor, el Padre y yo tenemos que soportar á todas las viejas "que deja­ron quemar el pan," y ayudar! s á cargar la cruz que los hom­bres les echan á cuestas. La pura verdad: es una solterona qu por hacerse á un hombr sería capaz de tirarse de la cúpu­la; y aunque venga su padre ó sus h rmanos y toda su paren­tela, lo dicho, dicho. -Ese hombre no se puede soportar, Padre : es un pícaro, le decía entr tanto Mila al Cura detrás de una columna; ¡y creyó el muy bribón que. __ - Ave María, hasta colorada me pongo 1 - Virgen Marí ! q u ' co a ! r spondió el sacerdote. Y á p ndré diqu á tántas demasías, y, Dios mediando, todo se arreglará. o volvieron á cambi r palabra stos dos enemigos, y aunque diariamente se rozaban en la sacristía y manoseaban los mismos objetos, se guardaban mutuamenle negro rencor, con todo y andar ambos muy comulgados diariamente. José se reía de ella, quitaba de aquí lo que la otra ponía y lo colocaba en otra parte; le desbarataba lo hecho y la ridiculizaba. Ella, á su vez, siempre que junto á él pasaba, escupía. Aqu llo era una gu rra implacable. Notó José que su enemi~a se arrodillaba diariamente y á la misma hora delante de una tmagen de la Virgen muy hermosa que llevaba en los brazos un chiquitín blondo y de ojillos azules. -¿Qué le pedirá á Nuestra Señora este engendro de Sa­tanás? dijo; espérate, niña mía, que si lo que deseas es un ma­rido, como lo creo, voy á interceder con la Virgen para que te mande un rey, y así saldaré la cuentecita que tenemos pen­diente. Otro día se colocó el irreverente sacristán detrás de la ima­gen, debajo del manto azul sembrado de estrellas aureas y aguardó allí á Mila, que no tardó en llegar y que arrodillada, después de unas cuántas salves, le habló así á la imagen: -Dónde está, Madre Santísima, eso que tánto te he pe­dido? Tráelo, Señora, que yo te lo pagaré con una túnica de raso azul. José, imitando la voz del niño, respondió: -Nó, mamita; no vayas á engañar á nadie con esta anti­güedad, alUlq.ue te ofrezca una custodia nuevecita. Mila conoció al instante á su enemigo oculto, y una idea asaltó su mente. -Señora, volvió á decir, soy muy rica, pero esa riqueza no eclipsa el tesoro de ternura que llevo en el alma, y todo se lo daré al que tú me señales. -¿Cualquiera que sea? preguntó el sacristán imitando la voz de la Virgen, á la vez que otro pensamiento extraño lo hacía desistir de la burla. · -Haz la prueba, Señora, respondió Mila. -Bueno, cásate con José. -Con José ! ¿cuál? ¿el sacristán? -Sí, ¿por qué te asombras? -Es que él me aborrece. -No lo creas; quizá tú á él. -Nó, Señora; yo no odio á nadie. -Entonces, cuenta con él y no me traigas tal túnica. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA 95 Al otro día José retorciéndose el bozo cerrero y recortado, desde la puerta de la sacristía miraba, con descuido de sus obli­gaciones, á Mila que en esa mañana no había querido poner mano en nada y que, por un toque de novia lista se estaba por allá entre la multitud; pero, sus miradas topaban frecuente­mente con las de José, que echaba así sus cuentas: -Viéndola bien, ni fea es; francamente, yo no me había fijado en que es muy buena moza. -Cuánta razón tienen sus amigas en perseguirlo, pensaba Mila; lástima que tenga recortado el bigote, porque los ojos y la boca me gustan. Abandonó la beata aquella expresión feroz que había traí­do y la cambió por un mimo de niña contemplada ; cuando el amado desataba en el coro su voz de campana rajada, ella creía oír una flauta tañida por un pastor en noche de luna bajo el alero de una cabaña; pasaba él por delante del altar haciendo estudiada genuflexión, ella le concedía talante de gran señor y paso regio. Los sonrojos menudeaban por esas mejillas y los cuchicheos turbaban la paz de los santos rincones, hasta que del idilio de ~acristía resultó matrimonio. Y una mañana, á despecho de pa- Esto era ayer no mas; hoy, en los momentos en que damos los últimos retoques al número 6? de nuestra publicación, vemos pasar no interrumpida fila de portadoras de hermosas coronas fúnebres que han de ser colocadas sobre el túmulo de la que ayer no más fue el orgullo y la alegría de un hogar feliz. Cuán expresivo es el lenguaje inarticulado de las flores sobre las sienes de las novias y sobre el féretro de los muertos! La lluvia de magnolias, clemátidas, violetas y orquídeas con­tinúa por muchas horas. Bien merecía tántas flores quien siempre exhaló á su rededor como un perfume de gracia y de virtud. Formarán ellas una pirámide sobre la tumba de la esposa joven y á su turno se troncharán en medio del mudo ·diálogo que tienen en los cementerios los que yá saciaron el anhelo de saber la palabra del eterno enigma ___ _ La Prensa de "la capital, sin distinción de partidos políticos, se ha asociado en sentidos términos al duelo del señor General Reyes y de su distinguida familia; tomamos nosotros parte en sta condolencia, especialmente apenados de no volver ·á ver por la Calle Paláu, la esposa joven con aquella mirada: luminosa que el arte pudo arrancar á la obra implacable ·de la muerte, en el bello retrato que hoy publicamos. ·· HONDA. PUE TE SOBRE EL RÍO MAGDALEN , ACTUALMEN fE E C STRUCCTÓN rientes y amigos que miraban con asco aquella umon, se pr - sentó Mila á dar la mano al que yá era dueño del corazón. José, por su parte, rodeado de su rústica y aplanchada parent la, se esponjaba de gusto como el pavo de buen humor. Este matrimonio vivió feliz, pero ambos tenían un secreto que guardar: Jos~no confesó jamás á su mujer que la imagen de la Reina del Cielo había sido trinchera en aquel tiroteo de amor y, aunque Mila lo sabía, jamás se lo preguntó. ¿Hemos de agregar algo más sobre el libro del señor Velásquez ( Creemos que los amantes de la literatura patria, vista la muestra que de aquellas páginas les damos, se habrán de procurc1r la satisfacción de leer esa serie atractiva de cuadros de costumbres de la vida antioqueña. Nuestro per­sonal deseo y nuestro vaticinio también nos llevan á afir­mar que el autor de Al pie del Ruiz, sabrá obsequiarnos con nuevas y más artísticas obras de su pluma de poeta, de observador y de cariñoso amante del suelo antioqueño. * DOÑA SOFÍA ANGULO DE REYES - HABITABA en la misma calle donde se halla la redacción de este periódico y tal circunstancia nos permitía ad­mirar con frecu ncia aquella hermosa faz siempre animada por luminosa sonrisa que al pasar dejaba como un:1 estela de sim­patía. (Fotografía del joven aficionado Rafael C. Ariza). PEDRO MORALES PINO (NOTAS) M ORALES Pino tendrá, sobre poco más ó m.en<>s, 30 aitos. Es moreno, de tez india, de ojos claros y vivos. · La guitarra, entre sus dedos, gime, llora y se retuerce como una mujer enamorada. No sé de nadie- y· me jaeto de- haber oído mucha guitarra en mi vida - que rasguée con más gusto,­desenvoltura y sentimiento. Al oírle, en su cuarto de artista á lo Murger, recordaba yo las noches que pasé en Sevilla, en las tiendas de moutaiíeses, rodeado de hembras de rompe y rasga, libando cañas de manzanilla- ámbar derretido -entre los oles y las palmas que arrancaban á losjue~guístas el cante jondo, las peteneras y malagueñas de los cantaores, que brotaban como quejidos mezclados al temblor de las bandurrias y guitarras. __ _ ¡Oh, qué noches aquéllas, á orillas del Guadalquivir, im­pregnadas del olor de los naranjos y abrillantadas por una luna cuasi tropical ! Morales Pino es algo más que un simple tocador deban­dola: es un compositor de talento. Su Lz·ra Colombia1ta, en que late el alma dolorida de este pedazo de América, en que se oye como el lamento del indígena que va poco á poco desaparecien­do, es una pieza musical que revela en quien la compuso inne­gable temperamento artístico. Hay algo en ella de El Lamento del esclavo, de Espadero, el insigne y yá muerto compositor cu­bano. ¿Quién, al escuchar el hondo lirismo que se desprende, como un aroma, de la patética danza del músico colombiano, no se siente conmovido y suelta la imaginación sentimental por las regiones del ensueño sin fin? A la bandola de Morales Pino debo yo sugestiones artísti- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUsf:k.AüA cas, consuelos pasajeros, posturas de alma inefables. A par que acariciaba él su instrumento, absorto en el ruido sonoro que co­rría por las cuerdas como un escalofrío de ritmos, me acariciaba á mí, sin darme cuenta, las penas y amarguras que dormían en los rincones de mi corazón. . . . · Esa Cuba guerrera (marcha) no sonaba en mis oídos como himno bélico, que enciende la sangre y arrastra á la pelea. Al través de aquellas notas . sollozan tes, yo veía á mi pobre tierra empapada en sangre, humeante el caserío, famélico y en hara­pos al guajiro de la cottcetttración, y sobre este cuadro de muer­te y de miseria, levantarse la luna, triste, compasiva, besando con beso tierno y mudo el desolado paisaje antillano .... Nuestra música- me refiero á la americana -raras veces alcanza la tonalidad épica que pide metales y tambores. Somos hijos del fanatismo, mamamos leche de tiranía, y los pueblos que no conocen ni la libertad ni el derecho tienen que ser y son irremediablemente tristes. Así en el jarillo colombiano como en el punto criollo, gua­jiras, dicen en España, suena como un grito melancólico, el que lanzan Jos proscritos, los enfermos de ideal, los hambrientos de justicia ..•• FRAY CANDIL )( RICARDO MOROS DESPUÉS de siete años de ausencia en el extranjero ha re­gresado á la capital el distinguido artista con cuyo nombre encabezamos estas líneas. · Visitó Moros los museos de París, Roma y Madrid, y per­feccionó los conocimientos que había adquirido en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, al lado de distinguidos profesores de pintura en aquellas capitales. Engalanamos hoy nuestras columnas con un paisaje ejecu­tado por el artista en la campiña~ romana. Produce aquella obra, á pesar de sus pequeñas dimensiones y de la sencillez del tema, la más agradable emoción. Hay tánta frescura en el colorido del cuadro y tan rara seguridad en la ejecución, que el rayo de sol que por todas partes lo vivifica parece interpretado con piedras preciosas diluídas. El grabado no puede dar idea completa de este bello paisaje, cuyo mérito principal reside en el colorido. Para las personas aficionadas á la pintura que deseen ver un magnífico espécimen de los procedimientos técnicos y de las tendencias en el estilo que caracterizan la escuela modernísima de pintura, pueden venir á la agencia de nuestro periódico (59, Calle Paláu) eP donde se halla expuesta. Paciotti, crítico de arte italiano, al hablar de la LXX Espo­sizione del/a societá amatori é cultori del/a belle arte de Roma, se expresa así: "El número 36 es una buena cabeza pintada por Filipo Torti y el número 40 es una VUELTA DEL PRADO, por Ricardo Moros, poderoso paisaj@ de la vecindad de Subiaco: aparece allí un pastor guiando su rebaño en médio de una or­gía de sol." Abrirá Moros su taller de pintura en el número 140 de la cal1e 9~, y no dudamos que sus esfuerzos por llegar á dominar las grandes dificultades que presenta el estudio de la pintura, serán correspondidos por la culta sociedad bogotana con el en­cargo de obras que han de dejar colmadas las aspiraciones del más refinado gusto. )( LITERATURA NOCHE CLARA A Diego Uribe L A noche transparente, azul, serena En el hondo misterio del espacio Parece que medita, Y con lánguido ardor la 1 una llena Rutila como un globo de topacio Suspenso de la bóveda infinit:?.. Imperceptibles átomos de or.o En la atmósfera nítida chispean Y en el confin, que apenas se vislumbra, Como encendidos gestos serpentean Anaranjados lampos, Desgarrando la mística penumbra En que duerme el reposo de los campos. El mar gime á lo lejos; Tiembla su superficie, De la enfermiza luna á los reflejos, Con oriental molicie, Y soñolienta brisa, De yodo saturada, suave rueda Con ruido tenue de apagada risa Por la frondosa red de la arboleda Que cual oscura mancha se divisa. Como arañas de luz que se descuelgan, Las estrellas errantes En undívago hilo Se rompen fulgurantes Por el espacio diáfano y tranquilo .... Así son nuestras vidas: Chispas fugaces de lejano fuego, Que brillan breves horas y se apagan Para perderse en lo insondable luégo .... EMILIO BOBADILLA -*- LA MEDALLA DE CÉSAR A Pedro Carlos Manriqttt PARA que muestre el Calvo su faz á las edades, En oxidado bronce le copia la medalla Donde semeja un grifo de gigantesca talla Que desplumó las alas contra las tempestades; Ese laurel que ciñe fue el dón de mil ciudades Rendidas á sus huestes; esa vetusta malla Domó de Vercingétorix las iras, la muralla De Alesia, el negro Egipto, la raza de Milciades. Por el reverso alternan los trigos en gavilla Con las redondas fasces y la marcial cuchilla - Mellada, corta y ancha - que desató la muerte; Y al pie como talladas por áticos buriles, os dicen altas letras de itálicos perfiles: "A TI LA GLORIA, OH CÉSAR, EL INMORTAL Y EL FUERTE!" GUILLERMO V ÁLENCIA )( Bogotá, Octubre 1? de 1898 Señor Juan N. Paniagua, ecretario de la Sociedad Tipográfica. Tengo el honor de acusar á usted recibo de la atenta nota en la cual me comunica que la Sociedad Tipográfica se dignó felicitarme, por medio de una proposición, por haber funda-do la REVI TA ILUSTRADA en cuya edición se ha hecho práctico por primera vez en Colombia el nuevo arte del fotograbado, y me excita para que ingrese en el seno de esa Sociedad. Al aceptar tan honrosa. distinción y presentar mi agradeci­miento por el precioso estímulo que ella encierra, me permito llamar la atención de los señores socios, por el muy respetable crmducto de usted, al hecho de que mi compañero en la fund.{­ción de la Revista, señor D. Saturno Zapata, ha tenido parte importante en la introducción de este novísimo método tipo­gráfico, que ha causado una verdadera revolución en el arte de Gutenberg, y por consiguiente es de justicia que en los anales de la Sociedad Tipográfica de Bogotá quede constancia de est~ hecho. Con sentimientos de la más alta consideración soy del señor Secretario, atento seguro servidor, P. c. MANRIQUE De Popayán recibimos, yá en prensa este número, intere­santes fotografías relativas al centenario del prócer de la Inde­pendencia y notable hombre público, General Tomás Cipriano de Mosquera, que verán la luz pública en el próximo número de la Revista. Sampa 11-./ atiz - Bogotá.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 6

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El Hogar Católico - N. 19 y 20

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Imagen de apoyo de  El Hogar Católico - N. 9

El Hogar Católico - N. 9

Por: | Fecha: 01/04/1908

EL HOGAR CATÓLIC O SE PU BLICA BAJO LA DIRECC IO N DE LA JU NTA CE NTRAL DE LA DOCTR INA CRISTIANA "Nada, nz' un pensanuúzto, para la polítt'ca. Todo, hasta el último alt'enfo, para la R elt'g z'ón . CON'.l'ENIDO: Ho,mNAJE AL PADRE SANTO; LA EKSEÑANZA c u .\nE liAL (Extracto de la qu ha n dado varios P relados) ; LA FIESTA DE LOS DoLORES; MATEn DoLORO.:l A, P lrg·ar ia, por J\J ,.nucl 1\laría Flórez; NuEvA LEG ISLAC IÓN ECLEsr,\s n c A, so­bre esponsales y m atr imon io; L os DOS m~rNos, p or el Dr. José 1\[nría Rivas Groot; PoNDRÁN EN E L sus OJOS (Traducción de D. Carlos Suárez 1\Iurillo); LA TARDE DE LA VIDA (Traducción d e D. F rancisco Jo s ' Vergara, Pbro.); SoR C ARME N RESTREPO BRTCr.:Ño, por D. Anton io Gómez Reslrepo; DocT RINA CnrsTrAXA ; Unnr ET onn T, por J . I. Vernna; MovnnENTO CATÓLI CO : Del Vaticano, Efect_os de la persecueión en Italia, Prefecto de la Sagr ada Congregación del Indice , Efectos de una genuflexión, etc.; CnóNrCA GENERAL: Fi esta de S m José, Sociedad de San V icente de Paú!, Nove­na de Nuestra Señora de los D olores, La Escuela de Cristo, El R . P. Fray Pedr o Sa lazar, E l Presbítero D. Fr·a ncisco Angulo, D on Bosco, Advertenci a importantísi­ma ; ADIVINANZA; V ARIA: A la Empe ratr iz de Ab isinia, Los famos0s rayos N., Un estud ia n te, La flor s il vestre, por D. Dieg·o Fallan, Fábula, por F. J. S ., etc. L a serie de 1 0 núneros vale$ 4o p ~ p el, si se pa:;-a anticipadamente; el nú­mero suelto $ 5, h asta un mes desp ués de publicado; pasarlo e'le tiempo,$ 1 0. Se recibrn suscripciones y se venden números en la Casa Cura! de San Pedro, c a rrera 6.• , n úmero 2 17, y en l a Ag·encia de Luc io Forero Nieto, ealle ro, bajos d e San Bartolomé, númer o 2 13. T '.'!~ ~ ~D~ .,-¡¡'li (j) BOGOTA IMPRE TA ELECTR ICA . r68, CALLE IO 190 8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOG A.R CA TOLICO ne á tr es voces En la Capilla de l Sa ­grario y otras igl e sias igualm e nt e fue precedida la fiesta de una solemne no. ve na. SocmoAD DE SAN V rcKN Tl1: D E PAÚL­C omulgaron más de 300 caballeros de esta ilu<.trc Sociedad el 22 d e l pasado en la 1 'ar·i!la del Sag-rario, h ahi ead o precedi'io pi1ri1 este so!err ne ac to e l r e­tiro reglamemario, dirigido con éxito brillante por el dist ingui do sacerdote D r. R a fae l S , J,1món C'am ia Co fr adía. Por la tarde, ¡, las 6, ~erá el pa negí. rico de 1 San to. Los DÍ As 7, 8 y 9 tendi·á lugar t am­bién e n la Capilla del S¡¡g r<.riu el retiro de stinado á la lldoradón Repat·ador a. A las 7 de la. mañana se da rá un punto de m editaci1í n ; á la 1 p . m. vi >i t a al ~antí . si m o y pl ti ca ; á las 5 R o a1 io, ¡·!lÍtica y mi ~e rere. Podrán asi>tir io:-, fi eles q ue lo tengan á bien. EL R . P. FR. PEoRo SALAZAR -Entre .. g6 su al ma á Dios este benemérito re ligio. so, á la edad de setenta y dos a os, el 1 3 d e l pasado en Vil'eta, después de larga y penosfsim ·~ enfermedad. Prestó impor­t antes servicios á. la Com u nidéld Agusti . niana á que pertenecb-con:o que él fu e quien la hi~o revivir tr<~ yendo los re ligi osos c.s¡·<1fíoles-y ;i la Arquid i óc<~i , , sirviendo á mara \'Ílla, entre otro<, el cu r alo de Faca lID que osten t a c.sa ciudad. El Gobierno de Cundinama rca se por tó dig . namente, tomat,d o pnrte en este duelo. Enviamos nuestro ¡.;é ~ame á la a¡ reciabie f amilia de l finado y á la respe ta bl e Co. munidad de que hacía parte -EL P1u:snÍTERO D . FRANCi sco AN­GULO- También fall ec ió e n Guachetá, adonde h nbla ido á predicar una fun c ión , por d < cto de vio le nta pulmonía, el 2& d e l pa~ad ' • este 1·espetable hermano y ¡¡migo, á la temprana edad d e cua r e n ta y cuat ro años y unos meses. f .o s v e inte a ños lnrgos que lle vaba d e sacerdocio· fuero n seña lados ¡io r una labor incesa n . w en los d iversos é im portantes cura to s que desempe ñó con la uda ble celo y ab. negación. D amos á la apreciabl e fa mi . li a del lamentado herm:wo nue5tro Sé n ­tid o résame. DoN Bosco-En el núm e ro 6. 0 de e s te ¡. erió d ico se dio cuen ta de ! D ecreto de la S agrada Cong-regación de Ritos, d e f ~. ch a 24- de Julio último, por el cua l fue declar a do VE NERABLE el siervo de D ios JuAN Bo ; co, sace rdote f u nd ador de la pía Socieda d Salesiana. Para festejar debidamente tan fausto suc eso, los hijos de la i lustre Co m u ni dad , resi de ntes en esta c iud ?.d , celebr::tron el 2 5 de l pasa do una gran f unción r el ig iosa y lit eraria. L a p rim er a tuvo luga r en la igles ia del Carm e n: e l I lmo. y R evdmo. Sr. Arzobis­po celeb ró !3. santa mi sa á las 6~ y dio la cumun ión á centenares de congrega ntes dr María Auxiliadora ; á las 9 el Excmo. Sr. Ragonesi c elebró la Misa Pontifical, e n la q ue la Schola can/onmz Sal e ~iana e jecutó· mu y bi<:n la grandiosa misa Mallr Amabifz's del Mae; tro Capocci. L a seg·unda se v e rificó po r la noch e e n el salón de g rados : e n e lla r ec itaro n magníficas compo!> ic iones a lgunos de lo s e scrito re s y poe tas m :is distinguidos del país, con nutritl,si rnos aplausos d e la nu­mt:- rosa y :,electa con::urrenc ia. D os d e Íils m (:s if11po ttnn tes .tas composicio nes fu 2ron Enviada-; por s us ilu~tres au­tort s ~·a r. C\'H' fu eran leídas e n la Vel a da, que iuvo e l alto hono r de ser pre, idi. da por Jos Ex ~mo s . y Revdmos. ~r es . De­legaJo ApoHulico y Primado .,e· Colom­bi a . L a música y e l canto estuvie ron igualmen te á la altura de la fu nci..í:· F e li­ci tamos cordia l mente á la r espe tabl e Co­m un idad Sales iana. -AGRADt>CEMOS á la Revista Eclesiás ­tica y á L a R evz'sta Religiosa, órga nos im . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOG AR CAT DLICD ~E PUBLIC ·\ nAJj LA OJR ECCUN ~E LA JU ~fTA ~ENTtAL DE LA OOCTRINA C R!~TIANA ~ - · --- ----------------- "l'lada, ni un pensamiento, para la polítt'ca. Todo, haslcJ. el últz'mo aHe nto pa r a la R eligifm " ' Serie l~ 1 l3ogota. (R >p úblic~ d.e Colombi a ), Abrill.0 de 19 08 1 Núm ~ro 9.0 La s e ri e de 10 núme r os de EL HoGAR CATÓLI­co vale $ 40 rape! c u ando se p aga opo rtunamen­t e; si se a trasa S so. Núm ero 'uelto, $ S pape l hasta un m e s d es pués de pnb lic a do ; pasado es· te tiempo, $ 10. El 1.9 de frfar.zo, onomástt'co d el Padre Sn.nto, tuvo lug a r e l home n aj e -de l per t'odt'smo católtco de la A m ér t'ca .latt'na á la Sanltdad de P io X, co n motivo de sus bodas ele oro sacerdota­les, promovúlo por l a " Se mana Cató­lt'ca" de Gu a tema la y acogt'do por la Comt'st'ó n del Co leg¿'o Pio Latt'no Ame­- ricano, de la que es Pr·estdente el R ec tor del núsmo Co!cgt'o, R. P . A u. iJllS to M . Anzut'ni. N o sabemos qué representaáón h aya podtdo tener Co lombia, p orr¡ue entre .n oso tros no se tuvo n otiáa de es te her­moso proyecto st'no mz ~ y tardP. A caso para el 2 d e Junio,fecha del natal1úo del Pont{flce, pudtera la prensa cató­lt~ a d e l pais dedt'ca r s u número espe­c ta l, d e acuerdo co n las útdt'c aáones d e la circular d e l Colegt'o F'onltficio Pio Latino Amert'cano, f ec ha 28 de Noviembre de 19 o 7, publt'cada Pn el núme ro 4 o 52 de '' E l Correo Naáo-l " na , para que oportunamente le fuP. - r a presentado al Padre Santo . E ste número podría ser renúüdo á la Comiúón Dtó cesa na de B ogotá, en todo e l mes de Junio . El 4 de Agosto ventdero (fa se cum­plirá el qut'nto aí'ío de l labo.rioso y f e­c undo Pontificado del egregio Pastor porque la elecc ión r¡ue lo elevó á l~ S illa d e San P edr o t uvo fugar en 1[) 03 . LAENSEÑANZACUARESMAL (EXTR ACT O DE LA !¿UE IIA ' DADO VARJOS PRELAD OS) El E s pfritu Sunto h a co locado á los Obispos a l fr e nt e r! e las Diócesis que el Romano Po ntífi ce les as igna, para q ue~ como ánArele~ tut e l a:es, rij a n y gobiern e n la Ig les la de Dws. Por es­ta razón el irige n co n sta n temen te á los fi e l es qu e les es tá n encomendadosi ns­trucci on es past? ral es, en las que ex­p onen la doc t nna d e la Ig les ia de la m anei:a m::.s ad r c uad a á las n eces ida­d es de ca Ja Diócesis, co r ri gen los a buso ~ y h a cen presentes á g randes y p equen lls l_as ob li gac iOn es qu e l os li­gan con Dt_os r co n los prójimos y lo qu e l es es 1nd1spensa bl e practicar si qui er en alca n za r i a vid a eterna . Es­l as en se ña n zas deben ser ¡¡catadas po r l?dos, porq ue ell as son palabra d e Dws, y el que de veras es ca tólico siemp re g u sl~ de oír y saber l as cosas que son me d iO e fi caz para adqu irir la cie ncia d e la sa l vación . E l núm e ro 7. 0 de es te peri ódico se en_g a la nó con l o· q_u ~ _ 1 ~ fu e dado pu­b li ca r de_ la notabllis ima P as toral que nuestro Ilu s tre P as tor Pri mado de Co lom _b ia, dirigió a l c l;ro y fi eles del Arzobts pado d e B ogo tá con motiva d e la Cua r esma d el presente año. Creemos que no esta rá de más ha­ce r un breve ex trac t o de l as que los li mos . y R evcl mos. Pre lados ae Me­dellín , Popayán é !bag u é han dado para sus respectivas Dióces is, ya que- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO bondadosamente se han d1gnado re­mitírnoslas. .... En la primera el Ilmo. Sr. Cayzedo llama la atención de los padres de fa­milia para que no descuiden la vigi­lancia que de~en ejercer sob_re _s~1s hijos, porque st en el hogar pnnctpia la vida humana, segun el orden de la naturaleza, también se ini,· ia a llí l a vida cristiana, según el orden de la gracia, y de los mismos padres de­pende el destino de sus hijos, dado que el germen del porvenir está en­cerrado en la educación que les den al calor de ese santuario sagrado. Re­prueba con el Concilio Plenario Lati­no Americano la incuria de l os padres de familia que difieren el bautismo de sus hijos más de tres y aun ocho días, y repite con este motivo las s iguien­tes graves palabras del inmrrtal León XIII: "Nada más ini c uo, nad a má s contra­rio á las leyes ~:c! es i ás t ic a ~, f,ue sto q ue no sólo se expone la salv ce10 · d ona de tántas almas con te me ri dad ·¡,,e xcusable, sino que ciertamente se les priva duran­te ese tiempo de los inefa b le s e a ri smas de la gracia santificante ." Los padres hacen las vece s d e Dios mismo y derivan de EL la autoridad que, ora amorosa socorre la debilidad de los primeros años, ora severa co­rrige los defectos y endereza las ma­las inclinaciones de los niños apenas se presenten. Por lo cual no es discul­pable el disimulo cobarde y la con­descendencia con que en muchos ca­sos abdican delante · de sus hijos la autoridad que han reciLido de Dios, y" no sólo se les igualan, sino que llegan á parecer inferiores, de donde resultan esas fami li as e n que los hijos son ídolos y tiranuelos, y los padres adoradores y esclavos, haáendo con­sistir la educaádn en procurar que los niños no lloren, ddndoles qusto en cuanto piden y desean." No hay que ilusionarse con 1<~ es casa compr~nsibilidad de los niñ os y la endeblez de su energía para tole­rarles todo, porque por a lgo dijo el Espíritu Santo: Ddóla d tu hijo la cerviz en la mocedad, castiqalo cuan­do este niíio, no sea que se endurezca y te meque la obedt.encia, lo que cau­sard q ra n dolor d tu alma ( 1 ). "La influen cia d el medio en que se vive obra en el niño de manera de­cisiva"; po r esto d eben los padres pres tar esp ecial a tención para que las p e rsonas d e l servicio doméstico no ej e rzan soLre él influencia perniciosa, como por desgracia sucede frecuente­mente; pues la senda por la cual co­men. z d d andar el joven desde el prin­cipio, esa misma sequird cuando vie­jo (2) . "A las q e Dios llama á ser madres. continúa la Pa storal, la r eligión les ciñe hermosí~ima corona, que no carece de espinas, muy punzantes por ci erto. ¿Qué madre, si considera la empresa confiad a por Di os á sus manos, no ~iente gran temor? Al ver esa in oce nte criatura, cuyo su e ño ¡.Jarece velado por e l ángel del Señor, goza cont e mplando la tranquili. dad con que le reciina la cabeza sobre el pe cho ; ¡;ero ;, e sta cabe za no se con­vr rtirá a .g ún dfa en .antro de h orribles. pro y e rtfl s ; y ese corazón, que ahora ~· a lpita junto al suyo, no se verá ator­¡¡, entado por los remordimient;)S y por el h ervir de las pasiones ? Siente enton­ce s la madre la necesidad de alzar Jos ojos al ciclo y ped ir á Dios que le pro­teja á su hijo ...• " "Toca á las madres depositar en el· corazón del niño los primeros gérmenes de la f e ; con ese fin concedió el Criador á su palabra oculto atractivo, un no sé. qué rni f. t e rioso q ue sólo las madres po. seen para qu e de ell a s reciba el alma humana las primeras revelaciones del mundo invisihle ; ellas son las que ele. van los pens a mientos del niño, cuando. t e ni éndol e e n su regazo le muestran el ci e lo y le h a blan de Dios y de aquella. (1 ) Ecc li XXX, 12. (2) Eccli XX, G. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO o tra Madre que tenemos allá, la Virgen Maria .. . " "Mas para que penetren así honda. men te en e l a lma déi niño las enseñan­zas religiosas que se le dan, es necc sa. rio que vengan acompañadas del ejem. plo ; que vea á sus padres ora r por la mañana y po r la noche, que los Yea con recogimiento en e l templo frecuentando los sacramentos ; p untuales á las h oras en que deben presidir los actos de ia fami lia; mansos y suaves, cor teses y caritativos. La ed uc ación debe darse y recibirse como en una atmósfera d e fe , pues los deberes que la religión im po ne han de obse rvarse sie mpr e y en to das circunstancias ... . " "Los que tuvieron la dicha de ser f o rmados á la antigua, recuerdan siem. pre co n ternura los días de su infancia y juvent ud, cuando todas las noches besa. ban las manos de sus padres al recibir su bendición , al paso que ahora, en nu e stros días, no faltan p a dres que se ha­cen camaradas de sus h ijos, r e firi endn en p r esencia de el'os, las 1\ve n·.ura s de la p rop ia juventud, pisoteando de esta suerte la co rona que Dios colocó sobre sus f rentf s ... " "Por do nd equie ra abundan los peli gros, pues so n innum e r ables lo s a liados de Satanás ccupados de cu ntinuo e n per vertir la j <~ventud. L 'J s IPy e n las ca!l ts y pla7.as, en los al mace n -= s y c asas, en los lugares públicos y privados, y se va le n d e torfOs los medios rara lo g r ar sus fines : conve rsaciones, e jemplos, lám in as, que como nube, peor mil veces que la langosta, se a d ueña de todo y to do lo inficiona, periód ic os, libros, o bjeto s de lujo que sirven d e incen tivo al mal aun en los salone s de penonas piadosas , con e l frívolo pretexto de que son obras de arte .... " "Debemos aprovechar la oca5ió n pa­ra recordar á los católicos que no sÓlo es pecado leer los libros que están e n el Índice de libros prohibidos, sino que también lo es el lee r libros ó periódicos inmorales 6 que de u 1 modo ú otro ata­quen la fe : esto está prohibido por dere­cho natural. ''Vive en el seno de nues ~ ra sociedad y se arrastra y oculta á man e ra de ser. piente, esperando e l mo:r.ento de levan. tar la cabeza, un a s ecta 6 facción, que trata por cuantos medios puede de arrancarnos el precioso tesoro de nues­tra santa fe, nuestra bendita religión ca. tólica . Habéis de huír de ellos con te. mor gra nde, y hab éis de hacer todo lo posible por evitar que vuestros hijos y los que d ependen d e vosotros caigan en sus lazos. Si, según la enseñanza de San Juan, e l Apóstol de la caridad, no debe r ecibirse en la casa ni ~ al u darse a 1 que no tiene la doctrina de C ri sto ( 1 ), con cuánta más ra zón debe cerrarse la puer­ta á sus escritos, vengan en li bros dora­dos ó en periódicos que se cubren con el di sfra z del arte ó con el incentivo de los gracejos procaces y de galanterías peli­grosfsimas .... " .. .. L a del Ilmo. Sr. Arboleda expone la doc trina d e la Ig lesia sobre el res­peto á la autoridad. El influjo de las id eas sobre las acciones humanas ha­ce que la sociedad sea lo que las idea.s que en Pila prevalezca n, y de aquí t ambién el poder de la moral pública. Cuando el ideal de és ta en las socie­dades es e l mi smo del Evangelio, cuando se gobiernan por las ense­ft a nzas de la Ig l esia de J esucristo, el esp íritu de los pueblos se levanta, flor ecen las virtudes públicas y pri­vadas y se disfruta de la tranquilidad en el orden ; pero cuando ideas erró­neas se apoderan de las multitudes y mucho más si son fundamentales, co­mo l as que tocan á 1 a autoridad, no es extraño qué se produzca el des­equ ilib rio intelec tual y social porque las fal sas doc t rinas ofuscan la inteli­gencia y extraví an l a vol untad. Esta confusión babél ica es la que ha hecho que en los tiempos modernos y aun por gentes que parecen cuerdas, "el revo lucionario haya sido considerado muchas veces como salvador d e laPa- (1 ) 11 Ep. S. Jua n l. 10. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO tria, como un luJroe cuyas haz añas se han propuesto como ejemplo á las ge­neraúon es que se levan tan. Quien leva nta tribu ua co ntra la autoridad cons tituida ha tenido a dmiradores que e ncomien s u e ntereza d e carácter y califiquen de s:erv ilismo el espíritu d e r es peto y de obediencia á la auto­ridad." N o es, pues, extraño que esta con­fu sión de id eas lleve al desvío del or igen divino de la a utoridad, h acié n­dola d e rivar del pueblo, cuando no ,.só lo l a fe s ino la misma razón enseña q ue vien e d e Dios, y que " es elemen­to in d is pen sab le para lograr que un a mul t itud de in d ividuos se aúnen en una ope r ación co mún y socia l "; que "confi ere el de r echo de determin ar, en la inmensa va ried a d de juicios huma­nos, la n o rm a á que todos debe n con­formar se e n 1 as operacion es socia les." E sa norma d e b e est a r ajusta da á l a l ey d e Di os , p or lo cual los depo sita­rios de la autorid a d deb en m irar co­m o co ;a s ag rada su ejercicio, no sién­doles dado, por lo mismo, "abusar de él sino h acerlo valer para el mayor b ién de lo s sú bdi t os, sin olvidar que tien en que dar cuenta al L eg is lador Supremo, quien ex aminará sus obras y escudrt·ñará sus mismos pensamúm­tos. " (1) " Cuán cierto es, d ice, que siguie ndo las divinas enseñanz a s Jos individuos se p erfeccionan, se salvan las Naciones! ¿ Qué cosa m ás noble, en efec to, y más e n armonía con la dignidad humana que mirar en el goberna nte á un r epr ese '1 - tante de Dios? ... Pe ro obedecer por p uro temor servil ó subyugados por e l p r esti ­g io del valor, del talento ó aun de la vir. t ud, es degradarnos, porque eso sería r endirse uno al hombre, respetar lo que es pu ramente humano. " El principio· católico del orige n di vi­n o de la autoridad es, ad e más, e l má s só­lido fundamento de las sociedades hu. manas. Reducido ti la práctica h a ce que los goberna ntes comprendan su misión, araten la autoridad mtís grande c: ·Je hay sobre la tierra, la de Dios, y no echen en olvido que s us súbditos son, ante todo, ~úbditos d e Dios, cuyas leyes están , como ello s mismos, obligados á obedecer ; hace que los súbditos r ecue rde n que la autoridad es cosa sagrada y que Dios m a n da que se la aca t e y obedezca ; q ~ e rebelarse co1zlra la autoridad es un crimen de lesa majestad humana y de lesa majeJiad dz ·­vina ( 1). D e esta su e rte la sociedad se ve rá si e mpre li bre de sus dos m ortale s enemigos, el despotismo y la a na rquía ; se cortará de ra {z e l e spíritu revolucio· nario, que es la ruina de las naciones ••• " " ... Quie n apoya una r evo lución, y más aún quie n la p romu e ve, no sólo co _ m e t e fal ta g rave c o ntra el c uarto man. dami e nto, sino que ade más es respo nsa­ble de todas la s conse cue n cia s de e se acto c rimi nal. Sobre él pe sará n en e l Tribun a l de Di os tod a s las vi da s sa crifi ­cada s, tod as la s cal a mi dade s y d es órde­nes de que son causa las gue rra s inres. tin a s . S i f. n e l día d e l j uic io pronuncia rá J e sucristo >.ente n c ia d e cond enaci ) n eter. na contra aque llo s q ue no d ie ro n de co. m e r a l pob re cuando tuvo h amb re ni de b P. ber cuan do la sed lo de vorab; ni cubr i eron · su d e snud e z, ni le c or s o la~on en sus aflic c ion e s, cuá n seve ro é ine xord­ble se h a demostrar:contra to dos 11quellos que h a yan si do causa injusta y voluhta . ria d e tántos males, de tán tas d e sventu . r as! En ningún c aso, ni bajo pre te xto alguno, es lícito toma r las arm as contra la autorida~ legítima ... " " Pero es in ne gabl e , ade más, que los que e n cua lquie r grado r epresenta n la autorida to de l a env id ia de lo s far iseo< , la fa ma e n c a m bi o d e sus prod ig ios, las be nd ici ones de -los e nf er mo·. cur il dos y !:l e las madre s á q uiene s h abía d e vueltu !o s hij o <; , f ue r on ­s in du da gran pa rt e p a ra c o n•o la rla d e la ru in in g r a ti t ud de a q ue llos m a lvados N o así e n e l Ca lvario. Vi o le d t> nudo si n tene r co n 'l ué c ub rir le , se d ie nto sin po ­der of re ce r: e una g o ta d e agu a , pe r se g uido si n que le f uera J'O~ i b l ('> 1 one rl o á cubierto de su s e nem igos, u l tr a jado sin q ue nad ie se a t r e vi ese á r es ~ . on ie r por EL en aq ue l t ru nc e dolo r o so L os Evang e li os n o nos dice n se le va n tas e una sol a p rote sta en s u favo r de e n . tre aque l h o rrib le c ::> n cie r to ele blasfe . mi a s y s ar ca sm os con q ue insul ta ban lo s fa ri se os su a gonía . Fue n ece sario que la natura leza e nte r a d ie>e m ue stras de su dol o r, qu e las p ie dras se ra j a se n, qu e e l sol se os cu re c ies e, q ue la ti e rra de vol . vi e se s us m u ertos, para q ue un hom b re , so ld ad o y gentil . e xc lamase d espué$ d e la m ue rte d e Cri,to : Verdaderamente Esle era el Hifo de Dz'o s. ' Y á ta n d e sga rrad or e spectác ulo t uvo q ue e st a r ~ rese nte e l co r azón de una madr e . ¡ A h l s í. B ie n !o can ta la Igl esia e n a que l s u t ris tí -i mo hi mno e n qu e con . templa las angu ;tias .d e Ma ría j u nto á la cru z. Sta ba l , nos dic e: E s,)aba de pie, n o desm a yada ni de~ fa ll ec i d a, si n o s ~ r e na y ani mosa, bebie n do con su H ij o e l cá . liz d e la Pasi ón , r es u e lta á a pura r d e é l hasta las h e ces . S abía q ue ta les padeci­mientos constitu ían e l p r ecio rl e nu es tra Redención, y Jos s u fr ía gu >tosa po r nos­otros , pa r a po uer a s{ COn j u >tO t ítu lo 0a . ma r se 11 ue stra ·Madre y n tH' Stra Corre d entora. Con e s tos ~do l o r e s co mpr ó esta n ueva ma te rni da d, f uerza s r r .• que am e . mos y c o mpade zcam os á r¡uie n ta n á su costa nos h izo suyos- ( Sa?·dá y Salvan;). -X-MATER DOLOROSA PLEG ARI A Vir g e n d el info r t unio, d olie u te M • d re mia, E n busc a. d e consue lo me p ostro a n te t u altar, Mi espíri t u e3 tá. triste, mi vida cstiL soro bría, Pasaron sobre mi almo. l as o l as d el p esm·. E ~ t o y e n d esam par o , no t engo q ui e n ffie ac oj a ; R n. y hor as en m i v 1da de bárba r a a. tli cc ión, Y Rolo . . . s ie mpre so l o, no t engo quien r ecoj a L as l ág rimas secre tas que llo ra ei cora zón. Es c i e r to que d et mund o en l sL corrie n te i m pura. Cayero n deshojadns l as r os"s d e mi fe , Que en po s d e mil f an tas mas d e juvenil loc ura Co rrie ndo d e lirante, Señora, t e ol v idé . Que m e cegó el org u llo sat á nico d e l h ombre, Y e n mi ánima turbada la Uud a p ene tró; Y se o \vidó mi labio dP. pro nunciar ta. nom bre, Y de mi m en te loca tu imagen se borró. E s c ierto ... . 1 p ero e s C'i c h a .. . . . D e n iño t e ador a ba A l pie d e tus altar es mi m a dre m e llevó . . . . Llo rnnd o ar Nd iU a( a , la h istona m e co nt a b a D el Gólgot a trist&s imo donde J esús m u ri6 . '· Y vi s ob1 e t u r ost ro lfL angust ia y e l q u ebran to, Caet s ob r e t u fre nte l a somb r a de u n a cr u z, 'l' u s l.lg rim_es rodü bao y n egro er a tu ma n t o .. .• T odo d e u n cirio pá lido á l u sinies t r a luz. Entonces era niño, no co m p r endí tu duelo ; P er o te amé, Señora , 1 tú sab es qu e te a m é 1 Q u e d ulce , inm n.c ulado, a lzábase h asta e l ci el o B l in fa ntil ace nto de -m 1 sencilla fe . Por esa fe d e niño, p or el ard i e n te ruego Que a l iado de mi m adr e co n e lla repetí , ¡Virgen del infortunio, cua ndo á tus p ::uüas llego, Virgen de l i nfor t unio , a piada te de mí ! Tú m i r as. P. c iua a ugust..'l , la sen da q u e cr u zam os; C on llanto la regaron gener aciones cien; A n u estra vez nosotros con ll anto la re ~am oa, Y la3 que vie n eu luég o la r eg aran ta m b i é n. .A n u est r o pas o vamos d eja ndo e n s u s Hbro jos P edazos pnlpiiante.s del roto corazó n ; Y a nda mo s, t~y . ... andam os . . .. y no hall an n u estros oj o s Ni tregua á l a j CI· n ada, n i tregua á l a u tii cción. 11:1as t ú e res la esper a n za, la vid u. y el consu elo, T us ojos le v:'tntu.dos s u pliCil.ll a l Señor , 'fus ma no s están j u n tas e n d ir ección a l c ielo . . .. T ú r u egaf- por n osotr os, 1 úh M adre del dolor ! En bu sc a d e consu elo yo ve n go á t u s alta r es Con alm a ~ntri stecid a. y a m a rgo corazó n ; Y p on so an te tus ojos, Señora, IDli p estn ·es , Y e n lág rim as se ba ñ a la voz-de m i ordci ón. No mi res q ue o l v i dando t u i magen y tu nomb r e Al vi ento d e est~ m undo mi s dogmn:.; a noj é, Acuér d a t e de l niño y olvida te del hombre . . . M i f1 cnte está en e l p olvo ... . perdó n ame .... p equ é .. . • ¡ Oh f por mi fe de niño, p or el fcrvientt> r uego Que a l lado d e m i mad r e ( on e ll a repetí, Virgen d e los Dolor es. c u a ~~o A. tus p l n t as ll ego , "' Vi rge n rl c los Dolores,¡ a pta d ntc •' e m í ! D i cie mbre ~ de l U07. M ANUE L M AJ. Ü F LÓR E Z ¡M ejicano) -x - NU E. VA L E G L~LA.r~ I N EC LESIAS TI CA SOll!lE E S P O:-IS A I ES Y ~ lATR!MO N IO D e sde el 19 d el pr e5enle reg ir á n p a ra to dos los bautizados e u la Ig- les ia Catól ica ó que se h a n co n vecLi do á e JI ;.~. d e la her ejía ó del cis­ma, aunq u e hn yH n apos tatad o d es pués, y ta m­bién p ara los c a tóli cos q ue co nt ra en matr i­mo ni o ó esponsa le.; e oo los q ue uo RO n cató li ­cos las di s posiciones d el D EC R ET O NE TEME R E que la S agr a d a C ongr eg ac ió n del Concilio , por m anda to y a uto r·irla d de nu estro Sw to P a dre el P a p a Pío X, di o e l 2 de Ago>J to d e 1907. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO 135 De esa fecha en ndelante los r s pousales s ~­:! amente serán vál idos y surtirán efPctos ca­nónicos cuando hayan sido contr -idos por mrdio de documento fi rmarlo p·•r los contra­_ yentes, el Párroco ó el Ordin ario del lugar y dos testigos, debiendo agregarse un ter·crr testigo que firme el documento también, c uando uno de los con trayentes ó ambos no supieren escr ibir. Srrá válido el matrimonio cuando el Párroco ó el Ordin11rio del lu¡:;-ar lo .presencie d"ntro de los lím ites de su terri­torio, y esto no sólo lrat~n.-Jose de sus súbdi­tas sino también de los extrtes. Esto se e ntiende siempre que no haya impedimento - dirimente. Pat·a la Ji ,:itud hay que ll t' nar to - -das las coouiciones del artícu lo V del Decre-to. En peligro in minen te de muerte, cuando es imposib le acudir al Párroco ó al Ordin ario ó al sacerdote delegarto por rt'guoo de ellos , entonces p1ra proveer a l arreglo de la co n­ ·ciencia, y ·, i fuet·e el caso, á la legitiruDción .de la prole . el m~trimou io puede contraerse válida y 1í itameote nnte cu:Jir¡ui er sacerdo­te y dos test igo'· Si su <"ed ier? que ~ n a l guo~ región no se puede hallnr ot al Parroco, nt al Ordinario, oi al sa ·erdottl delegado por ellos, ante el .;u;;l se pueda ce lebt·ar el matri­monio, y este e"tado de e,,sas ha d urauo ya po · un mes, el utta pre­gunt", pues veía tánta grandeza en ese crucifica rlo I Al principio por c·obardía y por miedo, Abdías se r ió con los demás; pero cuando levantó los ojos y los fijó en ese rostro adolorido , dejó de reír; su mi rada se encontró con la mirada del moribundo, llena de una se renidad tan intensa y tan avasaqadora , ¡ah l tan avasallado ra, que penetró hasta lo ínti­mo de su alma y llevó á ella la turba­ción. H ubiérase dicho que la luz inacce. sible de Jehovah envolvía como en un manto a l hombre de dolores . .A.bdías bajó los ojos, y cuando emprendió el descenso de la mo"ntaña en compañía de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOG.;\ R. CA TOLICO los demá s, volvió á mirar. Los ojos del crucificado ente ramente a hiertos le se. guían como ll amá ndole á _sí y otorgán. dole el perdón . Abdí a s se cubrió el ros . tro con la orla de su manto •••. En e l templo la confusión era extraor­dinaria; todos, atemo;izados por las ti­ni eblas, golpeábanse e l pecho y gemían ll enos de espanto. L os a sustad os levitas reun ían po r ord e n de Caifá s, al pueblo que se agolpa ba á las puerta s. Para cal. mar la excitación producida por e~tos fenóme no s aterradores las tini eblas el espantoso ecl ipse de l s~l, qu ':) no es t ~ba pre_v i sto ni t e nía explicac ión posible, los levitas dieron princi pio á las habituales ceremonia s : la oración, el sacrifici o de las víctimas y el canto d e los salmos. Bajo los pó rticos y retirados de la pl e ­b e, lo s ma estros y pontífices continuaba n discuti e ndo e ntre s{ Jocan a n b e n Zac ca"i , e l jo ve n doctor rod eado de los rab · bis de má s eda d, no ocultaba la e mo ción que sentía. Cuen ta el Talmu d, qne cuare nt a años más tarde, durante el si tio de J erusalé n. J oca nan record aba coa espan to e l horro r de ese día · En ese e n · tonces, e n m ed iJ de e sos f ulgores de 'tormenta, con fun"día á su a uditorio con la profundida 1 de su dic tame n sobre las E scrituras . Con el pavor que experime n. taba, h a cía aumentar el de lo s d e más ' por q~e en su c once pto, "el Eterno s e cernia en la oscu ridad de las nubes" como en ot ro tiem po en el Sinaí a ntes ele su al ianza; y e n lo suce sivo el S a ntua. rio queda ría vac ío. A pesa r de las pre gu ntas que se le dirigían, Jo ca nan se calló bruscamente, co mo los h ·j os de Is · ra e! ante la somb ra de M o i ~ és. Gama. lie l subía al templo á hace r oración. La muche dumbre abría calle y las frentes se inclinabart al pasa r e l Maes­tro, como las esp igas maduras se dubl <: 11 al s?plo del vi e nto. Conocid, s y deseo. nacidos sa lud aban de ordinario con ad. miración á "la g loria de J e rusalén "; hoy le saludaban temblando. Ndd ie !JO­nía en duda la r eputación de ese ni eto de Hillel e l Grande. "Recibe al de>t e rra. do, dirá más tarde e l Talmud como s i recibieras al mismo Rabban G~ma . i e l." Pero el Maestro no hacía caso de e >as ma n ifestdc ion es de a preci o, pues iba ab­sor. to en su-s pensamientos, como perdido. en un mundo invi >ible. Esta especie de doble vida e ra en él familiar. Durante las le cciones que c e nte nar es de discípu­los es~u ch aha n con en tu~i dsmo, acaecí a­le olvidarse de sí mismo y sumirse en prolol)gados si ic'n cios, que nadie osaba­int ~ rrum p ir. Creíase que en tonces se qu edaba escuc hando e l suave · al eteo de los ángP. Ies al pasa;- , Imp reg nad o de l espíritu gri e g~. cuya libera lidad , to le rancia y sen timi ento ex. q ui:. it o d e la bell eza pos eía, Gamalid con­servaba del O ri en te un a altiva i mpasibi. lidad. Nad ie rec ord aba habe r so rpren­d iJo e n él te mores, deseos ó sentimi e n. tos de tn. Lo5 fa ri seos y lus prínc ipe s de Jos sa cerd . ,¡,~ s le rodearon, lo s j óve n es se agolparun :í. su paso. Sigu ien rJo la cos. turn bre, ni ngt_l nO le interrogaba ; y como. él guardase s il enc io , poco á poco se r e a. anudaron las discusio .1es er> tor no suyo. El to no Je e ·t as d iscu,iunes se iba amargando y fác ilm ente e mpezaba n á i nj ur ia rse fari seos y sa•lu ceo •. L os mi e m­Lros de estas dos sectas se ac usaban mu tu~ m e nt e d e t~dr1~ las bajeza s y peo­res c alcu lo ' ; el U:l ico pun to en que esta­ban d e a c u e ~do .. e fi ·1ca ba en insultar á su víct i · n ~ y rn' f 1 r'e de la vergüenza y el at,a ndon J . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CA TOLICO 1 37 de su muerte. Las voces discordantes eran in te r rumpidas po r e l canto d e l sal ­mo XCIII, el salmo d el viernes, qu e se esc uchaba á trozos en merlio de las ar­manías f ugitivas de las arpas y del so ­nido que j >~ mbro s o de las flautas. De ti e m po en ti e m ,J o se dejaban oír tamb1é ·1 los rum ores de la much e dumbre , turbu . len ta, excitada, desatenta á lo s sagrados ofi cios, á p-=sar de Jos e>fuerzos de los levitas, en furma d e fragrn e ntos de pre­gu ntas , exclamaciones y gr it o s como éstos : - ¿Qué se h iw Ju das, el que lo ent re­gó? Se esc :~pó E~ tuvo .. . - ¿En dónde, e n dónde? - En el umbral del Santo e&ta maña . na : yo lo vi tirando las mo:1eda s. - Allí, en e l a tr io de los gentiles esti el c e nturión -Ese dijo : -Pero i dónd e está "? ¿dónde está ? - Allí, enfrr.nte de la pu e rta de Hil. d a h . -Ese rl ijo: -" ¡V c:rdaderamente este h ombre era el Hijo de D io s ! " -¡ B ~a, fema ! ¡ Que se c ui Je de los saccrd v tes! -¿ Los s acerdotes? Est"Ín lle nos de mi ed o . ... (Dios está con ÉL ! Di us los abandona á ellos . ... Y dom inan Jo el tum ulto, sF! escuch"i ba fo rmidable, irre sistio!e, esta c onfe­si ón. - ¡He mos ve rtido la sangre d e l ju sto! El rostro de C aiE s se crispé, movido por la c ólera ; dirigiéndose á ius levitas y lu égo á los guard ias , les dijo : -¡Haced cal lar á e sos ma ldit\' S 1 - ¿ Por qué? pregurJtÓ Gamaliel. Su mirada altiva se e n contró con la fu gitiva de C ai Us; y Abdías se acercó tr émulo al Maestro. - Era un justo, diSO e l joven sacer­dote !í. media voz. Gamal ie l hiw un signo de aq •. iescen. ci a , y pasó su mano >obre la frente pá­lida dei s ~ cerd le ; iba é st eáinterrogar­le, pero vi J que el Maestro se alejaba d e los que le rot.leab an. Gamaliel miraba hacia el occidente, en don d ~ el sol sin r ayos estaba rodeado d e un h :i lo san. griento. El r o~tro del Mae;,t ro, d e ordi na r io tan tranquilo, reve laha una inv olurJt ar ia con­goja. Hahldba á J e hovah, quien só lo en esos moment.1s pod•a comprende rl e. Ah­días le escucha ha ... . -¿Q ué c!as e de hombre e s ~se ? ¿Puede ú no acaso saber lo en esta con­fu ió,, de lu ~ y d <" so m bras ? En la arci­! la esta ba la milrca de! a lfare ro, pero ¿ cu4ntas veces no arro j as ~ un lado tu o bra y la r om pe< , sin que nJ.di e sea o sa­do á decir : ·· ¿ Pur qué lo h aces?" ¿Po r ven tura sacrificas su ,·irl a y te contentas con hace r centinela sobre su tumba"?" Tu f!'UY 3mado Mo isé-; fue ente rrado por tu > propias m a nos y no lo de j aste entrar en la ti e r r a ~· r o meti .l a ; a r r ebati' ste á E ifas en un c .1rro de fu 1··go, pero des­pués de cuán tas tribulac.one s 1 J onás im­ploraba e n vano tu socor ro para que le li b rara s de la dese s pe rac ió n, antes de que le glor ifi caras en presencia de Nín i­ve. EsTH: t a m~ ién acu rl ió á ti, y no le res­pondiste .... Pt ro cóm o exp ~ icar el tem­blor de tinn, las tini eb'as 1 este terror sagra !o .. -¿Y la mut r te de los criminal es? le inte>rumpió e n tono de bu rla Caifás. -La muerte á nada pone término : .. 1!.:1 sumo S la s barrPras de l orgullo y de las mentiro sas a ¡:> ariencin s, lle gaba h as t1 ese sagrado r ecinto, en donde . se <1 lber ga la ternura humana , y del cual brota n á menudo las lágrimas. Y e~t t re t a nto que mu do é inm óv il, dirigía á lo le j os sus miradas, cr ecía la emoción, invart ía su sé r y ef ectuaba e n é l una r e conc ilia. ción e ntre el pasa:lo y e l pr esente, como ~i el hijo de su carne murj ese por se ·gunda vez Gamaliel no e;taba s olo . Agac h ado á la som b ra de las columna ~ . un hombre del pueblo, un ga:ileo, procur aba co n­tener sus sol lozo ; al acercarse alg,': n extraño, p e ro no le era dado domi­nar los impul so' de su na tu r a leza, y se escapaban de su pecho ge mi dos y a r. dientes e xclamaciones. En cualq ui era otra si tuació n d e espí ritu, G a ma ii e l hu biera mira :o á e~ te homb re y pasado de largo, t an i nfranqueable e ra la di ~ tancia e ntre los il etrad os y los maestros. Ad e más, rle acuerdo con el espíritu farisaico, parecía s iempre que e l doior era e 1 cas . tigo legítimo de la culpa. "¿ Qu;én h a pecado, és te o sus ¡adres? " p regun ta. ·han á Je sús en p r ese ncia d e un d e sgra­ciado e nf e rmo . Garualie l habrf ;¡, p u s, pasado á la sombra maj es t uos a de la ~co lumnas rl~:> l templo. ¿ Po.- qué ca usa se acogf a á la sombra de la Cruz que estaba· contem. ,p ia ndo á lo le jo s? E l dolor se cernía so­bre ese hombre justo y p uro que e n e lla agonizaba.... y surgía rle es e corazón inoc e nte como u n perfume sdgrado •.. Gama lie l se inclinó h :1~ ia e l galileo y le d ij o: -¿ Por qué llora ~ ? El rud o semblante de ojos claros y candor osos, velados por e l llanto, se vo l­vió h ac ia él. Extendie nd o e l hombre la mano e n direcci ón á ese punto de l hori ­: wnte que ambos miraban, respondió en tono balbucien te : -Lo h e negado . .E l maestro h iz o un ade má n repulsivo, qu e pronto pas ó, y dominando su ordi- . nario instinto d e me nos precio, no pidió explicaciones , p.u e s h abía co m p re ndido. Casi en voz baja y co rr. o si fuera otro h o mbre, le contestó : -Era una alma lumin osa . Consuélate, porque EL te ve y te ha pe rdonado. -Lo sé, sí, lo sé, dij o Cef as con vehe­mencia. Cuando pasaba e n medio de sus verdugos, volvió hacia mí su rostro .•.. y me miró .... Y como s i este r ecuer do le d estrozase e l coraz(¡n, (;tfas se deshizo e n llanto y dejó oír su , clamores de arrepentimiento. LA TARDE DE LA VIDA (Traducción de D. Franc isco J osé Ver­gara, Pbro.) (Co ntinuación) CAPITULO II SOLEDAD L a soledad ry o agua rdar á s i<:!mp re la última h ora de la vida par a vi s itarnos, y cumplir la mi sión que _se le ha confia­do; pe ro nunca se rá t a n eloc ue nte y sa­lu dable c omo á esa hori'l, cu ando todo empiece á parecer nos tri ste; cuando de nuestras m ~ s puraR al egr ías sólo qu ede el crepúsc ulo de un día que si n r e med io va á ac ab ~ r. E l primer resulta do rle la en fermedad es fo rmar en torno nuéstro ia sole dad, semejante ésta á un sile nci oso y d iscreto m e nsajero qu e anduv ie ra por e l mundo, b uscand o aquí y al :á los que por dedo miste1 ioso le h ubiesen si-1o se ñalados. A sí es como ar ranca á éste de los nego- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CA TOLICO 139 cios ; á aquél de Jos sueños de ambición siempre inquieta ; y á esotro de un re ­tiro cuidadosamente embel lecido, abre , vianda mucho los añJs qu e tenía por lar­gos toda vía. Torios e~tos se verán en . golfados de repente en esa sole dad en que el hombre no e ncuentra sino recuer­dos y ruinas del pasado, en qLe e l alma parece vagar, melancó:ica y de senga · ñada. R~ fiérese del Dante que, h uyendo d e los disturbios civiles de Flore nc ia, s u patria, pe ro más cruelmente atormenta­- do por las tempestades de su propio -co­razón, se marchaba á veces á la ven tu ra por los campos. D esp ués d t u no de estos largos paseos halló-e un día á las puertas del convento d e Corvo; paró allf, y como tiempo d espués un r eligioso le encontrase aún, abstraído y como so ñan­do bajo la arcada d e l vestíbulo, le pre­guntó qué buscaba. ''La Paz ,'' respondió el poeta. Como el Da nte, t0dos vamos en bu sca de la Paz . La agitación puede satisfacer un momento las exigencias d e nuestros intereses y Jos cálculos d e nu estras pa ­siones; puede aturd i r nos y a do rmecer­nos breve tiempo en jlu~iones de f eli ciclad ; traer consi6o extrañas y febriles impaciencias. Pero el reposo , ley natu ral de los seres todos, lo es m ás aún de lás almas hechas para Dios, y Dios no está en la agitacz'6n ( 1). La salud y la vida exuberantes no dan lugar á reposo. Pero al ll ega r e l mensajero de Dios, la er f e rme dad , é,ta nos separa, á pesar nuéstro, de las pre ­ocupacione s de la vda , de ios n egocios, de las vanidades ; nos sust rae de la m ulti tud, ese río humano que corre si e m~re, empujando en confusa mezcla las pe S J ­nas y las cosas ; nos en cie rra en los es ­trechos límites d e un apos~nto cuyo din tel sólo salvará P.scaso n:ím ero de ami go~ ; forma en torno nu és tro una sol ~­dad y un silencio ll eno de misterios ; se diría que quiere dej .unos solos con nos otros mismos en e l aisl11mi -e nto va ~to y apacible de nuestros pe nsamie ntos . En ( 1) HT, Reyes XIX, r1. tonces, para el enfermo inmóvil en su lecho, el mundo es como una tienda de pastor, que se n•pliega sobre sí mi >ma, y se aleja, enrollada por la mano del que la lleva. Pero hay otro género de soledad, más san ta y más profunda que la que rodea al enfe rmo extendido en su lecho; más difícil cuanto m ás saludable, y es la so­ledad del corazón. Durante la vida ac tiva y próspera, el corazón h um ano es el Jug ar de cita de pensamientos inc onstante s, de deseos in­quietos, d e proyectos siempre renacien­tes; es el palenque de las pasiones, de inclinaciones contrapuestas y hostiles ; es como e l forüm roman o , centro de am­bicione s, agitaciones y sorpresas, hogar de do lo rosas emociones de esta altna llamada por los antiguos fil nsofos micrós. cosmo, peq ueño mundo. En tal estado el hombre no se perte­nece á sí mi smo ; se conoce poco, y se com prenJe menos aún. Aturdido por el bulli cio e xte rior, t urbado por las agita· cio nes inte ri o res, sólo dedica á sí !!!iS­mo un o. a tención escasa y superficial, si no es que voluntariamen te se hace cóm­plice de todos esos motivos de disipa­ct ón . Dios tendrá piedad de un alma asÍ entregada á las cosas d e l mundo EL to­cará ese c orazón turbado, y esos pensa­mientos, hace un in stante agitados como las olas del Océano, se ca! .t'tarán poco á poco, y el sufrimiento será e l principio d e una tranqui !idad ha ~ta entonces des­co noc ida . ¿Y podrían llamarse indife­rente s ó inútiles las h oras éstas de calma y de reposo, é importuno e ste si·lencio de proyectos ya inútiles, de ambiciones sin obje to ; este desvanecerse de los sueños del porvenir, reemplazados ahora por ¡.¡ e mam ientos serios y juicios verdaderos? O rig e n y destino sublimes ti e ne el alma humana. Marcada en la fr e nte por e l sello indeieble y santo de l Bautismo ll evaba a l entr ar en la vida aptitudes c e lestes, inspiraciones di vinas, imperiosa nece sidad de Jo infinito ; mas 1 ay ! ha mirado hasta ahora con indiferencia los t esoros de su naturaleza regenerada , y ha sido sorda á las voces que la llama- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO ban de lo alto. ¡,Irá, pues, á salir del mundo sin lograr la última esperanza de salud ; sin que el velo de sus ilusi ones se desgarre; sin que un destello de los ra . yos e ternos ll egue hasta ella ; sin · que un eco de las voces del ci elo se haga oír? Dios no lo permitirá, y enviará como último recurso e l sufrimiento-y" el su­fri~ iento, dice Bossuet, interna el alma en un desierto e n que la voz de Dios se hace escuchar." "Nos hacemos un nido en esta tierra, dice Bougaud, ajeno á los vientos y la escarcha, para adormecernos en sueñ os de feli~idad ; ni do en que no esperamos envejecer, en que la perfección sería no morir. Pues sobre ese nido que nos hace ol vidar la eternidad agita Dios el dolor como una antorcha ; pero ¡ quién no ad . mirará la suavidad con que pro cede entonces l Con qu é d e licadeza proporcio na el golpe á la nece sidad, y toca ape­nas el punto sensible! Este es un su eño que se desvanece, una il us ión que se eva pora, un amigo que nos olvida. ¡ A h! entonces sí se levanta los ojos á lo a lt o , y se dice: 'Oh Di os mí o : sólo Vos pe r . manecéis siempre.' ' ' 1 ( Conlzizuará) SOtt CARMEN RESTREPO BIÜCEÑO El día tÍJtimo de l año pasado e nt r egó su alma á Dios la jove n re li g i o~a S or Carmen Restrepo Brice ño, de la s hij a s de M a ría Auxiliadora. Por ca s o e xtraño por u n o d e esos contra st e s qu e nos ofre ~ ce !a vi da como te ma de medi tac ión esa jove n, qu e se había a brigado á 1~ som b ra de l claus tro, y qu e á j uzga r p or la s apari encia s debía habe r m u e rto en el r e tiro de una ce lda, rode a d a d e las religiosas, sus he r ma nas, vio ll e g a r la última hora de su e xi ste ncia , en no che oscura, en la mitad d e un camino solita. rio y fragoso, como hubi e ra conveni do á un hombre de acción, á un guerre ro en medio de sus operaciones militares. Uno de sus h e rmanos y un reducido grupo de deudos y amigos se hallaron pre sentes en aquel trance amarguísimo ; y si su dolor y angustia no les quitaron toda ini­ciativa, ni los llevaron á la desespera­ción , se d e bió, sin duda, á la majestad del espectáculo qL!e ofreció la pobre niña , serena en medio de las agonías de la mu e rte ; resignada y ~legre con la voluntad d e Dios. No es el valor privi · legio de los h é roes, que ciñe.n e spada y se han e nd urec ido con los sangrientos lances d e ! cam po d e ba t a lla: á vece s la fr ágil envoltura d e l cuerpo f e me nino oc u lta al mas d e l má s alto tem p le , que sonríen ante el dolor y ante la muerte , y dan ej e mplo d e ma gnánima ente reza á los va ron e s en ciertos momento s crí­ticos, en que su e le a nubl a r se la r e · fl exión y el cu er po ti e m bla á su p esar, como dé bil h oja , ante la ma g nitud del infortuni o N ació Sor Carme n e n el se no de una fami :ia cr istiana é hidalga , d e ho nrosos y li mp ios antecedente s por u n a y otra rama. Por su pa dre , d e scendía de aquel varón ilu stre, D . ]o"é Fé lix d e R es t repo , ti po de au steridad ro mana , magi strado in tegér r im o, q ue me re ció se r llama d o el Arist i,les d e la Gr-'l n Colom b ia . Su a b ue­lo m a te rno er a e l G e neral D . Emigdio B r ice ño, nacid o en ·Ve ne zu e la y criado e ntre los ép icos su cesos de la g ue r ra de la In de¡Je nd e r.c ia. H ué rf 'l na de sd e te m· pra na eda d, se crió al la do d e su madre · y en compañía de sus nume rosos h e r · mano s , e n la casa d e su a bu e la ma te rna, D • Dolores Fernández de Brice ñG, que e ra. noble ca heza d e un ht' g ,1r pa triar­c a l, digno d bu e na s h e rmanas. E l día 3 I d e D icie mb re s e emprendió el viaje de regreso con ausp icios, a l pa r e­c e r, fa vo ra ble s ; mas cu ando ya la pe · queña caravana se ha b ía a l e j ~ do de la pobla ci ón , inespe rada fat iga po stró las fuerzas de la e nfe r ma. Q uisieron s us h er. manos toma r l a vu elta d e Vi lleta ; pero ella se o puso, a legando q ue ten ía fue r · zas :;ufici e nt es pa ra llega r á Bogotá. L a engañaba su deseo ; y á p o co , la asa lt6 d e smayo morta l. La mue rt e vino r á pid d , de im pro viso, si n q ue los mismos que la rodeaban se di e ra n c ue nta de l t rám i t o d e aquella alm a a l se no de Dio s. ¿Pa r,P qu é po nd e rar el dolo r de lo s de ud os que s e encontraba n de pron to, e n una pobre posada, de noc he, con e l cadáve r de aqu ella n iña á q uie n tán to había n a ma­do ? Imposibl e pinta r la sol e mnidad y a ma rgu ra de a q ue l viaj e fún e br e , á tra­vés de la s asper e za s de un sende r o rús­t ico y soli ta rio . T odos, si n emba rg o, pen · sab an qu e la muerte no e s u n ma l para qui e n la espe ra co mo solución d e t odas las penas de la vi d a ; para q uien no es noche sino a urora ; pa ra qui e n a cep­tó una ex istencia de pri vaciones, de sa ­crificios en aras d e la caridad, á fin de tener el derech o de S'J nreír tranquila ­me nte en el in st a nte supremo; para quien es t aba tan preparada á recibir e l beso del Angel de la muerte en aquella so ledad como lo habrfa est ado e n la paz d e su con vento. Las r e fl exio n es, d ul es y co nso la doras, q ue es ta consid e ración sugiere, son e l me jor ra mo de fl or e s que pue de d e posita rse so bre la tum ba de la dich o sa Sor Car men , y e l m e jo r consuelo­pa r a les qu e ll o ra n su ause ncia . ANT ON!O G ó ME z R EsTREPu Doc t r i na Cr istiana Arquidiócesis de B ogotá- Mi nister io Pa­r roquial- Vicaria d e Susa, Marz o 10 d e 1[) 08. Sr. Dr. D. Oe lso Fore ro Nielo. Presidente d e !11 Ju nta Central de l a D octrina Cristiana-Bogotá , Teng o el h onor de salu d ar á usted y comu­nica r le que, despu és de alg unos meses de tra ­b ajo, h e logrado establ ecer en es te l ugar la Confratern idad d e la Doc tr i na Cri s t ia n a d e l m odo sigu i e nte : En la població1 hay o rga n i­zado s trei n La Ca t ecis m os, á los c u a les co ncu­rren un os t r escientos niños d e am bos sexos; en los ca mpos h ay veinte ra•ccisru ns c on u n personal d e dosci entos niñ os y gra n número d e person as d e edad, de l m ism o modo q ue e n la p oblac ión. T a nto los p a dr es d e fami !i a co mo l os ca te- . quis ta s y d emás socios d e 1 ... Ce ngregación h a n acogid o e sta benéfic a obra con e l m ayor interés, y ca da cua l en la medida d e sus fu e r­zas contribuye pa r a el adela n to y progreso en dicha con fr a ternidad . P ar a m a ntener vivo e l entus i a s mo en los niños y demás per sonas, se h acen co n a lg un a frec u e n cia rifas de obj etos q ue á la vez q u e lf s llamen la a 'enci ón les sea n ú t il es. Con se nt im ~entos de consid e r a ción y r es­pe to me h onro en suscr ibirme de us ted r es ­petuoso herma no e n J es ucri s to, MAX ! M!N O H E I\NÁ!WEZ G. P resbitero. URBI ET ORBI Rotos tus v iej os m ármoles 1 oh Rom a ! T u g loria, in men sa m ole, derruida, La triunfadora espad a e nm ohecida Y el águ il a r a paz hecha pa lom a. E l bárbaro Si c ambro que te do m a ; E l c ir co en san g r en tado y h om icida Trocado en ca mpo fértil. do l a v ida Su sonrisa d e d ich a a l cielo as oma . y tus g loriosas p om pas y t u f~ma H ech as pavezas en la in m en sa ll a m a Que prend ieran los sig los co n su t ea Y so lo, tras e l puerto lum i noso, Por sobre el mar ru g ie nte y ten ebroso, El divin o barquero de Jud ea . J. l. VERN AZA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HO GA H CA TOLICO MOVIMIENTO CATOLIC O DEL VATI CANo--C ontinúan los tra baj os d e organiza ción de la Asociación católica inte r­nac ional para el prog- res o d e las Ciencias. E l Secreta r io del I n s tituto históri co au s triaco P astor h a s ido n om brado Se c reta ri o. La in au ­gurac ió n se ve rificó el I g de Ma rzo últi mo . -EL PAPA HA NO MBRADO Prefecto de Ja Sagrada Congregació n d el Ind ice a l Ca rde na l F r a nc isco S egn a . E ste pu r purado nac ió en Pogg io Gin ol fo en I 8.16, y fu e c rea d o Carde­nal en I 8 de Mayo de I 8g4. P ertenece a l or­d en de d iáconos . E FECTOS DE LA PEfi SECUC IÓ:o< -La ú l tima campaña anticl eri cal e n Ita l ia ha producido un a reac c ión sal u da b le ; por lo r. ual n o s abe mos si realm e n te la impied a d en v ez de c on ­s eguir s us p er versas i n tencion es ha cooper a­do á su pesar á l a obra de Di os . Se h an fo r m ad o varia s Ligas de P adres de fa m i lia, p ara l u ch a r co ntra los infames peri ód icos q ue l es perviert en l os hijos; se han te n ido varias R eun ion es d e Pá rrocos y se h a n cons tituid o Asociac iones pa ra la defensa d el C l e ro, ó á l o menos para protestar en ér g icame n te a n te el Gob ierno d e la inj us t a per sec ución de q ue h a s ido vícti ma . Eso s in h a c e r 2quí m e n ción d el n uevo lustr e que h a n sacado d e los t ri buna­les aqt.; e l los r elig ioso s, c uya in oc enc ia y b u e­n a v id a ha b ía s ido puesta en duda por m ed 1o de ca lumniosas den u n ci a s. -COMEN TA NDO los r esulta .ios d e l Congr eso de la Bu en a Pren sa, complácese e n hace r co nst ar L a Croix , de París , que en toda Franc ia s e a d vi er t e un poderos o m ovim iento e n pr o de la org ar. i zación cató li c a . T ambién l eemos en L a Cro ix qu e el ca n­didato ca tólico M. le Breton ha s id') eleg ido Sena d or e n la vac a nte de M. Duboys F res­n ey . L 'Univ ers h abla d e l a precar ia situ ación c read a en F r a ncia a los sacerdotes , y d ice que ésto s ' i 1ir á n, s i es preciso, con el t r a b a­jo de sus man os antes q ue tra nsig ir c on los enem igos de la Ig les ia ; pero q ue los ca tól icos no r!ebcn perm i t ir lo, proveyca do a! sustento de i ú:S Ministr os de l Culto. L 'Unive r s d ice qu e Fran cia no t ien e h oy co n s tituc ió n a lg una política, p orque no es un a monarquía ni un a Repúbl ica, no obsta n­te l a e ti que ta g u bernamen ta l, n i un a demo­craci a, m u na ar is to cr acia, ún icas formas de gob ierno cun ocidas h a s ta ahora. Ex isten so la mente a lg unos a x io mas ó prin­cipios genera les, tales co mo la d ivisión de l os P oderes, la in a movilid ad de la Magistratura, la no r et r oactiv id ad de las leyes y otros pa­re c id os, que constituyen u n a espec ie de d ere ­c h o consu et udinari o . TR IUNF O DE UN SABIO CATÓL ICO-L a Acade­mia de Cienci as, d e París, ha elegido secr eta­rio perpetuo de la secc ión de c ien cias fí s ica > y naturales, en r ee mp lazo d el materiali s ta Ber ­th e l ot, al s abio católi co A lberto de L appa­r ent. E l tr i ~.mf no podía se r más esp l é n d ido: d e sesenta y cuatr o aca d é mi cos , cuare nta y cin co h a n vo tado á L ap pare nt y sólo ca torce á Bec querel. Alber to de L a ppa r ent t iene se­senta y _o~h o a ños. E s un ca t óli co práctico que n o d istm u la nu nca su fe . En I 897 entr ó este sabio e n la Academia de C ie nc ias, que acaba d e el egirle sec retario . Lappa r cn t, como tántos otros, es una prueba v i vie n te de la ar­mon ía e ntre la cie n cia y la fe : una demostra­ción más de que m ucha c iencia co nduce á Di os. L os MILLONES DE LAS CO MU NIDADES RELI GIO­SA S-Combes, el pr op io Combes, el a u to r y ej ec u to r d e las ley es d e e xpu ls ión de lasCo­m unidades r eli g ios as e n F ra n c ia, mov ido por la indig nación ó po r el des p ec ho , y siem­pr e en s u papel, h a s ido el que tiró de la man ta del d espojo de l os b ien es eclesi ásti­cos ._ .. y d ejó a l d escu bi e r to los sapos y cu­lebras j acobinos , q u e m uy or on dos y roza­g antes devor aban su pres a a l a mp a ro de la ley del Go bierno r adi cal. Liquidado r es, r á b ul :;>.s y peri tos, gan chos, pri m ista s, subas ta dor es, g a ng ueros. ___ to da la cafi la de antic ler ic a les p refer idos , á qu e el Gobi ern o ent eg ó lo s m il m i ll o n es d e las Co ­m u nidades r el ig io sas para qu e los liq uida­sen , lo hicier on radica lm ente ; y no ce ba dos tod avía á s u sa b or di ero n un buen pell izco al presupuesto d e l Min isterio de J us tic ia . Ta l es el cua dro fi nal d e la ex pul sión de las Ordmes r eli g ios as, qu e :; pa r ece á los oj os d el mundo entP. ro, cua nd o Co mbes, l e va nta n­do la punt a de la manta, ha puest o a l a i re la man ida asq ue rosa d e los re ptiles. Y haciendo rem i lgos y t apándose la na r iz, e l ex-presi ­dente del Go bi em o an t icie1 ical de Fra n c ia, excla mó horror izado : "¡Yo n o amparo e so ! Y o expulsé y despo ­j é á las Congregacion es, pf r o ¿cómo h abía d e co nse nlir que s u s bi enes, qu e d ebía n p asar á ser bi enes de l ~stado , se ent r egar a n as i á un pill aje v erg on ze> so , Yini endo á se r past o de ab01;nin ab les con c upi sc en cias? " • EL CATO LICISMO E N SUizA - Hace uu sig lo, h aci a t8 oo, los católi cos e r a n nll í-poco m ás de 4oo,ooo ; h oy !l ega n á 1 .4oo ,ooo ; es d ec ir, que en u n si g lo h a ri a unJ en tado un m ill ón , ó sea I o,ooo por año. E s tos ha n logTa do qu e nu es t i·a R elig ión co n se r ve s u carác te r o fi c i al. R ecie n te ej etnplo lo atesti g u a. Pues ta á vot ~c i ó n la cu estión ta n disc utid a los tres últi mos a ñ os, de la r e­vi s ión d e la Co ustit u ción, el Cantón Jel Va la is aprobó por con so la d or a m ayoría la obra d e s us mand ata r ios en el Gran Con sejo actu al, que era c ons t i tuyente. La n u eva C: onsti t u c ión emp ieza : "En el nombre de Dios tod opod e­r oso __ ._'' y procla m a el Catolic is mo r om a n o r eli g ión del Es tado . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HO GAR CA T OLICO Por otra parte, el Cantón d e Be rn a h a re ­suelto la cuest ión q ue desde hace tiempo figura en la orden del día, del restab lec imi en­to de las parroqu ias catól ica s d el J ura y l a revisió n de los honorar ios del Cler o. Sab ido es que en r87!¡, cua ndo e l Kulturka m p f im­peraba en Suiza, la mayoría r adical supri mió 33 parroquias de las 76 existentes, co n la in ­tención de castigar á los fie les i al c lero po r estar ta n un idos á s u l eg í timo Ob ispo, des­poseído de s u Sill a ep iscopal por los gober­nantes. Los catól icos berneses del J ura s i ~>mprc h abían protestado contra tan arbitrario p ro­ceder. Pues bien, la comisión nombrada por el Gran Consejo bernés para exam inar la rei­vind icación de los católicos, acept0 una pro­p osición de M. H. itsc ha r d, antiguo Director de Cultos, que tiende no sólo a l restablec i­miento de to das las panoqu i a s su pr imidas, sino también á l a fundación de otras tres nuevas. Por su parte el Gran Const\jo de Es­tado fue generoso en la cuestión de los h ono­rarios para i ndemnizar á los eclesiá ticos, asignándo les un mínifilum de r ,So o francos y un máx imum de 2,300, según el número de años de servicio. La Dióces is que p Jrcce tener vida religiosa más intensa es l a de Laus:w a, ~>u Gi nebra. En Friburgo h ay un a brill an te Uni,•crsida J, centro d e cultura y de fe. En todas las Pr,' ­vincias suizns en c;cne ra l se observa un pro­greso que ha ac abado p or atrner la atención y conqu istar las s:mpatías h as ta de los m is­mos protestante>. - EN EL NÚMERO ANTERIOR dijimos que en B élg ira el Presidente de l Consejo de M ini>­tros M. Trooz ha bía logrado saca r de las cir­cunstancias un gran partido fa vor ab le á la enseñanza católica. Des~r aciP- d ame nte este ins igne catól ico murió el 3 r de DiciPmbrc, tras una r á pida enfermedad, for la )Pc ido con los aux rl ios . espi ri tua)cq y as istido por el Cardenal Mercier. L o h carril que carecen de prop io sacerdo­te é iglesia. C RO NICA. G EN ERAL F•E ~TA DI<: SAN JosÉ- Se celebró el r g d el pasa :lo e n S1n Ignacio , la Capilla de l s ~·g rario y otras muchas iglesias y cal'illas de ia ciuda d con gran solemni. dad Principalmente en San Ignacio, e l R . P. T eódulo Varga s, Uirector d e la Cong,.e gación de S a n J o;.é, compuesta de miles de pe rs onas de todos los estados y c 1ases sociales, su r o, como siempre,'pendPr el enviO d e l prr iódico á los que no hayan cuLier. to el valor de la ! .", el cuai, por el re tardo, e s de$ 50 papel. Ya !e cum!Jien ci nco me~es desde que comenzó á sa!ir y fa ltan por pa ga r má s de 3 00 personas de las que lo ha n estado r ecihiendo por el correo ó e n sus ca:.a s con la mayor pun­tu a lid afi , h ab iéndosenos <'r<~~ i cnado gra­ve pe r j ui cio con es t o. B ien Sf\u it.lv es que esta e m pr esa se a ca mE l ió tsperanzados en que los bue no s católicos, movid os por lo qu e tan t as veces h a dic h o el Pad r e S a n to y por la f a lta q ue h:1cía u n pe rió­dico qu e lleva ra á lo s h og-1res la e n se ­ñ a nza r el ig io sól , c o nsi:l e rarla n como un deber sostenerla ~i q ui e ra con sus suscri p­ci o nes, pagadas r el ig i osamente . y q ue le h arían la p r o_aganda q "e es j usto ; pe ro n o s sentim os de5 fallecer al ve r ' la in dif erenci-1 co n aue se mira la pren. sa catól ica , y aun 'podríamos decir, la causa de Dios. N o se ocn ita á nadie r¡ue te n e m ~s que cu brir con la puntu'1lidad d ebida r-1 val o- d • la impresiór. y que d ía po r dí a t it:ne q ue agr avarse nuestra si t uación si no s e r eembolsa este costo. Si por todas es t as ca u ~as llega el d a de t e n er q ue buspe nde r se el er i 1d ico, ade . m 6s de l pe rjui c io q ue se nos h ab rá cau >G ­d o, pesa r á sobre no r•ocos ia r~sponsat il i­d ad ~oc i a ! , que n o :;e r emed i ará con la­m e n to~ más t ;, r de, por· h aber de jado abando nado el campo que Dios quería se cul ti vara para el bien, por el medio efi cacb.imo d e la prensa catóiic<1. A,gu. nos Pár rucos diligentes han torn <1 o mu cho interés y v an colocand(l d1a !JO'" día susc ri pcio n es e n ~us Parro "¡ uia~, ~irvien do e llos mi sm os d e a gentes ; oj alá tod os c o a dyuv a ~an de l mi omo mo do, sigu ien­d o las in dicaciones d e l Ilmo . y R e v dmo. S r . Ar zo l:>i spo, h asta llega r á una f und a . c ión se ri a y est a b 1e q ue l le ne la s r ece. s id11des qu e todos palpamos. T odaví a no h emos quer ido c om¡.,re n ler que se im . pone la li mosna para la prensa c a tó lica como para todas aqu~llas obras q u e es ­ta m os obligados á sm tf ner -x­ADIVI NANZA No soy nieve y en hlancura Excedo á la ' i .,.' a nieve; N o soy f u on te y nu "iiay quie n lleve Agu a de fuente más purd; No soy mon ja y e n clausura Siempre vivo ete rnamen t e. Una sola h ec h ura soy De la Mano Omnipotente Desde la a lt u ra en que estoy. DE CRETO L EG I S L ATI VO N. 0 47 D E 1go6 ( 1 2 DE SEPT!El!BRE) sobre Prens a TIT U LO III De los p erio d is tas r ectificac ió n ó a cl a r ac i ón que n o ex ced a del doble del espac io ocupado ¡Jor e! e s· c:-ito que la haya rnotivado Cuando se tratare de personas mue r ­tas ó ause ntes pueden ejercitar el de­r ec ho de que trata e~ t e artículo sus h erederos y pa ri entes, y al pe ri od is ta sólo obl igará atender el primer escri to que le f uere llevado, y en caso de s i mu l­t ane idad, se a tenderá al orden expre­sado. Ar t . 21 . Entregado c¡ue hn.\ a s ido en la imprenta el escrito de que habla el artíc u lo ante r ior, éste será inser t ado en el núm ero próximo inmedi a to, ba jo rnul · t a de c inco pesós en oro 6 arre5to equi­vaiente prr cada día de demora en su pub l icación A rt. 22. Cuando el es•'rito de que tra. ta el artículo 20 exceda del espacio allí determinado, la inserción será siempre obligatoria, más la parte excedente se h ará n costa del interesado, q ui e n paga . rá po r ella el precio establ ecido p a ra los comunicados. ( C onili1Uará) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL HOGAR CATOLICO -VARI A L os CATÓL ICOS su1zos a br ie r on e n e l me s de O ctubre una escue la de pe ri odi s mo, donde los que se sientan c on vocac ión para consagrarse á la penosa pro fes ión de la Prensa , puedan h a lla r la debida pr e paración e n bien suyo y d e la causa q ue defiend en . L a nu e va escuela se in s­taló en l a Uni versidad d e F ri burgo, una d e las más famosas entre las o- r ande s universi:lad es enro?eas, y á su fr e~t e está una persona de ciencia y de experiencia e n e l pe r iodismo . -Pax·a soste ~ ,e r este propós ito, se a b ri ó ~ n a s usc n pc xon nac iona l, q ue e n b r eve t xem pu h a ll egado á un a ci fra co ns id e ra­bl e . -A LA EMPERATRI Z DE A BI SINIA e l Pa­dre Santo concedió una au
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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El Hogar Católico - N. 9

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 9

Por: | Fecha: 24/01/1899

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REPÚBLlCA DE .COLOMBIA A ILUSTRAD CRÓNICA, CIENCIAS, ARTES, Ll~ERATURA, HISTORIA DIRECTOR. PEDRO CARLOS MANRIQUE FOTOG~ABADO~, SATURNO ·ZAPATA· ADMINIST~ADO~, RUBÉN J. MOSQUERA NÚMERO 9 - VOL. I BOGOTÁ, ENERO ~ DE i8grre.c;pondencia debe dirigirse al núm~ro 74 de la calle r6 t Calle Paláu ). Apartadc. nítmero·.28:'1. Dirección telegráfica: ILUS­TRACIÓN. Se vende este número el d(a de su aparición en la Papelería de Samper Matiz Y en la Agencia del ,periódico, número 59a. Calle Pa~:\u. - , IMPORTANTE El Administrador de la REvis­TA ILUSTRADA suplica encarecida~ mente á los · s~ñores Agentes y sus­criptores, que estando para termi­nar la primera serie de· 12 núme­ros que eorresponde á un semes­tre, se sirvan rem.itir á~ la mayor b ev da p st le los ~al res e­. caudados, ·en atención á los cuan­- tiosos ga.stos· qué dell)anda la Em-p, resa .. -RUBÉN J. MOSQUERA AVISOS . . - .-Señores· ~visadores Garantizamos á ustedes que la REVISTA ILUSTRADA es el periódko que mayor circulación. tiene hoy rlentro ·y fue­ra del país; cuenta con abonado~ y colaboradores en todos . los p·artides y. círcplos pqJítico.s. · , · .Pener quince ó veinte veces consecutivas u·n aviso en un diario, equivale á ponerlo una sola vez en una Revista que se publica cada quince·ó '·eint(· días, con esta diferen­cia : en la Revista se paga una sola vez lo que en el diario debe paguse .quin9e ó yeinte veces. No queremos con esto decir que no se debe avisar en lo~ diarios; sería tanto como una puerilidad; entre otras razones, porque no siempre pue­de esperar el avisador urgido la t·ardía apariCión de la Re­vista. N os -proponemos solamente llamar .la atención de los señores avisadores á las ventajas que les brinda nuestra pu­blicadón 'para hacet conocer extensamente y á reducidísimo precio sus 6fertas y demandas. Sumario del número 9 Págs. 1. A propósito de Pasto. Migu~l Tria na . .•.•• 11. Memorias· sobre el ori­gen. causa y progreso de las desavenencias entre el Presidente de la República de Co­lombia, Simón Bolí-var, y el Vicepresiden-te de la misma, Fran­cisco de P. ~antander. 133 m. El Magdalena. Ma.r Gnllo ...•.. ........ 137 IV. Maximiliano Grillo. B. S. C. . .. . . . . . . . . . 140 v. En el tren. H~rminia Góm~z J. d~ Aoadía .. 141 vr. Necrología al Dr. Gil Colunje. La R~dauión y Et~rit¡u~ Plr~•- . .. . J43 # .".. ' ILUSTJUCIUliF.S P4p; 1. PASTO. InteriQr del templodeCapu-cbinos. 129 u. Vi$t:l de la pl~a prin­ciPal de Pasto ....••• 130 rn. Seminario Concilia.r de Pasto ... _. •. ···-·· 1,31 IV. Vista exterior del tem- . plo de Capuchinos .•• 132 v. CúeUTA, Estatua y parque de Santander. 135 VI. El Magdalena. ·(Dibu-jo de Gaston Lelarge). 137 VII. El Magdalena. (Dibu-jo de ,Ricardo ~oros). 139 vr 11. Maximiliano Grillo.. 140 ¡x. Seiiora D~ Herminia Gómez J. de Abadía .. x. Vapor Bog-t~td., . .•••. XI. Sefior doetor Gil e lunj .•••. INSERCIONES ~I::Y 1~7 DE'". 1.898 (12 de Diciembre) SOBRK PRI!:HSA Art. 54 De la resolución dictada por el Gobernador se sacará una copia, que se le entregará al penado al tiempo de hacérsele la notificación de aquélla. . Art. 55· Si la notificación no pudiere hacersepersonal­mente al penado, se surtirá al día siguiente de dícttrda la providencia del Gobernador, por medio de un e41cto fijado por veinticuatro horas en la pu~rta del establecimiento donde se ' hubiere. editado . la: pr9(itir.cióP.·: · .; Art~ 56. -cuandQ la persona .pena,da 1)0 _resjdll e~ la ca­pital del Departameto, la no.ti~cación personal ó por-e4,ic'o se hará en la Prefe~ttra· 6 -en lá Altaldfa: . de1lügar·-~o~de la publicadón s~ hubiere editado, vt'inticúafro h~& des­pués de comunicada la resolución del· Gobernador, comu­nicación que preferentemente se hará J)Qr telégrafo. Art. 51· Dentro de las veiqticuatro horas· !iguientes á la notificación, más el término tle·la distancia, puéde el pe­nado ocurrir, por medio de un memorial hecho en papel común, al Tribunal del Distrito Judicial donde se haya editado la pro//rcscntrelncécsa l'anglai e. Un cuadE C P CHL O se xrendía de 'ur á orte en má de 8oo leguas, de de Chile has fa el Río M a o en Colombia. Lo Inca· del Cuz­co llevaba u u arma en toda la prolon rración de e ta in­mensa línea con lucha digna de é ar, y u lenguaje reli­gión, ciencia , in ·tituciones co tumbre como -i entraran á su propia ca a. Por donde ello pa aban todo . u fría transformación profunda: ·e olvidaba la lengua materna, la lengua de la. íntima · frui iones del corazón· caían lo ído­lo que ante· eran lo di pen adore de la alud la dicha y la gloria· se levantaban ob ervatorio a tronómi o., ·e difundían lo cultivo , e ubrían la labranza de plantas exóti a ; lo eminario e colmaban de 1 ita , lo mona·­terio. de vírgene la cu la· de alumno ; lo quipos, e.; decir, el lenguaje repre entado por nudos piedrecilla y rayas, e vulgarizaba a i in tantáneamente · lof.. amino · e transforq1aban en verdadera alzada· ele suave pen-diente y obra· de arte romana ·· en cada cerro ·e levantaba BOCOTA, ENERO 24 DE 18<)') iv.UM !:.RO 9 un t mplo al ol, en ada gargantá del terren una fortale­za, en cada . itio b llo un pala io, en cada pradera un re­baño de llama en cada ertiente un acued u to ·las aldeas se on ertían omo por ncanto · n iuclades y las JUdade · en metrópoli ~·; la familia polígama, en que el pa !re era dio. amo y a erdot de a par cía para constituír · ~ en organi mo anexo al E. tad , en el c ual ·el pa lre ra jefe o ficial mae tr y uracl r de . u hijo · · la tri bu e c..onvcrtía en nación y la na ión n estado p( d ro:o, qu tocl lo m ­tegraba en una entidad sublime, hija el l , ol. En . u viaje de triunfo-; ha cia ·1 ' 01 te en menos de tre. reinado , lo. Inra. Tupac Yapanqui Huayna 'apa y . tahualpa último. individuos ele la di,·ina c: tirpe redujeron á la vid:1.. o ·ial infinidad el tribus ·cmi-:alvajes, tale ómo los Paltas y uilla o de idioso:; y ami¡_;os del ai:lamiento lo Zarza., Huancabamba: 'aja y l'a -cayunca. , agu rri­do · rueles y traidores, al norte d el Per{¡; lo · Punáe · y 'himbos, en la co:ta de GuayaC]uil, v«lero:o: pérfido:· lo · Huacas Tuzas y Tulcane:, en ia frontera colvmbiana in­trépido · defen ores de u tierra natal re lujeron á u pode­roso ·uanto i' ili;.:aclor dominio á los Cañari:, 'aras. Pu­ruháe · y uillasingas nacion es ele un alto grado :o ·i!J]óai - o en su tiempo y lugar. e Tomehamln, Ta un ra Liri - bamba y Pa ·to centros importantes de aquella. nacione5, hi ieron podero a ciudacle:, y ele uito, re:idcn ·ia t · al de lo cyri , una capital ri al ]el uzco 1 or lo 'Lmtuo a, adonde tra ladaron en d finitiYa su dosel imperial. Si no hubiera ido por la conqui ta e pañola tan e ·tú­pida como mezquina, e de presurnirse que la civillzación peruana á la ho y La corriente ocial del Sur, que trajo hasta el río Mayo la dominación Inca, por las mismas causas topográficas y etnográficas sub iste aún en otra forma. La alta clase social de Quito obedece la influencia limeña en sus modas, en su trato y en sus costumbres. Una dama quiteña, devo­ta, artista, espiritual y coqueta, es una fiel imitación á la rústica del hada del Rimac. Los jóvenes aristócratas de Quito se ufauan de haber estado de paseo en Lima y procuran servilmente acomodar sus trajes y procederes al buen gusto limeño, afectado y pulcro. N o importa que en el Ecuador se sienta cierto enccno contra el Perú, ni que hayan e tado en alguna ocasión dispuestos á romper hos­tilidades; porqu~ ese encono proviene de la constante in­gerencia del Gobierno peruano en la política intestina del Ecuador; de t:1.l manera que puede as':!gurar e que las bo­rrascas ecuatoriana se incuban por regla general al abrigo peruano. De Quito á Pasto ejércen. e enérgica:; influencias rdi­gio as, política. y . ociale . Quito es el centro ner ioso de una sociedad eminen­temente teocrática. El criterio religioso regla allí los más íntimos latidos de la conciencia individual, la higiene, la gimnasia, el e:-tudio, la alimentación, la nutrición espiri­': ual, los ejerci ios mentales, la producción literaria, artís­tica é indu tria!, la · reJa ione domé ticas y ociales, la PASTO. Plaza principal.-Nue tro grabado repre enta la plaza principal de Pa. to hcrmo a ciudad con veinte mil habitantes, y destinada por ley del Congreso del presente año á ser la capital del nuevo Departamento nacional, denominado de Nariño. Hacia el ángulo occidP.ntal se ve la iglesia Catedral; en el ángulo opue to, exactamente frente á la torre, está la casa donde Nariño se presentó en 1Sx4 al pueblo pastuso que pedía su cabeza; pero que, al verle, cambió su furor por la admiración del Capitán v-encido. La casa en cuyos halcones se ven do personas, es la Municipal, amplia y hermosa, comprada con el medio sueldo de dos años que voluntariamente cedieron los empleados liberales de aquel tiempo. las costumbres sociales y privadas tenían tales rasgos de afinidad, que con cincuenta años en Quito y acaso menos de veinticinco en Pasto de dominio del Inca, hoy, después de cuatrocientos años de verdadera tiranía y violencia con­tra las costumbres, los indios del Perú, los del Ecuador y los del Sur de Colombia son casi idénticos en sus hábitos supersticiosos, en 5us industrias incásicas y en su idioma quichua, yuxtaposición de clases, los fenómenos económicos, el sis­tema penal, la política y la soberanía popular. La gran cantidad de conventos, de órdenes religiosas y el numeroso clero con su jerarquía, á pesar de ser tan abundantes, no son suftcientes para atender al cúmulo inmenso de funcio­nes de que la sociedad los tiene encargados tácita 6 expre-amcnte, de modo que ha sido preciso impqrtarlos de Es­paña y de Italia. En el Ecuador se realiza el Gobierno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA IJI ideado p r C::~n \. 'YU ·tín Civiht.1 D :i. Puede asegurarse que el Ecuador e,:, una Provincia de lo· antiguos Estados romanos, que Víctor Manuel no pudo u,:,urparle á S:..1 an­tidad. La . oberanía absoluta de la Igle.:;ia en el Ecuador, sin con trape o posibie, mantiene el espíritu nacional dentro de una trayectoria de movimiento .fija, exacta y determina­da en todo entido . Bajo la inmediata influencia ecuato­riana, en Pa to se cumplen fenómenos conjugados, si no paralelo · de los que e realizan en Quito al calor de un or­gani rno perfectc para u objeto. c:Jmo en la Edad ·Media, tiene su concordancia un tanto ri ­dícula en nuestra ciudad inco-ibérica. El juego económico libre, Ja instrucción pública al alcance de todos y las insti­tuciones políticas, así como la noción igualitaria atávica, han hecho de Colombia el país democrático por excelencia. Aquí las consideraciones y el respeto se conqui ·tan á fuer­za de méritos y virtudes; aquí las clases acomodadas, á título de valeroso é inteligente trabajo, se ufanan de re­ciiJir en sus salones á los hijos de la plebe que ostentan en sus sien e lo lauros del genio; aq uf la benevolencia so- P.\. '-iT(). S: ml!Ulrio Conci!iar.-E. te edif1cio representa una parte del Colegio 'eminario de Pa to, edificado por el Ilu trí imo bi ·po V lasco, e >n f mcb · de la Dióce i.· . E · verd:tclerarnente s untuo. o, y u capilla, que abraza toda la parte central más elevada, fue dirigida y pintarla por un sacerdote italiano, ·egún el modelo de la capilla sixtina de Roma. ólo en e a mitad . e emplearon un millón y treinta mil ladrill · de 2.) centímetro: de largo. fuera del material de piedra. illar y de otras clase . Lo partido;:; políticos del Ecuador tien n que aber dentro de la trayectoria que les permite l orden teocrático de ri o arriba· de modo que, dada la condenación que la Iglesia ha pronun ·iado contra el Liberalismo, este partido no pu de exi tir en el E uador, por incompatible, y i exi!:i­tiera, ería para encarár ele violentamente al orden so­cial, p ra re vol arlo hasta en u e.:;encia para pulverizar u ligamentos· en ton ce ería 'erdadera!Tiente revoluciona­rio y erético. Es indudable que hay hombre~ en el Ecua­dor tocados de e e e píritu · pero e os hombre· no tienen con quién hablar, lo que exacerba su coraje y los hace á modo de hidrófobo. á quienes la conciencia pública ana­tematiza y oprobia. Ho tilizado por e tas influen ia , el e ca o liberalismo del ur clel auca e candente y amargo. Con iguiente­mente la vida política en Pasto e de agre. iones é in opor­table: e ta e la razón del fanatismo político que . e nota en aquella región de olombia. P or último y para dejar en el tintero mil relacione · de egundo orden que exi ·ten entre Pa. to y Quito, la cues­tión aristocrática, que en la cuna de Atahualpa florece cial hace amable la vida dé los humildes y bella la de lo. poderosos. Aquí no hay aristocracia sino f.elección so ial, y por eso la costumbres son au teras para los de arriba y dignificadoras para los de abajo. En e ta ondiciones Jo que se creen nobles por la gracia del Rey, languide':en como flores de invierno entre lo muros agrietado y ver­dosos de sus caserones, y de EU e tiramiento y pedantería se ríe el público con risa más que burle ·ca, compa iva. En Pasto hay ari tocracia de sancrre azul, tan celosa de ·u ejecutorias, que cada cual se cree más noble que sus primos y e desdeñan unos á otros; de modo que viven re­ducidos al aislamiento más desolador y degenerante. Desde el río Chota, con el cambio de pai aje hay cambio de gentes. 1 Sur, la numero a familia de los nevado· agrupada alrededor del viejo himborazo, en cuyas faldas, acaso tan hermo a como sus plateada, um­bres, vi,·en el indio humilde y el blanco orgullo o , epara­do por una barrera infranqueable de odio - y crueldad al Norte, los cuenco . e estrechan y la cl1 pide :.e depri­men, dejando lo magnífico por lo n ·ucño, para dar ábrigo á una condensada población mestiza, robusta, altiva de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVI 1A ILU TRADA faz bonachona y fran a. '1 viajero s imagina que anda por nuestro Va1le ele T nza y e inclina sobre u cabalga­dura para acari i~r á la airo a campe ina que pa ·a á u lado in decirle bendito. En el fondo de uno de e as cuenco , empradizado de pa to. fre co y embrado de ca ita· y capilla rurale á la orilla de un río límpido y bullicio o, en plano ligeramente in linarlo ti trazada en cuadro regular la ciudad de Pasto á 2,5 77 m~tro sobre el nivel dd mar ( r ). La ciudad parece tener de 10 ooo á 12,ooo habitante ·, á juzgar por el número de su edificio , en gran parte de lo · pi ·o y no por la concurrencia de gente por las al le· enyerbada· por el po"'o tránsito. La a u ·encía de pintura en puerta: v ~ntana · de de abrid o austo e. tético y el co­lor blanco monótono de la. parede le imprimen al pobla­do el a pecto de una ciudad de yeso 1 rofundament tri. te, á lo que contribuyen los trajes enlutados de las eñoras la mantilla ha ta las narices, las ruana· negra~· y larga· de l · arte ·ano· la capas de esclavina de los caballeros y el as­pecto encogido de todo· lo habitant . Parece que hi iera frío i nten. o, aunque la temperatura es dulcí ima, de 14 ° centígrado , por término medio. La bolsiconas (mujere del pueble,), robu ta y fr cachona usan un cúmulo de envoltorio. ele bay ta de colore· rebozo, mantilla, ltanaco, macana pañuelos 1 s da y mucha. enagua también de bay ta. olorada que dejan v r por su· rued en alarcl ele lujo. E ta nota popular, de olorines atempera en mu- ·ho 1 aspc to lúgubre de la ciudad . 1 pueblo ome bien. Las o e ha on tan uelen perd r · n lo· granero . A pe ·ar de lo malí im . amín d 1 au él y del ar hi , Pa ·to e. la de pen a de su· ve in o . E ·te biene tar ha formado rique­za relativa bien di tóbuída: n Pasto no hay mi eria. Una empresa inteligent u nta ·iempr allí con oferta de api­ta1. La buena nutrición qu la tierrn. ofrece pródiga ha for­mado una raza vigoro a altiva y apta para la ci\·iliza ión. Las mujere ·on hermo ·a· con agradí. imas á u debere · lo hombre ·on laborío o· fuerte ·, valiente· y de tal nto. i vor jado lo· hijo lel Sur del omercio fácil con el mundo por barrera: asi inexpugnable:, n han permane i­do e tacionari · ·ino en su p:icolocría trascendental de - arrollo que adquirirán oportunament , mu ·ho tiempo de.­pués de que lo · endero se onviert1.n en camino: amplio· y rápido ; porque la. idea , como e. encía Yolitile , ·on m á· clifícile de tra. port:u que ]a máquina·. La capacidad de e ·e puebl a u ·a orgullo: imposibilitado para importar, lo ha reado todo d moclo de ba. tar e á sí mi ·mo. La ma­nufactura pastu a, elaborada á puls y e n uten ilio rudi­mentarios, admira por . u calidad y bajo precio. J ,a maqui­naria rú tica ero ingenio ·a qu' se o. erva en lo tallere , e un docum nto so iológico digno le e tudio e pecial, que habla muy alto del talento práctico de lo· pastu. o . Todavía :e con ·erva n Pa to una impr nta de madera, onstruída por l . gu ·tín Ramírez fundador allí del arte tip gráfico para s~ltisfa er lo onteniclos anhelo· progre­si: ta · el e. e pueblo. . . ~'·\ 'TO. Tc11:plo d_c Caf!udlinos.-llacw el .riente ck:l te~11ph ~e halla el convento d lo-. religio~o!> d., y ?tr~. e calando montana. e car~adas para ~apr corpulenta: maderas. Es ele notar:e c¡uc en e) :ur de ]a Hcpública todo. lo. edtficw pub~I.co e hacen .co1_1 foncl? e yectale · del pat · y con el tr~baJO personal de pobres y ri os. El extraordinario entu ia ·mo rue ~? n la con. t~UCC!On de~ te edl~CIO er~ )~ puado P?r el empeño le reahzar, por medio de mi ionc. permanente y científica ' la civi­! Jzacwn ele las nacwne n.lvajes del Cac¡ueta, 1dea que ya ha comenzado á realizar e. Tiene Pasto arios edificios público , 'a a on i torial, 'olegio a. adémic() eminario, Ho. pi tal elegantemente montado .y abundancia de igle ia de buena fábri a. El inte­rior de é tas e de ·arrapado y ·ombrío, co ·a que no ·e a.vit:ne ~ati fa toriamente con el gu to e tético y la religio­~! dacl 1ncera ele lo pa tu o , de fama notoria. a tierra de Jo contorno. on fértiles y lo habitan­en agran á u ultivo. Todo allí e. abundante y ba- ( I) bscrvación hecha en la plaza ma) or, el clía J(.l de Enero de 1898. n ferrocarril al litoral según el aLío proyecto Julio Thoma , y una carret ra á Popayán · r:ían no ~ó lo vínculo ociológico con el l..._cuaclor ino órgano ele grande alcance onómico para enriquec r ha ta la opulencia la región del ur. La 35 l gua ele camino ·uave con truída re­cientemente entre Túquerre. y Barba oa han cau ado una benéfica revolu ión en el comercio de la terra ecua­toriana, que ante ólo ontaba on el ·panto o é incon­men urable camino de Rabahoyo. .J. te al través de nue­tro territorio e la úni a ba e po itiva ele la onfederación del Pacífico, con que tánto e sueña en el Ecuador; pero Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA 1 LUSTRA DA IJJ conviene á la grandeza futura de nuestra nacionaliclacl que ese vínculo político y económico ea de hierro y que traiga su último. remache ha~ta Popayán, cuna d Pró eres, donde la Patria se ama más que la ,-ida. Hac cuatro años Bocrotá. e Y:intió maravitlaLJa y quién abe si en el fondo de b conciencia humillada ante una exposición de productos del . ur, que lle\'Ó á cabo con mil diticultade el ·incero admirador de Pasto y gran patriota señor Rufino Gutiérrez. Llamaron la atención los curtim­bres, lo. tejido;)_ las paciente obras de mano; la alidad de la. bra. de zapatería ebani ·tería y talab:utería, com­probaron la cli5posición y 1 bJJen u:to pé!stusos <.n artes y causó admiración por la milé:ima yez el modo sui gélleris como aplican en Pa:to el barniz de 'opa!. La guerra de 1895 cortó de un solo tajo las con:;ecuencias indu tria le· de esa bella e ·posición, q·ue, con todo, le dijo al paí : e: Hé aquí el pueblo má: inteligente que hay en ColombiJ." R - petimo.· ste elogio rner ciclo· pero 1 )ios (}lliera que ello no ea cau ·a ele que la pedantería neutrali e ó haga in oporta­ble el verdadero mérito. ~I edrado quedaría el puel lo pa - tuso i: á lo: defectos que la topografía y su influencia fatal le imponen, agregara l ele la pedantería ri<.lículc.! La sangre indígena le ha cornuni ·ado á lo: pa:tuso.­esa habilidad para la: artes de paciencia que r conoce en ellos el Yiajero. Si no fuera lugar común, sería el ca ·o d onfrontar las aficiones de lo:l pa ·tu os con l genio af mi­nado de l · orientale , para ui11ini. trar un elato más á los que creen en el par"en lesco asi.álico de la · razas ameri a na . El arte en Pa to. o:no en Quito adolece ele la enferme­dad del olor abigarrado y del comen ionali ·mo atrofian­te, e:peci ele paut<1 qu oprime martiriza y leforma como 1 zapato chino, la más indómita de la enerrría del alma, la pa~ión p•)r lo l)ello. El gusto pastuso s prolijo en leli­cadezas de detalle de armonía cho ante y fatigo. a. Para cont mplar un cuadro, un mueble un a lm·no ó una manu­factura ¡Ja. tu. a en tocla · sus microscópicas d licadezas e pre i. o tener un grande ac:< pio de fuerza analíti a, sin la ual lo que se \-e e~ una masa caótica de tinte billones y conjunto neutro. \sí, también es prolijo el genio d los pa. tu o . . En ada palabra de su com·cr. ación ei10r que reprende á su: ,·ien·o., ó con más propiec!Jd, en el ele un (J"eneral a ostumbrado á mandar oldade>: y s r obedeci­do iegamente. i tuviéramo. el comprometimiE>nto de c:- ribir la historia de la 'onven ión, mani~ strtríamos :us . ufrimientos y . u onducta en el período má: críti o de 'o­lombia; presentaríamos la historia de las pertidia el la.­bajezas ele la corrupc1on : y de la traición. Ba ·te, pues ft r.ue:tro ohj to saber qu dividida la 'onvención en tre: partido. proporcionó :í Bolívar lo. me lios de ridiculizarla y anularla ompletamente. Los 1 artidario clei poder abso­lut aungu po os en número, e:taban 1 rotegi lo.- por el gobierno " apoyaban u pret nsiones en el legajo de pape­les en\'iados á la 'onvención con el cará ·ter de expre. ión libre lel pueblo. Lo buenos amantes de :u patria, despro­Yi. to. de a¡ oyo, per:eguido. y amenazado:, re !amaban en \-ano Jo.- principio: de la justicia y de la razón. Lo: hom­Lres tímidos, aun4ue dotados ele probiclad, ó dudaban de hucna fe Jo: verdadero de ·ignio: de Bolívar, ó temían con­tri! uír á irritarlo. En tales circunstancia ·, lo primero. di­rigido. por Ca:tillo. pre. entaron fuera ele tiempo un proyec- ( 1) Los historiadores de la revolución de Francia, hablando del abate Sieye. y de D?~aparte, dicen, que e de te tahan recíprocamente; pero que e reconc11laron cuando é te tramaha el plan de demoler la Con titución y el Directorio y u urpar ·e la autoridad pública á lo cual cooperó ·¡' yes eficazmente. a~tillo y Bolívar no se han e tima­do, ni menos estrechado confidencialmente, ino cuando Bolí ar tuyo necesidad de aquél para hacerle la gt1erraá la 'onvención, y Ca tillo del poder de Bolívar para ocupar el lugar de antander. a:tillo ha pa ado por hombre ·inceramente amigo ele la· leye y ele la libertad e ·, y en tal concepto lo opu ieron á ·antander cuando e ventilaba la cuc · tióJ ele las eleccione con titu~ionales de Pre idente y Vicepresidente. El tiempo ha de ·cubierto que hay hombres enemigos del ele poti. m o, por­que ellos no on los 1ue lo ejercen, y qt:e le hacen la gt!erra á Lodo gobierno en que no tengan poc!er ó influjo. (2) El primer me de re idencia en Ocaña no recibieron lo Dipu­t: Hlos liberale la_ carta. que por el correo le e cribieron u familia. ; pero í recibieron la· u ya lo Diputados amigo · de la idea· ele Bolí­var. La correspondencia de Santander fue violada y Jl vada á los ar-chi\' OS ecreto · de aquél. llí exi ·ten do. carta. priva las, remitida por ·artag na y :\larac~ibo, á un amigo suyo residente en lo · Est~do~ Un idos del :'\"o rte. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 134 REVISTA ILUSTRADA to d~ Constitución capcioso, en que se erigía un poder exorbitante en la República con menoscabo de las li­bertades de la N ación y de las garantías individuales, el cual debía conferirse á Bolívar. En este proyecto, obra toda de Castillo para compararse con Bolívar, se quiso reunir en su gobierno toda la fuerza, que sólo puede dársele á costa de la libertad del pueblo y de la de los individuos. Al Pre­sidente de la República se le concedían más amplias fa­cultades que la que después del r8 brumario se dieron Bonaparte en calidad de primer Cónsul ( r ). La Convención estaba cabalmente discutiendo el proyecto que le había pre­sentado una comisión de _u seno, el cual contenía principios de una libertad nacionai, y los más exactos límites de los po­deres púhlicos. La introducción extemporánea del de los diputados sostenedores de un despotismo organizado produ­jo discusiones acaloradas. Obs erva~on ellos que no les era posible arrancar de la mayoría de la Asamblea la sanción de tan absurdo proyecto, deliberaron en sec:reto desertarse de 1-t.;; sesiones, é incorporar el número legal de diputad"o · que se requería para formar cuerpo. Por este modo raro de disolver una Asamblea ahorraron á Bolívar el trabajo de que en Colombia se repitiese la escena de la violenta diso­lución del consejo de los quinientos, y sancionaron el anár­quico principio de qut: la minoría puede desconocer las re­flexiones de la mayoría. Desertaron, en efecto, de la Con­vención, y de Ocaña los mencionados diputados desobe­deciendo á la autoridad de la representación nacional, bur ­lándose de sus providencias, y dirigiénctole amargas diatri­bas contra los diputado:::. liberale--, y parti ularmente cuntra antander ( 2 ). Tánta osadía no in di aba otra cosa sino la se­guridad de ser aprobada y recomp n ·ada debidamente. • ntretanto que la Conven ·ión caminaba á su muerte, Bolívar de ·de Bucaramanga di ponía la decisiva jornada del 13 de Junio en la mi. ma capital de la República. Al efecto e cribió confiden ialmente á Urdaneta, Mini ·tru de la Guerra, lamentándo:e de que la Convención iba á om­pletar la ruina de Colombia n cir un ·tancia. ele que lo e - pañole e prep~raban en Cuba 1 ara invadirla por las o·­ta ctel tlántico, lo peruano: por lo. departamento· del Sur, y anunciándole que yá no le quedaba otro partido que t:l de dimitir la autoridad y aband0nar el país, á no ·er que lo pueblo recurrie en al arbitrio extraordinario de confiarle la dictadura. Esto era decir lo que debía hacer e. La arta de Bolívar anduvo de mano en mano, exalt6 los állimos de lo sa~élites del despoti. mo, que yá :e figuraban en poder de la leye:;, y produjo el pensamiento de reunir una junta general. e e. parcieron al punto comisionados para obli­gar á los pueblos á con urrír á ella, se con ·idó á la auto­ridade , e fijaron proclamas la timosas acerca de la ucrte <.le Colombia in Bolívar, s trajeron los cuerpos de milicia de los Jugare. inmediato , se acuartelaron la:; tropas de llnea y se les dieron municiones, sin duda para que no se violen­tase la voluntad de la futura Asamblea. El 13 de Junio s~ verificó e ta deseada reunión : los promotore de la dicta­dura tuvieron la palabra y la emplearon en adular baja­mente i Bolívar, en denigrar á la Convención é insultar á lJs que tuvieron la alentía de defender las leyes constitu­cionales, y decretaron por último desobedecer la autoridad de la Convención y entregar á Bolívar el poder supremo, sin límite. ni rectificación alguna. E te acto, acordado en una reunión prohibida p::>r el decreto de conspiradores, y ( I) Ca ·tillo ofreció en la Convención, en tono amenazante, qu pu­blicaría u proyecto de Con titución para que el pueblo colombiano y todos lo hombre amante. de la libertad, hiciesenju ticia ú su princi­pios. Un año ha tran currido, y no ha aparecido la tan prometida publi cación. ¿Qué e puede inferir de e ·to? ecída e. (z) De. eamos honrar los nombres de estos de ignaclo con ignán­dolos aquí. Jo é M a ría del Castillo, General Pedro Briceño Méndez, Franci co Aranda, Juan de Franci co Martín, General José Ucró_, Jo é aldivie. o, i\liguel María Pumar, Rafael Hermoso, Joaquín (;ory, Jo é Avilé , Franci co l\lontúfar, Comandante, Pahlo Merino, Martín Santiago Zeaza, lo 'Clérigos • na ·ta io García de Fría , Orellana, Villavicencio, Bru ·ual, Grimont y do otro quiteño. cuyo nombre hemo olvidado. De e tos diputado uno e de Caracas, otro de Bo-otá, do. de Harinas, do · de ·u maná, tre: de Cartagena, y todo lo · JLm:Ís de Quito, Cuenca y Cuayaquil. 5-t diputad s quedaron. dirigido á destruír el orden público, que dicho decreto quiso conservar, y precaver contra cualquiera conspiración, fue aplaudido y aprobado primero por el Consejo de Gobierno, y en seguida por el mismo Bolívar, que se humilló delante del voto nacional, ofreció ha er el sa rificio de su tranqui­lidad á los deseos del pueblo . oberano, tributó grandes elo­gios á los autores del acta, llamá ndolos libertadores de la patria. Hasta aquí no había más acto que el de Bogotá, y sin embargo en el oficio que Bolívar contestó al Intendente lo calificó de voluntad nacional, de voto del pueblo de Co­lombia, y de precepto del soberano. probada y aplaudi­da el acta de Bogotá por el Presidente, clebió contagiar á todos los demás pueblos, y, en efecto uce ivamente y á la par que les iba llegando el impre o que la contenía un , p::>r la fuerza, otros de miedo, alguno de buena fe, y mu­chos sin saber lo que firmaban, adhirieron á los votos de la capital revistiendo á Bolívar de la má ilimitada autori­dad. Él voló de Bucararnanga á Bogotá, a'Í que supo que la Convención iba á disolver ·e, y entró en la capital el 24 de Junio, por entre Circos triunfales, protestando como siem­pre que se encargaba con repugnancia de la suprema Ma­gistratura, y prometiendo lo de ostumbre, obedecer al pueblo que e el ·oberano, respetar lo · derecho:-; y de\ olver el poder cuando Col nnbia e lo ordenase. Sentado yá Bolívar on má · eguridad n la ' illa d 1 po­der upremo absoluto por la voluntad del pu blo ( r) ¡ue le exigía el sar::rifi io de gob rnarlo sin ~u placer, quedó n plena lilJertad de vengar:e ele cuantos le eran contrar;os en opinion mguno tanto orno Santander debió con­cebir más temores ele la autoridad c:le Bolí ar. Ha:ta en ­ton es había sido 1 blan o de su, per ·ecu ·iones y dt: su encono, y taba además amenazado en un decr to expe­dido n Bu aramanga. lo principio: del m •s de 1arzo de r828 hubo un mo,·imiento popular n lartarrena, diri­gido á ont ner cierta p rseru ione · contra 1 s ami s el la Conven 'ÍÓn y de la: ley s, suce ·o que justa. ó injustjándole con in ero en tu ·ia m o. E:to · pueblo digno or ci rto de me­jor uerte, que habían oído todas las alurnnias e. par ida contra Santander, qu ·abían que Bolí­var le profesaba una n mi. tad rencorosa, y que lo veían ll gar sin edecanes, sin e colta , y yi con una repre. enta 1ón 3gonizan­te ( 1 ), no reh u a ron tril utarle los homenajes voluntari s del resp - to y de la e timación aunqu acompañados de triste: lamento por la malhadada ·u rte á que estaban reducido . Pru ba. eran éstas que debían hacer conocer al que las recibía, que la ración todavía le estimaba, y á Bolívar, que todas su. preten ione · no ha­bían podido borrar de lo corazo­nes colombianos la gratitud y a fe - to debidos á un antiguo y iempre leal servidor de u Patria. Por fin llegó Santander á Bogotá el 2 5 de Agosto, y Bolívar tuvo el di gu to de saber que la ciudad entera, CÚC T_ . Parque de !:cLntana~r.-nermo a e tatua de tamaño heroico, levantada sobre un tlegante pede tal de granito rojo en el centro de la plaza principal de Cúcuta. e erigjó en el año de 1894, para conmemorar el centenano del " Hombre de la Leyes," nacido en el l o ario de úcuta. Fue ejecutada en lemania, y. u co to cubierto por ubvención pública, á la cual contribuyó el Concejo Municipal con 6,ooo pe o . (I) Antes de alir antancler de Bogotá, Bolímr le ¡uitó ·u edecanes; pero el General eró , también Diputado á la onvención, conservó el suyo, y lo con ervó también el General Córdoba, e tanclo en juicio por el delito de homicidio. Bolívar ha introducido hace diez años la co tumbre de que lo pueblo lo reciban con arco triunfale. , cohetes, repiques de campanas, comitiva , con ite y mú ·ica, y al efecto envía por delante un men ajero con el corre pondiente itinera­rio. Aunque no haya triunfado, debe haber arco · triunfale , y donde no hay tiempo de }eyantarlo , el ura y lo Alcalde son regañados públicamente, y maltratado . E pa. aje ucedido en la parroquia dt la Florida el año de J8_8. ho pue. había de er reemplazado por el placer de des­pojarlo de la Vicepre idencia de olombia, que el pue­blo colombiano le había conferido por dos veces seguidas, cuando estaba en plena posesión de sus libertades. El de­creto orgáni o de Bolívar, expedido el 27 de Agosto, decla· ( 1) El mi ·m o a tillo, el en eral U rdaneta, el canónigo predi-cador, alguno de lo iputado de ertados de Ocaña, y otros del partido triunfante tuvieron la bondad de vi itar á antander. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA ró implícitamente ión de 182 r, y por .on iguiente la Vi presiden ·ia d 1 E ·taclo, y creó en su lu­. gar un Pre id ente del 'on ejo de 'Mini. tros ( 1 ), á cuyo des­tino fue elevad el e r tario de Ha ienda a tillo de quién tánta vece hemo: tenid la pre i ión de hablar. tro triunfo e preparaba á antander má sólido y honro o en m"'di del aniquilamiento de unas institucione que por iete años habían ido la regla y aun la gloria d la fatria ·, y bajo cuyas ruinas habían quedado envuelto. u • más celo ·o defen ore·. En rez del juicio con que Jo haqían amenazado l decreto de Bucaramanga, y los ca­lumniador · de su admini ·tración, en lugar de una preví­den ia dictada p r la nece idad de un a tigo de que tánt habían hablado lo. partidario~ del al> oluti mo, el nuev obierno le nombró n término· :1.ti factorio Mini ·tro plepipotenciario cerca d Jos E ·tados nido de la méri- ·a del N ort . Y á no era perturbador d l orden público como lo habían pintado :u· enemig s · yá no e taba man­chado con todo · lo · rímene · que el e:píritu de partido y de rivalidad le habían imputado; yá no era defraudador de lo audales lel empré tito. o atr viéndo~e Bolívar á ultrajar la opinión pública ha ta l extr mo de ometer una violencia contra antancler, y temiend su permanencia en olombia, tomó el partido m á. dec nt 1 d alejarlo uel teatro el opera ion s 1 r medio de un h nro:o de ·ti erro. antander per..,uaclido ele que su lega i 'n á un paí: eminen­temente libre no p día convertirlo en in trum nto le la: preten iones de Bolívar y de qu < ual1uiera gobierno de he ho debe :er obed cido, a eptó la omisión, y s pre­par) á aban erá á habl.lr de libertad bajo la Di tadura?" E Yadad que en el nuevo rérri;men debía fig:.trar un 'onsejo de E tado que sirviera al Pre ic.lente de con ·ultor en l . negocio de la Admini ·tra-ión; pero en e ·te uerpo debía hallar ·e al lado de lo M o.­qu "ra: Baralt ·y "u va· una mayoría con ·iderable compue.­ta 1. ' públicas libertad e·. El nuevo Gobierno no quería patriota antiguo y lea le ni empleados íntegro · é inteligente·, sino hombres con agrados al ervicio de la persona que gober­naba, y que le obedecieran in examen ni duda. De e ta manera un on ejo de E tado compue to de zo ó 25 miem­bro , y semejante al enado de lo Cé ares porque Tiberio, a1ígula y Nerón también tuvieron on. ejo , e te cuerpo nombrado por el mi mo Jefe del ,-obierno: reemplazó á cien miembros de la ámara Legi.lativa nombrado libremen-te por el pueblo. n reglamento de 40 artículo de ~inauo á exigir de los ciudadano nue·•o: clebere hacia lo. nue-o magi trado y á di minuírle su. uerecho ·, fue su. tituí­do á una on ·titución qu , aunque imperfecta., era la ley fundamental de 'olombia y contenía los m5 no prin i­pio de libertad y muy conocida garantía:. Intendentes, Gobernadore y empl ado: del artido enemigo de la liber­tad ocuparon el lugar de los que lo habían merer ido por ·u servicio á la cau a d la Patria. 1 odo se reformó en ·bien de Colombia, egún el1enguaj d 1 obierno. Parecía que 18 año ele ·acrificios en una larga y le a ·tro a gue>rra no habían tenido otro objeto que arrojar á los e pañol e del paí y ·ambiar de eñor . . el adena . E ta tan de-antada r forma fue ·elebrada en Bogotá con regocijo. y fie .tas pública di ·pu ·ta por or<.le>n le Bolí ar no con otro fin á nu ~tro moclo de ,. r, JUe e n el de apartar la vi ·ta de lo: olombianos 1 lo!l nue"<'S arreglo: político., que lo. privaban ele su· ltre ho::-,. Un arbitrio tan vi jo en la historia de las eman ·ipa iones n podía escaparse al Jefe de Col mbia en la pre ente oca ión. ¿ uién ignora yá r¡ue Peri 1 : en lo: má · r'::motos tie, 1po entr tuvo á lo atenien es on juego: espectá ul di ertido ·para ]Ut no p rcibie. en el pe.:o de u autoridad, ni echa n m no :us antiguas libertades? y qu para no darle: ti mpo de :en­tirio y reclamarlo apeló á la gu rra l'mo el mej r m dio el uar á u poder 1 influjo ele la fu r;.~a ele las arma y del pre tigi d la i toria? La: ref< rma. d" BolÍ\·a.r no podían n eno: qu derra­mar el de. content y Í rmentar las :emilla de la in urre - ión. E-ra impo. ible que la . orricla le tor s la ome-dia., lo pa adie e: y lo demá: juego· de ·u rte hi ie. en olvidar á los lombiano. la pérdida el la 'on titu ión ni que gemían bajo un poder quizá m:í: férreo que el de lo. penin. ulare:. '1 oc.lo murrnuraban aunqu n e ret ; t d · temían una r.:onmoc1ón meno · lo. individuo el 1 (; bierno, que estimaban o m :in cera: ftí. iones del co­razón lo: a to. qu ·ólo eran hijo de órdene: uperior el 1 temor ó de la modera ión. e lombia estaba gob rnacla por un poder ilimitad ' gue onvirtió n crímenes las ac-ione. que siquiera pudieran indicar d :agrado, y qu cual otro :eñor de Turquía pocHa disponer libremente de la vida y de l:t ·eguríclad el lo · lombianos. En tales cir­cun ·tan ·;a. un puñado de jó,·ene in ·on:i 1 .rados, auxilia­do · por al o-uno. militare·, emprendieron de:truír t régi ­men tiránico y re. tal> lec r la 'onstitución de 1 21. .ntu­sia: mado on la: ac i ne elebracla · d Harmodio, Peló­pida · y Bruto, qui:1eron imitarlo:, y aunque no le falta re ·nlución para .. Jlo su d srrracia le. priv' de re ger igua ­l s frutos. F~l 25 dt', epliembre stalló una re,·olu ión en . la mi ma apital que el lúerno logró r primir, meno. por la aga idad y valor de us defen. ores que por la pre-ipitación é in. uficiente. medida. ele lo conjurado.. o era mene ·ter tánto para que tocla la rabia de Bolívar se dirigie e contra antancler. Hay un mov!miénto contrario al nuevo régim n: luego :1.ntander e u autor ó cóm­plice, fue la consecuencia que el dujo el Gobierno: sin otro antecedente. I nmediata.mente fue arr stado, privado de comunica ión y ntregado á la ustodia de aquel mism roftom agente de la far a en la quinta de la áez. Bolí­var mi mo e 'aminó á ·u riado. y le ofre ió la libertad y les amenazó de ·pué· i no de !araban que 'antander tenía parte en l ronjura ión. A Zuláibar, uno de lo con - piradore , le prometió también Bolívar templar la ·everidad de la pena ·i declaraba uil era la ompli iclad de aquél. ( Continuar.í ) . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA EL MAGDALENA En el seno de tus aguas habita un dios poderoso y triste ... I ¡Oh rey de las florestas que como manto rubio En el revuelto légamo explayas tu corriente! Te adoraría el Indus y te ensalzara el Nubio Si tus ondas bulleran bajo su sol ardiente. Si en tus aguas no abreva simb ' lico elefante, A ti en serenas noches viene el jaguar sombrío, Y meces sus pupilas y el cielo rutilante Donde los astros tiemblan cual si tuviesen frío. El baobad gigante no cr ce en tus riberas, Mas ¿quién ha profanado tus druídicos altares? ¿Quién comparó á las tuyas las índicas palmeras Y quién midió los troncos de ceibas seculares? Tú elevas la corriente como sagrado Nilo, Y bajo el sol qu abrasa la sangre de los blancos, Teósofo sin Vedas, tu verde cocodrilo Sueña en eterios mundos desde arenosos bancos. El Ganges tiene el loto de mística ambrosía, Cual copa de alabastro que em 'rge d 1 a,bismo, Donde se posa el ibis al desp rtar el día Y sconde el brahmín sueño. de amable pant ísmo; Por ti derrama el cámbulo sus cálices de fuego, Y de remota orilla te ofrenda el turbio Cauca Nenúfares bruñidos, que tu corriente luégo epufta del céano bajo la onda glauca. Por cima del nervudo nogal de tus orillas Los guacamayos Janz.an us atronantcs gritos, Y van en giro vario mientras silente brillas Augusto ante las aves de tus antiguos ritos. Tus dioses de arenisca rodaron de sus aras; Enmudeció el santuario del Andaquí. Maleza Brotó sus tristes flores en él; y las ignaras Deidades con su manto cubrió Naturalez.a. Dibujo de Gaston Lelarge. 137 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA En el ribazo duerme la imagen del misterio Que con verdor sin brillo .decoran los espartos; Divide con los dioses el crótalo su imperio Y en el divino buho se asilan los lagartos. Despareció la raza de lisa cabellera Que te rendía culto como á su dios penate, Y en vez de los sonidos de fúnebre castruera Escuchas el mugido del monstruo que te abate. Mas pasa igual á sombra el barco por tu lomo Y al punto recuperas la majestad callada; Te agitas libre y bello pues no se advierte cómo Pudieras ser esclavo de nadie, ni de nada. Yo te amo porque adoras la libertad sin lindes Y tienes la belleza salvaje de la vida, Porque bajo las ramas de tus inmensos dindes Sopla un hálito fresco que á reposar convida. Porque eres de la patria la imagen. (Triste sombra No vuelvas á mi mente de acariciarte lacia, Y déjame tranquilo pisar húmida alfombra Por donde el río indómito su pesadumbre espacia). li En vano holló tus montes ¡oh grave Magdalena! El español sediento del mítico Dorado, Que el numen dt: tus aguas rindiólos en la arena Ante los áur o discos del cielo constelado. Peligros domeñaron en bu ca de Dabeiba, Desde los hondos valles hasta la bronca cima; Huyendo de los tigr s trepaban á la ceiba Y requ ~;> mÓ sus carn s el \'enen so clima. Tal vez contra los pí amos h ricios por el rayo En cuyos troncos pos· el águila bravía, Doblóse 1 firme ac ro d 1 hijo de P la ' O Mientras Z uh ' berbio Jos ciel ascendía. Mas no cejaron nunca los bravos ampeonts, Y de las torvas sierras en plácida mañana Los vio bajar 1 mui ca._. lo mútilos pendones Con ritmo agita el aire util de la sabana. Pi faban los corcel s, ) sus macizos cascos Estr mecer hacían la ti rra n h llanura; Al r aquellos mon ruos, asilo en los peñascos Buscó l s lvaje, opr so de lí id pa ura. Su jefe e!; 1 letrado Jiménez de Quesada, Quien al mirar el valle de spig--s florecido, Los cármenes recuerda d la feliz ranada Que surge en su memoria, sin hucl-l.as d ... l olvido. Todo rodó á los golpes de la barbarie nueva: :::>uamox con sus deidades; los pueblos y sus ley s; Hasta el sepulcro hondísimo del viejo enquetheva Llegó tenaz la pica á profanar sus reyes. Y sólo un dios dejaron sobre u altar inmenso: Al Sol no llegó el brazo de Ampudia.. y de Valverde; Tu padre es él ¡oh río! tu niebla es el incienso Que sube á sus alturas y en la e.·teRsión se pierd Zuhé, cual dios antiguo sobre la arena traza Los surcos en que ruedan los fieros castellanos, Y de su trono excelso, para ven0 ar su raza El rayo envió que cría la fiebre en los pantanos. III En los podridos mangles de la reseca playa Reposa la tortuga cual hongo amarillento, Y el iris de sus plumas en el azul explaya El guacamayo ansioso del óscul del iento. En los gladíolos mórbidos que tu corriente Ilev Descansan los alciones de tremulante vuelo, Y como flor de nie e que por lo azul navega La garza corta el aire del anchuroso cielo .. _ Exhalan las vainillas aroma penetrante; Escóndese la turba de pécaris, esquiva, Y es raso con reflejos de nácar y diamante La leve mariposa que en las orquídeas liba. El almendrón desgrana sus nueces. Los diomates Y nazarenos cercan los grumos de caobos; El payandés ostenta sus palideces mates Y el matapalo -chupa la sangre de los hobos. El pensamiento tiene la pesadez del boa, Un hálito de fuego la voluntad abruma; Los párpados se cierran .. _ Erguido en la canoa El negro ve cuál huyen los círculos de spuma. Tu cielo es un cimborio debla 1clas claridades, Azul casto y ftuído donde tu dios domina, Y con reflejos de ámbar tus verdes soledades Al declinar la tarde magnífico ilumina. IV Cuando en la noche agit 1 sus alas la tormenta Aquel santuario infunde terror del infinito, El alma se imagina qu':' pálido de afrenta Rodó Jehová del ara por Satanás proscrito. Las selvas se str mecen· ".tspira 1 hojarasca, De cárdenos fulgores matízanse las nub s; u látigo de sierp~ e grim la bot rasca ual otro dios que arroja u réprobo querub~ Inundas la campiña; colérico te exp. ndes; Pen tras n los bosqu s, arrasas el plantío Y atónitos adrntfan los hombres en los pdes fu ins ' Jita grandeza tu 'iejo poderío. ira en las ondas rápid.1s 1 coco::lril inert ., \' en ' l como piloto fatídico, va 1 cu rvo: Esquife que sombrean las alas d la muerte, ¡ .. 1 a do m ist rios d 1 pájaro protervo ! vec s arr bat de su cubil, artero, • 1 tigre qu dormía; de u rebaño al loro De puntiagudas astas y de mirar inc~.:ro, u ant pobló los bosqu s d su mugir sonoro; Parece qu . impetras , cuando lo turbios ojos Levanta, d~ us dioses la gracia de la vida; . las sólo ve en el cielo los lívidos manojos e rayos, y la selva del huracán mecida. Jamás reposo ncuentras. Un día la montaña Fue rota por los tumbos avaros de otros cauces, Y la ciudad ilustre de portentosa haz:.:tña, Triste durmió á la sombra de higu ras y de sauces. V Amas el heroísmo. Sobre la ingente roca Irgue sus torreones de vacilante almena Una ciudad que el mármol por la blancura evoca Y el mar Caribe arrulla con voces de sirena. Sus muros son un canto de cíclope y de Homero, Estrofas son sus piedras donde el dolor perdura, Que guardan los sonidos del atambor guerrero Y el llanto de las madres en días de amargura. Ilíon invenc~ble que coronó de yedras Y pámpanos salvajes el amoroso olvido, La mártir de las Indias suspira con las piedras Que hace rodar el viento del muro derruído. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVI TA ILU TRAD.A Trist elación in piran sus carcomidos bronces CJ<>,·ados l n la arena cual entin las mudos De tiempos inmortalc. . El alma sueña entonces En héro s el loriga que embrazan los escui!os. Con épica arrogancia detiende su castillo n Héctor. Los contra ·ios han roto la mu1alla; Los h ' re ·s el s -!Jera n; 1 vantan el rastrillo .... dónde vai 1 s grita don ~·e ncho-vd canalla? -: ef:01 ! el m uro toca la e cala del cor ario; P indióse 1llt!dia luna. Tan ·olo n csp ra ~Iorir ntn.:: la ruina ... a1 rojo tem rario, L cura que ro Ll nombre de gloria mere iera. -Callad dice don Sancl.o.-El puente 1 vadizo ue tiendan al pirata m;1s ante ,·uestro brazos Jlan de llevar adLna . . _ .. Entre los dedos hizo Vibrar la csp2cla. Luego la e< m irtió en ]Jeclaz s. ·u~tl péijc.uo marino que Ln noche tempc tuosa Con ojo· a ü ta bu co ptcclad humana Entre lo· hombres perlt o , y l n el nado posa \'a ruarda lntumlcido b luz ele la mañana· \ í, cual ¡,>roed aria bdsso en la fortaleza na mujer asilo. :u palidc7 divina 1·. reHcjo de an¡!ustia maternal. La trist za De ·ora su h-: rmo:-ura com ~util ncblin - \ 'alor! mi l>i n amado le die el noble espo o r\ 1 'cr que 1 t>Í n ti e · el ueño del 1 'aclizo puente Y con mirar eñudo pr,..:gúntale orgullo o: e C u:\1 t S L'i ·a, le J Ja no, ) clc"mde está S~l gen te?- Yo oy. i\li ,-ida e ,-uéstra, conté·talt! Jimeno; :\Inad! en acJut::l campo~ :;t;in lo defen ort-s 4ui..:nl's muerte amabl · recomp n ó. Sereno El úitimo ag--miza. :\Tirad ~i Jos tr,tidorcs; I ibujo de l icardo Moros. 139 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVI. T. IL U TRADA Y señaló en las bó,·eda el negr calabozo onde con fuerte hierre ·acía la Piesnada. C::llló don 'ancho altivo. 1 clámpago d rrozo, D orgullo de obcrbia cruzó por u mirada. - Vue tro valor s digno de un bra,·o caballero, Die 1 barón. dmiro tan loca bizarría; ¿Rompisteis vuestra spada? tomad mi propio acero; ue lo honre como al ,·ué trola hi pana' alentía! Esfúmase el pa ado. Tu sol potente río, Con hálito de fuego mi voluntad abruma.; Lo párpados se cierran .... el pen amiento n:í,> T finge dio crinado con diadema de puma. \fAX GRlLL Bogotá, Enero de 1898. if"., La RE\' 1 T\ lLLSrH,\D.\ se resc:·vael derecho de la repro­ducción. . 'OT .\. ' Tus diosi's dt' un·nisca rodaron d,· s11s aras. El ilu tre geógrafo Codnzzi dt.:!'lcrib~.c a~í el lugar donde e hallan por tierra lo ídolo á que e refieren los ' cr os antcriore : "Torciendo hacia el E., luégo de pa ado un arroyuelo, la senda conduce á una alta explanada ·n cuyo principio "e halló una especie de pilar de 11 decímetro ele altura, t:tlladu en forma de lechuza con In. ala· recogida. obre 1: cola .• \llí mi. mo estaba una piedra exágona de 6 elccímctros de alto y otro» tantos de diámetro, labrada con esm ro, que e de "upon r serviría ele ara ú altar para colocar ofrenda. 6 hacer sacrificio .. La kchuza, "íml10lo del mi terio, y acaso también d la sabiduría teológica, se encuentra si •mpre en las demás e<.,tacione<; de adoración, pero no Ctm la a titud simple que ahora la vemo., . ino teniendo una cukhra entre la.s ~arras y el pico." (Anti­güedaJe indígenas.-Rui11as dt' ·an A.t:n.rlln, descrita. y explicadas p r A. odazzi) . . e puede con ultar e'-tC pr ·cio»O e!-.crito en la C ografía del Toli­mo. por el doctor Felipe Pércz, donde figura como apl-ndtce. Parece que recientemente han . ido descubiertos alg~no::; otros ídolo. del mi:-.m adoratorio. Pm- er muy difkil paí gue las de la patria. l Iay muclw .... C»tudiante,.; que_ aben ¡.erfectamentc quién fue Ueucalión, \', ~·· é ignoran el orig n dd Salto del Tecluen­clama, conforme á la tracl1ción chibcha. Juzgo oportuno recordar a e¡ uí lo,., Thlm hres de la_ principales figura de la mitología de lo» nlllisca conform' á lus croni!->ta_ : El sol, de ignado con lo-, nombre-, de Bochica Zuhé y .:\'enque­theva, ocupaba el primer pue,..,to entre .... u_ dio-,es. La luna era adorada con el nombre de 'hia ó Tfuitaca · lhindniga"ua fue el creador del universo. En él estaba la luz. l >e e ta salieron un.1 aYes, semejantes f. cuervo» que lanzaban e ·ntella .. . \ í se hizo ·1 prim r día, eljit11 /ux ele lo» 'hil>chas. 'hía, que había ,¡do una mu-jer propaladora de mala" en-,cTianza,.;, contraria á la el •1 Hochicn fue por éste con vertida en lechuza, según opinaban algunos, y en co1 - ccpto d otros, trasladada al ctelo para que alumbrase de noche. Eno­jada. ,¡n duda, por los procedimientos de Bochica, conc rtó con Chib­chacun, di s de los agriculture., una terrible Yeng::mza. Para realizarla hizo de. bordar los ríu . 'opú y Tibitó, afluentes del Funza. I ,o· habi ­tante. de la .'abana tuvieron que refugiar!'le en la cumlne de los mon­te., y desde allí imploraron la ayuda tL Zuhé el cual bajó del icl con una vara de oro, que le _ irvió para golpear la roca. l ,a aguas se precipitaron por la hendidura abierta por el dio_. .\sí se formó el Tequcndama. Zuhé ca. tigó á 'hihchacun obligán­dolo á cargar la tierra. 'uando la pc>oadumhre del globo lo rendia, pa­saba. u carga ele un hombro á otro .. emcjante movimiento producía los temblores. n oso cubierto de una manta de algodón repr ·entaba á Fo, di - de lo pintores, de lo tejedores, de lo: borracho y de lo que e dedicaban á cortar mad •ra-.. 'u dio.., Término cra 'haquen, á quien ofr ndaban oro y pluma . . .'obre el arco iris se había pres ntado B chica á salvarlo de lo · efectos c](! la ven~anza de 'hia, por e. o lo adoraban con el nombre de 'ucha' ira y llevaban á la!-> grutas, sus santuario , esmeralda: y pepita: de oro. La má · ·imp:ítica de sus di­vinidade ~ra la dio. a Bauchc, mujer que había salido de la laguna de Jguaque. 'e la con_ üleral>a madre del género humano, y c. pecialmen­te protector~ de lo .... plantíos. },n :-;u altarc quem::Ll,~n re-,ina olo­r . a .. MAXIMILIANO GRILLO N <> creo llegada todada la épo a le hablar atinada­mente · br la obra de 'rillo ni me p:>rcce por­tuno qu un amigo ·u o Yenga á ha r fríament el análi­: 1.· m ~nudo d u orazón de 11 erebro. F.. a a .. tar a de lo. indifer nte.-. !Jara bu. ar la. partes flaca:; el 1 or ani.-­m no nos pon mo~ en mano.- de! médico amigo. El ariño puede hacerle ver maJe.- donde no lo hay. ó el interé. por nu :tra s"tlu l a onsejarle qu ·al! por tem r de atormen­tarn .·. La RE\'1:-.'1 A, por lo ¡ue. upongo, no pide un estu­dio críti o . •• ~ propon colo ar en la gal ría de los hom­bres que 1 .-in·el á la patria á uno que ha ·mpezado mu l>i n, muy temprano y que llegará muy adelante en 1 cul­ti\ ·o ele la: letras que ama cm gen rosa inteligencia y en lts senda. de la política por donde va pa. anclo sin tr piezo n estos días oscur .-. En la genera ión á q uc pertenece entre cuyo.· m1 m­hro: e:; tan fr cuente t par un los fatigado.· ó lo. e.-cépti ­cos es un nte de xcep ión. Los j . v n u e ·u dad y los que le 11 van poco: año-, de tánt amar y,:~ ·ari iar la· id<. a.· han acabado ó por tenerla· toda.- ó por :eutir d · onfianza de lb. ; ó han perdido la fe en la ficacia de la. en ·eñan­;~ a. <'Ít ntífica. ó e ·tán con encido de qu .-on conciliable. la.· ontradictoria . 'rillo e sin uidado. el éxito fá il y tal yez pa. aj ro el lo que han pue.-to la mira '11 conqui~tas má.- inmediata· y con erva intacta la fe n Uv id ale. po­lítico.-. Por má que tra. iega en 1 laberinto le la· doctri­na · que pretenden xpli ar el univer ·o, u ed no s apa i­gua y . igue iendo un apasionado. Tiene en la política entusia.-rno de lo· primeros año·. Por el art ombatiría denodadamente, orno .-i .-e tratara de defender lo. prin i-io filosófi o que le on má caro.-. Tien on e. o, un elemento de feli idad, y uno de lo. ·e retos del é 'lto. La vida carece 1 atractivo in ntu ia mo granel na pa­ión olamente puede hacerla . ignifi ativa ó amable. Lo.­que logran rear e una pa ión ó ultivar durante largo · año. un noble entu ia mo acaban por 1ominar á 1 . g nt s Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA ILUSTRADA , si son hombre. de acción. uando le dedican u vida al arte, acabarán obra mae tra si le ayuda el natural inge­nio. Ver á Grillo un día de e to · en arado con el proble­ma de organizar un partido· ver á una muchedumbre que le siga con alegría . in saber adónde la lleva, puede ser e;::,­pectáculo que no· tiene reservado la vida política del país. eguramente para lo que le conocemo · no erá una sor­pre a. La fe y lo entusiasmo inceros ·on enfermedades contagio a . Los que la tienen puede 1 trasmitirla fácil­mente y u ar á su talante de los contagiados. La hi toria de la literatura colombiana recogerá el nombre de Grillo no ·ólo por lo que ha ·ta hoy ha produ­cido, en lo cual hay página de belleza fresca y resplande­c: iente, ni por lo mucho bueno que ha de dar su certbro tan bien amueblado, ino también por la eficacia con que . e ha pue to iempre á cultivar el arte. si tía á la aula.- doc­torale y yá ll vaba la arga pesadí ima de redactar en Bogotá una revista literaria. Esa publicación le hizo e no-er en la R pública y le ganó admirad ore fuera del paí ·. Pocos son los aficionado á las letra que á la edad de Grillo pueden ufanar e de tántas y tan buena relacione omo él culti a mode tam nte. o quiero decir que tener-la ea prenda egura de verdadero mérito. E ta rela io­nes tan fácilmente e la forma el talento que se impon corn el entrem tido d la !.;;tras. La ne sita el trabaja­dor de intere ado para pr sperar u obra y on e te fin plau ible rillo la ha buscado. Lo que le e timan de de lejos no lo hacen á humo de paja . A la di tancia. on mú: fácilmente per eptible la sana ·ualidacles del intele to. La Rn,;i la Gris llena lugar pr fer nte de nue tros e:­tantes de libro para dar testimonio ele ·a buena voluntad que triunfa auxiliada por el ti mpo. on 1 Jac r tornamo · á revol\'er su página: para ver ómo ganan diariamente lo: qu allí hi ieron :us primeras arma ·. e ·panu el o-aoulario int~ncionaclü la frase viril y num<:r sa de Tirado .\[~~cías á medida que r asan lo: año . \: a.pa ion a de la.­idea., s::: la: a~imila y la: agrupa con arte y pro cho de­hajn 1 su pi um•l. Í( tor 1. L ndoño dio n .La Re7 i la Gris la:, priment: muestras ue lo mucho ¡u ha dado y ha de ciar ·u temperamento exclu. i amente po 'tico. E ·te vi­gor pictóri o en la e· ·ogen ia del adJetivo· e ta coinci­~ len ia urmonio. a ele la palabra on la imagen, en que le 1 :{Ualan po s ele los <1 u e hacen verso: en lengua ca. te­llana,. yá podían adivinarlo· quien s a:i. Lieron á :u prime­ros tnunfos. }) ' Crill hay qu 1 ir otro tanto. E: un placer ·omparar la: forma· ele :)U decir el enton · ·on la fras nervio a de . u · es ritos políticos. E:tá en hermo~o rlel'CIIir. anza :iempre y mejora ·en:iblemente. Tiene abierto el ·exto :entid á toda la. rnanife ·ta i nes del arte y d él poJríamo.- decir, omo diio Bourg t de í mi ·mo que ·en ti ría vergüenza ·i llegase i ·de. cubrir forma: de art que 1 fu ran e ·traña ·. Grillo la· ama toda:. I .a quiere ccn tan enero ·o en­tendimiento que por amor á ella ha recorrido en corto e - pacic de tiempo la. tr época. del talento crítico. TuYo sus horas de esparcimiento de. tructor n que cen.mró amar­gamente · los e tilo· ó las idea· que puanaban n su mo­mentáneo entido d l arte. E· la épo a de lacen ·ura. Tuvo los entu ia mo admirativo de la edad de transición· la época de la adrniracione má ó meno irreflexiva · por que todo hemos pa ·ado y en la cual e quedan alguno·. Ho e tá en el período de lcx comprensión que e el momento de la verdadera capacidad crítica. Comprende de manera tan intensa que viene á erle una voluptuosidad el enten­der. L:e desazona que no comprendan los demás, y 1 he­mos v1 to pontr ·e, con mucha piedad cristiana, á aclarar­les el concepto encillo de una páginas de Peter ltenberg á los inteligente de Bogotá. La poe ía de Grillo que hoy publica la RE 1 ·T me­re. ce ~o, cuidado que le ha prodigado el Director y con­tnbmra en grande e cala á en anchar la fama del poeta. En e ta poe ía e tá Grillo de cuerpo entero. Por toda la estrofas corre una pasión vehemente y incera. El Magda-lena es amado con vehemencia casi uper ticio. a. o e retórica fútil poner al cocodrilo en arrobamiento místico ·obre las playa · ardida· y nagosa del gran río. \ l tem-peramento poético e ·a impresión de mi. terio ·e le impon irremediablemente uando quiere ponerse en inmediato contacto con aqu lla naturaleza indómita. Por obre toda · ·u excelencia gu to en e ·te poema del abor moderní imo que le presta una manera de triste~a que ancla difundida por todo él y que no puedo expli ar ino diciendo que me par ce como i el poeta le tuYiese miedo á la vida. La poe ·ía que no ha amenazado on la muerte, la otra que ba o tentado de mil manera el amor á la vida la que ha pretendido en pro.;,a vil ó en pro a rimada en eñarnos el placer de vivir, toda. no: han fatigado un po o. Los poe­ta que han llegado últimament no podían ver la vida con lo· mi mo idrio curo con que no la hicieron ver á prin ipio del iglo · ni tienen la ingenuiuad que ~ e nece-ita para recomenuarno: ·on voz de plática dominical que no· pongamo contento . . nte la vid2. experimer.tan una impre ión vaga muy . emejante al t mor. La ciencia, la hi toria, la: religione · ju tifi an esa actitu1. Y para lo: que a í ientcn, la: o ·a· lo fenómeno se velan con la :ombra del mi ·t rio. El problema de la xi-tencia les pa­r ce insoluble· y e. un placer ueli ado el ir con ello por el piélago ele la xi ·tenr..~ ia ob ·ervando t mero_,amente lo fenómeno e. nto: llos y no ·otro·, de la vana preocupa­ción de e pi icario·. Por no otro · ven e to poeta. en el mundo lo mi terio..:o d 1 suc :o ~Jiario, y con palabra que están al alean ·e <.k todos di 'en la vida espiritual de las osa: m de colocar en su ilio un sa­quito de mano cuando s:.:: abrió Yiolcntamente la puerte­cilladel vagón y una mujer se precipitó, má bien que se entó á mi lado quedándome tan cerca que al inclinarme un poco rozaba mi frente su g:acioso sombrero. ' Sra. n·.1 .1-Ierminia Gómez J. de A badla Suave perfume e cs­par~:. ió dentro del coch ... y las miradas curiosa· de los esca os ,·iajeros se fija­ron en la recién llegada. Permaneció con el ros­tro cubierto con un pa­ñuelo como si tratara de ocultar sus lágrimas. Sentíase su respiración agitada y podría decirse que también se oían los latidos de su corazón· de cuando en cuando ahoga­ba un sollozo y parecía hondamente conmovida. Aquella mujer que á no dudarlo sería joven y be­lla me inspiraba un inte­rés cr ciente. Interrogué con ansia el ancho cuello de su elegante abrigo, la fina P.aja de su sombrero, recog1da con arte sobre el gracioso nudo de una cab llera incomparable. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. REVISTA lLU TRADA Pasé minuciosa revista qt me dio idea de una indiscutible distinción y me detuve con in ~[s t e ncia en la cno-uantad mano que sostenía el pañ uelo de enoajes. 0 Poco á poco pareció calo rse su respiración se hizo más regular y melancólicamente apoyó su sien en los Yidrios de la ventanilla. . Entonces mis ávidas pup las se dilataron y devoraron con a~s1a la luz de un perfil d~licil.lso y seductoram .... nte interesante. NI u.n de.talle s~ me esc~pó de quella fisonomía p~lida de virgen entnstectda, de flor fatigada los eriales de la. Ida. Su cabeza, inclinada con anguidez, dejaba v r el nacimien­to del c~bello levantc;do en a has ondas y la piel satinada y alabastnna del dobl2do cuell:> delicada y suavísima como la de un niño, la acJ.ricia~)an lig ro:; rizo qu::! el sol el~ la. m<ñan'l doraba con amo:·. A medida que la contemplaba menos podía xplicarme su manera de viajar; era demasiado joven para hacerlo sola, su atavío demasiado rico para explicar aquel ahandono y aquellas lágrimfls, sin que mediara algo muy intere· a te. Yo habría de averiguarlo. Al acercarnos á una de las est-aciones pri '1cipa es noté ner­viosa inquietud en mi vecina; parecía pr ocupad y empezó a mirar con insistencia los escaso viajeros tu te en el coche ha­bía. Merecí en tonces que sus ojos se fijaran con e pecialidad en mí y hubo un momento en que creí que us labio se abrían para dirigirme una palabra. Habí.:lmos llegado y mientras lo ,·iajcro- se e c<~p:tban por las puertecillas, como i tuvieran necesidad de huír los dos p~r­manecíamo quietos mirando ella sin di in1u lar s tem::>r las g nte que pasabtilleros de la Comp fue candi­dato para la Gobernación de aquel Estado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 144 REVISTA ILUSTRADA E_n~~bezó la _revolución que ·taó alí mismo en r86s Y. pres!d10 el Gobierno 9ue de ell· u~ió " iempre le he­mos mdo lamentar- d1ce El De;Jcrta de donde vamos extractan~~ estos datos- ese heqo o no ·1 más grande culpa P?h~tca~ ~o porque _haya egdo' dudar, dice, ele q.ue habta JUStJCJa para dernbar á )S ue :!ntonce cayeron, smo por haber apoyado el mo\·irrent e1 parte en fuerza pública nacional." ' ' Siendo Presidente del E tao o P1namá, en 1866, redactó El Federalista. · Ocupó el puesto de MagLt1 ole a Corte Suprema Federal~ de -~~68.á.18¡2,,Y como~lJe le los jueces que no constdero JUStlctable a D. Ig cic G1tiérre~ en el me­morable Io de Octubre. Fue Secretario de Relacion· h::te·iore · durante la segunda -~dmin,ist~ación Murillo (8¡-¡ ) y Director dt lnstruccwn Pubhca en 187-+· D al ptsó al pue to de Recto~ ?el Colegio del .Rosari~, tt 17 5 en el cual per­manecw. has~a r879 y d1ctó vana{:fedns, especialmente la de C1_e~c1a constitu~ional. Drare 1t guerra de r8¡6 desempeno por unos dtas el pue > d teretario de Rela­ciones Exteriores. ~n las Asambleas de Cund1araraliudar" e se ' comunicaban la infau ta nuevéla. Homenaje • i~nto del mÓ~ derno Tirteo que había ido á fP lear las bata lila.· e la libe­raciÓn de la moderna Grecia, y y ' quien lo ha< O>s inj Lkto · rehusaron e ·a última gloria." 0:1 lds anteriores línea , empezó el doctor· ;¡¡ Colun- . je su sentida oración fúnebre ante el adá 1err e e Felipe Pérez, á quien lo había ligado una no interrurmp1ida amís­tad de uarenta año . Juntos 1 habían p lead o la t batallas de la libertad del pen. amiento J tas línea . y al colocar sobre u tumba uuna cor na, com1pl imo · on. un deber agrado: vibrarán ie ·mpre en nue ·tT nrazón la bella pn.labras on ue ini iamo e ·ta lín a· _ cr ·emo ·que u noble }_Jensamiento, año· há í. xpr :ado e· la i1 t rpreta­ión m á.· incera y más justa d ) :entimient<) <'!U1e ha con.:: movido h y no ólo á la 'Omuunirlacl políti .a q Le él lw.n­raba con su vida inmaculada, s1no á tocio.· lio:; corazone-s levantados qu por fortuna toda a vía on ·tituy n lla gran m a~ yoría na ional. . La per onalidacl públi~..~a y 1 1rivacla d 1 rl•O( ·tmr (!uiunje reunía toda::; la: cualidade · y t tn da: la ,·ir~ u orte, trajes monumentos, retratos de mujeress y hombres cél bies p r cual: quicr motivo, vistas, obras de arte e, etc., etc. Sampa 11-/atiz z- Bogotá.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

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Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 9

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